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9 nov 2023

"La historia que había que contar" por Francisco Coronel

7 comentarios:

«Entre Carol y Javier, el médico del 600 y primera cita de Mia, surge una atracción que acaba en una primera salida a cenar. ¡Que casualidad! Carol pide a Mia que la acompañe en su primera salida llevando un amigo para ella. Esta vez, el idioma dio menos problemas y el nuevo acompañante, Fernando, se defendía mejor en ingles y Mia en español.» (Pág. 120)

El blog de Juan Carlos, Hungría, Francisco Coronel
Tras leer La historia que había que contar no he podido menos que recordar alguna de las veladas pasadas en compañía de Francisco Coronel, buen amigo, a quien conocí a raíz de las reseñas que hice a los dos libros que anteceden a éste, que acaba de publicar. En esas amenas reuniones, Francisco con su natural gracejo y desparpajo desgranaba anécdotas de todo tipo vividas por él y/o allegados a lo largo de los años. Se colaban entre ellas algunas situadas en Hungría, la patria de Ami, su mujer. Me interesó sobre manera lo que relató sobre la invasión de Hungría por los tanques soviéticos en 1956, las penalidades que muchos húngaros, unos más y otros menos, sufrieron para escapar del país y las vicisitudes que una vez fuera hubieron de afrontar para salir a flote. «Ahí hay, Francisco, una auténtica novela, que debías de escribir», recuerdo que le dije. Y parece que mi sugerencia dio sus frutos.

¿Qué historia es ésta que, según reza el título del libro, Francisco Coronel dice que tenía necesidad de contar? Ato cabos y entiendo que para él era imperioso dar forma, conformar en una unidad clara y con sentido toda una serie de hechos más o menos curiosos y peculiares conocidos en sus visitas a Hungría, país al que está muy unido entre otros motivos porque su mujer es aquincense, o sea, nacida en Budapest. Son las múltiples amistades húngaras que a lo largo de su vida ha cosechado las que, unas por aquí, otras por allí, le han ido contando historias, aconteceres, sucedidos, que desde luego, como se ve por esta publicación, no han caído en saco roto. Para Coronel resultaba imperioso, pues, tras haber escrito un libro sobre sus experiencias médicas (Las experiencias de un médico para todo) y otro sobre sus pinitos musicales (Medicina & Rock 'n Roll), contar en forma de novela todo lo que sobre Hungría bullía en su memoria.

Círculo Rojo, la editorial en la que el autor ha publicado esta historia húngara, resume el contenido del libro en estos términos:
La historia que había que contar es una novela basada en hechos reales, sobre una familia húngara residente en Budapest en los tiempos del dominio soviético y la revuelta de 1956, con la entrada masiva de los tanques rusos. Se trata de una familia noble con una posición de alto nivel, con el cabeza de familia como Director General de Bosques y Minería del país, a pesar de sus ideas anticomunistas. Interviene en la revolución del 56 y es detenido y enviado a Siberia. Su mujer y su hija tratan de salir de Hungría a través de Austria y, cuando él escapa del tren donde le llevan a Siberia y vuelve a Budapest, los tres miembros de la familia lo vuelven a intentar, logrando salir del país. Lo hacen emigrando a Estados Unidos, transportados por el mismísimo vicepresidente Richard Nixon en su avión. Viven en USA varios años con múltiples peripecias, acabando la hija estudiando en España y visitando, ya como mujer, la todavía Hungría comunista. Sus padres regresan a Budapest tras la caída del muro de Berlín y la vuelta de Hungría a la democracia. Es una novela con importantes referencias históricas y cargada de valores humanos, que será muy entretenida para el posible lector.

A esta sinopsis yo añadiría -y así lo señalo en el prólogo que he tenido el gusto de escribir a la novela-  que La historia que había que contar es también en cierta manera un anecdotario. Con acierto Francisco Coronel ha sabido entreverar, atribuyéndoselas a los seres de ficción salidos de su pluma, algunas de esas historietas y anécdotas que a lo largo de su vida le han contado o ha conocido y vivido personalmente. Del universo de personajes son la hija de los Bartok y sus padres, Pal y Mária, sobre quienes recae el peso de la narración; y de los tres es Mia la que protagoniza en mayor número las principales y curiosas vicisitudes. 

Aunque en los primeros capítulos, como es lógico, la obra se centra en el papel del cabeza de familia en Budapest, sus problemas allí y cómo logra resolverlos, en los 15 últimos (el libro distribuye su contenido en 29) es la hija de Pal y de Mária, es decir, Babszi, Mia o Mária Tereza, que de las tres maneras es denominada, sobre quien, como digo, pivota la narración: la niña Babszi de 11 años de edad y su vida escolar en Omaha apenas llegados a los Estados Unidos; la vida universitaria de la joven; su estancia primera en España como estudiante; su trabajo como educadora de adolescentes difíciles en Omaha; de nuevo en España; una visita de Mia a Budapest en 1968; el noviazgo de ella con un chico médico; etc. 

La historia que había que contar, Juan Carlos Galán, El blog de Juan Carlos
¿Podría decirse que esta novela es fundamentalmente una colección de anécdotas? Decididamente, no. La novela es mucho más que eso, pues además de narrar curiosidades y sucedidos a unos y otros protagonistas del relato, la narración contiene información fidedigna sobre la historia reciente de Europa, desde la derrota de las potencias del Eje en 1945 hasta hoy mismo, pasando por la caída de la URSS en 1989, que cambió el mundo. Asimismo, la novela de Francisco Coronel no esquiva la critica social y política. Ésta es clara en el caso del sistema comunista en Hungría y la URSS, pero también se evidencia en el caso americano respecto al racismo allí existente, especialmente durante las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado. También la hay referida a España, aunque en tono menos áspero, más amable, pero no por ello menos firme. Me refiero, por ejemplo, a la censura moral y de costumbres practicada en nuestro país en los 60 y sufrida por el personaje de Mia cuando al poco de llegar a España, en una playa alicantina una pareja de guardias civiles las obligaron, a ella y a su amiga Carol, a cubrirse el cuerpo dado que el bikini parecíales a los agentes demasiado atrevido.

En definitiva, esta obra confirma a Francisco Coronel como lo que literariamente es: un buen, animado y entretenido relator. Si en sus dos libros anteriores centraba la narración en curiosidades, anécdotas o episodios protagonizados por sí mismo o por personas de su entorno, bien en el ejercicio de su profesión médica, bien en la práctica de su hobby musical, en esta su tercera publicación da el salto de las meras historietas, de las sencillas anécdotas, a una narración más cumplida, a una auténtica historia novelesca. No otra cosa es La historia que había que contar.
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AVISO:
El próximo día 30 de noviembre La historia que había que contar será presentada por su autor, Francisco Coronel, en la Biblioteca Leon Tolstoi de Las Rozas a las 19:00 horas. Acompañará al autor en dicho acto quien esto escribe, Juan Carlos Galán, prologuista de la novela.
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Del autor y en este mismo blog:




"Las experiencias de un médico para todo"






elblogdejcgc, El blog de Juan Carlos


 
"Medicina & Rock 'n Roll"                      

                









30 mar 2021

Las experiencias de un médico para todo. Francisco Coronel Díaz

17 comentarios:

"He sido un médico afortunado y no sólo por la satisfacción de ejercer una profesión tan vocacional como la medicina, sino porque he tenido suerte con mi trabajo. He disfrutado ejerciéndolo y casi siempre mis pacientes me han demostrado su confianza" (Pág. 155)

Mi muy buena amiga María, afincada en Las Rozas (Madrid), me regaló hace poco un librito de Francisco Coronel Díaz, a quien no tenía el gusto de conocer. Sin embargo, al acabar de leer "Las experiencias de un médico para todo", salgo con la sensación de conocerle desde hace tiempo, tal es la sencillez, cercanía y afabilidad con que Francisco se muestra en esta colección de anécdotas.

Editorial Círculo Rojo, Libros Amazon, El blog de Juan Carlos
Inicia Coronel la relación de situaciones curiosas vividas durante el ejercicio de su profesión por el principio, o sea, por cuando ya en los últimos años de estudio en la facultad de Medicina de la Complutense junto a otros compañeros comenzó a hacer prácticas gratuitas los fines de semana en las Urgencias del hospital de Atocha. Lo que hubo antes de esto, su adolescencia en el colegio de la calle Ibiza esquina Dr. Esquerdo, lo cuenta de pasada en el prólogo su amigo y compañero en el bachillerato el director de cine José Luis Garci, quien como es lógico destaca del libro todo aquello que tiene que ver con el séptimo arte, como por ejemplo la relación que el doctor Coronel tuvo con el director argentino afincado en España León Klimovsky o las anécdotas protagonizadas por muchos actores y artistas españoles (Lili Murati, Lola Flores, Luis Prendes...) durante el tiempo que el autor fue médico de la Sociedad de Autores. Coincido con el cineasta en casi todas sus apreciaciones, especialmente en las literarias cuando dirigiéndose directamente a su compañero de Bachillerato le dice: 
"Cuentas muy bien, Francisco, con amenidad de la buena [...] escribes con sencillez, ligereza y esa melancolía leve que no se nota. [...] Los médicos siempre habéis tenido algo especial con la literatura, también con la pintura o la música. Ese 'tacto' único, tú también lo tienes."
Efectivamente, Francisco Coronel cuenta muy bien y por ello el paseo que realiza por su vida profesional se lee con muchísimo gusto. Yo me lo imaginaba al principio casi casi como al barojiano Andrés Hurtado luchando por la vida, por hacerse un hueco en el oficio, por asegurarse las lentejas, siempre con una enorme vocación y entrega. Pienso que muchos jóvenes actuales debieran de leer esta obra para aprender de primera mano que no es fácil llegar arriba, que nadie regala nada y que al mérito se accede a través del trabajo y la bonhomía. 

No voy a destripar las anécdotas, algunas muy divertidas con las que no he podido contener la risa. Sólo diré que Francisco vivió situaciones cómicas y/o comprometidas, felizmente resueltas, en todos los ámbitos donde ejerció la medicina: en las urgencias del hospital de Atocha; en su etapa de médico militar especialmente por la confusión que en el medio castrense provocaba su apellido Coronel, sobre todo cuando alcanzó la graduación de teniente y pasó a ser, naturalmente, el Teniente Coronel; en el servicio privado de urgencias -ese teléfono 2222222 que no le dejó dormir tantas noches y que más de una vez le dejó a deber algún dinero-; en las muchas suplencias que hizo en consultorios de la Seguridad Social; en sustituciones hechas a compañeros, alguna de las cuales, como la que hizo al doctor Antelo que llevaba la consulta de la Sociedad de Autores, exigía tener despacho donde realizarla, lo que provocó que su domicilio particular se trocase de dos a tres de la tarde en consultorio médico donde Ami, su mujer, ejercía de recepcionista y las niñas de la pareja  debían de permanecer a ser posible en silencio, algo difícil, ciertamente, suscitándose por ello situaciones simpáticas con algunos pacientes, muchos de los cuales -la mayoría, claro- pertenecían al mundo de la farándula; o en las antiguas casas de socorro del Ayuntamiento donde realizó suplencias y guardias de 24 horas, llegando incluso a opositar y ganar una plaza de médico funcionario en la Beneficencia municipal.., etc. 

Estudioso siempre y muy atento a cuantas oportunidades laborales salieran, por fin Francisco Coronel Díaz, tras convertirse en médico de familia de la Seguridad Social por oposición, opta y consigue plaza de médico adjunto de Nefrología en el Hospital Clínico San Carlos. Hasta que finalmente pudo dedicarse en exclusiva a esta especialidad Francisco compatibilizó el Clínico con las guardias de fin de semana en las casas de beneficencia municipales y con su consulta privada. 

Ya en la dirección del servicio de Nefrología del Clínico el doctor Coronel siguió viviendo situaciones curiosas que añade a la colección de historias que es este "Las experiencias de un médico para todo". De todas las que de esta etapa cuenta me han llamado mucho la atención las que tienen que ver con su afición a la música que practicó como hobby desde su época estudiantil compatibilizándola luego, siempre como distracción y puro entretenimiento, con el ejercicio  profesional, lo que suscitó situaciones sorprendentes al ser reconocido por algún paciente cantando con amigos músicos en algún local nocturno o al ser vista su afición con no muy buenos ojos por algunos compañeros del Hospital.

Humor español durante el franquismo, Nefrología, Medicina y Humanidad
Es esta obra de Francisco Coronel un ilustrativo conjunto de historias que dan cuenta del periplo vital de su protagonista, médico de vocación entregado en cuerpo y alma durante años a su profesión. Como cualquier libro memorialista -y éste lo es- hay mucho de verdad en él. Se percibe mucha emotividad y ternura en algunos momentos; por ejemplo en la niña con síndrome de Down y sus simpáticos saludos a médico y enfermeras, o en el compositor y músico del grupo Académica Palanca, Antonio Sánchez, quien le regaló su guitarra, una guitarra que había acompañado a "Sabina, Krahe, Aute y alguno más" que era después de su mujer, claro, lo que él más quería.

Como lector he aprendido con este libro muchas cosas. Por ejemplo, ignoraba por completo que de 1966 a 1971 hubo una propuesta oficial para que médicos militares españoles voluntarios acompañasen en Vietnam al ejército norteamericano; tampoco sabía la diferencia entre Urología y Nefrología, y dentro de ésta de las distintas técnicas de diálisis existentes: la DP (diálisis peritoneal) y la HD (hemodiálisis). Enterarme de que la DP se la pueden practicar en su domicilio los propios pacientes me ha hecho exclamar para mis adentros: ¡Madre mía, cómo avanza todo! 

Por último quisiera destacar el conjunto de fotografías de poemas y escritos de agradecimiento de pacientes, de dibujos y libros dedicados por artistas y autores tratados por el doctor Francisco Coronel Díaz, en los que le dan las gracias por su buen hacer profesional y su buen carácter como persona. Yo también, como ellos, agradezco desde aquí al autor haberme hecho pasar un muy entretenido tiempo leyendo este libro, "Las experiencias de un médico para todo", que recomiendo a cualquiera sin duda alguna.
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Datos técnicos del libro:

Páginas: 192 Formato: Tapa blanda Precio: 14,50€ ISBN: 9788413853390 Tamaño: 15x21

10 feb 2020

"Relatos sin rumbo fijo". Fco. Javier Morales Orozco publica en libro relatos de su blog "Abrazo de libro"

25 comentarios:
Mi buen amigo Francisco Javier Morales Orozco acaba de publicar su primer libro. Se trata de un conjunto de relatos seleccionados por él mismo entre los relatos breves que desde hace ya varios años habitualmente publica en su magnífico blog, "Abrazo de libro". Quienes lo seguimos, sabedores de la calidad de los mismos, muchas veces le habíamos pedido su publicación. Afortunadamente nos ha hecho caso. El libro, editado por Círculo Rojo, es una auténtica delicia.

Círculo Rojo, Abrazo de libro, Relatos sin rumbo fijo
El volumen toca un amplio abanico de asuntos, algunos muy actuales como la pederastia, la memoria histórica o el terrorismo islámico. Sin embargo para mí su temática esencial se mueve en torno a uno muy concreto al que el autor con regularidad retorna. Me refiero al Amor: un amor con mayúscula, un sentimiento que Javier muestra como eje de la mayoría de sus escritos contenidos en "Relatos sin rumbo fijo". A veces es el amor maternal, otras el amor mantenido a lo largo de los años hasta la vejez, también en ocasiones es la persistencia del sentimiento pese a la desaparición de uno de los miembros de la pareja, otras veces es el amor filial el que nos presenta...

El sentimiento del Amor le lleva, como sin quererlo, a tocar otros contenidos como el de su extinción por culpa del inexorable paso del tiempo; otras veces el amor aparece en situaciones aparentemente poco proclives al mismo cuales son los escenarios de enfermedad (el cáncer, el alzhéimer, la acondroplastia, el síndrome de Down…). Al introducir circunstancias de este tipo en algunos relatos, Javier pasa a hablar de manera muy natural de los temas nucleares de un ser humano: la vida, la muerte, el dolor, el abandono por parte de los hijos, la vejez, el deterioro cognitivo… Encontramos en esos momentos a un escritor profundo, filosófico, serio…

Francisco Javier -y es aquí donde reside esencialmente en mi opinión, la delicia mayor que supone leer sus relatos-, es un escritor alegre, divertido, desinhibido, que envuelve la mayoría de sus composiciones en un humor elegante y sorpresivo, sin duda uno de los rasgos más señalados de su estilo literario. Este humor está presente en muchas de sus narraciones, la mayoría de las veces con un giro final sorpresivo muy característico en él; un giro que nos rompe la cintura al tiempo que nos pone una sonrisa en los labios cuando no una rotunda carcajada que viene propiciada por la calculada ambigüedad con la que el autor sabe moverse durante todo el discurso jugando con los significados.

Los personajes de estos relatos suelen ser personas y Javier parece que siente predilección por las mujeres quizás por la mayor carga de sentimientos que ellas suelen portar: Hay también, claro que sí, historias protagonizadas por hombres, muchas veces en situaciones de acabamiento físico propias de la ancianidad (Vamos a por todas, Noche de Reyes, Vida plena, etc.), situaciones de marginación social propias de delincuentes o alcohólicos (Hombre al vacío), aunque también a veces son hombres que se dan a los demás movidos por puro altruismo como ese hombre que llora de manera enfermiza y que se dedica a disfrazarse de payaso para hacer reír -quizás con sus lloros como hiciera Charlie Rivel- a los niños enfermos de un hospital (El hombre que lloraba); y también las hay protagonizadas por seres vivos no racionales en situaciones que hacen pensar en seres humanos como se puede observar en Pasión por los libros.
Francisco Javier Morales Orozco, Relatos breves, Microrrelatos

El autor de estos relatos es un enamorado de la escritura, lo que se percibe en algunas de sus breves historias que indagan -cuando no explican- en su propio quehacer escritural. ¿Qué hace en Finales sorprendentes sino la exégesis de su manera habitual de escribir cuando defiende los finales sorprendentes en los escritos rematándolo además en éste con un simpático y, sin duda alguna, sorpresivo final? Este amor a la escritura de relatos se percibe en cuentos como Camino sin retorno o Érase una vez en los que al tiempo que homenajea los grandes cuentos infantiles los rehace y modifica volviéndolos prácticamente del revés con su característico humor. Y no puedo dejar de citar su amor a la lengua en que escribe, a ese vocabulario hoy un poco en retirada del que, sin para nada abusar, nos deja alguna señal en términos totalmente correctos como ‘peculio’, ‘abotagado’, ‘tamborero’, ‘vitela’, ‘blatodeos’, [cucarachas…], ‘mojigatez’, y tantos otros

Contrariamente a lo que parece sugerir su título, “Relatos sin rumbo”, Francisco Javier muestra en ellos una trayectoria clara y contundente que se nutre de la propia vida del autor: sus experiencias vitales, sus conocimientos, sus aficiones…. Él es un hombre de la Mancha que gusta de sus orígenes, que ama la literatura que tomó a esta tierra por escenario (En un lugar de La Mancha) y que conoce muy bien la literatura del Siglo de Oro. Leyendo estas historias, muchas veces he percibido la poderosa figura de Quevedo, madrileño de origen y manchego en sus postrimerías, autor de rotundo humor y profundo nihilismo existencial. En especial esta sensación se hace más y más presente en los relatos en que el Amor es más poderoso que la Muerte. Es entonces cuando no se puede por menos que recordar al autor del soneto inmortal que con rotundidad en dos de sus versos profiere aquello de ‘nadar sabe mi llama el agua fría / y perder el respeto a ley severa’.
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[Nota.- La parte del león de esta entrada está extraída del Prólogo que para el libro de Francisco Javier Morales Orozco he escrito. Desde aquí agradezco al autor su solicitud. Ha sido un inmenso placer.]