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13 ene 2026

Irene Escolar, protagonista de "Personas, Lugares y Cosas" de Duncan MacMillan

8 comentarios:

Desde que el pasado 19 de diciembre leyera en el diario El País la elogiosa crítica de Raquel Vidales a Personas, Lugares y Cosas, la obra que acababa de estrenar en el Teatro Español de Madrid la actriz Irene Escolar, tenía muchas ganas de acudir a verla. La verdad es que no encontré buenas localidades hasta el domingo 11 de enero de 2026, último día de la representación que se había estrenado el 25 de noviembre de 2025. 

Mis expectativas eran muy altas tras leer la crítica de El País en la que se decía que Irene Escolar  compró los derechos de la obra de Duncan MacMillan que  había visto representada en Londres, donde se estrenó en 2015. Decía Raquel Vidales,  crítica del suplemento cultural:
«Irene Escolar compró los derechos de la obra para producirla y representarla en España, sin esperar a que el papel le cayera del cielo. Visto el resultado en el teatro Español de Madrid, Escolar no se equivocó en su apuesta: exprime hasta la última palabra de ese texto que Macmillan concibió para actrices como ella.
Todo el peso de la obra recae sobre ella.
»
He visto a la actriz en al menos dos obras que ahora mismo recuerde: en Agosto (Condado de Osage) de Tracy Letts  y en El cojo de Inishmaan de Martin McDonagh, ambas obras bajo dirección de Gerardo Vera. Me encantaron las dos y me gustó mucho la actuación de la actriz, cosa que en la que vi el pasado domingo no me ha ocurrido. Quizás la figura del director sea la causante de esta enorme diferencia. Desde luego Gerardo Vera, que en paz descanse, está a una distancia estratosférica —todo en mi humilde opinión personal, que conste— de Pablo Messiez.

El asunto que se toca en la obra no es menor desde luego: el problema de adicción a las drogas de una actriz y su inconstante deseo de desengancharse para poder continuar con su profesión de la que su drogadicción la está expulsando. La obra se inicia con un quedarse en blanco de Sara quien, representando La gaviota de Chejov, cae en un completo desvarío quedando desmayada en escena. Precisa Sara de un certificado de salud para poder seguir en la profesión. Es por ello que acude a una clínica de desintoxicación. Allí los internos (alcohólicos, drogadictos, politoxicómanos y demás) tienen sus idas y venidas de la institución, o sea, sus salidas aparentemente curados y sus reingresos por haber vuelto a caer en la adicción.

El planteamiento es la mar de sugestivo, si bien durante las dos horas de duración no hay muchos avances en el mismo. El grueso de la función se queda en la evolución del personaje de Sara (como Mamen se presentó ella en la institución) que quiere y no quiere dar el paso para salir de la esclavitud que las drogas le suponen. La terapia grupal es el centro del tratamiento y a esa terapia ella se niega en principio. Los demás internos quedan un tanto desvaídos ante la enorme centralidad que la obra da al personaje interpretado por Irene Escolar. 

Raquel Vidales en su elogio a la actriz por el personaje que compone de Sara dice del mismo:
«Es egoísta, desquiciada y cruel como todo toxicómano, pero también sensible, insegura y frágil como solo puede serlo una diva tan adicta a las drogas como al aplauso. Los mejores momentos son cuando Escolar logra que todas esas capas confluyan en un gesto, una frase, un silencio. El personaje emerge entonces en toda su dimensión.».
En mi opinión es cierto todo lo que la crítica dice, aunque también según mi criterio, esos silencios —¡excesivos!— y esos gestos suelen ir acompañados de frases dichas de modo muchas veces ininteligible por la rapidez con que la actriz las pronuncia o por el bajo volumen de voz con que las emite, lo que hace difícil su intelección. Es aquí donde mi decepción encontró su causa. Y no sólo ocurre en las escenas del tratamiento, sino que ya desde las escenas del inicio el atropellamiento en la dicción unido a la negligente vocalización por parte de Irene Escolar hace que la obra comenzase a no llegarme como debiera. 

Hago responsable de estos defectos en la actuación por partes iguales a actriz y director de la función. Creo que Pablo Messiez, que acierta con la puesta en escena de los 'monos' por síndrome de abstinencia de Sara, claramente fantásticos, oníricos y aterradores, se equivoca al no haber corregido debidamente la dicción de la actriz.  Una dicción que queda claramente expuesta en su desnudez al confrontar con la claridad de los otros actores, en especial de Javier Ballesteros en el papel de Marc y de la pareja que hacen el papel de padres de la diva toxicómana, los dos estupendos en mi opinión: Sonia Almarcha que además de madre hace los papeles de doctora y terapeuta, y Tomás del Estal que junto al de padre borda el papel del toxicómano Pol.

Para finalizar esta crónica de mi desilusión echo mano de nuevo de unas palabras de la crítica teatral de Babelia. Dice Raquel Vidales hablando de la actriz británica que representó a la Mamen/Sara de la obra: 
«Denise Dough logró uno de los mayores éxitos de su trayectoria encarnando a la protagonista, uno de esos personajes extremos que pueden encumbrar o arruinar una carrera». 
Sin llegar al extremo final diré que con esta actuación Irene Escolar desde luego no se ha encumbrado. E insisto en mi opinión a pesar de que los aplausos al final de la larga función de 140 minutos con un descanso de 15, a todas luces excesivo, durante el que la música electrónica, propia de sesiones en las que proliferan las drogas, 'ameniza' el interludio, fueron muy abundantes y duraderos. Curiosamente el teatro, lleno hasta la bandera ese día, tenía un público formado en muy gran número por profesionales del mundo teatral y cinematográfico: actores, actrices, directores de cine, directores teatrales, guionistas de series televisivas, productores, etc. En fin, que los compañeros de Irene Escolar y del resto del elenco que concluían el período de actuaciones en el Teatro Español de Madrid vinieron a aplaudir a sus camaradas. No sé si esta manera de proceder es habitual en el mundo de la farándula, pero sí que llamó mucho mi atención reconocer caras que me eran familiares por su participación en seriales televisivos, en películas y obras de teatro de mayor o menor éxito. 


Espero, más bien lo deseo, volver a ver a la actriz en otra producción teatral. Ansío volver a degustar a la actriz que hace ya más de diez años me entusiasmó. Espero que así sea y que la saga de los Gutiérrez Caba a la que pertenece la actriz con ella se perpetúe. Y su calidad también.


16 mar 2022

Emmanuel Carrère en la hora de Rusia y de Ucrania

26 comentarios:

«AL ESCRITOR EMMANUEL CARRÈRE LA GUERRA LE PILLÓ EN MOSCÚ. Y ALLÍ YA NADA SERÁ IGUAL
Miedo a estar en manos de un loco, miedo a que te espíen, miedo a quedarse atrapado. Los encuentros del cronista francés con sus amigos moscovitas destilan miedo. Y vergüenza porque estén lanzando bombas sobre Ucrania en su nombre»
(EPS, domingo 12 de marzo)

El pasado domingo la revista El país semanal incluyó en sus páginas centrales un estupendo, profundo, sincero, real y emotivo reportaje del escritor francés Emmanuel Carrère sobre la vida en Rusia en el momento actual, cuando el ejército ruso por orden de Putin ha invadido Ucrania. Carrére es un periodista, escritor, guionista y realizador francés. Sus padres son Louis Carrère d'Encausse, negociante de seguros, y Hélène Carrère d'Encausse, de soltera Hélène Zourabichvili. 

Es precisamente por parte de la madre, nacida en París en 1929, sovietóloga y miembro de la Academia Francesa, que le viene su atracción como periodista y novelista por los asuntos de Rusia. Hélène Carrère d'Encausse es hija de aristócratas georgianos -Georges Zourabishvili y Nathalie von Pelken-, que hubieron de abandonar su país cuando Lenin decidió cambiar su doctrina de independencia para los pueblos que habían formado parte del imperio ruso. Durante sólo 3 años, de 1917 a 1920, Georgia fue soberana; a partir de 1921 el país perdió de nuevo su independencia siendo anexionado a la URSS.  Desde siempre Hélène se sintió atraída por la Historia del país de sus ancestros y transmitió esta afición a su propio hijo.

Emmanuel Carrère en su faceta de novelista es fundamentalmente escritor de no ficción. El año 2000, según confesaba en el prólogo de su novela El Reino aparecida en 2015, abandonó la novela de ficción refugiándose desde ese mismo instante en la escritura de No-Ficción, ese género narrativo cuya invención algunos atribuyen a Truman Capote en 1966 con su novela A sangre fría. En septiembre del año 2015, precisamente el año en que con "El Reino" el escritor francés publiqué en este blog una entrada sobre esta tendencia narrativa también denominada Nuevo Periodismo en la que hago un breve recorrido por la misma desde USA hasta nuestro propio país. En esta hora de Rusia y de Ucrania, en que se dirime el futuro de Europa y de todo el mundo, cuando lo que creíamos ficción ha cruzado la línea que la separaba de la realidad creo que este post vuelve a tener interés.

Emmanuel Carrère Zourabichvili
 siempre se ha interesado por la historia de la antigua URSS, en especial de la Georgia de sus abuelos. Es por esto que sus visitas a Moscú, a Tiflis, a San Petersburgo y a otras localidades de la antigua URSS como Kiev u Odessa, han sido y son frecuentes. Precisamente fue la visita a una ciudad de la Rusia profunda, Kotilnech, para cubrir la noticia de la liberación tras 55 años de cautiverio de Andras Toma, un soldado húngaro detenido por los rusos al caer Budapest en 1944, dado por muerto en 1954 y que permaneció en un sanatorio psiquiátrico de esta localidad desde 1947 hasta 1999 lo que será un revulsivo para él que le llevará a indagar y a reflexionar sobre su biografía personal y familiar. Este proceso íntimo y parental lo presenta en Una novela rusa, obra de no ficción publicada en 2007 (en España la publicaría Anagrama en 2008). Fue precisamente este título la novela con la que yo entré en la literatura de Carrère y que en estos momentos tanto estoy recordando. Desde luego, -lo creo firmemente-, es una lectura más que pertinente para acercarse de otra manera al sentir de un país en guerra desde la caída del Telón de Acero consigo mismo.

Una novela rusa sirve para acercarse a la vida real en Rusia; el escritor en este libro realiza un recorrido en paralelo de la vida de su abuelo refugiado en Francia en 1921 y ese soldado húngaro, Andras Toma, detenido al caer Budapest bajo los tanques soviéticos en 1944, dado por muerto en 1954 a pesar de que permaneció en un sanatorio psiquiátrico de Kotilnech desde 1947 hasta 1999. [en mi blog tengo reseña hecha en septiembre de 2015 de esta interesante novela].

Pero ha sido la actuación del máximo dirigente de Rusia en la actualidad, Vladimir Putin, lo que me ha hecho recordar otra más que interesante novela del escritor francés. Me refiero a Limónov, novela aparecida en Francia en 2011 (en España, Anagrama la publicó el año siguiente) que Carrère escribió por la atracción que el personaje real de Eduard Limónov ejerció sobre él. Es Limónov un personaje atractivo por lo contradictorio que es en sí mismo y lo difícil que resulta encuadrarlo debidamente en un tipo de persona: «¿héroe o villano, seductor de bellas o seducido por ellas, fascista de nuevo cuño o demócrata sin fisuras, triunfador o derrotado en letras...?» -escribo yo en la reseña que hice tras leer esa estupenda novela-. 

Este ser poliédrico, con tantas aristas, tan difícil de definir con solvencia atrae a Emmanuel Carrère en cuanto cruza unas palabras con él. Será a su través que el novelista y periodista francés indagará y profundizará en la evolución de la realidad de Rusia desde la época de Stalin hasta la de Putin. A propósito de la actual crisis bélica desatada en Ucrania es interesantísimo leer hoy todo lo que aparece en esta novela de No-Ficción escrita hace once años. La biografía de este Eduard Limónov viene a decir Carrère sólo es entendible teniendo presente las hambrunas de Stalin que diezmaron Ucrania y otras zonas de la URSS y la desordenada evolución experimentada por el país tras la caída de la URSS. 

En la reseña que en abril de 2016 dediqué a esta excelente novela de Emmanuel Carrère escribí lo siquiente:
«Esta no-ficción se centra en esos años tumultuosos durante los que un sistema político y económico de 70 años de existencia se transmuta en el opuesto de una manera salvaje y sin control. Al respecto no diré más, pero sí mostraré una cita extraída de esta novela que considero muy significativa:
    • "De los sesenta y cinco años de esperanza de vida en 1987, el ruso varón pasó a cincuenta y ocho en 1993." (pág. 225)»
Creo por todo lo dicho hasta aquí, recordado gracias a, como digo al principio de esta entrada, el buenísimo reportaje publicado por El País Semanal el pasado domingo seis de marzo, que volver los ojos al escritor, novelista, periodista y realizador cinematográfico que es Emmanuel Carrère no sólo merece la pena, sino que, me atrevería a decir, es poco menos que obligado.

Guerra Rusia-Ucrania


Os dejo aquí los enlaces a las distintas entradas que sobre Carrère y Rusia tengo hechas en El blog de Juan Carlos: