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4 dic 2023

Los amigos del crimen perfecto. Premio Nadal 2003. Andrés Trapiello.

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«Los ACP [Amigos del Crimen Perfecto], a imitación del Detection Club que formaron Chesterton, D. L. Sayer, Agatha Christie, F. Willis, Crofts, Wade y otros, era un club de amantes de la novela policiaca, un grupo de personas a las que unía el amor del arte por el arte, el arte puro, el asesinato como una de las bellas artes, para decirlo con frase impar.»

Los amigos del crimen perfecto, Premio Nadal, Andrés Trapiello
Andrés Trapiello es un escritor que siempre me ha interesado. Lo conocí por sus artículos publicados en la sección cultural de periódicos y de revistas. Lo he leído a lo largo de los años con mucho agrado. Abordé la lectura de la para mí primera obra suya hará algo más de dos años y medio. Fue su ensayo de corte biográfico  e histórico titulado Madrid del que dejé testimonio en este mismo blog. Como todo lo suyo que hasta el momento había leído me gustó y así lo reflejo en la reseña que hice de la obra.  

No había abordado su novelística hasta este momento siendo ésta, Los amigos del crimen perfecto la primera novela suya que leo. Mirando la biografía literaria que coloqué en la entrada que dediqué en El blog de Juan Carlos a su ensayo Madrid observo que la misma fue su tercera incursión en el género. Antes de 2003, que fue cuando Los amigos del crimen perfecto se alzó con el Premio Nadal, Andrés Trapiello había publicado ya otras novelas: La tinta simpática, en 1988,  y  El gato encerrado, en 1990,  primer tomo éste de los diecisiete que hasta la fecha ha publicado del Salón de pasos perdidos, conjunto de diarios que ha subtitulado Una novela en marcha, publicados todos ellos en la editorial Pre-Textos. Al ser esta última más un tomo de un diario que una novela en el sentido habitualmente admitido, es El buque fantasma, aparecida en 1992, la considerada segunda novela suya, novela que fue galardonada ese mismo año con el Premio Internacional de novela Plaza y Janés. 
Tras Los amigos del crimen perfecto, en 2005, Andrés Trapiello, un enamorado de  Miguel de Cervantes y en especial de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, da a la imprenta Al morir don Quijote considerada por la  Fundación Juan Manuel Lara como la mejor novela de ese año editada en español. Cuatro años más tarde y también en la editorial Destino publica Los confines. Por último, en 2012, aparece  su novela Ayer no más, elegida mejor novela del año por los lectores del diario El País.

Como se ve por lo dicho hasta aquí, Trapiello es un periodista, articulista y ensayista que no hace ascos a la narrativa en el formato de novela. En mi opinión, tras haber leído la que protagoniza esta reseña, su manera de narrar tiene individualidad propia y distintiva, algo que no todos quienes proceden del periodismo logran. Pero entremos ya de una vez en ella.

Los amigos del crimen perfecto me ha gustado y sobre todo me ha entretenido. No digo que sea perfecta, desde luego que no. No sé, creo que hay algo en ella que no se ajusta a la perfección. Pero ya digo que es muy entretenida y especialmente realiza un diferente y muy sabroso recorrido por la novela policíaca española que luego derivará en negra, de esa novela clásica de detectives que corretean, piensan y resuelven siempre en localidades extranjeras (USA, Inglaterra, París...) hasta esa nueva novela española que en los años 80 salta de Chicago, Los Angeles y los docks de Dover a las calles de Madrid, Barcelona, Bilbao y otras localidades españolas.

Naturalmente todo lo anterior se envuelve en un delicioso celofán, el de la ACP (Amigos del Crimen Perfecto), tertulia que periódicamente se reúne en el Café Comercial de la madrileña glorieta de Bilbao, para debatir sobre novelas de aquí y de allá en las que haya un cadáver, una investigación, unas pruebas, unos sospechosos y unos culpables con pruebas incriminatorias sólidas. Pero, se preguntan estos tertulianos, que entre ellos se llaman con nombres de autores y de personajes célebres de la literatura policíaca y detectivesca (Sam Spade, Nero Wolfe, Sherlock Holmes, Miles, Poe, Marlowe...), ¿existe el crimen perfecto? («El azar es el principio fundamental de todo Crimen Perfecto. El azar, algo en lo que la policía no cree nunca.»). 

Estos individuos, en una magistral mezcla entre lo real y lo ficticio, entre literatura y vida, viven en la realidad («Una cosa son las novelas, y otra la vida real. Lo sabes muy bien. Y en la vida real hemos de vivir todos a medias, con las cosas descacharradas. Ésa es la vida. A cambio tenemos nuestras pequeñas alegrías, nacen hijos, los vemos crecer, nos reímos con ellos. Esa felicidad es real. En las novelas las cosas malas pesan mucho, pero no tienen en cambio una sola cosa buena real.») pero se mutan en ficción en sus reuniones. Hay uno, Paco Cortés (Sam Spade), escribidor de relatos policíacos de kiosko, que sirve de nexo de unión entre ambos ámbitos. Con este personaje, en mi opinión, cumple Trapiello uno de los propósitos de este libro: homenajear a los autores de novelas tipo pulp fiction o hard boiled que hubo en España durante las décadas de los 50, 60 y 70 del siglo pasado. Me refiero a nombres como José Mallorquí, Francisco González Ledesma, E. Macho Quevedo, M. Guasch, E. Riambau, y otros más [en una ya muy lejana entrada en el blog, que desde aquí os animo a leer, toqué este tema que siempre me ha resultado fascinante], que engrosaron la, durante bastantes años, considerada sub-literatura de kiosko. Al igual que ellos, el protagonista de la novela, autor de más de 30 títulos, utiliza seudónimos diversos:
«Tenía muchos otros seudónimos donde elegir: Fred Madisson, Thomas S. Callway, Edward Ferguson, Peter O'Connor, Mathew Al Jefferson, Ed Marvin Jr. y una docena más que utilizaba caprichosamente.»
Con el advenimiento de la Democracia  estos autores fueron reivindicados, los que aún vivían salieron de su, hasta ese momento, forzado anonimato y realizaron lo que en este libro se muestra: la conversión de esa literatura vergonzante y menospreciada en novela policíaca española y más tarde en la novela negra española actual que de tanto prestigio y buena salud goza actualmente. Esta transformación la personifica el autor en la figura del protagonista y alma de la ACP, Paco Cortés, quien en un momento dado, ya como gestor de la editorial donde hasta entonces había publicado sus relatos, decide hacer en su propia persona y también en el terreno de la novela policíaca española de kiosko una reconversión paralela a la que en la industria y tantos otros aspectos estaba experimentando España: 
«—Se le ha ocurrido una idea que considera una genialidad: plagiar nuestras propias novelas. Todos le miraron con expresión de sorpresa. 
 —Hay que ambientar las novelas en España. Es lo que se estila ahora. El público está cansado de que los crímenes ocurran a tres mil kilómetros de aquí. No valoran el que sean o no perfectos, sino que se huela o no la sangre, y cuanto más próxima esté la sangre, mejor, y cuanto más familiar, mejor todavía.»
Por lógica, derivado de este entreveramiento literatura-vida, uno de los componentes destacables en Los amigos del crimen perfecto es la metaliteratura. Se habla mucho aquí de literatura, como por otra parte es natural en una tertulia de amigos amantes del género policíaco. Un género éste que en esos años finales de la dictadura e iniciales de la democracia (la historia temporalmente pivota sobre el asalto al Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981) comparte con el de la novela rosa o sentimental, también de kiosko, muchos elementos, por ejemplo el de la obligada ausencia de crítica social:
«A las lectoras les gusta que las mujeres sean jóvenes, guapas y pobres y los hombres canallas, guapos y ricos. Las guapas son un poco tontas y las buenas son menos guapas, pero más decentes. Las guapas, golfas y las feas, en cambio, muy buenas madres, novias y hermanas. Lo de los hombres no tiene variación: siempre egoístas y depredadores de su virtud. Usted me entiende. Las guapas acaban pasándose de tontas y las listas acaban siendo un poco más guapas. ¿Me sigue usted? ¿Qué porquería es esa de que la protagonista se enamore ahora de un cura obrero?»
Tercera España,
Si todo lo expuesto hasta aquí revela elementos que me han agradado de esta novela, he de decir que la manera que tiene Andrés Trapiello de presentarlos también me ha satisfecho mucho. El novelista muestra su dominio de la lengua a través de un vocabulario extenso y muy preciso. Según leía he ido tomando nota de muchos de los términos que el escritor emplea y la lista ha resultado muy extensa. Son palabras como mechinal ('habitación muy pequeña y reducida'), se azorró (‘se avergonzó’), tillado (‘suelo de tablas’), contumelia (‘Oprobio, injuria u ofensa hecha a alguien’), caduceo (‘vara cilíndrica rodeada por dos serpientes, símbolo del dios romano Mercurio y hoy símbolo del comercio’), cenceño (‘Enjuto, delgado’), barzoneando (‘Andar vagando y sin destino’), trapaza (‘Artificio, engaño’), cerusa (‘Carbonato de plomo’), lampiones (‘Faroles de alumbrar’), corchete (‘Agente de justicia que se encargaba de coger al delincuente’),  mirotear (neologismo construido a imitación de ‘corretear’ o ‘besuquear’ para marcar la acción frecuente o repetitiva de ‘mirar’), etc, etc. 

Un dominio del vocabulario del que dan muestra también largas enumeraciones que utiliza en ocasiones:
  • «cuántos asesinos, malhechores, barbianes, belitres, malsines, rufianes, bergantes, granujas, truhanes, bribones y bellacos» 
  • «Había allí pistoletes, cachorrillos, pistolas de duelo, de avispero, colts, revólveres de lo más variado, ordenados por épocas, por tamaños, por filigrana, en roseta, con los cañones apuntando al centro, en espiga, en ringlero, en escala…»
Y todo esto parodiando con acierto el estilo de las novelas baratas, hardboiled o de kiosko:
«Cuando aquel beso terminó, Hanna, sin soltar sus manos, le condujo al dormitorio, no sin antes soplar sobre la llama de la vela. En el momento en que se apagó, apareció en el balcón el sortilegio de todas las estrellas, y la luna extendió, como una alfombra, el misterio de su sudario.»
Una parodia que, como ya he dejado dicho, llega a colonizar su propia vida -la de Paco Cortés, se entiende; aunque quizás trascienda a la del propio escritor, asunto para debatir en tertulia a semejanza de la que los ACP realizan en el Café Comercial- convertida, al expresarse así, en prácticamente elemento novelesco: 
  • «Sí, le dolía la garganta. En una novela él hubiera tachado las palabras dolor-de-garganta con unas equis, y habría dejado de dolerle. En una novela habría suprimido el pasaje donde el jarrón se rompía, y el jarrón seguiría incólume.»
  • «¿Qué había querido Dora decir con aquel beso? Le gustó aquel beso por lo que tenía de novelesco. Le gustaba mucho la vida cuando se parecía en algo por lo menos a una novela de las suyas.» 
Tampoco hay que olvidar la buena dosis de humor en que Andrés Trapiello envuelve su narración. Es un humor inteligente, nada chocarrero, que incide y demuestra siempre el buen talante del autor y su inmenso conocimiento literario. Una sabiduría literaria que aparece esparcida en Los amigos del crimen perfecto de una manera natural, nada impostada:
  • «Modesto acudió a las diez de la mañana siguiente a la calle San Francisco de Sales, tal y como el inspector le indicó. Ésa era la hora en la que se incorporaba el comisario jefe, encargado del caso, un tal don Ángel de Buen, que llegó, en efecto, a las once y media.» 
  • «—Apuesto tres párolis a que esos polis no sacan nada en claro —dijo Marlowe, que no sabía exactamente lo que era un pároli, pero se había quedado con la expresión desde que la leyó en una pésima traducción de una novela de Dürrenmatt.»
Para concluir
La acción de la novela está situada en los años 80, concretamente el 23 F de 1981 tiene -ya lo he dicho en algún momento de esta reseña- un papel cenital. A partir de esta fecha central la acción discurre hacia adelante durante dos o tres años. Esta linealidad temporal se rompe con múltiples vueltas atrás dado que todos los personajes tienen pasado. Asistimos a la vida de muchos de estos personajes. En la novela evolucionan los mismos de su entidad novelesca (Milagros es Miles, Paco Cortés es Sam Spade, Modesto Ortega es Perry Mason, Lolita Chamizo es Mike Dolan, el hijo del relojero de la calle Postas es Marlowe, el policía de la comisaría de la calle La Luna es Maigret, el doctor Agudo es Sherlock Holmes, el estudiante es Poe, el dueño de un restaurante de nombre auténtico Antonio Sobrado es Nero Wolfe...) a la real cuando la evidencia de la vida se les impone tal y como Paco en un momento dado le dice a Dora, su mujer («tenemos que vivir en la vida, no en una novela. Para vivir precisamos no lo ficticio, sino lo necesario.»)

Tertulias literarias,Cafés literarios madrileños
Los tertulianos -la vida y la evolución en el tiempo de una tertulia también me ha resultado interesante- discurren mucho sobre la posibilidad en la novela de un crimen perfecto. La novela transita desde la ficción hacia la realidad y ésta se intenta explicar utilizando utensilios propios del mundo novelesco. ¿Es esto factible? y lo que es más importante, ¿existe el crimen perfecto? ¿En la realidad sí y en la novela no? ¿O será más bien al revés? 

Además de todo lo anterior diré que Los amigos del crimen perfecto de Andrés Trapiello me ha interesado mucho por ser un elogio de la novela policíaca clásica, de la gran novela detectivesca. El diálogo que mantienen en un momento del relato Antonio Sobrado (Nero Wolfe) y Francisco Cortés (Sam Spade) es toda una lección sobre dicha novelística:
«—¿Qué novelas te gustan a ti?
—¿De las grandes? —preguntó Cortés.
Nero Wolfe comprendió que estaba en efecto delante de un experto.
—¿A qué llamas tú grandes? 
—Lo siento —se disculpó el recién estrenado novelista—. Me refería a los clásicos, ya sabes Malet, McCoy, William Irish… 
—Yo creía que los grandes eran Doyle, la Christie, Simenon. 
—Ésos son los clásicos. 
—De acuerdo —empezó a decir Antonio Sobrado—. De los tuyos me gusta, de McCoy, Di adiós al mañana, y de Irish, La novia iba de negro.Y de los míos El regreso de Sherlock Holmes, de sir Arthur, El hombre que oyó pasar trenes toda la noche, de Simenon, y de La Dama, El asesinato de Roger Ackroyd, quizá los Diez negritos, no sabría con cuál quedarme.
—No está mal —dijo el novelista—. Pero ¿conoces El misterio de la habitación amarilla de Gaston Lerroux, Lord Peter y el desconocido de Dorothy Sayers, El asunto Benson de Van Dine, El problema del telegrafista de Dickson Carr o El misterio del sombrero de seda de Ellery Queen? Las que tú has dicho son novelas de sobresaliente. Éstas son de magna cum laude, y son clásicas.»




11 oct 2022

"Giley" de Julián Ibáñez

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«Mi hocico recorre su cuello, sus hombros; mis labios saborean la aspereza de la camiseta sobre sus pezones. Muerdo el tejido que envuelve la carne. No dice nada, tampoco sus manos dicen nada, sus brazos cuelgan inertes. Tiro de la camiseta hacia arriba, se la saco y la dejo caer. Le bajo los pantalones y con el pie la desprendo de ellos [...]»

Del santanderino Julián Ibáñez leí con gusto, hará cosa de un año, La miel y el cuchillo que en la edición que manejé se titulaba Sindy, la colegiala. En la reseña que hice de ella en este mismo blog declaré mi reconciliación con el hard boiled. Ahora con Giley he regresado a Ibáñez; quería volver a degustar la acidez metálica, herrumbrosa y alcohólica, de los bajos fondos por donde se mueven sus personajes. En este caso el protagonista es un policía atípico, Cobos, quien combina sus obligaciones como funcionario del cuerpo con el garito ilegal de juego que tiene abierto desde hace tres meses con un colega. Es precisamente en el entorno de lo que él llama su 'oficina' donde recibe una agresión que él no logra entender. A aclarar el suceso se dedica en este relato.

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
El giley es un juego antiguo. Los monarcas se jugaban a las cartas los doblones de oro y a veces el reino... algunos, como el policía Cobos, se juegan la vida. Cobos, descendido de Madrid al paisaje ocre de Puertollano, es un policía que regenta un garito ilegal donde juegan quinquis, chulos y borrachos y, en teoría, se encarga de Lesiones y Menores en la comisaría. Fardón y farolero, a Cobos le agrede en el portal de su propio garito una rubia ceñida a un vestido rosa calabaza y que no tiene el gusto de conocer, pero a quien comenzará a buscar como una novia despechada. Tres días después, la Guardia Civil la saca de un riachuelo cerca de Puertollano y Cobos se dará cuenta de que, por presumir, ha repartido cartas de sospechoso en una partida que acabará entre rejas o aún peor


Cobos vive de pensión en un hostal de Puertollano. Ha sido degradado a esta población desde Madrid por esa manera suya de conducirse siempre en esa delgada línea que separa lo legal de lo ilegal, aunque él no es un policía que se deje corromper («Mi raya se encuentra antes del chantaje y tú necesitas gafas»). Ya en Madrid tenía un garito de juego, garito que ha reabierto en la localidad ciudadrealeña junto a Fidel, socio en esta actividad. Les gusta el juego y por esta 'oficina' pasan hampones, delincuentes, policías corruptos y demás. La diferencia entre estos jugadores y los dueños del garito es que ellos dos jamás se juegan las nóminas, jamás se ahorcan con deudas. De los juegos que en el local se practican el que más agrada a Cobos es el del giley. Este juego y sus normas esconden la clave para la resolución del embrollo en que el policía se encuentra inmerso
«—Es un juego de envite. Se dan cuatro cartas, cada carta del mismo palo vale diez puntos, menos el siete que vale siete y el as que vale once puntos. Hay descartes. Cuarenta y un puntos es la baza ganadora. El as es la clave, quien tenga el as con las otras tres cartas del mismo palo es quien se lleva el dinero.»
La doble vida, profesional y personal, del inspector confluyen cuando la chica que al inicio del relato le agredió aparece muerta en el río. Interviene la Guardia Civil y el CNP al que pertenece Cobos también toma cartas en el asunto. La competencia entre ambos cuerpos policiales será también componente importante en la narración. Cobos desde su llegada a Puertollano es visto con recelo por alguno de sus compañeros a pesar de que es un buen profesional que nunca falta a sus compromisos laborales. Junto a él en la comisaría donde trabaja «completan la plantilla ocho maderos. Uno de ellos es una chica, Raquel. Está bien, unos veinticinco, delgada, limpia, […] Los otros son Enrique y su primo Cecilio, Cruzado, Pineda, Bedia, Vidal e Iglesias. Este último y Raquel son primos, pero primos segundos. No conozco bien a ninguno de ellos. Los únicos policías fijos de plantilla somos San Vicente, los dos primos hermanos y yo. Leandro también está de paso.». 

La personalidad de Cobos se vislumbra en la cita anterior, en la manera como se ha fijado en su compañera Raquel. Se percibe un cierto machismo en esas pocas palabras ("está bien, delgada, limpia"). A Cobos las mujeres le atraen mucho; se diría que, aparte del juego, lo que más le gusta en este mundo es relacionarse íntimamente con ellas. Y no se para en barras, como se observa en el acercamiento que realiza hacia Daniela previo a acostarse con ella pese a encontrarse borracha y atacada de vómitos («Mis labios acaparan los suyos. Su boca me sabe a vómito. También a sangre. Me separo de ella.»). 

Debido quizás a la doble vida que lleva, el policía protagonista de esta narración es un gran solitario. Es un hombre que mata su soledad haciendo bien su trabajo de policía, aunque para ello deba esconder ciertos deslices como haberse llevado por delante a alguien, eso sí siempre de los malos; además del trabajo, como ya se ha dicho, es el juego del giley la actividad que le socializa, si bien con lo 'mejorcito' de cada casa.

Como en otras novelas del género, el alcohol y los establecimientos donde se expende, esto es, los bares, ocupan lugar preeminente en Giley. En pocas páginas vemos a Cobos aparcando en batería delante del Verona, tomando un bocado en Casa Ricardo, entrando a por una birra en La Estrella, el Aurelio, El Charro, o El Duque, buscando a Daniela en el Club Sombras, etc. Es en estos tugurios donde contacta con sus confidentes, como Caballo, y donde toma el pulso a la delincuencia que investiga. Es en estos espacios del submundo citadino donde descubre las implicaciones de alguno que otro policía y/o guardia civil con los malos. No viene a cuento decir más en este momento para no romper el encanto del suspense que toda novela negra debe tener hasta su resolución final. Sólo añadiré que leyendo Giley algo se aprende de la organización en "líneas" de la Guardia Civil. Así cuando el sargento Reyes de la línea de Puertollano requiere a Cobos y éste observa que por medio está el capitán Crespo, perteneciente a la línea de Albacete, nuestro protagonista percibe que algo chungo se cuece en este interés policial por una joven prostituta aparecida muerta pocos días después de haberle golpeado a él. Seguramente, intuye, le quieren cargar el muerto, nunca mejor dicho.

Desde lo formal, sin lugar a dudas son las descripciones una de las características que hacen que la novela se lea con gusto. Son descripciones escuetas, económicas en elementos, pero muy efectistas, muy adecuadas al propósito perseguido con ellas. Al erotismo, uno de los elementos distintivos de la novela negra de Julián Ibáñez, le van como anillo al dedo este tipo de descripciones. Sirva de ejemplo la que se realiza de la ebria Daniela, a base de períodos oracionales constituidos por proposiciones coordinadas adversativas, cuando Cobos topa con ella por primera vez. Erotismo y machismo van de la mano en esta ocasión
«no es guapa, no lo es, aunque tampoco la pondría en el estante de las feas. Sus labios son demasiado alargados y finos; sin embargo, hacen dulce la boca; sus ojos son oscuros y pequeños, con un sombreado de ojeras violáceo; su frente es demasiado ancha. […] Sus pechos no son abultados, pero son redondos y se adivinan compactos, como dos mitades de pomelo; tampoco sus caderas son lo que se puede decir llamativas, pero sí atractivas por la pureza de su trazo. La tez es muy blanca; sin embargo, su cabello es azabache, corto y liso.»
Para finalizar sólo querría resaltar la ubicación de la historia. Acostumbrados casi siempre a ver corretear a policías, detectives y delincuentes por las calles de ciudades populosas, Julián Ibáñez en Giley ha optado por hacerlos deambular por una localidad de tamaño medio, ni demasiado pequeña como para calificarla de pueblo, ni tan grande que cupiese confundirla con una metrópoli cosmopolita. Estamos en Puertollano, municipio de Ciudad Real, provincia de la España profunda e interior. Me ha sorprendido gratamente ver correr a personas y coches por calles y carreteras que apuntan a otros pueblos menores: «se aleja deprisa llevando al Manco por el codo, hacia Serrejón.». Y no sólo Serrejón, muchas otras localidades de la zona les sirven de destino. Concretamente estos lugares aparecen citados todos juntos en el relato cuando se nos dice cuál es la zona de influencia de la línea de la Guardia Civil de Puertollano: «La línea de Puertollano la completan Argamasilla, Almodóvar, Aldea del Rey y Calzada, y creo que dos o tres pueblos más, no estoy seguro.»

Alguna que otra característica cabría destacar en esta narración que Julián Ibáñez dio a la luz en 2010. No quiero acabar sin destacar el punto de humor que en diversos momentos deja el escritor esparcido en su novela. Por ejemplo, el interrogatorio al que lo somete la Guardia Civil es por demás humorístico:
«—Dije que era rubia y que me golpeó con la pistola porque quedaba mejor. 
—¿Queda mejor una rubia? ¿Por qué? 
—Porque en las películas son rubias.»
Además de tener este breve diálogo su puntito de humor, creo que aquí Julián Ibáñez lo que hace es homenajear el hard-boiled, [sus características principales AQUÍ] género que como se sabe incide en ese tipo físico de mujer y otras particularidades más como el machismo, la xenofobia («Tú sólo eres el criado. Un gitano. Eres mierda porque eres gitano. ¿No lo sabías?»), el erotismo, la marginalidad, el alcohol y otras adicciones como la ludopatía, etc., etc. 

13 jun 2021

Julián Ibáñez: "Sindy, la colegiala". Genuino representante del hard boiled español

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«Baja la correa y apunta a la chica con el dedo.
—¡Eres mi mujer, tú! ¡Y hago contigo lo que me da la gana! ¡Te voy a moler a palos! ¡Porque quiero! ¡Porque yo quiero! ¡Vas a aprender, tú!»
(pág. 64)

La miel y el cuchillo, Serie Bellón, Julián Ibáñez García
Hay ocasiones en que se me acumulan lecturas de las que no he realizado reseña. Ese ha sido el caso en esta ocasión. El motivo creo que ha venido dado por mi deseo de avanzar con rapidez en el "Reto Autores de la A a la Z". Es un reto divertido que consiste en completar el abecedario con las iniciales por las que son conocidos los escritores. El problema aparece cuando hay una inicial difícil de cumplimentar porque autores con esa inicial o no están en mis planes de lectura o simplemente no conozco ninguno con ese nombre y me veo obligado a tirar de catálogo y escoger más o menos al azar alguno de ellos.  Es lo que en esta ocasión me ha ocurrido con Julián Ibáñez, autor que conocía sólo de nombre [en la lejana fecha de abril de 2014 citaba su nombre en una entrada que se puede leer aquí], pero del que nada suyo había leído. La I inicial de su apellido me venía al dedillo; así que cuando vi su nombre en una lista de españoles de noir me pareció una buena opción, como así ha sido en efecto.


Julián Ibáñez: "Sindy la colegiala" (#Bellón 2)

El escritor
Nació en Santander en 1940. Estudió interno en el Seminario de jesuitas de Carrión de los Condes. Que un niño estudiase en un Seminario religioso no era inhabitual en la España franquista. Los hijos de labradores y, como en el caso, de Julián, de perdedores como sus padres de la reciente guerra civil que se las veían canutas para poder dar de comer a sus hijos al haber sido apartados de los puestos que ocupaban durante la República. Los padres de Julián Ibáñez eran maestros republicanos y el franquismo laminó a ese gremio, y entregó la enseñanza a las congregaciones religiosas. Pese a esta formación en el seno de los jesuitas, el autor de "Sindy la colegiala" siempre se ha confesado ateo.

Su formación universitaria lo fue en el campo de las Ciencias en la Universidad de Valladolid. Ya en Madrid se formó en la Escuela de Cine en escritura de guiones cinematográficos.
Antes de asentarse en la capital de España trabajando profesionalmente en la industria del Cine como meritorio, ayudante de dirección, y escribiendo guiones, dice de sí mismo cuando es preguntado que se pasó 12 años viajando y viviendo por Europa, ocupado en los más diversos oficios: de vendimiador en Francia, trabajando con visones en Suecia, recolector de patatas en Inglaterra, friegaplatos, etc... 

Empezó a escribir novela negra a partir de 1980. Se engloba dentro de la generación de autores que renovaron el género en España a la muerte de Franco. Sería, pues, compañero de Manuel Vázquez Montalbán, Francisco González Ledesma, Juan Madrid o Andreu Martín


Sinopsis de la novela (proporcionada por la propia editorial)
Bellón está atrapado. Una misteriosa mujer de aspecto aniñado tiene una información que puede condenarle a dormir sobre jergón una larga temporada. Nadie pronuncia la palabra chantaje cuando la mujer niña se limita a hacerle un encargo aparentemente sencillo: que entregue un abultado sobre a una camarera de El Elefante Blanco... Bellón quiere conocer el contenido del sobre. Lo abre y se encuentra. con la Bomba Atómica.
Cuando Bellón está a punto de ser atrapado, la mujer niña le abre la puerta por donde puede escapar. Pero mejor la hubiera dejado cerrada...

Dos sensaciones he tenido según leía esta novela de Julián Ibáñez. La primera, que es deudora del policíaco español de los cincuenta y sesenta del siglo pasado que con tanto éxito de público se difundía en kioskos en esas ediciones características de bolsillo de la editorial Bruguera; la segunda, que en ella es patente el realismo sucio de un Raymond Carver y la denuncia social de por ejemplo Chester Himes, perfectamente combinados con las características de la genuina novela negra norteamericana tipo Raymond Chandler y/o Dashiell Hammett. La novela negra clásica norteamericana tuvo enorme difusión en España a partir de los años 40 con versiones cinematográficas de sus novelas a través de películas como "El sueño eterno" de Howard Hanks.
 
Es una novela cuyo protagonista es claramente un antihéroe. Se trata de un delincuente, de un marginado, de un matasiete, que igual actúa de sicario que chulea mujeres. Nada más comenzar el relato lo vemos acabando de realizar un encargo con resultado de muerte que le habían hecho; a continuación actúa de viajante trasladando mujeres angoleñas desde Portugal hasta Madrid donde las deposita en una pensión para después llevarlas al puticlub El elefante blanco en el que a partir de la noche trabajarán de camareras y de lo que se tercie. Estas mujeres a veces -casi siempre, la verdad sea dicha- son objeto de subasta entre los proxenetas de la zona. Él mismo se encapricha de una que le pide que la compre y ahí, al carecer de suficiente dinero con que pagar, comienzan buena parte de sus problemas. Sea como fuere el caso es que este ser marginal va saliendo con suerte de los aprietos en que se va encontrando.

Una novela de suspense como ésta no admite contar mucho de ella a no ser que se quiera destrozarla y estropear el placer de leerla por uno mismo. Yo no lo haré, por supuesto. Sólo diré que en el relato se hace realidad el dicho bíblico ''No hagas a otro lo que no quieras que te suceda a ti''. Bellón, trapacero y maestro de la doblez y el engaño, sufrirá en sus propias carnes aquello mismo que él, con arte, practica. El sexo que Irene, la bella mujer con aspecto aniñado, le ofrece más el dinero con que lo engatusa harán que su mente no muy clara de habitual dada su adicción a las cervezas de alta graduación y la necesidad que siempre tiene de dinero para quemarlo en las máquinas tragaperras o en el giley (juego antiguo de naipes) en el que de habitual se juega los cuartos este hombre, serán los elementos dinamizadores de la trama.

Erotismo en la novela negra, hard boiled, realismo sucio
"Sindy la colegiala"
de Julián Ibáñez es la primera novela que leo de la serie Bellón escrita por este escritor santanderino de 81 años. Es un genuino representante del hard boiled español. De éste mi primer contacto con él he salido reconciliado con el género, que emerge de su pluma con todas las características del mismo: corrupción policial, bajos fondos de la sociedad, garitos, bares de carretera, puticlubs, pensiones donde no se pregunta, prostitución de calle, chaperos, tráfico de mujeres, sexo, alcohol, juego, erotismo.... Quizás sea el erotismo característica importante en la novela; un erotismo callejero y de clubes de alterne, barriobajero, de menores, hetero y homosexual. Es este erotismo movilizador esencial de los comportamientos de los personajes, en especial del de Florín Bellón.

La novela se lee muy bien y rápido. A veces da la sensación de estar escrita también de manera muy rápida. Es seguro que leeré alguna más de la serie o al menos del autor para ratificarme o no en esta impresión inicial. Es una clara muestra de la evolución experimentada por esas novelas de kiosko de los años 40 y 50 escritas por españoles que firmaban Edward Goodman o Eddy Thorny (Eduardo de Guzmán), Mark Halloran (Jordi Gubern), Peter Debry (Pedro Debrigode), P. Duke (Fidel Prado Duque), Siver Kane (Francisco González Ledesma) o Lou Carrigan (Antonio Vera) por eso de que entre nosotros lo foráneo siempre ha gozado de más prestigio que lo nacional. Al menos así fue hasta los años 70 en que parece que los escritores se quitaron esa pesada carga, ese complejo de inferioridad, que les oprimía. Lo definitivo, al decir de Manuel Blanco Chivite, fue que estos escritores «prácticamente, no descubrieron a los grandes del género hasta después de la muerte de Franco, cuando las traducciones nos [los] volvieron a traer». Se refería Blanco Chivite, naturalmente, a Chandler y Hammett.

La novela se publicó en 2003 con el título de La miel y el cuchillo aunque la edición que yo he manejado -la edición de kindle- aparece con el de Sindy, la colegiala, quizás por, en opinión del editor, tener mayor tirón que el otro. Es la segunda o tercera que tiene por protagonista a Florín Bellón. La serie se compone por ahora de los siguientes títulos: Entre trago y trago (2001); La miel y el cuchillo (2003); El soplón (2000); El viejo muere, la niña vive (2014); Todas las mujeres son peligrosas (2015); Gatas Salvajes (2015); Canino (2016); El matón al que engañaban las mujeres (2017); La catequista (2018); Violentamente pelirroja (2018); Yo fui mercader de mujeres (2019); y La noche se llenó de sirenas (2020).
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Realismo sucio. Charles Bukowski. “Pulp”

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La corriente literaria
Dirty realism, Realismo sucio, John Fante, Raymond Carver El 'dirty realism' o 'realismo sucio' es una corriente literaria nacida en Norteamérica con autores como Charles Bukowski, Raymond Carver o John Fante que optan por mostrar la realidad sin pudor alguno. Con esto quiero decir que estos autores no se cortan un pelo a la hora de mostrar esos aspectos que los seres humanos compartimos con nuestra condición animal. Es así pues que los impulsos sexuales, las necesidades fisiológicas, las irracionales apetencias viciosas y desordenadas como la adicción a drogas estupefacientes, bebidas alcohólicas o ludopatías aquí se muestran integrándolas como un elemento más de la constitución del individuo.

Además de por los asuntos tocados, el realismo sucio se caracteriza por el empleo de una prosa ágil, breve, que evita las descripciones tediosas y que por lo tanto es parca en el uso de adverbios y adjetivos. Los diálogos son rápidos y se hace escaso uso de acotaciones y/o digresiones que perturben la agilidad del intercambio dialéctico.

Los personajes suelen ser seres vulgares, de escasa altura moral pero muy reconocibles en el contexto social de nuestra vida cotidiana: bebedores empedernidos cuya dedicación fundamental es la visita al bar donde pasan horas y horas trasegando bebidas fuertes; marginados sociales, auténticos fracasados emocionales y laborales, que a punto están de entrar a formar parte de la legión de desheredados cuyo domicilio habitual son las calles de las ciudades; infelices ludópatas que todo lo cifran a un golpe de suerte que -dicen- están convencidos de que llegará y cambiará el rumbo de sus vidas; arruinados física, emocional y materialmente que arrastran sus deshechas humanidades por tugurios, prostíbulos, casas de apuestas y frecuentemente hospitales desde donde tras rápidas reparaciones de urgencia son remitidos de nuevo a su habitual marginalidad social en la que impepinablemente volverá a repetirse el ciclo hasta el final, hasta el último día de sus existencias.

He leído a Raymond Carver ("Catedral"); he leído a J. D. Salinger ("The catcher in the rye" -'El guardián entre el centeno'-), he leído a Richard Ford ("El periodista deportivo", "Canadá" o "Entre ellos"); y a muchos otros que suelen aparecer en los listados de representantes del 'dirty realism'. Pero no había leído a Charles Bukowski, uno de los más genuinos integrantes de esta corriente. Ha sido la lectura de la estupenda reseña realizada en MoonMagazine por Teresa Suárez lo que me ha llevado a tomar este libro en mis manos y leerlo. Lo he leído en un pis pas porque, fiel a los postulados del 'realismo sucio' el texto discurre sin entretenimientos descriptivos ni digresiones, así que en poco más de dos o tres horas di cuenta de las 200 páginas de que consta la novela, última publicada por el autor, precisamente en 1994, el mismo año en que falleció a los 74 años de edad.

La novela "Pulp" de Charles Bukowski
libro de bolsillo, editorial Anagrama, Bukowski, literatura norteamericana
Diré que sobre todo me he reído con ella, que he disfrutado mucho con la parodia que realiza de la genuina novela negra norteamericana tipo Raymond Chandler o Dashiell Hammett [leer aquí mi reseña sobre "El halcón maltés" y aquí sobre "El sueño eterno"].Y mucho más porque Bukowski exprime el producto al máximo y no se conforma con parodiar las  magníficas creaciones de estos auténticos fundadores del noir clásico norteamericano sino que se remonta a los orígenes populares de la misma llegando hasta la pulp-fiction -más concretamente el hard-boiled- de la que nacieron debidamente moldeados y saneados detectives como Sam Spade o Philip Marlowe.

Humor fuerte, procaz, grosero, tintado de sexualidad y machismo mal contenido. Pero es que estamos leyendo a Bukowski del 'dirty realism', ¿qué esperábamos si no? Un humor antológico por momentos::
"Siempre he sido un hombre de piernas. Fue lo primero que vi al nacer. Después intenté salir. Desde entonces he intentado la dirección contraria pero con bastante poco éxito." (Pág. 11)
Con todo y con ello tengo que señalar que en ésta, su última creación literaria, el escritor norteamericano de origen alemán se muestra muy contenido en este aspecto en comparación con otros relatos que he tenido ocasión de hojear y ojear superficialmente como ilustración personal para esta entrada. Nadita que ver la procacidad de "Pulp" con la que he leído en algunas páginas elegidas al azar de "Mujeres" y algún otro de sus relatos donde más se parece a Henry Miller en su momento cenital de "Trópico de cáncer".

Respecto a lo anterior no se puede obviar que en 1994 Charles Bukowski está ya muy enfermo con su cáncer de sangre -leucemía- disparado e imposible ya de ser tratado eficazmente. Esta deriva vital provoca que nos hallemos ante un autor mucho más filosófico, más existencial y nihilista que en reflexiones profundas que deja esparcidas en el texto muestra que está afrontando la vida ya no en sus vitalistas pulsiones primeras sino en los estertores propios o cercanos al acabamiento, al final de la misma:
    • "Todo el mundo estaba jodido. No había ganadores. Sólo había ganadores aparentes. Todos íbamos detrás de un montón de nada. Día tras día. Sobrevivir parecía ser lo único necesario. Y eso no parecía suficiente. No con la señora Muerte esperando. Me volvía loco cuando pensaba en eso." (pág. 125)
    • "Pero sufrimiento y problemas son los que mantienen vivo a un hombre. O intentar esquivar el sufrimiento y los problemas. Es un trabajo de dedicación plena. Y hay veces que ni durmiendo se puede descansar. "(pág. 102) 
    • "Me subí a mi coche, arranqué y me metí entre el tráfico. Eran alrededor de las 10 de la noche. La luna estaba alta y mi vida iba lentamente hacia ningún lado. "(pág. 280)
Que Bukowski se manifieste en este relato de manera más seria, filosófica o existencial no quita para que siga siendo genio y figura de la impertinencia, falta de respeto y de la incontinencia de lo políticamente incorrecto. Sobre esto último he de decir, claro es, que en el momento en que él escribe sus obras (años 70, 80 y 90) este concepto hoy tan al uso no era contemplado de modo tan disparatado, o sea, dicho en otras palabras, que el publico lector, la sociedad en general no tenía la piel tan fina como hoy día en que no se soporta ni la menor y todo es tenido por ofensa, ataque, minusvaloración, etc., matando en mi opinión en gran manera la libertad del creador al que ya no se le permite hacer de su obra una provocación. Dejo aquí algunas frases tomadas de "Pulp" que creo sirven por sí mismas para ilustrar mi reflexión anterior:
    • "Mira las estrellas de cine, cogen la piel del culo y se la ponen en la cara. La piel del culo es la que más tarda en tener arrugas. Todas van por ahí durante sus últimos años con cara de culo." (Pág. 20)
    • "La camarera vino hacia mí. Llevaba una minifalda, tacones altos, una blusa transparente y un sostén bien relleno. Todo le estaba demasiado pequeño: su uniforme, el mundo, su cerebro." (pág. 124) 
    • "Sólo se vive una vez, ¿no? Bueno, excepto en el caso de Lázaro. Pobre gilipollas, tuvo que morirse dos veces." (p. 62)
Y muy, pero que muy, propio del realismo sucio son las referencias escatológicas que por doquier aparecen. Referencias reveladoras del nihilismo existencial antes comentado:
 "Me levanté y fui hacia el cuarto de baño. Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice. […] Tenía un aspecto asqueroso. Y ni siquiera tenía ganas de mover el vientre. Estaba atrancado. Me dirigí al retrete a mear. Apunté bien pero no sé por qué salió de lado y se estrelló en el suelo. Intenté apuntar mejor y meé toda la tapa del retrete que me había olvidado de levantar. […] Luego me di la vuelta, busqué el cepillo de dientes, apreté el tubo. Salió demasiado. Rebasó el cepillo y cayó al lavabo. Era verde. Era como un gusano verde. Metí un dedo, cogí un poco, lo puse en el cepillo y empecé a cepillarme. ¡Dientes! ¡Vaya una maldita cosa! Tenemos que comer y comer y volver a comer. Somos asquerosos, condenados a nuestros pequeños y sucios hábitos. Comer y tirarse pedos y rascarse y sonreír y marcharse de vacaciones."(pág 87)
En este relato Bukowski hace uso de la caricatura y no sólo del hard-boiled, también recurre a la Literatura con mayúsculas realizando referencias, dentro de la trama detectivesca que plantea, a autores importantes y muy reconocidos como Céline, Faulkner, Carson McCullers, Robert Mason, etc. A mí estas alusiones, que para nada me parecen minusvaloradoras, me han traído a la memoria la película de José Luis Cuerda, "Amanece que no es poco", donde de manera surrealista los campesinos de un villorrio dialogaban y comentaban sobre los libros de Faulkner como si hacerlo formara parte de su cotidianidad. Igual aquí: un detective fracasado, Nick Belane, comenta con unos personajes fantásticos (la Sra. Muerte, la extraterrestre Jeannie Nitro, el casero pederasta Sr. McKelvey, etc.) sobre estos escritores dentro de una librería lóbrega cuyo dueño llamado Red lo que más ansía es que los clientes se marchen del local lo antes posible.

alcoholismo, drogadicción, sexo, ludopatía en Literatura

La visión que nos deja de la sociedad que él mismo está también a punto de dejar definitivamente no puede ser más derrotista ni más negativa. Es una sociedad violenta ("Oí un disparo en la calle y comprendí que en el mundo todo iba bien.", p. 86); una sociedad supererotizada que precisamente por ello subsume al ser humano en la ciénaga de su infravaloración y absoluto desánimo ("me sentía totalmente inútil. Era un inútil. Había miles de millones de mujeres por ahí fuera y ninguna emprendía el camino de mi puerta. ¿por qué? Porque era un perdedor. Era un detective incapaz de resolver nada.", p. 56).



4 oct 2018

David Verdejo y su serie de Lee Johnson

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"No te sientes de espaldas a la puerta", "Alma de cobre", Serie Lee Johnson

Soy lector y también colaboro con frecuencia con la Revista MoonMagazine. Es ahí donde desde hace dos años he ido viendo cómo David de la Torre -que así se llama en verdad David Verdejo- iba dejando caer algunos casos del, creado por él, inspector de la policía neoyorquina Lee Johnson. Tres fueron los casos que leí en la revista que dirige Txaro Cárdenas (sus títulos por orden de aparición son: No mires al suelo”, La chica de Greenwich Village, y La extraña desaparición del Capitán Maxwell) aparecidos los tres en 2016, justamente el año en que vio la luz la primera de las dos  novelas que por ahora integran la Serie Lee Johnson, "Alma de cobre" y dos años más tarde, en enero de 2018, la segunda de la serie, "No te sientes de espaldas a la puerta", curiosamente precuela de la anterior, razón por la que en sus portadas figuran respectivamente los números 2 y 1 a fin de indicar el orden cronológico de lo que allí se narra. 


El autor
David Verdejo es el nombre artístico utilizado por el autor madrileño David de la Torre. A fecha de hoy cinco son las novelas que han salido de sus manos. Sus títulos por orden de aparición son "Woods Lane", "Alma de cobre", "No te sientes de espaldas a la puerta", "El secreto de Pozonegro" y aparecida hace nada, el pasado mes de septiembre, "Henri Désire Landrú".  Todas ellas pertenecen al género negro, tipo de narración que David maneja a la perfección. Las dos que reseño en este post encajan a la perfección dentro de la novela negra clásica tipo Chandler, Hammett o Pizzolatto. Y es que, como dicen varios blogs cuando hablan del autor, David tiene un talento especial para contar historias policíacas con el estilo de los grandes del género. Leerle es penetrar con sorprendente naturalidad en la geografía urbana de Nueva York o Chicago, su dominio de los recursos del género es total y magnífico. Acabo de comprobarlo por mí mismo en estas dos novelas del inspector Lee Johnson.

David Verdejo se formó como autor en distintos talleres literarios, entre ellos el impartido por el Profesor Néstor Belda sobre Técnicas Narrativas. Al final de las dos novelas cortas que acabo de leer confiesa con la humildad que le caracteriza los apoyos recibidos para consolidarse como lo que claramente ya es: un escritor. Así agradece a las revistas  Solo Novela Negra dirigida por Anxo do Rego y a Moon Magazine a cuya cabeza está Txaro Cárdenas "la infinidad -dice textualmente- de  oportunidades que me han dado al publicar estos relatos en sus prestigiosas publicaciones". Abiertamente dice que el origen de Lee Johnson se encuentra en un primer relato titulado "Nadie me despierta”  aparecido en "Sólo Novela Negra" en 2016 y que fue premiado en el concurso “1ª Antología de Relatos Provocados Solo Novela Negra” convocado por la propia revista. Su habilidad a la hora de escribir relatos de tipo hardboiled —como las definía Chandler— le ha granjeado la oportunidad de formar parte de diversas antologías del género.

Los dos años últimos (2016 a 2018) han sido en palabras del propio escritor muy intensos
He creado un personaje que puede formar una buena serie (Lee Johnson) en un entorno complejo como es Nueva York. He dibujado tramas históricas y misterios sobre la muerte de personajes importantes (El Secreto de Pozonegro). Comencé sumergiéndome en la calurosa y obtusa Tejas de la mano de Jimmy (Woods Lane) creando un pueblo lúgubre e inquietante y, finalmente, he novelado las atrocidades del primer asesino en serie de Francia: Henri D. Landru.  (en  el blog "David de la Torre")
Por ello, dice en la entrada de la que tomo la cita anterior, ha decidido tomarse un descanso, un pequeño respiro y recargar las baterías del escritor que es a través de lecturas 'no obligadas' que le lleven lejos. Pero que nadie se asuste porque David de la Torre no se ha quitado de escritor, más bien todo lo contrario: una novela está rondando editoriales y agencias y otra más aún necesita mucho trabajo, señala el autor en ese mismo lugar.
"Henri Desiré Landru", "Woods Lane", "Alma de cobre", "El secreto de Pozonegro"

La serie Lee Johnson
He leído las dos novelas largas que por ahora forman la serie gracias a las reseñas que de ellas hizo mi amiga y excelente lectora Rosa Berros en MoonMagazine [no dejéis de visitar el blog de Rosa "Cuéntame una historia". Es fantástico]. Jamás una recomendación de Rosa me ha salido rana y esta vez, naturalmente, tampoco ha errado. Rosa leyó las dos entregas en su orden de salida, esto es, primero "Alma de cobre", aparecida en 2016 [leer su reseña aquí], y dos años después, este agosto pasado, "No te sientes de espaldas a la puerta", precuela de la anterior [leer su reseña aquí]. Yo decidí hacerlo siguiendo el orden cronológico de la historia de este agente neoyorquino, o sea, primero he leído la aparecida este año y tras ella "Alma de cobre".

Lo primero que diré es que los dos relatos me han gustado mucho, pero si tuviera que decantarme por uno de ellos me inclinaría decididamente por "No te sientes de espaldas a la puerta". Antes de dar mis razones por esta elección hablaré muy sucintamente de la historia que se nos relata en ambas. Y digo muy sucintamente porque si algo caracteriza a la novela negra es el suspense y desvelar cualquier detalle puede echar por tierra el disfrute de su lectura.

En la última entrega publicada de la serie Lee Johnson, conocemos el pasado del agente del Departamento de Policía de Nueva York. Es importante la fecha en que la historia transcurre, año 1972, un año importante en el cine policíaco y de serie B, al ser el año en que verá la luz el film "El Padrino" de Francis F. Coppola. La película se cierne como una amenaza sobre el ambiente mafioso neoyorquino donde la acción de la novela se sitúa. Se nos habla en esta entrega del padre de Lee Johnson, agente de policía a su vez que fue corrompido por los mafiosos a los que debía de perseguir.

En "Alma de cobre" vemos a Lee Johnson siempre enfadado, siempre rudo, siempre escondiendo el pasado paterno que le persigue por donde quiera que va. El expediente mafioso de su padre es conocido por todos los que trabajan con él y eso le lleva a tener comportamientos poco amigables muchas veces con ellos. En esta novela Liberto Johnson, que así se llama Lee, abandonará Nueva York para viajar hasta Chicago donde su compañero Randy Miller -Tintín le puso Lee cuando se lo colocaron como policía en prácticas a quien enseñar el oficio- está entre la vida y la muerte por culpa de una tremenda paliza que ha recibido. En Chicago le acompaña la inspectora María Estévez quien no se arredra ante el mal carácter mostrado a todas horas por el inaguantable Lee. Tintin ha sido víctima de la encarnizada lucha que en Chicago están viviendo tres poderosas familias mafiosas: los Corsso, los Antano y los Gretta. A desvelar el porqué de lo sucedido se dedicará Lee y su compañera.

David de la Torre, Novela negra española, Hardboiled
Como ya he dicho me parece mucho mejor novela la aparecida este año que la de hace dos. Muchas cosa me han agradado en "No te sientes de espaldas a la puerta". Quizás la primera sea el narrador testigo en primera persona utilizado en el relato. Es un narrador, personaje secundario en la historia, que asiste como testigo a todo lo que se nos cuenta. En unas ocasiones ve lo que sucede desde la ventana de un edificio ayudándose de unos prismáticos (tal situación no ha podido por menos que recordarme "La ventana indiscreta" de Alfred Hitchkock), en otras ha de darse prisa para acceder al lugar donde se desarrollará la escena ("Al verla dirigirse al interior del bar con decisión corrí hasta la parte trasera, entré por las cocinas y llegué a la sala a tiempo de sentarme en una mesa apartada.") algo que me ha resultado ciertamente gracioso en varias ocasiones; y en otros momentos simplemente es un personaje actuante más en el entorno de lo que nos relata. Por su parte en "Alma de cobre" la figura del narrador es externa al relato y en 3ª persona. 

En "No te sientes de espaldas a la puerta" se percibe merced a este narrador en 1ª mayor presencia de la metaliteratura. Vemos cómo estamos ante una novela haciéndose en este narrador que constantemente interpela con breves interrogaciones al receptor de su historia (un periodista, un policía, el mismo lector...) a fin de comprobar que el canal de comunicación está abierto. Un narrador que demora algunas informaciones, anticipa otras y que en ocasiones explica el por qué lo hace:
"Sí, amigo, espero que se haya dado cuenta, ¿verdad? Si es así, podría adelantarle los acontecimientos que aceleraron el destino del pobre Lee, pero perdería toda la gracia, ¿a que sí?"
En ambos relatos están presentes las características propias del hardboiled chandleriano:
  • La gran ciudad. Chicago en "Alma de cobre" y Nueva York en "No te sientes..."
"El sonido irreverente de una sirena que cruzaba Lenox Hill a una velocidad vertiginosa, avanzando por la segunda avenida sin que nada la detuviese, aunque a él no pareció importarle y continuó con su labor hasta que el humo del cigarrillo que sostenía entre sus labios le cegó durante unos segundos, obligándole a detenerse. El extremo calor que se pegaba en los grises edificios de Manhattan no ayudaba en aquella ardua tarea. —¿Crees que son horas para limpiar un arma? —Dijo una voz somnolienta que resonó en toda la habitación. Ella intentó enfocar su espalda. Giró sobre sí misma y se revolvió bajo la única sábana que habían compartido tan sólo veinte minutos antes. Frotándose los ojos acurrucó sus codos sobre las rodillas, sintiendo el aire caliente que las aspas del silencioso ventilador situado en el techo provocaban" (en "Alma de cobre")
  • Los bajos fondos. Presentes en ambas 
  • La corrupción policial. Fundamentalmente en la última de las publicadas. 
  • El machismo propio de los personajes de hardboiled ("Lee era mezquino con las mujeres, arrogante y muy chulo", en "No te sientes de espaldas a la puerta"). Sin embargo las mujeres que aparecen junto al borde Lee Johnson son mujeres que no se dejan amilanar, son mujeres empoderadas. María Estévez, Donna o Catherina son personajes que se manejan bien y saben frenar los  destellos machistas.
  • Erotismo. Quizás en comparación con novelas de Chandler como ·El sueño eterno" o "La dama del lago", me ha parecido ver un menor erotismo en los encuentros que el agente Johnson tiene con sus compañeras de profesión. Pero, sin lugar a dudas, lo hay.
  • Gusto por los automóviles. El Chevrolet Chevelle Copo 427 que en homenaje a Little Richard llama "Lucille", el Chevy en que se mueve Lee Johnson,  o su desprecio ante el minúsculo Kia que la agente Estévez ha alquilado revelan esta afición automovilística.
  • Gusto por las armas. La Glock 9w es el arma que se maneja en ambos relatos.
  • Tabaquismo irredento en Lee Johnson
  • Humor. Como es norma en las novelas de Chandler el humor sirve para rebajar la tensión del suspense. Está más presente o yo lo he visto más en "Alma de cobre" que en la otra novela:
    "Lee Johnson continuó mirándola y dudó unos segundos si salir de la sala para coger el primer avión a Nueva York y presentar su renuncia para dedicarse a cultivar champiñones el resto de su existencia"
  • Cierto culturalismo. Es evidente en los temas musicales que como fondo acompaña toda la narración en "Alma de cobre" y que en "No te sientes..." apenas si existe. Por contra en esta segunda novela es el cine de Coppola el que pone la nota cultural en el relato.




Para finalizar este acercamiento a estas dos novelas quiero señalar un recurso narrativo que he visto en "No te sientes..." que me ha gustado bastante. Es el de relatar dos acciones en contrapunto pero entreverándolas en el mismo acto de escritura. Me ha parecido una interesante técnica narrativa que añade un plus al suspense propio del género:
"Lee cogió la caja. Donna cogió la caja. Lee abrió la tapa y la dejó caer contra el suelo. Donna destapó la caja y depositó la tapadera en el alféizar de la ventana, sobre unos expedientes. Lee introdujo los dedos y sacó una fotografía. Donna miró el interior de la caja y observó una fotografía"
En definitiva, dos novelas, una -'Alma de cobre'- de corte más clásico y otra -'No te sientes de espaldas a la puerta'- construida con una técnica narrativa más fluida y variada en la que se percibe el indudable crecer y crecer de esta escritor madrileño de quien pienso leer el resto de sus novelas y relatos. Como él mismo dice estamos ante un escritor y no ante un aficionado a la escritura. Y eso, naturalmente, se nota.

Datos del libro
Autor: DAVID VERDEJO
Título: “Alma de cobre”
Nº de páginas: 162 págs.
Encuadernación: Papel
Editorial: Inventa Editores (2016)
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 978-84-946-746-0-0
Precio:
En papel: 14’25€
Ebook: 0’99€


Datos del libro
Autor: DAVID VERDEJO
Título: “No te sientes de espaldas a la puerta”
Nº de páginas: 120 págs.
Encuadernación: Papel
Editorial: Playa de Ákaba (2018)
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 978-8494822681
Precio:
En papel: 14’25€
Ebook: 0’99€