El artículo que reproduzco aquí lo publiqué en el número de septiembre de la revista mexicana "emBLoGrium"
A menudo en reuniones de amigos lectores discurseamos sobre si es mejor el
papel o el soporte digital. Razones de peso nos avalan a unos y otros en la
preferencia: que si el placer del tacto y olor del papel, que si la limpieza y
ausencia de peso en el e-book; que si la posibilidad de ir hojeando hacia adelante
o hacia atrás en el soporte tradicional, que si la rapidez en la búsqueda del
nombre odel dato exacto y concreto que facilitan los e-readers; que si la
posibilidad de subrayar y de escribir sobre las hojas de papel del libro
encuadernado, que si la facilidad de subrayar y de consultar al instante
significados en el libro electrónico; que si patatín, que si patatán... Está
claro que uno y otro soporte tienen ventajas e inconvenientes.
En mi opinión el problema por el que
pasan los libros hoy no radica en el soporte utilizado para llegar al lector.
El problema estriba en la facilidad de la reproducción digital frente a la
impresa lo que deriva en una análoga facilidad difusora de la primera que rompe
los diques de contención y control económicos habituales en poder de autores y
editoriales. ¡He ahí la cuestión!
Ante esto, y como se preguntaba el filósofo,"quoi faire?".
Pues ahí estamos aún. Sociedades más avanzadas que la nuestra (aunque no tanto)
en cuestiones éticas y de derecho solucionan el problema a través de la
conciencia de los propios consumidores del producto. Son éstos quienes optan
por reconducir el asunto decidiendo en su gran mayoría pagar un precio por ese
producto que desean consumir y que ha sido creado por alguien con esfuerzo y
trabajo. Sus convicciones morales les llevan a defender un precio justo por
aquello que adquieren y, sin problema alguno, pagan por lo que consumen. En el
fondo no hacen otra cosa que repetir lo que durante muchos años han hecho
cuando compran el periódico tomándolo de esos montones que están en las calles sin
vigilancia alguna y dejan las monedas correspondientes en la alcancía anexa.
Sin embargo entre nosotros, -¡es mi opinión, claro, y puedo estar
equivocado!-, sin obviar que va creciendo la conciencia del pago-por-lo-que-consumo, es costumbre
extendidísima "bajárselos de
internet", eufemismo que no quiere decir otra cosa que adquirirlos sin
pagar precio alguno, o sea, practicando el "pirateo". Todos
tenemos en nuestros ordenadores algún que otro e-book no pagado. Mi pregunta
es: ¿por qué si se ama la literatura y se desea que la creación no decaiga se
corta la hierba bajo los pies de los escritores leyendo y disfrutando sus
producciones sin compensarles por su esfuerzo? ¿Cómo nos podemos atrever a
impartir lecciones de ética y de comportamiento cívico con actuaciones
semejantes? No encuentro explicaciones válidas a esto, pero voy a intentar
reflexionar al respecto.
En una ocasión reprendí a un internauta anónimo por difundir direcciones de
internet donde se podían descargar libros recientes sin pagar un ochavo. No
puedo reproducir aquí los improperios que recibí como respuesta a mi
comentario. Lo único no insultante que se me dijo fue que las editoriales se
forraban con la venta de libros. Pienso que el que una empresa tenga ingresos
con los que entre otras cosas pagan a los autores y a los trabajadores de la misma
es necesario pues de lo contrario la editorial desaparecería y ningún escritor
se pondría a trabajar en algo que no le sirviera para comer.
También se oye con frecuencia que la 'cultura debe ser gratuita', o sea
que yo, el lector, debo disfrutar de tu esfuerzo, oh escritor, pero no pienso
darte un duro por ello. ¿Quién me lo dará entonces? –se pregunta el autor-. Y
yo, el lector, entro en un mutismo total
como si ello no fuese conmigo. La pregunta queda en el aire y nada ni
nadie recoge el guante. Ante tal vacío algún amante de la lectura, pero no de
su creación desde luego, decide hacer un regalo a la humanidad colocando en el
ciberespacio títulos y más títulos que no serán pagados a sus autores aunque sí
consumidos por un público lector al que poco le preocupan los problemas vitales
de aquéllos. ¡Una gran aportación a la cultura desde luego!
¿Hay alguna
solución a lo dicho hasta aquí? Creo que sí. En mi opinión habría que actuar en varios frentes a la vez:
Una clara y
decidida actuación de las autoridades a fin de prohibir, perseguir y sancionar
las paginas ilegales de descarga de obras con derechos de autor.
Poner un justo
precio a los libros cualquiera que sea el soporte utilizado para llegar al
consumidor. Esta actuación sería no
menos importante que la anterior.
Necesidad de
que exista una motivadora diferencia de precio entre el papel y el digital para
matar el deseo de ahorrarse un buen dinero que se mete a veces en la cabeza del
consumidor.
Compra de libros actuales en papel por parte de las
bibliotecas que inhiban el deseo de piratear por la imposibilidad de leer el
volumen en papel debido a su alto precio.
Fomentar el préstamo bibliotecario de ebooks para
aquellos lectores habituados ya a leer en soporte digital.
Creo que las actuaciones anteriores unidas a una cada vez mayor conciencia
de que el trabajo debe ser debidamente remunerado pondrían las bases para
acabar con esta esclavitud del siglo XXI consistente en el tú trabajas gratis para mí y yo, además, me jacto de
ello.
Hacía tiempo que no leía novela negra y ya tenía ganas, aunque dudaba qué autor y qué novela escoger. La Semana Negra de Gijón de este año 2015 vino a disipar todas mis dudas al distinguir a la última obra de Carlos Zanón con el premio Dashiel Hammett. Recordé además que con el diario El País había comprado este verano una novela de este autor. Todo solucionado: tenía autor, Carlos Zanón, y también tenía título, "Tarde, mal y nunca", premio Brigada 21 a la Mejor Primera Novela Negra del Año.
El autor: Carlos Zanón
Nació en Barcelona en 1966. Es poeta, novelista, guionista, articulista y crítico literario. Su dedicación a la novela negra ha hecho que se le haya comparado con autores como Manuel Vázquez Montalban o Jim Thompson. Es licenciado en Derecho,. Ha escrito varios libros de poemas: El sabor de tu boca borracha, 1989; Ilusiones y sueños de 10000 maletas, 1996; En el parque de los osos, 2000; Algunas maneras de olvidar a Gengis Khan, 2004, galardonado con el premio Valencia de poesía; Tic Tac Tic Tac, 2010, antología de sus poemas. En cuanto a novelas, cabe destacar las siguientes: Nadie ama a un hombre bueno, 2008; Tarde, mal y nunca, 2009; No llames a casa, 2012; y Yo fui Johnny Thunders, (2014), premio Dashiel Hammett de la Semana Negra de Gijón 2015. También ha escrito libros de temática musical como Bee Gees, la importancia de ser un grupo pop, 1998 o Willy Deville: el hombre al que Rosita robo el televisor, 2003; y ha colaborado como letrista con grupos como Loquillo y los Trogloditas o como articulista para revistas musicales como Ruta 66.
La novela: "Tarde, mal y nunca"
Sinopsis Epi asesina sin miramientos a su colega Tanveer Hussein, que le acaba de birlar la novia, Tiffany Brisette. Ahora está a la espera de que todo vuelva a la normalidad. Pero su normalidad pasa necesariamente por la supervivencia en el barrio donde le ha tocado vivir, por los problemas con las autoridades, la crisis y el paro, la creciente inmigración, la bajeza moral y los pocos escrúpulos de quienes le rodean. ¿Qué le deparará el futuro?
Comentario
La historia, absolutamente situada en la marginalidad, que cuenta Carlos Zanón me impactó desde la primera página por el estilo directo y claro con el que el autor, sin miramiento alguno, hace que te imbuyas en un ambiente de dureza inusitada. La novela comienza con el brutal asesinato de Tanveer Hussein, colega de andanzas y puterío de Epi. Poco importa que cada uno de ellos sea de muy distinta procedencia social: el muerto es moro y el asesino se apellida Dalmau y es hijo de profesores; o sea, Tanveer es un inmigrante no integrado ("yo no sé catalá com tu") y Epi es del país, aunque desclasado. Ambos han sufrido el hachazo de la crisis, el paro y las drogas. Sólo el sexo en algún momento y con alguna mujer -Tiffany Brisette- sublimado en amor parece justificarles la existencia o, al menos, eso creen ellos, en especial Epi.
Estamos ante unos personajes elementales que se comportan como tales sin medir las consecuencias de sus actos y con unos planteamientos brutales que a ellos no se lo parecen pues viven dentro de la brutalidad misma que la sociedad les ofrece y donde les conmina a estar. El móvil que les lleva a caminar por el mundo es el consumo de alcohol, de drogas y el sexo. Un sexo brutal, salvaje que disfrutan a tope y sin contemplaciones, en especial Tanveer. El moro, que así le llaman, disfruta y hace disfrutar a Tiffany a la que lleva hasta el nivel de la humillación que ella en parte desea porque a su vez luego ella se toma su revancha
"Rebuscaba ella entre el pecho ensortijado de él como si quisiera comprobar que debajo había un corazón. Para oírselo latir y después arrancárselo de un bocado. Volver a sentirse la hembra y pedirle perdón, clemencia, el castigo más grande que se pueda imaginar. O dejarle fuera de la habitación miengtras ella se estiraba desnuda sobre este mismo colchón bajo las mantas. Y él entraba como un ladrón, sin saber cómo sería recibido, y le abría las piernas y se la metía. Y ella le golpeaba después [...] hasta el dolor, le arañaba y le odiaba tanto como le deseaba" (pág. 57)
Junto al triángulo formado por Epi, Tanveer y Tyffany está Álex, hermano de Epi. Su función en el relato es tapar a su hermano, evitar que sea detenido por la policía. Alex es un esquizofrénico con trastorno bipolar al que si le falta la medicación sufre episodios paranoicos como sentirse seguido o atacado por seres que no existen. Álex es un acomplejado desde su etapa de colegio, un chico que siempre sucumbió ante los otros chicos y que fracasaba con las chicas (como también le sucedía a Epi con frecuencia) por falta de atrevimiento; se sentía inferior a Epi, pero ahora podía hacer algo por él.
En el contexto social en que se desarrolla el relato, dos grandes grupos pueden hacerse en los personajes: los catalanes y los inmigrantes. Entre los primeros, aunque caídos en la marginalidad estarían los hermanos Dalmau; y completamente dentro del establishment, con los asuntos y preocupaciones propios de las personas integradas, los mossos Rubén y Pep que en la que iba a ser una rutinaria mañana se habrán de enfrentar al marrón de intentar resolver el asesinato del moro Tanveer, algo que como es obvio no interesa mucho ni a ellos ni a aquellos para quienes trabajan. En este grupo que diríamos de catalanes aparece el idioma como elemento diferenciador con los de afuera e integrador con los de dentro. Así el personaje Álex tranquiliza a una vecina gracias a hablarle en catalán
"-Vagi tranquil-la, senyora. I que tingui bon dia.Las palabras de Álex consiguen su objetivo. Aún existe la creencia de que no hay judío que odie Israel ni catalán que se dedique a atracar y violar vecinas de terceros." (pág. 179)
En el grupo de inmigrantes también hay diferencias. No es lo mismo un pakistaní (los paquis) que los musulmanes como el moro Tanveer, que los latinos como Tiffany Brisette los cuales están bastante integrados como se puede observar en el personaje de la hermana de Tiffany ilusionada porque va a comenzar a trabajar de cajera en un supermercado; sin embargo ni los paquis, tenidos por menos, ni los moros se sienten para nada formando parte de la comunidad. Así se ve en este diálogo entre Epi y Tanveer:
"-Deberíamos irnos de aquí. Si la patrulla nos ve de solanas, nos va a parar.-¿Qué pasa? ¿Que en tu puto país no existe la libertad de fumar tranquilamente en la calle o qué?-También es tu país, Tanveer.-¿Cuálo país, loco? Si ni vosotros sabéis cómo se llama esto. Sóc català. Visca el Barça. De puta madre.Yo soy del país de Alá y os vamos a dar por saco a todos vosotros." (pág. 218)
En la novela el autor pone un cierto énfasis en el trato vejatorio que algunos de los naturales dan a esta inmigración laboral que ha de aguantar humillaciones como las que les infringe Hélio, un antiguo compañero de instituto de los Dalmau que ahora es constructor y que busca las peonadas en el bar de Salva:
"Hélio alista chusma violenta o desesperada. Él los llama, generalmente, por el apodo o por un insulto que a Hélio le hace gracia. Los ecuatorianos, los marroquíes, alguno recién salido de la Modelo, se levantan y aguantan el chorreo, la humillación, porque saben, o han oído a otros que saben, que a mayor humillación y aguante, mayor premio. -Tú, mono, hijo de puta, mierda de indio... ¡mira que sois feos todos vosotros!..."(pág. 100)
Estamos ante una novela en la que todos sus personajes son unos desclasados, inclusive aquellos como los Dalmau que podían haber pertenecido al otro lado pero a los que las drogas se los llevó por delante. Por eso Epi, cuando aguarda lo que le haya de suceder por haber cometido el asesinato de su colega Tanveer, piensa en su familia lleno de rencor:
"Aún hoy que su familia ya no existe, puede Epi reconocer dentro de él el odio que sentía hacia los suyos. Tan catalanes, tan civilizados, tan urbanos. Aquella equilibrada entidad familiar de cuatro miembros. Ahora sólo quedan ellos dos, Epi y Álex [...] Su madre, la profesional del disimulo, que parecía nacer cada día con nuevas reglas de seguimiento: del cariño y protección más abrumadores al puñado de sal en medio de la herida infectada. Su padre [...] sabía muchas cosas, sí, pero ninguna de las que un crío podía enorgullecerse en el barrio. ¿De qué servían esas historias de griegos y romanos [...] si no sabía arreglar nada en casa, si no sabía ni siquiera dar una pata a un balón? (pág. 98)
Pero si la historia es buena, lo mejor de esta novela magnífica es el estilo. Carlos Zanón desarrolla una trama que apenas si dura algo más de doce horas con continuos flash backs que nos llevan a lo que sucedió antes de que Epi decidiera acabar con Tanveer. Es magnífica esta manera de presentar la historia pues comienza en lo más álgido de la misma y finaliza con otro momento álgido si bien anterior, inmediatamente anterior, al inicio de la novela. Me ha impactado el modo como el autor presenta la esquizofrenia paranoide que padece el hermano de Epi, esa manera que tiene de no seguir con centralidad el asunto del que está tratando en una conversación entreverando sus paranoias y fijaciones con el desarrollo normal del discurso me parece genial. Se puede ver en este diálogo entre Allaoui, un colega de Álex, y Álex:
"-Pues a ver, yo estaba en el bar de Salva y la Mari...-¿La Mari?... Pero si fue de madrugada...-Déjame explicártelo, ¿vale? Era a primera hora de la mañana. Acababan de abrir. La Mari ya no estaba. Había limpiado pero se había ido a su casa. Me gusta tu jersey.-Álex, no te me rayes ahora con el jersey." (pág. 42)
Con frecuencia aparece utilizado el estilo indirecto libre, en especial cuando Epi reflexiona sobre su condición e intenta en el fondo encontrar una justificación a la atrocidad cometida. Al tiempo se quiere diluir en la generalización que provoca el empleo de la 2ª persona:
"La noche, además de ser desleal, agota. Pagaría millones por pegarse un buen baño. Detenerse en carrera durante la noche es un error. Te vienes abajo. Te dan caza los fantasmas. De joven no lo sabes, `pero poco a poco empiezas a aprenderlo." (pág. 66)
Pese a estar ante un relato duro y brutal en ocasiones, Zanón nos da de vez en cuando algún respiro introduciendo el humor. Así éste existe en ese personaje típico de bar de barrio, el profesor Malick que suelta "verdades" que no hay por donde cogerlas ( "Todo en la radio está grabado desde hace lo menos veinte años. Al parecer desde unas sesiones inhumanas de finales de los ochenta en las que dejaron registrados los siguientes años de música y de tanto en tanto intercalan noticiarios para disimular"). O cuando describe la personalidad de Jamelia, la hermana de Tiffany, como adicta a las galletas Oreo y a las canciones de Luis Miguel.
Zanón pese a ser esta su primera novela negra, conoce el género como nadie. Él sabe que la novela que escribe no es de las típicas y por eso en algunos momentos parodia el género:
"Al comprobar que Tiffany no va a besarle, atraviesa la habitación hasta la ventana. Como en tantas películas de hombres acorralados, mira a un lado y otro de la calle. Espera encontrar un largo coche negro con un tipo bajo un sombrero, envuelto en una nube de humo azul. Pero no hay nadie." (pág. 78)
Me parecen muy interesantes los momentos en que algún personaje, normalmente Pep, el policía gay, tiene reflexiones que por denominarlo de algún modo se diría que son "ataques" de metarrealidad:
"La realidad inspiró la ficción. Luego ésta inspiró a aquella y a partir de ese momento todo son copias de copias que ya ni se recuerda que tuvieron un original. [...] Cuando ves a las prostitutas enseñando el palmito a la distancia apropiada de escuelas y del pequeño comercio, uno se pregunta si las putas visten, hablan y se mueven como putas porque lo lleva el oficio o porque así lo han visto representado en un telefilme" (pág. 166)
Luego, naturalmente estaría el lenguaje, que en un poeta como es Carlos Zanón fluye natural, coloquial cual corresponde al asunto y ambiente en que nos movemos pero también poético en muchos momentos. La descripción que hace de Rocío Baeza, una mujer que se prostituye, es para mí de los momentos más poéticos del relato. La describe como "alcoholizada de soledad" y cuando se refiere al grupo de mujeres que aguardan al borde la carretera a que pare algún coche podemos leer:
"Un día le dijo una compadre, que una vez tienes que hacer de puta, lo peor que te puede pasar es que nadie pague por ti. Las otras mujeres entran y salen de los coches. Despiden un insoportable aroma a orgullo y victoria, aducen una fatiga sobreactuada. Mientras tanto ella y alguna otra miran de reojo la escena y fingen no ver el movimiento. Chismorrean alrededor de los bidones en llamas, como si no estuvieran allí por lo que están, como si viniesen a pegar la hebra, a recordar viejos tiempos, a chafardear sobre la Pantoja y el resto de las famosas." (pág. 89)
Final
Acabaría esta reseña diciendo que si bien a Carlos Zanón se le compara con Manuel Vázquez Montalbán, la novela que acabo de leer a mí me ha recordado sobre todo a Juan Marsé y en especial a la novela "Últimas tardes con Teresa" (leer reseña aquí). Este Epi que no se jala una rosca, pero que se confiesa enamorado de Tiffany y le hace demostraciones de amor que ella no tiene muy en cuenta me ha recordado al Pijoaparte que seduce a Teresa, aunque evidentemente en "Tarde, mal y nunca" no hay asalto a ninguna clase social pues, como ya he dicho Epi y Álex son unos desclasados por culpa de la droga. Pero, claro, también es verdad que en los años sesenta las drogas aún no estaban tan extendidas entre las capas populares; quizás si Pijoaparte hubiera vivido ahora sería un Epi más. No sé, esto no son más que elucubraciones
A veces, muchas veces, los árboles no dejan ver el bosque, o el ruido ambiente no permite escuchar la melodía. Quiero decir con esto que emprendí la lectura de "El jilguero" de la norteamericana Donna Tartt con bastante temor. Miedo por su excesivo tamaño (1152 págs.) pero sobre todo por el espectacular lanzamiento mediático que tuvo y su presencia semana tras semana en los primeros puestos de las listas de libros más vendidos. ¡Uf, decía para mis adentros, otro infumable best seller! Pero no, no hay tal: best seller, sí; pero fumable, muy fumable. La novela, como ya avancé aquí hace unas semanas, me ha gustado. Y este es el momento en que intentaré decir por qué.
Sinopsis Theodor Decker, un adolescente de 13 años, sobrevive a un atentado terrorista perpetrado por un grupo de ultraderecha en el neoyorquino Metropolitan Museum of Art. En este atentado muere su madre, Audrey, con quien convivía. En medio del caos, Walty, un anciano misterioso que está a punto de morir insta a Theo a huir con El jilguero, lienzo de delicadísima factura realizado en 1654 por el pintor holandés Carel Fabritius. A partir de este instante y durante 14 años asistimos al trayecto vital de este chico siempre acompañado por el cuadro de Fabritius que marcará no pocas de sus acciones
La Estructura
El asunto anterior lo distribuye Donna Tartt (Greenwood, Misisipi, 1963) en cinco partes bien cohesionadas entre sí pero con entidad suficiente cada una de novelas cortas. La misma autora en entrevista concedida al programa'Página 2' de RTVE decía que en realidad su novela contenía tres novelas al menos. Esas tres novelas bien podrían corresponderse con tres temas: La adolescencia (partes I y II), La Culpa (parte III), y La importancia del Arte (partes IV y V)
A) La ADOLESCENCIA
I.-) El adolescente abandonado en una sociedad bien organizada: Ante la no localización de familiares, los Servicios Sociales le buscan acomodo temporal en la rica familia de su compañero de clase AndyBarbour, los profesores se preocupan por él, la psicóloga escolar intenta que asuma su condición... Finaliza esta parte con la aparición del padre que se encargará de él.
II.-) El adolescente se asoma al mundo.Theo vive en Las Vegas con Larry, su padre, y Xandra, la novia de éste. Conoce a Boris que será su mayor amigo; con él se inicia en el alcóhol, las drogas, hace pellas... También en esta parte conocerá otros vicios a través de otros como los que llenan la vida de su padre y de Xandra. Finaliza esta parte con un viaje espectacular en los famosos Buses Greyhound desde el desierto de Nevada hasta la ciudad de Nueva York.
B) La CULPA
III.-) El sentimiento de culpa. En Nueva York Theo se instala con el anticuario Hobie a quien ya visitó en la primera parte por recomendación del fallecido Walty, el anciano que conoció en el atentado del museo. La joven Pippa que vive con Hobie marchará a estudiar. Theo decide asentar algo la cabeza y preparará el curso para ingresar en la universidad. Noticias sobre antiguas pretensiones del padre y sobre ladrones de cuadros famosos crean en él un fuerte sentimiento de culpa y de temor.
C) El ARTE
IV.-) La importancia del azar en la vida. Han pasado ocho años y Theo se ha dedicado a sacar adelante el negocio del anticuario Hobie. En sus compras y ventas no siempre todo es regular y esto le creará ciertos conflictos que suele solucionar sin mayores problemas. Le acaecen una serie de sucesos azarosos: alguien sabe que esconde el cuadro de Fabritius y le presiona por ello; encuentra por azar a los Barbour de la primera parte y se echa de novia a Kitsey, hermana de su antiguo amigo Andy, con la que proyecta contraer matrimonio; se reencuentra con Boris cuando buscaba pillar algo de droga en los antros neoyorquinos; y por último Pippa regresa a casa de Hobie al estar de paso en Nueva York.
V.-) La necesidad del arte. La mayor parte de este quinto corte de la historia transcurre en Amsterdam donde Theo conocerá en vivo los bajos fondos y vivirá una auténtica caída a los infiernos. En ésta un Theo adulto de 27 años que ha finalizado un peligroso periplo vital se hace una serie de reflexiones. De éstas la que más me ha llegado es la de la indefinición de confines que existe entre lo 'bueno' y lo 'malo', cómo "no escogemos ser las personas que somos" (pág. 1070), cómo en ocasiones somos "un yo que no quieres. Unos sentimientos que no puedes evitar" (pág. 1071). También tienen un interés altísimo las consideraciones que tanto Theo como Hobie hacen a propósito del papel del arte en la vida de los hombres, de la necesidad del arte en nuestra vida:
"En nuestro agonizar, mientras nos levantamos de lo orgánico y nos hundimos de nuevo de manera ignominiosa en lo orgánico, es un honor y un privilegio amar lo que la Muerte no puede alcanzar." pág. 1084)
Junto a estos grandes temas que ahorman cada uno de los cinco apartados que forman la Novela existen un sinfín de motivos o temas no menos importantes que los anteriores: el Amor y la amistad, el nihilismo vital, las drogas y el consumidor de las mismas, la utilidad (¿necesidad?) de la copia artística, las instituciones sociales esenciales para el adolescente: familia, escuela, asistencia social, etc.
Una narración en primera persona
Si algo tiene en común esta novela de aprendizaje con otras semejantes de iniciación, de transición a la vida adulta (por ejemplo "El guardián entre el centeno" de Salinger o "El lamento de Portnoy" de Phlip Roth [esta última reseñada en el blog. Pinchar aquí]), ello es el tono confesional de la misma. Efectivamente todo lo que hemos leído no son más que autoconfesiones por parte de Theo que comenzó a escribir siguiendo los consejos de su profesor de literatura allá en su adolescencia cuando la brusca pérdida de su madre y todo se le venía encima. La escritura en su realización exige reflexión lo que ha sido aprovechado por no pocos terapeutas. Al final de esta escritura Theo dice dos cosas: una, que cree que nunca nadie leerá lo que ha escrito pero por si acaso ahí queda; y dos, que la destinataria auténtica de todo el escrito es Pippa, el amor de su vida, su alma gemela
"Pero, como el lector habrá deducido (si algún día hay un lector)," [...] "He escrito todo esto, curiosamente, con la idea de que Pippa lo lea algún día, lo que, por supuesto, no ocurrirá." [pág. 1073]
La narración en 1º persona avanza de manera lineal con una duración temporal de unos 14 años aproximadamente desde la pérdida de la madre a los 13 hasta la superación de sus inseguridades adolescentes, totalmente vencidas tras las duras experiencias vividas que relata la novela. Al final nos encontramos con un hombre adulto hecho y derecho que camina con plena seguridad por un mundo que antes veía siempre hostil.
Los personajes
Son fundamentalmente masculinos (Boris, Hobie, Theo, Andy, Platt, Welty, Horst, Larry –el padre de Theo-, etc) más que femeninos (Audrey -la madre de Theo-, Xandra –la amante de Larry-, Pippa, Kitsey, Ulrika -la hermana de Horst-, Margaret Blackwell Pierce -la medio hermana de Welty-, etc.). No todos los personajes alcanzan el mismo nivel de deinición, habiendo unos mejor perfilados que otros. De entre los masculinos destacaría a Boris, Hobie, Larry y Théo; de entre los femeninos sobresalen por encima de los demás la madre de Theo, Audrey, pese a su escasa presencia directa en el texto, también Pippa y desde luego quizás sea la señora Barbour la que tenga una personalidad más clara.
En mi opinión los personajes pertenecientes al ámbito delincuencial de Boris que aparecen en la quinta parte (Martin, Vitia, 'Shirley Temple', Giuri, Sascha, Lucien Reeve y otros) los despacha la autora con dos brochazos rápidos lo que hace que su personalidad y las relaciones entre ellos apenas queden esbozadas. Del mismo modo algunos vínculos afectivos entre personajes son difusos. Por ejemplo la llegada de Pippa a casa de Welty o la relación de Kitsey con Tom Temple, el compañero de colegio de ambos.
La Cultura como referente y elemento constructivo
Estamos ante una novela muy bien escrita (la manera que tiene la autora de presentar el duermevela de Theo en el hotel de Amsterdam ocasionado por la enfermedad y las drogas es fantástico) en la que junto al amplio abanico de personajes antes señalado y la presentación de la historia en 1ª persona se cuelan de manera muy natural una gran multitud y variedad de elementos culturalistas pertenecientes al mundo de la pintura, la literatura, el cine y la música.
De la pintura
En cierta manera la pintura da las claves de este relato. Que el título del libro provenga de la pintura del pintor flamenco Corel Fabritius, perteneciente a la llamada escuela de Vermeer no es casual. Las pinturas ovaladas flamencas que muestran una gran información en una pequeña tabla están en la base de descripciones como la que hace de la familia Barbour que acoge al huérfano Decker:
"En el ojo de buey con espejo que había encima de la cabeza
de la señora Barbour veía toda la escena reproducida a una extraña escala en
miniatura: los jarrones chinos, la bandeja de café, los asistentes sociales con
aire incómodo..." (pág. 105)
La pasión por la pintura está presente en no pocos de los personajes de la novela, tanto en el protagonista y su inseparable "El jilguero" cuanto en la señora Barbour y su atracción por los pintores estadounidenses en su mayoría del XIX y primera parte del XX
"solía encontrarte en el pasillo mirando los cuadros. Siempre ibas derecho a los mejores. El paisaje de Frederick Church, mi Raphaelle Peale, mi Fitz Henry Lane o el John Singleton Copley..., ¿sabes cuál digo? El retrato ovalado de la chica del gorro, óleo sobre cobre." (pág. 623)
Pero también, y como no podía ser de otra manera tratándose de una narración que nace con el robo de un cuadro, los ladrones y falsificadores de cuadros son grandes conocedores y admiradores de este mundo artístico. Así Horst tiene en su poder originales difíciles de distinguir unos de otros, lo que demuestra su gran conocimiento
—¿Van Goyen? Habría jurado que era un Corot. —Desde aquí, puede. —Se quedó satisfecho con la comparación—. Son pintores muy parecidos..., el mismo Vincent lo comentó en esa carta..., ¿la conoces? «El Corot de los holandeses.» (pág. 817)
Pero para mí lo esencial es ver que a Donna Tartt el mundo de la pintura le sirve fundamentalmente para exponer uno de los temas importantes de esta novela, el de la utilidad e incluso necesidad de la copia artística y el significado múltiple que tiene este arte
"Ya sabes lo que dijo Picasso: «Los buenos artistas copian, los grandes roban»." (pág. 1062)
"Tu sueño, el sueño de Welty, el sueño de Vermeer. Tú ves un cuadro, yo veo otro, el libro de arte lo pone a cierta distancia, la mujer que compora la postal en la tienda de regalos del museo ve algo totalmente diferente" (pág. 1066)
De la literatura
Las referencias literarias a autores, obras o personajes son abundantes en el relato. Quizás esto podría llevarnos a pensar que la autora no busca el aplauso del público y el éxito de ventas a través de una escritura exenta de referencias cultas o nada complicadas que son en esencia las características del best seller. Pero si miramos con algo de detenimiento estas alusiones, se puede observar que en su mayor parte son sencillas y conocidas por la gran mayoría de los seguidores de la autora: los lectores norteamericanos. Así los autores y obras citados son, salvo en el caso de dos nombres universales: Proust y Schiller, anglófonos: Shakespeare, Yeats, Coleridge, Dickens, Conan Doyle; y en el 90% de las ocasiones norteamericanos: Washington Irving, Edgar Allan Poe, Henry David Thoreau, Walt Whitman, Henry James, T. H. White, Tolkien, H. G. Wells, Graham Greene.
Otro tanto ocurre con los títulos que va desgranando a lo largo de las 1152 páginas que tiene la novela, todos ellos muy conocidos para el americano medio de una cultura también media o standar: "Las uvas de la ira" de Steinbeck, "La casa de los siete tejados" de Nathaniel Hawthorne, "El puente de Brooklyn" de Hart Crane, "Franny y Zooey" de Salinger; aunque también hay otros títulos mucho más populares como "Amantes y jugadores" de Jackie Collins. Como se ve una de cal y otra de arena.
Para mí el máximo interés de todas estas referencias literarias radica fundamentalmente en que sirven en gran medida para caracterizar a algunos de los personajes. Así Boris, el chico ruso del que Theo se hace amigo lee con ganas "El idiota" de Fiodor Dostoievsky, la madre de Theo que debía arrostrar en solitario la educación de Theo ante la huida del padre leía "Jane y Prudence" de Barbara Pym y Théo cuando por fin decide abandonar Las Vegas y con ello dejar atrás un largo período durante el que ha estado como dormido y ausente de todo se compara con Rip van Winkle, personaje del cuento homónimo de Washington Irving.
Pero sin duda hay dos referencias literarias que dan claves muy importantes para entender la novela:
Una es la que se hace a Macbeth de Shakespeare, una mención a la que el lector sólo podrá dar su auténtico valor cuando esté cerca de finalizar la novela
"En otoño habíamos leído Macbeth en la clase de lengua y literatura, pero solo ahora empezaba a entender por qué lady Macbeth no había logrado limpiarse la sangre de las manos, por qué seguía allí después de que se las hubiera lavado." (pág. 150)
La otra es la referencia que hace Boris al príncipe Mishkin de la novela "El idiota" de Dostoievsky. Esta alusión a este personaje le sirve a Boris para identificarse con él y a los lectores para entender uno de los grandes mensajes del relato:
"No siempre se saca el bien de las buenas obras ni el mal de las malas obras. Ni siquiera los sabios y los buenos pueden ver la finalidad de todas sus acciones. ¡Qué idea más aterradora! ¿Te acuerdas del príncipe Mishkin de "El idiota"?Mishkin era amable, quería a todo el mundo, era tierno, siempre perdonaba y nunca hacía nada malo, pero confió en quien no debía, se equivocó en todas sus decisiones e hizo daño a todos lo que tenía alrededor. Es un mensaje muy oscuro el de este libro." (pág. 1048)
Del cine
Al igual que la literatura forma parte del sustrato de la novela, también el Cine es utilizado por la autora como material con el que construir el relato. Los dos personajes protagonistas, Boris y Theo, cuando adolescentes, pasan tardes enteras visionando películas de todos los tiempos, aunque sienten predilección por las de terror ("La noche de los muertos vivientes") y de ciencia ficción ("La guerra de las galaxias"), y también por aquellas que tienen como marco la ciudad de Nueva York donde transcurre gran parte de la narración y a la que la autora rinde en la novela un claro homenaje ("Desayuno en Tiffany’s" de Blake Edwards adaptación de la novela de Capote del mismo título).
A partir de ciertas películas y relacionando esos títulos con otros de obras literarias Donna Tartthace un auténtico homenaje a Nueva York que así se convierte, casi casi, en personaje del relato
"Upper Park es de los pocos lugares donde todavía puedes ver cómo era la ciudad en la década de mil ochocientos noventa. También en Gramercy Park y en una parte del Village. Aun así, cuando llegué por primera vez a Nueva York pensaba que este era el barrio de Edith Wharton, Franny y Zooey y Desayuno en Tiffany’s, todo en uno. —Franny y Zooey transcurre en el West Side." (pág. 21)
" Recuerdo que hablamos de Fairfield Porter..., acababa de exponer en Nueva York, y luego pasamos a hablar de Frank O’Hara y Lana Turner, y de en qué año habían cerrado por fin el viejo restaurante Horn and Hardart, conocido como el Automat." (pág. 444)
De la Música
En el post anticipado que hice de esta novela y que titulé El canto de "El jilguero"dejé constancia de la importancia que la música tiene en ella. Al igual que sucede con la literatura o el cine la escritora se sirve del gusto musical de los personajes para mostrar su personalidad, su mundo interior. Así mientras que a Pippa le encanta Arvo Pärt, compositor del minimalismo sacro estonio (¡casi nada!) a Boris lo que le agrada es la música heavy de Nirvana, a la fallecida y culta madre de Theo los cantantes y músicos de blues y jazz como Magnetic Fields, Mazzy Star, Nico, u Oscar Peterson, Larry y Xandra se pirran por Pat Benatar o Radiohead, y Theo, según el momento vital por el que esté pasando, escucha al alcohólico y drogadicto muerto de una autoinflingida puñalada Elliott Smith; o si está consciente y en sus cabales prefiere la música que le lleva de nuevo a la placidez de su hogar cuando, niño aún, era feliz al lado de su madre escuchando temas navideños como «Tannenbaum» de Vince Guaraldi o «Greensleeves» de Coltrane y si no a Thelonious Monk o la Velvet Underground que a la ex-modelo y trabajadora en una galeria de arte que era Audrey le encantaban.
Como se ve en esta clasificación de los personajes por sus gustos musicales se detecta cierto esquematismo reduccionista, algo que suele ser ingrediente habitual de los best sellers. Y "El jilguero", no lo olvidemos, lo es.
Los temas musicales que se van desgranando a lo largo de todo el relato pertenecen esencialmente a las décadas de los 70, 80 y 90 del pasado siglo. Como ya dije en el post "El canto de 'El jilguero'" he hecho una selección de 30 temas de los muchos citados en el texto y los he colocado en la página Música que me gusta escucharde este blog. Es una playlist hecha por mí en Spotify en la que como digo en ese post se pueden escuchar
numerosos temas musicales que aparecen citados en la narración y que entran a formar parte del peculiar mundo de los personajes que por ella transitan. Son melodías variopintas, en su mayoría pertenecientes a las décadas 70, 80 y 90 del pasado siglo aunque también hay algunas referidas a la música clásica, el jazz y a temas extraídos de películas importantes en la novela.
Lo mejor
Sin lugar a dudas el ritmo que da la autora a tan extensa narración que hace que no se haga pesada. También el perfecto equilibrio habido en la estructura temática situando uno de los temas principales, si no el principal, en el centro justo del relato con dos equilibrios, uno hacia el principio (el sentimiento de culpa por la muerte de la madre), y otro hacia el final (el sentimiento de culpa por lo acaecido a su padre).
También dentro de lo mejor de la novela están las descripciones del estado mental y de descontrol psíquico en que un individuo penetra cuando está bajo los efectos de drogas fuertes: los sueños, alucinaciones y paranoias por donde su cerebro discurre están, para mí, entre lo mejor del escrito.
Lo peor
Para mí lo peor es la farragosidad en que incurre la novela en la quinta parte precisamente cuando más acción hay en ella y más personajes intervienen, pero también donde menos claras quedan las relaciones e implicaciones de unos con otros. Diríase, paradójicamente, que cuando la autora deja de lado el estilo reflexivo y algo moroso, la historia se pierde en un mar de cabos sueltos o sólo prendidos con tenues alfileres.
Para finalizar
Durante su lectura, y tras ella, "El jilguero" de Donna Tartt me ha recordado reiteradamente "La verdad sobre el caso Harry Quebert" de Jöel Dicker que en su día ya reseñé (ver aquí) por seguir ambos relatos las pautas necesarias para convertirse en best-sellers sin perder por ello calidad.
¿Estáis de acuerdo con esta última afirmación? ¿Conocéis otras novelas que sean de calidad y best-sellers al tiempo?
En el número de agosto de la revista "emBLoGrium"apareció, con error tipográfico incluido en el título que aparecía en portada, un artículo mío con el epígrafe que encabeza esta entrada. Por si alguien no ha tenido oportunidad de leerlo y le interesase hacerlo lo reproduzco aquí en su totalidad. ¡Espero que os agrade!
Una de las últimas lecturas que he hecho ha sido “Una novela rusa” del francés Emmanuel
Carrère [vid. reseña en http://bit.ly/1gjHCOZ]. El
experimentado periodista y escritor francés escribe una biografía
ficcionalizada que plasma en un relato en el que se entrecruzan varias
historias con la peculiaridad de que pese a su aspecto ficticio todas ellas han
sido verdad. ¿Estamos ante una novela en el sentido clásico: “obra literaria que narra una acción
fingida en todo o en parte” (wikipedia dixit)?
Si se hace salvedad del término “fingido”, sí, ¿por qué no? Hay que
reconocer que cuando quien quiera que sea cuenta hechos vividos por él mismo y
los pone negro sobre blanco los elementos de la narración (lugar, tiempo,
narrador, personajes y acciones) deben ser tenidos en cuenta por el autor, quien
pese a haber sido el protagonista real de las acciones -de todas o de algunas-
se ve impelido a distanciarse de las mismas y comportarse igual que si los
sucedidos fuesen única y exclusivamente producto de su imaginación. Este tipo
de relatos se engloban bajo el rótulo de novelas de No-ficción o Nuevo Periodismo.
El nacimiento de esta tendencia novelística se suele situar en la novela “A sangre fría” (año 1966) de Truman Capote, periodista norteamericano y guionista cinematográfico de éxito que durante los años 1960 y siguientes investiga el tremendo crimen acaecido en Kansas en 1959 de los cuatro miembros de una familia muy querida en dicha localidad. Ese crimen fue realizado sin aparente justificación alguna por dos convictos que se encontraban en libertad provisional. El grado de crueldad con que los asesinos se comportaron con sus víctimas metió el miedo en el cuerpo a toda la sociedad norteamericana.
Truman Capote escribe su novela para una sociedad por aquel
entonces muy sensibilizada ante crímenes que consideraba gratuitos por
producirse sobre gentes honestas y muy queridas por todos. Todos los
estadounidenses cuando en 1966 aparece “A
sangre fría” tienen en su memoria el asesinato en 1963 del presidente John
F. Kennedy, así como en 1965 el del líder de la comunidad negra Malcom X; y
esto sin contar la oposición a todas las muertes gratuitas que el país llevaba soportando
por la guerra de Vietnam iniciada el año 1964.
Capote dinamitó la frontera que hasta ese momento existía entre Ficción (territorio exclusivo de la novela) y Realidad (territorio propio
del periodismo). De ahí la denominación de “Nuevo Periodismo” porque en él “realidad” y “ficción” se
transforman, y sus límites se hacen
difusos.
Nació pues así, la novela de no ficción, de la mano de Truman Capote
en Estados Unidos, y de Rodolfo Walsh en Argentina. Ambos autores se
sirven de los recursos literarios para narrar sucesos reales, basándose en
investigaciones periodísticas serias y elaboradas.
Otros representantes de esta corriente fueron los periodistas norteamericanos Tom
Wolfe (“La hoguera de las vanidades”),
Norman Mailer (“Los ejércitos de
la noche {La historia como novela; la Novela como historia}”), Gay
Talese (“Honrarás a tu padre” que
inspiró la exitosa serie de ‘Los Soprano’) y Hunter Thompson (“Miedo y asco en Las Vegas”).
Fuera de los Estados Unidos, y siguiendo en el continente
americano, el Nuevo Periodismo es la etiqueta que acoge además de a Roberto
Walsh (“Operación masacre”) a un
auténtico precursor de la corriente en los años 30, Roberto Arlt (“Aguafuertes”) y a autores más próximos a
nosotros como Tomás Eloy Martínez (“El vuelo de la reina” o “Purgatorio”, [ambas novelas reseñadas en este blog]),
Osvaldo Soriano (“No habrá más
pena ni olvido”), Miguel Bonasso (“El presidente que no fue”) o Roberto Bolaño (“La literatura nazi en América”).
En España esta tendencia tiene una muy clara manifestación
en la última novela de Antonio Muñoz Molina, “Como la sombra que se va”. Sin llegar a tan exhaustiva
investigación como la que realiza el escritor jienense sobre el asesinato de
Martin Luther King, escritores como Javier Cercas (“Soldados de Salamina”, “El
impostor”), Enrique Vilá Matas (“Aire
de Dylan”) o Javier Marías (“Así empieza lo malo” [también reseñada en este blog]) en mayor o menor medida también podrían englobarse dentro
de la Novela de No-ficción especialmente por la importancia que en las mismas
tiene lo metaficcional, lo puramente biográfico que rompe la divisoria realidad-ficción y por la indagación reflexiva que contienen y que lleva a
estas novelas a pugnar por reventar sus límites de género e invadir en no pocas
ocasiones el del ensayo.
El Cine ha conocido -y conoce- un proceso muy semejante a éste presente en el
denominado cine documental con todas las variantes que hoy día tiene el mismo:
emocional/testimonial, narrativo, argumental, dramatizado… La misma novela que
ha motivado este artículo, "Una novela rusa" de Emmanuel Carrère, contiene en su interior el proceso de realización de
un film documental, “Retorno a Kotelnich”,
en este caso un documental que engloba prácticamente todos los tipos
anteriores. Realizadores tan reconocidos como Martin Scorsese (“Shine
a light” sobre una gira de los Rolling Stone) o Michael Moore
y su falso documental sobre los
asesinatos del Instituto de secundaria de Columbine ( “Bowling for Columbine”) o Francesc Relea con su
documental sobre Serrat y Sabina en su gira artística por el continente
americano (“El símbolo y el cuate”) y
muchos otros más han cultivado esta tendencia.
Del mismo modo la televisión se sirve de este tipo de
narración no ficcionalizada en muchas de las series de gran éxito que hoy
llenan sus parrillas. Como ejemplo basta con citar “Los Soprano”, sobre el mundo de la Mafia, inspirada en la obra
antes citada de Gay Talese o “Mad men”, creada y producida por Matthew Weiner, sobre el mundo de la publicidad en USA en la década de los sesenta, que, sin
serlo, algunos la vienen a considerar la gran novela americana.
Y esta es la otra novela que he leído sobre la batalla de Trafalgar. Con ésta ya son dos los relatos bélicos que incorporo a este septiembre guerreropromovido porLakydesde su blog"Libros que hay que leer"
... en conclusión
Creo que lo mejor será decirlo desde el principio y no dejar para el final lo que ya muchos de vosotros (Alguien, Francisco Moroz, Rosa Berrós, etc.) sabíais -y yo intuía- desde hace ya tiempo: Es muchísimo mejor el episodio nacional galdosiano, "Trafalgar", que este encargo (-¡se nota una barbaridad que es obra de encargo por la falta de fe y alegría en lo que cuenta que muestra Pérez Reverte!-) que en 2005 apareció en la editorial Alfaguara.
Comentario ordenado debidamente
He leído Cabo Trafalgar tras finalizar "Trafalgar", primer episodio de la Primera Serie de los "Episodios Nacionales" de Galdós. Mi idea era comparar dos relatos sobre un mismo hecho. Del relato de don Benito ya dejé constancia hace pocos días en este blog (ver reseña aquí); sólo me resta ahora decir algo respecto al de Arturo Pérez Reverte.
La obra de Reverte la he leído con
facilidad aunque no con excesiva satisfacción por dos razones:
La primera es el exceso de datos, de listas de nombres de marineros, de oficios según la distinta dotación de los navíos de 64, 74 o 112 cañones, de documentación cierta y conocimiento marinero que el autor demuestra; y es que no en balde la navegación es tras la escritura una pasión para el novelista. Pero tal prolijidad y exceso informativo hacen que el texto se me haya hecho tedioso por momentos.
La segunda es el registro
utilizado por el autor en las
conversaciones y pensamientos de los personajes sobre los que reposa la novela: un registro actual tomado del utilizado por hablantes de nivel medio-bajo
del Cádiz contemporáneo. Junto a este registro informal, destaca –y para bien- la
terminología propia del mundo marinero y adecuada a los navíos que combatieron en
Trafalgar.
Asunto
El 21 de octubre de 1805 a
las dos de la tarde las escuadras hispano-francesa y la inglesa comandadas por
Villeneuve y Nelson respectivamente se enfrentaron frente a las costas de Cádiz
a la altura de Cabo Trafalgar. La contienda se decantó del lado inglés y marcó, como ya dije en la reseña sobre la novela de Galdós, el final definitivo del dominio español de los mares y el comienzo del inglés.
Tiempo y Lugar:
El lugar ya
queda dicho. El tiempo externo también; pero dado el carácter histórico del relato merece fijarse un tanto en él: Época del final del reinado de Carlos IV y del gobierno del desastroso Godoy que embarcó a España en los ominosos Pactos de Familia con el buen propósito de evitar la invasión de España por Napoleón, algo que a la postre no se evitaría.
La duración de la acción es de 3 horas y media aproximadamente, el tiempo que podría tardarse en leer la novela.
Personajes:
Salvo los
referidos al buque Antilla desde el
que se relata todo el combate y que es pura invención del autor, los nombres de los barcos y de los personajes que los gobiernan y desde los que se combate son rigurosamente
históricos: Gravina, Churruca, Valdés…
Los buques Santísima Trinidad,
Bucentaire, Intrepide, Neptuno, Formidable, Monarca, San Juan Nepomuceno, San
Justo… sufrieron duro castigo por la ineptitud del comandante supremo de la
flota aliada, el Comandante Villeneuve que, cobarde, ordenó maniobras erráticas
de la flota amén de salir en descubierta fuera del puerto de Cádiz, lo que
supuso ofrecer al enemigo facilidades inmensas para que se cebara con todas sus
fuerzas en una potente flota que, más que eso, parecía pandilla de delincuentes
en guerrilla.
De los personajes ficticios
destacan Carlos de la Rocha, comandante del Antilla;
Nicolás Marrajo, pícaro gaditano reclutado contra su voluntad en la taberna “La
Gitanilla de Cai” (?); del teniente Ricardo Maqua que rendirá la nave a los
ingleses; Guardiamarina Falcó, Grandall; piloto Oriqueta… Y tantos otros que
como si de uno de los navíos reales se tratara se parten el cobre por algo que
sin saberlo en conciencia cabe traducir por la Patria, la Nación, la
Independencia…, aún sin ser conscientes de que los gobernantes lo hacen sin
consideración por cada uno de estos hombres que pierde la vida por no saben qué
en una lucha que tampoco entienden por qué se ha originado.
Estilo
El mismo Pérez Reverte se ponía la venda antes de la herida cuando en 2005 al poco de salir el relato a la luz y de recibir el mismo alguna crítica poco amable, decía, como si eso sirviera de disculpa, que había hecho la novela por encargo. En mi opinión tal cosa no es disculpa alguna pues los encargos se aceptan o no, y además, buen número de obras de arte han salido de encargos similares. Ya he dicho que el discurso utilizado por narrador y personajes en el relato ha hecho chirriar las cuadernas de este lector porque por muy libre que un narrador sea a la hora de dotar de verbo a sus seres de ficción hay una norma aceptada por todos que es la verosimilitud.
¿Es verosímil que los personajes empleen el lenguaje barriobajero de algunos jóvenes de hoy día? ¿No es llevar el anacronismo,
consustancial a los relatos históricos, hasta el extremo? (hay que recordar que
en ocasiones el narrador alude a hechos, personas [Rocío Jurado, por ejemplo],
creaciones culturales [La Traviata, por
ejemplo], etc. que aún no han aparecido en la época). He aquí un ejemplo de desatinado anacronismo:
Y luego pa vengar a su compadre que a estas horas hace compañía a los peces va a tener que calzarse a su novia, la Maripepa, para consolarla, un compadre es un compadre. (p. 233)
Este asunto del estilo dio lugar en su momento a una polémica entre dos académicos, Umbral (fallecido el año 2007) y el autor
mismo. La diatriba suscitó una furibunda reacción de Pérez Reverte por la
alusión de Umbral hacia su falta de estilo como novelista. Y lo más gordo fue que la reacción no quedó en las lindes de lo literario sino que, como
suele ocurrir en la vida real, llegó a atacar el centro mismo de la vida personal
de los creadores, al menos eso es lo que Pérez Reverte hizo. La cosa fue dura, de las más duras que se recuerdan por estos pagos. Sin embargo como en el estrambote cervantino, tras mostrarse gallitos ambos, uno de ellos "fuese y no hubo nada", y eso, a pesar de que la cosa -¡literariamente hablando!- era interesante: el proverbial enfrentamiento entre fondo y forma, entre asunto y estilo. [para los que quieran conocer más de esta polémica dejo este enlace].
¿Conocíais esta polémica? ¿Sabéis de otras polémicas actuales semejantes?
Este relato inaugura la serie I de los Episodios Nacionales. Galdós lo firma en Madrid durante los meses de enero-febrero de 1873. Se trata de una novela histórica.
Es la historia de la del 21, que así llamaron los
españoles al desastre de Trafalgar. La novela está contada en primera
persona por un chico (heredero de los pícaros de nuestro siglo de Oro) de 14
años llamado Gabriel Araceli, que desde los 10 ha salido de la dictadura
de un tío suyo para servir al capitán de navío retirado don Alonso Gutiérrez de
Cisnierga. Este marino de 70 años vive en Vejer de la Frontera con su mujer
Francisca y su hija de sólo ocho meses más que Gabriel, Paquita, de la que
Gabrielillo está algo enamoriscado aunque de manera algo infantil, esto es,
entre juegos y ternezas (¡Je, je..., se me pega el modo de hablar galdosiano!)
El caso es que don Alonso junto a su amigo, Marcial 'Medio-Hombre', al ver que la armada hispano francesa se
dispone a salir a la mar para enfrentarse a la inglesa quiere asistir a este
evento que va a reunir a marinos tan avezados como Gravina, Valdés, Alcalá
Galiano, Churruca, Álava, Cisneros.., y otros más. Pese a la oposición de Dª
Francisca, Alonso y Marcial cual si de la pareja de don Quijote y su Sancho se tratase,
salen de madrugada a escondidas de su casa para, con el paje Gabrielillo,
dirigirse a Cádiz y ver bien de cerca lo que pueda ocurrir. ¡Y tan de cerca!
Van a embarcarse en el mayor de los buques españoles, el Santísima Trinidad, y desde tan privilegiada posición Araceli nos
irá refiriendo la marcha de la escuadra en dirección sur hasta que avistan la
escuadra inglesa y el comandante francés Villeneuve da la equivocada orden de
virar completamente dejando la vanguardia y retaguardia de la flota de la coalición en posición inversa, maniobra que
tan mal resultado propició a ésta que por ello fue destruída por Nelson y
Collingwood que el 21 de octubre de 1805 envolvieron a los barcos coaligados en
fuegos múltiples impidiendo que se auxiliasen unos a otros por la nefasta
maniobra del francés.
Aparte del hecho histórico en sí, Pérez Galdós novela (magistralmente, en mi opinión) una acción paralela que sostiene
el relato: Es la peripecia de la familia del señor al que sirve Gabriel Araceli. Así
vemos cómo Paquita enamorada y prometida de don Rafael Malespina, enrolado en
uno de los barcos, sufre con la muerte del mismo, al igual que con la de
Marcial ‘Medio-Hombre’; pero como en una novela estamos luego veremos cómo...
(para no incurrir en spoiler y porque pienso que la lectura del relato bien lo merece no diré nada más sobre el desarrollo de la historia ficticia que complementa el relato histórico)
Lo que Galdós quiere dejar claro al final del relato es el abandono sufrido por estos bravos marinos que por patriotismo y
obediencia, aunque sabedores del error que el comandante francés cometía,
olvidaron las pagas que les debían y combatieron hasta morir. Al incidir don Benito en los personajes que hacen la historia pero no pasan a la Historia sienta las bases de lo que durante la ya cercana Generación del 98 se llamará la Intrahistoria en la que un Miguel de Unamuno, por ejemplo, tanto insistirá.
Inaugura esta
batalla una lista de derrotas sucesivas que ornará todo el siglo XIX. La Armada
que ya venía muy castigada de acciones anteriores como la del cabo S. Vicente, la de
Finisterre, y algún pequeño acierto como el asedio de Tolon, se desmorona y se pierde en gran parte con lo que
será difícil, por no decir imposible, mantener las posesiones americanas que se
irán perdiendo a lo largo del siglo.
Final.- Estoy leyendo la novela que Pérez Reverte escribió hace ahora casi 10 años para recordar esta importante batalla. Será la segunda obra que reseñaré dentro de este mes guerrero en el que me he embarcada siguiendo la convocatoria lanzada por Laky desde su blog "Libros que hay que leer". ¿Mejor Galdós que Reverte? ¿Mejor Reverte que Galdós? Ya lo veremos.
En el último número de la revista mexicana "EmblOgriuM" aparece un artículo mío titulado "La novela de No-ficción o Nuevo Periodismo". El artículo en cuestión lo escribí estando aún bajo los efectos de la lectura de "Una novela rusa" de Emmnanuel Carrère que en su momento reseñé aquí. Por un error tipográfico, en la portada se ha omitido la palabra "No" que es esencial en este caso. No pasa nada pues en el interior sí que aparece en el lugar debido. Por esto, aunque podéis leer dicho artículo pinchando este enlace, lo publicaré íntegro en este blog dentro de unos días.
La revista ha optado en esta ocasión por sacar un número doble (Julio - Agosto) agrupando en él los artículos de los colaboradores correspondientes a este período veraniego. Se trata del número 23 con una hermosa portada realizada por Karla Ximena. Luego, en su interior, se encuentran artículos escritos por sus colaboradores habituales; artículos que en esta ocasión al tratarse de un número que abarca dos meses son dos por articulista. En mi caso el que he citado al inicio de esta entrada y el que dediqué a la pasada
El miércoles de esta semana he tenido ocasión de ver en los Teatros del Canal de Madrid"Bajo terapia", una comedia de final dramático escrita por el joven autor argentino Matíasdel Federico, nacido en Santa Fé (Argentina) en 1981. La dirección y puesta en escena corresponde al también argentino Daniel Veronese.
"Bajo terapia". Autor: Matías del Federico. Director: Daniel Veronese
Asunto.- Una comedia en la que tres parejas que habitualmente asisten a la consulta de la psicóloga Antonia son convocadas juntas una tarde-noche de un viernes, sin ellas saberlo, a una original y sorpresiva sesión en la que harán terapia sin terapeuta, es decir, sin Antonia. Tras la sorpresa inicial las tres parejas, unas más reticentes que otras al experimento, comienzan a desarrollar las siete "tareas terapéuticas" que la psicóloga les ha dejado escritas. Al irlas realizando deberán mostrarse tal y como son a sus compañeros a fin de poder dar salida a sus traumas y conflictos emocionales. Esta salida se realiza en un ambiente de gran comicidad ante el contraste ofrecido al público de tres tipos de pareja: una liberal, una más común y otra más tradicional. Los seis integrantes esconden algo, pero no todo es de la misma gravedad. Durante la sesión irán mostrando sus secretos pero no todos tienen el deseo de mostrarlos.
Si hay algo que acá asociamos con la Argentina ello es la terapia psicológica, algo muy unido a la habitual verborragia característica de sus naturales. Por ello se podría afirmar la absoluta argentinidad de la obra.
Lo anterior se patentiza en unos textos muy ágiles llenos de un humor diáfano que llega al público con toda su fuerza merced al empleo del lenguaje y vocabulario habituales entre los espectadores. No hay un salto entre la escena y el patio de butacas, todos nos sentimos identificados con la problemática que se desarrolla en las tablas. Es una obra en la que la risa está garantizada. pero no es una obra tonta en la que pasada la hora y media de su duración se sale a la calle y se olvida todo lo que allí se ha visto. No, es una obra con mucho fondo en la que se plantean conflictos que no por comunes y escuchados por todos dejan de tener importancia: la educación de los hijos, la vida en pareja, los celos, la anulación del otro, las adicciones, el sexo, el trabajo...
Propósito.- Matías del Federico busca conseguir con su comedia la catarsis, primigenia función del teatro griego. Y la consigue por partida doble gracias a la habilidad con la que maneja el artilugio teatral, -fundamentalmente los diálogos (estamos ante un teatro de texto)- que hace que la misma acontezca sobre la escena y con seguridad en muchos de los asistentes. Estamos, y esto en mi opinión es uno de los méritos de la obra, ante el teatro dentro del teatro.
Una escena con poco mobiliario y mucha funcionalidad
La obra y su puesta en escena me ha recordado, desde el principio, a "El método Grönholm" de Jordi Galcerán, obra que el mismo Veronese dirigió con éxito en Buenos Aires el año 2006. Como en aquella estamos ante una reunión de personas que no se conocen y que han de solventar unas pruebas o realizar unas tareas que las llevarán a mostrarse tal y como son. La diferencia radica en el motivo que impulsa cada una de las representaciones: en la de Galcerán se compite por conseguir un puesto de trabajo, y en la de Del Federico es la necesidad de encontrar la paz y felicidad en la pareja la que pone en marcha la acción. Mucha psicología en ambas.
Losactores son la mayoría muy conocidos por el público. Las tres parejas están formadas por Gorka Otxoa -"Velvet" , "Águila roja"- como Esteban y Manuela Velasco -"Velvet"- como Carla; Fele Martínez -"Los abrazos rotos"- como Daniel y Melani Olivares -"Aída"- como Laura; y por último Juan Carlos Vellido como Roberto y Carmen Ruiz como Marta. Todos ellos sacan adelante su papel con eficiencia sin percibirse diferencias importantes entre unos y otros. A mí en particular me ha gustado mucho Melani Olivares pues, pese a no ser para nada admirador de la serie televisiva de "Aida" por su papel en la misma la tenía mentalmente encasillada en ese tipo de personajes chuscos, con lo que su actuación aquí me ha sorprendido satisfactoriamente.
Conclusión.- En definitiva una obra que habla de, en palabras de su director, "lo solo que se está en pareja, y de lo que uno llega a permitir para no estar solo" algo en lo que, -dice-, "mucha gente puede reconocerse a sí misma o a personas muy cercanas" y por eso es fácil que se rían.
Recomendación: Obra muy, pero que muy, recomendable. De lo mejor que ahora mismo se puede ver en Madrid. Hay que darse prisa para verla pues estará en cartel sólo hasta el próximo día 27 de septiembre.