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11 ago 2020

Juan Marsé. "Caligrafía de los sueños"

9 comentarios:

"Lo poco que le retiene aquí es lo mucho que echa en falta. Cada vez que levanta la vista del libro se siente fuera de lugar, desplazado por un imprevisto golpe del destino, y ese sentimiento de desarraigo es más patente cuanto más cavila sobre su fortuito origen familiar." (p. 223, cap. 10: ‘Caligrafía de los sueños’)

Hay personas que, pese a no conocerlas personalmente, cuando desaparecen definitivamente dejan un vacío grande en nuestros corazones. Es lo que me ha sucedido con el fallecimiento de Juan Marsé el pasado 18 de julio de este año. Su literatura ha acompañado mi vida desde muy temprano. Recuerdo ahora mismo el regalo que un hermano mío me hiciera con motivo de un cumpleaños (el 18º o 19º de mi existencia, no más): se trataba de un librito de pastas azules con letras en blanco y de titulo un tanto extraño, "Encerrados con un solo juguete". Estuvo durmiendo unos años en casa hasta que un día lo abrí y descubrí a un autor nuevo que en ese volumen experimentaba con las formas narrativas. Aunque la obra en sí no fue totalmente de mi agrado sí que el nombre de quien la había escrito se me quedó grabado. Fue así como comencé a leer un buen número de novelas de este autor y a seguir con especial deleite algunas de las muchas adaptaciones cinematográficas que se han hecho de un buen número de ellas.

Si no recuerdo mal, de Juan Marsé he leído, además de "Encerrados con un solo juguete" (1960), 
Novela autobiográfica, novela de aprendizaje
"Últimas tardes con Teresa" (Premio Biblioteca Breve, 1966) [tengo reseña hecha en este blog], "La chica de las bragas de oro" (Premio Planeta 1978), "El embrujo de Shanghai" (1993), "La oscura historia de la prima Montse" (1970) y "Esa puta tan distinguida" (2016) [tengo reseña hecha en este blog]. No son muchas desde luego, pero creo que sí que me dieron una adecuada perspectiva de la inmensa altura de este catalán nacido en Barcelona en 1933.  En cuanto a adaptaciones cinematográficas he visto en pantalla "Últimas tardes con Teresa" (del director Gonzalo Herralde, 1984), "La muchacha de las bragas de oro" (de Vicente Aranda, 1980) y "El embrujo de Shanghai" (dirigida por Fernando Trueba en 2002). Seguramente alguna más como "Si te dicen que caí" (Vicente Aranda, 1989) pero no lo puedo afirmar con rotundidad. 

Al morir Juan Marsé, toda España dedicó a su figura minutos televisivos y páginas en los principales periódicos. Tras leer y escuchar los panegíricos que le dedicaron quise leer la que se considera su novela más autobiográfica, "Caligrafía de los sueños". Es lo que he hecho durante estos días veraniegos de finales de julio e inicios de agosto y he de confesar, así sin más, que la novela en cuestión, publicada en 2011, me ha gustado mucho.

"Caligrafía de los sueños"

Resumen y sinópsis (tomado de la contraportada de la novela)
A mediados de los cuarenta, Ringo es un chaval de quince años que pasa las horas muertas en el bar de la señora Paquita, moviendo los dedos sobre la mesa, como si repasara las lecciones de piano que su familia ya no puede pagarle. En esa taberna del barrio de Gracia, es testigo de la historia de amor entre Vicky Mir y el señor Alonso: ella, una mujer entrada en años y en carnes, masajista de profesión, ingenua y enamoradiza; él, un cincuentón apuesto que empezó frecuentando a la mujer para curarse de una lesión en el pie y ha acabado instalándose en su casa. Allí viven junto a Violeta, la hija de la señora Mir, hasta que sucede algo inesperado: un domingo por la tarde, Vicky se echa a las vías de un tranvía intentando un suicidio imposible y patético, mientras el señor Alonso desaparece para no volver. Lo único que queda de él es una carta que prometió escribir y que Vicky estará esperando y deseando hasta la locura, mientras Violeta mueve sus espléndidas caderas por el barrio, hosca e indiferente a los halagos.

La vida entera discurre por el bar de la señora Paquita y bajo la mirada de Ringo, que ahora escucha, lee, y finalmente empezará a escribir las palabras de lo que será su primer relato. Un encuentro casual con el señor Alonso ligará para siempre la historia de los amantes con la de Ringo y con la triste caligrafía de toda una generación que alimentó sus sueños en los cines de periferia y en las calles grises de una ciudad donde el futuro parecía algo improbable.

Mi comentario
En la novela se suceden en sabia combinación una serie de cuadros o de estampas de sesgo muy costumbrista:  Barcelona. Los años 40. El racionamiento. De fondo, la represión. Las dificultades para sacar la familia adelante. Las ilusiones y fantasías infantiles. La escapada a través de los tebeos. La invención de 'aventis'. La adolescencia. Los primeros escarceos amorosos. La llamada del sexo; su urgencia mayor en unos (Quique) que en otros (el mismo Ringo). Las relaciones de vecindad. Las ilusiones y desilusiones de los mayores. Los bailes de los domingos. Las calles y los barrios: el Guinardó, el Carmelo, la Travesera de Salt, Paseo de Gracia, Barranco de las Flores... Los héroes novelescos y de los cómics casi más reales que la propia realidad. El Cine y los cines. Los artistas del celuloide. Los grandes personajes cinematográficos. Toda una época reflejada en la vida diaria de unos personajes populares, vitales, auténticos. Más que costumbrismo, realismo tierno, melancólico, incluso nostálgico, de un tiempo fenecido, irrecuperable ya... La vida en suma. 

Además de esta radiografía de un tiempo contemplado por el escritor desde la altura de los años, -la novela sale a la luz en 2011, dos años después de haber recibido Juan Marsé el premio Cervantes. Tiene en ese momento el novelista 79 años-. el autor rememora sus vivencias personales a través de Ringo, ese chiquillo que como él trabaja en una joyería y que se va abriendo a la vida real junto a sus amigos ("Están sentados en corro al estilo indio en la ladera sur de la Montaña Pelada, con los ojos al acecho y el oído atento, son el Chato Morales, Roger, los hermanos Cazorla, el Quique Pegamil, Julito y él mismo") y también a la literaria a través de su tremenda afición a la lectura que practica a todas horas en la taberna de la señora Paquita, afición que se ve acrecentada durante la convalecencia a que se ve obligado por la pérdida de un dedo de la mano mientras trabajaba en su ocupación de orfebre:
"La convalecencia, más larga de lo previsto, al liberarle del trabajo favorece las lecturas más caprichosas, diversas y disparejas. De Karl May a Balzac y a Dostoyevski, de Julio Verne a Edgar Wallace y a Papini, Zane Grey, Curzio Malaparte, Stefan Zweig y Knut Hamsun." (p. 137)
Estas lecturas avivan la imaginación del niño que se va haciendo hombre. Todo lo que vive y acontece lo pasa por el filtro de su desbordante fantasía. Asistimos en esta novela al nacimiento de la escritura en un ser humano, el propio Juan Marsé a través de Ringo, su alter ego. La vena artística presente desde el principio y desarrollándose poco a poco a golpe de observación, de recreación mental, de fantasía, de imaginación... Recuerdos, quizás, de su propia experiencia vital tanto en el terreno personal (su condición de niño adoptado) cuanto en el terreno profesional: el nacimiento del escritor.

Es frecuente en mí la expresión 'vive en un territorio llamado literatura' al hablar de algunos escritores, por así parecérmelo. Y sin duda en esta novela es más que apropiada tanto para el personaje de Ringo como para su referente real, el autor que en él se ficcionaliza. Cuanto realiza o ve el adolescente lo filtra a través de su imaginación. Así una gitanilla que ve en una taberna amamantando a su criatura es transfigurada por el novelista en ciernes intuyendo que le servirá en alguna de sus futurascreaciones literarias: " [...] se desplaza ligeramente en la barra para enmarcar correctamente la imagen, fijarla y grabar en la memoria lo que sabe ha de devenir inolvidable: la azarosa transfiguración de la belleza en el rostro de la muchacha, la cabeza ladeada con los labios entreabierta y los parpados cerrados, morados y pesados os, sus brazos de niña rodeando al bebé, la persistente dulzura y tensión de las manos sujetándole, el precario equilibrio de la silla.

La Barcelona de Juan Marsé, el Raval
La ciudad que habita -Barcelona-, el marco donde crece y se hace hombre este Ringo, la presenta el autor de modo magnífico: 
"Antes de alcanzar las Ramblas caen las primeras gotas. No hay tranvía ni metro a estas horas de la madrugada. Mejor, Ringo, a pata hasta casa bajo la promesa de la lluvia. Primero Ramblas arriba y luego cruzar la plaza de Cataluña desierta y espectral, subir por el paseo de Gracia y girar en la Diagonal hasta el paseo de San Juan, y de allí hasta la Travesera para volver a girar a la derecha y enfilar la calle Escorial. Al fondo de algunos portales emerge de entre las sombras la muchacha del espejo haciéndole señas, abriéndose la blusa. Lluvia en los zapatos. Nubes grises en la boca. El mensaje rosado en el bolsillo. A mí qué hostias me importa la dichosa carta. Por Escorial hacia arriba y todo recto, no te distraigas, a la derecha evito las sombras de la avenida del General Mola-Mulo-Mola, así es como lo llama el Matarratas." (p. 265)
Y en esta ciudad de los años 40 la lucha por la vida en forma de 'contrabandeo' económico y también político llevando de acá para allá (Francia) cartas y mensajes a los huidos de la represión franquista es practicado por algunos concienciados como Pep el Matarratas, el padre de Ringo, cuyas actividades son objeto de comentario por parte de sus vecinos:
"-¡Naranjas de la China, Blay! -exclama el señor Sucre-. Si te dedicas al contrabando y al estraperlo, y te pillan, te juzgarán por estraperlista y por contrabandista, es decir, por delincuente, por malhechor, no por otra cosa.
-Pero él es más que eso- dice el viejo Blay.
- Ya. Pero ese plus suele estar a cargo de los hombres de la frontera. Y él no es un hombre de la frontera. Es un hombre viajante de comercio, digamos. O sea, entre comillas." (p. 332)
Ringo es feliz cuando su padre le encarga entregar algo a alguien, pues mentalmente se transforma en alguno de los héroes de esos cómics que siempre lleva consigo. Pero al tiempo no entiende a Pep cuando quemando documentos y libros comprometedores ve que entre ellos va una novela sobre Bill Barnes, el héroe de la aviación. Ringo se lamenta y recrimina a su padre tal acción. Pero luego en su imaginación ve al aviador remontar el vuelo y saludarle alegre con la mano. La literatura es lo que siempre lo salva y lo salvará.

Final
Novela magnífica por el asunto, la manera de presentarlo, los personajes populares auténticos, las ilusiones que hacen vivible la dura existencia, la veracidad del lenguaje manejado (“ir de burilla" referido a ir de fiesta, de fulanas, echar una canita al aire;  “¡Nunca vendrán, hostia! ¿No ves que no pintamos nada, hombre, no ves que somos el culo del mundo?”, dice Pep hablando con Batalla el acomodador del Cine Plaza (antes Maryland) sobre la ayuda de los aliados a la España vencida; o cuando con ingenuidad infantil los chicos viendo en el cine Delicias una película de el Zorro (Tyrone Power) escuchan de boca de uno de los personajes una alusión a la ciudad de Barcelona con lo que entienden que si en Hollywood saben que esta ciudad existe entonces no somos el culo del mundo dado que el capitán  Esteban Pasquale (Basil Rathbone)¡Por algo fue profesor de esgrima en Barcelona!.

Autores catalanes castellanoparlantes

No sirve de nada hacerlo, lo sé, pero ahora lamento no haberla leído antes. De todas maneras se haga cuando se haga siempre es una auténtica gozada leer a un maestro. Juan Marsé lo era en vida y seguirá siéndolo eternamente porque desde hace ya años forma parte de la historia eterna e inmortal de la literatura española.

9 may 2017

"ESA PUTA TAN DISTINGUIDA": Lo último de Juan Marsé

8 comentarios:
Hacía tiempo que no caía en mis manos algo reciente de Juan Marsé. Diríase que los clásicos -Marsé lo es ya, sin duda alguna- se quedan unidos a sus obras señeras ("Si te dicen que caí", "La oscura historia de la prima Montse", "Últimas tardes con Teresa" [reseñada en este blog. Ver aquí], "La muchacha de las bragas de oro"...) que se citan y se releen como si el universo creativo del escritor estuviese ya definitivamente cerrado.

Juan Marsé, Generación del 50, novela social realista española
(tomada de Diario16.com)
Sí que he visto últimamente adaptaciones cinematográficas de algunas de sus novelas -muchas se pasan por television con cierta frecuencia-. Ahora mismo recuerdo estos títulos: "La muchacha de las bragas de oro" (Vicente Aranda, 1980), "Últimas tardes con Teresa" (Gonzalo Herralde, 1984), "Si te dicen que caí" (Vicente Aranda, 1989), "El embrujo de Shanghái" (Fernando Trueba, 2002)... Marsé escribe de una manera que se presta mucho a que sus creaciones sean transformadas en guiones de cine. No en balde sus inicios profesionales en el campo de la escritura fueron en una revista de cine, la barcelonesa 'Arcinema'; y en esta última novela, "Esa puta tan distinguida", el narrador-autor-protagonista se encuentra en el trance de escribir un guión de cine. Quizás Marsé escriba todavía alguna narración más, -ya tiene 84 años de edad-,  pero yo diría que la que acabo de leer supone en cierto modo una conclusión, el cierre de un periplo, un regreso a sus orígenes: el Cine.

La reseña
El narrador-autor recibe el encargo de pergeñar un guión cinematográfico sobre un asesinato cometido en la Barcelona de1949 en la sala de proyección de un cine, el Cine Delicias. Estamos en julio de 1982, en plena efervescencia de la Transición política, a pocos meses de que Felipe González gane las elecciones en España, y el director del film, Héctor Roldán, quiere evitar introspecciones, justificaciones emocionales en los personajes...; quiere los hechos objetivos, puros y duros, de modo que de su mera presentación puedan derivarse críticas políticas adecuadas y pertinentes a las fuerzas represivas de la dictadura franquista. Pero el guionista gusta de indagar, de ahondar en los personajes por lo que se empapa de lo que dijeron sobre el asunto los periódicos de la época, revisa lo que guardan sobre el  crimen los archivos policiales y, aprovechando que el asesino convicto y confeso, Fermín Sicart, ya hace tiempo que cumplió su condena, decide llamarlo para hablar con él sobre este suceso. 

El Raval y Marsé, el Guinardó, BarcelonaFermín le da pelos y señales sobre sus relaciones con Carolina Bruil Latorre, la prostituta asesinada. Dice que la amaba, pero no puede explicar debidamente el porqué de su asesinato. Diríase que Fermín padece un síndrome de amnesia inducida. En su diálogo con el narrador aparecen otros personajes importantes en la trama: Braulio Laso, anarquista de la CNT, marido de Carolina; Ramón Mira, falangista y chulo de Carolina; Liberto Augé, jefe de cabina que enseñó a Fermín todo sobre proyección y que siempre le advirtió del peligro que corría por su afición a las mujeres; los doctores Tejero-Cámara y Suárez y Gil que experimentaron sobre Fermín sus estúpidas y terribles teorías sobre la necesidad de extirpar el gen rojo que acompañaba a no pocos españoles... Con los nombres y comportamientos de estos doctores y del izquierdista Fermín se parodia lo acontecido en España durante los años de la inmediata transición política.

Al director Roldán no le interesa para nada la verdad auténtica, lo único que busca es dar forma a un alegato político con funcionalidad en el momento álgido de la transición que en ese momento están viviendo. Interesa la memoria, pero dirigida, y así lo considera el narrador tras las sesiones pagadas de diálogo con Sicart
"Además del firme convencimiento de que al poder no le gusta nada que recordemos, tenía yo muy presente que recordar es interpretar, es ver las cosas pasadas de una determinada manera. Así que habría que estar atento" (pág. 118). 
Por eso si cambia la circunstancia presente, el pasado se visualizará de otra manera. Así lo comprende el guionista-protagonista cuando el productor Moisés Vicente Vilches, que promovía la película política que quería filmar Héctor Roldán, es sustituído por Edgardo Mardanos, especializado en el destape cinematográfico que tanto éxito estaba teniendo en esos primeros años ochenta. El narrador-autor-protagonista se queda de una pieza cuando constata que en este nuevo contexto lo importante ya no es tanto el absurdo e incomprensible asesinato cuanto el personaje de Encarnita, la prostituta ciega amiga de la Carol asesinada, que interpretaría Elsa Loris, actriz próxima al cine porno: "Lo importante, lo que cuenta, no es tanto la desmemoria del asesino, sino la ceguera de esa entrañable putilla" (pág. 228).

Sí, evidentemente, la memoria es caprichosa, mixtificadora, engañosa, falsa, mentirosa y muy a menudo, cada vez más -piensan los dos personajes principales: el narrador y el asesino confeso-, se niega a dar la cara, convirtiéndose en la puta memoria, en esa puta tan distinguida ("Mi próxima novela tratara de las añagazas y las trampas que nos tiende la memoria, esa puta tan distinguida", pág. 10). 

➥ Metaliteratura
Es una narración en la que Marsé reflexiona mucho sobre el proceso de creación. Constantemente el narrador está dándole vueltas al guión que está construyendo. El hecho histórico que la mente devastada de Sicart está exponiéndole hace aguas por varios sitios. Por ejemplo, al guionista le parece dudoso que el asesino sostenga que en las dos visitas que Carol le hizo, en ambos momentos en el Cine Delicias se proyectase la misma película, "Gilda". No le parece verosimil: 
"En ambas visitas de Carol, la primera y la última, con dos años de por medio, el Delicias exhibía la misma película. Estuve a punto de probar a implantarle un recuerdo falso -un injerto, un mero artificio de la memoria destinado a fortalecer la trama con ecos y resonancias-, una escena confeccionada con los mimbres de lo verosímil y ver si la asumía" (pág. 210).
Rita Hayworth, Charles Vidor, Billy Wilder, Buñuel, Frank CapraLas alusiones a títulos de películas ("Roma, città aperta" de Roberto Rossellini, "Nazarín" de Buñuel, "La hija de Ryan" de David Lean...) y a nombres de directores (Raoul Walsh, Rossellini, Frank Capra...) sirven al relato de elementos referenciales en los que apoyar argumentos e informaciones. Así "Gilda" de Charles Vidor llena todo el relato pues la relación entre los personajes del film se asemeja a la de Carol y Fermín, además de afectar también al mundo real del propio escritor quien se ve reflejado en esos chicos que en el cine fantasean sobre la continuación de la escena de Rita Hayworth cuando tras quitarse el largo guante negro la película siempre se cortaba.  Y si "Gilda" es el referente para la historia de 1945, "Testigo de cargo" de Billy Wilder cumple la misma función pero referida ya al cambio de orientación del proyecto cinematográfico que la productora Vilma Films tiene entre manos al haber cambiado las circunstancias politicas.

En el campo estricto de la literatura, el autor-narrador reflexiona y sin previo aviso cambia al espectador por el lector: 
"Estás preparando al lector para algo que no le vas a dar, me dije, cuando te gustaría prepararle para darle algo que no espera... aunque tú mismo ignoras qué podría ser" (pág. 140). 
La unión, la mezcla, entre cine y literatura también se marca en la identificación entre el narrador-autor-protagonista y el personaje real y ficticio de Sicart: 
"Se levantó contrariado, refunfuñando en voz baja y para sí mismo:  "A ver si mañana me acuerdo mejor, coño, a ver...", pero antes de irse permaneció un rato junto a la baranda mirando cómo la noche caía sobre la ciudad. [...] Una ciudad fantasmal, invernal y remota, inexpugnable, tan obsoleta y a la vez tan persistente en su ánimo como en el mío. Y sería quizá por eso que [...] algo indefinible me empujaba a ponerme en su lugar ya mirar el perfil de la ciudad con sus mismos ojos descreídos y desde su misma perspectiva: haber sido él, haber vivido aquel horror, haber estado allí aquel nefasto día, haberme sentido impelido a matar... Aunque el sentimiento de pérdida o de desarraigo con la ciudad no podía ser el mismo, pues el destino había sido mucho más severo con el que conmigo, sentía que el túnel de la desmemoria donde él parecía perdido no podía, no debería serme totalmente ajeno" (pág.138).
Hay, claramente, una mezcla entreverada de realidad en esta ficción, y a la inversa. Las figuras del pasado 1945, buscadas -y perdidas- en el recuerdo desvencijado de Sicart y en los documentos policiales y judiciales resucitan en los folios del guión cinematográfico que el narrador -Marsé sin duda alguna- está realizando. Verdad, realidad, recuerdo, ficción, mixtificación, memoria..., ambigüedad, desmemoria... están ahí:
 "No sabría decir cuáles son los límites de la ficción al recrear una verdad histórica; probablemente no es aplicar más luz sobre el hecho real, sino realzar los claroscuros, las ambigüedades y las dudas, aquello que constituye la expresión más viva de la verdad." (pág. 208)
➥ Humor
La novela plantea el asunto de la memoria, de la poca fiabilidad de la misma, de la desmemoria en definitiva, con un punto de humor que a mí me ha convencido y entretenido. Felisa, la asistenta del narrador, es el personaje sobre el que se sustenta el humor en esta novela. Ella es una enamorada del Cine y constantemente está proponiéndo a su jefe acertijos cinematográficos que, por insistentes y reiterativos, le tienen ya un poquito harto. Además no hace distingos e igual que los lanza a su patrón lo hace a las personas que éste recibe en casa, consiguiendo con ello algunos logrados momentos en el relato.

Mención aparte dentro de este apartado del humor son las divertidas alusiones a algunos políticos. Antes me he referido a los de la época de los primeros años ochenta (Tejero-Cámara, Suárez...), pero el escritor rompe el corsé temporal y lanza humoradas sobre algunos políticos actuales, muy mediáticos, del nacionalismo catalán. Los convierte en personajes comparsa del espectáculo de variedades del salón Guinardó [La "Ronda del Guinardó" es el título de una de sus novelas publicada en 1984 y, además, en ese distrito barcelonés es donde sitúa la  mayoría de sus relatos]. En ese Salón, pues, actúan "RUFIÁN y TARDÁ, afamada pareja de payasos volatineros y saltimbanquis", y también "PILAR RAJOLA, contorsionista verbal y cómica radiofónica".

Final
Novelas de Juan Marsé, los estragos de la edadEn verdad, esta novela, cuya historia  ha distribuido el autor en 16 capítulos, se encuentra prácticamente comprendida en su integridad en el primero de ellos, donde aparecen 48 respuestas que el autor-narrador está dando a una periodista que, supuestamente, le entrevista por vía telefónica. En estas respuestas hay alusiones a su real peripecia vital (soy "hijo adoptivo y de incierto origen biológico", "Perdí este dedo a los quince años. Se lo tragó una laminadora"); a su gran amor al Cine ("Le cambio la película entera por un plano de John Ford", "Lo que yo envidiaba a los quince años era el juego de cejas de Clark Gable"); a su pensamiento político ("La identidad nacional me la trae floja. Se trata de una estafa sentimental", "La patria que proponen los nacionalistas es una patraña sentimental", "No. La verdadera patria del escritor no es la lengua, es el lenguaje"); a su poética creativa ("En mis ficciones, la vivencia real se somete a la imaginación, que es más racional y creíble. En la parte inventada está mi autobiografía más veraz", "Menos adjetivos y más sustantivos, eso es lo que necesita hoy la novela"); y, por último, hace
una valoración de la novela que el lector está a punto de comenzar a leer:
"Al terminar de escribir ese libro me sentí muy mal. Satisfecho con las partes, pero desconcertado con el todo. Me sentía como si me hubiesen trabado el argumento, el corazón de la trama". Y aunque en la siguiente respuesta viene a corregir lo aquí afirmado ("Olvide eso y recuerde lo que dijo Nabokov: 'De nada sirve leer una novela si no se le con la médula')".
Es muy relevante esta consideración pues, desde luego, "Esa puta tan distinguida", aunque es una novela entretenida y que se lee con gusto no es la narración que va a hacer pasar a Marsé a la posteridad. Más que otra cosa es la faena de apaño de un maestro de 84 años.

4 jun 2013

(MARSÉ, Juan) ÚLTIMAS TARDES con TERESA

3 comentarios:

La  novela de Juan Marsé Últimas tardes con Teresa marca la conquista por el autor en 1966 de un lugar entre los grandes de la novela española de posguerra.
Yo estudié a fondo este relato 12 años más tarde en el Instituto "Cairasco de Figueroa" de Tamaraceite (Las Palmas de G. C.), mi primer destino como profesor de la ahora injustamente vilipendiada por algunos enseñanza pública. Hoy, 35 años más tarde, y por pura casualidad mis alumnos madrileños como de igual modo les ocurriera a los canarios de antaño han tenido que leer esta magnífica novela dentro de las lecturas obligatorias de la materia que he impartido hasta hoy mismo, “Lengua y Literatura” de 2º de Bachillerato. Y digo que la han tenido que leer por pura casualidad porque este título se le ocurrió a Juan, compañero de departamento desde el ya lejanísimo 1986, que supo ver que Miguel Delibes (su obra Cinco horas con Mario era la que figuraba en la Programación de la asignatura) no ha logrado superar el castigo del tiempo, el paso de los años, envejeciendo su excelente prosa de manera no poco sorprendente para los que le admiramos tanto. Fue Juan quien puso el título sobre la mesa del Departamento: ¿Por qué no Marsé y su Últimas tardes con Teresa? Sí, claro, por qué no respondimos Alicia y yo mismo con ciertas dudas porque las aventuras del Pijoaparte y de la pija Teresa Serrat flotaban en una confortable pero imprecisa zona de nuestros recuerdos. ¡Qué acierto, amigo Juan, qué visión has demostrado en esta como en otras tantas ocasiones! Y lo digo no por mis alumnos o, al menos, no por todos, ya sabemos el poco favor del que disfruta la lectura entre muchos adolescentes y, además, el flaco favor que a este respecto les hacen las nuevas tecnologías -en especial Papá Google- al allanarles el camino del aprobado saltándose el disfrute, el placer de la lectura. Por eso deben decir que el estudio es arduo. ¿Arduo? Para nada, probad a leer este relato, disfrutad con las correrías de Manolo, el murciano, y de Teresa, la pija universitaria concienciada que juega con sus amiguitos ricos a soltar adrenalina corriendo delante de los grises allá por el otoño de 1956 en la ciudad de Barcelona, tanto la rica y catalana del inicio de las Ramblas como la xarnega del Poble Sec o del monte Carmelo.
Esta reflexión la hago ahora cuando los chicos y chicas que la han leído ya han abandonado las aulas por haber finalizado sus clases; y yo a punto estoy de dejarlas atrás aunque por distinto motivo. Con Juan Marsé, pues, y su excelente novela me inicié en la  enseñanza de la literatura española y, ¡qué casualidad más agradable!, hablando de Juan Marsé he pasado mis últimas tardes con… unos cuantos chicos de los tantos y tantas Teresas, Manolos, Luises, Marujas… que a lo largo de estos últimos más de 35 años he tenido el gusto de dar clase e intentar despertarles el gusto por la vida y dentro de ésta en lugar preeminente, por la lengua y la literatura.