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13 jul 2018

"¡Absalón, Absalón!", la novela más faulkneriana de William Faulkner

30 comentarios:
"Quintín oía sin escuchar a medida que recorría con los ojos la borrosa escritura delicada que no parecía un trazo impreso en el papel por la mano de un ser vivo, sino una sombra proyectada sobre el pliego y fijada en él un instante antes de que el lector lo mirase y que podría desvanecerse, borrarse en cualquier momento, mientras los ojos lo recorrían: la lengua muerta hablaba después de cuatro años y repetía las mismas palabras después de cincuenta más, suave, sarcástica, irónica e irremediablemente pesimista, sin fecha, encabezamiento ni firma: Advertirás que no injurio a ninguno de nosotros diciendo que ésta es la voz de los vencidos; mucho menos, de los muertos."


Territorios míticos, "¡Absalón, Absalón!"
Acabo de finalizar la lectura de la novela que el escritor sureño de New Albany (Misisipi) publicó en 1936, cuando contaba 39 años de edad y había dado a la luz hasta ese momento ocho títulos entre los que se cuentan los que más influencia han tenido en la literatura posterior. Concretamente "¡Absalón, Absalón!" es el cuarto título de los seis o siete que en opinión de muchos de sus estudiosos -el más conocido de todos ellos, por mediático, fue Harold Bloom- conforman el denominado 'universo Faulkner', esa sucesión de hallazgos literarios, de estilística narratológica, de  mundo literario propio y personalísimo, que hicieron que tras esos libros la escritura literaria no fuese igual que lo había sido hasta entonces. Los siete títulos a los que me refiero vieron la luz entre 1929 y 1939-40: "El ruido y la furia" (1929), "Mientras agonizo" (1930), "Santuario" (1931), "Luz de agosto" (1932), "¡Absalón, Absalón!" (1936), "Las palmeras salvajes" (1939) y "El villorrio" (inicios de 1940). Personalmente sólo me resta por leer "Las palmeras salvajes"; los otros seis los he leído a lo largo de mis años siempre con gusto y sorpresa.  


William Faulkner, a los aficionados a la buena literatura, nunca cansa; aunque también es cierto que no todos sus libros tienen el mismo nivel de dificultad. Al respecto he de decir que éste que acabo de concluir, "¡Absalón, Absalón!", me ha parecido de los más dificultosos. Los motivos derivan de la propia novela -el mismo autor durante la escritura de la misma confesaba a su editor: «Es una historia torturada y una tortura escribirla»- pero también de la necesidad de contar con buenas traducciones y la que yo he tenido entre mis manos, en mi opinión, dejaba mucho que desear en ocasiones. ¿De verdad dejaba mucho que desear o es que Faulkner es así: enrevesadamente lioso? Sinceramente pienso que las dos cosas influyen.

La traducción
Mis experiencias con grandes obras de literatura universal en traducciones deficientes han sido importantes. La primera y más grave que recuerdo me sucedió con el "Ulises" de James Joyce en la edición que la sudamericana editorial Rueda ponía al alcance de los adelgazados bolsillos de los estudiantes.  Firmaba la traducción J. Salas Subirat y en verdad en verdad que por su culpa y seguramente también por mi impericia lectora ha sido uno de los pocos libros que he abandonado y que nunca he podido leer de seguido sino a saltos y buscando aquellos fragmentos que me interesaban. En "¡Absalón, Absalón!" he seguido la traducción que la argentina Beatriz Florencia Nelson hiciera en 1950, sólo un año después de que el novelista fuese distinguido con el Premio Nobel, y que sin cambio alguno -o muy pocos, seguramente- se ha ido repitiendo sin revisión alguna año  tras año. Por curiosidad, al finalizar la lectura en la edición de 'Alianza editorial' que he usado me pasé por la Biblioteca a fin de consultar la que hizo Miguel Martínez-Lage para 'La Otra Orilla' con prólogo de Antonio Muñoz Molina. ¡Buff, en efecto hay diferencias sustanciales! La de Martínez-Lage es, dentro de la dificultad inherente a Faulkner, inteligible. En mi opinión es la edición más recomendable. Además cuenta en portada con la reproducción del famoso mapa del condado de Yoknapatawpha que el escritor incluyó en esta novela y que sirve para ubicar debidamente los movimientos de los personajes de ésta y otras novelas que conforman este universo Faulkner.


La novela
Sinopsis (proporcionado por la propia editorial)
Quentin Compson ­vástago del linaje cuya ruina se describe en «El ruido y la furia»­ recrea, con la ayuda de Shreve, su compañero de habitación de Harvard, los obstinados esfuerzos de Thomas Sutpen para regir una gran plantación y fundar una dinastía. Ambientada en un imaginario condado sureño en la época de la Guerra de Secesión, "¡Absalom, Absalom!" cuenta, desde las perspectiva de cuatro narradores, la historia trágica de la familia Sutpen, desde su génesis hasta su destrucción. La destrucción y el fracaso son la conclusión final de una historia de violencia, orgullo, incesto y crimen.


Faulkner, como ya he señalado anteriormente, era consciente de la gran dificultad de escritura e intelección de la novela que estaba escribiendo. Es por ello que al finalizar la laberíntica historia temporal que es "¡Absalón, Absalón!" incluyó una 'Cronología' y una 'Genealogía' de los personajes actuantes en la misma. Gracias a estos añadidos se puede seguir el desarrollo de la trama con una cierta mayor facilidad. 

Faulkner, Premio Nobel de Literatura 1949
A la hora de analizar esta novela no me voy a detener mucho en la enumeración y explicación de los recursos estilísticos que conforman el estilo Faulkner. Para ello os remito a las dos reseñas que hace uno y dos años respectivamente hice de dos de esas siete magníficas novelas a las que he aludido al inicio. Concretamente son los posts que dediqué en 2017 a "Luz de agosto" [leer reseña aquí] y un año antes a "Mientras agonizo" [leer reseña aquí].

Sí quisiera comentar algunos aspectos que han llamado poderosamente mi atención en esta novela. El primero es la construcción que el novelista hace de una historia con ribetes míticos, una historia que como la mayoría de las suyas sitúa en el Sur de los Estados Unidos ("— El Sur -dijo Shreve-; el Sur. ¡Jesús! No me admira que os sobreviváis a vosotros mismos años y años"), en ese territorio inventado del que se declara único dueño y propietario, el Condado de Yoknapatawpha, cuya extensión, lindes, poblaciones y moradores principales de las mismas señala en el mapa explicativo que hizo acompañar a la novela.


En concreto, la historia que la anciana Rosa Coldfield le está relatando a Quentin Compson en 1909 sucedió tiempo atrás, en los años anteriores y posteriores a la guerra de Secesión americana (1861-1865) que dio al traste con la cultura y la manera de entender el mundo que tenían los once estados confederados de los que formaba parte el de Misisipi donde se sitúa el Condado ficticio de Yoknapatawpha, trasunto del muy real de Lafayette donde el autor se crio. La familia Sutpen se inspira, al decir de muchos, en la propia familia del escritor.


Todo en esta novela es de altura épica. Desde el propio título sacado de una cita bíblica (2º libro de Samuel, versículos 19:5) en la que se refiere a Absalón, hijo del rey David que se rebeló contra su padre. El mismísimo Faulkner en carta dirigida a su editor en agosto de 1934 le decía a propósito de la novela que estaba escribiendo: «… Tengo un título para ella que me gusta, dicho sea de paso, ¡Absalón, Absalón!: La historia de un hombre que quiso tener un hijo a fuerza de orgullo, que tuvo demasiados, y al que sus hijos destruyeron». También los nombres de algunos personajes como Clite (Clitemnestra) o las alusiones a otros en esas descripciones tan características del escritor ("un aire de Casandra, sin alegría, severa y profundamente profético, totalmente desproporcionado a la edad de aquella misma niña que nunca había sido joven", escribe refiriéndose a Rosa Coldfield ). Si ya estos dos nombres orientan al lector hacia un crimen que se cometerá de modo inexorable, es especialmente de un majestuoso nivel épico el esquema narrativo elegido: un relato a cuatro voces en el que el tiempo cronológico lineal y sucesivo desaparece prácticamente moviéndose al ritmo del recuerdo de lo escuchado y de lo supuesto e imaginado. Y es que los narradores:  Rosa Coldfield, Shreve, Quentin Compson y el padre de este último no conocen la historia en su integridad sino que cada uno por haberla vivido (Rosa), o haberla escuchado de un narrador testigo (los Compson, padre e hijo) o tras escuchar el relato haberla completado (Quentin Compson y Shreve) la construyen cual si de un puzle incompleto se tratara, cada uno desde su rincón y conocimiento (multiperspectivismo).

Añade grados de leyenda épica saber que el padre de Quentin Compson le cuenta a su hijo la historia que conoció de labios de su propio padre, el general Compson, abuelo de Quentin y compañero de armas del Coronel Sartoris. Una historia, pues, transida de oralidad, que llega desde el pasado hasta el momento actual de 1909 a través de primeros y segundos narradores que con sus palabras o la propia escritura quieren salvar del olvido aquello que ocurrió y es merecedor de saberse. En definitiva, una defensa cerrada de la importancia de la narratividad
"Pasa el tiempo, llueve y brilla el sol y llega un día en que nadie recuerda el nombre y lo que dicen esas letras nada importa ya. Quizás por eso, si uno puede dirigirse a alguno, cuanto más extraño mejor, y darle algo, lo que sea: un pliego de papel o cualquier otra cosa que nada signifique por sí misma, aunque ellos no lo lean ni lo guarden, ni se preocupen siquiera por destruirlo o arrojarlo, ya es algo porque ha sucedido y puede ser recordado, pasando de una mano a otra, de una inteligencia a otra" (pág. 113)
La altura épica del relato crece con la laberíntica estructura temporal del relato que sigue el hilo de la conversación o del recuerdo, en lugar de la linealidad de la narración tradicional. En este sentido han llamado poderosísimamente mi atención los anuncios o veladas referencias (flash forward) a sucesos que vendrán o a objetos y personajes que aparecerán. Con este manejo del tiempo son normales las referencias, siquiera de pasada, a algunos personajes aparecidos en otras novelas del escritor que aquí son actores muy secundarios pero que habitan y contribuyen a la existencia de ese espacio mítico que es el condado de Yoknapatawpha del que el escritor es el único y exclusivo propietario. Un ejemplo es el del juez Benbow de la novela "Santuario" citado al hilo de una de las muchas conjeturas que alguno de los narradores o narratarios lanza; también podría decirse otro tanto de esos dos militares, el general Compson y el Coronel Sartoris, que habitan con papel protagonista en otros relatos del autor sureño.

Lo mítico, lo legendario, lo fabuloso envuelve toda la tragedia que se cierne sobre ese Sur donde nació el escritor y donde transcurre la peripecia de la estirpe Sutpen. Una estirpe cuyo final premonitoriamente se anticipa, se avanza, se imagina, desde las páginas iniciales del relato: 
"Aquella mañana dominical de junio de 1833 en que, [Thomas Sutpen] saliendo de un pasado incógnito, penetró a caballo en la ciudad y adquirió aquella propiedad -nadie supo cómo- y construyó su casa, su mansión, sacándola al parecer de la nada, y se casó con Elena Coldfield y engendró a sus dos hijos (el hijo que dejó viuda a su hermana, sin haberse desposado) y prosiguió así su camino hasta llegar a un violento (y justo, como hubiese dicho sin duda la señorita Coldfield) final." (pág. 6)
En este párrafo se puede ver el origen fabuloso del personaje que surge de lo desconocido, su esfuerzo épico patente en la construcción de una mansión sacada de la nada, y la tragedia inevitable -¡y justa!- que se anuncia ya desde el inicio: el posible incesto perceptible en esa hermana que queda viuda por culpa de su hermano sin siquiera haberse casado y la muerte violenta del patriarca. Todo, pues, ya está aquí. Al lector sólo le queda atender a cómo se desarrollaron los hechos. Y este desarrollo es lo que le van a dar, cada uno desde su incompleto conocimiento, los cuatro narradores.

Abolición de la esclavitud, sudistas, confederados, Realismo Mágico

Junto a todo esto y muy en consonancia con el Sur donde se localiza la historia está la importancia que tiene en la historia la raza negra. La negritud, la posible sangre de negro que circule por las venas aunque sea en cantidad ínfima, si tal hecho se da o es plausible, contamina en el imaginario sudista la vida del blanco, del amo, del dueño de la Hacienda y es capaz por sí solo de desatar la tragedia. De ahí el interés máximo por garantizar la limpieza de sangre buscando tener un hijo con quien no esté manchado en absoluto. Elena Coldfield es garantía de esto pero el origen nebuloso de Thomas Sutpen siempre nos dejará en la duda.

Por otra parte la fuerza del sexo, la imposibilidad de escapar al mismo, es elemento importantísimo en esta historia. Un sexo que no se para en barras y que se practica con seres de la raza que sea sin pararse a pensar en consecuencias como las que más arriba he señalado. Un sexo impulsivo, de puro instinto, irracional, animal... Y cuando en esta pulsión sexual se abre paso el amor, el desastre puede aún ser mayor pues en este caso ya nada importa y hasta las leyes más sagradas pueden estar en serio peligro (incesto, homofilia, mestizaje, etc.). 

Y como siempre en Faulkner ese Sur opresivo se manifiesta a través del calor, un calor que anula el entendimiento y que puede propiciar las mayores tragedias. Un calor meridional, húmedo, que favorece la inactividad de algunos -la ciudadanía de Jefferson, la ciudad central de la zona- cuya principal ocupación, cual si de un coro de tragedia griega se tratase, es observar, enjuiciar y comentar lo que otros hacen:
"Ahora fueron las mujeres quienes sospecharon lo que quería y cuál sería su próxima decisión. Ni uno solo de los hombres, ni siquiera los que lo llamaban por su nombre, sospecharon que deseaba una esposa" (pág. 33) 
"Sólo sé que toda la ciudad, los hombres que se hallaban en la galería de la posada de Holston, vieron a Sutpen y a la comisión cabalgar hasta la plaza" (pág. 38)
Y naturalmente no se puede dejar de lado ese doble universo que constituyen hombres y mujeres cada uno por su lado. Las mujeres en este sur machista y desconsiderado con ellas aparecen como anticipadoras de lo por venir, dotadas de una intuición mágica y creadora. Los hombres por su lado son los instrumentos de la transformación. Sus arrebatos o impulsos propician desgracias pero también sirven para gestar vida en ellas. Ellas se sienten como meros objetos pero en Faulkner son quienes con paciencia y laboriosidad saben esperar su momento o servirse de otros para la venganza. Muchos son los personajes femeninos que pululan por esta historia: las dos hermanas Coldfield (Rosa y Elena), Clite, Judit Sutpen, Emilia Jones, la haitiana madre de Carlos Bon, la cuarterona con la que Sutpen lo tuvo, etc.

Por último quisiera destacar lo claramente que se percibe en esta novela lo que luego sería marca distintiva del llamado boom de la novela sudamericana de los años 60 del siglo pasado. Me refiero al realismo mágico, a esa atmósfera que el autor logra crear introduciendo en la historia lo fantástico, lo fabuloso, la falta de certidumbre, la duda..., elementos que favorecen que la narración ingrese en el terreno de lo incierto, en esa nebulosa en que aquello podría haber sido pero parece en parte imposible que así se diera. Esto es para mí de lo mejor que tiene esta novela
"Era aquel un estío de glicinas. Su aroma impregnaba la media luz crepuscular, junto con el del cigarro que fumaba su padre mientras ambos, terminada ya la cena, esperaban sentados en la galería a que llegase el momento de la partida de Quentin; allá abajo, en la extensa y rústica pradera, las luciérnagas erraban suavemente de un lado a otro: el olor, el vaho que, cinco meses más tarde, llevaría la carta del señor Compson desde el Misisipí, por encima de la interminable nieve férrea de Nueva Inglaterra, hasta el gabinete de Quentin, allá en Harvard. Era también un día de escuchar..., de oír, en 1909, todo aquello que ya sabía, puesto que había nacido en medio de ello y respiraba el mismo aire que había hecho vibrar las campanas de la iglesia aquella mañana de domingo, en 1833," […] (pág. 25)
Para finalizar
Es una realidad la de "¡Absalón, Absalón!" que se diría irreal, imposible, desaparecida por completo. Una realidad idéntica a la del propio relato que nos intentan contar esos cuatro narradores que no tienen certezas absolutas, que suponen, que piensan hacia dentro de sí mismos en monólogos interiores que se superponen y se mezclan con aquello que están diciendo o escuchando. Unas historias confusas porque la misma realidad que intentan reflejar también lo es: una guerra de liberación de la negritud que dará como resultado unos estados sudistas vencidos en los que negros descalzos son libres a partir de ahora pero sin serlo en absoluto y con unos blancos -esta estirpe de los Sutpen, por ejemplo- que abomina de aquello con lo que ha estado en contacto íntimo y de quien, quizás (la gran palabra de esta novela), proceden. 


Datos del libro
Autora: WILLIAM FAULKNER
Título: “¡Absalón, Absalón!”
Nº de páginas: 518 páginas.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: Verticales De Bolsillo (8 de junio de 2011)
Lengua: CASTELLANO
ISBN-13: 978-8492781201
Precio:
En papel: 11,40€
Ebook: 9€

2 abr 2017

Universo Faulkner en "Luz de agosto"

14 comentarios:
«La maldición de la raza negra viene de Dios. Pero la maldición de la raza blanca es el negro, que será eternamente el elegido de Dios porque un día le maldijo».

"Luz de agosto" presenta una serie de auténticos sinos trágicos contra los que los humanos nada pueden hacer. Son varios los personajes que apenas si consiguen sobrellevar el destino que les viene impuesto. En primer lugar tenemos a Lena Grove, una joven de apenas 17 años encinta por culpa de un hombre, Lucas Burch, que tras seducirla le ha dicho que se marcha en busca de mejores condiciones de vida y que la avisará cuando se haya establecido convenientemente. Lena, menospreciada en su casa por su hermano, se lanza al camino en busca de Lucas de quien tiene entendido está trabajando en un aserradero. Desde su Alabama natal caminará jornada tras jornada preguntando a quien se encuentre por el paradero del padre del hijo que lleva en su seno. Un carretero la llevará hasta Jefferson; en su aserradero Lena habla con Byron Bunch, un hombre bueno cuya vida es el trabajo y la dirección del coro de una parroquia a 30 millas de allí. Este tal Byron la escucha y por las señas físicas que la chica le proporciona descubre la identidad del hombre que la sedujo y la abandonó. Lo malo es que Byron, que se creía, dada su edad -tiene ya treinta años-, inmunizado contra el amor, se ha enamorado.
Coincidiendo con esta conversación una casa de campo, la de la señorita Burden, está ardiendo y todo el pueblo con su sheriff Watt Kennedy a la cabeza se ha desplazado hasta el lugar. Muy cerca de la casa grande de la srta Burden que ahora está ardiendo, en una cabaña de negros, viven Joe Brown Joe Christmas, dos forasteros que desde hace un tiempo -Christmas ya va para tres años; Brown apenas hace unos pocos meses- trabajan en el aserradero. Precisamente la descripción que Lena hace de Lucas Burch coincide totalmente con el aspecto físico de Brown.

Estos dos hilos -la búsqueda por parte de Lena y la historia de la srta Burden- más todos los seres que participan en ellos conforman lo que podríamos denominar el universo Faulkner de esta novela. El novelista va poniendo el foco sobre unos y otros personajes dándonos su genealogía que en la mayoría de los casos se remonta hasta la lejana época de la Guerra de Secesión americana, esa guerra que ganaron los unionistas del norte que abolieron la esclavitud a la que tan apegados estaban los confederados del Sur, quienes por ello vieron arruinado su estilo de vida. La familia de William Faulkner formaba parte en esa lejana época de la facción derrotada y arruinada; su propio bisabuelo combatió como soldado en dicha guerra, y no pocos personajes de las novelas que el novelista escribió son reflejo de este hombre que como muchos otros debieron de acomodarse a la nueva situación, una mutación nada fácil.

La novela transcurre durante dos o tres días de agosto de un año de la década de los años 20 del siglo pasado en que estuvo vigente la Ley Seca. En esa época, naturalmente, los negros eran libres legalmente aunque sus condiciones de vida eran poco menos que infrahumanas, pues, si bien el Norte ganador había prohibido la esclavitud, en los estados del Sur se impuso la segregación racial. Los negros vivían separados de los blancos, tener contacto con un negro era considerado ominoso, proceder de una familia de sangre negra era un baldón y una condena de por vida. El aspecto externo es esencial en la separación de razas. En este maravilloso relato un personaje, Joe Christmas, se considera a sí mismo maldito por tener la convicción de que por sus venas corre sangre de negros; sin embargo su porte y figura no son de negro. Aquí radica una de las grandes tragedias de esta narración: Christmas, por cuyas venas discurre sangre de negro, no puede evitar el destino al que su condición racial le dirige: violencia, maldad, predisposición para la muerte...
Las alusiones despectivas referidas al comportamiento propio del negro son abudantes en "Luz de agosto":
"No llevan más de seis horas de retraso y pensar que ese pobre imbécil no ha tenido inteligencia para… Si no hubiese otras pruebas, ésa bastaría para demostrar que es un negro…" (p. 274)
"De vez en cuando, no obstante, una nodriza negra, con sus niños blancos, se detenía para descifrarlas en voz alta, con ese aire vacío y estúpido de las personas de su especie, ociosas e ignorantes" (p. 50)
Guerra de Secesión americana, Confederados vs Unionistas
"—Él mismo me dijo que era negro. ¡El hijo de puta! ¡Cuando pienso que me he dejado acariciar por ese cochino negro para que luego me metiese en un lío con su policía de palurdos! ¡Y en un baile de palurdos!" (p. 193)
"Expresaban en voz alta su opinión de que se trataba de un crimen de negro, cometido, no por un negro, sino por el Negro. Sabían, creían y esperaban que la mujer hubiese sido también violada, al menos una vez antes de tener la cabeza cortada y al menos otra vez después." (p. 254)
La figura de Joe Christmas es uno de los ejes de la novela: entregado a un orfelinato desde el mismo día de su nacimiento, su vida no será un camino de rosas en especial con la familia que lo adoptó a los cinco años de edad: los McEachern, integristas presbiterianos que en todo ven pecado y abominación y que sólo viven para el trabajo y tener sosegadas las pasiones. El método educativo que los McEachern utilizan es el castigo físico por cualquier cosa:
"No era el trabajo duro lo que él odiaba; no eran tampoco los castigos ni la injusticia. Ya estaba acostumbrado a ello, incluso antes de conocer a sus padres adoptivos. No esperaba menos y, por consiguiente, no se sentía ni ultrajado ni sorprendido. Era la mujer: aquella tierna bondad de la cual se creía condenado a ser siempre la víctima y a la que odiaba más que a la justicia dura e inflexible de los hombres."
Joe Christmas debe arrostrar su maldita condición de negro desde su nacimiento, y Lena Grove deberá de sobrellevar como pueda su condición de mujer que la conduce a la maternidad que ella acepta incluso dentro de una sociedad que critica hasta la náusea el que carezca de marido. Cada uno tiene al lado a un compañero que le 'ayudará' a lograr sus fines: en el caso de Christmas está Brown que por dinero denunciará a quien le acogió en su casa; por su parte, Lena contará con la benevolente 'ayuda' de Byron que la protegerá en todos los sentidos. Son Lena y Christmas epítomes de bondad y maldad respectivamente; estas características están en la base de sus correspondientes tragedias.

Por último hay un tercer pie que sostiene todo el relato. Se trata del reverendo Hightower, un personaje atormentado, obsesionado con sus orígenes, en este caso por su difunto abuelo muerto en la guerra civil americana. La innoble muerte de su abuelo sudista cuando se encontraba robando gallinas en un gallinero para saciar el hambre que llevaba sufriendo durante todos los años de guerra le acompaña continuamente. Su vida en Jefferson, el deseo de ser pastor en esta localidad no era una cuestión religiosa sino la satisfacción de unirse al destino del abuelo sudista al que admiraba.

Religión y Sexo. Con el reverendo Hightower aparece en el relato el fortísimo peso que tiene la religión. Una religiosidad protestante exacerbada que tiene encumbrado el castigo y el sufrimiento como medios para acercarse a Dios; una religión, puritana hasta el exceso, que considera impuro y abominable el sexo y que al tiempo lo busca desaforadamente; una religión que tiene como el sumun de lo deleznable practicar sexo con la raza negra por considerarla infecta. De aquí que Christmas no se soporte a sí mismo ni siquiera cuando tiene sexo apacible con la blanca srta Bundren; mucho menos, naturalmente, si es con mujeres de color.

Misoginia. Se desprende de toda la narración una animadversión grande hacia la mujer. Son frecuentes, a veces envueltas en un discutible sentido del humor, las alusiones despectivas al sexo femenino al tiempo que hipócritamente se ensalza las virtudes y entrega maternas:
"Qué mujer, buena o mala, ha sufrido con un bruto tanto como los hombres han sufrido con las mujeres? Respóndame, Byron." [le dice el reverendo Hightower a su amigo Byron Bunch]
"Una vez me dijiste que el diablo me dominaría y me reclamaría sus derechos. Pues bien, ya lo ha hecho. Mi mujer me ha dado una puta." [le lanza Doc Hines a su mujer a propósito de su hija Milly embarazada sin haberse casado]
"«En esto se conoce a la mujer. Ella misma sería capaz de despellejar a otra mujer, pero se pasea sin la menor vergüenza por delante de todo el mundo, porque sabe que la gente, los hombres, la protegerán. No se preocupa de las demás mujeres. No es ninguna mujer quien la ha puesto en lo que ella ni siquiera llama un apuro. Perfectamente. En cuanto una de ellas se casa, o se ve metida en un lío sin estar casada, enseguida la veréis salirse de su casta, abandonar el sexo femenino y pasar el resto de su vida tratando de unirse a la casta de los hombres. Por eso beben, y fuman, y reclaman el derecho de voto»." [piensa Armstid, el carretero que lleva a Lena hasta Jefferson]
William Faulkner, Jefferson, "Sartoris", "Luz de agosto"El ambiente. El sur con su atosigante calor provoca que se haga la vida en la calle y esto favorece la murmuración, la extensión del rumor, el cotilleo... Faulkner utiliza una imagen, la de los insectos que zumban de manera ensordecedora al otro lado de la ventana ("Por la ventana abierta llega la estridulación de los insectos, incansable, monótona, innumerable"; "Joe oyó cómo el ruido del coche ahogaba el rumor de los insectos, cómo el zumbido dominaba el rumor"; "La voz se apaga de nuevo. Por la ventana llega el zumbido continuo de los insectos. Luego, la voz sigue hablando, plana, átona").
Los insectos aparentemente son inofensivos, pero muchas veces su picadura puede llegar a ser mortal. Eso es lo que sucede con esa ciudad vigilante, con la vorágine de la gente que bien arremolinándose frente a la casa incendiada de la srta Bundren, dentro de sus propias casas, o ante la oficina del sheriff donde se encuentra el principal sospechoso pide, exige, de manera atronadora, su derecho a hacer 'justicia', esto es, su derecho al linchamiento, con mayor motivo aún si el asesino es negro y el muerto blanco aunque la familia de la Srta. Bundren y ella misma los favoreciesen
"Entonces, los rumores flamearon de nuevo, resucitados momentáneamente por las mujeres, por las familias que cenaban en torno a las mesas, en salas alumbradas por la electricidad y en cabañas alumbradas por el petróleo, perdidas en las colinas lejanas."
"La ciudad sabía que Hines no trabajaba de una manera regular desde hacía veinticinco años. [...] Por lo demás lo que la ciudad perdonaba no era, tal vez, la consagración de Hines a la salvación de los negros, sino la ignorancia pública del hecho de que el hombre recibiera la caridad de los negros"
La maestría narrativa de William Faulkner
En el post que hice no hace mucho de la novela "Mientras agonizo" [leer la reseña aquí] señalé algunas de las características que en mi opinión hacen que Faulkner fuese -y hasta ahora mismo aún sigue siéndolo- un revulsivo en las aquietadas aguas de la novela. Nada ha sido igual después de su obra novelística.

"Mientras agonizo" apareció en 1930, dos años antes que "Luz de agosto". En ella se narra la peripecia de la familia Bundren para llevar a enterrar a la madre fallecida, Addie Bundren, a su Jefferson natal. Precisamente a esta genealogía pertenece la Srta. Bundren quien en "Luz de agosto" cuenta cómo su abuelo Calvin compró la casa en la que ella vive. Las técnicas narrativas utilizadas por el autor en la novela de 1930 vuelven a aparecer en la que aquí reseñamos, de manera que mucho de lo allí dicho casa completamente también aquí:

La trama la organiza William Faulkner rompiendo la linealidad temporal mediante avances y/o retrocesos (flash forward y flash back) e incluso mediante la mostración de acciones coincidentes a fin de que el contexto, el universo faulkneriano, quede totalmente explícito.

El contenido se distribuye en 24 capítulos de semejante extensión en los que con los recursos anteriores extiende en años la narración hacia atrás y hacia adelante; una narración cuya duración en tiempo real no va más allá de esos tres o cuatro días de un caluroso agosto iluminados por un sol de justicia y una clara luna nocturna.

De nuevo aquí reproduzco lo dicho para la novela anterior por ser absolutamente pertinente aquí:
Todo este 'universo narrativo Faulkner' se presenta magníficamente envuelto en un lenguaje pleno de simbolismos, metáforas, vocabulario literario, innovaciones tipográficas, mezcla de fragmentos en estilos diversos: directo, indirecto, indirecto libre, y sobre todo en unas técnicas narrativas: focalización múltiple, contrapunto, disolución o cuasi desaparición del narrador mediante el monólogo interior y el flujo de conciencia (los personajes viven dentro de sí mismos y llegamos a conocerlos a través de sus silencios que se hacen patentes mediante estas técnicas), multiperspectivismo..., etc. que sorprendieron a propios y extraños.

Lenguaje poético. Tan sólo citaré algunos fragmentos en los que puede apreciarse -a pesar de la traducción y quizás -seguro- gracias a la buena traducción de Enrique Sordo- la belleza de la prosa del autor:

"La casa reposaba, sumergida en el claro de la luna, sombría, profunda, ligeramente pérfida. Era como si, bajo la luz de la luna, la casa adquiriese una personalidad amenazadora, traidora.". Hay mucho de cinematográfico en esta descripción. No podemos olvidar que Faulkner trabajó de guionista en Hollywood durante algunos períodos de su vida. Fundamentalmente trabajó para el director Howard Hawks en películas como "El sueño eterno" (1946) o "Tierra de faraones" (1955)

Su prosa está en el origen del realismo mágico que oficializarían en los años sesenta un Gabriel García Márquez o un Mario Vargas Llosa, autores que junto con otros muchos bebieron en las aguas narrativas de William Faulkner quien utiliza imágenes que superan el nivel de la realidad:
"La calle pasó a través de los estados de Oklahoma y de Missouri, descendió hacia el sur, hasta México, y luego subió de nuevo al norte, a Chicago y a Detroit, antes de descender una vez más y detenerse al fin en el estado de Mississippi."
Esta realidad dudosa, mágica, incierta, se evidencia en ese narrador inseguro que no tiene certidumbres absolutas. De esta manera el autor logra que el relato ingrese, entre y salga, en el terreno de la irrealidad mítica:
"Quizás aquello era una parte de lo que la mente ignoraba."
"«Quizás tienen razón cuando introducen el amor en los libros —pensaba él [Hightower] serenamente—. Quizás no puede vivir en otra parte»."
"Quizás pensó en aquella otra ventana que él había usado y en la cuerda en que tuvo que confiar; o quizás no."
Este ingreso en lo mítico lo realiza también a través de lo onírico y lo telúrico. Lo telúrico, la unión con la Tierra, está presente especialmente en la Mujer que mantiene con la naturaleza una mayor comunicación:
"Ha bajado la cabeza, los ojos vacíos, como si escuchase algo muy lejos, o tan cerca que lo siente dentro de sí misma. Su rostro ha perdido el color, el pleno ardor de su sangre, y permanece sentada, sin moverse, escuchando, sintiendo la tierra implacable e inmemorial, pero sin temor ni alarma." [Lena Grove]
"Lo que tenía de terrible era que ella no quería ser salvada. «Todavía no estoy dispuesta a rezar», decía en voz alta, tranquilamente, rígida, inmóvil, con los ojos muy abiertos, mientras la luna fluía, fluía por la ventana y llenaba la alcona de algo frío, irrevocable, de algo enloquecido de arrepentimientos" [la srta. Burden se une a la tierra, a la marcha del mundo, se convierte, o mejor se identifica, con la propia naturaleza de la que procede y forma parte. Por eso aun no quiere 'rezar', utilizar este recurso del miedo que la civilización ha creado].

Lo onírico es una de las características del mundo faulkneriano. Un mundo que sucede dentro de los propios seres que lo piensan desordenadamente y como sin querer a través del monólogo interior o del flujo de conciencia:
"«No sería extraño —piensa Hightower— que me hubiese saltado una generación. No sería extraño que yo no tuviera padre y que me hubiese muerto una noche, veinte años antes de haber visto la luz. No sería extraño que sólo pudiera salvarme yendo a morir al lugar donde mi vida ya había cesado antes de haber comenzado realmente»."
"Habla en el mismo tono muerto y monótono. Las dos voces son como estrofas y antiestrofas, dos voces sin cuerpo que relatan, como en sueños, algo realizado en un país sin dimensiones por seres inmateriales." [mientras Byron y Hightower conversan]
Para finalizar
"¡Absalón, Absalón!", "Luz de agosto"He titulado la entrada "Universo Faulkner" y he empleado la frase en no pocos momentos en este post. La razón es que el mismo escritor lo quiso dejar claro cuando en su novela "¡Absalón, Absalón!" adjuntó un mapa del ficticio y mítico Condado de Yoknapatawapha en cuyo centro está la localidad de Jefferson donde todo sucede o todo confluye. Este univero Faulkner no se limita sólo a la localización, también los seres que pueblan sus escritos están de una u otra manera interrelacionados. En "Luz de agosto" tiene protagonismo especial la Srta. Bundren que genealógicamente se relaciona -ya lo he dicho antes- con la familia de Calvin Bundren quien junto a sus hijos conduce, en "Mientras agonizo", el cadáver de la madre muerta, Addie Bundren, hasta Jefferson para enterrarla.

También referida a la srta. Bundren hay en "Luz de agosto" una referencia a Sartoris, el coronel confederado, que protagoniza la novela de mismo título, "Sartoris", que publicara en 1929 y que el mismo novelista recomendaba como la primera que había que leer para comprender debidamente este universo de relaciones locales y familiares construido por él en ese Condado de Yoknapatawapha.
"«El chico se llamaba Calvin como su abuelo y era tan alto como su abuelo, pero moreno como la familia materna de su madre y como su padre. Pero su madre no era mi madre. Calvin y yo no éramos más que hermanastros. Mi abuelo fue el último de diez hermanos, mi padre el último de dos y Calvin el último de todos.» Calvin apenas había cumplido los veinte años cuando fue asesinado en la ciudad, a dos millas de su casa, por un soldado confederado, un antiguo propietario de esclavos llamado Sartoris, durante una discusión sobre el asunto del voto de los negros."[la srta Bundren cuenta a Christmas su biografía al tiempo que a su mente fluyen los recuerdos]
En esta saga Sartoris hay una constante: mujeres fuertes y decididas, frente a hombres débiles y fracasados. ”El personaje del coronel Sartoris lo modeló el escritor a partir del de su bisabuelo,William Clark Falkner, y varios de los hechos atribuidos a Sartoris(especialmente el ser destituido por sus tropas, construir un ferrocarril y morir a manos de un antiguo socio) le ocurrieron de la misma forma a Falkner” [leído en  William Faulkner on the web].

Del mismo modo, aunque sin nombrarlo, el delirio de pesadilla que sufre el reverendo Hightower al final de la historia que hemos leído es un intento de recuperar, a través de este personaje, la propia memoria familiar del bisabuelo que murió de manera poco heroica. También, puede ser un intento de limpiar el baldón del esclavismo antiguo de su familia sudista.

No hay espacio aquí ya para hablar de influencias de Faulkner sobre otros autores. Basta con leer con atención la cita anterior de la novela "Luz de agosto" para ver bien a las claras el fortísimo influjo del escritor norteamericano sobre autores como Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Vargas Llosa, OnettiGarcía Márquez, y tantos otros.

7 abr 2016

William Faulkner: "Mientras agonizo"

26 comentarios:

William Faulkner siempre me ha atraído: Me atrajo, me atrae y, a buen seguro, lo seguirá haciendo. La atracción viene desde que estudiando literatura en la Facultad los cambios producidos en la novela española durante la década de los sesenta del pasado siglo o la eclosión del boom sudamericano los despachaban los docentes de manera un tanto criptica con frases tipo "incorporación de técnicas faulknerianas", "influjo de la obra joyceana" (Ulises, Finnegans Wake, El artista adolescente...)  y otras de este jaez que, sin entenderlas por no haber leído entonces libro alguno de esos autores, los estudiantes reproducíamos en los ejercicios cual papagayos para, así, ír salvando. De esta manera Faulkner con su elegante porte de norteamericano meridional llegó hasta mí más como figura mítica que otra cosa.


 El sueño eterno, William Faulkner (guionista),

Pasados algunos años, decidí leer algo suyo. Lo primero fue "Sartoris", una saga familiar que va desde el abuelo confederado hasta el final de la 1ª guerra mundial; luego llegaría "The hamlet" ("El villorrio"), un relato de corte picaresco que presenta a la familia Snopes, representantes del norte vencedor en la guerra civil; más tarde "El ruido y la furia" que narra la decadencia y destrucción final de los Compson, un viejo linaje del tradicionalista sur de Estados Unidos; hasta llegar a este "Mientras agonizo" que me causó un fortísimo impacto desde que lo lei por vez primera hará cosa de cuatro años. Hoy, recién vuelto a leer, la calidad de la obra ha vuelto a brillar en mi cabeza y su lectura ha sido para mí más placentera y más enriquecedora que la primera vez.


“Mientras agonizo” 
Es  la quinta novela de William Faulkner. Publicada en 1930, inmediatamente después de  “El ruido y la furia” e inmediatamente antes de “Santuario”. “Mientras agonizo” es una soberbia y durísima presentación de la realidad humana cuando ésta se desarrolla a unos niveles de gran primitivismo.

El título
También, como en "El ruido y la furia", cuyo título alude a un soliloquio del acto 5, escena 5 del Macbeth de ShakespeareLa vida no es más que una sombra andante / [...] Es un cuento / Relatado por un idiota, lleno de ruido y furia, / Sin significado alguno. , el de "Mientras agonizo" está extraído de una cita clásica un tanto más rebuscada y que pierde completamente su sentido en las traducciones, ya que proviene de una frase de Agamenón de la Odisea (Canto XI) en la que dice: Yo elevaba mis manos y las batía sobre el suelo, muriendo con la espada clavada (...).traducida en inglés erróneamente como 'As I lay dying'.

En ambas novelas el origen literario del título habrá de ser tenido en cuenta para alcanzar la plena significación del relato que en la primera alude a uno de los narradores (Benjy, el hijo autista y retrasado mental de los Compson), mientras que en la segunda tiene relación con la pareja mítica Agamenón - Clitemnestra aunque aquí en la escena final, auténtico 'tour de force' del que el mismo Faulkner había hablado, se produce un intercambio en los papeles. No quiero destripar la novela, sólo diré que los versos de la Odisea: “se apartó de mí y no esperó siquiera, aunque ya bajaba a Hades, a cerrarme los ojos ni juntar mis labios con sus manos”, deben ser tenidos en cuenta para desentrañar el sentido que subyace en la escena final del relato.

Breve sinopsis
En un poblado rural agrícola en el Condado de Yoknawpatapha, la familia Bundren se prepara para la muerte de su matriarca, Addie Bundren. Ex-maestra de escuela y madre de cinco hijos (Cash, Darl, Dewey Dell, Vardaman, y su hijo preferido, Jewel), Addie se enferma y pide que se la entierre con su familia en la ciudad de Jefferson. Todos ellos junto a su padre Anse se aprestan a hacer el traslado del cadáver a pesar de las muy desfavorables condiciones meteorológicas. Cada uno de ellos, incluso la fallecida,  esconde una motivación.

Comentario
"As I Lay Dying", "Mientras agonizo"
En el plano del contenido la novela es destacable al presentar a unos seres adustos, duros, casi sin sentimientos o sin capacidad para mostrarlos incluso en momentos tan trágicos como el de la desaparición de la madre o de la esposa. Unos seres con una dignidad enorme, brutal; vista desde nuestro hoy diríamos que patética, pues estamos ante unos individuos míseros que sufren en su lucha diaria con la tierra a la que con excesivo sufrimiento logran arrancar lo justo, o poco más de lo suficiente para sobrevivir. Constantemente los Bundren declinan los ofrecimientos de ayuda, más o menos sinceros, de sus vecinos; y los rechazan repitiendo una frase que es casi una especie de mantra a lo largo de todo el relato: "Creo que nos apañaremos con lo nuestro", una frase que revela un orgulloso sentido de la independencia y del individualismo. En definitiva, una miseria escondida en un orgullo sin sentido, pero que al mismo tiempo destila una cierta nobleza trágica.

El contenido  lo distribuye el autor en 59 secciones de monólogo interior y flujo de conciencia cobijada cada una de ellas bajo el nombre de quien es su narrador. En total estamos ante 15 narradores que cuentan los sucesos acaecidos antes, durante y después del traslado hasta Jefferson de Addie Bundren. Es un relato coral, polifónico, por el conjunto de voces que aparecen en él, cada una mostrando su punto de vista. A través de este multiperspectivismo comprendemos las relaciones, los secretos, los enfrentamientos e hipocresías que esconden estas personas que aunque vivan juntos o en próxima vecindad cada uno arrastra  una infinita soledad.

La trama la organiza William Faulkner rompiendo la linealidad temporal mediante avances y/o retrocesos (flash forward y flash back) e incluso mediante la mostración de acciones coincidentes a fin de que el contexto, el universo faulkneriano, quede totalmente explícito. Gracias a esta ruptura temporal, pese a desarrollarse la anécdota argumental en poco más de 11 ó 12 días, sabemos de la gestación de esta familia Bundren desde el breve cortejo de Anse a Addie hasta los sucesos centrales acaecidos durante el traslado a Jefferson de los restos mortales de la esposa pasando por momentos de alejamiento espiritual entre ambos cónyuges. Gracias al pluriperspectivismo entendemos de manera completa cómo sucedió todo lo relatado y cómo fue visto e interpretado por los distintos partícipes, de manera central o parcial, en los acontecimientos.

Dijo el autor en más de una ocasión al ser preguntado por esta novela tan henchida de técnicas que la escribió en poco más de seis semanas pues la tenía muy pensada desde hacía mucho tiempo:
"Algunas veces la técnica arremete y se apodera del sueño antes de que el propio escritor pueda aprehenderlo. Eso es tour de force y la obra terminada es simplemente cuestión de juntar bien los ladrillos, puesto que el escritor probablemente conoce cada una de las palabras que va a usar hasta el fin de la obra antes de escribir la primera. Eso sucedió con Mientras agonizo. No fue fácil. Ningún trabajo honrado lo es. Fue sencillo en cuanto que todo el material estaba ya a la mano. La composición de la obra me llevó sólo unas seis semanas en el tiempo libre que me dejaba un empleo de doce horas al día haciendo trabajo manual. Sencillamente me imaginé un grupo de personas y las sometí a las catástrofes naturales universales, que son la inundación y el fuego, con una motivación natural simple que le diera dirección a su desarrollo. Pero cuando la técnica no interviene, escribir es también más fácil en otro sentido."
En realidad "Mientras agonizo" lo que hace es completar caminos ensayados o iniciados por Faulkner en su novela anterior, "El ruido y la furia". Concretamente me refiero a la focalización múltiple (pluriperspectivismo) que mientras que en "El ruido..." se reducía a tres puntos de vista aquí suben a 15, si bien no todos intervienen en grado idéntico pues mientras algunos sólo acogen una sección, otros, como Darl, aparecen narrando hasta dieciocho secciones. ¿Quiere esto decir que este personaje y este narrador es más relevante que el resto? Me atrevo a decir que sí. Pienso que Darl, el segundo hijo de Anse y Addie, es la voz narradora esencial en la novela, llegando en algún momento a confundirse con la voz del propio autor. Darl parece el más cuerdo al principio ("-Escucha Jewell: ¿sabes que ella se está muriendo? Tiene que haber dos personas para hacerte, pero para morir con una sola basta", en pág. 90), el más objetivo pues aunque narre en primera persona según avanza el relato lanza opiniones lógicas como el abandono del traslado debido a las adversas circunstancias naturales; sin embargo, poco a poco, este personaje va entrando en una espiral que le lleva a ser tenido por loco; el clímax en este aspecto sucede en la antepenúltima secuencia que, aunque se guarece bajo su nombre, se utiliza en ella un narrador externo en 3ª persona. ¿Por qué? Sólo se me ocurre una explicación: La locura nos deja fuera de nuestra condición humana. Por eso Darl en este momento es contado desde fuera de él, pues él ya no lo es más. Es ahora cuando caemos en la cuenta del profundo sentido de sus "filosofías" que aparecen en secuencias anteriores, por ejemplo en esta conversación de Vardaman con él:
"Darl es hermano mío
.- Y entonces, ¿qué es tu madre, Darl? -le dije
.- Yo nunca tuve madre ninguna -dijo Darl-. Pues si la he tenido, 'fue'. Y si 'fue',, es que ya no puede ser 'es'. ¿O es que puede?
" (pág 114)
Tras Darl el narrador principal es Vardaman, el más pequeño de los hermanos, que tampoco parece muy en sus cabales. Recuerda un tanto al Benjy de "El ruído y la furia". En esta importancia dada por Faulkner a locos o perturbados, además de en el tono trágico y épico de sus novelas, se adivina la fortísima influencia de Shakespeare.

Paradójicamente el personaje que dirige desde su ataúd la vida de todos estos seres, Addie Bundren, sólo aparece comandando una secuencia, si bien importantísima al tratarse de un flash back que nos muestra su llegada a la vida de Anse Bundren y la gestación de sus cinco hijos. Esta secuencia estructuralmente se sitúa aproximadamente a la mitad de la novela y simbólicamente cumple la función de gozne sobre el que giran las otras 58 y consecuentemente todos los seres que pululan por ellas.

El universo Faulkner
Leer a William Faulkner es una auténtica gozada (en mi opinión, claro está). Se disfruta de él más según se lean más y más obras suyas pues la totalidad de éstas -su Obra- está construida de manera análoga a, por ejemplo, esta novela que comentamos, con continuos avances y retrocesos en el tiempo aunque con escasos desplazamientos espaciales.  Así las novelas faulknerianas construyen un territorio mítico creado por el escritor como se ve en que todas, o casi todas (no he leído más que las que señalo al inicio, así que me corresponde ser prudente), se desarrollan en un mismo lugar, el inventado Condado de Yoknapatawapha, cuyo centro urbano más importante resulta ser esta localidad de Jefferson a donde se encamina este cortejo fúnebre. Curiosamente es en "Mientras agonizo" la primera vez que aparece citado este condado mágico.

Yoknapatawapha, William Faulkner, "Mientras agonizo"

Por otra parte como suele realizar en otras de sus novelas, en ésta aparecen personajes de otros relatos que mantienen relaciones mejores o peores con estos Bundren. Aquí el caballo que cabalga Jewel es reconocido por Samson y MacCallum como uno de los que trajo Snopes (Flem Snopes está casado con Eula, hermana de Vernon Tull. Los Snopes son los protagonistas de "The hamlet"). Estos personajes no intervienen protagónicamente en esta novela pero en otras anteriores o siguientes tienen más papel e importancia. En "Mientras agonizo" sirven para mostrar otro punto de vista, otra perspectiva; en este caso una visualización externa del trip fúnebre realizado por los Bundren.

Dentro de este 'universo Faulkner' -y también en esta novela- hay fuerzas como son el sexo y la tierra que mueven a hombres y mujeres.

Respecto al primero, el sexo, en el relato vemos desde el despertar sexual de Darl:
"Crecí; cumplí más años. Y entonces esperaba a que todos se fueran a dormir, y así podía echarme, con los faldones de la camisa levantados, a oírles dormir, a sentirme sin tocarme, a sentir el fresco silencio cernirse sobre mis partes y a preguntarme si Cash, allá, en la noche, haría lo mismo, si lo habría estado haciéndo durante los dos años últimos, antes que yo pudiera haberlo deseado o hubiera podido hacerlo" (pág. 80)
a la llamada que sobre los hombres realiza un cuerpo femenino, aunque éste sea de su propia sangre:
"El empapado vestido de Dewey Dell, que sigue en cuclillas, modela a los ojos turbios de tres hombres cegados esas redondeces mamarias que constituyen los horizontes y los valles de estas tierras" (pág. 140)
En la relación hombre-mujer prima fundamentalmente la pulsión sexual y más en un medio machista cual es el sur americano. Este sexo latente recae sobre la chica Dewey Dell quien en su búsqueda de remedios para el problema que le ha ocasionado un hombre será engañada por otros. Luego, pasados los ardores juveniles, la relación hombres mujeres es vista en la novela por Vernon Tull, personaje medianamente instruido, de forma contradictoria:
 "Y cuando me pongo a pensar en ello, llego a la creencia de que sí un hombre no tiene más salvación que el matrimonio, es que ese hombre está casi perdido. Y con todo, admito que Cora está en lo cierto cuando dice que si Dios ha creado a la mujer ha sido porque el hombre nunca sabe lo que le conviene ni aunque lo tenga ante las mismísimas narices." (pág. 103)
Sin embargo Peabody, el médico, hombre culto y conocedor de la realidad del lugar, cuando su ayuda es rechazada por Addie piensa de esta manera:
"ya tengo visto esto mismo en otras mujeres. Las he visto echar de su habitación a quienes iba a llevarlas piedad y compasión, ayudarlas de verdad, aferrándose, en cambio, a un insignificante animal, para el que no fueron nunca más qué bestias de carga" (pág. 93)
Sin embargo en Faulkner no es todo tan claro como parece deducirse de las palabras de Peabody. También las mujeres son dignas compañeras de estos hombres adustos, austeros, casi sin sentimientos. Al menos eso veo yo en estos pensamientos de Addie Bundren, mujer fría y casi más dura que su propio marido:
"Lo que él no sabía es que por entonces estaba para mí como muerto. A veces estaba acostada a su lado en medio de la oscuridad, oyendo a la tierra que ahora formaba parte de mi sangre y de mi carne, y me decía: "Anse." ¿Por qué Anse? ¿Por qué eres tú Anse? .Y pensaba en su nombre de tal modo, que al poco rato se me antojaba como si la palabra adquiriese forma, como si fuera una vasija, en la que él se iba vertiendo poco a poco, cual una melaza fría que fluyese del oscuro hasta que, colmado el recipiente, todo quedaba otra vez quieto: una forma llena de expresión, pero tan horra de vida como el vano de una puerta sin hojas." (pág. 144)
En cuanto a la tierra, la atracción que representa para los seres humanos y cómo conforma la vida y sentimientos de éstos, ella es elemento esencial en Faulkner:
 "He aquí el inconveniente de esta tierra: todas las cosas, el clima, absolutamente todo, persisten demasiado. Nuestro campo es lo mismo que nuestros ríos: opaco, lento, violento; modela y crea la vida del hombre a su imagen y semejanza: implacable taciturno." (pág. 93)
Esta tierra castiga a quien la trabaja y premia a quienes huyen de ella. Así cabe entender el choque campo-ciudad que existe en el relato y que surca los pensamientos de Anse presentado en forma de monólogo interior:
 " Estas tierras resultan duras para cualquiera; resultan duras.  Ocho millas del sudor de uno, limpiadas de la tierra de Dios, de donde el mismísimo Dios le había ordenado que sudase. En ninguna parte de este mundo pecador puede un hombre honrado y trabajador sacar nada de provecho. Los que se benefician son esos que tienen las tiendas en las ciudades, que no sudan, que viven a costa de los que sudan. No los que trabajan de firme, no en labrador." (pág.  116)
El envoltorio
Todo este 'universo narrativo Faulkner' lo presenta magníficamente envuelto en un lenguaje pleno de simbolismos, metáforas, vocabulario literario, innovaciones tipográficas, mezcla de fragmentos en estilos diversos: directo, indirecto, indirecto libre, y sobre todo en unas técnicas narrativas: focalización múltiple, contrapunto, disolución o cuasi desaparición del narrador mediante el monólogo interior y el flujo de conciencia (los personajes viven dentro de sí mismos y llegamos a conocerlos a través de sus silencios que se hacen patentes mediante estas técnicas), multiperspectivismo..., etc. que sorprendieron a propios y extraños.

"As I Lay Dying (el último deseo), James Franco, Faulkner
Hasta tal punto William Faulkner es pura literatura que a pesar de que muchas de sus novelas hayan sido llevadas a la gran pantalla -(la última ha sido "El ruido y la furia" adaptada a la gran pantalla en 2014 por James Franco y que ya en 1959 con Martin Ritt conoció una primera versión)- y de que él mismo trabajase en Hollywood como guionista, su Obra no se reconoce, en general, como bien adaptada. En el fondo porque es imposible -o muy difícil- transmitir con imágenes concretas la belleza referencial escondida en vocablos inmateriales henchidos de simbolismo y cargados de valores metafóricos a veces muy connotativos. Por eso la versión que el cineasta  James Franco hizo de "Mientras agonizo" en 2013 con el título de "As I Lay Dying (El último deseo)"  pasó sin pena ni gloria por yo no sé qué salas cinematográficas.

...en conclusión, 
una novela genial, total, de las que se califican con un 10 sobre 10 y que junto a las demás suyas:


justifican el merecidísimo Premio Nobel de Literatura con el que en 1949 William Faulkner fue reconocido y distinguido.

Ficha del libro:
Título: Mientras agonizo
Autor: William Faulkner
Editorial: Aguilar
Col.: Obras Completas, Tomo I,
Páginas. De la 69 a  la 181Año de publicación: 2004 (Original: 1930 y revisada en 1957)