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7 sept 2024

Gabriel Insausti. En la ciudad dormida

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«En un mundo donde todo discurso se asocia a la propaganda ya no es que sea imposible decir la verdad, es que tampoco es posible mentir. Porque mentir consiste en hacer pasar por verdadero lo que no lo es. Y la propaganda no pretende hacer pasar nada por verdadero. Lo que pretende es embarrarlo todo y decirnos lo que hay que pensar.»

En la ciudad dormida, libros sobre libros, libros que hablan de escritores
He disfrutado mucho con esta lectura. La verdad es que aquello a lo que se llega por casualidad se convierte a veces en una serendipia más que agradable y confortable. Ese ha sido el caso en esta ocasión, pues adquirí el libro de Gabriel Insausti en una librería Re-read simplemente porque el autor tenía un apellido que comenzaba por I latina. Pero me lo he pasado genial leyendo este recorrido que En la ciudad dormida el periodista-escritor hace por los cementerios de París; quiso la casualidad que dicho recorrido tuviese lugar al poco de que los yihadistas atentasen en París en la sala Bataclán y dos espacios más con el terrible resultado de 130 personas muertas. Es por eso que Insausti en su deambular parisino se cruza no pocas veces con policías y soldados que vigilan la ciudad con la intención de impedir nuevos atentados terroristas («El león de Denfert Rochereau bosteza [...] El viajero lo observa con desidia mientras estudia a cada uno de los viandantes que pasan ante los soldados que vigilan la plaza»). 

Lo curioso -y para mí un total acierto- es que ese contexto sociopolítico es sólo un marco que está ahí, pero que no condiciona para nada el asunto del libro, que no es otro que ese paseo que el escritor hace por varios cementerios parisinos visitando las tumbas de escritores que él aprecia especialmente (Huysmans, Villiers, Proust, Beckett, Verlaine, Baudelaire, Cioran...). Escritores todos ellos que dejaron impronta en el siglo XX pese a su disparidad y distancia temporal: Baudelaire, Verlaine, Huysmans o Villiers de l'Isle-Adam son del XIX, finiseculares, pero decimonónicos; sin embargo Sartre, Beauvoir, Camus o Cioran habitan claramente en el XX desde su nacimiento. Todos ellos aparecen relacionados entre sí por una cierta lógica que es la de haber producido sus obras en periodos europeos de máxima tensión (entreguerras y/o tras la segunda guerra mundial) que llevaron a la mayoría a sufrir crisis existenciales y a buscar refugio muchas veces en la religión si bien ésta nunca les parece del todo acogedora.

Organiza Gabriel Insausti su visita por la Ciudad dormida de manera ciertamente cronológica. Comienza la misma en el cementerio de Montmartre donde están enterrados los autores más antiguos, en concreto naturalistas como Maupassant o Gautier y simbolistas como Baudelaire, Verlaine, Rimbaud... Este deambular por entre las tumbas de estos autores le lleva hasta Augusto Villiers de l'Ìsle-Adam relacionado familiarmente con Gautier al haber casado con una de las hijas del prosista naturalista autor de "Voyage en Espagne". De Villiers pasa a Huysmans, de éste a Wilde por el esteticismo y decadentismo de ambos. Y así Gabriel Insausti va hilando uno tras otro de de manera causal este libro de viaje -más que de viajes, sin duda- que es En la ciudad dormida.

Lo nuclear y más importante para mí es el enorme conocimiento que de la Obra de estos escritores muestra el donostiarra Insausti. El viajero que él es, cuando está ante la tumba de alguno de los más de la veintena de escritores que visita, reflexiona sobre las circunstancias vitales del mismo apoyándose siempre en los textos que salieron de las manos de éste. Demuestra un conocimiento altísimo de los mismos. Para conjugar debidamente todos estos elementos el viajero que es el autor se desdobla en un narrador que con sabiduría y mano de artista va hilando adecuadamente las distintas pìezas. Este desdoblamiento le permite al autor realizar diálogos sabrosos que de otra manera habrían quedado en meros soliloquios y habrían dado al libro más el aspecto de un ensayo que el de un ameno libro de viajes.

Y es que, efectivamente, pese al enorme cúmulo de información y conocimientos que se desprende de este deambular por las necrópolis de París, hay En la ciudad dormida un tono no pocas veces simpático, humorístico incluso, que hace muy digerible lo profundo contenido en algunas reflexiones. Sí, Gabriel Insausti sabe hacer ameno lo que podría parecer no serlo. Hay en él una retranca, un ingenio, que a mí particularmente me ha hecho sonreír no pocas veces:
«Al viajero le gustaría decir que al salir de su hotel se ha topado con Sartre y Beauvoir y que se les veía la nada asomando por el forro de la gabardina. ¿Por qué? Porque de joven le inculcaron la devoción por la culture y la playa que se supone que había bajo los adoquines, tanto que acabó por empacharse.»
Es precisamente esa manera de alejarse de sí mismo utilizando la tercera persona como si se estuviera observando en la lejanía lo que me ha hecho recordar en muchísimas ocasiones durante la lectura el "Viaje a la Alcarria" de Camilo José Cela. El gallego de Iria Flavia hablaba de sí mismo en esos mismos términos: 
«El viajero, a las tres de la tarde, vuelve sobre sus pasos y entra en Cifuentes, donde tiene un amigo que quiere visitar. [...] A la mañana temprano el viajero sale de Cifuentes, por el camino de Trillo, dejando el río a la derecha y el castillo de don Juan Manuel a la izquierda.»
Hay una idea común que relaciona a todos o a casi todos los autores que aparecen en el libro, que son muchos más de la veintena que se nombran en los títulos de capítulos y secciones de los mismos. Esta idea es la del pecado original que en un sentido o en otro todos y cada uno de ellos arrostraba. El sentimiento de culpa, de pecado, de haber sido expulsado del Paraíso es lo que en gran medida los mueve a escribir. Concretamente junto a la tumba de Cioran situada en Montparnasse frente a la de Beckett el viajero-narrador reflexiona sobre ambos: Sí Beckett valoraba las ruinas, Emil Cioran sólo valora lo que existe desaparecidas éstas e incluso, mejor, lo anterior a lo previo a las ruinas, esto es, la nada. El Paraíso es eso, lo que antecede a cualquier racionalización de lo que sea; el Infierno, lo que vino tras la caída, tras el pecado original, cuando Adán y Eva tuvieron conciencia de su desnudez. («La muerte sería ante todo eso, el cesar de la conciencia, la posibilidad de un reposo absoluto. La paz de no ser. Y el sueño, su sucedáneo»)
  • «O sea que Maupassant estaría señalando en la misma dirección que Baudelaire, que Villiers, que Verlaine: el mal lo lleva uno consigo porque existe el pecado original» 
  • «recuerdo una reunión a la que Sartre asistió cerca de aquí (del cementerio de Montparnasse), en marzo de 1944. En ella intercambió algunas ideas con varios intelectuales -Klossovski, Maurice Blanchot, Merleau-Ponty- y quizá estuvo más cerca del compromiso que nunca porque el tema que reunió a aquel puñado de mentes lúcidas fue precisamente el del pecado.»
  • «"Negar el pecado original", añade en 'Desgarradura' "sería buena prueba de que nunca hemos educado a un niño". Más o menos lo que decía San Agustín: que si no duelen las patadas de la criatura en la espinilla del adulto no es por falta de malicia sino de fuerza.» (hablando sobre Cioran y Beckett)
¿Sirve para algo visitar cementerios, en especial estos de París, ciudad junto a la de Niza en esos momentos (años de 2015-2016) golpeada por la muerte emanada de la mente irracional del terrorismo? Esta es la pregunta que podríamos hacernos y que el propio Gabriel Insausti se hace a sí mismo y que, en el constante diálogo que en el libro han mantenido, viajero y narrador vienen a responder en el cierre del volumen:
«el progreso siempre va precedido de un constante regreso: el esfuerzo de la memoria por no olvidar las condiciones de posibilidad de ese progreso. [...] todo está ahí, en la ciudad dormida del cementerio, esperando mano sobre mano cual doncella casadera. Y lo que no está hoy, estará mañana»

Conclusión
Además de lo ya señalado, en esta reseña el autor de En la ciudad dormida toca, siquiera de soslayo, temas como el que aparece en la cita que encabeza la entrada. Es sutil, pero de mucha enjundia lo que en ella se dice. Y es que un libro en el que se habla de libros y de escritores encierra siempre multitud de asuntos, temas y mensajes, algo que a mí me encanta. 
De libros como el de Gabriel Insausti se obtienen muchas enseñanzas. Este lo hace de una manera singular, novedosa, que me ha hecho disfrutar durante su lectura. Se aprende mucho con libros de este nivel. A quienes os gusten este tipo de obras no puedo menos que recomendárosla. Muy interesante.

Al cerrar el libro reparo en que el autor ha colocado en la contraportada del mismo una cita tomada de Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoievski. No me resisto a no colocarla en la reseña pues me parece bellísima y muy acertada:
«Quiero viajar a Europa, Aliosha, y partiré de aquí mismo. Sé que voy a un cementerio, pero ¡es un cementerio tan hermoso!»
___________________
Nota:  Este libro me sirve para rellenar la letra I en el Reto "Autores de la A a la Z" y para añadir el título a los ya contenidos en el Reto "25 españoles" 

16 ago 2022

"Sueño de una noche de teatro", novela de Mónica Gutiérrez Artero

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«Media docena de ojerosos organizadores del Festival Fringe de Edimburgo discutían acaloradamente sobre la conveniencia de estrenar Macbeth a las seis de la tarde o a las siete y media, dependiendo de la hora de inicio del concierto que U2 iba a ofrecer en el castillo.»

Mónica Gutiérrez Artero, Sueño de una noche de teatro
Sueño de una noche de teatro es un libro alegre y desenfadado en la más pura línea 'Serendipia', o sea, Mónica Gutiérrez Artero, mujer a la que tengo un aprecio literario bárbaro y de la que disfruto mucho sus novelas. Con ésta me he divertido un montón. Mónica sabe unir en una misma historia humor, amor, literatura, disfrute de la vida, alegría..., en definitiva feelgood en estado puro.

Recomiendo esta lectura a todos aquellos que gusten del teatro, conozcan y amen un poquito a Shakespeare -no hace falta ser experto en el bardo inglés- , y quieran darse un amable paseo por Barcelona y por Edimburgo de la mano de esta autora que ama los libros, le gusta escribir novelas habitadas por libros y que hablan de libros y en esta ocasión también, claro, de teatro con T mayúscula. Al centrarse la novela en la representación de una tragedia shakespeariana -Macbeth concretamente- el Cine tiene asimismo su cuota en esta amable y muy entretenida novela que sin ninguna duda me atrevo a recomendar a cualquiera que desee pasar dos tardes divertidas, entretenidas e instructivas.

Sinopsis
Max Borges es un director de teatro barcelonés que conduce una pequeña y excéntrica compañía. El día del estreno de Macbeth, la obra de Shakespeare, Max está al borde del colapso. Todo parece que va a salir mal en la función que debería ser su salto a la fama más sublime: las brujas son demasiado bellas, al rey Duncan se le ha roto la corona y su Macbeth huele sospechosamente a whisky escocés.
Sin embargo, como suele recordarle su inteligente asistente de dirección, Elsa Soler, el espectáculo siempre debe continuar. Sorprendentemente, el duende del teatro parece haberles rociado con su suerte y la función es un éxito absoluto, tanto que son invitados a representar la obra en el Festival Fringe de Edimburgo, el más importante del mundo. La divertida compañía pone rumbo a una aventura en una ciudad llena de magia. Será allí donde, al caer el telón, el amor y la amistad se conviertan en los verdaderos protagonistas de esta historia.

Durante su lectura he disfrutado mucho con las alusiones que realiza a obras literarias y a películas. Entre las primeras destacan, evidentemente, las múltiples referencias a la dramaturgia shakespeariana: La comedia Sueño de una noche de verano se lleva la palma, comenzando por el propio titulo de la novela, una mera modificación de la obra de William. Como en la obra de 1595 en la de 'Serendipia' hay amor, casualidades que cabría tildar de mágicas, desencuentros, equívocos... y humor, mucho humor.  También, esto es obvio, la tragedia de Macbeth que representa la compañía del personaje Max Borges ocupa el centro de la novela; y junto a ella, Hamlet, la obra que Borges querría haber representado pero  no pudo hacer por habérsele anticipado su enemigo profesional de siempre, Dereck B. Plum.

Los personajes de la novela utilizan para referirse a su vida real referentes shakespearianos, lo que añade notas de humor a ésta, ya de por sí, divertidísima novela. Así la mujer de Max se fugó con el actor que hacía de Oberón, el rey de las hadas en Sueño de una noche de verano. («Me he quedado sin Oberón. Se ha fugado con mi mujer»); de igual manera al hacer una reflexión sobre el Afganistan que en el momento en que se desarrolla la acción está libre de la dictadura talibán leemos que «la primera obra teatral que volvió a representarse en Afganistán después de los talibanes, que mostró triunfante por vez primera a mujeres y hombres actuando juntos sobre un escenario, fue Trabajos de amor perdidos. Una obra de Will

Shakespeare, como se ve, es el dueño de esta novela. Pero no sólo el Shakespeare teatral sino también el Shakespeare que, ¡seguro!, a muchos de los lectores de la novela ha llegado a través del Cine. La frase que, imperturbable, en medio del caos y del miedo que precede a un estreno teatral, pronuncia la ayudante de dirección Elsa Soler, «—Todo saldrá bien.» en respuesta al lamento, también muy shakespeariano, del director Max Borges, «Soy un juguete de la fortuna», me ha llevado mentalmente a la magnífica película de John Madden del año 1998, "Shakespeare in love", en la que de manera análoga a la de esta novela la compañía teatral de Will está preparando el estreno de una representación en The Globe. 

Otros ejemplos de referentes cinematográficos usados en la novela podrían ser los siguientes: 
  • «Le sonrió con una calidez que hubiese envidiado el propio Frodo Bolsón en los últimos fotogramas de la película El retorno del rey de Peter Jackson» que dice la narradora refiriéndose al personaje de Anna López (Lady Macduff en la obra de Macbeth) y la atracción que siente ésta por el asesor literario Enzo Pooh.
  • «Su enigmática sonrisa le recordaba al Atticus Finch de Gregory Peck» que según nos refiere la narradora pensaba Elsa Soler del director Max Borges.

Inevitablemente, hay que destacar en la novelística de Mónica Gutiérrez Artero las alusiones metaliterarias, que realiza habitualmente, a su propio quehacer de creadora. También las hay aquí, por supuesto, y como casi siempre vienen envueltas en ese tono humorístico que es una característica primordial en su narrativa:
 «Elsa era inteligente, pragmática, curiosa, pelirroja y guapa, pero todo personaje que se precie de aportar protagonismo a la acción debe cometer, como mínimo, un grave error. El error de Elsa era dentista y se llamaba Ramón»
Desde luego el sentido del humor y el buen rollo que desprende la lectura de las novelas de Gutiérrez Artero es de agradecer, mucho más en los aciagos tiempos que corren.

La novelista es barcelonesa y en esta obra muestra de manera patente el amor a su ciudad. Además de proporcionarme un rato agradable leyendo esta historia de amores, encuentros y desencuentros de los personajes de ficción, el marco barcelonés en que se desarrolla la primera parte de la historia me ha permitido conocer aspectos de la capital catalana que ignoraba completamente. Así la existencia en Barcelona del teatro Goya donde la compañía estaba representando Las mujeres sabias de Moliére antes del proyecto de Macbeth en que se centra la obra o esa biblioteca Arús cuya existencia yo desconocía y que debe de ser realmente hermosa:
«una de las dependencias históricas más encantadoras de Barcelona. La Biblioteca Arús había sido fundada en 1895 por Rossend Arús, un activista republicano, filántropo y masónico»
Para finalizar
Festivales de teatro
Una novela para disfrutar del acto de leer. Una novela que esconde en su interior más de lo que aparenta. Una novela en la que la autora, que ya va por su octava novela, muestra el universo ficticio que desde hace diez viene creando; así hay referencias a alguna obra suya, especialmente a la que le ha dado más fama y que desde aquí recomiendo a todos su lectura: La librería del Sr. Livingstone. En un momento de la obra, Max Borges, que desde siempre odia los musicales, entra en Edimburgo en una librería buscando un regalo para Elsa; el diálogo que mantienen Max y la librera es ciertamente muy divertido y autorreferencial:
«—Esto le encantará. Son los libretos originales de El Mi­kado, de Gilbert y Sullivan.
Horrorizado, el señor Borges dio un paso atrás para poner distancia entre cualquier pieza teatral musical y su persona. 

[...] 
su librería no se parece en nada a Moonlight Books. Y usted tampoco me recuerda a Edward Livingstone.»
Es una novela que encarna el género feelgood de principio a fin. Una novela, como ya he dicho, muy divertida, muy entretenida y muy adecuada para estas interminables tardes agosteñas llenas de calor y sopor..

 
Otros títulos de Mónica Gutiérrez Artero reseñados en el blog

8 feb 2022

Mauricio Wiesenthal. "Orient-Express: El tren de Europa"

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«En la vieja Europa en la que me eduqué—un mundo escarmentado y arruinado por las guerras—, la revolución industrial y el combate social se consideraban promesas de un mundo mejor, pero detrás de cada máquina estaba el trabajo y la responsabilidad de un hombre. Y eso es justamente lo que se ha olvidado en las sociedades modernas más irresponsables, fascinadas por el ocio y confiadas—por comodidad—al poder de máquinas dirigidas por la inteligencia artificial.»

Agradezco a mi buen amigo José Antonio la recomendación que me hizo de este libro de Mauricio Wiesenthal. José Antonio me habló de lo mucho que le había gustado la defensa de Europa que el escritor hace en la obra, una defensa de los valores que desde siempre la han caracterizado frente a las naciones de otros continentes que, pese a todo, han ido arrinconándola calificando sus virtudes ancestrales de anacronismos para olvidar. Ambos convinimos que esa defensa a ultranza de la Europa de entreguerras que Wiesenthal realiza en esta obra es la que en el imaginario colectivo constituye la Europa de siempre, la que el gran Stefan Zweig en su ensayo El corazón de Europa y también otros autores como Thomas Mann, Proust o el mismísimo Joyce defendían. 
«Esto es verdaderamente el bendito corazón de Europa, donde los europeos nacimos a nuestra cultura y a nuestra condición de pueblo educado en diferentes lenguas y religiones, con unos valores morales comunes: amantes de la diferencia y de la ecuanimidad (no de la igualdad), defensores de la justicia y de la dignidad humana, enemigos de las dictaduras y de las asambleas populares arbitrarias, creadores de una civilización que nos permite conservar nuestra historia, y un sagrado pacto social que es la garantía de nuestra libertad. […] Y el día que no sobrevivan estos valores no existirá Europa, por más que algunos quieran suplantarla por un parque temático de monumentos.»

Mauricio Wiesenthal, Orient-Express
Así pues con estos presupuestos tomé el libro editado por Acantilado y lo he leído de cabo a rabo disfrutando mucho de cada uno de sus 32 capítulos. El libro, aparecido en abril de 2020, es una especie de remake del que publicó en 1979 titulado La Belle Époque del Orient-Express, aunque ambos son muy distintos, El de 1979 es la crónica del viaje que de joven en un vagón de tercera clase hiciera un Mauricio Wiesenthal airado que veía cómo el hermoso tren estaba siendo asesinado por la vulgaridad funcionalista de las dictaduras del imperio soviético en el Este de Europa y la indiferencia, también, de los burgueses europeos. Este de 2020 es bien distinto pues muchas cosas en Europa han cambiado: ya no existe la URSS y los que fuesen países satélites suyos se han democratizado; pero lo más determinante es que el Orient-Express fundado en 1883 hizo su último viaje como tal el 19 de mayo de 1977 y no sería hasta1982 que el matrimonioSherwood, tras la compra en subastas empresariales de varios vagones míticos del Orient-Express, lo refundase ahora con otra denominación e hiciese su primer trayecto Londres-Venecia. Este trayecto con el paso de los años se fue ampliando tomando los trayectos míticos del antiguo Orient Express, convirtiéndose con el tiempo en el VSOE (Venice Simplon Orient Express), un tren turístico de lujo en el que Mauricio Wiesenthal está viajando en este libro. Este tren sólo realiza la ruta una vez al año. Se trata de turismo más que exclusivo. El trayecto entre Londres y Estambul lo realiza el escritor en 2017.
«El proyecto de salvamento y recuperación del Orient-Express costó más de once millones de libras esterlinas. Pero James y Shirley Sherwood fueron rescatando los viejos e históricos carruajes de la Pullman y de Wagons-Lits, allá donde un ingrato destino los había dejado abandonados.»
En Orient-Express: El tren de Europa el autor nos cuenta este viaje sabrosamente condimentado con la historia del propio tren desde la de sus vagones sleeping-car tan característicos creados por el norteamericano Georges Mortimer Pullman, vagones que se vieron debidamente aderezados y establecidos en su configuración definitiva con los Wagons-Lits que el ingeniero también norteamerciano Georges Nagelmackers presentase en la exposición universal de Viena de 1872:  «El mundo elegante—escribió la prensa de Viena—debe al ingeniero Nagelmackers la manera estadounidense de viajar, mejorada en función de los usos europeos»

Mauricio Wiesenthal cuenta con amor las peripecias sufridas por varios de los vagones del famoso tren: el Ibis, el Côte d'Azur, el Cygnus, etc. Cómo fueron usados en rutas distintas según el paso de los años y de las circunstancias políticas, cómo algunos quedaron arrumbados en una vía muerta durante años y años hasta que Sherwood decidió comprarlos y restaurarlos debidamente. También conocemos la vida interna del tren: los dos turnos de comida, la privacidad de los compartimentos, el paso de las  fronteras, los encargados de vagón, el funcionamiento de las calderas de vapor por parte de los fogoneros y del maquinista, etc.

Sin lugar a dudas es sobre todo la personalidad de los viajeros lo más entretenido de este hermoso libro. El anecdotario de sucedidos en el tren a personalidades del mundo de la moda (Coco Chanel, su amiga Misia, su amante Paul Iribe...); de la política y la realeza (Winston Churchil, el duque de Windsor, el duque de Marchena, Carlos II de Rumanía, Fernando I de Bulgaria, Sissí, etc.); de espías y delincuentes (el traficante de armas Basil Zaharaff, el armenio Nubar Gulbenkian, el fundador de los Scouts Baden Powell, etc.); de bailarinas y actrices, sicalípticas o no (Isadora Duncan, Sarah Bernhardt, Josephine Baker y la Bella Otero, por ejemplo); de escritores (Pierre Loti, Agatha Christie, Ian Fleming o Graham Greene); y de tanta y tanta otra gente es algo que atrae y hace muy amena la lectura de este libro proteico: libro de viajes, novela, ensayo, crónica de una época...

Wiesenthal es un escritor, un hombre que ha dedicado su vida a la escritura, es un amante de los libros, un disfrutador de la lectura, un ser cuya vida ha estado marcada por la Literatura, y también por los viajes: «Un viaje sólo merece la pena cuando lleva a la literatura.», escribe en un momento de la obra. Efectivamente "Orient-Express" es un libro que habla de literatura con pasión; de siempre el tren ha sido un marco literario clásico. Muchas novelas suceden en el interior de un tren, muchas de ellas en el interior del Orient-Express y no sólo me refiero a Asesinato en el Orient-Express de Agatha Christie que naturalmente ocupa un lugar relevante en este libro.
 «Los trenes han sido siempre un tema literario, desde La bestia humana de Zola hasta La muerte feliz de Camus; desde El viajero y el amor de Paul Morand hasta el El tren de Estambul de Graham Greene; desde Estación Victoria a las 4.30 de Cecil Roberts hasta el Orient Express de John Dos Passos, donde tan poco se habla del tren que da título a la novela.»
Muchos más autores y libros salen a relucir en este precioso ensayo novelesco: «Desde Rusia con amor de Ian Fleming; La máscara de Dimitrios de Eric Ambler; Agatha Christie, por supuesto; La Madone desde Sleepings de Maurice Dekobras del año 1925; El amante de lady Chatterlay de D.H. Lawrence...»

Último viaje del Orient-Express
Aunque Mauricio Wiesenthal redacta en este libro la Crónica viajera de su viaje de 2017 en el VSOE, magistralmente entreverada con recuerdos del que hiciera 40 años antes y algunos otros recuerdos personales de su propia vida, es evidente que él siente una enorme atracción por la época áurea de este expreso que recorría todo el continente europeo y que incluso al llegar a Estambul podía enlazar con el expreso Estambul-Bagdag. Del Orient-Express todo le agrada: sus vagones Pullman, los wagons-lit, los sleepings-car, el vagón restaurante, los vagones destinados a la realeza... Todo le gusta porque en toda la composición del convoy y en el viaje continental Wiesenthal ve palpitar la belleza: sus maderas de caoba, los hoteles en los que los viajeros paraban especialmente el Pera Palace de Estambul, pero también el Hotel-Château Bellevue de Sierre donde de pequeño -recuerda Wiesenthal- se alojaba con su padre cuando este iba a dar conferencias-. Es todo ello una belleza hoy desaparecida por considerarla superflua, elitista, de otro tiempo.
«Nací demasiado tarde, cuando ya se habían apagado las luces del romanticismo, pero me gustan los nombres de las maderas exóticas: el palo rosa, el cedro, el palisandro de Brasil, el ébano de Macasar, el limonero de Ceilán… Y me encanta la palabra mahogany con la que los ingleses designan la caoba, esa madera noble que se oscurece al envejecer; igual que los paneles del Orient-Express, los armarios de las bibliotecas y los cofres donde se guardan los mejores cigarros, mientras se les va oscureciendo la capa, envejece la hoja en su sueño aceitoso y se concentra su aroma.»
Efectivamente el escritor nos parece hoy un romántico. Pero no es un romántico impostado, sino un hombre sincero que valora la belleza, que la considera un valor importantísimo. Una belleza que ve que se conserva aún en ese tren VSOE que emula al auténtico Orient Express desaparecido en 1977. Este VSOE hoy es un artículo sólo al alcance de millonarios que quieran sentir en el siglo XXI las emociones y el placer que de 1883 a 1977, y especialmente durante el período de entreguerras, disfrutaron los monarcas, destronados o no; los dictadores de unos y otros signos; los artistas; los grandes escritores; los bailarines; los grandes compositores..., todos esos seres que de un modo u otro valoraban o al menos disfrutaban del lujo y la belleza.

Mauricio Wiesenthal no oculta su conservadurismo, lo que para nada cabe interpretar como reaccionarismo. Él está en contra de los nacionalismos:
¿Cuándo dejaremos de disfrazarnos de pueblo para asumir la responsabilidad de una sociedad? Ese fue el mensaje de nuestros maestros socialistas, añadiendo la condición de que el trabajo y el estudio —y no el origen ni el lugar de nacimiento— es el único aporte que nos hace miembros de una comunidad laboriosa, culta y civilizada.»
Hay que decir que Wiesenthal tuvo una educación primorosa en un colegio de Suiza donde se educó en francés y disfrutó de la enseñanza de profesores progresistas que le trasladaron la consideración y respeto del otro, del diferente a uno, pese a no compartir su ideario.

Por último no quisiera finalizar esta -lo reconozco- entusiasta reseña sin aludir a la belleza del lenguaje utilizado por el escritor en muchos de los pasajes del libro. Sirva como ejemplo la evocación que realiza del parisino Hotel du Beaujolais, hoy desaparecido, al pisar la plaza ciudadana donde en otro tiempo se alzaba:
«Todavía cuando Zweig frecuentaba estos lugares había conciertos en el Pavillon de la Rotonde, pero, con los años, la plaza se convirtió en un jardín literario, donde vivían las sombras. En las horas solitarias de otoño me parecía estar leyendo en un libro viejo la historia de la Fronda: un tiempo triste para este Palais-Royal. Pero no había lugar más tranquilo, sobre todo en las noches frías de invierno, en las que—callados los gatos—sólo se oía el llorar de las fuentes entre los viejos olmos, castaños y tilos. Y, a veces, el silencio era tanto que el escalofrío de un pajarillo en las ramas conmovía a toda la plaza.»

Mauricio Wiesenthal
De sí mismo dice el propio escritor lo siguiente:
 «Mi abuelo llegó a Madrid a fines del siglo XIX. Ingeniero y litógrafo, fundía tipos de letras: chupada, venus, negra... [...] Mi abuelo huía de peleas parentales: la familia de su madre, señorita de Hamburgo, rechazaba a mi bisabuelo, músico judío. [...] ¡España era sinónimo de libertad! Mi abuelo solía recitar el discurso de Castelar en las Cortes de la I República, en 1869 [...] Mi padre, liberal también, sería catedrático en Barcelona: nací en la Gran Vía. Los patios del Eixample son mi primera patria. [...] Con mi padre viajé en sus giras dando conferencias, aprendí mucho. Y acabé, de adulto, impartiendo una asignatura maravillosa: ¡Historia de la Cultura!»
Son declaraciones hechas por el escritor al diario La Vanguardia de su ciudad natal. En esas páginas a preguntas del entrevistador confiesa su inmenso amor por el saber, por la cultura en general, y su enorme pena al comprobar cómo hoy la belleza está siempre en peligro en aras de un equivocado popularismo que relega a un segundo plano «ciertos va­lores, a saber: norma, educación, justicia, trabajo. Los que todavía creemos en esto... estamos hoy bastante acobardados.»

El Venice Simplon Orient Express,

Leyendo "Orient-Express: El tren de Europa", ensayo novelado, libro de viajes o lo que quiera que sea, su autor se nos revela como casi  un hombre del Renacimiento, un humanista atento a todo, preocupado por su entorno, vividor y disfrutador de lo que constituye la verdadera civilización y progreso del ser humano.

Mauricio Wiesenthal, español de raíces judías, tuvo una educación exquisita y a lo largo de toda su vida ha puesto la belleza por encima del practicismo y materialismo empobrecedor que hoy día nosasedia y en cierta manera nos anula. Salvando todas las distancias del mundo Wiesenthal me ha llevado a través de este magnífico y bellísimo libro a Stefan Zweig. Como el austriaco, el español es un defensor de Europa y un perseguidor acérrimo de los totalitarismos sean estos comunistas o fascistas, de los nacionalismos excluyentes (todos lo son, por cierto), del populismo anulador de la racionalidad, y del feísmo predominante hoy día.

A modo de conclusión
Mauricio Wiesenthal reniega de la manera de viajar actual. Dice que eso no es viajar, que eso simplemente es trasladarse atropelladamente, en marabunta, cámara fotográfica en ristre con afán de  fotografiar los monumentos que nos dicen las guías de viaje actuales que hay que ver y fotografiar. Estas guías nada tienen que ver con las Baedeker -dice él- «que utilizaban mis abuelos en 1890 y que son, probablemente, el mayor tesoro de mi biblioteca, porque gracias a estas guías de viaje pude descubrir los rincones dorados de la Belle Époque, identificando los hoteles donde se hospedaban los viajeros de otros tiempos, y encaminando mis pasos hacia lugares olvidados que no habían sido profanados por un turismo irreverente. Conservo entre mis libros preferidos más de cincuenta ejemplares de esta colección de guías, editadas por Karl Baedeker en Leipzig». Y es que como confiesa a sus compañeras de viaje -el viejo General y su nieta Tatianalady Victoria y su hija lady Edith- al llegar a Estambul:
 «—Ya conoces mi estilo de ver las ciudades. Los gatos vagabundos, los talleres de los artesanos, los mercados, los anticuarios, las palomas… Sólo, de tarde en tarde, habrá algún monumento.» [le dice a Tatiana de la que pese a la enorme diferencia de edad se ha enamorado un poco]

 

 Algunas citas que quisiera destacar

  • «Los viajeros antiguos regresaban de sus viajes con apasionantes crónicas. Los modernos traen sólo souvenirs y fotos. Y eso es grave, porque con las crónicas de mil lugares del mundo podía componerse una sabiduría y una experiencia de la vida, mientras que las fotos malas apenas dan para un álbum»
  • «A veces bajábamos para visitar alguna ciudad, como la dulce Liubliana, la altiva y elegante Zagreb—¡inolvidable ciudadela barroca en la colina!—, la alegre Belgrado, la misteriosa Niš o la enigmática Sofía: dulce para Larbaud, como un babá ruso espolvoreado de azúcar, y helada en mi memoria, como los santos de mayo.»
  • «Ciudad de los milagros y de los muertos, la colina de Eyüp es el balcón que domina la vista más impresionante sobre el Cuerno de Oro y la costa asiática.En lo alto de la colina hay un café donde Pierre Loti venía a fumar el narghilé. Allí nos sentamos a contemplar el final heroico de la puesta de sol, hasta que la lumbre de la cocina, donde se calienta el café, brilla más que el cielo»
  • «Soy ya mayor para repetir las aventuras que vivió de joven, pero si tuviese menos años escribiría ahora un reportaje del Oriente Medio que conocí en otros tiempos. Con mi corazón y mi memoria reconstruiría las ruinas que, como amapolas en lo que fueran tierras de pan llevar, cubren hoy las vías que nos conducían en el Taurus-Express, desde Estambul hasta Alepo, Damasco y Bagdad. Un ferry atravesaba el Bósforo para transportarnos a la estación de Haydarpaşa. En sus días dorados la línea disponía de sesenta coches cama y veinte restaurantes. Y éste fue el tren en el que viajó Agatha Christie en 1928, cuando decidió recomponer su vida—destrozada por el divorcio de su primer marido—y marchar a Bagdad
  • «Los trenes de lujo, como todo lo bello, tuvieron siempre sus enemigos. El más siniestro de todos—aparte de ciertos intelectualitos de la gauche divine que se hacían famosos en la moda contracultural de los años setenta del siglo XX—fue un militar húngaro: un oficial de ingenieros en la reserva llamado Szilveszter Matuška. Algunos dicen que era comunista y, otros, fascista; tanto da.»


 "Orient-Express: El tren de Europa" de Mauricio Wiesenthal es un libro con el que se disfruta mucho. Su autor es una auténtica enciclopedia del siglo pasado, el siglo XX. Un libro muy, pero que muy, recomendable.

2 mar 2021

Mario Vargas Llosa. Cartas a un joven novelista.

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✔ “Para tomar contacto con una obra de arte, nada, en efecto, resulta menos acertado que el lenguaje crítico, en el cual todo se reduce siempre a unos equívocos más o menos felices. (De Carta a un joven poeta de Rainer María Rilke)
✔ La crítica por sí sola, aun en los casos en que es más rigurosa y acertada, no consigue agotar el fenómeno de la creación, explicarlo en su totalidad. (De Cartas a un joven novelista de Mario Vargas Llosa)

Mario Vargas Llosa, Cartas a un joven novelista, género epistolar
Cuando en "Librario íntimo", el blog de Rubén Castillo Gallego, vi, hará cosa de un año o así, una sucinta reseña sobre este librito me dije que tendría que leerlo. Y no, naturalmente, por el calificativo que Rubén le otorgaba ('solemnísima tontuna'). Lo primero que me llamó la atención fue su título que me llevó de inmediato al de Rainer María Rilke, "Cartas a un joven poeta". Naturalmente, creo que, salvo la evidente semejanza en el título, ningún otro parecido hay entre ellos, empezando naturalmente porque las cartas que Rilke dirigió a Franz Xaver Kappus, cadete de la escuela militar austrohúngara, están plenamente integradas en el día a día del autor y, aparte de los asuntos poéticos por los que le preguntaba el joven poeta, tocan no pocas veces asuntos propios de la cotidianidad del imperio austro-húngaro en cuyo ejército el joven poeta Kappus desarrollaba su actividad profesional.

Lo he leído con gusto y suma rapidez pues las 150 páginas del volumen vuelan casi sin darse uno cuenta, tal es la maestría del escribidor que Mario Vargas Llosa es y demuestra en estas recomendaciones literarias redactadas a la manera de cartas a un joven henchido de ansias por escribir. El peruano ilustre le da consejos que podríamos calificar de divulgadores sobre qué elementos debe de haber en una narración para llegar a persuadir al lector. Porque de eso se trata: de persuadir al lector, de embaucarle, de hacerle ver que en la mentira que lee hay verdad, que esa ficción tiene verosimilitud...; y todo esto sin que él sea consciente de los palos que sostienen el sombrajo:
[En la novela] una fusión cabal del tema, el estilo y los puntos de vista [harán] que el lector, al leerla quedará tan sugestionado y absorbido por lo que ella cuenta, que olvidará por completo la manera como se lo cuenta y tendrá la sensación de que aquella novela carece de técnica, de forma, que es la vida misma manifestándose a través de unos personajes, unos paisajes y unos hechos que le parecen nada menos que la realidad encarnada, la vida leída. Ése es el gran triunfo de la técnica novelesca: alcanzar la invisibilidad

Finalizada la lectura pienso que más que un libro dirigido a un escritor primerizo que desea conocer los intríngulis de la narrativa, el auténtico destinatario es cualquier lector que desee profundizar un poco en la entraña de aquello que tiene en sus manos. Por eso sí estoy de acuerdo con lo que Rubén  dice del libro -'una tontuna'- si lo miro desde el punto de vista de un aficionado a la escritura que desearía hacerse novelista; pero desde la perspectiva de un aficionado a la lectura creo que el libro es de una gran oportunidad. 

Lo que más destacaría de este ensayo epistolar sobre narrativa es el elevado número de títulos de narraciones y de nombres de autores de los mismos a los que Vargas Llosa recurre  para ejemplificar o argumentar sus definiciones o descripciones de las técnicas narrativas que en perfecto orden y con un magnífico lenguaje va presentando. Y junto a esto, la facilidad comunicativa que demuestra el escritor quien echa mano de una terminología sencilla e incluso propia muy alejada de expresiones abstrusas que sólo sirven cuando se utilizan para dejar fuera del alcance de lo dicho a un buen número de escuchantes o leedores, cuando de lo que se trata es de conseguir que los 'leedores' se conviertan en 'lectores', tal y como Pedro Salinas en 1948 estableciese en su ensayo "Defensa de la lectura". 

Leedor es aquel que posee los conocimientos suficientes para enterarse del contenido de un texto escrito que necesita para su formación. [...] La galería de leedores es copiosa. El estudiante que se desoja en víspera de examen sobre el libro de texto; el profesor que trasnocha entre tratados, acopiando datos para su lección; la matrona que, `parada junto al fogón, recita en voz alta las instrucciones coquinarias que conducen al suculento plato; el funcionario en retiro que demanda a las páginas del libro la mejor manera de invertir sus ahorros [...] Leedor, también, el que emplea su tiempo en los diarios [...]
Frente a estas legiones, en escasa minoría, los lectores. Se define lector simplicísimamente: el que lee por leer, por el puro gusto de leer, por amor invencible al libro, por ganas de estarse con él horas y horas, lo mismo que se quedaría con la amada; por recreo de pasarse las tardes sintiendo correr, acompasados, los versos del libro, y las ondas del río en cuya margen se recuesta. Ningún ánimo, en él, de sacar de lo que está leyendo ganancia material, ascensos, dineros, noticias concretas que le aúpen en la social escala, nada que esté más allá del libro mismo y de su mundo. (Pedro Salinas: Leedores y lectores, epígrafe de su ensayo Defensa de la lectura incluido en "El Defensor", Madrid, Alianza editorial, 1983. Colección Alianza Tres, núm. 118; págs. 183-184.)

Ensayo epistolar, Técnicas narrativas, Recursos novelísticos

No he podido resistir  la tentación de colocar la larga cita anterior pues creo que pocas veces se ha hecho una distinción más atinada entre unos y otros seres alfabetizados. Esta es en mi opinión, como digo antes, la intencionalidad verdadera de este breve ensayo sobre narratología escrito por el Nobel peruano-español en 1997, lograr que los lectores disfruten mucho más de sus lecturas sabedores de todo lo que hay de trabajo y de técnica en la trastienda de las buenas novelas.

No es un manual para hacer novelistas, es sólo la señalización de una serie de recursos que están siempre en las buenas novelas. ¿Y cuáles son estos recursos? Pues en resumidas cuentas los siguientes que voy simplemente a nombrar, dejando para los interesados en el tema la muy grata labor de aprender disfrutando de la prosa del autor de "Conversación en la catedral":

  1. Asuntos
  2. Estilo
  3. Orden (estructura)
  4. Narrador (punto de vista espacial)
  5. Tiempo de la ficción (punto de vista temporal)
  6. Nivel de Realidad (punto de vista del nivel de realidad, que no es otra cosa que la relación entre el plano de realidad en que se sitúa el narrador y el plano de realidad en que se sitúa lo narrado)
  7. Muda (alteración que experimenta cualquiera de los puntos de vista antes reseñados)
  8. la Caja China o Muñeca Rusa
  9. el Dato escondido (otros autores lo denominan 'narrar por omisión')
  10. y los Vasos Comunicantes (lo que en otras teorías narratológicas se denomina 'contrapunto' y que no hay que confundir con historias yuxtapuestas).
Finaliza Mario Vargas Llosa su ameno ensayo advirtiendo a este desconocido novelista en ciernes con quien se cartea que hay otros factores, como «la intuición, la sensibilidad, la adivinación e incluso el azar», factores que, a su vez, «escapan siempre a las redes de la más fina malla de la investigación crítica». Y que «por eso nadie pueda enseñar a otro a crear»

Y a los lectores, en especial a aquellos lectores que mientras leen van a la caza de recursos y técnicas intentando no caer en el señuelo y no ser seducidos por el hacedor de mentiras que es el buen novelista les dice, colocándose él en el papel de lector, lo siguiente, que suscribo plenamente:

«A mí lo que me gusta es leer novelas, no autopsiarlas»

12 mar 2020

El infinito en un junco. Irene Vallejo, Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019

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Mi tía Marina falleció a los 91 años. La recuerdo diez o quince años antes de dejarnos, cuando en la calle veía niños corriendo o jugando, comentar para sus adentros pero en voz alta: "El mundo no se acaba". Exactamente esta idea, 'el mundo no se acaba' o 'la vida sigue', es la que mientras leía este ensayo narrativo de Irene Vallejo Moreu constantemente me asaltaba.


Es más, pienso que no sólo no se acaba, como en ocasiones con cierta impertinencia quienes vamos peinando canas queremos creer por eso de que después de nosotros el caos, sino que hay mucha vida después como demuestran escritores como Irene Vallejo que se mueve como pez en el agua en la difusión, promoción y divulgación de la cultura clásica. 

Yo, modestamente, me considero amante de los libros. En todos los sentidos me gustan. Me gustan por lo que dicen; me gustan, claro es, por cómo lo dicen; me gustan por su forma externa; me gustan sus portadas, sus lomos, sus guardas al agua o no; me gustan por sus títulos; me gustan... en definitiva... por todo. También me gusta verlos colocados en estudiado desorden en los expositores de las librerías o apilados en descuidado desorden, esta vez sí, en las librerías de lance. Acudir a las bibliotecas y buscar por las estanterías en los tejuelos fijados en sus lomos la signatura del volumen ansiado es actividad que frecuento. Tampoco me pierdo las ferias, fiestas y celebraciones que en torno al mismo se realizan. Desde muy temprana edad el Día del Libro, que se celebra todos los años el 23 de abril, cuando los libreros sacan sus expositores a las calles, me ha gustado. Ese día raro es el año que no adquiero algunos ejemplares aprovechando los descuentos promocionales que se realizan; además en ocasiones el gremio de libreros edita algún ejemplar sobre la lectura o regalan algún libro a los compradores. Recuerdo -¡y conservo!- con cariño difícil de explicar "¿Cómo leer un libro?" de Dolores Rico Oliver con ilustraciones del genial Antonio Mingote que hace cerca de cuarenta años regalaron a los compradores. Mi atracción por los libros me lleva a no perderme cuantas casetas librescas crecen como setas en Muestras dedicadas al libro sea antiguo, de ocasión o de todos los tiempos. Me encanta husmear por ellas, hojear algunos, voltearlos para ver sus contraportadas, examinar el índice o cotillear en las biografías de los autores...

Por lo dicho hasta aquí creo que a nadie extrañará que el libro de esta zaragozana me haya encantado. Explicaré un poquito por qué. En primerísimo lugar está la sencillez comunicativa con la que Irene Vallejo se maneja. Utiliza una exposición clara, diáfana, directa, sin alambiques; pero ello no quita para que en no pocas ocasiones utilice figuras expresivas que insuflan belleza a un texto que, en principio, podría resultar aburrido, abstruso o sólo del gusto de los muy especialistas en el mundo antiguo. Afortunadamente, y de ahí el enorme éxito popular del libro, nada de esto ocurre en "El infinito en un junco" que en manos de la autora se codea en ocasiones con la alta literatura. Hay metáforas bellísimas que llegan muy adentro: "Los primeros relatos de tu vida entraron por las caracolas de tus orejas; tus ojos aún no sabían escuchar", leemos en un momento; y en otro lugar citando a la poeta rusa Anna Ajmátova la prosa de la ensayista no va a la zaga de los versos de la poetisa:
"Un día, al enfrentarse en el espejo con su aspecto demacrado y los surcos que el sufrimiento estaba abriendo en su cara, ella recordó la imagen de las antiguas tablillas mesopotámicas. Y escribió un verso triste e inolvidable: «Ahora sé cómo traza el dolor rudas páginas cuneiformes en las mejillas»."
Fundamental en el aprecio sentido por la obra ha sido para mí el placer que proporciona viajar por Egipto, Grecia o Roma hasta hoy mismo a bordo de la prosa de Irene. La comprensión del mundo antiguo mostrado se evidencia a través de la naturalidad con que en el ensayo se equipara, por ejemplo, a un bardo del siglo VII aC con un escritor posmoderno dada la forma que tienen ambos de entender su obra como versión, nostalgia, traducción y constante reciclaje del pasado, o la evocación producida en mi cabeza del tema de los Doors, 'Riders on the storm', cuando en pirueta magnífica la escritora imagina a la anónima persona -un hombre, sin duda, dados los parámetros de la época- que ideó los signos del alfabeto:
"Él vivió en el siglo VIII a. C., hace veintinueve siglos. Cambió mi mundo" [...] "Con seguridad fue amigo de curtidos mercaderes fenicios de rostro bronceado. Seguramente bebió con ellos en las tabernas de los puertos, de noche, aspirando el olor del salitre en el aire mezclado con el humo que subía de un platillo de sepia sobre la mesa, mientras escuchaba historias de mar. Barcos cabalgando en la tormentas, olas como cordilleras, naufragios, costas extrañas, misteriosas voces de mujer en la noche."
Después de leer fragmentos como el citado anteriormente no puede extrañar que, pese a estar ante un ensayo sobre la historia de los libros desde su primera aparición hasta nuestros días, el programa cultural radiofónico de RNE el Ojo Crítico le haya concedido el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019. Naturalmente que es oportuna la concesión porque hay mucho de narración en la obra que reflexiona en hermosa metáfora sobre juncos [los papiros egipcios se fabricaban con juncos que crecían en el delta del Nilo] capaces de albergar el infinito en ellos. Realiza la autora una hibridación entre géneros construyendo un ensayo que se mueve en la frontera entre la pura exposición personal, aguda y original sobre el asunto y la construcción de un relato que le sirve para ahormar la inmensidad de materiales que con soltura, gracia y conocimiento maneja.

 Ese sinfín de sabiduría la vierte Irene Vallejo en su ensayo de manera estudiada, avanzando y retrocediendo en el tiempo desde el lejano pasado hasta hoy mismo pero también efectuando paralelismos al estilo de los autores clásicos entre el tratamiento dado a unos mismos asuntos en Grecia y en Roma, o entre la manera de trabajar en la biblioteca de Alejandría y en la de Pérgamo, o la actitud tenida ante el objeto libro por los romanos paganos y los cristianos perseguidos por sus creencias, etc. Todo, como ya he dicho, comparándolo las más de las veces con actitudes actuales, con objetos usuales entre nosotros, con argumentos presentes en prestigiosas obras literarias de los últimos siglos ("El lector" de Bernhard Schlink, la novela negra de Ruth Rendell "Un juicio de piedra", la novela del escritor nigeriano Chinua Achebe "Me alegraría de otra muerte", "El país de las últimas cosas" y "La invención de la soledad" de Paul Auster, "Finnegan’s Wake" de Joyce, "Mientras agonizo" de Faulkner,... y tantos y tantos otros).

Es así mismo evidente que la autora de "El infinito en un junco" además de ser experta en literatura de todas las épocas es amante del Cine, género artístico que bebe en grandes creaciones literarias. Leyendo este ensayo son abundantes los títulos de películas ("Taxi Driver" y "Gangs of New York" de Martin Scorsese, "¡Qué bello es vivir!" de Frank Capra, "Matar a un ruiseñor" de Robert Mulligan, "84, Charing Cross Road" -"La carta final" en España- de David Hugh, "La mujer de al lado" de François Truffaut,.. y tantas y tantas otras más).

Cuando la escritora trata de hacernos ver cómo la tradición clásica presente en los libros clásicos llega hasta las manifestaciones artísticas más novedosas no duda en afirmar que Cada nueva forma de expresión —la publicidad, el manga, el rap, los vídeojuegos— los adopta y los realoja.[…] de manera que continúan subiendo a los escenarios de los teatros mundiales, son adaptados al lenguaje del cine y emitidos por televisión. Y es que afirma
"Desde Grecia y Roma no dejamos de reciclar nuestros signos, nuestras ideas, nuestras revoluciones. Los tres filósofos de la sospecha -Nietzsche en la metafísica, Freud en la ética y Marx en la política- partieron del estudio de los antiguos para realizar el giro a la modernidad. Incluso la creación más innovadora contiene, entre otras cosas, fragmentos y despojos de ideas anteriores."
Para mí, aparte del magnífico recorrido que junto a Irene Vallejo realizamos por las bibliotecas de Alejandría, de Pérgamo, de Roma, la obra es más que interesante por el enorme número de anécdotas que contiene referidas a multitud de vicisitudes vividas por autores de muchos de los libros que nombra (Homero, Platón, Aristóteles, Erastótenes, Calímaco, Plauto, Julio César, Cicerón, Aristófanes, Tucídides, el poeta bilbilitano Marcial, Safo de Lesbos, Eurípides, Esquilo, el cordobés Séneca, etc., etc.). El listado de escritores es larguísimo. Baste con estos nombres. Sólo decir que la gracia con que se cuentan y la oportunidad de su inserción en el relato son elementos fundamentales para lograr el placer que la lectura de este ensayo produce. No pocas veces durante la lectura la sonrisa se dibujaba en mi rostro. No cabe otra respuesta anímica cuando se lee que En el siglo I, el humorista Marcial se quejaba: -"Mis páginas sólo gustan gratis", o cuando leemos que en un claro guiño al lector -al público, en su caso- Plauto dice: "Un griego escribió esto, y Plauto lo barbarizó". Desde luego qué inmensa actualidad tiene esta frase, qué cerca nos sentimos del comediógrafo desde el hoy del corta y pega.

Alberto Manguel, Umberto Eco, Jorge Carrión, "Una historia de la lectura", El nombre de la rosa", "Librerías"
El libro que acabo de leer pertenece, como ya he dicho, a esa saga de libros que hablan de libros. En ese hilo hay que situar a "El infinito en un junco". La misma Irene cita y declara su gratitud a obras importantísimas en este campo como "Una historia de la lectura" del argentino-canadiense Alberto Manguel publicada por vez primera en inglés en 1996, traducida al español por José Luis López Muñoz en 1998, y que yo leí con enorme gusto allá por 2003 ó 2004. Constantemente durante la lectura de "El infinito en un junco" recordaba esta estupenda obra de Manguel. También, especialmente, en los capítulos de la IIª parte dedicados a Roma, al hablar del número de bibliotecas que había en la ciudad la autora cita el impresionante libro del español Jorge Carrión titulado "Librerías" [en su momento hice reseña del mismo en este blog] que como ya le está ocurriendo al de Irene Vallejo tuvo -y sigue teniendo- una difusión enorme habiendo sido traducido a la mayoría de lenguas de nuestro entorno
"En su imprescindible ensayo —y ruta de viajes bibliófilos—, Jorge Carrión escribe que el diálogo entre las colecciones privadas y las colecciones públicas, entre la librería y la biblioteca, es tan viejo como la civilización; pero la balanza histórica siempre se inclina por la segunda
En otro momento, también de esta IIª parte titulada "Los caminos de Roma", en concreto cuando la autora se lamenta de la persecución inmisericorde que el objeto libro ha sufrido a manos de dictadores, censores, revolucionarios obtusos o lerdos inquisidores, vuelve al escritor catalán para señalar una de tantas paradojas que han acompañado a la cultura a lo largo de todos los tiempos:
"Como escribe Jorge Carrión, quienes diseñaron los mayores sistemas de control, represión y ejecución del mundo contemporáneo, quienes demostraron ser los más eficientes censores de libros, eran también estudiosos de la cultura, escritores, grandes lectores."
Por último en este sentirse formando parte de un tipo de obras determinado, de un subgénero ensayístico concreto, el de los libros que hablan de libros, me parecen muy relevantes las referencias constantes a otro gran bibliófilo, amante de la vida secreta de los libros. Me refiero a Umberto Eco citado en especial por "El nombre de la rosa", novela histórica culturalista que publicó en 1980, en la que homenajea a los libros, las bibliotecas que los contienen, los estudiosos de los mismos y los enigmas y conocimientos escondidos en éstos. Pero además de por esta espectacular novela también Umberto Eco es citado por su reelaboración para el mundo actual del concepto mito que él como semiólogo estudió y analizó. Respecto al objeto libro y las constantes premoniciones agoreras sobre su inexorable desaparición Irene Vallejo concluye de acuerdo con el semiólogo italiano que el libro
"Como dice Umberto Eco, pertenece a la misma categoría que la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez inventados, no se puede hacer nada mejor."

Para finalizar
Con inmensa satisfacción asistí a la presentación por su autora de "El infinito en un junco" el pasado día 25 de febrero en la librería Rafael Alberti de Madrid. Acompañaron a la escritora en una sala abarrotada la periodista Eva Cruz, la editora de Siruela Ofelia Grande, y la dinamizadora cultural Lola Larumbe al frente de la Librería Rafael Alberti desde al menos hace 39 años.

Por Ofelia Grande, la editora, supimos que el libro va ya por la novena edición, que además del Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019 hacía poco que había logrado el Premio Las Librerías Recomiendan de No Ficción 2020. Fue ella quien, en mi opinión, clavó lo que en definitiva esta obra es cuando textualmente dijo que lo fundamental es que "Es un libro bonito". Parece una tontería, pero para mí no es tal. Verdaderamente este ensayo se lee con gusto no por lo mucho de novedoso que aporta que forzosamente en el campo que indaga no puede ser mucho y tampoco, quizá, por esas estupendas similitudes que establece entre el lejano pasado de los griegos arcaicos con el posmoderno cine de, por ejemplo, Quentin Tarantino, sino especialmente por lo bonito que Irene Vallejo cuenta las cosas por escrito.

Lola Larumbe, Eva Cruz, "El infinito en un junco"
La periodista Eva Cruz centró las preguntas que hizo a la escritora en tres aspectos presentes en la obra: la oralidad, la creación del alfabeto y la de una muy personal experiencia vivida por la autora en su paso por la escuela. A los tres respondió Irene con una voz que enamora a quien la escucha y que contribuye no poco al éxito alcanzado por este peculiar ensayo.

Verdaderamente tras escuchar hablar a la autora, pude concluir leyendo la obra que ella, la aragonesa nacida en 1979, estaba en cuerpo y alma en el texto que tenía en mis manos, que no había simulación ni impostación alguna, sino sinceridad y dulzura naturales emanando de cada palabra, línea, párrafo, capítulo... de su libro. Y cuando se escribe con esta sinceridad, con esta sencillez, con esta naturalidad, es evidente que se logra transmitir y que la comunicación con el lector es total. Logra Irene Vallejo hacernos cómplices de cuanto dice y por eso que a este ensayo le den un premio de Narrativa no extrañará a nadie que se acerque a él.

No puedo abandonar esta reseña en la que es difícil abarcar obra tan cargada de elementos e informaciones sin agradecer a la autora, quien por edad bien podría haber sido alumna mía en su paso por la Enseñanza Secundaria, los agradecimientos que ella a su vez realiza a un nutrido número de profesores de instituto.
Todos esos profesores de instituto que son sembradores de entusiasmo, en particular Chus Picot, Ana Buñola, Paz Hernández, David Mayor, Berta Amella, Laura Lahoz, Fernando Escanero, José Antonio Escrig, Marcos Guillén, Amaia Zubilaga, Eva Ibáñez, Cristóbal Barea, Irene Ramos, Pilar Gómez, Mercedes Ortiz, Félix Gay y José Antonio Laín.
Este sentido homenaje al profesorado de Medias en el que me siento solidariamente incluido, la autora lo realiza por los ánimos e ideas que estos profesionales amigos suyos -¡seguro!- le habrán hecho respecto al libro, pero también imagino que aunque no aparezca su nombre entre los de la cita con ella homenajea en silencio a Pilar Iranzo a la que en la primera parte del ensayo cita por su nombre tras haber dicho
"para mí, el griego empezó con voz de mujer —la voz de mi profesora de instituto—"

12 nov 2019

Mónica Gutiérrez Artero ('Serendipia'): "El noviembre de Kate"

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Serendipia’, nick utilizado por la escritora Mónica Gutiérrez Artero, quiere decir según la Fundación del Español Urgente (FUNDEU) “chiripa” o “carambola”, términos que a mí, sólo oírlos, me dibujan una sonrisa en la cara. La autora de El noviembre de Kate quiere, según confiesa en su blog, que los lectores nos demos a veces un respiro, que escapemos del mundanal ruido en que estamos inmersos y disfrutemos, aunque sea de chiripa, de unos momentos de relax. Exactamente eso es lo que yo buscaba tras mi densa, profunda, mística y metafísica lectura anterior. Y desde ya agradezco a ‘Serendipia’ la recarga de serotonina que me ha supuesto esta lectura.

Mónica Serendipia, "Serendipia", Mónica Gutiérrez Artero, Novela feelgood
Como me sucediera hace ahora exactamente un año llego de nuevo hasta Mónica 'Serendipia' de la mano de los Meses temáticos del blog "Libros que hay que leer" que con tanto tino y maestría administra Laky. Este mes de noviembre lo dedica dicho blog a la Novela de No Ficción y a la Novela 'Feelgood'. Y he elegido como novela feelgood la que escribiera la autora antes de "La librería del Señor Livingstone" que leí y reseñé el año pasado en estas mismas fechas.

Si no sabéis o no recordáis qué es el género o la tendencia novelística 'feelgood' no tenéis más que pasaros en este blog por la reseña que hace doce meses dediqué a la última novela por ahora de Mónica Gutiérrez, "La librería del Señor Livingstone". Allí señalo mi discrepancia con esa especie de equivalencia que puede colegirse de la expresión 'mes de la no-novela y novela feelgood'; equivalencia que en mi opinión no es tal como puede comprobarse leyendo las dos novelas con las que participo en la convocatoria de este mes de noviembre: la que a continuación comento y otra de no-ficción del novelista Ignacio Martínez de Pisón, "Filek: El estafador que engañó a Franco" cuya reseña realizaré con seguridad antes de que finalice el mes.

"El noviembre de Kate"
Kate es una muy buena chica, es buena gente, que diríamos. Durante el mes de noviembre de 2014 va a ver cómo su vida da un espectacular vuelco. No diré qué le ocurre pero sí advertiré que la chica, que acaba de salir de una relación de manera un tanto sorpresiva para ella, va a experimentar un transcendental cambio en este undécimo mes del año, en el que personalmente ingresó de manera tan heladora como las temperaturas que han sorprendido a todos los habitantes de Coleridge.

Kate es una joven que se siente ninguneada por todos: por sus padres que sólo tienen ojos para su hermana y los hijos de ésta, por su jefe Torres que la trata a voces como si no sirviera para nada cuando en realidad su empresa no puede vivir sin ella, por su novio de siempre que la dejó por un atractivo trabajo lejos de Coleridge, y casi casi por ella misma que vive en un cochambroso piso donde en soledad rumia su vida.

Afortunadamente existen los viernes y el Ambassadors, un recóndito local donde ese día de la semana se toma una cerveza y habla con Pierre, el barman gay importado del Loira, con el que intercambia confidencias. El azar quiere que ese bar sea el lugar donde se reúne un grupo de amigos algo frikis de la informática (Don, Punisher y Sierra) muy dolidos por la desaparición de Gabriel, un amigo que tras descubrir un fraude en la empresa donde trabajaba y de la que fue despedido cayó en una depresión que lo llevó a lo peor. Y ese azar hará que la atracción surja entre Don, policía de la UDIF (Unidad de Delitos Informáticos), y la bella y dulce Kate. Y ya no digo más porque si no temo cometer spoiler.

'Serendipia' ama la literatura británica, de humor y con encanto; de ahí que guste de situar sus historias en Gran Bretaña aunque no siempre se puedan localizar esas localidades sobre el mapa real de las islas. En esta ocasión estamos en Coleridgetown, territorio donde trabaja Kate, donde vive Don Berck con su padre Norman y su hermano Charlie, y donde se ubican la comisaria donde Donald Berck trabaja y el pub Ambassadors donde se conocerán los dos personajes protagonistas. Por último hay otra pequeña población -ficticia como Coleridge- llamada Longfellow donde reside Kate en un muy pequeño apartamento y donde está la emisora de Radio en la que los viernes por la tarde ella colabora en un espacio radiofónico de humor que da oportunidad a los oyentes de intervenir. En los estudios radiofónicos hay otros seres: Josh, el hijo de su compañera de trabajo Marian; Santi, el amable técnico de sonido; William, el meteorólogo que predice con éxito y poca receptividad una inmensa tormenta; y Xavier, el aguafiestas dueño de la emisora.

El humor es uno de los alicientes de las novelas de Mónica Gutiérrez. He de decir que me he reído leyendo las divertidas vicisitudes en el trabajo de Kate con su jefe Torres. La relación entre ambos me ha hecho recordar un blog donde de vez en cuando recalo; me refiero a "Anécdotas de secretarias" que administra Erika Martín y en el que no pocas veces me divierto con las entretenidas historietas laborales que presenta. Las conversaciones que mantiene Kate con la telefonista Marian destilan mucho humor
"No, señora, no somos la consulta del dentista. Pero si quiere que la anestesiemos pruebe a pasarse por una de nuestras juntas semanales de accionistas… No se preocupe, adiós." (pos. 1672).
Otras veces el humor surge de un comentario o reflexión con el que nos sentimos identificados como la desilusión que nos causa a quienes gustamos de la literatura de creación cuando en una biblioteca particular topamos sólo con libros técnicos o científicos:
"El resto de la estancia estaba amueblada con una gran mesa de madera de teca, rodeada por altas sillas, una alfombra también verde de dibujos vegetales y estanterías y alacenas decoradas solo con libros, centenares de libros. El hechizo se rompió en parte cuando me acerqué a uno de los estantes y comprobé que la mayoría de volúmenes trataban sobre economía y derecho." (pos. 2500)
Y, naturalmente, la autora que ama, conoce y disfruta de la literatura muchas veces realiza metáforas, símiles o imágenes apoyándose en personajes y/o momentos de diversas obras de la literatura universal ("Suave es la noche" de Scott Fitzgerald, la "Saga de Geralt de Rivia" o la Saga del brujo -en polaco, Saga o wiedźminie- del escritor polaco Andrzej Sapkowski, Gianni Rodari y un cuento breve que tiene sobre una violeta en el polo Norte, o "Alicia en el país de las maravillas" de Lewis Carroll). Y también muchas veces hay humor en estas apoyaturas culturalistas como cuando compara la llegada de Kate a la emisora radiofónica de Longfellow con la entrada de Alicia en la madriguera del conejo en el conocidísimo cuento: "La puerta se abrió con un chirrido de castillo encantado y Alicia entró en la madriguera del conejo ausente" (pos. 158) o a William, el meteorólogo, con el Gato de Cheshire del mismo relato: "Un simpatiquísimo hombrecillo rechoncho con espesa barba negra y pelos enloquecidos me miraba sonriente como el Gato de Cheshire desde el umbral del estudio de grabación." (pos. 171).

pintura romántica, Novela feelgood, Romanticismo palabra bisémica
Es quizás el culturalismo una de las señas características de esta interesante autora de feelgood. Pero no sólo en esta novela hay referencias literarias, también hay alusiones a la pintura y a la música. De la pintura me paree relevante y de sumo interés la realizada a Friedrich y su cuadro 'El caminante sobre el mar de nubes' utilizada por Kate para referirse a una oyente del programa de radio que habló muy entusiasmada de la conquista de las cimas de las montañas: "jugué a imaginármela como el personaje del cuadro de Caspar David Friedrich, El caminante sobre el mar de nubes, pero con faldas." (pos. 1798).

En cuanto a alusiones musicales ha llamado mi atención, y me he ocupado de buscar el tema para escucharlo, la realizada a Counting stars de One Republic, un tema y un grupo para mí del todo desconocidos. Tras oírlo entiendo la pertinencia del mismo para mostrar la felicidad y alegría vividas en la Casa de las tres chimeneas, la casa de la familia Berck, donde Don acogió a Kate resguardándola de la tormenta predicha por William y que a ella sorprendió en la calle.



En el epígrafe de elementos culturalistas hay que señalar varias alusiones al cine pop que aparecen esparcidas por el relato bien como término de comparación
"En mis momentos más idílicos confieso que me gustaba más imaginarme con los estupendos vestidos blancos de Eleanor Parker paseando en plena selva en Cuando ruge la marabunta; aunque no siempre estaba de humor como para pensar en un Charlton Heston joven, aguerrido y sudoroso, como marido inexperto en medio de las humedades infectas de la selva." (pos. 752)
o como broma o especie de adivinanza bajo la que un personaje se encubre durante el desarrollo de la trama;
"- ¿Harry Potter era una trilogía? -preguntó Xavier.
[…]
- No recuerdo a ningún Calrissian en 'El Señor de los anillos' -reflexionó William en voz alta-. ¿Será algún elfo?
- Star Wars —le corrigió la voz telefónica—. La única trilogía original es la de Star Wars." (pos. 1776)
Así como Serendipia toca el mundo pop en sus manifestaciones culturales, también realiza guiños humorísticos a esta misma cultura en aspectos muy inmediatos como he querido ver en alguna referencia a frases muy sonadas nacidas en el ámbito de la contienda política más cercana. ¿A quién no le resuenan en sus oídos frases parecidas a ésta:
"¿Que parte de «mi hermano Charlie trabaja en bolsa» no te ha quedado clara? Kate soltó un bufido a medio camino de la carcajada y un fingido horror y me golpeó ligeramente el brazo en señal de protesta" (pos. 1416)
En otra reseña mía a una novela de Mónica Gutiérrez Artero señalé que una amable historia de amor es elemento esencial en una novela feelgood. Aquí, naturalmente, también la hay, desarrollada de esa manera tan elegante, simpática y surgiendo de una modo tan natural de la vida misma, La relación entre Don y Kate, como ocurre en las novelas de Serendipia, no cae para nada en la ñoñería propia de la novela rosa aunque a veces en alguna de sus descripciones se acerque peligrosamente a ella:
"Contemplé tranquilo la mirada sabia de Kate, sus mejillas sonrosadas por el frío, sus labios entreabiertos y las nubecillas de su respiración. Veteada de miel, salpicada de diminutas migajas de hielo y nieve moribunda, la larga melena de Kate se movió perezosa cuando ella echó la cabeza hacia atrás para mirarme." (pos. 2958)
Muchísimo más interesante me ha parecido el estilo desarrollado en algunas partes de este relato polifónico; en especial me ha gustado mucho el modo como Don en los capítulos narrados por él mismo se dirige al lector para confesarle sus carencias como escritor
"De acuerdo, lector, ya ves que no soy bueno con las metáforas ni las comparaciones, pero si por aquel entonces alguien tan sensible como Sierra era capaz de llamarla La Bella Durmiente, eso debe darte algunas pistas (mejores que las de mi prosa de burócrata policial) sobre cómo era ella cuando la conocimos." (pos. 991)
o cuando simplemente -y de manera muy simpática- razona con el receptor de su relato a propósito de la pertinencia o verosimilitud narrativas de lo que está contando:
"A mí los chicos no me parecían siniestros en absoluto. Supongo que Kate hubiese dicho de ellos que eran «adorables», pero como a estas alturas de la narración se supone que todavía no he hablado con Kate, sintiéndolo mucho, lector, tendrás que conformarte con que te confiese que yo los encontraba simpáticos." (pos. 459)
Para finalizar
No quisiera cerrar esta reseña sobre "El noviembre de Kate" sin citar algunas frases que como si nada va dejando la novelista esparcidas por este relato feelgood. Son reflexiones profundas sobre la vida y sobre la funcionalidad -la última que señalo- del género novelístico elegido. Paso a colocarlas sin más:
    • "Vivir es una aventura si estamos atentos a los detalles. Los pequeños detalles son las bisagras del universo." (pos. 2012)
    • "el dolor forma parte del complicado proceso de seguir viviendo." (pos. 2386)
    • "No está en nuestras manos retener a las personas que amamos. Es…, eh…, imposible —me dijo con una sonrisa llena de cariño—. Pero sí que podemos elegir arriesgarnos a quererlas. Aunque se vayan." (pos. 2639)
    • "Somos como nos ha hecho nuestro pasado, nuestras circunstancias." (pos. 2901)
    • "Supongo que fue entonces cuando comprendí que resultaba mucho más sencillo sentirse feliz que seguir haciendo esfuerzos barrocos para no sucumbir al desconsuelo y la tragedia en cada detalle del universo." (pos. 3024)
Mónica Gutiérrez Artero, Novela feelgood, Meses temáticos
Concluyo esta reseña, que se me ha hecho más extensa de lo que en un principio pensé, de manera idéntica a como hice en la de "La librería del señor Livingstone", agradeciéndole a Mónica Gutiérrez Artero el agradable rato que me ha proporcionado la lectura durante este lluvioso noviembre de "El noviembre de Kate". ¡Gracias, 'Serendipia'!