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21 ene 2023

El lamento de Portnoy. Novela de Philip Roth. (Revisitados)

«William Butler Yeats lo escribió –dije, comprendiendo mi poco tacto, la falta de sensibilidad con que yo había puesto de relieve el abismo que nos separaba: yo soy listo y tú eres tonta, eso es lo que había querido decir al recitar a aquella mujer uno de los tres poemas que yo había aprendido de memoria en mis treinta y tres años−. Un poeta irlandés −añadí» (pág. 184)

Philip Roth, El mal de Portnoy
Al hilo de la lectura del libro de James Salter, "Juego y distracción" que, como digo en el comentario que de ella hago en este blog [leerlo aquí], me evocó vivamente la novela de Philip Roth aparecida en 1969, "El lamento de Portnoy", recordé haber hecho reseña de ella. La he buscado y la he releído. Me ha parecido que las palabras que le dediqué hace años no están nada mal; sin embargo su recepción entre los lectores de 'El blog de Juan Carlos' ha sido claramente escasa, quizás por la fecha en que la publiqué -en 2012, coincidiendo con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de Literatura al escritor norteamericano- cuando el blog apenas si había echado a andar. Es por eso que he decidido traerla al presente y situarla con esta entrada dentro de la Sección "Revisitados de este blog. Ya me diréis qué os parece. 



AVISO: El comentario de la novela El lamento de Portnoy de Philip Roth que viene a continuación contiene algunos spoilers. ¡Quien avisa, no es traidor!



 El 26 de octubre del año 2012 cuando publiqué la reseña lo hice bajo este rotundo título: 

 «En el muro de las lamentaciones. “EL LAMENTO DE PORTNOY” de Philip Roth (Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012)»

Y seguía así:

 La novela apareció en 1969. Es una novela que cabría considerar como “fuerte” en el sentido en que mis padres empleaban dicho término y que yo escuchaba de sus labios cuando niño. Es “Fuerte” porque su asunto, al menos externamente, gira en torno a la obsesión que el protagonista Alexander Portnoy tiene sobre el sexo. Dicha obsesión le viene de su época adolescente y parece no haber desaparecido en el momento en que está contando el relato, a sus 33 años.

¿Por qué esta obsesión? Seguramente procede de su condición de judío y su evolución como adolescente, del gran complejo de Edipo que sufre –o ha sufrido- y de su gran soledad… Y es que Alexander vive en Newark, afueras de New York, a donde sus padres se trasladaron huyendo del antisemitismo que sentían en Jersey City, en un barrio donde todos sus habitantes son judíos y en el que se observan estrictamente los principios de la ley judaica (carnicería judía, barbero judío, colegio judío…) al igual que en el seno de su familia constituida por Jack Portnoy, el padre, vendedor de seguros en los barrios más difíciles de la ciudad (Harlem, Bronx, y así), la madre Sophie Ginsky, la hermana Hanna y el novio de ésta Morty. Los vecinos también lo son: su tío Hynnie, vendedor de gaseosas; su primo Harold, Heshie.

Y en este contexto está Alex, adolescente de algo menos de 16 años, que quiere sentirse como el centrocampista de un partido de Baseball: seguro y conocedor de todo (esta metáfora la desarrolla Philip Roth en las páginas 72-76; y me recuerda un muy mucho a otro libro de crisis adolescente, El guardián entre el centeno de J.D. Salinger). Portnoy se rebela contra la opresión y rigidez con que su familia, y en especial su madre Sophie, lo educan. Es un sentimiento ambivalente pues al tiempo que siente asfixia en su casa, también se siente solo fuera de esta protección. Su crisis de adolescencia encuentra salida hormonal en la masturbación, si bien este acto le perturba seriamente pues el joven está invadido del sentimiento de culpa inherente a cualquier momento de placer que le han imbuido en casa, en la sinagoga, en el colegio…; en definitiva, en la educación que recibe.

Estos asuntos ocupan las tres primeras partes del relato (“La persona más inolvidable que he conocido”, “Sacudiendo” y “Lamentaciones judías”) que ocupan las primeras 83 páginas. De estas tres partes, además de la angustia que siente por lo encima de él que está su madre y el afán por masturbarse destaca el lamento siguiente: «No querer ser uno judío y serlo para los otros». Y es que su físico (la nariz ganchuda, el pelo negro y ensortijado…) lo delatan ante los goyische (gentiles) que viven con alegría y son físicamente distintos. Alex se siente en un gueto y, –dice-, quiere vengarse de esta sociedad que los aparta a través del arma que tiene más a mano, el sexo. Primero masturbándose por doquier, incluso en sitios públicos, y cuando crezca practicando sexo con las kurveh (prostitutas) gentiles y no sólo con ellas.

Así sucede en la 4ª parte, “Ansia de sexo” en donde se nos aparece como un ser machista por demás. Es aquí, en esta parte de 92 páginas, donde vemos a la perfección la estructura del relato. Estamos ante una confesión, así la llama él en un momento, realizada por Alex ante un doctor al que en ocasiones llama Spielvogel (un psicoanalista o psiquiatra, sin duda) que en silencio escucha su monólogo que fluye de su conciencia entremezclando edades, periodos, etc., de manera que en ocasiones su confesión nos retrotrae a los 4 años de edad, en otras tiene 22 o vuelve al presente de la confesión, a sus 33 años (la técnica literaria es, pues, el monólogo interior y/o flujo de conciencia).

En las referencias que hace a su situación actual sabemos que se gana la vida como Subdelegado de Igualdad de Oportunidades de la ciudad de Nueva York, siendo un personaje conocido por sus apariciones en televisión por los controvertidos casos que lleva y resuelve. Por esto, es más chocante aún la depravación sexual de que hace gala con esa medio novia que se echa, la Mona, con la que practicará sexo duro y a la que convencerá para participar en tríos sexuales e incluso pretenderá llevar a orgías. En definitiva busca hacer realidad las fantasías sexuales que tiene desde la adolescencia. Su madre siempre le advirtió de lo inadecuado de este comportamiento imbuyéndole un sentimiento de culpa que le acompañará hasta el final del relato.

La 5ª parte, “La forma más extendida de degradación en la vida erótica”, insiste en sus relaciones adultas con diferentes mujeres, además de con la Mona, meretriz analfabeta a la que intentará educar recomendándole diversas lecturas (Dos Passos, Baldwin, Steinbeck, etc.). Esta mujer se enamorará sinceramente de él, pero él, que también se siente muy próximo a ella, no logrará superar el que ella proceda de los bajos fondos y que vista y actúe como una mujer de otro estatus. Se muestra, pues, Alex como un racista y actúa del mismo modo que echa en cara a los americanos no-judíos, sin aceptar a quien no pertenezca a su cultura, ahora no religiosa sino intelectual. La abandonará y ella amenazará con suicidarse.

Su relación con la Mona le hará recordar su primera salida fuera de su casa un Día de acción de Gracias con sólo 17 años cuando tras llevar dos meses sin ver a su familia por haber empezado a estudiar en la Universidad se va con su novia Kay, una chica de familia cristiana y buena posición social. Su judaísmo personal le pesa tanto que piensa que deberá plantearlo de mano a los padres de la chica (vamos, que de nuevo se siente culpable por ser judío y piensa que todo el mundo lo sabe y que ello es una barrera infranqueable). No lo hará, sin embargo, aunque luego a Kay tras una falta le propondrá casarse si se convierte al judaísmo; ella responde escandalizada por semejante propuesta y esto será el fin de la relación.

Escritores norteamericanos del siglo XXTambién recordará que con 29 años tuvo una novia en el lugar de trabajo. Era una chica de 22 llamada Sally Manlsby de familia americana desde la conquista en el XVI. A través de ella intentará vengarse de todos los agravios que en su opinión sufre su cultura representados primeramente en el jefe de su padre (Lainsbury) quien lo explotaba abusivamente. Sin embargo Sally, de personalidad fuerte, aunque accederá a algunos de sus caprichos sexuales, en un momento le manifestará simplemente que ella hay cosas que no hace, y punto.

La última parte tiene el título de “En el Exilio”. En esta parte viaja a Israel y curiosamente no se siente a gusto. Le sorprende que todos allí sean judíos y como le dirá una de sus conquistas es que él tiene cultura de gueto, que por eso desprecia a los otros, que no quiere integrarse. Dos chicas conoce, una militar y otra de 21 años de un kibutz. Con ninguna de las dos podrá practicar sexo, al no conseguir la erección. Además piensa que puede padecer una enfermedad de transmisión sexual (consecuencia ‘lógica’ de su desordenado comportamiento, vamos, el castigo que debería derivarse de su culpable actuación). La chica militar se irá al ver su nula disposición sexual, y la del kibutz impedirá que abuse de ella diciéndole las cosas a la cara. Esta chica se llama Naomi y es una sabra (nacida ya en el estado de Israel). 

En esta 5ª parte, concretamente en la página 252 de la novela, aparece la frase que en el fondo ha estado sobrevolando todo el relato: 
«¿Por qué, por qué no puedo tener un poco de placer sin que siga inmediatamente el castigo?»
Lo importante, al final, es que el relato le ha servido para descubrirse a sí mismo, y como dice el Dr. Spielgovel: «ahora, quizá, podamos empezar. ¿Sí?».

Además de lo reseñado anteriormente, y ya para finalizar, no hay que echar en saco roto la gran carga irónica y el claro humor que el relato encierra, si bien este último centrado la mayoría de las veces en situaciones de fuerte contenido sexual y/o escatológico. Es un humor chocante fruto de los altibajos situacionales como, por ejemplo, hacer uso de un hablar elevado en situaciones ciertamente muy chocarreras (vid. pág. 189). Para mí la situación más divertida se da cuando la Mona le dice haber comprendido el poema de “Leda y el Cisne” de Yeats con la vagina (vid. pág. 184).

Y es que asimismo la dualidad alta cultura frente a cultura en grado cero propicia, amén de no pocas situaciones humorísticas, la coartada perfecta para que el judío-que-es-pero-no-quisiera-aparentemente-serlo exponga su amplio abanico de preferencias literarias (Keats, Steinbeck, Baldwin, Kafka, Dos Passos, etc.). Y especialmente William Butter Yeats y su bellísimo y muy sensual poema con el cual prácticamente abre el relato.

En un momento dado, en las primeras páginas de El lamento de Portnoy, Philip Roth eleva a este impresentable personaje a la categoría de héroe: «Parezco un hijo de la casa de Atreo» [alude a los Atridas, de cuya estirpe proceden los héroes Aquiles, Agamenón y Menelao] y lo coloca a renglón seguido del vulgar comentario hecho por la Mona a propósito de la comprensión de dicho poema. Yo creo que con esto Roth está manifestándonos el poder adivinatorio, prospectivo y fuente de conocimientos no usuales que la literatura siempre ha propiciado, y que él parece defender, si bien, claro, Portnoy es un Aquiles del s. XX (otra muestra de humor irónico y carnavalesco).

17 comentarios:

  1. No conocía la novela. Gracias por la reseña. Un beso.

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    1. Aunque como advierto sea una novela algo perturbadora su indiscutible calidad está por encima de cualquier otra consideración. Léela, creo que sabrás apreciarla en lo que vale.
      Un beso, Lady

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  2. Hace ya doce años que leí este libro. Recuerdo que no fue de los que más me han gustado de Philip Roth, pero me gustó. Poco más recordaba y con tu reseña me han ido viniendo cosas a la cabeza. Un gran autor del que aún me quedan algunas cosas por leer. Su trilogía, Zuckerman encadenado, es muy buena. Aunque creo que la que más me ha gustado es La mancha humana. Es la única que he releído.
    Un beso.

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    1. A mí Philip Roth me parece de los mejores novelistas que ha habido. Todas sus novelas me parecen magníficas, también ésta. Lástima que dejase de escribir unos cuantos años de fallecer; muchas o varias de sus novelas han sido llevadas al cine.
      Un beso

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  3. Qué gran idea la de revisitar. Y sí, Roth es un fuera de serie. Admirable y alto escritor. Qué gusto recordar detalles sobre su obra de tu mano.

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    1. Pienso que blogs con una larga existencia, como los nuestros, necesitan "revisitar" entradas que sigan teniendo una actualidad y una calidad suficientes.
      Un abrazo, Rubén

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  4. Personalidad poliédrica de Alexander Portnoy que se revela en su más escalofriante intimidad ante el psicoanalista que lo lleva. Este libro levantó una oleada de furia judía contra su autor al que consideraron como un renegado que revelaba los más profundos traumas de la comunidad a la que se supone que pertenecía, especialmente tras el Holocausto, experiencia espantosa que Alexander parece ignorar o despreciar. Es un libro extremadamente valiente, equivalente indirectamente, a la obra Eichmann en Jerusalem de Hannah Arendt en que entra en conflicto abierto con la comunidad judía que los condenará a ambos al exilio. Y es que Alexander confirma mitos y comportamientos que se atribuye a los judíos. El tema de la culpabilidad, eje absoluto del judaísmo, está patente en el relato. Sexo y culpabilidad. Odio a ser judío. Deseo de las goyim a las que se desea follar, como hace. Lo he leído un par de veces, fascinado, por la valentía de Roth al publicar un libro que lo confrontaba radicalmente con los suyos. Saludos.

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    1. Ahora que la he vuelto a leer por encima he encontrado una fuerza, belleza y valentía en la novela que me ha ratificado en lo que nunca he dejado de pensar: Philip Roth es de lo mejor en narrativa que dio el siglo XX en su segunda mitad. Todo lo escrito por él me parece magnífico.
      Un abrazo, Joselu

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  5. Me parece muy interesante esta sección "Revisitados", porque a veces algunas reseñas pasan sin pena ni gloria y merecen sin duda una nueva relectura. Sin duda una novela muy buena y una disección perfecta en la reseña. Abrazos

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    1. Por eso hace unos años abrí ese apartado en el blog. Y es que con cerca de mil reseñas publicadas, algunas se han perdido en el el pozo del olvido y la indiferencia. Al toparme de nuevo con esta de Philip Roth no tuve más remedio y sí muchos deseos de volverla a publicar. Muchas gracias por tu comentario, amigo.
      Un abrazo

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  6. La primera parte me hizo reír tanto. Esa madre sobreprotectora que me recordó a nuestras abuelas, el padre que trabaja de sol a sol y vive su estrés en forma de estreñimiento. Fue polémico en su tiempo y hoy en día lo sigue siendo.
    Animo especialmente a las mujeres que lean al autor. Dentro de su cara dura hay un retrato social y humano con lo que no tenemos que identificarnos. Sólo leerlo.
    Como bien dices tenía una biblioteca bien surtida y anotada.
    Te recomiendo "Elegía" de su última etapa antes de estar demaisado enfermo para poder escribir.
    C

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  7. Hola, estimada C:
    Philip Roth es enorme. A mí todo lo suyo (y muchas de las adaptaciones de sus novelas al cine) me han encantado. Fue un escritor que denunció un funcionamiento social -en especial en USA- que a muchas personas hacía chirriar sus fundamentos: machismo, religiosidad judía, sexualidad, matriarcado, patriarcado, etc., etc. Naturalmente que hay que leerlo y que, como pasa con todo lo que caiga en nuestras manos, no hemos de santificar el tipo de sociedad que se nos muestra; mucho menos tratándose de obras de ficción.
    Dudo sobre si habré leido "Elegía". Creo que no. No, efectivamente, no la he leído; la confundía con la película "Elegy" de Isabel Coixet. Pero la Coixet lo que adapta es la novela de "El animal moribundo" de Roth. La verdad es que en sus últimas entregas narrativas eran recurrentes sus temas (vejez, soledad, deseo...). Escribí una reseña dentro de mi sección "A pares" dedicada a estas dos realizaciones. Por si te interesara echarle un vistazo aquí “te dejo el enlace” .
    Saludos

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  8. Gracias por rescatar esta reseña, que es fabulosa. No he leído nada del autor, y mira que lleva tiempo entre mis pendientes. Pero es que son tantos... Pero me queda claro que tengo que colar pronto algún libro suyo entre mis lecturas, que me dejas con ganas de disfrutarlo.
    Besotes!!!

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    1. Muchas gracias, Margari, por tu opinión sobre mi reseña. La verdad es que reseñas así sólo pueden surgir cuando el libro que la provoca te ha gustado un montón, cuando encierra mucha calidad. Y "El lamento de Portnoy" es de una calidad incuestionable. Luego, por el asunto y los temas que toca, te podrá gustar más o menos, pero calidad literaria la tiene por quintales.
      Cuando lo leas ya me dirás lo que pe parece, querida amiga.
      Un beso grande

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  9. He leído muy poco a Philip Roth así que me lo apunto para futura lectura.
    Magnífica entrada Juan Carlos.

    Un fuerte abrazo.

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  10. No es un autor que me entusiasme. Varios lectores me recomendaron novelas suyas y de ninguna saqué gran placer. Sin embargo de esta novela me han hablado generalmente fatal, y es curioso que es la única que me ha gustado. Muy valiente el tratamiento del onanismo, y muy necesario.
    Saludos

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  11. Philip Roth es uno de mis grandes pendientes. Veo que hay mucha miga detrás de esa obsesión por el sexo del protagonista de esta novela, de esa culpabilidad tan ligada a su educación como judío y de esa misma condición de judío de la que reniega pero obviamente es incapaz de librarse, pues es algo inherente a él y más le valdría intentar conciliarse con ello. Lo dicho, un autor con el que espero estrenarme más pronto que tarde.
    Besos

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