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26 jun 2025

Jens Peter Jacobsen. "Niels Lyhne"

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Feminismo avant la lettre, novela nórdica del XIX
Esta novela danesa de finales del siglo XIX, Niels Lyhne,  me ha recordado mucho a autores postrománticos y también a algunos realistas y naturalistas. Alguien -no lo creo, pero quizás, alguno haya- podría ver una contradicción en esta sensación, pero diré que en mi opinión la mentalidad positivista y cientificista del autor, un intelectual naturalista, y la vivencia más íntima y subjetiva del sentimiento amoroso hacen que en la época de publicación de la novela (1880) la convivencia de ambas en el alma de la persona hagan nacer sentimientos contradictorios: por un lado decae la trascendencia religiosa bajo la fuerza del razonamiento científico, pero al tiempo la emotividad amorosa parece exigir una especie de superación de la inmediatez de la pura realidad. En esta contradicción se mueve Niels Lyhne un poeta amante de la naturaleza al que las personas sobre las que deposita su amor irremediablemente lo desilusionan: unos, -su tía Edele, su amigo Erik, la señora Boye, su amor Fennimore...-, porque lo abandonan físicamente; otros, es el caso de su esposa Gerda, porque al enfrentarse a la enfermedad y sus consecuencias le pide auxilio espiritual, algo en lo que él, aunque se lo concede, no cree en absoluto.

A mí el tratamiento que hace Jens Peter Jacobsen (1847-1885) del sentimiento amoroso con sus habituales dudas y contradicciones, su quiero y no quiero, me amas y no me amas, el sacrificio por amor versus la comodidad burguesa, etc., etc. unido a la belleza contenida en no pocas de las páginas de la novela me han hecho recordar al Bécquer de las Rimas y quizás, incluso, un poquito a ese otro Bécquer de las Leyendas en las que asoma el tratamiento del miedo y del terror, especialmente ante la muerte, por esa enfermedad que diezmaba las sociedades del momento: la tuberculosis. Es este momento literario, un tiempo de cambios, de transformación, de inseguridades, de probaturas. Y el autor danés lo plasma en Niels Lyhne

Muchos son los temas que se tocan en esta narración de Jens Peter Jacobsen: la creación artística, la inspiración del artista, el artista como un dios creador; el amor, casi el asunto esencial y central en el relato; las creencias religiosas, en especial, el ateísmo, convertido casi, casi, en otra nueva religión; pero para mí, sin duda alguna, es la mujer el asunto que más interés tiene en este relato.

He dicho que en la vivencia por parte de Niels Lyhne del amor hay algo de romanticismo, un romanticismo típicamente masculino (el mismo que se percibe en el preceptor Bigum, por ejemplo), que consiste en entronizar la figura femenina cual si de una diosa o una virgen se tratase. Esto era lo normal; lo que ya no lo era es que las propias mujeres renegasen de esta concepción. En la novela -recuérdese, publicada en 1880- Edele cuando se ve pretendida por el preceptor, al rechazarlo razona de la siguiente manera: 
«No puedo ayudarle, Sr. Bigum, para mí, usted no es nada de lo que le gustaría ser. Si eso le hace desdichado, si sufre, pues sufra, siempre tiene que haber alguien que sufra. Si uno ha convertido a un ser humano en su dios y su amo, tendrá que someterse a la voluntad de la divinidad, pero nunca es prudente crearse dioses y entregar el alma a otro, pues hay dioses que no quieren bajar de su pedestal. Sea sensato, Sr. Bigum, su dios es tan insignificante y tan poco digno de su adoración. Dele la espalda y sea feliz con una de las hijas del pueblo.» (pág. 51).
Otro tanto le dice Fennimore a Niels cuando ambos amantes hablan sobre la condición femenina y la idea de pureza y delicadeza que los hombres vertían sobre ellas y que éstas debían de mantener viva para seguirles el juego: 
«Las mujeres no somos seres tan etéreos como más de un muchacho sueña. Realmente [ellas] no son más delicadas que los hombres. y no son en absoluto distintas al hombre. Créeme, sin duda la arcilla de la que ambos están hechos debió estar un poco sucia.» (pág. 204)
Como se ve, es una clara manifestación de empoderamiento femenino, de sentido igualitario entre sexos. El escritor danés se confiesa a través de sus personajes como contrario al machismo rampante de la sociedad de su tiempo. Es una ruptura clara con el romanticismo, demodé por viejo y falso. pero que sin embargo estaba vivo en el interior del hombre, del propio Niels. Peter Jacobsen pensando en la vida amorosa y también en la vida literaria del personaje (auténtico alter ego suyo) lanza la siguiente reflexión: 
«A veces le parecía que había nacido medio siglo demasiado tarde, otras veces que había llegado demasiado temprano»
En mi opinión aquí reside la auténtica ubicación de esta novela: Romántica al estilo del Werther de Goethe, publicado en 1774, por lo que Niels Lyhne sería una novela romántica tardía; y novela de nuevo cuño (naturalista, impresionista, simbolista...), un tipo de narrativa que ahora se inicia y que se confirmaría en el siglo XX con autores tan definitivos como Thomas Mann, Marcel Proust y otros. Quizás sea la atadura religiosa, -tan cara al Romanticismo y de la que el naturalismo, simbolismo, impresionismo... lograrán finalmente desembarazarse-, lo que marque este estar a medias, este no haber dejado del todo lo anterior y haber internalizado definitivamente lo nuevo. . 

Efectivamente es la religión, la creencia en una existencia más allá de la muerte, el pensamiento en un Dios hacedor y todopoderoso, lo que marca la diferencia entre personajes en este relato. Niels Lyhne es ateo, pero un ateo comprensivo con los creyentes que lo rodean. Curiosamente algunos convertidos al ateísmo como su esposa Gerda, muy intransigente con los que, como ella antes, son creyentes, a la hora de la verdad pedirá auxilio espiritual. ¿Y Niels? ¿También Niels recurrirá a Dios como hace cuando algunas de las personas que ama o ha amado están al borde de la muerte? ¡Ay, amigos! Eso es uno de los suspenses de esta novela, un verdadero acicate para proseguir en su lectura. Una lectura que a veces se hace algo dura por estar poco habituados nosotros, en estos años de lecturas en diagonal, al estilo de este escritor danés.

Sobre el estilo de Jens Peter Jacobsen diría que es muy cuidado, muy poético, quizás  demasiado descriptivo lleno de adjetivos y de un cromatismo tal que llega a ser empalagoso para nuestro gusto actual. Según lo leía me venía a la mente lo que decía Miguel de Unamuno cuando en 1902 y los años siguientes está abordando la renovación de la novela: se quejaba de que las que llegaban a sus manos estaban cargadas de larguísimas y alambicadas descripciones, y que estaban faltas de diálogos... Efectivamente, así es Niels Lyhne: de claro estilo realista-naturalista cuando muestra, por ejemplo, la enfermedad, y de un cromatismo impresionista muy pictórico en las descripciones de la naturaleza que ocupan no pocas páginas de la novela. Lo que, en mi opinión, salva todo esto es la poesía que impregna la prosa en muchos instantes. El autor, conviene saberlo, era poeta; igual que, también conviene recordarlo, era naturalista, y esto se nota en sus descripciones. Disfruta Jens Peter Jacobsen con la enumeración de elementos de la naturaleza: plantas, pájaros, piedras, etc.
«El oro y la incandescencia de la puesta de sol estaban ocultos tras los árboles del jardín, tan sólo en un punto se abría una mancha de color rojo candente entre los troncos que dejaba que un sol de rayos dorados y chispeantes despertar a las tonalidades verdes y las del reverberación bronce en el espeso follaje.
Por encima de las copas, las nubes volaban oscuras sobre un cielo del color de la jadea de grosella y, con las prisas, dejaban atrás pequeños copos de nube, pequeñas y estrechas estrías de nube desprendida que los rayos de sol saturaban de una incandescencia del color del vino.
»
(pág. 117)
No puedo resistirme a colocar otra cita textual para ejemplificar ese estilo colorista, muy pictórico, que recuerda el impresionismo:
«A través de las ramas colgantes de un anciano fresno se filtraban los rayos de sol amarillos que caían sobre la escalera formando en la fresca y diáfana sombra barrotes luminosos que colmaban el aire de un polvo dorado y dibujaban unas manchas claras sobre los peldaños de la escalera, sobre puertas y paredes; una mota de sol junto a otra que parecían resplandecer a través de una sombra agujereada y salían al encuentro de otros resplandores, otros colores: el blanco del vestido blanco de Edele, el púrpura sangriento de unos labios purpúreos y el amarillo como el ámbar de la cabellera marina. Y por doquier, otros cientos de colores: azul y dorado, pardo como el roble, resplandeciente como el cristal de un espejo, rojo y verde.» (pág. 45)
Sólo resta para finalizar esta reseña aludir al culturalismo que está presente en Niels Lyhne. Al ser los dos principales personajes, pintor uno y poeta el otro, es la pintura y la literatura los ámbitos artísticos que más protagonismo tienen en la novela. Erik, el amigo de Niels y marido de Fennimore, es pintor y al hablar el narrador omnisciente de sus gustos pictóricos dice: 
«Nada le agradaba más que Guido Remi, que en aquellos tiempos gozaba de mejor nombre que Rafael y los más grandes [...]. Andrea del Santo, Parmigianino,y Luini, que más tarde, cuando su talento y su persona se hubieran fundido, llegarían a significar tanto para él, le dejaban indiferente, mientras que la prontitud de Tintoretto, la amargura de Salvatore Rosa y de Caravaggio le entusiasmaban» (pág. 65).
Respecto a Niels, el narrador ya desde la niñez de éste habla del influjo que los libros tuvieron sobre él: 
«De la misma manera que las aguas que fluyen se tiñen con cada una de las imágenes que se acercan a su espejo [...] la historia del niño se apoderó de personajes y de sucesos, de vidas y de libros tanto como pudo. [...] Si tomabas uno, llegabas allí, y si tomabas otro, allá; llegabas a Aladino y Robinson Crusoe, a Vaulunder y Henry Maynard, a Niels Klimt y Mungo Park, a Peter Simple y Ulises. Y con sólo desearlo volvías a casa de nuevo.» (pág. 27)
También es rasgo culturalista la utilización de referentes literarios en muchas de las imágenes empleadas a lo largo de la narración. Personajes del Quijote aparecen en algunas:
«Niels acudió, el caballero andante de la amistad en persona, y le fue dispensado, tal como era de esperar, el recibimiento, entre arisco y lastimoso, que siempre les han dispensado a los caballeros andantes aquellos por los que han sacado a Rocinante del acogedor establo.» (pág. 195)
Un 'pero' final
Llego al final de esta reseña con  una pregunta en mi cabeza que se resiste a abandonarme: ¿Qué es lo que ha hecho que a veces avanzar en esta lectura, que esconde tantas cosas buenas, me haya resultado fatigoso o producido disgusto? Creo que esencialmente ello se ha debido a algunos defectos más o menos graves que he percibido en la edición de 2003 cuya traducción firma Ana Sofía Pascual. Señalo algunos de los más llamativos, pero hay bastantes más. Debo advertir que su presencia no es constante; si lo fuera, la lectura sería del todo imposible: 
  • Mala utilización de los signos de puntuación o mala traducción: «Mientras tanto, los otros dos pronto hubieron cargado las embarcaciones de pólvora, en un nido de estopa embreada.» (pág. 70) 
  • Confusiones ortográficas. Una entre varias es la que se produce en la página 93 donde aparece la conjunción consecutiva «conque», en vez de la secuencia preposición «con» más relativo o conjunción «que», que sería lo pertinente en este lugar. 
  • Falta de tildes. En la página 174 el adverbio «» aparece sin tilde con lo que todo el sentido de la frase se viene abajo.
  • Barbarismos. En pág 185 encontramos un extrañísimo verbo ajeno del todo a nuestro idioma: «su alma se hinchió en un (...)»
  • Faltas ortográficas inexcusables. En pág 187:  «aquello había injerido» (?).
  • Excesiva acumulación de signos de puntuación que hace que la lectura de  los periodos oracionales avance como a trompicones: «Fue entonces, cuando Erik y Fennimore, como ya quedó dicho, llevaban dos años casados, en un día de verano, que recibió una carta, medio lastimera, medio presuntuosa, de Erik, en la que se acusaba de haber perdido el tiempo últimamente, pero no sabía por qué, ya no tenía ideas.» (Pág 186)  

Conclusión
Literatura danesa, novela danesa del XIX
El personaje, alter ego del propio autor, es un hombre que cree ciegamente en la ciencia, en el evolucionismo, un positivista de tomo y lomo. Esto es lo que explica que la religión sea puesta en cuestión continuamente al no casar el concepto de trascendencia y la creencia en un Dios hacedor y justiciero con la práctica y videncia científicas, en especial con el darwinismo del que Jens Peter Jacobsen era seguidor absoluto.

La mujer aparece plenamente dignificada en esta novela. La mayoría de ellas son mujeres realizadas,  independientes, que en el aspecto amoroso se entregan o se retraen con bastante libertad y liberalidad teniendo en cuenta, claro, la época que les ha tocado vivir. 

Niels Lyhne fue una obra elogiadísima por los autores del nuevo e incipiente siglo XX, aquellos que renovaron la literatura. En especial, como reza la publicidad de Acantilado en la promoción de la novela, Stephen Zweig o Rainer María Rilke, quedaron prendados de la misma. 
  • «La primera vez que leí Niels Lyhne me propuse encontrar al autor y hacer lo posible para convertirme en su amigo. Es un libro inolvidable». (Rainer Maria Rilke, Carta a Rodin)
  • «Niels Lyhne fue el Werther de nuestra generación… Y cuando todavía hoy hojeo algunos de sus pasajes, podría transcribir de memoria palabra por palabra, con tanta frecuencia y con tanta pasión incorporamos entonces aquellas escenas a nuestra vida… Niels Lyhne, ese medio Werther, ese medio Hamlet, ese medio Peer Gynt rebosante de pasión y sin fuerza alguna, con una inmensa voluntad de vivir y que se ve asfixiado por sus sueños y vencido por un pesado cansancio. Ese Niels Lyhne es un hombre con todas las posibilidades, de las que sin embargo ninguna se realiza, siendo por lo mismo su vida un ala irisada en perpetua vibración, pero que nunca se precipita impetuosa sobre la realidad vital». (Stefan Zweig, El legado de Europa)
 

19 dic 2022

Películas para ver en el sofá por Navidad (A pares XXX) (continuación)

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Como lo prometido es deuda, aquí va la segunda entrega de este Películas para ver en el sofá por Navidad (A pares XXX). Seguramente alguno de vosotros se habrá percatado de que las cinco películas que iban en la entrega anterior malamente casaban, por su número, con el epígrafe 'A pares' que las acompañaba. Sí, sí, así es, pero no hay que preocuparse porque de una tacada ahora mismo remito esta segunda parte compuesta por algunos títulos más que me han agradado lo suficiente como para figurar en este post.

                    (A pares XXX, segunda 1/2)


Comienzo ya a decir algo de cada una de ellas, poca cosa porque son muchas y el tiempo poco. Lo primero será dar el nombre de sus realizadores y la plataforma televisiva por donde las he visto: Esta vez parece que Movistar + se está poniendo las pilas y está pasando por su plataforma títulos de interés. A través de ella he visto Alcarrás de Carla Simón; Ámame de Leonardo BrzezickiCortes peligrosos de Rachel Carey; Una comedia de la Stasi de Leander Haussman; Belfast que firma Kenneth Braghnan; y  Buena suerte, Leo Grande de la australiana Sophie Hyde. Sólo dos títulos de los que aparecen en el collage los vi por otra plataforma:  Blonde de Andrew Dominik que vi por Netflix; y Entre la locura y la razón del norteamericano de ascendencia iraní Farhad Safinia que pasan por Amazon



 ✔  Alcarrás (2022) de Carla Simon es la película que la Academia de Cine española ha enviado a la nominación de mejor película extranjera en los premios Oscar. Ojalá tenga suerte y Hollywood la seleccione para concurrir al premio. Tiene el aval de haber ganado el Oso de Oro en la Berlinale de este año. 

La historia que desarrolla el film es la del cambio de uso de las tierras en el mundo rural. Concretamente, las tierras que la familia de los Solé llevan cultivando desde hace más de 80 años son reclamadas por sus propietarios para instalar en ellas paneles solares. Estamos ante una historia de la España rural (Alcarrás es un pueblecito de la Cataluña profunda) situada en el momento actual, 2022. Es una historia muy de hoy: rentabilizar unas tierras que apenas dan para sobrevivir a quienes las trabajan. Aunque con diferencias y mucha distancia temporal el ruralismo de la cinta me ha hecho recordar durante su visionado a dos películas también de ambiente rural, si bien el paisaje en Alcarrás es más dulce y hermoso; me refiero a Intemperie de Benito Zambrano y Pascual Duarte de Ricardo Franco. 
Viendo Alcarrás, un canto a la tierra, en especial al trabajo tradicional de siglos desarrollado en ella por agricultores que aman su profesión, no he podido por menos que recordar el anterior filme de Carla Simón, Verano 1993 del que guardaba un recuerdo magnífico. A mí, Alcarrás me ha parecido hermosa pero lenta, demasiado identitaria y algo maniquea. Por lo demás el oficio de la directora es evidente.


 ✔  Ámame (2021) de Leonardo Brzezicki está protagonizada por el argentino Leonardo Sbaraglia. La película, que comencé a ver sin saber nada de ella, al principio me pareció circular por el predio del cine LGTBI. Sin embargo según que el metraje avanzaba el personaje de Sbaraglia iba creciendo y enviando informaciones válidas e interesantes al espectador: está separado de su mujer, tiene una hija adolescente con la que vive, frecuenta ambientes y locales homosexuales, etc. Santiago (Leonardo Sbaraglia) está bastante perdido y algo desesperado por ello. Se busca y busca un afecto seguro y verdadero al que acogerse y en el que refugiarse. La promiscuidad que busca y de la que a la vez huye es muestra de su desorientación afectiva. Interesante película. 


  Cortes peligrosos (2021) de Rachel Carey es una comedia irlandesa que a través del humor censura la vida que se desarrolla en un barrio de Dublín donde unas chicas peluqueras que quieren salir adelante concurriendo a participar en un concurso nacional de peluquería ven que sus esfuerzos e ilusiones pueden irse a pique por culpa de unos jóvenes matones que les destrozan el local al tiempo que les exigen dinero para no volver a hacerlo. Ante este comportamiento mafioso sólo cabe anticiparse a ellos y tomar decisiones drásticas. Comedia entretenida a la que no hay que buscar más mensajes ocultos que los escasos que presenta en superficie. Para pasar el rato, sin más.



  Una comedia de la Stasi (2022) de Leander Haussman es una película diferente. La historia se desarrolla en formato de comedia y una presentación expresionista, características ambas que la hacen ingresar en el terreno del absurdo. Estamos ante una película que en mi opinión pretende mostrar la irracional vida que se vivía en la Alemania de Honecker. Por el tema me ha recordado mucho a La vida de los otros del año 2006 que presentaba el descoyuntamiento mental en que se movían los propios agentes de la Stasi siempre en busca de traidores al comunismo.
En esta película Ludger (David Kross), un antiguo agente de la Stasi, con la llegada de la democracia acude a recoger el expediente personal que figuraba en los archivos de la Policía secreta; en él figuran algunos apuntes relativos a su vida sentimental que en el momento presente el personaje principal, felizmente casado, querría olvidar y desde luego no tener que explicar a su mujer. 
Película mediocre que no me llegó a interesar del todo y que desde luego no resiste la comparación con La vida de los otros de Florian Henckel.



   Belfast (2021), película que firma Kenneth Braghnan se inserta claramente en la trayectoria del cine de denuncia social practicado por el director norirlandés en la mayoría de sus cintas. En esta ocasión y en blanco y negro, el color de la memoria, el director realiza una especie de recorrido autobiográfico mostrándonos su niñez en la Belfast de los años 60 donde él creció en medio de las luchas, odios y enfrentamientos, de las dos comunidades allí existentes. Pese a ello el pequeño Buddy vive una niñez feliz al estilo de la de muchos otros niños: sus juegos, sus pillerías, sus primeros enamoramientos, la asistencia al cinematógrafo como distracción fundamental muy querida... Y mientras todo esto acontece en su vida particular el entorno (la barriada, la ciudad, el país...) se va cargando imperceptiblemente de violencia que de latente pasará a no tardar mucho a estallar de manera incontrolada. 
Muy hermoso relato, muy bien realizado, un canto a una época y a un arte: el Cine. Digna de ser vista



   Buena suerte, Leo Grande (2022) de la australiana Sophie Hyde es de todas las películas vistas en casa durante estos últimos cuatro meses del año la que vi primero. Me atrajo de ella fundamentalmente Emma Thompson, la actriz que la protagoniza y a quien admiro profundamente. De la directora del film nada sabía. 
La cinta presenta a una maestra viuda y recién jubilada que a la altura de sus años no ha vivido ninguna aventura sexual. O ahora o nunca, parece decirse a sí misma. Para lograrlo recurre a los servicios de un gigoló que se apoda en la web donde se anuncia como 'Leo Grande'. Se citan en una habitación anónima de un hotel anónimo. Ella sólo buscaba unas sesiones de buen sexo, algo que en vida de su marido jamás obtuvo de él. La gran sorpresa para la tímida, culta y en cierto sentido avergonzada Nancy Stokes es que Leo (Daryl McCormack) es un chico culto, magnífico conversador y excelente instructor sexual. Ambos se gustan y se atraen. Pero ¿logrará ella ir con él más allá de estos encuentros remunerados?

Me gustó la película, en especial la buena actuación de la pareja, auténticos sostenedores de la misma.. Hay humor por momentos en sus diálogos. Quizás al convertirse el personaje de Emma Thompson, en algún momento, en una especie de redentora del joven, el film pierde un poco debido al exceso de didactismo sobre el trabajo sexual en que ambos personajes se enfrascan. Pero no son duraderos esos momentos y en general la cinta discurre con optimismo y agrado por los vericuetos de los deseos insatisfechos, las falsas expectativas, la vergüenza y la atracción mutua. 


   Blonde (2022) de Andrew Dominik es la adaptación a la gran pantalla de la novela de mismo título de la novelista norteamericana Joyce Carol Oates. De esta escritora he leído menos libros de los que debiera, aunque los que han caído en mis manos los he disfrutado mucho. Blonde, aparecido el año 2000, era uno de los que tenía en lista de espera. Se me adelantó el australiano Andrew Dominick con su película en la que realiza una versión cinematográfica de bella factura bastante pegada a la novela de la Oates. Saber que el papel de Marilyn Monroe lo hacía con enorme acierto una bellísima Ana de Armas supuso para mí un acicate más para posponer mi deseo lector y anteponer el visionado del film.

La película utiliza el blanco y negro en combinación con el color. La española Ana de Armas se luce en su interpretación de la actriz estadounidense. tanto que su actuación suena bastante para los próximos premios Oscar. Se ha criticado por parte de muchos espectadores que la película no sea exactamente un biopic de la malograda actriz. Y es que efectivamente no lo es; lo que es Blonde es una simple adaptación de la historia literaria creada por Carol Oates quien, aunque se inspira en episodios reales de la vida de la actriz, re-imagina muchos otros lanzando hipótesis a veces muy atrevidas y hasta en ocasiones poco verosímiles. 

Los espectadores -y yo entre ellos- censuran el que el film haga hincapié sobre todo en los momentos desafortunados de la vida de la Monroe. El director se excede en mostrar maltratos físicos, abusos sexuales, y violencia psicológica; tanto se excede que la película ha recibido por parte de la industria del cine norteamericana la clasificación NC-17 (no recomendada para menores de 17), la más restrictiva de todas ellas. Afortunadamente Andrew Dominick despliega un abanico de diversas maneras de contar con lo que los espectadores vamos sobrellevando la serie de malos momentos por los que pasó la hermosa actriz. Esto es lo mejor que realiza el director, aunque en mi opinión, la excesiva duración de la cinta (2 horas y 46 minutos) haga que una historia tan sugerente sin embargo se haga tediosa y algunos -es lo que me ocurrió a mí- llegásemos a ver la película de manera interrumpida a lo largo de varios días, algo que si soy sincero creo que no debería de hacerse jamás.

Afortunadamente y para bien, Ana de Armas está para salvar el film. Es una Ana de Armas soberbia, bellísima, casi se diría que es la Marilyn Monroe rediviva. El plantel de actores que la acompañan es de alto nivel (Adrian Brody, Bobby Cannavale, Julianne Nicholson, etc.) pero quedan totalmente oscurecidos ante la fuerza con que irrumpe la actriz española de origen cubano. 



   Entre la locura y la razón (2019) del norteamericano de ascendencia iraní Farhad Safinia trata del profesor James Murray (Mel Gibson) que a mediados del siglo XIX comenzó a compilar vocablos para la primera edición del Oxford English Dictionary. Para tan ardua e inconmensurable tarea pide la colaboración de voluntarios que le hagan llegar términos con sus distintos sentidos, su etimología y cosas así. Su gran sorpresa sucede cuando recibe del orden de 10.000 vocablos que le envía un tal Dr William Chester Minor (Sean Penn) que está internado en un Hospital psiquiátrico.

La película me atrajo al principio por el asunto que tocaba. Sin embargo, según que transcurrían sus muchos minutos de metraje, se me fue haciendo algo pesada. A esto uniría el que las historias de los dos personajes principales no me parecieron muy bien trabadas la una con la otra. Hay momentos en que no se acaba de entender bien cómo la realización profesional de cada uno de ellos casa con la vida personal. Estos detalles estropean una buena idea: contar la  pasión por un idioma, por una lengua, sentida por dos hombres. Son estos dos hombres -los dos actores que los ponen en pie- quienes sostienen la película que quienes amamos las palabras logramos ver hasta el último de sus 124 minutos. Pero me embarga la duda de saber si todos los espectadores serán capaces de tal  hazaña. 



Una más para finalizar
Jack London, naturalismo,
Quisiera cerrar este 'A pares XXX' como se suele hacer en los conciertos o actuaciones musicales, o sea, con una propinilla. Quienes sigan este blog y hayan leído alguna de las recomendaciones peliculeras que a lo largo de los años he realizado, sabrán que me atraen muchísimo las adaptaciones cinematográficas de obras literarias. De manera que cuando en cualquier momento leo en la prensa o cazo por internet alguna referencia más o menos elogiosa a alguna de ellas procuro por todos los medios verla. Es lo que me ha ocurrido con esta película que firmó en 2019 el italiano Pietro Marcello

La película Martin Eden es adaptación de la novela homónima del novelista estadounidense Jack London (1876 - 1916). Es claramente una historia autobiográfica del propio autor. Sería una especie de novela de iniciación, pero circunscrita al hecho de hacerse escritor. La película de Pietro Marcello sigue de manera muy cercana la novela de London quien en la ficción se transmuta en un muchacho de pueblo que se hace marinero. En Oakland, al ser acogido por una familia burguesa, se siente atraído por la cultura que ésta tiene. Martin Eden (Luca Marinelli), que se enamora de la hija de la familia, la hermosa y culta Elena Orsini (Jessica Gressy), anhela poder acceder a la élite literaria en la que ve que se mueven los Orsini. Le pide a Elena que lo eduque y le haga apreciar la belleza del arte y de la literatura. Ella al inicio accede, aunque luego se cansa. Sin embargo Martin, de manera autodidacta, persiste en el empeño y  poco a poco logrará que algunos de sus cuentos y de sus novelas -tras muchos fracasos- sean publicados. 

Logra el éxito, pero al alcanzarlo ya no le satisface. Ve que la sociedad burguesa en la que quería integrarse sólo se mueve por el dinero y el individualismo más feroz. Reniega de ella y la ataca militando en movimientos sociales que la ponen en cuestión. Pero tampoco el socialismo consigue tranquilizarlo, pues él entiende que también éste transita por los mismos raíles que la burguesía, a la que quiere derrocar para ocupar su lugar. Su desilusión con el mundo y el amor es total. Sólo queda volver al mar. Para ello dona todos sus bienes a la clase trabajadora y desaparece.

Me gustó mucho esta película que vi en TVE2. Su estética visual es claramente vintage, con un color, vestuario y puesta en escena que recrea convincentemente los primeros años del siglo XX. Es una película claramente política que enjuicia con corrección y acierto la equidistancia y convergencia de los diversos, y en apariencia distantes, planteamientos socio-políticos. Es así una historia que hace viajar del ayer al hoy, del pasado al presente. La actuación del actor que interpreta a Martin Eden es memorable. En mi opinión y gusto, película muy recomendable.


Y ahora sí que ya nada más. Despido aquí esta entrada 'A pares XXX' que ha resultado extensa. Espero que os satisfaga y os sirva para escoger alguno de los títulos y que el mismo os agrade. De nuevo os deseo a todos los amantes del Cine unas muy, muy, Felices Navidades.




Nota
Cierro esta extensa entrada con cierta premura, pues marcho a ver As bestas de Sorogoyen a los cines Verdi (Madrid). No quiero que, como tantas veces me sucede, cuando quiera ir a verla ya no figure en cartelera. Ya os contaré qué tal. En principio voy con muchas ganas e ilusión. Adiós.






12 sept 2021

Eça de Queiroz: "El mandarín".

20 comentarios:

«En lo más remoto de la China existe un mandarín más rico que todos los reyes de que hablan las fábulas o la historia. Nada conoces de él, ni el nombre, ni el semblante, ni la seda de que se viste. Para que heredes su infinita fortuna, basta con que toques esa campanilla, puesta a tu lado sobre un libro. Él dará tan solo un suspiro en los confines de Mongolia. Será entonces un cadáver; y tú verás a tus pies más oro del que puede soñar la ambición de un avaro. Tú, que me lees y eres hombre mortal: ¿tocarás tú la campanilla?»

Creo haber dicho en más de una ocasión que algunas de las lecturas que realizo vienen en parte motivadas por mi participación en algún Reto lector propuesto por blogs amigos. Uno de mis favoritos es el de "Autores de la A a la Z" que promueve Marisa desde su blog "Lecturápolis". Apellidos de autores que comiencen por la letra 'Q' no abundan; repasando listados de autores topé con uno, el del portugués José María Eça de Queiroz, de quien hacía ya unos años que no leía nada. Miel sobre hojuelas, me dije. Así que dicho y hecho. Me puse a leer una de sus novelas menos conocidas: 


"El mandarín"

Cuando estudiaba Literatura y llegábamos al Realismo junto a los grandes novelistas rusos, franceses y españoles se deslizaba, como sin querer molestar a nadie, un portugués: Eça de Queiroz. Naturalmente, aparte de Galdós y Clarín de los españoles; Flaubert, Dostoievski y Tolstoi de los extranjeros, pocos autores más leíamos en esos años de estudio. Ni por soñación se nos ocurría leer a Eça de Queiroz; nos parecía, no sé, como algo menor, alguien insignificante al lado de los anteriores. Hubieron de pasar varios años para que ya en la madurez, sin el agobio de la obligación, leyera con mucho agrado varias novelas del escritor portugués. Pasaron por mis manos "El primo Basilio", "Los Maia", "El crimen del Padre Amaro", "El misterio de la carretera de Sintra"..., todas ellas novelas de corte realista escritas durante las décadas 70 y 80 del siglo XIX.

Literatura portuguesa, Eça de Queiroz,Realismo y Naturalismo
La novela que he leído ahora, "El mandarín" ('O Mandarim') es de 1880 y apareció publicada tras tres de las citadas en el párrafo anterior y antes de la que es tenida por su mejor obra, "Los Maia", que es del año 1888. "El mandarín" es una excepción dentro de la narrativa de Queiroz al ser una obra imaginativa, de fantasía, totalmente alejada de la literatura salida de la observación -Realismo y Naturalismo- que por esos años se estilaba. El mismísimo escritor cuando en 1884 una revista literaria francesa eligió esta novela para incluirla en su publicación como muestra de la literatura que por entonces se estaba haciendo en Portugal escribió al redactor jefe de la misma para explicar la excepcionalidad de la obra elegida dentro del Realismo, la corriente narrativa con la que el escritor portuense se identificaba.

En la novela Teodoro, un joven oficinista que vive de pensión en casa de doña Augusta, lee en un libro adquirido en una librería de viejo que en China vive un mandarín inmensamente rico; si Teodoro tocase una campanilla este mandarín moriría de inmediato y todas sus riquezas serían heredadas por él. Al poco de haber leído tal cosa el Diablo se materializa ante Teodoro y le insta a tocar la campanilla, cosa que el joven escribiente hace. No ocurre nada durante unas semanas de manera que Teodoro llega a olvidar el asunto como si de un sueño se hubiera tratado. Pero un buen día se presenta ante él un hombre que le comunica que en la banca Rothschild de Londres tiene una serie de pagarés a su nombre a cuenta de ser el único heredero de la inmensa fortuna del fallecido mandarín Ti Chin Fu. 

El joven Teodoro una vez que se hace con parte de los millones de los que es poseedor se dedica a ser un 'bon vivant': vivienda lujosa, criados, coches de caballos, amantes, restaurantes... Todo lo que en su pobreza anterior ansiaba lo hace ahora realidad. Sin embargo y de manera recurrente la imagen del mandarín se le muestra inopinadamente en su habitación, en sus sueños, en cualquier lugar haciendo que comience a pensar con gran sentimiento de culpa que su fantástica vida se debe a la pobreza en que habrán quedado sumidos los familiares del mandarín fallecido. Por esto decide viajar a China para en lo posible enmendar esta enorme injusticia. Allí en China ve que mandarines llamados Ti Chin Fu hay varios. Es difícil por no decir imposible devolver los dineros.

Teodoro tras sufrir varios robos en China y vivir la tediosa y lujosa vida de las legaciones europeas en Pekín se refugia en un monasterio desde donde escribe a sus asesores legales en China para que localicen a la viuda del mandarín fallecido por su causa y le entreguen el dinero, algo que estos no pueden realizar. Entonces decide abandonar la China, volver a Lisboa y allí retomar su vida de oficinista y realquilado. En un momento en que de nuevo la imagen de quien le entregó el dinero se le aparece Teodoro le pide encarecidamente que resucite al Mandarín, que no quiere para nada esos dineros. El sentido moral del relato se explicita en una especie de moraleja: 

«Sólo tiene buen sabor el pan que día tras día ganan nuestras manos. ¡No matéis nunca al Mandarín!».

José María Eça de Queiroz vivió de 1845 a 1900. Estudió Derecho, ejerció la abogacía y su principal dedicación aparte de la literatura fue la diplomática ejerciendo funciones consulares en La Habana, Newcastle y Bristol. Muy importantes fueron los muchos viajes que realizó que le permitieron conocer diferentes culturas. Viajó por Egipto, Europa, China, Estados Unidos, Brasil, etc. Precisamente en "El mandarín" es relevante el conocimiento que demuestra de la cultura china y de la variada geografía de este inmenso país oriental. En cuanto a la cultura, la xenofobia de los europeos hacia los chinos queda patente en el relato:
  • «¿Qué hacía allí sino exponerme, por mi riqueza, a los asaltos de un pueblo que desde hace cuarenta y cuatro siglos, piratea en los mares y asola la tierra por la rapiña?​»
  • «¡Qué largos y lúgubres me resultaron los días de navegación desde Tien-Tsin a Tung-Chu, en barcos chatos, nauseabundos por el olor de los remeros chinos!»
El escritor disfruta en esta novela del abandono de la pura realidad sumergiéndose en descripciones que evocan la sensualidad y lujo orientales que tanto gustaba al Parnasianismo francés. Conviene hacer notar que Queiroz como buen hombre ilustrado del momento era un enamorado de Francia, en especial de París, donde por esos años está abriéndose paso con éxito creciente ese movimiento literario que pretendía huir por igual del Posromanticismo cuanto del Realismo literario. 
«Los clientes, en un silencio sepulcral, leves como sombras, van examinando las preciosidades, porcelanas de la dinastía Ming, bronces, esmaltes, marfiles, sedas, armas taraceadas, los maravillosos abanicos de Swa-Ton; a veces, una bella muchacha de ojos rasgados, túnica azul y amapolas de papel en las trenzas, desdobla una pieza de raro brocado ante un obeso chino, que lo contempla religiosamente, con los dedos cruzados sobre el vientre; al fondo, el comerciante presuntuoso e inmóvil escribe con un pincel sobre largas tablillas de sándalo. Un perfume dulzón surge de las cosas, llenándolo todo de melancolía...»
Vecino a este gusto por el orientalismo e incluso inserto en él está el erotismo que en esta novela de Eça de Queiroz aparece tanto en la estadía del joven protagonista en Lisboa cuanto en su viaje por la lejana China. Nada más saberse millonario Teodoro se confiesa a sí mismo que con tal cantidad de dinero «¡Ninguna de las mujeres que veía se negaría a ofrecerme su seno desnudo a una señal de mi deseo!». Y luego ya en China, ante la hermosura de Vladimira, la generala, de la legación rusa en Pekín, que colabora con él para localizar al Mandarín, Teodoro sucumbe a sus encantos y confiesa la emoción, sensualidad y erotismo que lo embarga
«¡Qué bella estaba con sus vestidos de dama china! En sus cabellos recogidos relucían flores de melocotonero y las cejas parecían más puras y negras avivadas con la tinta de Nankín. La blusa de gasa, bordada en soutache de filigrana de oro, cubría sus senos pequeñitos y erguidos; unos amplios y flojos pantalones de foulard color muslo de ninfa, que le daban una gracia de harén, caían sobre sus finos tobillos, cubiertos por unas medias de seda amarilla; en su chinelita apenas cabían tres dedos de mi mano...»
Esta sensualidad, este erotismo subyugante, casa perfectamente con el descreimiento militante que el narrador en primera persona que es Teodoro muestra a lo largo de la novela. Desde el inicio insiste en la superchería que para él son las creencias religiosas, aunque sin embargo en algún momento de máxima dificultad o situación aparentemente irresoluble opte por volver a implorar a las deidades hace nada denunciadas por inútiles y falsas. Quizás en esta aparente contradicción lo que Queiroz quiera mostrar sea, más que irreligiosidad o ateísmo, un acendrado anticlericalismo; y encuentra en la ironía, en el  humor crítico con su patria y cultura portuguesas, la mejor manera de manifestarlo  
  • «Tenían que llegar mejores tiempos, y para adelantarlos yo hacía como portugués y como constitucional todo lo que debía: rezaba todas las noches a Nossa Senhora das Dores y compraba décimos de lotería.»
  • «Rezo, es verdad, a Nossa Senhora das Dores, porque así como solicité clemencia a mi profesor para obtener mi título, así como para conseguir mis veinte mil reis imploré la benevolencia del señor diputado, de igual modo, para librarme de la tuberculosis, de la angina de pecho, del navajazo de algún rufián, de la cáscara de naranja resbaladiza con la que se rompe uno la pierna, de otros males públicos, necesito contar con una protección sobrenatural.»
  • «Por desgracia, yo no creía en Él... Recurrí, pues, a mi antigua divinidad particular, a mi ídolo dilecto y madrina de mi familia, Nossa Senhora das Dores. Pagado magníficamente, un ejército de curas y canónigos, en las catedrales urbanas y en las capillas de las aldeas, pedía a Nossa Senhora das Dores que tendiera su mirada hacia mi mal interior...»
En esa crítica que Eça de Queiroz deja traslucir hacia su país me he sentido como español bastante identificado pues los españoles solemos pensar y obrar de idéntico modo.

Para finalizar no quisiera dejar sin destacar el fuerte culturalismo que muestra el escritor. Por doquier aparecen referencias a autores bien por su nombre como Voltaire o a través del título de alguna de sus obras como hace con el fundador del Naturalismo, Emile Zola, de quien cita sin nombrarlo a él  "L'asommoir". En otros momentos el derroche cultural que hay en esta novela de fantasía lo realiza a través de la figura retórica de la antonomasia, o sea, citando el nombre de personajes de ficción como por ejemplo el de  Trimalción de la novela "Satiricón" del romano Petronio o de personajes históricos reales como por ejemplo el emperador romano Heliogábalo para así transmitir sin citarlas una serie de cualidades o comportamientos presentes en el susodicho personaje. Evidentemente este recurso exige del lector un cierto nivel de conocimientos, algo que por los años en que se escribe "El Mandarín" reivindicaban un buen número de creadores, entre ellos naturalmente los seguidores del Parnasianismo francés.

Con lo anterior no quiero decir que Eça de Queiroz sea un autor seguidor de Gautier o de Leconte de Lisle, no, para nada. Lo que sí intento explicarme a mí mismo es cómo sería que él, que era un autor que se confesaba realista y naturalista, escribiese esta novela de fantasía condimentada con gotas de orientalismo, sensualidad y erotismo. Y la verdad es que me doy por satisfecho con mi elucubración anterior. Naturalmente lo que digo no es dogma, claro, no lo es siquiera para mí mismo; a lo más simplemente es una explicación plausible de la que partir para debatir y disentir. Porque lo claro y definitorio en la literatura general de José María Eça de Queiroz es su militancia estética en el Realismo y el Naturalismo, algo que hasta en esta excepcional novela suya también se puede ver, especialmente en su fuerte anticlericalismo y en la crítica a la injusticia que representa la desigualdad social:
«[...] como si la oración y el reino de los cielos fuesen una conquista y no aquel ficticio consuelo controlado por los poderosos, para aplacar a quienes nada poseen... Soy un burgués y sé que mi clase ofrece paraísos lejanos y deleites indescriptibles para que los pobres no reparen en las riquezas de que disfrutan y las propiedades que las sustentan.»

"El mandarín" es sobre todo una novela que persigue hacer reflexionar. Reflexión que queda encerrada en la siguiente frase dirigida directamente al lector:

«No quedaría ni un solo mandarín vivo si tú pudieses, tan fácilmente como yo, eliminarlo y heredar sus millones, ¡oh, lector!, criatura improvisada por Dios, obra mala de un mal barro, mi semejante y mi hermano!»

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Nota:
Como digo al inicio de la reseña, el autor Eça de Queiroz me sirve además para ir avanzando en la consecución del Reto 'Autores de la A a la Z' del blog Lecturápolis. Al tiempo este clásico viene a sumarse a la consecución, alcanzada ya de sobra, del Reto 'Nos gustan los clásicos' del blog Un lector indiscreto.



José María Eça de Queiroz, Portugal
Ficha técnica de "El Mandarín"


Nº de páginas: 120
Editorial: EL ACANTILADO
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788496834019
Año de edición: 2008
Plaza de edición: BARCELONA
Traductor: JAVIER COCA SENANDE, RODRÍGUEZ AGUI




4 abr 2021

"La Tribuna". Emilia Pardo Bazán

28 comentarios:

«—¿Y qué significa eso de república federal?
—Significa… ¿qué ha de significar, repelo? Lo que predicaron esos.
—Pero no me hice bien de cargo… ¿Qué más tiene eso que el gobierno que hay ahora?
—Tiene, tiene, tiene… tiene que Madrí no se nos monte encima, y que haya honradez, paz, libertá, trabajo…»

«—Es una epidemia. Almorzamos política y comemos ídem. Se va volviendo España un manicomio.»

Próximo a cumplirse el Centenario por la muerte de Dª Emilia Pardo Bazán, tenía ganas de homenajearla debidamente con la lectura de alguna de sus novelas que aún no hubiera tenido en mis manos. La ocasión me vino dada al preguntarnos en "más que palabras..." -como algunos ya sabrán la Tertulia de antiguos compañeros de trabajo que mantenemos viva y lozana once años después de haberla iniciado- por algún título con el que pudiéramos conmemorar tan señalada fecha. Yo busqué una obra de la coruñesa ilustre que no fuese demasiado extensa y cuya sinopsis despertara mi interés. Y así llegué a "La Tribuna", llegada que celebro enormemente por lo que a continuación se verá.

Pardo Bazán, Naturalismo, Novelas contemporáneas, Naturalismo y Religión
Mi primera impresión sobre esta novela de Emilia Pardo Bazán es de agrado total. Al principio creí  que me iba a desilusionar un poquito pues la encontraba algo sonsa, pesada y de estilo alambicado con descripciones muy extensas, muy barroconas. Pero según transcurrían los capítulos (XXXVIII es el epígrafe del último) y los personajes iban ganando en individualidad e identidad me fue gustando más y más. La historia que muestra no es para nada novedosa y me imagino que incluso en su momento, el año 1882, tampoco debió de sorprender mucho: chica pobre y despierta (Amparo), amiga del progreso (la República federal) que es seducida por un joven militar (Baltasar Sobrado) de clase media algo venida a menos para quien su madre (Dª Dolores) tiene ansias de lograr su enlace con Josefina García de familia de igual nivel pero que litiga por conseguir la  herencia del marido fallecido que le daría un muy buen pasar.
 
En torno a estos dos personajes -Amparo y Baltasar- giran dos mundos bien dispares mostrados  frecuentemente por la escritora con profusión sintáctica de proposiciones coordinadas distributivas a fin de marcar el contraste, la distancia de todo tipo, existente entre ambas clases sociales. La trama se sitúa  en los años anteriores y posteriores a la Revolución de la Gloriosa que culminaría en 1873 con el advenimiento de la República. En el ejemplo siguiente, Amparo, llamada Tribuna del pueblo por el patriarca -el viejo responsable que junto al presidente del Círculo Rojo presidía la mesa en el banquete que en Marineda, la ciudad ficticia donde se sitúa la acción, se da a los delegados de Cantabria llegados para firmar la Unión del Norte- contrapone en su revolucionario discurso ambas esferas: 
«¿hizo Dios dos castas de hombres, por si acaso, una de pobres y otra de ricos?, ¿hizo a unos para que se paseasen, durmiesen, anduviesen majos, y hartos, y contentos, y a otros para sudar siempre y arrimar el hombro a todas las labores, y morir como perros sin que nadie se acuerde de que vinieron al mundo? ¿Qué justicia es esta, retepelo? Unos trabajan la tierra, otros comen el trigo; unos siembran y otros recogen; tú, un suponer, plantaste la viña, pues yo vengo con mis manos lavadas y me bebo el vino…»
La esperanza que abriga ingenuamente Amparo es que la República que está al caer con su panoplia de mensajes igualitarios eche por tierra las leyes del decoro que impiden de hecho que las familias de clase distinta puedan llegar a relacionarse de manera pública y estable. No, esto no será posible -lo sabemos casi desde el inicio- pero sí será la disculpa y la venda en los ojos que el uno y la otra esgrimirán para conseguir lo que desean ambos aunque con distinto nivel de compromiso: amarse.

Anacronismos en la política española,
Muy interesante es en la novela, como digo, el marco histórico de los siete años que van en España desde uno o dos años antes de la Gloriosa en 1868 a la proclamación de la Primera República española en el año de 1873 que es cuando da fin el relato. Me parece increíble la similitud existente entre esa España de hace 150 años y la actual. Esa tendencia a derrocar la Monarquía y a instaurar una España federal que muestra la novela es idéntica a la declarada por algunos de nuestros políticos actuales: una España republicana federal. Al leer algunas páginas del libro -¡de 1882, no se olvide!- me parecía estar escuchando, 'mutatis mutandi', las filípicas de algunos.
«Queremos la república republicana, la santa república democrática federativa. Con ella Marineda será capital, y Vilamorta también, y hasta Aldeaparda será capital hecha y derecha. Sólo Madrí, que a ese se le acaba la ganga, ya no nos chupará la sustancia; se va a hacer una cosa magnífica, que se llama descentralizar»

Otro tanto cabría decirse del contradictorio discurso sobre la estructura del país que muchos dirigentes arman en función de con quién, las circunstancias  o el lugar donde se hallen en ese momento. Véase si no el diálogo que mantiene Baltasar con su amigo Borrén:

«—Aquí se incuba algo, hombre —exclamó Borrén inclinándose hacia su amigo.
—¡Claro que se incuba! ¡El desbarajuste universal… y el picadillo que van a hacer de España esos señores!
—Hombre, dice que no… Dice que lo que desean es confederarnos, para que estemos más uniditos que antes… ¿no ve usted que esto se llama la Unión?
—¡Sí, sí, corte usted un dedo y péguelo después con saliva!
—A bien que una nación no es ninguna naranja para hacerse cuarterones tan fácilmente…
»
Y también pareciera que la historia vuelve a repetirse cuando en pleno proceso revolucionario las gentes vuelven, paradójicamente sus ojos a aquella religiosidad contra la que precisamente se levantaban: «es lo curioso que a medida que la revolución se desencadenaba y el republicanismo de la Fábrica crecía, aumentáronse también las prácticas religiosas». 


El Naturalismo 
La novela es una plasmación del estilo naturalista español del que la Pardo Bazán fue en España inspiradora y principal guía. Al acabar de leerla y recordando la lectura que hace ya muchos años hiciera de "Los Pazos de Ulloa" y de "Madre Naturaleza" logro entender perfectamente las palabras algo despectivas que le dirigiera Emile Zola al enterarse de que ella era la representante del movimiento literario acaudillado por él. Al respecto la mismísima Emilia Pardo Bazán que en 1882 publicó "La cuestión palpitante" dijo de estas opiniones zolescas los siguiente: "Zola -más perspicaz que la inmensa mayoría de mis compatriotas, que no se hartan de llamarme sectaria naturalista- ve en mí a un disidente o heterodoxo, y se da cuenta exacta del abismo que media entre mis ideas filosóficas y religiosas y las suyas, aunque no se detenga (ni era cosa de que se detuviese) a explicarse mi fórmula, que considero más ancha y larga, y por lo tanto más humana, que la suya

Es en los años ochenta del siglo XIX cuando se produce en España la plenitud de la estética naturalista  (La desheredada, El doctor Centeno y Lo prohibido de Galdós, La Regenta de Leopoldo Alas, Los pazos de Ulloa y La madre Naturaleza de Pardo Bazán y Sotileza de José María de Pereda, entre otros textos), por esta razón a esos autores se les conoce como Generación de 1880 y, por eso, en esa década se producen fuertes debates terminológicos y estéticos en obras, críticas, reseñas o artículos de prensa. Pardo Bazán a propósito de la confusión terminológica y la consecuente caracterización de su propio quehacer literario declararía: “no soy idealista, ni realista, ni naturalista, sino ecléctica”. 

La propuesta naturalista de Pardo Bazán no pasaba por la asunción de los ideales de Zola sin más, ella propugnaba un naturalismo sui generis, adaptado a la tradición española, en el que la religión siguiera funcionando en las obras producidas. Galdós se situó, por su parte, en la órbita de Pardo Bazán. Es este mantenimiento de la religión dentro de la ‘nueva escuela’ contra lo que lanzaba sus anatemas el fundador de la escuela cuando en una entrevista declaró que le causaba "extrañeza que la Sra. Pardo Bazán sea católica ferviente, militante, y a la vez naturalista; me lo explico tan solo por lo que oigo decir de que el naturalismo de esta señora es puramente formal".

Benito Pérez Galdós, José María de Pereda, Emilio Zola
De muchísimo interés es el prólogo que precede a la novela firmado por la propia autora. Allí señala su distanciamiento literario del idealismo estético de autores como Antonio Trueba o la Fernán Caballero situándose en la línea seguida por otros como Pérez Galdós o José María de Pereda. Lo de Pereda me resulta algo chocante, pero así lo manifiesta ella: «la flaca decaída condición del hombre, pintémosle, si podemos, tal cual es, huyendo del patriarcalismo de Trueba como del socialismo humanitario de Sue, y del método de cuantos, trocando los frenos, atribuyen a Calibán las seductoras gracias de Ariel. [...] los maestros Galdós y Pereda abrieron camino a la licencia que me tomo de hacer hablar a mis personajes como realmente se habla en la región de donde los saqué

Creo que con la cita anterior ya se entiende debidamente la extrañeza de Emilio Zola y su irrefutable afirmación de que el naturalismo de nuestra gallega universal "es puramente formal". Sí, efectivamente, así lo creo yo. En "La Tribuna" hay naturalismo suave, un naturalismo circunscrito a lo formal y que en el contenido simplemente incide en la injusticia social representada en el abismo existente entre clases sociales acomodadas (Baltasar y su familia o Josefina y la suya) y clases humildes que son las que aquí tienen más representación pues además de Amparo, mujer valiente y reivindicativa que enarbola en la Fábrica de Tabacos de Marineda, ciudad donde vive, la bandera de la lucha por la justicia e igualdad de las trabajadoras, tenemos a toda una galería de personajes populares muy en línea con lo que en el fondo la novela es: un cuadro de costumbres. 

Los personajes
En el universo de los pobres encontramos a Rosendo, el barquillero, padre de Amparo; a la madre de ésta, antigua trabajadora en la Fábrica, hoy tullida y enferma en cama; a las compañeras de la Fábrica: la huérfana Guardiana y Ana, la Comadreja; a amigas de Amparo en el barrio como Carmela, la encajera; a Chinto, enamorado sinceramente de Amparo y despreciado injustamente por ella, que es un joven humilde y trabajador que tomará el relevo como barquillero de Rosendo cuando éste ya no pueda por edad con el oficio.

Por su parte en el otro lado, en el ala de los acomodados, tenemos a los Sobrado (Baltasar; Lola, la hermana mayor de éste; Clara, segunda hermana de Baltasar; Dª Dolores, la madre, siempre vigilante); a los García (Josefina, la futura de Baltasar; su hermana menor, Nisita; la viuda de García, la madre); a los amigos militares de Baltasar: aquí el principal es Borrén, personaje de sexualidad ambigua que gusta a las mujeres porque pese a sus baladronadas respecto a ellas es completamente inofensivo pues no se le conoce affaire femenino alguno.

Son todos ellos personajes bien delineados, bien conformados. Para mí este es uno de los valores de la novela.

El naturalismo de "La Tribuna"
Sin lugar a dudas la corriente literaria inaugurada por Zola se reconoce en la novela de la Pardo Bazán fundamentalmente en una serie de características:
  • La principal quizás sea la reproducción del 'habla' tal cual. La mismísima autora se pone la venda antes de la herida al justificar en el prólogo su utilización arropándose en que así lo han hecho «Pérez Galdós, admitiendo en su Desheredada el lenguaje de los barrios bajos» y también «Pereda, sentenciando a muerte a las zagalejas de porcelana y a los pastorcillos de égloga»
  • Afán por reproducir con precisión la realidad. De aquí las descripciones en las que la novelista busca la exactitud; para ello echa mano del clasicismo cervantino y de los retratos que realizó Quevedo en su tiempo: «Físicamente tenía Baltasar mediana estatura, la tez fina y blanca, y de un rubio apagado el ralo cabello; pero la parte inferior de su fisonomía era corta y poco noble; la barbilla chica y sin energía, la boca delgada de labios, como la de doña Dolores.»
  • La importancia de la herencia genética en la determinación de la ventura social: «Observándose, no obstante, en tan gallardo ejemplar femenino rasgos reveladores de su extracción: la frente era corta, un tanto arremangada la nariz, largos los colmillos, el cabello recio al tacto, la mirada directa, los tobillos y muñecas no muy delicados
  • Las penosas condiciones laborales: «como sus pulmones estaban educados en la gimnasia del aire libre, se deja entender la opresión que experimentarían en los primeros tiempos de cautiverio en los talleres, donde la atmósfera estaba saturada del olor ingrato y herbáceo del Virginia humedecido y de la hoja medio verde, mezclado con las emanaciones de tanto cuerpo humano y con el fétido vaho de las letrinas próximas.»
  • La enfermedad: «Guardiana era huérfana; su padre y madre murieron del pecho, con diferencia de días, quedando a cargo de una muchacha de dos lustros de edad, cuatro hermanitos, todos marcados con la mano de hierro de la enfermedad hereditaria: epiléptico el uno, escrofulosos y raquíticos dos, y la última, niña de tres años, sordomuda.»
  • Abuso sobre los débiles, en especial sobre las mujeres por parte de los hombres. Unos abusos que podían ser en forma de palizas («Pero algunas cigarreras, mejor informadas, se echaron a reír: ¿dolor de muelas?, ¡ya baja! Era que su marido la solfeaba todas las noches, y ella, por tapar los tolondrones y cardenales, se empañicaba así; también una vez se presentó arrastrando la pierna derecha y diciendo que tenía reúma, y la reúma era un lapo atroz sacudido por él») o simplemente la habitual opresión que ellas sentían por el mero hecho de haber nacido mujeres («No cohibidas por la presencia del hombre, gozaban cuatro mil mujeres aquel breve rayo de luz, aquel minuto de júbilo expansivo colocado entre dos eternidades de monótona labor.»). Por esto, no tiene nada de extraño que la autora gallega sea tenida por precursora del feminismo.
Como se ve, salvo el ateísmo y la crítica a la religión consustanciales al Naturalismo zolesco, las características del 'nuevo estilo' están presentes en Pardo Bazán. Quizás, como suele hacerse también hoy día para no perder parroquia, la gallega tirase de religiosidad para no asustar demasiado a la España pacata del momento.
"La Tribuna", Emilia Pardo Bazán, Naturalismo, Generación de 1880

Para finalizar
Concluyo esta reseña señalando uno de los aspectos que más han llamado mi atención durante la lectura de "La Tribuna". Me refiero al magnífico manejo del vocabulario, a la precisión terminológica, a la riqueza léxica contenida en este relato. Son palabras comunes en el momento pero que hoy se nos escapan por el empobrecimiento que en este y en otros aspectos culturales hemos sufrido -y estamos sufriendo- de continuo. No sé si esto será consecuencia de la democratización de la Cultura en la que, por lógica, la mayoría manda. Pero bueno, dejemos estos lamentos y vayamos a Dª Emilia de nuevo, a disfrutar con su lexicón maravilloso:

Pasagonzalo: Golpe dado en las narices al paso; Espelunca: Cueva; Tagarnina: Cigarro puro malo; Amolador: Afilador; Espolique: Mozo que camina delante de la caballería que lleva a su amo; Escarpidor: Peine de púas largas y algo separadas que sirve para desenredar el cabello; Lendrera: Peine de púas finas y largas que sirve para limpiar la cabeza;   eloquio: Habla; tuina: Especie de chaquetón largo y holgado; bocoyes: Barril grande para envases;  estribaban: Descansaban; repulgos: Recelos;  moharracho: Persona de ningún valer y mérito. Mamarracho; y así otros más.

Una lengua, un habla, sólo existe si la portan sus usuarios, o sea, los hablantes. Cuando estos desaparecen, esa manera de hablar periclita. Cuando desaparece el modo de vida que la albergaba, todo cambia: sociedad, lengua y hablantes. Eso es lo que, leída hoy, se percibe en esta novela, que no sólo han desaparecido las palabras sino también ese estilo de vida, esas gentes que vivían en comunidad amistosa, que se ayudaban los unos a los otros.
Reinaba en el barrio cierta confianza, una especie de comadrazgo perpetuo, un comunismo amigable: de casa a casa se pedían prestados, no solamente enseres y utensilios, sino «una sed» de agua, «una nuez» de manteca, «un chisquito» de aceite, «una lágrima» de leche, «un nadita» de petróleo. Avisábanse mutuamente las madres cuando un niño se escapaba, se descalabraba o hacía cualquier diablura análoga; y como el derecho de azotar era recíproco, las infelices criaturas venían a estar en potencia propincua de ser vapuleadas por el barrio entero.
Quizás por esto, me parezca todo un anacronismo que en las televisiones, radios, prensa y redes sociales perviva hoy en el caso concreto del debate político un léxico, una terminología decimonónica que parece sacada de esta novela. Y más terrible aún, que la ciudadanía -en la que me incluyo- asistamos impávidos al espectáculo.
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Nota: Esta novela me sirve para seguir engrosando el lote de títulos de libros clásicos y poder cumplir con el Reto "Nos gustan los clásicos" del blog Un lector indiscreto. También es un título más para ir cumpliendo el "Reto 25 españoles" del blog Libros que hay que leer.

24 sept 2020

Thomas Hardy. "Jude el oscuro"

23 comentarios:

• “ Sus vidas se habían arruinado; y se habían arruinado por el error fundamental de haberse unido en matrimonio, por haber basado un contrato permanente en un sentimiento pasajero”
• “¡Debería estar permitido deshacer lo que se ha hecho por pura ignorancia! Seguro que esto le pasa a un montón de mujeres; solo que se someten, y yo me revuelvo…”
• “ Y salieron los dos, el hombre barrigón y la mujer exuberante, con el humor contrariado y regañón que suelen tener la mayoría de los matrimonios de la cristiandad. ”

Llevaba tiempo (años) con ganas de leer esta novela. Por fin lo he hecho. Como todo lo que se desea mucho tiempo, cuando al fin se alcanza frecuentemente no llena del todo nuestras expectativas. Algo así es lo que yo en principio he sentido. Pero como sabía que se trataba de una obra que exigía pausa al leerla y reflexión tras acabarla, al culminarla la he dejado reposar un tiempo para que sus virtudes se decantasen debidamente. Así lo he hecho y ya con cierta distancia he visto sus muchos méritos, si bien algunos desde nuestro presente se me antojan algo anacrónicos. 

De Thomas Hardy leí a principios del verano de 2019 "Una mujer soñadora" y "El brazo marchito", dos relatos góticos del escritor inglés nacido en Dorset en 1840 y fallecido en Max Gate en 1928 [tengo reseña hecha sobre ambos cuentos en este blog]. Llegué a ellos por puro azar y me quedé prendado de la literatura de Hardy, tanto que me prometí a mí mismo leer alguna de sus obras largas. Por fin he hecho realidad mi deseo. Dudé entre dos de sus títulos más celebrados: "Tess la de los d'Uberville" que conocía por la película de Polansky y la que tengo en mis manos. Me incliné por ésta, su última novela: "Jude el oscuro" por las muy buenas opiniones que sobre ella había leído en blogs amigos. En su tiempo fue tal el escándalo que esta obra produjo que el escritor,  harto de luchar contra quienes lo atacaban tildándolo de amoral, descreído, corruptor, etc., a partir de ella dejó la narrativa refugiándose en la poesía lírica.

La novela presenta las aspiraciones intelectuales y la vida sentimental de Jude Fawley, joven trabajador picapedrero que disfruta con el estudio y que desearía conseguir una beca para estudiar en uno de los Colleges de la ciudad de Christminster (nombre literario que Hardy da en todas sus obras a la ciudad de Oxford). Para él esta ciudad, desde que su antiguo maestro de escuela Phillotson abandonase Marygreen la localidad donde vive Jude, es su meta añorada. En su marcha Phillotson le promete enviarle libros para que pueda saciar su curiosidad intelectual.

Pasa el tiempo y los deseos de Jude se le irán marchitando, agostándose poco a poco por unas cosas u otras, cual si una fuerza superior, un determinismo insuperable, impidiese que el mundo y la organización social establecida se trastocasen. A este determinismo contribuye y no poco los impulsos naturales que en el caso del joven Jude harán que se despierte en él, como no podía ser de otra manera, el deseo sexual. Para satisfacerlo pone su mirada en una joven, Arabella Donn, quien se las ingeniará para que el joven e ingenuo trabajador, ahora  convertido en un cantero y escultor apreciado por los constructores, se case con ella. 

Con el matrimonio de Jude con Arabella se inicia la decadencia y la paulatina evaporización de sus sueños. Es un matrimonio fracasado en el que el distanciamiento físico y geográfico que muy pronto mantendrán los cónyuges, dará ocasión en Jude a fijar sus ojos en un tipo de mujer muy diferente a la muy vulgar y grosera Arabella. Este nuevo ser culto, elevado, casi espiritual es Sue Bridehead, prima suya, de la que la común tía Drusilla le aconseja alejarse pues no traerá a su vida más que complicaciones habida cuenta de que la propia Drusilla decía que no servíamos para el matrimonio -le comenta Jude a Sue- pues éste no había traído más que desgracias a la familia. Sin embargo, y como no podía ser de otro modo, estos dos jóvenes se comienzan a ver y a frecuentarse en una dialéctica compleja entre el amor que él siente por ella y la escueta amistad en pie de igualdad que ella anhela consolidar. Mantener una relación con objetivos tan dispares no es fácil y a lo largo de toda la novela se ve cómo reiteradamente hay un tira y afloja lleno de enfados y reconciliaciones entre ambos que por momentos los llevan tanto a declarar finalizada la relación como al poco recuperarla embargados los dos de fe y esperanza en el futuro.

La novela es extensa, más de 500 páginas, y en mi opinión le sobran un par de cientos. Sin embargo entiendo perfectamente la extensión aunque la misma haga caer el relato con cierta frecuencia en la reiteración de situaciones (te quiero/no te quiero; te abandono/no puedo abandonarte; etc.) dado que la narración fue ofrecida a los lectores por entregas periódicas en prensa. Cuando un relato folletinesco tenía éxito como fue el caso, el autor y el periódico o la revista donde salía, se esforzaban por que el mismo durase lo máximo posible. En el caso de "Jude el oscuro" su éxito vino dado sobre todo por el escándalo que la historia ofrecida representaba para los lectores de la época, finales del siglo XIX.

¿Por qué escandalizó tanto esta historia a la sociedad de los países europeos donde se publicó?
Antes de la novela propiamente dicha aparece un Prefacio que el autor incluyó en la primera edición de 1895; este Prefacio fue ampliado con una 'Posdata' escrita dieciséis o diecisiete años después, o sea, en 1912, en la que da cuenta del escándalo que su obra ha desatado allí donde ha sido publicada. Así mientras que en el escrito de 1895 el escritor decía sosegadamente:
 "se trata de una novela dirigida por un hombre a hombres y mujeres adultos; que intenta abordar sin afectaciones la irritación y el apasionamiento, el ridículo y la desdicha, que puede despertar la pasión más violenta que pueda sufrir la humanidad; que quiere delatar sin eufemismos la guerra a muerte que hay entablada entre la carne y el espíritu; y que trata de hacer ver la tragedia que suponen las aspiraciones frustradas, no considero que se pueda reprochar nada a mi manera de exponerlo.", 
en la posdata de 1912 se percibe ya a un novelista en guardia que se defiende de los ataques recibidos: 
"desde 1895 se me viene acusando en este país de la grave responsabilidad de que el tema del matrimonio esté tan «sobado» (como lo calificó el otro día un gran escritor). No lo sé. Mi opinión en aquel entonces era, si mal no recuerdo, como ahora, que un matrimonio debería poder disolverse tan pronto como se convierta en una crueldad para cualquiera de las partes —pues entonces, esencial y moralmente, deja de ser matrimonio—".
Se observa, pues, que el asunto que removió las bases de la sociedad burguesa europea del momento fue el hecho de poner en cuestión el matrimonio legal. Y más cuando quien es renuente a contraerlo no es el hombre sino la mujer, algo insólito en esos tiempos dado que la finalidad vital de ellas era encontrar un buen partido para casarse y tener hijos y un hogar donde educarlos. Es el caso en cierto modo de la primera mujer, Arabella. Sin embargo Sue desea ser independiente: "después de todo, estoy contenta de haber venido a esta Escuela de Magisterio. ¡Imagina lo independiente que seré cuando termine los dos años de estudios! Sacaré buenas notas, espero, y el señor Phillotson empleará su influencia para que me den una buena escuela."

La actitud y comportamiento de Sue contrasta vivamente en principio con Jude, un hombre educado en los principios de la iglesia y que en su condición de varón no entiende, al comienzo de la relación, a su amada. Sin embargo las ideas modernas de ella le ayudarán muchísimo para superar los batacazos que se llevará cuando no sea aceptado en Christminster algo que él ansiaba tanto. Ya el mismo Jude cuando llega a Christminster en busca de su maestro Phillotson y de su prima parece intuir lo que le pueda suceder y decide buscar trabajo manual sin que se le caigan los anillos por ello pues, piensa, que "ese taller de picapedrero, era un centro de esfuerzo tan meritorio como el que se honraba con el nombre de investigación científica en el más noble de los colegios." El choque entre el mundo de los trabajadores manuales y el de los intelectuales, uno de los asuntos que se tratan en esta novela, se ve aquí claramente planteado.

Los personajes protagonistas son sin duda Jude y Sue, dos seres raros, peculiares para quienes están a su alrededor, dos seres... 'oscuros'. Mientras leía la novela no podía sustraerme a la pregunta de por qué Thomas Hardy habría dado ese título a la novela. Él mismo en el prefacio dice que dudó entre varias denominaciones eligiendo esta última. En la novela hay un momento en que el propio Jude le dice a Sue que un problema que tenían él y Arabella, su primera mujer, se resolvió satisfactoriamente por ser unas personas oscuras [...] De haber sido personajes importantes, habríamos tenido un sinfín de dificultades y habrían pasado días y días en investigaciones". O sea que estamos ante seres vulgares, cotidianos, que no destacan y que, quizás, por ello pueden hacer valer sus ideas y comportamientos dado que nadie se fija en ellos. ¿Nadie? No sé, quizás en el caso de Jude sea verdad lo que digo pero en el de Sue dada su belleza, su inteligencia y aparente solidez de ideas, moverse en la oscuridad no le es tan fácil. Y es que, y aquí surge uno de los asuntos más importantes de este relato, ella es mujer.

Junto al cuestionamiento del matrimonio sin amor y sólo como solución legal al impulso natural del sexo (La gente sigue casándose porque no puede resistirse a las fuerzas naturales, aunque muchos se dan cuenta perfectamente de que tal vez están comprando el placer de un mes con la desdicha de toda una vida, le dice Jude a Sue en una ocasión), Hardy presenta como bien reconoce en el Prefacio una mujer distinta, una mujer moderna
"Después de la aparición de Jude el oscuro en forma de serial en Alemania, un experimentado periodista de este país informó al escritor que Sue Bridehead, la heroína, era el primer bosquejo literario de un tipo de mujer que se estaba haciendo notar y que aumentaba por miles cada año: la mujer del movimiento feminista, la delgada y pálida mujer «soltera», el manojo de nervios intelectualizado y emancipado, producto de las condiciones modernas de vida, principalmente en las ciudades, la cual no reconoce para la mayoría de su sexo la necesidad de seguir el matrimonio como una profesión, y alardea de superioridad porque goza del privilegio de ser amada en el acto."

 Estamos ante una novela que en este aspecto se adelantó mucho a su tiempo (Nuestras ideas iban cincuenta años por delante de nuestra época y no podían servirnos de nada.), que fue precursora de un feminismo profundo que hasta no hace nada era ignorado y despreciado en una mayoría de países y por supuesto en el nuestro.

Lo interesante de este relato es ver cómo estos dos protagonistas se influyen mutuamente, cómo evolucionan tomando o dejando unas ideas u otras, y cómo al fin y a la postre la máquina social institucional se va a apoderar de ellos, los va a engullir con sus poderosas fauces subsumiéndolos en el desánimo total, en un pesimismo schopenhaueriano que está presente en todo el relato. La evidente presencia del pensamiento de Schopenhauer me ha llevado a recordar obras que por esas fechas se publican en España y que también tratan de esa derrota de la voluntad y del deseo de alcanzar una 'ataraxia' que los libere de las pasiones y por ende de sus remedos legales. Me refiero especialmente a "El árbol de la ciencia" de Pío Baroja aparecida en 1911 y también a "La voluntad" de Azorín de 1902. Estas dos narraciones noventaiochistas tienen a su favor un menor número de páginas y coinciden con la de Thomas Hardy en presentar de manera narrativa la defensa de unas ideas en una especie de debate entre los personajes. Estamos en los tres casos dentro de una tendencia novelística de gran importancia en la época que fue la Novela de tesis.

 En "Jude el oscuro" la derrota de la voluntad es más estrepitosa en el caso de la mujer a la que pese a presentarla en general con rasgos de fortaleza poco a poco la presión social sufrida sobre Sue, sobre Arabella, sobre la tía Drusilla, sobre la viuda Adlin... hace que unas por convencimiento total del papel que la mujer tiene en en la sociedad (Arabella o la viuda Adlin; esta última en un momento de la historia le dice a Phillotson sobre su mujer: "¡Yo que usted la habría amarrado bien! ¡No habrían tardado en írseles las ganas de patalear! No hay nada como encerrarnos y tener un cómitre de marido para domesticarnos.") y otras que como Sue por acomodación irán evolucionando y aceptando esas frases que emanan de boca de los hombres, incluso de la de Jude el ser más feminista de todos los que aquí aparecen. El vicario Phillotson que conoce en el relato una evolución magnífica y se muestra respetuoso ante la voluntad de Sue sin embargo en un momento dado se culpa de la permisividad que ha tenido con su mujer achacando su comportamiento al pernicioso influjo que emana de ellas

"He desobedecido las enseñanzas de la Iglesia; pero fue sin premeditación alguna. Las mujeres son tan extrañas con sus influjos que te llevan a tergiversar tu buena voluntad."

Herbert Spencer, Charles Darwin, Arnold Schopenhauer
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Frases como la anterior que le dice Phillotson a su amigo Gillingham al que confiesa los quebraderos de cabeza a que lo tiene sometido su mujer son muestra perfecta del pensamiento machista y reaccionario imperante en la sociedad inglesa de finales del siglo XIX. Que un autor se atreviese a novelar sobre él y además a sostener unas ideas contrarias al sentir social mayoritario era difícil. Thomas Hardy lo hace y para este combate desigual se arma con ideas emanadas del positivismo liberal de Herbert Spencer, el naturalismo evolutivo de Charles Darwin y el pesimismo antropológico de Arnold Schopenhauer

Para entender debidamente esta novela no se puede obviar el tipo de sociedad cerrada, muy influida por la Religión, en la que los clérigos tienen un poder enorme. Ellos son los predicadores en los púlpitos de las iglesias y los maestros en las cátedras de los Colleges y escuelas. También hay que tener muy presente dónde sucede la acción, en Inglaterra, concretamente en Oxford (denominada simbólicamente en el relato como Christminster) donde el mundo académico en manos de distintas voces pertenecientes a diversas corrientes teológicas están en lucha. Frente al evangelismo propio de los anglicanos se va abriendo paso la corriente de los tractaristas cuyas reflexiones tanta admiración despiertan en Jude (Para descansar de la Patrística y de obras como las de Paley y Butler, se puso a leer a Newman, Pusey y otras muchas eminencias modernas.). Personalmente muchas de las páginas dedicadas a estos debates teológicos y filosóficos se me han hecho algo pesadas, aunque entiendo que en su momento con ese tipo de sociedad tan cerrada debían de ser más o menos pertinentes.

Hasta aquí he comentado algunos aspectos de personajes individuales plenamente caracterizados y que conocen en el discurrir del relato una evolución plausible y verosímil. Junto a ellos cabe referirse a una serie de personajes colectivos que sirven den trasfondo a los protagonistas y secundarios principales. Me refiero al grupo de estudiantes y profesores de Christminster caracterizado por su elitismo de extracción social y por el trato discriminatorio que practican con aquellos que no sean como ellos. En sentido radicalmente opuesto al de los estudiosos hombres de negro de los Colleges está el grupo de los trabajadores manuales que se reúnen en la taberna a la salida del trabajo y que en la vida aspirarán a codearse con los anteriores. Dentro de este grupo destaca Taylor el calderero. Jude representa el anhelado punto de inflexión que no pocos pensadores del momento como Spencer consideraban ideal y que consistía en que el mérito primase sobre la extracción social. Así lo ve la inteligente Sue que hablando con Jude sobre la ciudad universitaria tras haber sido rechazado éste dice: 

"Es un lugar de ignorantes, quitando a la gente del pueblo, artesanos, borrachos y pordioseros —dijo ella con perversidad, viendo que él no era de su parecer—. Esos ven la vida tal como es, por supuesto; en cambio en los colegios son muy pocos los que la ven así. Lo puedes comprobar en ti mismo. Tú eres uno de esos hombres para quienes estaba realmente destinada Christminster, el estudio, pero sin dinero, ni oportunidades, ni amigos. Y os han echado a la calle los hijos de los millonarios."

Como se observa es un 'speech' de lo más marxista, una reflexión que aún hoy día entre nosotros suena de lo más avanzada. Quizás Hardy sea poco objetivo al colocar a todo un colectivo del lado de los auténticos sabios (la gente del pueblo) y a los otros (los de los Colleges) se mueven en la ignorancia porque no saben ver la vida tal como es. Pero es comprensible pues el maniqueísmo casa muy bien con el folletín y esta novela lo es.

También, claro,  ya lo he insinuado antes, encontramos en la novela el mundo de los hombres versus el de las mujeres. Sobre el tratamiento dado a estos colectivos y a los asuntos en los que participan diría que las mujeres salen peor tratadas que los hombres, destacando un machismo muy propio del momento de escritura. Thomas Hardy conscientemente pone en boca de unos y otros la idea de que  ellas son veleidosas, inconstantes, caprichosas, que sólo se mueven normalmente por interés... Pero lo hace en sentido irónico, pues él es un claro defensor de esa nueva mujer que se está prefigurando en esos momentos y que plasma en Sue, mujer espiritual, culta, sincera, aticista (casi casi prerrafaelita podría decirse) frente al común de 'ellas' representadas en Arabella, mujer materialista, corporal, movida siempre por interés dinerario y placentero que busca la seguridad en el matrimonio y que no duda en engañar al candidato con cualquier ardid.

Además de los temas -muchos, quizá hasta excesivos- que aparecen hay en esta novela muchísima literatura en forma sobre todo de citaciones y alusiones a diversos autores desde los más antiguos como el Antiguo Testamento, Homero y los latinos Tucidides o Hesíodo que Jude se esfuerza en traducir hasta otros más cercanos al momento de escritura como el lingüista Jacob Grimm, el poeta Shelley, el novelista Sterne... o ya algo más lejanos el historiador Edward Gibbon, Shakespeare o el mismísimo Cervantes citado a través de su obra insigne, El Quijote. Como casi siempre, es ella, Sue, la que haciendo uso de su inmenso conocimiento argumenta ante Jude utilizando referentes literarios: "Eres un José soñador de sueños, Jude. Y un don Quijote trágico. Y a veces hasta un san Esteban, que mientras lo lapidaban veía cómo se abrían los Cielos. ¡Mi pobre amigo y camarada, cuánto te queda todavía por sufrir!"

Una literatura que no sólo aparece en citas y alusiones sino que presenta situaciones análogas a obras reconocidas. Tal me ha parecido ver en esos azotes que se lleva Jude al inicio del relato igual que en El Quijote se los llevara Andresillo. En "Jude el oscuro" el pobre muchacho que era por entonces Jude se ve castigado por no cumplir bien su trabajo de espantar pájaros del almiar que debía vigilar. 

—¡No me pegue, por favor…, no me pegue! —gritaba el volteado muchacho, tan desamparado bajo la centrífuga tendencia de su persona como un pez en el aire atrapado en el extremo de un sedal; mientras, veía desfilar la colina, el almiar, la plantación, el camino y los grajos, girando todo a su alrededor en asombrosa carrera circular—

De igual guisa, la visión de la auténtica Arabella por Jude me ha hecho rememorar la de la auténtica Dulcinea por don Quijote:

Al traspasar la verja se encontró con que tres cerdos flacos y jóvenes se habían escapado de la pocilga saltando nada menos que por encima del cercado, y que estaba luchando ella sola con los bichos para hacerlos entrar por la puerta que había dejado abierta.

Pero no sólo es Cervantes y su Quijote también los cuentos populares y el folklore que los anima y alimenta he querido verlo en el personaje del doctor Vilbert que cual el Sombrero Loco de "Alicia en el país de las maravillas" se cita con Jude manteniendo imperturbable sus hábitos:

"—¿Dónde le podré ver con las gramáticas?
—Pasaré por aquí de hoy en quince días, a esta misma hora, o sea, a las siete y veinticinco. Mis movimientos están cronometrados con la misma precisión que los planetas en sus órbitas.
"

El folklore me ha parecido verlo en alusiones a personajes populares ingleses como la imagen en la que el narrador al ver a Jude camino de Christminster con gran determinación dice que era una especie de Dick Wittington, leyenda del folklore inglés construida a partir del personaje real de sir Richard Whittington (1354-1423) que se hizo rico por vender su gato durante una temporada de invasión de ratas.

En cuanto a su estructura la novela está  organizada en seis grandes apartados formado cada uno de ellos por capítulos en cantidad variable. Cada parte lleva por título el lugar donde la acción tiene lugar: I. En Marygreen; II. En Christminster; III. En Melchester; IV. En Shaston; V. En Aldbrickham y otros lugares; y VI. En Christminster otra vez.

La novela como es natural está contada por un narrador externo omnisciente en 3ºpersona que domina a lo largo de toda la línea temporal que dura el relato cuanto ha pasado, pasa y pasará incluso los pensamientos y sentimientos más íntimos de los personajes. Pero ya es un narrador que da cuartelillo a los personajes y que en ciertos momentos se adelgaza en un intento de quasi desaparecer (Debieron de poner los dos cara de estupor, porque dijo con voz hueca [...]). Tan sólo recuerdo una ocasión en la que este narrador cambia a la 2ª persona (Se daba cuenta de que, a medida que te haces mayor, y sientes que te hallas en el centro de tu existencia y no en un punto de su circunferencia como cuando eras pequeño, te da una especie de escalofrío. y Andando de un lado a otro como voy, y mezclándote con gentes de todas clases, acabas enterándote de montones de cosas.). En esta ocasión esa 2ª persona en mi opinión es la voz del propio autor que de esta manera viene a identificarse, a subsumirse, con el personaje de Jude, auténtico otro yo suyo con el que guarda más de una relación autobiográfica. En el fondo, pues, no es más que otra manifestación de la omnisciencia que existe en la novela..

Finalizaría este extenso comentario sobre "Jude el oscuro" aludiendo a que este autor que interviene en la narración confundiéndose con el personaje y con el propio narrador hace en ocasiones elucubraciones metaliterarias reveladoras de sus preocupaciones autorales. Estas inquietudes se evidencian en frases como la siguiente: La labor de un cronista que se limita a describir acontecimientos y estados de ánimo no le exige que exprese su criterio personal sobre la grave discusión anteriormente expuesta. Es claro que la literatura -en especial la novela- en los momentos en que Thomas Hardy escribe se está replanteando su propio ser como revelan reflexiones como la anterior

Resumiendo

Como se ve la novela toca muchos asuntos. Quizás el principal sea el del matrimonio legalizado a ojos de los hombres. Si ese matrimonio legal es la tumba del amor o si el verdadero matrimonio es el que se da en la unión natural libremente aceptada al margen de las leyes humanas. 

Junto al asunto anterior aparecen muchos otros. Por ejemplo el del débito conyugal. ¿Es el hombre dueño de la mujer y por lo tanto ella se le debe entregar sexualmente siempre que se lo demande? Y muy cerca de éste estaría el de ¿puede un hombre y una mujer permanecer en el nivel de amigos y sólo amarse en este nivel sin tener contacto sexual alguno?

Kate Wislet, Christopher Eccleston, Cine basado en novelas
Lógicamente junto a los temas anteriores tan tratados -sobados, diría yo imitando al propio  Hardy- por la Iglesia aparece el de la Religión que en el relato se presenta unido íntimamente a la  corriente de los tractaristas. También en relación con la ciudad estudiosa y monacal que es Christminster estaría el rechazo o portazo en las narices que un humilde trabajador amigo del estudio como Jude recibe por parte de los Colegios de la ciudad universitaria que no le conceden ayuda alguna para estudiar allí recomendándole  que se dedique a alguna ocupación manual como la de escultor que practica.

Una novela que presenta bien a lo vivo, sin ambages, la realidad individual y colectiva. Mientras la leía constantemente me venia a la cabeza el cuadro de Gustave Courbet "El origen del mundo" pintado en 1866 y que por su explícito realismo naturalista fue fuertemente criticado y ocultado durante décadas por entender que ofendía a la moral imperante en la sociedad. Igual o muy parecido a lo que le ocurrió a Thomas Hardy con su novela "Jude el oscuro"

Igual que Polansky llevó a la gran pantalla "Tess, la de los d'Ubervielle", en 1996 Michael Winterbottom realizó la adaptación cinematográfica de la novela en un film que tituló simplemente "Jude" protagonizado por Kate Wislet y Christopher Eccleston. Yo no he visto esta película, pero no renuncio a verla si se me pone a tiro.

Nota:
Esta novela la he leído dentro de la IVª edición del Reto 'Nos gustan los clásicos' que este año 2020 estoy realizando.  Y también fue la lectura elegida para este mes de septiembre por el Grupo de Lectura "más que palabras..." en el que desde hace 11 años participo.