Mostrando entradas con la etiqueta Transición política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Transición política. Mostrar todas las entradas

2 dic 2020

"El disputado voto del señor Cayo" de Miguel Delibes.

18 comentarios:

"A través de la cristalera, se divisaba la cinta gris topo de la carretera punteada de amarillo y, del otro lado, el emparrado de un merendero con mesas de madera carcomida por las lluvias y la intemperie. Más allá, corría el río, torrencial y cristalino, y, en la ribera opuesta, se iniciaba la ladera, muy pina, abrigada de robles con hoja nueva y coronada por abruptos tolmos, en torno a los cuales planeaban pausadamente los buitres. (pág. 44)

Mi propósito inicial era hacer un breve apunte sobre dos libros para formar un decimoquinto "A pares". Pero al hacer la de "El disputado voto del señor Cayo" de Miguel Delibes me di cuenta de que merecía una sola para él solo. Al final de esta entrada doy el título del libro que se quedó huérfano.


Con esta reseña quiero rendir, como lector, humilde homenaje personal al escritor vallisoletano Miguel Delibes que este año habría cumplido 100 años. En su centenario tenía que releer alguno de sus títulos, la mayoría de ellos leídos en su momento. Elegir cuál sin interrumpir la hoja de ruta lectora marcada durante los dos meses que quedaban hasta culminar 2020 no me era fácil. Quería uno breve que no hubiese sufrido mucho el peso del paso del tiempo. Quedaban fuera por lo tanto dada su extensión "El hereje", quizás su mejor novela; de las otras, recordaba con mucho aprecio, por haber constituido allá en mi lejana adolescencia mi entrada consciente en la lectura literaria, "La sombra del ciprés es alargada", "Diario de un cazador" o "La hoja roja"; por mi dedicación profesional tenía muy presentes en mí lecturas reiteradamente hechas y comentadas con los alumnos a quienes a lo largo de los años impartí clase de "Lengua y literatura españolas":  "El camino", "Las ratas", "El príncipe destronado", "Mi idolatrado hijo Sisí", y alguna otra. La verdad es que tenía el terreno de elección bastante acotado si eliminaba las citadas. ¿Cuál elegir, pues? Al final me decidí por "El disputado voto del señor Cayo", pensé que por su engarce con el mundo socio-político quizás no habría perdido actualidad.

Creo que acerté en la elección pues la novela de sólo 190 páginas, aparecida en 1978 antes de otra muy exitosa como "Los santos inocentes" y de ya una serie de libros de puro oficio que, salvando la estupenda de "El hereje", les siguieron podría cumplir a la perfección mi pretendida finalidad.

Estamos en la primera o en una de las primeras elecciones legislativas de la Democracia. Corre el año 1978 y en la sede de un partido progresista -no se dice cuál, pero por unas cosas u otras se viene a entender que es el PSOE- repasan el mapa de la provincia donde figuran señalados con chinchetas de colores los pueblos visitados y los que no. Es a alguno de los no visitados a donde Dani, el secretario provincial quiere que vayan siquiera a hacer acto de presencia algunos de los candidatos. Concretamente a tres de ellos van a ir Víctor, profesor universitario de unos 40 años, candidato cunero impuesto desde Madrid, y Laly, licenciada en matemáticas, algo menor que el anterior, y candidata en las listas simplemente por rellenar el número permitido dados los pocos voluntarios para hacerlo. Les llevará en su Seat 124 Rafa, militante de base de sólo 25 años.

Miguel Delibes no da puntada sin hilo y por la novela van desfilando todos los tópicos asociados a la izquierda y también y por ello sus propias contradicciones. Así cuando piensan qué coche y chófer llevarán los diputados se deciden precisamente por el 124 de Rafa para evitar malentendidos: 
"A Miguel ya sabéis que no hay quién le apee del ciento treinta y uno, una manía. ¿Os importa llevar el ciento veinticuatro?
—Mejor —dijo Laly—: El ciento treinta y uno queda como burgués
."
Los pueblos que visitarán son tres localidades que apenas si tienen habitantes, algo que ni ellos mismos conocen. Sus nombres son Cureña, Quintanabad y Martos. Son localidades ficticias que según se va leyendo quiere uno situarlas en el mapa.  Al llegar al primero de ellos, Cureña, encuentran a Cayo uno de los tres vecinos del municipio. Vive junto a su mujer sordomuda y no se habla con el otro vecino. Pocos y mal avenidos como se ve.

Gracias al señor Cayo sabrán que en los otros dos pueblos no vive ya nadie. La España vacía y vaciada nos la muestra Delibes en estas tres poblaciones. El drama de la emigración y del abandono del medio rural es denunciado así por Miguel Delibes:
—Diga usted, ¿no habrá por aquí un lugar donde reunir a los vecinos?
—¿Qué vecinos? —preguntó el hombre.
—Los del pueblo.
—¡Huy! —dijo el viejo sonriendo con represada malicia—: Para eso tendrían ustedes que llegarse a Bilbao.
Por diálogos como el anterior la provincia que en mi opinión más puntos tiene para ser el referente real donde sucede la historia es Burgos. No obstante esta cuestión es poco importante pues la denuncia del abandono y desertización de Castilla no queda circunscrita a una única zona sino a toda la Comunidad.

La tarde, pues, a estos tres buscadores de votos se les irá en agradable compañía y charleta con este hombre de más de 80 años que les enseñará el pueblo y les ilustrará acerca de sus ocupaciones con las abejas y la miel que realiza por puro entretenimiento, de manera que cuando el joven e impulsivo Rafa le suelta en plan mitinero que no hay derecho a que siga trabajando, Cayo le contesta que si se lo impidiesen él moriría. 

A lo largo de esa tarde sentirán que ellos tres desde la ciudad no les llevan la modernidad sino una cultura que viene a acabar de una vez por todas con la que mal que bien aún queda en esas zonas escondidas y aisladas de Castilla. Quien mejor lo entiende es Víctor que se maravilla ante la inmensa sabiduría de este castellano viejo. 
—No hay derecho —murmuró. Y recostó la nuca en el respaldo del asiento. 
—¿A qué no hay derecho, macho? 
—A esto —dijo Víctor, apuntando a los últimos edificios del pueblo—: A que hayamos dejado morir una cultura sin mover un dedo.
El choque de dos culturas
Quizás donde mejor se perciba la pobreza de una de estas culturas frente a la inmensa riqueza de la otra sea en el léxico, en el vocabulario, preciso y unívoco el utilizado por el señor Cayo y su mundo en vías de extinción versus la carencia por ignorancia de los términos adecuados para designar esa realidad por parte de los urbanitas.

El candidato y profesor universitario Víctor entra en conflicto consigo mismo tras el encuentro con el sr. Cayo que con una inmensa naturalidad les ha mostrado costumbres de las abejas que bordoneaban (hacían el sonido que las identifica) en la rama de un árbol; a éstas les ha preparado una colmena fabricada con sus propias manos y con la ayuda del humeón (fuelle que suelta humo) organiza su traslado de la una a la otra. Rafa y Laly muestran su sorpresa ante aves cuyos nombres ignoran; así les sucede con el picorrelincho que no es otro que como en la zona, les aclara Cayo, llaman al picocarpintero. En el paseo por el pueblo y su entorno el señor Cayo les nombra diferentes terrenos: tolmos (peñascos elevados), tozal (teso o colina); y les muestra labores campesinas como hacer queso y los objetos a ellas asociados como el entremijo (mesa de tablero con ranuras que se emplea para hacer el queso). Finalmente los lleva a su casa que no es más que un tabuco (aposento pequeño) donde hay muchos objetos como por ejemplo la bruza (cepillo de cerdas muy espesas y fuertes con  abrazadera de cuero al dorso para agarrarla  utilizada para limpiar caballerías) que Cayo utilizaría de joven para tener lustroso al animal de tiro del carro que conduciría por la cambera (camino de carros). Prestaba siempre el sr Cayo la debida atención al recial (corriente recia e impetuosa del agua de los ríos) especialmente cuando ocurría el ejarbe (aumento de agua que reciben los ríos a consecuencia de grandes lluvias). Del otro vecino dice Cayo que no se hablaba con él porque era muy testarrón (testarudo)

PSOE, PSP, UCD, PP, AP,
Frente a la exuberancia terminológica de Cayo, quienes han acudido allí a pedirle el voto ("No saben hacer una O con un canuto pero les jode que alguien trate de enseñarles algo.") se comunican entre ellos con una pobreza lingüística tremenda. La licenciada en matemáticas y candidata Laly es soez en su manera de hablar dirigiéndose a Rafa constantemente con el apelativo "cacho puto", y éste también constantemente minusvalora a los campesinos llamándolos catetos y calificándolos como auténticos zombies ("Son como muertos vivos, coño, ¿te das cuenta? —le dice Rafa a Víctor). 

Es Víctor el único que reconoce la valía de esta gente y es consciente de la barbaridad cometida con ellos por los supuestamente inteligentes: "nosotros, los listillos de la ciudad, hemos apeado a estos tíos del burro con el pretexto de que era un anacronismo y… y los hemos dejado a pie." El pensamiento de Miguel Delibes queda plenamente reflejado en algunas de las opiniones que Víctor al final de la reveladora jornada, y tras haber bebido alguna copa de más en la cena , le dice a Laly
"—¿De… de veras te parece más importante recitar Althusser que conocer las propiedades de la flor del saúco?".
"¿P… puedes decirme, Laly, por qué es más cultura nuestra cultura?"

En mi opinión esta es la intención perseguida con esta novela por su autor: Mostrar, quizás, una leve esperanza de recuperar el mundo rural castellano dejado de la mano de Dios desde hacía décadas. La Democracia, quizás, piensa Delibes, podría prestarle la atención que el medio merecía. Pero los dos jóvenes que acompañan a Víctor, único representante de la intelectualidad, no parecen dejarnos, por la actitud de ambos, abrigar muchas esperanzas.  En fin, era 1978 y todo podía aún ocurrir. Estamos hoy en 2020 y ahí está la España vacía y vaciada de la que hablan ahora muchos y buenos autores como Sergio del Molino, por citar un nombre importante. Estamos ahora más concienciados del problema que esto supone; como se ve llegamos 40 años tarde.

Esta novela corta es un prodigio lexicográfico. A los términos ya señalados cabría añadir otro montón que le nacen a Cayo con una fantástica naturalidad: 'almorrón' (lomo alto de tierra, acanalado en su parte superior, y que desde una noria, acequia, etc., conduce el agua hasta las regueras). Miguel Delibes es de Valladolid y eso se nota mucho en el vocabulario como se ve en este término y en otros como 'camella' (arcaísmo utilizado en el relato con el sentido de portillo que cierra o abre el paso del agua por la reguera) o incluso 'gárgol' (ranura en la que se encaja el canto de una pieza), palabra utilizada por el señor Cayo cuando les está hablando de la confección de la colmena de madera para las abejas. Y muchas más: 'chovas', 'dujos', 'hornilleras, 'costanillas'...

Es también, como he señalado, una denuncia explícita y muy plástica de la España vacía tal cual es y la vive Cayo: "Dentro de los edificios, bajo los dinteles sin puertas o tras los postigos desencuadernados, se veían arcones de nogal, viejos arados, ganchos, escañiles y yugos llenos de polvo y telarañas. De cuando en cuando, el señor Cayo se detenía para mostrarles alguna peculiaridad del pueblo o contarles anécdotas nimias, en cuyo relato ponía un énfasis desproporcionado"

Pueblos abandonados de Castilla, Miguel Delibes
Pero sobre todo es un canto al medio natural que el novelista abona con ese vocabulario preciso y pertinente que ya hoy pocos conocen: 
"Descendían por la trocha de uno en uno, entre ringleras de manzanos chamosos, el caserío arriba, en el cantil, y, abajo, en la hondonada, el río, las torrenteras rugientes, con un rumor sordo, y cambiante como el del mar. Ya en la orilla, el señor Cayo caminó a paso rápido por la sirga hasta alcanzar un restaño"
Y en el aspecto de la política -no podemos obviar que la anécdota del libro es la búsqueda del voto- Miguel Delibes presenta, en mi opinión, un panorama algo descorazonador: los Partidos son como empresas que sólo buscan ganar y para ello pegan sus carteles electorales sobre los de la competencia e incluso en algún momento son capaces de llegar hasta las manos. Sus militantes, salvo excepciones como Víctor, son algo incultos, procaces y malhablados como Laly (Laly dirigiéndose con cierto humor a Rafa: "Reúnes todos los vicios del pequeño burgués, las tres Pes, como dice Ayuso: Pereza, pito y paladar."), vagos  y pretenciosos (Rafa tiene 23 años y anda aún por 2º de Derecho). Además viven en un mundo irreal en el que ven  la realidad a través del Cine e incluso llegan a considerar a alguien de una opción u otra por aspectos ajenos a la política como, por ejemplo, la conducción de un modelo u otro de automóvil e incluso por sus gustos musicales:
—¿Crees de veras que cada opción política tiene su música? 
—Tampoco es eso —dijo Laly—, pero tú me dirás cómo casas el género chico con una alternativa progresista.
Lo que la relectura de esta novelita de Delibes me ha venido a mostrar es que su literatura sigue siendo más que adecuada para enseñar a escribir a quien sea y desee aprender. Véase, si no la descripción con la que abro esta reseña. ¿No os parece un más que pertinente ejemplo para mostrar a escolares y bachilleres?

Pero, me diréis, ¿hay algo en la novela que no te haya gustado? Pues sí, hay una cosa que creo que no hace mucho bien a los escritores que colocan sus novelas muy pegadas al tiempo real. Ello son las alusiones de nombres reales de políticos fugaces que en el momento de escritura quizás tuviesen relevancia pública ("Los de Fernández Cuesta eran"; "Ahora dicen que anda con Areilza", y así) pero pasados los años -42, nada más y nada menos- han quedado subsumidos y olvidados en el fango de la Historia.

Por último, sólo he visto en la novela un asunto que resulta anacrónico para un lector actual. Ese es la manera de relacionarse hombres y mujeres en el relato. Se percibe una falta de equidad en el trato entre ambos sexos; especialmente es perceptible tal cuestión en Rafa y Laly, siempre lanzando el primero pullitas machistas a la chica, y ésta defendiéndose del acoso verbal con una agresividad lingüística que resulta algo fuera de lugar. En defensa del escritor diré que para la generación a la que él pertenece hombres y mujeres pertenecían a esferas distintas; por eso no creo que haya machismo en Miguel Delibes, había machismo en la sociedad de 1978. La novela es una muestra de la realidad sociológica española de esos años.

Para finalizar
Pensaba unir esta reseña de "El disputado voto del señor Cayo" con "Coños", la primera publicación de Juan Manuel de Prada, y formar una entrega más de mi sección "A pares". No va a ser así porque creo que no maridan bien estos dos autores y menos aún estas dos publicaciones. Dejaré para otra ocasión a Juan Manuel de Prada y así homenajearé a Miguel Delibes como se merece. 
____________________

Nota
Esta novela fue la que elegimos en la Tertulia "más que palabras..." para homenajear al escritor que fuera director de El Norte de Castilla. Por la fecha de publicación y la maestría del autor también la incluyo dentro de las lecturas de clásicos dentro de la IVª edición del  Reto 'Nos gustan los clásicos' en el que participo.



14 feb 2020

Manuel Longares: "Romanticismo"

14 comentarios:
La novela "Romanticismo" que fue en 2001, año de su publicación, Premio de la Crítica de narrativa en castellano, ha sido la obra que el grupo de lectura en el que desde hace ya diez años participo eligió para febrero. En esta ocasión tuvimos la enorme suerte y oportunidad de contar con la presencia del autor, Manuel Longares, una persona encantadora que escuchó con paciencia infinita nuestras impresiones y respondió a cuantas cuestiones le planteamos sobre su obra. Ha sido una muy grata experiencia que no cuento aquí sino en el blog de idéntico nombre de la Tertulia: "más que palabras...". [pinchar en el nombre para acceder].

"Romanticismo" es la obra cumbre del periodista y novelista Manuel  Longares (Madrid, 1943), licenciado en Derecho, titulado en Periodismo y también con estudios de Filología Hispánica. Profesionalmente ha sido el Periodismo el centro de su actividad realizada en medios importantes: redactor jefe de los suplementos culturales de El Mundo y El Sol, o articulista en El País donde por sus colaboraciones semanales fue distinguido en 2004 con el premio Mesonero Romanos. Haber sido reconocido con galardón tan prestigioso al que da nombre Mesonero Romanos, costumbrista madrileño, es, tras leer su novela, algo que me parece lógico y natural dado que esta narración es en sí misma un homenaje a la ciudad de Madrid, a su manera de vivir y a sus habitantes.

La novela se ha vuelto a reeditar en 2019 quizás al alumbrarse en  nuestro país una circunstancia socio-política semejante a las que se ficcionalizan en el relato. Si allí es el final definitivo de una época, la del franquismo por consunción del dictador y pocos años después, en octubre de 1982, la llegada de la izquierda al poder, ahora en 2019 tras un período de crisis económica e inestabilidad política de nuevo pareciera que se fuera a producir un final de época, la de aquella que algunos denominan 'Régimen del 78'. Yo me preguntaba si no sería que la industria editorial hubiera querido ver una cierta similitud entre los temores existentes en algún sector de la sociedad española ante lo que está por venir y los que en 1975 y en 1982 hubo en grupos sociales que temieron por el cambio de situación. Desde luego es materia opinable y por eso se lo pregunté directamente al novelista quien me dijo que no lo creía en absoluto pues las circunstancias entre el hoy y ese ayer son muy otras.

¿Me convenció Longares con su respuesta anterior? Algo sí, desde luego, pues entiendo que una traslación en estricto sentido no es del todo pertinente dado que el "cogollito" –así se designa en la novela a esa aristocracia burguesa detentadora del poder durante el franquismo- hoy ya no se visualiza sólo en el barrio de Salamanca, centro de la narración, sino que en este momento hay diversos "cogollitos" por muchas partes e incluso me atrevería a decir que algunos de ellos hoy mismo están bien presentes en nuestros gobernantes por muy transversales que ellos se digan de sí mismos.

Ciñéndome ya del todo a la novela, yo destacaría como elemento esencial en ella la anulación del tiempo, el ejercicio de disolución temporal que realiza el autor, y que queda plasmado en esas tres generaciones de una familia de la burguesía alta madrileña habitantes de una casa ducal del barrio de Salamanca desde la época de la guerra civil hasta ese momento ya en la etapa democrática en que los vencidos en la contienda fratricida llegan al poder en 1982, poder del que 14 años después serán desalojados de nuevo. Antes de estas dos fechas -1982 y 1996- el relato, en consonancia con la marcha de la sociedad española, experimenta un giro importante en noviembre de 1975 cuando el Caudillo, por algunos hasta ese momento tenido casi por inmortal, muere y los fantasmas del "qué pasará ahora" se ciernen sobre las aristocracias inoperantes que durante 36 años se habían beneficiado hasta el hastío de su adhesión incondicional al Régimen. Pero pronto las intranquilizadas aguas del estanque inmovilista se aquietaron:
"—Todo sigue igual —le dijo Caty Labaig en su última visita, mientras se retiraba premiosamente del brazo de la enfermera tagala—. Pero nada es como fue."

Una novela de personajes
El 20 de noviembre de 1975, es el gozne sobre el que Manuel Longares hace pivotar la narración, hacia atrás y hacia adelante, presentándonos los acontecimientos de la vida de los miembros de la familia Arce Matesanz, tanto de los padres de José Luis Arce como de Pia Matesanz; en especial de ésta dado que las vivencias de Hortensia, la madre, son de especial relevancia en el devenir de Pia e incluso de Virucha, hija y nieta respectivamente. Alrededor de este matrimonio orbita todo un universo de personajes:
  • Los que habitan en el barrio: Caty Labaig, la periodista de revistas papel couché; Lalo Pipaón y Luismo Fonseca, los socios de la tienda de electrodomésticos; Javo Chicheri, el falangista camisa vieja; Moncha Gabarrón, la cuñada roja de Javo Chicheri; el doctor Lapayese, asiduo del Café Balmoral; Máxima Dolz, amiga íntima de Hortensia y profesora de guitarra de Virucha; Izaskun Damborenea, etc.
    Loquillo, Coctelerías madrileñas, Manuel Longares, "Romanticismo"
  • Los profesionales que viven cerca del barrio, pero ya no forman parte del cogollito: el pintor Villasevil al que se homenajea en un momento del relato; el juez Monjardín, represaliado tras la guerra civil por sus ideas republicanas; Teosifonte Monjardín, hijo del anterior; Marcos Panizo, administrador del edificio de la calle Goya; etc.
  • Por último lo que podríamos denominar 'tercer estado', los auténticos humildes, los trabajadores que sirven a los dos anteriores estados y sobre todo al primero: Domi, Wences y Bea, las tres criadas en la casa de los Arce-Matesanz que, respectivamente y en este orden, al igual que el resto de la sociedad española simbolizan la evolución liberalizadora del propio país reflejada en esas tres generaciones mostradas en la novela; el sacristán Mamerto Bustinzapedorras, pareja de Wences; Marta Pombo, la militante de base socialista, esposa del administrador Panizo, que sirve de enlace entre todos los estamentos que se muestran en el relato.
Los personajes de este universo de seres aparecen y desaparecen de manera que, como ya he dicho antes, queda anulada la dimensión temporal, y la vida de unos y otros parece prolongación natural de la de los antecesores. E igual sucede con los cambios sociopolíticos que se producen a partir de esa fecha del otoño de 1975.

Lo que es evidente es que estamos ante una novela de personajes cuyo conjunto sirve, cual si de "La colmena" de Camilo José Cela se tratase, para mostrar Madrid, en verdad el personaje principal de este relato.
El título
Cabe preguntarse -y yo me lo he preguntado varias veces a lo largo de la lectura- ¿por qué el título "Romanticismo"? La verdad es que hasta muy mediada la narración no aparece alusión alguna al término en ninguna de sus posibles acepciones. Allá por la mitad de la novela cuando en los años de la transición salen a la calle manifestaciones que encogen un poco el corazón de algunos vecinos del barrio de Salamanca leemos:
"Y esa impresión de que en el último segundo del último minuto se retenía lo que se escapaba de las manos —agarrando la oportunidad por los rabos, como diría Izaskun— se imbuía del romanticismo otoñal y del morboso desorden."
A partir de este momento el vocablo y los de la familia léxica a la que pertenece se prodigan en la novela. El sentido completo del porqué del titulo creo que puede extraerse con suma claridad de la siguiente exclamación que profiere Teosifonte Monjardin, en llamada anónima al programa que en la emisora de Chema Bacigalupe conduce en las madrugadas con enorme éxito de audiencia Virucha Arce Matesanz:
"—Soy romántico —afirmó la voz ondulada— porque creo en la capacidad del hombre para vencer su destino."
Esta es en mi opinión la intención perseguida por el novelista con esta novela, presentarnos el cambio de dirección de una serie de seres que predestinados por su origen a un papel en la vida, sin embargo quebrarán ese destino adoptando otro que por el cambio de circunstancias políticas les es más conveniente.

El humor, un elemento fundamental
Las razones que en la novela algún personaje esgrime para justificar el fichaje para la causa democrática en su línea socialdemócrata ("socialismo fabiano") de elementos pertenecientes a la alta burguesía -"al cogollito"- son variopintas por demás: ir a hacer catequesis a barrios marginales, haber recibido en depósito unos libros 'peligrosos' como eran consideradas las "Memorias de Casanova" en la época franquista, las murmuraciones sobre si el padre o el abuelo de unos u otros habían simpatizado con los "rogelios", etc.

Casa ducal de la calle Goya, Franquismo, "Romanticismo"
Como se puede deducir de lo anterior el humor tiene en este relato un importante papel. Es un humor de variados tonos que el novelista aplica a unos y otros según qué casos y quiénes sean. Así por ejemplo lo hay de tono crítico y algo áspero cuando presenta las prácticas sexuales del matrimonio Arce Matesanz por considerarlas no acordes con la ideología que les es propia; y sin embargo esas mismas o parecidas prácticas eróticas cuando las desarrolla el matrimonio Panizo Pombo, pertenecientes al grupo social de los denominados 'humildes' son aplaudidas y envueltas en un humor abierto, sano y lúdico. En este sentido detecto en el relato un cierto maniqueísmo.

Pero por lo demás hay muchos momentos de sano humor. Muchísima gracia me ha hecho leer lo que decían algunos en los círculos franquistas cuando la enfermedad del Caudillo no presagiaba nada bueno:
"—Ayer se les quedó fiambre —contó Luismi Fonseca en Balmoral— y le resucitó el himno del Tercio.
—Pronto nos fallará la música —replicó el doctor Lapayèse— y habrá que encomendarse a Dios."
E igualmente me ha hecho reír la crítica que hace de Pía, quien estaba segura de sacar más partido a la lencería de Asensio que a la Bicha de Balazote, cuando sobre las Memorias del veneciano dieciochesco leemos:
"—No sé quién es Casanova —confesó la licenciada en Románicas por la Universidad Complutense."
Una novela llena de evocaciones
También durante la lectura muchas veces resonaba en mi cabeza la literatura española de la que Manuel Longares demuestra un enorme y bien asimilado conocimiento. La impronta de "La colmena" celiana es más que evidente, pero también ¿no está latiendo Pío Baroja en la frase 'la propuesta que le lanzó en el extrarradio de la aurora roja', o el Cervantes del soneto con estrambote en esa enumeración de acciones realizadas por Fela del Monte, la sexualmente liberada amiga de Pía, cuando le recomienda una sauna que, la verdad sea dicha, no era otra cosa que un puticlub?:
[Fela]"cuando iba a introducirse en el coche y nadie esperaba otro gesto que el rutinario de la mano agitándose desde la ventanilla en el adiós, se escoró con picardía de tanguista, asió la pamela, elevó las cejas, flexionó las rodillas, botó su grupa, y proyectando el índice de su mano derecha a quienes observaban extasiados su cadencia socarrona, destinó a Pía la frase que antecedió a su mutis:
—Leña al pompis."
Pero intertextos no sólo los hay literarios; sin duda alguna en los nombres dados a las monjas del colegio al que Pía y su amiga Goretti asistían de adolescentes subyace el sarcasmo, la parodia y en definitiva el humor presente en algunas de las primeras creaciones cinematográficas de Pedro Almodóvar. La frase que cito a continuación me lleva mentalmente a "Entre tinieblas", película de 1983 del realizador manchego
"La madre Santa Faz achacó la disconformidad de Pía a un quid pro quo, eso dijo mientras convocaba de un timbrazo a la madre Pesebre"
Y es que en definitiva, en esta novela de Manuel Longares hay mucha cultura, mucha literatura, mucha crítica sarcástica, mucha parodia, mucho humor en ocasiones un tanto ácido y, ya lo he dicho antes, algo maniqueo a veces. Pero lo que es algo indistinguible  y seña de identidad del estilo Longares es su construcción sintáctica llena de períodos largos, extensos, algo barrocos en mi opinión que parecen no concluir jamás y que como lector me hacían disfrutar en su belleza aunque me dejsean sin resuello en ocasiones. He aquí una muestra de su manera de escribir:
"Al fin suspiró, desplazó los ojos del imán que los retenía, y con un blando giro de la mano enguantada presionó el pomo de la puerta del local que, como otros de la zona, destilaba al abrirse el campanilleo de una bienvenida que desde ese momento alertaba al empleado a suscribir con el cliente esa ley secreta por la que no sólo le cede en todo y para siempre la razón sino que aparenta menor clase, dócil a una actuación reglada que le hará desenvolverse en el acotado margen de su negocio sin renunciar a un estilo que dejaría en mantillas al más sutil diplomático si por una apuesta se arriesgase a practicar el comercio a la manera relajada y sabia de estos dependientes que están siempre por encima de lo que venden, ya sea bisutería, muebles, automóviles o alimentación, porque nacieron entre el género, hacen su carrera en el mostrador y aspiran a irse de este mundo con las botas puestas, como aquel que dice, mientras exhiben el catálogo de Givenchy, la consola Imperio, el diseño Pininfarina o los nicanores de Boñar."
Un escritor costumbrista
Este estilo algo barroco y recargado en algunos momentos, sin embargo se aligera en los diálogos entre personajes que son vivos y con chispa. En este aspecto de los personajes, de su vida en un Madrid reconocible y el gracejo de los intercambios verbales habidos entre ellos, Manuel Longares recuerda mucho a Benito Pérez Galdós del que sin duda alguna es meritorio epígono. Esta novela, "Romanticismo", bien podría codearse con aquellas galdosianas denominadas 'contemporáneas' en las que el escritor canario presentaba el devenir de unos personajes a lo largo de dos o tres generaciones en una España real que vivía escindida en sus estamentos sociales poco comunicativos entre sí, aunque en algún momento se diese el contacto tangencial que es en definitiva lo que mueve también este relato. Y si don Benito portaba con gallardía el marbete de escritor costumbrista por la plasmación que de la vida real de Madrid hacía, otro tanto cabe decir de Longares, quien como digo al principio de esta entrada por algo fue distinguido justamente con el premio Mesonero Romanos, autor de "Escenas matritenses".

El propio Manuel Longares en entrevista realizada por la propia Biblioteca Nacional con motivo de la exposición "Benito Pérez Galdós, La verdad humana" reflexiona sobre el apelativo de galdosiano con el que de le suele calificar


Nota: De la agradable Tertulia que tuvimos con Manuel Longares escribió Juan Cruz un muy bello artículo el lunes 17 de febrero de 2020 en el Diario 'El País' con el título "Desinencia rubia del barrio del Retiro" [pincha en el título anterior para acceder al mismo].

27 mar 2016

Francisco Casavella: "Viento y joyas" ("EL DÍA del WATUSI" II)

3 comentarios:
"Viento y joyas", Francisco Casavella, "El día del Watusi"
Reconozco que no sé muy bien cómo abordar esta entrada sobre "Viento y joyas", la segunda entrega o la segunda parte de la enorme -por calidad y tamaño- novela de Francisco Casavella. Y no sé cómo abordarla dado que hará poco más de un mes que reseñé la primera entrega, "Los juegos feroces" [leer dicha reseña pinchando aquí] y ya ahí dejé señaladas no pocas de las características que contiene la escritura del novelista catalán, características que, lógicamente, vuelven a aparecer en este "El día del Watusi" II.


Dedicaré esta entrada sobre todo a citar fragmentos de la novela que me parecen singulares y reveladores del modo de escribir y de la intención perseguidos por el autor. Siendo consciente de que en una creación artística es difícil -por no decir imposible e incluso absurdo- hacer cortes o separaciones entre los elementos que la constituyen, en pro de un mínimo de claridad expositiva señalaré a través de las citas que realice cuatro ingredientes presentes en este relato que me parecen importantísimos. Son los siguientes:

1.- Elementos de la Narración
"Viento y joyas" se inicia en 1975, recién fallecido el dictador, y llega hasta el año 1977 en que, tras la legalización del Partido Comunista de España, el franquismo prácticamente se suicida en forma de dimisiones de los altos cargos de antaño y el Presidente Suárez se embarca en una transición política que culminaría en el referéndum de la Constitución española de 1978.

La acción se sitúa, como en la primera entrega, en la Barcelona de esos años, si bien en esta ocasión la ciudad de Madrid cobra un protagonismo que no tuvo en "Los juegos feroces", pues no en balde el futuro político de España se estaba fraguando allí.

De los personajes de la primera parte, se mantiene el personaje narrador-protagonista, Fernando Atienza, convertido ya en un joven de 19 años en 1977, año durante el que se desarrolla la mayor parte de la trama. De los personajes de la primera entrega de "El día del Watusi", aparte del narrador, sólo aparecen aquí algunos muy secundarios como Dora, la amiga de Julia, la chica que aparece violada y asesinada en la primera parte; la madre de Fernando y su pareja Carmelo, en algunos breves fragmentos aunque importantes para la verosimilitud del relato; y naturalmente el Watusi, ese ser del que todos han oído hablar pero del que nadie puede dar fe cierta. Con todo en esta novela, durante muchas páginas, Watusi no es ni siquiera nombrado aunque sí que se dan claves importantes sobre él, en especial al desvelarse su letra y melodía, pistas importantes para la comprensión total del relato.

Del resto de elementos de la narración, la historia y el estilo, hablaré en los siguientes epígrafes.

2.- Denuncia política y paso del tiempo
Con estas palabras quiero señalar los asuntos principales a los que Francisco Casavella dedica "Viento y joyas". No hay que olvidar, como se puede leer en el post de "Los juegos feroces", que Fernando Atienza en 1995 está haciendo un Informe a un Lector innominado sobre los sucedidos acaecidos desde 1971 hasta esos años 90 y el impacto y relevancia que los mismos tienen, tengan o hayan podido tener sobre el ciudadano común. Pero he de advertir que la novela no se agota en estos dos temas. Quien la lea verá también en ella una historia de relaciones amorosas, de traiciones, de amistad, de desarrollo personal del narrador-protagonista a quien vemos crecer y espabilar ante nuestra vista.
¤ Denuncia política
En esta segunda entrega de "El día del Watusi" la denuncia política es más directa, más clara y explícita que en la primera. Aparecen con nombre y apellidos algunos importantes actores del panorama político nacional como Jordi Pujol o Adolfo Suárez. De estos dos y de otros, explícitas sus identidades unas veces o simplemente insinuadas en otras, se denuncia su actuación y se parodia su actmanera capciosa y engolada de hablar. He aquí algunos ejemplos:
[...] "del automóvil se apeó un señor pequeño que daba consejos sin parar a un corro faldero que le perseguía y jaleaba cada una de sus intrincadas frases. [...] El señor bajito de vio en la necesidad de hablarle al mayordomo octogenario. Cerró los ojos un instante, los párpados contritos por el peso de las obligaciones trascendentes [...]
- Yo, creerme que hay que pagar, no me lo he creído nunca, amigo criado. Debo insistirle no obstante, no obstante, que Cataluña no puede permitir un trato semejante en tan dolorosas circunstancias, circunstancias difíciles para todos, como ya anuncvié en su día, hoy. Y sepa usted, le insisto, insisto en este punto porque me parece de importancia para Cataluña, que a Cataluña le insulta el trato despectivo, secular, milenario, cósmico, infinito, que usted inflige a Cataluña. Dígale a quien corresponda, que Cataluña se distingue no sólo por su sensatez, sino también por su empuje, su rabia, su coraje. Cataluña. Y dígale que si Cataluña ha venido aquí hoy ha sido por respeto y porque yo dirijo y no dirijo Banca Catalana y Cataluña." [...] (págs. 687-688) 

Llama poderosamente mi atención la capacidad de análisis y la visualización del devenir político que el novelista tenía en 2002, año de aparición del relato completo. Si no, véase como presenta el "problema catalán". Cualquiera diría que ha sido escrito ayer mismo:
"El problema catalán. Esto puede alcanzar el punto de ebullición en cualquier momento. Y ya me dirás tú quién dialoga con ellos. Ya has visto a Pujol en el entierro. Al dejar el banco, dejó un boquete en las cuentas como la diosa de las Marianas. No creo que llegue a nada, pero sin duda tiene un tirón coyuntural. La gente le quiere. Y sus primos, los socialistas, que son todos primos. Y los comunistas. La futura clase política, si se llega a firmar, es de esta ciudad. Son una castaña. Si no sale uno, saldrá otro." (pág. 696)
¤ Paso del tiempo
El paso del tiempo, ver cómo todo "Con el tiempo se va" -como dice la canción de Leo Ferré- o queda en la memoria popular, es el meollo de esta novela. Hay una lucha juventud - ancianidad patente en los emparejamientos Tina - Tomás y en el de Fernando - Guillermo. En  las dos canciones que respectivamente cada uno de ellos escucha -Fernando, la de "El Watusi";  Ballesta, el jefe de Fernando Atienza, la titulada "El tiempo se va" de Leo Ferré-  están algunas de las claves del relato. En la de Leo Ferré, entre las pesimistas frases de pérdida de todo: de la vida, del amor, de la amistad..., está la que da título a esta segunda parte de "El día del WATUSI":


"Con el tiempo...
Con el tiempo todo se va
El otro al que se le daban viento y joyas,
por quien se hubiera vendido el alma por
[unos céntimos
Ante el que se arrastraba como se arrastran
[los perros 
Con el tiempo se va, todo va bien
Con el tiempo...
Con el tiempo todo se va
Se olvidan las pasiones y se olvidan las voces
que decían bajito con palabras de la gente
[pobre: 
“No vuelvas tarde, sobre todo no cojas frio”.
Con el tiempo... 
Con el tiempo todo se va, 
y uno se siente encanecido como un caballo
[agotado. 
[...]


Debido a la muerte de Franco, en poco más de dos años, todos los actores políticos y económicos españoles hubieron de posicionarse, situarse, anticiparse, eliminarse y postularse como demócratas de toda la vida para afrontar el nuevo statu quo. Francisco Casavella se centra en Barcelona (Cataluña) y muestra cómo los personajes se reubican en el nuevo contexto español que se está gestando. Leyendo esta novela se entiende por qué un escritor fantástico como es él, sin embargo no goza de los parabienes que otros, muy inferiores pero más aduladores y acríticos, reciben de los prebostes políticos de esa Comunidad. Creo que algunos de los fragmentos siguientes son muy clarificadores al respecto:
 "Tras años de pacientes relaciones sociales, don Carlos logró constituirse, no centro, pero sí referencia obligada, de un núcleo que se sentía algo rechazado por los diversos grupos nacionalista religioso, religioso sin nacionalismo, muy religioso con nacionalismo o sin él y no nacionalista y algo laico, pero más antiguo en la plaza." (pág. 361)
 "¡Pero qué oportuno es saber sacar partido de todo en el momento indicado! ¡Qué bella es la política! ¡Qué bonito es protestar, y además de esa manera tan cursi como protestan algunos,  mientras un tío tiene dos penas de muerte encima!" (pág. 632)
Sobre el camaleonismo de los seres humanos que no quieren perder las prerrogativas que siempre habían disfrutado son esclarecedores algunos momentos del relato. En especial cuando toda esta pamema de PLC (Partido Liberal Ciudadano, creado por prebostes catalanes para integrarse en la coalición de la UCD que Suárez está creando desde Madrid) no es más que una manera de evitar que el Boris antiguo (así se llamaba a Ballesta durante la dictadura franquista de la que era fiel colaborador) renazca y engulla a Guillermo Ballesta. Y otro tanto es lo que justifica las acciones de Carlos del Escudo y de Tomás del Yelmo (banqueros y potentados durante el franquismo que se están resituando en el nuevo escenario) que no quieren que en esta nueva época renazca su antigua personalidad:
"Sí, Fernando, sobre ese camposanto se clavará un cartel que diga "Ciudad Nueva" y nadie le llamará nunca más "Campo de Sangre". A lo mejor oímos a lo lejos el balido de los chivos expiatorios que vienen de las cloacas. A lo mejor tenemos que seguir echándole aceite a la gran rata de la que te hablé. La rata peluda que era como un perro ciego que era como un cerdo con púas. Ese es el precio que habrá que ir pagando. Ese es el precio que estamos pagando. El precio del enterrador y del aceite para la rata. Nadie debe saber nunca la verdad, Fernando." (pág. 634)

Y para lograr que nunca nadie sepa la Verdad, ya se ocuparán ellos, con la inestimable ayuda de periodístas corruptos de manipular el pasado y utilizarlo, unos y otros, a su favor. La reciente histora de España (estamos en 1977) se la explica así Ballesta a Fernando:
"En la zona más pútrida de esa ciudad, en sus arrabales dominados por el hambre, la injusticia, lo insalubre, la violencia, el miedo, en esas Barracas de cochambre, domina un caudillo. [...] Ese caudillo muere y los que desean que el aura de su figura se perpetúe buscan un culpable antes de enterrarlo. Los que quieren deshacer la ciudad con el pretexto de acabar con las chabolas también buscan un culpable, porque les interesa eternizar la memoria del caudillo para tener un enemigo imaginario en el que poder apoyarse. O para tomar el poder señalando siempre la estatua que corona su sepulcro y diciendo a los incautos: " ¡Mirad! ¡Cuidado! ¡Puede volver!"" (pág. 638)

3.- Metanarratividad y Estilo
Naturalmente esta novela no alcanzaría la calificación de excelente, que yo me atrevo a darle, si sólo fuese la denuncia de un comportamiento político. No, esta novela es mucho más. Esta novela es literatura en estado puro.
¤ Metanarratividad
Con la argucia del Informe escrito para ese Lector con mayúscula, el autor puede mostrar el proceso creador o de escritura como cuando le comunica decisiones narratológicas:

  • "Tina, una mano en la cadera, hace virar las listas de la cortina, agachaba el ceño sin bajar esa mirada lasciva que gusta a todo el mundo. Lector, he decidido ahorrarle el cuadro erótico: sólo diré que Tina esa tarde fue efectivamente " la otra" que había prometido simular" (pág. 667)
  • "Con esa falta de pruebas, y aunque no sea ´ste el caso, parece que esté pecando de ingenuo desde el punto de vista periodístico. También de tedioso y desaliñado desde la óptica narrativa: de nuevo estás viendo, Lector, cómo los acontecimientos se adelantan y suspendo el suspense" (pág. 505)

 Igualmente es propiamente reflexión narratológica los pensamientos que sobre la propia escritura realiza el narrador-protagonista:
  • "Uno a veces parece que se acuerde de las cosas, pero se las está inventando" (pág. 332)
  • "Vista desde su lado patético, el único eje de esta historia es mi plomiza capacidad de reiteración. Por tanto, desde este disfraz de payaso, te repetiré, Lector, que por el sótano de mis tristezas laborales pululaba un hombre que" [...] (pág. 390)
  • "Y no sé si lo que he contado que ocurrió aquella tarde, ocurrió en realidad en dos o tres o cinco días. Pero la memoria concentra los sucesos con una saña esquemática, siguiendo las líneas de una primera plantilla que ordena todos mis recuerdos en una sola jornada llena de acontecimientos." (pág. 449)
¤ Estilo
Si a algun estilo literario me recuerda esta novela -creo que así ya lo manifesté al hablar de "Los juegos feroces"- ello es al del creador de la técnica del esperpento. Los nombres que a los bancarios y elementos de la burguesía capitalista catalana pone el novelista son de traca: D. Carlos del Escudo y de la Lanza, D. Pompeyo Llansá de Tramontana y Ampurias, marqués de Tramontana, don Tomás del Yelmo y de la Torre del Homenaje, directores del Banco Comercial Ciudadano' (antigua Banca Quipaga-Mana).

Es, como se ve un humor crítico que no pasa desapercibido, voluntariamente buscado y que tiene sus referentes además de en el de las barbas de chivo en Eduardo Mendoza e incluso en el mundo de los cómics de Ibáñez. Así la muerte del Marqués de Tramontana es saludada con una manifestación sindical, también de traca por sus variopintas reivindicaciones:
"A esa algarabía era preciso añadir una manifestación del Sindicato de Payeses que, enfurecidos, solicitaban desde el otro lado de la carretera la desamortización de unas hectáreas y el amor libre"  [pág. 686]
Sigue Casavella demostrando en "Viento y joyas" su increíble manejo del idioma que le sirve para nombrar realidades nuevas y/o conocidas como la de los periodistas que aceptan dinero por publicar noticias laudatorias sobre una persona o una formación política; a estos corruptos profesionales los clasifica entre los "humanos, de la subespecie periodística, subgrupo 'sobrecogedores'". Y luego justifica la creación léxica diciendo:
Periodismo corrupto"un neologismo que echaba por tierra el terco lugar común de que nuestro amado idioma no era apto para crear una nueva palabra uniendo dos preexistentes:-Deja el automóvil en la bocacalle. Ese correveidile pidepán ya debe de estar cariacontecido- me ordenó, ejemplar, el filólogo Ballesta-: Ahora, vamos a bautizar a un sobrecogedor." (pág. 496)
Pero la personalidad literaria del escritor, la poesía que en muchos momentos emana de la novela yo he querido verla en descipciones impresionistas como ésta:
"En la abigarrada ladera de escalonados edificios sin rastro de vanidad arquitectónica, el pueblo almuerza. A través de ventanas abiertas parpadea la luz de los telediarios, silba un canario, se asoma al exiguo balcón un viejo en pijama, y en el cielo reptan nubes sobre una ciudad con quietud de monumento funerario. El deportivo amarillo, como un guarda silencioso, está muy cerca. No hay nadie más. Tina me descubre algunos episodios de su azarosa vida, mientras yo la escuchó siendo presente, presente, presente." (pág. 532)
4.- Intertextualidad y Culturalismo
Si algo de verdad caracteriza el universo de Casavella es su espectacular conocimiento y asunción de cuanta literatura, antigua y moderna, se ha escrito dentro y fuera de España. Y lo mejor de ello es la naturalidad, la normal inserción de estos elementos literarios de otros autores, en el escrito propio. Algunos ejemplos:
  • Machado: "El delincuente gordo, cuando ya enfilaba su trayecto hacia mi persona, detectó a la autoridad con un sexto sentido, y se volvió a meter en el bar con la misma capacidad de disimulo que de aliño indumentario." (pág. 440)
  • Julio Verne ("Un capitán de quince años"), y Espronceda ("La canción del pirata") y otros en las infantiles imaginaciones de Fernando Atienza envueltas como en él es habitual el buen humor:"Rico y viajero, no faltaron divagaciones blancas sobre un capitán de dieciséis años: la melena al viento, canto alegre en la proa, y ya en tierra, silbo al volante de un descapotable y palmeo cariñoso la cabezota de un dogo con la lengua fuera y los ojos alegres que se ha colado en la ensoñación sin que nadie lo llamara" (pág. 343)
  • Juan Marsé de "Últimas tardes con Teresa" en los paseos con Tina a bordo del Jaguar amarillo: "Y veo a Tina babear como un lobo hambriento mientras su pañuelo aletea con furia" (pág. 532)
  • San Juan de la Cruz: "Yo sospechaba que en su noche oscura del alma, don Carlos sabía de sus incapacidades" (pág. 564)
  • Ramón María del Valle Inclán en esos gerifaltes, semejantes a los "Gerifaltes de antaño" del gallego universal. Hay un tono muy valleinclanesco, de esperpento de la época de la reina castiza, en la rijosidad y lenidad con que los gerifaltes Tomás del Yelmo, Guillermo Ballesta, Carlos del Escudo y otros acuden en Madrid a 'D'Alessandro', y antros semejantes de putas finas y caras, donde liberan sus tensiones. La corrupción de jovencitas como Tina Alarcón a las que convierten en sus hetairas es también muestra de esta ausencia total de principios.
  • El 'nouveau roman' de Alain Robbe Grillet. Casavella con su peculiar y penetrante sentido del humor denomina 'Robbe Grillet' a la joyería en la que el viejo vicioso Tomas del Yelmo adquiere sus costosos regalos para Tina. Pero así como el intento de Robbe Grillet de renovar la novela a través del objetivismo feroz no consiguió sus propósito, los obsequios de Tomás del Yelmo tampoco conseguirían el corazón ("una cadena con el corazón de oro que no tenía y unos anillos", pág. 656) de la joven Tina.
  • También, cual si de la novela "Manhattan Transfer" de John Dos Passos se tratase, Casavella introduce a veces (ver cap. 17) fragmentos periodísticos destacados en distinta tipografía dentro del cuerpo normal de la narración. Verdaderamente, al igual que New York es el auténtico personaje de la novela de Dos Passos, en "Viento y joyas" Barcelona, y en cierta medida también Madrid, son algo más que escenarios, son personajes corales. Concretamente en ese capítulo 17 se cita al "grupo Lúpulo", -clara referencia a esas asociaciones políticas que se permitieron en el tardofranquismo y primer postfranquismo-, que evoca al famoso "grupo Tácito" formado por políticos en su mayoría franquistas como Fraga, López Rodó, Óscar Alzaga, Javier Tusell y otros. Estas asociaciones fueron el germen de las formaciones de derecha AP y UCD, aunque también hubo miembros de las mismas que pasaron a engrosar partidos nacionalistas e incluso de izquierda.
Pintura social española, Transición política, Francisco García Hortelano, Francisco Casavella

Final
Veo que la entrada me ha salido más extensa de lo que preveía. No me extraña nada. Este novelista, fallecido prematuramente a los 45 años víctima de un infarto, crea unas naraciones que hacen realidad la idea de novela total preconizada, perseguida y magistralmente conseguida por un Vargas Llosa, un García Márquez, un Mújica Laínez y algunos otros escasos maestros del arte de escribir que en el mundo han sido.
Estamos ante un auténtico clásico de la comunicación literaria. Este texto de Francisco Casavella es un diálogo constante con la pasada realidad española tanto literaria como socio-política. Un diálogo desde su momento de escritura que, ahí reside la magia del artista, llega hasta nuestro Hoy enriqueciéndolo y explicándonoslo.