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27 ago 2023

Mujeres sin hombres. Libro de relatos de Ajo Diz

20 comentarios:

«El problema es que eliges mal a los hombres. Desde el crac de los cuarenta vives en la crisis de los hombres inadecuados. Siempre escoges al menos indicado...» (‘El síndrome de la escasez’)
«Con cincuenta años y no aprendo, me quedo en blanco y no soy capaz de decir: "Sí, gracias, podemos ir al Novelty. Es un bonito café, aquí al lado". Porque... la verdad, el francés me gusta» (‘Entre abrigos, un francés’)

Por fin, en mitad de una tarde más de la tercera o cuarta ola de calor de este verano, abro el libro de relatos de mi paisana Ajo Diz. Topo de mano con una cita inicial de Marcela Serrano bajo la que viene a albergarse todo el libro o, al menos, así me lo parece a mí. En ella la autora de "Nosotras que nos quisimos tanto" destaca para la mujer esa especie de ineluctable destino marcado desde el nacimiento por la mera razón de su sexo biológico («No importa tu clase ni tu raza: naciste castigada. Tu anatomía, sólo por ser femenina, será taladrada por la desigualdad milenaria»).

Con estos antecedentes epigráficos pensé que me encontraría con unos relatos en los que las mujeres serían siempre víctimas, seres sufrientes, explotadas injustamente por el sexo opuesto. Pero afortunadamente no ha sido así. Ajo Diz en los veinte relatos que componen este Mujeres sin hombres presenta un abanico de mujeres diversas, empoderadas muchas de ellas aunque casi todas, como se pregunta retóricamente la autora-narradora en la historia que da título a todo el volumen, viven sometidas al imperio de los afectos: «¿Todavía Venus condiciona nuestra larga marcha hacia la autonomía e igualdad?»

Tras leer los veinte relatos veo que las protagonistas, en líneas generales, viven en soledad, a veces elegida por ellas mismas, si bien casi siempre presentada entre lamentos por esa educación represora que las ha llevado a comportarse así ante los otros. Es el caso de la protagonista de Entre abrigos, un francés afligida por su indecisión, por su falta de reflejos ante un hombre que la atrae («Si es que soy tonta, tenía que haberle dicho algo, no sé... haber aceptado su invitación. Nada. no reaccioné, como siempre, me quedo parada, sonrío, y me despido como si alguien estuviera esperándome.») o la de Las del sí, sin remedio quien, quince años después, se echa en cara a sí misma la falta de arrestos para haberse lanzado, en esta ocasión a la relación con una amiga de la que aún sigue enamorada («No, encanto, nada de pensamientos cruzados, ni paralelos, ni en el aire..., tales dones me ha negado la genética. Si no, en este momentísimo percibirías los efluvios de este runrún, de esta obsesión interminable que me enciende mientras te escucho la disertación sobre el admirador que no cesa.»).

Las mujeres de Ajo Diz viven solas, aunque tienen relaciones. Pero son relaciones poco duraderas, cambiantes, en busca de una inalcanzable perfección que como sucede en el cuento Carolina vuelven a la primera, de la que con apremio un día la protagonista deseó escapar. Son mujeres que en ocasiones buscan la satisfacción solitaria utilizando juguetes muy alabados y populares. Simpática y muy bien escrita, jugando con el uso del utensilio mecánico al tiempo que la protagonista recuerda su relación con Mark, es la narración contenida en La colchoneta. En el último párrafo de la misma se aúnan magistralmente el run run del aparatito, la poesía amatoria de Leopoldo María Panero y el recuerdo de un encuentro íntimo con Mark: 
«"Y tu mano valía mi vida y muchas vidas", sí, algo así... Sí, estaba en el poema en el espejo en el baño de Mark. "Porque eras suave como el peligro". ¡Oh, dios! El último, sólo el último. Con este chisme, la revolución en marcha, como dice Susan. Te olvidarás de los hombres. Síííí... "y en el último trago nos vamos".»
Aunque singularizado en las mujeres, Ajo Diz también presenta en este Mujeres sin hombres el propio discurrir del tiempo, la evolución común desde una juventud ardiente, revolucionaria y apasionada a la tranquilidad y mediocridad pequeñoburguesa presente en la maternidad, cuidado de los hijos y atenciones al marido que con harta frecuencia han experimentado y experimentan no pocas mujeres. Es una evolución a veces no elegida como en Entre abrigos, un francés y otras no forzada como en Yang Qing.

En líneas generales son estos cuentos de Ajo Diz muy agradables de leer tanto por los asuntos tratados o las tipologías de sus protagonistas como por los procedimientos literarios y tonalidades empleadas en ellos. Me ha divertido la disemia contenida en Entre abrigos, un francés, especialmente la preocupación del personaje femenino por mejorar su francés, que con el paso de los años se le ha quedado un tanto olvidado («Tengo que pensar bien lo que digo [...] Ah, y el francés, repasar el francés, que lo tengo muy olvidado»); también me ha hecho sonreír el intercambio de papeles que en el último cuento existe entre la protagonista y su gato Simón con el que en plena pandemia conversaba cual si de un humano se tratara; o el guiño critico que en otro relato se hace al movimiento #Metoo al dudar con gracia el narrador del mismo sobre si su relación en el pasado estudiantil con una compañera de piso hoy sería tipificada como abuso...

He disfrutado mucho viendo circular por calles y plazas de Salamanca, la ciudad donde nací y me formé, a los personajes de varios de los cuentos que conforman Mujeres sin hombres. Ajo Diz, aunque nacida en Galicia, se siente charra por los cuatro costados al llevar viviendo en Salamanca, ciudad a la que arribó para cursar estudios universitarios, ya muchos años. Es por esto que muchas de sus solitarias mujeres viven en la ciudad salmantina y desde la altura de sus años evocan en ocasiones experiencias y aventuras de adolescencia y primera juventud vividas en tierras gallegas. Se sitúan claramente en Salamanca, que recuerde yo ahora, entre otros, los relatos titulados Entre rubias anda el juego, Circe, Las del Sí, pero No, Entre abrigos, un francés o Lluvia y Misspiernas. En Galicia lo hacen Peregrina, Yang Qing o Las del Sí, sin remedio. Otros aparecen sin ubicación definida  adoptando un tono más propio de la narrativa norteamericana como Esta noche no o El hombre que sólo bebe leche.

Pero sin duda alguna lo que más me ha agradado de estos cuentos escritos por Ajo Diz es su buen manejo de los recursos narrativos y el conocimiento que demuestra de la literatura tanto actual (Murakami o David Foster Wallace) como clásica. Dada mi condición de profesor de literatura quiero detenerme en Lope de Vega de cuya comedia Las mujeres sin hombres la escritora toma el título para esta colección de relatos. Lope en su obra de teatro concluye que el amor es el pegamento que de igual a igual une a hombres y mujeres. El epígrafe de cuatro versos tomados de esa comedia tienen aún hoy vigencia. ¿Sí? ¿No? Para saberlo animo a leer con atención este interesante relato (Mujeres sin hombres) en el que la escritora maneja y entrevera con maestría y soltura la mitología griega, la comedia nacional del Siglo de Oro y un cuento de David Foster Wallace.

No es sólo Lope o Foster Wallace o los mitos griegos los que surfean por estas narraciones, también están insertos en ellas Murakami o Hemingway, ambos con una obra titulada Hombres sin mujeres, justamente lo contrario del título de la colección de Ajo Diz. Y es que, como ella misma dice, su libro es, dándoles la vuelta, también una especie de homenaje a los libros de estos autores en los que los hombres siempre eran el centro y las mujeres seres accesorios y subsidiarios.. 

Es consciente Ajo Diz de que algunas alusiones y/o procedimientos utilizados en sus cuentos pueden ser de difícil intelección para algunos lectores. Por ello incluye en el libro una inicial Nota de la autora en la que aclara una serie de extremos que no voy a repetir aquí, pero que son de sumo interés para legos y entendidos. Así, por ejemplo, ignoraba yo que el procedimiento de utilizar notas a pie de página dentro de una narración para dar una segunda voz al narrador-autor, como hace la escritora en Lluvia y Misspiernas, lo tomase de David Foster Wallace. E igualmente tampoco sabía que esa mostración del narrador que, quizás por excesiva, descoloca un tanto al lector y que la autora -ella dice «he intentado»- realiza en los dos relatos que más justifican el título dado a la colección (Y si no jugamos limpio y Mujeres sin hombres) proviniera de Robert Walser. 

Mujeres sin hombres, Charo Alonso, Salamanca al Día
(https://salamancartvaldia.es/noticia/2022-04-13
-ajo-diz-cuentos-para-contar-la-vida-293382)
De la misma manera que hace uso, sin citarlos expresamente, de procedimientos vistos en estos otros autores, también, ahora sí, de manera expresa, hecha mano de citas, frases, versos de canciones populares o palabras tomadas de escritores y cantantes de hoy y de ayer. Así navegan por sus escritos versos de Leopoldo María Panero, de Lope de Vega, textos de Dorothy Parker, Mary Ann Clark Bremer o temas musicales de  Serrat o Pablo Milanés.

Literariamente hablando a mí me ha gustado mucho ese continuar un cuento en otro, corrigiendo el final de uno, que se me había antojado inverosímil, en el que le sigue. Es el caso de los titulados Las del Sí, pero no y Las del Sí, sin remedio. También ha llamado mucho mi atención que el narratario sea siempre un personaje femenino singular o plural. Por último destacaría en cuanto a procedimientos discursivos el uso del monólogo interior en Circe, los diálogos sin que conozcamos la respuesta del interlocutor de El síndrome de la escasez, la técnica del contrapunto también en Circe, la ausencia de signos de puntuación en el cuento Carolina quizás, para marcar la rapidez con que todo pasa... Etc., etc.

Para finalizar
Siempre me resulta difícil reseñar un libro de relatos; mucho más cuando son de elevada calidad literaria como los contenidos en Mujeres sin hombres de Ajo Diz. Unas historias que, aparte de lo hasta aquí comentado, rezuman erotismo, soledad. búsqueda de la emoción humana, libertad... Sí, son historias en las que en su mayoría las mujeres son libres, aunque esa libertad tenga también su lado negativo que se intenta compensar debidamente. Pero el paso del tiempo es inexorable y no perdona. Quince años o veinte, dice la canción de Gardel, que no son nada, pero en la vida de una persona, lo mismo da hombre o mujer, es muchísimo. Tanto que, como les ocurre a los personajes de Yang Qing, en una quincena de ellos se puede pasar de un juvenil maoísmo, trotskismo y acracia revolucionarios teñidos de sensualidad, sexo y ascensos dentro de la agrupación política por vía vaginal al aburguesamiento de la casita a las afueras junto al compañero con quien se pegaba carteles contra el referéndum constitucional de 1978. Sí, así es la vida, querida Ajo, una vida que en tus relatos aparece con gran viveza vislumbrada en las actitudes de los personajes y plasmada en diálogos y/o monólogos como los siguientes:
  • «—No, ni hablar. Dale otra vez con lo mismo, encanto. ¡Que no exagero! Sigues anclada a los viejos deberes femeninos. Que no, joder. No es un affaire de relaciones, de que no te entregues y esas argucias engañabobas, ni de que no seas todo lo complaciente que debieras. No, encanto. No creo que lo tuyo sea un problemas de parejas o como lo llames. Tu problemas no son las relaciones. Es un asunto de elección. El problema es que eliges mal a los hombres. Desde el crac de los cuarenta vives en la crisis de los hombres inadecuados. Siempre escoges al menos indicado.» (El síndrome de la escasez)
  • «Con cincuenta años y no aprendo, me quedo en blanco y no soy capaz de decir: "Sí, gracias, podemos ir al Novelty. Es un bonito café, aquí al lado". Porque... la verdad, el francés me gusta, me gusta mucho, tiene un encanto, con la trenca marrón y el foulard, qué bien le sienta, seguro que ya lo sabe, aunque, lo primero que me llamó fue su pelo blanco, y a pesar de todas esas canas parecía más joven que Jaime, que desde los cuarenta y pico no ha hecho más que echar barriga de tanto tapeo con los clientes, aunque ahora le ha dado por adelgazar y que se va a poner a dieta en serio. No sé... ¿tendrá algún ligue?» (Entre abrigos, un francés)





17 abr 2022

Maxim Ósipov: "Piedra, papel, tijera". La Rusia de hoy

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«—Es asombroso, pero todo se repite. Mis preocupaciones de hace unos treinta años son exactamente las mismas que las de ahora: 1) no ensuciarte, no envilecerte, 2) no ir a parar entre rejas y 3) no dejar pasar la oportunidad cuando llegue la hora de partir para siempre. Y sigo teniendo esa eterna esperanza, ese espejismo: el de que de pronto me despierte y toda esta pesadilla haya terminado.» (cuento Sventa, escrito en enero de 2017)

Libros del Asteroide, Literatura rusa actual, Rusia
Sigo con los rusos. En esta ocasión de la mano de unas narraciones de un autor contemporáneo de 59 años, Maxim Ósipov. Son diez relatos publicados bajo el título de uno de ellos, "Piedra, papel, tijera". La impresión de lectura es muy favorable. Me han gustado especialmente porque muestran la Rusia real de hoy día. Los relatos están fechados entre 2011, los más antiguos, y 2017 los más recientes. Me ha dado la sensación de que en todos ellos se respira una denuncia del sistema socio-político más y más acerada según que los relatos se acercan a nuestro hoy. Otra primera sensación es la del deseo mayoritario en los personajes de los mismos -la mayoría pertenecen a la clase media y están dedicados a actividades artísticas (música, danza...), o son profesores, escritores, guionistas de cine, licenciados en matemáticas, expertos en finanzas...- de abandonar el país. Los menos cualificados, que emigraron antes y ahora retornan, poseen menor formación sin duda alguna.

En muchos relatos se percibe cómo conviven juntas en la sociedad rusa de hoy una cierta nostalgia por la desaparición del antiguo mundo de la URSS y la plena adopción del capitalismo desaforado en que una parte del país cayó a partir de 1989. El cambio de un sistema a otro realizado sin fase de transición dulce o tranquila es algo que también resuena en estos escritos de Ósipov.

El escritor
Maxim Ósipov es un moscovita de 59 años. Médico por la universidad de Moscú, en 1990 trabajó como  investigador en la Universidad de California  (San Francisco). Es, pues, conocedor cualificado de la vida fuera de Rusia a donde regresó y donde ejerce la medicina desde entonces. Ha escrito libros sobre cardiología clínica y es el fundador de una editorial especializada en medicina, música y teología. Desde 2005 vive en Tarusa, una localidad a 101 kilómetros de Moscú. Allí ejerce la medicina y escribe relatos por los que en su país ha alcanzado múltiples reconocimientos. En opinión de Patricio Pron (Babelia de 12 de febrero de 2022) con Anton Chéjov «Ósipov no sólo comparte la práctica del adulterio (“la medicina es mi esposa legal; la literatura, sólo mi amante”, afirmó el autor de La dama del perrito), sino también un interés por las vidas “corrientes” de sus compatriotas: maestros de escuela, sacerdotes que tal vez nunca hayan creído, delincuentes comunes, niños, intelectuales acabados, cantantes líricas, pequeños y astutos empresarios y políticos corruptos, porteros».
Su dedicación a la escritura de ficción y de no ficción (textos científicos especialmente) la dio a conocer a partir de 2007. Antes de esta colección de relatos en España apareció, publicado por Club Editor en 2015, su colección de relatos titulada "El grito del ave doméstica".

Preguntado el escritor sobre el motivo por el que reside en Rusia pudiendo vivir como su hija violinista fuera de ella responde que «Fuera de Rusia perdería la comprensión de la vida que me rodea y que tan importante es para mí a la hora de escribir. Supondría también abandonar mi profesión de médico y no es algo que desee hacer». Otra frase suya que leo ahora y que me confirma en el deseo que tuve de leer lo acaecido en Rusia hace 200 años cuando el país luchó contra la invasión napoleónica es la siguiente: «En mi país circula una frase que es mía pero que se le ha atribuido falsamente a un autor del XIX: en diez años Rusia puede cambiar completamente, pero en 200 no cambia nada». Gran verdad que he comprobado por mí mismo con la lectura de "Guerra y paz" de Lev Tolstói, novela reseñada por mí hace pocos días.


Los cuentos
El médico Ósipov me ha recordado vagamente al escritor francés Georges Bernanos, el autor de "Diario de un cura de aldea"; me lo ha recordado no por la religiosidad trágica del francés, no, sino por la ubicación lejos del cosmopolitismo capitalino del escritor moscovita. Desde Tarusa, una pequeña ciudad de provincias inmersa en el mundo rural, en la que su bisabuelo, médico como él se construyera una dacha cuando Stalin le permitió regresar del destierro en Siberia por la falsa acusación de haber intentado asesinar a  Máximo Gorki, es desde donde Ósipov lanza una mirada crítica sobre su país, sus gentes y el momento que vive -o estaba viviendo- Rusia casi 30 años después de la desmembración de la antigua URSS.

Esta colección de relatos fueron conocidos fuera de Rusia en abril de 2019 cuando aparecieron, traducidos al inglés, con el título del segundo de ellos: Piedra, papel, tijera. En España ha sido la editorial Libros del Acantilado la que en enero de este año 2022 los ha sacado traducidos al español por  Ricardo San Vicente.

Como ya he dicho en la breve nota biográfica sobre Maxim Ósipov al hablar de la editorial que fundó, la música está entre las preferencias del escritor. Es con ella con la que cuando habla de sus cuentos encuentra más similitudes. En una entrevista concedida en 2019 a Los Ángeles Review of Books dice el escritor: 
«No soy el primero en observar que la música es la mejor maestra de composición en cualquier arte, incluida la escritura. Hay muchas similitudes entre los cuentos y las sonatas musicales. Ambos duran entre 15 y 40 minutos. "Hacen que nada suceda", como dijo Auden de la poesía. Cuando escuchamos una sonata por primera vez, el propósito es decidir si queremos volver a escucharlo o no. Lo mismo debería ocurrir cuando lees un cuento».
Yo, tras leer con sumo gusto los diez relatos de esta colección, no puedo estar más de acuerdo con sus palabras.

Me interesé por la lectura de este escritor, que me era totalmente desconocido, a raíz de las reseñas que sobre la publicación de estos cuentos aparecieron en diversas revistas literarias que frecuento; concretamente creo recordar que fue en "La lectura", la nueva publicación que el diario El Mundo saca como suplemento los viernes en sustitución de la anterior, El Cultural, ahora en manos del diario El Español. Fue ahí donde el reseñador de turno comentaba el interés de estos relatos breves especialmente por la mostración que en ellos se hacía de la Rusia actual, de la Rusia de hoy mismo. El asunto me interesó muchísimo habida cuenta de la Operación Militar Especial (¡¡vivan los eufemismos!!) que el régimen de Putin acababa o se encontraba en puertas de desatar contra Ucrania.

¿Ha cumplido esta lectura con mis expectativas? Pues he de confesar que las ha satisfecho sobradamente. Creo que desde la enorme distancia geográfica y ahora mismo mental que me separa de Rusia he podido penetrar algo en el pensamiento del común habitante de la Federación Rusa. Digo del común más que nada porque los personajes que se mueven por los cuentos de Maxim Ósipov son seres muy reconocibles: maestros como Yevgueni Lvóvich, que lo es de Historia, o Rafael, de Música, en el cuento Un hombre del Renacimientoel pope Sergui y su mujer, la popesa Marina, en el poético relato Cual ola del mar; dos jóvenes emigrantes a USA, Aliosha y su mujer Surochka, él sale de Rusia para evitar ir a la guerra de Afganistán (relato Cape Cod); los médicos Víktor, ya entrado en años, y Edik, mucho más joven que no puede por menos que reír cuando escucha al colega de más edad la expresión «la clase obrera»: «Pensaba que la clase obrera sólo existía en los libros» -le dice  Edik Viktor- en el cuento El complejo; profesores diversos como Andrei que lo es de guion cinematográfico (Fantasía), o Lyova, profesora e intérprete de música (El amigo polaco); y también personas sin cualificar como Tamerlán, tártaro trabajador de una papelera (El complejo), o Anatoli Ivanovich, capataz de una obra en construcción, en Un hombre del Renacimiento. Como se ve y es natural, dada la profesión y dedicaciones de Ósipov, abundan los escritores, las actrices, los médicos, y así.

Narrativa rusa de hoy, Putin y los escritores rusos actuales
Sí ya el abanico de personajes es significativo para comprender a los rusos de hoy, los asuntos que se plantean en estos cuentos son por demás elocuentes. Uno que quizás sea el que más me ha llamado la atención es el del choque ideológico generacional que se percibe en muchos de los relatos. Muchos personajes, los de mayor edad y otros no tan mayores, añoran el pasado, y los hay que hasta equiparan para sorpresa de algún otro -no muchos en realidad- la relación de continuidad URSS - Federación Rusa:
«—Es un film innegablemente antirruso —sentencia de pronto la hermosa Lidia.
Él sonríe:
—¿Puede que antisoviético?
La pequeña frente se recoge en pliegues:
—Es lo mismo, es exactamente igual.
No, a él no se lo parece. Hay diferencias.» (Cuento Fantasía de 2017)

 La sensación de ser unos elegidos, de tener una relación de continuidad con sus ancestros, de poseer una grandeza que hoy, dicen los nostálgicos, les quieren arrebatar es perceptible muchas veces y a mí me sirve para entender -que no justificar- el comportamiento agresivo de Rusia: 

«—Cualquiera que levante la mano contra nuestro… como lo diría… en una palabra, contra nuestro orden, ¡recibirá su merecido! —Y suelta un golpetazo contra la mesilla: ¡zas!—. Tú y yo les haremos ver que los nuestros, nuestros padres y abuelos, defendieron nuestra tierra. ¡De los alemanes! ¡De los franceses! —Se para a pensar—. ¡Y de los malditos polacos!» (dice Ksenia en  el cuento Piedra, papel, tijera. Ksenia es una mujer nostálgica de la URSS que con su marido enfermo del corazón tiene una cantina en la que trabaja Roxana una tayika muy formada intelectualmente pero a la que por etnia y religión los rusos de este cuento tienen marginada)

El contraste ayer-hoy es clarísimo en las frecuentes alusiones que existen hacia la religión y el cambio en el comportamiento de los dirigentes políticos respecto a ella

«—¿Qué nos dijeron que teníamos que creer? Que después de la muerte no hay nada. En cambio ahora hasta las más altas personalidades están allí con sus velas, persignándose.» (Piedra, papel, tijera)

Los descreídos, muchos de ellos con cargos en el país de antaño, sin embargo ahora visitan los Monasterios y realizan peticiones como las que figuran escritas en los muros del de Novodévichi y que aparecen en Un hombre del Renacimiento:

  • «Madrecita Sofía, ayúdame a comprar un piso más barato y ya reformado. Y con todos los papeles en regla
  • «Ayuda a Anna a recuperar la salud y haz que regrese conmigo para siempre
  • «Ayúdame a olvidar a Vlad»

Desde el punto de vista socio-político los personajes comunes que habitan en estos relatos reflexionan con frecuencia sobre el país que habitan al que no le ven demasiado futuro:

«No parece que a nuestra patria actual, heredera de aquella en la que nacieron Liova y Yasha y Katia y Dódik, le espere una larga vida: en su cuerpo hay un sinfín de grietas; se está descomponiendo, desmoronando. Aunque es posible que al final no pase nada. No hay que inventar nada: mejor que la historia se desarrolle por sí misma.» (El amigo polaco)

Un país constantemente en guerra.

«el país está en guerra, nadie quiere clases particulares. En 1992, el año anterior, hubo cien mil muertos: la cosa no está para bellas letras. Los enfrentados reciben el nombre de vóvchiki y yúrchiki. Su madre se lo explica: los yúrchiki son los comunistas, y se los llama así por —imagínate— Yuri Andrópov. Los apoyan los habitantes del distrito de Kulob, los de aquí del norte, los uzbekos y los rusos. Los vóvchiki proceden de la cordillera del Pamir y la región de Jarm, y son un movimiento prooccidental. ¿Prooccidental? ¿Y por qué los llaman vóvchiki, que es una palabra tan rusa? Lo lógico hubiera sido que los vóvchiki fueran los comunistas, ¿no? No, son vóvchiki: viene de «wahabitas». (Piedra, papel, tijera)

Quizás por esto la actual campaña contra Ucrania no sea motivo de especial preocupación para la ciudadanía salvo por el evidente empeoramiento de sus condiciones de vida a causa de las sanciones económicas de Occidente.

La aspiración de cualquier joven medianamente bien preparado es la de abandonar Rusia y marchar a Occidente. Alemania puede ser un buen lugar como se ve en el cuento En el Spree. En este relato Betty viaja a Berlín para ver si su hermana Elsa, enfadada con la familia desde hace muchos años, accediera a pedir la reunificación familiar en Alemania. Si tuviera ese gesto su padre, enfermo de cáncer de próstata, podría tratarse de su enfermedad allá. Él ansía esta petición pues al haber sido antiguo miembro del KGB no le está permitido viajar libremente a Europa.

«A los que formaron parte del Primer Directorio del KGB (sí, ese KGB), no les dejan viajar a Europa; de hecho, a ninguna parte. Es una prohibición bien pública. El padre soltó todo eso a toda prisa e incluso con tono displicente: eres una chica lista, deja de dártelas de que todo esto te ha sorprendido

Pero por encima de cualquier otro lugar es Estados Unidos el destino soñado. En el cuento Cape Cod la pareja formada por Shúrochka y Aliosha lo tienen meridianamente claro

«En Moscú se vive una intensa tensión social; es 1989 y la gente se está enterando de muchas y diversas verdades. De lo pequeño y privado, la atención se traslada a lo social y común. Hay que darse prisa y los dos, Shúrochka y Aliosha, unen sin esfuerzo sus destinos. Ni siquiera la cuestión de dónde han de vivir, si con los padres de Shúrochka o con el padre de Aliosha, es motivo de conflicto: tienen claro que donde hay que vivir es en los Estados Unidos de América. (Cape Cod

Entre otras razones para marchar a USA, los alistamientos obligatorios que en esos años se realizaban para combatir en Afganistán, empujaban a muchos jóvenes a emigrar pese a no tener formación suficiente como para triunfar en el país de destino. No es el caso de los protagonistas de Cape Cod, especialistas en Genética, ella, y en Petróleos y Gas, él. Con el paso de los años la pareja habrá triunfado en sus respectivos campos y hecho realidad su sueño: comprarse una casa en Cape Cod, lugar donde se conocieron e hicieron el amor por primera vez. Tienen un hijo, Leo. Son o deberían de ser felices. Pero como decía una vieja serie televisiva los problemas crecen y Leo les dará más de un quebradero de cabeza. Alguno de ellos es de tal índole que Aliosha que ahora ha americanizado su nombre se replantea muchas cosas:

« Ahora que Alex tiene mucho dinero y tiempo, y el cuerpo aún aguanta, cada vez se para más a pensar. ¿De qué es responsable cada persona, y de qué son responsables sus progenitores? Y si es responsable la persona, ¿ante quién?» (Cape Cod)

Muchos otros asuntos y peculiaridades de la vida actual en Rusia aparecen en estos diez estupendos relatos de Maxim Ósipov, cada uno de los cuales bien merecería reseña individualizada. Pero no sólo son los temas que se tocan lo que hace que la Literatura del escritor de Tarusa merezca mucho la pena. A mí especialmente me ha gustado mucho la manera de contar, el modo que tiene de iniciar sus escritos, la redondez que consigue dar a algunos de ellos como por ejemplo al titulado Cual ola de mar escrito en 2012 que está dotado de gran poeticidad, mucho humor y conforma una composición hermosamente cerrada. Otro tanto cabría decir del titulado El complejo.

Hay cuentos de cierta longitud estructurados en tres o cuatro apartados con los que logra transitar debidamente por espacios temporales más amplios. Es el caso de los titulados Cape Cod y Un hombre del Renacimiento. También me ha parecido muy interesante el ejercicio metaliterario que se percibe en algunos relatos como por ejemplo en Sventa, («Si quisieras, podrías recordar también las aventuras en la sauna; pero mejor en otra ocasión: esto no es Amarcord, sino la crónica de un viaje.») donde además de emplear la segunda persona narrativa,  como medio para referirse a sí mismo viéndose desde fuera, introduce referencias o elementos propios del quehacer escritural

13 mar 2022

Josep María Panadés López: Irreal como la vida misma 2: Relatos breves para despertar la imaginación

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«Cuando una experiencia novedosa, a la que teníamos miedo a enfrentarnos, ha resultado finalmente satisfactoria, solemos querer repetirla, siempre, claro está, que ello sea posible, bien porque no dependa de terceros, bien porque estemos en condiciones para ello» (de la ‘Presentación’de la antología)


Irreal como la vida misma 2

Relatos, Cuentos, Narraciones breves
Lo primero que llama la atención de esta antología es que repite el título de la anterior aparecida en 2016. El propio Josep María en la 'Presentación' del libro dice el porqué. Resulta que igual que el libro anterior que contenía 55 relatos surgió de la selección realizada por el autor sobre los que había publicado hasta el año 2016 en su blog Retales de una vida, ahora, «después de más de cinco años y de unos doscientos nuevos relatos de ficción publicados» el escritor ha creído llegado el momento de repetir la experiencia que tanta satisfacción, prosigue diciendo, le proporcionó la primera recopilación.

Es, pues, una continuación de la labor que iniciara en 2016 y que, espero y deseo, repita dentro de unos años con una tercera entrega. Tan es una continuación de lo efectuado con los 55 cuentos de Irreal como la vida misma (2016) que la única variación en el título ha sido la del dígito 2. Y algo parecido sucede en el subtítulo: Relatos breves para evadirse de la realidad, en la antología de 2016, y Relatos breves para despertar la imaginación en la de este 2022. Como se ve la variación es mínima y el sentido en ambas, el mismo.

Irreal como la vida misma 2 es un libro que se lee con muchísimo gusto. Los 24 relatos que contiene son de asunto variado y predomina en la mayoría de ellos un tono de suspense que fuerza a leer más y más para saber en qué para lo planteado en cada uno. Los asuntos van de relaciones familiares difíciles (matrimonios en crisis, divorcios, maltrato doméstico, etc.), asuntos laborales que se complican de manera sorprendente (El visitador médico), noviazgos variados (el de aquella pareja que imagina cosas donde no las hay -El juego de las apariencias-, el de la pareja con necesidades especiales que se rebela contra la supuesta normalidad de los otros -Norwegian wood- o el del hombre que pretende rescatar de las garras de la prostitución a la mujer de la que se ha enamorado perdidamente -Nadia-),  etc.

Un tema que en muchos de ellos se da es el de los vaticinios, las predicciones de lo que le sucederá al protagonista o a alguien de su entorno (Traición o justicia, Cuarenta y ocho horas, etc.). Y el tono predominante en varios es el del humor. Josep María Panadés, por lo que lo conozco, destaca por un fino y sano sentido del humor. Un humor que está presente en buena parte de sus relatos: a veces en forma de humor algo negro como en Amnesia; otras, muy hilarante como el contenido en El fantasma de don Filiberto o en Cuarenta y ocho horas (aquí el juego de los personajes me ha evocado a Jardiel Poncela o a Miguel Mihura); un humor muy crítico en ocasiones como en Juicio justo; y así.

 Muchas cosas me gustan de estos relatos que he devorado en dos días. Una de ellas es la de los frecuentes giros finales con los que Panadés nos quiebra el espinazo y nos dibuja una sonrisa en los labios al constatar que de nuevo nos ha vuelto a sorprender. En pocas ocasiones he podido predecir los derroteros que seguiría la trama. A veces la sorpresa es de campeonato como la que experimenté en Custodia compartida leyendo la agria disputa mantenida por la pareja matrimonial durante los trámites de su divorcio por ver quién se queda con la custodia de Bertita y Blanquita; lo mismo me sucedió durante la lectura de El patio de vecinos.

El autor tiene unos claros referentes literarios que no oculta. Son  "Un saco de huesos" de Stephen King y "El juego de Ripley" de Patricia Highsmith entre los consagrados, y entre los más próximos a nosotros estaría "La verdad sobre el caso de Harry Quebert" de Joël Dicker cuya temática y desarrollo se perciben con claridad en el relato La ventana. Pero además, como ya he señalado en la manera de manejar el humor que me ha recordado a veces a Jardiel Poncela o a Mihura, hay mucha literatura no citada en estos relatos. Así, por ejemplo, se percibe a Kafka -el tono kafkiano, más bien-  en la desasosegante historia relatada en La araña o en el cuento El donante. También en alguno de sus relatos he querido ver agazapado el thriller jurídico tipo John Grisham; es el caso del relato Juicio justo en el que un mexicano es injustamente acusado de unos delitos y condenado a una pena exorbitante sólo por su condición étnica.

Certamen de Cuentos y Relatos Breves “Junto al Fogaril”
El escritor entrevistado por Ana Pascual
(www,ganasdevivir.es [18/1/2017])
Josep María
gusta de la literatura, eso es obvio, pero también disfruta muchísimo con el Cine y de eso hay constancia clara en estos relatos. El ritmo por ejemplo del relato recién citado arriba recuerda con claridad esos filmes y telefilmes de juicios y abogados. Las misma serie televisiva Bones citada en La mirilla, el primero de los relatos, es claro ejemplo de lo que acabo de comentar. Y ni que decir tiene el clarísimo homenaje que hace el escritor al maestro del suspense Alfred Hitchkock en algunos de los cuentos, como en el titulado La ventana y especialmente en El patio de vecinos en el que se cita expresamente al actor James Steward que protagonizó el film de La ventana indiscreta. Así como James Steward vigilaba la actividad de sus vecinos mirando desde una ventana de su casa así en este relato el narrador ve lo que ve en una situación parecida a la que Hitchkock muestra en su magnífica película.

Pero si los temas y asuntos de suspense, de novela negra, los maneja con desparpajo y maestría el escritor, la manera como lo hace -el estilo- es lo que provoca que la lectura de sus cuentos sea tan agradable. La mayoría de los relatos los presenta en 1ª persona manejando a las mil maravillas el estilo directo, el indirecto y el indirecto libre. Este último provoca que muchas veces los lectores nos sintamos como formando parte del relato, como muy próximos al pensamiento y acciones de los personajes. Y esto me parece magnífico. 

Por otro lado la estructura que utiliza en algunos relatos -no muchos, en realidad- hace que los mismos sean redondos; ahora mismo recuerdo el titulado El visitador médico cuyo comienzo y final completan el círculo haciendo que el mismo se cierre completamente sin dejar ningún cabo suelto. Otro tanto podría decir de esos relatos que se presentan haciéndose, construyéndose, y que al final vienen a diluir la línea realidad-ficción fusionando ambos niveles (un ejemplo sería La araña, relato que cierra la recopilación y que sirve, además, de compendio de toda la antología). En general yo diría que la mayoría de los cuentos concluyen en un final abierto, dejando franca la puerta de lo incierto pero posible, lo que hace que el suspense o el desasosiego no concluya con el punto final sino que perdure en nuestras cabezas.

También desde la forma destacaría esos relatos en los que se utiliza la perspectiva múltiple, es decir, un mismo hecho visionado desde unos u otros personajes (así se ve, por ejemplo, en Nadia, El diario o El tatuaje). Y para cerrar este apartado formal asimismo diré que he visto que algunos relatos inciden en aspectos metaliterarios. Por ejemplo en El diario o en La mosca sus protagonistas son escritores que buscan materiales para sus relatos, se encuentran algo bloqueados y/o se plantean distintas posibilidades de afrontarlos o desarrollarlos.

Para finalizar
Reseñar libros de relatos no es para mí tarea sencilla. Cada relato es una narración y merecería cada uno de ellos atención particular. Hacer tal cosa no ha sido mi propósito si bien diré, como de pasada, que algún relato me parece contener una buena base para una narración más extensa, quizás para una novela más compleja. Es el caso del relato Malditos vecinos en el que me he quedado con ganas de conocer los antecedentes o saber de las peripecias posteriores corridas por la pareja de sus personajes Patricia y Fernando; también la crisis económica que se ceba con Carla y otros personajes de Cuestión de suerte  permitiría -es una idea mía, quizás equivocada- profundizar en estos seres desahuciados por la crisis económica de la década anterior.

En un grupo grande de estos 24 relatos predomina el suspense psicológico y sus personajes son perturbados mentales de variada especie (esquizofrénicos, psicópatas, amnésicos...); en otro grupo, mucho menor, es la crítica sociopolítica nacional la que encuentra su espacio; en un extenso número de narraciones son los asuntos médicos los que centran la trama; e igualmente hay narraciones en las que la justicia y su administración es el asunto central. 

Por último querría señalar la sorpresa sentida al leer los dos relatos finales, los cuales, siendo distintos como son, sin embargo tienen entre ellos una clara relación de continuidad. También no querría concluir esta reseña sin aludir a esa llamada a la música presente en el antepenúltimo  de los cuentos titulado con el nombre del tema de los Beatles Norwegian wood, un cuento y una canción que me han hecho recordar la grata lectura de la novela de Huraki Murakami Tokio blues en la que esa melodía igualmente es importante.


El escritor
Me considero amigo de Josep María Panadés López, autor de este libro, a pesar de no conocerlo personalmente. Es una de las buenas amistades que en los ya once años de existencia de "El blog de Juan Carlos" he hecho. Sólo por conocer a personas como Josep María merece la pena tener un blog. Y es que Josep es, además de persona afable y amigable, un gran degustador literario y escritor consumado. Habitualmente leo las entradas que publica en su blog Cuaderno de bitácora  donde da salida a sus inquietudes sociales, políticas e incluso particulares y de salud como hasta hace bien poco  hizo con un "problemilla" complejo que sufrió y del que afortunadamente -¡qué gran alegría nos diste a todos cuando nos lo comunicaste, Josep!- ya está repuesto completamente. 

Confeccionando esta reseña he pasado por sus otros blogs que, en verdad, visito mucho menos. El primero, "Retales de una vida", es donde publica los relatos que escribe en castellano. Ahí es donde recala para, como ya advertía en Irreal como la vida misma 1:  «Desde que viera la luz “Ahora que ha parado de llover”, mi primera publicación de relatos, otros nuevos han ido nutriendo el blog “Retales de una vida”», recopilar y seleccionar los cuentos que entrarán a formar parte de sus antologías, que como se ve por la cita anterior ya son tres. Los relatos que escribe en catalán los publica en su blog "Mira qui parla". De su amor a Cataluña, en especial a Barcelona, deja Josep María Panadés López constancia clara en varios relatos de Irreal como la vida misma 2  que el escritor sitúa en las Ramblas barcelonesas, el barrio del Born, el parque de atracciones del Tibidabo, etc.


Datos técnicos del libro

Formato: Versión Kindle
Idioma: CASTELLANO
ASIN: B09TJMVB4C
Año de edición: 2022
Tamaño del archivo: 726 KB
Longitud de impresión‏: ‎267 páginas
Precio: 3€
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Formato: Versión Papel
ASIN ‏ : ‎ B09TMT5R2R
Editorial: Autopublicado
Fecha:(26/2/22)
Idioma ‏ : ‎ Español
Tapa blanda ‏ : ‎ 194 páginas
ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8408868360
Precio: 13€
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22 oct 2021

Francis Scott Fitzgerald. EL PAGARÉ

21 comentarios:

«Soy editor. Acepto novelas largas sobre jóvenes enamorados escritas por viejas solteronas de Dakota del Sur, historias de detectives protagonizadas por miembros de clubs selectos y mujeres apaches “de profundos ojos oscuros” y ensayos sobre amenazas de aquí y de allás o sobre el color de la luna en Tahití, escritos por profesores universitarios y otros desempleados. […] Prefiero sacar un libro con una preventa de quinientos mil ejemplares antes que descubrir a un Samuel Butler,, un Theodore Dreiser y un James Branch Cabell en el mismo año» (apartado I de “El pagaré”)

Conocí este relato largo o novelita cortita de tan sólo unas 60 páginas gracias a la reseña que Miss Hurst, administradora junto a Miss Bingley del magnífico blog Las Inquilinas de Netherfield que visito con frecuencia, publicó sobre ella hará sólo cosa de dos semanas. Le dejé un comentario en el que le manifestaba mi admiración por Francis Scott Fitzgerald y el interés por el relato que su entusiasta opinión había despertado en mí. "Voy directo a por él", le decía en el comentario que le dejé. Y no era una frase hueca, vacía, de simple cumplido con una amiga bloguera. No, para nada. Era la verdad pura y dura. Efectivamente a la semana siguiente estando de visita en una librería de Jerez de la Frontera que me recomendaron vivamente, la librería "El Laberinto", casualmente lo vi en el expositor y sin dudarlo un momento lo adquirí de inmediato.

Sinopsis (ofrecida por la propia editorial)
Relatos desconocidos de Scott Fitzgerald
"El pagaré" es un divertídisimo relato sobre el sector editorial que critica la búsqueda sin escrúpulos de historias sensacionales con criterios exclusivamente comerciales. Escrito en 1920, cinco años antes de la publicación de "El gran Gatsby", «El pagaré» es un relato que permanecía inédito. En 2017 The New Yorker lo descubrió y publicó. Iba a ser publicado en Harper’s Bazaar, pero Francis Scott Fitzgerald nunca lo envió para su publicación. Narra la historia de un editor que acaba de contratar un exitoso libro, las memorias de un médico convertido en investigador de fenómenos paranormales. Después de un exitoso lanzamiento de casi medio millón de copias, el editor decide visitar al autor para firmar su próximo libro… La ilustración de cubierta es del gran dibujante Seth.
 
Del autor nada de mi propia cosecha voy a decir aquí. Pienso que su figura será sobradamente conocida por todos los aficionados a la literatura que visitan este blog. De todos modos para no dejar a nadie en la completa ignorancia pongo aquí sin modificar ni una coma la breve biografía que del escritor aparece en la solapa del relato elegantemente publicado por Nórdica Libros:

Francis Scott Fitzgerald (Saint Paul, 1896 - Hollywood, 1940). Considerado uno de los más importantes escritores estadounidenses del siglo xx y portavoz de la «Generación Perdida». Su obra refleja el desencanto de los privilegiados jóvenes de su generación, aquellos norteamericanos nacidos en la última década del siglo xix, a quienes les tocó madurar durante la Primera Guerra Mundial y que arrastraban su lasitud entre el jazz y la ginebra. Sus obras están escritas con un estilo elegante y situadas en fascinantes decorados. Destacan A este lado del paraíso (1920), Suave es la noche (1934) y, por supuesto, El gran Gatsby (1925).


Mi comentario 
Como bien dice Miss Hurst en Las Inquilinas de Netherfield poco se puede decir de una obrita tan breve si es que no se quiere desvelar nada importante de ella y destrozar el inmenso placer que su lectura supone.  En primer lugar cabe hablar de por qué este relato se traspapeló y quedó en el olvido hasta que fue descubierto por los administradores del legado Scott Fitgerald dentro del mismo; estos administradores lo vendieron a la Biblioteca Beinecke (de libros raros y manuscritos) de la Universidad de Yale en 2012. El gran público norteamericano lo conoció, junto a un buen número de otros relatos y cuentos inéditos del escritor de Minnesota, en una antología publicada en 2017 con el título de I'd Die for You: And Other Lost Stories.  Hasta nosotros ha llegado en esta primera edición realizada por Nórdica Libros en septiembre de 2021 en traducción de Blanca Gago.

The lost generation, La generación perdida
Cuál fue la peripecia del texto salido de la pluma de Scott Fitzgerald la relata con pelos y señales Miss Hurst en su blog. En síntesis la cosa sucedió así: El autor en el momento de la escritura tenía 23 años y ya empezaba a despuntar en el mundo literario. Ese mismo año, 1920, ya había publicado con magnífica acogida "A este lado del paraíso", razón por la que el editor de Harper's Bazaar le pidió un relato. Scott Fitzgerald lo escribió y lo dejó en la oficina del agente que el novelista tenía en Nueva York para que se lo hiciese llegar al editor de Harper's Bazaar. Pero el agente de Scott decidió enviarlo al Saturday Evening Post, motivo por el que el escritor le pidió su devolución para revisarlo dado el prestigio de la revista. Y a partir de aquí, una vez que el manuscrito volvió a estar en manos de su autor se le pierde la pista. La razón seguramente fue que Francis Scott Fitzgerald estaba en estos momentos plenamente inmerso en la escritura de su novela "Hermosos y malditos" que aparecería en 1922.
 
El relato de "El pagaré" está puesto en boca de un editor que oculta su nombre y que como se puede comprobar leyendo la cita que encabeza esta reseña entiende su oficio como una ocupación destinada a ganar cuanto más dinero mejor sin interesarle mucho la calidad de aquello que llega hasta sus manos. En algún momento dice que él tiene que sacar a flote dignamente a su mujer e hijos y que más vale un libro malo que venda mucho (historias amorosas, novelas tipo hard boiled o ensayos sobre naderías escritos por universitarios y otros desocupados) que obras firmadas por grandes cabezas pero que el gran público jamás lee.

Como se ve por lo anterior Fitzgerald plantea esta narración como una pulla al mundo empresarial -el mundo de la edición y la distribución- que rodea al creador de literatura. De manera muy ingeniosa se presentan estos dos mundos: el de la creación artística y el puramente mercantil que está a su alrededor. El sarcasmo del autor llega en el relato a tocar incluso el ámbito autoral al presentarnos a un escritor, un médico, que decide internarse en el mundo de los fenómenos paranormales, algo que evidentemente es cualquier cosa menos propio de la ciencia. En la época en que Scott Fitzgerald escribía este cuento la literatura de fenómenos paranormales gozaba de enorme éxito en USA. La ironía, el humor sarcástico, la sorna, la burla, presentes aquí muestran bien a las claras que el de Minnesota tenía en muy poca consideración este tipo de literatura que normalmente presentaba como hechos ciertos puras supercherías.

Junto a lo paranormal el breve relato también toca tangencialmente los efectos que en USA dejó la Primera Guerra Mundial en la que Fitzgerald, como muchos otros jóvenes escritores americanos (Hemingway, Steinbeck, Faulkner, Eliot y otros), participó sufriendo y viviendo experiencias muy duras cuyo recuerdo lo acompañarían el resto de su vida. El relato gira precisamente sobre uno de los muchos problemas que la participación en el conflicto bélico entrañó a algunos de sus participantes y cómo siempre hubo personas aprovechadas que se lucraron con el sufrimiento y la credulidad de las buenas gentes. Y no digo más porque si no descubriría la trama y como he dicho no quiero hacerlo.

Pero sin duda alguna lo esencial del relato es la burla que se hace del mundo editorial. En realidad cabría decir que hay mucho de metaliteratura especialmente en las primeras páginas del cuento pero referida la misma fundamentalmente a esta pata empresarial despreciada con frecuencia por los artistas pero muy necesaria para que su trabajo de creación les sea provechoso. Así, en esta ficción, ante el lanzamiento de la edición de 300.000 ejemplares del libro "La aristocracia del mundo espiritual" escrito por el médico Harper, su editor está nervioso y lo vemos controlando en lo posible todos los extremos de la salida del libro: su distribución, el escaparatismo, la publicidad, etc.
«La fecha de lanzamiento fue el 15 de abril. El día 14 un contenido silencio invadió las oficinas y abajo, en el departamento de ventas, los empleados miraban nerviosos los espacios vacantes que quedaban entre las pilas de libros, así como los escaparates vacíos, donde tres expertos escaparatistas iban a pasarse la tarde trabajando para disponer los libros en cuadrados, pilas, montones, corazones, estrellas y paralelogramos.»
En resumen, pues, esta breve narración toca tangencialmente tendencias literarias que en esos años, 1920, estaban muy en boga: lo paranormal, lo humorístico, lo posbélico y lo propio del mundo editorial... Es increíble que en poco más de 60 páginas quepa tanto; sólo los grandes, y Scott Fitzgerald lo era, aunque en ese preciso momento no lo sospechasen los encargados de enviar, recibir y publicar  originales manuscritos, o sea, su agente y cuantos en las sedes de periódicos y revistas literarias se encargaban de estas minucias. Cinco años después de esos olvidos de unos y de otros ese chico ya con 29 años publicaría una novela, "El gran Gatsby", que deslumbrará al mundo. En junio de 2013. casi en los inicios de este blog, publiqué una entrada sobre esta novela y sus versiones cinematográficas que desde aquí os invito a leer [para acceder a esa entrada basta con pinchar aquí]

Hace nada -una semana tan sólo- leí un interesante artículo de Ignacio Echevarría en "El Cultural" sobre los libros en cuanto objetos. Creo que lo que allí comenta este critico y editor viene al pelo en el caso del relato comentado. Es cierto que en el mismo Fitzgerald ironiza, considerándolo asunto menor, sobre cuanto rodea al contenido textual de la obra literaria; pero no lo es tanto y mucho menos hoy cuando la fácil reproducción digital de los textos ha originado un enorme roto a la industria que se ha visto atacada y en muchos casos desarbolada por culpa del pirateo informático. De ahí que ahora mismo -y es en esto en lo que insiste Ignacio Echevarría- la presentación del libro en cuanto objeto: su formato, su portada, la tipografía empleada, la calidad del papel, el color y la textura elegidos para las hojas de respeto, etc. no sean asunto menor. Así lo ha entendido Nórdica Libros que ha cuidado mucho estos extremos destacando entre ellos la ilustración de la portada  realizada por el dibujante norteamericano Seth. Es la misma ilustración con que salió publicado en 2017 por The New Yorker

Concluyo con un consejo para aquellos que no se hayan acercado aún a Francis Scott Fitzgerald: empezar por alguno de sus relatos es una magnífica manera de aproximarse a él.  Si se deciden por "El pagaré" les aseguro una lectura sencilla y agradable que les resultará plenamente satisfactoria.


Título original: The I.O.U.
Autor: Francis Scott Fitzgerald
Editorial: Nórdica
Traducción: Blanca Gago
Páginas: 62
Fecha publicación original: 2017 (escrito en 1920)
Fecha esta edición: septiembre 2021
Encuadernación: rústica con solapas
Ilustración de cubierta: Seth, para The New Yorker (edición del 20 de marzo de 2017)




15 ago 2021

Kurt Vonnegut. "Mientras los mortales duermen"

15 comentarios:

«Furtivamente, Amy envolvió la grabación de Larry Barrow con pañuelos de papel y la escondió en el cajón inferior de la mesa, con su crema de manos, su crema facial, su pintalabios, sus polvos de tocador, su colorete, su perfume, su pintauñas, sus tijeras de manicura, su lima de uñas, su lima abrillantadora, su lápiz de ojos, sus pinzas, sus horquillas, sus pastillas de vitaminas, su aguja, su hilo, sus gotas para los ojos, su cepillo y su peine.» (“Sección Femenina”, sexto relato de la antología)


En 2015 leí con satisfacción "Catedral",  colección de relatos del estadounidense Raymond Carver muerto en Washington en 1988, víctima de un cáncer de pulmón. Como digo los relatos contenidos en "Catedral" me encantaron. Fue, precisamente a raíz de los comentarios que amigos y desconocidos fueron dejando al final de la reseña que entonces escribí en mi blog y difundí en RRSS, que un antiguo y apreciado alumno me recomendó la lectura de los relatos de Kurt Vonnegut. "Si te han gustado los cuentos de Carver, espera a leer los de Vonnegut", me dijo. Asentí gestualmente, aunque por escrito, a su amable recomendación prometiéndole que los leería, pero el tiempo y la vida se fueron amontonando sobre ella tapándola casi completamente. Afortunadamente, y aunque haya pasado ya más de un lustro desde su tan afectuosa sugerencia lectora, he llegado por fin al autor a través de una de las ocho colecciones de cuentos que se han publicado de Vonnegut. Concretamente he leído "Mientras los mortales duermen", antología impresa en USA en 2011 (en España la publicó Sexto Piso en 2012 y es la edición que he manejado) que contiene 16 narraciones breves. 


El autor
Kurt Vonnegut nació en Indianápolis en 1922 y falleció en Nueva York en 2007. Estudió Antropología en la Universidad de Chicago, trabajó como reportero policial en un periódico de esa localidad y abandonó Chicago para trabajar en Nueva York como relaciones públicas de la empresa General Electric. Leo con curiosidad en Wikipedia mientras busco información para datar debidamente la colección de cuentos que con tanto gusto he leído que él mismo achacaba su estilo, libre de adornos, a este trabajo.

Generación beat,
Centrándonos ya en su faceta de escritor, Kurt fue esencialmente un autor de ciencia ficción con mucho de sátira y de comedia negra.  Su novela "Matadero 5 ó la cruzada de los inocentes" aparecida en 1969 es considerada por todos como lo mejor de toda su producción. De hecho esta novela la sitúan los críticos como una de las diez mejores narraciones estadounidenses escritas durante el siglo XX. "Matadero cinco" parte de la experiencia vivida presencialmente por el novelista del terrible bombardeo norteamericano de la bella ciudad alemana de Dresde al final de la IIª Guerra Mundial. Kurt Vonnegut era prisionero de los nazis en ese momento al que llegó con vida gracias a su conocimiento del alemán, idioma de sus padres emigrados a Estados Unidos en 1920. Aparecida la novela en plena guerra de Vietnam fue acogida por la juventud americana como un crítico alegato antibelicista  y llevó a Vonnegut a los altares de la contracultura de la sociedad norteamericana cuyo estilo de vida criticó insistentemente en novelas y narraciones cortas como he podido comprobar en muchas de las 16 que acabo de leer.

Quisiera destacar en este breve apunte de su trayectoria profesional las ilustraciones que incluyó en varios de sus libros. Comenzó a realizar esta práctica en la novela que siguió cronológicamente a "Matadero cinco" titulada "El desayuno de los campeones" (1973), auténtico best seller en el que junto a un texto de estructura y estilo sencillos incorporó ilustraciones bosquejadas por él mismo. Precisamente esta peculiaridad de incorporar ilustraciones a sus narraciones se mantiene en "Mientras los mortales duermen" en la que incluye entre relato y relato en total trece ilustraciones realizadas por el propio escritor entre 1993 y 2006. 



Mientras los mortales duermen
Que a Kurt Vonnegut le agrada -¡y mucho!- la ciencia ficción se puede comprobar ya desde que se lee "Jenny", el relato que abre la antología. En él el científico del M.I.T., George Castrow, está enamorado de Jenny. Hasta ahí nada anormal, por supuesto; todo cambia cuando conocemos que Jenny es un robot. 

También el humor, la ironía, la misma sátira, que tanto, se dice en cualquier referencia al escritor, le agradaba se comprueba en "Jenny". Léase si no este fragmento para comprobarlo:
«Las mujeres sacudían la cabeza para dejarle claro a Jenny que sabían lo que costaba que un hombre se cuidara a sí mismo. Y los hombres miraban subrepticiamente a George para hacerle saber que conocían la desgracia de estar con una mujer que siempre te trataba como a un niño»

 La crítica a la manera de vivir de sus conciudadanos es constante a lo largo de estas dieciséis narraciones breves. Una de ellas está referida a esa cierta adoración que en la tecnificada sociedad actual se tiene por lo artificial, por lo falso, por lo virtual. El amor a un robot se evidencia en "Jenny" y en "Besos a cien dólares", otro de los cuentos, en el que el hombre detenido e interrogado por haber agredido a un molesto compañero de trabajo que siempre estaba con revistas para adultos en la mano y que, ¡pesadísimo!, constantemente le interpelaba diciéndole que pagaría 100 dólares por besar a una de las chicas allí retratadas ligeras o completamente ausentes de ropa, responde a la pregunta «¿Qué anda mal en el mundo?» del detective que lo interroga diciendo: «Que todo el mundo presta atención a fotografías de cosas. Que nadie presta atención a las cosas en sí mismas»

El relato "Sección femenina" es uno de los que más me ha gustado. Lo protagoniza Amy, una chica que trabaja en una sección empresarial compuesta exclusivamente por mujeres cuya función es la de copiar a máquina las cintas grabadas por los colegas masculinos de la Compañía en las que ellos transcribían los comentarios de los clientes. Las mecanógrafas como Amy nunca veían las caras de los clientes ni de quienes grababan las cintas. Un día a una le llega a Amy una grabación en la que quien habla confiesa su decepción con su vida y su deseo de ponerla fin. Da la dirección donde ejecutará su plan aunque deja abierta la posibilidad a ser salvado si es que cualquiera de las chicas que lea esa grabación acude al edificio de la empresa donde dice que estará esa tarde. Y esa chica, Amy, la mujer del narrador en primera persona que está contando la historia, esconde esa cinta en su cajón lleno de adminículos femeninos para escucharla e intentar evitar que tal cosa suceda. Pero... 

El relato es de lo más interesante al criticar la falta de humanidad existente en muchos ámbitos laborales; también es un relato revelador de la altura literaria del autor. 

editorial Sexto Piso, editoriales independientes españolas
Se censura en el relato que da título a toda la antología, "Mientras los mortales duermen",  la fiebre consumista que se produce durante las Navidades y la utilización que se hace de los sentimientos religiosos y familiares para incentivar más aún ese consumo, esos regalos casi obligatorios. La música navideña llega a resultar estomagante de tanto como se repite en los centros comerciales: «Esta noche ya lo hemos oído ocho veces. Venden las Navidades como si fueran cigarrillos, machacando y machacando con la misma frase una y otra vez. Estoy de Navidades hasta la coronilla»

"Ruth" es un cuento que profundiza en las relaciones femeninas y en el sentimiento de 'propiedad' del fruto del amor. Concretamente estamos ante la reunión de dos mujeres: Ruth, joven embarazada de cuatro meses, que acude a visitar a la señora Faulkner, madre del padre de la criatura que lleva en su seno. ¿Cuál de las dos tiene más "derecho" sobre la criatura que está por llegar? Además de plantear este asunto en el relato se muestra la necesidad que los humanos tenemos de ayudarnos mutuamente pese a todo. 

Es el amor, su ausencia, su necesidad, elemento nuclear en muchos de los cuentos. Vonnegut tiene el acierto de acercarse a él desde ubicaciones muy diversas. Una es la que se ve en "Ruth"; otra, muy curiosa también, es la que se lee en "Fuera, vela efímera" donde una relación epistolar nacida a partir de una página de contactos de una revista deriva en el enamoramiento total de una mujer hacia el 'maravilloso' hombre que se cartea con ella pero que siempre elude cualquier manifestación física. Es un relato que revive el eterno tema de la Bella y la Bestia, de la importancia de la belleza interior frente a la derivada del aspecto físico.

  Ya digo que la mayoría de los cuentos han sido de mi agrado por la enorme originalidad con que aborda Kurt Vonnegut los asuntos más diversos. En el cuento "Tango" toca de manera genial y con gran ironía la relación paterno-filial dentro de las clases altas de una localidad ficticia, Pisquontuit, habitada por doscientas familias muy ricas. La educación dada allí a los jóvenes cachorros totalmente separados de la clase de los sirvientes se quiebra merced a la música canalla del Tango, melodía que despierta en Robert, el hijo del potentado donde trabaja como criada Marie, la inquietud sobre su manera de estar en el mundo. Marie y quien en primera persona cuenta la historia, el tutor de Robert, harán evolucionar al chico, a cortar con sus miedos, a hacer que la relación con el padre vaya más allá de contemplar una película en completo silencio. A preguntas de su tutor sobre cómo fue su infancia, si fue feliz en ella o no, Robert le responde: 

«—Pero no se puede afirmar que habláramos exactamente. El mayordomo venía a mi habitación e instalaba el proyector de cine. Después, mi padre subía y proyectaba una película de Mickey Mouse durante una hora. Nos limitábamos a sentarnos en la oscuridad mientras la película pasaba.
—¡Erais uña y carne! ¿Qué puso fin a esa borrachera emocional?
»

Como se ve en la cita anterior el sentido del humor, la ironía, la crítica que subyace a esta confesión. es más que evidente. Y esta sensación está presente en muchos otros de los cuentos. Así por ejemplo se ve en "Sr. Z", un relato muy irónico, con muchos giros argumentales y estupendas roturas de cintura que con agrado sufre el lector. Me ha gustado mucho, hay en él de todo: gansters, mujer inteligente, estudiante de teología y criminología, palizas, amor... 

En la relación entre los dos mundos, el de arriba y el de abajo, hay una narración -"Dinero habla"- en la que la barrera que la riqueza establece entre las personas vista en "Tango" ahora no permanece silenciosa sino que interviene activamente hablando en la mente de Ben, chico humilde que se siente atraído sinceramente por Rose, una chica que acaba de heredar doce millones de dólares.  ¿Aceptará Rose a Ben sin pensar que su acercamiento es consecuencia de su riqueza? ¿Es amor auténtico lo que puede haber entre los dos? ¿Se censura a sí misma Rose por el mero hecho de haber pasado a ser poseedora de una inmensa fortuna? Dos frases extraídas de este cuento me parecen magníficas y muy esclarecedoras:

  • «Usted tiene problemas, yo tengo problemas..., todo el mundo tiene problemas, tanto si tienen mucho dinero como un poco o nada en absoluto. Al final resulta que el amor, la amistad y hacer el bien son las cosas realmente importantes» -dice el Dinero en la cabeza de Ben.
  • «Al ver a la doncella cautiva, al recordar su propio cautiverio, Ben comprendió al fin que el dinero era un dragón gigante, con mil millones de dólares como cabeza y un penique en la punta de la cola»

Para finalizar quisiera destacar la irreverencia -auténtica muestra de su ironía- mostrada por el escritor ante el mundo del Arte. ¿Es el Arte una farsa? ¿Quién es farsante en ese mundo? Estas y otras cuestiones muy sabrosas siempre en torno a este campo las plantea Kurt Vonnegut con su maestría habitual en el relato que cierra la antología, en "Los farsantes". En éste dos pintores, Lazarro y Stedman, residentes en la misma urbanización conocen distinta suerte profesional. Uno (Stedman) es exitoso en ventas con cuadros figurativos de corte tradicional, aunque en opinión de los críticos su pintura no vale nada; el otro (Lazarro) practica un arte abstracto muy apreciado por la crítica especializada que no encuentra recepción adecuada entre el público. Sus respectivas esposas los azuzan para que cada uno de ellos haga un cuadro en una noche en el estilo del otro; al día siguiente los mostrarán y será el propio público quien juzgará si han sido capaces o no, de realizarlo. Quien lo consiga demostrará que el arte del imitado no vale nada, está carente de alma, y quien no lo logre hará visible la imposibilidad de imitar al auténtico artista. No sigo contando más. Sólo diré que el resultado es muy sabroso y de gran calado.

Nada he dicho de las simpáticas ilustraciones que acompañan a estas narraciones intercaladas entre uno y otro relatos. Son dibujos hechos a plumilla, de trazo firme, tipo cómic; diríase que son repentizaciones. o sea, que no están muy meditadas, que surgen con espontaneidad de la mano y pluma del autor. Muchas son caricaturas de sí mismo con las que solía firmar sus libros. Transmiten a través del dibujo el tono irónico y satírico presente  en muchos de sus relatos.

autorretratos caricaturescos, dibujos a plumilla
Evidentemente volveré a Kurt Vonnegut. Un gran escritor, un gran creador, un sutil analista de la sociedad actual, de las personas de hoy día, con sus contradicciones e inseguridades que son, paradójicamente, las que nos hacen creíbles, de auténtica carne y hueso. Y todo envuelto en un tono irónico y un humor que desarma al más pintado. Me ha parecido que el escritor es representación clara de la alta literatura estadounidense que brilló con fuerza durante la segunda mitad del siglo XX y a cuyos principales creadores el alcohol y las drogas se llevaron por delante. Los asuntos que toca, el estilo que imprime a sus cuentos, la ubicación de las anécdotas, las profesiones de sus protagonistas (empleados medios, personas del mundo de la cultura, ex-soldados como lo fue él mismo, profesores...), y especialmente la inflexión de la voz narradora, logran que estos escritos sean fácilmente identificables como propios de la literatura contemporánea norteamericana que surgió a partir de la generación beat de la que sin duda alguna Kurt Vonnegut es cualificado representante. Los relatos contenidos en "Mientras los mortales duermen" son buen ejemplo de la manera de escribir del novelista de Indianápolis. Una lectura, pues, muy recomendable.
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Ficha del libro:
Título: Mientras los mortales duermen
Autor: Kurt Vonnegut
Traductor: Jesús Gómez Gutiérrez
Editorial: Sexto Piso
Colección Visor de Poesía
Año de publicación: 2012
Nº de páginas: 262
ISBN: 978-84-9686-794-9

23 ene 2021

Paul Auster: "A salto de mata". Juan Manuel de Prada: "Coños" (A pares XVII)

38 comentarios:
Este "A pares" está formado por dos lecturas en cierta manera extrañas aunque por motivos diferentes. "A salto de mata" de Paul Auster lo es porque su 'lectura' la he realizado escuchando el libro y no leyéndolo. Los audiolibros están en auge últimamente. La verdad es que yo ya los había probado anteriormente en dos ocasiones y no me había encontrado muy a gusto haciéndolo sobre todo porque la búsqueda de algún dato, nombre de personaje, fecha escuchada o lo que sea se hace difícil cuando no imposible; para qué decir nada de realizar anotaciones 'in situ' o efectuar subrayados de alguna frase relevante, algo sencillamente impensable. Pero con todo en una época en la que hay que caminar, montar en bici o viajar en coche conduciéndolo personalmente, me parece que los audiolibros son un buen remedo -si es que las imitaciones pueden serlo- de la verdadera lectura sobre todo si, como ha sido el caso de este libro, lo que se escucha es una historia de escasa complicación temática y aún menos complicación formal.

La segunda lectura, "Coños", de Juan Manuel Prada, la realicé en papel hará unos tres meses y se había quedado ahí, sin reseña ni comentario alguno debido al tipo de obra que en sí es. La extrañeza en este caso viene ya expresada en el propio título, llamativo por demás; si me acerqué al texto fue por su escasa complicación al estar realizado en forma de relatos cortos independientes unos de otros y por el escaso número de páginas del libro, algo que después de lecturas largas y sesudas me apetece hacer de vez en cuando para así desconectar rápido de profundidades anteriores.



"A salto de mata" de Paul Auster

Novela autobiográfica, Paul Auster
El autor cuenta en primera persona episodios de sus primeros treinta años de vida. Si hay algo constante a lo largo de las 153 páginas del libro es la perentoriedad del dinero que Auster siente constantemente. Ya en su niñez Paul recuerda a su padre Samuel discutiendo con Queemie, su madre, a cuenta del dinero que ella derrochaba según él a manos llenas. Muy pronto Paul comprendió que el dinero era importante y procuraba ahorrar la mayor parte de lo que le daban como regalos durante las diferentes festividades judías y en ceremonias como el Bar Mitzvah que como miembro de la comunidad realizó al cumplir los trece años. Estos ahorros más el de las propinas que obtenía durante las vacaciones escolares haciendo pequeñas tareas en los jardines y casas de los vecinos más el que le dieron por su graduación de bachillerato le permitieron hacerse con un fondo (unos 1500$) que le resultó muy útil para viajar a Europa finalizados sus estudios de bachillerato y antes de entrar en la Universidad de Columbia donde estudiará Literatura, la pasión de su vida. 

Los viajes son una constante en él. Amante de la literatura desde al menos los doce años, Europa siempre le atrajo. A los 18 años viaja a París en un barco fletado para estudiantes. Y de allí, en los dos meses y medio que duró esta primera gran salida, España, Italia y muy especialmente Dublín. Ir a la capital de Irlanda era algo que le debía a James Joyce sin lugar a dudas, dice. En esta novela autobiográfica cuenta sus experiencias en Europa, especialmente en París, las amistades que hizo, los trabajos que realizó para salir adelante pues el dinero se acababa rápido y sobre todo sus deseos de escribir. En los dos meses y medio que duró el viaje pensó mucho en la novela que quería escribir y cuyo manuscrito luego se perdió. 

De regreso en USA inicia sus estudios universitarios en 1965. Finalizado el segundo curso se apunta a un programa de la Columbia para estudiar en el extranjero el tercer curso en París. Le decepcionó completamente el programa y tuvo una fuerte discusión con el director del mismo, a consecuencia de la cual decidió abandonar la Universidad. Si no estudiaba debería incorporarse a filas y marchar a la Guerra de Vietnam. Decidió, por esto, permanecer en París leyendo, escribiendo, viendo películas e incluso pensando en hacerse director de cine algo que no realizará por no superar los farragosos requisitos exigidos para ingresar en la Escuela de Cinematografía. Al notar que su familia estaba preocupada por él decidió volver a Nueva York y pensar sobre qué hacer, si la Universidad o la Guerra. Corría 1968 y había revueltas estudiantiles contra el papel de USA en Vietnam. A Paul el decano de la Facultad le dijo que le admitirían de nuevo en la Universidad si lo deseaba pues que un chico de 20 años fuese a la Guerra era un auténtico crimen. Volvió a ella y se graduó, aunque durante esos tres años las huelgas y manifestaciones estudiantiles contra Vietnam fueron frecuentes; revueltas en las que Auster participó no muy activamente pues él se sentía alejado de "aquello que se dice solidaridad". Quizás gracias a este carácter se salvó de ir a la cárcel, de morir montando un explosivo o de huir constantemente del FBI como les ocurrió a un buen número de sus compañeros de estudios.

Sus temores sobre tener que ir a Vietnam desaparecieron cuando en 1969 realizado el sorteo él salió con un número que lo eximía del servicio. Pudo a partir de entonces y una vez finalizados sus estudios buscarse un trabajo que le diese el suficiente dinero como para ganar tiempo y así realizar su mayor deseo: escribir. Comienza entonces a trabajar en un petrolero de la ESSO. Viaja por toda la costa este del país y entabla amistad con personas que le hacen conocer la profunda realidad del país como, por ejemplo, el fuerte racismo que en el mismo existe. Logrados unos 4000$ decide volver a París donde se dedica a escribir y cuando el dinero se le va agotando comienza a hacer traducciones del francés al inglés o viceversa. Una de las que hizo fue la de una constitución que se preparaba para el nuevo Vietnam. También daba clases de inglés a estudiantes de bachillerato, hacía de guía turístico para ingleses o americanos y cosas así. En París vive con su novia Lydia Davis, hija del escritor Robert Gorham Davis. Ambos viven fundamentalmente de hacer traducciones de autores franceses al inglés. Más dinero le dará hacer sinopsis en inglés de guiones cinematográficos que la mujer mexicana de un productor ruso le proporcionaba. Tras un trabajo en México con resultado poco amable vuelve con Lydia a Nueva York donde irreflexivamente -dice- deciden casarse. Es 1974.

En Nueva York, gracias a su padrastro (el segundo marido de su madre tras haberse separado el matrimonio en 1965) consigue que The New York Review of Books o  Harper’s Saturday Review le paguen por las reseñas que haga de libros de arte y/o de literatura. Es una manera de sobrevivir malamente que apenas le permite escribir. Con todo escribe poesía, teatro y va pergeñando alguna novela. La necesidad de dinero estalla cuando en 1976 sea padre junto a Lydia Davis de Daniel, su primer hijo. "Tener un hijo marca la verdadera frontera entre la juventud y la edad adulta". Idea entonces comercializar un juego de cartas sobre beisbol que inventó cuando era adolescente. Pero “El que confía en imbéciles acaba comportándose como un imbécil”, escribe en "A salto de mata", expresando así el fracaso de la idea y el tiempo perdido hablando con una gran cantidad de charlatanes para intentar que su juego fuese vendido a una empresa que lo comercializase, algo que siempre acabó en fracaso.

Tras el fracaso del juego buscó un trabajo fijo pero tras varios meses de entrevistas y búsqueda nada le había salido. Afortunadamente le llegó una beca de 3500$ del instituto de Arte de Nueva York. Gracias a esto podrá ponerse ya  decididamente a escribir. La novela negra americana que leía y le gustaba (suicidio aparente que es un asesinato) le llevó a decidir hacer una novela de sentido inverso: asesinato que al final fuera un suicidio. Le agradó la idea y se puso a escribir una novela policíaca en esos términos. En dos meses le dio forma en unas 300 páginas que imitaban otras leídas pero que a él le satisfizo. Sin embargo tropezó con dificultades sobre todo por su incompetencia como vendedor. Necesitaba un agente literario, pero los poetas no tenían agente. Su fracaso iba en el sentido de que le decían que ya no se llevaban las novelas de detectives privados, algo parecido a lo que le dijeron cuando el juego de cartas sobre beisbol, que ya no se llevaban los juegos de mesa sobre deportes.

autores judíos norteamericanos,
En noviembre de 1978 se rompió su matrimonio. Dos meses después murió su padre y eso le afectó muchísimo por lo que se puso a escribir sobre él. Volvió a New York, se enamoró y en 1981 se volvió a casar. En esos 4 años todo cambió. Un amigo que montaba una editorial le pidió un manuscrito y entonces Auster le mandó la novela y se la publicó aunque condiciones de dinero no había por parte alguna y además la publicó dos años después. 

Finaliza esta autobiografía de juventud relatando las vicisitudes del manuscrito de esa novela detectivesca que al final salió con mayor fortuna en una editorial de bolsillo que le adelantó 2000$ de los cuales hubo de entregar 1000$ al primer editor -su amigo- según figuraba en contrato y un 10% a la agente literaria que le llevaba los asuntos; en total, sólo le quedaron tras todos esos años de lucha 900$. "A salto de mata" cierra con esta frase: “Así se escriben libros por dinero. Es 1996”. Fue su primer no-fracaso y por tanto el final de esta narración subtitulada "Crónica de un fracaso precoz". 

Me gustaría que al acabar de leer esta reseña, el lector tuviese clara la idoneidad de la lectura de "A salto de mata" para aquellos amantes de la obra y la figura de Paul Auster.



"Coños" de Juan Manuel de Prada

Es el primer libro que escribió Juan Manuel de Prada. Se trata de una boutade, un juego de joven amante de la literatura, enamorado precisamente de la de Ramón Gómez de la Serna con quien soñaba codearse o al menos emular. Así si el madrileño novecentista escribió y escandalizó en su tiempo con "Senos", el vizcaíno que estudió en Salamanca escribió unos relatos sueltos que agavilló bajo el rotundo y no menos escandaloso título de "Coños". Son 54 relatos cortos que entre todos suman apenas 150 páginas en total.
 
La sinopsis que la editorial Valdemar que lo publica realiza sobre el mismo pretende en mi opinión elevar estos ejercicios de escritura erótica de un estudiante a categoría excelsa, algo que en mi opinión no alcanza aunque tampoco quepa concluir lo contrario en absoluto. Dice la editorial lo siguiente:

Coños, constituye un homenaje a la mujer y a la literatura, que aspira a la celebración episódica del cuerpo femenino, a la divinización obsesiva de las mujeres a través de las palabras, y muestra al lector que la diversidad no es sólo un camino hacia la unidad íntima de la mujer. Burlándose de los géneros, entremezclando lúdicamente el fragmento lírico con las memorias apócrifas, la prosa de estirpe clásica con un humor tributario de las vanguardias, Juan Manuel de Prada nos sirve, en un estilo propio, millonario de metáforas, un libro que podría adscribirse a un género nuevo o excluirse de toda adscripción.

Tras haberlo leído, a la pregunta que me hago sobre qué es este libro, me contesto que no es nada más que un divertimento, una nadería graciosa e irrespetuosa sin más, que no hay que ver con ojos de policía de lo políticamente correcto simplemente porque no lo es. Pero así como pienso que no hay que derribar la estatua de Colón porque de él haya derivado el concepto de colonización, de igual manera pienso que no hay que arremeter contra el autor porque el órgano designado sea exclusivo de una mitad de la población. Así como en Colón hoy debemos quedarnos con los beneficios que su gesta supuso para el mundo en muchos aspectos, en este librito de Juan Manuel de Prada se debe uno fijar en el buen oficio literario que destilan los relatos que lo componen. ¡¡Sin más!!

Pese a ser una obra de primera juventud del escritor ya en ella se traslucen sus muchas lecturas y su mucho amor por el cine. Literatura y Cine son referentes de no pocas imágenes presentes en su escritura. Igualmente se percibe en la mayoría de los relatos el innegable sentido del humor del escritor que recuerdo haber percibido con gusto en la única novela que de él he leído, "Las máscaras del héroe", que fue Premio Ojo Crítico de narrativa 1997.  
  • Así, a oscuras, escondidos de Manitú, desenterrábamos la marihuana y fumábamos en paz, rememorando a John Wayne en 'She wore a yellow ribbon'. (película de John Ford del año 1949 protagonizada por John Wayne)
  • Gertrudis, que es algo procaz, se corre maldiciendo a Guillermo Cabrera Infante, a quien considera un James Joyce para mulatos con úlcera gástrica. Tampoco es para tanto.
  • Miro el coño de Gertrudis y le recito fragmentos de Paradiso, la novela de Lezama Lima que me deslumbró en la adolescencia por sus conexiones insólitas, aunque nunca llegase a entenderla del todo (pero la literatura no debe entenderse, basta con que acaricie el oído, el alma o los cojones).
Lo que más me ha agradado de este librito del vizcaíno de nacimiento, zamorano por procedencia familiar e infancia y salmantino por formación universitaria, es, aparte del sentido del humor, el buen empleo que hace de la lengua si bien a veces me haya resultado un tanto barrocón por el exceso de imaginería y adornos. Bueno, ya la última cita anterior en la que aparece nombrado el cubano José Lezama Lima y su novela "Paradiso" dice mucho de este gusto suyo por el exceso. 

Antes de concluir quisiera resaltar la idea de que según se leen los distintos capítulos o relatos uno se da cuenta de que la obra no tiene por destinatario exclusivo un lector masculino, ni tampoco es una especie de "Libro de buen amor" actual que ofrezca un abanico de mujeres (costureras, sonámbulas, cubanas, solteronas, viudas, filipinas, vírgenes...) al estilo de lo que hiciera en su siglo Juan Ruiz, y mucho menos un manual de educación sexual. Lo que hay en él (originalidad, vanguardia, Cine, Pintura, Música, autobiografía...) configura esta gavilla de ejercicios literarios como una obra para leer despacio, saboreando su más que aceptable literatura y su innegable buen sentido del humor

"Las máscaras del héroe", "El silencio del patinador", Ramón Gómez de la Serna
Esta colección de relatos cortos de título tan llamativo según aclara Luis Carda Jambrina, prologuista de la misma, salió publicada por vez primera en 1994 de manera casi clandestina en una edición no venal de sólo 50 ejemplares que iba circulando de mano en mano siendo citada por entusiastas del género y "apreciada por poetas, escritores y especialistas en literatura erótica (Rafael Alberti, Luis García Berlanga, Luis Alberto de Cuenca, Abelardo Linares, Gonzalo Santonja, Víctor Infantes...)". Fue tal la popularidad que adquirió en esos ambientes literarios que a rebufo de la primera novela del autor citada antes, aparecida en 1996, y junto a otro libro de relatos -doce en este caso- titulado "El silencio del patinador" de 1995, la editorial Valdemar decidió hacer una edición en toda regla ese año, la cual se ha ido reeditando una y otra vez desde entonces en ésa y otras editoriales.