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9 may 2026

"La extraña desaparición de Esme Lennox" de Maggie O'Farrell. Y Agradecimiento

15 comentarios:
El blog de Juan Carlos. Tres millones de visitantes

COMUNICADO:  Al cierre de esta reseña advierto que este blog está a punto o ya ha alcanzado los 3.000.000 de visitas. Sé que el número es engañoso y que a buen seguro son muchos menos los visitantes reales que por esta página web se han adentrado, pero con todo y con eso a quienes habitualmente pasáis por aquí MUCHAS, MUCHAS, MUCHAS GRACIAS, por vuestra amable atención. 

Me permito mostraros mi agradecimiento con una canción de los Dire Straits que siempre me ha gustado. Espero que también sea de vuestro agrado. Nos seguimos leyendo.




oooo0O0oooo

La extraña desaparición de Esme Lennox

«La niña es sorprendente para ella. Es una maravilla. De toda su familia, ella y Kitty y Hugo y todos los otros niños y sus padres, de todos ellos, sólo queda esta niña. Es la única. Todos han quedado reducidos a esta chica de pelo oscuro sentada en la arena, que no tiene ni idea de que sus manos y sus ojos y el gesto de la cabeza y la caída de su pelo pertenecen a la madre de Esme. Sólo somos recipientes a través de los que pasan las identidades, decide la anciana. Somos rasgos prestados, gestos, hábitos, que luego transmitimos a otra persona. Nada es nuestro. Venimos a este mundo como anagramas de nuestros antecesores.»

He leído con sumo gusto esta novela de  Maggie O'Farrell. De la escritora irlandesa ya había leído Hamnet (2020), que me encantó y El retrato de casada (2022) que también me gustó, aunque quizás algo menos que la imaginación sobre ese malhadado hijo del bardo inglés y la supuesta creación de la tragedia "Hamlet" como homenaje póstumo del padre al inocente desaparecido. Ambas novelas la autora las situaba en pleno Renacimiento europeo.

Es por lo dicho antes que quería leer algo diferente de esta novelista. Llegó a mis manos La extraña desaparición de Esme Lennox y con ella la oportunidad de leer una ficción que se situara fuera de lo que suponía yo la zona de confort de la O'Farrell. Se desarrolla este relato en plena época contemporánea, o sea, próxima a la fecha de su publicación en 2006. Estamos en Edimburgo y asistimos a la extraña historia de la poco o nada explicada en su día desaparición  de Esme Lennox, ocurrida hace nada menos que  61 años

En un intermitente y desordenado ir del hoy al ayer por medio de los recuerdos de la anciana que es Esme Lennox, su sobrina nieta, Iris, conocerá la historia de su familia. Sabrá de su madre Sadie y sobre todo de su abuela Kitty, la hermana de Esme. Un hombre, que en principio estaba destinado por la familia a casarse con Kitty, será el causante de todo lo que le ocurre a Euphemia (Esme) Lennox. Una personalidad muy fuerte la de Esme y un régimen muy estricto por parte de sus padres son los responsables de que durante tantísimos años esta mujer desapareciera de la circulación. Será su sobrina nieta quien enfrentándose a todos y por humanidad la recoja y sea conocedora de la historia oculta de toda su familia. Han pasado más de sesenta años, pero no se ha olvidado el daño recibido.

Entrar en esta novela es entrar en la literatura adictiva de Maggie O'Farrell. En la historia que aquí presenta cabe distinguir muchos elementos: En primer lugar está el amor, responsable primero de esa inexplicable desaparición y también del retorno a la vida normal de Esme Lennox, si bien por otro tipo de amor. En segundo lugar y muy relacionado con el anterior estaría el asunto de las derivadas que este sentimiento puede producir en quienes lo experimentan, derivaciones muchas veces no deseadas. 
En este apartado del amor cabe señalar la relación entre Iris y su amante Luke, y también la existente entre Iris y su hermanastro Alex. Son dos relaciones muy distintas en las que el amor también es diverso («Luke, un mesomorfo moreno y grandón, junto al ectomorfo pálido y larguirucho que era Alex»): En Luke, casado y con hijos, es un amor interesado que promete acciones que siempre pospone; el de Álex es un amor fraternal que busca siempre ayudar a Iris

La envidia y la venganza son también asuntos de capital importancia en esta entretenida novela. Una venganza que no voy a desvelar aquí, pero que nace como suele suceder tantas veces a partir del sentimiento de la envidia.

Pero de todos los temas que se tocan  en La extraña desaparición de Esme Lennox el que tiene más interés es el de la identidad. Lo destaco en la cita que aparece al inicio de esta entrada. La reflexión la está realizando la propia Esme. Ella le ha pedido a Iris ir a la playa a la que acudía cuando era niña. Al estar en ella  observa a su sobrina-nieta y recuerda a la niña que ella fue en un momento semejante a éste, cuando se vio a sí misma dedoblada: por un lado Euphemia niña inmersa en el mar que al mirar a la playa se ve a ella misma niña sentada en la arena. Dicho recuerdo lleva a la anciana a reflexionar sobre el paso del tiempo a través de la existencia de los seres humanos, a través de los miembros de una misma familia y el mantenimiento en nosotros de la identidad de aquellos que nos precedieron. 

Ya en el ámbito de lo social es muy relevante la crítica que en la narración la esritora hace del sistema sanitario inglés, especialmente de la atención psiquiátrica de una època. Cómo se utilizaba la psiquiatría para quitarse de en medio a personas molestas por lo que fuera, pero que de ninguna manera precisaban una atención de esta clase.:
[Iris lee] «el antiguo formulario de admisión de Esme con los dedos. "Edad: 16 —es lo primero que lee. Luego—: Insiste en dejarse el pelo largo." Iris lee todo el documento, de principio a fin, y luego lo relee. Termina así: "Los padres declaran haberla encontrado bailando delante de un espejo, vestida con la ropa de su madre."»
Desde lo puramente formal la trama que fabrica la autora es muy interesante. Lleva las acciones en contrapunto temporal no siempre ordenado. Varían los narradores, varían los tiempos, varían incluso los lugares. Los narradores en el tiempo actual son sobre todo Iris, pero también Esme. Lo que sucede es que cuando es Esme el contrapunto se desplaza tanto al pasado de la vida familiar en la India como a cuando la familia ya está en Escocia de vuelta de la colonia. Hay un momento en que las narradoras son las dos hermanas, Kitty y Esme, que al comenzar la novela estaban en un baile; esas dos hermanas y la familia han puesto su punto de mira en un joven, Jamie, que desean se case con Kitty porque Euphemia (Esme) es «un bicho raro».  Kitty recuerda desde su alzheímico hoy que en su evocación del baile  constantemente recriminaba a Esme estarle destrozando sus oportunidades de matrimoniar con alguno de los jóvenes que estaban en ese salón. Entre las evocaciones que realiza Kitty hay algunas que de mano los lectores no comprendemos; habrá que aguardar a que el relato avance y sobre todo alcanzar el desenlace para encontrarles completo sentido.

La técnica utilizada, junto a la del contrapunto, es la del perspectivismo. Conoceremos la historia relatada a través de los puntos de vista de los diversos personajes. Pese a esta variedad de focalizaciones el giro final será sorprendente para los lectores. Y es que en definitiva La extraña desaparición de Esme Lennox utiliza las técnicas propias del thriller (investigación, suspense, giros inesperados...), género al que en parte podría decirse que pertenece la novela. 

Conclusión
Esta novela de Maggie O'Farrell me ha confirmado que la escritora se desenvuelve a las mil maravillas en todos los terrenos y no sólo en el de la ficción histórica que tanto me agradó en El retrato de casada y en Hamnet cuyas reseñas en este mismo blog, tres veces millonario, os invito a leer.

De nuevo, amigos, MUCHAS, MUCHAS, MUCHAS GRACIAS, por vuestra amable atención. 



24 ene 2026

"Hamnet": del libro a la película

23 comentarios:
Leí con muchísimo placer, hará cosa de cuatro o cinco años, la novela Hamnet de Maggie O'Farrell. Me encantó. Así lo reflejé por escrito en la reseña que de la misma hice en este mismo blog. Es por esto que al conocer que se estrenaba la versión fílmica de la misma no dudé ni un momento en ir a verla. Estrenada el 23 de enero sólo en Cines no demoré mi asistencia, aunque lo hacía con sentimientos encontrados dado que previamente había leído dos críticas bien distintas: una es la que el crítico Luis Martínez hizo en el diario El Mundo, elogiosa de todo punto («Pocos finales ha dado el cine reciente tan tremendos, tan plenos, tan dolorosos, tan brutales y tan exquisitos a la vez, tan delicados y, si se quiere, tan poco pudorosos, tan bellos sin duda, tan irresistiblemente catárticos y desmedidos, tan prodigiosos en el mismo sentido que Dreyer se atrevió a filmar el milagro de la resurrección en Ordet.»); la otra fue la del también crítico Carlos Boyero aparecida en el diario El País, en la que, tras calificar como estupidez Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson o de inane Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa, manifestaba su indiferencia ante la versión cinematográfica de Hamnet realizada por la directora china residente en Norteamérica Chloé Zhao («No tengo nada que contar de ella. Ni bueno ni malo. Es que me cuesta recordar algo de ella después de haberla visto hace ocho días. […] La película me parece una nadería pretenciosa.»).

Por todo lo dicho es por lo que me ha parecido oportuno recuperar la reseña de la novela para confrontarla con la adaptación cinematográfica que vi este fin de semana. Va aquí mi opinión sobre la novela:


"Hamnet" de Maggie O'Farrell

«La cuestión es no bajar nunca la guardia. No creer nunca que se está salvo. No dar nunca por hecho que el corazón de tus hijos late, que tus hijos beben leche, que respiran, que andan y hablan, sonríen, discuten y juegan. No olvidar ni un momento que pueden desaparecer, que te los pueden robar en un abrir y cerrar de ojos, que se los pueden llevar como leves vilanos.»

Concha Cardeñoso (traductora), Maggie O'Farrell
Es la primera novela que leo de Maggie O'Farrell, autora irlandesa a la que llegué gracias a una elogiosa crónica que escuché en una emisora de radio durante un viaje. Quien la recomendaba era Sergio del Molino, escritor a quien sigo y leo desde hace tiempo. En el programa radiofónico que oía mientras conducía Del Molino hablaba con Concha Cardeñoso, traductora de la novela en la edición de Libros del Asteroide que es quien la ha publicado en España. Mis expectativas sobre ella tras escucharlos eran grandísimas. Sin desvelar nada de lo que ocurría en la narración pero sí aclarando el origen de la misma ambos expusieron algunos extremos de la novela que en 2020 ganó el National Book Critics Circle Award for Fiction y el Women’s Prize for Fiction

Sergio del Molino ensalzó especialmente la traducción de Concha Cardeñoso, extremo que he comprobado y -¡disfrutado!- por mí mismo durante la lectura. Sin duda alguna la precisión lingüística, el cuidado por encontrar el vocablo exacto a cada una de las situaciones es uno de los grandes valores de la novela. 


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Agnes, una muchacha peculiar que parece no rendir cuentas a nadie y que es capaz de crear misteriosos remedios con sencillas combinaciones de plantas, es la comidilla de Stratford, un pequeño pueblo de Inglaterra. Cuando conoce a un joven preceptor de latín igual de extraordinario que ella, se da cuenta enseguida de que están llamados a formar una familia. Pero su matrimonio se verá puesto a prueba, primero por sus parientes y después por una inesperada desgracia. 
Partiendo de la historia familiar de Shakespeare, Maggie O’Farrell transita entre la ficción y la realidad para trazar una hipnótica recreación del suceso que inspiró una de las obras literarias más famosas de todos los tiempos. La autora, lejos de fijarse únicamente en los acontecimientos conocidos, reivindica con ternura las inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia y ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. El resultado es una prodigiosa novela que ha cosechado un enorme éxito internacional y confirma a O’Farrell como una de las voces más brillantes de la literatura inglesa actual


Prosigo con mi comentario. Resulta que la novela se titula "Hamnet", nombre que tuvo uno de los hijos de William Shakespeare. En la Inglaterra de finales del XVI el nombre Hamnet se utilizaba de manera indistinta con el de Hamlet. Y precisamente "Hamlet" es el título de la tragedia shakespeariana más conocida y alabada. Oyéndo hablar a  Del Molino con Cocha Cardeñoso pensé que la novela de Maggie O'Farrell se centraría sobre todo en la figura del dramaturgo isabelino. Y con esta expectativa mental es con la que comencé la lectura de la novela. Según avanzaba en ella con mucho gusto por mi parte, sin embargo en mi cabeza se iban deshaciendo como azucarillos las equivocadas ideas previas con que empecé a leerla. Pensaba -veo que equivocadamente- que la figura de William, el padre de Hamnet, tendría mayor relevancia en el relato, algo que no es así. Bueno, en realidad no es así y sí es así, dado que en el fondo la novelista en este relato muestra, entre otros muchos asuntos, las entrañas ocultas de la creación; en esta ocasión desciende hasta el motivo escondido, ignoto para los demás, por el que, ella imagina, se gestó  la tragedia shakespeariana del Príncipe de Dinamarca: algo tan cotidiano entonces como la muerte de un hijo. Esto, tras reflexionar sobre la lectura recién finalizada, me parece de quitarse el sombrero.

La verdad es que esta magnífica narración va precisamente de eso, de la vida cotidiana en Inglaterra a finales del siglo XVI: la vida, la muerte, la peste, las relaciones familiares, el teatro... El protagonismo recae especialmente en las mujeres y sobre todo en Agnes, la esposa del creador de "Hamlet" y padre de Hamnet. Agnes es quien con su esfuerzo, su magia, sus celos infundados o no, el amor a sus hijos, la mala relación con su madrastra, etc. llena y ocupa todo el relato. Es Agnes Hathaway (en la realidad histórica Anne Hathaway) la figura esencial en este relato. Es una mujer que vive muy en contacto con la Naturaleza de la que conoce todo o casi todo; es en cierta manera algo hechicera pues por transmisión materna sabe de las propiedades de no pocas plantas con las que fabrica remedios sanadores que sus vecinos valoran en lo que valen, motivo por el que la visitan  solicitándoselos. Al tiempo Agnes posee la capacidad de intuir el futuro y penetrar en el interior de la mente de las personas al presionarles con fuerza entre el pulgar y el dedo índice de la mano. Es ella una mujer independiente que no se amilana ante la presión familiar ejercida por su madrastra Joan, que lleva adelante sus propósitos sin arredrarse, y que anima a su marido simplemente por desprendido amor a que haga realidad sus deseos literarios aunque para ello deban de separarse marchando él a Londres y quedando ella a cargo de los hijos en Sttraford Upon Avon.

El marido de Agnes aparece siempre innominado, jamás se le cita por su nombre y mucho menos por su apellido a fin de no oscurecer en nada, de no empequeñecer la inmensa figura de la esposa Agnes y la de los otros personajes, que constituyen la cotidianidad en la que Él también se mueve. Aunque hay algún hombre como John, el suegro de Agnes. o Hamnet, el malhadado hijo, la mayoría de los personajes son mujeres: Judith, la hermana gemela de Hamnet; Susana, la muy responsable hermana mayor; los suegros: Mary, que cuida a Agnes como si fuera hija suya, y John, el guantero bebedor y mal negociante del que el marido de Agnes deberá escapar si quiere hacer algo en la vida; Eliza, Gilbert, Edmond, Richard, Mary que falleció («¿piensas en ella, todavía esperas oír sus pasos, su voz, su respiración por la noche?, porque yo sí, todo el tiempo. Todavía creo que un día me despertaré y estará ahí otra vez, a mi lado; que pasara algo, una arruga o un pliegue en el tiempo, y volveremos a estar donde estábamos cuando ella vivía y respiraba.», le dice Eliza a su madre Mary), y el esposo de Agnes son hijos de John y Mary; Bartholomew, hermano de Agnes; y por último estaría Joan, la segunda madre de Agnes y Bartholomew, que de su matrimonio con el padre de ellos «tiene seis hijos (ocho, contando a la hijastra medio loca y al idiota de su hermano, de los que tuvo que hacerse cargo cuando se casó)». Los seis hijos de Joan: Caterina, Joanie, Margaret, James, Thomas y William (el pequeño) apenas si tienen protagonismo en el relato. 

Es, como se ve, una galería grande de personajes -aún debería nombrar a algún otro como Ned (aprendiz ayudante del abuelo), Hewlands (el terrateniente fallecido al que el abuelo John adeudaba unas pieles que paga con clases de latín a los chicos menores por parte de uno de sus hijos), o Heminge (un amigo del padre de Hamnet, actor de la compañía teatral que éste tiene en Londres)...- en la que jamás, como ya he dicho, se cita por su nombre a William Shakespeare. Pero aunque nunca se le nombre explícitamente de fondo, y al tiempo en un primer plano, aparece su colosal figura abriéndose paso en el mundo de los corrales de comedias. El genio que hoy admiramos por su incontestable altura y nivel literario es mostrado en este relato visto desde la pequeñez de la vida doméstica: las dificultades económicas, la mala relación con el padre, el amor hacia los hijos, la relación con su mujer, la necesidad de la separación respecto a la familia para poder abordar el éxito en la capital...

Teatro isabelino, El Globe, Corrales de comedias
Sin duda alguna el motivo principal de la novela es la muerte de uno de los gemelos, el hijo al que la peste se llevó a pesar de los esfuerzos que la madre puso en impedirlo. En la época, la muerte de un hijo adolescente o de un bebé al poco de haber nacido e incluso, algo muy habitual, de la propia madre en el momento del parto no era algo infrecuente. Sin embargo -y eso es lo que en mi opinión Maggie O'Farrell se esfuerza en transmitirnos, lográndolo plenamente- mostrar el dolor de la madre que le dio la vida, que lo amamantó, que lo cuidó y fantaseó con su futuro no es materia frecuente en un relato. Aquí sí, y este es temáticamente el punto fuerte de esta narración: vemos a Agnes deshecha, desorientada, perturbada por la muerte de su hijo querido. Quizás, quien lea esta reseña pueda pensar en este momento que su marido es un desalmado al no sentir un dolor semejante al de Agnes ante la muerte del hijo. ¿Es así la cosa en verdad? Despejar esta duda es uno más de los alicientes que tiene la lectura de esta novela. Os animo a leerla y a disfrutar con ella.  

La autora, así nos lo indica ella misma al final de la obra, se ha documentado muchísimo. En la documentación que ha manejado no todo está claro. Por ejemplo el nombre de la mujer de Shakespeare aparece casi siempre como Anne y alguna otra vez como Agnes, nombre que ella ha preferido en su ficción. Sin embargo las fechas que se explicitan (matrimonio de Agnes y el padre de Hamnet en 1583; la peste y muerte del hijo en 1596; estreno de la tragedia "Hamlet" en 1601) son todas ciertas, verídicas y debidamente comprobadas.

Estilísticamente el relato avanza en contrapunto temporal en la primera parte de la novela, la cual finaliza con el fallecimiento del hijo adolescente. La distancia temporal es precisamente la marcada por las tres fechas señaladas, con el centro en la de 1596, basculando las otras dos narraciones hacia delante ('flash forward') y hacia atrás ('flash back') respecto a ésta. Conocemos así el noviazgo entre Agnes y «el preceptor de latín». la vida de Agnes antes de casarse, el domicilio anejo a la casa de los suegros, etc.

En la segunda parte el contrapunto es más espacial que temporal. Concretamente en esta parte Maggie O'Farrell juega sobre todo con las localizaciones: en Londres donde Shakespeare intenta abrirse camino en el mundo del teatro y la casa familiar en Strafford Upon Avon donde vive Agnes con los hijos y a la que acude no con la frecuencia debida el dramaturgo. Esta tardanza en regresar a casa despierta en la cabeza de Agnes el fantasma de los celos. 

Si hay algo magnífico por encima del resto en la novela, ello es el lenguaje utilizado. Es un lenguaje pleno de imágenes y metáforas («el dulzor punzante de manzanas caramelizadas», por eso de poner un ejemplo), de una precisión léxica extraordinaria. Se nota que Concha Cardeñoso, la traductora, se ha esforzado muchísimo por hallar el vocablo justo y fiel a la frase, a su contexto. Es un vocabulario preciso y adecuado para la época. Por ejemplo 'carriola' (cama baja con ruedas que se oculta bajo otra cama más alta); 'orillo' (remate de otro color de las telas); 'sebes' (Cercado de estacas altas entretejidas con ramas largas); 'buccino' (Caracol marino de concha pequeña y abocinada, cuya tinta solían mezclar los antiguos con las de las púrpuras y los múrices para teñir las telas); 'crespina' (Cofia o redecilla que usaban las mujeres para recoger el pelo y adornar la cabeza); yegua picaza (Dicho de un caballo o de una yegua: De color blanco y negro mezclados en forma irregular y manchas grandes.), etc.

Algunas citas:
  • «Una mañana de principios de primavera, unos quince años antes de que Hamnet vaya corriendo a casa del médico, un preceptor de latín se encuentra junto a esa misma ventana; ensimismado se tira del aro que lleva en la oreja izquierda.» (ejemplo de traslación en el tiempo. Muy cinematográfico)
  • «Las plantas y las uñas conservan todavía la suciedad que acababa de recoger de la vida: polvo en la calle, tierra del huerto, barrio de la orilla al río, donde se bañaba con sus amigos hace menos de una semana.» (ante el cadáver de un ser recién fallecido)
Mi experiencia de reseñador me dice que si la novela me ha gustado como es el caso no viene a cuento señalar algo negativo respecto a ella, por muy menor que esto sea. Y no viene a cuento ni conviene porque luego parece como si eso fuese lo más destacable del comentario. Y como no deseo provocar confusión alguna y mi intención y deseo es destacar la enorme valía de esta obra, me contendré. Sólo añadiré para finalizar que me encantan los libros que hablan de libros, los libros en los que aparecen autores trabajando sobre sus creaciones, aquellas historias en las que se entremezclan en equilibrada armonía la ficción y la realidad. "Hamnet" de Maggie O'Farrell es una de ellas.

Teatro isabelino, Strafford Upon Avon, Anne Hathaway
El teatro de El Globe de Shakespeare en Londres

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Nota:
Procuro en mis reseñas no incurrir en spoiler a fin de incitar a realizar la lectura del libro reseñado. Por ello, en esta ocasión, para no desvelar un extremo importante de la trama he ocultado esa información tachándola en color negro. Si alguien, pese a todo, deseara conocer dicha información no tiene más que seleccionar la frase tachada y podrá leerla sin problema alguno.



"Hamnet" de Chloé Zhoe

Chloé Zhoe, Novelas adaptadas al Cine
Mi opinión sobre la versión de Chloé Zhoe, cuyo guion firman la propia directora del film junto a la autora de la novela, vendría a situarse en una zona intermedia de las manifestadas por Martínez y Boyero.

Prácticamente hasta el final de la película reconozco que me aburrí bastante. Para mí hay un exceso de imágenes con un tono excesivamente bajo de luminosidad en los interiores que se llevan buena parte del minutado en un buscado contraste con las de la naturaleza exterior llenas de luz y color. Es evidente que la realizadora ha querido transmitir la idea de que en los años finales del XVI el mundo íntimo y familiar, el doméstico de las casas, era así, rígido y oscuro. Por contra el exterior, de donde la protagonista Agnes Hathaway recoge plantas para confeccionar remedios que su madre tenida por bruja le transmitió, está pleno de luz. Bien, es una interpretación en imágenes de lo que en palabras expone en su narración Maggie O'Farrell; sin embargo las imágenes de la directora china no alcanzan en mi opinión la altura de belleza poética a la que llega la escritora irlandesa a base de un magnífico léxico y unas metáforas e imágenes retóricas de nivel supremo.

Como se ve por lo señalado en el párrafo anterior vengo a coincidir en algo con Carlos Boyero. Pero también estoy con Luis Martínez en la calidad cinematográfica que tiene la última parte del film, Esa parte está dedicada a la representación teatral en The Globe de la obra que el comediógrafo inglés compuso a raíz de la muerte de su hijo. Con esta puesta en escena el marido viene a reconciliarse con la esposa y a curarse él mismo -y también su mujer Agnes- catárticamente del tremendo duelo que la desaparición mortal del pequeño le ha ocasionado. Cuando leí la novela resalté que Shakespeare le transmite a su compañera la mejor prueba de amor que podía darle: hacer que su hijo desaparecido alcance la inmortalidad gracias al poder de la creación artística. En el film se percibe, quizás hasta mejor que en la novela, esta cuestión. 

En definitiva, sin pretender hacer categoría de lo anecdótico, de nuevo viene a mí el dicho más o menos extendido de que buenas novelas hacen malas películas, mientras que malas novelas hacen buenas películas. Hamnet de Chloé Zhoe no es mala película, qué va, para nada, es más según reflexiono sobre ella escribiendo estas impresiones veo en ella más y más aspectos valiosos, pero en la comparación con la obra literaria queda bastante por detrás de la misma, eso sí. 

Nota final.- He echado mucho en falta la autorizada opinión de Miguel Pina, administrador del blog Cine y críticas marcianas, que este mismo mes de enero decidió cerrarlo tras diez años de exitosa existencia. Las críticas que semana tras semana Miguel realizaba en su blog eran para mí un faro seguro. Esta vez acudí a una sala huérfano de su consejo y sabe Dios cuánto lo he echado de menos. Estoy convencido de que Miguel se habría dado cuenta de que el film a diferencia de la novela carece de muchas de esas inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia  que Maggie O'Farrell en su relato trata con ternura al tiempo que, tal y como dice la propia editorial en la sinopsis promocional de la novela, ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. Estas pequeñas grandes cosas se perciben en la película, pero no al nivel con que aparecen en la novela. 

17 may 2023

"El retrato de casada" de Maggie O'Farrell

21 comentarios:

«Recibirían a un varón con gran júbilo y alivio, lo sabe, pero entonces lo moldearían para un solo destino: ser duque. A una niña se le exigiría hacer lo mismo que ha hecho ella, desarraigarse de su familia y de su lugar de nacimiento para arraigar en otra parte en la que tendrá que aprender a medrar, a reproducirse, a hablar poco y hacer menos, a quedarse en sus habitaciones, y a cortarse el pelo, y a evitar las emociones, y a contener la estimulación y a someterse a todas las caricias nocturnas que le salgan al paso.»

El retrato de casada, Lucrecia de Médicis, Alfonso II d'Este
Acabo de finalizar El retrato de casada, la última novela de Maggie O'Farrell, que en España ha publicado, como todas las suyas, Libros del Asteroide en estupenda traducción de Concha Cardeñoso.

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Florencia, mediados del siglo XVI. Lucrezia, tercera hija del gran duque Cosimo de’ Medici, es una niña callada y perspicaz, con un singular talento para el dibujo, que disfruta de su discreto y tranquilo lugar en el palazzo. Pero cuando muere su hermana Maria, justo antes de casarse con Alfonso d’Este, primogénito del duque de Ferrara, Lucrezia se convierte inesperadamente en el centro de atención: el duque se apresura a pedir su mano, y su padre a aceptarla. Poco después, con solo quince años, se traslada a la corte de Ferrara, donde es recibida con recelo. Su marido, doce años mayor, es un enigma: ¿es en realidad el hombre sensible y comprensivo que le pareció al principio o un déspota implacable al que todos temen? Lo único que está claro es lo que se espera de ella: que proporcione cuanto antes un heredero que asegure la continuidad del título.

Llegaba yo a la novela con muy altas expectativas. No era para menos después de haber disfrutado tanto con Hamnet en 2021 de la que hice una elogiosa, sentida y sincera reseña en este blog, que os invito a leer. La verdad es que El retrato de casada habiéndome gustado, me ha producido cierta desilusión. ¿Sí?, os preguntaréis; ¿por qué?, proseguiréis. Pues por varios motivos: el primero ya lo he anticipado: la historia del hijo de Shakespeare, la influencia del mismo en la obra cumbre del dramaturgo inglés, me había llenado tanto que la historia de Lucrecia Médicis, duquesa de Ferrara, no ha alcanzado en mi consideración la altura de la anterior. El segundo es que el estilo, la manera de presentar la historia, su estructura, la belleza del lenguaje empleado, son todos ellos muy hermosos y muy bellos pero para nada sorprendentes al ser muy semejantes a los presentes en Hamnet. En definitiva, diría que Maggie O'Farrell aprovecha en esta novela el tirón de su novela anterior, usa el fantástico oficio de novelista mostrado en ella y aprovecha la enorme documentación que sobre el siglo XVI hubo de recopilar y supo bien manejar. Tan sólo ha cambiado la ubicación: del Stratford inglés próximo a Londres pasa a la Florencia y Ferrara del mismo siglo. También en ambas el foco está puesto y protagonizado por una mujer.

Maggie O'Farrell se sube a la actual ola de la Historia vista desde el punto de vista de las mujeres y lo hace con gran acierto y conocimiento. El conocimiento deriva de su fabulosa documentación que, por si tuviera necesidad de aclarárnoslo -yo pienso sinceramente que no era preciso que lo hiciera- lo explicita en parte en la «Nota de la autora» que incluye tras el texto novelístico propiamente dicho; el acierto reside en la maestría que demuestra en el manejo de estos materiales. La historia de Lucrezia, casada por acuerdo de las dos familias -la de Médicis y la de Ferrara- y con enorme desacuerdo por su parte, la presenta la novelista desde la mentalidad actual. Visto así, es enormemente injusto todo lo que le sucede a esta mujer: ninguneada por sus propios padres y hermanos al ser la quinta hija del matrimonio formado por Cósimo I de Médicis y su esposa Eleonara, hija del Virrey de Nápoles; educada en la estricta vigilancia impuesta por su madre española; anuladas o escondidas sus innegables capacidades artísticas por el mero hecho de ser mujer; destinada por su condición a proporcionar descendencia, preferentemente varones, a su marido; encerrada por manifestar opiniones propias y contrariar al esposo; y siempre dispuesta a satisfacer los deseos de éste en cualquier momento. 

Es tal el número actual de novelas que inciden en denunciar esta injusta condición de las mujeres en el pasado que como ocurre con cualquier otro exceso la mente del lector ya se bloquea y el beneficioso y legítimo efecto perseguido por tal revelación se pierde en gran medida. Al menos esa es la impresión que constantemente se imponía en mi interior durante los días que he dedicado a la lectura de El retrato de casada. Todo lo que se muestra relativo a las injusticias soportadas durante esa época por las  mujeres por el mero hecho de serlo lo conocía, lo sabía y desde hace tiempo tiene mi completo repudio. Pero, decía para mí, aparte de esto algo más tendrá que contener la novela. Y sí, algo más hay, pero todo ello bastante predecible y sabido: la doblez masculina (Alfonso d'Este es tierno sólo para el amor conducente a la procreación; muy cruel para todo lo demás, especialmente si el ansiado heredero no se anuncia siquiera); las dudas en Lucrezia, la esposa, ante tan taimado comportamiento; la sororidad producto del aislamiento en que se obligaba vivir a las mujeres; las envidias entre unas y otras a causa  del miedo a ser castigadas por el Duque (las hermanas Elisabetta y Nunciata entre ellas y hacia ella); los consejos de Eleonora, madre de Lucrezia, desatendiendo del todo sus peticiones de auxilio; el mecenazgo propio de las cortes renacentistas italianas que provocaban la adulación de los artistas allí cobijados (el Bastiniano, autor del retrato, y también el poeta Torcuato Tasso que se cita al hablar de la corte de Ferrara); etc.

Pero si todo es tan predecible, ¿cómo es posible que hayas aguantado y hayas completado la lectura?, me preguntaréis. Pues sencillamente porque el texto es de una gran hermosura, quizás un tanto recargado en ocasiones, pero bellísimo siempre. La estructura, la disposición de la historia, también me ha gustado en extremo: comienza en 1561, sabiéndose en peligro de muerte Lucrezia y manifestándolo de esa manera (monólogo interior sobre todo) que utiliza la escritora para escribiendo en tercera persona penetrar en la mente del personaje y mostrarlo bien a las claras: 
«Lucrezia agarra el borde del plato con los dedos. La certeza de que él pretende acabar con su vida es como una presencia a su lado, como si un ave rapaz de negro plumaje se hubiera posado en el brazo de la silla»
Sabiendo esto desde la página cuatro, todo el camino lector hasta culminar las cerca de 400 páginas de la obra se mantiene gracias al suspense, a la duda por conocer si verdaderamente esta muerte se producirá o no,  algo que no voy a decir aquí pues es uno de los alicientes del libro. Hasta llegar a su final la narración retrocede (analepsis) y avanza (prolepsis) en los capítulos situados en su mayoría en los años 1560 unos y en 1561 otros, pero también en años anteriores como en 1544, cuando se produce la concepción de Lucrezia por parte de Cósimo y Eleonora, pasando por 1554 año en que vemos cómo Lucrezia crece  dando muestras de su carácter independiente y de sus dotes artísticas, o 1557 cuando llega la petición de matrimonio por parte de la corte de Ferrara y Lucrezia logra esquivar la situación durante dos años gracias a las argucias de su aya Sofía. Dentro de los propios capítulos hay también movimientos espaciales gracias al recurso del contrapunto que en la novela se utiliza con frecuencia; dichos cambios simplemente se marcan mediante un espaciado mayor entre los párrafos que los contienen. 

Pero sin lugar a dudas es el lenguaje lo mejor de esta novela. Un lenguaje lleno de imágenes y metáforas, de una precisión léxica extraordinaria. Como ya manifesté al hablar de Hamnet se nota que Concha Cardeñoso, la traductora, se esfuerza en la búsqueda del vocablo exacto, preciso, fiel a la frase y al contexto temporal. Es un vocabulario preciso y adecuado para la época que en un amplio porcentaje ya aparece en su novela anterior. Por ejemplo 'Carriola' (Cama baja o tarima con ruedas), 'tederos' (Pieza de hierro sobre la cual se ponen las teas para alumbrar), 'Balia' (Palabra italiana que significa 'nodriza'), 'Opalina' (De color entre blanco y azul con reflejos irisados), 'Dríadas' (Ninfas de los robles y de los arboles en general), 'Hastiales' (Parte superior triangular de un edificio donde reposan los dos tejados), 'evirati' (castrados), 'Vitela' (Piel de vaca satinada que sirve para pintar o escribir en ella), 'picazo' (De color blanco y negro mezclados de manera irregular [en las caballerías]), 'Uxoricidio' (Muerte causada a la mujer por su marido), etc.

Es un libro que se disfruta leyéndolo, que contiene una plasticidad en las frases que contagia y anima a seguir gozando con las palabras, frases y oraciones con las que Maggie O'Farrell describe el paisaje, a las personas, los edificios y sus estancias donde estas viven
«Lucrezia pasea con unos zapatos blandos y un vaporoso vestido amarillo. Lleva una cofia azul claro en la cabeza sobre la que caen con curiosidad unos suaves rayos de sol, que se le posan en la coronilla y en la frente como caricias de un animal domesticado
 El lenguaje, algo recargado a la hora de describir los espacios, sin embargo se adelgaza, se simplifica y pasa a la frase corta cuando describe la cotidianidad, el costumbrismo, la vida de los que habitan en palacio o en el exterior de éste
  • «Una formación de soldados desfila por el puente, tres filas de a dos, con la espada al hombro. Cruzan la plaza y desaparecen por una calle lateral. Un hombre de capa negra se acerca por el puente y el portero le franquea la entrada. Salen dos criadas con sendas cestas, en el centro de la plaza se separan y la más alta le dice algo a la otra, que hace un gesto de despedida con la mano.»
  • «Ve el ir y venir de los ferrareses, que cruzan la plaza hacia un lado, después hacia otro. Ve a los niños, que van de la mano de sus padres. Ve a una mujer que lleva una bala grande de tela a la espalda, a un hombre que hace rodar un barril empujándolo con los pies, descalzos y sucios, a una niña tirando de un perro atado con una cuerda, a dos hermanos cargados con haces de leña.»
Y naturalmente es el lenguaje el que nos sirve para penetrar en el interior de la protagonista y saber de sus dudas:
  • sobre las intenciones de su esposo
    • «Este hombre sin duda es distinto del que ordenó la muerte de Contrari. No pudo haber sido él. Este es su marido, que la ama, o eso parece; ese fue el gobernador de Ferrara. Son el mismo hombre; son hombres distintos, el mismo, pero diferentes.»  
y/o 
  • sobre lo que ella, quizás, debería de hacer como mujer que es
    • «A lo mejor todo se arregla. A lo mejor se ha equivocado con las intenciones de Alfonso. Podría concebir un hijo, podría darle un heredero, podría seguir siendo la duquesa. Podría.»

El título
MAggie O'Farrell, siglo XVI
A punto de dar por finalizada esta reseña caigo en la cuenta de que nada he dicho sobre el título de la novela, El retrato de casada. La verdad es que mucho no puedo decir sobre el mismo si es que -como así es- no quiero descubrir datos importantes que destrozarían el disfrute de la lectura. Sólo diré que entre nobles y aristócratas, en la época en que transcurre la novela, los jóvenes que iban a contraer matrimonio por acuerdo de sus respectivas familias conocían los rasgos físicos de él o de ella a través de retratos que se intercambiaban con la petición y/o la aceptación. A Alfonso d'Este el de soltera de Lucrezia le pareció que no le hacía justicia y encargó al pintor Bastiniano que estaba bajo su mecenazgo el retrato de casada de Lucrezia. El maestro envió a dos discípulos suyos -Maurizio y Jacopo- para que hiciesen esbozos y borradores de la duquesa. 
El retrato de casada y sus hacedores, junto a la afición y destreza demostrada por Lucrezia en la pintura, tienen una importante función en el desarrollo de la trama que se presenta. Así que hay que estar atentos a su realización. ¡Ah!, una cosa más. En un momento dado el duque mirando los esbozos que hacen Jacopo y Maurizio de Lucrezia que posa, ante una sonrisa de ésta exclama:
«Ahí está -murmura Alfonso, y las palabras llegan a los oídos de Lucrezia, que se encuentra en el lado opuesto, y le sonríe-: Mi primera duquesa -añade»
  

19 sept 2021

"Hamnet" de Maggie O'Farrell

24 comentarios:

«La cuestión es no bajar nunca la guardia. No creer nunca que se está salvo. No dar nunca por hecho que el corazón de tus hijos late, que tus hijos beben leche, que respiran, que andan y hablan, sonríen, discuten y juegan. No olvidar ni un momento que pueden desaparecer, que te los pueden robar en un abrir y cerrar de ojos, que se los pueden llevar como leves vilanos.»

Concha Cardeñoso (traductora), Maggie O'Farrell
Es la primera novela que leo de Maggie O'Farrell, autora irlandesa a la que llegué gracias a una elogiosa crónica que escuché en una emisora de radio durante un viaje. Quien la recomendaba era Sergio del Molino, escritor a quien sigo y leo desde hace tiempo. En el programa radiofónico que oía mientras conducía Del Molino hablaba con Concha Cardeñoso, traductora de la novela en la edición de Libros del Asteroide que es quien la ha publicado en España. Mis expectativas sobre ella tras escucharlos eran grandísimas. Sin desvelar nada de lo que ocurría en la narración pero sí aclarando el origen de la misma ambos expusieron algunos extremos de la novela que en 2020 ganó el National Book Critics Circle Award for Fiction y el Women’s Prize for Fiction

Sergio del Molino ensalzó especialmente la traducción de Concha Cardeñoso, extremo que he comprobado y -¡disfrutado!- por mí mismo durante la lectura. Sin duda alguna la precisión lingüística, el cuidado por encontrar el vocablo exacto a cada una de las situaciones es uno de los grandes valores de la novela. 


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Agnes, una muchacha peculiar que parece no rendir cuentas a nadie y que es capaz de crear misteriosos remedios con sencillas combinaciones de plantas, es la comidilla de Stratford, un pequeño pueblo de Inglaterra. Cuando conoce a un joven preceptor de latín igual de extraordinario que ella, se da cuenta enseguida de que están llamados a formar una familia. Pero su matrimonio se verá puesto a prueba, primero por sus parientes y después por una inesperada desgracia. 
Partiendo de la historia familiar de Shakespeare, Maggie O’Farrell transita entre la ficción y la realidad para trazar una hipnótica recreación del suceso que inspiró una de las obras literarias más famosas de todos los tiempos. La autora, lejos de fijarse únicamente en los acontecimientos conocidos, reivindica con ternura las inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia y ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. El resultado es una prodigiosa novela que ha cosechado un enorme éxito internacional y confirma a O’Farrell como una de las voces más brillantes de la literatura inglesa actual


Prosigo con mi comentario. Resulta que la novela se titula "Hamnet", nombre que tuvo uno de los hijos de William Shakespeare. En la Inglaterra de finales del XVI el nombre Hamnet se utilizaba de manera indistinta con el de Hamlet. Y precisamente "Hamlet" es el título de la tragedia shakespeariana más conocida y alabada. Oyéndo hablar a  Del Molino con Cocha Cardeñoso pensé que la novela de Maggie O'Farrell se centraría sobre todo en la figura del dramaturgo isabelino. Y con esta expectativa mental es con la que comencé la lectura de la novela. Según avanzaba en ella con mucho gusto por mi parte, sin embargo en mi cabeza se iban deshaciendo como azucarillos las equivocadas ideas previas con que empecé a leerla. Pensaba -veo que equivocadamente- que la figura de William, el padre de Hamnet, tendría mayor relevancia en el relato, algo que no es así. Bueno, en realidad no es así y sí es así, dado que en el fondo la novelista en este relato muestra, entre otros muchos asuntos, las entrañas ocultas de la creación; en esta ocasión desciende hasta el motivo escondido, ignoto para los demás, por el que, ella imagina, se gestó  la tragedia shakespeariana del Príncipe de Dinamarca: algo tan cotidiano entonces como la muerte de un hijo. Esto, tras reflexionar sobre la lectura recién finalizada, me parece de quitarse el sombrero.

La verdad es que esta magnífica narración va precisamente de eso, de la vida cotidiana en Inglaterra a finales del siglo XVI: la vida, la muerte, la peste, las relaciones familiares, el teatro... El protagonismo recae especialmente en las mujeres y sobre todo en Agnes, la esposa del creador de "Hamlet" y padre de Hamnet. Agnes es quien con su esfuerzo, su magia, sus celos infundados o no, el amor a sus hijos, la mala relación con su madrastra, etc. llena y ocupa todo el relato. Es Agnes Hathaway (en la realidad histórica Anne Hathaway) la figura esencial en este relato. Es una mujer que vive muy en contacto con la Naturaleza de la que conoce todo o casi todo; es en cierta manera algo hechicera pues por transmisión materna sabe de las propiedades de no pocas plantas con las que fabrica remedios sanadores que sus vecinos valoran en lo que valen, motivo por el que la visitan  solicitándoselos. Al tiempo Agnes posee la capacidad de intuir el futuro y penetrar en el interior de la mente de las personas al presionarles con fuerza entre el pulgar y el dedo índice de la mano. Es ella una mujer independiente que no se amilana ante la presión familiar ejercida por su madrastra Joan, que lleva adelante sus propósitos sin arredrarse, y que anima a su marido simplemente por desprendido amor a que haga realidad sus deseos literarios aunque para ello deban de separarse marchando él a Londres y quedando ella a cargo de los hijos en Sttraford Upon Avon.

El marido de Agnes aparece siempre innominado, jamás se le cita por su nombre y mucho menos por su apellido a fin de no oscurecer en nada, de no empequeñecer la inmensa figura de la esposa Agnes y la de los otros personajes, que constituyen la cotidianidad en la que Él también se mueve. Aunque hay algún hombre como John, el suegro de Agnes. o Hamnet, el malhadado hijo, la mayoría de los personajes son mujeres: Judith, la hermana gemela de Hamnet; Susana, la muy responsable hermana mayor; los suegros: Mary, que cuida a Agnes como si fuera hija suya, y John, el guantero bebedor y mal negociante del que el marido de Agnes deberá escapar si quiere hacer algo en la vida; Eliza, Gilbert, Edmond, Richard, Mary que falleció («¿piensas en ella, todavía esperas oír sus pasos, su voz, su respiración por la noche?, porque yo sí, todo el tiempo. Todavía creo que un día me despertaré y estará ahí otra vez, a mi lado; que pasara algo, una arruga o un pliegue en el tiempo, y volveremos a estar donde estábamos cuando ella vivía y respiraba.», le dice Eliza a su madre Mary), y el esposo de Agnes son hijos de John y Mary; Bartholomew, hermano de Agnes; y por último estaría Joan, la segunda madre de Agnes y Bartholomew, que de su matrimonio con el padre de ellos «tiene seis hijos (ocho, contando a la hijastra medio loca y al idiota de su hermano, de los que tuvo que hacerse cargo cuando se casó)». Los seis hijos de Joan: Caterina, Joanie, Margaret, James, Thomas y William (el pequeño) apenas si tienen protagonismo en el relato. 

Es, como se ve, una galería grande de personajes -aún debería nombrar a algún otro como Ned (aprendiz ayudante del abuelo), Hewlands (el terrateniente fallecido al que el abuelo John adeudaba unas pieles que paga con clases de latín a los chicos menores por parte de uno de sus hijos), o Heminge (un amigo del padre de Hamnet, actor de la compañía teatral que éste tiene en Londres)...- en la que jamás, como ya he dicho, se cita por su nombre a William Shakespeare. Pero aunque nunca se le nombre explícitamente de fondo, y al tiempo en un primer plano, aparece su colosal figura abriéndose paso en el mundo de los corrales de comedias. El genio que hoy admiramos por su incontestable altura y nivel literario es mostrado en este relato visto desde la pequeñez de la vida doméstica: las dificultades económicas, la mala relación con el padre, el amor hacia los hijos, la relación con su mujer, la necesidad de la separación respecto a la familia para poder abordar el éxito en la capital...

Teatro isabelino, El Globe, Corrales de comedias
Sin duda alguna el motivo principal de la novela es la muerte de uno de los gemelos, el hijo al que la peste se llevó a pesar de los esfuerzos que la madre puso en impedirlo. En la época, la muerte de un hijo adolescente o de un bebé al poco de haber nacido e incluso, algo muy habitual, de la propia madre en el momento del parto no era algo infrecuente. Sin embargo -y eso es lo que en mi opinión Maggie O'Farrell se esfuerza en transmitirnos, lográndolo plenamente- mostrar el dolor de la madre que le dio la vida, que lo amamantó, que lo cuidó y fantaseó con su futuro no es materia frecuente en un relato. Aquí sí, y este es temáticamente el punto fuerte de esta narración: vemos a Agnes deshecha, desorientada, perturbada por la muerte de su hijo querido. Quizás, quien lea esta reseña pueda pensar en este momento que su marido es un desalmado al no sentir un dolor semejante al de Agnes ante la muerte del hijo. ¿Es así la cosa en verdad? Despejar esta duda es uno más de los alicientes que tiene la lectura de esta novela. Os animo a leerla y a disfrutar con ella.  

La autora, así nos lo indica ella misma al final de la obra, se ha documentado muchísimo. En la documentación que ha manejado no todo está claro. Por ejemplo el nombre de la mujer de Shakespeare aparece casi siempre como Anne y alguna otra vez como Agnes, nombre que ella ha preferido en su ficción. Sin embargo las fechas que se explicitan (matrimonio de Agnes y el padre de Hamnet en 1583; la peste y muerte del hijo en 1596; estreno de la tragedia "Hamlet" en 1601) son todas ciertas, verídicas y debidamente comprobadas.

Estilísticamente el relato avanza en contrapunto temporal en la primera parte de la novela, la cual finaliza con el fallecimiento del hijo adolescente. La distancia temporal es precisamente la marcada por las tres fechas señaladas, con el centro en la de 1596, basculando las otras dos narraciones hacia delante ('flash forward') y hacia atrás ('flash back') respecto a ésta. Conocemos así el noviazgo entre Agnes y «el preceptor de latín». la vida de Agnes antes de casarse, el domicilio anejo a la casa de los suegros, etc.

En la segunda parte el contrapunto es más espacial que temporal. Concretamente en esta parte Maggie O'Farrell juega sobre todo con las localizaciones: en Londres donde Shakespeare intenta abrirse camino en el mundo del teatro y la casa familiar en Strafford Upon Avon donde vive Agnes con los hijos y a la que acude no con la frecuencia debida el dramaturgo. Esta tardanza en regresar a casa despierta en la cabeza de Agnes el fantasma de los celos. 

Si hay algo magnífico por encima del resto en la novela, ello es el lenguaje utilizado. Es un lenguaje pleno de imágenes y metáforas («el dulzor punzante de manzanas caramelizadas», por eso de poner un ejemplo), de una precisión léxica extraordinaria. Se nota que Concha Cardeñoso, la traductora, se ha esforzado muchísimo por hallar el vocablo justo y fiel a la frase, a su contexto. Es un vocabulario preciso y adecuado para la época. Por ejemplo 'carriola' (cama baja con ruedas que se oculta bajo otra cama más alta); 'orillo' (remate de otro color de las telas); 'sebes' (Cercado de estacas altas entretejidas con ramas largas); 'buccino' (Caracol marino de concha pequeña y abocinada, cuya tinta solían mezclar los antiguos con las de las púrpuras y los múrices para teñir las telas); 'crespina' (Cofia o redecilla que usaban las mujeres para recoger el pelo y adornar la cabeza); yegua picaza (Dicho de un caballo o de una yegua: De color blanco y negro mezclados en forma irregular y manchas grandes.), etc.

Algunas citas:
  • «Una mañana de principios de primavera, unos quince años antes de que Hamnet vaya corriendo a casa del médico, un preceptor de latín se encuentra junto a esa misma ventana; ensimismado se tira del aro que lleva en la oreja izquierda.» (ejemplo de traslación en el tiempo. Muy cinematográfico)
  • «Las plantas y las uñas conservan todavía la suciedad que acababa de recoger de la vida: polvo en la calle, tierra del huerto, barrio de la orilla al río, donde se bañaba con sus amigos hace menos de una semana.» (ante el cadáver de un ser recién fallecido)
Mi experiencia de reseñador me dice que si la novela me ha gustado como es el caso no viene a cuento señalar algo negativo respecto a ella, por muy menor que esto sea. Y no viene a cuento ni conviene porque luego parece como si eso fuese lo más destacable del comentario. Y como no deseo provocar confusión alguna y mi intención y deseo es destacar la enorme valía de esta obra, me contendré. Sólo añadiré para finalizar que me encantan los libros que hablan de libros, los libros en los que aparecen autores trabajando sobre sus creaciones, aquellas historias en las que se entremezclan en equilibrada armonía la ficción y la realidad. "Hamnet" de Maggie O'Farrell es una de ellas.

Teatro isabelino, Strafford Upon Avon, Anne Hathaway
El teatro de El Globe de Shakespeare en Londres

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Nota:
Procuro en mis reseñas no incurrir en spoiler a fin de incitar a realizar la lectura del libro reseñado. Por ello, en esta ocasión, para no desvelar un extremo importante de la trama he ocultado esa información tachándola en color negro. Si alguien, pese a todo, deseara conocer dicha información no tiene más que seleccionar la frase tachada y podrá leerla sin problema alguno.