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29 abr 2026

James Baldwin: "Ve y dilo en la montaña" (2ª 1/2 del A pares L: Dos autores, dos novelas, dos tertulias)

8 comentarios:
A la semana exacta de la 1ª 1/2 de este A pares L publico su 2ª 1/2. Como ya dije en la presentación del  mismo el de esta entrada corresponde al título sobre el que hacemos tertulia en el Club de Lectura Fuencarral de la Casa del Libro un día de la última semana del mes en que nos encontramos.  Respecto a Comerás flores de Lucía Solla Sobral que protagonizaba la entrada anterior sólo advertiré aquí de la sustancial diferencia entre ambos libros. Tales diferencias deben mucho, si no todo, a la enorme distancia que hay entre una obra publicada en 2025 (la de Lucía Solla Sobral) y otra aparecida el año 1953 en el contexto de una Norteamérica racista, hostigadora de cualquier identidad sexual distinta a la admitida y muy refugiada en el ámbito de la religiosidad.

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(oculto los posibles spoilers para no destrozar el gusto lector a quienes no la hayan leído. Aquellos que, pese a 
todo, deseen leerlos no tienen más que seleccionar con el cursosr el texto subrayado)
James Baldwin: "Ve y dilo en la montaña"

«Erraban por siempre por el valle; y golpeaban por siempre la roca; y las aguas manaban, perpetuamente, en el desierto perpetuo. Clamaban por siempre al Señor, y alzaban por siempre la vista, y eran por siempre abatidos, y Él por siempre los alzaba. No, el fuego no podía dañarlos, y sí, las fauces del león fueron aplacadas; la serpiente no era su señora, la tumba no era su lugar de reposo, la tierra no era su hogar. Job era testigo de todos ellos, y Abraham era su padre, Moisés había elegido sufrir con ellos y no deleitarse en el pecado durante años. Sadrac, Mesac y Abdenego habían pasado antes que ellos por el fuego, y David había cantado su dolor, y Jeremías había llorado por ellos.»


Novela de James Baldwin


Conocía desde mi época universitaria el nombre de James Baldwin (1924-1987), pero hasta el día de hoy nada suyo había leído. Sabía por quienes fueron profesores de anglística en mi Facultad de Letras, los hermanos Coy Ferrer (Javier y Juan José), que era de color y homosexual, y que por ambas condiciones había luchado contra la segregación en la que se encontraban él y quienes eran como él. Los temas principales que trata Baldwin en sus obras tienen mucho que ver con la relación que él mantenía con la religión, el racismo y la homosexualidad en el contexto de los Estados Unidos de mediados del siglo XX,

Ve y dilo en la montaña es la primera novela publicada por este neoyorquino, hijo de madre soltera y con padre adoptivo predicador. Apareció en 1953 y es una semiautobiografía suya. En la novela hay un personaje, John, que como él a los 14 años sufre una crisis religiosa que le llevará a convertirse en predicador. Ambos nacen en Harlem y son hijos de madres solteras. El de la novela es hijo de Elizabeth quien se casa con Gabriel, diácono predicador de la Iglesia del Templo del Fuego Bautizado, una iglesia protestante pentecostal situada en Harlem. Aunque Gabriel acepta al niño, la relación entre ambos será conflictiva. Gabriel es muy estricto con John y éste al sentirse odiado devuelve ese mismo odio soñando con escapar de la férula paterna, algo que no realizará jamás. 

Es una novela de personajes en la que especialmente destaca Gabriel, el predicador. Proyecta en él James Baldwin su desengaño hacia la religión que sufriría por la época en que se encuentra escribiendo el libro. Gabriel es un hombre, borracho y disoluto de joven, que se convertirá en predicador del estricto cristianismo pentecostal al conocer a Deborah, mujer muy devota amiga de Florence, hermana suya. Pese a estar casado con Deborah, Gabriel no puede resistir la tentación y durante nueve días tendrá relaciones con Esther, trabajadora en la misma casa de blancos donde él trabaja. A los nueve días decide dejarla, pero ella quedará embarazada y él se encargará de sufragar los gastos que ocasionará el que Esther marche a Chicago a tener a su hijo, Royal, hijo que ella no llegará a conocer por fallecer en el parto.

La novela se estructura en tres partes de las que la segunda es la más importante por contener las llamadas «Oraciones de los devotos». Son las siguientes: «La Oración de Florence», «La Oración de Gabriel» y «La oración de Elizabeth». La primera parte se titula «El Séptimo Día» o sea, el sábado día del oficio religioso cuando los fieles de la iglesia acuden a ella para santificar y bendecir la creación del mundo por Dios. Quien prepara la sala para esta celebración es John ayudado por su amigo Elisha. Por último, el tercer apartado lleva por título «El Suelo de la Revelación» y en ella John ve a su amigo Elisha que está en el suelo recibiendo en éxtasis una revelación divina; él mismo también la recibirá.  Si bien la acción lineal ocupa sólo un día que es el sábado de 1935 en que John cumple años, en los tres apartados se nos cuentan desordenadamente los antecedentes de la familia Grimes, las relaciones de parentesco entre ellos, las infidelidades, los malos comportamientos, la vida de estos negros en una Nueva York donde son los blancos quienes llevan la batuta y mantienen segregados a las personas de color...

La novela ciertamente está muy cargada de elementos religiosos. Concretamente es el Antiguo Testamento el que más importancia tiene en ella. Se habla mucho de Noé, a quien se atribuye el descubrimiento del vino y su poder embriagador. También se habla mucho de su hijo Cam que descubrió la desnudez de su padre y por eso fue maldito. De la estirpe de Cam, dice la leyenda, que procede la raza africana, los negros, una raza por ello maldita desde su origen. La religión mezclada con la segregación racial es un aspecto muy relevante en la novela. Gabriel constantemente advierte a sus hijos contra los blancos. John, que es el alter ego de James Badwin, se rebela algo contra ello, aunque admite la parte de razón que tiene el padre. La religión y los pasajes bíblicos junto a citas de himnos adventistas son utilizados como imágenes expresas o sobreentendidas que ayudan a comprender la vida de la comunidad de esta iglesia pentecostal. Me parece muy reveladora la escena en la que John el día de su 14 cumpleaños es invitado por su madre a comprarse algo y en Central Park sube hasta un montículo desde el que se divisa el perfil de la ciudad:
«Distinguió el perfil de Nueva York. No supo por qué, pero brotó en él un júbilo y una sensación de poder, y subió la cuesta a todo correr como si fuera un motor, o un loco, dispuesto a tirarse de cabeza sobre la ciudad que resplandecía ante él. [...]
Al llegar a la cima se detuvo [...] se sintió como un gigante capaz de arrasar la ciudad con su furia; se sintió como un tirano capaz de aplastar la ciudad con el pie; se sintió como un conquistador largo tiempo esperado [...]
Entonces se acordó de su padre y su madre, y de todos los brazos extendidos para retenerlo, para salvarlo de esa ciudad en la que, según decían, su alma hallaría la perdición.»
A mí esta visión de Nueva York desde ese montículo, esa montaña, me ha recordado el episodio evangélico de las tentaciones que sufrió Jesucristo en el desierto cuando fue llevado a lo alto de una montaña y el Diablo le dijo aquello de "Todo esto te daré, si postrado me adorares". Creo que este es el intertexto que subyace en este fragmento, aunque vuelto del revés. Y pienso que quizás ese sea el mensaje que la novela quiere dar: cuidado con los salvadores que quieren hacernos perder el gozo de la vida, cuidado con esos predicadores falsos, hipócritas, que predican lo contrario de lo que practican. Esta va a ser la revelación que recibirá John cuando en la Iglesia ese séptimo día caiga al suelo y se vea liberado:
«Yo, John, vi una ciudad, en lo alto y en medio del aire, esperando, esperando, esperando en lo alto»
Y muy próximo a la cuestión religiosa que incita al temor de Dios está el otro temor que Gabriel se esfuerza por inocular en sus hijos, en especial en John, hijo al que ve como más proclive a relacionarse con los blancos. En un Nueva York en el que la segregación racial estaba más que instaurada, Gabriel no hace nada para mejorar la convivencia entre los blancos y los negros. Por eso previene a John frente a ellos cuando el conflictivo hermano Roy vuelve herido a casa tras haber sido agredido por ellos:
«¿Lo ves? –añadió ahora su padre–. Han sido los blancos, algunos de esos blancos que tan bien te caen, los que han intentado rebanarle el pescuezo a tu hermano.»
En esta novela que tiene muchísimo de autobiográfica no aparece de manera explícita la condición homosexual del autor. Sin embargo creo que puede atisbarse en su relación con Elisha. Más que en su relación, en la manera como Elisha es observado por John en la Iglesia, en los pensamientos que su presencia le suscitan:
«Y se fijó en Elisha, un joven que seguía al Señor; un sacerdote de la Orden de Melquisedec al que se le había concedido el poder de vencer la muerte y el Infierno. El Señor lo había elevado, lo había transformado, y lo había situado en la senda luminosa. ¿En qué pensaba Elisha cuando llegaba la noche y se quedaba solo donde nadie podía verlo, donde ninguna lengua podía dar cuenta de él, excepto la lengua de las trompetas de Dios? ¿Cómo eran sus pensamientos, su cama, su cuerpo vil? ¿Cómo eran sus sueños?»
Muy interesante en esta novela es el papel que tienen las mujeres. Son muchas las que hay en la historia: Deborah, la primera mujer de Gabriel; Florence, la hermana de Gabriel; Estephanie, la madre soltera de John que casará con Gabriel; Esther, la aventura de Gabriel que dará como consecuencia un hijo, Royal; Ella Mae, la chica pareja de Elisha que se verá separada de él por culpa del predicador James; la Hermana Washington, abuela de Ella Mae, la Hermana McDonald, madre de Esther... En general todas ellas cargan con una condena, con una maldición, la de estar sometidas a los hombres, la de que el amor sea el señuelo para este sometimiento, la de ser engañadas y abandonadas por ellos... Así piensa Florence a propósito de su fallida relación con Frank: «a veces le venía la idea de que todas las mujeres cargaban con una maldición desde la cuna; a todas, de un modo u otro, se las había abocado al mismo destino cruel, habían nacido para aguantar el peso de los hombres.». Y en otro momento, la misma Florence, la mujer más concienciada del grupo, al conocer las circunstancias de Elizabeth y lo sucedido al padre de John concluye:
«Sí –dijo Florence, acercándose a la ventana– los hombres se mueren, eso es verdad. Y somos las mujeres las que nos quedamos, como dice la Biblia, y los lloramos. Los hombres mueren, para ellos se acaba todo, pero nosotras tenemos que seguir viviendo e intentar olvidar lo que nos han hecho. Ay, Señor.»
En lo formal es importante el desarrollo de la trama a base de ese perspectivismo centrado en esas cuatro o cinco figuras esenciales de la narración: John, alter ego del propio James Baldwin; Gabriel, alter ego del padrastro del autor, al que siempre llamó padre; y las mujeres Elizabeth, alter ego de la propia madre soltera del novelista llamada Emma Berdis Jones; y Florence, hermana de Gabriel. Gracias a sus distintos puntos de vista vamos conociendo la historia que se nos relata.

Si en lo formal no es una novela sencilla, esta dificultad se ve acrecentada a día de hoy por el excesivo contenido evangélico que contiene. En una sociedad secularizada y tan desacralizada como la nuestra las referencias bíbicas y religiosas resultan a veces muy difíciles de desentrañar; mucho más cuando en ocasiones van anejas a maneras poco habituales de presentarlas. Tal me ha parecido a mí, por ejemplo, el frecuente uso catafórico (anticipar el pronombre a su referente) que realiza (ejemplo: «Él no la sentía, esa dicha que experimentaban ellos»). Tampoco es fácil la interpretación de los momentos oníricos que les suceden a los devotos cuando reciben la revelación. No es sencilla porque en esa ensoñación que sufren, los pasajes bíblicos y religiosos que perciben o pasan por su mente son confusos, aparecen en desorden o exigen gran conocimiento por parte del lector para realizar debidamente la precisa exégesis religiosa. El momento esencial de esta revelación es la de John cuando en el oficio de ese Séptimo Día, día de su 14 cumpleaños, recibe el anuncio divino de que seguirá los pasos religiosos de predicador de su padre. En parte, así John se salvará del peligroso mundo delicuencial al que igual que su hermano Roy o su medio hermano Royal estaba abocado.


Para finalizar
escritores afroamericanos,Religión,
James_Baldwin (foto de Allan_Warren)
Una novela tan densa como Ve y dilo en la montaña, que toca tantos aspectos de la biografía de James Baldwin, es difícil de agotar en una simple reseña como ésta. Me felicito irónicamente a mí mismo por haberla leído durante las fechas de la Semana Santa. ¡Ojalá, que la espiritualidad de esas fiestas me hayan hecho entender mejor a James Baldwin! Pero no estoy seguro de que así haya sido.

Cuando voy a cerrar esta entrada caigo en la cuenta de que nada he dicho acerca del aspecto físico del escritor que tanto le preocupó íntimamente a lo largo de su vida. Me refiero a su fealdad. Sí, él mismo, con frecuencia aludía a ella, a cómo su padre (su padrastro) lo criticaba por ello y así él también se percibe en esta novela:
«John destacaba en los estudios aunque, a diferencia de Elisha, no en matemáticas ni en baloncesto, y se decía que le aguardaba un Gran Futuro. Podría llegar a ser un Gran Guía de Los Suyos. A John no le interesaban mucho los suyos, pero la expresión tantas veces repetida aparecía en su mente como una gran puerta de latón, que se le abría para darle paso a un mundo en el que la gente no vivía en la oscuridad de la casa de su padre [...] En este mundo John, que según decía su padre era feo, que siempre era el chico más bajo de la clase, y que no tenía amigos, se volvía de inmediato guapo, alto y popular. 
[...]
Su padre siempre había dicho que el rostro de John era el rostro del Demonio..., ¿y acaso no había algo -en el arco de la ceja, en el modo en que su pelo áspero le formaba una uve en la frente- que confirmaba las palabras de su padre?»
En resumen, son cuestiones centrales en Ve y dilo en la montaña las siguientes:  la hipocresía, la distancia entre predicar y dar trigo, la discriminación racial, la lucha hombres-mujeres, el empoderamiento femenino, la ocultación de la condición sexual... Novela muy autobiográfica. 

No me cansaré de advertir una y otra vez que el conocimiento bíblico es muy importante para una buena intelección de esta primera novela de James Baldwin. Y recuerdo que hoy día estos conocimientos son pocos y no gozan de mucho prestigio en el mundo que nos ha tocado vivir.


24 sept 2020

Thomas Hardy. "Jude el oscuro"

23 comentarios:

• “ Sus vidas se habían arruinado; y se habían arruinado por el error fundamental de haberse unido en matrimonio, por haber basado un contrato permanente en un sentimiento pasajero”
• “¡Debería estar permitido deshacer lo que se ha hecho por pura ignorancia! Seguro que esto le pasa a un montón de mujeres; solo que se someten, y yo me revuelvo…”
• “ Y salieron los dos, el hombre barrigón y la mujer exuberante, con el humor contrariado y regañón que suelen tener la mayoría de los matrimonios de la cristiandad. ”

Llevaba tiempo (años) con ganas de leer esta novela. Por fin lo he hecho. Como todo lo que se desea mucho tiempo, cuando al fin se alcanza frecuentemente no llena del todo nuestras expectativas. Algo así es lo que yo en principio he sentido. Pero como sabía que se trataba de una obra que exigía pausa al leerla y reflexión tras acabarla, al culminarla la he dejado reposar un tiempo para que sus virtudes se decantasen debidamente. Así lo he hecho y ya con cierta distancia he visto sus muchos méritos, si bien algunos desde nuestro presente se me antojan algo anacrónicos. 

De Thomas Hardy leí a principios del verano de 2019 "Una mujer soñadora" y "El brazo marchito", dos relatos góticos del escritor inglés nacido en Dorset en 1840 y fallecido en Max Gate en 1928 [tengo reseña hecha sobre ambos cuentos en este blog]. Llegué a ellos por puro azar y me quedé prendado de la literatura de Hardy, tanto que me prometí a mí mismo leer alguna de sus obras largas. Por fin he hecho realidad mi deseo. Dudé entre dos de sus títulos más celebrados: "Tess la de los d'Uberville" que conocía por la película de Polansky y la que tengo en mis manos. Me incliné por ésta, su última novela: "Jude el oscuro" por las muy buenas opiniones que sobre ella había leído en blogs amigos. En su tiempo fue tal el escándalo que esta obra produjo que el escritor,  harto de luchar contra quienes lo atacaban tildándolo de amoral, descreído, corruptor, etc., a partir de ella dejó la narrativa refugiándose en la poesía lírica.

La novela presenta las aspiraciones intelectuales y la vida sentimental de Jude Fawley, joven trabajador picapedrero que disfruta con el estudio y que desearía conseguir una beca para estudiar en uno de los Colleges de la ciudad de Christminster (nombre literario que Hardy da en todas sus obras a la ciudad de Oxford). Para él esta ciudad, desde que su antiguo maestro de escuela Phillotson abandonase Marygreen la localidad donde vive Jude, es su meta añorada. En su marcha Phillotson le promete enviarle libros para que pueda saciar su curiosidad intelectual.

Pasa el tiempo y los deseos de Jude se le irán marchitando, agostándose poco a poco por unas cosas u otras, cual si una fuerza superior, un determinismo insuperable, impidiese que el mundo y la organización social establecida se trastocasen. A este determinismo contribuye y no poco los impulsos naturales que en el caso del joven Jude harán que se despierte en él, como no podía ser de otra manera, el deseo sexual. Para satisfacerlo pone su mirada en una joven, Arabella Donn, quien se las ingeniará para que el joven e ingenuo trabajador, ahora  convertido en un cantero y escultor apreciado por los constructores, se case con ella. 

Con el matrimonio de Jude con Arabella se inicia la decadencia y la paulatina evaporización de sus sueños. Es un matrimonio fracasado en el que el distanciamiento físico y geográfico que muy pronto mantendrán los cónyuges, dará ocasión en Jude a fijar sus ojos en un tipo de mujer muy diferente a la muy vulgar y grosera Arabella. Este nuevo ser culto, elevado, casi espiritual es Sue Bridehead, prima suya, de la que la común tía Drusilla le aconseja alejarse pues no traerá a su vida más que complicaciones habida cuenta de que la propia Drusilla decía que no servíamos para el matrimonio -le comenta Jude a Sue- pues éste no había traído más que desgracias a la familia. Sin embargo, y como no podía ser de otro modo, estos dos jóvenes se comienzan a ver y a frecuentarse en una dialéctica compleja entre el amor que él siente por ella y la escueta amistad en pie de igualdad que ella anhela consolidar. Mantener una relación con objetivos tan dispares no es fácil y a lo largo de toda la novela se ve cómo reiteradamente hay un tira y afloja lleno de enfados y reconciliaciones entre ambos que por momentos los llevan tanto a declarar finalizada la relación como al poco recuperarla embargados los dos de fe y esperanza en el futuro.

La novela es extensa, más de 500 páginas, y en mi opinión le sobran un par de cientos. Sin embargo entiendo perfectamente la extensión aunque la misma haga caer el relato con cierta frecuencia en la reiteración de situaciones (te quiero/no te quiero; te abandono/no puedo abandonarte; etc.) dado que la narración fue ofrecida a los lectores por entregas periódicas en prensa. Cuando un relato folletinesco tenía éxito como fue el caso, el autor y el periódico o la revista donde salía, se esforzaban por que el mismo durase lo máximo posible. En el caso de "Jude el oscuro" su éxito vino dado sobre todo por el escándalo que la historia ofrecida representaba para los lectores de la época, finales del siglo XIX.

¿Por qué escandalizó tanto esta historia a la sociedad de los países europeos donde se publicó?
Antes de la novela propiamente dicha aparece un Prefacio que el autor incluyó en la primera edición de 1895; este Prefacio fue ampliado con una 'Posdata' escrita dieciséis o diecisiete años después, o sea, en 1912, en la que da cuenta del escándalo que su obra ha desatado allí donde ha sido publicada. Así mientras que en el escrito de 1895 el escritor decía sosegadamente:
 "se trata de una novela dirigida por un hombre a hombres y mujeres adultos; que intenta abordar sin afectaciones la irritación y el apasionamiento, el ridículo y la desdicha, que puede despertar la pasión más violenta que pueda sufrir la humanidad; que quiere delatar sin eufemismos la guerra a muerte que hay entablada entre la carne y el espíritu; y que trata de hacer ver la tragedia que suponen las aspiraciones frustradas, no considero que se pueda reprochar nada a mi manera de exponerlo.", 
en la posdata de 1912 se percibe ya a un novelista en guardia que se defiende de los ataques recibidos: 
"desde 1895 se me viene acusando en este país de la grave responsabilidad de que el tema del matrimonio esté tan «sobado» (como lo calificó el otro día un gran escritor). No lo sé. Mi opinión en aquel entonces era, si mal no recuerdo, como ahora, que un matrimonio debería poder disolverse tan pronto como se convierta en una crueldad para cualquiera de las partes —pues entonces, esencial y moralmente, deja de ser matrimonio—".
Se observa, pues, que el asunto que removió las bases de la sociedad burguesa europea del momento fue el hecho de poner en cuestión el matrimonio legal. Y más cuando quien es renuente a contraerlo no es el hombre sino la mujer, algo insólito en esos tiempos dado que la finalidad vital de ellas era encontrar un buen partido para casarse y tener hijos y un hogar donde educarlos. Es el caso en cierto modo de la primera mujer, Arabella. Sin embargo Sue desea ser independiente: "después de todo, estoy contenta de haber venido a esta Escuela de Magisterio. ¡Imagina lo independiente que seré cuando termine los dos años de estudios! Sacaré buenas notas, espero, y el señor Phillotson empleará su influencia para que me den una buena escuela."

La actitud y comportamiento de Sue contrasta vivamente en principio con Jude, un hombre educado en los principios de la iglesia y que en su condición de varón no entiende, al comienzo de la relación, a su amada. Sin embargo las ideas modernas de ella le ayudarán muchísimo para superar los batacazos que se llevará cuando no sea aceptado en Christminster algo que él ansiaba tanto. Ya el mismo Jude cuando llega a Christminster en busca de su maestro Phillotson y de su prima parece intuir lo que le pueda suceder y decide buscar trabajo manual sin que se le caigan los anillos por ello pues, piensa, que "ese taller de picapedrero, era un centro de esfuerzo tan meritorio como el que se honraba con el nombre de investigación científica en el más noble de los colegios." El choque entre el mundo de los trabajadores manuales y el de los intelectuales, uno de los asuntos que se tratan en esta novela, se ve aquí claramente planteado.

Los personajes protagonistas son sin duda Jude y Sue, dos seres raros, peculiares para quienes están a su alrededor, dos seres... 'oscuros'. Mientras leía la novela no podía sustraerme a la pregunta de por qué Thomas Hardy habría dado ese título a la novela. Él mismo en el prefacio dice que dudó entre varias denominaciones eligiendo esta última. En la novela hay un momento en que el propio Jude le dice a Sue que un problema que tenían él y Arabella, su primera mujer, se resolvió satisfactoriamente por ser unas personas oscuras [...] De haber sido personajes importantes, habríamos tenido un sinfín de dificultades y habrían pasado días y días en investigaciones". O sea que estamos ante seres vulgares, cotidianos, que no destacan y que, quizás, por ello pueden hacer valer sus ideas y comportamientos dado que nadie se fija en ellos. ¿Nadie? No sé, quizás en el caso de Jude sea verdad lo que digo pero en el de Sue dada su belleza, su inteligencia y aparente solidez de ideas, moverse en la oscuridad no le es tan fácil. Y es que, y aquí surge uno de los asuntos más importantes de este relato, ella es mujer.

Junto al cuestionamiento del matrimonio sin amor y sólo como solución legal al impulso natural del sexo (La gente sigue casándose porque no puede resistirse a las fuerzas naturales, aunque muchos se dan cuenta perfectamente de que tal vez están comprando el placer de un mes con la desdicha de toda una vida, le dice Jude a Sue en una ocasión), Hardy presenta como bien reconoce en el Prefacio una mujer distinta, una mujer moderna
"Después de la aparición de Jude el oscuro en forma de serial en Alemania, un experimentado periodista de este país informó al escritor que Sue Bridehead, la heroína, era el primer bosquejo literario de un tipo de mujer que se estaba haciendo notar y que aumentaba por miles cada año: la mujer del movimiento feminista, la delgada y pálida mujer «soltera», el manojo de nervios intelectualizado y emancipado, producto de las condiciones modernas de vida, principalmente en las ciudades, la cual no reconoce para la mayoría de su sexo la necesidad de seguir el matrimonio como una profesión, y alardea de superioridad porque goza del privilegio de ser amada en el acto."

 Estamos ante una novela que en este aspecto se adelantó mucho a su tiempo (Nuestras ideas iban cincuenta años por delante de nuestra época y no podían servirnos de nada.), que fue precursora de un feminismo profundo que hasta no hace nada era ignorado y despreciado en una mayoría de países y por supuesto en el nuestro.

Lo interesante de este relato es ver cómo estos dos protagonistas se influyen mutuamente, cómo evolucionan tomando o dejando unas ideas u otras, y cómo al fin y a la postre la máquina social institucional se va a apoderar de ellos, los va a engullir con sus poderosas fauces subsumiéndolos en el desánimo total, en un pesimismo schopenhaueriano que está presente en todo el relato. La evidente presencia del pensamiento de Schopenhauer me ha llevado a recordar obras que por esas fechas se publican en España y que también tratan de esa derrota de la voluntad y del deseo de alcanzar una 'ataraxia' que los libere de las pasiones y por ende de sus remedos legales. Me refiero especialmente a "El árbol de la ciencia" de Pío Baroja aparecida en 1911 y también a "La voluntad" de Azorín de 1902. Estas dos narraciones noventaiochistas tienen a su favor un menor número de páginas y coinciden con la de Thomas Hardy en presentar de manera narrativa la defensa de unas ideas en una especie de debate entre los personajes. Estamos en los tres casos dentro de una tendencia novelística de gran importancia en la época que fue la Novela de tesis.

 En "Jude el oscuro" la derrota de la voluntad es más estrepitosa en el caso de la mujer a la que pese a presentarla en general con rasgos de fortaleza poco a poco la presión social sufrida sobre Sue, sobre Arabella, sobre la tía Drusilla, sobre la viuda Adlin... hace que unas por convencimiento total del papel que la mujer tiene en en la sociedad (Arabella o la viuda Adlin; esta última en un momento de la historia le dice a Phillotson sobre su mujer: "¡Yo que usted la habría amarrado bien! ¡No habrían tardado en írseles las ganas de patalear! No hay nada como encerrarnos y tener un cómitre de marido para domesticarnos.") y otras que como Sue por acomodación irán evolucionando y aceptando esas frases que emanan de boca de los hombres, incluso de la de Jude el ser más feminista de todos los que aquí aparecen. El vicario Phillotson que conoce en el relato una evolución magnífica y se muestra respetuoso ante la voluntad de Sue sin embargo en un momento dado se culpa de la permisividad que ha tenido con su mujer achacando su comportamiento al pernicioso influjo que emana de ellas

"He desobedecido las enseñanzas de la Iglesia; pero fue sin premeditación alguna. Las mujeres son tan extrañas con sus influjos que te llevan a tergiversar tu buena voluntad."

Herbert Spencer, Charles Darwin, Arnold Schopenhauer
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Frases como la anterior que le dice Phillotson a su amigo Gillingham al que confiesa los quebraderos de cabeza a que lo tiene sometido su mujer son muestra perfecta del pensamiento machista y reaccionario imperante en la sociedad inglesa de finales del siglo XIX. Que un autor se atreviese a novelar sobre él y además a sostener unas ideas contrarias al sentir social mayoritario era difícil. Thomas Hardy lo hace y para este combate desigual se arma con ideas emanadas del positivismo liberal de Herbert Spencer, el naturalismo evolutivo de Charles Darwin y el pesimismo antropológico de Arnold Schopenhauer. 

Para entender debidamente esta novela no se puede obviar el tipo de sociedad cerrada, muy influida por la Religión, en la que los clérigos tienen un poder enorme. Ellos son los predicadores en los púlpitos de las iglesias y los maestros en las cátedras de los Colleges y escuelas. También hay que tener muy presente dónde sucede la acción, en Inglaterra, concretamente en Oxford (denominada simbólicamente en el relato como Christminster) donde el mundo académico en manos de distintas voces pertenecientes a diversas corrientes teológicas están en lucha. Frente al evangelismo propio de los anglicanos se va abriendo paso la corriente de los tractaristas cuyas reflexiones tanta admiración despiertan en Jude (Para descansar de la Patrística y de obras como las de Paley y Butler, se puso a leer a Newman, Pusey y otras muchas eminencias modernas.). Personalmente muchas de las páginas dedicadas a estos debates teológicos y filosóficos se me han hecho algo pesadas, aunque entiendo que en su momento con ese tipo de sociedad tan cerrada debían de ser más o menos pertinentes.

Hasta aquí he comentado algunos aspectos de personajes individuales plenamente caracterizados y que conocen en el discurrir del relato una evolución plausible y verosímil. Junto a ellos cabe referirse a una serie de personajes colectivos que sirven den trasfondo a los protagonistas y secundarios principales. Me refiero al grupo de estudiantes y profesores de Christminster caracterizado por su elitismo de extracción social y por el trato discriminatorio que practican con aquellos que no sean como ellos. En sentido radicalmente opuesto al de los estudiosos hombres de negro de los Colleges está el grupo de los trabajadores manuales que se reúnen en la taberna a la salida del trabajo y que en la vida aspirarán a codearse con los anteriores. Dentro de este grupo destaca Taylor el calderero. Jude representa el anhelado punto de inflexión que no pocos pensadores del momento como Spencer consideraban ideal y que consistía en que el mérito primase sobre la extracción social. Así lo ve la inteligente Sue que hablando con Jude sobre la ciudad universitaria tras haber sido rechazado éste dice: 

"Es un lugar de ignorantes, quitando a la gente del pueblo, artesanos, borrachos y pordioseros —dijo ella con perversidad, viendo que él no era de su parecer—. Esos ven la vida tal como es, por supuesto; en cambio en los colegios son muy pocos los que la ven así. Lo puedes comprobar en ti mismo. Tú eres uno de esos hombres para quienes estaba realmente destinada Christminster, el estudio, pero sin dinero, ni oportunidades, ni amigos. Y os han echado a la calle los hijos de los millonarios."

Como se observa es un 'speech' de lo más marxista, una reflexión que aún hoy día entre nosotros suena de lo más avanzada. Quizás Hardy sea poco objetivo al colocar a todo un colectivo del lado de los auténticos sabios (la gente del pueblo) y a los otros (los de los Colleges) se mueven en la ignorancia porque no saben ver la vida tal como es. Pero es comprensible pues el maniqueísmo casa muy bien con el folletín y esta novela lo es.

También, claro,  ya lo he insinuado antes, encontramos en la novela el mundo de los hombres versus el de las mujeres. Sobre el tratamiento dado a estos colectivos y a los asuntos en los que participan diría que las mujeres salen peor tratadas que los hombres, destacando un machismo muy propio del momento de escritura. Thomas Hardy conscientemente pone en boca de unos y otros la idea de que  ellas son veleidosas, inconstantes, caprichosas, que sólo se mueven normalmente por interés... Pero lo hace en sentido irónico, pues él es un claro defensor de esa nueva mujer que se está prefigurando en esos momentos y que plasma en Sue, mujer espiritual, culta, sincera, aticista (casi casi prerrafaelita podría decirse) frente al común de 'ellas' representadas en Arabella, mujer materialista, corporal, movida siempre por interés dinerario y placentero que busca la seguridad en el matrimonio y que no duda en engañar al candidato con cualquier ardid.

Además de los temas -muchos, quizá hasta excesivos- que aparecen hay en esta novela muchísima literatura en forma sobre todo de citaciones y alusiones a diversos autores desde los más antiguos como el Antiguo Testamento, Homero y los latinos Tucidides o Hesíodo que Jude se esfuerza en traducir hasta otros más cercanos al momento de escritura como el lingüista Jacob Grimm, el poeta Shelley, el novelista Sterne... o ya algo más lejanos el historiador Edward Gibbon, Shakespeare o el mismísimo Cervantes citado a través de su obra insigne, El Quijote. Como casi siempre, es ella, Sue, la que haciendo uso de su inmenso conocimiento argumenta ante Jude utilizando referentes literarios: "Eres un José soñador de sueños, Jude. Y un don Quijote trágico. Y a veces hasta un san Esteban, que mientras lo lapidaban veía cómo se abrían los Cielos. ¡Mi pobre amigo y camarada, cuánto te queda todavía por sufrir!"

Una literatura que no sólo aparece en citas y alusiones sino que presenta situaciones análogas a obras reconocidas. Tal me ha parecido ver en esos azotes que se lleva Jude al inicio del relato igual que en El Quijote se los llevara Andresillo. En "Jude el oscuro" el pobre muchacho que era por entonces Jude se ve castigado por no cumplir bien su trabajo de espantar pájaros del almiar que debía vigilar. 

—¡No me pegue, por favor…, no me pegue! —gritaba el volteado muchacho, tan desamparado bajo la centrífuga tendencia de su persona como un pez en el aire atrapado en el extremo de un sedal; mientras, veía desfilar la colina, el almiar, la plantación, el camino y los grajos, girando todo a su alrededor en asombrosa carrera circular—. 

De igual guisa, la visión de la auténtica Arabella por Jude me ha hecho rememorar la de la auténtica Dulcinea por don Quijote:

Al traspasar la verja se encontró con que tres cerdos flacos y jóvenes se habían escapado de la pocilga saltando nada menos que por encima del cercado, y que estaba luchando ella sola con los bichos para hacerlos entrar por la puerta que había dejado abierta.

Pero no sólo es Cervantes y su Quijote también los cuentos populares y el folklore que los anima y alimenta he querido verlo en el personaje del doctor Vilbert que cual el Sombrero Loco de "Alicia en el país de las maravillas" se cita con Jude manteniendo imperturbable sus hábitos:

"—¿Dónde le podré ver con las gramáticas?
—Pasaré por aquí de hoy en quince días, a esta misma hora, o sea, a las siete y veinticinco. Mis movimientos están cronometrados con la misma precisión que los planetas en sus órbitas.
"

El folklore me ha parecido verlo en alusiones a personajes populares ingleses como la imagen en la que el narrador al ver a Jude camino de Christminster con gran determinación dice que era una especie de Dick Wittington, leyenda del folklore inglés construida a partir del personaje real de sir Richard Whittington (1354-1423) que se hizo rico por vender su gato durante una temporada de invasión de ratas.

En cuanto a su estructura la novela está  organizada en seis grandes apartados formado cada uno de ellos por capítulos en cantidad variable. Cada parte lleva por título el lugar donde la acción tiene lugar: I. En Marygreen; II. En Christminster; III. En Melchester; IV. En Shaston; V. En Aldbrickham y otros lugares; y VI. En Christminster otra vez.

La novela como es natural está contada por un narrador externo omnisciente en 3ºpersona que domina a lo largo de toda la línea temporal que dura el relato cuanto ha pasado, pasa y pasará incluso los pensamientos y sentimientos más íntimos de los personajes. Pero ya es un narrador que da cuartelillo a los personajes y que en ciertos momentos se adelgaza en un intento de quasi desaparecer (Debieron de poner los dos cara de estupor, porque dijo con voz hueca [...]). Tan sólo recuerdo una ocasión en la que este narrador cambia a la 2ª persona (Se daba cuenta de que, a medida que te haces mayor, y sientes que te hallas en el centro de tu existencia y no en un punto de su circunferencia como cuando eras pequeño, te da una especie de escalofrío. y Andando de un lado a otro como voy, y mezclándote con gentes de todas clases, acabas enterándote de montones de cosas.). En esta ocasión esa 2ª persona en mi opinión es la voz del propio autor que de esta manera viene a identificarse, a subsumirse, con el personaje de Jude, auténtico otro yo suyo con el que guarda más de una relación autobiográfica. En el fondo, pues, no es más que otra manifestación de la omnisciencia que existe en la novela..

Finalizaría este extenso comentario sobre "Jude el oscuro" aludiendo a que este autor que interviene en la narración confundiéndose con el personaje y con el propio narrador hace en ocasiones elucubraciones metaliterarias reveladoras de sus preocupaciones autorales. Estas inquietudes se evidencian en frases como la siguiente: La labor de un cronista que se limita a describir acontecimientos y estados de ánimo no le exige que exprese su criterio personal sobre la grave discusión anteriormente expuesta. Es claro que la literatura -en especial la novela- en los momentos en que Thomas Hardy escribe se está replanteando su propio ser como revelan reflexiones como la anterior

Resumiendo

Como se ve la novela toca muchos asuntos. Quizás el principal sea el del matrimonio legalizado a ojos de los hombres. Si ese matrimonio legal es la tumba del amor o si el verdadero matrimonio es el que se da en la unión natural libremente aceptada al margen de las leyes humanas. 

Junto al asunto anterior aparecen muchos otros. Por ejemplo el del débito conyugal. ¿Es el hombre dueño de la mujer y por lo tanto ella se le debe entregar sexualmente siempre que se lo demande? Y muy cerca de éste estaría el de ¿puede un hombre y una mujer permanecer en el nivel de amigos y sólo amarse en este nivel sin tener contacto sexual alguno?

Kate Wislet, Christopher Eccleston, Cine basado en novelas
Lógicamente junto a los temas anteriores tan tratados -sobados, diría yo imitando al propio  Hardy- por la Iglesia aparece el de la Religión que en el relato se presenta unido íntimamente a la  corriente de los tractaristas. También en relación con la ciudad estudiosa y monacal que es Christminster estaría el rechazo o portazo en las narices que un humilde trabajador amigo del estudio como Jude recibe por parte de los Colegios de la ciudad universitaria que no le conceden ayuda alguna para estudiar allí recomendándole  que se dedique a alguna ocupación manual como la de escultor que practica.

Una novela que presenta bien a lo vivo, sin ambages, la realidad individual y colectiva. Mientras la leía constantemente me venia a la cabeza el cuadro de Gustave Courbet "El origen del mundo" pintado en 1866 y que por su explícito realismo naturalista fue fuertemente criticado y ocultado durante décadas por entender que ofendía a la moral imperante en la sociedad. Igual o muy parecido a lo que le ocurrió a Thomas Hardy con su novela "Jude el oscuro". 

Igual que Polansky llevó a la gran pantalla "Tess, la de los d'Ubervielle", en 1996 Michael Winterbottom realizó la adaptación cinematográfica de la novela en un film que tituló simplemente "Jude" protagonizado por Kate Wislet y Christopher Eccleston. Yo no he visto esta película, pero no renuncio a verla si se me pone a tiro.

Nota:
Esta novela la he leído dentro de la IVª edición del Reto 'Nos gustan los clásicos' que este año 2020 estoy realizando.  Y también fue la lectura elegida para este mes de septiembre por el Grupo de Lectura "más que palabras..." en el que desde hace 11 años participo.

21 may 2019

"Cárdeno adorno", por Katharina Winkler

16 comentarios:
“Es tu destino, tienes que vivir así, aunque él sea un perro.
Tenemos que vivir así, tenemos que sufrir así, no hay remedio.
¡Piensa en los niños!.

Por las noches, el viento silba la canción de las mujeres cárdenas en la esquina de la casa.
Suya es la cama donde duermes, suyo el caserío, suya el agua, suyo el pan que os alimenta a ti y a tu familia
” (pág. 147)

maltrato de género, mujeres maltratadas, violación, mutilación genital
Golpes, golpes, golpes... muchísimos golpes... y un sometimiento que casi casi, diría yo, roza el masoquismo. Este es un relato de violencia doméstica escrito por una  joven austriaca, Katharina Winkler (Viena, 1979), que conoció la historia de Filiz, la mujer protagonista de su novela, a través de su padre, médico rural en Austria, quien la había atendido en varias ocasiones en su consulta. Fue la madre de Katharina la que logró que Filiz se abriese a ella y le descubriese los muchos moratones que lucía su cuerpo oculto bajo el austero nicab que siempre portaba. Fue también ella, la madre de la escritora, la que logró que Filiz se desasiese de los conceptos de honor, sumisión al varón y respeto incondicional a sus mayores, y se aviniese a pedir ayuda a los servicios sociales austriacos. Es así como llegó esta historia a oídos de Katharina Winkler, a través de las palabras de sus padres y del contacto directo con la protagonista diez años más tarde de los sucesos que se cuentan en la obra.

El asunto
Estamos en la Turquía interior asiática. Hay en algún momento alusiones al PKK, el Partido de liberación del Kurdistán, en contra del que parece combate la población del país. Yunus, el joven marido de la protagonista, lo hace durante el cumplimiento del Servicio Militar obligatorio que lo mantiene alejado de casa  dieciocho meses; también lo hace la madre de Filiz, la protagonista. La mera  alusión al PKK traslada la sensación al lector de que, quizás, los kurdos sean más liberales que los integristas turcos que los combaten.

Filiz es el personaje protagonista femenino; Filiz y sus tres hijos: Halil, Selin y Seda. Afortunadamente para ella sólo ha tenido tres hijos. Filiz le pidió a Yunus, su marido, al saberse encinta por tercera vez que le permitiese abortar, pero éste prefirió comprarle una lavadora antes que acceder al deseo de su mujer 
"Yunus pone dinero sobre la mesa. Monedas, billetes.
Nunca he visto tanto dinero.
¿Qué quieres que haga con el dinero?, pregunta. ¿Hacerte abortar o comprarte una nevera?
Hacerme abortar, digo, ¡te lo ruego!

La nevera nueva reluce blanca y zumba, una lucecilla azul parpadea hasta por la noche.
" (pág. 160)
Luego nació Seda y Filiz la adora. Yunus es un auténtico animal: se emborracha, desaparece de casa sin saber su mujer e hijos, a quienes deja encerrados, a dónde va, tiene queridas fuera de casa, da unas zurras terribles a Filiz por cualquier cosa y la viola sistemáticamente. Yunus considera que ella es una puta, una cerda, una provocadora que quiere llevarse a la cama a cualquier hombre. Más que un ser humano, Yunus es un enfermo mental, un paranoico, un sicópata... La sociedad en la que habita alimenta estas neurosis obsesivas y supremacistas suyas. La madre de Yunus es una carcelera para Filiz y sus hijos:  roba el afecto de sus niños, la castiga, la hace trabajar lo indecible, la insulta... Para Filiz que escapó con sólo 13 años de la casa de sus padres por amor a Yunus y que desde ese día el también animal de su padre la tachó de la lista de sus once hijos, su suegra es una araña que está ahí siempre dispuesta a enredarla y a aniquilarla.

Kurdistán, Integrismo musulmán en Turquía, Turcos en Alemania y Austria
La novela, como se ve, es brutal porque muestra una situación que lo es. Presenta de manera algo plana la relación de pareja, hombre - mujer, en Turquía. Los personajes no me parece que estén muy bien diseñados, simplemente vemos que los hombres pegan y desprecian a las mujeres, mientras que éstas han de mostrarse sumisas y aceptar las palizas sólo porque vienen de ellos, los sostenedores de la familia, los dueños de todo.
"Yunus es fuerte. Quiere, para desayunar, pan de pita fresco, que le cuezo antes de salir el sol, leche recién ordeñada y yogur casero;  quiere, durante la mañana y varias veces, cigarrillos con fuego y cenicero; al mediodía, pilav con yogur y turçu; por la tarde, un sofá ancho para dormir, luego café, una camisa recién lavada y planchada; al anochecer, sarma y pimiento relleno, pastel fresco con leche, pies lavados y axilas lavadas, mi pelo recién cepillado; y por la noche, cópula por delante y por detrás, quiere que mi dolor sea mudo y mi gemido placentero" (pág. 79)
Es evidente que en la novela hay ciertos maniqueísmos sistemáticos. El primero es el de las dos culturas en contacto: Cristianos occidentales, los buenos, vs Musulmanes orientales, los malos; por extensión el del país acogedor frente al expedidor: Austria, buena, vs Turquía, mala; y finalmente, y por elevación, el propio de género: Hombres malos vs mujeres buenas. Estas dualidades tan absolutas me parecen ciertamente simplistas, y más cuando como en el relato que acabo de leer se muestran así sin más, sin explicaciones añadidas. 

El estilo
Pero la novela, pese a lo dura que es, da gusto leerla. Lo mejor del relato es el lenguaje empleado. Un lenguaje que roza la poeticidad en muchos momentos. Hay secuencias, algunas brevísimas, que son auténticos poemas. La elisión, las metáforas, la elusión, la síntesis, el ritmo poético conseguido mediante repeticiones sintácticas que actúan a modo de golpes acompasados creando una musicalidad buscada deliberadamente... Todo ello redunda en beneficio del relato. También me ha gustado mucho esa manera de mostrar las tinieblas en que la mente de Filiz penetra durante alguna de las numerosas palizas que recibe. Estos momentos oníricos de confusión realidad-irrealidad son, literariamente hablando, bellísimos:
"Golpes lloviendo del techo.
Golpes cayendo de las paredes.
Golpes saliendo de los resquicios del suelo.
Golpe. A golpe. Golpe. A golpe.

Me matas a golpes, pero no me llegas.

El verde de tus ojos nunca vino del río.
"
(pág. 251)
Katharina Winkler, literatura austriaca
➤ Las palabras salvan a Filiz: “Son asperas y pegajosas, pero las recojo y guardo bajo la blusa. Allí crecen y se ablandan y se calientan.” (pág 126)
➤ Hay a veces sonsonete de letanía, como cuando, estando jugando, su hija Selin se parte la cadera y Filiz no sabe cómo hacer para curarla y evitar en ella el castigo que su marido le infringirá: 'Yunus me matará’ /.../ 'Yunus me matará’ 
➤ Muy poético y lleno de plasticidad es expresar los sentimientos (el miedo, el amor…) como si fueran seres humanos: "el miedo, sabedor de mi huida antes que yo”; También las cosas y las acciones son humanizados (animismo): “la fiesta no se interesa por mí”.
➤ En muchas ocasiones el párrafo se desarrolla en auténticos versículos que lo dotan, con las palabras contenidas en ellos y los procedimientos poéticos utilizados, de auténtica belleza. Pero esto no quita para que el mensaje siga siendo durísimo. Así, en un solo versículo, en la página 142, Yunus, el antagonista de esta historia, queda resumido todo él en una terrible y única línea:
"Yunus come, duerme, me penetra y se va"

Toda la novela está narrada en primera persona y puesta generalmente en boca de Filiz. Tan sólo en alguna ocasión la pertenencia de esta persona gramatical abandona a Filiz. Tal ocurre cuando el tío de Yunus acude a casa del padre de Filiz para pedir su conformidad con el matrimonio entre los dos jóvenes
"No puedo creer que la blancura o el frío tengan final, que padre viva en alguna parte o madre esté junto al fogón o Selin se cepille el pelo o Sayit ría.
Espero todo el día y toda la noche.

No hay nada que esperar de mí.
Ella ya no es mi hija.
Sin mi bendición." (pág. 65)
Todo al personaje le lleva a desear su salida de esta situación, a huir de la casa de Yunus y si esto no fuera posible a escapar de la vida. Una vida, la de Filiz, ciertamente terrible. Demasiado terrible. Y ¿por qué? ¿Por ser musulmana? ¿Por ser mujer? ¿Por ser turca? Nada se dice a ciencia cierta, pero la escritora con su silencio viene a alimentar creencias y sentimientos generalizadores muy asentados en occidente. No me parece justo del todo. 
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Nota: En el blog de la tertulia "más que palabras..." se puede leer lo que dio de sí a ese Grupo de lectura esta novela. Dejo aquí el enlace para quien quiera pasarse por allí.

3 mar 2019

Stephen King: "Carrie". Terror y suspense

32 comentarios:
Durante mis años de docencia, muchos alumnos se confesaban entusiastas de las novelas de Stephen King. Yo que probablemente acabaría de hablarles de Galdós, de Clarín, de Unamuno, Garcilaso, Lope o Quevedo, sin desanimarles sí que acogía su fervor y entrega a este autor como una debilidad propia de sus pocos años. Lo importante es que leáis, les decía, eso es lo importante, pero… Y ahí me quedaba. Yo conocía el nombre del escritor sobre todo por las versiones cinematográficas de sus novelas, pese a que el cine de terror no haya sido nunca mi género favorito. Ahora acabo de leerlo y su literatura me ha convencido, y pienso que esos chicos estaban en lo cierto.

literatura norteamericana de suspense y terror,
En una escuela de secundaria de Chamberlain (Maine) una chica es habitual objeto de las chanzas de sus compañeros. La burla llega a su cénit el día en que tras la clase de gimnasia, estando ya en las duchas comunes, Carrie White, que así se llama la protagonista que da título a la novela, nota que la sangre le corre por las piernas. A pesar de sus 16 años la chica aún no había tenido su primera menstruación. Cuando siente la sangre entre sus muslos el miedo y la vergüenza se apoderan de ella, y más cuando sus crueles compañeras entre gritos la zahieren con burlas y lanzamiento de compresas, paños y tampones al tiempo que le chillan para que se tape e interrumpa el flujo sanguinolento.

La situación de incomodidad y desnorte para Carrie aumenta cuando llega a su casa y su madre Margaret, una intransigente y religiosa mujer congregacionista, comienza a insultarla y a culparla de ser responsable de su condición de mujer, siempre nefasta y pecaminosa en su opinión. Ella misma se lamenta de haber tenido relaciones sexuales con quien fuera su marido aunque las mismas hubiesen sido únicas y aisladas. De esa ‘caída’ en la ciénaga del sexo nacería Carrie a quien en varias ocasiones pensó eliminar para así expiar su culpa. Sin embargo nunca pudo hacerlo porque Carrie, sin ser consciente en principio de ello, posee el don de la telequinesia y es en esos momentos de peligro cuando precisamente se le activa.

La edad de la pubertad, de la conversión en mujer, es una época vital llena de inseguridades, de miedos, y también de ilusiones. Carrie White vive subsumida en la absorbente religiosidad enfermiza de su madre que constantemente la obliga a rezar para expiar culpas imaginarias. Pese a esto, Carrie ama a su madre pero también necesita respirar, vivir su propia vida. Son, pues, madre e hija, dos personas en cierto sentido opuestas: Margaret es una enferma, una odiadora del género femenino; Carrie es una insignificante muchacha que lucha por que sus ilusiones no decaigan ante lo que continuamente su madre le predica.

Alrededor de estos dos personajes está Chamberlain, la pequeña ciudad de Maine donde está situada la escuela secundaria Ewen a la que acude Carrie. Es en esta escuela en la que la chica aprende que la vida es dura, que los adolescentes son crueles; pero también conoce allí a personas que la aprecian, que se oponen a la crueldad que algunos ejercen sobre ella. Dos grupos, pues, también entre los adolescentes: los amables como la pareja que forman Sue Snell y Tommy Ross, o algunos adultos como el Sr. Grayle, director de la escuela, o la señorita Rita Desjardin que la protegen en lo posible. Pero son los ‘malos’ quienes se llevan el gato al agua: la pareja formada por Billy Nolan y Chris Hargensen son sin duda los causantes directos del encendido de la mecha que causará la destrucción de la tranquila vida en esta pequeña población. El motivo de su maldad es simplemente vengarse de Carrie quien tras el episodio de las duchas ha recibido la protección de la dirección de la escuela, mientras que Chris ha sido expulsada temporalmente y se le ha prohibido expresamente asistir al baile de graduación.

La novela es de suspense y por ello no debo decir más sobre el argumento. Baste lo dicho hasta aquí, aunque de todas maneras pienso que muchos de los lectores conocerán la historia a través de la versión cinematográfica que de esta novela publicada por Stephen King en 1974 hiciera el director Brian de Palma en 1976 con Sissy Spacek en el papel de Carrie y Piper Laurie en el de su madre Margaret. Sólo decir para finalizar esta parte de la reseña que la acción tiene lugar en un futuro muy próximo a la fecha de escritura -¡y de lectura!-, en 1979. Que algo terrorífico y con tintes muy reales pueda sucederles en el plazo de menos de diez años en una localidad existente a unos jóvenes adolescentes añade sin duda un plus al innegable suspense terrorífico del relato. Concretamente el punto climático de la acción tiene lugar durante la noche que va del 28 al 29 de mayo de 1979, si bien los antecedentes se remontan a unos cuatro o cinco meses atrás.

Adaptaciones cinematográficas, Cine de terror
Literariamente hablando la novela, primera publicada por Stephen King, ha sido toda una sorpresa para mí especialmente por la estructura de la misma. Hay dos elementos claros en esta novela: el primero es el de la pura narración de los acontecimientos sucedidos a Carrie desde su primera menstruación hasta la catástrofe final acontecida en su escuela durante el baile de graduación; el segundo elemento es la inclusión de manera entreverada dentro de la narración anterior de extractos documentales diversos tomados de la prensa local, de libros aparecidos con posterioridad que intentan poner luz a lo acaecido, de estudios científicos sobre la telequinesia y otros fenómenos paranormales, de las declaraciones hechas por testigos y compañeros de Carrie en las comparecencias realizadas ante la Comisión de investigación montada tras los terribles sucesos, de anuncios y documentos del momento… Estos dos elementos compositivos los organiza el novelista en tres grandes apartados que se suceden de manera lineal.

Para la historia de Carrie, el autor utiliza un narrador objetivo en 3ª persona. En lo que podría considerarse como la parte de análisis e investigación de lo sucedido, el narrador varia en función del tipo de documento, nota de prensa, extracto de declaración, ensayo o crónica de que se trate. Cambia así el estilo discursivo y por lo mismo también la figura del narrador que se ausenta en la reproducción del diálogo pregunta-respuesta propio de un interrogatorio, que adopta la neutralidad propia de un teletipo de agencia (“Un desastre de grandes proporciones se ha abatido sobre la ciudad de Chamberlain, Maine”, pág. 187) o que aparece en primera persona en las crónicas escritas por testigos de la tragedia como Susan Snell quien a veces interpela directamente al lector (“Carrie era un ser humano, tan real como tú, lector, que lees estas líneas, con esperanzas, sueños, etc., etc. Supongo que será inútil decirte estas cosas. Nada puede hacer ahora que algo que fue una creación de la prensa vuelva a convertirse en una persona. Pero ella existió y sufrió, probablemente mucho más de lo que sabemos”, pág. 123) y también en los amplios artículos propios del periodismo de investigación que se publicaron tras el suceso intentando aclarar en lo posible la personalidad de Carrie White.
 “De ‘Carrie: El negro amanecer de la telequinesia’, por Jack Garver (publicado por la revista ‘Esquire’ el 12 de septiembre de 1980): ‘[…]  Stella Horan todavía lleva dentro de sí la frágil y difusa marca de su Nueva Inglaterra natal, y cuando habla de Carrie White su rostro adquiere un aspecto pálido y singular que hace pensar más en Lovecraft, en Arkham, que en un Kerouac del sur de California’” (pág. 24)
Es evidente que esta primera novela escrita por este prolífico autor de la literatura de suspense, terror, ciencia ficción y/o literatura fantástica a los 27 años revela al gran escritor que es. Un autor de éxito entre lectores jóvenes que devoran sus historias de terror y misterio, pero no por ello, como a veces se piensa -yo mismo, durante mucho tiempo, así lo hacía-, un autor menor. Hay en Stephen King mucha literatura dentro de sus novelas. En esta primera a la interesantísima composición de la misma vienen a unirse el uso de técnicas narrativas como el perspectivismo o focalización múltiple y el collage al estilo de un John dos Passos, entre otras. Además el novelista de Portland (Maine) toma elementos culturalistas como referentes para sus imágenes literarias. Entre éstos se cuentan referencias propias de la cultura pop como las musicales alusiones al ‘Hey, Jude’ de los Beatles (“Hay un hibachi en el hermosos y cuidado jardín posterior y el carillón que cuelga junto a la puerta hace oír una tintineante frase del estribillo de ‘Hey, Jude’” (pág. 24) o los versos pertenecientes a la popular canción de Bob Dylan ‘Tombstone blues’: “Quisiera escribirte una melodía tan simple / que te impidiera, querida amiga, enloquecer / que te tranquilizara y extinguiera el dolor / de tu conocimiento inútil y sin sentido…” (pág. 228). También propias de la cultura pop aunque del campo literario son las que realiza a Jack Kerouac, poeta de la generación beat, o a Lovecraft, autor de literatura de terror que se apartó precisamente de la que en "Carrie" aparece: terror sobrenatural (satanismo, religiosidad) y paranormal. Por último también hay referencias culturalistas de alta literatura como las referidas a Shakespeare y su tragedia “Macbeth”.

literatura de terror actual, suspense, fenómenos paranormales
Stephen King toma elementos del terror tradicional que Lovecraft no emplea y los pone en contacto con un elemento esencial en su narración: el sexo. Mejor cabría decir, el sexo y su negación. Sin duda alguna uno de los alicientes de la lectura de esta novela "Carrie" y su indudable éxito entre el público adolescente es la mostración de la práctica sexual en jóvenes apenas alcanzada la pubertad. Es un sexo torpe, impulsivo, y utilizado como elemento de dominación tanto por ellos como por ellas: la pareja de ‘malos’ formada por Billy y Chris es ejemplo característico: ella se lo camela cediendo y prometiéndole sexo, y él se cobrará el trabajo realizado con la correspondiente sesión del mismo. Y digo también el no-sexo en el sentido de su consideración como pecado, fuente de todos los males, tal y como lo entiende la madre de Carrie y en cierto sentido también ella. Cuando esta concepción se impone todo lo relacionado con él adquiere connotaciones claramente terroríficas. Y si el sexo es el Mal, sólo a través del Mal se puede uno defender de él. Y si el sexo aterroriza sólo cabe devolver terror como respuesta.

[Nota: Esta novela es una de 'mis doce pendientes' dentro del Reto promovido por Ana Bolox y también la incluyo como lectura realizada dentro del III Reto 'Nos gustan los clásicos' promovido por Francisco en su blog. "Carrie" entra por poco en los límites de Clásico establecidos por Francisco, pero entra, y sin duda lo es]

15 sept 2018

"Estío" ("Los Thibault" 3) de Roger Martin du Gard

10 comentarios:
"Estío", "La bella estación", "La belle saison"
La tercera entrega de la saga "Los Thibault" lleva el título de "Estío" en la edición que he manejado en español  Esta denominación es coincidente no sólo con otras muchas obras, antiguas y modernas, que van desde la sonata de mismo título de Valle Inclán o la novela homónima de Edith Wharton hasta por ejemplo una obrita reciente del afamado periodista Julio César Iglesias que integra el término 'estío' en el mismo, "La hierba del estío". Quizás por esto me haya resultado difícil encontrar la imagen de portada en Goodreads o en cualquier otra biblioteca de internet para incluirla en esta reseña; y más aún cuando la expresión "estío" o "verano" es junto a otras palabras el reclamo de otra entrega de la misma saga, la séptima, intitulada "El verano de 1914". Desde luego en castellano todas las imágenes con esta palabra ('estío' o 'verano') me remitían a la penúltima entrega de la serie; es por ello que he tenido que echar mano de las portadas creadas para la edición original francesa de la obra donde aparece con el título de "La belle saison" ('La bella estación'), portada que he elegido para ilustrar mi comentario.


Comentario de "Estío" de Roger Martín du Gard
Parece que mi gusto por "Los Thibault" no decae según leo las diversas publicaciones. Si "El cuaderno gris" y "El reformatorio", ambas de 1922, fueron de mi agrado, "La belle saison" ('Estío') aparecida el año siguiente me ha gustado aún más si cabe. Se centra Martín du Gard en este entrega en la pareja de hermanos dejando un tanto de lado la figura del patriarca que es una sombra siempre ahí pero que en esta ocasión se encuentra de viaje. Son pues Jacques y Antoine, los hermanos Thibault, quienes llenan este relato de algo menos de 300 páginas. Comienza con el retorno triunfal de Jacques a Maisons-Laffite, donde se ubica la casa paterna, tras haber superado el examen de ingreso para realizar estudios en la Normal. Se dispone a pasar todo el verano descansando en esta casa cercano a Gisèle, la hijastra de la señorita Waize, convertida ya en una mocita de apenas quince años, y aunque en casas distintas también de Jenny, la hermana de Daniel Fontanin a la que sentimientos encontrados lo acercan y lo alejan. Antoine, el mayor de los hermanos, es ya un médico en pleno ejercicio cuya praxis profesional va de acierto en acierto. Si en las entregas anteriores demostró un magnífico ojo clínico tratando acertadamente a Jenny Fontanin, ahora, requerido por un empleado de su padre para que intente salvar de una más que probable muerte a Dédette, una niña que se ha fracturado el fémur y a consecuencia de esto roto la arteria femoral, demostrará ser un buen cirujano. 
"Los Thibault", Roger Martín du Gard, Novela francesa de entreguerras

Ambos hermanos conocen en esta narración los reveses del amor, la inestabilidad psicológica que conlleva con esas dudas sobre si la otra persona de verdad alberga en su interior los mismos sentimientos. La variabilidad y volubilidad amorosa es más perceptible en Jenny y Jacques; y mucho menos en la pareja Antoine y Rachel, una bella joven de unos 25 años que con maestría y magnifico saber estar ayudó a Antoine en la intervención quirúrgica. Rachel hará crecer a Antoine que conocerá mucho de la vida -bueno y malo- gracias a ella.

Al igual que en las dos primeras novelas la introspección psicológica es presentada a través de soliloquios y monólogos interiores de manera tal que el personaje gana en verosimilitud. Junto a esta profundización en la psicología del personaje el autor practica un fuerte realismo de corte naturalista que no esquiva aquellos aspectos duros o desagradables de la existencia humana. Así se comprueba en el verismo descriptivo de la cirugía practicada a Dédette
"-Vamos a intentar el suero. Y nada de subcutáneo; no merece la pena: el intravenoso. Es nuestra última oportunidad. -Tomó dos frasquitos del aparador- ¿Ha quitado el torniquete? Bien. Póngale una inyección de aceite alcanforado. Y luego otra de cafeína; sólo la mitad, pobre chiquilla..., pero, por favor, dese prisa."
o cuando describe el estado en que quedó un perro atropellado por un Simón. Sin embargo Martín du Gard muestra una gran elegancia cuando elude a través de la elipsis descripciones que de hacerlas invadirían el territorio de la sicalipsis. Esto no empece que en algunos momentos envuelva a los personajes en una atmósfera plena de sensualidad ligada a la belleza del lenguaje empleado.

Como digo el lenguaje que usa el escritor es de gran plasticidad y belleza; por ello durante toda la lectura de esta entrega -también de las dos anteriores, y me temo que asimismo de las siguientes- no he dejado de lamentar la constante caída en el vicio lingüístico del "laísmo" en que el traductor de toda la saga, Félix Caballero Robredo, incurre. La gran altura del texto queda mancillada por este defecto continuado
"Cuando Jérôme hubo salido para poner el telegrama, la señora de Fontanin volvió junto a Noemí. La era imposible alejarse de aquella cama." (pág. 151)
[...] "Antoine la produjo un vivo placer a al asegurar que Félix Héquet" [...] (pág. 122)
Pero en mi opinión esta continuada caída en el laísmo  es el único pero que cabe poner a la belleza de la lengua empleada. Elegir una muestra de ello es complicado por ser abundantes los momentos en que la misma resplandece. He aquí mi elección:
"En la semioscuridad del vagón su pelo, anaranjado y casi rosado a la luz del día, dejaba de tener un color preciso; parecía estar hecho de una materia fluida, incandescente, de cera metalizada o hilillos de cristal; y la blancura fosforescente de la mejilla daba una apariencia irreal a su carne." (pág. 257)
Para finalizar
Junto a la renovación del realismo decimonónico a través de la incorporación de técnicas narrativas como el monólogo interior tan presente en esta novela la novela del primer tercio del siglo XX se caracteriza por esa indagación en la vivencia individual del sentimiento y creencia religiosos. En Francia, además, es muy abundante el número de autores de ese momento del siglo XX que se cuestionan aspectos de la fé religiosa antes reservados sólo a los eclesiásticos. El motivo esencial de este volver la mirada a la cuestión religiosa deriva de los estragos ocasionados por la Primera Guerra Mundial que les hicieron pensar sobre cómo el hombre puede llegar a tal nivel de iniquidad y, si hay Dios, cómo es posible que permita tales maldades. Roger Martín du Gard forma parte de esta nómina al lado de Georges Bernanos, Jules Romains, André Maurois, y otros.

Nota
Esta tercera novela de la serie así como el resto de las de la saga "Los Thibault" que reseño participa en el Reto "Nos gustan los clásicos" del blog "Un lector indiscreto"
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25 jun 2018

"Los Thibault" 1: El cuaderno gris. Martin du Gard

16 comentarios:
Entre julio de 1920 y marzo de 1921 Roger Martin du Gard escribió "El cuaderno gris", la primera entrega de la Novela-Río que es "Los Thibault". A esta primera de la serie le seguirían siete entregas más sacadas a la luz con una periodicidad variable entre 1922 y 1940. Mi idea es la de ir reseñando cada una de ellas según las vaya leyendo. Corresponde hoy hacerlo con la primera.


El autor, Roger Martin du Gard, encabeza 'Los Thibault' con la siguiente dedicatoria: 
"Dedico 'LOS THIBAULT' a la fraternal memoria de PIERRE MARGARITIS cuya muerte, en el Hospital Militar, el 30 de octubre de 1918, aniquiló la poderosa obra que maduraba en  su atormentado y puro corazón"
Colocar la gran obra que es "Los Thibault" bajo estas palabras nos lleva a pensar en la importancia que para el escritor nacido en 1881 y los hombres de su generación supuso la Gran Guerra que sembró de muerte la geografía europea en una cantidad como nunca jamás se había visto. Roger Martin du Gard (23 de marzo de 1881, Neuilly sur Seine, Francia - 22 de agosto de 1958, Sérigny, Francia) participó en esta carnicería junto a muchos otros jóvenes de su generación. Tras acabar la misma en noviembre de 1918 se puso a escribir la que sería su gran aportación a la literatura universal. La Guerra, parece, va a estar muy presente en la novela aunque por ahora, en esta primera entrega, no aparece ni es esperada por nadie. Pero la alusión en esa nota a su amigo fatalmente fallecido de gripe española pocos días antes de la firma del armisticio que puso fin a la brutalidad sirve para hacernos abordar "Los Thibault" con ese gesto cínico y descreído que a toda Europa se le quedó cuando según pasó el tiempo se fueron conociendo las atrocidades de esa contienda mundial de cuyo final este año se cumplen 100 años.

La novela
Un suceso ha conmocionado la apacible vida de los Thibault, acomodada familia francesa: Jacques, el hijo pequeño de Oscar-Marie Thibault, eximio representante de l'Ancien Régime, ha desaparecido, se ha fugado de casa junto a su amigo Daniel Fontanin. El escándalo, la notoriedad, que tal hecho puede tener atemoriza al acaudalado y religioso burguesón de Óscar-Marie quien encarga a su hijo mayor Antoine, médico y 8 años mayor que Jacquot, que busque a su hermano con la mayor discreción posible, como así hace.

En otro lugar de la ciudad de París, próximo al Jardín de Luxemburgo, Thérèse Fontanin vive angustiada la desaparición de su hijo Daniel. No sabe qué hacer, su situación es difícil: sola, con su marido Jerôme fuera del hogar desde hace unas jornadas como tantas otras veces, y con su hija menor Lenny sufriendo un fortísimo ataque de meningitis que la tiene a las puertas de la muerte, decide agarrar el toro por los cuernos e ir a casa de los Thibault para aunar esfuerzos en la búsqueda. Al llegar allí es recibida con frialdad haciendo patente la distancia socio-económica que existe entre ambas familias; pero lo que más le chirría a Oscar-Marie y a quienes lo acompañan (el abate Binot, el abate Vécard, la señorita de Wayze que ha educado a los dos hermanos, etc.) es que los Fontanin no son católicos sino protestantes. "¡Ah, las malas compañías!", exclama el padre de Jacques.

En las poco más de 100 páginas que ocupa la historia en la publicación que Alianza editorial sacó en 1974, luego reeditada en 1986, lo que el escritor muestra es la importancia de la verdadera amistad entre dos chicos adolescentes que siendo, parece, pura y totalmente blanca sin embargo es tenida por fea y viciosa por parte de los mayores. El motivo -y de ahí el título de todo el relato- es el descubrimiento de un cuaderno gris, una especie de diario que el bueno de Jacques guardaba en su pupitre del Liceo, en el que éste vertía sus pensamientos más íntimos y profundos junto a ciertas efusiones líricas pues la literatura, la poesía de los románticos franceses (Alfred de Musset, Lamartine, etc.), le embargaba el ánimo. La sinceridad de las declaraciones de amistad sin límites dirigidas a su amigo Daniel son mal interpretadas por los mayores que sin su permiso han profanado, leyéndolos, los secretos contenidos en ese cuaderno gris.

"El cuaderno gris" de Martin du Gard, Francia
En  su escapada estos dos adolescentes que huyen de París en un tren hacia Marsella donde piensan embarcarse hacia África, vivirán experiencias muy importantes que les harán madurar y empezar a salir de la niñez sin secretos en que se hallaban e ir adentrándose en la impostura y la simulación propias de los comportamientos adultos.

Al tiempo que esto les sucede a los chicos también los Fontanin sufren una importante experiencia que les hará tomar determinaciones importantes, sobre todo a Thérèse que vivía en la deliberada ignorancia sobre la descarriada vida de su marido. Esta toma de postura le viene provocada a la madre de Daniel por la fuga de éste pero también por la enfermedad de su hija y la sensación de abandono que sufre ella. 

La novela lo que hace fundamentalmente es colocar el marco parisino y confortable en que se desarrolla la vida de una acaudalada familia propietaria de fábricas importantes que vive instalada en las instituciones propias del antiguo régimen como demuestra la ficha que la revista 'Tout Paris' dice del patriarca de la familia:
"-THIBAULT (Oscar- Marie).-Caballero de la Legión de Honor.- Exdiputado por Eure.- Vicepresidente de la Liga Moral de Puericultura.- Fundador y Director de la Obra de Preservación Social.- Tesorero del Sindicato de Obras Católicas de la diócesis de París.- 4 bis, calle de la Universidad (VII dist.)" (pág. 26)
La nota social de la Revista 'Tout Paris' habla por sí sola y explica el porqué de la desorbitada reacción del padre de Jacques cuando conoce por ese cuaderno gris las lecturas que hace su hijo (las 'Confesiones' de Rousseau, "La Débâcle" de Emile Zola, el 'Werther' de Goethe, etc.) y que, como no puede ser de otra manera, tienen un culpable claro para él: Daniel Fontanin, cuya educación en el ambiente librepensador de su casa es causante a su juicio de la tremenda desviación y confusión de su hijo pequeño. Si a esto añadimos la pertenencia a la clase media de los Fontanin el choque entre ambas familias está servido.

En cuanto a la forma, la novela es digna heredera de la gran novela realista del siglo anterior y como ella presta mucha atención a las descripciones aunque sin dar de lado a unos diálogos vivos, breves y con ritmo que animan a leer y leer. El narrador, evidentemente, es omnisciente y desde su alejamiento de la trama conoce, anuncia y enuncia las reacciones y sentimientos de los distintos personajes. Pero lo hace con sutileza, con elegancia, sin ser invasivo, aunque manejando con mano firme la historia que va narrando. Hay mucho de análisis psicológico en alguno de los pensamientos de los personajes presentados por el narrador en forma de soliloquios: 
"Antoine envolvió al pastor en una mirada profesional; "Asimetrías señaladas -se dijo-, y esa risa interior, esa mueca inexpresiva del maniático..." (pág. 41)
De la maestría narrativa del escritor me ha llamado la atención el vocabulario preciso empleado en algunos momentos del relato, un léxico específico muy claro que no anonada al lector sino que sirve para situarlo en el sitio y lugar precisos con sólo tres o cuatro vocablos especializados de no muy difícil comprensión:
"Sobre el puente recién baldeado, algunos marineros ayudándose con una cabria instalada sobre un respiradero, descolgaban los equipajes a la cala." (pág. 63)
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NOTA.- Tengo el propósito de leer las ocho entregas que forman esta Novela-Río. Como la iré combinando con otras lecturas no sacaré las reseñas de las mismas una a continuación de la otra, y con frecuencia es fácil que reseñe juntas varias de las mismas a fin de no repetirme o resultar reiterativo.

PD.- Esta lectura de "Los Thibault" forma parte de los libros que leo para cumplir con el estupendo reto "Nos gustan los clásicos" del blog "Un lector indiscreto" que con tanto tino administra mi amigo virtual Francisco