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29 jul. 2019

"Las hijas de otros hombres". Richard Stern

8 comentarios:
Quienes habitualmente pasan por aquí sabrán que, sin olvidarme nunca, leo cada semana los suplementos literarios de los diarios "El Pais" y "El Mundo", es decir, "Babelia" y "El Cultural". La mayoría de las firmas me agradan, pero hay dos que valoro especialmente, me refiero a José María Guelbenzu en "Babelia" y a Ignacio Echevarría en "El Cultural". Leer a ambos me sirve para informarme de aspectos literarios y de títulos de obras interesantes poco tratados o comentados. Gracias a ellos he conocido a Richard Stern.


Editorial Siruela, Novela norteamericana del siglo XX, Laura Salas (traductora)
Richard Stern (Nueva York, 1928 - Tybee Island, Georgia, 2013) fue, además de autor de novelas y cuentos, profesor de Literatura inglesa en la Universidad de Chicago, formó parte durante algunos años del Taller de Escritores de Iowa y como profesor invitado dio cursos de literatura en Heidelberg y París. "Las hijas de otros hombres", su quinta novela, apareció el año 1973. En España nada suyo se había publicado hasta ahora. Ha sido la editorial Siruela la que en marzo de este año, en su colección 'Nuevos Tiempos', la ha dado a conocer entre nosotros en traducción de Laura Salas.

La novela presenta a un profesor, Robert Merriwether, que a sus cuarenta y tantos años se enamora de una veinteañera, Cynthia Ryder. Este encuentro entre la madurez, sabiduría y experiencia del médico y fisiólogo, especialista en el estudio de la sed, y la vitalidad, juventud y espontaneidad de la alumna inmersa en la liberación sexual y de costumbres de los años sesenta en que se sitúa la novela, hace tomar conciencia al equilibrado profesor Merriwether de la vía muerta en la que desde ya hacía algún tiempo se hallaba su matrimonio con Sarah.

El personaje masculino vive una auténtica convulsión íntima al conocer a Cynthia. Poco a poco su relación con ella avanzará y también sin estridencias irá dejando de lado su apagada vida marital con Sarah, aunque no su inmenso amor por sus cuatro hijos: Albie, Priscilla, Esmé y George. Robert es un buen padre, mejor dicho, es un magnífico padre; por eso cuando definitivamente su matrimonio periclita su máxima preocupación es la de no dañar a sus hijos, especialmente a los dos más pequeños, Esmé y George. La esposa, Sarah, no tiene más remedio que despertar y tomar decisiones una vez que el adulterio de Bob, su esposo, es conocido por toda la sociedad de Cambridge (Massachusetts) donde viven y en cuya Universidad de Harvard él ejerce la docencia. 

Varios son los niveles en los que se desarrolla la aventura amorosa del maduro profesor Merriwether: uno es el propio y personal de cada uno de los miembros de la desigual pareja; otro el de la relación a dos bandas de Robert con las dos mujeres con las que durante un tiempo comparte su vida; otro más es el de la vida pública del profesor y conferenciante Merriwether quien acude a las ciudades donde imparte docencia o dicta conferencias en compañía de su 'amiga' despertando entre sus colegas infinidad de comentarios; y otro, por último, es el de las reacciones del mundo familiar de Bob y Cynthia al conocer el idilio que viven ambos. En todos estos niveles se mueve el relato y todos ellos los muestra el autor con equidad y naturalidad. Nada ni nadie queda en esta novela en un segundo plano, nada ni nadie sale perdedor o ganador en esta natural vivencia que es la ruptura de una relación y el nacimiento de otra. 

La novela muestra la vida tal cual es; mejor dicho, la novela muestra el nacimiento de las relaciones tal y como son hoy día. En el momento de su publicación, año 1973, este relato seguramente conmocionó las conservadoras bases de la sociedad americana al presentar la liberalidad en las relaciones sexuales sin censura alguna, algo que hoy forma parte de nuestro día a día. La revolución social más importante que se dio en el siglo pasado fue, sin duda alguna, la de la liberación de la mujer, una liberación basada esencialmente en el control ejercido por ella misma de sus embarazos, lo que le permite disfrutar del sexo como antes jamás había podido hacer. Cynthia se enamora y se une a Robert no por interés económico como podría pensarse dada la gran diferencia de edad entre ambos, no, ella se une a Bob porque se ha enamorado de él, porque disfruta con él, porque aprende de él..., en definitiva, porque es una mujer libre y hace uso de esta facultad. También Sarah, la esposa de Merriwether, aprende y gana en realización personal al tener que tomar decisiones que jamás, como esposa amable y esforzada madre de cuatro hijos, habría tomado de no haber estallado el conflicto que hace naufragar lo que siempre creyó sólido: su matrimonio. 

Universidades prestigiosas, Cambridge
Tomado de la Página web: http://www.harvard.edu/
Todos los personajes evolucionan, todos los actuantes deberán posicionarse ante lo sucedido, tanto los hijos de Bob como el padre de Cynthia o los compañeros de universidad de Merriwether. Ante una conmoción emocional como la que sufre la pareja formada por el profesor y su alumna no cabe permanecer impertérrito y así se ve en el relato en el que las personas de su alrededor se sorprenden, apoyan, comprenden, critican o simplemente ignoran la nueva situación. Todo ha cambiado aunque no lo parezca y sobre todo ha cambiado para Robert Merriwether que al llevar hasta sus últimas consecuencias la relación con Cynthia ha abandonado la zona de confort (respetado profesor de Harvard, padre amantísimo felizmente casado) donde estaba y ha optado por una vida azarosa, nueva, semejante a "la idea antidarwiniana que el profesor Eigen rechazó en la charla más importante de la conferencia de Boulder" a las que Merriwether asistió a fin de encontrar el centro del asunto sobre el que iba a tratar el libro que le habían encargado hacer.

La novela es de estructura sencilla, cuatro partes en las que se distribuye la historia de la disolución de un matrimonio. En la primera, -de seis capítulos-, se produce el mutuo descubrimiento de Cynthia y Robert; la segunda de sólo dos capítulos transcurre en Niza (Francia) donde él pasa el verano dando un curso estival y unas conferencias. Es allí en Niza donde la relación se consolida. En la tercera parte -seis capítulos- estamos de vuelta en Estados Unidos, donde la historia del profesor y su alumna ya ha trascendido el ámbito privado; el divorcio se abre paso. La cuarta parte es la culminación de todo el proceso y consta de un único apartado. 

El lenguaje empleado es elegante y nada rebuscado cumpliendo a la perfección la finalidad pretendida: mostrar la amable vida de un hombre normal que salta los límites de su anodina existencia por culpa de un amor sincero que la sociedad bienpensante de Cambridge no acepta debidamente
"- Esa amiga suya le ha causado una gran angustia a Sarah. En una comunidad como Harvard, resulta especialmente humillante. - Aquella 'a' de Harvard era bostoniana de pura cepa, pero la 'a' de humillante provenía de Irlanda" (capítulo 11)
El narrador es una tercera persona externa que focaliza principalmente en el profesor Merriwether la narración sin abandonar, y dándole el peso debido, a los otros personajes cuando así viene exigido por la historia: Cynthia, Sarah, los hijos de Sarah y Bobbie... Este narrador emplea a veces el EIL (estilo indirecto libre) provocando ese mágico efecto en el lector de inmersión en el propio relato
"Tenía el disco, ¿podía ponérselo y bailar para él, o le parecería una estupidez!?
No, por supuesto que no. Estaría encantado. Pero ¿dónde?" (capítulo . 2)
En una novela como ésta que transcurre en un campus universitario y cuyo personaje principal es un afamado profesor que asiste a congresos y se codea continuamente con colegas de profesión es normal que las alusiones culturalistas abunden. Éstas van referidas con frecuencia al campo de la fisiología y de la sed, especialidad de Robert, pero no sólo a esto. Nombres de científicos como Bohr y de pensadores como Thoreau y Ralp Waldo Emerson se mezclan con otros de autores más literarios como Shakespeare o Colette de quienes se nombran obras ("Hermione" o "Cuento de invierno" de Shakespeare y "Lo puro y lo impuro" de Colette) en el relato. Estas citas sirven para situar debidamente la personalidad de aquellos personajes que las utilizan. Y otro tanto sucede con la música. En la cena de Acción de Gracias con los Calender,Tips, la hija de estos, junto a su novio Theo y con Sarah al piano cantan y tocan piezas de Rameau, Purcell, Bach... Es evidente que la extracción social de estas familias es cultural y económicamente elevada.

La novela me ha recordado a otra que leí hace ya algún tiempo, "Stoner", de John Williams [leer reseña de la misma aquí], que como ésta de Richard Stern toma elementos muy autobiográficos para construir una historia que impacta precisamente por la cotidianidad que contiene y que transmite. En ambos casos estamos ante dos autores profesores universitarios de literatura y ambas novelas presentan un protagonista que mantiene una relación amorosa con una alumna. Quizás la novela de John Williams incide más en el mundo de envidias y zancadillas de los claustros universitarios y la de Stern se centra más en la disolución de una confortable vida burguesa. pero ambas novelas tienen como trasfondo la sociedad norteamericana enfangada en la guerra de Vietnam en la de Richard Stern y en la IIª Mundial en la de Williams. Ambos conflictos procuraron cambios sociales trascendentales que son los que acarrean los sucedidos de una y otra novelas.

Para finalizar señalar que las dos novelas se publicaron hace tiempo (en 1965 "Stoner" y en 1973 "Las hijas de otros hombres") y que ambas pasaron desapercibidas en su momento entre nosotros. Quizás, como dice Ignacio Echevarría, en su artículo de "El Cultural", la narrativa anglosajona "dada la amplitud de su producción y de su público, cuenta con una abundante “clase media” de escritores que, sin haber alcanzado un estatuto ni mucho menos canónico, revelan hoy una categoría muy por encima del actual promedio". Comulgo del todo con la opinión de este crítico literario. Curiosamente estos autores hoy reeditados y dados a conocer ahora entre nosotros se consideraron a sí mismos fracasados en su momento:
"El mismo Stern, al parecer, decía de sí mismo: 'Fui un fracasado antes de haber fracasado'” (Ignacio Echevarría en "El Cultural")
Las hijas de otros hombres, Hombres mayores y chicas jóvenes
Philip Roth habló siempre muy bien de Richard Stern. No es de extrañar, primero por la calidad de sus novelas y en segundo lugar por la coincidencia de ambos en temas y asuntos como sucede con el de la relación entre un hombre mayor y una chica joven. Este asunto lo trata Roth en novelas como "El animal moribundo". También la mostración de la sociedad americana en transformación durante los años sesenta la realiza Roth en su magnífica novela "Pastoral americana" [leer reseña aquí]. Sí, verdaderamente ambos autores tienen muchas cosas en común.

Reflexión final
Es evidente que la calidad exigida a autores y escritores, -también en nuestro país-, no es hoy la que se daba cincuenta años atrás. La democratización de la cultura quizás ha traído aparejada una considerable bajada de nivel. Hoy cualquiera se declara escritor, cualquiera publica, y lo que es más sorprendente algunas editoriales se centran en ellos para sanear la caja. Cuando leemos a autores del siglo XX de "segunda fila" como John Williams, Richard Stern o también Dominick Dunne [reseñas de obras suyas aquí y aquí] cuyas novelas aparecidas hace cuarenta o cincuenta años atrás es ahora cuando se han dado a conocer entre nosotros, caemos en la cuenta del enorme nivel de la narrativa norteamericana, consecuencia del cual quedaron por el camino autores de inmensa calidad como los aquí citados. Sería deseable que esta recuperación de escritores ignorados conllevase en los de hoy en ejercicio una mayor exigencia. Ojalá que así sea. 

15 jul. 2019

Mi última colaboración en la Revista MoonMagazine: "Balenciaga y la pintura española"

5 comentarios:

Ayer domingo apareció en la Revista MoonMagazine un artículo mío sobre la exposición "Balenciaga y la pintura española" que actualmente presenta el Museo Nacional Thyssen Bornemisza. A mí la muestra me dejó con la boca abierta. Si queréis saber algo más sobre ella, no tenéis más que pasar por MoonMagazine pinchando en las imágenes que aparecen en esta entrada o en este enlace.


Museo de Moda de Getaria, Cristóbal Balenciaga,

Un saludo a todos

9 jul. 2019

"La función por hacer" de Miguel del Arco y Aitor Tejada

2 comentarios:
Nunca lo olvidaré. Conocí el buen saber hacer de Miguel del Arco viendo el montaje de "Veraneantes", la obra que presentó en el madrileño teatro de La Abadía partiendo de la homónima de Máximo Gorki. Ese día descubrí a dos monstruos teatrales: uno, el estupendo hombre de teatro; el segundo, la actriz Bárbara Lennie, bella y magnífica sobre las tablas. Corría el año 2011 y salí de la sala con la certeza de haber asistido a algo nuevo, distinto.

Desde entonces siempre estoy atento a espectáculos en los que aparezcan los nombres de este director y  de esta actriz que junto a otros (Israel Elejalde, Manuela Paso, Mirian Montilla, etc.) actuaron en esa función. Por eso cuando vi que en El Pavón -Teatro Kamikaze se reponía "La función por hacer" para conmemorar el décimo aniversario de su estreno, y que la misma era dirigida como lo fue entonces por Miguel del Arco, así como que el elenco teatral era el mismo de hace una década, decidí ir a verla. La pena, en mi ideación mítico-fanática, vino dada cuando sentado ya en el patio de butacas debidamente preparado para esta función leo en el programa de mano que desde el día 3 de julio Teresa Hurtado de Ory y Nuria García se incorporan al elenco en sustitución de Bárbara Lennie y Miriam Montilla respectivamente. ¡Vaya por Dios, -me digo-, no voy a poder ver a la Lennie! Pero la desilusión se trocó en plena satisfacción al ver que Teresa Hurtado de Ory borda el papel correspondiente a la Lennie quien no sé, por no haberla visto actuar, cómo lo haría  pero Hurtado de Ory desde luego está que se sale; y otro tanto puedo decir de la magnífica actuación de Nuria García en sustitución de Miriam Montilla. Está fantástica.

Cristóbal Suárez, Teresa Hurtado de Ory, Israel Elejalde, Miguel del Arco
Pero vamos a la obra en sí. Realizan Miguel del Arco y Aitor Tejada una libre adaptación de la obra de Luigi Pirandello "Seis personajes en busca de autor" estrenada por el dramaturgo italiano en Roma el año 1921. Pirandello presenta una profunda reflexión sobre el hecho teatral y el acto de creación literaria. Seis 'ideas de personajes' se presentan en un teatro donde se está representando una función en busca de alguien -un autor- que quiera darles corporeidad en un texto. Al igual que en Pirandello, pero actualizado a nuestra momento actual, unos personajes: dos Hermanos (Israel Elejalde, el Mayor; y Raúl Prieto, el Menor), la Mujer del Hermano Menor (Teresa Hurtado de Ory), y una Madre, esposa del Hermano Mayor (Manuela Paso) que lleva en sus brazos lo que parece ser un Niño pequeño, irrumpen en la función que se está representando en el Teatro donde nos encontramos los espectadores. La función que interrumpen trata de una pelea de pareja con ribetes cómicos entre dos personajes -el Actor (Cristóbal Suárez) y la Actriz (Nuria García)- que discuten sobre la plasmación de la realidad en la obra artística, en este caso, en un cuadro. La obrita parece entretenida y durante unos buenos 8 ó 10 minutos consigue captar toda nuestra atención. Por eso cuando los personajes intrusos la interrumpen la sorpresa es grande para el público; sorpresa a la que contribuyen de manera genial los dos actores que protagonizaban en escena un acalorado debate sobre el retrato que él había hecho de ella.

Pirandello estrenó "Seis personajes en busca de autor" en un momento de fuerte efervescencia artística y política en toda Europa: la época de las Vanguardias. El futurismo, el dadaísmo, el fascismo... están durante las primeras décadas del siglo XX poniendo en cuestión todo cuanto se tenía por sólido hasta ese momento en la sociedad. El mundo del teatro y el de la creación artística, no es ajeno a tal conmoción. Ante la vista del público se produce la génesis de la ideación autoral pero dándole la vuelta a la misma cual si de un calcetín se tratara: no es el autor quien conforma los personajes, sino que éstos, como si fuesen entes preexistentes al propio artista, buscan un autor que les de materialidad escritural. Lógicamente se ponen en relación dos niveles distintos del hecho teatral: la creación de los asuntos y la escenificación de los mismos. Estas almas en pena que vagan deseando encontrar a alguien que les permita concretarse sobre el papel colisionan con aquellos que deberán darles corporeidad sobre las tablas: los actores. Personajes y actores porfían sobre quiénes de ellos son más reales, más auténticos, tienen más realidad, son menos ficticios. De esta diatriba por lógica parecen dar más convincentes razones los personajes dado que lo que cada uno de ellos simboliza, porta o significa es inmutable a lo largo del tiempo, mientras que los actores como seres humanos que son resultan cambiantes siendo su realidad efímera y fugaz. 

Miguel del Arco, El Pavón Teatro Kamikaze
Que dos dimensiones tan dispares -personajes y actores, o lo que es lo mismo, ficción y realidad- entren en contacto y se interpelen mutuamente pertenece por derecho propio al terreno del absurdo, algo que las vanguardias artísticas de los años veinte estaban explorando con ahínco. El momento en que asistimos al espectáculo de Kamikaze Producciones dista mucho de cuando Pirandello estrenó su obra hace, prácticamente, un siglo ya, aunque a pesar del abultado número de años transcurridos, la eficacia del planteamiento teatral permanece intacta. Durante el siglo XX los espectadores de teatro nos hemos habituado a muchos efectos y técnicas teatrales encaminados a renovar el siempre eterno asunto del moribundo y paradójicamente inmortal teatro. Lo increíble de esta adaptación realizada por Aitor Tejada y Miguel del Arco es que logra sorprendernos absoluta y completamente.

La mayoría de las características teatrales que durante las tres primeras décadas del siglo XX buscaban mejorar el acartonado teatro tradicional están presentes en esta obra dirigida por Miguel del Arco: 
  • El distanciamiento o ruptura del encantamiento teatral a fin de que el espectador sea consciente de que la función a la que asiste no es un mero pasatiempo.
  • La conversión en escenario de toda la Sala incluido el espacio que ocupan los espectadores, con lo que el público pasa a ser partícipe del propio espectáculo, con lo se produce más que una ruptura una voladura de la cuarta pared
  • Teatro desnudo: Un escenario vacío de decorado a fin de que sean las ideas puestas en escena lo importante y no queden ocultas bajo el mismo. He de decir aquí que durante gran parte de la representación venía a mi cabeza la figura de nuestro gran Miguel de Unamuno que ya había planteado el mismo asunto de la obra de Pirandello tanto en su narrativa -su novela "Niebla" (1907) es ejemplo bien visible en ese personaje, Augusto Pérez, que se rebela contra su creador, a quien va a visitar a la ciudad de Salamanca donde el escritor realmente vivía-, como en teatro donde acuñó la expresión de 'teatro desnudo' -'La difunta' (1909) o 'Sombras de sueño' (1926) son títulos característicos-.
  • Gran importancia del lenguaje coloquial concediendo a los silencios y a las frases inconclusas una muy elevada significación: en "La función por hacer" esta característica es muy visible en la parte final de la obra cuando el Hermano Menor explica su actuación. Raúl Prieto, el actor que hace este personaje, está soberbio en este momento, subiendo un peldaño su ya memorable actuar hasta entonces.
  • El perspectivismo. Me gustó muchísimo ver cómo cada uno de los personajes de "La función por hacer" está dotado de individualidad propia. A tal efecto vemos cómo cada uno de ellos vive la realidad desde su foco particular. Paradigmático en la obra es el distinto punto de vista que sobre un mismo hecho que no pienso revelar tienen el personaje de la Madre y el del Hermano Menor.
  • La identificación del actor con el personaje, tal y como predicaba Constatin Stanislavski, es uno de los elementos importantes de la obra: las actrices Nuria Garcia y Teresa Hurtado de Ory protagonizan un divertido, crítico e importante momento teatral en este sentido. Son dos actrices formidables que transmiten veracidad en todo momento del espectáculo. 
  • El teatro dentro del teatro. Si algo define de manera definitiva esta obra ello es la mostración en la misma de la construcción teatral, de los elementos que constituyen una obra, de la verosimilitud obligada, de la distancia entre la representación y lo representado: al respecto es de una claridad meridiana los diálogos que mantienen a veces desabridos pero siempre interesantes entre los actores Israel Elejalde como Hermano Mayor y Cristóbal Suárez, el Actor que en el juego de espejos en que se convierte este complejo espectáculo adopta por momentos la función de Director escénico colisionando por ello no pocas veces con el sentir -su realidad constante- de los personajes erráticos en busca de un autor.
... y un sinfín de características más que sólo se pueden degustar como se debe asistiendo a esta representación sublime, magnífica, con la que Miguel del Arco dio en 2009 el salto definitivo a la dirección teatral. Este espectáculo del que esta reposición conmemora el décimo aniversario tiene el mismo elenco que lo estrenó y que cosechó siete Premios Max en 2011: mejor espectáculo, mejor dirección escénica para Miguel del Arco, mejor actriz para Bárbara Lennie, mejor actor de reparto para Raúl Prieto, mejor actriz de reparto para Manuela Paso, mejor producción para Kamikaze Teatro y mejor adaptación de obra teatral para del Arco y Tejada-. Y lo más importante, en cualquier caso, es que aquel montaje acabó convirtiéndose  en el germen de un proyecto escénico mucho más grande:  El Pavón Teatro Kamikaze -impulsado por del Arco, Tejada, Jordi Buxó e Israel Elejalde-, que recibió el Premio Nacional de Teatro 2017.
Bárbara Lennie, Manuela Paso, Nuria García, Raúl Prieto, Aitor Tejada, Mirian Montilla

La Obra estará en cartel hasta el próximo día 26 de julio. Al tratarse de una reposición, ignoro si emprenderán gira por ciudades españolas. La verdad es que el éxito de público lo tendrían asegurado.

Recomiendo ver esta representación a cualquiera que ame el teatro. Es una maravilla, un espectáculo como hay pocos. Si tuviera que darle una calificación, es evidente que le daría un diez.

3 jul. 2019

Graham Greene. "Viajes con mi tía"

10 comentarios:
Novela itinerante, novela filosófica, novela político-costumbrista, Humor
Había pospuesto su lectura durante mucho tiempo. La apunté en mi interminable lista de lecturas pendientes por recomendación de David de "Las lecturas de Mr. Davidmore", blog que me encantaba pero del que desde hace ya dos o tres años no tengo noticia alguna. Es una lástima que los amigos virtuales se desvanezcan en el aire igual que se nos aparecieron por primera vez: sorpresivamente. Llega uno a creer que ciertamente la relación entre personas en la blogoesfera es idéntica a la real, pero no, estas disoluciones, estos desvanecimientos virtuales nos hacen tomar conciencia de lo que de verdad es la realidad y lo que no lo es. Como digo las opiniones de David las tengo yo en muy alta consideración y al leerle en una ocasión que con esta novela de Graham Greene él tanto se había divertido, me propuse emularlo. Lástima que hayan transcurrido fácilmente cinco años desde su propuesta y mi lectura.

El caso es que la he leído y que me ha entretenido mucho hacerlo, pero si he de ser sincero -¡y he de serlo, claro que sí!- me ha parecido algo viejuna, algo antigua, como si el tiempo no hubiese sido amable con ella. Con todo y con eso la novela 'me ha divertido de a ratos', que suele decirse. En mi consideración global sobre ella pesa y mucho la alta estima en que tengo a "El americano impasible", esa estupenda novela de Graham Greene, una de las mejores, si no la mejor, de las escritas por él. Diré que entre ambas no hay mucha relación, salvo una cierta conexión geográfica entre el viaje a Vientiane en la Indochina francesa de la joven Tooney, uno de los personajes de la que aquí reseño, y la localización de la aventura del peligroso e impasible amigo americano. Por lo demás "Viajes con mi tía" publicada en 1969 y "El americano impasible" de 1955 poco o nada tienen que ver entre sí. Como comenté en la entrada que dediqué a este relato [leer mi reseña  aquí] el novelista lo que hizo fue dar en forma novelada noticia del cambio de potencia colonizadora en la zona, que en 1955 pasó de Francia a Estados Unidos quien bajo la disculpa de evitar que la zona cayese como las fichas de un supuesto dominó en la órbita soviética se enfangó en una contienda de la que no saldría bien librado jamás.

"Viajes con mi tía" es una novela más light, menos política que otras del autor, menos pegada al aquí y ahora. La única nota de actualidad en este relato de puro entretenimiento viene dada por las alusiones a los asesinatos de los Kennedy, dato que a los lectores nos sirve para situar el momento de la acción en los años sesenta, más bien al final de esta década dado que Robert Kennedy fue abatido por los disparos de un palestino en junio de 1968. Este detalle unido a la conexión con el nazismo de algún personaje de la novela como Visconti y el refugio que para cientos de ellos representó Sudamérica (Brasil, Argentina y Paraguay principalmente) es lo más político de esta obra. Parece poca cosa, pero sin embargo no lo es tanto.

'El poder y la gloria', 'Viajes con mi tía', 'El tercer hombre'
Por otra parte es evidente que el autor inglés muestra en esta narración un cambio de época: un mundo viejo que muere representado en el espía de la CIA O'Toole, padre de Tooney, que persigue al huidizo nazi que es Visconti y ese mundo nuevo que alborea en la figura de Tooney, joven libre que viaja sola por el mundo, que decide libremente sobre su sexualidad y que junto a tantos otros jóvenes del 68 levanta su voz contra esa guerra inútil y perdida -Vietnam- que está causando infinidad de muertos.

Los personajes están bien construidos aunque a veces sus vicisitudes resulten un tanto inverosímiles. La tía Augusta es mucho más avanzada que su sobrino Harry, hombre maduro de 50 años, que aún no ha tomado una decisión personal y libre por sí solo. A esta ya avanzada edad él sigue aún dándole vueltas a la cabeza sobre si debería haberse casado con Keene, la hija de un antiguo cliente del banco donde trabajaba el cual había amasado una importante fortuna con el cemento. Keene, al no obtener respuesta a sus requerimientos había partido con su padre hacía Sudáfrica. ¿Es creíble un 'joven' de esta edad cuya única preocupación, jubilado ya de su trabajo en el banco, sean las dalias? Es evidentemente un hombre fuera de su tiempo. Henry es un victoriano, tradicionalista, cumplidor de sus obligaciones religiosas y sociales, un hombre que confiesa al final del relato "—He sido muy feliz. Pero me he aburrido tanto...". Ahora, fuera de este mundo caduco, en Paraguay donde su tía y Visconti, el amor de toda su vida, se han establecido puede que Henry sea feliz de otra manera junto a una joven mujer  de sólo 14 años (¡excesivo para mi credulidad!) que como él ama la poesía inglesa: el poema 'Maud' de Tennyson, la poesía de Robert Browning, etc.
"Me había llevado, junto con otros libros más efímeros, el Golden Treasure de Palgrave, los poemas completos de Tennyson y Browning. A último momento, había agregado Rob Roy" (pág. 201)
También con los datos referidos a la literatura se marca en esta novela una evolución generacional. Así mientras que a la tía Augusta y al propio padre de Henry les gustaba la literatura romántica (el poeta Wordsworth a ella, toda la obra de sir Walter Scott a él) Henry, victoriano por los cuatro costados, amaba la obra de los posrománticos citados antes. Quizás Henry haya perdido el tren de la modernidad al no haberse decidido a pedir en matrimonio la mano de la hija del rey del cemento, pero a cambio junto a la belleza victoriana haya ganado la de la juventud presente en María.

Ambos personajes, tía y sobrino, parecen haber decidido parar de viajar. Para ellos viajar no es más que una huida de la certidumbre de la muerte que es la última pared a la que se llega. La vida se hace más larga, más extensa, de mayor duración cuando se viaja... El primer viaje largo que tía y sobrino realizan es a Estambul en el famosos y literario "Orient Express". Cuando tras tantos días de viaje, la estancia en Estambul va a ser de apenas 24 horas, Henry protesta airado a su tía. Ésta por toda contestación dice: "Lo que importa es el viaje" (p. 63). Con razón el propio novelista al hablar sobre este libro lo calificaba de "triste e incluso trágico que trata de la muerte". No obstante si lo que importa es el viaje, yo pienso que tía Augusta tiene razón cuando lo dice porque lo esencial es eso: vivir y no la estación término.

papistas vs anglicanos, escritores católicos
El autor soportó durante toda su vida el marbete de escritor católico, una adscripción de la que él renegaba continuamente diciendo que no era un escritor católico sino un católico que escribía. Quizás desde nuestra cultura española no se entienda muy bien la importancia de la presencia de referencias al catolicismo habida cuenta de que éste es entre nosotros la confesión religiosa mayoritaria; pero no es así en Gran Bretaña país en el que la diferencia entre protestantes y católicos tiene desde la constitución de la iglesia anglicana importantes significados. Greene se sirve de las características atribuidas a uno y otro grupo para marcar las peculiaridades de ciertos personajes. Así cuando Visconti comenta que la cerveza tomada con pajita emborracha mantienen este diálogo Henry y él:
"—Ha de ser un invento... [le contradice Henry]
—Ya habla el protestante —dijo el señor Visconti—. Cualquier católico sabe que cuando se tiene fe en una leyenda, vale tanto como la verdad. Tenga en cuenta el culto de los santos." (pág. 281)
Y también sabemos de la confesión acomodaticia de tía Augusta, unas veces católica y otra incluso fundadora de una iglesia protestante ¡para perros!:
"— ¿Qué religión profesas? —pregunté—. ¿No me dijiste que eras católica?
— Sólo digo que lo soy por comodidad —dijo—. [...] Me imagino que te sorprenderás si te digo que Curran y yo fundamos una iglesia aquí, en Brighton." (pág. 41)
Pero si hay algo que caracterice más a esta novela de Graham Greene eso es el humor que el autor británico esparce por todo el relato. Es un humor inglés, como no podía ser de otro modo. Un humor que juega mucho con el doble sentido de las palabras ('ashes' [cenizas] que en en contexto del juego del criquet significa la supremacía por la que luchan los equipos contendientes), con la proximidad fonética de ciertos vocablos ('cannabis' y 'cannibals'), con la atribución silenciosa del sentido metafórico de un nombre común al nombre propio de un personaje cuando todos sabemos que los nombres propios están vacíos de significado ('comfort station' [baño público] y el nombre de un personaje, 'Comfort' [Consuelo]), e incluso con los elementos propios de las religiones ('cross' [cruz] y 'double-cross' [traición]), etc.

Naturalmente penetrar en estos elementos humorísticos en una novela traducida es poco menos que imposible. Afortunadamente el encargado de la traducción que he manejado, el argentino Enrique Pezzoni, los aclara al lector a través de una serie de notas al pie. Esto, quizás, explique que la novela no sea por lo que leo por ahí en blogs y redes sociales muy del agrado de muchos lectores españoles actuales si es que estas anotaciones no aparecen. También puede hacer dificultosa la lectura, si la edición manejada sigue la traducción de Pezzoni, el abultado número de términos propios de esa zona lingüística: 'valijas' por maletas, 'changadores' por porteadores de maletas y/o bultos, 'altoparlante' por altavoz, 'douanier' por policía de fronteras, etc., etc.

Pero a mí sinceramente la novela me ha divertido porque no todo el humor es de ese tipo que exige aclaración. También hay notas humorísticas muy a la vista como cuando al referirse a un tipo de muchachas dice de ellas que "Tenían lo que en mi generación se llamaba una mirada "sexy", aunque eso tal vez se debiera a la miopía o al estreñimiento." (pág. 95) o cuando para justificar el posible error en el cálculo de la edad de Mario, hijo de Visconti, dice lo siguiente:
"—No puede tener más de cuarenta y cinco años. O cuarenta y seis. Tengo una memoria atroz para las fechas. 
—Pues aparenta mucho más. Quizá sea por la poesía...
" (pág. 111)
La literatura aparece por todo el relato y también la utiliza como base del humor. Así se burla del excesivo empleo de citas literarias porque son muy generalizadoras y esto no cambia  aunque la cita sea de Shakespeare de quien la tía Augusta llega a decir que "A veces, Shakespeare es muy mal escritor" (?¡). Es interesante y no deja de tener su punto de humor que el narrador, durante toda la novela el propio Henry, llegue a comparar su unión con la tía Augusta a la que va a seguir en ese viaje, en principio absurdo, que le propone hacer hasta Estambul, a la unión de Sancho Panza con Don Quijote:
"Me sentí como arrastrado tras ella hacia una absurda empresa de caballeros andantes, como Sancho Panza tras Don Quijote, sólo que en pos de lo que ella llamaba diversión, en vez de hidalguía" (pág. 88)
El Quijote, Cervantes, Graham Greene, España en Graham Greene
Diré que a Graham Greene siempre le atrajo España, y que la obra cumbre de nuestra literatura formaba parte intrínseca de su bagaje cultural como demuestra que en 1982 le sirviese para dar título a una de sus creaciones, "Monseñor Quijote", amén del juego que en esta novela pero también en "El americano impasible" [leer mi reseña de esta novela aquí] o en "El tercer hombre" le dieron los personajes cervantinos en la construcción de algunos de sus personajes.

En cierto sentido "Viajes con mi tía" es, como El Quijote, una novela itinerante que va engarzando en torno a la figura central del relato  -la tía Augusta-, verdadero hilo conductor del mismo toda una serie de historias secundarias que como la novelas intercaladas que Cervantes inserta en su novela van dando consistencia y entidad a la narración.

La novela, por último, es un homenaje a la literatura que aparece en los nombres de los autores y fragmentos citados de sus obras, pero también y sobre todo un canto a la literatura haciéndose. La tía Augusta es, como si de una encantadora de serpientes se tratase, una creadora de mundos a través de la palabra. Muchos de los personajes que aparecen citados en el relato sólo los conocemos porque ella cuenta retazos de la historia que, si la creemos, vivió a su lado:
  • "Ya comenzaba a reconocer el brillo en los ojos de mi tía. Se lo había visto en Brighton, cuando me había contado la historia de la iglesia para perros, y en París, cuando me había contado su aventura con Monsieur Dambreuse, y en el Orient Express, cuando me había descrito la huida del señor Visconti... Estaba totalmente absorbida por su relato. Mi padre, admirador de Walter Scott, no habría sido capaz de contar la historia de los Curlew con tanto dramatismo." (pág. 158)
  • "Quizá tuviera razón en despreciar a la señorita Paterson. Pensé en Curran y en Monsieur Dambreuse y en el señor Visconti: vivían en mi imaginación como si ella los hubiese creado. Hasta el pobre Jo, esforzándose por llegar al lavatorio, era una creación suya. Era una mujer capaz de dar vida. Hasta la señorita Paterson había vuelto a la vida, acuciada por la crueldad de sus preguntas." (pág. 171)
Esta novela, al igual que tantas otras del escritor británico, fue llevada al Cine bajo la dirección de Georges Cukor en el año de 1972. La película tiene la peculiaridad para los españoles de que el ayudante de dirección fue Miguel Gil y que uno de los actores fue el inolvidable José Luis López Vázquez que interpretó el personaje de Achille Dambreuse, hombre casado y con dos hijos, que tenía por amante a tía Augusta. Lo que ella no sabía es que su condición de amante la compartía con otra mujer, Louise, mucho más joven que ella ignorante también de esta doble vida de amante de Dambreuse. Lo más curioso de todo esto, además, era que las dos amantes vivían en el mismo hotel.
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Nota: Esta novela leída en el mes de junio me sirve para ir completando los dos retos en los que durante este 2019 participo: el de "12 libros pendientes" auspiciado por Ana Bolox y el de "Nos gustan los clásicos, IIIª edición" del blog 'Un lector indiscreto'




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