22 ene 2021
"Autores de la A a la Z" (Reto 2021)
16 ene 2021
25 españoles en 2021. Reto
- “Las Jaurías” de Alberto Gil
- “Tercer Acto” de Félix de Azúa
- "La España vacía" de Sergio del Molino
- "Coños" de Juan Manuel de Prada
- "La tetera de Russell" de Pablo Sebastiá Tirado
- "Nuevas nuevas sobre Colón" de Ezequías Blanco
- "Madrid" de Andrés Trapiello
- "Cenizas y rosas" de Charo Jiménez
- "La ridícula idea de no volver a verte" de Rosa Montero
- "La Tribuna" de Emilia Pardo Bazán
- "Las experiencias de un médico para todo" de Francisco Coronel Díaz
- "Un amor" de Sara Mesa
- "La montaña sonora" de Juan Maíllo
- "Feria" de Ana Iris Simón
- "El huerto de Emerson" de Luis Landero
- "Memorias de un periodista indecente" de Pedro Avilés
- "Primero de poeta" de Patricia Benito
- "Sindy la colegiala" de Julián Ibáñez
- "Castellano" de Lorenzo Silva
- "Los besos" de Manuel Vilas
- "La ceguera del cangrejo" de Alexis Ravelo
- "La cerveza, los bares, la poesía (Antología)" de Jesús García Sánchez
- "Noches de San Juan" de Clara Usón
- "Esto no es bambi" de David Pérez Vega
- "Panza de burro" de Andrea Abreu
- "A prueba de fuego" de Javier Moro
- "El profesor" de Plácido Díez Gansert
- "humanimal" de Emilio Picón
- "Filo de sable" de Jordi Sierra i Fabra
- "La tienda de la felicidad" de Rodrigo Muñoz Avia
- "Contra la España vacía" de Sergio del Molino
- "La canción de las balanzas" de Alba Salvador Llopis
"Nos gustan los clásicos", Vª edición
15 ene 2021
Tercer Acto. Última entrega de la autobiografía de Félix de Azúa
"El ritmo rápido, el que mueve la fogosa máquina juvenil, había agotado su labor y entré casi sin percatarme en el ritmo lento que es el del mundo adulto, el de la razón, el del segundo acto, […] cuando los humanos trabajamos con gran esfuerzo para construir algo duradero que dé sentido y reconocimiento a nuestras vidas, esfuerzo inútil, pero forzoso, antes de que llegue el tercer acto y constatemos que nuestra vida ha sido tan vana e inútil como las de los mil trillones de humanos que nos precedieron y que tan bien describe el Eclesiastés. No hay vidas más o menos útiles o fútiles, sólo más o menos bellas de relatar."
Aún vivía el dictador y seguíamos siendo oficialmente un grupo de exiliados de la dictadura, aunque ninguno, excepto Julio Silvela Silva, fuera en verdad un represaliado, los demás estábamos allí por aburrimiento, por azar, por romanticismo o por aventura, pero nos sentíamos dolorosas víctimas del régimen.
Esta novela-ensayo está preñada de opiniones personales del autor-narrador sobre variados asuntos. Escribir una autobiografía o unas memorias a la edad del escritor, setenta y seis años, da para mucho y si además como es su caso la dedicación profesional ha sido intelectual, concretamente profesoral, las idas y venidas por el espacio mental son obligadas, Azúa las muestra en capítulos que dan saltos temporales moviéndose en un abánico temporal que va de 1960 hasta 2007 sin más orden que el que nace del propio ejercicio memorialístico. Así pues, vemos al narrador y a sus amigos Hugo, Josean y Manolín en su época de adolescentes escolares en Cataluña donde por el origen no autóctono y nivel socioeconómico inferior (hijos de profesor, militar o guardia civil) se sienten algo rechazados por algunos compañeros oriundos del lugar de clase burguesa o pequeñoburguesa cual es la pertenencia de Tartarull y Fromenter. Luego vamos a conocer la estancia en París de Josean, Hugo y el narrador junto al profesor Julio Silvela Silva y otra serie de españoles allí ubicados durante los años setenta (María de Jesús, Demetrio Persépolis, Balta, la Mudita, Teresa, Mina Soria ...). Tras estos años de iniciación y juventud (en el fondo el Primer Acto de la existencia) llegará el asentamiento y la tranquilidad en la que cada uno de ellos se ubicará en lugares diversos (Madrid, País Vasco, Catalunya...) aunque en general siempre en el ámbito de la enseñanza e investigación universitarias hasta que por fuerza de los años este Segundo Acto de creación y proyección profesional finalice y dé paso al Tercer Acto que da título al relato, es decir al último acto de esta representación carnavalesca que en el fondo es la Vida.
La novela es el retrato de la generación a la que pertenece Félix de Azúa, una generación que de jóvenes, en esos años parisinos sobre todo, pero también ya en España antes de salir a Europa y mucho más a su regreso tras la muerte de Franco, a sus inquietudes intelectuales y filosóficas (Josean está muy interesado en Heidegger y su obra "Ser y Tiempo" es su libro de cabecera; el profesor Silvela Silva les hace profundizar en los arcaicos griegos, los filósofos primitivos, y también en la filosofía del lenguaje; el narrador en compañía de su amante, Cicciolina, visitará a Ernst Jünger en Múnich; etc.) unirán sus devaneos con el mundo de las drogas legales (el alcohol sobre todo que en algunos hizo estragos) e ilegales (los porros de hachis, grifa y marihuana, las papelinas de LSD... e incluso en algunos de ellos la esclavitud de la heroína). Esto durante la juventud, o sea, durante el Primer Acto de la vida que en la producción libresca de Félix de Azúa se corresponderá con lo manifestado en "Autobiografía sin vida" publicado en 2010 (esto lo digo sin haberlo comprobado por mí mismo dado que no he leído el ensayo citado).
Es curioso y muy irónico que el Segundo Acto, es decir, el momento de máximo esplendor y proyección profesional de cualquier persona y por tanto también del escritor y de sus compañeros juveniles lo despache en "Tercer Acto" con rapidez en dos patadas, que suele decirse:
luego fueron pasando los meses, muchos meses, porque, sin apenas darme cuenta, había yo entrado en el segundo acto, el más largo y monótono, cuando el tiempo parece detenido, pero en realidad avanza con extrema aceleración y no nos percatamos de ello hasta que es irremediable y nos vemos arrojados al tercer y último acto.
[...] La obsesión por los libros, más que la lectura misma, ha sido el gran consuelo de mi vida a todo lo largo del segundo acto, que comenzaba en ese momento sin que yo lo sospechara.
Evidentemente aquí está de fondo ese segundo libro de su autobiografía titulado “Autobiografía de papel” que apareció en 2013.
En este libro, "Tercer Acto", el autor da suelta a otra serie de asuntos que han movido su estar en la vida. Se manifiesta con plena liberalidad sin seguir lo marcado por lo políticamente correcto sino lo verdaderamente sentido por él, una persona libérrima sin atadura política alguna. Estos son, aparte de los ya expuestos, algunos de estos asuntos:
- El franquismo como justificación vital de no pocas personas. Así los jóvenes que acuden a la tertulia del profesor Silvela se consideran represaliados políticos sin serlo:
- No podíamos admitir que habíamos estado de vacaciones hasta entonces, era casi imposible renunciar al sueño heroico de haber sido perseguidos por la descomunal fuerza del Estado, iba a ser muy difícil echarle la culpa de nuestras frustraciones a alguien, una vez desaparecida la presencia granítica del dictador. (p. 68).
Jóvenes que cuando muere el dictador se quedan sin referente existencial lo que percibe el camarero que habitualmente les atiende en La Boule:
- Pronto comprendió la tristeza grande de aquellos desgraciados a quienes se les había hurtado el sentido de su existencia al perder el nombre del enemigo. Parece, ya me perdonaréis, dijo, como si se os hubiera muerto el padre, ¡ánimo, por favor (un peu de courage, sacrebleu)! (p. 68)
- Las drogas y los intelectuales. Me ha parecido de sumo interés, por desconocerlo completamente, la relación del filósofo alemán Ernst Jünger con el desarrollo del ácido lisérgico (LSD):
- Jünger había sido y era amigo de Hofmann, el químico que inventó el LSD y a quien Jünger se había prestado para las primeras experiencias alucinógenas.(80),
- Su opinión sobre los alemanes ha llamado poderosamente mi atención. Si las palabras que voy a colocar a continuación las hubiese leído antes de conocer la obra de Bernhard Schlink ("El lector" y especialmente "Olga", novela que he leído y reseñado hace bien poco) quizás me habría parecido una afirmación excesiva, pero, tras conocer la opinión de alemanes tan respetables como Schlink, ya no me lo parece:
- El campo bávaro y luego suabo estaba enteramente cubierto por la nieve. Las preciosas granjas de madera abalconada que se sucedían en la carretera parecían de juguete: hay un oscuro fondo infantil en el carácter germano que añade inocencia a su criminalidad congénita, como el niño que destripa juguetes mientras sonríe a sus papás.(p. 84)
- Interesantísima por demás es su opinión sobre la finalidad perseguida con la lectura de libros, actividad que en esencia ha constituido el segundo acto de su vida:
- en todos y en cada uno de ellos podía encontrarse lo que andaba buscando con desesperación desde que perdí la infancia, a saber, el secreto de la vida y de la muerte, un enigma escondido entre las páginas librescas de importancia decisiva para llegar a entender nuestra absurda naturaleza mortal y la razón insondable por la que no éramos dioses a pesar de haberlos inventado. (95) y con ese humor irónico y sarcástico suyo, tan característico, a continuación afirma que es fácil de entender que lo que me impulsaba a comprar libros (o robarlos, etcétera) no era leerlos, sino haberlos leído. Yo siempre leí en pretérito pluscuamperfecto. (96)
- La desaparición del otro por muerte o abandono:
- Es muy difícil aceptar que alguien con quien hemos contado toda la vida, tan indudablemente presente como si fuera el sol de cada día aunque no la hayamos visto en años, desaparecerá de pronto, en un instante, y ya no estará al otro lado del teléfono o de la puerta.(p.109)
- París y la arquitectura:
- Aquél era un París muy empobrecido por la guerra. En veinte años apenas si habían comenzado alos franceses a reconstruir su industria pesada y a levantar ciudades nuevas como Evry o Cergy, única novedad urbanística que tanto interesaría a Rohmer porque creyó que sería la máquina de troquelación de unos nuevos ciudadanos más racionales y bellos, típica creencia de la vanguardia francesa desde Le Corbusier, como si la arquitectura fuera capaz de determinar a los ciudadanos para mejorarlos en lugar de corromperlos. (p. 132)
- La sorprendente evolución política de las personas. Así Josean que había llegado a Heidegger a través de las revistas literarias falangistas que recibía su padre en casa ha pasado a ser ahora un ferviente defensor de la identidad nacionalista, que convertida en ideología política todo lo fagocita y controla:
- ¿Josean nacionalista? Ya lo creo, dijo Hugo con su mirada irónica, se ha ido convirtiendo en un nacionalista, pero a la manera de Heidegger, nacionalismo de la tierra y de la lengua, propuesta mítica y antirreligiosa. (p. 131)
- bajaba a la zona húmeda para llegarme hasta el viejo barrio del vicio, que estaba cambiando a gran velocidad y se transformaría irremediablemente gracias al grupo de negocios que montarían los socialistas cuando se adueñaran del Ayuntamiento de Barcelona junto con empresarios de un inexistente antifranquismo. Aquellas fuerzas, que entonces apenas llamaban la atención, se convertirían en un opresivo nacionalismo totalitario pocas décadas más tarde y dominarían el mercado entero del trabajo y de los negocios. (p. 148)
- Religión e ideología política. Es curiosísima la opinión que defiende el profesor José Andaluce, exiliado en Francia y compañero de profesión y militancia política del padre de Manolín:
- Andaluce aún creía que el comunismo era un modo de justificar la existencia y darle un significado, lo que coincidía exactamente con lo que pretendían todos los credos religiosos: ofrecer una salvación y sosegar la angustia de un modo masivo.(p. 134)
- El imperceptible paso del tiempo:
- Cuando llega el momento de envejecer y comenzar a morir, el tiempo parece acelerarse en una monótona precipitación que lo hace inaprensible o inconsciente, pero cuando vuelve a nuestra conciencia nos encuentra ya viejos. La vejez llega en un instante y no depende de la edad. Hay gente que ha sido vieja desde la infancia. (p. 175)
- Crítica a afirmaciones estúpidas de ciertos movimientos como por ejemplo ésta del animalismo:
- Comenzaba ya entonces la manía de los animales y del clima, una atmósfera opresiva que llevaría a aberraciones como confundir el tiro de mulas con el esclavismo o denunciar violaciones de gallinas en un gallinero.(p. 147),
- La nación en democracia: España sin Franco iba a convertirse en una inmensa taberna para las masas europeas. (p. 149),
- La vida universitaria. Quizás éste sea el ámbito más conocido por Azúa y por ello al que dedica mayor espacio en las opiniones críticas que vierte al final de esta obra:
- La vida universitaria es un mundo ajeno sin apenas roces con el mundo real y verdadero. Se parece a la vida eclesiástica de los enclaustrados, en la que sólo importa lo que sucede dentro de la reclusión universitaria y entre los rijosos frailes, sus rencillas, sus venganzas, sus seducciones, sus abominaciones, pero con la diferencia de que el claustro universitario está persuadido de que puede cambiar el mundo. (p. 180)
- Hay que tener presente que, desde la muerte de Franco, la universidad española se había ido moralizando y al final ya sólo se enseñaba a ser demócrata, solidario, diverso sexual, respetuoso con el medio ambiente o agraviado por motivos de identidad nacional. Toda enseñanza seria estaba prohibida, había que hacer felices a los estudiantes, el suspenso era considerado reaccionario y el esfuerzo una práctica fascista. Desaparecida la lucha por la vida, la universidad se había convertido en un balneario. (p. 181)
- Médicos y muerte. La estación término de la vida, el final del tercer acto de la existencia se aborda por parte de los personajes de esta novela en frontal oposición a la dictadura médica empeñada en prolongar la vida a toda costa: Silvela, Josean, el propio narrador, desean ser soberanos en esa hora suprema, no desean fallecer en un hospital rodeados de tubos y de máquinas. Con inmensa sorna y no escasa acerva crítica el autor pone en boca de los médicos que en Hospital del Mar de Barcelona atienden al profesor Silvela que acaba de sufrir una trombosis la frase siguiente:
- queremos que el señor Silva Silvela viva muchos años y tenga una vejez feliz. Además, todo es gratis gracias al seguro médico, ese magnífico invento catalán. (p. 185)
- y ahora, basta, ¡hala!, un par de besos, por favor, y adiós, no quiero volver a veros en lo que me queda de vida, me infectáis de sentimientos. Silvela estaba siguiendo su enseñanza y eliminando cualquier atisbo de emoción. Él prefería la caricatura antes que dar la menor ventaja a la muerte. Este desafío me ha parecido, años más adelante, algo profundamente castellano y ausente de otros lugares de la península. (p. 186)
Para finalizar
Recordé cuando el protagonista de Proust, en la Recherche, después de veinte años vuelve a encontrarse con los amigos de su juventud en un baile elegante y aquel reencuentro le parece como un efecto mágico, un portento, porque sus antiguos conocidos se esconden detrás de unas máscaras grotescas, ridículas, como de enanitos de cuento (p. 138)
Pero también en el campo de la pintura. En ésta es fundamental la alusión a la visión carnavalesca de la vida dada por Goya en una de sus pinturas, 'El entierro de la sardina', cuadro que muestra el último acto de disfrute de la vida carnavalesca. La alusión a este cuadro le sirve al autor-narrador para evidenciar la distancia que separaba la Barcelona que dejó en 1973 de la que se reencontró a su regreso en 1978:
Yo había dejado una ciudad sórdida asediada por la presencia constante de los esbirros de la muerte, sus largos gabanes de paño gris en invierno, sus chaquetillas toreras de verano, pero ahora regresaba a una ciudad eufórica, con cabeza de cartón y signos anunciadores de la idiotez que sería la plaga mundial desde finales del siglo XX y estallaría en el siglo XXI. El célebre baile de la sardina, aquel amontonamiento de borrachos y monigotes presididos por una bacante bajo el estandarte de la sonrisa imbécil que Goya había eternizado, volvía a presidir una capital española. (p. 148)
En varios sentidos es una obra de final de ciclo, que dicen los futboleros, pues por una parte completa la autobiografía de la que el escritor llevaba ya dos entregas, y también el título -¡tan teatral y dramático!- viene a significar el final del ciclo de la vida del propio autor si bien afortunadamente aún no se ha producido pero que evidentemente por propia experiencia y observancia de la evolución del ser humano, intuye, no andará muy lejana. Azúa tiene 76 años y le deseo muchos más años de vida en los que prosiga dándonos obras clarividentes, irónicas y de crítico humor como ésta que he leído.
10 ene 2021
Reto Serendipia Recomienda 2021
2.- "Pura pasión" de Annie Ernaux. Novela de autoficción. Hasta qué punto la atracción y la simple pasión pueden afectar la conducta de una mujer culta e independiente.
3.- "Nunca fuimos héroes" de Fernando Benzo. Novela negra policial. La lucha contra ETA vista desde la perspectiva policial. Muy interesante
Los tres libros que voy a leer para cumplimentar debidamente este Reto serán las siguientes:
6 ene 2021
Resumen del año que afortunadamente acabó. ¡¡Feliz Año 2021!!
- “Pura pasión” Annie Ernaux
- “Torquemada en la cruz” Benito Pérez Galdós
- “Tiempo de matar” John Grisham
- “El último Dickens” Matthew Pearl
- “Romanticismo” Manuel Longares
- “Relatos sin rumbo fijo” Javier ( blog 'Abrazo de Libro')
- “Huérfanos de sombra” María Suré
- “Justo” Carlos Bassas del Rey
- “Soledad” Carlos Bassas del Rey
- “Miedo” Stefan Zweig
- “El infinito en un junco” √ Irene Vallejo
- “Lluvia fina” Luis Landero
- “Lincoln en el Bardo” Georges Saunder
- "Necesito una isla grande" Rafael Soler
- “Senderos de tinta” Juan Cruz Lara Jiménez
- “Las leyes de la frontera” Javier Cercas
- “Cada hombre es una raza” Mía Couto
- “La madre de Frankestein” Almudena Grandes
- “Río Revuelto” Joan Didion
- “Gerona” Benito Pérez Galdós
- “Todo lo que hay que saber sobre poesía” Elena Medel
- “Nada que no sepas” María Tena
- “El mapa de los afectos” Ana Merino
- “El animal moribundo” Philip Roth
- “Lluvia fina” Luis Landero
- “Nunca fuimos héroes” √ Fernando Benzo
- “La delicadeza” David Foenkinos
- “Años luz” James Salter
- “Caminaré entre las ratas” David Pérez Vega
- “Doce horas” Mayte Esteban
- “Ladrilleros” Selva Almada
- “Los Cazalet (Los años ligeros)" Elizabeth Jane Howard
- “Los Cazalet (Tiempo de espera)" Elizabeth Jane Howard
- “El grito” Rafael Soler
- “El origen de la tristeza” Pablo Ramos

- “La Consulta” (Los Thibault 4) Roger Martin du Gard
- “La Sorellina” (Los Thibault 5) Roger Martin du Gard
- “Caligrafía de los sueños” Juan Marsé
- “Ficciones” Jorge Luis Borges
- “La fórmula preferida del profesor” Yoko Ogawa
- “La colina del Almendro” √ Mayte Esteban
- “1793” Niklas Natt och Dag
- “Penélope y las doce criadas” Margaret Atwood
- “Jude el oscuro” Thomas Hardy
- “El ferrocarril subterráneo” Colson Whitehead
- “El tiempo es un canalla” Jennifer Egan
- “Telefónica” Ilsa Barea-Kulcsar
- “Manhattan Beach” Jennifer Egan
- “La Romana” Alberto Moravia
- “El asesino ciego” Margaret Atwood
- “los chicos de la Nickel” Colson White head
- “Tres funerales para Eladio Monroy” Alexis Ravelo
- “El plan A” Miguel Griot
- “Coños” Juan Manuel de Prada
- “Los milagros prohibidos” Alexis Ravelo
- “Los poetas de la Venida” VV AA
- “El disputado voto del señor Cayo” Miguel Delibes
- “Los favoritos de Midas" Jack London
- “La belleza del marido” Anne Carson
- “Juan Belmonte” Manuel Chaves Nogales
- “Amsterdam” Ian McEwan
- “Las pruebas que nunca existieron” César González Zamora
- “Confesiones de un comedor de opio inglés” Thomas de Quincey
- “La falta” Paula Izquierdo
- “Los nombres epicenos” Amélie Nothomb
- “Conspiración en Atenas” León Uris
- “Golpéate el corazón” Amélie Nothomb
- “Olga” Bernhardt Schlink
- “Macbeth” William Shakespeare
- “Espía de Dios” Juan Gómez Jurado
5 ene 2021
"Olga" de Bernhard Schlink
"—Éramos más pacientes que vosotros. En aquella época muchas parejas pasaban meses, incluso años, separadas, y solo se veían durante breves periodos. Tuvimos que aprender a esperar. Hoy todos vais en coche y en avión y habláis por teléfono y pensáis que el otro está siempre disponible. Pero, en el amor, el otro nunca está disponible."
"Cuando leía se impacientaba enseguida, pues le parecía que la acción podía desarrollarse con mayor rapidez hasta su objetivo, o el pensamiento de forma más directa hasta su conclusión. Su preceptor había mencionado a Nietzsche, la muerte de Dios, el superhombre y el eterno retorno, y Herbert esperaba encontrar respuestas a sus preguntas en Nietzsche."
De su estilo es destacable el perspectivismo del que se sirve para construir y completar a sus personajes principales. La propia estructura en tres partes con un narrador diferente en cada una de ellas (externo omnisciente en la primera, testigo presencial en la segunda, y la primera persona directa en la tercera parte epistolar) crean en el lector el efecto de construcción demorada, acumulativa y como por suaves oleadas. Esta manera de realizar la narración es deliciosa y subsume al lector en su interior. Si a esto unimos la manera delicada y como de pasada de presentar la realidad que rodea al personaje, con pequeñas referencias, de modo semejante a la ejecución, a base de simples enumeraciones tipo breves brochazos, de un cuadro impresionista o puntillista ("¡La de cosas que se podían ver y oír sin la distracción que suponía conversar! La hierba y las flores, las hojas de los árboles, algunas verdes y otras rojas, los escarabajos, el canto de los pájaros, el viento entre las ramas… El olor de la madera resinosa y recién cortada y el de los troncos mohosos, caídos hacía tiempo; a finales de verano, el olor a setas y en otoño el de hojas descompuestas."), el disfrute durante el acto de lectura es grande, inmenso.
Hay mucho culturalismo en el relato. No sólo de naturaleza literaria como el ya comentado sino también pictórico:
"Admiraba cuadros de cuando era joven y por sí sola había descubierto el arte: de Anselm Feuerbach y Arnold Böcklin, pasando por los impresionistas, hasta llegar a los expresionistas. Una de sus obras preferidas era La ejecución del emperador Maximiliano, de Édouard Manet."
"—Os preocupa la moral, ya lo veo —respondía ella, con una mirada colérica—. Quien moraliza quiere grandeza y, al mismo tiempo, comodidad. Pero nadie es tan grande como la moral que va preconizando, y ser un ser moral nunca ha sido fácil."














