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16 ene 2024

Philip Kerr. Azul de Prusia

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«Con un libro diferente —el de Marx en vez del de Hitler—, un uniforme ligeramente distinto y un himno nacional nuevo, “Resucitados de entre las ruinas”, todo podía seguir como siempre. Hitler, Stalin, Ulbricht, Jrushchov, eran todos iguales, los mismos monstruos del abismo neurológico que denominamos nuestro subconsciente.»

Azul de Prusia, editorial RBA editores,
Llevaba tiempo queriendo leer algo de este escritor británico y no sé muy bien por qué aún no había hincado el diente a ninguna de sus novelas. El personaje de Bernie Gunther creado por Philip Kerr me lo había encontrado citado en más de un libro de otros autores y en varios de los buenos blogs literarios que habitualmente frecuento. Su personalidad e importancia en el mundo de la novela policíaca parecía estar a la altura de otros, más clásicos y consagrados desde hace décadas, como Marlowe o Sam Spade. No me quedaba más remedio que ir a conocerlo personalmente. No tenía otra opción que leer a Philip Kerr.

Bernie Gunther en Azul de Prusia (aparecida en 2017), la duodécima entrega de la serie de novelas detectivescas históricas protagonizadas por él, es enviado por el general Erich Mielke, jefe de la Stasi y antiguo partisano y activista contra la Alemania nazi, a una misión en Inglaterra. ¿Es Gunther un nazi por haber vivido y trabajado en Alemania durante la época en que Hitler se hizo con el poder o es un comunista que desea el máximo bien para la RDA que surgió en 1949? Pues ninguna de las dos cosas, aunque en apariencia haya contribuido a la subsistencia de ambas. 

Como digo, es este 12º libro el único que del autor y de su personaje he leído. Así que intuyo que mi conocimiento de ambos sea incompleto y asumo el peligro de caer en el error y sacar conclusiones precipitadas. Con todo y con eso me arriesgaré y si incurro de manera flagrante en algunas espero que quien las detecte las señale en el comentario que me deje al final de esta reseña. Puesta ya la venda antes de la herida paso sin más a hablar y dar mi opinión sobre esta novela de casi 600 páginas.

Como he dicho ya el general de la Stasi (Policía política de la República Democrática Alemana), Erich Mielke,  ha viajado hasta la Riviera francesa donde Bernie Gunther, antiguo agente de la policía alemana durante la República de Weimar, trabaja en 1956 bajo identidad falsa en hoteles de esa zona de Francia. Dos agentes de la Stasi le conminan a que los acompañe hasta un restaurante donde Mielke le espera para encargarle el asesinato de una británica, antigua compañera y amante suya. El procedimiento a emplear será el envenenamiento con talio. Para contrarrestar sus efectos mortíferos sólo existe un posible antídoto, el Azul de Prusia. He aquí la justificación del título.

Gunther no puede negarse, aunque intuye que tras realizar la misión, también él sufrirá en sus propias carnes idéntica acción. No le queda otra opción que intentar zafarse de los acompañantes que en tren lo acompañan hacia Calais para tomar el ferry a Inglaterra. Uno de sus vigilantes es Friedrich Korsch, antiguo compañero en la Kripo (Policia Criminal durante la República de Weimar que luego pasó a la tutela nazi. Bernie no fue aceptado en ella por sus ideales social-demócratas). Rememora, pues Gunther, al tiempo que huye de Korsch y otros agentes de la Stasi en ese momento, año de 1956, la investigación que con él realizó en Baviera en1939 en el Nido del Águila (Kehlsteinhaus), en Obersalzberg a donde fue enviado por Heydrich (jefe de la Kripo);  su misión era, aunque estaría a las órdenes del todopoderoso Martin Bormann, la de encontrar pruebas incriminatorias contra éste. Y es que allí, en el lugar de descanso elegido por Adolf Hitler, se ha producido el asesinato de un alto miembro de la seguridad del Führer; Bernie Gunther, detective privado en esa época al no haber sido aceptado en la seguridad nazi por sus ideas socialdemócratas, deberá en sólo una semana encontrar al asesino para así garantizar la seguridad de Hitler.

La novela es detectivesca, un thriller en toda regla, tanto en un tiempo como en el otro. En 1956 el suspense es máximo al ver cómo Gunther, ya con identidad falsa y cambiante, escapa, se oculta, lucha, contra los agentes de la Stasi que Korsch dirige. En la acción rememorada de 1939, ambos, Korsch y Bernie, en sus indagaciones irán descubriendo que el Nido del Águila donde Hitler encuentra la paz es un nido de corrupción, de extorsión a los naturales del lugar y de venganzas sucesivas. La acción en contrapunto está perfectamente desarrollada y desde el primer momento capta la atención del lector.

Muchas cosas me han gustado de Azul de Prusia, la principal sin duda alguna, el baño de historia en el que me he sumergido gracias al buen hacer de Philip Kerr. El dominio y profundo conocimiento que tiene el novelista escocés de todos los personajes históricos con protagonismo en el relato me ha encantado. Al tiempo, he de confesarlo, haber visitado personalmente la zona en un viaje con amigos no hace mucho ha contribuido a mi disfrute: el palacio del Luis II de Baviera, el Kehlstein que es el pico más al norte del macizo de Göll,  las localidades de Berchtesgaden, de Obersalzberg, de Berghof, de Homburgo, de...        

Pero no sólo me he sumergido en datos históricos de la época hitleriana que desconocía. También he aprendido cuestiones poco publicitadas, al menos por estos lares, sobre la conformación de los países de Europa tal y como los conocemos en la actualidad. Así, confieso no saber que en 1955 hubo un referendum en el Sarre sobre si ser independientes o mejor pertenecer a Francia o a Alemania
«en el referéndum de octubre de 1955, los habitantes del Sarre predominantemente alemanes habían votado por abrumadora mayoría rechazar la idea de una Saarland independiente, lo que también les habría ido bien a los franceses. Estos resultados se interpretaron en general como el rechazo de la región hacia Francia y un indicio de su firme disposición a formar parte de la República Federal Alemana.»
Y de la misma manera desconocía por completo el trasvase que miembros activos del comunismo inicial de los años 20 y del nazismo hitleriano de los 30 y 40 realizaron en ambos sentidos. Es algo que en esta novela Philip Kerr quiere destacar debidamente poniendo en la misma línea de iniquidad y necesaria repulsa a los regímenes social-comunistas de la Europa del este y a los regímenes nacional-socialistas que los precedieron. En definitiva, una versión narrativa, magníficamente montada y desarrollada de nuestro castizo "los extremos se tocan"

[Wihlem] «Brückner. Sirvió bajo las órdenes del coronel Epp, durante la insurrección comunista bávara de 1919. Mataron a cientos de personas. En Múnich y en Berlín. He oído incluso que fue Brückner quien estaba al mando de los hombres de los Freikorps que asesinaron a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Ese es uno de los motivos por los que está en el entorno inmediato de Hitler, claro
Al tiempo que toda la historia aparece, Kerr esparce en la novela no pocos elementos culturalistas que él utiliza frecuentemente como elementos en símiles o comparaciones. Así los hay referidos al mundo de la pintura («Incluso en el mejor de los casos, mis recuerdos suelen parecerse a los cuadros más feos de George Grozs y Otto Dix»), al del Cine («Me vi —en blanco y negro, claro— como Orson Welles en El tercer hombre, pistola en mano, la linterna preparada, avanzando lentamente por los túneles en busca de Johann Diesbach, una rata a la búsqueda de otra.») y también a muchos otros como la filosofía, la mitología, la propia literatura...
«No sé si Nietzsche habría reconocido en mi presencia en Homburgo su concepto del eterno retorno, pero a veces daba la impresión de que los detalles de mi vida estaban destinados a repetirse, una y otra vez, por toda la eternidad. Quizá Goethe habría dicho que tenía una afinidad electiva por los líos, que estaba químicamente predispuesto a ello. O bien eso, o bien estaba simplemente condenado a vagar por la faz de la Tierra, como Odín, en busca de una especie de conocimiento que contribuyera a mi fútil apuesta crepuscular por la inmortalidad.»
Entre los elementos que me han agradado está la individualidad que confiere el novelista a todos y cada uno de los personajes, tanto históricos como los hermanos Bormann, los generales Mielke y Heydrich, Karl Flex, el doctor Brandt, Bruno Schenk o Peter Högl, como los propiamente ficticios: el propio protagonista, evidentemente, su compañero Korsch, Johann Diesbach, o el curita católico que le dice que le ayudará a huir de los agentes de la Stasi, y pocos más porque en Azul de Prusia -y me atrevo a decir que en toda la serie de Bernie Gunther- hay más personajes históricos que propiamente inventados.

Otra de las cosas que han llamado mi atención es la recurrente utilización del calificativo "azul". Además del contenido en el propio título, el azul corretea por muchas páginas de Azul de Prusia
  • «los dilatados ojos azules impávidos [de Karl Flex]frente a la intensa luz», 
  • «El muerto Flex llevaba una libretita AZUL», 
  • «un cuadro de Federico el Grande con la cara sonrosada. Aún era joven; tal vez datase de cuando era el príncipe heredero. Vestía un abrigo de terciopelo azul» 
  • La referencia culturalista a la película "El Ángel Azul" protagonizada por Marlene Dietrich
  • ....
Serie Bernie Gunther, Novela detectivesca, literatura alemana
Leyendo sobre la serie novelesca de la que forma parte Azul de Prusia observo que no existe entre los distintos títulos un orden cronológico estricto sino que hay novelas que relatan sucesos anteriores a otros aparecidos en títulos anteriores y también a la inversa. En esta novela, al mostrar dos momentos en contrapunto juega con alguna que otra anticipación en el más temprano como cuando al hablar por vez primera del doctor Karl Brandt dice que «Un par de años después, en Praga, me volvería a cruzar con su nombre, en relación con el asesinato del general Heydrich.».

Y en cuanto al estilo es evidente la característica de novela negra contenida en el primer relato temporal al denunciar toda la iniquidad y corrupción del sistema nazi, los abusos sobre la población, la 'felicidad' de los nazis versus el sufrimiento de los campesinos de la zona que rodeaba al lugar paradisíaco donde descansaba el líder del Tercer Reich. Quizás para incidir más en la brutalidad estructural del nazismo Philip Kerr redacta por momentos párrafos como el de la autopsia realizada al cadáver de Karl Flex:
«La causa aparente de la muerte resultaba obvia de inmediato: un trozo grande de cráneo, de varios centímetros cuadrados y todavía unido al cuero cabelludo, colgaba del lateral de la cabeza recubierta de sangre seca igual que una trampilla abierta. La mitad de los sesos revueltos del tipo parecían haberse derramado sobre la mesa y las baldosas del suelo cual fragmentos de carne picada en una carnicería.»
Esto es lo que era el nazismo en esencia, sucio como el suelo de una carnicería.

12 feb 2021

Novela de ajedrez. Lo último de Stefan Zweig

40 comentarios:
"El juego del ajedrez posee la magnífica ventaja de no agotar el cerebro, pese al esfuerzo mental más intenso, pues reduce el empleo de las energías espirituales a un campo estrechamente limitado, aguzando más bien la agilidad y elasticidad de la mente."

Si no me equivoco todos los años comienzo el Reto "Nos gustan los clásicos" con la lectura de una obra del para mí grandísimo Stefan Zweig. Este año no podía ser diferente y acabo de leer una de las suyas que desde hacía tiempo llevaba queriendo hecerlo. Me refiero a "Novela de ajedrez".

Manuel Lobo Sierra (traductor), Gestapo, Nazis, Fascismo, IIª Guerra Mundial

Sinopsis
(proporcionada por la propia editorial)
Sin capacidad para cualquier otra actividad intelectual, Mirko Czentovicz se reveló, ya desde niño, como un genio del ajedrez, del que ha llegado a ser campeón del mundo. Pero, en un viaje en barco de Nueva York a Buenos Aires, se le presenta un enigmático contrincante: el señor B., noble vienés que huye de los nazis. Uno de los pasajeros del vapor se acerca a los dos personajes acompañando al lector a la confrontación entre los dos jugadores.

Mi comentario
Esta novela corta fue la última obra escrita por el austriaco Stefan Zweig quien no alcanzaría a verla publicada dado que el escritor vienés puso fin a su vida en Petrópolis (Brasil) el 22 de febrero de 1942 y esta breve narración fue publicada como homenaje al autor en edición limitada de 300 ejemplares en diciembre de ese mismo año.

La novela es una preciosa y elegante denuncia de la brutalidad del nazismo, vencedor imparable por entonces sobre la razón e intelectualidad del mundo. Zweig fue de los pocos intelectuales que desde muy temprano denunciaron el peligro que para Europa suponía el nazismo, si bien con escaso eco en su momento. 

La acción sucede durante la travesía en barco que lleva al narrador de Nueva York a Buenos Aires. La singladura tiene una duración prevista de doce días. Resulta que en el barco viaja también rumbo al campeonato mundial de ajedrez, Mirko Czentovic, yugoslavo rural enemigo del estudio que sorprendentemente tiene cualidades congénitas impresionantes para el juego del ajedrez, de manera que en pocos años se ha alzado con la corona del mismo. Czentovic es reacio a la conversación tranquila e inteligente, e incluso a cualquier contacto humano. Sólo se relaciona con sus semejantes en el campo de batalla que es el juego del ajedrez. No entiende otro trato humano que el del enfrentamiento. 

El narrador a instancias de un amigo decide incitarle a través del ajedrez, pero Czentovic no transige salvo que se le compense económicamente y de ser así sólo a una única partida. Así lo acuerdan; de manera que el campeón del mundo jugará una partida en la que  vence con facilidad contra un contrincante colectivo presidido por McConnor, que es el encargado de realizar los movimientos que entre todos acuerdan. Tras la derrota, el amigo del narrador pide la revancha a lo que el yugoslavo accede. Es en el curso de esta segunda partida cuando el bueno de McConnor, que así se llama el orgulloso norteamericano que ha retado al campeón, ve frenada su mano antes de un movimiento por un tal doctor B que corrigiéndole le anticipa sin equivocarse las jugadas que se sucederán a continuación, de manera que Mirko Czentovic deberá poner en el juego una atención que hasta entonces no había precisado. Gracias a esta intervención, la partida queda en tablas, razón por la que el campeón yugoslavo, herido en su amor propio, solicitará al doctor B una partida entre ambos para el día siguiente.

Durante esa tarde noche el narrador conoce de primera mano la historia de B y su conocimiento del ajedrez a pesar de que dice la última partida la jugó hacía más de 25 años. Todo era debido a haber estado retenido en un hotel vienés aislado de cualquier contacto humano durante meses. Sólo los interrogatorios a los que la Gestapo le sometía rompían su cruel monotonía sin referente alguno de tiempo o jornada, y sin posibilidad de entretenimiento alguno pues los libros, el papel y el lápiz le estaban vedados. En uno de esos interrogatorios por puro azar el doctor B pudo hacerse con un librito de 150 partidas maestras de ajedrez desarrolladas en todos sus movimientos. Estas 150 partidas las reprodujo mentalmente tantas veces que casi casi llegó a memorizarlas, de ahí la anticipación de movimientos que mostró a McConnor y que sorprendieron a todos. 

Con el tiempo el doctor B sería liberado y expulsado de Austria por la propia Gestapo al considerar que el aislamiento le había hecho enloquecer y enfermar. Él mismo se había prometido no volver a tocar el ajedrez dada la adicción y trastorno mental que le produjo. Pero... Y hasta aquí puedo contar si no quiero romper -¡y no quiero!- la magia encantadora con que Zweig hechiza a los lectores. Sin afán de destrozar nada sólo daré una pista para quienes la lean: Stefan Zweig se suicidó en Brasil en febrero de 1942 al creer firmemente que Hitler ganaría la guerra. Esta novela, la última que escribió, denuncia los métodos de la Gestapo contra intelectuales y racionalistas como el doctor B primando siempre como ya he dicho el choque, el enfrentamiento, el afán de derrotar al contrincante. El peligro que Zweig veía en su mundo y que además del curso de la guerra lo llevó al suicidio fue observar que muchos pensadores, artistas e intelectuales no vieran con muy malos ojos el papel de la Alemania nazi.

Nazismo y Ajedrez. Ajedrez y Guerra. Stefan Zweig
("Nazis y Ajedrez", Jesús Cabaleiro; https://periodistas-es.com/)
Si ya el fondo del asunto presentado es bastante para hacer de la novela una obra maestra de creación,  el estilo del austriaco la eleva a la condición de delicatessen Zweig. En conjunto estamos ante una alegoría presentada y desarrollada con gran elegancia pero también con mucha contundencia. En ella ajedrez, el chico campeón y el resto de contrincantes encubren referentes reales como la guerra, Alemania, el resto de naciones...
Los campeones más atrevidos, cada uno de los cuales le superaba infinitamente en dotes intelectuales, en fantasía y audacia, sucumbían a su lógica fría y tenaz, igual que Napoleón al pesado Kutuzow, o Aníbal a Fabio Cunctator, quien, al decir de Livio, también había demostrado en su juventud esos rasgos llamativos de pachorra e imbecilidad.
El lenguaje utilizado es en realidad sencillo y no contiene, salvo la alegoría señalada que el texto en su conjunto es, mucha complicación retórica. Todo en el aspecto formal está al servicio del fondo; quizás por eso la figura estilística  más visible, utilizada con clara intención simbólica, sea la del oxímoron con la que Stefan Zweig quiere resaltar la gran contradicción que para él es el juego del ajedrez (la guerra) por mucho que se tenga de él la consideración de inteligente cuando quien gana todas las partidas es un bruto de pensamiento plano:
[el juego del ajedrez es] antiquísimo y eternamente joven; mecánico en la disposición, y, sin embargo, eficaz solamente por obra de la fantasía; limitado en el espacio, geométricamente fijo y a la vez ilimitado en sus combinaciones; desarrollándose de continuo y no obstante, estéril; un pensar que no conduce a nada; una matemática que nada soluciona; un arte sin obras; una arquitectura sin sustancia, y, no obstante, evidentemente más duradero en su existencia y ser que todos los libros y obras de arte; el único juego propio de todos los pueblos y tiempos y del que nadie sabe qué dios lo legó a la tierra para matar el hastío, aguzar los sentidos y poner en tensión el alma?
Para finalizar
Tras leer literatura actual repleta de best sellers inacabables y de novelitas inanes pretendidamente profundas reencontrase con "Novela de ajedrez" de  Stefan Zweig y comprobar cómo en pocas páginas evoluciona ante el lector la psicología de los personajes sin estridencias ni alaracas pero con seguridad, contundencia y certeza le reconcilia a uno con el auténtico arte que la literatura es. 

Comienzo mi participación en el Reto "Nos gustan los clásicos 2021" del blog 'Un lector indiscreto' con esta novela corta. Creo que no puede haber mejor entrada. 

Otras obras de Stefan Zweig reseñadas en este blog