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5 feb 2026

Carmen Martín Gaite: Nubosidad variable

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Nubosidad variable, Realismo social español
En Salamanca, mi ciudad natal, me cruzo cada vez que paseo por sus calles con la escultura que la artista Narcisa Vicente Rodríguez hizo de la escritora Carmen Martín Gaite el año 2000, con motivo de su fallecimiento. El año pasado se cumplía el centenario del nacimiento de la novelista en Salamanca. Desde el primer día de ese 2025 me propuse rendir alguna clase de personal homenaje, por humilde que el mismo fuera, a mi paisana. Lo hice en abril con una entrada sobre la adaptación teatral de su novela "El cuarto de atrás" en el Teatro de la Abadía [leer dicha entrada aquí]; y también, acabando el año, realicé la lectura de su obra, quizás, más emblemática, Nubosidad variable, lectura que protagoniza esta breve reseña. La autora dedicó nada menos que ocho años Martín Gaite a la escritura de esta novela publicada en 1992.  

Sinopsis (promoción editorial de la novela)
La novela narra el reencuentro de Sofía Montalvo y Mariana León, dos amigas de juventud que cruzan los relatos de sus vidas. Mientras Sofía se halla en el desencanto y la frustración por un matrimonio infeliz, Mariana sufre una pasión tóxica.

Nubosidad variable es una novela epistolar en la que dos mujeres, amigas durante su etapa escolar en el instituto, se reencuentran casualmente tras muchos años sin tener contacto. Durante su no premeditado encuentro en una exposición de pintura, ambas recuerdan su etapa de estudios y deciden recuperar el gusto por la escritura poniéndose «deberes» tal y como, recuerdan, les ponía en el instituto su profesor de Literatura, Pedro Larroque. Se imponen la "obligación", como les sucedía en su época escolar, de escribirse.

 Es así como ambas escriben y en este proceso, cada una por su lado, rememoran y/o evocan experiencias y sucedidos ocurridos en su entorno. Las alusiones que en sus escritos aparecen referidos a una y otra son importantes. Conoceremos dos versiones sobre el porqué de su distanciamiento y cómo ese motivo -la relación con un chico de nombre Guillermo- planea y planeó muchos años sobre ellas. 

Estas dos mujeres son: por un lado, Sofía Montalvo, madre de tres hijos (Encarna, Lorenzo y Santiago) y mujer de Eduardo; por el otro, Mariana León, psiquiatra de éxito en Madrid, a cuya consulta acuden sobre todo mujeres aquejadas de soledad. De la vida y milagros de todos estos personajes nos enteramos por esos deberes de escritura que, cumplidora, realiza Sofía y por las cartas que, salvo la primera, Mariana le escribe aunque nunca le envía. 

En el momento del reencuentro ambas mujeres viven en Madrid. Como seres adultos que son cada una ha vivido su vida y tenido experiencias amatorias diferentes, aunque con resultados muy parejos. Tras el encuentro y ya con las cartas y escritos realizados, ambas amigas decidirán ponerlos en común para así conformar cada una el cuadro de su vida y rellenar los huecos que hubiera en ellas. Eso es, en definitiva, la novela que tenemos en nuestras manos. La novela que hemos leído, la misma que estamos leyendo al tiempo que vemos cómo se hace, es la que les sirve a ellas para recobrar su amistad, para recuperar la alegría de vivir, la fe en el futuro, y tirar para adelante.

Los capítulos de Nubosidad variable van alternándose de manera que cada uno de ellos corresponde a una narradora: los impares a Sofía Montalvo y los pares a Mariana León. En estos capítulos vemos el proceso de escritura de estas dos amanuenses, sus dudas de escritora, las decisiones a la hora de primar o relegar a unos personajes frente a otros; en definitiva asistimos a una novela haciéndose, lo que ciertamente es algo muy interesante y en mi opinión uno de los grandes méritos de esta obra.
  • Tengo que atender a este flash back, lo tengo que pegar en el collage, aunque sea con saliva. (Sofía)
  • Se inicia la pesquisa. Ahora apártate a escuchar, ¿te importa?, porque estoy hablando de ti con otra persona. Veremos lo que sale. (Sofía)
  • Acabé hablándole no sólo de ti y de las cartas que te escribo y no te mando, sino dirigiéndome también a ti cuando venía a cuento, y a Raimundo y a Silvia, y a Manolo, con lo cual cada vez se llenaba de más presencias fantasmales la terraza y mi monólogo tomaba un sesgo delirante, quizá una buena idea para pedir una beca de teatro al Centro de Nuevas Tendencias Escénicas; aunque puede que ya esté inventado esto del interlocutor múltiple. (Mariana)
  • Bastaba oírlo hablar para descartarlo como protagonista real de una aventura romántica. De todas maneras es una escena que puede aprovecharse para la novela, aunque cambiando el diálogo. Y también, claro, el tono de la voz y la intención de la mirada. Porque, en la novela, D. R. ya ha recibido la carta de Marta Lucena. (Mariana)
También muy destacable en el relato es la enorme cantidad de referencias literarias explícitas e/o implícitas que en el mismo aparecen. Quizás la que enmarca toda la novela sea la referencia a Cumbres borrascosas de Emily Bronté. Sofía Montalvo la lee una y otra vez, como si estuviera en bucle. Ella se viene a identificar con la pasional protagonista de esta obra romántica, como bien le dice en un momento dado Mariana León: «Ni Catherine ni Heathcliff necesitaron nunca que los perdonara el mesurado Linton. La novela no puede acabar de otra manera, igual que tampoco pudo tener happy end la tuya con Guillermo»
Pero las referencias literarias no se quedan aquí, sino que son múltiples: tanto a autores clásicos (Manrique, Quevedo, San Juan de la Cruz, Machado...) cuanto a contemporáneos al momento de escritura de la novela («estuve leyendo una novela policiaca de Ruth Rendell, "Hablar con desconocidos"»). La propia actividad literaria de Martín Gaite se refleja en ese ensayo que Mariana está haciendo sobre el erotismo [la autora había escrito años atrás dos ensayos en los que estudiaba el erotismo en España: Usos amorosos del dieciocho en España (1973) y Usos amorosos de la Postguerra española (1981)]. Incluso la literatura popular asoma la cabecita en esta novela en esa referencia que se hace al Cuento de la Buena Pipa. Y es que, en definitiva, quizás esto que estamos leyendo no sea más que eso, un cuento de nunca acabar.

Es Nubosidad variable una novela en la que Carmen Martín Gaite se muestra de manera escondida. Lo hace escindiéndose a partes iguales entre  sus dos protagonistas. En el aspecto amoroso quizás se la vea más en Sofía Montalvo y en el literario en Mariana León. Ella, Martín Gaite, estuvo casada con Rafael Sánchez Ferlosio y tuvo hijos con él: un niño, Miguel, que murió en 1955 de meningitis con sólo ocho meses; y una niña, Marta, que falleció con 28 años en 1985, víctima del sida. Esta pérdida acompañará constantemente a la escritora y muchas vivencias y experiencias tenidas entre ella y Marta se colarán en sus novelas. En esta, concretamente, el hecho de que las dos protagonistas se escriban mutuamente puede que recoja el hábito que madre e hija tenían  en vida  de dialogar a través de los cuadernos en los que una y otra escribían. 
«Eduardo era práctico, seguro de sí mismo. Practicaba la política de los hechos consumados. No paró hasta arrancarme el apetecido «sí» pero antes ya me había dejado embarazada. «Ya me querrás —dijo—, siempre conviene que el hombre quiera más que la mujer. Yo te voy a querer por los dos». Y aquello me gustó oírlo. Yo estaba deseando irme de casa cuanto antes. Y tener hijos.»
"Nubosidad variable", Novelistas españolas de la generación del 50, Narcisa Vicente Rodríguez (escultora)
Es en el propio acto de escritura, como he dicho, que van surgiendo evocaciones de tiempos pasados de una y otra. De todos los sucedidos destacan las rupturas amorosas. De hecho, el distanciamiento de las dos mujeres se debió -es algo conocido desde el principio- a un problema amoroso al estar ambas en relación, en los meses finales de instituto, con un tal Guillermo. Este personaje flota como un fantasma en el escrito, especialmente para Sofía, cuyo encuentro con él en Londres, ya casada ella y madre de tres hijos, le servirá para tomar conciencia de que su vida anodina con Eduardo no puede seguir así. Por su parte, a Mariana, soltera ella, le sucederá con Raimundo otro tanto de lo mismo. 

Personalmente, de la novela me ha gustado el colorido del sur, de Cádiz y sus pueblos magníficos en los que se refugia Mariana para reflexionar sobre su propia vida. El encuentro allí, en el sur, con el personaje de Manolo Reina, que tanto le gustó en un momento dado, le servirá para salir del pozo. Por otra parte, los momentos en que la acción se centra en las vivencias de una y otra en Madrid se me han revelado como algo viejos, pasados, caducos. Fugazmente, durante la lectura de algunos pasajes de la novela no he podido por menos que pensar que esta generación de novelistas realistas de los años 50 del siglo pasado a la que Martín Gaite pertenece, siendo estilísticamente magníficos, sin embargo corren el peligro de verse sobrepasados por la vorágine del tiempo. Me ha pasado ya leyendo alguna novela del gran Miguel Delibes (¡no todas, que conste!) lo que achacaba yo a que el vallisoletano estaba más imbuido por el existencialismo arraigado o desarraigado de finales de los años 40. Pero me temo que los que comenzaron a publicar a mediados de los años 50 también están en riesgo. 



8 ene 2025

Nell Leyshon. Del color de la leche

20 comentarios:

«dije que te contaría la verdad sobre todo lo que ha pasado y te la he contado, y todo es verdad salvo una cosa.
dije que estaba sentada al lado de la ventana escribiendo esto y que miraba hacia fuera y veía los árboles y los pájaros. dije que veía la lluvia cayendo por el cristal.
dije que se veían los prados con la espesura de la niebla.
dije que veía mi propia cara pálida en la ventana.
dije que no podía respirar y que me acerqué a la ventana para abrirla.
cuando dije todas estas cosas no te estaba diciendo la verdad.
»

Novela inglesa actual, Nell Leyshon, Feminismo
Finalicé 2024 con una lectura más que liviana, la de Carmen Posadas titulada "Por el ojo de la cerradura", y he comenzado este año lector 2025 con una novela potente, que me ha gustado mucho. Se trata de "Del color de la leche" de Nell Leyshon, novela publicada en 2012. La historia que relata sucede durante el año 1830, concretamente desde la primavera de ese año hasta la de 1831, momento en que la narradora dice estar escribiendo la carta que pone en nuestras manos y que dirige a un tú genérico, al lector que tenga la oportunidad de hacerlo. El lugar donde sucede la historia es una localidad innominada de la campiña inglesa. Estamos en el siglo XlX, en una sociedad eminentemente rural y nos encontramos con dos familias muy diferentes entre sí:  la de Mary, la protagonista principal, una chica de quince años, está formada por un matrimonio y sus cuatro hijas; es una familia pobre y esforzada de la noche a la mañana en sacar adelante la explotación agrícola-ganadera; para el padre de esta familia, brutal en su relación con las hijas, más patrón que padre, el dinero es el dios supremo. Del otro lado encontramos a una familia acomodada, la del vicario Graham cuya mujer está muy enferma y cuyo único hijo, Ralph, es un poco vivalavirgen. La unión entre ambas historias y familias va a darse a través de Mary, la menor de las hijas del matrimonio agrícola, que va a ir a servir a la casa del vicario para ocuparse, entre otras cosas, de la mujer enferma.
Comparado con el trabajo que tenía que desarrollar en la granja del padre, el de la Vicaría es cómodo para Mary, una chica acostumbrada a estar siempre activa. Pronto la esposa del señor Graham le pide a Mary que se dedique en exclusiva a ella y así lo hace ésta a pesar de las reticencias mostradas por Edna, el ama de llaves, que ve cómo la recién llegada a la casa se está haciendo con el afecto de todos. 
Mary es una chica agradable de rostro, pero su figura se ve  lastrada por la cojera que sufre en una pierna desde su nacimiento:
«algunos dicen que madre estuvo enferma aquel verano y que siguió trabajando en el campo y que tenía un bulto que era yo y que no podía agacharse bien porque yo estaba en medio.
y dicen que se me torció la pierna con el peso  y que ya nunca más estuvo bien.
cuando era bebé me la ataron con un trozo de madera para enderezarla, sólo que me rozaba y me salió sangre y yo grité hasta que me la quitaron y dejaron que mi pierna se fuera para donde ella quería.
y por eso soy como soy.»
Mary es una chica avispada que no se arredra ante nada, que contesta sin miramientos a quien la importuna y que muestra grandes deseos de aprender. A pesar de ser analfabeta como el resto de su familia cuando por deseo de su padre tiene que ir a servir a casa del vicario y ve los libros que éste tiene en su biblioteca se siente atraída por ellos. Cuando el señor Graham le pregunta si le gustaría aprender a leer y a escribir, ella pronto responde que sí. De esta manera se establece entre ella y el Vicario una relación que tiene visos de ir más allá de la meramente laboral.

Todos los personajes del relato tienen personalidad propia y Nell Leyshon los define con uno o dos rasgos característicos: la cojera y espontaneidad algo lenguaraz y despierta de Mary; en las hermanas de ésta, la excesiva religiosidad de Beatrice,  la sensualidad y búsqueda de afecto de Violet y «el carácter podrido» de Hope. Luego está el padre, un hombre brusco, violento, que explota a las hijas laboralmente y constantemente se lamenta de que no hayan sido chicos. Por su parte la madre es casi un cero a la izquierda que sigue a pies juntillas las ideas de su marido. Sólo el abuelo enfermo demuestra rasgos de humanidad y afecto con Mary, que es la nieta que lo cuida y se preocupa por su bienestar. Del lado de la casa del Vicario encontramos a Graham, un hombre que malamente puede controlar sus instintos; lo mismo le sucede a su hijo Ralph, joven caprichoso y mujeriego que no se preocupa de los destrozos que sus actividades provocan; sólo la madre enferma demuestra hacia Mary cariño y humanidad sin exigir contrapartida alguna por ello.

Si hay algún asunto importante, aparte del que es objeto de la carta que escribe Mary y que el lector descubrirá durante el transcurso de la lectura, éste es sin duda alguna el de la maternidad. Los personajes son mujeres y esta condición las hace madres voluntaria o involuntariamente. Ellas y sus hijos, sus hijos y ellas, son elemento central en Del color de la leche. La coreada reivindicación feminista del "Nosotras parimos, nosotras decidimos" es clara en el relato. Y también, esta vez expresada por boca de la mujer del Vicario, el convencimiento de que el destino de los hijos es el de levantar el vuelo, dejar el hogar, y que la obligación de los padres (las madres en este caso) es facilitar ese tránsito:
«sabes, me dijo, cuando tienes un bebé te parece que toda tu vida es ese niño y nunca te imaginas que van a crecer y que no te van a necesitar más y que van a querer irse.
no se puede evitar que crezcan, dije yo.
ya lo sé, pero no puedes imaginarte como es. lo dejas todo para cuidarlos y para protegerlos y después se van. es como si te consumieran para conseguir su propia vida.
»
La novela está escrita de manera novedosa enlazando la forma con el fondo y especialmente con la narradora que, como ya he dicho, no es otra que la misma Mary, la cual está escribiendo una carta a un "tú" no identificado. Debido a haber sido hasta hace muy poco analfabeta Mary no domina del todo el arte de la redacción y por ello vemos que no sabe hacer uso de las mayúsculas y que cae continuamente en el polisíndeton de la conjunción copulativa "y", tal y como les sucede a los niños cuando cuentan cosas:
«él estaba en el patio esperándome. no dijo nada. yo no dije nada. caminé hacia la casa y él me miró un momento y entonces dio un paso hacia delante y me agarró del brazo. y me llevó a rastras dentro de la casa. y hope y violet me estaban mirando. y él tiró de mí a través de la cocina. y madre estaba ahí al lado. y yo gritaba y ella estaba ahí y me miraba.»

Esta carta me ha recordado mucho, por su narración en primera persona y por el asunto que relata, al Lazarillo de Tormes. Al igual que en la novela picaresca española de autor incierto la protagonista  cuenta el asunto -el 'caso'- en el que ella se encuentra inmersa en ese momento. También me ha recordado mucho la historia que en ella se narra a la que no hace mucho, y con gran agrado por mi parte, leí en "Precioso veneno", la novela de Mary Webb que hace cosa de tres meses o así reseñé en este blog. Ambas novelas, la de Leyshon y la de Webb, narran historias duras, pero endulzadas en ocasiones con expresiones amables para suavizar la terrible verdad que cuentan. En el caso de la narradora de Del color de la leche, ella, Mary, temerosa de crear en el lector el malentendido de que todo fuera una ficción, una imaginación, en un momento dado aclara (véase la cita que encabeza esta entrada).

Cierro la reseña de esta deliciosa -¡y dura!- novelita con una referencia a las reflexiones metaliterarias que aparecen en ella. Mary, en su inocencia de escritora primeriza alude con frecuencia al acto de escritura que está realizando:
«éste es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano
[...]
quiero contarte lo que ha pasado pero tengo que tener cuidado de no apresurarme como hacen las vaquillas en la entrada. porque entonces iré por delante de mí misma y puedo tropezarme y caerme y de todas maneras tú querrás que empiece por donde debo empezar.
y eso es por el principio.»
Del mismo modo Mary describe las dificultades del proceso de escritura por las que pasa mientras escribe la carta que tenemos en nuestras manos:
«escribir lleva mucho tiempo. hay que deletrear y copiar cada palabra encima de la página, y cuando termino tengo que volver a mirar para ver si las he elegido bien. y algunos días tengo que pararme porque tengo que pensar en qué es lo que tengo que decir. y en qué es lo que quiero decir. y en por qué lo estoy diciendo.»

Una primera lectura de este nuevo año más que satisfactoria. Una lectura que recomiendo a cualquiera que ame la buena liuteratura. 



24 dic 2021

Elena Poniatowska: "Querido Diego, te abraza Quiela"

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«Hoy como nunca te extraño y te deseo, Diego, tu gran corpachón llenaba todo el estudio. No quise descolgar tu blusón del clavo en la entrada: conserva aún la forma de tus brazos, la de uno de tus costados. No he podido doblarlo ni quitarle el polvo, por miedo a que no recupere su forma inicial y me quede yo con un hilacho entre las manos. Entonces sí, me sentaría a llorar. La tela rugosa me acompaña, le hablo.» (‘15 de noviembre de 1921’)

Muchos de los libros que leo los tomo prestados de las bibliotecas públicas. Me parece que las mismas son una institución necesaria a la que se debería dar más relevancia por parte de los poderes de quienes dependen. Últimamente, cada vez con más frecuencia, veo que hacen limpieza del fondo que albergan. Realizan expurgaciones. Al menos esa es la palabra que emplean para denominar dicha acción. Si nos atenemos al significado que da la RAE al verbo "Expurgar" (Suprimir [una autoridad] lo que considera erróneo, molesto u ofensivo en un texto impreso) diríase que los volúmenes que el bibliotecario decide expulsar del establecimiento se lo hubieran ganado por su baja calidad, inexacta ubicación, o cualesquiera otra cosa pero siempre de signo negativo. Efectivamente no pocas veces sobre la mesa de las expurgaciones que suele haber a la entrada/salida de las bibliotecas aparecen volúmenes de enciclopedias hoy desactualizadas o en desuso, libros editados por organismos públicos que, quizás, por su baja calidad jamás debieran de haber pasado por la Minerva, folletos publicitarios que nadie sabe cómo llegaron a la Biblioteca, etc., etc. 

Yo habitualmente donde veo libros, ya sea en la calle o en las mesas citadas, suelo detenerme para fisgonear. Y hete aquí que con frecuencia entre esos volúmenes disparejos de una enciclopedia o ese libro de mecánica que hoy ya nada dice a nadie aparecen joyitas que inexplicablemente, al menos para mí, han sido expulsados del Templo. ¿Por qué? Eso es algo que me gustaría que alguien me explicase. Pero no es este el momento para divagar más sobre el asunto. Sirva este breve exordio para introducir la lectura del libro que figura en el título de esta entrada. Un libro de quien fuera Premio Cervantes en 2013, Elena Poniatowska, que encontré abandonado, buscando alguien que lo adoptase, sobre la mesa de Expurgados de una biblioteca municipal de la ciudad donde vivo. 


De Elena Poniatowsska, Premio Cervantes 2013, sólo había leído su novela "Leonora" sobre la vida de la pintora Leonora Carrington y su entorno artístico y de amistades. Esa lectura me gustó mucho. Vi cómo la Poniatowska sabía penetrar el alma de las personas cuya vida narraba en una mixtura ficticio-real. Precioso e instructivo libro el mismo que recomiendo a cualquiera.


Novela epistolar, literatura epistolar


Querido Diego, te abraza Quiela
Sinopsis de la novela (proporcionada por la propia editorial Impedimenta)
Octubre de 1921. Angelina Beloff, pintora rusa exiliada en París, envía una carta tras otra a su amado Diego Rivera, su compañero desde hace diez años, que la ha dejado abandonada y se ha marchado a México sin ella. Angelina, a quien Diego se dirige con el diminutivo de Quiela, fue la primera esposa del muralista mexicano y una excelente pintora, eclipsada por el genio de su marido. Su relación, marcada por la pobreza y por la tiranía de Rivera, fue tormentosa, y la adoración de Quiela, incondicional. Brutal, ególatra, irresistible, Rivera se nos dibuja como un monstruo que hace su voluntad en el arte y el amor. «Ella me dio todo lo que una mujer puede dar a un hombre», diría Rivera. «En cambio, recibió de mí todo el dolor en el corazón y la miseria que un hombre puede causarle a una mujer.»

Cuando al salir de la biblioteca a donde había acudido para sacar el libro de Xinra Xue, "Nacer mujer en China", me encontré en la mesa de expurgados, entre otros de escasa valía, el librito de la escritora parisina Poniatowska  no pude por menos que quedar sorprendido y de inmediato atender la invitación que los bibliotecarios habían dejado escrita sobre los condenados a la expurgación ('Llévenselos si les interesan'). Me lo llevé a casa. Lo he leído y lo he disfrutado. Me parece una auténtica delicatessen. 

En el librito, Elena Poniatowska imagina las cartas que de octubre de 1921 a julio del año siguiente Angelina Beloff, pintora rusa exiliada en París, envía a Diego Rivera, su compañero sentimental durante los últimos diez años. El pintor Diego Rivera tras los estragos de la I Guerra Mundial sentía ahogarse en la capital francesa y sin dar muchas cuentas a la Bielova ha marchado a Mexico desde donde, aunque regularmente envía a Angelina Beloff o Bielova algún dinero, no responde a sus requisitorias amorosas. En las doce cartas sin respuesta que la mujer abandonada  envía al artista mexicano ésta le confiesa su enorme dependencia amorosa que tiene con él, que desea verlo, que todo todo se lo disculpa, que no le recrimina ni lo más mínimo aunque esto hayan sido infidelidades a la vista o de espaldas a ella. Angelina es una mujer totalmente enamorada, una persona en cierto sentido enferma de amor. Pese a esta completa añoranza también ella comprende, y así lo expresa en sus cartas, que la pérdida por enfermedad del hijo que tuvieron quizás haya sido la causa de tan radical separación y distanciamiento entre ellos.

Pintura moderna mexicana, las mujeres de Diego Rivera
Angelina Beloff: "Máscaras y muñecos", 1955. 
(Museo de Arte Moderno México)
La novelita muestra la psicología de una mujer plenamente colgada de la persona que ama, una mujer que, enferma de amor, dejó de lado por unos años el inmenso talento pictórico que poseía para apoyar a su gran amor, a pesar del ingrato trato con que él le correspondía. Según leía esta novela epistolar venían a mi memoria otras lecturas de corte semejante en especial la de Annie Ernaux "Pura pasión" [leer mi reseña aquí] o la de "Un amor" [leer mi reseña aquí] de la joven novelista española Sara Mesa. Elena Poniatowska plasma en esta novela epistolar la personalidad arrogante, egoista, y poco empática del genial artista mexicano. Diego Rivera, a quien conocemos a través de Angelina Beloff. Rivera es, además de artista genial, un vividor,  un mujeriego que en las mujeres sólo busca satisfacer la enorme necesidad que tiene de ellas para su propio placer y para que le atiendan en sus necesidades domésticas esenciales. Muchas son las mujeres que pasaron por la vida del autor de los frescos del Palacio Nacional de Mexico D.F.; en esta novela sabemos al menos de dos, una que aparece con su nombre y personalidad alegre y licenciosa, Marievna Vorobiov Stebelska, con la que tuvo una hija; y otra de la que no se da el nombre pero que al aparecer citada en la última carta como su «amor mexicano» intuimos -o al menos intuyo yo- que la Bielova se refiere sin nombrarla a Frida Kahlo. 

Además de los femeninos otros personajes, también masculinos, aparecen en el relato. Son amigos de la pareja que acompañan a la Bielova en su desamparo y que la ayudan y aconsejan. Entre estos están los Zeting (Miguel y María) que cuidaron un tiempo a Dieguito, el hijo de Angelina y Rivera; Zadkin, amigo que aconseja a Beloff  que venda algún esbozo dejado por Rivera para sobrevivir; Élie Faure, el amigo que le da puntual noticia de la deriva de Diego Rivera por tierras mexicanas; etc.

El librito de apenas 90 páginas bellamente editado por Impedimenta apareció en 1978 obteniendo enseguida un inmenso éxito. Es hasta el momento el libro más traducido de la escritora asentada en México desde que en 1942 llegara a ese país junto a su madre huyendo de los horrores de la IIª Guerra Mundial en Europa.   

  


Título
: Querido Diego, te abraza Quiela

Autora: Elena Poniatowska

Editorial: Impedimenta

Año de edición: 2014

Páginas: 90

ISBN978-84-15979203

8 dic 2021

Rodrigo Muñoz Avia. "La tienda de la felicidad"

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«Miércoles, 20 de marzo de 2019
 ⸠DE: La felicidad en casaHoy puede ser un gran día08:00⸡ 
Bienvenido al nuevo día, CARMELO.
Hoy uno de nuestros productos puede hacerte el día más feliz.
CARMELO, nuestro ordenador ha escogido aleatoriamente para ti el Juego de Mesa Erótico Pacto de Amor, 50,95 €.
Que lo disfrutes y tengas un buen día.
La tienda de la felicidad.»

Gracias al Reto Autores de la A a la Z, este año estoy realizando una buena cantidad de descubrimientos de obras y autores cuya existencia desconocía. El último por ahora ha sido el de Rodrigo Muñoz Avia. Pregunté por ahí qué autores podrían recomendarme cuyo apellido comenzase o contuviese en su interior la letra 'Ñ' y mi amiga Rosa Berros, impenitente y sabia lectora, me dio este nombre. A ella también debo el de la escritora china Xinran Xue que me vendrá la mar de bien para rellenar otra letra complicada, la 'X'.


La novela
Sinopsis (proporcionada por la propia editorial Alfaguara)
Carmelo Durán necesita pocas cosas en la vida: un ordenador con internet, un supermercado online donde comprar comida en cantidad y unos cuantos interlocutores cibernéticos con los que discutir. Pero todo cambia cuando un error en un pedido le pone en contacto con Mari Carmen, la encargada de atención al cliente del súper.

Rodrigo Muñoz Avia, Novela de Humor, Humor literario actual
La tienda de la felicidad
es una novela epistolar que utiliza el formato de los e-mail electrónicos que tanto empleamos hoy para comunicarnos entre nosotros. Si bien en este sentido es original, podría decirse –y así se lo echan en cara al protagonista Carmelo Durán muchos de los otros personajes- que el procedimiento es, dentro de la modernidad tecnológica, algo arcaizante y que esta manera de intercambiar mensajes, existiendo otros métodos más sencillos como el wasap o incluso la simple llamada telefónica a través del móvil, es poco práctica. Pero Carmelo es un hombre raro, solitario, huraño, que vive encerrado en su casa, comunicándose  con el mundo sólo a través del procedimiento del correo electrónico.

Gracias a los e-mails y dado lo invasivos que los mismos son, el autor consigue colocar al personaje dentro de la sociedad actual, una sociedad que no consiente su apartamiento y que corre a por estos seres asociales fugitivos del Sistema para hacerse con ellos y su poder de compra. Por ello Carmelo todos los días al encender su ordenador se encuentra con seductoras ofertas como la que encabeza esta reseña. Él unas veces compra y otras no lo que La tienda de la felicidad le ofrece. 

Podría decirse que Carmelo es lo que se dice 'un ser conectado', quiero decir que él todo lo adquiere online, en especial los productos de alimentación que compra en Carrefour online. Precisamente la discrepancia con una de sus últimas compras es la que dará origen a la relación personal que entablará con Mari Carmen Gómez, la encargada de la sección de Atención al cliente del Supermercado. Los mensajes meramente comerciales entre empresa y cliente que se cruzan irán evolucionando hacia otros de naturaleza más personal que darán paso con el tiempo (no mucho tiempo pues la novela se abre con un email del día 13 de marzo de 2019 y se cierra con otro del día 20 de mayo del mismo año) a una relación interpersonal entre el hombre y la mujer que acabarán viéndose en persona. Carmelo que era renuente a cualquier contacto con la sociedad de su entorno (su madre, su triunfador hermano o su comunidad de vecinos) dará el paso de salir a la calle gracias a esta relación ilusionante.

Pero en esencia la vida de Carmelo Durán se desarrolla de este lado del ordenador donde constantemente se ve asaeteado por reclamos de tiendas de productos para el placer (‘La tienda de la felicidad’, que da título a la novela), por suscripciones a Alertas de Google, por correos invasivos con ofrecimientos eróticos, por diálogos absurdos con comercios que demandan el grado de satisfacción del cliente, con ofertas de productos que engañosamente aseguran mejorarán su calidad de vida, con predicaciones tipo Dios existe que un tal Juan Domingo le coloca en su ordenador… Y luego, naturalmente, están los correos familiares que revelan las tensiones, el aprecio y las envidias que existen entre él y los miembros de su familia (su hermano Elisendo, su sobrino Jacobo, su madre Aurora Reyes, y otros familiares), los de la Comunidad de Vecinos (el personaje de Pilar Jiménez de la Cal, presidenta de la Comunidad, me parece magnífico), o el ya comentado de la amistad íntima que entabla con Mari Carmen.

Todo el espectro social aparece en estos emails que llegan al ordenador de Carmelo, única ventana que mantiene siempre abierta con el exterior. Esta basura cibernética, Carmelo, tal es su soledad, la respeta e incluso de vez en cuando hasta dialoga con sus robóticos emisores sin rostro. De hecho él mismo, que tiene un robot en casa al que llama Abascal, realiza de vez en cuando la compra de alguno de los productos que le ofertan. Sólo decrece su fiebre de consumo compulsivo cuando la ilusión de una más que factible relación real con Mari Carmen aparece en el horizonte. 

Es una novela en la que hay humor, mucho humor. Un humor que a veces emana de la vida patética de este Carmelo Durán, escritor fracasado, que envidia el éxito profesional de su hermano Elisendo, éste sí triunfador literario y receptor de no pocos galardones. Sin embargo Elisendo es un completo inútil en la relación con su adolescente hijo Jacobo, a quien Carmelo conoce bien y sabe llevar mucho mejor que el padre. Estas son las paradojas de la vida, resulta que quien es más aclamado por la sociedad, sin embargo es un auténtico desastre en lo importante, la relación con el hijo; y a la inversa podría decirse que le sucede a su hermano.

Carmelo Durán es un personaje, según algunos críticos (Ana García-Siñeriz, Silvia Nanclares, Fernando Díaz de Quijano, y otros), semejante al Ignatius J. Really de La conjura de los necios de John Kennedy Toole. Bueno, no sé, a mí la analogía me parece algo excesiva. Creo que Carmelo no es tan patético como lo es Ignatius; aunque a lo mejor lo que sucede es que hoy a Carmelo lo entendamos mucho mejor porque, quizás en alguna ocasión, también nosotros hayamos reaccionado ante el ordenador de igual manera que él. Y cuando uno se ve identificado con alguna de sus reacciones (las largas que da a su pesada madre, las impertinentes y algo absurdas preguntas que hace a primos lejanos, las bromas que gasta a Mari Carmen o a su hermano Elisendo, las disputas con vete tú a saber quien por un mal servicio de comercio online...) eso dibuja en nuestro rostro una sonrisa que en ocasiones puede llegar hasta la carcajada. Pero no por el exceso de patetismo que pueda desprenderse de su actitud sino por las situaciones cómicas en las que se ve implicado. 

Quizás la relación más sana y auténtica sea la que mantiene Carmelo con su sobrino Jacobo. El grado de confianza y de sinceridad que existe entre ellos a pesar de la edad que los separa es inmenso. Tras pasar unos días en la casa de su tío conviviendo con Abidemi, el chico inmigrante ilegal que Carmelo tiene acogido en su piso, el adolescente Jacobo decide volver al lado de su padre porque como le dice en un correo a su tío su casa es un centro de gravedad permanente: 
«Tío, me he quedado pillado con el "Centro de gravedad permanente", te lo juro. Fui un poco borde cuando me la pusiste, pero es que me dio la risa, no pude evitarlo, es una canción muy friki, pero ahora no puedo dejar de oírla. Me acuerdo de ti y de tu casa, ese sí que es un centro de gravedad permanente. ¿Has acogido a más gente?»

 Ese "Centro de gravedad permanente" es el título de una famosa canción de Franco Battiato de enorme éxito en su momento que a Jacobo, naturalmente, ya no le dice nada. Yo según leía la novela me preguntaba por lo que había querido significar Jacobo con ese sintagma atributivo referido a la casa de su tío. Por eso ni corto ni perezoso me sumergí en el vientre de Internet y encontré la siguiente explicación dada por el crítico musical Anje Ribera en su blog 'Música callada' que aloja el diario vasco El Correo: «Los centros de gravedad permanentes son, según el italiano, personales. Se basan en cosas como la familia o la ideología pasando por la pasión o la religión. Proporcionan un equilibrio mental, emocional y social. Tal vez trasladan el deseo de que nada te aliene el pensamiento.» 

Me satisfizo plenamente esa definición y creo que al personaje protagonista de la novela de Rodrigo Muñoz Avia le va como anillo al dedo. Sin lugar a dudas Carmelo con su actitud y manera de vivir persigue eso: mantener un adecuado equilibrio mental, emocional y social. Pretende que su pensamiento no se vea alienado por el Sistema. Creo que para que la explicación sea más redonda convendría en este momento escuchar el precioso tema del cantante italiano y leer la letra de la canción con la debida atención. Vaya primero la letra:

CENTRO DE GRAVEDAD PERMANENTE

(Autor: Franco Battiato)

[versión para España del tema original]

Una vieja de Madrid con un sombrero,
un paraguas de papel de arroz y caña de bambú.
capitanes valerosos,
listos contrabandistas noctámbulos.
jesuitas en acción
vestidos como unos bonzos
en antiguas cortes con emperadores
de la dinastía Ming

Busco un centro de gravedad permanente
que no varíe lo que ahora pienso
de las cosas, de la gente,
yo necesito un
centro di gravità permanente
che non mi faccia mai cambiare idea




sulle cose, sulla gente.
over and over again

En las calles era mayo y caminábamos juntos
contando entre bromas manojos de ortigas
no soporto ciertas modas,
la falsa música rock, la new wave española,
el free jazz, punkie inglés,
ni la monserga africana.

Busco un centro de gravedad permanente,
que no varíe lo que ahora pienso
de las cosas, de la gente,
yo necesito un
centro di gravità permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose, sulla gente.
over and over again




Para finalizar mi recorrido por la novela de Rodrigo Muñoz Avia que he leído con mucho gusto y agrado inserto aquí la opinión sobre el libro del critico literario Ramón de España, opinión que suscribo en su totalidad: 
«Rodrigo Muñoz Avia es una rara avis (rarísima ave, diría yo) de la literatura española contemporánea: no habla de la guerra civil ni de ningún colectivo machacado ni de nada susceptible de ensanchar su base de fans; estamos ante un verso suelto, ante un humorista alternativo que a veces, entre gansada y gansada, cuela conceptos muy. Para mí, La tienda de la felicidad es la novela española reciente más fascinante que he leído últimamente

 

El escritor

Rodrigo Muñoz Avia nace en Madrid en 1967. Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense, se formó como escritor en la Escuela de Letras de Madrid. Es autor de las novelas Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos (Alfaguara, 2005), acogida con notable éxito por los lectores y reeditada en múltiples ocasiones, Vidas terrestres (Alfaguara, 2007) y Cactus (Alfaguara, 2015). Recopiló una antología de entradas de su blog personal en el libro El gato de guardia (Punto de Lectura, 2008). En el ámbito de la literatura infantil y juvenil ha publicado siete novelas y una obra de teatro, por las que ha obtenido importantes galardones. También ha escrito guiones de cine y diversos artículos y estudios de arte contemporáneo. En este terreno presta especial atención a la obra de sus padres, los pintores Lucio Muñoz Amalia Avia, a los que dedica La casa de los pintores (2019). Ha sido traducido a numerosos idiomas.

Precisamente en relación a sus padres el propio Rodrigo confiesa tener la sensación de haber sido toda su vida el hijo de sus padres, el hijo de los pintores, el hijo de Lucio Muñoz y Amalia Avia, el cuarto retoño de una figura paterna que es nombre esencial del arte abstracto español y de una figura materna con espacio propio en la mejor pintura realista del siglo XX patrio.

Lucio Muñoz y Amalia Avia, pintores españoles


«–¿Y tú no pintas? fue la pregunta que más me hicieron durante una época de mi vida–» 
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Nota
Este libro participa en el Reto Escritores de la A a la Z que organiza el blog Lecturápolis. Con él relleno la letra Ñ. Al tiempo viene a engrosar los títulos leídos de autores españoles durante el año 2021 (Reto 25 españoles organizado por el blog Libros que hay que leer)