25 oct 2023

Presentación del Decamerón del siglo XXI en Café Comercial (Madrid)

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El lunes 27 de noviembre algunos de los miembros del Colectivo Literario Bremen presentaremos la colección de relatos Decamerón del siglo XXI en el Café Comercial de Madrid. El evento entra a formar parte de la actividad Lunes Literarios que Café Comercial realiza de manera habitual dicho día de la semana a las 19 horas. El escritor Rafael Soler, alma de estos Lunes Literarios, será quien abrirá el acto dando a continuación la palabra a los miembros del Colectivo Literario Bremen que hablarán de dicha formación: sus actividades, publicaciones y en especial de este Decamerón del siglo XXI

¡¡Nos vemos el lunes 27 de noviembre a las 19:00 horas en Café Comercial!!

21 oct 2023

Antonio Orejudo: Un momento de descanso

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✔«Cifuentes admiraba a aquellos físicos y neurobiólogos aficionados a la literatura y capaces de mantener una conversación de cierta profundidad sobre (pongamos por caso) los fundamentos del arte contemporáneo. ¿Qué colega suyo en el Departamento de Spanish podía decir siquiera cuáles eran los principios generales de la física cuántica?
✔«Al final comprendí que obsesionarse con distinguir nítidamente entre realidad e imaginación era un error operativo y conceptual que además conducía a la neurosis. Entendí que era más razonable —y también más exacto— considerar que la imaginación es un sexto sentido, tan fidedigno o engañoso como los demás.»

Antonio Orejudo, Un momento de descanso
Sinopsis
(proporcionada por la propia editorial)
Como un fantasma del pasado, Arturo Cifuentes reaparece un día en la vida del narrador Antonio Orejudo. Cifuentes es un viejo amigo de la facultad, con el que Orejudo compartió casa en Nueva York, cuando ambos encontraron sus primeros trabajos en Estados Unidos, y al que suponía ya establecido en aquel país. Han pasado diecisiete años desde la última vez que se vieron, Cifuentes se ha divorciado y ha regresado a España para ocupar un puesto en la facultad donde estudiaron. Y tiene mucho que contar: las relaciones con su hijo adolescente, la crisis de su matrimonio, su infausta peripecia profesional y, sobre todo, su desencanto profundo con las humanidades. El narrador, que recapitula también sus experiencias determinantes de aquellos años, no sospecha, sin embargo, que su viejo amigo quiere proponerle algo de más calado, que les afecta a ambos: desenmascarar a los farsantes, descubrir las raíces de una vieja y permanente conspiración.

Un momento de descanso se estructura en tres partes. Primera, 'Aparece un fantasma', relata el encuentro de Antonio Orejudo con Arturo Cifuentes y la puesta al día de la vida de éste durante los 17 años que estuvieron separados. El propio Arturo le ha buscado porque desea que Orejudo escriba una novela denunciando la impostura del que fuera su benefactor, Augusto DesmoinesSegunda, 'El nacimiento de un escritor', cuenta la vida de Orejudo en USA: Cómo nace su estilo literario mezcla de realidad e imaginación desbordante colocados ambos en el mismo nivel, lo que provoca el descontrol en el lector que quiere deslindar siempre lo sucedido real de lo sucedido imaginado. Antonio Orejudo confiesa que así, con esta técnica de escritura, es con la que escribió sus tres obras anteriores, en especial la primera, Fabulosas narraciones por historias, gestada en USA, y también las dos siguientes. Tercera, 'La felicidad', momento en que la trama da un giro de 180º: los propósitos iniciales de Arturo Cifuentes van a difuminarse y las seguridades del propio Orejudo se tambalean al ver que las versiones sobre lo mismo de unos y de otros difieren mucho, radicalmente en ocasiones. Con todo y con ello al finalizar la novela encontramos que la ahora nonata novela, antes deseada,  sin embargo acabamos de tenerla en nuestras manos. 

Antonio Orejudo, que es profesor titular de Literatura española en la universidad de Almería y que pasó siete años en  distintas universidades estadounidenses, tira de su experiencia americana y española para confeccionar un relato en el que la realidad compite con la ficción rompiendo fronteras. Cuando la realidad no es suficiente la ficción acude para llenar ese vacío. En definitiva esto es la novela que tenemos en nuestras manos, una habilidosa y bien lograda mezcla realidad-ficción que alcanza una simbiosis tal, que se hace difícil si no imposible separar ambas dimensiones. Este es en definitiva y por lo que llevo leído de Antonio Orejudo la principal seña de identidad de su estilo, de su manera de escribir.
 
Leyendo Un momento de descanso observamos cómo la integridad de la persona como valor supremo de comportamiento se tambalea y se relativiza enfrentado con el día a día del mundo. Da la impresión de que todo se quiebra, se fragiliza y que aspectos aparentemente tan insustanciales como la denominada democratización del lenguaje están, o pueden estar, en la base de la demolición de los valores supremos. Y a todo esto, viene a preguntarse el autor convertido en personaje de su propia novela, ¿existen valores supremos? Vivimos en un mundo en el que no existe seguridad alguna ante nada. Antonio Orejudo presenta estas cuestiones tan profundas y serias envueltas en un atadillo de humor que hace de la lectura de su novela un más que agradable pasatiempo. Pasatiempo que desde luego no equivale a pérdida de tiempo dado que hay mucha sustancia en todo lo que aquí él escribe. El contexto -de la importancia del contexto se habla mucho y con acierto en la novela- es la vida universitaria, en especial la universidad española y también, aunque en menor medida, la americana.
«¿Nunca se ha parado a pensar por qué apenas se han escrito novelas de campus en español? Yo se lo voy a decir: [...] Una novela realista, cualquier libro sobre la universidad española, aunque sea un libro de investigación como el suyo, está condenado a convertirse en una astracanada. Los que no conocen el mundillo académico pensarán además que es inverosímil. Haga la prueba.»
En el fondo esto es lo que el propio Antonio Orejudo está realizando y poniendo en nuestras manos, una novela realista sobre la universidad española. Pese a la enorme seriedad del asunto que se trata, en esta narración, como ya he dicho, hay humor, mucho humor. Es un humor inteligente, irónico, paródico, que esconde una carga crítica de gran profundidad, pero que es muy deseable. Ejemplos los encontramos a mares en Un momento de descanso: la crítica a la alta cocina; crítica al victimismo (negros, mujeres, homosexuales...); al mundo universitario español: enchufismo (oposiciones dadas, etc.), envidias entre colegas...; al sistema escolar americano: el niño Edgar sin aptitudes para la danza es animado por su profesora para participar en un concurso televisivo enfrentándose al padre, Arturo Cifuentes...

Pero en esta novela no sólo hay trama, asunto, relato. También es muy importante el estilo que muestra su autor. Muchas son las características del mismo que han llamado mi atención, por ejemplo la  innovación en la introducción del diálogo en estilo directo eliminando los signos de puntuación, pero manteniendo los verbos que lo introducen «Dice» - «digo»; también la conversión, sin previo aviso, de la narración novelística en un musical cinematográfico o en un collage de géneros; igual que la mucha metaliteratura y también autobiografismo que como todo en esta novela lindan con la autoficción («Yo, un tema que me sabía de memoria y recitaba de corrido. Yo, un tema que cada vez me aburría más.»), tendencia con la que el autor ironiza hasta el extremo de que en la narración quienes más insisten en su expulsión de la institución americana en la que él disfrutaba de una beca de profesor asociado son precisamente 
«Los profesores más jóvenes y más sensibles a lo posmoderno digamos, los mismos que habían escrito ensayos sobre la autoficción o que estudiaban la mezcla de realidad e imaginación en la narrativa contemporánea fueron los más intransigentes conmigo. 
[...] Los seniors, en cambio, los profesores más veteranos, los que se habían formado en la vieja escuela, fueron más indulgentes. Especialmente Elias Rivers.»
Claramente circula, contenido en la cita anterior, muchísimo humor; un humor que incide en que no existe necesariamente mayor verdad o consistencia en los jóvenes que en los mayores y para ello  Antonio Orejudo lo que hace es parodiar, hacer uso, en una arriesgada vuelta de tuerca, del sentido carnavalesco tan propio del  posmodernismo. 

Es Antonio Orejudo, en sentido lato, un humanista. Y es él mismo quien en la figura de su personaje o en la de otros ficticios que lo acompañan en la narración (Arturo Cifuentes, Virgilio Desmoines, Francisco Almendra, Raquel Medina, etc.) hace una acerada crítica de las humanidades versus la ciencia. Es muy interesante y hasta divertido el choque dialéctico entre Arturo Cifuentes y su novia Lib -luego ya esposa- cuando, siendo Cifuentes y Orejudo profesores becados en USA, discuten sobre si mejor sería que los niños estudiasen Historia de las Ciencias y no Historia de la Literatura. Pero el novelista no se para en barras y su crítica irónica llega incluso hasta el sarcasmo, como cuando lanza esta afirmación sobre la Filología Hispánica:
«Filología Hispánica aún no se había convertido en una carrera de saldo, aún no era la licenciatura de los que no pueden estudiar algo más serio por falta de capacidad o de nota media. Cuando nosotros entramos en la universidad, Filología Hispánica era todavía una disciplina en la que se matriculaban no sólo quienes no servían para las ciencias, sino también jóvenes de cierta cultura, chicos a los que les interesaban de verdad las letras, y que habían leído bastantes libros para su edad.»
Penosamente coincido con la afirmación que, cuando se redacta esta novela aparecida en 2011, vierte Orejudo acerca de estos estudios; una afirmación que he oído a muchas otras personas (ahora mismo recuerdo al arquitecto y académico de Bellas Artes Luis Fernández-Galiano lamentándose de que las humanidades, los estudios filológicos, se hubiesen desprestigiado de tal guisa en los años finales del siglo XX e iniciales del XXI). ¡O tempora, o mores! 
 
Dejo para el final, pero no lo pienso desvelar, claro, el escondido sentido del título, de ese sintagma nominal, Un momento de descanso. Leyendo la novela queda claramente diáfano. Sólo diré, a modo de resumen, que la novela realiza un recorrido por los entresijos de la integridad humana. ¿Mejor acomodarse que exigirse? ¿Mejor la mediocridad que la excelencia? ¿Dónde y mejor se consigue la felicidad? Todos estos extremos son los que se cuestionan y se ponen en solfa en esta novela de Antonio Orejudo en la que él mismo, como he dicho, se metamorfosea en personaje.

Nota final
Es seguro que algunos elementos propios del estilo de Antonio Orejudo, presentes en Un momento de descanso, habré dejado sin señalar, sin consignar, sin destacar. Estoy convencido de ello porque la novela es, aunque breve, prolija y densa en detalles, en rasgos particulares, en signos definidores de las novelas de su autor. Por ello y para paliar en lo posible esta laguna, esta carencia, remito a la reseña que el pasado mes de marzo publiqué en este mismo blog de la primera novela del autor titulada Fabulosas narraciones por historias. Creo que en esa primera obra ya están presentes, si no todas, sí muchas de las características estilísticas que significan la novelística del escritor madrileño.

19 oct 2023

Algunas películas vistas en lo que va de 2023 (A pares XL, 1ª 1/2)

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Me paro a pensar y reparo en que desde el lejano mes de diciembre de 2022, salvo por la breve referencia que hiciera en marzo a la versión fímica de Largo domingo de noviazgo, nada he dicho en el blog sobre películas vistas durante estos meses. La verdad es que han sido mayoría los títulos que desde el sofá he mirado y algunas las que he visto con suma atención. Sobre la sutil diferencia entre "mirar" y "ver" se ha escrito mucho. Frente a "ver", percibir por la vista, y "mirar", dirigir la vista a un objeto, hay una sustancial diferencia de ejercicio de la voluntad. 

Es seguro que en esta relación apresurada y memorística algunos títulos se me habrán olvidado. Pero también diré que la memoria es selectiva y suele dejar caer lo que para ella no ha suscitado mucho interés. Veintiséis son las películas que en este barrido recordatorio he consignado. Al ser tantas he dispuesto sus carteles anunciadores en dos collages. El primero contiene los títulos de filmes visionados durante los cinco primeros meses del año. De los trece que forman la composición fotográfica siguiente sólo uno vi en sala de cine, Harka de Lotfy Nathan.

Collage creado con los carteles anunciadores de las películas citadas en esta entrada 
Por orden, las películas que he visto son:

El comensal de Ángeles González Sinde (Movistar +), película que adapta la novela de Gabriela Ybarra que hace ya siete años reseñé en este blog [leer la reseña aquí]. Me interesaba mucho ver cómo la que fuera ministra de Cultura abordaba esta historia del reencuentro de una nieta, la mismísima novelista, con el espacio donde su abuelo fue abatido por ETA. Interesante film.  

A Todo a la vez en todas partes de Dan Kwan (M+) me acerqué sólo por la curiosidad que me produjo haberse alzado con el Oscar 2023 a la mejor película extranjera. La verdad es que su larga fantasía distópica me aburrió un poco. Yo ya estoy en un momento en que experimentos, los justos. 

Los jóvenes amantes de Carine Tardieu (M+) la vi con seguridad por recordarme su sinopsis a Annie Ernaux, flamante premio Princesa de Asturias de Literatura 2022. Para mi sorpresa no es ella la guionista sino la misma directora, pero la historia de una amor entre hombre de 45 y mujer entrada en la setentena es atractiva y está tratada con mucha elegancia.

La peor persona del mundo de Joachim Trier (M+) es una peli noruega que me gustó bastante. Una joven algo inmadura abandona una relación estable por una aventura. Luego las circunstancias y sucedidos harán que sus expectativas cambien. Historia romántica muy recomendable. Galardonada con el Goya 2023 a la mejor película extranjera.

Goyas 2023, Pilar Palomero, Mujeres
Dentro de las películas que se presentaron a los Goya de este año en esta relación aparecen unas cuantas como Modelo 77 de Alberto Rodríguez (M+), Cerdita de Carlota Pereda (M+) o El agua de Elena López Riera (Amazon) y La maternal de Pilar Palomero. Otros filmes galardonados o nominados para estos Goya 2023 los vi a finales del año pasado (As bestas, Alcarrás, Cinco lobitos, etc.). Salvo La maternal de Pilar Palomero. que me pareció más de lo mismo. todas me agradaron bastante. Con 'más de lo mismo' quiero decir que no vi en este film avance alguno respecto a Las niñas que la directora rodara en 2020 y que se alzó con varios premios Goya ese año: mejor dirección novel, mejor película, mejor guion y mejor fotografía. Ningún avance respecto a esta. De las otras tres, Modelo 77 y Cerdita me parecieron muy buenos filmes. La primera por mostrar de manera ficcionalizada un  momento histórico importante: la Transición, vista desde las cárceles en 1977. La segunda, Cerdita, es una muestra costumbrista de hasta qué punto de terror puede llegar el bullying a una joven al fijarse los acosadores exclusivamente en su aspecto físico, en este caso, su sobrepeso. El papel de Laura Galán, Carmen Machi y el resto del elenco raya a gran altura.

De Compartimento nº 6 de Juho Kuosmanen (M+) ahora mismo no recuerdo mucho; es lo que tiene no tomar nota inmediata de las emociones que una peli suscita. Algo parecido me sucede con Vasil de Avelina Prat (Filmin). De ésta, y pese a lo dicho sí que recuerdo el papel de Karra Elejalde en su relación con Vasil, un búlgaro que vive en la calle y al, que acoge en su casa.

Dos películas de la relación de 13 títulos que aparecen en el collage he visto, además de Vasil, en Filmin. Son Living de Oliver Hermanus y El club del odio de Beth de Araújo. Estos dos títulos, así como muchos otros a los que acerco, se los debo a Miguel Pina del estupendo blog Cine y críticas marcianas que desde hace años sigo con atención, pues siempre hace estupendas recomendaciones. En esta ocasión, de estos dos títulos -que conste que él mismo ya lo advertía en las respectivas críticas- salí muy satisfecho de Living, una emotiva historia sobre la necesidad de enfocar la vida en lo importante y no en lo superfluo y accesorio; sin embargo el visionado de El club del odio no me satisfizo. La película de Beth de Araújo, a no ser que mi desconocimiento de la realidad en que vive la América profunda me suscite esta opinión, me pareció algo inverosímil y su puesta en imágenes tampoco me agradó demasiado.

Dos películas he dejado para el final de esta primera entrega de este A pares número XL: Harka de Lotfy Nathan (que vi en una sala de Salamanca, mi ciudad natal) y Close de Lukas Dhont (M+). La primera es una coproducción franco-tunecina que muestra las dificultades por las que después de 10 años de la revolución en Túnez pasa la juventud de dicho país. La sensación de haber sido engañados y la necesidad de salir de allí para mejorar de vida es lo único que tiene en su cabeza Ali, el protagonista de la cinta interpretado por Adam Bessa. Más documento de denuncia que obra artística, pero que me gustó mucho.
 
Por su parte Close de Lukas Dhont, es una película que me ha satisfecho muchísimo. Estuvo entre las cinco películas nominadas al Oscar a la mejor película internacional, premio que no se llevó como ya he dicho al nombrar Todo a la vez en todas partes de Dan Kwan. Presenta ese difícil momento de paso de la niñez a la adolescencia en que comienza a fraguarse un nuevo sentido de la amistad, en que la traición al amigo de cuando niños surge por la necesidad o el deseo de ser aceptado en un grupo. La pareja de actores (Eden Dambrine, Gustav De Waele) que dan vida a los dos niños, ahora ya adolescentes, cumplen sus roles de manera impecable. También los adultos, en especial Eden Dambrine, madre de uno de ellos, actúan de manera excelente. La confusión de sentimientos identitarios en una edad de búsqueda, el bullying, la homofobia, la soledad..., todo esto y más aparece en esta película que sin duda es una de las que más me han gustado de las vistas durante este año 2023.

Dejo para un próximo Películas vistas en lo que va de 2023, la segunda parte de este A pares número XL. No conviene abrumar ni abrumarse. Hasta entonces, un saludo de cine.



13 oct 2023

Los Zelmenianos. Novela de Moyshe Kulbak

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«El gato dormitaba junto al horno. La tía guardaba silencio cuando escuchaba el consejo que le llegaba de todos lados:
—¡Que Itche vaya a trabajar en una fábrica textil!
Nunca habría creído el tío Itche que en su vejez cometerían con él semejante bajeza.
—¡Conviértete en obrero de una vez! ¡Viejo tonto! —le insistían»

Moyshe Kulbak, Los Zelmenianos
Realizar el Reto 'Autores de la A a la Z' tiene muchas ventajas. Una de ellas es la necesidad de buscar autores cuyo nombre o apellido con el que se le identifica comience por determinada letra. La 'K' es siempre complicada de cumplimentar, pues además de Kafka y algunos escritores orientales pocos más lo portan. Por esto cuando en la última Feria del Libro de Madrid me detuve en la caseta de la editorial zaragozana Xórdica y vi la novela de Moyshe Kulbak dije para mí: «lo encontré». Tomé el libro en mis manos y comencé a hojearlo. Quien atendía al público, al detectar mi interés, amablemente se dirigió a mí y me explicó la génesis de Los Zelmenianos, su primera escritura en yiddish, el malhadado destino de su autor al caer en desgracia estalinista, la ignorancia en España de este título hasta que en 2016 la editorial Xórdica la publicó en traducción de Rhoda Henelde y Jacob Abecasís directamente desde el yiddish, y otra serie de informaciones más.
Todo esto que digo me contó el vendedor; tan bien lo hizo, que me convenció y procedí a adquirir la novela. La he leído, la he disfrutado, me ha mostrado aspectos de la primera URSS que desconocía, y he transitado por tres generaciones de judíos bielorrusos a lo largo de unos setenta años. Una grata experiencia.

Los Zelmenianos es una novela de Moyshe Kulbak a la que, como digo, he llegado de carambola, casi sin proponérmelo. Sin embargo el resultado ha sido bueno pues la historia me ha parecido interesante y el estilo utilizado en ella también me ha resultado curioso. Pese a estos dos rasgos (historia y estilo) confieso que en ciertos momentos me ha supuesto cierto esfuerzo avanzar en el libro. He logrado culminarlo y ahora ya, desde la cumbre de la novela acabada, creo que la historia merece y que la peripecia vital del autor debe de ser conocida, admirada y sí, también, llorada.

En fin, estamos en la Rusia soviética que está llevando a cabo la instauración de programas de colectivización superada ya la guerra civil que siguió a la primera guerra mundial, conflicto bélico durante el cual se produjo la Revolución de 1917. En esos años de colectivización obligada por las autoridades estalinistas (1928-1933) se está realizando la verdadera revolución que romperá la unidad dentro de las comunidades. En el caso de la novela de Moyshe Kulbak la comunidad (el «patio de reb Zélmele») está radicada en Minsk y es de judíos askenazis bielorrusos dedicados a artesanías liberales (relojería, sastrería, carpintería, curtiduría...); este tal reb Zélmele levantó el patio junto a su esposa, la abuela Bashe, 70 años atrás. 
 
Lo que se nos cuenta en Los Zelmenianos es la historia de los cuatro hijos que tuvo esta pareja y la de sus nietos, los hijos de estos cuatro. Cómo los ideales de reb Zélmele cayeron empujados por un supuesto progreso que imponía el maquinismo, el Cine, la industrialización, la electricidad, el mundo fabril que iba contra el trabajo individual artesano que era lo que practicaban estos judíos (sastre, relojero, carpintero...) tenidos por esto como kuláks, pequeño-burgueses contra los que había que ir. El choque y la incomprensión se produce entre los cuatro hijos de reb Zélmele (tío Itche, tío Zishe, tío Yuda y tío Folie) y sus propios hijos y sobrinos. La manifestación de este distanciamiento, ruptura generacional entre padres e hijos viene significada en el alejamiento de la práctica religiosa de los jóvenes («bribones») respecto de sus mayores. Así Sonie y Tonke, hijas de tía Guite y tío Zishe, se emparejan y tienen hijos con gentiles, algo que sus padres y tíos no comprenden pero deberán aceptar. Incluso, una de ellas, Tonke, regresará al patio tras una larga estancia fuera de casa sola y con un bebé en sus brazos. 
La edición incorpora a manera de marcapáginas el árbol genealógico de los Zelmenianos

Hay una fuerte crítica al sistema comunista que se está imponiendo desde arriba con la aceptación forzada de los súbditos. Entrar en el Partido, hacerse funcionario de las diferentes agrupaciones socialistas comunitarias que están surgiendo es una buena cosa para sobrellevar estos súbitos cambios. Así Bere, hijo de tía Málkele y tío Itche, al volver de la guerra se hace policía y en el «patio» será la autoridad a quien consultar cuantas acciones se realicen allí. Incluso Bere, casado con Jáyele, la hija de tío Yuda y tía Hesie, se negará a ponerle el nombre judío de Zalmen a su hijo; a cambio le pondrá el nombre de Marat. La justificación que da para evitar el nombre del abuelo es ciertamente insidiosa:
 «Aún he de reflexionar sobre el nombre, pero en cualquier caso el niño no se llamará Zalmen, debido a que el abuelo reb Zélmele fue, según muchos indicios, un kúlak, un campesino rico, y además no tengo del todo claro de dónde sacó el dinero para construir el patio. Sí, realmente, ¿de dónde?» 
Sobre este abandono de la tradición y el choque padres-hijos se ve cómo al morir el tio Zishe, su yerno, Pavel Olshevski, no judío marido de Sonie, le pregunta a ésta por cuestiones religiosas demostrando su más absoluta ignorancia. Hay que recordar que este casamiento fue algo que siempre enfadó a Zishe hasta el punto de haber sido el desencadenante de su fallecimiento.
En el extremo opuesto de estos «jóvenes bribones» están los padres y tíos «juiciosos» cuya vivencia del judaísmo en sentido pleno puede verse en muchos momentos. Uno de ellos muy evidente y significativo se da cuando el tío Yuda decide abandonar el patio y prepara su equipaje:
«metió el taled y las filacterias, el violín, una libra de pan, un par de cebollas, en fin, todo lo que necesita un ser humano para emprender viaje.»

En cuanto al estilo utilizado hay que decir que en la época en que Moyshe Kulbak publica por entregas los episodios que componen Los Zelmenianos los escritores sufrían una fuerte presión para que abandonasen cualquier experimentalismo literario y se acomodasen a la línea oficial del realismo socialista. En la novela se encuentran manifestaciones de ambas tendencias, si bien predomina la del realismo socialista que poco o nada dejaba a la imaginación libre del lector. 

Experimental es la ruptura de la linealidad gráfica de un párrafo acercándolo a la formalidad propia de los metros poéticos. La finalidad claramente es la de imprimir ritmo fónico a la expresión:

«El salón está envuelto en la penumbra. Tsalke el del tío Yuda, con los codos apoyados en la mesa, fuma un cigarrillo de liar. Contempla como salen a empujones, entre risas,
      a través de
                            la puerta,
                                                los
                                                        ocho
                                                                        bribones.
»

Respecto a esta y otras innovaciones dentro de la novela hay instantes muy logrados. Así en el capítulo 16 del libro 2, y también en otras partes del libro, el autor escribe una prosa rítmica, con recursos propios de la lírica. Es una prosa que a retazos más o menos regulares repite una secuencia fónica Noche cálida»/ «Noche oscura. Tierra negra, tejados negros, en vísperas del brote de los tonos verdes» / «La Osa Mayor, vista del revés, cuelga del cielo en el lado norte del patio»)

Algunos otros vanguardismos utiliza Moyshe Kulbak, pero, como digo, predomina la línea realista que el socialismo real imponía en arte y literatura. En este sentido, y pese a todo, también el escritor bielorruso consigue momentos de elevada belleza, aunque a veces, quizás por esa imposición estética, algo almibarada:
«En las márgenes del patio de reb Zélmele se han formado alegres regueros burbujeantes de vísperas de primavera, y sobre las paredes pasean retazos soleados. El patio se va despojando de las sucias nieves como un ave se sacude las gotas de lluvia»

Moyshe Kulbak. muestra en Los Zelmenianos su total oposición a arrancar por la fuerza las tradiciones. Él, judío askenazi como los personajes de su relato, no se opone a lo bueno del Nuevo Orden comunista, pero sí denuncia las barbaridades que en su nombre se estaban cometiendo. Ese enfrentar generaciones entre sí, hijos con padres, hermanos con hermanos sólo por razones ideológicas disgusta al escritor bielorruso. Todo esto lo expone con suma claridad en esta narración. Y por esto no fue del agrado de las autoridades, las cuales en 1937 retiraron del cartel la representación de una obra suya por, según estos funcionarios, presentar «demasiados mendigos y barbudos abandonados, y demasiados pocos proletarios».

Moyshe KulbaK, Los Zelmenianos
Retrato de Moyshe_Kulbak_1984_
Anatoly_Nalivaev (de Wikipedia)
Hasta que se produjo su caída en desgracia en ese año de 1937 su producción literaria había sido aceptada dado que mostraba las tradiciones y el folclore del pueblo judío sufriendo muchas veces bajo la opresión zarista. Sin embargo cuando en 1931 se publica en Moscú el primer libro de la novela titulado «Los Viejos» y en 1935 en Minsk el segundo de nombre «Bere», ambos escritos en yiddish o judeoalemán,​ idioma perteneciente a las comunidades judías asquenazíes tanto del centro como del este de Europa, comenzó a ser mal mirado por los mandatarios quienes en 1937 lo encarcelan, enjuician por subversivo y lo condenan a muerte. Su esposa también sufriría cárcel durante diez años. A ella, de nombre Zelda, le dirán cuando la liberen en 1946 que «Moyshe Kulbak halló la muerte en 1940 por extenuación».

Para finalizar
No quisiera cerrar esta reseña sin señalar la innegable veta humorística que aflora no pocas veces en esta novela. Así no he podido por menos que recordar la película  Tiempos modernos de Charles Chaplin cuando el tío Zishe, que era persona respetable y burguesa «se sintió empujado con todos los demás, comenzó también él a gritar algo y por un instante pasó por su imaginación que él también era un bolchevique, ¡estaba marchando detrás de la bandera roja!». Cuando es consciente de su desatino, se marcha de la manifestación a través de una callejuela lateral. Mi evocación de Charlot al frente de una manifestación obrera me hizo sonreír; más tarde, comprobando fechas, vi que la película de Chaplin apareció un año más tarde que la segunda novela de Kulbak. ¿Quién influyó a quién? Está claro.
La ingenuidad de estos judíos artesanos liberales la muestra el judío Moyshe Kulbak presentando a otro de los tíos, el tío Itche, disfrutando de manifestarse como representante de los artesanos independientes portando en sus manos un ramo de flores para entregar a un comandante del Ejército Rojo. ¿Artesanos independientes en la Rusia soviética estalinista? ¡Qué humorada!

También hay humor en la referencia metaliteraria que el propio autor hace de sí mismo poniendo en boca de Tonke un poema suyo. El propio novelista se identifica como zelmeniano, o sea, judío de los Viejos, en palabras de Tonke:

«Hay una canción de un poeta zelmeniano de nombre Kulbak, que siempre me ronda por la cabeza:
Y a los jóvenes de bronce
les asaltó entonces
la voluntad
de calmar
la ira
de los años
desperdiciados.»
Esta misma Tonke, en el libro segundo cuando vuelve al patio con un hijo sin padre en sus brazos, es requerida por la vieja esposa del bedel de la sinagoga, la tía Neje, y por Ester, la maestra de caligrafía, para que les diga el nombre del padre de su bebé. Ella se revuelve y les dice que era un buen bolchevique y además gentil. Ellas le proponen que se case con un judío para solventar la situación. ¿Por qué no con Tsalke? Al negarse ella, muchos de los del patio dicen cosas como que rezando nadie se ha quedado embarazada 
«Por rezar sus oraciones nocturnas, tío [al tío Zishe, su padre], ninguna mujer se ha quedado encinta.»
Humor y metaliteratura, una buena combinación que es fácil que pasara desapercibida para no pocos lectores.  

Muy humorístico me ha resultado el consejo que tío Yuda le da a su hijo Tsalke, tantas veces suicida quedado en el intento. Le dice que mejor que seguir siendo sólo intelectual, gran conocedor de la Torá, se hiciera bolchevique: «Si te haces bolchevique, vas por ahí con la bandera, y dices lo que hay que decir... [...] Tú eres una persona, bendito sea Dios, que maneja una pluma. Tú escribes, explicas, y entonces , ¿por qué no demostrarles que en realidad están equivocados, eh?...» Y a renglón seguido, aunque alaba que se derrocara al zar, critica que ahora, en ese preciso momento, se persiguiera todo lo judío.

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Con Los Zelmenianos de Moyshe Kulbak avanzo en la consecución de los retos "Autores de la A a la Z" y el de "Nos gustan los clásicos".


4 oct 2023

El "Decamerón del siglo XXI" ya tiene página web

11 comentarios:
Desde hace pocas semanas el Colectivo literario Bremen ha abierto una página web para su publicación Decamerón del siglo XXI. En dicha página se puede conocer con más detalle y una visualización más agradable y dinámica la composición de dicho colectivo literario, su gestación y su manera de proceder en sus periódicas reuniones.

Pero lo más importante es que permite un mejor acercamiento al volumen de relatos que está dando a sus autores y lectores muchas alegrías. De especial importancia es la sección Presentaciones en la que se puede acceder a las que hasta el momento han tenido lugar y donde se anunciarán las que se vayan a realizar. También me parece esencial la sección Comentarios de los lectores donde éstos pueden opinar sobre la publicación señalando sus aciertos o los defectos que pudieran encontrar en ella. Y por último para aquellos que aún no tengan el volumen en su poder en la sección Comprar encontrarán un listado no exhaustivo de direcciones y establecimientos donde poder adquirirlo.

Haciendo clic en la imagen se accede a la página web


Como añadido a esta breve entrada quisiera anunciar que el libro se presentará en el Café Comercial sito en la Glorieta de Bilbao de Madrid el próximo mes de noviembre. Oportunamente y cuando se concrete la fecha la anunciaré en este blogs y en redes sociales. 


29 sept 2023

Muerte en el Nilo, novela de Agatha Christie

25 comentarios:

Cierro septiembre con Muerte en el Nilo de Agatha Christie (1890-1976), novela que seguramente leí hace décadas y que ahora -concretamente durante las calorinas de agosto- he vuelto a leer. tras el éxito el año pasado de la película dirigida por Kenneth Branagh y la mejor y más popular de 1978 con Peter Ustinov y Angela Lansbury en los papeles principales, que he visto al tiempo que leía la novela, y que me ha servido para fijar mejor en mi memoria la maestría de la escritora británica.

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Durante unas placenteras vacaciones en Egipto, el detective Hércules Poirot coincide con Linnet y Simon, unos conocidos suyos que están de luna de miel en el país de los faraones.
El encanto de tan maravillosos días se rompe cuando una mañana, en el transcurso de un crucero por el Nilo, la bella Linnet aparece muerta de un disparo en la cabeza.
¿Será capaz Poirot de encontrar al asesino de la joven esposa? ¿Será capaz de discernir entre imaginación y realidad, aun estando a bordo la ex pareja de Simon, empeñada desde el mismo día de la boda en arruinar su matrimonio con la desafortunada Linnet?
El misterio está servido.

Muerte en el Nilo es una típica novela de la dama del crimen. Como tantas otras suyas (hay que recordar que Agatha Christie  escribió a lo largo de su vida nada menos que 67 novelas y más de 150 cuentos) se desarrolla en un espacio cerrado, en esta ocasión un barco, el Karnak, que remonta el Nilo hacia la segunda catarata del mismo. Con el ingenio habitual desarrollado por la autora, nuestra mente va culpando a unos y a otros hasta que en una especie de deus ex machina el intelecto de Hércules Poirot, el genial detective diseñado por la escritora, protagonista de unas 33 novelas y 50 relatos cortos, descubre al asesino y justifica el juego que ha llevado con sospechosos y lectores.

Me ha gustado mucho la introducción del mundo real -la popularidad del personaje literario Hercules Poirot- en la propia narración ficticia, de manera que el personaje alude a otros casos suyos -sería mejor decir, otras novelas de la escritora- como Asesinato en el Orient Express para justificar sus procedimientos. Esta entrada de la realidad (los libros existentes en la sociedad británica) en el mundo de la invención me ha recordado la que en la segunda parte del Quijote sufriese el ingenioso hidalgo y su escudero Sancho, reconocidos por no pocos personajes de ficción que dicen haber leído la novela (la primera parte) aparecida cerca de diez años atrás con enorme éxito.

La novela, publicada en noviembre de 1937, se desarrolla cuando Egipto aún está bajo la férula británica que controla el Canal de Suez y en cierta manera el país que no conseguirá desasirse definitivamente del yugo inglés hasta 1952. Así pues la idea de un país indígena con habitantes poco civilizados, tan cara para el lector inglés de esos años, es la que se transmite en la novela. Esta "barbarie" de los egipcios quizás pueda entenderse mejor si se tiene en cuenta que Agatha Christie comenzó a escribir la obra veinte años antes de su publicación, cuando ella ejercía de enfermera en la Primera Guerra Mundial con sólo 20 años. 

He de reconocer que aunque la novela me ha entretenido, durante su lectura he tenido la sensación de encontrarme ante un producto aviejado, que no ha soportado muy bien el paso del tiempo. Creo que la autora repite hasta la saciedad procedimientos narrativos suyos superconocidos y un desarrollo del suspense detectivesco que me ha resultado excesivamente utilizado. Quizás, esta sensación de archisabido se deba a los años que tiene quien esto escribe (¡seguramente!). 

Como he dicho, tras la lectura vi la película del año 1978 dirigida por John Guillermin protagonizada por un Peter Ustinov fantástico, quizás el actor que mejor ha encarnado al detective belga Hércules Poirot. En el papel de coronel Johny Race está un excepcional David Niven y en el de Salomé Otterbourne la inolvidable Angela Landsbury. No cito más intérpretes, todos ellos muy afamados (Bette Davis, Mia Farrow, George Kennedy, Jane Birkin...), por no extenderme. Creo que quizás lo mejor sea dejar en esta entrada el trailer del film que recomiendo ver a todos. 


La película que Kenneth Branagh ha dirigido y protagonizado como Hercules Poirot el año pasado no la he visto y por ello de ella nada puedo decir, ni a favor ni en contra.

21 sept 2023

Francisco Umbral: "Las ninfas", premio Nadal.

22 comentarios:

«El río y la acequia tenían un agua terrosa, sucia, marrón, embarrada, y esto contribuía a la sensación de Ganges purificador…Porque la otra purificación, la de la iglesia y la confesión, ya había descubierto yo que era también más física que espiritual... En las aguas oscuras de la iglesia había que bañarse con unas cuantas viejas que habían ido a confesarse, mientras en las aguas de la acequia se bañaba uno solo, rodeado de mujeres tersas e imaginarias, esas mujeres únicas que entrevé uno ya sin deseo, y que son las más frescas y puras»

Premio Nadal 1975, Las ninfas, Francisco Umbral
Entre los varios Retos literarios a los que me he apuntado a lo largo de la existencia de El blog de Juan Carlos había -o hay, no lo sé con certeza- uno que consiste en leer unos cuantos libros de esos que llevan aparcados en nuestra biblioteca un largo número de años. Las ninfas de Francisco Umbral era, sin duda alguna en mi caso, uno de ellos. No lo tenía en mi residencia habitual, sino en otra a la que acudo con frecuencia. Siempre parecía que, debidamente alineado junto a otros de igual suerte, me miraba desde su posición vertical, e igualmente yo, sin oírme ni el cuello de  mi camisa, me decía eso tan frecuente en los lectores de "a ver si un día de estos lo leo". Y por fin ese día llegó. El acicate para sacarlo de su encierro no ha sido otro que el Reto de Serendipia recomienda, un reto que me encanta realizar y que consiste en elegir unas lecturas de entre las que otros lectores por alguna razón han destacado. De las tres que hay que hacer para superarlo una de las elegidas por mí este año ha sido la de esta novela de Francisco Umbral señalada por Mar, del blog Leyendo con Mar.
 
No sé qué adjetivo ponderativo elegir para transmitir la satisfacción que su lectura me ha producido. Quizás el mejor, aunque suene algo cursi o relamido, sea el de 'preciosa'. Sí, me quedo con él. Su lectura ha sido más que satisfactoria para mí, me ha producido inmenso placer entrar en la prosa cargada de lirismo de este enorme escritor que por culpa de la estúpida simplificación que adorna nuestra época se le tiene ubicado dentro de una localidad titulada 'es que yo he venido a hablar de mi libro y veo, Mercedes, que aquí no se habla de mi libro', frase que comunicadores que poco o nada han leído de Umbral, repiten hasta el aburrimiento. Y la gente ríe, pero la gente, quizás por esto, no acude a su rica literatura, a los buenos libros de este magnífico escritor castellano que yo he disfrutado mucho. El lirismo contenido en Las ninfas me ha retrotraído al existente en otra de sus novelas memorialistas, quizás la mejor y más sentida de todas ellas, el diario escrito durante la mortal  enfermedad padecida por su hijo PinchoMortal y rosa, aparecida en 1975, un año antes de la que acabo de leer [en la reseña que hace unos años hice de La hora violeta de Sergio del Molino hablé del mágico lirismo contenido en Mortal y rosa].

Las ninfas es, como digo, una novela lírica, una novela memorialista en la que el autor relata su adolescencia en una ciudad de provincias que no es otra que el Valladolid de donde era su madre, si bien ella se desplazó a Madrid -según algunos biógrafos- para dar a luz y así evitar habladurías, ya que era madre soltera. Pero se puede decir sin temor a decir mentira que Francisco Umbral es vallisoletano, pues su nacimiento madrileño fue algo meramente accidental. En biografías escritas sobre el escritor se desvela el nombre del padre, Alejandro Urrutia, un abogado cordobés padre del poeta Leopoldo de Luis; también el de la madre, Ana María Pérez Martínez, secretaria de éste. De lo sucedido a su madre, de la reacción de la familia ante la preñez sobrevenida, de qué hacer para evitar murmuraciones, en Las ninfas nada se dice; es otra novela anterior (Los males sagrados, 1973) la que se centra en ese momento y primerísima niñez del escritor.

Es Las ninfas una novela perteneciente a la serie Francesillo (alter ego de Umbral), grupo de ocho novelas en las que el autor ficcionaliza su propia biografía. De las ocho yo había leído antes de Las ninfas y ya hace tiempo dos: Los helechos arborescentes (1980) y Leyenda del César visionario (1991); guardo más recuerdos de la segunda, en la que el autor pone su mirada en las contradicciones de los intelectuales falangistas respecto al general Franco, que de la primera, más centrada en las vivencias duplicadas y algo irracionales de un niño durante la guerra civil; pero la sensación que me devuelve mi memoria es la de también plena satisfacción y disfrute con la prosa desplegada en ellas. 

En la novela que nos ocupa el adolescente narrador siente la llegada del ardor y la llamada y/o necesidad de mujer para aplacarlo. El chico, antes de descubrirlas a ellas, inalcanzables, misteriosas, mágicas y sensuales ninfas, se apaña consigo mismo anticipando en él los futuros placeres que encontrará en ellas
  • «La insinuación, el deseo, la progresión erótica, el hastío, la depresión, todo eso lo vive el adolescente en su cuerpo, como reflejo que le viene del futuro, de lo que luego va a sentir con las mujeres»
  • «Los poetas hablan de crisálida, cuando se refieren a la adolescencia. Yo prefiero hablar de retrete.»
El descubrimiento de las ninfas lo realizará Francesillo en la plaza de San Miguel, donde corren chicos y chicas, cuando, jugando a las prendas, María Antonieta, la hija de la pescadera, cumple el mandado  de besar al chico que le guste acercándose a él para besarlo en la frente. Desde ese momento el futuro entrevisto en su solitario erotismo se hace patente. Junto a su amigo Miguel San Julián, que va para obrero manual y que es pareja de Jesusita la vinatera, explorarán el amor, se divertirán con ellas, se enamorarán de ellas. La otra ninfa es Tati, tenida por la chica más fácil de la plazuela; el otro amigo es Cristo-Teodorito, niño muy religioso con el que Francisco conoce la Congregación, donde los frailes tenían un espacio para que los adolescentes jugasen a los juegos que había en la ciudad pero sin los peligros que los acompañaban (apuestas y otros riesgos). En esta congregación está el padre Tagoro que dirige unos Ejercicios Espirituales a los que Cristo-Teodorito intenta atraer a su amigo al verlo perdido en las redes de la sensual pescaderita. Pero Cristo-Teodorito también es humano y se siente muy atraído por Tati, la ninfa más sensual de las tres. Francisco se da cuenta de que no hay seguridades ni valores seguros en este mundo, que todo es mudable, que la religión no aísla de nada ni protege de nada.
«Tati era otra devoradora de hombres -como mi María Antonieta, como Jesusita, las tres ninfas malas del barrio-, y Cristo-Teodorito lo sabía. Tati se había enamorado o se había encaprichado de Cristo-Teodorito como María Antonieta de mí, como Jesuita de Miguel San Julián.»
Su adolescencia, como se ve, gira en torno a la búsqueda de la mujer, al deseo de estar con ellas, de hacerles el amor. Pero en Paco hay otra muy fuerte atracción, que es la que siente hacia la literatura. Desde siempre, en especial desde que la tisis lo alejara por un tiempo de su amigo Miguel San Julián, la literatura (su lectura y escritura) lo tienen cautivo. A esta captación ha contribuido muy mucho uno de los primos con los que vive en esa «habitación azul» que es la España de sus años adolescentes
«Nuestras almas nadaban como barbos líricos en las aguas azules y mediocres de la habitación, porque al otro extremo de la misma, junto a la ventana enrejada, estaba mi primo, alguno de mis primos, con su laúd, sus versos, su bigote temprano y sus amores, haciendo música, haciendo poesía, haciendo romanticismo, sentimentalismo, erotismo blanco y sonetos malos»
Y fuera de la casa, en el barrio, en la ciudad, su introductor al mundo literario es el poeta de su misma edad, Darío Álvarez Alonso, a quien él tiene en un pedestal cuando le escucha recitar versos en el Círculo Académico a donde lo lleva. Como espíritu en formación, en esos recitales Francisco no sabe si lo que oye, los versos que los rapsodas declaman son buenos o son malos («"Tanta soledad me inclina a abandonarme en el viento"... ¿Era aquello bueno o malo? Todavía hoy no lo sé»). Qué enorme sinceridad hay en esta frase.

Valladolid,poesía
Entre estas dos aguas, María Antonieta y la Literatura, navega el alma y el cuerpo del adolescente. Ella le atrae mucho, pero ve que quedarse con ella equivale a convertirse en mero contable del negocio de la pescadería, actividad que lo alejará de su verdadero amor que no es otro que la Literatura. Una literatura que a nivel provinciano representa Darío Álvarez Alonso a quien él tiene en muy alta consideración y estima. Pero no existen tales alturas inaccesibles, todos somos humanos, incluso el amigo hacedor de versos a quien un día se encuentra en la carbonería a donde sus padres lo han enviado, igual que le sucede a él, a buscar «cisco picón de encina para alimentar el brasero». El divino, el ejemplo literario al que él quiere emular, se viene abajo igual que la ninfa María Antonieta se cae de su hornacina cuando le propone una relación más estable, con una proyección de futuro nada sublime.

Francisco conoce los entresijos literarios de la mano de Álvarez Alonso quien lo acerca al periódico donde Darío escribe alguna vez, aunque nunca le paguen. Los talleres, la maquinaria, el olor de la tinta, todo lo enamora y despierta en él una vertiente de su insobornable vocación literaria, el periodismo. También con Darío acude al café cantante donde actúa Carmencita María, y donde toca el violín Empédocles, un viejo bujarrón que hace sus intentos con Francesillo. Empédocles toca al violín piezas de Mozart o Beethoven y al ser preguntado por si con el stradivarius que dice tener en casa toca a Chopin responde que «Chopin es una máquina de coser», frase que al narrador le maravilla aunque no llega a comprender del todo su alcance.

En este limbo provinciano de amor a las mujeres y a la literatura vive Francisco, el narrador y autor de este libro. Podría haberse eternizado en esa situación común a muchos seres humanos. Pero hay factores, sucesos que propiciarán su evolución. En el terreno de los misterios femeninos descubrir un día a dos devoradoras de hombres (Tati y María Antonieta) devorándose mutuamente; en el de la literatura la pérdida de la sublimidad que creía haber encontrado en su faro literario, el poeta Darío Álvarez Alonso, y no sólo por el caso de la carbonería sino por otras cuestiones que no es el caso desvelar aquí. También en su toma de decisión los consejos desinteresados de unos y de otros (de Carmencita María, de Empédocles, de la misma María Antonieta) tendrán peso definitivo.

Para finalizar
Auténtica novela de iniciación que marca el final de la adolescencia, con sus anclajes familiares, y la entrada en la edad adulta, con la ruptura de estos amarres y la toma de decisiones personales. La principal de ellas es la de triunfar en la literatura. Cuando finaliza la narración el narrador aún no ha triunfado pero ya se deja ver que gracias a las experiencias vividas y a los consejos recibidos por parte de unos y de otros los cimientos del éxito ya están echados. La novela, que se abre bajo el epígrafe de Baudelaire «Hay que ser sublime sin interrupción», cierra con la confirmación de dicho lema al verlo plasmado, en su carencia, en las carnes de su amigo Álvarez Alonso
«Tampoco la cultura era verdad. La cultura podía ser el trámite hacia una pescadería. El propio Darío me había descubierto recientemente, por fin, las palabras de Baudelaire: Hay que ser sublime sin interrupción.»
___________________
Nota
Esta novela de Francisco Umbral, ganadora del Premio Nadal 1975 fue publicada el año siguiente. Al haber aparecido, pues, antes de 1980 la incluyo dentro de los clásicos que he leído dentro del Reto Nos gustan los clásicos.
Asimismo Las ninfas viene a engrosar el cupo de los libros escritos en español (Reto 25 españoles).

16 sept 2023

Dolores Redondo. "Esperando al diluvio"

35 comentarios:

« —Me llamo Noah.
—¡Oh! Qué bonito, suena muy bien. ¿Tiene traducción al español?
—Sí, como Noé.
—¿Noé, el del diluvio?
Él asintió
—¿Y qué haces en Bilbao, Noah?
Él lo pensó un instante. Se entristeció al hacerlo.
—Supongo que estoy esperando al diluvio»


Dolores Redondo, Trilogía de Baztán
Completé en 2022 el Reto Autores de la A a la Z que desde hace ya unos años propone Marisa en Lecturápolis, su magnífico blog. Añade 
Marisa al trabajo que le supone la convocatoria del reto y su control la generosidad de sortear una serie de libros entre los que participan en él. Tuve la fortuna este año de que me tocase en suerte la última novela de la escritora vasca Dolores Redondo. Un ejemplar de Esperando al diluvio ha aguardado pacientemente varios meses en un estante de mi biblioteca hasta que por fin le llegó el turno. La he leído y me ha gustado, me ha entretenido y hasta por momentos me ha emocionado. En fin, vayamos por partes.

Sinopsis
Entre los años 1968 y 1969, el asesino al que la prensa bautizaría como John Biblia mató a tres mujeres en Glasgow. Nunca fue identificado y el caso todavía sigue abierto hoy en día. En esta novela, a principios de los años ochenta, el investigador de policía escocés Noah Scott Sherrington logra llegar hasta John Biblia, pero un fallo en su corazón en el último momento le impide arrestarlo. A pesar de su frágil estado de salud, y contra los consejos médicos y la negativa de sus superiores para que continúe con la persecución del asesino en serie, Noah sigue una corazonada que lo llevará hasta el Bilbao de 1983. Justo unos días antes de que un verdadero diluvio arrase la ciudad.

Como fácilmente puede deducirse de la sinopsis anterior estamos ante un thriller, se busca a un huidizo asesino en serie de mujeres. Lleva en su macabra actividad desde 1968 y catorce años después, en Glasgow, donde se produjeron los primeros asesinatos, han vuelto a suceder casos parecidos. La policía, pese a aún estar sin resolver los asesinatos de 1968, no relaciona ambos casos dada su distancia en el tiempo y la asentada creencia de que el desconocido asesino habrá muerto; tan sólo el agente especial procedente de Londres, Noah Scott Sherrington, sigue atando cabos, pues jamás creyó las teorías de que el asesino John Clyde, conocido como John Biblia por el protocolo con que adorna sus crímenes a base de textos bíblicos, estuviese muerto o hubiese abandonado el país. Sus compañeros de la comisaría La Marina de  Glasgow a la que ha sido destinado -en especial el sargento Gibson- se burlan de él y lo consideran antiguo y algo engreído habida cuenta su procedencia londinense. Por un azaroso barrunto Noah está a punto de detenerlo una lluviosa noche junto al lago glaswegian Katrine, pero un inopinado e inoportuno ataque al corazón mientras estaba en ello propiciará que Biblia escape. Siguiendo su estela, Noah llegará hasta Bilbao en donde el asesino se encuentra ahora. Y allí en plenas fiestas locales están sucediendo desapariciones de chicas que a Sherrington se le asemejan muy mucho a las ocurridas en Glasgow.

Junto al thriller propiamente dicho se desarrolla una emotiva historia de amor entre el escocés Sherrington y Maite, la mujer que atiende el bar cafetería al que acude Noah. Por último, y muy importante, es ver cómo al tiempo la autora nos introduce en un momento concreto de la vida en Bilbao, agosto del año 1983. Por esos meses ETA está asesinando con prodigalidad, acaba de salir la primera promoción de ertzainas y Mikel Lizarso, uno de los protagonistas de la novela, forma parte de ella. Este personaje se hace amigo de Noah y ambos hablan de las semejanzas y diferencias entre los conflictos vasco e irlandés; a Noah le llama sobremanera el idealismo fuera de la realidad que percibe en el apasionado nacionalista policía euskaldún, al que advierte de ello. En ese agosto sucederá la inundación histórica de Bilbao, el diluvio que anegará la ciudad. No obstante la autora al final advierte de la licencia que se ha tomado al adelantar un año la resolución del asunto John Biblia y atrasar otro la salida de la primera promoción de la Ertzaina para hacer coincidir ambos hechos con la riada histórica que anegó Bilbao el 26 de agosto de 1983. Todo por el bien de la literatura. 

La tercera pata de la novela, la del marco político y social en el que se desarrolla el thriller, le sirve a Dolores Redondo para introducir asuntos sensibles como el del conflicto político y otros interesantes socialmente hablando como el de la parálisis cerebral que en esta novela está presente en el personaje de Rafa, un muchacho que acompañado de su perra de aguas Auri hace recados a los comerciantes de la zona, en especial a Maite, la dueña del bar al que Noah acude desde su pensión y con la que éste establecerá una relación amorosa. La integración de los paralíticos cerebrales; el txikiteo que, si se abusa de él, puede acabar en alcoholismo; la opresión y los abusos producidos en el seno familiar sobre un adolescente... Todos estos asuntos y muchos otros más aparecen en esta entretenida novela negra.

Muchas cosas me han gustado en Esperando al diluvio. Me ha encantado ese discurrir de la trepidante acción por las calles de Bilbao en lo que es un auténtico homenaje a la ciudad (Iturribide, Tenderías, plaza de Unamuno, Madariaga, las Cuatro Calles, Telesforo Aranzadi, Luis Briñas, Plaza del Arenal, plaza Circular, plaza Moyúa, las Siete Calles, calle Ercilla, alameda de Recalde, calle Elcano,  Matico, Uribarri...), me han parecido impecables las escenas de lucha y persecución desarrolladas tanto en ese Bilbao feo y sucio anterior al Guggenheim como aquellas que tienen por marco la lluviosa Escocia a orillas del lago Katrine con la preciosa leyenda de la 'caoineag' (la 'llorona'), el demonio del lago que llora cuando alguien va a morir. La imbricación entre la realidad del combate entre humanos y la atmósfera legendaria con alusiones al poema de Walter Scott Las damas del lago me parece un gran hallazgo.

Y también muy acertada es esa inclusión de la música tanto inglesa como española envolviendo toda la historia. En la de acá, la española, destaca el tema Amor de hombre de los bilbaínos Mocedades que sirve para arropar con ternura y delicadeza la relación Maite - Noah; también se cita el tema de Tino Casal Póker para un perdedor para ilustrar la difícil situación por la que en un momento dado de la narración está pasando Sherrington. Pero sin duda es la música en lengua inglesa (Let's Dance de David Bowie; Total Eclipse Of The Heart de Bonnie Tyler; She works hard for The money de Donna Summer; Baby Jane de Rod Stewart; Wouldn't It be good y Human Racing, ambos temas de Nick Kershaw;  etc.) la que más abunda en esta narración. En especial es Wouldn't It be good la canción más utilizada por Dolores Redondo en su novela; varios capítulos de la misma utilizan como título versos sacados de la misma. Al final, en 'Nota de la autora' la novelista nos aclara que «Nick Kershaw publicó su Wouldn't It be good como  parte del álbum The Riddle en 1984, pero también me he tomado la "licencia literaria" de incluirla como banda sonora de la trama de esta novela que transcurre un año antes»


Me gustaría también destacar el gusto con el que Dolores Redondo introduce en el relato vocabulario en euskera propio de su Bilbao natal, de su País Vasco. Son términos muy usuales por allí como txikiteo (tomar chatos de vino yendo de bar en bar), txosnas (tabernas que se montan durante las fiestas regionales en País Vasco y Navarra), latxa (raza ovina y por extensión la lana burda de los ovinos de esta raza), sokamuturra  (fiesta tradicional taurina del País Vasco en la que se juega con un toro enmaromado), auzolan (trabajo vecinal gratuito en beneficio del pueblo o para ayudar a una familia de la localidad), etc. Y de la misma manera la Redondo gusta de utilizar con precisión palabras propias de la marinería cuales pañol (compartimento de un barco o pequeño almacén en un puerto, que sirve para guardar víveres, municiones, herramientas...), amuras (en un barco parte del costado donde el casco se estrecha formando la proa del mismo), etc.

También en el ámbito del vocabulario específico hay proliferación de terminología médica relativa especialmente a la cardiología. Y junto a estos vocablos de los facultativos la profunda reflexión de quien se sabe próximo a su final
«Ya sé lo que tratas de decirme, todos vamos a morir, mi cardiólogo me dijo lo mismo, pero vosotros tenéis la suerte de vivir en la ignorancia y no saber cuándo será eso, y yo sé que es inminente.»

Para finalizar
Editorial Destino
Dos cosas quisiera destacar para cerrar esta reseña. La primera es el cuadro costumbrista que la novelista logra darnos de su ciudad, que me ha parecido magnífico. Además de las calles y espacios (el puerto, la ría, el teatro Arriaga...) otros muchos de los elementos que se citan son auténticos; incluso el popularísimo locutor radiofónico de los 40 principales de la SER bilbaína, Ramón García, es real.

La segunda cosa es esa especie de comparativa que en Esperando al diluvio realiza Dolores Redondo entre las ciudades de Bilbao y de Glasgow, tanto en sus aspectos marineros cuanto de hábitos ciudadanos. Por extensión (Escocia e Irlanda forman parte de una misma etnicidad), proximidad y posesión del gaélico como idioma diferencial, también la escritora encuentra analogías entre las identidades y las ansias de especificidad diferencial de los irlandeses del norte y los vascos, en ese momento -agosto de 1983- inmersos ambos territorios en conflicto político con sus respectivas metrópolis. 

Esto último si bien no es elemento nuclear en la novela, sí que la autora lo deja apuntado con claridad. Pienso que Dolores Redondo también está pensando, mientras escribe esta entretenida novela, en el lector inglés que la vaya a leer; quizás de ahí venga esa manera de encabezar bastantes capítulos con versos tomados sin traducción alguna de la canción Wouldn't It be good de Nick Kershaw. 

No lo he dicho porque creo que no era necesario, pero por si acaso recordaré lo que la misma Dolores Redondo dice de sí misma en su página web:

Dolores Redondo (Donostia-San Sebastián, 1969) es la autora de la Trilogía del Baztán, el fenómeno literario en castellano más importante de los últimos años: El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta. Las tres adaptaciones cinematográficas se estrenaron con éxito entre 2017 y 2020 y actualmente están disponibles en Netflix. A la trilogía le siguió Todo esto te daré (Premio Planeta 2016), la novela ganadora de dicho galardón más vendida de los últimos tiempos. En 2019 regresó al universo del Baztán con La cara norte del corazón, que se encuentra en vías de desarrollo como serie televisiva en Hollywood, lo que constituye un hito de la ficción española contemporánea. Esperando al diluvio es su novela más reciente. En 2021 se reeditó Los privilegios del ángel, su primera novela. Hoy son ya 38 los idiomas a los que se han traducido sus obras en todo el mundo, y cuenta con más de 4 millones de lectores.
 




7 sept 2023

Islandia, 2004. Novela de Ezequías Blanco

12 comentarios:

«Ha caído en mis manos un libro titulado Sin noticias de Gurb con el que alguien pudiera establecer comparaciones y acusarme de plagio o intertextualidad, que esas cuestiones aquí tienen mucha importancia a causa de los derechos de autor y del exagerado individualismo de los artistas. Como si lo de caer en un sitio que no es el esperado y empezar un diario reseñando e interpretando la extrañeza que produce la novedad fuera exclusiva de alguien»


Hace unas semanas que leí Islandia 2004, la divertidísima novela de Ezequias Blanco. Se trata de una reedición que Huerga y Fierro, sus editores, presentan en una nueva y hermosa publicación. He disfrutado mucho leyéndola. Es divertida, crítica sin hacer sangre, popular, auténtica, muy bien escrita y viene acompañada, como es consustancial a su creador, de una enorme carga literaria y cultural. En fin, es una, por estilo y contenido, reconocible obra de Ezequias, getafense de adopción.

La anécdota que contiene es la pérdida, por algún defecto en la IA (Inteligencia Artificial) aplicada, del artefacto que debía de transportar al Gran Hermano orwelliano hasta la fría Islandia. En vez de ello ha recalado la nave en Getafe (Getafilandia) desde donde este personaje comienza a filmar y enviar a un joven transcriptor cintas de cuanto se presenta ante su ojo orwelliano. Y lo que se presenta es toda la sociedad y la vida social de esta ciudad de la CAM (Comunidad Autónoma de Madrid) a comienzos del siglo XXI. 

Es una novela divertida por demás. El tono surrealista lo envuelve todo Comienza el humor por ese personaje vestido de esquimal, ese GH cuyos conciudadanos quieren quitarse de encima por viejo y estar descacharrado; es por esto que deciden enviarlo en misión informativa a Islandia, de ahí su atuendo invernal: «sombrero castoreño, una bufanda muy tupida de lanas de caída de yak, unos guantes de Burgos, unos calzoncillos de felpa de pernera larga o pulgueros, una camisa de cuadros de merina australiana, un anorak de plumas de ganso [...]». Pero contra todo pronóstico el ser así trajeado cae en plena canícula en el poblachón manchego de Getafilandia. Y también contra todo pronóstico la máquina que en definitiva GH es suda por todos los poros que no debiera de tener, motivo por el que habrá de hacerse con otra vestimenta más adecuada al momento, paisaje y paisanaje local. 

El ojo que todo lo ve del GH graba de manera neutra e impersonal imágenes de todo cuanto en su recorrido por Getafilandia se va encontrando: la frutería de la Rosi, el salón de bailes Casablanca a donde ella, lesbiana, y la Encarni, madre separada, acuden a bailar y «a pillar la pava», sobre todo la primera; la sala de Bingo donde la suerte («dinero llama al dinero») cae sobre los hermanos Céspedes, marqueses de la Chorra Pelada; el dominguero partido de fútbol infantil en el que los padres chillan como posesos contra el equipo rival, quizás —¡venga Dios a verlo!— con inequívoco afán educativo; la desmadrada fiesta en casa de los Marqueses en la que hasta las mascotas se saltan todas las líneas rojas: «"Mariblanca [...] al menos echa tres polvos diarios con Héctor" "¿Qué dices?" "Lo que oyes" "Pero ¿es posible? ¿Un perro y una gata...?" "Sí, cari, un perro y una gata. Con mis propios ojos lo he visto y como podrás imaginar me quedé de piedra..." "Esta casa parece una orgía de animales"»; la farmacia del licenciado Cristóbal; el Centro de Mayores; la Librería El Chato; etc., etc.

En todos estos espacios los lugareños hablan, ríen, viven, se relacionan..., y el ojo que todo lo ve del GH va registrando en cintas de video sus gestos, sus figuras, sus palabras. Es luego otra máquina, el transcriptor, a la que GH envía las cintas, la encargada de poner en palabras lo allí grabado. Ambos seres, el caído por azar en Getafilandia y el transcriptor, aunque en principio tienen el propósito de no apostillar, de no opinar sobre lo que ven, sin embargo, según avanza el relato no pueden evitar implicarse en el mismo más y más. Ambos lo admiten y lo confiesan. El propio GH comunica: 
«Soy el Gran Hermano. Al principio escribí, que yo sólo apostillaría si lo considerara necesario y que prefería no tener que hacerlo, pero a estas alturas no me queda otro remedio, porque si no, me voy a comer las uñas que no me crecen»
Por su parte el propio transcriptor («un jovenzuelo con pinta de pajero compulsivo») que fue quien decidió desasirse del viejo GH enviándolo a Islandia no tiene más remedio que advertir que él que
«pretendía ser lo más objetivo posible en esta transcripción al dar cuenta de lo que sucedió en el jacuzzi entre Teresita, Diana y el Marqués, y en el jardín con los otros cuerpos sólo diré que a mí, que soy una máquina y estoy castrada se me elevó el pizarrín en tres ocasiones»

En total son diecinueve las cintas grabadas por este ojo, cada vez más humano y menos GH, tanto que en un momento dado del relato tomará una decisión importante que, naturalmente, no voy a revelar aquí. Sólo diré que la misma implica al propio libro que tenemos en nuestras manos. ¿Qué será? ¡A leer la novela tocan!, que diría aquel. El humor, presente de principio a fin, en definitiva lo que hace es reivindicar la vida, la vitalidad, la alegría de vivir.

El recorrido por Getafilandia que reflejan estas cintas y sus trascripciones es ciertamente muy costumbrista, y también muy Vélez de Guevara, quiero decir, muy al estilo de ese Diablo Cojuelo que levantaba los tejados de Madrid, otro poblachón manchego, para mostrarnos la vida viva de sus habitantes. Pero Islandia 2004 no es una mera postal costumbrista en la que vemos a personajes variopintos en su día a día. No, no es sólo eso. Ezequías en esta novela ironiza también de manera crítica sobre no pocos tipos de seres que existen en nuestra sociedad: he ahí a Hilario, el sindicalista, al que Encarni bailando en el Casablanca pregunta «"¿En qué trabajas?" "Soy sindicalista" "Ya se nota. Buena chupa llevas. Lo menos de noventa talegos"»; o a Luis Carlos, marqués de la Chorra Pelada, dedicado a sus placeres eróticos e intelectuales, el cual es vitoreado por todos los asistentes a su desmadrada fiesta cuando surrealísticamente en la misma es preguntado sobre cuestiones consideradas habitualmente de enjundia: la creación artística, la relación creador-obra creada y, por último, si la muerte del libro físico está próxima. Y este calavera —paradójicamente luego veremos que Luis Carlos es de lo más centrado de ese zoo humano que es Getafilandia— supera todas con nota; o al mismísimo Azrael Blanco, quien tras inventarse una frase que atribuye a Leopold Bloom —¡madre mía, cómo somos los profesores, qué capacidad de inventiva tenemos!—, afirma algo que, aunque su alter ego real, el novelista Ezequías Blanco, la ha escrito con tremenda ironía, yo creo que es realmente la finalidad perseguida por él en esta interesante y divertida novela. Dice Azrael que 
«intentará hacer de Getafilandia la síntesis material y espiritual del mundo del siglo XXI. [...] Si no la gran epopeya de la posmodernidad, sí al menos la epopeyita que se puede conseguir con estos personajes».
Y es que de personajes va esta narración. De personajes reales, de seres de carne y hueso, que se relacionan entre sí, en un espacio relativamente pequeño, la ciudad de Getafe, y que cada uno con su función (Pedro Castro, alcalde perenne; Gregorio Peces Barba, rector de la Universidad; Carmen García, directora del IES Puig Adam; el poeta Luis Alberto de Cuenca en la presentación de un victimista libro feminista de Enka, la marquesa; el obispo; el cronista local; el farmacéutico y poeta Cristóbal de la Manzanara; el sindicalista, poeta y abuelo precoz Matías Muñoz; los libreros Felipe Alarcón de El Chato, o el correspondiente de la librería Demos... Personajes reales éstos, que sirven de marco para las vicisitudes de los plenamente ficticios con los que se relacionan o acogen en sus espacios.

En cuanto a la escritura, hay que decir que es una gozada leer esta novela. En ella Ezequías plasma la viveza del lenguaje coloquial. Es fantástico y muy divertido observar cómo unos visitantes foráneos externos, el GH extraviado llegado aquí y su joven transcriptor aún en su remoto lugar, intentan comprender lo que se dice en una reunión de amigos «cuando coinciden todos a la vez y la conversación general pronto se desgrana en subgrupos de dos o de tres»:
«"¿Cual es la última palabra del diccionario?" [...] José Luis saca la PDA y apostilla "la última es zyjanera" "¿Y qué significa zyjanera?" "Se me han acabado las pilas y no me ha dado tiempo a leerlo" "Por cierto han salido al mercado unas pilas extraordinarias... ¡De cine...!" "El cine de ahora es una mierda. Nadie superará a Burt Lancaster..." "¿Encaste...?" "...Si se caían todos. Últimamente ni trapío ni casta..."»

Naturalmente no puedo pasar por alto que, aunque estamos ante una muestra del buen hacer en prosa de Ezequías Blanco, él es y se siente ante todo poeta. En un texto de naturaleza humorística como es Islandia 2004 el autor dedica unas cuantas páginas a la poesía. Concretamente presenta unos poemas humorísticos de tono escatológico que por asunto y variedad dentro del tema abordado (el pedo y sus variedades) bien podría haber firmado el mismísimo don Francisco de Quevedo.

Por último me parece un acierto, que da redondez a la novela, la analogía que se realiza entre el personaje del cuento de Collodi,  Pinocho, que, como se recordará, al final  es premiado con su transformación en ser humano y el Gran Hermano, cuya perfecta incorporación y asimilación de los valores y comportamientos getafeños le llevan a corporeizarse y transformarse en Hermi, el «jodío chino» que desde que lo vio por primera vez le decía Mateo, hermano de Juaniyo y de Angelito. La analogía se explicita en la contemplación de un cartel anunciando la edición crítica de Las aventuras de Pinocho de Carlo Collodi realizada por el profesor Azrael Blanco. Cualquiera que conozca la biobibliografía de Ezequías sabrá que precisamente el año en que Hermi, en ese momento como GH, aterrizó en Getafilandia vio la luz tal edición crítica.


Una nota final y una petición
Quiero añadir una nota final simplemente para señalar que el autor de la novela nombrada dentro de la cita que encabeza esta reseña es Eduardo Mendoza. Tal y como advierte el mismísimo Ezequías por boca del personaje protagonista pudiera ocurrir que en la cabeza de alguien se aposentase la equivocada idea de plagio. No cabe tal idea dado que, salvo en el tono humorístico, presente en ambas, y en la anécdota de alguien extraño a un lugar que comunica y/o comenta lo que ve por primera vez, en todo lo demás son narraciones absolutamente diferentes. Recojo de nuevo las palabras del escritor cuando dice que: 

Ezequías Blanco junto a  
Matías Muñoz en la caseta 
de Huerga y Fierro de la FIL
de Madrid 2023 en la que
ambos firmaron sus libros

«caer en un sitio que no es el esperado y empezar un diario reseñando e interpretando la extrañeza que produce la novedad fuera [no es] exclusiva de alguien [nadie]»

En cuanto a la petición, me gustaría solicitar a quien/es corresponda una merecida distinción para Ezequías Blanco, autor de esta novela. Ezequías Blanco, lo sabemos todos quienes tenemos o hemos tenido trato con él es hombre magnífico en todo lo que toca, ha tocado o pasado por sus manos. En esa ciudad de Getafe, protagonista principal ella misma de este relato, Ezequías ha sido profesor de Literatura en el IES Puig Adam y durante 30 años editor de la revista de poesía "Cuadernos del matemático". Actualmente sigue cultivando la poesía, la escritura de relatos y de novelas como esta magnífica Islandia 2004 en la que  realiza la epopeya (epopeyita, así, por humildad, dice él en la narración) de la ciudad de Getafe. Pero sobre todo, sobre todo, lo que es y más caracteriza a nuestro real y auténtico Azrael Blanco, nombre con el que aparece citado en su novela personificado en un reconocido poeta y profesor de instituto de la localidad, es ser derrochador de la amistad, del trato ameno, de la conversación elevada cuando toca y al nivel del interlocutor también cuando toca. O sea, autoridades de Getafe, ya estáis tardando en reconocer su inmensa labor por vuestra ciudad. Por ahora lleváis casi 20 años de demora, casi casi tantos como el nuevo Gran Hermano orwelliano cuando se perdió. Por favor, que no os ocurra a vosotros —mandatarios getafenses— algo parecido por pereza.

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Entradas en este blog sobre libros y actividades de Ezequías Blanco: