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27 jul 2024

"Asesinatos, S. L.", una novela de Jack London

6 comentarios:

«El mundo se basa en la moralidad. Sin ella perecería. Hasta en los elementos hay justicia. Destruya la moralidad y destruirá la gravitación. Las mismas piedras saldrían volando en todas direcciones. El sistema sideral sería arrojado a la inconcebilidad del caos.»

Asesinatos S. L., novela filosófica, thriller
Dice Isabel de La Senyoreta Buncle en la reseña que el año pasado hizo de esta novela que la misma no se parece en nada a lo escrito por Jack London («Asesinatos, S. L. no tiene nada que ver con lo que London nos tiene acostumbrados: animales, Alaska y aventuras.»). ¿Es así? En efecto Asesinatos S. L. poco se parece a Colmillo blanco, a El lobo de mar o a El motín del Elsinore, novelas en las que el mar, la aventura o las peripecias protagonizadas en gran medida por animales ocupan un lugar central. Sin embargo en mi opinión no está demasiado apartada de otra novela suya, Martín Eden, metafórica narración autobiográfica que no he leído pero sí que he visto la muy bella e interesante adaptación cinematográfica realizada por el italiano Pietro Marcello en 2019. 

La literatura de Jack London y el cine se han llevado siempre muy bien. Haciendo una búsqueda en Filmaffinity de las cintas basadas en obras escritas por el autor estadounidense encuentro nada menos que 44 películas fruto de versionar narraciones suyas. El espíritu de aventura, la naturaleza en libertad presente en las mismas y los valores que se asocian con la educación de los adolescentes (amistad, sinceridad, esfuerzo, amor, castigo a los insolidarios, persecución de la avaricia...) han hecho que las mismas, especialmente entre los jóvenes y la gente menuda siempre hayan sido un rotundo éxito. 

¿Asesinatos S. L. se aparta completamente de todo lo dicho hasta aquí? Pues siendo sincero y aunque corra el peligro de contradecir un poquito a Isabel de La senyoreta Buncle yo diría que no mucho. En esta novela hay aventura (los miembros de la agencia que es la empresa Asesinatos S. L. se esfuerzan por encontrar a Dragomiloff, el jefe de la misma, que por convicciones morales y sentido ético ha aceptado hasta su propio asesinato; también aparece el mar dentro de la misma, nada menos que en torno a las islas Hawai donde el color local se funde armoniosamente con fenómenos naturales que suceden en los océanos; y en cuanto a los valores que suelen impregnar las obras de London el amor entre Grunya y Winter Hall tiene su cuota, así como la amistad a prueba de bomba de todos los integrantes de la agencia entre sí y el tremendo sentido ético que todos y cada uno tiene para cumplir aquello que han acordado y/o contratado.

¿Entonces Asesinatos S. L., dentro de la producción literaria de Jack London, es más de lo mismo? Claro que no. Aquí hay, junto a lo ya señalado, un debate filosófico de lo más interesante entre individualidad y sociedad. La pregunta que subyace a lo largo y ancho de la novela es la siguiente: ¿es justo asesinar a alguien que hace mal a la sociedad? Y también esta otra: ¿el asesino que así obra puede proseguir su vida con sentido ético aunque la equivocada moral de la sociedad lo persiga? Es el intelecto el que se erige como centro rector de la actuación de estos hombres. Los 19 miembros que componen la agencia son seres inteligentísimos, éticos y de un tremendo comportamiento moral. Tan es así todo esto, que los asesinatos que aceptan cometer sólo los realizan tras una investigación profunda de la necesidad de eliminar la excrecencia social que es ese hombre, bien sea un policía como McDuffy con quien se inicia la novela, bien sea un ser corrupto y explotador como Burgess, el rey de los ferrocarriles. 

Junto a las disquisiciones filosóficas que aparecen en la novela, para nada pesadas ni abstrusas, Jack London lanza cuestiones como la coherencia humana entre lo que se predica y lo que se hace. Así por ejemplo el personaje de Winter Hall es un socialista millonario que -esto sin saberlo previamente- ha pagado por el asesinato del padre de la mujer que ama. También es muy contradictorio que a Haussmann, un anarquista que milita en un grupo violento, la sangre le dé grima y no tenga el valor de matar a nadie.
(Los anarquistas) «eran tan poco prácticos... Soñaban, hilvanaban teorías y despotricaban contra la persecución a que la policía los tenía sometidos, pero nada más. [...] En cuanto a los seguidores de Tolstói y Kropotkin, no eran más que filósofos puramente especulativos. Ni ellos ni sus compañeros más violentos eran capaces de matar a una mosca.»
Y es que como se ve por la cita anterior la acción se sitúa en la primera década del siglo XX cuando en Rusia la Revolución está teniendo momentos de pulsión evidentes. Todo lo que allí ocurre durante esos años está siendo observado desde el exterior con precaución por unos y con pasión y admiración por otros. Jack London por su militancia socialista está entre los segundos, si bien no llegaría a ver el triunfo definitivo de la revolución en Rusia al fallecer en 1916.

Me ha gustado mucho en esta novela el enorme sentido del humor que muchas veces se desprende de la  misma. Iván Dragomiloff, creador de la empresa, y el resto de sus miembros repartidos por todo Estados Unidos son tan legales que nadie puede esperar que no cumplan con las reglas que se han autoimpuesto:
  • Primera: la muerte de la persona debe de aportar algún beneficio social y ser por ello de utilidad
  • Segunda: una vez aceptado el encargo y pagado, nadie se puede echar atrás.
  • Tercera: el asesinato tiene que ser cometido en el plazo de un año. Si no es así el dinero se devuelve al cliente con una compensación del 10%
Y si por algún imprevisto la víctima fallece por ella misma de manera natural y no puede llevarse a cabo el asesinato, la Empresa devuelve el dinero:
«Créame usted que tal como operamos nosotros, al margen de la ley, todo lo que no sea la más estricta honradez podría sernos de fatales consecuencias.»
Muestra el autor en esta novela un enorme conocimiento de la literatura, en especial de la rusa (Turgueniev. Tolstoi...) dado el contexto revolucionario mundial en que se desenvuelve la trama y a que el protagonista de la novela, Iván Dragomiloff, es un ruso exiliado en USA. La cultura de este hombre es inmensa como lo demuestra su bien surtida biblioteca:
«Allí en una incongruente intimidad, de hallaban El problema de Asia, de Mayan; Fuerza y materia, de Bruckner; Mr. Polly, de Wells; Más allá del bien y del mal, de Nietzsche; Muchos cargos, de Jacob; Teoría de la clase ociosa, de Veblen; De Epicuro a Cristo, de Hyde, y la última novela de Henry James.» (en la biblioteca que Dragomiloff tenía en Edge Moor).
Fue Jack London escritor prolífico en especial de historias cortas. Tuvo mucho éxito y publicaba cuentos en revistas de muchísima difusión. La escritura pronto le dio muy buenos réditos. Quizás por ello, aunque a veces con razón, fue acusado de plagio por otros autores. Él se defendía diciendo que se había inspirado para ese cuento o esa parte de aquella novela en alguna noticia leída en los periódicos o algo similar, pero sí que hubo páginas de algunas de sus obras -no muchas, ciertamente- idénticas a otras escritas por escritores de su época.

Novelas de aventuras, Novelas juveniles, Novelas filosóficas, Novelas de valores
httpscommons.wikimedia.orgwikiFile
JackLondon-office-1916.jpg
La gestación de Asesinatos S. L. tiene una peculiar historia. En primer lugar la idea de una Agencia de Asesinatos se la compró en 1910 Jack London al por entonces jovencísimo escritor norteamericano Sinclair Lewis. Se trataba de una empresa que aceptaba encargos para asesinar a personas malvadas o corruptas como jefes de policía, legisladores y políticos, Eso sí la organización debía constatar debidamente el merecimiento de la víctima a ser asesinado.  El mismísimo Jack London confiesa que el año que compró la idea a Sinclair Lewis desarrolló la historia en unas 20.000 palabras, pero que se atascó y la aparcó por no encontrar la manera idónea de continuarla. En ese estado quedó cuando en 1916 le sorprendió la muerte a la temprana edad de 40 años. Junto a esas 20.000 palabras el escritor dejó una serie de anotaciones en el manuscrito para esa posible continuación; asimismo su esposa, Charmian Kittredge, había dejado pergeñado antes de morir en 1955 una especie de esquema del relato. Fue con estos mimbres que en 1963 el escritor de novela negra, Robert L. Fish se encargó de culminar el relato. 

Lo dicho en el párrafo anterior sobre la escritura de la novela puede ser el motivo por el que su finalización -que, evidentemente, no voy a desvelar aquí- me ha parecido un poco brusca como si se tratase de una especie de 'deus ex machina'. Pero, en fin, este pequeño detalle no desmerece el conjunto que es Asesinatos S. L. Ahora mismo no sabría decir a quien pertenece la autoría de las fantásticas escenas de persecución, luchas y muertes que en los últimos capítulos de la narración aparecen. Desde luego están dotadas de una plasticidad y un dinamismo que tanto podrían ser autoría de London como de Fish. 

Como tantas obras de Jack London, esta novela salida de varias manos también ha sido llevada al cine. En 1969 Basil Dearden dirigió la adaptación de la novela que en España se tituló El club de los asesinos. La película fue bien recibida por el público y fue nominada en 1970 para los Globos de Oro.

Para concluir
Me ha gustado leer Asesinatos, S. L. de Jack London. Me ha hecho recordar las lecturas de aventuras leídas durante mi juventud. Quizás esto sea una de las cosas que más me ha hecho disfrutar de esta novela. El mar, las luchas entre contendientes me han parecido fantásticas. Sin lugar a dudas me reafirmo en que Jack London es uno de los grandes en la literatura de aventuras. Pero, como ya he dicho en esta reseña, este libro no sólo va por ahí; Su dirección enfila directamente hacia lo filosófico: Moralidad y Justicia, he ahí la gran pancarta que se extrae de la trama de esta novela. Unos asesinos justos. ¿Es posible tal cosa? Además en el texto se plantea hasta qué extremo de fidelidad a la palabra y a la inteligencia puede llegar el ser humano: ¿Incluso hasta la propia muerte? Son asuntos profundos desde luego.

La novela la publica Siruela dentro de una denominada Colección Escolar de Filosofía. Al respecto viene precedida de una Invitación a la lectura que ya anuncia un poco el tono de la narración; también al acabar la obra se proponen unas Actividades tras la lectura que desde luego pueden ser muy útiles en el aula. La invitación a la lectura de la obra y las actividades tras la lectura corren por cuenta de Marta Aja Cobo. Sólo he echado una rápida vista sobre ellas y me parecen muy bien traídas y muy estimulantes para los jóvenes lectores.
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Nota: Con esta novela culmino el Reto Serendipia recomienda de este año 2024. También, por fecha de su primera escritura y definitiva publicación añado el título a los correspondientes del Reto Nos gustan los clásicos propuesto por el blog Un lector indiscreto.

10 dic 2022

Las "Meditaciones" del emperador Marco Aurelio

20 comentarios:

«Todo cuanto ves, muy pronto será destruido y los que han visto la destrucción dentro de muy poco serán también destruidos; y el que murió en la vejez extrema acabará igual que el que murió prematuramente».
«Habla, sea en el Senado, sea ante cualquiera, con elegancia y certeramente. Utiliza una terminología sana».
«Después de asignarte estos nombres: bueno, reservado, veraz, prudente, condescendiente, magnánimo, procura no cambiar nunca de nombre, y, si perdieras dichos nombres, emprende su búsqueda a toda prisa».
«No malgastes más tiempo argumentando acerca de lo que debe ser un buen hombre. Trata de ser uno».
«A los animales irracionales y, en general, a las cosas y a los objetos sometidos a los sentidos, que carecen de razón, tú, puesto que estás dotado de entendimiento, trátalos con magnanimidad y liberalidad; pero a los hombres, en tanto que dotados de razón, trátalos además sociablemente»»

Marco Aurelio, Estoicos, Estoicismo, ética, Roma
Desde que hace ya una pila de años -por los años 90 del siglo pasado- leyera la noticia de que en Estados Unidos estaba haciendo estragos el libro de Baltasar Gracián Oráculo manual y Arte de la prudencia, leído y consultado por mí en los ya lejanos años universitarios, tuve claro que debía de visitar o frecuentar las fuentes de las que bebió el jesuita aragonés. 

Aunque esta visita desde entonces siempre estuvo en mi ánimo, languidecía como tantos otros propósitos librescos que el tiempo va dejando arrumbados en el foso del olvido. Pero hete aquí que en la revista ICON del diario El País del pasado mes de septiembre leo un titular que hizo renacer en mí el desatendido propósito: 
«El libro español de proverbios del siglo XVII que recomienda el hombre más rico del mundo.
Elon Musk citó ‘El arte de la prudencia’ en Twitter, pero no es el primero en hacerlo. Los libros de Baltasar Gracián fueron un éxito en el Wall Street de los noventa y recomendados a candidatos a la presidencia
»
El tuit del magnate, hoy dueño de twiter, fue el aldabonazo que me hizo volver a buscar textos que en mi opinión hubieran servido a Baltasar Gracián de base, de modelo incluso, para sus aforismos. En estas estaba cuando en la visita que ese mismo mes de septiembre realicé a la Feria del Libro de Madrid ubicada como siempre en el parque del Retiro topé, en la caseta de la histórica librería La Felipa, con una edición austera, poco adornada, acorde el continente con su contenido, de las Meditaciones del emperador Marco Aurelio. La adquirí inmediatamente, pues, como digo, llevaba años con el propósito de hacerme con un ejemplar de las mismas. Y sí, en estas reflexiones imperiales, estaban, en espíritu y  también en cuerpo, muchos de los aforismos gracianescos que tantos elogios suscitaban desde hacia tiempo entre los candidatos presidenciales y los millonarios de Wall Street.


Meditaciones 
La edición de la editorial Edaf que adquirí y tengo en mis manos vio la luz este mismo año 2022. Es reedición de la que en 2007 apareciera con traducción, anotación e introducción de Jorge Cano Cuenca. Diré que la traducción me parece magnífica; también me lo parecen las notas a pie de página, por lo clarificadoras y explicativas que resultan; y desde luego la introducción que realiza Cano Cuenca dirigiéndose al tiempo al propio autor y a los lectores. Se dirige el traductor a Marco Aurelio por el hecho de que unas meditaciones no son otra cosa que unas reflexiones, un como diría Antonio Machado diálogo del hombre que siempre va conmigo. Así que, en el fondo, estas reflexiones (Meditaciones) distribuidas en trece libros (partes), cada una de las cuales contiene una media de 40 ó 45 sugerencias de comportamiento y actitud moral ante los embates de la existencia, apuntan al propio autor -de ahí que Cano Cuenca, en la edición de 2007, titulase el volumen simplemente con la expresión "A sí mismo"- y también, evidentemente, a los lectores del momento y los futuros.

No es un libro que exija una lectura lineal, sino que permite ir saltando, al albur, de reflexión en reflexión. En este sentido es igual que El arte de prudencia cuyos aforismos admiten una lectura aleatoria y no continuada. Con todo, la distribución del conjunto en libros se debe a que cada uno de ellos en cierto sentido se circunscribe a un campo: la fama, la naturaleza, el bien común, el agradecimiento a quienes nos antecedieron, la inexorabilidad de la muerte, la impiedad, etc. Pero en cada uno de ellos retornan como las mareas, mezclándose en ordenada confusión, los asuntos. Siempre prevalece la idea de que vivimos una existencia única; que no hay más vida que la que tenemos; que la muerte está ahí y alcanza a todos, por lo que hay que preocuparse de ella lo justo, pero no más; que debemos hacer lo posible por favorecer el bien común, evitando el egoísmo; que no podemos ir en contra de la Naturaleza, dentro de la cual todo está contenido para su sostenimiento, incluso el propio sufrimiento por culpa de la enfermedad; etc.

El pensamiento de Marco Aurelio forma parte de la filosofía estoica, y nace a partir del pensamiento de Séneca y otros estoicos menos conocidos. Lo que sucede con Marco Aurelio es que es un estoico que es emperador, algo poco o nada frecuente. Los estoicos huyen de la vanagloria mundana, del halago desmedido de los otros; eso siendo César era harto difícil, pues la adulación hacia el imperator estaba en boca de todos. Sin embargo Marco Aurelio en estas meditaciones se pone a la altura de los otros hombres, se identifica con ellos; por eso nunca habla de sus hazañas bélicas, sino que se fija en lo que le rodea a él y a todos: la naturaleza, el frío, la pereza, la presencia o ausencia de la fuerza interior para estar en el mundo, la contribución a la mejoría de la comunidad, etc.

Leyendo estas Meditaciones no he podido por menos que evocar el pensamiento cristiano. ¿Está el estoicismo en la base del cristianismo? Cierto es que ambas corrientes buscan la virtud, aunque sea una virtus diferente. Para Marco Aurelio alcanzar la virtud implica riesgo, ejercicio (askesis), buscando siempre una adecuada relación entre uno mismo y la vida; la virtud del estoicismo no es otra cosa que el arte de vivir. Frente a este concepto de virtud, el cristianismo pospone para la vida ultraterrena la meta a conseguir. También en el cristianismo hay askesis pero entendido como sacrificio en la vida terrena cuyo premio se obtendrá en la que exista después de la muerte. Es una diferencia muy sustancial. Marco Aurelio postula no preocuparse de la muerte y ocuparse sólo de la vida, pues tras esta no hay nada; en el cristianismo la muerte es central al ser la puerta de acceso a la -en su pensamiento- la verdadera vida.

Estoicismo, Marco Aurelio, Meditaciones,

Pero hay muchas coincidencias en el día a día entre estoicos y cristianos. Una de ellas y no menor es la de la reflexión o meditación, que los cristianos denominan oración. Leyendo a Marco Aurelio, digo, me veía transformado en uno de estos sacerdotes cristianos que con el breviario en sus manos reflexionan sobre el sentido de la vida y de los oficios religiosos que de forma resumida aparecen compendiados en el libro así llamado. Los postulados cristianos ya están contenidos en el estoicismo: hacer el bien al otro, no ser egoísta, no enfadarse por cualquier nadería, no ensoberbecer («no te cesarices», se decía a sí mismo y a quien le leyera el mismísimo César)...; en definitiva, lo que en estas Meditaciones presenta el emperador muerto en Viena (Vindobona) el año 180 d.C.  es una ética, una manera de enfrentar la vida, un modo de vivir. Es una ética que coloca al hombre en el centro de todo, que lo distingue claramente de otras especies naturales pero que insiste en que con éstas ha de haber relación cordial, que se aparta de la crueldad ilegítima, que busca la paz y concordia entre pueblos. Y al colocar al individuo, a la persona, en el centro de todo, construye una auténtica filosofía en torno a él. En cierto sentido podría decirse que Marco Aurelio dio a la posteridad un libro de autoayuda, al mostrar a quien lo leyera cómo se podía ser feliz en una existencia de la que todos conocemos su aciago final.

De los cientos de reflexiones que contiene este libro -todas ellas reseñables por su profundidad y largo alcance- sólo a guisa de ejemplo, voy a colocar algunas aquí:
  • «Arroja todo fuera, quédate sólo con estas pocas cosas; acuérdate también de que cada uno vive sólo el presente, este punto; el resto ya ha sido vivido o es dudosoDesde luego el Quevedo de «Ayer se fue, mañana no ha llegado / hoy se está yendo sin parar un punto» puede fácilmente haber bebido aquí.
  • «No actúes contra tu voluntad, ni al margen de lo común, ni sin examen, ni a contracorriente; que la afectación no engalane tu pensamiento; no seas charlatán ni te pierdas en muchas tareas». Creo que a muchos que se ocupan de la res publica les vendría de perlas leer ésta y otras reflexiones de alguien que conocía bien el oficio de ocuparse de lo público.
  • «Ni sentirse disgustado, ni abatido, ni desanimado, si tus actos no siempre ligan con los principios rectos, sino, tras la frustración, retomarlo otra vez y estar contento si tus actos son más humanos y amas aquello a lo que encaminas». Buena propuesta para chicos y grandes que aceptan mal la frustración.
  • «Todo lo que ves se destruirá muy pronto, y los que asistan a esa destrucción en breve pasarán por ella. El que muera muy viejo se encontrará en el mismo punto que el que lo haga muy joven». Sí, claro, querido Marco, pero no es lo mismo más que menos, ¿no te parece? Je, je.
  • «Aceptar sin arrogancia; dejar ir con soltura». Aquí sí que veo el pensamiento y estilo literario de Baltasar Gracián.
  • «"Lo regio es obrar bien y que hablen mal de uno" (Antístenes)». El cínico Antístenes acertaba al recoger en su pensamiento una acción muy frecuente en la plaza pública. Marco Aurelio, con esta cita, así se lo reconoce.


Nota:
Este libro participa en el Reto Escritores de la A a la Z que organiza el blog Lecturápolis. Con él relleno la letra A. También entra a formar parte de los libros clásicos dentro del Reto Nos gustan los clásicos que organiza el blog Un lector indiscreto.





16 dic 2021

Olga Tokarczuk: "Sobre los huesos de los muertos"

23 comentarios:

«Entendí que pertenecíamos a ese grupo de gente que el mundo considera inservibles. No hacemos nada trascendental, no producimos pensamientos importantes ni objetos necesarios ni alimentos; no cultivamos la tierra ni hacemos que prospere la economía. No nos hemos multiplicado significativamente, a excepción de Pandedios, que tiene un hijo, aunque se trate de Abrigo Negro. No hemos aportado ningún tipo de provecho a la humanidad. No se nos ha ocurrido ningún invento. No hemos tenido poder, no hemos poseído nada más que nuestras pequeñas propiedades. Hemos hecho nuestro trabajo, pero este no ha tenido ninguna importancia para los demás.» (Capítulo 15: ‘La fiesta de San Huberto’)

Olga Tokarczuk, Sobre los huesos de los muertos, literatura polaca, William Blake
La novela que acabo de leer me ha gustado mucho, me ha sorprendido gratamente. No conocía a la escritora. pero afortunadamente uno tiene amigos amantes de la lectura que me dan aviso de buenos libros escritos por buenos autores. En esta ocasión el amigo ha sido mi magnífica amiga Ana de la tertulia "más que palabras...", tertulia y amiga gracias a quienes descubro no pocas buenas obras literarias. Gracias, Ana.

Olga Tokarczuk es una autora polaca que se alzó con el galardón del Premio Nobel en 2018. Nada sabía sobre ella, aunque seguro que su nombre lo habría oído, pero habría quedado sepultado en el fondo de mis recuerdos, tan en el fondo que lo había olvidado. Buscando información sobre Olga Tokarczuk leo que pese a haber ganado el Nobel en 2018 no recibió la distinción hasta el año siguiente junto al premiado de ese año Peter Handke. El motivo fue de índole organizativa dentro de la institución sueca y nada tuvo que ver con el nombre de la premiada. Pero vaya, por estos líos seguramente yo no recordaba su nombre, porque siempre irá la edición del Nobel 2018 envuelta en la del año siguiente, cuando lo ganó el escritor austriaco, que lo recibió junto a ella en 2019. Me parece una injusticia que le haya sucedido tal cosa; menos mal que su Obra siempre está ahí y cualquier lector interesado puede restañar la injusticia deleitándose con la calidad y la calidez de sus novelas.

Sinopsis [proporcionada por la propia editorial]
Olga Tokarczuk, una de las voces más vigorosas de la narrativa polaca contemporánea, despliega en este arrebatador thriller metafísico todas las contradicciones del alma humana. Janina Duszejko es una ingeniera de caminos retirada que enseña inglés en la escuela rural de Kotlina K;odzka, una región montañosa del suroeste de Polonia. Cuando la rutina del pueblo se ve sacudida por una serie de asesinatos que tienen como víctimas a varios cazadores furtivos, Janina, apasionada de la astrología, defensora a ultranza de los animales y obsesionada por la obra del poeta William Blake, intentará resolver por su cuenta los misteriosos crímenes. Bajo la forma de una novela policiaca y con un original subtexto ecologista, Tokarczuk retrata soberbiamente la sociedad local, cuestionando sin ambages tanto la falta de respeto por la naturaleza como el radicalismo ambientalista, en una de las obras más poderosas y originales de la literatura europea actual.

Esta novela, Sobre los huesos de los muertos, la escribió la galardonada el año 2009. En ella una mujer mayor, retirada en una localidad aislada donde en invierno sólo viven tres o cuatro personas, cuenta los crímenes que están sucediendo en el lugar. La novela utiliza el formato de la novela negra aunque el personaje investigador no sea uno al uso en ese tipo de relatos. La señora Janina, -si bien a ella le gusta que la llamen señora Duszejko, pues el nombre de Janina no le agrada nada-, es una gran defensora de los animales. No le gustan nada los cazadores pues, aunque estos cumplen en teoría una función reequilibradora de las poblaciones animales, ve que disfrutan masacrando seres vivos. Por esto y por su afición a la astrología considera que las muertes de sus vecinos, todos ellos amantes de la cinegética, son causadas por los animales (corzos, jabalíes e incluso simples escarabajos) como venganza al exterminio que provocan en sus poblaciones los depredadores humanos. Ella sostiene ante quien sea esta teoría, razón por la que es tildada de loca por toda la comunidad, policía incluida.

Junto a la señora Duszejko dos personajes más están también en el meollo de la investigación. Son el vecino Pandediós (hay que decir que los nombres de los vecinos y de otros personajes son los que la protagonista les pone basándose en aspectos externos como su apariencia o su comportamiento), padre de Abrigo Negro, que trabaja en la policía, y Dioni, el antiguo alumno de cuando ella dio clases en la Universidad. Dioni trabaja en la policía dentro del servicio informático pero su gran pasión es la traducción de la poesía de Blake. Precisamente el título de la traducción española de la novela está tomado de un verso del poeta romántico inglés.

En la novela se cruzan perfectamente sincronizados en la persona de la protagonista y narradora el presente de la investigación criminal con el de la astrología y la predicción que la conjunción de los astros según ella proyecta sobre las personas; no hay que dejar de lado el inmenso amor que esta mujer, que se encarga durante el crudo invierno del cuidado de las casas vacías de los veraneantes, tiene a la Naturaleza. En sus recorridos de vigilancia por la Meseta (así denominan a la zona donde viven que está próxima a Kłodzko, la localidad donde suceden algunos de los hechos) la protagonista-narradora realiza una preciosa defensa del medio ambiente, magníficas descripciones de la vegetación autóctona, del comportamiento de los animales... Se produce como una personificación de los inmuebles deshabitados («Sólo la casa de la escritora es un poco más excéntrica»), de los meteoros («Caminé tras ellos por la blanca y mullida nieve. Era reciente y el bajo sol de invierno hacía que esta se ruborizara.»), de las sensaciones, etc.

Si algo me ha encantado en esta novela es el lenguaje poético con que se envuelve en muchas ocasiones aquello que se cuenta o se describe: sinestesias como la contenida en «el olor metálico del frío», o imágenes atrevidas como «Estaba débil como un tallo de patata nacido en la oscuridad del sótano.» o «Por la ventana nevada entraba el amanecer, blancuzco como una bombilla de hospital», etc., etc. No hay que olvidar que la autora es, además de magnífica narradora, poeta y psicóloga. ¿Y qué tendrá que ver la psicología con la poesía?, os preguntaréis algunos. Pues mucho, naturalmente. En el fondo un poeta indaga a través de las palabras en la psicología propia o ajena buscando entender o alcanzar aquello que se halla más allá de lo patente. Y hasta ahí sólo se puede llegar a través de la palabra poética.

En "Sobre los huesos de los muertos" se explica la verdad de los personajes a través del instrumento poético. Es el lenguaje poético el que permite vislumbrar la personalidad de Janina; el porqué a ella no le agrada que la llamen así; su comunión con el entorno que la rodea; su rebelión contra la indiferencia de los humanos, en especial contra quienes debieran de ser garantes de que todo esté bien equilibrado: los poderes públicos, aquí la Policía. La señora Duszejko se mueve siempre en un plano suprarreal, que supera lo meramente fisiológico. Su pensamiento no puede entenderse desde la mera superficialidad de lo concreto; ella está más allá como demuestra su afición -creencia más bien- en la astrología. Pero paradójicamente es su afición a esta pseudociencia que los demás, -los profanos e ignorantes seres humanos que la rodean-, tildan de engañifa total, la que provoca que ella a su vez sea tenida por loca, enajenada, vieja chiflada.  

Geografía literaria de Sobre los huesos de los muertos
Aupados en esta consideración quienes la rodean salvo Pandediós, Buena Nueva (la chica manchú que atiende en la tienda de la localidad más cercana) y Dioni, la ignoran y desprecian su defensa de los animales («Ese no es un asunto para la policía, señora. Un perro es un perro. Un pueblo es un pueblo. ¿Qué esperaba usted? Los perros se guardan encadenados y en los cobertizos.»), su protesta frente al tradicional machismo («Porque es usted mujer. [le dicen los hombres al pedirle que cante el responso ante el cadáver de Pie Grande] Ah, era eso. Así que esa era la cuestión. No sabía qué tenía que ver mi sexo con el hecho de cantar, pero en aquel momento no quería rebelarme contra la tradición.»), su encendido amor por la zona donde vive («desde nuestra meseta se puede ver tanto la carretera como, ensartadas en ella, las ciudades de Kudowa y Lewin, y lejos, al norte, las poblaciones de Nowa Ruda, Kłodzko y Ząbkowice —que antes de la guerra se llamaba Frankenstein—»), su denuncia del disgusto que los demás muestran frente a la vejez en la que ella ha entrado hace ya unos años («Cuando se llega a cierta edad, hay que resignarse a que la gente se muestre impaciente con uno de modo permanente.»)...

La narradora y protagonista de esta novela se ve a sí  misma como una idealista que lucha contra un imposible: una sociedad que entiende el progreso al margen de la Naturaleza. Janina cuando contempla las torretas («púlpitos») desde las que los cazadores disparan a los animales tras atraerlos hasta allí con señuelos y engañifas se rebela contra ellas y se identifica con don Quijote: 
«En toda la meseta había ocho, yo lo sabía perfectamente porque había tenido contacto con ellas, como Don Quijote con los molinos.[...] Y es que no puedo soportar su presencia. Aunque la verdad es que quien siente ira y no actúa, propaga la epidemia. Eso es lo que dice Blake.»
Si la poesía envuelve la forma narrativa, es concretamente la de William Blake la que justifica la vida de la señora Duszejko y de Dioni, su antiguo alumno y traductor del poeta romántico. Sin embargo entre maestra y alumno hay al menos una importante diferencia: mientras que ella asume en todo el idealismo y sentimentalidad de Blake, Dioni sabe separar el aspecto teórico y literario del artista británico de la propia actuación en el mundo concreto que él como joven está viviendo en este momento.

El tema de la ira en una novela que trata de asesinatos y de la búsqueda de sus causas para llegar hasta el causante o causantes del horror es, naturalmente, asunto central. La señora Duszejko atribuye la ira a los propios animales contra los humanos cazadores que a base de batidas están diezmando sus poblaciones. Esta idea le dicen quienes la quieren y aprecian que procure no comentarla con nadie, pues la llamarán loca.

Otros temas se tocan en esta interesante y hermosa novela: el amor, visible en la pareja Dioni y Buena Nueva; el sexo presentado con la elegancia de la elisión; las políticas de la Unión Europea; la enfermedad y el deterioro propios del ser humano con el paso de los años; los fenómenos paranormales que percibe Janina cuando entra en determinados espacios de la casa donde habita; la vida rural frente a la vida en la ciudad que se va imponiendo llevándose por delante todo un mundo tradicional y hermoso pero menos confortable; el de la astrología vista a lo largo del tiempo y sus manifestaciones en la literatura, por ejemplo en la Divina Comedia de Dante; la guerra que movió fronteras e hizo cambiar de pertenencia nacional a las personas que habitan la zona donde se desarrolla la historia; el de la sororidad intuido en la relación entre las dos profesoras que habitan una de las ocho casas que forman la población de la Meseta y que en invierno está vacía como muchas otras; las dificultades, ventajas e inconvenientes que tiene vivir acompañado; la religiosidad y una de sus más interesantes manifestaciones: el ateísmo; hombres vs mujeres y la desventaja de ellos frente a ellas respecto al disfrute de la vida y sus manifestaciones artísticas(«Con la edad, muchos hombres caen en cierto autismo testosterónico que se manifiesta en una lenta pérdida de la inteligencia social y de la capacidad para comunicarse con las otras personas, […] Desaparece prácticamente su capacidad de leer novelas: el autismo testosterónico impide la comprensión psicológica de los personajes.»); y algunos más.

Premio Nobel de Literatura 2018, novela polaca, novela metafísica
Sobre los huesos de los muertos
de Olga Tokarczuk es sin ninguna duda una de las novelas mejores que durante este 2021 que ya se acerca a su final he leído. Es una novela que no se puede despachar en una o dos líneas porque es profunda, densa; una novela que toca muchos asuntos, todos ellos debidamente engarzados y relacionados; una novela muy bien escrita que va presentando de manera lineal con alguna vuelta atrás o/y aparición en la página en contrapunto momentos narrativos cronológicamente distantes. Para esto último la autora hace uso en el libro de un recurso tipográfico que de mano me sorprendió, se trata de una línea horizontal que viene a separar las secuencias ubicadas en distintos tiempos. La verdad es que no lo había nunca visto así. En cuanto a la persona que cuenta la historia creo que ya ha quedado claro que es la propia Janina Duszejko quien en primera persona relata lo sucedido en la localidad. Ella misma es al tiempo el personaje investigador de los asesinatos y como tal en el curso de su indagación realiza reflexiones sobre multitud de aspectos de la vida humana y su interacción con la naturaleza. Como guía de la perfecta relación hombre-mundo natural la narradora y protagonista echa mano de la poesía de William Blake que supo ver y transmitir que lo más grande se puede ver en lo más pequeño, que lo universal cabe en el detalle particular. Toda una filosofía, como se ve.
«¿Cómo podríamos entender todas esas cosas? Está claro que lo grande está recogido en lo más pequeño. No hay duda de que así es. En la mesa, mientras estaba escribiendo aquello, descansaba la configuración planetaria e incluso todo el cosmos. El termómetro, la moneda, la cucharilla de aluminio y el tazón de porcelana. La llave, el móvil, el papel y el bolígrafo. Y una cana mía en cuyos átomos se conservaba la memoria de los inicios de la vida, de la catástrofe cósmica que dio principio al mundo


 

Título
: Sobre los huesos de los muertos

Autora: Olga Tokarczuk

Editorial: Siruela

Año de edición: 2019

Páginas: 240

ISBN978-84-16638802

21 may 2021

Ralph Waldo Emerson. "Naturaleza"

21 comentarios:
Leer, la lectura, el mundo de los libros, en definitiva, provoca con frecuencia que, tras acabar una obra que nos ha resultado grata, los lectores queramos continuar con otro título de la misma autoría; o bien que algo visto o intuido durante el acto de lectura en el finalizado volumen nos lleve a buscar con ahínco  esa novela citada en el texto o nos anime a profundizar en la manera de pensar de ese escritor reverenciado por este o aquel personaje e, incluso, como ha sido en mi caso, por el mismísimo autor. 

Quienes hayáis leído la reseña que escribí sobre la novela "El huerto de Emerson" del extremeño Luis Landero [quienes no lo hayáis hecho, pinchando aquí podéis hacerlo] recordaréis que dediqué un espacio importante a solventar el porqué del título. Resultó que todo procedía de la lectura de unos ensayos del escritor, filósofo y poeta norteamericano Ralph Waldo Emerson, quien en uno de ellos aconsejaba contentarse con lo que por naturaleza nos ha sido dado y sacar de ahí los más frutos posibles que contenga. Esto es lo que Landero denomina 'Huerto de Emerson'.

Me agradó esa traslación de la frase desde el plano de la filosofía del escritor del siglo XIX a una novela memorialista de un escritor del siglo XXI y me propuse saber algo más de Ralph Waldo Emerson y su ideario filosófico. Busqué por mi entorno títulos asequibles del bostoniano que me permitiesen conocer algo de su pensamiento y me topé con que la editorial Nórdica libros acababa de sacar una hermosa edición de uno de sus primeros ensayos. Y digo hermosa edición porque el texto se presenta acompañado de bonitas ilustraciones, -delicadas acuarelas-, realizadas por la argentina residente en Madrid Eugenia Ábalos. 

El autor
Ralph Waldo Emerson (Boston, 1803 - Concord, 1882) fue el líder del trascendentalismo filosófico a principios del siglo XIX. Estudió Teología en Harvard y tras finalizar los estudios se ordenó pastor unitario, aunque la muerte de su mujer le llevó a renunciar al sacerdocio. Su Obra y pensamiento filosófico influyó en discípulos suyos como Nathaniel Hawtorne y Henry David Thoreau; también poetas y filósofos como Whitman o Nietzsche reconocieron la deuda que debían a su producción.


Mi opinión
Trascendentalismo filosófico, Filósofos  americanos del XIX

Personalmente pienso que este breve ensayo presentado en ocho capítulos de escasa extensión, el escritor lo escribió en 1836 simplemente para exponer con argumentos su idea de que todo está creado por un espíritu superior infinito. Evidentemente, sin citarlo, se refiere a Dios y a sostener la idea de que la Creación de todo lo existente en el mundo natural la realizó él mismo a su imagen y semejanza. El hombre está dentro de esta Naturaleza, pero tiene entre los elementos que la componen un rango mayor gracias al entendimiento de que está dotado. En un siglo en el que el positivismo y las ciencias naturales estaban experimentando un auge espectacular Ralph Waldo Emerson quería señalar que si bien el científico observa las cosas, animales, plantas y objetos con afán puramente clasificatorio, debe este estudioso ser consciente de que hay una fuerza espiritual en esos elementos reflejo de quien los creó. E insiste en algún capítulo en que la Naturaleza es, frente a la idea de puro escenario en el que se acumulan objetos y especies de diversa índole, una unidad. A esta unidad es a lo que él llama Paisaje, cuya mera observación lleva al Uno, creador de todo.

El pensamiento de Emerson es claramente panteísta y enlaza directamente con la corriente filosófica del Idealismo. Por proximidad temporal, enlaza primero con el idealismo trascendental de Kant, pero en esencia también con el idealismo platónico. La Belleza, el Lenguaje, y todos los otros elementos que configuran el mundo natural los analiza el filósofo en este ensayo desde la perspectiva idealista. Según esto, todo es simbólico dado que todo es analogía, semejanza, y apunta -¡naturalmente!- a las cualidades inefables del gran Hacedor. 

Por el lado del asunto la obra es muy sencilla, como se ve. Pero ¿qué tiene de interesante además? Pues sin lugar a dudas lo más hermoso de ella es el lenguaje empleado para trasladar al lector estas ideas filosófico-religiosas. Emerson es un poeta y da buena muestra de sus habilidades en este ensayo. Presentar algunas citas tomadas de la obra creo que es mucho mejor que intentar explicar lo difícil o lo casi imposible:
  • «la belleza, en su sentido más amplio y profundo, es una expresión del universo. Dios es la hermosura absoluta pero la belleza de la naturaleza no es suprema. La verdad, la bondad y la belleza no son sino diferentes caras de un mismo todo. Pero la belleza de la naturaleza no es suprema.»
  • «No son sólo las palabras las que son simbólicas, son las cosas las que son simbólicas. Cada hecho natural es un símbolo de algún hecho espiritual
  • «El mundo visible y la relación entre sus partes son el cuadrante donde leemos lo invisible»
  • «Todas las cosas son morales; sus cambios incesantes guardan una relación constante con la naturaleza espiritual. [...] Una hoja, una gota, un cristal o un intervalo de tiempo guardan relación con el todo y participan de la perfección del todo.»
  • «El mundo procede del mismo espíritu que el cuerpo del hombre. [...] Pero difiere del cuerpo en un aspecto importante. No está, como éste, sometido ahora a la voluntad humana. Su orden sereno es inviolable. Es, por lo tanto, para nosotros, el intérprete actual de la mente divina.»
  • «cuando contemplo un paisaje exuberante no atañe tanto a mi propósito el recitar correctamente el orden y la superposición de los estratos como averiguar por qué toda noción de multitud se pierde en una apacible sensación de unidad.»
Finalizada la parte ensayística escrita en prosa, hay un segundo apartado en este libro referido a los mismos asuntos pero expresados ahora en verso. Son 12 poemas que Nórdica Libros ofrece en el idioma original en que fueron escritos y trasladados a nuestro idioma por el buen traductor que es Andrés Catalán.

Son estos poemas bellas composiciones que me han reafirmado en una idea que, ya leyendo el ensayo, sobrevolaba constantemente mi cabeza. Me refiero a que la poesía de nuestro Gustavo Adolfo Bécquer está sin duda alguna muy en la línea de este trascendentalismo emersoniano. Concretamente ha habido un momento en que en vez de estar leyendo a Emerson me parecía estarlo haciendo de la poesía de Bécquer. Véase si no lo siguiente: «todo espíritu se construye una casa, y más allá de su casa, un mundo, y más allá de su mundo, un cielo.» -se lee en el ensayo del norteamericano. Y Bécquer en su Rima XXIII escribe "por una mirada, un mundo / por una sonrisa, un cielo / por un beso... ¡Yo no sé / qué te diera por un beso,".  También, aunque ya no de manera tan directa, la lectura de los poemas del poeta y filósofo norteamericano me ha hecho recordar alguno de los de nuestro Antonio Machado. Dice Emerson: «El agua sirve para beber; el carbón, para calentar; la lana, para abrigar; pero no podemos beber la lana, ni tejer el agua, ni comer el carbón.», lo que ha repentizado en mi memoria unos versos del poeta sevillano contenidos en "Proverbios y Canciones": "bueno es saber que los vasos / nos sirven para beber, / lo malo es que no sabemos / para qué sirve la sed."

Y finalizo como comencé. O sea, volviendo a Luis Landero, el causante de que haya leído "Naturaleza", el primer ensayo filosófico de Ralph Waldo Emerson. En la reseña de "El huerto de Emerson" y también en otras que he hecho de obras del escritor de Albuquerque he resaltado el dominio del vocabulario que tiene, especialmente del léxico rural y campesino que él siempre anhela preservar. Deseo semejante me ha parecido ver en alguno de los poemas del poeta estadounidense contenidos en "Naturaleza". Y como para prueba vale un botón, aquí dejo unos versos de su poema "Añuelo", hermoso ya desde el propio título:
Dadme verdades, 
que estoy cansado de las superficies 
y muero de inanición. Si conociera 
tan solo las especies y hierbas de los bosques, 
la ruda, la potentilla, la hiedra terrestre, la verbena y la agrimonia, 
la alverjana, el trilio, la pelosilla, el sasafrás, 
la asclepia y los oscuros helechos, las pintorescas cañas y droseras, 
y las claras y virtuosas raíces [...]
editorial Nórdica, Ralph Waldo Emerson, Teología y Filosofía

No puedo acabar esta breve reseña sin llamar la atención sobre la belleza de las acuarelas de  Eugenia Ábalos que ilustran esta edición de la editorial Nórdica ya desde la misma portada. Sin duda alguna me atrevo a decir que hoy el libro tiene más valor por estas hermosísimas aguadas que por la propia filosofía contenida en el ensayo dada la superación actual de la misma.

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Nota:

La lectura de este ensayo de Ralph Waldo Emerson me sirve para seguir avanzando en el Reto Nos gustan los clásicos


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10 mar 2018

Manuel Vilas. Ordesa

21 comentarios:
Hay libros que te impactan desde su primera página. Es lo que me ha ocurrido con "Ordesa" de Manuel Vilas. Confieso que he llegado a Vilas a través de los suplementos culturales que los periódicos que habitualmente leo ('El Pais' y 'El Mundo', sobre todo) sacan un día a la semana. Las opiniones que Santos Sanz Villanueva, Juan Cruz, Antonio Muñoz Molina y otros muchos escritores y críticos a quienes respeto vierten allí sobre esta obra me han conducido irremisiblemente a ella. No he parado hasta poder leerla. La he despachado en tan sólo tres tardes, desde luego no porque sea una lectura facilona y vana como otras, sino porque la profundidad humana y la verdad que transmite Vilas envueltas en un maravilloso lenguaje lindante con la poesía, si no poesía auténtica, no me permitían dejar de lado tan estupenda experiencia literaria.

Manuel Vilas Vidal, Novela memorialista

Antes de dar cima a sus cerca de 400 páginas era tal el placer que me estaba produciendo su lectura que no pude por menos que buscar alguno de los poemarios que hasta el momento este barbastrense ha publicado: El Cielo (2000), Resurrección (2005), XV Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma,  Calor (2008), VI Premio Fray Luis de León... Al final opté por sacar de la biblioteca "Amor" (año 2010), compendio de su poesía desde 1988 a 2010 reunida por él mismo. No estaba en los anaqueles de la sección de Poesía Gran Vilas, el libro de poemas que sacó en 2012 con el que consiguió el XXXIII Premio internacional de poesías Ciudad de Melilla; y menos aún, claro es,  El hundimiento, que en 2014 ganó en Málaga el Premio Generación del 27.

Para finalizar esta especie de recorrido por su bibliografía diré que, además de libros de poemas, Manuel Vilas es autor de otras novelas: España (DVD Ediciones, 2008; Punto de Lectura, 2012), que fue elegida por la revista Quimera como una de las diez novelas más importantes en español de la primera década del siglo XXI, 'Aire nuestro' (Alfaguara, 2009), que obtuvo el Premio de la Librería Cálamo, 'Los inmortales' (Alfaguara, 2012) y 'El luminoso regalo' (Alfaguara, 2013).

En "Ordesa" se muestra la disolución del hombre en ese continuum que es el tiempo y el intento de cómo vanamente éste siempre ha pretendido, detenerlo, pausarlo, fijarlo como sea, en su caso a través de la escritura, a través de la memoria plasmada sobre el papel. En esta obra, una novela porque como declaraba el escritor a un periódico de su región la novela es un género proteico en el que todo cabe y todo abarca ("Entiendo por novela una narración más o menos extensa de la vida. A partir de allí, y desde Cervantes, cada uno que haga lo que pueda. La gracia de la novela está en que cabe de todo, siempre y cuando se narre la vida."), Manuel Vilas homenajea a sus progenitores.  La chispa que despertó en él este proyecto fue la muerte de su madre en 2014, nueve años después de acaecida la de su padre. Con su desaparición el narrador, o sea, él, ha penetrado en la región de la soledad, pues poco antes de que su madre muriera Vilas, además, se había divorciado. Es, pues, esta obra también una muestra de cómo vive el presente un ser humano que se ve más como depositario del pasado que vehículo de un presente y menos aún  proyección de un futuro.

Tras la lectura me he quedado sin aliento. Es una de esas pocas obras que te impresionan de tal manera que no logras dejar de pensar en ella. Es un libro al que no consigo poner límites, es un libro imposible de medir, un libro inconmensurable. Muchísimos son los temas, asuntos y reflexiones que están en él. Por ello también muchísimas son las notas tomadas y los subrayados que he hecho. Ahora los miro y no sé cómo hacer para que esta reseña tenga cierto orden y no se convierta en un imposible. 

¡Vamos allá!
El hundimiento, Poesía, Amor
Fotografía:BEGOÑA RIVAS
Manuel Vilas Vidal al morir su madre y acudir a Barbastro, su pueblo, donde él nació en 1962, rememora en desorden momentos de su vida: su niñez feliz junto a ella y junto a su padre, muerto diez años antes; su adolescencia cuando egoísta como lo son los chicos de 17 años evitaba hablar con su padre, lo que ahora bien lamenta; su marcha a Zaragoza para estudiar en la Universidad; recuerdos de cuando en esa ciudad lo visitaba su padre que era viajante de comercio; etc. Junto a estas idas al pasado recordado, su presente de hombre de cincuenta y tres años divorciado recientemente aparece entreverado de manera natural: su divorcio que tanto le pesa; las visitas de sus dos hijos a su apartamento, siempre visitas cortas y como obligadas; su caída a los infiernos y su recuperación; su soledad; y así.

Todo el relato de su vida discurre de manera armónicamente desordenada a lo largo de las 157 secuencias en que lo estructura. La música es un ingrediente esencial en esta obra. Es una música presente en la forma y en el contenido. Formalmente, el lenguaje que utiliza tiene ritmos y compases propios de la poesía. Es más, como luego he podido comprobar leyendo "Amor", el compendio de toda su poesía escrita hasta 2010, hay versos, estrofas, poemas enteros, que casi transitan de sus poemarios antes citados a la prosa -poética, naturalmente- que conforma este relato. Tan es así, que el escritor finalizada la narración en sí añade un Epílogo titulado 'La Familia y la Historia' en el que incluye once poemas que hablan de lo mismo del libro pero enfocado desde un punto de vista distinto. De ellos, él mismo dice que "son como el 'making-off' de la novela".

Que la música está presente asimismo en el contenido lo pone de manifiesto que a los personajes -todos ellos reales, por supuesto- los cita alegóricamente a través de nombres de compositores importantes: Wagner es su madre; Juan Sebastián Bach, el padre; Monteverdi, el tío materno Alberto; Händel, su tío Mauricio, hermano de Alberto; Rachmaninov, el hermano de su padre, viajante de textiles catalanes como él; Vivaldi y Brahms, sus dos hijos; y así sucesivamente. Con estos apelativos lo que Manuel Vilas pretende es simbolizar el salto del contexto rural oscense del que procede a ese otro en el que él se haya instalado ahora. Cuando vuelve la vista atrás y hace memoria del pasado lo que busca es que éste resuene, que no se olvide:
"Venimos de los árboles, de los ríos, de los campos, de los barrancos.
Lo nuestro fue siempre el establo, la pobreza, el hedor, la alienación, la enfermedad y la catástrofe.
Somos compositores de la música del olvido.
Nos da igual que exista Dios como que no exista." (sec. 126)
Así como los nombres de músicos tienen valor simbólico, también los colores son usados en este relato con sentido trasladado. De ellos, dos son los que prevalecen: el azul y el amarillo. El segundo es alegoría de la decadencia, de la derrota, de la vejez, de la soledad. Por contra el azul es la pujanza, la luz, el cielo abierto, todo el futuro por el delante:
"Fuimos azules muchos años. Hasta los dieciocho años, los hijos son azules. Con el tiempo, todo, sin embargo, se vuelve amarillo.
Los hijos azules se vuelven hijos amarillos.
"
  (sec. 123)
Y en un relato tan duro, un relato que araña el fondo de la singularidad del ser humano con todo lo que ello comporta, resuena un tono quevedesco crítico, hondo, apesadumbrado, afilado, reflexivo, filosófico, irónico, sarcástico, humorístico:
  • Me ha parecido escuchar el famoso soneto de Quevedo ‘Ayer se fue, mañana no ha llegado’ mientras leía:
    Todo era futuro entonces, cuando ocurrió el pinchazo. Todo es pasado ahora, cuando busco el pinchazo, la búsqueda más ilusoria o absurda de la tierra. Pero la vida es absurda, por eso es tan bella.
    El valle de Ordesa sigue allí, no cambia, no ha cambiado en estos últimos cincuenta millones de años. Sigue igual, tal como se creó en la era terciaria.
    ” (sec. 142)
  • Lo escatológico, la unión de los 'pañales y mortaja' del poeta barroco, podría decirse que llena todo el texto iniciado a raíz de la muerte de sus padres, el avistamiento o el temor a la enfermedad suyo propio y que concluye con el producto del amor de esos dos seres ya muertos. Pues bien, como el conceptista poeta madrileño solía hacer, Manuel Vilas adoba lo feo de la extinción con el aliño del humor. Así, a propósito del diente de oro de su padre y de lo que el forense que le quitó el marcapasos antes de proceder a la incineración pudiera haber hecho con él, Vilas acaba concluyendo tras una serie de frases en las que juega con la expresión 'oro' que "Mi padre tenía un corazón de oro"      
  • Del mismo modo se percibe un enorme sentido del humor cuando, hablando de la materialidad de la escritura en contraposición a lo puramente espiritual, cita a Sta Teresa con frases como que “Moisés escribió diez mandamientos porque se cansó de cincelar la piedra” (sec. 21)
Cines desaparecidos, Barbastro, Huesca, Pobreza, Manuel Vilas
Y para acabar ya este apartado que sin habérmelo propuesto me ha salido sobre aspectos formales añadiré la importancia que el escritor-narrador-personaje (que todo esto junto es Manuel Vilas en esta novela) da a los paralelismos, a las correspondencias, entre él y sus padres:
    • Mi madre perseguía la estimación social, que se evaporó, y yo persigo la estimación literaria, que también se está evaporando” (sec. 140)
    • "Mi padre era viajante, viajante de comercio. Yo, más o menos, también. Yo escribo, él escribía. Da igual lo que escribiéramos. Estamos haciendo lo mismo. Él llamaba a sus obras literarias ‘pedidos y duplicados’" (sec. 102)
O también el paralelismo existente entre sus hijos y él del que le advierte Wagner, su propia madre, cuando vista la relación que tiene con sus dos hijos, que apenas le hacen caso, que lo rehúyen, ella le dice que ya va siendo hora de que hable a Bra y Valdi del camino, esto es, de que con sus desapegos y faltas de atención hacia él están cimentando el camino de lo que les ocurrirá a ellos con sus propios hijos durante su vejez. O sea, que están irremediablemente destinados a la soledad, la misma que él ahora padece por culpa de ellos.
"Wagner dice: están construyendo el camino, es un ancho y florido camino por el que tú volverás a estar con ellos siempre, como tú lo frecuentabas cada vez que no me besabas ni me cogías la mano ni venías a verme, es el mismo camino, el mismo regreso.” (sec. 134)
Formalmente hay muchísima literatura contenida en esta narración. Es una literatura integrada en el buen hacer del novelista, una literatura perfectamente digerida que no es postizo o adorno extraño sino constituyente intrínseco del estilo Vilas. Con todo y buscando con ahínco me ha parecido ver cómo por doquier resuena Quevedo, pero también Charles Baudelaire en los simbolismos y las correspondencias existentes entre el mundo material y el espiritual. También en una elegía póstuma como cabría calificar este escrito las Coplas del poeta palentino Jorge Manrique parece que resuenan en no pocos momentos; en especial, me ha parecido oírlas en las preguntas que lanza al abuelo desaparecido y jamás conocido (“¿Qué pensaría mi abuelo de sus hijos? ¿Estaba orgulloso de ellos ¿Los besaba? ¿Le ensanchaban el corazón como a mí me lo ensanchan Bra y Valdi? ¿Se perderá mi amor a Bra y Valdi de la misma forma que se perdió el amor de mi abuelo hacia Bach y Rachma? […] ¿ Quién era? ¿Me hubiera querido ¿Me habría cogido de la mano cuando yo era pequeño?”, sec. 148). Y sin poder hacer cita concreta por estar absolutamente diluido en la obra la poesía de Antonio Machado, no en balde el poeta de la palabra en el tiempo, embebe todo el poemario que en definitiva esta narración es.


¿Qué temas se tocan en esta novela?
Pues prácticamente podría ya concluir diciendo que además del primero de todos que es el Tiempo, todos los que constituyen la vida de cualquier miembro de una familia española de clase media-baja durante la segunda mitad del siglo XX y primeros años de éste. Como esencialmente ante lo que nos encontramos es ante una novela memorialista en busca de ese paraíso perdido que es la niñez hay más momentos recordados referidos a los años sesenta y setenta en que Vilas fue niño que a los siguientes, aunque estos tampoco faltan .

Antes de enumerar aquellos motivos que me ha parecido percibir en el libro, diré que a pesar de ser una novela que transita más por la senda de la realidad que de la ficción, lo magnífico de la misma es que trasciende la mera biografía del sujeto protagonista para, haciendo abstracción del mismo, tocar la universalidad del ser humano. He ahí donde reside la excelencia de esta obra.

Sin duda alguna el asunto esencial, el tema principal, que aquí se muestra no es otro que el del Amor. Ese amor que conforma la relación padres-hijos que muchas veces, vista desde fuera, nos parece, quizás, fría y distante, pero que sus protagonistas viven y la recuerdan -sobre todo la recuerdan- con amorosa emoción.  En esta emoción un año se erige por encima del resto: 1969. Este año es central en su recuerdo y lo remarca en el libro incluyendo una fotografía en la que pasea contento de la mano de su padre:  
Yo sigo en este mundo, pero Bach se marchó. Se estaba marchando ya cuando alguien le hizo esta extraña y a la vez alegre foto. Y alegorizó esa marcha con la supresión visual de medio cuerpo.”
Manuel Vilas en la introducción que hace a "Amor. Poesía reunida 1988-2010" dice que a la edad que ya tiene y ante el mundo que le ha tocado vivir "el amor a todo es la única salida del laberinto"; y añade "tal vez este sentimiento esté emparentado también con la exaltación, con la plenitud, con la euforia, con la libertad"; para concluir diciendo que "el amor es un buen lugar. Parece un sitio universal, cargado de energía, de energía elemental y no moral. No concibo el amor sino como una lucha a muerte contra los hipócritas". 
Poesía de Manuel Vilas, "Amor", poesía de la cotidianeidad, poesía en prosa
La verdad es que el amor en todas sus variantes y manifestaciones centra este relato: el amor a sus padres con todo lo que de tensiones, tiras y aflojas esta relación familiar tiene; el amor fraterno manifestado en el amor alejado entre él y su hermano o entre Bach y Rachmaninov, su padre y su tío paterno; el amor a sus dos hijos, quizás el más fuerte que existe aunque ellos aún no sean conscientes del mismo. Y también nombra de pasada las desviaciones, los disfraces de amor de que se visten algunas acciones, como las caricias no consentidas que algunos mayores realizan a los niños y que a éstos les repelen; y sin demorarse mucho en ello el narrador habla también de sus abundantes infidelidades, en las que el amor si se nombraba era sin duda alguna para disfrazar de algo el mero deseo.
Párrafo aparte merece sin duda el amor a su tierra, a ese paisaje oscense del que como tantos otros hubo de salir para poder sobrevivir pero que lleva siempre en su corazón. De ahí que la novela la haya titulado "Ordesa", el nombre que tiene ese valle del Pirineo de Huesca cuyo pico central es Monte Perdido. Pero el paisanaje que habita esta naturaleza a la que le gusta volver y en la que encuentra su seguridad no es precisamente amable, sino más bien al contrario. Así se percibe cuando habla de la dura relación entre sus dos tíos maternos, Alberto y Mauricio; a este último Vilas reprocha el comportamiento tenido con Alberto a quien por culpa de la tuberculosis le habían serrado un pulmón:
No le conmovía que tuviera un pulmón menos. Había resentimiento y catástrofe en aquellos pueblos de Huesca.
Esos pueblos de los que yo me enamoré.
” (sec.124)
Junto a Ordesa, naturalmente está Barbastro, su localidad natal, su pueblo, su centro vital y sentimental. Allí fue feliz, allí fue niño, y allí, también, regresó para enterrar a sus padres:
[Barbastro] “Era el paraíso. Fue mi paraíso. Fueron ellos mi paraíso, mi padre y mi madre, cuánto los quise, qué felices fuimos y cómo nos derrumbamos. Qué hermosa fue nuestra vida juntos, y ahora todo se ha perdido. Y parece imposible.” (sec. 109)
Otro asunto que aparece en el relato aunque no se detiene mucho en él es el de Profesor de Instituto. Yo que lo he sido hasta hace bien poco y como él de Lengua y Literatura entiendo perfectamente la desilusión que Vilas manifiesta del ejercicio durante veinte años en la profesión; pero no comparto el tono nihilista y ese meter en el mismo saco a todos los miembros de la comunidad educativa. Afortunadamente el autor es consciente de que toda generalización es odiosa y recoge velas en un momento dado. Yo, desde aquí, suscribo gran parte de lo que en la secuencia 48 el hasta hace nada profesor de Lengua dice, en especial el final. Quizás la cita sea algo extensa pero mi profesión de años me obliga. Perdón, por ello:
Mucho tiempo estuve narcotizado por una nómina. Mucho tiempo: más de dos décadas. […] un 10 de septiembre de 2014 dejé de dar clases en la enseñanza media […] Los institutos españoles de enseñanza media eran edificios sin gracia, construcciones deficientes, con pasillos ingrávidos, con aulas frías en los inviernos y tórridas ya incluso en las primaveras. […] Aquellos chicos eran humillados y ofendidos por los profesores, esos mediocres con rencor hacia la vida. No todos eran así. Había profesores que amaban la vida e intentaban transmitir ese amor a los alumnos. Es lo único que debe hacer un profesor: enseñar a sus alumnos a amar la vida y a entenderla. […] Yo no suspendía a nadie. No podía suspender a nadie. Tal vez al principio sí suspendí a algunos de esos críos por no saber analizar frases. […] Practicaba una explicación marxista de la sintaxis. Un marxismo cómico, pero al menos nos moríamos de risa.
 Afortunadamente, Vilas Vidal cierra esta secuencia en la que reflexiona sobre su dedicación profesional de 23 años diciendo:
Estoy siendo injusto: el único aliado leal de la redención social de los españoles desfavorecidos es el profesorado. Tuve inmejorables amigos allí. Vi profesores excelentes, pero el sistema educativo agoniza, eso es, en realidad, lo que quería decir, que el sistema educativo ya no funciona porque se ha quedado varado en el tiempo.
Quizás esta insatisfacción profesional estuviese en la base del alcoholismo del personaje-narrador y éste de sus infidelidades. No sería la única causa, pero sumada a otras, evidentemente coadyuvaría. El alcoholismo, confiesa con alegría, ha conseguido abandonarlo no sin dificultades:
Llevo mucho tiempo sin beber.
En España, la ayuda que recibe un exalcohólico es facilitarle que vuelva a beber.
Yo creo que en España no existe el perdón de los pecados.
De ahí que al final nadie pueda salir del alcohol en España, de ahí la expectación que despierta un exalcohólico español: a ver cuándo cae, a ver cuándo vuelve a beber
.” (sec. 95)
El trato que España da al alcohólico es un ejemplo más de la crítica social y política que aparece esparcida a  lo largo y ancho de esta estupenda novela. Al alcoholismo y la enseñanza ya comentados hay que añadir otros. En primer lugar esa dependencia de Aragón de la alta burguesía catalana que utilizaba -¡y utiliza!- la mano de obra del campesinado aragonés (oscense en este caso) para enriquecerse y en compensación hacer 'ascender' de la mera pobreza a la considerada clase media-baja, eufemismo acuñado en esos años del desarrollismo sesentero y setentero para esconder a los nuevos pobres. En concreto, el padre y el tío de Vilas eran viajantes e comercio del textil catalán:
Rachmaninov vivió en Galicia. Lo destinaron a Galicia. Trabajó en lo mismo que mi padre, trabajó de viajante. Trabajaron los dos para la misma empresa catalana. […] Ni en Aragón había industria, ni la había en Galicia. La industria estaba en Barcelona.” (sec. 146)
También la pobreza es tema importante en esta narración. Vilas constantemente habla de ella, de cómo la necesidad de huir de ella ha vaciado sus amadas tierras del Somontano, de la alienación que una nómina siempre supone, del extrañamiento, de la mentira que es la clase media-baja -eufemismo de pobre desde el desarrollismo franquista hasta nuestros días- y también de cómo la soledad o el desamparo son formas de pobreza:

Nunca me acostumbraré a ser pobre. Estoy llamando pobreza al desamparo. He confundido pobreza y desamparo: tienen el mismo rostro. Pero la pobreza es un estado moral, un sentido de las cosas, una forma de honestidad innecesaria. Una renuncia a participar en el saqueo del mundo, eso es para mí la pobreza.” (sec. 33)


Esta obra tiene mucho de ensayo filosófico. La verdad es que la muerte con que concluye el tiempo vivido por cada uno de nosotros es el meollo de la filosofía existencial. El escritor escribe sus reflexiones a raíz de la conclusión temporal de sus padres. Esto le lleva a plantearse no pocas cosas como ya hemos ido viendo. Una de ellas, el apresurado estilo de vida actual, lo contrapone al pausado vivir de los años setenta cuando él era feliz junto a su padre (“la vida iba más despacio y podías verla. Los veranos eran eternos, las tardes eran infinitas, y los ríos no estaban contaminados”) mientras que ahora -2005 ó 2014, cuando murieron respectivamente el padre y la madre- el apresuramiento se plasma en todo, incluso en la preferencia cada vez mayor de la incineración frente al enterramiento. Vilas se lamenta de haber llevado a sus padres fallecidos al crematorio en lugar de al cementerio. Los restos materiales que albergaron un ser vivo no son tales si en vez de enterrar se procede a la incineración.  Las cenizas se esparcen, desaparecen; las sepulturas, los nichos, los mausoleos de los cementerios permiten ir a reencontrase con la materialidad de los seres queridos.
La materia aún conserva un espacio, mantiene el tiempo viejo metido en un espacio. De ahí, de nuevo, y por enésima vez, mi error a la hora de incinerar a mis padres. Las tumbas son un lugar donde rememorar lo que ya no tiene tiempo, pero sí espacio, aunque sea un espacio óseo.” (sec. 145)
La paradoja es algo consustancial a la vida. No existe la vida unidimensional, hay cambios, zigzagueos, azares, contradicciones... Es absurdo pretender ser seres de una sola pieza, constantes, rectilíneos. No, así no es la vida real, la vida real es en esencia paradójica. Por eso, aunque hable de muerte y cementerios no hay religiosidad alguna en él. Lo que no quita para que en un momento de su reflexión venga a agradecer a los padres escolapios que le enseñaran a leer:
"Escribo porque me enseñaron a escribir los curas [...] Esa es una gran ironía de la vida de los pobres en España: les debo más a los curas que al Partido Socialista Obrero Español. La ironía en España es una obra de arte siempre" (sec. 85)
lo que no excluye su denuncia de cómo uno de estos padres escolapios siendo él muy niño lo manoseó, sobó y acarició sin poder recordar si es que hubo alguna cosa más.

Si paradójica fue su relación con la religión, otro tanto puede decirse de la política. En la cita anterior hay una clara crítica al discurso político de muchas -todas o casi todas- formaciones políticas que parece que todo se alumbró con su advenimiento. Evidentemente, viene a decir Manuel Vilas, eso no es así. Y como habla de su propia vida a su aprendizaje lector vino luego a añadirse su marcha a la universidad, algo que le permitió adquirir unos conocimientos y destrezas que le han servido para escribir sobre su tierra pobre:

PN de Ordesa, Monte Perdido, Cascada de Torla, Huesca
"Yo nombró esas tierras (el Somontano) y esos pueblos gracias a que fui a la Universidad, es decir, gracias al dictador Francisco Franco Bahamonde que sentó las bases para que los nietos de Cecilia supiéramos leer y escribir, que sentó las bases de la clase media española aunque retrasara por impericia y simpleza la modernización política de España unas décadas" (sec. 85)
Declarar lo anterior como hace el autor de Barbastro es, en el mundo del pensamiento único y la sociedad de lo políticamente correcto, tomar muchas papeletas en el sorteo del ostracismo político-cultural. A favor del escritor, afortunadamente, cuenta el escaso número de lecturas que la mayoría de nuestros políticos realiza, más atentos a encuestas que a cualquier otra cosa.


Final
Pongo ya punto final a esta reseña no porque se hayan agotado los asuntos que contiene la novela o ya nada más se pueda decir sobre el manejo de la forma. La dejo porque en algún momento hay que detenerse. Creo que con lo dicho ya está bien. Deseo que su lectura sirva para animar a leer este estupendo libro que como digo al inicio de este escrito me ha congraciado completamente con la literatura. "Ordesa" es literatura en sentido amplio, es literatura de alto nivel, de gran calidad. Y Manuel Vilas Vidal un nombre que jamás olvidaré. Leer libros como éste es esencial para saber discernir lo bueno de lo no tan bueno, ya no digo de lo manifiestamente malo.