Mostrando entradas con la etiqueta Premios literarios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Premios literarios. Mostrar todas las entradas

22 abr 2026

Dos autores, dos novelas, dos tertulias (A pares L, 1ª 1/2): "Comerás flores" de Lucía Solla Sobral

11 comentarios:
Hay ocasiones en las que a uno parece juntársele todo. Es lo que esta segunda mitad del mes de abril parece haberme sucedido. Y es que entre obligaciones familiares, viajes y las variadas aficiones y ocupaciones literarias voluntariamente adquiridas, el tiempo no me llega para todo. En lo que se refiere al objeto principal de este blog, el comentario de libros leídos, resulta que los encuentros de las dos tertulias literarias en que participo han venido a situarse en fechas muy próximas la una de la otra: El grupo de lectura "más que palabras...", el primero y más antiguo de las dos tertulias, es  este mes el primero en celebrarse; comentaremos en él la novela de Lucía Solla Sobral Comerás flores. Es por esto que la reseña sobre esta novela abre este A pares. La segunda reunión lectora, la del Club de Lectura Fuencarral, que también una vez al mes se celebra en La Casa del Libro de la calle Fuencarral de Madrid el último miércoles de cada mes tendrá lugar, pues, más tarde y por ello la novela "Ve y cuéntalo en la montaña" de James Baldwin que protagonizará el encuentro la comentaré en segundo lugar. Ambas reseñas serán en esta ocasión más minirreseñas que otra cosa. El tiempo no da para más..
 


Lucía Solla Sobral: "Comerás flores"

«He fallado. Soy imbécil. ¿Cómo me pudo pasar esto a mí? ¿Por qué yo no lo vi? Sé que tú te estabas dando cuenta. ¿De qué me sirvieron todas esas charlas, los debates y los libros? Fui a la universidad, hice un máster, tengo trabajo y una hermana activista.»

Maltrato psicológico, Violencia de género, Machismo, Romanticismo tóxico

Una primera novela de una escritora nacida en Marín, Pontevedra, en 1989. Con el título Comerás flores  Lucía Solla Sobral se alzó con el Premio Ojo Crítico de narrativa 2025. Es una novela escrita con mucha frescura y naturalidad que trata el tema del enamoramiento romántico, de las trampas que pueden encontrarse en él. La protagonista es Marina, una joven de 24 años que se enamora perdidamente de un hombre de unos 45 que fácilmente podría ser su padre; concretamente este hombre, Jaime, tiene una hija, Jimena, de la misma edad que Marina, algo que a ella incomoda y que es un handicap importante para que la relación llegue a buen puerto.


La novela, pues, presenta a un hombre maduro que poco a poco va anulando a esa joven que antes de conocerlo tenía una vida propia, vivía con Diana, una íntima amiga a la que él comienza a desprestigiar y que poco a poco va apartando de Marina. Es un hombre muy atento, que se anticipa a los deseos de ella, que la colma de atenciones. Pero ¿son las atenciones del enamorado manifestación clara de sincero amor o las mismas no son más que reflejo del afán de control y de dominio de éste? Llega un momento en que la chica se ve abrumada por él. Muchos aspectos del enamoramiento se tocan en este libro. Uno de ellos, el fundamental, es el de la atracción de una mujer joven por un hombre maduro. La experiencia, el saber estar de éste, la protección que emana de su figura, su éxito, incluso el remedo de figura paterna que puede representar para la chica son detalles esenciales en esta narración que la autora conduce con acierto. Ante el control que representa el exceso de atenciones de Jaime sobre Marina, su amiga Diana, auténtico Pepito Grillo suyo, le dice:
«—No sé, tía, parece un padre en vez de tu novio. —Cortó la pizza en cuatro y la repartió en dos platos—. Un padre chungo.»
Es una novela que toca el tema de la violencia de género. En este caso es una violencia blanda, apenas perceptible, cual lo es la violencia psicológica que en ocasiones puede llegar a ser tan mala o hasta peor que la física. No es necesario golpear para sentirse maltratado, basta con gritar, con mirar aviesamente, con durante días condenar al silencio al otro... Intentar hacerse perdonar los brotes violentos con regalos y atenciones viene a ser una manera de cosificar al otro, de ignorarlo como portador de emociones, de anularle la voluntad mercantilizando sus enfados.

Pero hay también otros muchos asuntos que se tratan en esta narración, si bien todos ellos están interrelacionados con el prinicpal que he señalado antes. Uno de ellos, muy importante, es el de la violencia que se infringe a sí misma Marina simplemente para satisfacer a quienes la rodean, bien sea su madre Bea y sobre todo su novio Jaime. Jaime es carnivoro y constantemente critica a Marina su veganismo. Ella para no incomodarlo, para satisfacerlo, para evitar discusiones, acepta comer alimentos que no quiere y por eso de inmediato y a escondidas se provoca el vómito. Esta aceptación por parte de Marina de los deseos de los otros (metafóricamente en el caso de la comida comer esto o aquello sólo por satisfacerlos) es lo que se desprende de la expresión que da título a la novela y que se repite en varias ocasiones a lo largo de ella: «Comerás flores». Es decir, tendrás que tragar y hacer o admitir cosas que no te satisfacen, pero que deberás soportar porque el amor es tan hermoso y tú estás tan enamorada... 

Otro asunto muy importante es el del comportamiento de Jaime. Él es un triunfador en su campo («compositor de atmósferas»), es un maestro de la diglosia, o sea, sabe cuando conviene hablar en gallego y cuando en castellano, no admite que se le contradiga, que se le pongan objeciones a no ser que éstas procedan de alguna de sus clientes como Mercedes a las que satisfacer. Y Marina no es ninguna clienta, es su chica, su novia, su enamorada. Por eso cuando no le da la razón o le comunica algo que no le satisface, él se pone hecho un basilisco y grita, grita, grita. Y después se marcha sin avisar, la abandona por un tiempo y cuando vuelve es como si nada hubiera sucedido. Quizás este asunto sea el más importante porque este es el comportamiento de un maltratador, es el comportamiento de un amante tóxico que es lo que Jaime es. A Marina le costará percatarse de ello porque aún por su cabeza circulan historias de amor romántico tipo la de Jane Eyre que tanto hacía llorar a su madre Bea. En ese ambiente se educó y liberarse de ello es difícil. A ella le costará concretamente casi tres años, desde los 24 que tenía cuando se enamoró de Jaime hasta los 27 que tiene cuando está escribiendo este relato.

El tema del duelo por la muerte del padre también tiene gran importancia en Comerás flores. ¿No encuentra Marina en Jaime sin ser muy consciente de ello a un sustituto del padre fallecido? Su amiga Diana lo supo ver desde el primer momento. Pero el amor, ya lo dice el saber popular, es ciego.
 
La novela me ha gustado, pero no todo en ella me ha gustado. A veces, demasiadas en mi opinión, cae en un infantilismo que considero fuera de lugar («Con la segunda patata me dio una arcada. No podía más. Me llené la boca con el siguiente bocado de hamburguesa. Nadie me había enseñado a comer estando triste.» o «Cuando Jaime quería llevarnos otra vez a un sitio elegante y caro y nosotras queríamos pedir pizza con los bordes gorditos, nos convertíamos en la misma niña malcriada.»). También, aunque no incurre en ello más que una vez, la escritora cede a las consignas de lo políticamente correcto, de las denominadas cuotas identitarias cuando, pienso yo, no había necesidad ninguna. Pero con todo es una novela equilibrada, y, esto lo quiero destacar, en mi opinión toca con acierto el tema de la amistad, de la verdadera amistad. La relación entre Diana y Marina es fantástica, es sincera, es auténtica, son dos magníficas amigas, dos personas que se valoran mutuamente, que se ayudan, que se aconsejan, que se quieren.

Formalmente han llamado mucho mi atención esas repeticiones, normalmente triadas (tricolon) en las que el término —a veces no es el mismo término sino una secuencia fónica— se repite tres veces. Con estas repeticiones se intenta transmitir la intensidad con que el personaje vive lo que la palabra significa. Lo curioso es que a veces realiza la repetición utilizando signos de puntuación («Lloro. Lloro. Lloro») y otras los omite totalmente («también la odiaba. La odiaba la odiaba la odiaba. Odiaba [...]» o «Jaime me adoraba me quería me despertaba todas las mañanas con los ojos como plumas»). Ambos usos, con y sin signos de puntuación, tienen clara intención de estilo.

Radios culturales, escritores gallegos
Hay variedad de intertextos bien en forma de citaciones («Yo sabía que salir del amor era como salir de una catástrofe aérea porque se lo leí a Peri Rossi, pero no sabía yo lo difícil que era hablar del amor sin que a una se le llenasen los mofletes de miga de pan y se le pegase el calor a la piel como un pijama de franela.») cuanto simplemente de los nombres de artistas y personajes («Quería casarme, por supuesto que quería casarme, porque apoyada en los muslos de mamá, con sus dedos recorriendo mi oreja, Elizabeth Bennet se casó con Mr. Darcy y Jane Eyre con el señor Rochester y Harry con Sally y Anna Scott con William Thacker.»). 

También en lo formal me ha gustado mucho ese final en el que no todo se cierra, en el que algunos flecos quedan ahí flotando al viento tal y como sucede en la vida, en la que no todo está proyectado, cerrado, en la que el azar tiene un importante protagonismo, en la que el qué pasará hace que la vida sea toda una aventura hermosa de vivir.

 
___________________
En unos días la 2ª 1/2 de este  A pares L: Dos autores, dos novelas, dos tertulias



27 feb 2025

De bestias y aves. Pilar Adón

14 comentarios:

«En la misma postura, junto al árbol, oyó un zumbido y se pasó una mano por el pelo. De nuevo estaban ahí los reclamos de los gorriones y los cantos agudos de las golondrinas. Esos chi-r-r-r, chi-r-r-r, chi-r-r-r. También el trino de un cuco, aunque quizás se tratase de una tórtola. Y un sonido similar al que emitiría un pato. "Somos los pájaros que se quedan", recordó. Y "La esperanza es esa cosa con plumas". No había silencio en la naturaleza.»

Pilar Adón, De bestias y aves
De bestias y aves es una novela de Pilar Adón (Madrid, 1971) publicada en 2022, distinguida con una gran pluralidad de premios: el Premio Nacional de Narrativa, el Premio de la Crítica, el Premio Francisco Umbral al Libro del Año y el Premio Cálamo Otra Mirada. Sin conocer previamente todas estas distinciones he de confesar que varias razones me han empujado a leer De bestias y aves: la primera, como en otras muchas ocasiones, corre de cuenta de blogs literarios que admiro y frecuento, concretamente los de mis amigas Lorena (El pájaro verde) y Marian (MarianLEEmásLIBROS); pero el impulso definitivo me vino dado por la lectura de la entrevista que Nuria Azancot hace a la escritora en la revista El Cultural de la semana 10-16 de enero de este mismo año con motivo de la aparición de su último libro de relatos titulado "Las iras". Los elogios que a la novela que he leído le hacían mis dos compañeras blogueras más la interesantísima entrevista de Nuria Azancot en la que se hablaba mucho de De bestias y aves me decidieron a leer ya la novela. Tantas distinciones, elogios y referencias de unos y otras no podían ser mera casualidad, me dije. Y así es.

Sinopsis (de la contraportada del libro)
Termina el verano, cambia la estación, y una mujer conduce durante horas en plena noche sin saber que se aproxima a Betania, una casa aislada, casi un territorio fuera del mundo. Un lugar desconocido y habitado exclusivamente por unas mujeres que, sin embargo, sí parecen conocerla a ella. Lleva a sus espaldas a una hermana ahogada, y no le ha dicho a nadie que se marcha ni adónde porque ni siquiera ella sabe que su viaje va a ser tan largo. Que está a punto de entrar en una casa en la que las mujeres se visten de la misma manera, como adeptas de un culto ancestral, y llevan a cabo extraños ritos y celebraciones. Un espacio en el que las cabras dominan todo lo que no esté vigilado por los innumerables perros que viven allí, y en el que una roca inmensa oculta la luz del sol y domina el paisaje. En el que, al fondo, un lago delimita las fronteras del terreno, sobrevolado de manera perpetua por las aves. Y en el que también viven una mujer ciega a la que todas adoran y una niña que corretea de un lado a otro sin haber salido jamás de ese sitio. Un rincón de tierra, agua y árboles donde la recién llegada no quiere estar a pesar de que tal vez sea, como le dicen sin que llegue a creérselo, el lugar en el que descubra por fin lo que significa formar parte de algo

Hay sinopsis cuyos realizadores no deben de conocer con exactitud el significado del término. Tras leer la sinopsis anterior creo que la información y el dirigismo que se da al posible lector son excesivos. Si hay algo que gusta cuando se lee es sorprenderse, perderse, buscar el sentido, equivocarse y volver a buscar el dato que nos conduzca en la dirección correcta... Pero tras resúmenes tan extensos y pretendidamente tan explícitos la capacidad de sorpresa queda seriamente dañada. Estoy a punto de velar algunas frases para dejar al futurible lector la libertad de perderse, sorprenderse, equivocarse... Confieso que yo no leí ese resumen del contenido y lo celebro pues mi percepción hubiera sido diferente de haberlo hecho previamente.


Comentario
Se trata de mi primer acercamiento a la literatura de Pilar Adón. De bestias y de aves me ha parecido una novela diferente, una obra literaria distinta que me ha sorprendido y hasta despistado -especialmente al principio-, pero que sobre todo -esto ya al haberla finalizado- me ha hecho reflexionar sobre lo leído. Pese a las resistencias iniciales he de decir que, vencidas las mismas, la lectura del libro se realiza con mucho gusto y hasta con rapidez

Se trata de una historia en la que participan sólo mujeres, unas mujeres que se arropan, que se ayudan, que viven en comunidad, que participan de algo en común; son unas mujeres libres de estar o no en el lugar donde se encuentran congregadas, pero no siempre es o ha sido así. Sólo hay un hombre que se dice el dueño del lugar que habitan, algo que ellas no le reconocen. Lo que le sucede a este tal Tobías de Mos no queda muy claro. La verdad es que en esta novela nada está muy claro, no todo queda debidamente explicitado. El lugar, la casa, la finca con el lago y la poza a la que llega la protagonista por azar no se ubica con claridad, igual que la manera de arribar de ella... Según leía tenía la impresión de que la protagonista al inicio sale de esa misma casa, toma su automóvil y tras una serie de kilómetros, se pierde, ve que no tiene combustible y buscándolo llega hasta la verja que delimita la casa a la que entra y en la que permanecerá. ¿Por siempre? Tampoco el final es claro, aunque sí que parece que ella busca a la hermana que se ahogó en un canal víctima de un accidente del coche que Coro, la protagonista, conducía. La busca en las aguas del lago y, quizás, puede que la encuentre y permanezca con ella para siempre. Pero no está claro, nada lo está, ¡claro!

La religión, mejor sería decir la religiosidad, es importante en esta novela. Hay algo de religioso en esa comunidad de mujeres que visten todas igual, que trabajan la tierra y cuidan de las mayores que vigilan las aguas de un lago. El agua es un elemento básico en esta narración. También en las religiones -en la cristiana especialmente- el agua ocupa un lugar preeminente. Los nombres de muchos de los personajes son simbólicos y nos hacen pensar en personajes evangélicos: Magdalena, Rebeca, Tobías... Incluso el lugar donde está la casa o el nombre dado a la misma, Betania, remite a los evangelios: Betania es donde Cristo resucitó a Lázaro. ¿Es ahí, en esa casa dónde Coro, la protagonista, resucitará, encontrará su nueva y definitiva vida? 

Elemento esencial en De bestias y aves es la Naturaleza. Los seres humanos que habitan en el relato lo hacen en pleno medio natural. Los árboles, los animales (en especial los perros), las aves, están por doquier. El conocimiento que tiene la autora de la misma es increíble. Es importante señalar que Pilar Adón, además de escritora, traductora y crítica literaria, es licenciada especializada en Derecho Medioambiental y ha trabajado en diversas agrupaciones ecologistas. La Naturaleza es algo que le interesa sobremanera. En la citada revista El Cultural a Nuria Azancot le decía al respecto: 
«No soporto que hagan daño a los seres indefensos, incluiría a los animales o las hectáreas de árboles que se incendian cada año. Es doloroso y absurdo. He formado parte de diversos grupos ecologistas y creo que todas las acciones son necesarias para llamar la atención sobre algo tan primordial como el cuidado del planeta, que, sin embargo, no parece importar demasiado. […] Del ejercicio medioambiental me interesó lo que hacían mis compañeras científicas: salir a la naturaleza y estar en contacto con ella, en vez de metida en un despacho rodeada de directivas europeas, que era lo que me tocaba a mí. El afán de naturaleza, por tanto, ha estado ahí siempre.»
Las mujeres que protagonizan De bestias y aves no dejan de ser parte de estos seres indefensos dado que siempre han estado sometidas. Como otros seres amenazados su única posibilidad de supervivencia, de resistencia, es comportarse como esas hormigas que para vadear las aguas del lago se agrupan y se integran junto a otras afines formando una balsa que las permita sobrevivir. En cierto modo es lo mismo que Coro Mae, la pintora de trípticos y miniaturas que protagoniza esta novela, hacía antes de ingresar en la comunidad de Betania: buscar refugio en la burbuja de seres afines siguiendo una serie de reglas no escritas, pero respetadas por todos. De esa comunidad a esta otra sólo había una diferencia: en Betania sólo hay mujeres, mientras que en el mundo convivía con otros muchos individuos.
 [Un] «grupo robusto que la había protegido y en el que se había mantenido a flote. Compuesto por la familia, los compañeros, los otros creadores con los que había compartido rutinas, métodos, propósitos y vivencias en un espacio trazado y montado para ella y para los que eran como ella. Una manera de actuar y congregarse. Igual que las hormigas. En torno a un trozo de pan. Los restos de un escarabajo. A lo largo de muchos años de servidumbre voluntaria, cuando se encontraba tan afianzada en su burbuja de esclavitud diaria que ni siquiera se percataba de la existencia real de la burbuja real. También ella había sido una hormiga marrón integrando junto a otras hormigas marrones su propia balsa.»
Pilar Adón insiste en su preocupación por las mujeres, personas a las que ve abrumadas por una serie de normas y conductas que sus iguales masculinos -dice la novelista- no han tenido que soportar jamás.
«Las mujeres llevamos una carga que los hombres no han sufrido jamás: esas normas de conducta que primero nos dieron ellos y que ahora, en una especie de giro perverso, nos imponemos nosotras mismas. Los hombres han escrito sobre nosotras desde su atalaya y han establecido sus patrones ideales de cómo debía ser nuestro comportamiento: pulcras, castas, buenas esposas, buenas madres, y, por supuesto, nada rebeldes ni imaginativas. De alguna manera, en una trampa increíble, ahora somos nosotras las que nos decimos cómo ser estupendas en la cama, con las parejas, las mejores hijas, las mejores amigas… Cayendo una y otra vez en unos tópicos que, aunque parezca que sí, no han cambiado mucho» (entrevista en El Cultural, enero de 2025)
 Quizás por ello la autora las saca del medio urbano que las constriñe y las lleva a la naturaleza donde  estas mujeres están mejor, son más felices, especialmente en el medio acuático. El agua es importantísima en la historia. El lago, la poza donde se hunde y se pierde una de las mujeres, donde otras van a buscarla, donde Coro Mae encuentra el sosiego y la paz... ¡El agua, siempre el agua! Los miembros de esta Comunidad femenina son como náyades que habitan las aguas del lago, de la poza donde la sabia Gloria o la ciega Missa Tita constantemente están atentas y vigilantes. Al igual que las náyades mitológicas estas mujeres parecen depender de un ser superior que, aunque pretendan ignorarlo, es el propietario del espacio que ellas ocupan, la casa de Betania. Este ser es Tobías de Mos con quien la niña Adel parece comunicarse mejor que ninguna otra. 

Es una novela no fácil, que exige dedicación y que hace un canto a la naturaleza en la que, sin ser muy conscientes de ello, los humanos estamos inmersos y a la que pertenecemos. La imaginación, el aprendizaje, el diálogo, aunque a veces sea un diálogo de sordos porque no se responde a lo que se inquiere, la importancia del agua, la mezcla de lo irreal con lo real...  Todo esto hace distinta y diferente esta novela. Respecto a esa simbiosis entre realidad e irrealidad me parece importante, fantástica e interesantísima en su realización, la escena de un ahogamiento ocurrido en la poza, a la que se accedía por el sótano de la casa, ingresando así en un mundo húmedo de irrealidad, de náyades, de criaturas mágicas, fantásticas... Al contemplar este suceso, en la cabeza de Coro se mezclan el ahogamiento de su hermana en el pasado y la quiebra de su vida a partir de ese momento. Hay un claro paralelismo entre la aventura que corren las hermanas Beca (Rebeca) y Lena (Magdalena) y la vivida por Coro y su hermana en el pasado.

Al ser Coro Mae una artista, una creadora, en la narración hay múltiples referencias al mundo del arte:  pintura y escultura en unas ocasiones...
Mujeres, Naturaleza, Pilar Adón
(del Museo Albertina de Viena)
«Coro ya no se resistía. Se había creado un nuevo refugio mental. Un espacio al que acudir para mantenerse en la realidad y, a la vez, al margen. Próxima a Louise Bourgeois. A Seraphine Louis, a Cornelia Parker o a la santa Casilda de Zurbarán. Reuniendo y reorganizando las piezas que habían quedado dispersas durante aquellos días. La herencia que le había dejado su hermana. Reconquistando la luz y el fervor de la Gran mata de hierba de Durero. Las flores de Adolphe Millot. Las metamorfosis de los insectos de María Sibylla Merian. Preguntándose dónde estaba la vida. ¿En su trabajo? ¿En el mundo al que tanto había querido regresar? ¿En sus cuadros? ¿O en el espacio real pero balsámico de la poza, donde residía y no residía su hermana?»
...literatura en muchas otras...
«Dio unos pasos hacia la puerta, pero no volvió a oír nada. Miró en el cabecero de la cama. Luego se dirigió a la estantería. Había un Manual de la buena esposa encuadernado en piel de color granate. Un Manual de plantas de interior. Un Anna Karenina, un Rebecca y varios tomos de Poesía completa con los lomos agrietados. Cavafis. Viaje a los confines de la tierra. En los mares del Sur. Y libros en francés.»
...y ambas juntas también:
«Nunca había sabido disfrutar del riesgo. Y ahí estaba, asumiendo el riesgo máximo, sumida en un fluido que parecía respirar para ella. Como La joven mártir. Como Antinoo. Como los hermanos al final de El molino del Floss o la Chica ahogándose de Lichtenstein. "Cuando la Taciturna llegue y decapite los tulipanes". La piel azulada alrededor de los labios. Como Ofelia. Como Shelley. Como la madre de Magritte en el río Sambre cuando él tenía 13 años y la descubrió ahogada con la cara cubierta por su propia ropa empapada que se transformaría en los velos de sus cuadros. Como el capitán Ahab. Como Mungo Park en el río Níger. El estado de apnea e hipotermia. Abogados azules con agua en los pulmones o ahogados blancos sin absorción de agua.»
Por último me gustaría destacar la incomunicación en que viven los seres humanos que transitan por este relato. Las conversaciones que mantienen estas mujeres son, en ocasiones, auténticos diálogos de besugos. A las preguntas que unas hacen o no responden las otras o salen por peteneras. Esta actitud es especialmente visible en el trato que al principio dan a Coro las mujeres que dirigen la casa. Son diálogos muy ágiles, vivos, directos, apenas con intervenciones del narrador
«La mujer fue hacia la cama y extendió sobre la colcha un vestido idéntico al que ella llevaba puesto. Idéntico también al de Catina. [...]
Sí. Les agradezco que me hayan alojado en su casa. Pero tengo que irme.
De momento le traigo uno. Ya habrá más para que pueda cambiarse. Pruébeselo Le quedará bien. Si necesita cualquier otra cosa, dígamelo.
Gasolina. Necesito gasolina para el coche. Ya se lo he dicho unas cuantas veces. Me he quedado sin gasolina y tengo que irme.
Los coso yo, ¿sabe? No imagina la cantidad de horas que empleo en llevar esta casa. El mantenimiento. La limpieza. [...]
¿Por qué no me escucha?
Claro que la escucho. Pero tiene que relajarse. Nada más que eso. Sólo relajarse
Me iré andando. Saldré de aquí aunque tenga que escalar la verja.
Tresa la oyó, pero no la oyó.
Debemos desprendernos de lo que no nos es útil. Renunciar a ello. De lo contrario, terminaríamos todas a empujones y codazos. Nos odiaríamos. [...]
¿Por qué no me lo dice de una vez? No pensarán que voy a quedarme aquí… En esta casa.»
De bestias y aves, Mujeres españolas que escriben
(Foto aparecida en El Cultural
del 10-16/1/2025)
 
Es De bestias y aves una novela densa, profunda. Pilar Adón presenta un mundo, el terrenal, sobrevolado por aves, animales que no están limitados por muros. El resto de seres vivos son bestias que apenas si tienen la libertad de poder ir a donde quieran; siempre topan con limitaciones físicas o mentales, siendo más fáciles de traspasar las primeras que las segundas. Echo mano de las palabras que Lorena pone en la estupenda reseña que dedica a esta novela. Dice Lorena que según un tal José Miguel Muñoz Santana, exégeta religioso, «los animales, al no ser esclavos de su mente, están en total conexión con su ser y por tanto en estado de reposo. Los humanos, en cambio, tenemos capacidad de razonar, lo cual nos lleva a desvincularnos de nuestra condición animal y de nuestra pertenencia a la naturaleza. Nuestra mente, además, crea sus propias formas de entender la realidad, estando estas muy influenciadas por el ambiente y la sociedad». Cada persona, pues, acarrea con una mochila en la que viaja su impedimenta mental. Este bagaje es el que lo fija a un lugar, a un paisaje, a un pensamiento.  El ser humano es un ser vivo que desde su condición animal de bestia debe procurar elevarse a la de ave porque son las aves (bestias diminutas) los seres más libres que habitan la naturaleza; estas aves son en cierta manera y paradójicamente peces que se deslizan por el medio que se refleja en las aguas. Y estas aguas en la novela son las del lago donde Coro, su hermana, las mujeres que vigilan, Rebeca, el resto de mujeres de Betania... se sumergen y encuentran reposo y paz.
«También ella era fruto de la tierra. Un elemento más del universo. Guiándose por una norma que consistía básicamente en no tratar a los demás como no querría que la trataran a ella. O al revés: tratar a los demás como querría que la trataran a ella. ¿Qué buscaban todas las criaturas del mundo, al fin y al cabo? Alimento. Espacio. Compañía.»

2 feb 2025

La invención del amor. Novela de José Ovejero

18 comentarios:

«Nunca utilizo la palabra amor. Nunca leo novelas de amor. Durante un tiempo, cuando coqueteé con la idea de ser escritor, sin concretarla nunca por falta de fuerza de voluntad, imaginaba un libro de relatos que se titularía El amor es un cuento. Luego descubrí que ese título ya existía, que todo lo que uno pueda pensar sobre el amor ya está dicho, que es imposible contar una historia de amor, porque están todas contadas.»

Novela, La invención del amor, Premio de nOvela Alfaguara
Hasta hoy, salvo los poemas que hizo a 22 cuadros expuestos en el Museo del Prado contenidos en un libro titulado "Nueva guía del Museo del Prado" (tengo reseña hecha en este blog), nada había leído de José Ovejero (Madrid, 1958). Es, pues, La invención del amor, la primera novela que leo de este madrileño que ha cultivado todos los géneros y que ha trabajado como traductor del alemán, francés e inglés en conferencias; también ha traducido libros como las obras de teatro de Agota Kristof.

Con La invención del amor Ovejero ganó el Premio Alfaguara de Novela 2013. Es una novela muy interesante que muestra el poder infinito que tiene la imaginación. Al concurso literario presentó esta narración con el título de 'Triángulo imperfecto' que, quizás, concretiza más la trama que se desarrolla en la obra. La novela tiene una importante parte de thriller, retazos de relato empresarial, muestra el nacimiento del amor a partir de una descomunal impostura y presenta a un personaje, la fallecida Clara, desde la perspectiva de una serie de seres con los que compartió su existencia: su hermana Carina, su amante Samuel Queipo, sus propios padres, y especialmente el protagonista cuyo nombre Samuel marca el origen de la invención en la que él se involucra un poco por diversión y un mucho por indolencia y apático juego. 

Samuel es un hombre de unos cuarenta años que está ya un poco de vuelta de todo. Tiene amigos a los que frecuenta. Precisamente, la novela se inicia con el final de un encuentro tenido con ellos hasta la madrugada en su casa. Es en esa hora incierta de la mañana del día siguiente, cuando el cerebro de Samuel se mueve en la incertidumbre del sueño pesado y el despertar provocado por el sonido del teléfono, que conoce a través de él que Clara ha muerto. Samuel es un hombre que tiene y ha tenido relación con muchas mujeres y piensa que quizás, aunque no la recuerda de nada, Clara haya sido una de ellas. Es por eso que decide asistir al funeral y posterior entierro donde será golpeado por Alejandro, el marido al que Clara engañaba; más tarde entrará en conversación con Carina, hermana de Clara, deseosa de conocer más de la fallecida tan diferente a ella.

Estos son los palos que comienzan a edificar la impostura que Samuel va haciendo crecer ante Carina. Hábilmente él le pide que le cuente cómo era Clara en la casa familiar, la relación entre las hermanas y con los padres. Carina accede. Así Samuel va sabiendo cosas de esta Clara que todos le atribuyen a él y de la que hasta esa temprana llamada nada sabía. A las preguntas de Carina él responde con generalidades que nada le comprometen. Será cuando conozca al verdadero amante de la fallecida en accidente de coche, de nombre Samuel Queipo, y converse con él cuando podrá ir introduciendo otros datos en las conversaciones con Carina a la que frecuenta con asiduidad. Surge entre ellos, con la disculpa de la fallecida Clara, una cierta atracción.

La impostura no sólo atañe a Samuel, también el comportamiento falso lo practican muchos -si no todos- de los otros personajes: En primer lugar está la propia Clara, casada con Alejandro y amante de Samuel Queipo a quien cuenta una vida que nada tiene que ver con la real; luego la propia Carina ante sus propios padres, pero también ante Samuel al que el lector no se sabe si sigue el juego o es totalmente desconocedora del mismo; e incluso hasta la madre de Samuel quien cuando su hijo le comunica la muerte de Clara se lamenta y lo consuela diciéndole que está segura de que Clara volverá. De los tres sólo la madre está disculpada pues parece que la senilidad ha colonizado ya su cabeza.

La novela de José Ovejero me ha recordado a algunas novelas de Juan José Millás y de Javier Marías. A Millás por ese pasar sin aviso de la considerada auténtica realidad a otra realidad más evanescente, más lábil y huidiza, pero realidad también. A Javier Marías por ese cúmulo de reflexiones y argumentaciones que el narrador en primera persona del relato, el propio Samuel, se hace a sí mismo construyéndose así de esta manera una justificación de la farsa en la que voluntariamente se ha metido y que está disfrutando sobre manera.

Es tal la inmersión de Samuel en esta patraña, impostura, falsedad o como quiera que queramos denominarla, que hasta las relaciones profesionales con  su socio José Manuel en la empresa de materiales de construcción que ambos tienen se deterioran o transforman precisamente por esto. Y es que Samuel parece vivir en otro mundo, dentro de una burbuja de mentiras que él mismo parece disfrutar según la misma va creciendo; la vida real, los problemas económicos de la empresa le resbalan, que haya unos clientes kosovares interesados en la misma no le quita el sueño, todo lo contrario que a José Manuel que no entiende el comportamiento de su socio. 

José Ovejero en La invención del amor al tiempo que presenta la llegada al amor por unos derroteros insospechados por poco frecuentados, está escribiendo una narración amorosa también muy poco frecuente. Estamos ante una investigación (técnica propia de los thrillers)  por parte de Samuel de quien fuera esta tal Clara; el conocimiento de ella lo va a tener a través de las comunicaciones que le hacen los demás (Alejandro, el marido; Carina, la hermana; Samuel Queipo, el amante) a las que finalmente añadirá la suya propia («Clara, según Samuel») quizás la más certera de todas ellas.  

De manera magistral según avanza la narración se va produciendo un tránsito sin barreras, o con poquitas trabas, entre la realidad y la invención, entre lo verdadero y lo impostado; ambas dimensiones comienzan a fusionarse. 
«Una mentira y todo cambia, se precipita, se disuelve. Una mentira y ya no puedes defenderte, decir: "No es posible, te juro que no es así". Porque ya te has creado un personaje y has convencido a los demás de que ese personaje eres tú; y ahora no puedes salir tú mismo a escena para mostrar quién eres. Ahí está, tu doble, el otro inventado que querías que diese la cara por ti.»
Esta duplicación y confusión entre la verdad y la mentira se marca en el propio texto, además de con la narración en estilo indirecto, con el acercamiento a una imaginada, pero posible, en estilo directo, que introduce colocándola entre paréntesis. Igualmente, en ocasiones, la narración cambia de la primera a la 2° persona para marcar el extrañamiento de uno mismo, el verse Samuel como desde fuera de su propia persona:
«Me toco el labio, que ahora empieza a dolerme, y la sangre que mancha mis dedos me parece irreal, perteneciente a otra persona, una imagen que has visto mil veces en el cine, siempre con otro protagonista, y de pronto estás tú allí, mirándote el índice y el corazón manchados de sangre.»

En la construcción del relato el perspectivismo, como se ve, es elemento fundamental. El narrador que es el propio Samuel cuenta lo que otros (Carina, Alejandro, Samuel Queipo...) le van contando. Estamos, pues, ante un texto de textos, una historia en la que diversos personajes cuentan la de otro personaje. A esto se le llama técnica de las cajas chinas o narrativa enmarcada. En La invención del amor es evidente la misma. El mismísimo narrador lo expone bien a las claras en una intervención metaliteraria que hace a propósito de lo que Carina le ha contado sobre su hermana Clara:
«Ahora, al transcribir todo esto, probablemente estoy prestando a sus frases una cadencia, un tono y una sintaxis que son los míos. La recuerdo y la recuerdo con mis palabras, porque cuando contamos lo que nos rodea lo hacemos siempre en nuestra lengua, después de filtrarlo con ojos, con entendimiento y emociones que queremos neutrales o los únicos posibles pero que no dejan nunca de ser los nuestros, distintos, limitados. Ella habla en frases más cortas que las mías, duda menos también; adopta a veces un tono sarcástico tan ajeno al mío que soy incapaz de reproducirlo.»
Lo anterior es revelador del proceso de escritura, algo sobre lo que el narrador -en cuanto figura, alter-ego de José Ovejero- con no poca dosis de humor reflexiona cuando dice: «Vuelvo a dormirme y no me despierto hasta bien entrada la mañana siguiente, creo que ya sin fiebre. Si no fuese un tópico tan horroroso, diría que la visita de Carina me ha parecido un sueño. Ya está: lo he dicho.»"

Autores multigénero, Madrid, Humor
 https://www.lamarea.com/author/jose-ovjero/

El autor es, lo he señalado al inicio de esta reseña, muy buen conocedor de los cuadros contenidos en la pinacoteca madrileña del Prado. Su saber lo muestra citando algunos títulos de pinturas y autores de las mismas («Perro semihundiudo, la sala de los bufones, el David de Caravaggio, los cuadros de Baldung Grien, el Cristo Yacente de Vallmitjana, Venus y Adonis.»)

Junto a las pinturas, Ovejero introduce en La invención del amor no pocas referencias a escritores y títulos de libros: Julio Cortázar, Philip Roth... Pero especialmente ha llamado mi atención la que hace a una novela totalmente desconocida por mí titulada "Brujas la muerta" (Bruges-la-Morte [en francés : La ciudad muerta de Brujas]), novela corta del belga Georges Rodenbach, publicada por primera vez en 1892. Es una novela simbolista de la que el mentiroso o fabulador Samuel ha extraído información para hablar a su hermana sobre el amor y su pérdida. Como se ve el texto de textos que es la novela de Ovejero se muestra aquí de otra manera: usando como verdades lo que son mentiras, ficciones literarias

La acción se sitúa en una zona concreta de Madrid, el entorno de la Glorieta de Embajadores y el tiempo es el actual. Hay referencias costumbristas madrileñistas que el escritor introduce con cierta reiteración humorística como la que alude al extendido hábito entre la población de origen chino de fumar mucho y escupir en el suelo. 

Novela entretenida, equilibrada, muy bien estructurada, que aborda una situación cotidiana -el enamoramiento- desde una novedosa posición: la simulación, la suplantación, la impostura. Y dado que la novela va de amor he indagado en la Red cómo le va al autor en este terreno. He encontrado que -y creo que sigue en esa situación- es pareja de la también escritora Edurne Portela, autora de la que en este mismo blog reseñé hace ya más de cinco años su novela titulada Formas de estar lejos, novela que en su momento leí con atención, si bien nada más he vuelto a leer de la autora. 

23 ene 2025

Pablo Gallego Boutou: "Bar Urgel"

16 comentarios:

«Mi madre y yo venimos a La Vera cada año por vacaciones. Un mes y poco con la tía, con sus gatas, Miel y Casiopea, detrás de nosotros yendo al pueblo a comprar pan, por senderos salpicados de brevas y moras frescas como en medio del vaivén de chinchorros a la orilla del río y sus cientos de gargantas donde patinan los zancudos. Un mes entero a salvo de mi padre»

"Bar Urgel", Pablo Gallego Boutou
Acabo de leer esta novela primera de Pablo Gallego Boutou a la que he llegado por puro azar. Hay que ver lo importante que es el azar en la vida. Vivo a una docena de kilómetros de Carabanchel Bajo, barrio donde se ubica el local que da título a esta narración; por agradables motivos familiares desde hace unos años visito la zona con muchísima frecuencia y precisamente es la terraza de este Bar Urgel donde durante el buen tiempo suelo sentarme para refrescarme y dejar pasar de la mejor manera posible las inclementes horas de solazo veraniego. Cuando mi hijo vio expuesta en el escaparate de la librería Derivas del barrio la novela, me dice que tuvo claro que había de regalármela. Así lo ha hecho y yo desde aquí se lo agradezco infinito. 

Con esta obra Pablo Gallego Boutou (Madrid, 1989) ganó el pasado mes de junio el I Premio de Narrativa Diana Zaforteza concedido por la Fundació Lluis Coromina, la familia Zaforteza-Rodés, Josep Massot y Mario Rotllant. Al conocer este dato he indagado sobre el porqué del establecimiento de este premio literario. Resulta que la tal Diana Zaforteza, fallecida prematuramente con sólo 44 años, fue fundadora de dos editoriales: Alpha Decay y Alfabia. En ellas esta mujer amante de la cultura trabajó con nombres como Lou Reed, Leonard Cohen, Andy Warhol, Paolo Sorrentino o David Vann. Diana Zaforteza heredó la pasión por la cultura de su padre, el aristócrata José 'Puco' Zaforteza, a quien, como a ella, un cáncer lo apartó de la vida. (toda la información aquí vertida sobre la persona que da nombre al premio la tomo del diario mallorquín Última hora). En cuanto a quiénes formaban el jurado en esta primera convocatoria del Premio leo que sus integrantes fueron: Edurne Portela (directora literaria del mismo) y Héctor Abad Faciolince, Isabel Coixet, Aixa de la Cruz, Ignacio Martínez de Pisón y Azahara Alonso. Como se ve un jurado de campanillas.


Bar Urgel
Se trata de una novela innovadora, fragmentaria, híbrida cabría decir por la presencia en ella de varios géneros literarios (narrativo, dramático, lírico...). y por la multiplicidad de registros lingüísticos (culto, coloquial, vulgar...). La innovación y el experimentalismo se constata en muchos aspectos, principalmente se visualiza en la distribución del texto por la página así como en la construcción de la historia a base de fragmentos que la hacen parecer dislocada cuando no hay tal.

En muchas de mis reseñas, para iniciarlas, echo mano de las sinopsis que las editoriales suelen colocar en la contraportada o en alguna de las solapas interiores del libro. Dudo si hacerlo en esta ocasión pues creo que más que una sinopsis lo que Galaxia Gutenberg ha hecho es una especie de breve reseña, seguramente inquieta por el posible desconocimiento que los lectores pudieran tener sobre el autor y la historia novelada. La verdad es que lo que la editorial escribe sobre el libro en esta primera edición aparecida en octubre de 2024 es perfecto y poco más, como primera información, se podría añadir que lo mejorase. Dice así:

Un joven madrileño pasa sus días cuidando de su madre enferma, callejeando con su amigo el Gordo y anotando frases inconexas en el Bar Urgel, impulsado por una vaga ambición de hallar una trascendencia a través de la escritura, un sentido a su aciaga existencia. Es en ese ambiente amistoso del bar, rodeado de hombres que encarnan lo que más odiaba y lo que más temía de su difunto padre, donde poco a poco cristaliza la búsqueda silenciosa del protagonista. Entre pinchos de tortilla y cervezas, sermones improvisados al hilo de la tertulia televisiva, peroratas etílicas de tinte machista, raíz xenófoba y homofobia desaforada, el protagonista se siente a veces acorralado por una masa coral que no hace sino corroborar la insufrible decadencia política y social que ve a su alrededor. Otras veces, sin embargo, encuentra una insospechada poesía en ese corro de personajes que lo acoge como a uno más.

En esta novela iniciática, ganadora del I Premio de Narrativa Diana Zaforteza, Pablo Gallego Boutou juega con diferentes estilos en los que combina lirismo y oralidad para iluminar la tragedia con belleza, ternura y sentido del humor. En una atmósfera de desencanto, la literatura y el arte despejan los miedos y alumbran un territorio narrativo propio, una vía que permite desgranar las propias contradicciones, resistir ante los grandes desengaños y revelar lo insondable que nos hace caer. Una novela sobre el alivio de la tristeza y del dolor, sobre el cuidado de los demás y la búsqueda del placer, sobre la amistad comprometida y la necesidad de un espacio común al que pertenecer.

Es una novela que desarrolla su trama fundamentalmente en un bar de Carabanchel Bajo, en Madrid, paradigma del discurrir diario de la la real vida española. Allí, un joven, el narrador en primera persona protagonista de la historia, acude para escribir (fundamentalmente su tesis, pero lo que observa y escucha a la fauna que acude al local luego lo recrea en relatos que forman parte de la novela que tenemos en nuestras manos). Al protagonista de Bar Urgel escribir es lo que en esta vida más le agrada. Este joven arrastra un trauma producido por la conflictiva y contradictoria relación que en vida llevó con su padre recientemente fallecido; ahora, más de un año después de la muerte de éste, se ocupa de su madre inmovilizada en la cama por una cruel enfermedad desde hace ya bastantes meses. Los tipos que acuden al bar (el gitano evangelista Ezequiel; el muy de derechas Julio; Antoñito, adicto a la máquina tragaperras; Carmen Puigpelat del Clos 'la Puigpi', que fue correctora de estilo en una editorial y que  da consejos literarios al protagonista para ese libro que se trae entre manos; el Comunista, así llamado por eso de que en su juventud militó en el PCE; el Risillas, tío de Paco, el cual temporalmente trabaja en la cocina del Urgel y es un maestro haciendo la tapa estrella del local: la tortilla de patatas; el propietario del bar, Paco, que lleva 29 años batiéndose el cobre en el negocio pese a sus problemas de salud; y hasta Susanna Griso que desde el televisor proporciona asuntos y temas de conversación a la parroquia que visita, cada uno con sus peculiaridades y soledades, el Bar Urgel de la carabanchelera calle Blasa Pérez.

La novela me ha gustado especialmente porque muestra de manera excelente los cambios emocionales que en el personaje protagonista se están produciendo. Es un chico que intenta encontrarse, que le gustaría ser como otros, sobre todo le gustaría que esa chica que lee La montaña mágica y con la que coincide algunos días en el parque le atrajese suficientemente, pero 
«No. No nos vemos porque yo no quiero, porque he dejado de pasar por ahí.. Me apena cada vez que conozco a una chica de la que me gustaría enamorarme; es un eco más de que sigo siendo lo que preferiría no ser. Arrastro conmigo deseos que no me pertenecen. Son piedras.»
Es un joven que vive en perpetua contradicción, que busca encontrarse a sí mismo. Sus contradicciones no vienen dadas sólo por la indefinición de su condición o inclinaciones sexuales; también las arrastra en la relación con sus padres: con su madre a la que el protagonista en ese momento cuida y, al tiempo que la ama y es sabedor de su próximo final, recuerda el mucho amor que de adolescente ella vertió sobre él, y que paradójicamente hizo que la odiase; no obstante ahora, pasado ya el tiempo de la paliza que recibió en el IES por su condición personal, reconoce lo valioso de sus consejos («Ella le amaba, lo amó desde siempre y él por ello ahora al recordar ese pasado y ver que la madre no es más que un cuerpo llegó hasta sentir que la odiaba porque recordaba que cuando a él lo golpearon en en el IES ella le dijo: "Es importante que no permitas al odio entrar por la rendija de tu puerta. No dejes que los demás te obliguen. No hay que odiar, hijo."»). En cuanto a la relación con su padre, al que admiraba y temía por partes iguales, su afecto hacia él se mueve en un amor-odio que aún ahora, transcurridos trece meses desde su muerte, le tiene completamente invadida la cabeza 
«perro amariconao  subnormal retrasado chaval estás más gordo más fondón deja de preguntarlo todo la cabeza alta [...] por qué no te habrás quedado así chiquito para poder llevarte sobre los hombros no sé a quién se habrá follado tu madre pero yo no diría que eres hijo mío no te mereces nada qué pasa que la quieres más a ella deja de escribir gilipolleces por qué no te enderezas de una vez así no vas a conseguir nada en tu vida campeón máquina mi niño si es que lo vas pidiendo a gritos mírate me recuerdas a mí». 
Todos los personajes, y no sólo el protagonista, están muy bien diseñados, tienen individualidad propia: Mateo, el chico que le descubre su propia inclinación sexual; Luis, el Gordo, auténtico amigo desde el colegio por quien, por defenderle, él perderá el trabajo y a quien 'traicionará' para conseguirle un bien mayor, alejarlo de las drogas; Mariana, la chica pelirroja de la que no sabe si sí o si no, pero de la que le apetecería enamorarse; la Puigpi, mujer de 69 años ya jubilada de su trabajo en una editorial, que le da buenos consejos literarios que él como joven acepta a regañadientes, pero a los que reconoce su valor y conveniencia 
«La Puigpelat me ha pedido que ahonde en ciertas cuestiones. Que escriba más sobre mi madre, sobre la familia, sobre la chica en la hierba. Que trate de dialogar con los otros fragmentos. Tengo tantas escenas en este bar. Debería dejar de venir, será una novela infinita»
Es en esos fragmentos que le surgen por sus estancias en el Urgel donde aparece el variopinto elenco de personajes secundarios que dan viveza, autenticidad y humor, bastante humor, a la novela. ¿Cómo no reconocer el humor en ese personaje que asomándose a la puerta del bar dice, elevando la voz, que si hay algún maricón dentro que él no entra? ¿Quién no podría identificar en este tipo a cientos de seres de parecido comportamiento? ¿Cómo no ver humor en los diálogos que los parroquianos establecen con la Susanna Griso que predica desde el televisor? ¿Cómo no percibir autenticidad en Paco, el dueño del local, atosigado por su condición de trabajador autónomo al que la enfermedad, suya o de miembros de su familia, le va a hacer plantearse cerrar el negocio?

Esta autenticidad queda reflejada así mismo en el marco urbano donde está radicado el Bar Urgel. Estamos en Madrid, Carabanchel Bajo, zona de Tercio Terol, calle de Blasa Pérez esquina Urgel de donde sale la calle Rascón; un poco más allá la calle General Ricardos que conduce hasta la glorieta Marqués de Vadillo:
«General Ricardos. Locales de kebabs. Clínicas dentales. De inmobiliarias y móviles de segunda mano. Se escucha el cerrojo automático del Mercadona. Las chicas del Pannus, una gitana, otra argentina, friegan el suelo. Se las ve fumar dentro. La luz ácida de las casas de apuestas se desparrama por las aceras, sobre los edificios de enfrente; se cuela por las ventanas donde hay cabezas delante de televisores»
Es de este paisaje urbano de donde salen los secundarios que entran en el Bar Urgel: el ludópata Antoñito, el Comunista, el gitano poliomielítico Ezequiel, el derechista Julio, la niña con síndrome de Down y su madre, Luis el Gordo, etc. 

Sobre la estructura de la novela diré que Pablo Gallego Boutou distribuye el contenido de la misma en seis apartados:
  1.  Presentación del paisaje y del paisanaje
  2.  Profundiza en tres aspectos: la afición a la escritura del protagonista con los consejos que la Puigpi le da; el descubrimiento del sexo con Mateo; y el maltrato que la madre recibió por parte del padre
  3.  El protagonista a través de Grindr contacta con otros hombres para tener sexo sin profundizar en la relación; la muerte golpea a algunos personajes.
  4.  La ruptura con el Urgel y el posible cierre de éste. 
  5.  Final abierto de la relación del narrador con Mariana. Final completamente cerrado de la madre.
  6.  Especie de epílogo. 

Y en estas seis partes en que se estructura la novela aparecen fragmentos literarios de distinta índole: distintos géneros (narración sobre todo, verso, teatro), distintos registros sociolingüísticos (culto, vulgar, coloquial...), distinta longitud y no siempre igual distribución en la página de estos fragmentos, juego con las tipografías y la puntuación, empleo de una buena remesa de imaginería literaria que confiere al lenguaje utilizado la categoría en muchos momentos de auténtica prosa poética, etc.
✔«Junio. Primer mes del verano. Para celebrar las 20 semanas que lleva a mi madre en la cama, los 13 meses que mi padre lleva con los huesos fríos.
Sin curro, sin pasta, hacia la pérdida. A ver qué queda; quién, cuando no quede ni el deseo.
»
✔«Y mamá, parada en la cama, con el pasado anudado a su pupila como un cordón umbilical. Una garrapata.
En medio de un silencio tan denso que parece de metacrilato
»
✔«Soñé que la gracia se posaba en nuestras clavículas. Nos cauterizaba la lengua, la volvía. Luego el salón se iluminaba y tú te ponías en pie y preguntabas
                                                             eres ya tú, amor mío.»

La desarticulación del propio texto es acorde con la propia desarticulación del barrio donde está Bar Urgel y con la variedad de tipos humanos que se dan cita en ese lugar, cada uno de estos seres  con su desarticulación íntima. Quien más, quien menos busca dar un sentido a su vida dentro de la dureza en la que ésta se desarrolla. Yo diría que todos, pero especialmente el personaje-narrador-protagonista que sin mucho miedo a equivocarme vengo a identificar con el propio autor, o como poco a inspirarse mucho en él.


Pablo Gallego Boutou
"Bar Urgel", Premio de Narrativa Diana Zaforteza 2024
Como he hecho con la sinopsis de Bar Urgel, su primera novela galardonada con el I Premio de Narrativa Diana Zaforteza, echo mano de la información dada por Galaxia Gutenberg en la solapa de la portada. Creo que lo que se dice allí de este joven novelista es más que suficiente para entender mejor esta interesante novela. 

Pablo Gallego Boutou (Madrid, 1989) es actor, escritor y mediador cultural. Licenciado en Interpretación por la RESAD, cursa el Máster de Interpretación Cinematográfica por la Central de Cine y el Máster de Escritura Creativa por la Universidad Complutense de Madrid. Ha escrito los poemarios Oboedescere (XXVIII Premio de Poesía del Certamen Nacional de Jóvenes Creadores de la Comunidad de Madrid) y Nival (XXIV Premio Internacional de Poesía Luis Feria). Su formación continúa en el Nuevo Teatro Fronterizo y en la Fundación Centro de Poesía José Hierro, donde se forma en crítica, autocrítica y corrección de poemas. Como actor ha protagonizado, entre otros, Man Up, dirigido por Teatro en Vilo y producido por el CDN, La Comedia del Fantasma de Plauto, dirigida por Felix Estaire y estrenada en el Festival de Teatro Clásico de Mérida y El Alcalde de Zalamea, dirigida por José Luis Alonso de Santos para Teatros del Canal. A día de hoy, trabaja como pedagogo para la Fundación La Caixa. 

Nota final
A punto ya de cerrar la reseña me invade la necesidad de destacar el elevado número de referencias literarias a autores y obras que aparecen en la obra. Pablo Gallego Boutou las pone principalmente en boca de la Puigpi habida cuenta de que ella trabajó durante años en el mundo editorial:
«Hace muchos años, realicé labores de edición. Cortázar, Asturias, Neruda, Paz. Todos ellos buscando el barco que los hiciera arribar a España. Todos muy buenos y muy maricas, como diría Bolaño. Unos culiaos. La literatura hispanoamericana del siglo XX es impresionante y nauseabunda, no te repones después de eso. Verdadera utilidad práctica. ¿Sabías? En la vida, hay dos tipos de editores: los que creen que hay libros que deben ser leídos y los que editan los libros que la gente quiere leer. Yo fui muy competente, no olvides mencionarlo. Por estas manos pasaron infinidad de autores. Cuando te das cuenta de que, como editor, te va a ir mejor siendo del segundo tipo, terminas por darte al oficinismo o buscando ayuda psiquiátrica.»

 Es Carmen la Puigpi la que cuando le da consejos al narrador-autor-escritor-en-ciernes le dice que debe leer a los grandes: «No puedes llegar a ser un escritor si no has leído los cuentos de Mansfield, al Gabo, Cortázar. ¡Por Dios! ¿Conoces a Pedro Lemebel?» Y un poco más adelante, cuando ella ya ve próximo su final le regala varios libros de su propia biblioteca:

«Trató de eludirme, se puso a meter en una caja vacía todos los libros que pillaba. Tengo miedo torero, La hora de la estrella, Las bodas de Cadmo y Harmonía...
—Venga, y éste también. Léelos en el orden que quieras, pero léelos.
—Puigpi. Que no.
—Eres marica, ¿no? Pues venga La biblioteca de la piscina.
—Aquí te va
»

Los títulos que en la cita aparecen pertenecen respectivamente a los escritores Pedro Lemebel, Clarice Lispector, Roberto Calasso y Alan Hollinghurst. Son claramente autores no muy conocidos por el gran público. Pablo Gallego Boutou, a través de estos libros y sus autores, asimismo se muestra ante los lectores como un autor distinto, diferente, que no transita por las veredas acostumbradas y por todos conocidas. Y así lo es en efecto Bar Urgel, una novela distinta, fresca, innovadora, diferente, arriesgada... 
 

8 ago 2024

Antes de que llegue el olvido. Novela de Ana Rodríguez Fisher

6 comentarios:

«No, nada importaba que tú estuvieras en Moscú y yo en Petrogrado cuando el miedo y el dolor y la angustia y la muerte nos igualó a todos. Hasta entonces sabíamos que la miel silvestre huele a libertad; a violetas, los labios de una joven; y a manzanas, el amor. Pero entonces aprendimos para siempre que solo la sangre huele a sangre. Y que la historia puede empuñar la más terrible de las guadañas. En realidad, nuestra generación apenas saboreó la miel:fueron contadas nuestras horas, quedó truncada y rota nuestra obra, y dos guerras crueles abrasaron nuestro breve o largo camino. Fuimos dispersados por la tierra como naipes de una baraja, alejados unos de otros, recluidos en guaridas que se hundían en el subsuelo o desterrados a los más recónditos confines del mundo, […] Por eso, quienes hemos logrado llegar hasta el final debemos acopiar fuerzas y escribir nuestros recuerdos. Para devolver a la historia a quienes fuisteis devorados por ella.»»

Ana Rodríguez Fisher, Premio de Novela Café Gijón 2023

He llegado hasta esta novela de Ana Rodríguez Fisher directamente a través de la fantástica reseña que de la misma hizo Lorena Álvarez en su blog El pájaro verde. Como suele ocurrirme cuando la leo, Lorena inyectó en mí el deseo de ir lo antes posible a Antes de que llegue el olvido que, además, se había alzado con el Premio de Novela Café Gijón en 2023. El jurado formado para esa convocatoria por Mercedes Monmany, Marcos Giralt Torrente, Pilar Adón, Antonio Colinas y José María Guelbenzu dice de la novela en el acta de su concesión lo siguiente:
 «La novela es una larga carta que Anna Ajmátova escribe a Marina Tsvietáieva, tras conocer el suicidio de ésta, y que nos sitúa en una etapa crucial de la historia de Rusia y de Europa, cuando la despiadada represión estalinista truncó los destinos de ambas escritoras y de otros muchos personajes relevantes de la cultura rusa de aquel tiempo.
El jurado quiere hacer notar que se trata de una apuesta apasionada e intimista que nos acerca a dos mujeres excepcionales.»
Además de Lorena me impulsó a hacerme cuanto antes con esta novela el hecho de que la misma transcurriese en la URSS fundamentalmente durante el estalinismo, una época especialmente convulsa para esa unión de Repúblicas. Varias de mis lecturas recientes y no tan recientes se desarrollaban durante esos años de represión, terror, encarcelamiento y exilio voluntario u obligado; me refiero a "Un caballero en Moscú" de Amor Towles, a "Los Zelmenianos" de Moyshe Kulbak, o a "Zuleijá abre los ojos" de Guzel Yájina. También la posterior evolución de la Rusia resultante de la descomposición de la URSS a partir de 1991 ha ocupado parte de mis lecturas como por ejemplo "Operación Kazán" de Vicente Vallés, "El mago del Kremlin" de Giuliano da Empoli, "Limónov" de Emmanuelle Carrere, "Piedra, papel, tijera" de Maxim Ósipop o "Las vacas de Stalin" de Sofi Oksanen. Todos estos libros los tengo reseñados en este blog. A lo ya dicho yo añadiría lo mucho que desde siempre me ha gustado la literatura rusa y, cómo no, el actual conflicto bélico entre Rusia y Ucrania que tan preocupada tiene a la población mundial, en especial a la europea. 

Todo esto me llevó hasta esta novela de esta autora de origen asturiano, aunque afincada en Galicia, que no conocía. Su manera de escribir me ha sorprendido mucho, para bien. Según la leía me parecía estar oyendo hablar directamente a Anna Ajmátova, y para nada a una española que imitara el ritmo y el tono de la lengua rusa. Quiero con esto señalar la enorme 'verdad' que rezuman las páginas de esta obra. Verdad es que las anécdotas de las vidas de estas dos mujeres sucedieron, pero más importante es, estando como estamos dentro de una creación literaria, lograr que el lector haga suya esta 'verdad', incluso con los añadidos de ficción que, quieras que no, la autora habrá debido de realizar para dar consistencia y redondez a lo que relata.

Estamos ante un libro que rompe los marcos que tradicionalmente imponen los géneros literarios. ¿Es una novela? Sí, claro que sí. ¿Es un ensayo literario? Naturalmente. ¿Es una obra epistolar? Pues sí, por qué no. ¿Una elegía? Sí, desde luego, pues el impulso que mueve a Ajmátova es el del homenaje póstumo a la amiga desaparecida. ¿Podría decirse, pues, que es una obra poética? Efectivamente, en muchas ocasiones la poesía impregna totalmente la prosa de la supuesta carta que Anna está escribiendo, pensando escribir o lo que sea, a Marina Tsvetáyeva; incluso hay momentos en que versos tomados de obras líricas de una u otra poeta se entreveran con la prosa surgida de la pluma de Ana Rodríguez Fisher. Y no sólo de ellas dos sino también de algunos de los muchos poetas amigos que se citan en esas páginas: Ossip Mandelstan, creador del movimiento poético denominado «Taller de los Poetas que fue la cuna del acmeísmo»; Gumiliov, marido de Anna y padre de Lev Gumiliov, hijo de ambos; Max Voloshin «quien fue considerado el modernista francés de la lírica rusa, un poeta visionario, un verdadero mito viviente»;  además de otros, antiguos y modernos, reverenciados por ambas amigas poetas: Boris Pasternack, Apollinaire, Cocteau, Pushkin...

La novela tiene un alto grado de colorismo, plasticidad, poeticidad, y no sólo por los  muchos poetas que se nombran; también abundan los pintores, pues en los círculos de amistades de Ajmátova y Tsvetáyeva los hubo en gran cantidad. Basta decir que Marina Tsvetáyeva salió de Rusia en 1925, huyendo de los arrestos y deportaciones sufridos por muchos intelectuales, y se instaló en París hasta 1939, momento en que con una Francia amenazada por los nazis decide volver a Rusia con su hijo para además interceder por su marido, Serguei Efron, acusado de espionaje. En esa ciudad, como también hizo Anna Ajmátova en las muchas ocasiones en las que residió en ella, ambas -cada una por separado, pues hasta esas dos tardes de 1941 no se vieron físicamente- estuvieron en contacto con los círculos de pintores, de intelectuales y de literatos que por esos años (1910, 1925, 1930...) pululaban, vagabundeaban y rompían los postulados artísticos creativos. Es especialmente la principal protagonista de esta novela, Anna Ajmátova, quien recuerda esos años de frenesí personal, de activismo cultural, de innovación creativa, de amistades, de amores...:
  • «La Rotonde acogía a un variopinto grupo de jóvenes estrafalarios que maquinaban la manera de agenciarse cinco francos o discutían a voz en cuello de pintura y poesía, riñendo y peleando unos con otros, para después enseguida hacer las paces bajo la atenta mirada de su propietario, Libion. Este había comprado aquel pequeño café sin sospechar que acabaría convirtiéndose en el cuartel general de los Apollinaire, Cocteau, Picasso, Gris, Jacob, Léger, y de nuestros Soutine y Chagall, que ya se había llevado allí a su mágico Vitebsk, y a donde también acudían tu querida Natalia Goncharova y Max Voloshin, que siempre recalaba en La Rotonde cuando andaba por París.»
  • «Entonces Modigliani desplegaba un paraguas negro, enorme y viejo: un paraguas de aldeano. Il pleure dans ma coeur comme il pleut dans la ville, il pleut doucement..., musitaba porque caía una lluvia tibia, casi estival, que dejaba París envuelto en un polvillo dorado. Allí, apretujados bajo el paraguas y sentados en un frío banco de piedra del jardín de Luxemburgo, porque no teníamos dinero para pagar una de las sillas de alquiler, recitábamos a Verlaine, Rimbaud, Mallarmé o Baudelaire. Hasta que moría la tarde en crepúsculos de ópalo, anaranjados.»
Poetas rusas purgadas por el estalinismo
Tomado de https://es.buypopart.com/
BuyPopArt.nsf/A?Open&A=8XYKZV
 
Modigliani, con quien la Ajmatova mantuvo una relación, -le dice ella a Marina en la supuesta carta que le está escribiendo- continuamente estaba esbozando retratos suyos, quizás «porque en esa época Modi deliraba por el antiguo arte egipcio y yo era para él "su" Nefertiti». Sin embargo el retrato más conocido de la poeta rusa es el que le realizó el pintor Nathan Altman; mientras Anna posaba para él, el poeta Ossip Mandelstam asistía a esas sesiones como espectador. Mandelstam también fue amigo intimo de Marina. Este hecho no es más que una de las muchas coincidencias que existieron entre ambas mujeres y que a Ana Rodríguez Fisher le sirven para ir en su novela de la una a la otra, moviéndose hacia adelante y hacia atrás en el tiempo de manera rítmica, delicada, poética, encantadora.

Pero lo que se relata en la novela tiene en sí mismo poco de encantador, desde luego. Asistimos a muertes, suicidios, arrestos, deportaciones, exilios obligados, confinamientos en Siberia. Comienza con el suicidio de Marina Tsvetáyeva y prosigue con el absurdo terror promovido por los soviéticos especialmente durante el estalinismo. Es terrible ver cómo la burocracia soviética fue eliminando o acallando a lo más granado de la cultura rusa en todos los ámbitos: Maiakovski, Boris Pasternak, Eisenstein, Bulgakov... También terrible porque toda Europa se convierte en un hervidero de muerte y destrucción que surge, paradójicamente, de la nación más apreciada por las dos amigas y más fuerte intelectualmente («¿Qué sentías al ver tu querida Alemania convertida en un país enemigo, al ver cómo la cuna de los poetas, de los músicos y de los filósofos era vilipendiada por todos; al ver a algunos de nuestros espíritus más selectos convertidos en vulgares patanes y ardorosos patriotas?»). Esta paradoja, la del máximo refinamiento artístico unido a la máxima crueldad e inhumanidad sigue ocupando las mentes de analistas y estudiosos del comportamiento humano sin encontrar aún explicación satisfactoria.

Una novela sobre la vida de dos mujeres escrita por una mujer tiene por fuerza muchas líneas de conexión con el papel de la mujer en el mundo, con su condición en un mundo regido esencialmente por hombres. Marina Tsvetáyeva había criticado con dureza unos poemas de Anna y ésta se había sentido dolida por ello. Como justificación en el memorial elegíaco novelado que está escribiendo le dice: «lamento la primera imagen que te forjaste de mí: Anna Ajmátova, la musa del llanto. Pero tú bien sabes que cuando una mujer escribe, lo hace para todas las que han callado miles de años, siguen callando aún, y callarán por siempre jamás». Esto es feminismo en estado puro, sin duda.

Las dos poetas rusas protagonistas son mujeres avanzadas, libres, libérrimas en ocasiones, que saben moverse en un mundo que normalmente marginaba a las de su sexo. Estas intelectuales me han hecho recordar a las Sinsombrero españolas (Ernestina de Champourcín, María Teresa León, Concha Méndez, Maruja Mallo, María Zambrano, Rosa Chacel,y otras) que por esos mismos años también están participando en el mundo intelectual de nuestro país. Son mujeres todas ellas que supieron estar a la altura de las circunstancias -¡muy duras circunstancias!- y que por ello, sólo por el hecho de ser mujeres, en muchas ocasiones sufrieron más vejaciones que sus compañeros varones.

Para finalizar esta reseña sólo me queda por hacer una pequeña referencia al título del libro. Leo en el comentario que Lorena hace en su blog que la autora presentó la novela al concurso literario con el de "Ljuv", palabra rusa que significa 'Amor'. Al contrario que en un principio Lorena yo soy más partidario del que finalmente la editorial o la autora misma eligió, "Antes de que llegue el olvido". Dentro del desarrollo de la trama aparece como una mera recomendación que a Anna Ajmatova le hace el poeta Joseph Brodsky; para mí es un mensaje de vida que todos debemos de tener muy presente: conviene hablar, decir, ver, o lo que sea, antes de que sea demasiado tarde, antes de que llegue el olvido y por no haberlo dicho, visto o hablado quede como si no hubiese existido:
«Le consulté a Joseph Brodsky lo que me obsesionaba desde hacía tiempo, y le leí uno de los «Bocetos de Komarovo», el que va dedicado a ti. Y también otro poema más antiguo, escrito después de nuestro encuentro. Además, le recité los que tú me habías enviado. La respuesta del joven me dejó algo aturdida, y un tanto preocupada, pues dijo que debería haber compuesto mi elegía a Marina mucho antes, porque es importante decirlo todo cuando el otro aún no ha acabado de marchar, antes de que llegue el olvido. Es lo que tú misma habías hecho con Rainer Maria Rilke.»

Para concluir
Antes de que llegue el olvido es sin duda alguna de lo mejor y más diferente que haya leído este año. Ana Rodríguez Fisher presenta de manera impecable una relación de amistad entre dos poetas rusas que en persona sólo se vieron dos tardes de 1941. Al conocer Anna Ajmatova que Marina Tsvetáyeva había muerto solo dos o tres meses después de su único encuentro decide escribirle una carta en la que rememora su propia vida, también la de Marina, y a través de cada una de ellas la de Rusia desde 1905 hasta 1962 momento en que la Ajmatova decide a instancia del joven poeta Joseph Brodsky hacer este repaso memorístico que homenajea no sólo a la amiga sino a todos aquellos compañeros artistas (escritores y pintores) que vivieron en su entorno y que como ellas sufrieron las alegrías de la Revolución primera y las angustias y terrores de la represión, en especial durante el estalinismo. Y todo esto nos lo cuenta esta novelista española que consigue imbuirse del estilo y tono propios de la literatura rusa de esas primeras décadas del siglo XX. Novela muy recomendable.

Citas textuales
  • «Del amor entre hombre y mujer, nacen los hijos. Del calor que irradia la amistad, del coloquio y las confidencias compartidas a lo largo de una vida, nacen las obras: hijos espirituales.» A propósito de la amistad de Anna con Boris Pasternak.
  • «No me gusta hablar de la infancia porque es demasiado fácil hacerlo. Mas, a la vez, reconozco que puede resultar muy difícil describir esos años. Es fácil porque la infancia es estática: es el lugar donde todo se quedó así y ahí. Cuando adquirimos conciencia, vemos que nos rodea un mundo acabado e inmóvil, y lo más natural es creer que antes de nosotros todo era igual. De esa ingenua creencia nacen los relatos felices, que a menudo resultan empalagosos. Y, sin embargo, también puede ocurrir que desconfiemos de toda esa felicidad porque en parte nos aburre. En tales ocasiones, es natural darse a imaginar que ese mundo había sido distinto, que antes no era así. Es entonces cuando algunos aprovechan para urdir relatos oscuros, llenos de desdichas y tormentos, que tampoco nos convencen.» Reflexión literaria de lo más interesante, más bien metaliteraria, que realiza la protagonista cuando disponiéndose a realizar el escrito que tiene en su cabeza duda sobre cómo enfocarlo.
poesía rusa de la primera mitad del siglo XX
A la izquierda de la imagen: Marina Tsvietáieva en 1925, fotografía de Pyotr Ivanovich Shumov en dominio público.
A la derecha: Anna Ajmátova en 1921, fotografía de M. Nappelbaum bajo licencia CC BY-SA 4.0 DEED.  (tomado del blog 'El pájaro verde')

_______________________
Nota:
Esta lectura me sirve para rellenar la letra F en el Reto "Autores de la A a la Z" y para añadir un título más al Reto 25 españoles.