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18 jun 2022

Yasmina Khadra: Lo que el día debe a la noche

26 comentarios:

«Si quieres convertir tu vida en eslabón de eternidad y permanecer lúcido hasta en el corazón del delirio, ama. Ama con todas tus fuerzas, ama como si no supieras hacer otra cosa, ama hasta encelar a príncipes y dioses… pues sólo en el amor la fealdad embellece»

literatura romántica, guerra de la independencia argelina, Francia, la OAS
Sinopsis 
Younes solo tiene nueve años cuando su padre, arruinado por un especulador, pierde todas sus tierras. Totalmente agobiado, resuelve confiar el niño a su hermano, un farmacéutico integrado en la comunidad occidental de Orán. Es un sacrificio enorme que hace que acabe perdiendo el respeto por sí mismo.
Pero los ojos azules de Younes y su aspecto angelical ayudan al chico a ser aceptado por la clase acomodada de la población. Su nombre ahora es Jonas, y crece entre jóvenes colonos de los que se hace amigo inseparable. Descubrirá con ellos las alegrías de una existencia privilegiada que ni la segunda guerra mundial ni las convulsiones de un nacionalismo árabe en plena expansión pueden perturbar. Hasta el día en el que llega a la ciudad Émilie, una joven fascinante que se convertirá en el objeto de deseo de todos ellos y que pondrá a prueba la lealtad, el egoísmo y el rencor que la guerra de la independencia agrava.
La revuelta argelina será para Younes-Jonas sangrante y fratricida. Los lazos de amistad con sus amigos occidentales y el agradecimiento hacia quienes le han ofrecido una vida mejor no le van a hacer renunciar, sin embargo, a los valores inculcados por su padre y que conforman su identidad: la dignidad el respeto hacia sus raíces y las costumbres de su pueblo y la fidelidad a la palabra dada, valores que ponen en peligro el amor desgarrador que siente por Émilie.



Yasmina Khadra 
Conocía al escritor por "El atentado" (2005), novela que leí hace ya bastantes años y que me impresionó vivamente. Desde entonces nada nuevo había vuelto a leer de este antiguo coronel del ejército argelino que durante años escondió su identidad bajo este seudónimo de mujer. Todos los lectores pensaban que quien escribía era una mujer. El año 2000 tras haber escrito una docena de novelas, -seis de ellas con su nombre auténtico de Mohammed Moulessehoul- abandona definitivamente el ejército para dedicarse en cuerpo y alma a la literatura fijando su residencia en Aix-en-Provence con su familia.



Lo que el día debe a la noche
La novela me ha gustado. Es una historia de amistad entre cuatro chicos a lo largo de toda una vida desde los años escolares con las peleas correspondientes, los primeros amoríos, las supuestas traiciones, las reconciliaciones de unos y otros... Luego vendrán ya las primeras experiencias amorosas serias, alguna de las cuales condicionará la vida del personaje principal, el narrador protagonista que a sus 80 años de edad rememora su vida la cual acaba de iniciar el último tramo. Todo esto se desarrolla en un contexto histórico y espacial determinado: la Argelia francesa que va de los años 30 del siglo pasado hasta el año 2008 en que concluye su narración el protagonista Younes-Jonas.

El personaje es un árabe educado en el ambiente de la burguesía francesa acomodada que dirigía Argelia durante los años que precedieron a la independencia total y definitiva del país africano en 1962. Todos los compañeros de colegio de Younes son burgueses franceses con los valores propios de los colonos europeos. Para estos él es Jonas. Pero Younes ha nacido de padre y madre árabes que por causas desgraciadas se han visto abocados a la ruina. El padre, hombre muy orgulloso, intentará remontar pero al darse una y otra vez contra la pared tirará la toalla y accederá a los deseos de su hermano Mohamed, farmacéutico en Orán casado con la francesa Germaine, de adoptar a Younes 
«—Querida Germaine —dijo mi tío con voz estremecida—, te presento a Younes, ayer mi sobrino, ahora nuestro hijo.».
El matrimonio mixto del árabe Mohamed y la católica Germaine dará todo su cariño a Younes a quien llamarán Jonas desde que acude al colegio donde estudian los hijos de los colonos franceses. Younes-Jonas se sentirá siempre incompleto, en mitad de todo, sin identidad completa. En algunos momentos es denostado por quienes son sus amigos franceses (Jean Christophe, Dédé, Fabrice o el judío Simon) situándolo en el grupo de 'los otros', o sea, de los árabes; y en otras, mucho más frecuentes, es visto por los vecinos y compañeros de infancia argelinos (Jelloul, Krimo, Oauri, etc.) como traidor a sus orígenes. Esta es la tragedia de Younes-Jonas, un árabe de ojos azules muy atractivo para las mujeres, educado en la cultura y valores occidentales pero muy atraído también por sus orígenes árabes de los que no logrará, y tampoco querrá, despegarse. 

Se muestra en Lo que el día debe a la noche una hermosa historia de amistad entre cuatro chicos, cada uno de ellos viviendo sus correspondientes episodios amorosos con chicas hacia las que en ocasiones varios se sienten atraídos por la misma lo que da lugar a encuentros y desencuentros entre ellos. Son ellas -IsabelleHélène Émilie-, jóvenes francesas de buenas familias, las que se relacionan con estos chicos. El narrador protagonista de la novela es objeto de deseo de varias de ellas y sufrirá en sus propias carnes la lucha entre la inclinación hacia ellas y el deseo de no interferir en los amoríos de sus propios amigos. Estar en medio siempre es incómodo y complicado. Jonas, como cualquier otro argelino educado en los valores de la metrópoli, se encuentra en esta situación también en el amor.

Las andanzas de estos chicos y chicas van evolucionando a lo largo de los convulsos años vividos por Argelia desde los años 30 del siglo XX (guerra en España, ascenso de los fascismos en Europa), la Segunda Guerra Mundial, la desilusión de los argelinos cuando, finalizada la guerra europea en la que lucharon por Francia el General De Gaulle, que les había prometido que ellos tomarían las riendas de su destino, ven incumplidas estas promesas, y finalmente la guerra de independencia que rompe el país y provoca el exilio de franceses que llevaban en Argelia al menos tres generaciones. Tras 1962, año del reconocimiento de la independencia por parte de Francia, Younes-Jonas se decanta por Younes y se quedará a vivir definitivamente en la nueva nación argelina. Parece feliz, se ha casado, tiene dos hijos, una farmacia, pero nuevos acontecimientos de intransigencia como la aparición del islamismo radical volverán a perturbar la vida de la nueva nación. 

Es muy interesante el marco histórico en el que se desarrolla la vida de este joven que nada entre dos mundos. Pero lo más atractivo de Lo que el día debe a la noche es la maestría con la que Yasmina Khadra presenta los acontecimientos: cómo con dos trazos bien dados describe momentos, espacios, situaciones. Especial y muy lograda es la manera como muestra el choque de los dos mundos presentes en la Argelia colonizada: de un lado la vivida por la burguesía francesa detentadora del poder cuya preocupación es divertirse, relacionarse, enamorarse
«La ociosidad propiciaba amoríos que brotaban como flores al alba. Las chicas hablaban más alto por la avenida, espléndidas con sus vestidos livianos que dejaban al descubierto sus brazos de sirena y parte de su bronceada espalda; los chicos parecían cada vez más distraídos en las terrazas de los cafés y se encendían como cerillas cuando se husmeaba en sus secretillos hechos de suspiros y de sueños tórridos.»
Y en tremendo contraste con esta vida muelle y amable la realidad en que viven los árabes, los autóctonos
«El pueblo no era nada del otro mundo. Un poblacho perdido, mortalmente aburrido, con sus casuchas de adobe resquebrajado por el peso de la miseria y sus callejas desamparadas que no sabían dónde meterse para ocultar su fealdad. Unas cabras mordisqueaban unos esqueléticos árboles erguidos en su martirio cual cadalsos. Acuclillados al pie de los mismos, unos ociosos desastrados parecían»

Esta dualidad la ha vivido y la vive el personaje narrador de Lo que el día debe a la noche. Él, con sus padres, habitó al llegar a Orán en un barrio miserable llamado Jenane Jato donde un avaro administrador de nombre Bliss explotaba la miseria de los vecinos con alquileres elevados por viviendas misérrimas. Pero incluso en medio de esta fealdad y gran pobreza cabía la alegría, la vida pujaba por abrirse paso. Esta vitalidad y pujanza nos la hace visualizar Yasmina Khadra en la multiplicidad de tipos, hombres y mujeres, que pululaban por este barrio: Bliss, el tendero Patapalo, el barbero que cortaba el pelo en medio de la plaza, pero sobre todo las mujeres que sacan adelante a su prole abandonadas o ignoradas muchas de ellas por sus maridos. Cuando Younes visita a su madre dos años después de haber sido entregado a su tío el contraste entre ambos mundos es patente para él:
«Al salir vi a todos los vecinos reunidos en torno al brocal. Badra, Mama, Batoul la vidente, la bella Hadda, Yezza y su chiquillería me miraban de lejos. Parecía que temieran estropearme al acercarse a mí. Los diablillos de Badra contenían el aliento. Ellos, que siempre andaban con los dedos metidos en alguna parte, ahora mantenían las manos pegadas al costado. Mi cambio de ropa había bastado para dejarlos descolocados. Hoy sigo preguntándome si, al fin y al cabo, el mundo no se basa en las apariencias. Si tienes la cara acartonada y un saco de yute cubriendo una tripa vacía, eres un pobre. Si te lavas la cara, te peinas un poco y te pones un pantalón limpio, ya eres otro. De tan poco depende… A los once años, esos despertares te desconciertan.»
A mí la novela me ha gustado, además de por los asuntos que toca, por el diseño de los personajes. Son todos ellos personajes tipo reconocibles. Tenemos a Simón Benjamin, el judío feo y gracioso; al atractivo por su riqueza Jean Christophe; al emprendedor André Sosa (Dédé); al creativo poeta y periodista FabriceEmilie es la chica cañón que, enamoradísima de Younes-Jonas, hará lo indecible por conseguirlo; la madre de Emilie es una mujer aparte de la que nada se puede decir so riesgo de machacar la lectura; Germaine es la mujer de maternidad frustrada que encuentra en Younes-Jonas el hijo en quien volcar su gran capacidad de amor; el tío Mohamed es un culto farmacéutico y hombre desprendido donde los haya que inculca en Jonas magníficas enseñanzas que le servirán de por vida a éste; y así muchos otros más.

escritores argelinos en Francia
Quizás -y ésta sería una de las escasas pegas que pondría a esta novela- quedan un poco desdibujados o poco perfilados en su evolución los padres y la hermana de Younes. De ellos sólo se nos cuenta el fracaso de las tareas agrícolas en las que Issa, el padre, había empeñado todo su futuro, y la bondad sumisa de la madre atenta siempre a que a la hija enferma no le faltase de nada. Pero quedan flecos colgando tras finalizar la lectura: ¿Qué ocurrió con ellos?, ¿Qué fue de la hermana?, ¿Por qué nada nos dice de ellos? Y al igual que de los padres y hermana, poco se nos dice también de la mujer, hijos y nietos que Younes afirma en un momento dado, pero como de pasada, tiene en Argelia. ¿Qué ocurre? ¿Es que la parte argelina poco o nada le interesa a Jonas? E incluso me atrevo a preguntarme si será verdad que tiene esta familia consolidada en Argelia o si será una simulación de felicidad más, exhibida ante sus antiguos amigos cuando al final de la novela se reúne con ellos en Aix-en-Provence. ¿Sigue Jonas queriendo asimilarse con los europeos aunque se reconoce diferente a ellos?: 
  «—Tú no puedes entenderlo. Eres de los nuestros, pero llevas la vida de ellos…», le dice Jelloul a Younes cuando el primero le pide ayuda en un momento en que la lucha por la independencia argelina ya está en marcha. 

La prosa de Yasmina Khadra es excelente. Según leía Lo que el día debe a la noche me parecía estar ante hermosos cuadros costumbristas del vivir cotidiano argelino. Se ve que el autor ama a su país a pesar de vivir fuera de él y a pesar de haber recibido ataques e incluso alguna amenaza por preferir escribir en francés y no en árabe. Siente predilección por la frase breve, la adjetivación colorista, el vocabulario preciso y enamorado de la peculiaridad autóctona (merguez, gandura, chechia, morabito, lampiones, lactescente, maquis, ...), realiza descripciones topográficas enlazando las mismas con el carácter de las personas, etc.
  • «La zona de prostíbulos de Orán estaba detrás del teatro, en la calle del Acueducto, una calleja de mala muerte a la que se accedía por dos escaleras que apestaban a orina y en las que se acomodaban los borrachos.»
  • «Unos críos jugaban desnudos en medio del polvo, con el vientre hinchado y las narices asediadas por las moscas. Sí, eso era, además del hedor estaba el zumbido de las moscas, voraz, obsesivo»
  • «La primavera seguía avanzando. Las colinas cubiertas de hierba aún tierna espejeaban al amanecer como un mar de rocío. Daban ganas de desnudarse y de zambullirse de cabeza en él, de nadar por esa pelusa hasta el agotamiento, y luego de tumbarse bajo un árbol y soñar, una por una, con todas las bellezas creadas por Dios. Resultaba embriagador»
  • «La posteridad nunca ha vuelto las tumbas más cómodas. Su único mérito está en aplacar nuestro miedo a la muerte, ya que nuestra inexorable finitud no conoce mejor terapia que la ilusión de una buena eternidad.»


Son muchas las frases que se pueden entresacar de Lo que el día debe a la noche de Yasmina Khadra, una novela que se lee con mucho gusto, que sirve para ilustrar un momento interesante de la historia de un país muy importante para nosotros actualmente. Es un libro que contiene varios dentro de sí: estamos ante una novela de iniciación a la vida adulta, una novela social, una novela romántica, una novela de realismo costumbrista, una tragedia griega, una novela muy literaria, una novela, en definitiva,... ¡magnífica!


Nota:
Existe adaptación cinematográfica de la novela realizada por Alexandre Arcady en 2013. No he visto la película que está disponible en alguna de las muchas plataformas televisivas que actualmente existen. Seguramente la veré aunque no quisiera que la concreción de las imágenes borrase la agradable sensación que la novela ha dejado en mí.

19 feb 2019

NoViolet Bulawayo. "Necesitamos nombres nuevos"

17 comentarios:
¿Crees que con ver la BBC ya sabes lo que está pasando? No, amiga mía, no lo sabes. Es la herida la que conoce la textura del dolor. Somos nosotros los que nos hemos quedado aquí y los que sentimos el sufrimiento de verdad, así que somos nosotros los únicos que tenemos derecho a hablar de ello, hablar de lo que sea y de quien sea. […] ¿Es tu país, Darling? ¿De verdad es tu país? ¿Estás segura?, me pregunta Chipo” 

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Un grupo de niños juegan y corretean por Paradise, imaginario barrio chabolista de una ciudad de Zimbabue, -quizás Tsholotsho, donde la novelista nació en 1981-, envueltos en la alegría propia de la niñez y acuciados por el hambre que los acosa. Para satisfacerla visitan con frecuencia Budapest, el barrio acomodado de la ciudad donde abundan los chalets en cuyos jardines crecen las guayabas. Pese a lo indigesto que es su fruto lo consumen con fruición movidos más por la necesidad que otra cosa. La historia la cuenta en primera persona Darling, niña de diez años cuya máxima aspiración como la de tantos compatriotas suyos es poder abandonar el país; ella parece que tiene ese momento cercano pues una tía suya, Fostalina, lleva en Detroit ya varios años y le ha prometido llevarla con ella. Junto a Darling crecen y juegan en este suburbio zimbabuense otros niños de nombres algunos tan simbólicos como el suyo: Chipo, Bastardo, Sabediós, Sbho (niña de 9 años), y Stina. Quien, por su atrevimiento, los lidera es Bastardo al que siguen casi ciegamente sus compañeros varones Stina y Sabediós, éste el más pobre de todos ellos.  El resto son chicas y en Chipo, embarazada a sus 11 años, ven anticipado el futuro que les espera. Pese a todo,  los cinco niños, viven felices en medio de una hambruna y pobreza desmesuradas.

Junto a ellos está el mundo de los adultos del que reciben la cultura de su pueblo ancestral mistificada con las aportaciones que durante cien años los colonizadores británicos les impusieron. Entre los adultos está el Profeta Revelaciones Bitchington Mborro, auténtico dirigente de la comunidad a la que se dirige en las celebraciones religiosas; para Darling es importantísima Madre de Huesos, su abuela,  que la cuida  mientras su madre está vendiendo en la frontera; Makhosi es primo de Darling y como el padre de ésta está en Sudáfrica, pero ninguno de ellos da señales de vida hasta que el padre muy enfermo vuelva a morir a casa; el curandero Vodloza es asimismo una personalidad respetada en el barrio de Paradise. Junto a estos mayores, podríamos decir tradicionales, que viven siguiendo las pautas atávicas de su pueblo, se hallan otros seres distintos, diferentes, como MadreAmor, la única persona que no corre a recoger los regalos que la ONG que los visita les lleva cada vez que lo hace; también es muy importante NacidoLibre, hijo de MaDubeNacidoLibre iba siempre junto a Mensajero hasta que fue asesinado y Mensajero tuvo que salir del país para evitar seguir la misma suerte. Estos dos personajes introducen en la novela el asunto de la lucha llevada por la oposición política contra el Anciano Presidente que gobernó dictatorialmente el país desde 1987 (Zimbabue logró su independencia en 1980) hasta su caída en 2017 en que un golpe de estado lo derrocó. Aunque no se le nombre este anciano presidente es Robert Mugabe quien tras conseguir al frente del ZANU la independencia de la antigua Rodesia se perpetuaría en el poder. Contra su falta de democracia y de respeto a los derechos humanos se levantó el Movimiento por el Cambio Democrático del que Mensajero y NacidoLibre, con seguridad, formaban parte. A ellos les pasó como a muchos otros zimbabuenses que creyeron en la Democracia prometida durante la lucha por la Independencia, al negárseles buscaron el Cambio, por lo que fueron perseguidos y algunos como NacidoLibre murieron.

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A través de todos estos personajes sabemos de la reciente historia de Zimbabue y también de algunas de sus costumbres más arraigadas. Es a partir de la llegada de Darling a USA cuando, por contraste con las de América, se nos muestran más a las claras las peculiaridades de la cultura del país africano: del bullying infantil Darling toma conciencia por vez primera en Detroit; la obesidad y la anorexia, desconocidos ambos trastornos por la niña hasta verlo en USA; el distinto concepto de sufrimiento en uno y otro lugar: en África sufrir es pasar hambre e incluso morir por su causa, nada que ver con lo que en USA denominan sufrir; la manera de conocer el sexo en uno y otro país; la familia y atención a los mayores en Zimbabue tan distinta a la americana; la educación a los niños aquí y allí; el consumismo feroz frente a la constante escasez; etc.

La novela me ha parecido más una colección de relatos sueltos unidos por un leve hilo conductor que una novela en su pleno sentido. Apareció en 2013 y antes de ella NoViolet Bulawayo sólo había publicado un relato corto en 2011 ganador del Premio Caine para escritores africanos titulado "Hitting Budapest" que está en la base de esta primera obra extensa de la joven escritora zimbabuense afincada desde sus diez u once años en Norteamérica. "Necesitamos nombres nuevos" es una mirada nostálgica a la tierra de sus padres, la de sus antepasados, pero al tiempo también la expresión del convencimiento de haber hecho lo que debía hacer para salir adelante dado que en el país controlado dictatorialmente por el viejo presidente Mugabe no había esperanza de progreso alguno. El hambre era atroz, los abusos de los grupos paramilitares sobre la población blanca acomodada y la clase media productiva negra terribles; precisamente fue la ira contra los antiguos colonos blancos que detentaban los medios de producción y la destrucción de viviendas de la población negra acomodada lo que hizo caer la economía del país a unos niveles ínfimos. Familias como la de la narradora, la niña Darling, hubieron de abandonar sus antiguas casas para vivir en chabolas una existencia terrible. La Revolución se cargó la democracia esperanzadora traída por la independencia. En esta dura contradicción -el amor al país y el odio a sus dirigentes- se mueve la narradora, auténtico trasunto de la novelista.

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La novela tiene dos partes claramente definidas: una sucede en Zimbabue y la otra en USA. Da la impresión de que la escritora para dar visibilidad al mundo africano hace uso de cierto maniqueísmo que pone a África en el lado de los buenos frente a América, paradójicamente colocada en el lado de los malos. Es la contradicción eterna, ¡muy entendible!, de quien arrastra el sentimiento del desarraigo y evoca el Paraíso de su niñez, feliz pese a todo, en el país donde nació pero al que no desea volver porque las carencias y maneras de vivir allá chocan ya con su nueva mentalidad. 

El capítulo titulado 'Como se marcharon’ (págs. 127-128), que habla de la emigración, está situado justo en la mitad del libro, y sirve de gozne para marcar el inicio de la vida de la narradora en EEUU. Es en mi opinión, junto a los titulados "Cómo vivían" (págs. 204-215 ) y "Esto no es un juego" (págs. 116-126), literariamente hablando, de lo mejor de toda la novela. Es en ese capítulo en el que cuando Darling va a despedirse de su abuela Madre de Huesos ésta le dice unas palabras en mi opinión muy importantes: “qué clase de vida es ésta cuando todos nacéis para marcharos en tropel a otras tierras qué va a ser de este país va a ser una ruina”. En los otros dos capítulos citados hay momentos de verdadera altura literaria, algo que en mi opinión no abunda en esta novela, la cual se centra más en el aspecto denuncia de una situación bastante olvidada por Occidente (la de Zimbabue) y en el emocionado homenaje por parte de la novelista prácticamente ya norteamericana de facto a una cultura en severo peligro de desaparición. Pues bien esos momentos en los que se percibe a la escritora que NoViolet Bulawayo lleva dentro están contenidos en frases como las siguientes:
  • En América, vimos más comida de la que habíamos visto en toda nuestra vida, y estábamos tan contentos que rebuscábamos en los contenedores de nuestras almas para recuperar los trozos rotos y sucios de Dios.” (p. 205)
  • Cuando estábamos solos, llamábamos a los caballos de nuestros idiomas, montábamos sobre sus lomos y galopábamos entre los rascacielos.” (p.206)
De interesante hallazgo me parece la metáfora de las casas que se utiliza en la novela para presentar  la historia del país vista por cada una de las tres generaciones de mujeres que aparecen en ella:  en la perspectiva de Darling, 2 casas: la de ladrillo y la chabola hecha de latas; para la madre de Darling y la tía Fostalina, 3 casas: la casa de antes de la independencia, la de la independencia y la de cuando todo empezó a venirse abajo; y para Madre de Huesos, 4 casas: 'la casa de antes de que los blancos viniesen a apropiarse del país, cuando mandaba un rey; la casa de cuando llegaron los blancos y se apropiaron del país y entonces hubo una guerra; la casa de cuando los negros recuperaron el país, después de la independencia, y luego la casa de ahora' cuando el presidente anciano tiene sojuzgado al país.

Y sin lugar a dudas también hay un muy buen hacer literario cuando la novelista transfigurada en la niña que es Darling usa los tiempos verbales, el tono narrativo y la sintaxis tal y como hacen los niños pasando del pasado al presente visualizado, vívido, actual, que es propio en ellos:
Nos apretujamos en la chabola de MadreAmor como granos de arena, y dentro hace un calor sofocante y huele a sudor de adultos y a sobacos y a licor.” (66) 
Quizás, como escritora novel que es, NoViolet en esta opera prima peque en exceso de acumular en la misma temas y más temas. Cada capítulo, o sea, cada relato, viene a plantear un asunto referenciado siempre a Zimbabue: el sida, las minas de oro, el black power, el animismo, las ONG, el desencanto tras la consecución de la independencia, el cementerio de Heavenway, etc. Como ya he dicho, un capítulo que me ha gustado especialmente y que marca el cambio en la narradora es 'Como se marcharon’ en el que habla de la emigración, asunto importantísimo y emotivo por demás. A partir de aquí, en la parte situada en América, también se acumulan los temas: el bullying escolar (pp.144-145), la obesidad mórbida (p. 148), las bodas de conveniencia para lograr papeles legales de residencia (p. 150), la educación infantil aquí y allí (p. 158), el consumismo (tía Fostalina y sus compras televisivas en p.165), los problemas del emigrante con el idioma (pp. 168-170), internet: el porno y lo snuff (pp. 183-4), la desculturización del emigrado forzoso (capítulo “Cómo vivían” en pp.. 204-215), la anorexia y la bulimia en las chicas jóvenes (228), etc., etc.

Teju Cole, Chimamanda Ngozi Achidie, NoViolet Bulawayo
Sobrevolando toda esta inmensa acumulación de asuntos aparece uno, el de las mujeres, que se alza por encima de todos. Sí, en efecto, en esta obra, como en otras escritas por escritores africanos como los nigerianos Chimamanda Ngozi Adichie o Teju Cole, queda patente que son las mujeres las que llevan a sus espaldas el destino de África. Los hombres están trabajando en las minas, luchando en grupos militares o paramilitares, o bien como el padre de Darling han emigrado a Sudáfrica en busca de un futuro mejor, se supone, para ellos y sus familias... El caso es que son ellas, las mujeres, las que sacan adelante como pueden a los niños que ellos les hacen (el caso de Chipo es lacerante), las que transmiten el saber ancestral, las que se rebelan contra la exhibición de que son objeto por ese lavado de conciencia que en gran medida son las ONG que los visitan, las que dan el paso y abandonan el país en busca de un futuro mejor que piensan devolverle en cuanto puedan (Darling), y también las que se quedan cargando sobre ellas el peso de sacar adelante a las personas y las cosas (Chipo).

Final
Una novela que como ya me ocurriera con "Americanah" de Chimamanda Ngozi que leímos hace ya más de cuatro años en el grupo de lectura "más que palabras..." [crónica de dicha tertulia aquí] toca temas sensibles muy importantes. Son novelas que funcionan muy bien en tertulias por el debate que los asuntos planteados suscitan. Sin embargo, y con esto no quiero desmerecerlas en absoluto, literariamente -es mi opinión sobre estos dos títulos que conozco- no me aportan grandes cosas aparte del testimonio que difunden, importantísimo en su función socio-política de despertar conciencias dormidas y eliminar los tópicos que en Occidente funcionan sobre África y los africanos. Por lo demás en el terreno formal -y me refiero ya a la novela de NoViolet Bulawayo- es una escritura poco atrevida efectuada en primera persona de manera lineal y siguiendo las equilibradas pautas de construcción literaria que suelen darse en las escuelas de escritura creativa. En este sentido es un buen trabajo, y es esperable que la autora se arriesgue formalmente más en futuras creaciones que por ahora y desde 2013, año en que vio la luz "Necesitamos nombres nuevos", no han aparecido.