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2 oct 2025

Ezequías Blanco: "Tres muñecos de vudú"

16 comentarios:
Rafa Martín Martínez, Ezequías Blanco
Tres muñecos de vudú de mi buen amigo Ezequías Blanco (Paladinos del Valle-Zamora, 1952) fue su primera incursión en el campo de la novela. La escribió durante el año 2000, el año del cambio de milenio. Ese mismo año la presentó al Premio Ciudad de Salamanca quedando finalista en dicha convocatoria. Ediciones Del Oeste, editorial radicada en Badajoz, la publicó en 2001. Ahora, en 2025, vuelve a aparecer de la mano de Huerga y Fierro, editorial que cumple ya 50 años de existencia. El tiempo transcurrido desde 2001 hasta este 2025 no ha hecho amarillear el relato para nada. A los buenos libros de los buenos escritores les sucede esto: se mantienen vivos y actuales sin importar para nada los años  transcurridos. 

Tres muñecos de vudú es una historia que parte del reencuentro de antiguos alumnos de un colegio de frailes en Salamanca. Han pasado 20 años desde el final de sus estudios escolares y tras la separación, obligada por estudios y profesiones, cuatro o cinco amigos de cuando eran adolescentes volverán a verse con motivo de esta celebración. Amores que quedaron en suspenso entonces, el  abandono de noviazgos poco entendibles en su momento, el día a día personal e intransferible de cada uno se verán removidos y revividos por este encuentro.

Los ritos de vudú cumplen un importante papel en la novela, de ahí esos tres muñecos que dan título a la obra. Algunos personajes recibirán uno de estos muñecos, lo que en cierto modo -intuye el lector- marcará su próximo futuro. Hay en la novela prácticas mágicas y adivinatorias propias del mundo vudú. Pero el autor también juega al despiste con los lectores como cuando en algún momento uno de los personajes, creo recordar que es Ana, la mujer de Abel, al repasar lo sucedido hasta el momento cae en la cuenta de que la mayoría de personajes masculinos -fundamentalmente los amigos- salvo uno o dos tienen nombre que comienza por la letra A: Abel, Amador, Agustín, Alberto... ¿Destino, adivinación, casualidad, vudú también? Bueno, bueno, hay que leer para saber, claro.

Junto a los personajes nombrados anteriormente hay muchos otros: importantes como MargaSilvia, Susa, Valentín Hornillos...; y menos importantes en el desarrollo de la trama como el misacantano Sebastián, los de mantenimiento en el colegio de frailes (la 'Santísima Trinidad': el Chapuzas, el Rápido, el Voltaire), los curas (el Ninfas, el Fiambre, el Comodín, el Maricón, el Negro...), el bedel don Domingo, etc. Como se ve un amplio abanico de seres habitan esta novela, todos ellos con personalidad e individualidad propias. Quienes lean la novela disfrutarán mucho con cada uno de estos tipos y caracteres. Para mí un mérito más de la novela.

Estamos ante una novela negra en la que hay asesinatos, amenazas, alguna paliza que otra y mucho, mucho, suspense. Ezequías Blanco realiza una parodia de esta tendencia novelesca que en los años en los que él está escribiendo el libro estaba de plena actualidad. Rinde homenaje el escritor a los grandes clásicos del noir y también destaca por su valía literaria a nacionales contemporáneos que cultivaban el género
 [a Valentín] «le sobran lecciones de teoría aprendidas de buen grado en las mejores fuentes de la novela negra, de la de espionaje, de la de intriga... Ha leído entre otras doctas plumas en la materia a John Le Carré, a Graham Greene, a Raymond Chandler, a Dashiell Hammett, a Chester Himes, a Ross McDonald... E incluso a Pérez Reverte, a Eduardo Mendoza, a Vázquez Montalbán, a Juan Madrid y a Lorenzo Silva.» 
La parodia la realiza el escritor mezclando los elementos habituales del noir con el mundo esotérico del vudú, la adivinación, la magia blanca y la magia negra. Pero lo más importante, lo que hace verdaderamente distintiva a esta novela de otras que por ese entonces se publicaban es que, como si de un papel de celofán se tratase, envolviendo y ajustando debidamente en su interior todos los elementos que configuran el relato, está la literatura. Ezequías Blanco, creo que lo he dicho ya en más de una ocasión, habita un lugar llamado «Literatura», y todo el mundo real del que parten sus narraciones está tocado por ella.

Los autores clásicos (Jorge Manrique especialmente y en varias ocasiones, y muchos otros expresamente citados o no: Lope, Quevedo, Góngora...), pero también los contemporáneos (César Vallejo, Unamuno y muy especialmente Federico García Lorca) están muy presentes en Tres muñecos de vudú. Ellos tiñen la historia con el betún que supone utilizarlos sabiamente para ilustrar y mejor entender las evoluciones de los personajes.
«"Hay golpes en la vida tan fuertes... Yo no sé / como de la ira de Dios..." pensaba Ana con César Vallejo y con Abel quien solía musitar estos versos cuando a alguien le ocurría alguna desgracia tremenda, relacionada generalmente con la muerte de niños o de personas jóvenes. "Cuando más ardía el fuego / echaste agua..." se repetía, una y otra vez, Ana con Jorge Manrique y con Abel.»
Personalmente, en Tres muñecos de vudú, además de lo ya dicho, yo destacaría tres aspectos, en mi opinión sobresalientes. El primero es el recorrido que Ezequías realiza en la primera y en la segunda parte de la novela por la ciudad de Salamanca [la tercera parte y la cuarta se desarrollan en Madrid], la ciudad donde él, como su alter ego Abel, estudió, primero en un colegio de frailes y luego ya en su Universidad. La Salamanca real es la que aparece en la novela: sus calles, sus monumentos, los espacios de la Facultad de Letras donde conoció a personas que tanto le influirían en su trayectoria vital y literaria... No pierde la ocasión el novelista de homenajear de esa manera tan suya -de soslayo, que dice Rafa Martín Martínez en el magnífico prólogo que precede a la novela en esta edición de 2025- a personas, algunas como el poeta salmantino Aníbal Núñez o el compañero de estudios universitarios Luis Javier  Moreno Madroño (Javier en la novela) con quienes, mientras estuvieron en este mundo, mantuvo el autor un sincerísimo afecto personal y literario. 

En segundo lugar es impresionante el conocimiento y manejo que el novelista tiene del vocabulario, tanto de un mundo desaparecido o en vías de desaparición («Había allí orzas, ánforas, belezos, cráteras, pipetas, redomas, cazos, zafras, alcuzas y otras muchas de las que desconocía los nombres») cuanto de otro más nuevo, que precisa de nuevas denominaciones, como cuando Abel, con el humor que comparte con el propio autor, se refiere a las dolencias que sufren muchos de sus antiguos compañeros de estudios en sus actuales trabajos:
«cuando se encontraba con ellos, todos, sin excepción, despotricaban amargamente de su curro, quién con más vehemencia, quién con menos, dependiendo del carácter o del estado de ánimo. Además todos estaban aquejados de múltiples enfermedades profesionales que él había bautizado con su humor habitual, bajo nombres como "aulitis fóbica", "fiebres calendarias", "artrosis áulica", "neurastenia magistral"...»
Ezequías Blanco, Novela negra paródica
Y el tercero de los tres aspectos que en esta reseña quiero poner de relieve es, como cualquiera ya habrá descubierto, el humor que a todo lo largo de Tres muñecos de vudú esparce Ezequías Blanco. La ironía, los juegos realizados con las palabras, los vocablos o sintagmas inventados con socarrona intención, el sarcasmo empleado con profusión..., en definitiva, el tratamiento humorístico es el caldo en el que el novelista hornea los elementos que forman el entramado de esta buena novela. Estos elementos son la educación recibida en el colegio de frailes, el enganche amoroso de Abel y sus indecisiones, la voracidad sexual presente en algunos personajes, la manera de hablar de algún compañero, algunos giros propios de la novela negra que no conviene desvelar aquí, las reacciones ante ciertas situaciones de algunos personajes... Sí, decididamente, en Ezequías existe una vena humorística en su variedad irónica que hace que leer sus narraciones, en concreto esta primera novela, sea una completa delicia. 
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Otras entradas en el blog sobre libros y actividades de Ezequías Blanco:





8 sept 2025

"Décimas para Sara" de Ezequías Blanco para inaugurar el dígito de los 2.000.000 de visitas. ¡¡Gracias, gracias, y gracias!!

20 comentarios:
El blog de Juan Carlos, Dos millones de visitas

Aunque el poemario de Ezequías Blanco lo tengo en mi poder desde el 30 de mayo de 2025, día de su presentación en Getafe, y lo disfruto desde entonces, he querido dejar su reseña hasta hoy e inaugurar con ella este dígito, nada menos que los ¡¡2.000.000!! (dos millones) de visitantes que acaba de alcanzar este humilde blog. Si Carlos Gardel cantaba aquello de “que es un soplo la vida, que 20 años no es nada” qué voy yo a decir de este número de visitas a mi blog. Algunos dirán -y con razón- '¡pues no son tantas!'. Cierto es, pero a mí bien que me satisface contemplar la rotundidad del número, mucho más en un blog de lo que se entiende que es cultura algo que en el mundo en que vivimos no parece interesar a demasiada gente. Por todo esto estoy muy contento y quiero compartir mi satisfacción con  mi amigo Quías que en su hermoso y emotivo poemario canta a lo importante de la vida: el amor, la familia, los nietos, la inocencia y la verdad de los mismos...

Antes de comentar "Décimas para Sara" haré, siquiera sea brevemente, un rápido repaso de El blog de Juan Carlos. A fecha de hoy los visitantes del mismo pueden acceder a unas 900 entradas, la mayoría de ellas reseñas de libros, otras de representaciones teatrales y algunas menos de películas visionadas. Este cerca del millar de entradas ha recibido unos 15.000 comentarios repartidos entre intervenciones directas de los  lectores y las respuestas que siempre que puedo procuro darles, por eso de convertir la entrada concreta en motivo de diálogo amable. Muchas gracias a todos los comentaristas, visitantes habituales del blog la mayoría de ellos, aunque también nuevos algunos, lo que cada vez que sucede me produce inmensa alegría. 

No sé cuánto tiempo más seguiré alimentando El blog de Juan Carlos. A veces me siento cansado, pues han pasado ya muchos años desde que decidiera crearlo. En algún sitio, creo que cuando celebré el primer millón de visitas en marzo del año 2021, hace ya cuatro años, escribí lo siguiente:
«Un blog que durante sus algo más de diez años de existencia ha ido in crescendo: de las sólo 4 entradas publicadas en 2010 he pasado a 90 en 2016, 86 en 2015 o en los dos últimos años a 79 en el 19 y a 80 en 2020. Creo que no está nada mal. Yo al menos estoy satisfecho porque en conjunto desde su creación en mayo de 2010 son ya 605 las entradas en él aparecidas. 605 entradas que han merecido casi 8000 comentarios por parte de algunos de la millonada de visitantes que con vuestras opiniones me habéis dado a conocer no pocas cosas y descubierto errores en los que sin saberlo había incurrido.»
Cualquiera observará que el número de entradas desde esas 90 de 2016 o las 80 de 2020 han ido reduciéndose poco a poco. Cansancio, quizás hastío, los años transcurridos... En cualquier caso como todo en la vida, El blog de Juan Carlos durará lo que tenga que durar. Es verdad que ahora mismo, muchos otros blogs de literatura optan por pasarse al formato del videoblog o a colgar las reseñas en Instagram y/o Facebook. Son opciones más rápidas, más cómodas, que exigen menos esfuerzo por parte de los internautas. Yo por ahora soy reacio al cambio, si bien como la mayoría de quienes os pasáis por aquí habréis comprobado sí suelo publicitar mis entradas en Instagram, Facebook y X. Pero de ahí a abandonar el formato de Blogger  por ahora no.

Repito mi agradecimiento: 

¡¡Gracias, gracias, y gracias!!

ooooOoooo
  
Décimas para Sara, Ezequías Blanco
Pienso que más que hacer una reseña al uso, algo que con los libros de poesía no es tarea sencilla, en esta 'reinauguración' del blog, no estaría nada mal para esta entrada trasladar aquí, en la medida de lo posible, la amable sensación que dejó en todos los asistentes la presentación del poemario en Getafe el pasado 30 de mayo. En dicho acto intervinieron, por este orden, el poeta Francisco Caro, que fue quien animó al autor a publicar estos poemas que el propio Quías modesta y equivocadamente tildaba, por el ámbito familiar en que nacieron, de fruslerías; José Cereijo, poeta responsable del prólogo de la obra que atinadamente titula 'La realidad, en fin: La vida'; Eugenio Rivera Claudio, acertado ilustrador de cada uno de los 38 poemas que forman el poemario; y el autor, Ezequías Blanco, quien tras explicar el origen de la estrofa clásica elegida para estos poemas, pasó a hablar de la fuente que los inspiraron: la emoción sentida ante acciones o sucesos de su nieta Sara que luego él plasmaba en versos. 

Cerró el acto de presentación la visualización de un magnífico video (pinchar aquí o en la imagen para visualizarlo) creado por Rufo Pajares en el que distintas personas leen algunos de los poemas contenidos en Décimas para Sara. Es una auténtica gozada escuchar las décimas en boca de declamadores como Matías Muñoz, Ana Rosa Bustamante Morales, Jaime Santos, María de la Vega, Pepe Viyuela, Mariano García, Davina Pazos, o el propio Ezequías Blanco. El fondo musical de la Serenata española de Tárrega que interpreta a la guitarra Jesús Saiz Huedo es un plus añadido a la calidad de los poemas y de las ilustraciones de Eugenio Rivera que en el video acompañan a la letra de los poemas que se recitan.



Dicho y visto lo dicho y visualizado hasta aquí, poco me queda ya por añadir. Quizás sólo reproducir lo que para mí escribí tras una primera lectura:

Un librito delicioso. Ezequías utiliza la estrofa clásica de la décima para celebrar diversos episodios felices o/y sorprendentes sentidos y vividos por él a raíz de convertirse en abuelo. El título viene dado por la estrofa utilizada y por el nombre de Sara, su primera nieta. Sentimos la esperanza ante su próximo nacimiento, sufrimos con su primera fiebre, celebramos sus sucesivos cumpleaños, sus primeras palabras de trapo, sus primeros y vacilantes pasos, su inevitable crecimiento, su cándida crueldad infantil, la llegada de la hermana, etc. En definitiva, Ezequías hace un canto a la vida, a la inocencia infantil, al amor que los mismos inspiran. La estrofa elegida por el autor va como anillo al dedo a los sucesos que suscitan los poemas.

Es un libro ilustrado. Cada poema está acompañado de un dibujo realizado por Eugenio Rivera. Dado la inspiradora de los poemas, la nietita de Quías, Eugenio ha realizado unos dibujos que invitan a que niños de la edad de Sara se sientan atraídos por el volumen. Son dibujos muy simpáticos, muy graciosos, unos dibujos que han sabido captar el sentido de cada una de las décimas; y no sólo el sentido directo que los niños seguro que saben entender, sino también otro más profundo, más adulto: el que quien quiera que sea, padre o abuelo, habrá experimentado en carne propia al tener un bebé en sus brazos; un bebé que va creciendo y pasando por cada una de las fases que leemos en esas estupendas espinelas que Ezequías ha pergeñado como regalo para su querida nieta.

Recomiendo la lectura del poemario por su belleza, por su verdad, y por la emoción que transmiten todas y cada una de sus composiciones. Es vida auténtica.


Algunas páginas del poemario:

Décimas para Sara

Décimas para Sara

Décimas para Sara, Ezequías Blanco

Décimas para Sara, Ezequías Blanco


Para adquirir este hermoso libro editado por Mahalta ediciones basta con pinchar en la imagen que aparece a continuación:


7 sept 2023

Islandia, 2004. Novela de Ezequías Blanco

12 comentarios:

«Ha caído en mis manos un libro titulado Sin noticias de Gurb con el que alguien pudiera establecer comparaciones y acusarme de plagio o intertextualidad, que esas cuestiones aquí tienen mucha importancia a causa de los derechos de autor y del exagerado individualismo de los artistas. Como si lo de caer en un sitio que no es el esperado y empezar un diario reseñando e interpretando la extrañeza que produce la novedad fuera exclusiva de alguien»


Hace unas semanas que leí Islandia 2004, la divertidísima novela de Ezequias Blanco. Se trata de una reedición que Huerga y Fierro, sus editores, presentan en una nueva y hermosa publicación. He disfrutado mucho leyéndola. Es divertida, crítica sin hacer sangre, popular, auténtica, muy bien escrita y viene acompañada, como es consustancial a su creador, de una enorme carga literaria y cultural. En fin, es una, por estilo y contenido, reconocible obra de Ezequias, getafense de adopción.

La anécdota que contiene es la pérdida, por algún defecto en la IA (Inteligencia Artificial) aplicada, del artefacto que debía de transportar al Gran Hermano orwelliano hasta la fría Islandia. En vez de ello ha recalado la nave en Getafe (Getafilandia) desde donde este personaje comienza a filmar y enviar a un joven transcriptor cintas de cuanto se presenta ante su ojo orwelliano. Y lo que se presenta es toda la sociedad y la vida social de esta ciudad de la CAM (Comunidad Autónoma de Madrid) a comienzos del siglo XXI. 

Es una novela divertida por demás. El tono surrealista lo envuelve todo Comienza el humor por ese personaje vestido de esquimal, ese GH cuyos conciudadanos quieren quitarse de encima por viejo y estar descacharrado; es por esto que deciden enviarlo en misión informativa a Islandia, de ahí su atuendo invernal: «sombrero castoreño, una bufanda muy tupida de lanas de caída de yak, unos guantes de Burgos, unos calzoncillos de felpa de pernera larga o pulgueros, una camisa de cuadros de merina australiana, un anorak de plumas de ganso [...]». Pero contra todo pronóstico el ser así trajeado cae en plena canícula en el poblachón manchego de Getafilandia. Y también contra todo pronóstico la máquina que en definitiva GH es suda por todos los poros que no debiera de tener, motivo por el que habrá de hacerse con otra vestimenta más adecuada al momento, paisaje y paisanaje local. 

El ojo que todo lo ve del GH graba de manera neutra e impersonal imágenes de todo cuanto en su recorrido por Getafilandia se va encontrando: la frutería de la Rosi, el salón de bailes Casablanca a donde ella, lesbiana, y la Encarni, madre separada, acuden a bailar y «a pillar la pava», sobre todo la primera; la sala de Bingo donde la suerte («dinero llama al dinero») cae sobre los hermanos Céspedes, marqueses de la Chorra Pelada; el dominguero partido de fútbol infantil en el que los padres chillan como posesos contra el equipo rival, quizás —¡venga Dios a verlo!— con inequívoco afán educativo; la desmadrada fiesta en casa de los Marqueses en la que hasta las mascotas se saltan todas las líneas rojas: «"Mariblanca [...] al menos echa tres polvos diarios con Héctor" "¿Qué dices?" "Lo que oyes" "Pero ¿es posible? ¿Un perro y una gata...?" "Sí, cari, un perro y una gata. Con mis propios ojos lo he visto y como podrás imaginar me quedé de piedra..." "Esta casa parece una orgía de animales"»; la farmacia del licenciado Cristóbal; el Centro de Mayores; la Librería El Chato; etc., etc.

En todos estos espacios los lugareños hablan, ríen, viven, se relacionan..., y el ojo que todo lo ve del GH va registrando en cintas de video sus gestos, sus figuras, sus palabras. Es luego otra máquina, el transcriptor, a la que GH envía las cintas, la encargada de poner en palabras lo allí grabado. Ambos seres, el caído por azar en Getafilandia y el transcriptor, aunque en principio tienen el propósito de no apostillar, de no opinar sobre lo que ven, sin embargo, según avanza el relato no pueden evitar implicarse en el mismo más y más. Ambos lo admiten y lo confiesan. El propio GH comunica: 
«Soy el Gran Hermano. Al principio escribí, que yo sólo apostillaría si lo considerara necesario y que prefería no tener que hacerlo, pero a estas alturas no me queda otro remedio, porque si no, me voy a comer las uñas que no me crecen»
Por su parte el propio transcriptor («un jovenzuelo con pinta de pajero compulsivo») que fue quien decidió desasirse del viejo GH enviándolo a Islandia no tiene más remedio que advertir que él que
«pretendía ser lo más objetivo posible en esta transcripción al dar cuenta de lo que sucedió en el jacuzzi entre Teresita, Diana y el Marqués, y en el jardín con los otros cuerpos sólo diré que a mí, que soy una máquina y estoy castrada se me elevó el pizarrín en tres ocasiones»

En total son diecinueve las cintas grabadas por este ojo, cada vez más humano y menos GH, tanto que en un momento dado del relato tomará una decisión importante que, naturalmente, no voy a revelar aquí. Sólo diré que la misma implica al propio libro que tenemos en nuestras manos. ¿Qué será? ¡A leer la novela tocan!, que diría aquel. El humor, presente de principio a fin, en definitiva lo que hace es reivindicar la vida, la vitalidad, la alegría de vivir.

El recorrido por Getafilandia que reflejan estas cintas y sus trascripciones es ciertamente muy costumbrista, y también muy Vélez de Guevara, quiero decir, muy al estilo de ese Diablo Cojuelo que levantaba los tejados de Madrid, otro poblachón manchego, para mostrarnos la vida viva de sus habitantes. Pero Islandia 2004 no es una mera postal costumbrista en la que vemos a personajes variopintos en su día a día. No, no es sólo eso. Ezequías en esta novela ironiza también de manera crítica sobre no pocos tipos de seres que existen en nuestra sociedad: he ahí a Hilario, el sindicalista, al que Encarni bailando en el Casablanca pregunta «"¿En qué trabajas?" "Soy sindicalista" "Ya se nota. Buena chupa llevas. Lo menos de noventa talegos"»; o a Luis Carlos, marqués de la Chorra Pelada, dedicado a sus placeres eróticos e intelectuales, el cual es vitoreado por todos los asistentes a su desmadrada fiesta cuando surrealísticamente en la misma es preguntado sobre cuestiones consideradas habitualmente de enjundia: la creación artística, la relación creador-obra creada y, por último, si la muerte del libro físico está próxima. Y este calavera —paradójicamente luego veremos que Luis Carlos es de lo más centrado de ese zoo humano que es Getafilandia— supera todas con nota; o al mismísimo Azrael Blanco, quien tras inventarse una frase que atribuye a Leopold Bloom —¡madre mía, cómo somos los profesores, qué capacidad de inventiva tenemos!—, afirma algo que, aunque su alter ego real, el novelista Ezequías Blanco, la ha escrito con tremenda ironía, yo creo que es realmente la finalidad perseguida por él en esta interesante y divertida novela. Dice Azrael que 
«intentará hacer de Getafilandia la síntesis material y espiritual del mundo del siglo XXI. [...] Si no la gran epopeya de la posmodernidad, sí al menos la epopeyita que se puede conseguir con estos personajes».
Y es que de personajes va esta narración. De personajes reales, de seres de carne y hueso, que se relacionan entre sí, en un espacio relativamente pequeño, la ciudad de Getafe, y que cada uno con su función (Pedro Castro, alcalde perenne; Gregorio Peces Barba, rector de la Universidad; Carmen García, directora del IES Puig Adam; el poeta Luis Alberto de Cuenca en la presentación de un victimista libro feminista de Enka, la marquesa; el obispo; el cronista local; el farmacéutico y poeta Cristóbal de la Manzanara; el sindicalista, poeta y abuelo precoz Matías Muñoz; los libreros Felipe Alarcón de El Chato, o el correspondiente de la librería Demos... Personajes reales éstos, que sirven de marco para las vicisitudes de los plenamente ficticios con los que se relacionan o acogen en sus espacios.

En cuanto a la escritura, hay que decir que es una gozada leer esta novela. En ella Ezequías plasma la viveza del lenguaje coloquial. Es fantástico y muy divertido observar cómo unos visitantes foráneos externos, el GH extraviado llegado aquí y su joven transcriptor aún en su remoto lugar, intentan comprender lo que se dice en una reunión de amigos «cuando coinciden todos a la vez y la conversación general pronto se desgrana en subgrupos de dos o de tres»:
«"¿Cual es la última palabra del diccionario?" [...] José Luis saca la PDA y apostilla "la última es zyjanera" "¿Y qué significa zyjanera?" "Se me han acabado las pilas y no me ha dado tiempo a leerlo" "Por cierto han salido al mercado unas pilas extraordinarias... ¡De cine...!" "El cine de ahora es una mierda. Nadie superará a Burt Lancaster..." "¿Encaste...?" "...Si se caían todos. Últimamente ni trapío ni casta..."»

Naturalmente no puedo pasar por alto que, aunque estamos ante una muestra del buen hacer en prosa de Ezequías Blanco, él es y se siente ante todo poeta. En un texto de naturaleza humorística como es Islandia 2004 el autor dedica unas cuantas páginas a la poesía. Concretamente presenta unos poemas humorísticos de tono escatológico que por asunto y variedad dentro del tema abordado (el pedo y sus variedades) bien podría haber firmado el mismísimo don Francisco de Quevedo.

Por último me parece un acierto, que da redondez a la novela, la analogía que se realiza entre el personaje del cuento de Collodi,  Pinocho, que, como se recordará, al final  es premiado con su transformación en ser humano y el Gran Hermano, cuya perfecta incorporación y asimilación de los valores y comportamientos getafeños le llevan a corporeizarse y transformarse en Hermi, el «jodío chino» que desde que lo vio por primera vez le decía Mateo, hermano de Juaniyo y de Angelito. La analogía se explicita en la contemplación de un cartel anunciando la edición crítica de Las aventuras de Pinocho de Carlo Collodi realizada por el profesor Azrael Blanco. Cualquiera que conozca la biobibliografía de Ezequías sabrá que precisamente el año en que Hermi, en ese momento como GH, aterrizó en Getafilandia vio la luz tal edición crítica.


Una nota final y una petición
Quiero añadir una nota final simplemente para señalar que el autor de la novela nombrada dentro de la cita que encabeza esta reseña es Eduardo Mendoza. Tal y como advierte el mismísimo Ezequías por boca del personaje protagonista pudiera ocurrir que en la cabeza de alguien se aposentase la equivocada idea de plagio. No cabe tal idea dado que, salvo en el tono humorístico, presente en ambas, y en la anécdota de alguien extraño a un lugar que comunica y/o comenta lo que ve por primera vez, en todo lo demás son narraciones absolutamente diferentes. Recojo de nuevo las palabras del escritor cuando dice que: 

Ezequías Blanco junto a  
Matías Muñoz en la caseta 
de Huerga y Fierro de la FIL
de Madrid 2023 en la que
ambos firmaron sus libros

«caer en un sitio que no es el esperado y empezar un diario reseñando e interpretando la extrañeza que produce la novedad fuera [no es] exclusiva de alguien [nadie]»

En cuanto a la petición, me gustaría solicitar a quien/es corresponda una merecida distinción para Ezequías Blanco, autor de esta novela. Ezequías Blanco, lo sabemos todos quienes tenemos o hemos tenido trato con él es hombre magnífico en todo lo que toca, ha tocado o pasado por sus manos. En esa ciudad de Getafe, protagonista principal ella misma de este relato, Ezequías ha sido profesor de Literatura en el IES Puig Adam y durante 30 años editor de la revista de poesía "Cuadernos del matemático". Actualmente sigue cultivando la poesía, la escritura de relatos y de novelas como esta magnífica Islandia 2004 en la que  realiza la epopeya (epopeyita, así, por humildad, dice él en la narración) de la ciudad de Getafe. Pero sobre todo, sobre todo, lo que es y más caracteriza a nuestro real y auténtico Azrael Blanco, nombre con el que aparece citado en su novela personificado en un reconocido poeta y profesor de instituto de la localidad, es ser derrochador de la amistad, del trato ameno, de la conversación elevada cuando toca y al nivel del interlocutor también cuando toca. O sea, autoridades de Getafe, ya estáis tardando en reconocer su inmensa labor por vuestra ciudad. Por ahora lleváis casi 20 años de demora, casi casi tantos como el nuevo Gran Hermano orwelliano cuando se perdió. Por favor, que no os ocurra a vosotros —mandatarios getafenses— algo parecido por pereza.

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Entradas en este blog sobre libros y actividades de Ezequías Blanco:


19 mar 2023

Este martes, día 21 de marzo, es el Día de la poesía

13 comentarios:
Algo tendrá que ver el cine, Poemarios de Ezequías Blanco

Me gusta leer poesía. No leo la suficiente, pero vuelvo con frecuencia a mis poetas preferidos. Son muchos entre los clásicos y entre los más recientes y actuales me decanto por José Hierro, por Brines, por Angel González... Pero vayamos a los vivos. Hay tantos y tan buenos que me sería incómodo nombrar unos y que los no citados pareciera que en mi opinión no lo merecieran. Por eso he tomado una drástica determinación que espero a nadie moleste. Voy a citar en esta jornada de exaltación de la poesía a un amigo, candidato junto a otros nueve coterráneos castellano-leoneses al Premio de la Crítica de Castilla y León 2023; me refiero a mi amigo y excelente poeta Ezequías Blanco que opta al galardón por su obra Algo tendrá que ver el cine (Los Libros del Mississippi) [reseñado por mí en este blog]. 

En mi reseña, claro, hablo del poemario y digo cosas como que los 43 poemas que forman el libro se distribuyen en cinco apartados, y que uno de ellos da título a todo el volumen
 «En cinco secciones y un epílogo distribuye Ezequías sus composiciones poéticas: de las cinco es precisamente la última, Algo tendrá que ver el cine, la que da título a todo el volumen.»
Pero en un día dedicado a la exaltación de la poesía no cabe pararse en elucubraciones teóricas; lo que toca en esta ocasión es ir a la poesía misma, a los poemas en concreto, para leerlos, degustarlos, disfrutarlos, aprehenderlos, gozarlos...

De los poemas que forman este delicioso poemario escrito por Ezequías, merecedor sin duda alguna del Premio de la Crítica de Castilla y León 2023 para el que está nominado y que se falla precisamente el próximo 21 de marzo, selecciono como muestra antológica uno o dos de cada una de las cinco partes en que estructura el poemario:
Yo doy fe de que tiene el infinito
silencio de Dios y al mirar
una foto de un viejo
ha exclamado: ¡pero qué niño
más guapo! ¡Qué guapo es este niño!

Su mente es una grieta
donde no existen los dones
sólo la certidumbre del destino.
Donde no hay más presencia
que la ausencia
de los senderos hacia el cielo.
No hay nada suficiente que los rayos
no iluminen. Uno es lo que ama
y lo que será capaz de amar:
una celebración de ruiseñores
nostalgia de lugares sin dolor
que no ha visto en la vida
confundidos con un desbordamiento
de sueños y una riada
de emociones revueltas.
La sonrisa de mi madre (en Unos cuántos al origen)



Con ansia de infinito hoy me levanto
y veo con asombro la explosión
de los nelumbos… La gente no quiere
la justicia sino las mentiras convincentes.
A lomos del amor cabalga el odio
por nuestra piel de toros o de bueyes
como si el río no tuviese
o nacimiento o desembocadura

La muerte nunca llega a tiempo
a pesar de que siempre comparezca
a la hora convenida
En plena pandemia (El cuenco de manteca)

No hay pensamiento sin voz.
No hay límite sin espacio.
No hay ciudad con más amor
en su nombre que Z(amor)a.
A Zamora (El cuenco de manteca)


Te gustaría ser ese pájaro que canta.
Te gustaría ser ese gato que bosteza
o esa culebra deslizándose…
Cantar bostezar deslizarse
sin ninguna culpa ni responsabilidad.
Tú sólo quieres la alegría
de las gotas de lluvia
para ir construyendo las quimeras
poco a poco en el barro.
Tú sólo quieres globos plateados
para con lentitud poder salvarte
de tu muerte amenzada de vida
Cantar bostezar deslizarse (en Autoayuda / Autoamparo)



Estaba el bosque y vino el mar
a anegar con su sal el pobre suelo
a quebrar con su furia los silencios
a matar con amor todos los sueños.
Violencia de género (en Vetavena social)



Curiosa e incierta es nuestra tarea:
lo mismo significa defender a la patria
que escribir un poema.
Resulta duro en la apariencia
pero cuando nada hay tan importante
como la pureza allí estamos
haciendo experimentos
como en el matraz de un laboratorio…
Nos ponemos los nuevos uniformes
y nos retratamos debajo de cerezos en flor
en el futuro falso puesto el ojo
a la espera de ser bien entendidos
y sin saber por qué o por quién.
Carta de Yukio Mishima a la novia de
Mochimaru (en Algo tendrá que ver el cine)

"Antología de las mejores poesías de Amor en lengua española"

Para completar jornada tan merecidamente dedicada a la Poesía y al estar esta tan próxima al denominado Día del Padre casualmente en casa me sorprenden con una antología poética. Su título exacto es Antología de las mejores poesías de Amor en lengua española. La recopilación corre a cargo de Luis María Ansón. Aunque existe edición actual renovada y aumentada, la que me han hecho llegar a mis manos es la que por primera vez publicara el periodista y escritor en el año 2000, al poco de ser recibido como académico de la española. La verdad es que cualquier regalo que la familia te haga es satisfactorio más que nada por el detalle. Pero además, en este caso, me gusta tener en un volumen muy bien editado una muy bien construida selección de poemas de asunto amoroso que van desde las primitivas jarchas hasta poetas actuales de enorme altura como Carmen Jodra o Felipe Benítez Reyes, sin olvidar naturalmente a los autores clásicos de la Edad Media, el Siglo de Oro, la Ilustración, los románticos, los realistas y todas las generaciones poéticas del siglo XX tan fecundas líricamente.


Desde aquí, con esta entrada, quiero animar a todos a leer más poesía y a celebrarla como se merece.




Otras entradas en el blog en El Día Mundial de la Poesía 
 Si quieres leer las entradas que los tres últimos años escribí en el blog para celebrar el Día mundial de la Poesía no tienes más que pinchar en la imagen o en la fecha del año:































2 jun 2022

"Algo tendrá que ver el cine". Poemario de Ezequías Blanco

15 comentarios:
Ezequías Blanco, Algo tendrá que ver el cine
Tengo en mis manos -acabo de cerrarlo- el último libro de Ezequías Blanco. No sé si será porque es el último o por qué otro motivo, pero no puedo desprenderme de él, releo algunos poemas, debo de volver a leerlos todos, contiene poemas que me han impresionado, que me han llegado muy hondo. De los 43 poemas que integran esta última entrega de su poesía me es difícil seleccionar aquellos que más me han gustado, tanta es la calidad que existe en todos ellos. 

En cinco secciones y un epílogo distribuye Ezequías sus composiciones poéticas: de las cinco es precisamente la última, Algo tendrá que ver el cine la que da título a todo el volumen. Tengo la impresión de que en la ordenación que el autor da a los apartados en que organiza sus poemas existe una dirección que va de su interior más personal y reflexivo de Unos cuantos al origen, donde se diría que el poeta decide detenerse y, desde la altura de su edad cumplida, volver la vista atrás para, en la contemplación de los estragos causados por el tiempo inexorable sobre las cosas (Visita a la casa familiar abandonada) y sobre las personas (La sonrisa de mi madre), rememorar la vida pasada y ya desaparecida. No veo pesimismo en esta constatación sino aceptación estoica de lo que es la vida, una vida de la que atisba ya el final consabido aunque por fortuna aún no próximo: «Aún estamos para llegar en hora / al pie de la colina a descansar / en vuestro camposanto» (en Visita a la casa familiar abandonada) o «Su mente es una grieta / donde no existen los dones / sólo la certidumbre del destino» (en La sonrisa de mi madre).

En la segunda parte, El cuenco de manteca, Ezequías agavilla otros 11 poemas, como en la sección primera, con la salvedad respecto a ésta de que aquí la mitad de ellos están dedicados o tienen destinatarios concretos a quienes el poeta regala lo que él posee, lo que mejor sabe hacer, su cuenco de manteca. Y por si sospechase que quedase un mínimo de oscuridad interpretativa él mismo en el poema primero que da título a todo el apartado aclara «El cuenco de manteca es el poema». Hay en estos versos diálogo con el otro, mostrándose el yo saliendo de sí mismo y viéndose en la contemplación del de enfrente: «No soy otra cosa que lo que ves» dice en  No soy más..., hermosísimo poema que utiliza como estribillo el paralelismo. También me ha gustado -y divertido- mucho la declaración de amor que a su tierra, Zamora, hace Ezequías: «No hay pensamiento sin voz. / No hay límite sin espacio. / No hay ciudad con más amor / en su nombre que Z(amor)a» (en A Zamora). Como digo son poemas los de esta sección que tocan más la realidad vivida, la realidad que existe fuera de él: «La muerte nunca llega a tiempo / a pesar de que siempre comparezca / a la hora convenida» (en En plena pandemia). Son en general poemas muy en línea con la veta popularista de la poesía española tanto en las formas elegidas (canciones paralelísticas con ritmos marcados a base de anáforas, repeticiones y estribillos, coplas, cuartetas de romance, etc.) cuanto en los términos que utiliza: 'ruchabel', 'cambriza', 'trasminar', 'nelumbos', 'andurriales', 'piedralipe', etc.

Como si de dos apartados eslabón se tratase aparecen tras las dos primeras secciones la parte titulada Autoayuda /autoamparo, y de seguido una cuarta titulada Vetavena social. Los denomino apartados eslabón por eso de que el tercero parece enlazar más con los poemas más del YO de las partes que lo anteceden y el cuarto entra ya de lleno en la externalidad representada en lo social donde el poeta habita y en las influencias artísticas que de esa sociedad recibe y al tiempo lo conforman.

De la parte III destacaría especialmente dos poemas: el titulado Cantar bostezar deslizarse en el que el poeta se ve a sí mismo como desde afuera y manifiesta los anhelos que le gustaría ser y lograr; el segundo es el que lleva por título Letra para canción sin éxito, auténtica declaración de independencia: «Puedo vivir sin ti perfectamente. / Nada tiene que ver contigo / esta declaración de independencia»

En la parte IVª el poeta, diría yo emulando a Gabriel Celaya, baja a la calle, sale de su ensimismamiento íntimo para relacionarse con el mundo. Son poemas en los que los grandes temas sociales afloran: la solidaridad en Simón de Cirene), los refugiados en "Refugiado" palabra del año, la violencia contra la mujer en "Ciudad Juárez" o en Violencia de género, poemas estos últimos que rompen poéticamente las expectativas que sus títulos evocan habitualmente. Creo que en esto reside uno de los muchos grandes méritos de la poesía de Ezequías Blanco quien, como muy bien dice en el magnífico prólogo que le escribe José Luis Morales, es «Un poeta que abjura del mesianismo y de la poesía obscenamente testimonial, atacando con ironía cualquier asomo de poesía didáctica -con fines éticos, políticos o sociales tanto da- o militante.»

Endecha a la muerte de Guillén Peraza, Ezequías Blanco
El último apartado, el que da título a todo el poemario, es una muestra de lo atento que el poeta está a lo que le rodea y le sirve de estímulo en este mundo. Muchas cosas lo son, desde luego, -aunque aquí haya centrado su atención en el Cine-, lo que en el terreno cultural mantiene vivo a Ezequías. La literatura es quizás lo primero de todo. Hay muchas referencias a ella en toda su obra poética, y aquí, en la parte anterior, hay una alusión explícita en el poema Los cólicos de la justicia: «No he dicho a nadie todavía / (ni a José Hierro ni a Manuel del Río) /que hay mucha gente a punto de llorar» en ese juego con el poema Réquiem de José Hierro cuyo primer verso dice: Manuel del Río, natural / de España, ha fallecido el sábado / [...]. Pero sería largo hablar del culturalismo literario presente en todo este libro de poemas. Si, por no perderme, me centro en esta quinta sección del poemario, diré que, junto a la influencia cinematográfica, en los poemas Carta de Yukio Mishima a la novia de Mochimaru, El cartero y Pablo Neruda, y en El volcán de la Palma, las referencias literarias son más que evidentes en el título de los dos primeros; leyendo el tercero, encontramos como cierre del mismo unos versos tomados de manera literal de la estrofa final de la endecha a la muerte de Guillén Peraza escrita por un anónimo poeta canario del siglo XV. Menos evidente para los no conocedores de las admiraciones literarias de Ezequías es la evocación -homenaje, creo yo que sería mejor decir- que hace al poeta salmantino Aníbal Núñez (Salamanca, 1944-1987) en Castillo de Gormaz, poema para el que usa directa y conscientemente el título de uno de los poemas más conocidos del poeta salmantino («Gormaz a sangre y fuego»); al tiempo juega con versos de ese poema alterando el orden de sus palabras: [...] «Aljibe sin bóveda / brocal sin pozo lleno de cascotes. /("Gormaz a sangre y fuego" figura ya en lo escrito)»; son versos que remedan los de Aníbal Núñez: «Bóveda del aljibe; / los jóvenes cadáveres / por el brocal cayeron» del poema así titulado. El sentido homenaje es más que evidente.

Pero vuelvo al asunto cinematográfico que justifica no sólo la Vª parte sino todo el volumen. Me ha divertido mucho buscar la base cinematográfica que sustenta cada uno de los poemas. Seguramente habré errado el tiro en más de una de las atribuciones, pero no me preocupa, lo interesante es que el poema en cuestión me ha evocado ese título, que coincida o no con el que el propio escritor tenía en su mente en el momento de la escritura es ya harina de otro costal. Comienzo mi listado, omitiendo aquellos a los que no he logrado adscribir film alguno:
  • Bird de Clint Eastwood para Cuando Harry Red se enteró de la muerte de Charlie Parker
  • Doce años de esclavitud de Steve McQueen para Solomon Northup
  • Ágora de Alejandro Amenábar para Teodosio I el Grande empieza a claudicar ante el empuje de los bárbaros
  • Mishima, una vida en cuatro capítulos de Paul Schrader para Carta de Yukio Mishima a la novia de Mochimaru
  • El cartero y Pablo Neruda de Michael Radfort para El Cartero y Pablo Neruda
  • El Cid de Samuel Broston para Castillo de Gormaz
Pero dejando a un lado estas relaciones cinéfilas lo importante es que todos los poemas son muy interesantes. Alguno, por ejemplo El cartero y Pablo Neruda, está realizado en formato teatralizado como si formase parte de un texto más amplio. En otro, como el titulado Película israelí, he visto un lenguaje de características muy surrealistas, con presencia de imágenes muy en línea con esa corriente literaria: «Las madres mueren por la noche / y siempre antes de morir / lloran delante de los lobos / cuando a los saltamontes ven sin fuerza».

De esta parte destacaría sobre los demás, siendo todos ellos de enorme calidad, dos: Anne Marie y Teodosio I el Grande empieza a claudicar ante el empuje de los bárbaros


Final
Poco más me cabe decir sobre este librito de 88 páginas, tan bellamente presentado por Los libros del Mississippi en su Colección Libretos. Sólo querría añadir, antes de cerrar y para que no se me olvide, que Ezequías Blanco prescinde conscientemente en todos los poemas de Algo tendrá que ver el cine del signo de puntuación de la coma. Con esto logra dar da más cancha al lector, que ha de poner más de su parte para la debida intelección del poema; al tiempo, al poeta le sirve para abrir el campo significativo de algunas palabras a una posible doble, e incluso triple, significación.


Me he centrado en esta reseña exclusivamente en el poemario sin hacer alusión alguna a la biografía del autor ni a sus obras anteriores. El motivo no es otro que figurar en otros lugares de este blog suficiente información al respecto. Así para conocer la biografía literaria del poeta remito a lo que sobre ella escribí en la reseña que en febrero de 2021 hice de su libro en prosa "Nuevas nuevas sobre Colón" [pinchar sobre el título]. Para saber sobre su trayectoria vital (profesión, amigos, revista literaria Cuadernos del matemático, etc), la lectura de lo que escribí un año antes al reseñar su anterior libro de poemas, "Tierra de luz blanda" [pinchar sobre el título], creo que da suficiente información sobre la misma.



importante
Si toda la información anterior sobre Ezequías Blanco no os resultara suficiente podéis (deberíais) acercaros a la Feria del Libro de Madrid este sábado 4 de junio y charlar tranquilamente con él. No os arrepentiréis.

19 feb 2021

"Nuevas nuevas sobre Colón" por Ezequías Blanco

23 comentarios:

"En cuanto a Cristóbal […] ¡Vaya cuerpo, señores! ¡Oh, qué cuerpo! Es una peonza con forma humana. Le cuadra bien el apelativo que más tarde Cervantes le aplicará a D. Quijote, aquel de «caballero de la triste figura», aunque Colón es más bajo que el de La Mancha. Así que más bajo y con forma de peonza podría parecerse a Sancho Panza. Bueno, lo cierto es que no se parece a ninguno de los dos y sí a un solitario banco de ostras a la deriva.

Ezequías Blanco es magnífico poeta y autor de prosas; además es grande y buen amigo mío. Su trayectoria literaria es larga y de calidad probada. Citándome textualmente reproduzco aquí lo que sobre su biografía literaria tengo escrito en la Revista MoonMagazine cuando reseñé allí su colección de relatos "Sólo hay una clase de monos que estornudan"
«Diez poemarios jalonan los cuarenta años que van de 1979, año en que vio la luz Limitación del vuelo, hasta 2018 cuando publicó Bare nostrum, el último por el momento. En prosa también ha vertido su vena creativa: dos novelas (Tres muñecos de Vudú, 2001; e Islandia, 2004), una edición crítica de Las aventuras de Pinocho de Carlo Collodi (Edelvives, Zaragoza, 2004), y tres volúmenes en los que ha agrupado sus relatos cortos: Memorias del abuelo de un punk (1997, ahora vuelto a reeditar); Tienes una cabeza apuntando a tu pistola (2009); y el tercero, éste que acaba de ver la luz, publicado por Huerga & Fierro, titulado Solo hay una clase de monos que estornudan.»
Cualquiera que siga la trayectoria de Ezequías habrá advertido que en esta relación de sus obras faltan títulos. Así es, en efecto, pues desde la publicación de esa reseña mía en MoonMagazine sobre sus últimos relatos nuestro escritor ha publicado hace poco más de un año el poemario Tierra de luz blanda, una edición crítica de Diálogos de Amor de León Hebreo y la novela que acabo de leer. Como puede verse no se ha quedado quieto, no.

"Nuevas nuevas sobre Colón" por Ezequías Blanco

Sinopsis
Cristóbal Colón expone a quien quiera escucharle su teoría de la redondez de la Tierra y la posibilidad de llegar a la India o a otras nuevas tierras que pudieran hallarse antes de estas yendo por el Atlántico. Se lo dice a Juan II de Portugal que lo toma por loca, se lo dice a su maestro de Génova que apenas si lo escucha aunque lo orienta hacia los Padres Dominicos de Salamanca quienes, quizá. pudieran ayudarle. Expuesta ante ellos su teoría los monjes que le escuchan entre gritos de Herejía le dicen que lo que propone es tan absurdo y difícil como colocar un huevo de pie. pero que si lo lograra escribirían a la Reina Isabel. 
Isabel y Fernando apoyan su proyecto e incluso lo acompañan hasta el puerto de Palos desde donde partirá. Tras días de navegación y ante la desconfianza de la tripulación de las tres carabelas que amenazan con matarlo y volver a España, aparecen unas tierras. Allí son acogidos estupendamente. Volviendo a España para dar cuenta del Descubrimiento topan con unos piratas que los llevan a sus posesiones donde los agasajan debidamente.
Llegados a España son tomados por locos cuando hablan de su gesta y recluidos en Leganés. Serán los mismísimos RRCC quienes pondrán orden en este desaguisado. 

Mi comentario
Según intentaba resumir la anécdota me daba cuenta de su dificultad dado que lo nuclear del relato escrito por Ezequías no es tanto lo que se dice sino la manera de hacerlo; en especial el tono humorístico dislocado que se enseñorea con toda la narración. Ahí está lo importante de esta novela: en cómo lo dice más que aquello que se dice. 

Humor, Novela histriónica, Cristóbal Colón
La novela es desarrollo de uno de los cuentos que aparecían en su colección de relatos "Sólo hay una clase de monos que estornudan" titulado "El huevo de Colón". Precisamente este cuento es en la novela su capítulo Primero reproduciéndose en su literalidad. Tras él aparecen seis capítulos más en los que siempre dentro del tono humorístico enraizado en el surrealismo y el absurdo asistimos a la organización del viaje, el descubrimiento de nuevas tierras, el viaje de vuelta con obligada parada en la guarida del amable pirata Sanguinario y el desabrido recibimiento de que fue objeto el navegante genovés tomado por loco no sólo al idear ir sino también a su vuelta al referir lo que acababa de conseguir. 

Ezequías Blanco en línea con la tradición cervantina dice en el Prólogo que encontró azarosamente estas páginas mecanografiadas. Estaban firmadas por un tal Santiago Valle del que pese a buscar información con ahínco nada sobre él había encontrado. Sin embargo esos 190 folios debidamente numerados, dice, le habían agradado y despertado en él según los iba leyendo evocaciones de grandes escritores de todos los tiempos: 
"Comencé a leer y enseguida me vinieron a la cabeza los nombres de Moliere con todas su comedia y el de François Rabelais con su Gargantúa y, cómo no, el de Don Quijote o el de Tristram Shandy, así como los nombres más destacados y conocidos del teatro del absurdo. Alfred Jarry, Antonin Artaud, Samuel Barclay Beckett, Eugéne Ionesco, Jean Genet... y hasta Valle Inclán, Jardiel Poncela o Manolito el Pollero."
Tras leer la novela cualquier lector corroborará la impresión declarada por el propio autor, pues en estas "Nuevas nuevas sobre Colón" están todos los autores citados arriba y algunos más como Pedro Muñoz Seca al que he querido ver en esa  ripiosa conversación rimada entre Pitonisa y Colón («-Te quiero mucho / como la trucha al trucho...  // - Yo soy la Pitonisa / que sabe andar por la cornisa... / Quítate la camisa»). Del mismo modo el discurso que hace Colón para agradecer a los RRCC la financiación de su empresa es todo él una parodia del humor descoyuntado de Antonio Ozores-¡No, hijo, nooo!»). A mí la manera de andar de Perfumemarchito, Sanguinario y Colón por la colonia pirata me ha recordado la película "Amanece que no es poco" de José Luis Cuerda y por lo mismo a Wenceslao Fernández Flores autor de la novela versionada. 

La comicidad está por doquier. Pero no sólo en forma de referencias y/o evocaciones de  grandes obras y autores de la literatura de hoy, de ayer y de siempre, sino en otras formas más incardinadas en campos ajenos a ella. Así por ejemplo en un momento dado se parodia a una agrupación política española hoy coaligada con el Partido al que pertenece el presidente del Gobierno, Qué si no puede entenderse de ese hilarante momento en el que la marinería se levanta contra el Almirante movidos por el marinero más bruto que dice: 
«- Aquí todos somos iguales y todos somos necesarios. 
[...]
Esperar un poco leñe -intervino Nabo de nuevo.
Que no… Que no esperamos... Que no... Que no nos representa... Que Colón ya no nos representa porque se le ha subido la casta a la cabeza.»
Todo en el relato, como digo, es puro humor; un humor que se nutre de todo cuanto en el mundo artístico y no artístico existe. Por ejemplo cómo no ver el cómic español tipo Francisco Ibáñez en este momento narrativo:
«el capitán pirata, al desperezarse y hacer sus estiramientos, tropezó con un montón de plátanos uno de los cuales se deslizó y resbalando, resbalando, terminó incrustado en la boca abierta de Cristóbal justo en el momento en que inspiraba profundamente. El plátano le llegó al principio de la tráquea y allí, sin que nadie le dijera nada, solo por su capricho voluntad y cuenta comenzó a ejercer de válvula epiglotis en el cuerpo del marino.»
Hay mucha literatura dentro de esta novela histriónica que es como la califica  -no sin razón evidentemente- su autor. A este histrionismo, causante y buscador de esa hilaridad que en todo momento acompaña al relato, contribuye de modo preeminente el lenguaje, y mejor diría, su dislocación, su descoyuntamiento, su torsión hasta extremos que se dirían imposibles. He aquí algunos ejemplos:
  • nombres propios de personajes
    • los que viajan junto a Colón en la carabela La Niña tienen por capitán a Perfumemarchito, por médico a Notefies, el curandero es conocido por Rompevasos; otros tripulantes, quizá, más en la órbita de amistad con el Almirante son Galloflautudo, Naboencinta, Nicongafasveo, Enlaesquinahayparcheo… Luego ya en otras naves o fuera de ellas como sucede con el capitán pirata Sanguinario hay otros personajes menores como "el Cornudo, la Focha, el Ponteamilado, el Serpigrillo y otros de menos importancia que no habíamos nombrado ni vamos a nombrar por su escaso protagonismo en esta aventura magna".  
    • Personajes femeninos. Ezequías tuerce el lenguaje en la formación de patronímicos pero también retuerce nuestra previsibilidad pues tras esta buena provisión de nombres masculinos cuando se dispone a darnos algunos femeninos nos rompe el espinazo con un regate increíble a la hora de dar la relación de nombres de mujer entre los piratas: "Entre el elenco femenino allí había de todo y los matices  de lo que había iban desde los tiempos de Gedeón a la época clásica, desde la Edad Media al Romancismo [...] otras parecían extraídas del renacimiento italiano y respondían a nombres a nombres como Beatrice, Laura, Margarita, Isabela, Carolina, Vittoria"
  • Incompatibilidad semántica entre los términos que componen enunciados: "La mujer del Sanguinario no hablaba porque era bizca y usaba gafas ahumadas"
  • Vocabulario específico aplicado a un ámbito que no le es propio: Es el caso de términos como 'badal' (según la RAE Bozal para las bestias) que leemos cuando el rey Fernando, al ver el  tremendo enfado manifestado a muerdos de Isabel  al enterarse de la mala suerte de Colón, "ordenó que se le pusiera el badal aunque no fueran ni a herrarla ni a esquilarla ni a curarle ninguna herida".
Un grado más en esta exageración, hipérbole o descoyuntamiento total que es toda la novela, radica en el absurdo que envuelve no pocas conversaciones entre los personajes. Es un absurdo que lleva el texto a las zonas propias del surrealismo aunque en ocasiones dicha traslación se intente justificar recurriendo al plano onírico:
  • "Es un vinillo elaborado en la prensa con lechugas normandas, insectos tubulares y cangrejo silvestres. Además va acompañado de una esencia que se extrae del pico de los pelícanos. [...] Esta lechuga está constituida por elementos cestoides, tipo nematelminto, provistos de parópodos capaces de absorber los 60 cm cúbicos de esencia de pelícano." -leemos que conversan animadamente Isabel y Cristóbal Colón.
  • "Pasaron muy pocos segundos y un nuevo sueño vino a agitar sus sentimientos serenos. Se veía a sí mismo en el Océano, después de un naufragio, sobre una cáscara de nuez vacía, y como se aburría mucho, decidió ponerse a explorar el misterioso abismo del mar; ni corto ni perezoso baja a su fondo y se entretiene en flirtear con un par de sirenas; con el fin de resultar más atractivo sale en busca de mariposas frondosas, de hojas de rosas pulidas y de 'forúnculos' óseos para depositarlas sobre las cabelleras 'sirénicas' que eran del color del oro y de la plata. El reloj de la plaza mayor de la ciudad oceánica marcaba las "[...]-sueña Colón ante la perspectiva de la aventura que se avecina.

Cuadernos del Matemático, Poetas españoles de hoy
Pero quizás sean los anacronismos, consustanciales a cualquier novela histórica -ésta lo es, aunque en ese categoría de histriónica en la que Ezequías Blanco la ha colocado-, los que sustentan de manera total el humor que tiñe constantemente el relato. Colón vivió en el tránsito del siglo XV al XVI al igual que sus Majestades los Reyes Católicos. Pues bien con ellos alternan, directamente o en referencias aportadas por el narrador, personajes reales muy distantes temporalmente de ellos como Bryce Echenique; Edwin A. Abbot, autor del libro 'Planilandia', una sátira matemática que en el siglo XIX tuvo un impresionante éxito; Mario Merola, un cantante italiano del siglo XX cuyas canciones conoce el mismísimo Colón, como se ve cuando se dirige al convento capuchino "cantando y silbando una tarantela napolitana de Mario Merola"; incluso el mismísimo Mahatma Gandhi aparece en algún momento dentro de la narración, y no vale decir para obviar el anacronismo que su aparición se realiza dentro del manicomio de Leganés donde evidentemente hoy o no hace muchos años sí que habrá podido haber más de un residente que haya dicho ser el famoso pacifista; y así otros más como Leopoldo María Panero que aparece como quien pasaba por allí cuando se cita el manicomio de Leganés. 

Otras veces el anacronismo es de ubicación espacial como cuando leemos que los nativos de América, -sus jefes, al menos-, se sentaban sobre cráneos de elefante cuando de todos es sabido que esta especie animal jamás ha existido en esa zona geográfica; también, por ejemplo, es totalmente anacrónico asistir a representaciones de Ópera en el año 1492, y sin embargo Colón es invitado por sus anfitriones piratas a una de ellas. Incluso hablar del manicomio de Leganés en los años en que vivió el Almirante de Castilla es algo estrambótico.

Evidentemente hay mucho estrambote, esperpento, hipérbole, exageración, desmesura, llegando incluso hasta la astracanada en estas "Nuevas nuevas sobre Colón". Todo dicho en sentido positivo pues el autor logra con esta novela lo que persigue desde el inicio: hacer reír al lector con estas situaciones ilógicas, inverosímiles, fuera del tiempo, arropadas debidamente en un lenguaje propio de la literatura del absurdo con lo que logra que el lector acepte ingresar en un ámbito surrealista en el que todo vale pues  la hilazón lógica ya no es relevante aquí.

Demuestra Ezequías un dominio magistral del lenguaje visible a lo largo de las 200 páginas de la novela. Dominio enfocado siempre a propiciar la sonrisa cuando no la abierta carcajada en un lector que desde el principio es consciente del juego que propone el novelista:

  • anfibología en algunos términos: fundamental es el doble sentido de la palabra "huevo". Esencial para cualquier escritor es la significación de la expresión "piratería": Ezequías Blanco que ilustró con un pañuelo de pirata su último poemario [pincha aquí para saber más de ese excelente libro de poemas] no quiere en esta novela olvidar a esos otros piratas actuales de aspecto digno pero acción infame que roban a los escritores pirateando sus obras: "¡Qué flojera de hombres por Barbanegra y por Barbarroja y por toda la piratería de las fotocopias!" -comenta en un momento dado Sanguinario, el pirata, 
  • Juego  con los formantes de las palabra con una evidente retranca enfocada a la manera que ciertos grupos de edad tienen de hablar entre sí: "Pero qué simpáticos son... Son supersimpáticos, la verdad. ¡Que requetesimpáticos son!Yo diría que son hipersimpáticos, mira tú..."
  • Explicaciones hilarantes como la que, enlazando con  la cita anterior, el narrador introduce dando cuenta del lema presente en el escudo de los Reyes Católicos:
    "El uso de los prefijos se debía a que aquellas gentes ya estaban en la posmodernidad de la posverdad o en la posverdad de la posmodernidad (tú eliges) que «tanto monta cortar como desatar» porque en la posverdad hay más mentira que en la mentira misma. Parece ser que el refrán fue recogido en la divisa o mote del escudo del rey Fernando II de Aragón y después en el de los RRCC por consejo de Elio Antonio de Nebrija que lo redujo al «tanto monta» según reza alguna crónica como la Wikipedia."

 Final
La literatura de Ezequías Blanco es tan grande que se hace complicado dar por finalizada una reseña sobre cualquier obra suya. En "Nuevas nuevas sobre Colón" no hay página en la que no se encuentren elementos de interés. Pero hay que decir 'Basta' en algún momento sabedor de que quedan en el tintero no pocas características que bien merecerían, al menos, una nombradía por pequeña que ésta fuese. 
Y para concluir, no me resisto a cerrar esta reseña con ese coloquialismo tan concluyente y simpático (hay algunos más) que aparece varias veces a lo largo de la novela, "ya ves tú qué cosas". 



Novela humorística, Novela histriónica,
Aviso importante

El próximo jueves 25 de febrero la novela será presentada en el Teatro Auditorio Federico García Lorca de Getafe a las 19:00 horas. En el cartel que adjunto figuran los nombres de las personas que acompañarán al autor a la presentación del libro 

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Título del libroNuevas nuevas sobre Colón 

AutorEzequías Blanco

Editorial: Isla de Delos

Fecha de publicación: Diciembre de 2020

Nº de páginas: 207