6 mar. 2014

Una novela de Capote: "El arpa de hierba"

A Phillip Seymour Hoffman fallecido por sobredosis este mes de febrero lo tengo asociado al novelista Truman Capote desde que hiciese el papel del escritor en 2005 en la película que dirigió Bennett Miller, y que trataba esencialmente del proceso constructivo del relato de no-ficción “A sangre fría” que tanto éxito y fama le dio al escritor. ¿De qué nivel sería la actuación del actor estadounidense que su rostro y su figura lograron –al menos en mí- sustituir la del escritor también americano, del estado de Louisiana concretamente, que murió en 1984 a los 59 años de edad.

La fiesta de los Oscar ha tenido un sentido recuerdo para Phillip Seymour Hoffman que protagonizó películas como “The master” (2012) donde casi llegaba a ocultar con su fuerza y buen hacer a nada menos que a Joaquin Phoenix, la ya citada de “Capote” , “La duda” (2008) con una como siempre magnífica Meryl Streep, o las muy recientes de “El último concierto” (2012) o "Los juegos del hambre: En llamas" (2013) en la que diera vida al nuevo jefe a cargo de los juegos, Plutarch Heavensbee, y tantas otras en las que dejó su personalísima impronta.

A mí su penoso fallecimiento me ha llevado al escritor de Louisiana, Truman Capote, por muchos motivos, unos de naturaleza cinematográfica: ¿quién de los aficionados al séptimo arte no recuerda el film protagonizado por Audrey Hepburn y George Peppard “Desayuno con diamantes” (1961) adaptación bastante libre de su  novela  “Breakfast at Tiffany's (Desayuno en Tiffany's)?  
En este terreno del cine Truman Capote desarrolló una gran actividad como guionista, adaptando para la pantalla obras literarias como la novela de Henry James  “Otra vuelta de tuerca” que se proyectó con el título de  “The innocents” (“¡Suspense!” en nuestro país) y que fue dirigida por  Jack Clayton en 1961. Precisamente este mismo director le encargaría diez años más tarde el guión de “El gran Gatsby” de Scott Fitzgerald para el film que sobre este relato realizaría en 1974; sin embargo la Paramount rechazaría el guión de Capote y optaría por otro realizado por Francis Ford Coppola.  

Además de "Desayuno con diamantes", su novela "A sangre fría" fue adaptada y dirigida en 1967 por Richard Brooks.  Pero me parece menos probable que muchos aficionados recuerden la adaptación a la pantalla de otra de sus novelas, “El arpa de hierba” realizada en 1996 por el director Charles Mathau.

Curiosamente, -y aquí aparece el segundo de los motivos por los que Seymour Hoffman me remite a Truman Capote-, la novela “El arpa de hierba” la utilicé el curso de 2005 en mis clases de literatura aprovechando el tirón que el  gran éxito de la película “Capote” pudiera haber tenido entre los chicos. Leímos la novela e incluso, al final, para los más perezosos y para aquellos que no hubieran penetrado en la intención del autor, ocupamos dos o tres sesiones de clase viendo la película de Mathau. La novela creo que es muy apropiada para adolescentes a pesar de que ahora los adolescentes ya no son -¡naturalmente!- los del momento en que Capote escribió este relato, el año de 1951.

“El arpa de hierba” 

Es la historia de un adolescente, Collin Fenwick de 17 años, que tras perder a su madre es enviado por su padre a vivir a casa de unas primas lejanas de éste, las hermanas Verena y Dolly Talbo. Son dos mujeres extrañas y mayores (de unos 60 años) con las que, no se sabe bien por qué la familia de Collin había tenido muy poco contacto.

Collin se convierte en el narrador de su propia experiencia. Nos cuenta cómo entre Verena y Dolly hay muchas diferencias, pues mientras la primera es administradora de una pequeña tienda de vestidos, Dolly explota junto a la fiel servidora negra Catherine un remedio hecho de hierbas y flores silvestres contra la hidropesía que comercializan con cierto éxito.

Precisamente será este remedio contra la hidropesía el que provocará los momentos de máxima tensión en el relato al interesarse por él el Dr. Morris Ritz y su hermana Verena. Dolly que no desea compartir la fórmula de su medicina escapa junto a Catherine y Collin al bosque encaramándose a una antigua casa construida sobre un árbol en la que de niña jugaba con su hermana y amigos. Hasta allí llegará otro personaje importante en el relato, Riley Henderson, chico de la edad de Collin y amigo suyo. Será él el encargado de transmitirles lo que en el pueblo está ocurriendo.

La novela es una historia de iniciación:
  • Descubrimiento de la vocación escritora en  Collin.
  • Descubrimiento de lo que es y significa el Amor: El juez  Charlie Cool, viudo de su esposa Irene Todd, reprenderá en un momento del relato al rey de corazones Riley Henderson por señalar su falta de sentimientos respecto a una chica con la que salío diciéndole que que hay que empezar a amar desde abajo, desde lo más pequeño: una hoja, un árbol…, para luego ya llegar a amar a una mujer a la que poder contarle todo.
  • Descubrimiento del valor de la libertad. Quizás esta sea la mayor enseñanza que el personaje narrador, Collin Fenwick extraiga de su convivencia con las hermanas Talbo, en especial de Dolly. Así cuando ésta, tras la decepción amorosa sufrida por su hermana Verena, decide volver a casa sin aceptar la proposición de matrimonio del amor de su vida, le dirá a Collin, que no entiende por qué obra así, que que jamás había podido elegir y que ahora por primera vez era feliz al haber deciddio por sí misma; si bien había decidido seguir como siempre. Y al poco Dolly morirá.

 Aunque la historia central, la de la casa sobre el cinamomo, dura sólo una semana, el marco en el que
la misma se sitúa tiene tres años de duración. Es pasado este tiempo cuando Collin hecho ya un hombre vuelve a visitar  la casa donde revisará la correspondencia de las hermanas en la que encuentra una postal del Dr. Morris Ritz dirigida a Verena en la que éste le felicitaba las Navidades de manera cruel, lo que explicaba el modo ausente con que desde la muerte de Dolly Verena se comportaba. Después Collin irá a ver al peluquero Amos Legrand, a la señora County..., y finalmente al juez que ha envejecido mucho. Van a ver el árbol y la carretera:

“Cogidos del brazo, descendimos hasta la pradera, quemada por el verano y bruñida por septiembre. Una catarata de color se deslizaba por entre las hojas secas y cantarinas. Y entonces quise compartir con el juez lo que Dolly me había dicho: que la pradera era un arpa de hierba, que recopilaba y contaba; un arpa de voces que recordaban una historia. Escuchamos.” (pág. 187).
 Precisamente la novela se abre con las siguientes palabras:
 “¿Cuándo oí hablar por primea vez del arpa de hierba? Bastante antes del otoño ya vivíamos en el cinamomo, así que debió de ser a principios del otoño. Y, naturalmente, fue Dolly quien me lo dijo.  […]
Debió de ser en uno de aquellos días septiembre, mientras nos hallábamos en el bosque recogiendo raíces, cuando Dolly me dijo:-¿Lo oyes? Es el arpa de hierba, que siempre nos cuenta algo nuevo… Lo sabe todo de la gente de la colina, de los que vivieron antes aquí. Y cuando nosotros estemos muertos, también contará nuestra historia.” (pp. 9 y 10)
 En la novela, aparte de la hermosa historia que se cuenta, el estilo, el color, la belleza de los paisajes, la pureza de los sentimientos (amistad, amor, engaño…) estallan por toda la narración. "El arpa de hierba" enlaza con fuerza con toda la genealogía narrativa norteamericana, fundamentalmente del sur, que se inicia en Faulkner; pero también, por la poesía inherente a las descripciones paisajísticas, las "Hojas de Hierba" de Walt Whitman se vislumbran al fondo.

Truman Capote la escribió en 1951 a los 27 años.

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