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29 ago 2025

¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? de Jeanette Winterson

8 comentarios:

«En febrero de 2008 intenté terminar con mi vida. [...] Yo ya había nacido dos veces, ¿o no?; mi madre perdida y mi nueva madre, la señora Winterson. Esa doble identidad, en sí misma es una especie de esquizofrenia; la sensación de ser una chica que es un chico que es un chico que es una chica. Un desdoblamiento en el corazón de las cosas.»

literatura gay, feminismo, lesbianismo
¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? se trata de una autobiografía personal en la que Jeanette Winterson (Manchester, 1959), como es habitual y rasgo de estilo en ella, mezcla lo real con algo de ficción. Estamos ante una autobiografía novelada. La autora muestra especialmente la búsqueda de su identidad, tanto de sus orígenes biológicos al haber sido una niña adoptada cuanto de la personal en lo que respecta a su sexualidad.
 
Jeanette Winterson achaca sus problemas de identidad a su madre adoptiva muy mediatizada ésta por su pertenencia a la iglesia pentecostal. Para la señora Winterson todo es pecado, todo ha de ser renuncia, sacrificio, expiación. La señora Winterson considera que su hija es una cruz que ella arrastra por haber nacido la niña en «la cuna equivocada». Esta insistencia de la madre adoptiva crea serios problemas a Jeanette quien en su cabeza, sin conocerla siquiera, no deja  de achacar a su madre biológica un sinfín de defectos, vicios y cuantas culpas pueda alguien atribuir a quien sin más ni más la abandonó a las seis semanas de haber nacido.

La otra parte de esta autobiografía, perfectamente entrelazada con la de la adopción se refiere al lesbianismo de Jeanette. Su madre adoptiva no lo admite y por ello ella abandonará la casa familiar con tan solo 16 años. Este rasgo identitario la acompañará siempre, con mayor o menor fortuna respecto a las parejas tenidas a lo largo de su vida.

El libro me ha parecido tener en muchos momentos el formato de libro de autoayuda, algo que en mi opinión le resta atractivo. Sin embargo, junto a esto  hay que destacar en lo positivo el poder salvador de la literatura cuya lectura y escritura hizo que Jeanette pudiese sobrellevar situaciones vitales muy complicadas. La autora utiliza la literatura como patrón de medida para cuanto hace o vive. Dato fundamental en su biografía, que explica su dedicación absoluta a la escritura, es el tremendo éxito que en su país, Inglaterra, tuvo su primera novela, "Las naranjas no son la única fruta" (en España se tituló "Fruta prohibida"), que publicó con solo 24 años. Esta novela fue adaptada por la BBC en 1990 creando una serie televisiva de enorme popularidad. 

La novela que he leído, ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, se inscribe en la tendencia narrativa posmoderna: mezcla de géneros, de personas narrativas, de asuntos, de citaciones literarias, de humor por momentos... La propia escritora confiesa en muchas ocasiones que ella no sabe escribir de otra manera 
«Nunca podría escribir una historia con un principio, una mitad y un final al modo habitual porque me resultaría falsa. Eso explica por qué escribo como escribo y cómo escribo como escribo. No es un método; soy yo»
Estamos, como ya he dicho, ante una autobiografía que incide en la búsqueda de la identidad personal en dos sentidos muy claros: el sentimiento de abandono de la autora por haber sido una niña adoptada y la reivindicación de su opción sexual que rompe o choca con la normalmente admitida para las mujeres. La autora sola o con ayuda de alguna de sus parejas realiza la búsqueda de su madre biológica. Es claro que ella se siente incompleta, a falta de algo y piensa que quizás si conociera a quien le dio la vida se entendería mejor a sí misma. Pero no será así. Lo que sí logrará cuando la encuentre será dar sentido a lo que es la adopción («Sea lo que sea la adopción, no es una familia inmediata, no con los padres adoptivos, ni con los padres redescubiertos»). Es evidente que para Jeanette Winterson haber sido niña adoptada equivale a haber sido abandonada, a no ser aceptada. Y esto ha marcado su existencia.

¿Influiría este sentimiento de orfandad en su orientación sexual? Pienso que no, si bien es algo que no se explicita en el libro ni en un sentido ni en otro. Sí aparecen ciertos datos que ¿podrían ser pistas? El principal es el peso que en ella pudo tener la religiosidad excesiva y mal entendida de su madre, la señora Winterson. La iglesia pentecostal a la que pertenecían ambas no hacía más que hablar de amor. La tía Nellie, dice en el libro la autora, pobre de solemnidad, daba amor a los niños pobres los martes y jueves con la sopa que hacía para ellos; ella misma, Jeanette, conoció el amor en Helen, de su misma edad y misma iglesia. Serían descubiertas por sus respectivas madres. Helen renunció al amor y ella no, razón por la que sufrió un exorcismo y a partir de ese momento decidió dormir en el jardín fuera de casa de sus padres. Enamorada más tarde de una compañera de curso y descubierta de nuevo por su madre ambas hablarán sobre el tema, sobre cómo para ella ser feliz equivalía a amar a personas como Janey Helen. Es en ese momento cuando la señora Winterson le lanzó la pregunta que da título al libro: «¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?»

También su amor temprano por la literatura y la sororidad despertada en ella hacia las autoras que la historia de la literatura siempre tuvo en un segundo plano respecto a los hombres la inclinará  decisivamente hacia las personas de su mismo sexo, o quizás el proceso haya sido a la inversa: que su orientación sexual la llevará a fijarse en la literatura escrita por mujeres. Sobre ellas y la literatura dice Jeanette Winterson:
«Henry James nos hizo un flaco favor cuando dijo que Jane Austen escribía sobre cuatro pulgadas de Marfil, en otras palabras, minucias sin importancia. Algo parecido se decía de Emily Dickinson y de Virginia Woolf»
Son precisamente las escritoras quienes le marcan el camino literario a seguir. Autoras como Woolf ('Orlando'), Stein ('Autobiografia de Alice B. Toklas'), Charlotte Bronté ('Jane Eyre') o Jane Austen ('Mansfield Park') le gustan porque construyen sus obras derribando el espacio entre realidad y ficción:
«Para alguien como yo, fascinada con la identidad y con cómo te defines, esos libros resultaron cruciales. Leerse a uno mismo como ficción y realidad al mismo tiempo es el único modo de mantener la narración abierta, el único modo de evitar que la historia se escape por su propia inercia, con frecuencia hacia un final que nadie quiere»
Una chica como ella, de una localidad pequeña, Accrington, al norte de la industrial Manchester, que vive su adolescencia durante los primeros años setenta del siglo pasado me ha recordado mucho a la irlandesa Edna O'Brien y sus "chicas de campo" reseñada por mí en este blog hace ya años: puro costumbrismo, puro tipismo de una época pasada que como se dice en el libro está muy lejos del hoy. Quizás por ello en ocasiones esa parte del contenido del libro me haya resultado algo anacrónica, vieja, pesada por sabida. 

¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?
La pequeña ciudad de Accrington creció gracias al algodón y la industria de los telares. La cultura familiar de la autora es obrera, la que se vivía en su casa, en su barrio, en su ciudad. Esto unido a su acendrado feminismo hizo que el ascenso de Margaret Thacher, hija de un panadero, hasta el puesto de Primer Ministro la sedujera. Confiesa que votó por ella, aunque posteriormente abominase de ella por la excesiva privatización. Sobre la historia de su ciudad y sobre la idea de progreso que impuso la Primera Ministra durante los años que dirigió el país leemos:
«El dinero que salía de los telares y la industria del algodón sirvió para construir el mercado y el Ayuntamiento, el hospital Victoria, el instituto de mecánica y más tarde, en parte, la biblioteca pública. Hoy en día parece muy sencillo destruir las bibliotecas sobre todo llevándose todos los libros y decir que los libros y las biblioteca no son relevantes en la vida de las personas. Se habla mucho de la desestructuración y la alienación de la sociedad, pero ¿qué otra cosa podemos esperar cuando nuestra idea de progreso elimina los centros que tanto hicieron por mantener unida a la gente?»

Evidentemente Jeanette Winterson tiene claras ideas políticas. Pero que arremeta contra el exceso de liberalismo no equivale a aprobar cuanto proceda de la izquierda. A ésta le echa en cara su discurso ramplón sobre la mujer y el no haber considerado hasta ya muy avanzado el siglo XX que el feminismo no es una broma, no es humor de mujer con el rodillo esperando al marido tras la puerta de casa cuando éste llega borracho, sino política. Así lo siente ella y por eso, confiesa, quiso hacerse escritora porque la literatura está llena de nombres de hombres y pocos de mujeres.

La escritora vive inmersa en la literatura. Ella se salvó gracias a ella y, creo ya haberlo destacado, la vida real la ve siempre a su través:

«Si la poesía era una cuerda, los libros fueron botes salvavidas. En mis momentos más inestables buscaba el equilibrio en un libro, y los libros me llevaban sobre las mareas de sentimientos que me dejaban empapada y hecha añicos.»

24 ago 2025

David Uclés en "La península de las casas vacías"

6 comentarios:

«Pensó en cómo aquella guerra había cambiado al pueblo, y en qué poca cosa quedaban los ideales cuando los hombres y las mujeres eran heridos; qué poco importaba la política y la lucha cuando las costuras del cuerpo se soltaban, cuando la nación resultaba diezmada.»

David Uclés, posmodernismo literario
Esta novela en la que su autor, según confesión propia, ha empleado más de quince años en escribirla, abandonándola en ocasiones para retomarla de nuevo más tarde, me ha gustado, a pesar de que del tema de la Guerra Civil estoy ya un poco ahíto. Y me ha gustado porque me ha parecido una manera muy original de presentar la guerra civil española que comenzó en 1936 y acabó en 1939. Dice David Uclés (Úbeda, Jaén, 21 de enero de 1990) que ha escrito esta historia para que las generaciones jóvenes como la suya no olviden lo que aquella lucha fratricida fue, la mucha gente que murió: 
«He escrito esta novela con total libertad, sin ningún reparo ni prejuicio, sólo he intentado honrar a toda la gente que murió.»
Sinopsis (tomada de la página de la editorial Siruela)

UNA NOVELA TOTAL SOBRE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA EN CLAVE DE REALISMO MÁGICO


Premio Cálamo Libro del Año 2024
Premio Andalucía de la Crítica
Candidato español al Premio Literario de la Unión Europea
Premio Kelvin 505 del Festival Celcius 232 a la mejor novela original en castellano publicada por primera vez en España en 2024
Premio Espartaco en la Semana Negra de Gijón a la mejor novela histórica escrita en español


He aquí la historia de la descomposición total de una familia, de la deshumanización de un pueblo, de la desintegración de un territorio y de una península de casas vacías.

Mi comentario
El autor-narrador se sitúa en la posición de narrador omnisciente, de dios creador, desde la que observa, dispone y enjuicia los acontecimientos. Describe los paisajes, en especial ese territorio cuasi mítico, Jándula (el pueblo jienense de Quesada en la realidad), en el que nace y muere esta novela, donde ocurren muchos episodios, algunos de ellos surreales o por encima de la realidad, siendo aquí donde el concepto de Realismo Mágico aplicado a La península de las casa vacías (editorial Siruela, 2024) encuentra toda su justificación. Parodiando algo al propio Uclés diré que sobre el realismo mágico en esta novela hablaré más tarde. Ahora sigo con ese narrador-dios que todo lo sabe y todo lo domina; naturalmente conoce todo de los personajes que intervienen en el relato, unos históricos y otros intrahistóricos (en definición de Miguel de Unamuno, creador del concepto: la gente común que hace la historia, pero no pasa a la Historia), o sea, reales en tanto en cuanto que él, según confiesa en varias ocasiones, es nieto del último de ellos, Luis, nacido al final de la GC, y que es quien, nos confiesa, le ha relatado la mayor parte de los sucesos narrados. 

El propio autor-narrador David Uclés no escatima el humor en su novela. 
«—Dicen que van a derribar su casa para construir una más moderna.
—¿Quiénes?
—Los herederos, los hijos que tiene repartíos entre Alicante y Mágina. Les trae sin cuidado la costumbre que tenemos de dejar que las casas se caigan solas.
»
Como el maestro Gonzalo Torrente Ballester el autor de La península de las casas vacías concibe la narrativa como un juego y en este sentido juega absolutamente con todo: entrando y saliendo del relato a voluntad; también juega con los lectores, con los personajes, con las creencias, con los contendientes..., en suma con la propia literatura. Construye un relato en el que las reflexiones metaliterarias abundan, especialmente dirigidas a los propios lectores quienes, el mismísimo Uclés reconoce, deben/mos estar perplejos ante esta lectura
  • «No sé si os habréis percatado, en las reacciones de varios personajes, de cierta dicotomía existencialista: los íberos no sabían si creer en Dios o en el narrador. Desconocían si eran lo mismo o no, y si alguno de los dos existía. Por regla general, la idea de ser un producto narrativo les angustiaba más que la de ser criaturas de un ente celestial.»
  • [sobre dos personajes que va a eliminar del relato] «En cuanto a si me arrepentiré y los traeré de vuelta, no puedo saberlo. Quizás más adelante los reviva narrativamente o los retome al final para cerrar la historia; o quizás mueran y cuando quiera echar mano de ellos, ya no estén, y serán ellos los que me habrán abandonado. No puedo saberlo. Vosotros sí, si hojeáis el final del libro. Es curioso. Podéis adelantaros a lo que yo mismo desconozco todavía que ocurrirá. En ese sentido, os envidio. Adiós, Manolo. Adiós, Pura.»
Son numerosas las confesiones del propio autor sobre decisiones escriturales tomadas en una novela que tiene mucho de histórica y en la que por eso mismo conviene ser cuidadoso. Así, por ejemplo, al hablar del personaje de Fuensanta y atribuírsela como hija al pintor Rafael Zabaleta, el autor de la portada, el novelista se ve en la necesidad de aclarar en el característico tono distendido predominante en la mayor parte del relato lo siguiente:
«Fuensanta. Esta era hija del pintor del pueblo, el cubista Zabaleta. En realidad, el artista nunca tuvo descendencia; pero, en el reino maleable de la literatura, he querido darle una hija.»
Y en cuanto a la interesante y llamativa portada, en un momento de la narración David Uclés informa de que es precisamente el padre de Fuensanta el autor de la misma, y que fue a él a quien acudió Ángela Ardolento para que le predijese más o menos la fecha de nacimiento del hijo que llevaba en sus entrañas:
«Una vez terminó de pintarla, Zabaleta se retiró a continuar con otro trabajo que llevaba a medias —un encargo realizado por el narrador de esta historia, quien quería que la portada llevara los rostros de los personajes principales del libro, acompañados por dos militares—»
Cualquiera que lea la cita anterior se dará cuenta de cómo el novelista hace uso de la maleabilidad que dice es consustancial a la literatura. Es a en efecto, mucho más en una novela que se siente más que a gusto dentro de la tendencia del posmodernismo literario como se observa en el texto anterior: metaliteratura, parodia de la propia escritura e introducción del libro real dentro de la propia ficción.
Si bien en la novela el narrador afirma que los personajes pintados son las personas de su familia y otras del pueblo, la portada en realidad no es más que un fragmento del cuadro 'La romería' que el pintor Zabaleta pintó en 1959. El autor disfruta jugando con los elementos reales e inventados más que un chiquillo.

El realismo mágico es sin duda alguna el estilo narrativo elegido por David Uclés para presentar a esa familia Ardolento transitando por la España de la Guerra Civil. Es la modalidad literaria que, en su opinión, mejor muestra la realidad, brutal en muchas ocasiones, inserta en la cotidianidad y el costumbrismo propios de los pueblos y personas que la tuvieron que vivir y sufrir pese a ellos. Al igual que el colombiano García Márquez con Macondo o el mexicano Juan Rulfo con Comala, Uclés crea un territorio mágico que emana de la propia realidad. Este territorio mítico al que Odisto y todos los Ardolento quieren retornar es Jándula (el pueblo real de Quesada en Jaén) que forma parte de Iberia (España junto a Portugal -Lusitania en la novela-). 
La magia e irrealidad impregnan la existencia de las personas en esta Iberia ficticia:
  • «Al final de las misas de difuntos el miembro más pequeño de la familia del fallecido tocaba un almirez de cobre; debía golpearlo una sola vez y con fuerza. Pensaban que la nota se desplazaría horizontalmente, daría la vuelta a la tierra y volvería meses después al mismo punto del planeta, ascendiendo finalmente hasta el cielo»
  • «Aquel pintor de lutos conocía las tonalidades oscuras mejor que nadie y la duración del pigmento que usaba coincidía con la de la tristeza de los familiares por el fallecido.»
  • [Manola, la sobrina de Odisto que ha salido en busca de su hermana Antonia llega a] «Écija, donde se entretuvo en contar las torres barrocas. Allí, debido a las temperaturas extremas, todos los habitantes sin excepción usaban sombrero para que no se les escapara el alma por la cabeza.»
Pero, advierte el narrador saliéndose del texto que esta técnica del realismo mágico no se aviene siempre bien con lo realmente sucedido, por lo que a veces debe de abandonarla o avisar al lector de que la realidad supera cualquier cosa imaginada, ironizando metaliterariamente con el propio estilo:
  • [las tropas de Yagüe] «llegaron a Badajoz. Lo que ocurrió allí, así como la respuesta republicana en la Cárcel Modelo, bien merece otro capítulo, uno más cercano a la novela histórica que al realismo mágico. No habrá muchos más relatos como el de Badajoz en este libro, pues la sangre no sale bien de este teclado.»
  • «El Caudillo, para destrozar cuantos más mejor, tenía un método: abría las compuertas de los embalses de Tremp y Camarasa para que el nivel del agua en el río ascendiera y lanzaba troncos que flotaban y que cargaban con dinamita, la cual estallaba contra las pasarelas. Parece realismo mágico, pero fue tal que así.»

Antes de entrar, para cerrar ya esta reseña, en la presentación del propio contenido histórico quisiera destacar el gusto por el vocabulario que demuestra el novelista en La península de las casas vacías. Son innumerables las palabras poco empleadas o al menos poco conocidas por los lectores actuales, habitantes la mayoría de núcleos urbanos que han olvidado por completo las actividades y los objetos empleados para ellas en el medio rural tan habitado en los ya lejanos años de la guerra civil española. Algunos de estos vocablos son por ejemplo: Abuzado: Echado de bruces especialmente para beber; Oblata: Dicho de un niño confiado por sus padres a un monasterio para que allí se eduque y si se aficionase entre en religión;  Barjas: Cestas de madera o esparto utilizadas en el campo para llevar alimentos; Entortar: Hacer tuerto metiéndole algo en el ojo; Orza: Vasija vidriada de barro alta y sin asas que sirve normalmente para conservar alimentos;  Estezonazos: golpes; Tomiza: Cuerda o soguilla de esparto; Jifero: Matarife; Albéitares: Veterinarios; Olíbano: Incienso aromático; Bleda: acelga; etc, etc.

La historia
que nos cuenta David Uclés la distribuye en cuatro apartados. El primero son los antecedentes de la contienda: luego los tres siguientes corresponden, cada uno de ellos, a los años en liza (1936, 1937 y 1938-1939). Finaliza la obra con un Epílogo en el que venimos a comprobar y a reafirmarnos en que es el propio autor quien ha narrado la historia a través del tamiz de su imaginación y la de su abuelo Luis que vino a este mundo en 1940, último vástago de la mítica estirpe de Odisto Ardolento, auténtico protagonista de toda esta historia.

En cuanto a lo estrictamente histórico el autor es ecléctico, imparcial, a pesar de que para evitar susceptibilidades confiesa su simpatía por el bando republicano, lo que no quita para que exponga de modo neutro las brutalidades cometidas por unos y por otros. Durante la lectura constantemente venía a mi mente la figura del periodista Manuel Chaves Nogales que en su obra "A sangre y fuego", reseñada en este blog hace ya doce años, presenta crónicas periodísticas escritas por él mismo durante la contienda; en ellas asistimos asombrados a bestialidades perpetradas por los 'hunos' y por los 'hotros'. Esta terminología cacográfica la toma deliberadamente el autor de La península de las casas vacías del propio Miguel de Unamuno quien la usó en más de un ensayo para describir lo equivalentes que en brutalidad eran las derechas y las izquierdas, o sea, los unos y los otros.
«—Estamos apañaos con ser de derechas o de izquierdas… ¡Siempre con lo mismo!
—Los políticos no tienen campo. Si no, no tendrían tiempo de inventar tantas cosas.
»
Sobre la GC dice Uclés en entrevistas: 
«Fue tan grotesco, tan irracional, que creo que nadie sabe explicarlo bien del todo. Hay quienes lo explican culpando sólo a una parte de la población, u olvidándose de la otra. Lo que tengo claro es que abrió un pozo de tristeza que no se ha secado. Todo el mundo en este país tiene una historia sobre la Guerra Civil; unas familias las sufrieron más que otras, pero todas la sufrieron.»

Y al inicio del relato de La península de las casas vacías reflexiona el autor-narrador:
«— Lo más peligroso de una guerra muchas veces no es la lucha armada contra el enemigo político, sino el ajuste de cuentas con los que te rodean. ¡Todo está permitido! Y si alguien te descerraja un tiro en mitad de una calle, nadie va a ser juzgado. Ese es el mayor miedo que da una guerra, la sensación total de indefensión. Y con la que se nos viene encima… Pero bueno, no creo que nadie toree a nadie en esta historia; y mucho menos a animales. ¿No ves que el narrador está contra la fiesta?»

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Nota final
No quiero extenderme más en esta reseña. Pero he de advertir que esta buena novela contiene muchas más cosas dignas de ser señaladas. Entre ellas las innumerables, si bien bastante sabidas, alusiones a personajes de la esfera literaria de la época (Alberti, María Moliner, Machado, García Lorca, André Malraux, Saint d'Exupery, Max Aub, Alejandro Casona...) y a otros del futuro que se ocuparían más o menos directamente de la Guerra Civil o de sus consecuencias (Paul Preston, Almudena Grandes,  Pío Moa, Hugh Thomas, Carmen Laforet...). Rompe David Uclés la línea temporal hacia adelante o hacia atrás muchas veces; también, como se ve, con estos protagonistas de la cultura española.








1 nov 2024

Juan Manuel de Prada. "Mil ojos esconde la noche (I. La ciudad sin luz)"

17 comentarios:
Entrada al parisino Cabaret del Infierno
El libro que acabo de leer es la primera entrega de la novela Mil ojos esconde la noche de Juan Manuel de Prada. Según confiesa el propio autor al final de este volumen la novela tiene una extensión de 1600 páginas; esta primera parte de casi 800 páginas lleva por título 'La ciudad sin luz'.

El libro me ha gustado en un 90% y me ha resultado, quizás, algo tedioso en el 10% restante. A pesar de que me agradan las historias que tienen por actuantes a escritores y a pintores -en esta novela lo son la mayoría de sus personajes-, seres que escaparon de la España de Franco y se refugiaron en París, sin embargo a veces me ha parecido un tanto repetitivo y como que la historia no avanzaba al ritmo que yo creía que debía de avanzar. También es cierto que hoy día la inmediatez de las RRSS nos (me) han acostumbrado a cierta velocidad lectora y un libro de este tamaño no es bien digerido por muchas personas. Yo, lo confieso, sí lo he digerido, y con gusto en muchos momentos, pero puede ser que tanta abundancia de datos y de nombres me haya producido una cierta acidez como si en ocasiones padeciera hernia de hiato y regurgitara parte de lo leído aun en contra de mi voluntad.

Creo que cuando aparezca en las librerías la segunda entrega acudiré a leerla porque deseo saber qué es de Fernando Navales el protagonista de la novela. Advierte Juan Manuel de Prada que Navales ya apareció en el primer libro que hace ya cosa de treinta años él dio a la imprenta, "Las máscaras del héroe", y que si tiene tiempo (ganas dice que no le faltan) tras esta larguísima novela, cuya primera parte acabo de leer, abordará la historia del personaje durante los años que van de 1936 a 1940. Habrá que ver qué ocurre porque el tiempo es mendaz y a veces (muchas veces) echa por tierra los mejores propósitos.


Fernando Navales es un falangista de la primera hora que en 1940, tras el final de la Guerra Civil española en 1939, lo encontramos en la calle Marceau de París donde Falange española tenía su sede para Francia. En este preciso momento Paris aguarda la entrada en la ciudad de los boches (los alemanes), sólo falta que el mariscal Petain firme el armisticio -mejor sería decir la rendición-. Así lo hará y fijará la sede del gobierno francés en Vichy; Paris quedará para los alemanes que poco a poco irán dictando leyes contra los judíos.

La embajada española que dirige Félix Lequerica, un vasco excesivamente equidistante a ojos de Navales, se ha trasladado a Vichy al igual que el resto de legaciones internacionales. Por este motivo es la calle Marceau donde trabaja Navales la que deberá encargarse de controlar como sea la diáspora de artistas e intelectuales republicanos que salieron de España en los primeros meses de 1939 y que han fijado su residencia en París. Perico Urraca, otro falangista que tiene comunicación directa con el cuñado del Caudillo y ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer, le encarga a Navales la misión de lograr que la mayoría de estos emigrados políticos expresen de la manera que sea su adhesión a la Nueva España, o sea, a la España de Franco. 

La sede de Falange española de la calle Marceau está dirigida por Federico Velilla quien junto a su segundo, Luis Felipe Solms, tienen hecho el vacío a Fernando Navales. La verdad es que no lo soportan por lo que le encargan trabajos menores como abrir la correspondencia y poco más. Por eso cuando Urraca, conocedor de estas interioridades, encargó esa misión a Navales sabía que éste la tomaría con gusto y pondría todo de su parte para llevarla a cabo. Y así es.

Juan Manuel de Prada, como ya he dicho, había sacado a pasear al personaje de Fernando Navales en "Las máscaras del héroe", donde narraba las existencias atormentadas y noctámbulas de sus múltiples personajes, entre los que destacaba Navales, la mayoría de ellos fracasados de la literatura. En esta novela junto a Navales, periodista y escritor nihilista, aparece su 'alter ego' Pedro Luis Gálvez,  bohemio que «prefirió enmascarar su heroísmo con los disfraces del desgarro y la truhanería, antes de habitar el cielo de las mitologías» (dice la editora en la sinopsis de la obra).  Ahora encontramos a Fernando Navales obsesionado con Gálvez por haber estado a punto de morir a sus manos. Es una escena pareja a la que Javier Cercas relató en Soldados se Salamina con la diferencia de que aquí sí hay ejecución, aunque milagrosamente el ajusticiado, se nos dice ya en las primeras páginas, salvó su vida. Tanto Sánchez Mazas, en Cercas, como Navales, en De Prada, eran falangistas y tuvieron su vida en manos de republicanos.  

Erotismo en las novelas de Juan Manuel de Prada
Por la novela desfila la flor y nata de la intelectualidad española de la primera mitad del siglo XX. Escritores como Gregorio Marañón, César González Ruano, Sebastián Gash, y otros muchos tienen papel muy relevante en la narración, especialmente el primero. Pero es en el campo de la pintura donde la nómina de artistas es más amplia yendo desde Picasso (curiosa y sospechosamente respetado por los alemanes a pesar de practicar lo que aquellos denominaban arte degenerado), a Federico Beltrán Masses, Óscar Domínguez, Emilio Grau Sala, Fabián de Castro, Manuel Viola, Carles Fontseré... Lugar relevante en la historia ocupa el arquitecto bejarano Mateo Hernández al ser éste el autor de la escultura La Bañista para la que posó la escritora catalana Ana María Martínez Sagi, mujer de la que Juan Manuel de Prada venía de escribir en 2022 una extensa biografía de 1700 páginas titulada El derecho a soñar que precedió a la salida de Mil ojos esconde la noche

Es alrededor de esta mujer, Ana María Martínez Sagi,  al igual que de Fernando Navales, que gravita la novela. Otras mujeres importantes e interesantes que ocupan lugar relevante en la historia que se narra son la bailarina Ana de Pombo, la peruana también bailarina, o mejor 'bailaora', Nana de Herrera, la actriz María Casares... Las mujeres tienen papel  importante en esta historia protagonizada especialmente por hombres con comportamientos muy machistas tal y como corresponde al momento histórico.

La novela me ha recordado la de Rafael Cansinos Assens, Memorias de un literato, la cual reconstruye la vida intelectual y bohemia de Madrid entre el final del siglo xix y el estallido de la Guerra Civil, si bien la de De Prada muestra a los personajes en el París de 1940 y 1941. Vemos en la ciudad de la luz -ahora sin ella, y de ahí el título de esta primera parte- a personajes sobresalientes del mundillo del arte y de la intelectualidad durante la República, intentando sobrevivir en condiciones muy difíciles. Algunos como César González Ruano se nos presentan como viciosillos en su vida personal así como proclives al fraude, al engaño y al aprovecharse de los demás. Observamos también cómo estos hombres y mujeres antifranquistas deberán de realizar textos, discursos, pinturas, que ensalzan la Nueva España, a fin de poder recuperar la condición funcionarial que tenían antes de la guerra (Marañón, por ejemplo); así mismo muchos de los pintores exiliados colaborarán en exposiciones promovidas por la embajada franquista para así poder recibir un dinero que les permita cubrir míseramente sus necesidades vitales básicas. En otros casos hay artistas como el escultor Mateo Hernández que se verá extorsionado por los fascistas de Falange por eso de haber vendido obras suyas a judíos como los Rothchild; a otros como Óscar Domínguez no les queda más opción para sobrevivir que realizar falsificaciones de obras de otros pintores, en su caso de Giorgio de Chirico e incluso del propio Picasso, en este caso con la aquiescencia del mismo.
 
Estamos ante una novela histórica con predominio de personajes reales a los que vemos actuar de manera esperpéntica, grotesca. Sigue Juan Manuel de Prada el dictado del personaje valleinclanesco Max Estrella de Luces de bohemia cuando éste decía que «el sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada». Y eso es lo que hace el novelista baracaldés de ascendencia zamorana: deformar, exagerar, caricaturizar... sirviéndose de esa estética para presentar de manera crítica la realidad española durante los años iniciales del franquismo. La manera de tratar literariamente a estos nombres encumbrados de la cultura española de la primera mitad del siglo XX me ha recordado mucho a Antonio Orejudo, especialmente en su novela Fabulosas narraciones por historias [tengo reseña hecha en este blog] en la que parodia y caricaturiza comportamientos de estas personas tan prestigiosas. Al hacerlo las baja de su pedestal y las reduce a su condición básica de seres humanos. Es lo mismo que hace con intencionalidad perversa el tal Navales, narrador de la novela. 

1940 y 1941 son unos años en los que las fuerzas de la Falange están echando un silencioso pulso con el dictador, quien a la postre se los llevará al huerto y los anulará dejando todo sometido a sus dictados. Es en ese contexto político (unido, claro, a la IIª guerra mundial en Europa) que se desarrolla la actividad del tal Fernando Navales, un escritor fracasado antes de la guerra civil española que se servirá de la ideología, como tantos otros en tantas épocas diversas, para justificar el odio y el resentimiento que siente hacia todos aquellos que en el pasado él considera que lo ningunearon. Precisamente, el asunto del resentimiento es central en la novela; Navales conoce al dedillo el ensayo Tiberio. Historia de un resentimiento de Gregorio Marañón y lo utiliza en multitud de ocasiones para justificar su perversa personalidad. 
«Afirma Marañón en su Tiberio que el resentimiento es una pasión impersonal, a diferencia del odio y de la envidia, que suponen siempre un duelo entre quien odia o envidia y quien es odiado o envidiado. La envidia y el odio tienen un sitio concreto dentro del alma y, si se extirpan, el alma puede quedar intacta. En cambio, el resentimiento anega el alma entera, gangrenándola por completo. Además el odio y la envidia casi siempre tienen una respuesta rápida ante la ofensa; el resentimiento, por el contrario, es pasión de larga incubación y reacciones tardías, que se puede disfrazar de resignación, hasta que llegue el momento oportuno de descargar el golpe. Así hacia yo con Velilla.» (y podría decirse -añado yo- que prácticamente éste es el comportamiento habitual de este ser frío y sin alma)

Desde el punto de vista literario la novela me ha agradado mucho. Está llena de intertextos, unos explícitos y otros no tanto. Esta gran cantidad de referencias literarias muestran el enorme conocimiento que el autor tiene de la misma. Da gusto estar leyendo las andanzas del cínico Navales y toparse con frases entresacadas o evocadas con acierto de Quevedo («Yo untaré con tocino todos los momios que nos caigan para que no me los muerda ese rabino de vía estrecha.», dice Mariano Daranas, corresponsal de ABC en París, hablando de Luis Felipe Solms al que Navales tilda de judío), de Garcilaso de la Vega («no hallaba cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la judía», dice el narrador al ver cómo Sebastián Gash se lamenta por los devaneos y coqueteos con otros de su pareja, la joven y hermosa pintora Lotty -Charlotte Calmis-), de Cervantes («el gabacho es por naturaleza pinturero e inoperante como el valentón de Cervantes, muy amigo de calarse el chapeo, requerir la espada y mirar al soslayo, antes de bañarse en un agua de borrajas», comenta el narrador Navales sobre los franceses), de San Juan de la Cruz, de Shakespeare («Como el judío Shylock», comenta el narrador a propósito de la contestación que Nana de Herrera le da -Todos se lo cobran en carne- en justa correspondencia al favor que éste le pide que le haga. El personaje Shylock pertenece a 'El mercader de Venecia'), del Romancero... Y también de Machado («Le revocaron el permiso injustamente. Algún judas debió de maniobrar por detrás. Mala gente que camina y va apestando la tierra...», le dice Martínez Sagi a Navales a propósito del cura nacionalista catalán Tarregó), de Lorca, de Ortega y Gasset, de Rubén Darío («Ah, padre y maestro mágico!», ¡Qué solo te han dejado los hombres», exclama González Ruano en el Cementerio de Montparnasse ante la tumba de Baudelaire)... En ocasiones la intertextualidad invade todo el texto en una amalgama literaria en mi opinión hermosa por demás:
«—¿Siempre dices lo que sientes? —le pregunté, en un aparte.
Me miró con sus ojos de cierva vulnerada:
—Casi siempre. Pero yo sólo digo mi canción a quien conmigo va.
»
(Martínez Sagi en conversación con Navales)

Hay en esta narración esperpéntica mucha verdad emanada de la enorme documentación que Juan Manuel de Prada ha manejado, según confiesa el propio escritor en la NOTA DEL AUTOR que coloca al final del volumen: «Aunque Mil ojos esconde la noche sea una novela alucinada y esperpéntica (o precisamente por serlo), guarda en sus entretelas muchas más verdades recónditas y nunca antes alumbradas de las que parece, gracias sobre todo a la documentación (en algunos casos muy íntima o secreta) hallada entre legajos polvorientos». Quizá por ello y con cierta razón el narrador-novelista juega con la palabra 'historia' o la palabra 'humanidad' colocándola en minúscula o mayúscula según que se refiera a la propia trama novelesca (en minúscula) o a la realidad del pasado de la que toma personajes y hechos (en mayúscula). Pide, cuando tal cosa hace, «perdón por la mayúscula» sabedor como es de que debiera de usarla en minúscula, pero él quiere de este modo enfatizar el término:
  • «no sé si para guiar los rumbos de la Humanidad (perdón por la mayúscula)»
  • «divagaciones sobre filosofía de la Historia (perdón por la mayúscula)»
Hay incluso un momento, muy importante en el desarrollo de la trama, en el que el personaje de Daranitas en un instante de exaltación franquista ante lo que sobre los rusos han manifestado Navales y Lequerica exclama:
«¡Muchísimo más! ¡Son asiáticos subhumanos! ¡Son el oprobio de la Humanidad, el estigma de la Civilización!
Empezaba a espumear, como si se hubiera atragantado, así que le di unas palmaditas en la espalda para que se relajara y dejara de hablar en mayúsculas.»
El comentario del narrador en forma de atrevida imagen sinestésica es un claro anacronismo tomado seguramente del mundo actual de Internet donde escribir en mayúsculas es equivalente a gritar en el lenguaje oral. 

La trama se desarrolla de manera lineal con un narrador testigo en primera persona que conoce todos los extremos de lo que cuenta y que en algún momento anticipa algo que sabe que sucederá pero que aún es pronto para exponerlo en el relato. Hay que tener en cuenta que restan otras 800 páginas más que los lectores aún no conocemos por haberlo así dispuesto el propio novelista. El segundo volumen de esta larga historia aparecerá, dice el propio novelista, "antes de un año con el título Cárcel de tinieblas".

La galería de personajes está tomada prácticamente en su totalidad de la realidad histórica. Sin serlo, naturalmente, a veces el escritor utiliza una especie de formulas épicas o sambenitos para definir a ciertos personajes. Así Hitler es un "ángel con gabardina y bigote", Picasso siempre aparece acompañado del adjetivo "garajista", a Óscar Domínguez suele seguirle la frase "el surrealista de recuelo canario", Franco es definido habitualmente como triponcete, y así con varios otros nombres del inmenso universo actoral que es Mil ojos esconde la noche.

Erotismo en la escultura. Escultores salmantinos
Para finalizar quisiera destacar dos aspectos que me parecen dignos de señalar. El primero es el gusto y la facilidad que demuestra para ello Juan Manuel de Prada a la hora de escribir escenas eróticas. No he podido por menos durante la lectura que recordar su libro Coños,[tengo reseña hecha de este libro aquí] primero de los que escribió, en el que en 54 relatos se dice que «Coños constituye un homenaje a la mujer y a la literatura, que aspira a la celebración episódica del cuerpo femenino, a la divinización obsesiva de las mujeres a través de las palabras».  Preguntado sobre la cantidad de referencias eróticas que hay a los muslos femeninos en su última novela De Prada viene, en cierto modo, a reafirmarse en lo que decía para Coños: 
«Yo creo que no tanto. Quizá lo que te impresiona es que mis descripciones son muy vívidas. Cuando describo algo carnal, resulta muy llamativo. Pero no negaré que es una parte del cuerpo femenino que me resulta bonita»

Y la otra cuestión que positivamente ha llamado mucho mi atención en esta novela es el inmenso dominio del vocabulario que tiene su autor. Infinidad de términos precisos, unos hoy desusados, otros poco utilizados, emplea Juan Manuel de Prada. Son palabras como lumias (prostitutas), corzas (muy del tipo de las cabras), adunaban ([se] unir, juntar, congregar), balandrán (Abrigo largo y ancho), mazorral (grosero, rudo, basto), pediluvios (Baño de pies tomado por medicina), balduque (Cinta estrecha, por lo común encarnada, usada en las oficinas para atar legajos), borono ([en Bilbao] Bruto, chapao a la antigua, sin modales. Paleto), eutrapélicamente (desligada de la acción y sin consecuencias reales en el desarrollo de la peripecia), sinsorgada (Insustancial y de poca formalidad), alifafes (Achaque generalmente leve), somormujo (persona sin gracia y con empatía negativa), pitañoso (legañoso), conticinio (Hora de la noche en que todo está en silencio), borborigmos (Ruido abdominal, a veces sordo y prolongado, que se produce en el intestino como consecuencia de la mezcla de gases y líquidos en su interior), gaoneras (Lance que el torero realiza citando al toro de frente mientras se coloca el capote por detrás del cuerpo), ablandabrevas (Persona inútil o de poca valía)... Algunos dirán que esto puede entorpecer la lectura; a mí me ha supuesto un enorme disfrute y aprendizaje.

Se le ha preguntado a De Prada sobre si las opiniones de Fernando Navales, que es asimismo escritor y periodista, coinciden con las suyas. A esta cuestión el autor formado en Zamora y Salamanca ha respondido que diametralmente muchas no son las suyas, aunque hay otras, de naturaleza estética especialmente, que sí. Por ejemplo la valoración que da de Picasso como pintor excesivamente considerado o sobre las vanguardias que vinieron a llevarse por delante todo el arte anterior a su aparición. De hecho afirma que el 90% de  lo que cuenta es veraz, si bien está novelado y pasado en ocasiones por el tamiz de la ficción. 
Sobre su identificación o no con el protagonista preguntado por un entrevistador responde: 
«A un lector rudimentario le puede ocurrir, a un lector inteligente no. Eso nos llevaría a identificar a Camilo José Cela con Pascual Duarte o a Nabokov con Humbert Humbert. Esto es una novela. Este tema me lo planteó la profesora Anna Caballé, y me dijo que hoy en día la gente está tan ofuscada por las ideologías y los esquematismos que ya no tiene la capacidad de discernimiento entre lo que es el autor y lo que es el personaje que narra la historia. Si alguien no tiene esa capacidad de discernimiento, apaga y vámonos. Esto es la clave de la literatura.»

21 oct 2023

Antonio Orejudo: Un momento de descanso

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✔«Cifuentes admiraba a aquellos físicos y neurobiólogos aficionados a la literatura y capaces de mantener una conversación de cierta profundidad sobre (pongamos por caso) los fundamentos del arte contemporáneo. ¿Qué colega suyo en el Departamento de Spanish podía decir siquiera cuáles eran los principios generales de la física cuántica?
✔«Al final comprendí que obsesionarse con distinguir nítidamente entre realidad e imaginación era un error operativo y conceptual que además conducía a la neurosis. Entendí que era más razonable —y también más exacto— considerar que la imaginación es un sexto sentido, tan fidedigno o engañoso como los demás.»

Antonio Orejudo, Un momento de descanso
Sinopsis
(proporcionada por la propia editorial)
Como un fantasma del pasado, Arturo Cifuentes reaparece un día en la vida del narrador Antonio Orejudo. Cifuentes es un viejo amigo de la facultad, con el que Orejudo compartió casa en Nueva York, cuando ambos encontraron sus primeros trabajos en Estados Unidos, y al que suponía ya establecido en aquel país. Han pasado diecisiete años desde la última vez que se vieron, Cifuentes se ha divorciado y ha regresado a España para ocupar un puesto en la facultad donde estudiaron. Y tiene mucho que contar: las relaciones con su hijo adolescente, la crisis de su matrimonio, su infausta peripecia profesional y, sobre todo, su desencanto profundo con las humanidades. El narrador, que recapitula también sus experiencias determinantes de aquellos años, no sospecha, sin embargo, que su viejo amigo quiere proponerle algo de más calado, que les afecta a ambos: desenmascarar a los farsantes, descubrir las raíces de una vieja y permanente conspiración.

Un momento de descanso se estructura en tres partes. Primera, 'Aparece un fantasma', relata el encuentro de Antonio Orejudo con Arturo Cifuentes y la puesta al día de la vida de éste durante los 17 años que estuvieron separados. El propio Arturo le ha buscado porque desea que Orejudo escriba una novela denunciando la impostura del que fuera su benefactor, Augusto DesmoinesSegunda, 'El nacimiento de un escritor', cuenta la vida de Orejudo en USA: Cómo nace su estilo literario mezcla de realidad e imaginación desbordante colocados ambos en el mismo nivel, lo que provoca el descontrol en el lector que quiere deslindar siempre lo sucedido real de lo sucedido imaginado. Antonio Orejudo confiesa que así, con esta técnica de escritura, es con la que escribió sus tres obras anteriores, en especial la primera, Fabulosas narraciones por historias, gestada en USA, y también las dos siguientes. Tercera, 'La felicidad', momento en que la trama da un giro de 180º: los propósitos iniciales de Arturo Cifuentes van a difuminarse y las seguridades del propio Orejudo se tambalean al ver que las versiones sobre lo mismo de unos y de otros difieren mucho, radicalmente en ocasiones. Con todo y con ello al finalizar la novela encontramos que la ahora nonata novela, antes deseada,  sin embargo acabamos de tenerla en nuestras manos. 

Antonio Orejudo, que es profesor titular de Literatura española en la universidad de Almería y que pasó siete años en  distintas universidades estadounidenses, tira de su experiencia americana y española para confeccionar un relato en el que la realidad compite con la ficción rompiendo fronteras. Cuando la realidad no es suficiente la ficción acude para llenar ese vacío. En definitiva esto es la novela que tenemos en nuestras manos, una habilidosa y bien lograda mezcla realidad-ficción que alcanza una simbiosis tal, que se hace difícil si no imposible separar ambas dimensiones. Este es en definitiva y por lo que llevo leído de Antonio Orejudo la principal seña de identidad de su estilo, de su manera de escribir.
 
Leyendo Un momento de descanso observamos cómo la integridad de la persona como valor supremo de comportamiento se tambalea y se relativiza enfrentado con el día a día del mundo. Da la impresión de que todo se quiebra, se fragiliza y que aspectos aparentemente tan insustanciales como la denominada democratización del lenguaje están, o pueden estar, en la base de la demolición de los valores supremos. Y a todo esto, viene a preguntarse el autor convertido en personaje de su propia novela, ¿existen valores supremos? Vivimos en un mundo en el que no existe seguridad alguna ante nada. Antonio Orejudo presenta estas cuestiones tan profundas y serias envueltas en un atadillo de humor que hace de la lectura de su novela un más que agradable pasatiempo. Pasatiempo que desde luego no equivale a pérdida de tiempo dado que hay mucha sustancia en todo lo que aquí él escribe. El contexto -de la importancia del contexto se habla mucho y con acierto en la novela- es la vida universitaria, en especial la universidad española y también, aunque en menor medida, la americana.
«¿Nunca se ha parado a pensar por qué apenas se han escrito novelas de campus en español? Yo se lo voy a decir: [...] Una novela realista, cualquier libro sobre la universidad española, aunque sea un libro de investigación como el suyo, está condenado a convertirse en una astracanada. Los que no conocen el mundillo académico pensarán además que es inverosímil. Haga la prueba.»
En el fondo esto es lo que el propio Antonio Orejudo está realizando y poniendo en nuestras manos, una novela realista sobre la universidad española. Pese a la enorme seriedad del asunto que se trata, en esta narración, como ya he dicho, hay humor, mucho humor. Es un humor inteligente, irónico, paródico, que esconde una carga crítica de gran profundidad, pero que es muy deseable. Ejemplos los encontramos a mares en Un momento de descanso: la crítica a la alta cocina; crítica al victimismo (negros, mujeres, homosexuales...); al mundo universitario español: enchufismo (oposiciones dadas, etc.), envidias entre colegas...; al sistema escolar americano: el niño Edgar sin aptitudes para la danza es animado por su profesora para participar en un concurso televisivo enfrentándose al padre, Arturo Cifuentes...

Pero en esta novela no sólo hay trama, asunto, relato. También es muy importante el estilo que muestra su autor. Muchas son las características del mismo que han llamado mi atención, por ejemplo la  innovación en la introducción del diálogo en estilo directo eliminando los signos de puntuación, pero manteniendo los verbos que lo introducen «Dice» - «digo»; también la conversión, sin previo aviso, de la narración novelística en un musical cinematográfico o en un collage de géneros; igual que la mucha metaliteratura y también autobiografismo que como todo en esta novela lindan con la autoficción («Yo, un tema que me sabía de memoria y recitaba de corrido. Yo, un tema que cada vez me aburría más.»), tendencia con la que el autor ironiza hasta el extremo de que en la narración quienes más insisten en su expulsión de la institución americana en la que él disfrutaba de una beca de profesor asociado son precisamente 
«Los profesores más jóvenes y más sensibles a lo posmoderno digamos, los mismos que habían escrito ensayos sobre la autoficción o que estudiaban la mezcla de realidad e imaginación en la narrativa contemporánea fueron los más intransigentes conmigo. 
[...] Los seniors, en cambio, los profesores más veteranos, los que se habían formado en la vieja escuela, fueron más indulgentes. Especialmente Elias Rivers.»
Claramente circula, contenido en la cita anterior, muchísimo humor; un humor que incide en que no existe necesariamente mayor verdad o consistencia en los jóvenes que en los mayores y para ello  Antonio Orejudo lo que hace es parodiar, hacer uso, en una arriesgada vuelta de tuerca, del sentido carnavalesco tan propio del  posmodernismo. 

Es Antonio Orejudo, en sentido lato, un humanista. Y es él mismo quien en la figura de su personaje o en la de otros ficticios que lo acompañan en la narración (Arturo Cifuentes, Virgilio Desmoines, Francisco Almendra, Raquel Medina, etc.) hace una acerada crítica de las humanidades versus la ciencia. Es muy interesante y hasta divertido el choque dialéctico entre Arturo Cifuentes y su novia Lib -luego ya esposa- cuando, siendo Cifuentes y Orejudo profesores becados en USA, discuten sobre si mejor sería que los niños estudiasen Historia de las Ciencias y no Historia de la Literatura. Pero el novelista no se para en barras y su crítica irónica llega incluso hasta el sarcasmo, como cuando lanza esta afirmación sobre la Filología Hispánica:
«Filología Hispánica aún no se había convertido en una carrera de saldo, aún no era la licenciatura de los que no pueden estudiar algo más serio por falta de capacidad o de nota media. Cuando nosotros entramos en la universidad, Filología Hispánica era todavía una disciplina en la que se matriculaban no sólo quienes no servían para las ciencias, sino también jóvenes de cierta cultura, chicos a los que les interesaban de verdad las letras, y que habían leído bastantes libros para su edad.»
Penosamente coincido con la afirmación que, cuando se redacta esta novela aparecida en 2011, vierte Orejudo acerca de estos estudios; una afirmación que he oído a muchas otras personas (ahora mismo recuerdo al arquitecto y académico de Bellas Artes Luis Fernández-Galiano lamentándose de que las humanidades, los estudios filológicos, se hubiesen desprestigiado de tal guisa en los años finales del siglo XX e iniciales del XXI). ¡O tempora, o mores! 
 
Dejo para el final, pero no lo pienso desvelar, claro, el escondido sentido del título, de ese sintagma nominal, Un momento de descanso. Leyendo la novela queda claramente diáfano. Sólo diré, a modo de resumen, que la novela realiza un recorrido por los entresijos de la integridad humana. ¿Mejor acomodarse que exigirse? ¿Mejor la mediocridad que la excelencia? ¿Dónde y mejor se consigue la felicidad? Todos estos extremos son los que se cuestionan y se ponen en solfa en esta novela de Antonio Orejudo en la que él mismo, como he dicho, se metamorfosea en personaje.

Nota final
Es seguro que algunos elementos propios del estilo de Antonio Orejudo, presentes en Un momento de descanso, habré dejado sin señalar, sin consignar, sin destacar. Estoy convencido de ello porque la novela es, aunque breve, prolija y densa en detalles, en rasgos particulares, en signos definidores de las novelas de su autor. Por ello y para paliar en lo posible esta laguna, esta carencia, remito a la reseña que el pasado mes de marzo publiqué en este mismo blog de la primera novela del autor titulada Fabulosas narraciones por historias. Creo que en esa primera obra ya están presentes, si no todas, sí muchas de las características estilísticas que significan la novelística del escritor madrileño.

24 mar 2023

Fabulosas narraciones por historias de Antonio Orejudo

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«Con el tiempo me he dado cuenta de que todos los esfuerzos de las criaturas de ficción van encaminados a convertirse en seres de carne y hueso. Los escritores, en cambio, seres de carne y hueso, hacen todo lo posible para convertirse en criaturas de ficción algún día: en estatuas, en billetes de banco, en sellos o en temas de libros escolares.»

Fabulosas narraciones por historias, Antonio Orejudo
Acabo de finalizar Fabulosas narraciones por historias de Antonio Orejudo, novela publicada en 1996 ganadora del Premio Tigre Juan. Es una novela histórica de corte paródico en la que los personajes más reconocidos del momento -los años 20 y 30 del siglo pasado- son puestos en solfa a través de una ficcionalización imaginativa (historias fantásticas) tomando la base nominativa y algunos textos reales de unos y de otros (José Ortega y Gasset, José Moreno Villa, Alberto Jiménez Frau, Juan Ramón Jiménez...) pero de manera histriónica. Los grandes personajes de la historia literaria agrupados en torno a la Residencia de Estudiantes son presentados con nombres populares o coloquiales que bajan a tierra a los seres míticos: Juan Ramón es Juancho; Ortega y Gasset, Pepe Ortega; Moreno Villa, Pepe Moreno o simplemente el Moreno; Ramón Gómez de la Serna es Moncho; etc., etc.

Junto a estos seres reales, pero ficcionalizados de modo muy imaginativo, se mueven los tres grandes protagonistas de la novela (Martiniano, Santos Bueno y Patricio Cordero) que actúan como reventadores de lo considerado más serio de la denominada Edad de Plata literaria y cultural española. El centro de su actividad es la Residencia de Estudiantes que consideran máquina creada por Ortega para instaurar una nueva estética que se lleve por delante el gusto popular por, por ejemplo, la novela realista tipo Galdós. Además de intentar reventar esta valorada institución, este comando de activistas contraculturales centran sus acciones en las tertulias que tanto predicamento tuvieron en España en ese período.

Toda la diversidad sociocultural y política que existía en la España que va de 1923 a 1939 fundamentalmente, si bien en las últimas páginas y en algunos de los fragmentos que sucesivamente vienen a componer la novela las fechas se aproximan a nuestro momento vital (1977, 1986 e incluso 1994), aparece reproducida en la composición de los estudiantes de la Residencia (los Republicanos, los de la Oposición, los Ultraístas, el grupo del Sindicato, los Saharauis...) y en los grupos de intelectuales que acuden a las dos tertulias que compiten entre sí en el Café Jute. Estas tertulias, la del veterinario Maximiliano Quintana y la del editor Carlos Hernando, representan lo viejo, lo antiguo; es por ello que para revitalizarse quieren llevar a ellas a alguna personalidad de las que agitan el panorama intelectual.

La novela histórica, según la mayoría de sus adeptos refleja la vida real más fidedignamente de lo que jamás puede hacer la Historia. En los libros y tratados históricos el Pueblo, los hacedores de la Historia no aparecen o a lo sumo son sombras formando parte de colectivos como la Nación, la Sociedad, el Ejército, e incluso, en extensísimo sustantivo, la Gente. Por contra es en la novela histórica en la que quienes conforman estas colectividades adquieren consistencia de individuos. Diríase que la Historia (así, con mayúscula) se hace más creíble, mas verdad, en las pequeñas historias personales de los seres particulares. Pero, ¿ocurre tal cosa en la novela de Antonio Orejudo?

Leyendo Fabulosas narraciones por historias topamos con la sorpresa y la incredulidad debidamente trabajadas por el autor. Los personajes históricos que aparecen, la mayoría de ellos literatos y científicos reales de la España de los años 20 y treinta principalmente, nos sorprenden pues, aunque son descritos -¡y con reiteración!- con las frases hechas que estamos acostumbrados a escuchar desde siempre y cuya veracidad jamás hemos cuestionado, sin embargo su comportamiento dista mucho de la dignidad que emana de dichas frases:
«Asistirán a la suso cena: el ilustrísimo catedrático don Miguel de Unamuno, la más fuerte personalidad de la generación del 98; don José Ortega y Gasset, el incansable luchador por la europeización cultural de España; don Santiago Ramón y Cajal, el ilustre neurólogo de fama mundial; don Grehorio Marañón, que junto a una ingente labor científica cultiva los estudios históricos; don Eugenio D'Ors, célebre por su seudónimo "Xenius"; el ingenioso escritor don Ramón Gómez de la Serna; y don Ramón Pérez de Ayala, nacido y educado en Oviedo. Tras los postres, Federico, el mejor intérprete del alma de Andalucía, nos obsequiará con una lectura pública de sus últimos poemas y con un recital de su música.»
Lo más impactante de todo el enunciado anterior es que, además, quien repetitivamente lo escribe y fija en la convocatoria de actos de la Residencia de Estudiantes es el conserje bedel de la misma, el señor Iglesias, representante cualificado del español de a pie que quiere elevarse a través de la cultura. ¿Impactante que un bedel construya textos tan relamidos que parecen epitafios de futuro? Algo sí, desde luego; pero mucho más impactante es comprobar que los grandes cerebros que así son presentados, para algunos estudiantes residentes y narradores anónimos o conocidos de alguna de las partes en que se distribuye la novela no son más que Juancho (Juan Ramón Jiménez),  Pepe Ortega (Ortega y Gasset),  Pepe Moreno o simplemente el Moreno (José Moreno Villa), etc. En ocasiones incluso, en un claro anacronismo que nos acerca a nuestro hoy, estos prohombres se reducen a siglas RGDLS (Ramón Gómez de la Serna, JR (Juan Ramón), JOYG (José Ortega y Gasset), JMV (José Moreno Villa), y así otros más.

Por si lo anterior no fuera suficiente, las descripciones y acciones que acompañan a estos seres que, pensamos, profesan el amor al arte, se afanan por el desarrollo del país y cultivan constantemente el intelecto, nos los muestran:
  • rebajados a su condición de humanos mezquinos y avaros en algunos casos (JRJ está en la Residencia porque se la dan gratis o acude a la tertulia del Jute porque le pagan por ir)
«Dos años atrás, la última vez que Juan Ramón Jiménez se había alojado gratis en la Residencia, ésta debía de estar atravesando también un momento de crisis.» 
  • se mueven por instintos nacidos en su bajo vientre (Ortega y Gasset se ha acostado con todas las mujeres posibles, incluso con las que son tenidas por muy respetables)
«Yo no creo que un incansable luchador por la europeización cultural de España como don José ni que una dama tan respetable, como la baronesa María Luisa Babenberg, cometan adulterio»
  • son sexualmente acosadores (Moreno Villa, jefe de estudios de la Residencia aprovecha su cargo para abusar de algunos colegiales)
«—Dicen que el Cantos y don José Moreno han llegado a un acuerdo —anunció el Guanchi.
—No sólo han llegado a un acuerdo, sino que me parece que están saliendo —respondió sin inmutrase el Amancio.
—¿Qué me dices? ¿Saliendo? ¿Pero no estaba don José tan quedado con el Migue?
»
  • manipulan las corrientes y/o tendencias artísticas exclusivamente por razones dinerarias (el arte puro, la deshumanización del arte defendida por Ortega y discípulos sólo busca hacerse con el imperio de la industria editorial en España)
«Se ve a la legua que Babenberg es un mecenas; pero en realidad es un comerciante que ha encargado a Ortega la creación de una generación literaria rentable a medio plazo, que dé dinero, lo único que le interesa.»
«La Generación del 27 fue una buena idea de Pepe Ortega y de Leo, un negocio redondo.»
  • Etc.
Pero ¿es verdad todo lo que vamos leyendo? Esta es la pregunta que según avanzamos en la lectura nos corroe. Estructuralmente  el libro es fragmentario y, aunque lineal, el resultado de la unión de fragmentos variopintos reales y ficticios, un auténtico collage [Aviso: los epígrafes de los apartados que forman dicha estructura los tomo del estudio que la profesora Pilar Lozano Mijares dedica a esta novela en su libro de 2007, La novela española posmoderna]
  1. La historia ficticia de los tres amigos: Martiniano, Patricio y Santos. Su peripecia al discurrir junto a seres históricos constituye el meollo de la Novela histórica que puede considerarse Fabulosas narraciones por historias.
  2. Cartas que van apareciendo según discurre el relato anterior y que con firma ilegible se datan desde 1986, las primeras, hasta 1994, la última. Precisamente esta última, ya muy próxima la fecha al momento de escritura de la novela, es la que en cierto modo revela muchos de los extremos que el lector ha tenido en suspenso durante el proceso de lectura. Otras cartas son del personaje Santos a su familia.
  3. Artículos periodísticos reales. Especialmente los tomados del diario El Sol donde publicaba Ortega y Gasset ensayos filosóficos que luego conformarían volúmenes como La España invertebrada o La deshumanización del arte.
  4. Artículos periodísticos seguramente ficticios procedentes de una publicación pornográfica, La Pasión; de una revista femenina, Mujer de hoy; y de un diario, La libertad. Están firmados por seres ficticios. Junto a estos artículos, al estilo de lo que el norteamericano John Dos Passos comenzase a hacer en su novela Manhattan Transfer, se introducen anuncios publicitarios de la época.
  5. Por último y ya hacia el final una serie de actas de una supuesta sociedad secreta.
  Visto lo anterior es comprensible que la mezcolanza de ficción, realidad y realidad caricaturizada provoque descreimiento. Un descreimiento natural porque choca, como ya he dicho antes, con el conocimiento asentado sobre la literatura de este período. Antonio Orejudo tira de vena humorística para mostrarnos un momento de la historia de España, especialmente en su vertiente literaria aunque no sólo, forzándonos a replantearnos todo dado que en la muestra que hace de lo real, por muy hiperbólico o deformado que se presente, algo habrá sin duda alguna de realidad: Ortega, un mujeriego; Juan Ramón un tacaño y andaluz cerrado en su hablar; Azorín, tío de Martini, un bárbaro que de un golpe deja tuerto a su sobrino; García Lorca, un presumido ocurrente que disfruta tocando el piano, imitando a políticos o leyendo sus poemas porque así recibe el aplauso de sus admiradores... ¿Verdad, mentira?

¿Miente el novelista cuando escribe tales cosas sobre estos mitos de nuestra cultura? No completamente, porque cierto es que Juan Ramón era un onubense que hablaba de modo muy cerrado, que Ortega disfrutaba recibiendo el afecto femenino, García Lorca actuando... y así todo. Lo que ocurre es que como en toda caricaturización estos rasgos de manera de ser o comportamiento el novelista los exagera, los lleva a un extremo que hace dudar de si estamos en el terreno de la verdad o en el de la pura invención.

Según leía esta novela muchas otras obras escritas por autores de ese período o de otros llegaban hasta mí evocados desde las líneas del relato. Así, por ejemplo, cuando Santos, decidido a tener relaciones sexuales con su tía Carmen, echa mano de la literatura que maneja, la de las revistas pornográficas, y el narrador nos dice: «La evocación de sus héroes de ficción, de sus trabajos y sus días, infundió en su espíritu, de natural poco emprendedor, el coraje necesario», el contraste entre la vulgaridad de los héroes que Santos tiene en su cabeza y la referencia al título del poema de Hesíodo  Los trabajos y los días es brutal, destructora total del concepto elevado de cultura mantenido entre nosotros. 
Lo mismo sucede con muchas otras referencias que estos personajes, vulgares en su mayoría, realizan de otros de reconocida categoría. Por ejemplo la que en una de esas cartas de firma ilegible quien escribe le dice, a propósito de Santos Bueno, al novelista destinatario (¿quizás el mismo Orejudo, quizás Patricio Cordero u otro que está realizando la novela que estamos leyendo?): «Lo que usted afirma de su padre es mentira. Su padre era un mendrugo; y aunque hubiera sido el monstruo que usted dice, ¿qué? Desde que lo pusiera de moda Kafka —al que usted menciona—, todo el mundo justifica su carácter, cuando no sus atrocidades, echándole la culpa al pobre progenitor.». La evocación de la famosa Carta al padre de Frank Kafka es más que evidente. Y así a lo ancho y largo de toda la novela. No puedo finalizar esta parte sin la evocación que tuve de El castellano viejo de Larra leyendo el comportamiento de la familia de Santos Bueno en Fuentelmonge, su pueblo soriano:
«a continuación los Bueno empezaron a sorber la sopa con gran estrépito. Tal vez lo habían hecho siempre, pero Santos reparaba en ello después de haber visto a Babenberg ingerir líquidos como por arte magia. Cuando la hubo terminado, su padre se frotó las manos, entrechocó los dientes y chasqueó la lengua varias veces para gustar bien su sabor. [...] su abuela cuando terminó comenzó a servir el conejo soltando las tajadas a media distancia y salpicando bastante. Mientras la abuela servía, su padre comía pan a pellizcos, metiendo el dedo entre la miga» [...]
Lo que busca el escritor con estos contrastes, constantes a lo largo de toda la novela, entre lo elevado y lo degradado, lo excelso y lo zafio, lo culto refinado y lo populachero rijoso es la parodia y a su través la desmitificación, volver humano aquello que tenemos sobrevalorado. La mera contraposición de los tres personajes ficticios versus los escritores y artistas del entorno de la Residencia de Estudiantes; la sucesión desordenada de fragmentos de elevada cultura con otros de libidinosa pornografía; la diferente procedencia sociocultural de Santos respecto a los otros dos amigos sirven para marcar esta contraposición:
«Santos no pedía lo imposible: sólo una familia con algo de interés, con un pasado oscuro; qué menos que tener un miembro maldito o por lo menos excéntrico, un abuelo maniático o un tío artista»
Todo lo comentado y resaltado hasta aquí lleva a encuadrar la novela dentro de la tendencia narrativa del posmodernismo. Del posmodernismo sé que se ha asentado en el mundo cultural mediante lo que Mijail Bajtin denominaba la carnavalización, la parodia, la exageración caricaturesca. Son procedimientos que encuentran en la ironía, el humor y lo burlesco la manera de penetrar y cuestionar conceptos o momentos históricos asentados culturalmente. El humor nunca es inane, siempre hace reflexionar; el humor utiliza siempre la exageración para por contraste con el elemento real del que parte intentar acercarse a su auténtica verdad. Y ahí, en estos presupuestos es donde se encuentra esta novela.

Una novela de citas
Al ser el posmodernismo en este caso literario, la indagación hacia el pasado se halla en forma de textos ya escritos con anterioridad. Por esto es la citación, a través de la cita literal escueta, la cita intratextual o/y la mera evocación, de lo que fundamentalmente se vale. Fabulosas narraciones por historias de Antonio Orejudo es una obra que bien podría describirse como una novela de citas. Se ve en la estructura señalada más arriba en la que aparecen citas textuales junto a otras ficticias que simulan ser verdaderas, o sea, paródicas, y que por esto mismo el choque entre unas y otras provoca que perdamos la seguridad absoluta de su veracidad dado que el grado de verosimilitud acompaña a todas. 

Leyendo la novela no podía por menos que pensar en la anterior novela leída y reseñada por mí en el blog: Montevideo de Enrique Vila-Matas. En ambas es el recurso de la citación lo más característico. Llega la misma al extremo de utilizar la intratextualidad, es decir, el citarse el propio texto a sí mismo, de manera abundante. Es lo que sucede con esas descripciones ya asentadas de las características personales o artísticas de los grandes autores de esta edad de plata que culturalmente fueron los primeros 40 años del siglo XX y los últimos veinte del XIX. En ese medio siglo largo España vio florecer una literatura que albergó autores diversos y hasta opuestos en sus estéticas como Galdós (realista-naturalista); los del 98, que intentaron renovar de alguna manera el realismo narrativo con relativa poca fortuna (Unamuno sería el más innovador, también el primer Azorín); los del 14 se decantaron por la novela poética de escasa receptividad popular (Gabriel Miró) o por la novela vanguardista (Gómez de la Serna, Pérez de Ayala y así); y los del 27, que en gran mayoría y casi definitivamente fueron poetas o vertieron sus deseos de contar en dramas y tragedias (García Lorca es un buen ejemplo en ambos casos). 

Lo que, en mi opinión, hay en esta novela de Antonio Orejudo es, junto a una serie de temas menores más (la envidia, la hipocresía, el deseo, la venganza, la amistad...), la reivindicación del género de la novela narrativa que casi casi desaparecerá a partir de la Generación del 27 del panorama literario español considerado culto, quedando reducida a circular por las galerías subterráneas del gusto popular, de donde nunca desapareció, en forma de novela erótica o pornográfica y de otros géneros tenidos por subliterarios como el policíaco, el de aventuras, o la novela criminal. Esta vena oculta no emergería hasta el final de la dictadura franquista en 1975. Y así en el primer capítulo de Fabulosas narraciones por historias se reivindica este hilo de escritores que aunque nada conocidos en su tiempo o tenidos por mediocres, -caso de Patricio Cordero Pereda, el autor de la novela The Beatles que ningún pope literario de su tiempo quiere prologarle- sin embargo con los años serán muy bien considerados:
«Pese a lo que digan los libros, no crea usted que en aquellos años todo el mundo leía a Pepe, a Juan Ramón, o que todos adoraban a Lorca; o que Unamuno era conocido por todos los españoles. Entonces la gente era como ahora. ¿Conoce hoy todo el mundo a García Hortelano a Claudio Rodríguez, a Cela, a Juan Marsé o a ese chico joven, Eduardo Mendoza? No. Pues entonces, lo mismo.»

La lectura de esta primera novela de Antonio Orejudo, el estilo de su prosa, su manera de presentar el mundo en la narración, incluso la época en la que se sitúa la acción, me ha hecho recordar otras lecturas actuales situadas en el mismo tiempo e incluso que tocaban asuntos socio-literarios semejantes. Me refiero en primer lugar a Juan Manuel de Prada en su "Las máscaras del héroe", una primera novela igual que Fabulosas narraciones por historias lo es; también a La novela de un literato de Rafael Cansinos Assens, si bien en Cansinos Assens no hay parodia ni histrionismo sino simplemente memorialismo y anecdotario; incluso el tono utilizado en la serie Episodios de una guerra interminable de Almudena Grandes me lo ha recordado esta novela de Orejudo. Es evidente que estamos ante la novela de un gran lector, de un gran conocedor de la literatura; al respecto no hay que olvidar que el autor (nacido en Madrid en 1963) es profesor titular de Literatura española en la Universidad de Almería.

Para finalizar
Fabulosas narraciones por historias es una obra inagotable por extensa; son tantos sus elementos, sus técnicas (perspectivismo, anticipaciones, diversas figuras del narrador, metaficción, intertextualidad, etc.) que hacen difícil contenerla en una reseña. A mí me basta con manifestar mi personal opinión: me ha gustado, me ha parecido una novela original y arriesgada. Sólo le pondría un mínimo pero: la novela parece desbarrar un poco a partir del final de la guerra civil. La historia se acelera y si bien la exageración paródica y el histrionismo están presentes en el relato desde el principio, al final se precipita por una cuesta en mi opinión demasiado 'gore'. 




Nota
Ayer mismo tuve la oportunidad, junto a mis compañeras de tertulia, de dialogar directamente con Antonio Orejudo Utrilla sobre su novela. Como esta reseña yo la tenía ya prácticamente escrita antes de acudir a la cita, dejo para el blog del grupo de lectura más que palabras... el comentario de lo que supuso para todos este encuentro tan instructivo, agradable e interesante.
Tertulia literaria 'más que palabras...'