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26 may 2022

"Paraíso", novela de Abdulrazak Gurnah

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«—Para hacer esto estamos en esta tierra —le explicó—. Para comerciar. Vamos a los desiertos más áridos y a las selvas más oscuras, y nos da igual comerciar con un rey o con un salvaje, o si vivimos o morimos. En algunos lugares por los que pasaremos verás que el comercio aún no ha entrado en la vida de sus gentes, que viven como insectos paralizados. No hay personas más listas, por no decir más nobles, que los comerciantes. Es lo que nos da vida.» (palabras dichas por el mnyapara Mohammed Abdalla)


Abdulrazak Gurnah
Abdulrazak Gurnah, nace en 1948 en Zanzíbar, Tanzania. Es un escritor de novelas en inglés que vive en el Reino Unido. Sus novelas más famosas son Paradise (1994), nominada en el Booker Prize y en el Whitebread Prize; By the Sea (2001) y Desertion (2005).

En 1980 accedió a la universidad Bayero Kano en Nigeria. Luego, se trasladó a la universidad de Kent donde obtuvo su doctorado en 1982. En la actualidad, es profesor y director de los estudios de grado en el departamento de inglés. Sus investigaciones se centran en el postcolonialismo, así como el colonialismo especialmente relacionado con África, el Caribe y la India.

En 2021, el jurado del  Premio Nobel de Literatura justificó su concesión por su «conmovedora descripción de los efectos del colonialismo y el destino del refugiado en el abismo entre culturas y continentes».

 Paraíso
Sinopsis (proporcionada por la propia editorial) 
Cuando los padres de Yusuf, de doce años, le dicen que vivirá con su tío Aziz durante una temporada, el chico se muestra entusiasmado. Pero lo que Yusuf no sabe es que su padre lo ha empeñado para saldar una deuda imposible de pagar, ni tampoco que Aziz no es pariente suyo, sino un rico y acaudalado comerciante con el que viajará por África central y las riberas del Congo en vísperas de la primera guerra mundial.
A través de los ojos de ese chiquillo descubriremos una naturaleza exuberante y hostil, poblada de tribus despiadadas e invasores desalmados, en la que una vida humana vale tanto como unas cuantas gotas de agua.

Mi comentario
Juan Luis, muy buen amigo mío, científico y matemático de calidad contrastada, amén de buen lector, me comentó un día que estaba leyendo esta novela por eso de conocer la literatura del Premio Nobel de Literatura 2021. Tomé buena nota de su elección y decidí acompañarle en el viaje al interior de la narrativa de Abdulrazak Gurnah a través de esta novela, la primera suya traducida en España hace ya veinticinco años. Y ya, sin más preámbulos, diré que de su lectura he salido bastante satisfecho. 

Sitúa Gurnah Paraíso en la zona este africana, denominada por los colonizadores alemanes África Oriental Alemana, territorio que se corresponde con la actual Tanzania. Alemania, al igual que otras potencias europeas a finales del siglo XIX, dirigió sus ojos a África. Tanzania limita hoy por el el noroeste con Uganda, Ruanda, Burundi y la actual República Democrática del Congo, territorios que en los años en que se sitúa la novela estaban bajo el poder personal del rey de los belgas Leopoldo II. Las brutalidades cometidas por los más de 16000 colonizadores europeos pagados personalmente por el rey belga contrasta con el, en comparación, comportamiento afable y benigno de los colonizadores alemanes cuya presencia en la AOA nunca superó el número de 4000 frente a los casi 8 millones de nativos. La política seguida por Alemania en su colonia fue la de alianzas con los sultanes y jeques de las diferentes tribus así como la de mejorar en lo posible la vida en la Colonia: el ferrocarril que iniciaron en 1888 y culminaron en 1914 es buena prueba de esto. Cubría el mismo una extensión de más de 1200 kilómetros y comunicaba las tierras situadas a los pies del Kilimanjaro con la ciudad portuaria de Tanga, en el noreste del país. Alemania tuvo responsabilidades colonizadoras en Africa desde 1885 hasta el final de la Primera Guerra Mundial. En 1919 la Conferencia de Paz celebrada en París otorgó el África Oriental Alemana a Gran Bretaña. 

La novela de Abdulrazak Gurnah se desarrolla en un momento algo anterior al inicio de la Primera Guerra Mundial. Sin dar fechas concretas vemos que las expediciones comerciales que el tío Aziz realiza hacia la zona de los grandes lagos, al norte del país, para realizar intercambios mercantiles con los nativos, deben efectuar los últimos kilómetros hasta la base del monte Kilimanjaro a pie pues el tren aún no llegaba hasta allí. Las relaciones con los «salvajes» son en general cordiales aunque a cuenta de los engaños que muchas de estas tribus han sufrido comienzan ya a desconfiar de estos mercaderes que a cambio de baratijas se apoderan de los bienes (oro y marfil sobre todo) de los autóctonos. 

Lo dicho hasta aquí marcaría el marco general en que se produce la historia narrada en esta novela. Un marco que, pese a estar escrito por una persona originaria de Tanzania, no se muestra en términos maniqueos, de buenos y malos. En el relato aparecen dos mundos enfrentados: el de la negritud y el del colonialismo, en este caso el alemán. Hay equidistancia y equilibrio cuando se habla de desmanes y abusos cometidos en el país; los mismos los cometen tanto los habitantes de la propia nación tanzana donde se desarrolla la novela, cuanto los extranjeros alemanes llegados desde Europa. Es en este contexto que, leyendo la novela, asistimos al crecimiento personal de Yusuf, un niño de doce años al inicio, que alcanzará al final de la narración su madurez como persona, representada en el amor y el deseo que lo asaltan y en la toma personal de decisiones.  Esta evolución se realiza en plena comunión con una naturaleza colmada de color y de vida diversa... Todo esto y más se puede contemplar y disfrutar a través de la lectura de esta novela. 
«Tenía la sensación de que con cada día de marcha maduraba y se fortalecía. Los hombres seguían metiéndose con él, pero su camaradería se acrecentaba. Cuando por la noche se sentaba con ellos, le hacían sitio y lo incluían en la conversación.»
Verdaderamente, el mundo en que se desarrolla la vida de este joven Yusuf , que en ocasiones, como se ve en la cita anterior, acompaña a Aziz en sus viajes de mercader por el interior del país, es de una gran belleza. Hasta las venganzas de los llamados "salvajes" que se sienten explotados y engañados por otros mercaderes que han pasado por sus tierras entran a formar parte de la vida hermosa que se disfruta en estas tierras de animales salvajes, lluvias fuertes seguidas de sequías terribles, y de mujeres que aman y desean amar. Como se ve, un Paraíso en la tierra.

Africanos en Gran Bretaña, Premio Nobel de literatura 2021
La prosa del autor me ha sorprendido por su prodigalidad en los calificativos que procuran color, calor y disfrute de los sentidos a los lectores. El diseño de los personajes es adecuado y bien proporcionado como se observa en el pequeño Yusuf y el algo mayor Khalil , entregados ambos chicos por sus padres al tío Aziz en pago por las deudas contraídas, y no satisfechas, con él. El Paraíso es el lugar donde este Aziz vive en compañía de sus dos esposas a las que tiene en un jardín que cuida Mzee Hamdani, un jardinero ya anciano, esclavo en su juventud, que pudiendo ahora disfrutar de la libertad ha preferido quedarse con el ama a cuyo padre sirvió desde bien joven. Otro personaje curioso es Amina, la hermana de Khalil cuya belleza atrae a Yusuf de manera irresistible.

Siguiendo en el capítulo de los personajes, en la novela me ha gustado observar  el cosmopolitismo de los mismos. A los autóctonos de etnia swahili como el propio Yusuf se unen árabes como el tío Aziz, el comerciante Hamid y su mujer Maimona o el organizador de las expediciones Mohammed Abdallah; también hay indios como Kalasinga, el mecánico que visitaba a Hamid y con el que éste disputaba amigablemente; o asimismo de la etnia chaga como Chatu, jefe de la tribu que vive a los pies del Kilimanjaro y que planta cara a los abusos y engaños que solía practicar el tio Aziz; y así otros más. 

Por encima de las consideraciones ya señaladas, destacaría la magia, el mito, la hermosa irracionalidad, presente en la novela, manifestada en forma de historias salidas de la boca de unos u otros personajes. Esta magia está cargada de simbolismos. Yusuf, el personaje principal del relato, es un hermoso muchacho que atrae tanto a hombres como a mujeres. Él es inexperto en estas lides y será Khalil quien, ante la insistencia de la joven Mª Ajuza por hacerse con el guapo joven, cantará las alabanzas y méritos de éste: «¡Yusuf el Magnífico, bendito de Dios, el nuevo Dhul Qurnain, asesino de Gog y Magog!». Estas alusiones a seres míticos y maravillosos presentes en el Corán, que Yusuf no conoce por no haber asistido el tiempo suficiente a la escuela coránica, se las aclarará el propio Khalil
«—Dhul Qurnain es un caballito que vuela. Si consigues cogerlo y asarlo sobre un fuego de madera de clavero, y comer un trozo de cada miembro, incluidas las alas, te proporciona poder sobre las brujas, los demonios y los espíritus necrófago. Entonces si lo deseas, puedes pedirle que vaya a China, Persia o India y traiga para ti una princesa hermosa y delgada. Pero el precio que tendrás que pagar es convertirte en prisionero de Gog y Magog... de por vida.»

  La formación de niños y jóvenes en la fe de Mahoma la realizaban profesores que dilataban la misma para no perder sus ingresos. Lo cuenta el mismo narrador cuando explica el porqué de que Yusuf no supiera leer las suras coránicas que el comerciante Hamid ponía ante sus ojos

«Cuando tenía siete años, lo enviaron al profesor de la ciudad, a la que acababan de mudarse, para que lo educase en la religión. El profesor no tenía prisa por ver a los niños completar sus estudios, ya que cuando uno de ellos había logrado leer el Corán desde el principio hasta el final, él se quedaba sin unos honorarios mensuales. Se suponía que un niño debía asistir a las clases durante cinco años para completar sus estudios. Esto era justo tanto para el profesor como para los alumnos. Los niños realizaban muchas tareas para el profesor; limpiaban su casa, recogían leña, hacían recados.»

Formando parte de este ambiente mágico, maravilloso, en el que se desarrolla la novela ocupa un lugar importante la superstición:
«Khalil contó a Yusuf historias de lobos y chacales que robaban bebés y los criaban como bestias alimentándolos con pecho de perro y carne regurgitada. Les enseñaban a hablar su lenguaje y a cazar. Cuando eran mayores hacían que se apareasen con ellos para engendrar hombres lobo que vivían en lo más profundo de la selva y sólo comían carne podrida.»
Y también, claro, no se puede obviar, estando situada la acción en torno a 1914 y dentro de una cultura tradicional mahometana, el machismo, la presencia clara y evidente del machismo. El mismo es perceptible en el comportamiento de la mayoría de los personajes -indistintamente hombres y mujeres-  aunque explícitamente lo expresa el comerciante Hamid Suleiman a propósito de las risas que su mujer Maimuna echa al ver que su marido está dispuesto a despejar una zona de selva para que el idealista Yusuf hiciese el jardín que siempre deseó:
«—¿Dónde crees que estaríamos si lo hubiésemos dejado todo en manos de las mujeres? —dijo—. En las cavernas, te lo aseguro./span>»

 

Para finalizar
Mi propósito al elegir leer Paraíso de Abdulrazak Gurnah no era otro que conocer la literatura de este tanzano residente en Gran Bretaña que ha logrado para el continente africano uno de los pocos Premios Nobel que los académicos suecos han dado a África.

 Al llegar al final de la novela que he tenido en mis manos entindo a la perfección el sentir del Comité sueco expresado en la justificación de la concesión del galardón: «descripción de los efectos del colonialismo». Sí, tales efectos -perniciosos todos ellos- son evidentes y patentes en "Paraíso": destrucción de la belleza y equilibrio natural presentes en el continente, abandono del mismo por parte de los jóvenes que podrían sacarlo hacia adelante, imitación y copia de los comportamientos destructivos de los colonizadores europeos «famosos destructores de naciones», y el abandono del nomadeo y del tradicional comercio entre tribus a través del trueque:
«—¿En qué próximo viaje queréis participar? No habrá próximo viaje —contestaba el mnyapara, con una expresión de mofa y malicia en su rostro cruel y altanero—. Los europeos se han apoderado de todo.»


El Paraíso en el que Yusuf se ha formado y al que ama, pero no pertenece, le cierra las puertas. Es un apátrida. No va a tener más remedio que abandonarlo a su pesar: 
  • «A la luz del día comprobó lo mucho que había crecido el jardín. Los jóvenes naranjos que se alineaban en el muro más alejado se habían estirado y ensanchado, y los granados y las palmeras se veían tan redondos y robustos como si fueran a estar allí eternamente. El verde cerezo, que había crecido y cuya copa tenía ahora una forma esférica, se hallaba cubierto de flores blancas. Entre el trébol y la hierba vio ortigas altas y matas de espinacas salvajes, y las flores de lavanda se debatían para asomar entre las lilas y los lirios manchados de barro. El borde del estanque donde desembocaban los canales estaba medio oculto por un manto de algas espumosas, y el cieno frenaba el paso del agua. »
  • «Podía ir al pueblo de la montaña, donde Hamid lo torturaría con preguntas farisaicas y Kalasinga lo entretendría con sus fantasías. O reunirse con Hussein en su retiro de la montaña. Poca satisfacción podía encontrar allí. O dirigirse al poblado de Chatu, para convertirse en el payaso de la corte de su feudo de poca monta. O a Witu, para visitar a la madre de Mohammed, el fumador de hachís, y ver la tierra fértil que había perdido por culpa de sus transgresiones.» 


9 abr 2020

Mia Couto. "Cada hombre es una raza"

17 comentarios:
Escuché el nombre de Mia Couto hace unos años recomendado por una amiga. Al oírlo pensé, equivocadamente, que sería el de una autora portuguesa o brasileña, claro. Ana, compañera y amiga de tertulia, nos lo ha venido recomendando desde ya hace meses. Volvió a sonar en la última presencial que tuvimos a la hora de proponer lecturas para la que ya intuíamos inminente cuarentena. Así  he llegado hasta este libro, su 2ª colección de cuentos titulada "Cada hombre es una raza".

Muchas cosas se aprenden leyendo. Estas son algunas que este libro de Mia Couto me ha desvelado: La primera fue descubrir que, pese a que el nombre propio Mia apunta a sexo mujer, sin embargo en este caso es hipocorístico de António Emílio Leite Couto, o sea, un hombre. Mi segundo descubrimiento ha sido el de su nacionalidad: mozambiqueña y no portuguesa ni brasileña; mozambiqueño nacido en 1955 en Beira, la segunda ciudad en importancia del país. Al ver su imagen en internet descubro asimismo que es de raza blanca y al informarme lo entiendo: hijo de emigrantes portugueses instalados en Mozambique en los años 50. Mis otros descubrimientos han sido de orden literario según avanzaba en la lectura de los 11 cuentos que componen este libro.

"Cada hombre es una raza"

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Mario Morales (traductor), Cada Homem é uma Raça (1990)

«Mi raza soy yo mismo. La persona es una humanidad individual. Cada hombre es una raza, señor policía.»


Cuentos de encuentros y desencuentros entre la cultura africana y el racionalismo occidental, entre las tradiciones mágicas y el modernismo escéptico, entre la fantasía y la leyenda.


Estos relatos nos hablan de la ternura de la pasión, de los prejuicios racistas, de las fronteras entre la aldea y el resto del mundo, del contraste entre los colonizadores y los colonizados, o de la venganza última de una esposa engañada.


Mia Couto transforma en literatura viva el habla popular y la historia cotidiana de los habitantes de Mozambique en esta colección de historias que despliegan todo el colorido y la magia del continente africano.


Comentario
Colección de 11 cuentos. Mis sensaciones sobre los mismos son bastante desiguales de unos a otros. Los hay que están bastante próximos a la realidad (independencia del país, especialmente) y resultan muy entendibles; los hay que se elevan a zonas espirituosas y/o legendarias en las que -sí, lo confieso- me pierdo estrepitosamente al no dominar sus referentes y mi satisfacción se precipita por el sendero de la insatisfacción; y por último los hay que combinan a la perfección elementos de los dos tipos anteriores y me resultan mágicos, poéticamente literarios, y de gratísima lectura.

En general detecto en ellos unas constantes: los hombres destacan por su vagancia, las mujeres por el misterio y la magia que en sí mismas encierran. Cuando los hombres dejan de lado esta vagancia se decantan por la violencia que roza a veces la barbarie y que en ocasiones, víctimas del alcohol, vierten sobre sus propias mujeres; por su parte las mujeres se presentan como más amables, menos violentas, enamoradizas, deseosas de realizarse como tales, fieles a sus hombres a pesar del maltrato que algunas reciben de ellos. Diríase que es un mundo tradicional el que se muestra, como si no hubiese posibilidad de cambio; sin embargo en varios de los cuentos se atisba el mismo, se vislumbra progreso hacia una mejor relación entre ambos sexos.

Hay muchas referencias al tiempo. El tiempo como un continuum es el propio de las leyendas; luego aparece también el tiempo del mundo antiguo -el país anterior a la independencia- y en el mismo sentido el tiempo futuro en aquellos cuentos en los que la esperanza radica en ese nuevo país que se intuye, que vendrá tras liberarse del colonialismo padecido durante siglos. Estos últimos cuentos están mucho más pegados a la realidad ("Los mástiles de Más Allá", por ejemplo), aunque incluso en ellos los elementos mágicos se hibridan con los reales creando una mezcla que capta al lector ("El apocalipsis privado del tío Gueguê").

En el terreno de la fantasía, de lo legendario es donde cabe situar la mayoría de los relatos, siendo para mí esto uno de los grandes méritos de la literatura de Mia Couto. Las leyendas, el elemento mágico reposa casi siempre en historias de amor, de rapto amoroso, de relación hombre-mujer. Estas historias las transmite el autor con un lenguaje hermoso, bello, muy poético, que al hundirse a veces en tradiciones ancestrales las comunica a través de un habla que se sumerge en la irracionalidad. Lo hace fundamentalmente mediante creaciones léxicas sorprendentes fruto de la unión de dos términos en uno nuevo e inexistente: tiritanteaba, benevalentía, temedrosos, infantasías, sobremarino, sobrevivo, argumentiras, etc. Otras veces esta dimensión irreal, evanescente, de difícil comprensión, la expresa a través de vocablos poco usados o arcaísmos como 'encarrujada', 'cárnido' y otros de este jaez.

Penetrar el ámbito de lo mágico, de la creencia irracional, de lo que difícilmente puede explicarse de manera inteligible exige la utilización de recursos literarios que sirvan para realzarlo. Por ello es frecuentísimo topar en estos cuentos con antítesis, oxímoron, paradojas... También en unas culturas como las de los pueblos mozambiqueños en las que el animismo es elemento central, la lengua debe estilizarse y esforzarse para dar visibilidad a una existencia en la que tienen cabida hechiceros, chamanes o brujos como sucede en el cuento ya de extraño título, "El exfuturo padre y su exviuda", en el que Benjamín, casado con Anabela que le rehúye, deberá por consejo del enfermero Bila pasar tres semanas con una vieja bruja si es que quiere conseguir ser aceptado por ella. También es absolutamente propio de una concepción animista la fusión de contrarios como pasado-futuro, viudez-casorio visibles en el título del cuento citado antes; pero también se constata esta dualidad imposible en la unidad en un mismo ser de los conceptos hombre y mujer: 
[la mujer] "me explicó sus razones: sólo ella guardaba la eterna gestación de las fuentes. No siendo ella. yo no estaba completo, hecho sólo con la arrogancia de las mitades. No encontraría yo en ella mujer que fuese mía sino mujer en mí, esa que, en adelante, me encendería en cada luna" ('Mujer en mí')
Y estas imposibilidades sólo son realizables durante el sueño -muy frecuente este onirismo en varios relatos de la colección-, un sueño cuyos límites con la realidad son lábiles, huidizos. Y para llevar hasta el lector estas irrealizables acciones Mia Couto se sirve del lenguaje poético, el cual al embeberse con frecuencia en imágenes y metáforas hermosas nos hace recordar muchísimo al llamado realismo mágico de los escritores sudamericanos de los años 60 y 70 del siglo pasado. Igual que ellos, estoy convencido que si preguntáramos a Mía Couto por la dificultad de creer lo que dice al parecernos todo ello magia o leyenda nos diría como así hacían Rulfo, García Márquez, Miguel Angel Asturias o Vargas Llosa ante idéntica cuestión:  "¡Es auténtica realidad!". Una realidad, sin duda alguna, desconocida para los occidentales. Quizás por esto nos sorprendan a veces fenómenos inexplicables y naturales como del que ahora mismo estamos intentando escapar del mismo modo como siempre se ha hecho de los enemigos invisibles: escondiéndonos en nuestro baobab y creciendo hacia dentro de la tierra, buscándonos como seres primitivos, invocando a quien sabe qué deidades irracionales, escapando de los conceptos artificiales y falsos de comunidad o nación para refugiarnos en lo único cierto y auténtico que es la persona ("no era la aldea la que merecía salvación. Era la gente, la gente humana, esas personas que forman aldeas, familias de aldeas", 'La leyenda de la novia y el forastero')

La persona y su conjunto es lo único importante, lo único real. Cada persona, hombre o mujer, es un todo, es, como reza el título, una raza. Y esto es imposible que cambie. Tan imposible -o mejor, tan ilusorio- como las relaciones de poder que se establecen en esas aldeas y familias de aldeas
—Escucha, João. Siempre me asalta esta duda: ahora soy el criado del colono. ¿Después qué vendrá?
—Después vendrá la libertad, padre.
—Tonterías, hijo. Después seremos los criados de ellos, de los mussodjas. Tú no sabes qué es la vida, hijo. Esa gente habituada a los tiros no sabrá hacer otra cosa al final de la guerra. El azadón de ellos es la escopeta. ('Los mástiles del Más Allá')
Hay en esta colección de cuentos un alegato en contra de la violencia, de su uso gratuito, tan frecuente desgraciadamente en el continente africano, aunque no sólo en él.
"Al carecer de víctimas, los bandoleros retiraban los cuerpos de las sepulturas para volverlos a matar" ('El apocalipsis privado del tío Gueguê')
"Las palizas no son cosa de príncipes. Ellos no propinan golpes o la muerte, los encargan a otros. Nosotros somos la mano de sus voluntades sucias" ('La princesa rusa')
Pero sin ninguna duda lo que más capta y emociona de estos cuentos es la inmensa belleza que desprenden merced a la lengua cargada de poesía que su autor ha utilizado para componerlos y que su traductor al español, Mario Morales, logra transmitirnos en la excelente traslación que realiza del idioma portugués al nuestro. He aquí algunos ejemplos destacables.
    • La belleza de esa niña, sobrino, eres tú quien la pone. Las mujeres son muy extensas, uno las viaja, uno siempre se pierde en ellas (El apocalipsis privado del tío Gueguê)
    • Existen esas historias que, cuanto más se cuentan, menos se conocen. Muchas voces, al final, sólo producen silencio (El pescador ciego)
    • Sobre el tejado de zinc, se estrellaban gruesas gotas, embarazadas de cielo (Los mástiles del Más Allá)
Finalizaré destacando los cuentos que más me han interesado a pesar de la dificultad que supone elegir entre tanta belleza. El que abre la colección, "Rosa Caramela" es precioso, muy impactante; "El baobab que soñaba pájaros" es muy hermoso sobre todo al presentar asustados a los blancos colonizadores debido al atractivo que las historias contadas por un joven pajarero negro tienen sobre los niños; por el humor que contienen me han agradado y divertido mucho "El exfuturo padre y su exviuda" y "Rosalinda la ninguna"; y por el acercamiento a la realidad histórica del país colonizado por Portugal durante siglos y la facilidad para comprenderlos debidamente también destacaría los dos últimos: "Sidney Poitier en la barbería de Firipe Beruberu" y "Los mástiles de Más Allá".

La lectura de los cuentos contenidos en "Cada hombre es una raza" es una buena manera de iniciarse en la literatura de este mozambiqueño autor de novelas como "Tierra sonámbula" (Suma de Letras, 2002), "El último vuelo del flamenco" (Alfaguara, 2002), "La confesión de la leona" (Alfaguara, 2012) o "Jerusalém" (Alfaguara, 2009) entre otros títulos.

19 feb 2019

NoViolet Bulawayo. "Necesitamos nombres nuevos"

17 comentarios:
¿Crees que con ver la BBC ya sabes lo que está pasando? No, amiga mía, no lo sabes. Es la herida la que conoce la textura del dolor. Somos nosotros los que nos hemos quedado aquí y los que sentimos el sufrimiento de verdad, así que somos nosotros los únicos que tenemos derecho a hablar de ello, hablar de lo que sea y de quien sea. […] ¿Es tu país, Darling? ¿De verdad es tu país? ¿Estás segura?, me pregunta Chipo” 

Necesitamos nombres nuevos, NoViolet Bulawayo, novela africana, África
Un grupo de niños juegan y corretean por Paradise, imaginario barrio chabolista de una ciudad de Zimbabue, -quizás Tsholotsho, donde la novelista nació en 1981-, envueltos en la alegría propia de la niñez y acuciados por el hambre que los acosa. Para satisfacerla visitan con frecuencia Budapest, el barrio acomodado de la ciudad donde abundan los chalets en cuyos jardines crecen las guayabas. Pese a lo indigesto que es su fruto lo consumen con fruición movidos más por la necesidad que otra cosa. La historia la cuenta en primera persona Darling, niña de diez años cuya máxima aspiración como la de tantos compatriotas suyos es poder abandonar el país; ella parece que tiene ese momento cercano pues una tía suya, Fostalina, lleva en Detroit ya varios años y le ha prometido llevarla con ella. Junto a Darling crecen y juegan en este suburbio zimbabuense otros niños de nombres algunos tan simbólicos como el suyo: Chipo, Bastardo, Sabediós, Sbho (niña de 9 años), y Stina. Quien, por su atrevimiento, los lidera es Bastardo al que siguen casi ciegamente sus compañeros varones Stina y Sabediós, éste el más pobre de todos ellos.  El resto son chicas y en Chipo, embarazada a sus 11 años, ven anticipado el futuro que les espera. Pese a todo,  los cinco niños, viven felices en medio de una hambruna y pobreza desmesuradas.

Junto a ellos está el mundo de los adultos del que reciben la cultura de su pueblo ancestral mistificada con las aportaciones que durante cien años los colonizadores británicos les impusieron. Entre los adultos está el Profeta Revelaciones Bitchington Mborro, auténtico dirigente de la comunidad a la que se dirige en las celebraciones religiosas; para Darling es importantísima Madre de Huesos, su abuela,  que la cuida  mientras su madre está vendiendo en la frontera; Makhosi es primo de Darling y como el padre de ésta está en Sudáfrica, pero ninguno de ellos da señales de vida hasta que el padre muy enfermo vuelva a morir a casa; el curandero Vodloza es asimismo una personalidad respetada en el barrio de Paradise. Junto a estos mayores, podríamos decir tradicionales, que viven siguiendo las pautas atávicas de su pueblo, se hallan otros seres distintos, diferentes, como MadreAmor, la única persona que no corre a recoger los regalos que la ONG que los visita les lleva cada vez que lo hace; también es muy importante NacidoLibre, hijo de MaDubeNacidoLibre iba siempre junto a Mensajero hasta que fue asesinado y Mensajero tuvo que salir del país para evitar seguir la misma suerte. Estos dos personajes introducen en la novela el asunto de la lucha llevada por la oposición política contra el Anciano Presidente que gobernó dictatorialmente el país desde 1987 (Zimbabue logró su independencia en 1980) hasta su caída en 2017 en que un golpe de estado lo derrocó. Aunque no se le nombre este anciano presidente es Robert Mugabe quien tras conseguir al frente del ZANU la independencia de la antigua Rodesia se perpetuaría en el poder. Contra su falta de democracia y de respeto a los derechos humanos se levantó el Movimiento por el Cambio Democrático del que Mensajero y NacidoLibre, con seguridad, formaban parte. A ellos les pasó como a muchos otros zimbabuenses que creyeron en la Democracia prometida durante la lucha por la Independencia, al negárseles buscaron el Cambio, por lo que fueron perseguidos y algunos como NacidoLibre murieron.

Zimbabwe, Rodhesia, Robert Mugabe, Descolonización
A través de todos estos personajes sabemos de la reciente historia de Zimbabue y también de algunas de sus costumbres más arraigadas. Es a partir de la llegada de Darling a USA cuando, por contraste con las de América, se nos muestran más a las claras las peculiaridades de la cultura del país africano: del bullying infantil Darling toma conciencia por vez primera en Detroit; la obesidad y la anorexia, desconocidos ambos trastornos por la niña hasta verlo en USA; el distinto concepto de sufrimiento en uno y otro lugar: en África sufrir es pasar hambre e incluso morir por su causa, nada que ver con lo que en USA denominan sufrir; la manera de conocer el sexo en uno y otro país; la familia y atención a los mayores en Zimbabue tan distinta a la americana; la educación a los niños aquí y allí; el consumismo feroz frente a la constante escasez; etc.

La novela me ha parecido más una colección de relatos sueltos unidos por un leve hilo conductor que una novela en su pleno sentido. Apareció en 2013 y antes de ella NoViolet Bulawayo sólo había publicado un relato corto en 2011 ganador del Premio Caine para escritores africanos titulado "Hitting Budapest" que está en la base de esta primera obra extensa de la joven escritora zimbabuense afincada desde sus diez u once años en Norteamérica. "Necesitamos nombres nuevos" es una mirada nostálgica a la tierra de sus padres, la de sus antepasados, pero al tiempo también la expresión del convencimiento de haber hecho lo que debía hacer para salir adelante dado que en el país controlado dictatorialmente por el viejo presidente Mugabe no había esperanza de progreso alguno. El hambre era atroz, los abusos de los grupos paramilitares sobre la población blanca acomodada y la clase media productiva negra terribles; precisamente fue la ira contra los antiguos colonos blancos que detentaban los medios de producción y la destrucción de viviendas de la población negra acomodada lo que hizo caer la economía del país a unos niveles ínfimos. Familias como la de la narradora, la niña Darling, hubieron de abandonar sus antiguas casas para vivir en chabolas una existencia terrible. La Revolución se cargó la democracia esperanzadora traída por la independencia. En esta dura contradicción -el amor al país y el odio a sus dirigentes- se mueve la narradora, auténtico trasunto de la novelista.

Feminismo africano, #Metoo en África, Literatura africana
La novela tiene dos partes claramente definidas: una sucede en Zimbabue y la otra en USA. Da la impresión de que la escritora para dar visibilidad al mundo africano hace uso de cierto maniqueísmo que pone a África en el lado de los buenos frente a América, paradójicamente colocada en el lado de los malos. Es la contradicción eterna, ¡muy entendible!, de quien arrastra el sentimiento del desarraigo y evoca el Paraíso de su niñez, feliz pese a todo, en el país donde nació pero al que no desea volver porque las carencias y maneras de vivir allá chocan ya con su nueva mentalidad. 

El capítulo titulado 'Como se marcharon’ (págs. 127-128), que habla de la emigración, está situado justo en la mitad del libro, y sirve de gozne para marcar el inicio de la vida de la narradora en EEUU. Es en mi opinión, junto a los titulados "Cómo vivían" (págs. 204-215 ) y "Esto no es un juego" (págs. 116-126), literariamente hablando, de lo mejor de toda la novela. Es en ese capítulo en el que cuando Darling va a despedirse de su abuela Madre de Huesos ésta le dice unas palabras en mi opinión muy importantes: “qué clase de vida es ésta cuando todos nacéis para marcharos en tropel a otras tierras qué va a ser de este país va a ser una ruina”. En los otros dos capítulos citados hay momentos de verdadera altura literaria, algo que en mi opinión no abunda en esta novela, la cual se centra más en el aspecto denuncia de una situación bastante olvidada por Occidente (la de Zimbabue) y en el emocionado homenaje por parte de la novelista prácticamente ya norteamericana de facto a una cultura en severo peligro de desaparición. Pues bien esos momentos en los que se percibe a la escritora que NoViolet Bulawayo lleva dentro están contenidos en frases como las siguientes:
  • En América, vimos más comida de la que habíamos visto en toda nuestra vida, y estábamos tan contentos que rebuscábamos en los contenedores de nuestras almas para recuperar los trozos rotos y sucios de Dios.” (p. 205)
  • Cuando estábamos solos, llamábamos a los caballos de nuestros idiomas, montábamos sobre sus lomos y galopábamos entre los rascacielos.” (p.206)
De interesante hallazgo me parece la metáfora de las casas que se utiliza en la novela para presentar  la historia del país vista por cada una de las tres generaciones de mujeres que aparecen en ella:  en la perspectiva de Darling, 2 casas: la de ladrillo y la chabola hecha de latas; para la madre de Darling y la tía Fostalina, 3 casas: la casa de antes de la independencia, la de la independencia y la de cuando todo empezó a venirse abajo; y para Madre de Huesos, 4 casas: 'la casa de antes de que los blancos viniesen a apropiarse del país, cuando mandaba un rey; la casa de cuando llegaron los blancos y se apropiaron del país y entonces hubo una guerra; la casa de cuando los negros recuperaron el país, después de la independencia, y luego la casa de ahora' cuando el presidente anciano tiene sojuzgado al país.

Y sin lugar a dudas también hay un muy buen hacer literario cuando la novelista transfigurada en la niña que es Darling usa los tiempos verbales, el tono narrativo y la sintaxis tal y como hacen los niños pasando del pasado al presente visualizado, vívido, actual, que es propio en ellos:
Nos apretujamos en la chabola de MadreAmor como granos de arena, y dentro hace un calor sofocante y huele a sudor de adultos y a sobacos y a licor.” (66) 
Quizás, como escritora novel que es, NoViolet en esta opera prima peque en exceso de acumular en la misma temas y más temas. Cada capítulo, o sea, cada relato, viene a plantear un asunto referenciado siempre a Zimbabue: el sida, las minas de oro, el black power, el animismo, las ONG, el desencanto tras la consecución de la independencia, el cementerio de Heavenway, etc. Como ya he dicho, un capítulo que me ha gustado especialmente y que marca el cambio en la narradora es 'Como se marcharon’ en el que habla de la emigración, asunto importantísimo y emotivo por demás. A partir de aquí, en la parte situada en América, también se acumulan los temas: el bullying escolar (pp.144-145), la obesidad mórbida (p. 148), las bodas de conveniencia para lograr papeles legales de residencia (p. 150), la educación infantil aquí y allí (p. 158), el consumismo (tía Fostalina y sus compras televisivas en p.165), los problemas del emigrante con el idioma (pp. 168-170), internet: el porno y lo snuff (pp. 183-4), la desculturización del emigrado forzoso (capítulo “Cómo vivían” en pp.. 204-215), la anorexia y la bulimia en las chicas jóvenes (228), etc., etc.

Teju Cole, Chimamanda Ngozi Achidie, NoViolet Bulawayo
Sobrevolando toda esta inmensa acumulación de asuntos aparece uno, el de las mujeres, que se alza por encima de todos. Sí, en efecto, en esta obra, como en otras escritas por escritores africanos como los nigerianos Chimamanda Ngozi Adichie o Teju Cole, queda patente que son las mujeres las que llevan a sus espaldas el destino de África. Los hombres están trabajando en las minas, luchando en grupos militares o paramilitares, o bien como el padre de Darling han emigrado a Sudáfrica en busca de un futuro mejor, se supone, para ellos y sus familias... El caso es que son ellas, las mujeres, las que sacan adelante como pueden a los niños que ellos les hacen (el caso de Chipo es lacerante), las que transmiten el saber ancestral, las que se rebelan contra la exhibición de que son objeto por ese lavado de conciencia que en gran medida son las ONG que los visitan, las que dan el paso y abandonan el país en busca de un futuro mejor que piensan devolverle en cuanto puedan (Darling), y también las que se quedan cargando sobre ellas el peso de sacar adelante a las personas y las cosas (Chipo).

Final
Una novela que como ya me ocurriera con "Americanah" de Chimamanda Ngozi que leímos hace ya más de cuatro años en el grupo de lectura "más que palabras..." [crónica de dicha tertulia aquí] toca temas sensibles muy importantes. Son novelas que funcionan muy bien en tertulias por el debate que los asuntos planteados suscitan. Sin embargo, y con esto no quiero desmerecerlas en absoluto, literariamente -es mi opinión sobre estos dos títulos que conozco- no me aportan grandes cosas aparte del testimonio que difunden, importantísimo en su función socio-política de despertar conciencias dormidas y eliminar los tópicos que en Occidente funcionan sobre África y los africanos. Por lo demás en el terreno formal -y me refiero ya a la novela de NoViolet Bulawayo- es una escritura poco atrevida efectuada en primera persona de manera lineal y siguiendo las equilibradas pautas de construcción literaria que suelen darse en las escuelas de escritura creativa. En este sentido es un buen trabajo, y es esperable que la autora se arriesgue formalmente más en futuras creaciones que por ahora y desde 2013, año en que vio la luz "Necesitamos nombres nuevos", no han aparecido.