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16 feb 2023

Cristina Araújo Gámir. "Mira a esa chica"

20 comentarios:

« En mi opinión, ninguna de esas personas está haciendo nada de esto por mí. Solo quieren sacar tajada.
Paola frunce el gesto.
—Bueno..., a ver..., lo que quieren es... algo para las mujeres. Quieren justicia.
—Ya, qué bonito queda decirlo así, pero hasta ahora a nadie le había importado una mierda ser justo conmigo... Nadie me ha respaldado jamás.»

Violación en grupo, La manada, Ley del sólo sí es sí
El próximo miércoles 22 de febrero tendré la oportunidad de conocer en persona a Cristina Araújo Gámir, autora de Mira a esa chica, la novela que se alzó con el premio Tusquets de novela 2022 fallado durante el mes de septiembre pasado. La obra salió a la venta en octubre, el mes siguiente. Es la primera novela publicada por esta joven nacida en Madrid en 1980, licenciada en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid, que desde el año 2011 vive en Frankfurt (Alemania).

La oportunidad de dialogar directamente con Cristina Araújo viene dada por la amabilidad que ella ha tenido al prestarse a acudir en persona a la tertulia más que palabras... de la que formo parte desde ni sé ya los años. En el blog de dicha tertulia daré cumplida cuenta de cuanto ese día en ella se diga, se comente, se puntualice por y sobre la autora y su obra. Por ahora aquí, en El blog de Juan Carlos, dejaré tan sólo un breve apunte sobre lo que la lectura de Mira a esa chica ha suscitado en mí. Evidentemente no cierro la puerta a posteriores añadidos, correcciones o rectificaciones derivadas del encuentro con la joven escritora madrileña.

Mi comentario
Mira a esa chica ficcionaliza una agresión sexual por parte de un grupo (una manada) de chicos. La historia no es -desgraciadamente- nada sorprendente dadas las noticias que desde que sucediera el episodio de la violación en Pamplona, el siete de julio de 2016, de una joven de dieciocho años por un grupo de cinco chicos se fueron sucediendo sobre este y otros casos similares protagonizados por los mismos autores u otros diferentes en otros lugares de España. 

Sí me ha sorprendido, y muy gratamente, el tratamiento que Cristina Araújo da al asunto de una violación grupal al ahondar sobre todo en la mente de Miriam, la chica que la ha sufrido; y también, pero algo menos, en la de otros personajes: los violadores (Alex, el Estudiante; el Chivo; el de la perilla; Kaplan), los compañeros y amigos de estudios (el guapo Jordan, el vecino Lukas, Tallie, Paola, Vix, etc.), el equipo de abogados del despacho del señor Kazatchkine, o Pattie Dougan, la madre soltera de Miriam.  

Es esencial, y está presentada a las mil maravillas, la introspección psicológica que la protagonista realiza. Tras el suceso, ella no hace más que dar vueltas en su cabeza al antes, el durante y el después de la agresión. A través de estas recurrencias mentales (flujo de conciencia, monólogo interior, soliloquio...) vamos conociendo la personalidad de Miri, conocida en el grupo de amigos del instituto como la Bufi, como la Gorda. Es una chica con una muy baja autoestima que no es del todo bien recibida por otras chicas mucho más guapas que ella (Paola, Tallie, Clara...) que la evitan a veces y más cuando ella les ha dicho que le gusta Jordan, el chico más agraciado por el que se postula, como candidata con más papeletas a su favor, la guapa Paola. Los chicos del instituto se ríen de Mirian y la provocan con bromas algunas muy subiditas de tono. Ella con tal de agradar y de no perder la integración con el grupo las consiente muchas veces e incluso llega a comportamientos de excesiva liberalidad que los confunde en ocasiones.

Estamos ante unos jóvenes adolescentes a punto de entrar en la mayoría de edad legal; es una edad caracterizada por la falta de certidumbres, de muchos complejos, de búsqueda de una autoestima satisfactoria, de afirmación identitaria frente a los otros, lo que muchas veces lleva a acciones poco planificadas y poco deseadas incluso por quien las realiza. El sexo, el alcohol, las drogas blandas forman parte del ocio y la diversión habitual a esa edad. Es la adolescencia una etapa vital caracterizada por el deseo de agradar a los otros, la necesidad de no ser apartado del grupo, la necesidad de ser aceptado. La protagonista, Miriam, es una joven típica en este sentido: con unos kilos de más, ella se siente fea y además es objeto de burlas y chanzas en el IES al que acude; incluso los considerados amigos, sus compañeros de clase y sus vecinos de domicilio, le hacen bromas y chanzas muy hirientes. Todo esto hará que se despierte en ella un deseo de agradar teñido de mucha sexualidad o de equívocos al respecto que le ocasionarán más de un disgusto.

Es una edad en la que, como acabo de decir, lo grupal, la aceptación en el grupo, la búsqueda de afectividad es constante. Esta necesidad de integración se prolonga también en la soledad del domicilio a través de las redes sociales, en especial del wasap, y ya en una búsqueda más erótica o sexual del Tinder. Es aquí donde las baladronerías de unos y de otros se encuentran en su salsa. Ella, Miriam, una chica solitaria y sin autoestima se exhibe en las redes, en especial en Tinder, como una mujer hipersexualizada, algo que en realidad no es. Y aquí se inicia su tragedia. Naturalmente no habría sucedido nada si al otro lado de la pantalla no se hubiese encontrado con Alex, un depredador que con artimañas sabe conducirla al matadero que fue la violación múltiple sufrida.

La familia (Pattie, la madre soltera de Miriam), las amigas (Vix, la guapa Paola, la bailarina Tallie...), los chicos de clase (el guapo Jordan, el vecino Lukas, etc.), las redes sociales para ligar (Tinder y los engaños que en personas poco avezadas y algo débiles como Miriam pueden llegar a hacer estragos), la manera de divertirse por los jóvenes, la sociedad hipersexualizada en la que vivimos... Todo esto y más aparece en esta novela que está muy bien contada con una narración alternante en 2ª y 3ª personas que hace que veamos el conflicto desde el interior del personaje y también desde fuera de éste. Es fundamental y muy destacable la narración en 2ª persona pues hace que como lectores nos metamos en la cabeza del personaje que constantemente se autoanaliza, se interroga, se riñe a sí misma. 
«te halaga que [Clara] se haya puesto a contarlo delante de ti. O quizá, bueno..., quizá es que le importas tan poco, te considera tan nada, que en realidad se la suda tanto que lo escuches como que no.»
Esta segunda persona siempre está referida a Miriam Dougan que desde la agresión está que no sabe cómo seguir viviendo, cómo superar la situación en la que, por los engaños sufridos, por el alcohol, por un cierto menosprecio histórico de sus auténticos amigos hacia ella, está inmersa.

La serie de preguntas que, a toro pasado, se hace la protagonista constituyen un auténtico manual de conducta, un prontuario de autoayuda que, si bien ella no siguió, es con el que ahora se autoflagela pesarosa por no haberlas respondido adecuadamente en su momento. Desde luego para los lectores es un auténtico protocolo destinado a prevenir un posible abuso sexual:
«preguntas que ella marea desde hace ya varias noches: ¿de qué los conoces?, ¿adónde vais?, ¿es tu novio?, ¿no te parece raro?, ¿no te parece que solo te quiere follar?, ¿adónde te llevan?, ¿y por qué fue tan seco en el coche?, ¿por qué te pidió tantas fotos desnuda?, ¿y por qué habla tanto de sexo, con esa obsesión?, ¿no es todo muy raro, no es todo tan tremendamente raro que casi deberías morirte de miedo?»
El lenguaje literario utilizado tiene momentos estelares que hacen que se disfrute mucho de la lectura. Hay detalles de altura literaria que me han gustado mucho. Por ejemplo la utilización de diversos géneros literarios (narrativo, dramático, poético...) y lenguajes (el jurídico, el periodístico, el coloquial de las redes sociales...) y en especial esas repeticiones paralelísticas que hacen virar, en momentos muy precisos, el lenguaje hacia la prosa poética 
«Porque es gratis.
Porque es anónimo.
Porque no hay consecuencias.
Porque te odian.
Y porque pueden.
Por eso.
»
Premio Tusquets de novela 2022
He saboreado más en esta novela lo bien que está escrita, la forma de contar, con esas rupturas constantes de la linealidad temporal yendo hacia adelante y hacia atrás; más incluso que la historia en sí misma, al ser demasiado reciente y conocido el suceso en que se inspira. Precisamente la conmoción social que la agresión sexual que se presenta ocasionó en España ha provocado reformas legislativas que están dando muchísimo que hablar en los últimos meses. Ciertamente por esto es una novela de grandísima actualidad. La idea del consentimiento está en el centro del debate social hoy, y también, claro, en el centro de la resolución de la trama de esta novela. Hay unas secuencias en las que Miriam, y también sus agresores, son interrogados por la autoridad judicial. Se dirime en esos interrogatorios la aceptación o no por parte de ella del encuentro sexual. Ahí radica el punto de inflexión sobre el que pivota la culpabilidad o no. Para lograr deslindar la agresión de lo meramente lúdico la protagonista deberá desembarazarse de sus propias inseguridades que le hacen en ocasiones minusvalorar lo sucedido, considerarlo banal, consentido, cuando no lo es de ninguna manera. 

Para finalizar
Una novela fantástica para debatir sobre el tema de las violaciones sufridas por mujeres a manos de lobos solitarios o de manadas. Fantástica, además, porque presenta la situación de manera equilibrada, sin maniqueísmos, sin decantarse de primeras por una u otra parte. Muestra a la agredida inmersa en un mar de contradicciones vitales, de inseguridades, que no justifican su sufrimiento pero que hacen pensar que quizás si se hubiese conducido de manera diferente pudiera haber evitado la situación, o no, claro; es esta falta de seguridades la que hace más que creíble el conflicto que muestra esta narración. Al tiempo presenta a los agresores -unos chicos normales, incluso brillantes- realizando un acto brutal, bárbaro, que ellos, inmersos en una mentalidad de superioridad machista y de cosificación de la mujer,  consideran meramente lúdico. Y precisamente aquí es donde radica el problema, en la anormalidad normalizada. Y en que todo coadyuva a ello.

Quiero cerrar esta reseña con una cita que me parece fundamental. En ella se refleja que a la tragedia del acto de una violación se añade el duradero sufrimiento posterior de la víctima:
«Pase lo que pase con la apelación... Me pregunto si conseguiré superar esto alguna vez... No me refiero al año que viene, ni a dentro de cinco o seis años, sino al futuro. Si viviré tranquila en mi propio piso, si tendré amigos, una familia y todo eso...»

21 ene 2023

El lamento de Portnoy. Novela de Philip Roth. (Revisitados)

23 comentarios:

«William Butler Yeats lo escribió –dije, comprendiendo mi poco tacto, la falta de sensibilidad con que yo había puesto de relieve el abismo que nos separaba: yo soy listo y tú eres tonta, eso es lo que había querido decir al recitar a aquella mujer uno de los tres poemas que yo había aprendido de memoria en mis treinta y tres años−. Un poeta irlandés −añadí» (pág. 184)

Philip Roth, El mal de Portnoy
Al hilo de la lectura del libro de James Salter, "Juego y distracción" que, como digo en el comentario que de ella hago en este blog [leerlo aquí], me evocó vivamente la novela de Philip Roth aparecida en 1969, "El lamento de Portnoy", recordé haber hecho reseña de ella. La he buscado y la he releído. Me ha parecido que las palabras que le dediqué hace años no están nada mal; sin embargo su recepción entre los lectores de 'El blog de Juan Carlos' ha sido claramente escasa, quizás por la fecha en que la publiqué -en 2012, coincidiendo con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de Literatura al escritor norteamericano- cuando el blog apenas si había echado a andar. Es por eso que he decidido traerla al presente y situarla con esta entrada dentro de la Sección "Revisitados de este blog. Ya me diréis qué os parece. 



AVISO: El comentario de la novela El lamento de Portnoy de Philip Roth que viene a continuación contiene algunos spoilers. ¡Quien avisa, no es traidor!



 El 26 de octubre del año 2012 cuando publiqué la reseña lo hice bajo este rotundo título: 

 «En el muro de las lamentaciones. “EL LAMENTO DE PORTNOY” de Philip Roth (Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012)»

Y seguía así:

 La novela apareció en 1969. Es una novela que cabría considerar como “fuerte” en el sentido en que mis padres empleaban dicho término y que yo escuchaba de sus labios cuando niño. Es “Fuerte” porque su asunto, al menos externamente, gira en torno a la obsesión que el protagonista Alexander Portnoy tiene sobre el sexo. Dicha obsesión le viene de su época adolescente y parece no haber desaparecido en el momento en que está contando el relato, a sus 33 años.

¿Por qué esta obsesión? Seguramente procede de su condición de judío y su evolución como adolescente, del gran complejo de Edipo que sufre –o ha sufrido- y de su gran soledad… Y es que Alexander vive en Newark, afueras de New York, a donde sus padres se trasladaron huyendo del antisemitismo que sentían en Jersey City, en un barrio donde todos sus habitantes son judíos y en el que se observan estrictamente los principios de la ley judaica (carnicería judía, barbero judío, colegio judío…) al igual que en el seno de su familia constituida por Jack Portnoy, el padre, vendedor de seguros en los barrios más difíciles de la ciudad (Harlem, Bronx, y así), la madre Sophie Ginsky, la hermana Hanna y el novio de ésta Morty. Los vecinos también lo son: su tío Hynnie, vendedor de gaseosas; su primo Harold, Heshie.

Y en este contexto está Alex, adolescente de algo menos de 16 años, que quiere sentirse como el centrocampista de un partido de Baseball: seguro y conocedor de todo (esta metáfora la desarrolla Philip Roth en las páginas 72-76; y me recuerda un muy mucho a otro libro de crisis adolescente, El guardián entre el centeno de J.D. Salinger). Portnoy se rebela contra la opresión y rigidez con que su familia, y en especial su madre Sophie, lo educan. Es un sentimiento ambivalente pues al tiempo que siente asfixia en su casa, también se siente solo fuera de esta protección. Su crisis de adolescencia encuentra salida hormonal en la masturbación, si bien este acto le perturba seriamente pues el joven está invadido del sentimiento de culpa inherente a cualquier momento de placer que le han imbuido en casa, en la sinagoga, en el colegio…; en definitiva, en la educación que recibe.

Estos asuntos ocupan las tres primeras partes del relato (“La persona más inolvidable que he conocido”, “Sacudiendo” y “Lamentaciones judías”) que ocupan las primeras 83 páginas. De estas tres partes, además de la angustia que siente por lo encima de él que está su madre y el afán por masturbarse destaca el lamento siguiente: «No querer ser uno judío y serlo para los otros». Y es que su físico (la nariz ganchuda, el pelo negro y ensortijado…) lo delatan ante los goyische (gentiles) que viven con alegría y son físicamente distintos. Alex se siente en un gueto y, –dice-, quiere vengarse de esta sociedad que los aparta a través del arma que tiene más a mano, el sexo. Primero masturbándose por doquier, incluso en sitios públicos, y cuando crezca practicando sexo con las kurveh (prostitutas) gentiles y no sólo con ellas.

Así sucede en la 4ª parte, “Ansia de sexo” en donde se nos aparece como un ser machista por demás. Es aquí, en esta parte de 92 páginas, donde vemos a la perfección la estructura del relato. Estamos ante una confesión, así la llama él en un momento, realizada por Alex ante un doctor al que en ocasiones llama Spielvogel (un psicoanalista o psiquiatra, sin duda) que en silencio escucha su monólogo que fluye de su conciencia entremezclando edades, periodos, etc., de manera que en ocasiones su confesión nos retrotrae a los 4 años de edad, en otras tiene 22 o vuelve al presente de la confesión, a sus 33 años (la técnica literaria es, pues, el monólogo interior y/o flujo de conciencia).

En las referencias que hace a su situación actual sabemos que se gana la vida como Subdelegado de Igualdad de Oportunidades de la ciudad de Nueva York, siendo un personaje conocido por sus apariciones en televisión por los controvertidos casos que lleva y resuelve. Por esto, es más chocante aún la depravación sexual de que hace gala con esa medio novia que se echa, la Mona, con la que practicará sexo duro y a la que convencerá para participar en tríos sexuales e incluso pretenderá llevar a orgías. En definitiva busca hacer realidad las fantasías sexuales que tiene desde la adolescencia. Su madre siempre le advirtió de lo inadecuado de este comportamiento imbuyéndole un sentimiento de culpa que le acompañará hasta el final del relato.

La 5ª parte, “La forma más extendida de degradación en la vida erótica”, insiste en sus relaciones adultas con diferentes mujeres, además de con la Mona, meretriz analfabeta a la que intentará educar recomendándole diversas lecturas (Dos Passos, Baldwin, Steinbeck, etc.). Esta mujer se enamorará sinceramente de él, pero él, que también se siente muy próximo a ella, no logrará superar el que ella proceda de los bajos fondos y que vista y actúe como una mujer de otro estatus. Se muestra, pues, Alex como un racista y actúa del mismo modo que echa en cara a los americanos no-judíos, sin aceptar a quien no pertenezca a su cultura, ahora no religiosa sino intelectual. La abandonará y ella amenazará con suicidarse.

Su relación con la Mona le hará recordar su primera salida fuera de su casa un Día de acción de Gracias con sólo 17 años cuando tras llevar dos meses sin ver a su familia por haber empezado a estudiar en la Universidad se va con su novia Kay, una chica de familia cristiana y buena posición social. Su judaísmo personal le pesa tanto que piensa que deberá plantearlo de mano a los padres de la chica (vamos, que de nuevo se siente culpable por ser judío y piensa que todo el mundo lo sabe y que ello es una barrera infranqueable). No lo hará, sin embargo, aunque luego a Kay tras una falta le propondrá casarse si se convierte al judaísmo; ella responde escandalizada por semejante propuesta y esto será el fin de la relación.

Escritores norteamericanos del siglo XXTambién recordará que con 29 años tuvo una novia en el lugar de trabajo. Era una chica de 22 llamada Sally Manlsby de familia americana desde la conquista en el XVI. A través de ella intentará vengarse de todos los agravios que en su opinión sufre su cultura representados primeramente en el jefe de su padre (Lainsbury) quien lo explotaba abusivamente. Sin embargo Sally, de personalidad fuerte, aunque accederá a algunos de sus caprichos sexuales, en un momento le manifestará simplemente que ella hay cosas que no hace, y punto.

La última parte tiene el título de “En el Exilio”. En esta parte viaja a Israel y curiosamente no se siente a gusto. Le sorprende que todos allí sean judíos y como le dirá una de sus conquistas es que él tiene cultura de gueto, que por eso desprecia a los otros, que no quiere integrarse. Dos chicas conoce, una militar y otra de 21 años de un kibutz. Con ninguna de las dos podrá practicar sexo, al no conseguir la erección. Además piensa que puede padecer una enfermedad de transmisión sexual (consecuencia ‘lógica’ de su desordenado comportamiento, vamos, el castigo que debería derivarse de su culpable actuación). La chica militar se irá al ver su nula disposición sexual, y la del kibutz impedirá que abuse de ella diciéndole las cosas a la cara. Esta chica se llama Naomi y es una sabra (nacida ya en el estado de Israel). 

En esta 5ª parte, concretamente en la página 252 de la novela, aparece la frase que en el fondo ha estado sobrevolando todo el relato: 
«¿Por qué, por qué no puedo tener un poco de placer sin que siga inmediatamente el castigo?»
Lo importante, al final, es que el relato le ha servido para descubrirse a sí mismo, y como dice el Dr. Spielgovel: «ahora, quizá, podamos empezar. ¿Sí?».

Además de lo reseñado anteriormente, y ya para finalizar, no hay que echar en saco roto la gran carga irónica y el claro humor que el relato encierra, si bien este último centrado la mayoría de las veces en situaciones de fuerte contenido sexual y/o escatológico. Es un humor chocante fruto de los altibajos situacionales como, por ejemplo, hacer uso de un hablar elevado en situaciones ciertamente muy chocarreras (vid. pág. 189). Para mí la situación más divertida se da cuando la Mona le dice haber comprendido el poema de “Leda y el Cisne” de Yeats con la vagina (vid. pág. 184).

Y es que asimismo la dualidad alta cultura frente a cultura en grado cero propicia, amén de no pocas situaciones humorísticas, la coartada perfecta para que el judío-que-es-pero-no-quisiera-aparentemente-serlo exponga su amplio abanico de preferencias literarias (Keats, Steinbeck, Baldwin, Kafka, Dos Passos, etc.). Y especialmente William Butter Yeats y su bellísimo y muy sensual poema con el cual prácticamente abre el relato.

En un momento dado, en las primeras páginas de El lamento de Portnoy, Philip Roth eleva a este impresentable personaje a la categoría de héroe: «Parezco un hijo de la casa de Atreo» [alude a los Atridas, de cuya estirpe proceden los héroes Aquiles, Agamenón y Menelao] y lo coloca a renglón seguido del vulgar comentario hecho por la Mona a propósito de la comprensión de dicho poema. Yo creo que con esto Roth está manifestándonos el poder adivinatorio, prospectivo y fuente de conocimientos no usuales que la literatura siempre ha propiciado, y que él parece defender, si bien, claro, Portnoy es un Aquiles del s. XX (otra muestra de humor irónico y carnavalesco).

20 jul 2022

La edad de oro. Principal novela de Wang Xiaobo

16 comentarios:

«Chen Qingyang me confesó que cada vez que hacíamos el amor era una tortura para ella. Deseaba gritar, abrazarme y besarme desenfrenadamente, pero se negaba a dejarse arrastrar por aquel sentimiento. Había decidido que nunca amaría a nadie.»

La mujer en China, Sexo en China, China hoy
Escapo de los calores -me escondo, más bien-  recluido en casa con lecturas variadas a mi alcance. Una de ellas ha sido ésta que recomendaba a principios de año mi amigo Francisco en su blog "Un lector indiscreto". Así que desde aquí agradezco a Francisco su recomendación.

He disfrutado mucho leyendo las confesiones que el protagonista de la novela debe de hacer a sus reeducadores culturales durante el tiempo que pasó en una brigada de trabajo en una provincia fronteriza china. Sucedió en la llamada Revolución Cultural que asoló China durante los diez últimos años que estuvo bajo la implacable férula del caudillo Mao Zedong. Son confesiones referidas a las actividades sexuales desarrolladas por él, Wang Er , con Chen Quingyang, médico de la Granja de Reeducación en la que como tantos otros universitarios ambos habían sido confinados dentro de las campañas de reeducación establecidas en el país a lo largo de los años 1966 a 1976. 

Si nos atenemos a lo que el narrador protagonista cuenta, tanto él como la médico con la que intimó coincidieron un tiempo en la Granja de trabajo a la que fueron conducidos a fin de convertirlos en "juventud educada" en los valores marxistas; valores que en opinión de los dirigentes del momento los jóvenes chinos estaban perdiendo. El propio autor, Wang Xiaobo, sufrió en carne propia esta política durante los años 1968 a 1970 siendo enviado a Yunnan Farm, el mismo centro donde suceden los hechos de la historia que se relata. Tenía en ese momento Xiaobo 16 años  y estaba a punto de ingresar en  la Universidad. Es precisamente la experiencia vivida durante estos dos años de estancia en el centro de reeducación la que le sirve de inspiración para "La edad de oro". Pero, insiste el autor, la historia que cuenta en La edad de oro no es la de su experiencia autobiográfica.

El reencuentro casual del narrador con Chen Quingyang «en la feria de Año Nuevo del parque Longtanhu de Pekín», veinte años después de los meses durante los que estuvieron relacionados, es el detonante para que Wang Er, relate en primera persona la experiencia vivida. Wang Er sufría de fuertes dolores lumbares debido a que había sido enviado por su jefe de brigada a plantar arroz, actividad que le exigía estar constantemente con el espinazo doblado en una posición muy forzada para su estatura de 1'90 metros. Por este motivo visitó a la médico de la Brigada 15, o sea a Chen Quingyang. Más tarde ella lo visitaría a él en su brigada, la número 14. Lo que comenzó siendo sólo una relación profesional y de mera amistad derivó casi sin darse ellos cuenta en una relación sexual. Aunque hubo momentos en que los dos jóvenes escapaban de la Granja llegando a pasar varios meses fuera de ella, siempre decidían regresar para evitar represalias mayores que les imposibilitaran salir de la misma y retomar su vida de estudiantes.

Para lograr salir de estas Brigadas de trabajo, dice en un momento de la novela el narrador, «el Grupo de Seguridad Popular nos obligó a seguir escribiendo la confesión. Tuvimos mala suerte, pues justo en aquel momento se había iniciado en todo el país un nuevo movimiento político y alguien había decidido denunciarnos.» Se les acusará de haber salido del país y ser espías extranjeros. Como tal cosa se demostró enseguida ser falsa, los del Grupo de Seguridad les exigen que escriban una autoconfesión acusándose de algo, por ejemplo de haber mantenido relaciones sexuales, lo que por contra sí era verdad pese a que ellos en principio lo negasen.

El sexo en La edad de oro, dice en el epilogo a la misma Miguel Sala Montero, traductor de la novela «juega un papel protagonista. En palabras del autor: "No lo hice (incluir escenas de sexo) por polemizar o resultar intencionadamente vulgar, sino como una forma de recuperar la memoria de aquellos años. Todos saben que las décadas de los sesenta y los setenta en China fueron una época 'asexual'"». 

Es, pues, la mostración desinhibida del sexo una manera de criticar políticamente el sistema que durante cerca de 30 años dirigió China con puño de hierro. A la muerte de Mao Zedong en 1976 el país comenzaría un proceso de apertura socioeconómica que lo llevaría con el paso de los años a convertirse en una potencia mundial. Al tiempo que los ciudadanos prosperaban económicamente el Estado abrió algo la mano en el terreno cultural lo que literariamente hablando dio lugar a una serie de autores como Mo Yan [en este blog he reseñado sus novelas La vida y la muerte me están desgastando y Las baladas del ajo], Xinran Xue [en el blog reseñé hace poco Nacer mujer en China (Las voces silenciadas)] o Wang Xiaobo, quienes sin hacer mucho hierro cuestionan la política ejecutada y representada por la Banda de los Cuatro y critican muchos de los excesos a los que un equivocado celo ideológico condujo el inmenso país. Sólo he citado autores que he leído pero es evidente que en China fueron -lo son actualmente- muchas las voces que se levantaron contra los abusos del pasado. Pero no hay que engañarse: es mucha la represión y el control cultural que sufren actualmente los intelectuales en China.

Muy importante me ha parecido la libertad con la que la mujer se muestra en esta breve novela. Chen Quingyang al principio aparece muy preocupada por la opinión de golfa que sobre ella se tenía en la Granja:
«Para ser una golfa hay que acostarse con los hombres de otras y yo no me he acostado con nadie desde que mi marido entró en la cárcel hace ya más de un año; y antes tampoco. Por eso, no entiendo por qué todos me llaman golfa.» 
Ella tras mantener durante meses relaciones íntimas con Wang Er jamás sintió que estuviese cometiendo ninguna falta, ningún delito, pues el sexo para ella no tenía nada de malo. Se lo reconocerá al narrador en ese encuentro póstumo en Pekín veinte años después de los hechos acaecidos en la Granja de reeducación: 
«Aquella también fue su edad de oro. Aunque todos decían que era una golfa, Chen Qingyang nunca se sintió realmente culpable. Me reí. Según ella nos unía una gran amistad y lo que hacíamos no podía ser considerado pecado»
Escritores chinos actuales, literatura china postmaoísta

Sí, también para ella aquella fue su edad de oro, igual que lo fue para el narrador como él mismo lo declara en un momento de la novela. Y es que ser un joven de 21 años y poder tener sexo libremente consentido con una mujer joven de 23 es vivir un momento magnífico, quizás el mejor momento de la existencia. Y, claro, también así lo sintió ella aunque quizás por su educación, su condición femenina o lo que fuera reprimiese más su entrega que él . Sin embargo y contra todo pronóstico sería la confesión que ella escribió la que al fin y a la postre sirvió para que el comandante del campo decidiese ponerlos en libertad. ¿Qué confesó Chen Quingyang? ¿Por qué las múltiples confesiones escritas por Wang Er pese a ser escritor no sirvieron para lograr su libertad? Leyendo, leyendo, se alcanza a conocer el motivo; sólo os puedo decir que es un motivo muy hermoso, muy bello. Ya os enteraréis.

Nota:
La edad de oro de Wang Xiaobo es uno de los tres títulos que he elegido para cumplir el Reto Serendipia Recomienda 2022.

17 oct 2019

Realismo sucio. Charles Bukowski. “Pulp”

29 comentarios:
La corriente literaria
Dirty realism, Realismo sucio, John Fante, Raymond Carver El 'dirty realism' o 'realismo sucio' es una corriente literaria nacida en Norteamérica con autores como Charles Bukowski, Raymond Carver o John Fante que optan por mostrar la realidad sin pudor alguno. Con esto quiero decir que estos autores no se cortan un pelo a la hora de mostrar esos aspectos que los seres humanos compartimos con nuestra condición animal. Es así pues que los impulsos sexuales, las necesidades fisiológicas, las irracionales apetencias viciosas y desordenadas como la adicción a drogas estupefacientes, bebidas alcohólicas o ludopatías aquí se muestran integrándolas como un elemento más de la constitución del individuo.

Además de por los asuntos tocados, el realismo sucio se caracteriza por el empleo de una prosa ágil, breve, que evita las descripciones tediosas y que por lo tanto es parca en el uso de adverbios y adjetivos. Los diálogos son rápidos y se hace escaso uso de acotaciones y/o digresiones que perturben la agilidad del intercambio dialéctico.

Los personajes suelen ser seres vulgares, de escasa altura moral pero muy reconocibles en el contexto social de nuestra vida cotidiana: bebedores empedernidos cuya dedicación fundamental es la visita al bar donde pasan horas y horas trasegando bebidas fuertes; marginados sociales, auténticos fracasados emocionales y laborales, que a punto están de entrar a formar parte de la legión de desheredados cuyo domicilio habitual son las calles de las ciudades; infelices ludópatas que todo lo cifran a un golpe de suerte que -dicen- están convencidos de que llegará y cambiará el rumbo de sus vidas; arruinados física, emocional y materialmente que arrastran sus deshechas humanidades por tugurios, prostíbulos, casas de apuestas y frecuentemente hospitales desde donde tras rápidas reparaciones de urgencia son remitidos de nuevo a su habitual marginalidad social en la que impepinablemente volverá a repetirse el ciclo hasta el final, hasta el último día de sus existencias.

He leído a Raymond Carver ("Catedral"); he leído a J. D. Salinger ("The catcher in the rye" -'El guardián entre el centeno'-), he leído a Richard Ford ("El periodista deportivo", "Canadá" o "Entre ellos"); y a muchos otros que suelen aparecer en los listados de representantes del 'dirty realism'. Pero no había leído a Charles Bukowski, uno de los más genuinos integrantes de esta corriente. Ha sido la lectura de la estupenda reseña realizada en MoonMagazine por Teresa Suárez lo que me ha llevado a tomar este libro en mis manos y leerlo. Lo he leído en un pis pas porque, fiel a los postulados del 'realismo sucio' el texto discurre sin entretenimientos descriptivos ni digresiones, así que en poco más de dos o tres horas di cuenta de las 200 páginas de que consta la novela, última publicada por el autor, precisamente en 1994, el mismo año en que falleció a los 74 años de edad.

La novela "Pulp" de Charles Bukowski
libro de bolsillo, editorial Anagrama, Bukowski, literatura norteamericana
Diré que sobre todo me he reído con ella, que he disfrutado mucho con la parodia que realiza de la genuina novela negra norteamericana tipo Raymond Chandler o Dashiell Hammett [leer aquí mi reseña sobre "El halcón maltés" y aquí sobre "El sueño eterno"].Y mucho más porque Bukowski exprime el producto al máximo y no se conforma con parodiar las  magníficas creaciones de estos auténticos fundadores del noir clásico norteamericano sino que se remonta a los orígenes populares de la misma llegando hasta la pulp-fiction -más concretamente el hard-boiled- de la que nacieron debidamente moldeados y saneados detectives como Sam Spade o Philip Marlowe.

Humor fuerte, procaz, grosero, tintado de sexualidad y machismo mal contenido. Pero es que estamos leyendo a Bukowski del 'dirty realism', ¿qué esperábamos si no? Un humor antológico por momentos::
"Siempre he sido un hombre de piernas. Fue lo primero que vi al nacer. Después intenté salir. Desde entonces he intentado la dirección contraria pero con bastante poco éxito." (Pág. 11)
Con todo y con ello tengo que señalar que en ésta, su última creación literaria, el escritor norteamericano de origen alemán se muestra muy contenido en este aspecto en comparación con otros relatos que he tenido ocasión de hojear y ojear superficialmente como ilustración personal para esta entrada. Nadita que ver la procacidad de "Pulp" con la que he leído en algunas páginas elegidas al azar de "Mujeres" y algún otro de sus relatos donde más se parece a Henry Miller en su momento cenital de "Trópico de cáncer".

Respecto a lo anterior no se puede obviar que en 1994 Charles Bukowski está ya muy enfermo con su cáncer de sangre -leucemía- disparado e imposible ya de ser tratado eficazmente. Esta deriva vital provoca que nos hallemos ante un autor mucho más filosófico, más existencial y nihilista que en reflexiones profundas que deja esparcidas en el texto muestra que está afrontando la vida ya no en sus vitalistas pulsiones primeras sino en los estertores propios o cercanos al acabamiento, al final de la misma:
    • "Todo el mundo estaba jodido. No había ganadores. Sólo había ganadores aparentes. Todos íbamos detrás de un montón de nada. Día tras día. Sobrevivir parecía ser lo único necesario. Y eso no parecía suficiente. No con la señora Muerte esperando. Me volvía loco cuando pensaba en eso." (pág. 125)
    • "Pero sufrimiento y problemas son los que mantienen vivo a un hombre. O intentar esquivar el sufrimiento y los problemas. Es un trabajo de dedicación plena. Y hay veces que ni durmiendo se puede descansar. "(pág. 102) 
    • "Me subí a mi coche, arranqué y me metí entre el tráfico. Eran alrededor de las 10 de la noche. La luna estaba alta y mi vida iba lentamente hacia ningún lado. "(pág. 280)
Que Bukowski se manifieste en este relato de manera más seria, filosófica o existencial no quita para que siga siendo genio y figura de la impertinencia, falta de respeto y de la incontinencia de lo políticamente incorrecto. Sobre esto último he de decir, claro es, que en el momento en que él escribe sus obras (años 70, 80 y 90) este concepto hoy tan al uso no era contemplado de modo tan disparatado, o sea, dicho en otras palabras, que el publico lector, la sociedad en general no tenía la piel tan fina como hoy día en que no se soporta ni la menor y todo es tenido por ofensa, ataque, minusvaloración, etc., matando en mi opinión en gran manera la libertad del creador al que ya no se le permite hacer de su obra una provocación. Dejo aquí algunas frases tomadas de "Pulp" que creo sirven por sí mismas para ilustrar mi reflexión anterior:
    • "Mira las estrellas de cine, cogen la piel del culo y se la ponen en la cara. La piel del culo es la que más tarda en tener arrugas. Todas van por ahí durante sus últimos años con cara de culo." (Pág. 20)
    • "La camarera vino hacia mí. Llevaba una minifalda, tacones altos, una blusa transparente y un sostén bien relleno. Todo le estaba demasiado pequeño: su uniforme, el mundo, su cerebro." (pág. 124) 
    • "Sólo se vive una vez, ¿no? Bueno, excepto en el caso de Lázaro. Pobre gilipollas, tuvo que morirse dos veces." (p. 62)
Y muy, pero que muy, propio del realismo sucio son las referencias escatológicas que por doquier aparecen. Referencias reveladoras del nihilismo existencial antes comentado:
 "Me levanté y fui hacia el cuarto de baño. Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice. […] Tenía un aspecto asqueroso. Y ni siquiera tenía ganas de mover el vientre. Estaba atrancado. Me dirigí al retrete a mear. Apunté bien pero no sé por qué salió de lado y se estrelló en el suelo. Intenté apuntar mejor y meé toda la tapa del retrete que me había olvidado de levantar. […] Luego me di la vuelta, busqué el cepillo de dientes, apreté el tubo. Salió demasiado. Rebasó el cepillo y cayó al lavabo. Era verde. Era como un gusano verde. Metí un dedo, cogí un poco, lo puse en el cepillo y empecé a cepillarme. ¡Dientes! ¡Vaya una maldita cosa! Tenemos que comer y comer y volver a comer. Somos asquerosos, condenados a nuestros pequeños y sucios hábitos. Comer y tirarse pedos y rascarse y sonreír y marcharse de vacaciones."(pág 87)
En este relato Bukowski hace uso de la caricatura y no sólo del hard-boiled, también recurre a la Literatura con mayúsculas realizando referencias, dentro de la trama detectivesca que plantea, a autores importantes y muy reconocidos como Céline, Faulkner, Carson McCullers, Robert Mason, etc. A mí estas alusiones, que para nada me parecen minusvaloradoras, me han traído a la memoria la película de José Luis Cuerda, "Amanece que no es poco", donde de manera surrealista los campesinos de un villorrio dialogaban y comentaban sobre los libros de Faulkner como si hacerlo formara parte de su cotidianidad. Igual aquí: un detective fracasado, Nick Belane, comenta con unos personajes fantásticos (la Sra. Muerte, la extraterrestre Jeannie Nitro, el casero pederasta Sr. McKelvey, etc.) sobre estos escritores dentro de una librería lóbrega cuyo dueño llamado Red lo que más ansía es que los clientes se marchen del local lo antes posible.

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La visión que nos deja de la sociedad que él mismo está también a punto de dejar definitivamente no puede ser más derrotista ni más negativa. Es una sociedad violenta ("Oí un disparo en la calle y comprendí que en el mundo todo iba bien.", p. 86); una sociedad supererotizada que precisamente por ello subsume al ser humano en la ciénaga de su infravaloración y absoluto desánimo ("me sentía totalmente inútil. Era un inútil. Había miles de millones de mujeres por ahí fuera y ninguna emprendía el camino de mi puerta. ¿por qué? Porque era un perdedor. Era un detective incapaz de resolver nada.", p. 56).