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27 jun 2026

"Septiembre negro", una novela de Sandro Veronesi

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«Hay dos versos de W. H. Auden que siempre recuerdo desde que los leí por primera vez —estaba en el instituto— y que, en forma de tarjeta de visita, he repartido siempre que he podido entre mis amigos, las chicas a las que he amado, mis alumnos, mi mujer, mis hijos, en las conferencias que he dado. Dicen así: "Aunque no siempre podemos recordar por qué fuimos felices, / no olvidamos que lo fuimos»

Septiembre negro, Juan Salmerón Arjona (traductor)
Hace ya cuatro años leí con gusto El colibrí, novela exitosa de Sandro Veronesi tanto en su país como aquí o en Francia [novela reseñada en este blog]. Tras El colibrí (2019) el escritor italiano publicó Comandante (2023) y por último en 2024 vio la luz en su país Septiembre negro (en 2026 en España). Las tres han sido publicadas por editorial Anagrama y la traducción la ha realizado Juan Manuel Salmerón Arjona.

Al igual que hice en la reseña de El colibrí pensaba colocar aquí la sinopsis ofrecida por la propia editorial. Sin embargo he decidio no hacerlo, pues la sinopsis que ofrecen es tan extensa que apenas si deja espacio a la imaginación del propio lector. Así que no, no la copiaré. No quiero desvelar más de lo necesario, error en el que, creo, insurre la empresa editora.


Mi comentario
Desde la altura de sus 62 años, el narrador y protagonista Gigio Bellandi, trasunto del autor con total seguridad, rememora el lejano verano de 1972 cuando él tenía 12 años y su propio cuerpo y el mundo que habitaba experimentaron un cambio brusco, no esperado, que modificó la trayectoria de ambos. El momento cenital de esta mutación tuvo lugar durante el mes de septiembre cuando se estaban celebrando los Juegos Olímpicos de Múnich  y un grupo terrorista palestino denominado 'Septiembre negro' atentó en los mismos, secuestrando a miembros del equipo olímpico israelí tras haber asesinado a dos de sus integrantes. La resolución del conflicto fue una masacre que aún hoy día es recordada en todo el mundo. Pese al horror y crudeza de estos hechos los JJ OO continuaron como si nada hubiese sucedido. E igual ocurrió con la vida del niño-adulto Bellandi, que continuó como si lo vivido y experimentado personalmente por él durante ese verano del 72 no hubiese sido importante, a pesar de que sí lo fue.

Si el mundo que rodeaba a Gigio se vio sacudido por el suceso terrorista anterior, él mismo, como digo, también vivió transformaciones íntimas en las que entró siendo un niño y salió convertido en otra persona. El cambio que sufre es el propio de la adolescencia. Gigio Bellandi y el resto de su familia como todos los veranos veranea en el Tirreno, en una localidad llamada Fiumetto. Hasta allí se desplazan desde Vinci, pueblecito a unos 30 kilómetros de la zona de veraneo; en la playa coinciden con la familia Raimondi, ésta de alta alcurnia y mayor poder adquisitivo. El preadolescente que el joven Bellandi es se siente atraído por Astel, la hija de los Raimondi, un año maayor que él y con la cabeza ya  ocupada por asuntos más propios de mayores que de niños como Gigio. El acercamiento a Astel que el narrador consideraba casi imposible se verá favorecido precisamente por la afición a la música anglófona de la chica Raimondi. Gigio habla perfectamente inglés gracias a Betty, su madre irlandesa, y Astel le pide ayuda para que le desvele el contenido de las canciones. Por este motivo Gigio y Astel pasarán horas y horas durante ese verano escuchando música, traduciendo letras, bailando y conociéndose cada día más y mejor.

Estamos, pues, ante una novela de iniciación, un bildungsroman, en el que se muestra el muy difícil de aprehender momento de transición del mundo infantil al adulto, o sea, la adolescencia. La literatura lo ha tocado en múltiples ocasiones, aunque también en múltiples ocasiones ha preferido eludirlo por la dificultad de transcribirlo debidamente en palabras. En mi opinión Sandro Veronesi consigue presentarlo debidamente. Gigio Bellandi, el narrador, es un chico que a sus doce años es un enamorado de todos los deportes, especialmente del ciclismo: los éxitos y fracasos de los ciclistas italianos los vive como propios. Así, por ejemplo, que Franco Bittosi perdiese el campeonato del mundo de ciclismo el 6 de agosto de 1972 lo vive Gigio como un fracaso personal:
«¡Ay qué dolor, qué dolor inmenso! Sí, un dolor inmenso nos invade a todos, a sus familiares, a sus fans, a nuestros barrios, a Versilia, a Toscana y a toda Italia, porque todos amamos a Bittosi. Si él hubiera ganado, habríamos ganado todos.
Ya no es cuestión de si era niño o adulto: el 6 de agosto de 1972, el dolor nos destrozó a los dos, como destrozó a mi padre, a Gilda, a mi madre, a todos mis amigos de Bagno Stella y a todos mis amigos de Vinci, a mis compañeros de clase, a los profesores, al director del colegio, al cura.»
Es Gigio más niño que adulto, sin duda alguna, disfruta más contemplando las Olimpiadas por las primeras televisiones en color que han llegado a Italia (una de ellas precisamente está en casa de los Raimondi en Fiumetto), pero la atracción que sobre él ejerce Astel ya le hace dudar, tendrá que elegir. Y es que ser adulto no siempre es satisfactorio. El niño y el adulto luchan en su interior:
«Bailábamos, pero mi cabeza no se vaciaba del todo, siempre sobrevivía un pensamiento que me decía que estaba perdiéndome los récords mundiales de Mark Spitz o de Roland Matthes. Hiciéramos lo que hiciéramos, latía en mí, oculta e inconfesable, la esperanza de que ella se interrumpiera y me propusiera ir al salón a ver las Olimpiadas en color.»
La desazón propia de un adolescente la presenta Veronesi en Septiembre negro con acierto y total verosimilitud. El personaje narrador se siente muy unido a Augusto, su padre, quien gusta de practicar la navegación a bordo de su barquito Tivatú. Siempre que puede lo acompaña, aunque ya en un momento dado preferiría quedarse con Astel y no salir a navegar con el padre. Es enorme la cantidad de términos marineros que Sandro Veronesi presenta en su novela: orza, bolinas, foque, espináker, viento lebeche... y tantos otros más.

Si hablando del padre, Augusto Bellandi, los términos marineros cobran especial importancia, en el mundo de los adolescentes Astel y Gigio es la música la que está en el centro de sus intereses. Todos los temas musicales que se citan en la novela aparecen en una lista de Spotify de un usuario con nick 'Palomew' que al ser pública me he permitido insertar aquí. Espero que os guste tanto como a mí:


Como ya señalara yo en la reseña que hice de El colibrí, también aquí, en Septiembre negro, las referencias a la cultura popular, especialmente la música y el cine, son abusndantes. Las mismas cumplen una importante función en la formación y evolución del carácter e identidad de todos los personajes. Si la música lo hace en los adolescentes y jóvenes, el Cine lo realiza en los padres de éstos. De hecho, muchos de los nombres que los adusltos dan a sus hijos están tomados de filmes que les gustaron o conmovieron por algún motivo:
«a mi hermana la llamaron Gilda por la película de Rita Hayworth. Primer misterio: [...] Mi hermana nació en 1965, y Gilda, la película, es de 1946, mi madre tenía entonces catorce años y mi madre once, y no se conocieron hasta doce años después.[...] Gilda era una vieja película, ¿qué tenía que ver con ellos? A ver: yo también llamé Jimmy a mi primer hijo en honor a Jimmy Rabbitte de la película The Commitments, pero, para empezar, esta película se estrenó un año antes de que naciera mi hijo»
Y al igual que el escritor ya hiciera en El colibrí mucha es la metaliteratura que hay en esta última novela. Así, cuando, como en la cita anterior, el narrador percibe que se ha salido de su línea narrativa interrumpe el discurso y avisa de que no es ese el momento de decir tal cosa o que ni siquiera esa es la intencionalidad que persigue con su narración:
«Pero veo que he empezado a hablar de mí -de mí como soy ahora- y no quiero;no era mi intención y me interrumpo enseguida, porque el único yo que importa en la historia que quiero contar es el de un niño de doce años que aún no sabe nada de nada.»
En otro momento el Gigio adulto, el hombre de 62 años que está escribiendo esta historia, avisa de la finalidad de la misma. En el fondo la está usando como terapia personal. Aviva nuestro interés como lectores al oírle preguntarse si él podría haber hecho algo cuando tenía doce años para que eso no sucediera. Y el suspense se activa en nosotros: ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha sucedido que aún no se nos ha contado? ¿Por qué escribe esta historia? ¿Será algo demasiado grave?... Y es gracias a esto que seguimos en la lectura,  porque el suspense Sandro Veronesi ha sabido despertarlo y sabe dosificarlo debidamente.
«La cuestión es saber si, siendo yo como era, podía o no podía oponer resistencia a la fuerza que me las arrebató de esa manera. Es una pregunta que me he hecho muchas veces, y he llegado a la conclusión de que estas respuestas no se pueden obtener directamente: se responde a una pregunta y enseguida surge otra, las respuestas solo son opiniones, y en lugar de acercarnos a la verdad nos alejamos. Me he convencido de que, si hay alguna posibilidad de que la respuesta aparezca, verdadera y esencial, tiene que ser a través de la narración: una narración exacta, detallada y honesta de todo aquello que perdimos»
Y más tarde, ya desde el hoy más actual, confiesa que, dados los años transcurridos, había olvidado muchísimas cosas de las escritas en las páginas anteriores cuando habla de ese verano de su preadolescencia  («el nombe del barco de Agnelli, los minutos que le sacó Merckx a Gimondi en el Tour de Francia, el argumento de El Eternauta»). Y de manera confesa y categórica -¡más confesión metaliteraria imposible!- concluye diciendo:
«Bobby Fischer ha pasado a ser mi ídolo borrando a casi todos los que tenía de niño cuando me gustaban todos los deportes –y cuyos nombres fui olvidando poco a poco y he tenido que buscar en Google para mencionarlos en esta narración–.»

Lo que más me ha agradado
Adolescencia,Bildungsroman
Muchas cosas me han gustado de este Septiembre negro. De todo lo que, aunque sea de pasada, toca (la política, la persecución de los diferentes, el racismo, el sexo, la infidelidad, la amistad, la familia...) para mí lo esencial es la presentación que realiza del proceso de transición hacia la edad adulta de ese niño preadolescente, su entrada en la misma. También cómo ésta se ha producido en un entorno cambiante y confuso tanto en el ámbito familiar (sus padres, los conflictos entre ellos, la relación con su hermana Gilda, la relación con el padre, el curioso tío Giotti que aparece inopinadamente en la casa y del que tanto aprendió, los amigos, el descubrimiento de la atracción física...) como en el mundial (el evidente componente racista existente durante esos años 70 del siglo pasado, el mundo del deporte, las Olimpiadas de 1972, el atentado por parte del grupo terrorista Septiembre Negro, la música rock...).

Pero sin duda alguna el mensaje que en mi opinión deja claro el autor en esta novela es el tremendo desconocimiento que los adultos tienen de aquellos que tienen a su cargo, o sea, sus hijos o sobrinos que poco a poco crecen, se transforman, se enamoran, se ilusionan, se desilisuionan... Y ellos, los padres, los tíos, los responsables, ignoran casi todo lo que les acontece o les preocupa. Tal se observa cuando en Dublín y ya con catorce años de edad Giogi pregunta a su tío Giotti por Astel:
«¿Qué pasaba con Astel? ¿Se sabía algo de ella? [...] La respuesta fue: "¿Astel?" ¿Entendéis? Mi tío Giotti no sabía ni quién era, como tampoco sabía quiénes eran Vincenzo Balestrieri y Jacky Ickx antes de que yo se lo dijera. Es verdad que se marchó de Fiumetto el día antes de que ella llegara, ni siquiera la conocía de vista, y es evidente que mi padre nunca le habló de ella. [...] En aquel momento, con la rabia que sentía, metí a mi tío Giotti en el saco de los adultos egoístas e insensibles, y no me despedí de él como se merecía.»
Una buena novela, muy bien escrita, muy en la línea, tanto en tema como en procedimientos narrativos, de  El colibrí. Un autor recomendable al que se lee con mucho gusto. Muy recomendable.


17 oct 2025

"La piel del invierno". La última novela publicada por Luisa Ferro

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Luisa Ferro, novelistas españolas actuales
He leído de Luisa Ferro las tres novelas anteriores a ésta, su bilogía Donde mueren los ladrones de Jade (2022) [reseñada en este blog] formada por "El pozo de las luciérnagas" y "La sanadora del emperador", y El Círculo del Alba (2016) [reseñada en este blog]. Sólo me faltaría por leer la primera que publicó, Alcander (2014).
En cada una de ellas aborda temas distintos, diferentes. Así, leo que Alcander es una novela fantástica que trata de luchas entre razas inmortales por el dominio de las escalas de las especies y la supremacía de unos clanes sobre otros. Ya digo que no la he leído y la verdad es que a mí las novelas de fantasía tipo El señor de los anillos y demás no me atraen demasiado. Lo que sí sé es que las otras dos publicaciones de Luisa Ferro anteriores a La piel del invierno (2025), El Círculo del Alba y la bilogía Donde mueren los ladrones de Jade presentan asuntos muy distintos: Una investigación policial y detectivesca desarrollada en los primeros años del siglo XX, en la primera; y la vida de las mujeres en la China de los mongoles de Kublai Kan (siglo XIII) durante la dinastía Song, en la segunda. Las dos son novelas históricas, pero situadas en períodos bien diferentes. A mí los novelistas que saben variar de época, de asuntos y de tramas como hace Luisa Ferro en sus distintos libros me merecen mucho más respeto que aquellos que constantemente hablan de lo mismo sin salirse nunca de su zona de confort, que se dice habitualmente. 

La piel del invierno sigue la pauta de las anteriores y también aborda un asunto distinto, novedoso en la narrativa de la escritora: el mundo de los bajos fondos, de la picaresca en el Madrid de la década de los años 40 del siglo pasado. La historia es trepidante. Leyéndola conoceremos los orígenes oscuros de varios personajes, descubriremos varias identidades confusas, muchas amistades complicadas, abundantes mujeres liberadas en lo intimo y presas socialmente por su estigmatizado oficio, algún policía corrupto así como algún sacerdote comprensivo con las debilidades humanas en un momento histórico tan complicado, variados trúhanes y embaucadores al modo Robin Hood...; y también, claro que sí, veremos corretear por las casi seiscientas páginas de esta novela a malos malísimos. Una novela que pese a su extensión atrapa desde las primeras páginas, se lee con mucho gusto y enorme facilidad sin hacerse nunca pesada.

La narración está puesta en boca de un niño sacado de la inclusa en 1939 si bien el centro de la trama se sitúa en 1947 cuando tal niño ronda los 14 o 15 años. La edad del narrador cuando relata los sucedidos es ya de 21 años. En el fondo, pues, estamos ante una novela de iniciación, un bildungsroman en el que Anguila, el niño sacado a los ocho años de la inclusa por Julio, crece y se entera de lo que es el mundo estando al servicio de varios "amos", que diría Lázaro de Tormes. Y es que, en definitiva eso es lo que es este Anguila, un muchacho que va entendiendo el mundo a base de coscorrones, sorpresas y experiencias diversas: desengaño en el amor, valoración de la amistad, descubrimiento de lo que verdaderamente es un padre y lo que no lo es, etc., etc. 

Que Anguila, el narrador en primera persona, es émulo de Lázaro de Tormes y de la novela que narra sus andanzas, se percibe en el personaje que siente hambre y que escapa y no quiere escapar de Julio a quien considera su amo 
«—Te he oído, gurriato. ¿Por qué escapas? Si no bajas te quedarás sin queso. ¡Baja, desconfiado, que no voy a hacerte nada!
Me aferré con más fuerza a la rama. Me vi tentado por el queso, pues el ruido de mis tripas era más grande que mi miedo.»
El personaje protagonista es claramente un pícaro, un pillo, que sabe buscarse la vida con estos seres que lo han tomado a su cargo y cuyas vidas y problemillas iremos descubriendo según vaya discurriendo la historia. 
En cuanto al espacio donde este discurrir sucede, éste es Madrid.  Luisa Ferro ya había situado El Círculo del Alba, su segunda novela, en Madrid. Y ahora lo vuelve a hacer aunque una treintena de años después. El ambiente y los lugares matritenses los pinta la autora con maestría. Y digo matritense con toda la intención, por eso de querer significar la fuerte y noble emulación del costumbrismo literario del XIX que he percibido en muchos momentos.
«La Puerta del Sol era bulliciosa donde las hubiera. Por todas partes surgían tiendas como hongos y el aroma de los kioscos callejeros lo inundaba todo haciéndome cosquillas en la nariz. Olía a gallinejas, a chicharros, a churros, a mil y un aromas. Los vendedores ambulantes se triplicaban. No era raro encontrarlos en cualquier barrio, pero allí aumentaban a ojos vista. Los repartidores de periódicos anunciaban El Heraldo o La Tribuna. Sus voces se mezclaban con las de las aguadoras que, con sus botijos apostados a la cadera, ofrecían el trago a cinco céntimos. Altramuces, pipas, miel de la Alcarria. También había traperos, cacharreros reparando cacerolas a golpe de martillo y colchoneros pregonando su saber hacer. El sonido de la ocarina de los afiladores se alzaba por encima de aquel gentío dando voces.»
Y si así realiza las descripciones de los espacios públicos, cuando se detiene en el rostro o en la figura de alguno de los personajes, las cualidades y conocimientos literarios de la novelista aparecen y en alguna ocasión, como en la descripción que hace de la cara de Manuel, compañero hospiciano de Julio y en el relato acompañante de Anguila en el burdel que regenta madame Crusoe, es evidente la legítima emulación del estilo quevedesco. 
«En verdad era poco agraciado. Flaco, de ojos saltones, nariz enorme hasta el punto de parecer "un hombre a una nariz pegado", que hubiese dicho el padre Tomás parafraseando a Quevedo en sus pullas contra Góngora. No tardaría mucho en darme cuenta de que aquel apéndice tenía vida propia. "Las doce tribus de narices era".»
De la historia que se relata todo me ha gustado. De nuevo me ha sorprendido lo bien que Luisa Ferro realiza las escenas de acción. También me ha encantado la manera que tiene de ir introduciendo los personajes, que son muchos, según va avanzando la historia. Diríase que la anécdota va ampliándose, haciéndose más y más compleja según que pasan las páginas; pero no hay tal cosa, se trata de una mera sensación de aparente confusión que al poco viene  a serenarse y a integrarse en la placidez de la historia que estamos leyendo. Esta manera de proceder me ha interesado mucho.

Todos los personajes tienen vida y personalidad propias. Destacan, además de los que tienen papel central en el desarrollo de la historia de investigación y suspense (Inspector Ramírez, el médico Aniceto Cárdenas, Julio, el irlandés, Hahn, el cura Tomás, Paulino Albiol...), todas y cada de las mujeres y chicas que viven o tienen mucha relación con el lupanar (Lorenza, Josefina, Epifanía, Elisa, Violeta, Rosario, madame Crusoe...). Cada una de ellas lleva a sus espaldas una mochila, una vida, que las condiciona en el presente y les anuncia su futuro.  Anguila, que es el eje central de la novela va construyendo su propia vida y personalidad, a raíz del contacto con cada uno de ellos y de ellas. Todos le aportan elementos que le servirán, por acción u omisión, en su paso de la niñez, cuando lo vemos salir del hospicio con sólo ocho años, a su etapa de muchacho adolescente de catorce o quince, cuando tienen lugar los hechos principales que se narran, hasta llegar a la plena edad adulta de los veintiuno que dice tener al final de la novela, en un epílogo en el que además de atar alguno que otro cabo suelto nos enteramos del porqué del título de la novela. 

La trama de la novela se desarrolla de manera lineal sin saltos hacia atrás ni hacia adelante. Es de lectura sencilla. La única complicación viene dada, como ya he dejado dicho antes al referirme a los personajes, por la aparición o desaparición de alguno o algunos que tuvieron papel relevante en el pasado; pero dicha confusión se irá aclarando según vayan sucediendo los acontecimientos.  

Me ha gustado mucho el vocabulario puesto por la autora en boca de algunos personajes en momentos puntuales. Es un conjunto de términos extraídos la mayoría del caló, también del argot delincuencial, pero siempre vocablos muy, muy populares. Son palabras y expresiones como 'cheira' (navaja), 'salir de naja' (marcharse), 'lumias' (prostitutas), 'mangelo a ochí' (estar matando a alguien), 'baladro' (grito o alarido espantoso), 'gumia' (agonías), 'avizor' (centinela, vigía), 'roro' (hombre atractivo), 'bilbaína de hierro' (cocina económica de chapa), 'pillar una del quince' (pillar algo en cantidad excesiva), 'estar rilado' (estar agotado), 'chirona' (cárcel)etc. 

También es habitual en la novela que la autora eche mano de referencias culturales populares. Tal se ve, por ejemplo, en la conversación que mantienen Manuel y Anguila cuando el muchacho pregunta a éste, que acaba de salir de cárcel, a qué se dedicaba antes de entrar en prisión. 
«—Dilo sin miedo, Anguila: antes de que me enchironaran. Pues vendía libros por entregas. Eran fascículos semanales o mensuales, dependiendo del cliente y sus posibles. Los títulos más populares eran La cieguecita, Genoveva de Bramante y Ángeles del Arroyo. También vendía novelas de a duro, del oeste y, sobre todo, de amor. A las chicas las vuelven locas las historias de amor. Los mozalbetes se decantaban por El conde de Montecristo. Las andanzas de Edmundo Dantés para llevar a cabo su venganza, les gustaban sobremanera. 
—Sí, a mí también me gustó mucho ese libro. Aunque prefiero a Julio Verne. 
—No me extraña, De la tierra a la luna, 20.000 leguas de viaje submarino… Son verdaderas joyas literarias.»
Cine y Literatura, Ciene en la Literatura
 Y de igual manera se utilizan referentes culturalistas para metaforizar acciones o personas. Un ejemplo sería la manera que tiene de describir la mirada torva del Chepa, pandillero enemigo de Anguila («Al llegar a la altura del Chepa me miró con la hondura de Don Ameche en El diablo dijo no») haciendo uso del actor de la película de Ernst Lubitsch del año 1943 que sería muy popular en el tiempo en que se sitúa la narración.

No quiero extenderme más. Sólo quisiera señalar, ya para finalizar, dos puntos anecdóticos que han llamado mi atención según leía con sumo agrado La piel del invierno. El primero es el peculiar y personal empleo que en ocasiones hace la escritora de los signos de puntuación, en especial del punto y coma. El segundo es uno o dos anacronismos, muy habituales en estas novelas tan inmersas en un momento histórico, que he creído detectar en el relato. Pero por lo demás, queridos amigos, todo bien. Una novela muy recomendable para aquellos que quieran pasar un buen rato al tiempo que aprender e informarse  sobre las difíciles condiciones de vida en España durante la década de los años 40 del siglo XX.



31 may 2025

Fernando Navarro. "Crisálida"

12 comentarios:
Libros en tapa dura, Novelas faulknerianas españolas
Crisálida es una novela sorprendente, distinta, de un género que no sabría muy bien delimitar (gótico, terror, aprendizaje...), pues si bien se mira muchos son sus ingredientes: violencia, terror, naturaleza, humor, familia, sociedad, drogas, antisistema...

Todo este conglomerado de cosas va perfectamente engarzado en la historia que se relata, que es la siguiente: 
Una niña llega en un estado penoso de abandono a una aldea próxima a Sierra Nevada y es ingresada en un hospital; en él es interrogada por la policía, cuidada por los sanitarios que le hacen pruebas de todo tipo. Ella vive inmersa en una espiral mental que la lleva a recrear su aventura en medio de una naturaleza dura. Sus padres han querido salir de la sociedad de consumo contra la que desde su juventud han luchado; han querido hacer realidad los eslóganes que coreaban de jóvenes en Granada; han dejado atrás todas las ataduras sociales (trabajo, colegio de los cinco hijos...) y se han metido voluntariamente en las inmensidades de la Sierra donde viven malamente con lo que el Capitán (el padre) roba o caza. 

Los personajes principales (la pareja formada por Madreselva y Capitán, y los cinco hijos) están perfectamente definidos y tienen personalidad propia: Nada, la niña narradora, es quizá la más consciente del grupo y, quizá también por ello, la que se salve y pueda hacer llegar hasta nosotros esta aventura con ciertos tintes en ocasiones de inverosimilitud dado el lugar y tiempo actuales en que se sitúa: Sierra Nevada con la atracción que para el turismo y excursionistas tiene. Tras Nada, el matrimonio de Madreselva y Capitán está dotado de características peculiares: alcohólicos, amigos de las drogas, personas antisistema..., pero muy coherentes con las ideas socio-económicas que defienden. De Capitán dice la narradora en el relato que hace de la aventura vivida: 
«Como los cristobicas de las funciones del colegio, él nos movía como si fuera un dios porque siempre pensó que era un profeta un santo un elegido y por eso lo llamábamos el Capitán.
Nuestro jefe. Nuestro amo. Papá Ceniza. Papá Niebla. Papá Dios. Papá Abismo, que un día encerró a sus hijos entre secuoyas perdidas y del que nunca se volvió a saber nada [...]»
Luego estarían los cuatro hermanos de Nada: Columbina, una niña dulce, presumida, que sería feliz jugando con las amigas del colegio del que, como el resto de sus hermanos, ha sido arrancada por los padres sin tener en cuenta su opinión; Cuarzo, un chico duro, pero sensible y consciente cuya mente funciona perfectamente y que tras una serie de meses quiere abandonar la locura en la que sus padres los han metido; Rayo, más pequeño que Cuarzo y Nada, se ríe con Columbina de tonterías y en la novela se le ve evolucionar hacia la brutal personalidad de su propio padre, Capitán; en cuanto a Cachorro, el más pequeño, es débil, enfermizo, ingenuo y muy gracioso con su media lengua de trapo («ez-que-no-tenemoz-máz-deberez», «me-han-picado-mozquitoz-he-ezcuchao-un-zapo»); por su parte la madre de todos ellos, Madreselva, es fiel seguidora de la locura marital, si bien demuestra más amor a sus hijos que Capitán como se ve cuando acoge en su furgo y cama a Cachorro que está débil y enfermo. Nada, la narradora protagonista de esta novela, dice de sí misma en un momento dado lo siguiente: 
«Nací con la columna desviada y con vegetaciones y me tuvieron que hacer una operación por la espina bífida y siempre estaba en el médico y me quitaron un lunar grande y sé que todo me pasó porque Madreselva fumaba bebía y se metía de tó cuando me tenía en la barriga, le digo a Brígida, pero creo que no me escucha.». 
Bien podría ser Nada, como así se podría deducir de la lectura de la novela una reencarnación, una digna sucesora, de Madreselva, su madre:
  • «Madreselva, planta trepadora mi madre, venenosa si quiere, decía él, con el pelo rojo parecido al de las moras de Graná, y Madreselva era guapa y pequeña y el Capitán levantó la vista y señaló a Orión y era un buen presagio.»
  • «Brígida sabe que me gusta [un flan que le ofrece como postre] y ella me dice que si la montaña existe dónde está y si el Capitán existe dónde está y yo le digo, Brígida, serás enfermera y te creerás mu guapa y a lo mejor tu madre hace buenos flanes pero no tienes ni idea de lo que dices, y ella se ríe con mi forma de hablar y con mi pelo rojo enredao mal cortado y yo no quiero que se ría de eso [...]»
Y es que Brígida es junto a los Antonios, todos ellos enfermeros en el hospital donde está ingresada Nada, personajes secundarios en esta narración. Ellos cubrirían la parte de realidad y plena racionalidad a la que Nada ha vuelto y de la que sus padres en su locura la sacaron. Ellos pensaban que yendo a vivir en la Naturaleza escaparían de la maldad inherente a la sociedad, pero no parece que lo hayan logrado, más bien ha ocurrido todo lo contrario. En cierta manera Crisálida de Fernando Navarro me ha hecho recordar durante su lectura a El señor de las moscas de William Golding. La evolución de Rayo y la del mismo Capitán, claro, me evocaron esta novela. 

La temática esencial es cruda, dura, muy dura en ocasiones. Tremenda, diría, utilizando el adjetivo que sirvió para calificar la prosa de La familia de Pascual Duarte, novela importantísima de Camilo José Cela. Justamente en Crisálida, no sé si intencionadamente o no, hay una escena en la que igual que, hiciera el celiano Pascual Duarte, una caballería es matada a navajazos. Aquí Nada mata a una mula:
«La mula me miró todo ojos grandes y le pedí perdón, no podía dejar que Rayo me siguiera con la mula porque me encontraría y le clavé la lanza donde había que clavarla para que, con un chorro de sangre saliendo y sin hacer ruido, la mula cayera en peso muerto al suelo, levantando agua y barro.»
Pero toda esta crudeza se ve compensada, atenuada, con un lenguaje y un estilo ciertamente hermosos. 
Hay un fuerte contraste entre lo truculento de lo narrado y la hermosura empleada para ello. Este choque es en mi opinión una de las grandes aportaciones de la novela. 

Además Fernando Navarro tiene clara voluntad de estilo como demuestra el uso particular y libérrimo que hace de los signos de puntuación, así como del polisíndeton. Mientras que en el empleo de este último se adivina una clara y constante finalidad (significar la manera de obrar de la mente de Nada, una niña preadolescente ciertamente algo perturbada) en la presencia o ausencia de signos de puntuación no he podido hallar nada que haga descubrir una secuencia, una pauta. A veces aparecen utilizadas en un orden recto y académico, mientras que en otras desaparecen por completo:
«Nos despertó uno por uno en mitad de una madrugada muy fría. Mis pobres hermanicos príncipes legañosos princesas en pijama no entendían lo que pasaba y la pequeña moqueaba y tosía y el grande siempre callao porque ese es más callao que yo y yo miraba a Madreselva y esperaba un gesto una frase algo y el pequeño al que llamábamos el Cachorro seguía dormido porque era un lirón y el mediano que era mu vivo se había despertado con mucha energía y gritando contento, nos vamos de excursión nos vamos de excursión nos vamos de excursión, que es lo que nos dijo Madreselva después de que el Capitán nos despertara: nos vamos, venga, nos vamos.»
 También me ha gustado mucho estilísticamente la introducción, en medio de párrafos meramente narrativos, de elementos propios del estilo directo eliminando cualquier signo de puntuación que avise de ello:
«No dejo que me toquen, les escupo a los médicos, a las enfermeras. Me pinchan cosas que no me hacen nada porque soy hija de mi padre y no pueden hacerme nada y viene Brígida, a la que han llamado para que venga desde su piso en el pueblo y la han despertado y no entraba hasta mañana a trabajar y, hay que ver la guerra que das.»
Para finalizar diré que la editorial Impedimenta, centrada habitualmente en autores extranjeros, ha apostado por la primera novela de este escritor granadino cosechando un éxito sin precedentes: desde febrero en que apareció hasta hoy mismo ya conoce tres ediciones. Un reconocimiento por parte de los lectores más que merecido.


El autor
Cine y Literatura, Novela gótica española
Fernando Navarro
esencialmente ha sido, o lo es, hasta ahora mismo guionista de películas españolas muy importantes como por ejemplo 'Segundo Premio' nominada a los Oscar de este año en muchas de sus facetas; él mismo fue nominado en 2011 por la película 'Orígenes secretos' al Goya por el mejor guion adaptado.
Desde luego Crisálida contiene muchos elementos propios del cinematógrafo como ese suspense propio del gótico que a veces se resuelve en nada provocando en el lector un mohín humorístico, una sonrisa inevitable; pero que otras veces concluye en un torrente de violencia terrorífica propia del gore. 

El mismo Fernando Navarro en confesiones hechas a una revista afirma que la obra la escribió primero como guion cinematográfico y que, al no ser aceptado el mismo por quien fuera, en dos meses, recluido en una localidad cántabra y trabajando casi de manera febril, lo transformó en la novela que es Crisálida. Como narrador, antes de esta primera novela, publicó también en Impedimenta una colección de relatos titulada "Malaventura" que fue muy bien recibida, según leo por ahí. Un autor a tener muy en cuenta desde luego. Y un título muy recomendable para aquellos que visiten estos días la Feria del Libro de Madrid.
 

29 abr 2025

Lea Ypi en la Albania socialista, una "Alicia en el país de las maravillas"(A pares XLV)

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Lewis Carroll. 160 aniversario de la aparición de Alicia en el país de las maravillas
Quizás algunos de quienes frecuentemente pasáis por aquí os preguntéis: «¿Pero cómo es que este JC une en una misma entrada a dos autores tan distintos como Lewis Carroll y Lea Ypi?». Sí, sí, el interrogante me parece de lo más pertinente, y como ocurre tantísimas veces la respuesta es de lo más sencilla y prosaica que pueda existir: "Pues simplemente porque la tertulia 'más que palabras...' de la que formo parte decidió visitar, justo el día que habíamos establecido para comentar el libro de la albanesa Lea Ypi, la exposición que Caixa Forum Madrid dedica actualmente a las dos obras de Lewis Carroll ". Pero, fíjate, todo en este mundo tiene posibilidad de relacionarse y leyendo a ambos autores me di cuenta de que Albania, socialista desde 1946 hasta 1990, no fue menos surrealista en su realidad que en la ficción las aventuras de Alicia. El dicho tantas veces repetido, atribuido a Óscar Wilde, de que la realidad supera a la ficción creo que se convierte en verdad tras la lectura de las aventuras de Lea Ypi en Albania durante esos años y de Alicia en la madriguera del Conejo Blanco. 

Pero vayamos por partes. Comenzaré por Alicia, la creación de Lewis Carroll, y Los mundos de Alicia, la magnífica exposición que Caixa Forum ha traído a Madrid desde Barcelona para celebrar los casi 160 años transcurridos desde la aparición del libro de Alicia en el país de las maravillas

De las dos entregas que de las aventuras de Alicia hizo Lewis Carroll —Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, su continuación— sorprende comprobar cómo la fantasía ideada por el profesor de matemáticas, fotógrafo, diácono y magnífico cuentacuentos que fue Charles Lutwidge Dodgson ha influido tantísimo en el mundo desde que esas dos obras fueron publicadas. Todos conocemos estos libros por lectura directa de los originales o por versiones abreviadas y/o cinematográficas que sobre ellos se han hecho. En mi caso en esta ocasión he releído la historia de Alicia a través de la edición anotada y comentada que en 1960 publicara el también matemático Martin Gardner. Las explicaciones y aclaraciones que da, a lo largo de ambos libros, de acertijos, temas musicales, poemas o cuestiones matemáticas esparcidas por ambas obras, me han ayudado muchísimo a degustar debidamente la fantasía ideada por Lewis Carroll; además, la excelente traducción que para la edición española hizo Francisco Torres Oliver ayuda no poco a este propósito. 

Alicia en el país de las maravillas. A través del espejo y lo que Alicia encontró allí
Si durante la lectura de las dos obras sobre Alicia muchas cuestiones de tipo existencial, surreal, onírico, social, identitario, etc. se agolpan en nuestra mente según vemos a la niña protagonista entrar en, salir de o superar diversas aventuras, visitar la exposición de Caixa Forum es su complemento ideal y perfecto. En la misma podemos comprobar cómo la literatura, el cine, la filosofía, los movimientos artísticos, el teatro, etc. se han visto sacudidos por la enorme fuerza que emana de la historia de fantasía ideada por el fotógrafo y profesor de matemáticas que fue Lewis Carroll. Todo queda debidamente ilustrado y justificado. En la muestra Los mundos de Alicia se pueden contemplar fotografías originales realizadas por el propio escritor, ediciones primeras de los cuentos, versiones cinematográficas (desde las del cine mudo hasta las últimas actuales protagonizadas por Johnny Deep y dirigidas por Tim Burton y James Bobin pasando, naturalmente, por el mundo Disney y su conocidísima película de animación); se puede comprobar la impronta dejada por el cuento en el surrealismo (Louis Aragon, André Breton, Salvador Dali...); la utilización del cuento para cuestiones tan variopintas y aparentemente tan alejadas del mismo como la publicidad, la política real, e incluso la gastronomía; y un largo etcétera que no es el caso enumerar aquí. 
«Lo primero que pensó fue que había estado soñando con el León y el Unicornio, y con aquellos extraños Mensajeros anglosajones. Sin embargo, aún tenía a sus pies la gran fuente sobre la que había tratado de cortar el bizcocho: "Así que, en definitiva, no estaba soñando", se dijo, "a menos…, a menos que todos formemos parte del mismo sueño. ¡Pero espero que sea mi sueño, no el del Rey Rojo! No me hace gracia pertenecer al sueño de otra persona"»
El León y el Unicornio que aparecen en la cita anterior serán figuras utilizadas, a favor y en contra, dentro de la campaña del referéndum por la independencia de Escocia; en la expo se puede visualizar un corto de unos 10 minutos de duración en el que ambos personajes dialogan en clave sobre el futuro de Escocia. También el sueño, la ensoñación, la dependencia o no de un ser superior, la propia identidad... son esenciales en Lewis Carroll

Al final de cada una de las dos entregas de Alicia vemos que la niña despierta en el regazo de una de sus dos hermanas Lidell. En el mundo real el diácono Charles Lutwidge Dodgson entretenía a las tres niñas en sus paseos en barca por el lago o en las calurosas tardes de verano haciéndolas soñar y evadirse de la realidad a través de los cuentos que él inventaba para ellas. Así nació Alicia en el país de las maravillas; su continuación, Alicia a través del espejo, finaliza con la coronación de la niña como reina tal y como les sucede a los peones en el juego de ajedrez. Lewis Carroll adoraba a las niñas -no así a los niños, que le parecían brutos y salvajes- a las que fotografiaba, paseaba, dibujaba y para las que inventaba historias como estas narraciones. En este amor a las niñas se ha querido ver una cierta inclinación pedófila por parte de Charles Dodgson. El comentarista Martin Gardner no ve tal cosa por parte alguna. Hoy quizás la valoración sería muy distinta, pues vemos cómo se producen cancelaciones de personas y obras antiguas por no atenerse a postulados hoy vigentes. Sin embargo creo que a Lewis Carroll le salva de esta injusta criba el surrealismo 'avant la lettre', la cuestión existencial que se muestra en estas aventuras, la crítica social y política a los poderosos (la Reina de corazones, la Reina Blanca, la Reina Roja, el Caballero Blanco, etc.) y la ausencia absoluta de sexo.





"Libre", de la albanesa Lea Ypi
 
Memorias, bildungsroman, libro iniciático de la albanesa Lea Ypi
Digo en el título de esta entrada que Lea Ypi me parece, especialmente durante la primera parte del libro, una pequeña e inocente Alicia. Y lo digo porque Libre, de la albanesa Lea Ypi, es una especie de memorias, de biografía novelada sobre su evolución personal dentro
de la Albania socialista en la que nació en 1979 pasando por la caída del sistema político en 1990, la guerra civil en 1997 hasta llegar a la salida de la joven de Albania para estudiar filosofía en Italia. En la citada primera parte la niña que es Lenuska vive con sincera entrega la vida que le relatan las profesoras de su colegio; ella cree a pies juntillas todo lo que le dicen: la envidia que toda Europa siente hacia Albania, la maldad del capitalismo, la bondad del socialismo, la preeminencia del Partido sobre cualquier otra cosa («Por algún motivo, yo asociaba la sede del Partido con Dios y con la idea del más allá»). La inocente Lea vivía en un mundo muy distinto al real de sus padres que más o menos transigían con sus deseos infantiles para no verse señalados como disidentes del Sistema.

Es Libre un bildungsroman, una novela de iniciación, de crecimiento personal, de evolución de la propia autora. Personalmente a mí la historia que relata no me ha sorprendido para nada. Quienes hemos vivido bajo dictaduras férreas hemos conocido esa manera de sobrevivir en una sociedad represora, esa manera de disimular, esos chistes nerviosos sobre los opresores, ese cinismo cuando oficialmente había que hablar sobre el Partido único, etc., etc. 

En esta novela lmás encantador es ver la inocencia que muestra la niña-narradora que vive 'engañada' por su familia durante el período socialista, el enfado de ella cuando lo descubre, su posicionamiento decidido respecto a su amiga Elona a la que busca sin descanso cuando de la noche a la mañana un día desaparece y el tremendo desencanto que sufre cuando descubre el trabajo que realiza en Italia a donde marchó con el chico que le gustaba... De entre los personajes, además de la autora-narradora, hay que destacar sobre cualquier otro a la abuela Nini sostenedora auténtica de la identidad familiar. La familia sufrió la expropiación de sus bienes a manos del gobierno socialista albanés igual que anteriormente en Tesalónica (Grecia) el padre de Nini y bisabuelo de Lea sufrió la confiscación de muchas de sus propiedades; Nini será quien a la caída del socialismo luchará sin descanso para recuperar lo que les pertenecía y era constitutivo de su razón de ser familiar. 

Respecto a otros personajes llama bastante la atención la  actuación y personalidad de la madre de Lea tanto durante la vigencia del Partido único como a la caída del mismo. Por su parte, la del padre resulta mucho más creíble, si bien no por ello menos sorprendente. Ambos cónyuges a la llegada de la democracia participarán activamente en política, pero el desencanto y la dinámica de la misma se los llevará por delante. 

Al final vemos a Lea estudiando filosofía en Italia y especializándose, curiosamente, en filosofía marxista. Esta deriva profesional no será bien entendida por sus padres: 
«como si estudiar las ideas de un sistema que destruyó tantas vidas en mi familia ya bastara para convertirme en la persona responsable de apretar el gatillo. Yo sabía que eso era lo que mi madre pensaba en el fondo. Siempre quise explicárselo, pero no sabía por dónde empezar.»
Tampoco sus compañeros de estudio, italianos que jamás vivieron bajo el yugo totalitario de un Partido único, aunque defendían y se manifestaban a favor del socialismo no logran comprender a Lea cuando ella les cuenta lo vivido personalmente en su país. El contraste entre el socialismo real -el que ella había vivido en Albania- y el socialismo de los países occidentales -una socialdemocracia en la que la palabra Libertad, el consumo, el libre mercado y tal coexisten dentro de un sistema claramente capitalista- es de lo más interesante en el libro:
«Muchos de mis amigos se declaraban socialistas: es decir, socialistas occidentales. Hablaban de Rosa Luxemburgo, León Trotski, Salvador Allende o Ernesto «Che» Guevara como si fuesen santos laicos. [...] Sus rostros se exhibían en pósteres, camisetas y tazas igual que lo hacían las fotos de Enver Hoxha en el salón de las casas albanesas cuando yo era niña. [...] Que me apropiara de la etiqueta socialista para describir mis experiencias y, al mismo tiempo, asimilarlas a su compromiso político era algo que a veces les parecía una provocación sospechosa a mis amigos universitarios. Solíamos ir a un gran concierto al aire libre en Roma que se celebraba todos los Primeros de Mayo y yo no podía evitar que aquello me recordase a los desfiles del Día de los Trabajadores de mi niñez. "Lo que vosotros teníais no era un verdadero socialismo", me decían casi sin poder disimular su irritación.»
Albania bajo el socialismo
Lea Ypi
al final de Libre muestra y se decanta, igual que hiciera su padre a lo largo de su vida, por una equidistancia mental puramente racional respecto a los dos sistemas políticos que ha vivido. Ambos, en su opinión, contienen aspectos salvables. Nada es malo absolutamente, al igual que nada es bueno siempre totalmente. Esa falta de visceralidad, de encono, de inquina, de crispación entre ideas distintas es, quizá, uno de los principales mensajes de esta obra. Tampoco esta manera de pensar, este comportamiento será muy entendible para muchos de sus amigos y miembros de su familia. Y ello, en palabras de la propia autora-narradora está, en la base del nacimiento de la obra:
«Pensaba que aclararlo me iba a llevar un libro entero. Este es ese libro. Al principio iba a ser un libro filosófico sobre la superposición de las ideas de libertad en las tradiciones liberal y socialista. Pero cuando comencé a escribir, igual que cuando empecé a leer Das Kapital, las ideas se convirtieron en personas; en las personas que me hicieron ser quien soy. Se amaban y se peleaban, tenían diferentes conceptos de sí mismos y de sus obligaciones para con los demás.» 

27 jun 2024

Pedro Simón: Los ingratos

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«Hubo muchas cosas que cambiarían para siempre y otras que se fueron para no regresar jamás. Mis padres me explicaban que en eso consistía precisamente hacerse mayor: en dejar de hacer cosas que antes podías hacer y ahora no»

El Mundo, editorial Espasa, Booket
Los ingratos es una novela escrita por el periodista Pedro Simón. Con ella ganó en 2021 el Premio Primavera de novela. La historia que cuenta me ha gustado, me ha conmovido y me ha emocionado. Trata sobre el abandono de la infancia sin reconocer el amor recibido y sin querer manifestar, quizá por vergüenza, el amor sentido hacia esa persona adulta que se desvivió por uno. Cuando se quiere paliar ese lamentable descuido siempre o casi siempre se llega tarde. 

Pedro Simón Esteban (Madrid, 1971), el autor, es periodista. En el ejercicio de su profesión ha recibido varias distinciones: Premio Ortega y Gasset (2015), Premio APM al Mejor Periodista del Año (2016), Premio de prensa (2019) y Premio Internacional de Periodismo (2020). Practica el periodismo social y es proclive a tratar temas relacionados con la infancia; precisamente un trabajo suyo sobre el trasplante de corazón a un bebé ('Hugo, historia de un corazón', Diario El Mundo, septiembre de 2019) le hizo acreedor del PIP en la XXXVIII edición de los mismos. Como novelista, antes de Los ingratos ya tenía en su haber cinco títulos, y tras ésta, en 2022 publicó Los incomprendidos.

He leído de un tirón Los ingratos. Nada, antes de ella, había leído del novelista. Su manera de narrar me ha gustado mucho. Escribe sencillo, pero de una manera eficaz con la que llega muy profundo al lector. La historia que presenta, por su naturalidad y la sinceridad que encierra, ha conseguido emocionarme en varios momentos. 

Sinopsis  de la novela (ofrecida por la propia editorial en la contraportada del libro)
1975. A un pueblo de esa España que empieza a vaciarse llega la nueva maestra con sus hijos. El más pequeño es David. La vida del niño consiste en ir a la era, desollarse las rodillas, asomarse a un pozo sin brocal y viajar cerrando los ojos en el ultramarinos. Hasta que llega una cuidadora a casa y sus vidas cambiarán para siempre. De Emérita, David aprenderá todo lo que hay que saber sobre las cicatrices del cuerpo y las heridas del alma. Gracias al chico, ella recuperará algo que creyó haber perdido hace mucho. 

No quiero decir mucho de esta novela para no destruir el mucho encanto que encierran sus páginas. Sí diré que es la historia de un niño, David, que encuentra cariño y seguridad en la señora Emérita, la cuidadora que Mercedes, su madre y maestra del pueblo ciudarrealeño donde viven ahora por haber sido ella destinada allí, ha buscado para cuidar de sus tres hijos, David y sus hermanas Vero e Isa. A Mercedes quien más le preocupa es David, especialmente al estar falto gran parte del tiempo de la figura paterna, Natalio. Natalio trabaja en la Chrysler en Madrid y toda la semana la pasa fuera de la casa familiar. A veces, cuando los padres discuten, es más tiempo el que David queda huérfano de padre. 

David, que es quien narra, es muy amigo de Gregorio y de Vicente Jesús. Con ellos aprende cosas que no se enseñan en la escuela como echar las primeras caladas a un Bisonte, sentir la vergüenza de no poder controlar siempre y como es debido sus esfínteres, o no saber qué decir al ver el culo a Sarita que por un duro los domingos lo muestra en un visto y no visto, uno por uno, a toda la pandilla de chicos. Los tres amigos no son los únicos niños, enfrentados a veces a ellos y amicísimos en otras ocasiones están Mario, el Pirracas, Eugenio Tododieces, Eladito, Tomás... Luego está el otro mundo, el de las chicas. A la ya nombrada Sarita se añaden las amigas de Vero y de Isa: Sufragio, Encarni... 

Pero sin lugar a dudas es la señora Emérita el centro del relato. Para Emérita David es su niño; ella lo llama Currete y él a ella le dice Eme. Emérita no sabe leer ni escribir; serán los tres hijos de la maestra quienes se encargarán de enseñarle y cuidarán de que escriba con corrección señalándole bien en rojo las faltas de ortografía que comete en los dictados que por las noches, especialmente en el frío invierno, le hacen. Emérita es sorda, no oye nada. Por qué se quedó sorda es motivo de habladurías; que si por un cohete que le rompió el tímpano como a la perra de José Luis, el amigo de Natalio, un tiro estando de caza; que si su marido Ramón; que si... El caso es que la escritura es muy importante para mejor poder comunicarse con ella. De hecho en la novela hay una buena parte de la misma en que ella, Emérita, escribe sus pensamientos, sus reflexiones («Escribo y lo guardo. La de vergüenza que me daría que lo leyeras») sobre los sentimientos que alberga hacia David, su Currete, hacia toda la familia de Mercedes y Natalio, que para ella fue sustituta de la que no pudo tener. También, llegado el momento en que David y su familia dejan el pueblo y se trasladan a vivir a Madrid, Emérita escribe cartas interesándose por todos ellos. Como suele suceder estas cartas, como las visitas al pueblo desde Madrid que los primeros meses le hicieron la familia de Natalio y Mercedes a bordo de su flamante Simca 1200, con el tiempo fueron espaciándose hasta quedar reducidas a una breve felicitación navideña. Es el olvido.

Y también es el desagradecimiento. No se es consciente del mismo hasta que sucede lo inevitable. Y entonces ya no hay solución, de nada vale lamentarse y decirse que tenía que haber..., tenía que..., tenía... Sí, ¡tenía uno que haber hecho tantas cosas, pero ha hecho tan pocas! Pedro Simón en una de las muchas entrevistas que en 2021 le hicieron a raíz de la concesión del Premio Primavera de Novela dice que «'Los ingratos' habla de los mayores a los que no hemos podido despedir abrazando», quizás esto venía a colación de los muchos ancianos que estaban en ese momento muriendo solos en Residencias por culpa del COVID; que «Los ingratos somos nosotros, por no haber dado suficientemente las gracias a la generación anterior»; y también que «Se habla mucho de las mujeres urbanas que rompen moldes, pero se habla poco de las mujeres rurales que se quedaron a recoger los pedazos rotos».

Ya sólo por esto la novela es importante. Pocas veces se ha reparado en ese esfuerzo, en esa entrega a cambio de poca cosa material, en ese amor de madres sin serlo biológicamente. Pedro Simón, como Héctor Abad Faciolince de cuyo libro El olvido que seremos incluye una cita al inicio del libro, escribe «para alguien que no puede leerme, y este libro no es otra cosa que la carta a una sombra».

Son trece los capítulos en los que distribuye la historia de iniciación que cuenta el autor en la novela. Salvo el primero y los dos últimos, titulados el inicial como (1960), el penúltimo (2020) y el último con el título de toda la narración, (Los ingratos), los títulos del resto son pronombres en grupos de dos -salvo uno, (Él)-: (Él y él), (Él y aquello), (Ella y ella), (Él y ellos), (Ella y él), (Él y ella), (Ella y aquel), (El y ellas), (Él y eso)... Como se ve, Él, el niño David, y Ella, la señora Emérita, son los protagonistas absolutos. En el titulado (Ella y él) el empleo del dativo ético, también llamado de interés, deja bien a las claras el amor de madre que Eme sentía por su Currete David
«Me has crecido mucho en este tiempo: lo menos dedo y medio, que lo tengo yo señalado a lápiz en el marco de la puerta de tu habitación»
Toda la novela, como digo, me ha encantado. Pero si tuviera que destacar alguno de los capítulos sobre el resto, sin lugar a dudas mi elección recaería sobre (Ella y aquél): Emérita en una de sus reflexiones «Escribo y lo guardo. La de vergüenza que me daría que lo leyeras» escribe en él sobre Ramón quien fuera su marido y sobre el hijo que tuvo, nació y murió. El niño de la maestra, David, vino a ser para ella una especie de sustituto.

Periodismtas y novelistas, Periodismo y Literatura
No he hecho en esta ocasión playlist de los temas musicales que Pedro Simón incluye en Los ingratos, pero sin duda alguna merecería la pena realizarla. El autor utiliza estas referencias musicales para contextualizar, para delimitar un momento vital, una época. Así los viajes en coche con Natalio al volante del Simca 1200 durante los años finales de los 70 los marca con su gusto por las canciones de Víctor Jara y Daniel Viglietti (David niño lo llamaba «Daniel y Leti» con gran regocijo de Natalio) dada su militancia sindical siempre reivindicativa; los que realizó durante esos mismos años junto a sus hermanas a bordo del Seat 127 de Mercedes, su madre, a quien las canciones de José Luis Perales o de Camilo Sesto la entusiasmaban, el narrador los recuerda así:
«Cuando ponía la de Algo de mí, esa que empezaba con "un adiós sin razones, unos años sin valor", los tres nos poníamos como locos a cantar el estribillo y mamá (al cantar yo ya veía a mamá) subía el volumen:
"Aaaaaalgo de mí,  aaaaaalgo de mííííí, algo de mííííí, se va muriendooooo..."»

Luego ya en 2020 el David adulto, a bordo de su Ford Kuga, para amenizar el viaje pone una playlist y escucha Eme, de Leiva; Everybody Hurts, de REM; Lo que quieras oír, de los Pistones; House where nobody lives, de Tom Waits... 

Los coches, la música..., sirven para poner de manifiesto los cambios, el paso del tiempo. En los setenta en el pueblo, y luego como señal, signo o falso mito de progreso ya en la ciudad, en la gran ciudad, en Madrid:

«El mito relacionaba quedarse allí con el fracaso y encontrar un futuro en la ciudad, con el triunfador. El mito».

21 ene 2023

El lamento de Portnoy. Novela de Philip Roth. (Revisitados)

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«William Butler Yeats lo escribió –dije, comprendiendo mi poco tacto, la falta de sensibilidad con que yo había puesto de relieve el abismo que nos separaba: yo soy listo y tú eres tonta, eso es lo que había querido decir al recitar a aquella mujer uno de los tres poemas que yo había aprendido de memoria en mis treinta y tres años−. Un poeta irlandés −añadí» (pág. 184)

Philip Roth, El mal de Portnoy
Al hilo de la lectura del libro de James Salter, "Juego y distracción" que, como digo en el comentario que de ella hago en este blog [leerlo aquí], me evocó vivamente la novela de Philip Roth aparecida en 1969, "El lamento de Portnoy", recordé haber hecho reseña de ella. La he buscado y la he releído. Me ha parecido que las palabras que le dediqué hace años no están nada mal; sin embargo su recepción entre los lectores de 'El blog de Juan Carlos' ha sido claramente escasa, quizás por la fecha en que la publiqué -en 2012, coincidiendo con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de Literatura al escritor norteamericano- cuando el blog apenas si había echado a andar. Es por eso que he decidido traerla al presente y situarla con esta entrada dentro de la Sección "Revisitados de este blog. Ya me diréis qué os parece. 



AVISO: El comentario de la novela El lamento de Portnoy de Philip Roth que viene a continuación contiene algunos spoilers. ¡Quien avisa, no es traidor!



 El 26 de octubre del año 2012 cuando publiqué la reseña lo hice bajo este rotundo título: 

 «En el muro de las lamentaciones. “EL LAMENTO DE PORTNOY” de Philip Roth (Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012)»

Y seguía así:

 La novela apareció en 1969. Es una novela que cabría considerar como “fuerte” en el sentido en que mis padres empleaban dicho término y que yo escuchaba de sus labios cuando niño. Es “Fuerte” porque su asunto, al menos externamente, gira en torno a la obsesión que el protagonista Alexander Portnoy tiene sobre el sexo. Dicha obsesión le viene de su época adolescente y parece no haber desaparecido en el momento en que está contando el relato, a sus 33 años.

¿Por qué esta obsesión? Seguramente procede de su condición de judío y su evolución como adolescente, del gran complejo de Edipo que sufre –o ha sufrido- y de su gran soledad… Y es que Alexander vive en Newark, afueras de New York, a donde sus padres se trasladaron huyendo del antisemitismo que sentían en Jersey City, en un barrio donde todos sus habitantes son judíos y en el que se observan estrictamente los principios de la ley judaica (carnicería judía, barbero judío, colegio judío…) al igual que en el seno de su familia constituida por Jack Portnoy, el padre, vendedor de seguros en los barrios más difíciles de la ciudad (Harlem, Bronx, y así), la madre Sophie Ginsky, la hermana Hanna y el novio de ésta Morty. Los vecinos también lo son: su tío Hynnie, vendedor de gaseosas; su primo Harold, Heshie.

Y en este contexto está Alex, adolescente de algo menos de 16 años, que quiere sentirse como el centrocampista de un partido de Baseball: seguro y conocedor de todo (esta metáfora la desarrolla Philip Roth en las páginas 72-76; y me recuerda un muy mucho a otro libro de crisis adolescente, El guardián entre el centeno de J.D. Salinger). Portnoy se rebela contra la opresión y rigidez con que su familia, y en especial su madre Sophie, lo educan. Es un sentimiento ambivalente pues al tiempo que siente asfixia en su casa, también se siente solo fuera de esta protección. Su crisis de adolescencia encuentra salida hormonal en la masturbación, si bien este acto le perturba seriamente pues el joven está invadido del sentimiento de culpa inherente a cualquier momento de placer que le han imbuido en casa, en la sinagoga, en el colegio…; en definitiva, en la educación que recibe.

Estos asuntos ocupan las tres primeras partes del relato (“La persona más inolvidable que he conocido”, “Sacudiendo” y “Lamentaciones judías”) que ocupan las primeras 83 páginas. De estas tres partes, además de la angustia que siente por lo encima de él que está su madre y el afán por masturbarse destaca el lamento siguiente: «No querer ser uno judío y serlo para los otros». Y es que su físico (la nariz ganchuda, el pelo negro y ensortijado…) lo delatan ante los goyische (gentiles) que viven con alegría y son físicamente distintos. Alex se siente en un gueto y, –dice-, quiere vengarse de esta sociedad que los aparta a través del arma que tiene más a mano, el sexo. Primero masturbándose por doquier, incluso en sitios públicos, y cuando crezca practicando sexo con las kurveh (prostitutas) gentiles y no sólo con ellas.

Así sucede en la 4ª parte, “Ansia de sexo” en donde se nos aparece como un ser machista por demás. Es aquí, en esta parte de 92 páginas, donde vemos a la perfección la estructura del relato. Estamos ante una confesión, así la llama él en un momento, realizada por Alex ante un doctor al que en ocasiones llama Spielvogel (un psicoanalista o psiquiatra, sin duda) que en silencio escucha su monólogo que fluye de su conciencia entremezclando edades, periodos, etc., de manera que en ocasiones su confesión nos retrotrae a los 4 años de edad, en otras tiene 22 o vuelve al presente de la confesión, a sus 33 años (la técnica literaria es, pues, el monólogo interior y/o flujo de conciencia).

En las referencias que hace a su situación actual sabemos que se gana la vida como Subdelegado de Igualdad de Oportunidades de la ciudad de Nueva York, siendo un personaje conocido por sus apariciones en televisión por los controvertidos casos que lleva y resuelve. Por esto, es más chocante aún la depravación sexual de que hace gala con esa medio novia que se echa, la Mona, con la que practicará sexo duro y a la que convencerá para participar en tríos sexuales e incluso pretenderá llevar a orgías. En definitiva busca hacer realidad las fantasías sexuales que tiene desde la adolescencia. Su madre siempre le advirtió de lo inadecuado de este comportamiento imbuyéndole un sentimiento de culpa que le acompañará hasta el final del relato.

La 5ª parte, “La forma más extendida de degradación en la vida erótica”, insiste en sus relaciones adultas con diferentes mujeres, además de con la Mona, meretriz analfabeta a la que intentará educar recomendándole diversas lecturas (Dos Passos, Baldwin, Steinbeck, etc.). Esta mujer se enamorará sinceramente de él, pero él, que también se siente muy próximo a ella, no logrará superar el que ella proceda de los bajos fondos y que vista y actúe como una mujer de otro estatus. Se muestra, pues, Alex como un racista y actúa del mismo modo que echa en cara a los americanos no-judíos, sin aceptar a quien no pertenezca a su cultura, ahora no religiosa sino intelectual. La abandonará y ella amenazará con suicidarse.

Su relación con la Mona le hará recordar su primera salida fuera de su casa un Día de acción de Gracias con sólo 17 años cuando tras llevar dos meses sin ver a su familia por haber empezado a estudiar en la Universidad se va con su novia Kay, una chica de familia cristiana y buena posición social. Su judaísmo personal le pesa tanto que piensa que deberá plantearlo de mano a los padres de la chica (vamos, que de nuevo se siente culpable por ser judío y piensa que todo el mundo lo sabe y que ello es una barrera infranqueable). No lo hará, sin embargo, aunque luego a Kay tras una falta le propondrá casarse si se convierte al judaísmo; ella responde escandalizada por semejante propuesta y esto será el fin de la relación.

Escritores norteamericanos del siglo XXTambién recordará que con 29 años tuvo una novia en el lugar de trabajo. Era una chica de 22 llamada Sally Manlsby de familia americana desde la conquista en el XVI. A través de ella intentará vengarse de todos los agravios que en su opinión sufre su cultura representados primeramente en el jefe de su padre (Lainsbury) quien lo explotaba abusivamente. Sin embargo Sally, de personalidad fuerte, aunque accederá a algunos de sus caprichos sexuales, en un momento le manifestará simplemente que ella hay cosas que no hace, y punto.

La última parte tiene el título de “En el Exilio”. En esta parte viaja a Israel y curiosamente no se siente a gusto. Le sorprende que todos allí sean judíos y como le dirá una de sus conquistas es que él tiene cultura de gueto, que por eso desprecia a los otros, que no quiere integrarse. Dos chicas conoce, una militar y otra de 21 años de un kibutz. Con ninguna de las dos podrá practicar sexo, al no conseguir la erección. Además piensa que puede padecer una enfermedad de transmisión sexual (consecuencia ‘lógica’ de su desordenado comportamiento, vamos, el castigo que debería derivarse de su culpable actuación). La chica militar se irá al ver su nula disposición sexual, y la del kibutz impedirá que abuse de ella diciéndole las cosas a la cara. Esta chica se llama Naomi y es una sabra (nacida ya en el estado de Israel). 

En esta 5ª parte, concretamente en la página 252 de la novela, aparece la frase que en el fondo ha estado sobrevolando todo el relato: 
«¿Por qué, por qué no puedo tener un poco de placer sin que siga inmediatamente el castigo?»
Lo importante, al final, es que el relato le ha servido para descubrirse a sí mismo, y como dice el Dr. Spielgovel: «ahora, quizá, podamos empezar. ¿Sí?».

Además de lo reseñado anteriormente, y ya para finalizar, no hay que echar en saco roto la gran carga irónica y el claro humor que el relato encierra, si bien este último centrado la mayoría de las veces en situaciones de fuerte contenido sexual y/o escatológico. Es un humor chocante fruto de los altibajos situacionales como, por ejemplo, hacer uso de un hablar elevado en situaciones ciertamente muy chocarreras (vid. pág. 189). Para mí la situación más divertida se da cuando la Mona le dice haber comprendido el poema de “Leda y el Cisne” de Yeats con la vagina (vid. pág. 184).

Y es que asimismo la dualidad alta cultura frente a cultura en grado cero propicia, amén de no pocas situaciones humorísticas, la coartada perfecta para que el judío-que-es-pero-no-quisiera-aparentemente-serlo exponga su amplio abanico de preferencias literarias (Keats, Steinbeck, Baldwin, Kafka, Dos Passos, etc.). Y especialmente William Butter Yeats y su bellísimo y muy sensual poema con el cual prácticamente abre el relato.

En un momento dado, en las primeras páginas de El lamento de Portnoy, Philip Roth eleva a este impresentable personaje a la categoría de héroe: «Parezco un hijo de la casa de Atreo» [alude a los Atridas, de cuya estirpe proceden los héroes Aquiles, Agamenón y Menelao] y lo coloca a renglón seguido del vulgar comentario hecho por la Mona a propósito de la comprensión de dicho poema. Yo creo que con esto Roth está manifestándonos el poder adivinatorio, prospectivo y fuente de conocimientos no usuales que la literatura siempre ha propiciado, y que él parece defender, si bien, claro, Portnoy es un Aquiles del s. XX (otra muestra de humor irónico y carnavalesco).

2 oct 2022

Lize Spit: El deshielo

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«Por primera vez me vi a mí misma en el reflejo, una mujer, de pelo largo, angulosa y descarnada. Adecuada sólo para hombres poco exigentes que querían apuntar más alto pero que se veían coartados por sus propias limitaciones. Entre ellos, un veinteañero picado de viruela en los aseos de la universidad, un modelo de las clases de dibujo con labio leporino y un profesor de historia francófono medio calvo.»

El deshielo, Het Smelt, Lize Spit, literatura belga
El deshielo de Lize Spit es una novela legible aunque algo truculenta; algo exagerada y hasta en, mi opinión, por momentos rayana en la inverosimilitud. De todos modos cuando se aborda el tema de la adolescencia cualquier cosa es posible pues si hay una edad en que somos exagerados e inverosímiles es esa. El tiempo es asunto central en esta historia y con él los complejos propios de la edad y la necesidad durante ese periodo vital de estar siempre haciendo algo, apostando por algo, probando algo, experimentando algo... Lo curioso es que lo realizado en esa etapa de tanta inestabilidad emocional a veces tiene consecuencias importantes en la edad adulta.

Sinopsis (de la propia editorial)
En 1988 nacieron tres niños en la pequeña ciudad de Bovenmeer: Laurens, Pim y Eva. Durante la infancia, y debido a la difícil situación familiar que vivía, la niña se volcó en su amistad con sus compañeros. Al llegar a la adolescencia, y azuzados por una incipiente curiosidad sexual, los chicos iniciaron un escabroso juego que tendría graves consecuencias para ellos. Transcurridos trece años de ese último verano juntos en que todo se desbocó, Eva regresa a Bovenmeer dispuesta a ajustar cuentas con el pasado.


La novela apareció en 2015 en Bélgica cuando Lize Spit tenía 27 años. Fue su primera incursión en la literatura. En cierto modo, imagino, es su propia adolescencia, tan cercana a ella, la que puede que se refleje en la historia de Eva, el personaje protagonista. La autora en las entrevistas que concedió en España en 2017 cuando vino a promocionar la edición en español dijo al respecto que no era una autobiografía a pesar de estar inspirada en la vida vivida por ella, su familia, los amigos y vecinos de la pequeña localidad flamenca que la vio nacer ("Cuando escribía el libro tenía dos voces en mi cabeza, la de la escritora, que me decía que utilizase cosas de mi vida real, y la de la hija, que me decía que no lo hiciera. Fue una lucha de ambas partes"). Pese a esta rotunda manifestación, su madre cuando apareció publicada El deshielo le dijo que esperaba que tuviera un buen abogado porque los vecinos estaban muy disgustados; esto es, me parece, señal inequívoca de que la inspiración en la realidad era más que reconocible para unos y otros si bien, prosiguió la Spit mi madre "no habló de lo que sentía ella". Vamos que, como bien refleja el dicho popular 'blanco y migado'. Con todo hay que tener en cuenta que la experiencia personal cuando se pasa por el barniz de la ficción ya no es historia real; quiero decir que no se puede pretender buscar una relación total entre los sucedidos de la ficción y la vida real de la escritora.

Lize Spit presenta esta historia sobre seres que se inician a la vida adulta presentándonoslos en tres momentos distintos de su devenir vital: La Niñez, cuando los tres niños nacidos el mismo año, de modo inevitable juegan y crecen juntos en el pueblo; la eclosión de la Adolescencia, ese momento inestable en que los niños empiezan a dejar de serlo sin llegar a ser adultos aún; y la Madurez de todos ellos, trece años después, cuando Eva vuelve al pueblo atendiendo la convocatoria que le han hecho llegar sobre el homenaje a Jan, el joven fallecido la Navidad de 2001. Estos tres cortes temporales los muestra la novelista siempre de manera alterna y siempre desarrollando linealmente la historia en cada uno de ellos. El lector sigue estas tres etapas vitales sin peligro de confusión alguno entre ellas dado que las secuencias que forman las de la Niñez siempre aparecen encabezadas por un título clarificador (Acampada, Encarta 97, Cabeza grasienta, etc.), las de la Madurez, o momento actual, las preside el discurrir inmisericorde del tiempo en el reloj (9:00, 12:30, 17:45, etc.) y el del momento central de  todo el relato, el de la brutal eclosión de la Adolescencia, con la indicación de la fecha concreta de los días de ese verano en el que todo se desbordó de modo terrible (se inicia el 4 de julio de 2002 y concluye el 10 de agosto de 2002).

Novelas de iniciación, Bildungsroman, Adolescencia
Muchos son los asuntos que directa o tangencialmente se tocan en El deshielo, todos ellos siempre relacionados en mayor o menor medida con el central de la adolescencia: la amistad entre niños y adolescentes; el abandono o escasa preocupación de algunos padres por sus hijos; el TOC (trastorno obsesivo compulsivo) padecido por Tesje, la hermana de la protagonista Eva; el alcoholismo de los padres de Eva; el descubrimiento de la sexualidad por los adolescentes; el sexo mal entendido por culpa de la pornografía y el tremendo daño que la misma ocasiona en las mentes de personas en formación como «los tres mosqueteros» (Pim, Laurens y Eva) que protagonizan esta historia; la tremenda frialdad con que se relacionan entre sí los tres niños protagonistas; la inopia en la que viven los padres respecto a las acciones de sus polluelos; el tremendo machismo presente en unos jóvenes casi niños y sus penosas consecuencias físicas y psicológicas en las mujeres; la colaboración en este machismo de las propias mujeres (el caso de la hermosa Elisa es claro ejemplo de ello); la disolución de la familia; la pérdida de influencia social de la iglesia; el bullying que puede llevar a quien lo sufre a querer quitarse de en medio (Jan, el hermano de Pim); la brutalidad que a veces aparece en entornos pequeños como la localidad belga donde sucede la historia...

Sobre el asunto citado en último lugar —el de lo sucedido en una pequeña localidad, en un pueblo—, Lize Spit durante su estancia en España en 2017 insistió en que uno de los personajes principales de su relato era el pueblo de Bovenmeer: "Una de las cosas que he aprendido es que a las personas en los pueblos les gusta hablar más las unas de las de las otras que las unas con las otras", "La gente en los pueblos sacrifica los secretos de los demás para poder ser alguien" y que esta actitud provoca que el libro acabe "de una manera tan brutal”.

Ha llamado mucho mi atención la forma literaria que Lize Spit utiliza en El deshielo, especialmente el predominio de frases cortas, yuxtapuestas, a veces sin aparente relación entre ellas pero que al estar así construidas logran transmitir la frialdad, la falta de empatía, incluso la crueldad que esos tres adolescentes practican entre ellos y con las compañeras de clase quienes, en general, aceptan sin gran oposición cuantas vejaciones o abusos se les ocurren a los por sí mismos denominados «tres mosqueteros». Que la autora sea escritora de guión explica, en mi opinión, este estilo seco, frío, distante, utilizado en la novela, claramente una de las señas de identidad de El deshielo.
  • «Tienes tantas oportunidades como prendas de ropa lleves. Si acabas desnuda, habrás perdido. En ese caso deberás hacer lo que ordenemos. Si adivinas el acertijo, nosotros haremos algo para ti. Lo que tú quieras.»
  • «Apenas intercambiamos palabras. En vez de hablar, busco cosas que sean distintas de hace un rato, ahora que Tesje ha desaparecido. El dolor en el cuerpo es el mismo, han aparecido algunas babosas en la calzada

La terrible historia relatada en la novela se ve acrecentada por el gusto que Lize Spit muestra por lo escatológico, por todo aquello que deshumaniza a la persona y la equipara a cualquier otro ser animal:  
  • «Vomité en la boca, una pequeña regurgitación con un regusto agrio y amargo que volví a tragar deprisa. No podía vomitar.»
  • «Laurens tenía diarrea del color de las espinacas,»
  • «La vaca sigue meciéndose, nerviosa. Se forma una burbuja sobre la mucosidad que sale de su culo
  • «De repente me baja por segunda vez la regla. Toda la sangre que me sobra empapa mis bragas. Al principio es líquida y caliente, pero cuanto más me muevo, más pegajosa se vuelve. Se seca y empieza a rozarme la parte interna de los muslos.»
Esta tendencia a lo desagradable viene a compensarla la escritora belga con un cierto sentido del humor que de manera desperdigada aparece en El deshielo. Es un humor negro que, como lo escatológico, en el fondo sirve para acrecentar el sentido terrible que subyace en el relato: 
«Aquella noche no nos sentamos a cenar hasta las ocho. La hora de la cena no tenía nada que ver con la muerte de Jan, sino con el hecho de que la carne no había acabado de descongelarse.» [en la casa de los padres de Eva la noche que murió Jan esperando que la cena se descongelase]
 «—Hoy en día te lo hacen por ciento cincuenta euros, aunque por lo general el precio no incluye el IVA ni el desplazamiento, pero eso no lo dicen en la web, claro. Tampoco ponía nada de que hubiera que pagar en efectivo.» [la madre de Pim mientras su marido busca en el pozo negro al desaparecido Jan]
 «A lo largo de 2003, en presencia de un psicólogo, Tesje informó a mamá y a papá de que sólo quería verlos si estaban sobrios, así que no volvieron.»

Final
Mientras la leía no he podido por menos que recordar la novela "Nada" de Janne Teller que leí hace ya más de ocho años. La reseña que de ella hice en este blog es con mucho la entrada más leída del mismo, con más de 117000 vistas. Para mí esto es claro ejemplo de la importancia que tiene la historia de adolescentes que la escritora danesa de origen austro-alemán escribió por encargo de unos amigos educadores. En algunos centros educativos del norte de Europa es lectura obligada para los alumnos de esas edades conflictivas. 

En la reseña que en 2014 hice de la novela de Janne Teller destacaba el interés que esta etapa vital, la adolescencia, desde siempre ha tenido para los creadores literarios. Concretamente citaba una serie de novelas de iniciación extranjeras y nacionales:
«Dentro de esta categoría entrarían novelas como: "El arpa de hierba" de Truman Capote, "El guardián entre el centeno" de J. D. Salinger, "El lamento de Portnoy" de Phlip Roth, y tantas otras.  

Entre nosotros dentro de la categoría de novela de adolescencia, de iniciación ("bildungsroman" dicen los teóricos de la narrativa) o de formación estarían desde "Lazarillo de Tormes" en el que se obvian los años difíciles de esta etapa vital o se despachan en dos capítulos supercortos dada la dificultad de escribir sobre los mismos hasta "Días de Reyes Magos" de Emilio Pascual pasando por la muy celebrada y única en la producción de la autora "Nada" de Carmen Laforet. Y si de la novela nos vamos al terreno del ensayo allí la conocidísima obra de Fernando Savater "Ética para Amador" se lleva la palma.»
El deshielo entra por derecho propio a formar parte de esta tendencia literaria, la del bildungsroman o novela de iniciación. Es, en definitiva, una novela que se lee muy bien, una novela que sorprende y agrada por los asuntos conflictivos que plantea. Sólo le pondría una pequeña pega, la de que en algunos momentos la historia, en mi modesta opinión, peca de desmedida. Quizás no todos sus lectores opinen igual; desde luego mi apreciación es más que debatible. Pero para mí sostengo que Lize Spit en sus próximas historias debiera de contenerse, de ponerse un cierto freno. Creo que ganaría en verosimilitud. Ya me daréis vuestra opinión cuando leáis esta novela, si es que aún no lo habéis hecho.

 "Es una historia de cómo la amistad se puede convertir en crueldad si no hay cuidado y de cómo ocurren cosas malas cuando la buena gente mira para otro lado"
(Lize Spit en declaraciones al diario La Vanguardia el año 2017)