8 dic 2020

César González Zamora. "Las pruebas que nunca existieron"

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"Las pruebas que nunca existieron" de César González Zamora. Novela del Coronavirus.

Esta novela corta, o más bien relato largo, es el primero que leo de un tipo de narración que ya durante el primer confinamiento, el que se inició el 14 de marzo y duró varios meses debido a la pandemia, vaticiné que existiría. Por entonces escribía yo una especie de diario semanal (como se ve nada original por mi parte pues este tipo de Diarios del Confinamiento y luego del [Des]Confinamiento crecieron como setas en los blogs) en el que echaba mi cuarto a espadas sobre lo que semana a semana iba aconteciendo. Pues bien, en alguna de esas entregas -publicadas todas ellas en el blog "Reflexiones, 'el otro blog de El blog de Juan Carlos'"- expuse mi opinión, a la vista de los relatos y de los diarios sobre la experiencia COVID19 que aparecían por doquier, de que seguramente y no tardando mucho habría una tendencia temática en la narrativa en éste y en futuros años que podría denominarse algo así como "Novela del Coronavirus". Tras leer  esta novela publicada por César González Zamora me reafirmo en mi idea, pues efectivamente esta narración entra totalmente dentro de esta tendencia temática.



La novela

Luis Jarabo
es un anticuario vallisoletano que pasa ya de la cincuentena. En 2024, que es el año en que nos encontramos al inicio del relato, está peleando por conseguir un documento que certifique haber superado la infección de la COVID19 cuatro años atrás. Necesita dicho papel para poder viajar junto a su marido David a la isla de Santa Cruz en las Islas Vírgenes. Aún la epidemia no ha desaparecido y los Estados Unidos exige un certificado sanitario de los últimos cinco años para admitir  turistas en su territorio. Luis superó la enfermedad con éxito en marzo de 2020 como confirmaron dos test con resultado negativo que le hicieron a los pocos días de haber ingresado en el hospital de su ciudad. Quiere un papel que lo refrende pero administrativamente, como reza el título de la novela, lo que busca es certificar unas pruebas que nunca existieron.

Nos enteramos a partir de esto de que España ha cambiado bastante, fundamentalmente se ha empobrecido pues el turismo, la gran esperanza y casi casi el monocultivo económico del país, no se ha recuperado como se pensaba con optimismo al inicio de la pandemia que ocurriría. Se ha impuesto la jornada laboral de 24 horas semanales en un intento de maquillar el enorme paro existente y los sueldos se han igualado mucho aunque fundamentalmente a la baja. En esta España, para nosotros del futuro cercano, el autor habla de una gran cantidad de asuntos muy interesantes por sí mismos pero que quedan sin desarrollar debidamente quizás, precisamente, por su gran número.

Aparece el asunto de la homosexualidad y la asunción normalizada de la misma no sólo por parte de la sociedad sino por los mismos homosexuales; a Luis Jarabo la idea de su marido de participar en el desfile del Día del Orgullo Gay le repele; junto a esto aparece el tema de la corrupción, quizás el más desarrollado de todos los que se tocan en el relato. Es una corrupción que viene del momento en que el Gobierno, bajo el estado de Alarma, asumió el control de todo el Estado y, debido a la serie de fiascos y errores de las primeras semanas, intentó maquillar los mismos a base de negar la realidad rebajando el número de contagios y de fallecimientos. No sólo fue una mentira continuada en los datos sino que también existió corrupción en los pedidos médicos realizados a China; algunas de las partidas pagadas a precio de oro llegaron mal y hubo que desecharlas, pero hubo pacientes que fueron tratados con las mismas a los que nada se dijo. En el propio ámbito sanitario se habla de la enorme falta de medios de protección que padecieron los trabajadores; de esto da fe David, celador en el Hospital donde fue ingresado Luis, siendo allí donde saltó la chispa del amor entre los dos.

La corrupción de naturaleza económica y política que se percibe en algún comportamiento anterior enfila hacia un nivel superior en el que la propia vida de una persona peligra como consecuencia de remover Luis Jarabo cuatro años después unas aguas que parecían tranquilas. La dignidad, la ética y moralidad personales por encima de cualquier otra cosa quedan de relieve y destacan en medio de una sociedad cuyos comportamientos son de dejadez, de postureo, de abandono de la propia identidad, de hipocresía, de mentira continuada. Y en esta hipocresía los poderes públicos y los políticos que detentan el poder salen muy mal parados en "Las pruebas que nunca existieron".

Podría concluirse que, en definitiva, toda la novela gira en torno a dos asuntos importantes, muy distintos entre sí, aunque coincidentes muchas veces en los procedimientos utilizados:

"El amor y la política son las dos artes que cambian la mentira en verdad; pero la primera lo hace por ceguera y la segunda por ambición"

En conclusión, estamos ante una novela bien escrita, ágil, de ritmo vertiginoso, que en mi opinión por la gran cantidad de temas que saca a relucir parece el esbozo de una obra de mayor enjundia. Los mimbres creo que están puestos, sólo queda darles un adecuado desarrollo para relacionarlos debidamente. Una buena novela larga podría nacer de este más que aceptable extenso relato.


El escritor

César González Zamora
(Madrid, 1940) es investigador de Arte y Arqueología, poeta e ingeniero de caminos. Ha publicados los siguientes libros: Fíbulas en la Carpetania (1999), Talaveras (2005), Talaveras Dos (2017) y, en imprenta, Plata y bronces en la Colección Bordonaro (2020). Es autor de numerosos trabajos sobre numismática hispana, arqueología, ceramología y arte de la plata, en diferentes revistas especializadas. Esta novela supone su primera incursión en la ficción narrativa.

 

5 dic 2020

Mis lecturas de Noviembre 2020

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Noviembre ha sido el mes de este 2020 que más libros he leído. Concretamente han sido nueve. De todos ellos destacaría en novela "Amsterdam" de Ian McEwan que aún no he reseñado y "Los milagros prohibidos" de Alexis Ravelo de la que que sí tengo hecha reseña; y  en poesía me es imposible no destacar "La belleza del marido, 'un ensayo narrativo en 29 tangos'" de Anne Carson, un enorme descubrimiento por mi parte.


[si pinchas los títulos en color accedes a su reseña]

Seguro que de las lecturas que habéis hecho durante noviembre destacaríais algún/os título/s ¿Cuál/es?

2 dic 2020

"El disputado voto del señor Cayo" de Miguel Delibes.

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"A través de la cristalera, se divisaba la cinta gris topo de la carretera punteada de amarillo y, del otro lado, el emparrado de un merendero con mesas de madera carcomida por las lluvias y la intemperie. Más allá, corría el río, torrencial y cristalino, y, en la ribera opuesta, se iniciaba la ladera, muy pina, abrigada de robles con hoja nueva y coronada por abruptos tolmos, en torno a los cuales planeaban pausadamente los buitres. (pág. 44)

Mi propósito inicial era hacer un breve apunte sobre dos libros para formar un decimoquinto "A pares". Pero al hacer la de "El disputado voto del señor Cayo" de Miguel Delibes me di cuenta de que merecía una sola para él solo. Al final de esta entrada doy el título del libro que se quedó huérfano.


Con esta reseña quiero rendir, como lector, humilde homenaje personal al escritor vallisoletano Miguel Delibes que este año habría cumplido 100 años. En su centenario tenía que releer alguno de sus títulos, la mayoría de ellos leídos en su momento. Elegir cuál sin interrumpir la hoja de ruta lectora marcada durante los dos meses que quedaban hasta culminar 2020 no me era fácil. Quería uno breve que no hubiese sufrido mucho el peso del paso del tiempo. Quedaban fuera por lo tanto dada su extensión "El hereje", quizás su mejor novela; de las otras, recordaba con mucho aprecio, por haber constituido allá en mi lejana adolescencia mi entrada consciente en la lectura literaria, "La sombra del ciprés es alargada", "Diario de un cazador" o "La hoja roja"; por mi dedicación profesional tenía muy presentes en mí lecturas reiteradamente hechas y comentadas con los alumnos a quienes a lo largo de los años impartí clase de "Lengua y literatura españolas":  "El camino", "Las ratas", "El príncipe destronado", "Mi idolatrado hijo Sisí", y alguna otra. La verdad es que tenía el terreno de elección bastante acotado si eliminaba las citadas. ¿Cuál elegir, pues? Al final me decidí por "El disputado voto del señor Cayo", pensé que por su engarce con el mundo socio-político quizás no habría perdido actualidad.

Creo que acerté en la elección pues la novela de sólo 190 páginas, aparecida en 1978 antes de otra muy exitosa como "Los santos inocentes" y de ya una serie de libros de puro oficio que, salvando la estupenda de "El hereje", les siguieron podría cumplir a la perfección mi pretendida finalidad.

Estamos en la primera o en una de las primeras elecciones legislativas de la Democracia. Corre el año 1978 y en la sede de un partido progresista -no se dice cuál, pero por unas cosas u otras se viene a entender que es el PSOE- repasan el mapa de la provincia donde figuran señalados con chinchetas de colores los pueblos visitados y los que no. Es a alguno de los no visitados a donde Dani, el secretario provincial quiere que vayan siquiera a hacer acto de presencia algunos de los candidatos. Concretamente a tres de ellos van a ir Víctor, profesor universitario de unos 40 años, candidato cunero impuesto desde Madrid, y Laly, licenciada en matemáticas, algo menor que el anterior, y candidata en las listas simplemente por rellenar el número permitido dados los pocos voluntarios para hacerlo. Les llevará en su Seat 124 Rafa, militante de base de sólo 25 años.

Miguel Delibes no da puntada sin hilo y por la novela van desfilando todos los tópicos asociados a la izquierda y también y por ello sus propias contradicciones. Así cuando piensan qué coche y chófer llevarán los diputados se deciden precisamente por el 124 de Rafa para evitar malentendidos: 
"A Miguel ya sabéis que no hay quién le apee del ciento treinta y uno, una manía. ¿Os importa llevar el ciento veinticuatro?
—Mejor —dijo Laly—: El ciento treinta y uno queda como burgués
."
Los pueblos que visitarán son tres localidades que apenas si tienen habitantes, algo que ni ellos mismos conocen. Sus nombres son Cureña, Quintanabad y Martos. Son localidades ficticias que según se va leyendo quiere uno situarlas en el mapa.  Al llegar al primero de ellos, Cureña, encuentran a Cayo uno de los tres vecinos del municipio. Vive junto a su mujer sordomuda y no se habla con el otro vecino. Pocos y mal avenidos como se ve.

Gracias al señor Cayo sabrán que en los otros dos pueblos no vive ya nadie. La España vacía y vaciada nos la muestra Delibes en estas tres poblaciones. El drama de la emigración y del abandono del medio rural es denunciado así por Miguel Delibes:
—Diga usted, ¿no habrá por aquí un lugar donde reunir a los vecinos?
—¿Qué vecinos? —preguntó el hombre.
—Los del pueblo.
—¡Huy! —dijo el viejo sonriendo con represada malicia—: Para eso tendrían ustedes que llegarse a Bilbao.
Por diálogos como el anterior la provincia que en mi opinión más puntos tiene para ser el referente real donde sucede la historia es Burgos. No obstante esta cuestión es poco importante pues la denuncia del abandono y desertización de Castilla no queda circunscrita a una única zona sino a toda la Comunidad.

La tarde, pues, a estos tres buscadores de votos se les irá en agradable compañía y charleta con este hombre de más de 80 años que les enseñará el pueblo y les ilustrará acerca de sus ocupaciones con las abejas y la miel que realiza por puro entretenimiento, de manera que cuando el joven e impulsivo Rafa le suelta en plan mitinero que no hay derecho a que siga trabajando, Cayo le contesta que si se lo impidiesen él moriría. 

A lo largo de esa tarde sentirán que ellos tres desde la ciudad no les llevan la modernidad sino una cultura que viene a acabar de una vez por todas con la que mal que bien aún queda en esas zonas escondidas y aisladas de Castilla. Quien mejor lo entiende es Víctor que se maravilla ante la inmensa sabiduría de este castellano viejo. 
—No hay derecho —murmuró. Y recostó la nuca en el respaldo del asiento. 
—¿A qué no hay derecho, macho? 
—A esto —dijo Víctor, apuntando a los últimos edificios del pueblo—: A que hayamos dejado morir una cultura sin mover un dedo.
El choque de dos culturas
Quizás donde mejor se perciba la pobreza de una de estas culturas frente a la inmensa riqueza de la otra sea en el léxico, en el vocabulario, preciso y unívoco el utilizado por el señor Cayo y su mundo en vías de extinción versus la carencia por ignorancia de los términos adecuados para designar esa realidad por parte de los urbanitas.

El candidato y profesor universitario Víctor entra en conflicto consigo mismo tras el encuentro con el sr. Cayo que con una inmensa naturalidad les ha mostrado costumbres de las abejas que bordoneaban (hacían el sonido que las identifica) en la rama de un árbol; a éstas les ha preparado una colmena fabricada con sus propias manos y con la ayuda del humeón (fuelle que suelta humo) organiza su traslado de la una a la otra. Rafa y Laly muestran su sorpresa ante aves cuyos nombres ignoran; así les sucede con el picorrelincho que no es otro que como en la zona, les aclara Cayo, llaman al picocarpintero. En el paseo por el pueblo y su entorno el señor Cayo les nombra diferentes terrenos: tolmos (peñascos elevados), tozal (teso o colina); y les muestra labores campesinas como hacer queso y los objetos a ellas asociados como el entremijo (mesa de tablero con ranuras que se emplea para hacer el queso). Finalmente los lleva a su casa que no es más que un tabuco (aposento pequeño) donde hay muchos objetos como por ejemplo la bruza (cepillo de cerdas muy espesas y fuertes con  abrazadera de cuero al dorso para agarrarla  utilizada para limpiar caballerías) que Cayo utilizaría de joven para tener lustroso al animal de tiro del carro que conduciría por la cambera (camino de carros). Prestaba siempre el sr Cayo la debida atención al recial (corriente recia e impetuosa del agua de los ríos) especialmente cuando ocurría el ejarbe (aumento de agua que reciben los ríos a consecuencia de grandes lluvias). Del otro vecino dice Cayo que no se hablaba con él porque era muy testarrón (testarudo)

PSOE, PSP, UCD, PP, AP,
Frente a la exuberancia terminológica de Cayo, quienes han acudido allí a pedirle el voto ("No saben hacer una O con un canuto pero les jode que alguien trate de enseñarles algo.") se comunican entre ellos con una pobreza lingüística tremenda. La licenciada en matemáticas y candidata Laly es soez en su manera de hablar dirigiéndose a Rafa constantemente con el apelativo "cacho puto", y éste también constantemente minusvalora a los campesinos llamándolos catetos y calificándolos como auténticos zombies ("Son como muertos vivos, coño, ¿te das cuenta? —le dice Rafa a Víctor). 

Es Víctor el único que reconoce la valía de esta gente y es consciente de la barbaridad cometida con ellos por los supuestamente inteligentes: "nosotros, los listillos de la ciudad, hemos apeado a estos tíos del burro con el pretexto de que era un anacronismo y… y los hemos dejado a pie." El pensamiento de Miguel Delibes queda plenamente reflejado en algunas de las opiniones que Víctor al final de la reveladora jornada, y tras haber bebido alguna copa de más en la cena , le dice a Laly
"—¿De… de veras te parece más importante recitar Althusser que conocer las propiedades de la flor del saúco?".
"¿P… puedes decirme, Laly, por qué es más cultura nuestra cultura?"

En mi opinión esta es la intención perseguida con esta novela por su autor: Mostrar, quizás, una leve esperanza de recuperar el mundo rural castellano dejado de la mano de Dios desde hacía décadas. La Democracia, quizás, piensa Delibes, podría prestarle la atención que el medio merecía. Pero los dos jóvenes que acompañan a Víctor, único representante de la intelectualidad, no parecen dejarnos, por la actitud de ambos, abrigar muchas esperanzas.  En fin, era 1978 y todo podía aún ocurrir. Estamos hoy en 2020 y ahí está la España vacía y vaciada de la que hablan ahora muchos y buenos autores como Sergio del Molino, por citar un nombre importante. Estamos ahora más concienciados del problema que esto supone; como se ve llegamos 40 años tarde.

Esta novela corta es un prodigio lexicográfico. A los términos ya señalados cabría añadir otro montón que le nacen a Cayo con una fantástica naturalidad: 'almorrón' (lomo alto de tierra, acanalado en su parte superior, y que desde una noria, acequia, etc., conduce el agua hasta las regueras). Miguel Delibes es de Valladolid y eso se nota mucho en el vocabulario como se ve en este término y en otros como 'camella' (arcaísmo utilizado en el relato con el sentido de portillo que cierra o abre el paso del agua por la reguera) o incluso 'gárgol' (ranura en la que se encaja el canto de una pieza), palabra utilizada por el señor Cayo cuando les está hablando de la confección de la colmena de madera para las abejas. Y muchas más: 'chovas', 'dujos', 'hornilleras, 'costanillas'...

Es también, como he señalado, una denuncia explícita y muy plástica de la España vacía tal cual es y la vive Cayo: "Dentro de los edificios, bajo los dinteles sin puertas o tras los postigos desencuadernados, se veían arcones de nogal, viejos arados, ganchos, escañiles y yugos llenos de polvo y telarañas. De cuando en cuando, el señor Cayo se detenía para mostrarles alguna peculiaridad del pueblo o contarles anécdotas nimias, en cuyo relato ponía un énfasis desproporcionado"

Pueblos abandonados de Castilla, Miguel Delibes
Pero sobre todo es un canto al medio natural que el novelista abona con ese vocabulario preciso y pertinente que ya hoy pocos conocen: 
"Descendían por la trocha de uno en uno, entre ringleras de manzanos chamosos, el caserío arriba, en el cantil, y, abajo, en la hondonada, el río, las torrenteras rugientes, con un rumor sordo, y cambiante como el del mar. Ya en la orilla, el señor Cayo caminó a paso rápido por la sirga hasta alcanzar un restaño"
Y en el aspecto de la política -no podemos obviar que la anécdota del libro es la búsqueda del voto- Miguel Delibes presenta, en mi opinión, un panorama algo descorazonador: los Partidos son como empresas que sólo buscan ganar y para ello pegan sus carteles electorales sobre los de la competencia e incluso en algún momento son capaces de llegar hasta las manos. Sus militantes, salvo excepciones como Víctor, son algo incultos, procaces y malhablados como Laly (Laly dirigiéndose con cierto humor a Rafa: "Reúnes todos los vicios del pequeño burgués, las tres Pes, como dice Ayuso: Pereza, pito y paladar."), vagos  y pretenciosos (Rafa tiene 23 años y anda aún por 2º de Derecho). Además viven en un mundo irreal en el que ven  la realidad a través del Cine e incluso llegan a considerar a alguien de una opción u otra por aspectos ajenos a la política como, por ejemplo, la conducción de un modelo u otro de automóvil e incluso por sus gustos musicales:
—¿Crees de veras que cada opción política tiene su música? 
—Tampoco es eso —dijo Laly—, pero tú me dirás cómo casas el género chico con una alternativa progresista.
Lo que la relectura de esta novelita de Delibes me ha venido a mostrar es que su literatura sigue siendo más que adecuada para enseñar a escribir a quien sea y desee aprender. Véase, si no la descripción con la que abro esta reseña. ¿No os parece un más que pertinente ejemplo para mostrar a escolares y bachilleres?

Pero, me diréis, ¿hay algo en la novela que no te haya gustado? Pues sí, hay una cosa que creo que no hace mucho bien a los escritores que colocan sus novelas muy pegadas al tiempo real. Ello son las alusiones de nombres reales de políticos fugaces que en el momento de escritura quizás tuviesen relevancia pública ("Los de Fernández Cuesta eran"; "Ahora dicen que anda con Areilza", y así) pero pasados los años -42, nada más y nada menos- han quedado subsumidos y olvidados en el fango de la Historia.

Por último, sólo he visto en la novela un asunto que resulta anacrónico para un lector actual. Ese es la manera de relacionarse hombres y mujeres en el relato. Se percibe una falta de equidad en el trato entre ambos sexos; especialmente es perceptible tal cuestión en Rafa y Laly, siempre lanzando el primero pullitas machistas a la chica, y ésta defendiéndose del acoso verbal con una agresividad lingüística que resulta algo fuera de lugar. En defensa del escritor diré que para la generación a la que él pertenece hombres y mujeres pertenecían a esferas distintas; por eso no creo que haya machismo en Miguel Delibes, había machismo en la sociedad de 1978. La novela es una muestra de la realidad sociológica española de esos años.

Para finalizar
Pensaba unir esta reseña de "El disputado voto del señor Cayo" con "Coños", la primera publicación de Juan Manuel de Prada, y formar una entrega más de mi sección "A pares". No va a ser así porque creo que no maridan bien estos dos autores y menos aún estas dos publicaciones. Dejaré para otra ocasión a Juan Manuel de Prada y así homenajearé a Miguel Delibes como se merece. 
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Nota
Esta novela fue la que elegimos en la Tertulia "más que palabras..." para homenajear al escritor que fuera director de El Norte de Castilla. Por la fecha de publicación y la maestría del autor también la incluyo dentro de las lecturas de clásicos dentro de la IVª edición del  Reto 'Nos gustan los clásicos' en el que participo.



29 nov 2020

Anne Carson: "La belleza del marido"

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La autora del poemario "La belleza del marido", la poeta canadiense Anne Carson, fue distinguida por toda su Obra con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2020 


Editorial Lumen, "La belleza del marido, 'Un ensayo narrativo en 29 tangos'"

Mucha belleza es la contenida en este extenso poema narrativo, reflexión íntima hecha al modo de los ensayos aunque siempre con ese fondo rítmico de tango bonaerense típico de las historias de amor rotas y sin embargo supervivientes pese a todo lo esperable. Y es que el abandono, la huida, la marcha, la ruptura física no son capaces de acabar con todo ese tiempo vivido en comunión con la belleza. Sí, la belleza y el amor que a su través llega es -lo dice Anne Carson en uno de sus versos- uno de los riesgos de la vida. Hay que sobrellevar la vida con todos ellos, hay que aguantar la Belleza.

Una preciosidad de libro. Una calidad literaria impresionante. Enlaza con la cultura clásica en cuyos mitos se apoya para expresar sentimientos difíciles de exponer; pero también echa la autora la vista alrededor del mundo que habita en la actualidad y ahí el ritmo del Tango, por los motivos que en el mismo se suelen tratar, es el que encuentra adecuado para manifestar su desazón con lo ocurrido en esa relación con el marido infiel; pero pese a ello atractivo, atrayente, encantador...

Mucha cultura hay en este poemario. A la ya aludida del mundo clásico griego y romano habría que añadir el marco en que los XXIX poemas parten: la poesía del romántico John Keats; algunos de cuyos versos son el punto de partida, la esencia poética, de lo que como lectores nos aguarda dentro de cada uno de los XXIX poemas narrativos de Anne Carson que les siguen a continuación; pero también otros escritores: Jonathan Swift, Shakespeare, y más que el bardo inglés su adaptador en 1681 de "El Rey Lear", Nahum Tate; y ya más cerca de nuestra actualidad Kafka, Beckett, hasta llegar al 'Homo ludens' de Johan Huizinga.

Impresionante esta escritora que partiendo de una cotidianidad diríase cuasi vulgar (un divorcio, una serie de reiteradas infidelidades, unos intentos de retomar la relación por parte del infiel, etc.) logra elevarse a terrenos estéticos y poético-filosóficos excelsos. 

La mezcla de géneros literarios (ensayo, lírica, narración...), la hibridación de los mismos, la mezcla de estilos discursivos poéticos (poema en prosa, prosa poética, versolibrismo, uso del versículo...), la titulación extensa y compendiadora de cada poema, y también el magnífico uso de la lengua literaria con uso adecuado de recursos retóricos apropiados al asunto: antítesis, oxímoron, imágenes poéticas variadas, metáforas, símbolos, aliteraciones, concatenaciones, etc. Todo ello da como resultado una más que sobresaliente obra poética. En mi experiencia lectora es de lo mejor que ha caído en mis manos últimamente. Como todo poemario, una lectura, por muy cuidadosa que se pretenda hacerla, no agota la obra, pues es casi obligado seguir leyendo una y otra vez el libro, picoteando aquí y allá en este o aquel poema pues ,aunque existe un cierto discurrir cronológico en la narración propiamente dicha, se puede degustar cada poema por sí solo. En fin, ya digo, una maravilla.

Luego estaría el tango. Es para mí, quizás, lo más complicado de entender dado que no soy para nada experto en esta música canalla y barriobajera bonaerense. Sólo sé que el tango cuenta historias de amor y que -nos lo dice la misma poeta en el poema- "un tango, como el matrimonio, es algo que uno tiene que bailar hasta el final." Por eso Ray, el confidente, el amigo -que no amante-, es "un tango malo"; aunque muchas veces lo malo sirva para resolver situaciones que se consideraban magníficas y no lo eran. Quizás también como ocurre en el Tango la figura de la mujer no salga especialmente empoderada como gusta hoy decir al Feminismo. No, verdaderamente en "La belleza del marido" no hay ninguna clase de feminismo simplón o ramplón, de feminismo de manual; lo que hay es, como dice Ángel Rupérez en la crítica que del poemario hace en el diario El País 'un conocimiento femenino del mundo en el que se incluyen sutilezas inaccesibles a los hombres pero no abominación de estos.' En efecto, así es. Estamos ante una mujer que ama al hombre, que lo desea, que lo idealiza, que sufre por verse relegada, que lo perdona una y otra vez, hasta que finalmente lo abandona, pese a ella, en un auténtico ejercicio de racionalidad. Sí, quizás el nombre de tango, el ritmo del tango, el fondo del tango, le vaya como anillo al dedo a esta obra.

Dejo fuera de mi análisis pues entiendo que no viene al caso, la mucha o poca independencia de Ella respecto de Él; tampoco entro a valorar el comportamiento del hombre y tampoco el de las otras mujeres con las que El se acuesta, hecho que Ella conoce y sin embargo en principio soporta. Creo que no es esta la cuestión ni el momento. Sólo me pararé en la figura de Ray, el amigo pintor de ambos, seguramente homosexual -también esto no es dato importante aquí- que le sirve de apoyatura a Ella y de conciencia o Pepito Grillo a Él. Cuando su figura desaparece es el momento en que ya Ella determina hacer tabla rasa de su relación y de esa cierta dependencia emocional respecto de El. Seguramente poderse confesar con Ray le servía a Ella para proseguir en su afecto activo hacia Él pese a las reiteradas advertencias de Ray.

En un poemario magnífico como es éste destacar este o aquel verso no es fácil y tampoco sé si pertinente pues fuera de contexto la poeticidad se escapa, quizás desaparece; pero no me resisto a dejar en esta reseña una serie de momentos que por lo que sea durante la lectura me han impactado. Pero ya digo, para disfrutar de Anne Carson, de este poemario de una sinceridad rayana en la desnuda intimidad no cabe sino leerlo.

"La belleza del marido", poesía narrativa y ensayística

  • "La represión dice más sobre el sexo que cualquier otra forma de discurso" (VIII)
  • "La meta de cualquier madre es abolir la seducción" (IX)
  • Si pudiera matarte lo haría luego tendría que hacer otro igual que tú” (XII)
  • "Ha salido dice ella
    Juntos
    observan cómo gotas sueltas de ese hecho se condensan en el aire entre ellos
    Algunos lo llaman amo
    r" [...] (XVI)
  • "Vosotros los casados os tomáis demasiado en serio las cosas, demasiado a pecho" (XVII)
  • En XX se reflexiona sobre la sinapsis, las asociaciones que se producen al buscar contenidos en la memoria. Es fácil "pasar rápidamente de muñeca a esclavo cuando trataba de recordar esposa" Y cuando va camino del juzgado a pedir el divorcio Ella piensa en Aristóteles- "que no tenía marido, /raramente menciona la belleza.".
  • En XXI:
    "No se equivocaba aquel triste antropólogo que nos dijo que la principal función de la escritura era esclavizar a los seres humanos. Los usos intelectuales y estéticos vinieron luego."
  • "Si un marido tira el dado de su belleza una vez más, ¿quién tiene la culpa?" (XXII)
  • "El alba estaba levantando el cielo nocturno como una persiana veneciana" (XXIII)
  • En XXVI es el tiempo, su inexorable discurrir y el querer se marcha con él:
    Había una rama que solía mirar desde la ventana de mi cocina trasera
    y poco a poco empecé a guardar recuerdo de ella
    casi cada día
    en dísticos elegíacos
    por ejemplo

    Espumando contra su propia mejilla verde se enfría de
    pronto o parece enfriar cada envés

    (esto era en primavera, o
    aquí uno de octubre temprano:)
  • "Palabras, trigo, condiciones, oro, más de treinta años, todo eso burbujeando a mi alrededor
    ahí
    lo dejo para que descanse
    ." (XXIX)
  • "Bien la vida implica riesgos. El amor es uno de ellos. Terribles riesgos. [...]
    Aquí tenéis mi consejo, aguantad.


    Aguantad la belleza.
    ” (XXIX)
Para finalizar
En definitiva, Anne Carson, que coloca todos los poemas del libro "La belleza del marido" bajo la advocación de versos de diversas obras de John Keats ("Oda a la indolencia" y "Otón el Grande: una tragedia en cinco actos", sobre todo; pero también anotaciones personales suyas al "Paraíso perdido" de Milton y a otros libros que el poeta leía), cierra el poemario con el Keats romántico más rotundo. El poeta inglés que apenas vivió 26 años (Londres ,1795 - Roma, 1821) concluye su hermosísimo poema "A una urna griega" con dos versos en los que viene a justificar la razón de vivir. 
“la belleza es la verdad, la verdad belleza”; esto es todo
lo que sabes de la tierra, y todo lo que saber necesitas.

 A partir de este Keats comprendemos perfectamente a Anne Carson que en el poema II de "La belleza del marido" escribe:

La belleza. No es ningún secreto. No me avergüenza decir
[
que lo amé por su belleza.
Como volvería a hacerlo
si se acercara. La belleza convence. Ya sabes que la belleza hace posible el sexo.
La belleza hace el sexo sexo.

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Biografía de Anne Carson
(tomado de www.fnac.es/Anne-Carson/ia137600/biografia)
La canadiense Anne Carson (Toronto, 21 de junio de 1950) es una de las principales poetas de la literatura contemporánea.
Poesía estadounidense actual, Poetas canadienses
Es una escritora extremadamente celosa de su intimidad, por lo que se conocen pocos datos biográficos acerca de su vida.
Si ha comentado que, cuando era una adolescente y estaba en el instituto de educación secundaria, su profesor de latín le pidió que leyera un libro con las traducciones de la poeta clásica griega Safo. Esta lectura supuso toda una revelación y, pasado el tiempo, le llevaría a la literatura.
También decidió estudiar filología clásica, si bien en un primer momento, al matricularse en la Universidad de Toronto, tuvo problemas con sus docentes, y dejó en dos ocasiones de la carrera. Finalmente, se doctoró en 1981, presentado una tesis con el título de Odi et Amo Ergo Sum, que se publicó cinco años más tarde.
Posteriormente, se dedicaría a la enseñanza, tanto en Estados Unidos como en Canadá, en la Universidad McGill, en la de Michigan y en la prestigiosa facultad de literatura clásica de Pricenton. Su creciente reputación literaria la hizo acreedora de la beca Guggenheim en 1998 y de la beca MacArthur en el 2000, dos de las distinciones más importantes que puede recibir un artista norteamericano.
En su poesía es capaz de combinar un tono coloquial con una gran profundidad psicológica y elementos surrealistas o irracionales. Se ha citado la influencia de autoras como Simone Weil, Virginia Woolf y Emily Bronte en sus obras líricas.
Hay que destacar libros como Tipos de agua (escrito con motivo de una visita a España para recorrer el Camino de Santiago), Decreación, Autobiografía en rojo o, sobre todo, La belleza del marido, considerado a menudo uno de los libros de poesía más importantes publicados en las últimas décadas.
Asimismo es una reconocida traductora de literatura clásica al inglés. Varias de sus traducciones de dramaturgos de la Antigua Grecia como Esquilo o Sófocles han sido llevadas a escena.

Este 2020, se le concedió el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

26 nov 2020

"Los favoritos de Midas": relato de Jack London y Serie de Mateo Gil (A pares XV)

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Los actores Luis Tosar, Marta Belmonte y un recuperado Willy Toledo protagonizan "Los favoritos de Midas", serie de Netflix sobre un relato de Jack London, que dirige Mateo Gil.



Acabo de ver con agrado "Los favoritos de Midas", la miniserie televisiva de seis capítulos realizada por Netflix España. Está dirigida por Mateo Gil. Son coguionistas de la misma Miguel Barros y el propio Mateo Gil. La serie se estrenó el pasado 13 de noviembre y está protagonizada en sus papeles principales por Luis Tosar en el rol de Víctor Genovés, Marta Belmonte como Mónica Báez, y Willy Toledo que da cuerpo al inspector Alfredo Conte. Junto a ellos un buen abanico de actores y actrices ponen en pie a todo un conjunto de seres que rodean a los tres anteriores  formando parte de sus respectivos ámbitos, profesionales y de clase. 

Víctor Genovés es el director de un periódico que languidece; su llegada al puesto de dirección ha sido toda una sorpresa para el consejo de administración: nombrado directamente por el anterior director fallecido inesperadamente en accidente de automóvil pese a su pericia como conductor.

Mónica Báez aparece al inicio de la serie en Siria donde ha sido convocada por una persona que le revelará datos importantes sobre la participación de la empresa que sostiene al periódico donde trabaja en el negocio de armas que tanto dolor está causando en ese país. Publicarlo o no hacerlo como parece querer por ejemplo el propio Genovés es para ella una cuestión de pura moral y deontología  periodística. Entre ella y Genovés se iniciará una relación amorosa.

Mientras esto ocurre y al tiempo que el Consejo de administración intenta quitarle la silla al personaje de Luis Tosar, éste comienza a recibir una serie de cartas firmadas por unos autodenominados 'Los favoritos de Midas' solicitándole altas cifras de dinero. De no hacerlo matarán  cada semana a una persona elegida al azar. Víctor Genovés al inicio ignora estos mensajes pero al producirse las muertes pone el asunto en conocimiento de la policía. Es aquí donde aparece el personajes del inspector Alfredo Conte muy bien realizado por el durante mucho tiempo desaparecido Willy Toledo. La verdad es que el personaje le va como anillo al dedo dado que el inspector comienza a cuestionarse si la acción niveladora socialmente, aparentemente pretendida por esa secta apellidada de Midas, no será algo necesario para combatir los abusos y desigualdades propiciadas por el Capitalismo.

No se puede decir mucho más de lo que sucede en los seis episodios que componen la miniserie salvo que se quiera destrozar el disfrute de ver el desarrollo de la trama. Sólo añadiré que de los tres grandes protagonistas creo que la que sale peor parada en la ficción pero también en la vida real como actriz es Marta Belmonte pues es algo difuso su papel en su relación sentimental y su papel actoral, que está bien, se me antoja -y sé que muchos no estarán de acuerdo conmigo- como ciertamente mejorable.

El relato de Jack London

Ya desde los títulos iniciales se puede leer en la ficción televisiva que la misma está basada en un relato de Jack London de igual título. Que la altura literaria de todo un Jack London estuviese en la génesis de la serie me predisponía, ya de entrada,  favorablemente a ella. Por eso nada más finalizada su visualización y dadas las zonas oscuras o poco claras que habían quedado en mí tras verla decidí ir a la fuente original: tenía que leer el relato en el que se basaba. Lo acabo de hacer.

En principio la historia en cada relato se ubica en un tiempo y lugar diferentes: 
  • Netflix, Los favoritos de Midas, Miguel Barros
    Mateo Gil sitúa la acción en nuestra contemporaneidad dentro de una supuesta Revolución Española, coincidente con otras en otros países consecuencia de la tremenda crisis económica. Este movimiento está conquistando las calles a base de protestas contra el Sistema dada la fuerte depauperación de las clases trabajadoras. Imposible no evocar en mi cabeza los momentos del 15-M del año 2011. Evidentemente no hay relación alguna entre la ficción y ese movimiento real, pero la ubicación en Madrid, las cargas policiales y ciertas imágenes de manifestaciones e incluso la fugaz aparición en imágenes de algunas tiendas de campaña me llevó a ello. 
  • Jack London, por su parte, ubica la acción en California, Estados Unidos, hacia la mitad de la década de los 90 del siglo XIX. Nada más comenzar el relato sabemos que Wade Atsheler acaba de suicidarse. El que fuera sucesor del magnate de los ferrocarriles urbanos, Eben Hale, antes de darse muerte ha enviado a su secretario John toda una serie de papeles en los que cuenta lo que sucedió a su antecesor, narración que sirve a su vez para explicar la suerte corrida por él mismo. Consisten estos papeles en una serie de cartas que Eben Hale recibió de un grupo que firmaba como Los favoritos de Midas. Los firmantes se dirigen a él con mucha educación aunque lo califican de "potentado"; por las cartas, por la reacción de su destinatario y por los comentarios del narrador sabemos lo que sucedió. En principio las ignoraron pues la petición de 20  millones de dólares parecía obra de un gracioso, una gracia de mal gusto, pero sólo eso. Sin embargo al irse produciendo con precisión de reloj suizo una serie de muertes anunciadas en las misivas la personalidad del Sr. Hale comenzó a cambiar y a evolucionar. En estos mensajes los autodenominados Favoritos de Midas manifiestan su desacuerdo con el estado socioeconómico del mundo que los ha excluido totalmente del disfrute de sus prebendas. Entienden que esto ha sido así por una supuesta ley de selección social que ha funcionado desde el origen de la historia. Pero ellos ahora quieren participar en la fiesta por entender que son más aptos que los de la clase representada por el señor Hale y el señor Atsheler
"Somos el resultado de una perversa selección social. Respondemos a la fuerza con la fuerza. Sólo los fuertes prevalecerán. Creemos en la supervivencia de los mejor adaptados. Ustedes han hecho morder el polvo a sus esclavos asalariados y han sobrevivido. En una veintena de sangrientas huelgas, oficiales armados a sus órdenes han abatido a tiros a sus obreros como si se tratase de perros rabiosos, Con tales medios ustedes han continuado arriba. No nos quejamos de las consecuencias porque reconocemos que somos el resultado de la misma ley natural. Pero ahora surge la cuesión: 'Dadas las actuales condiciones sociales, ¿quién de nosotros sobrevivirá?'   Nosotros creemos ser los más aptos. Usted piensa que son ustedes. Dejemos que sean el tiempo y la selección natural los que decidan."

El relato, titulado originalmente como "The Minions of Midas" ['Los esbirros de Midas' e incluso como hizo Jorge Luis Borges en su traducción 'Los sicarios de Midas'], apareció en 1901. En ese momento London es un socialista convencido que aborda el nuevo siglo con un optimismo histórico increíble pues piensa que la fuerza de la espada (poder militar, fuerzas policiales y demás) que ha caracterizado históricamente a los detentadores de la riqueza debe ceder el lugar a aquellos que desarrollan la fuerza del cerebro. Naturalmente el escritor no llegó a ver el triunfo del Socialismo en Rusia pues murió en noviembre de1916 a la edad de sólo 40 años. En marzo de ese mismo año había enviado su dimisión como miembro del Partido Socialista norteamericano por su disconformidad con la postura del partido sobre que USA no participase en la I Guerra Mundial.

Jack London en su relato realiza una conjunción entre el anarquismo, que campaba a sus anchas en ese momento por el mundo haciendo uso de la extorsión indiscriminada y de la acción directa, y las teorías evolucionistas del darwinismo que vinieron a conmocionar las bases del pensamiento. Quizás sea en este sentido ideológico y de admiración por el evolucionismo y determinismo de Charles Darwin que pueda considerarse al autor norteamericano de origen polaco como escritor naturalista. La cita anterior creo que es muy clara al respecto.

Del relato a la Serie

Víctor Genovés, Alfredo Conte, Mónica Báez
La historia de amor Víctor-Mónica no existe en London
Tras la lectura del relato base veo que hay una fuerte apoyatura en él aunque los guionistas de la Serie televisiva han procedido a crear situaciones más complicadas y complejas de acuerdo a los tres centros actorales sobre los que pivota la acción: Víctor Genovés, Mónica Báez y Alfredo Conte. Cada uno evoluciona y dirime sus dilemas morales a su manera. La distinta postura que cada uno de ellos adopta ante la situación hace que la Serie entre en profundidades de orden filosófico y ético-moral interesantes aunque, la verdad sea dicha, creo que guionistas y director se pierden un poco en ellas no logrando conducirlas bien del todo.
Frente al optimismo que en el fondo se vislumbraba en el relato de Jack London, la serie de Mateo Gil presenta un mundo distópico en el que el porvenir no se adivina muy halagüeño desde luego dada la escasa conciencia social que se intuye en estos Favoritos de Midas que emiten las cartas. Daría la impresión de que el cambio sólo será, de ser algo, de tortilla, sin con eso pretender mejora social alguna sino simple y llanamente, como en el antiguo 'turnismo', el ahora te toca a ti estar arriba y ahora me toca a mí; pero ¿y los 'minions' -servidores, sirvientes, siervos, esbirros lacayos, súbditos...-, qué pasa con ellos? Creo que habrá que esperar a las siguientes temporadas si las hubiere para ver si Mateo Gil decide darles una salida más honesta a los pobres 'minions'.





25 nov 2020

Diciembre, mes de la Novela Clásica

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Mira por donde un poco más y se me va este aciago 2020 sin participar en ninguno de los Meses Temáticos que desde ya hace varias temporadas propone Laky en su blog "Libros que hay que leer".


No suelo descuidar la lectura de clásicos pues entiendo que son fundamentales y, siempre que la actualidad literaria te confunde, puerto seguro donde refugiarse; además difundir su valor e incitar a otros a su lectura es desde su creación cometido fundamental de mi blog. Por esto os invito a todos a participar en este Mes genérico de la Novela Clásica. 

Las bases para participar en este mes temático las podéis consultar en el blog de Laky pinchando AQUÍ.




Libros leídos:







19 nov 2020

"Juan Belmonte, matador de toros". Manuel Chaves Nogales

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La figura de Manuel Chaves Nogales siempre me ha atraído. Su independencia y más en los tiempos convulsos que le tocó vivir me parece digna de elogio. Hace siete u ocho años reseñé en este blog su colección de relatos cortos "A sangre y fuego" que, prueba de la inquina que le tenían las dos Españas de Machado, no se publicó en nuestro país hasta ¡¡el año 2011!! cuando había aparecido publicado por vez primera el año 1937 en Chile.


Desde que leí esos relatos me interesé por su Obra. El libro que reseño aquí es una biografía cuyo título completo es: "Juan Belmonte, matador de toros; su vida y sus hazañas". Se publicó en 1935 y es considerada por muchos como su obra literaria más representativa. Apareció por entregas semanales en la revista "Estampa" desde el mes de junio de 1935, para ya a finales de ese año salir en formato de libro.


La forma narrativa que le da Chaves Nogales al cúmulo de anécdotas que el torero trianero le debió de contar en las entrevistas que el periodista le hizo para la confección de la obra es la de una serie de escritos al estilo de los artículos periodísticos que agrupó en 25 capítulos. Cada artículo va precedido de una frase que es la sustancia de lo que en él se dice. Este procedimiento me parece muy propio del periodismo. La maestría del autor se percibe en la manera como logra dar continuidad cronológica al conjunto de anécdotas creando así lo que ha venido a definirse como una "biografía novelada", "novela vivida" o "novela de la realidad". Como se ve, pues, el periodista sevillano está en la base de la aparición en España del Nuevo Periodismo, de la no-novela o novela de no ficción

Cuando el periodista, de criterio siempre independiente, elige para este su mayor proyecto literario la figura de Juan Belmonte no lo hace sin intención. Juan Belmonte había nacido en el seno de una familia muy humilde -su padre tenía un puesto de quincallería en los mercadillos- y en el momento de la redacción del libro el torero ya era un propietario rural con reses en su cortijo y con servidumbre en casa. Todo lo había ganado a fuerza de trabajo y, por su profesión, muchas cornadas. Por esos años (1934 y 1935) en España están sucediéndose expropiaciones de fincas por parte de Sindicatos Obreros que muchas veces eran claramente abusivas pues no a todos la riqueza les había caído del cielo, y tampoco todos los dueños de cortijos y de reses eran explotadores de sus trabajadores. Como siempre, Manuel Chaves Nogales se posiciona en ese lugar intermedio que no contenta a nadie y que por definición ocupa quien al final se lleva todas las tortas de uno y otro lado.

Literariamente los artículos que componen la novelita me han recordado mucho a los de Larra por el pintoresquismo que hay en muchos de ellos y a la tradición de la novela picaresca española, presente sobre todo en aquellos capítulos iniciales en los que Juan Belmonte junto a otros siete chaveas se las ingenia para de noche ir a tentar a los toros que pastan en las dehesas, sobre todo en la de la Tablada. Se muestra la  innegable afición al toreo del futuro matador y cómo, respetando las normas y el orden establecido en función de la categoría torera adquirida dentro del grupo de maletillas, Juan, que comenzó siendo el último en dar un capotazo al toro, vaquilla o churrato, poco a poco va ascendiendo en el escalafón hasta ocupar el segundo puesto por detrás sólo de Riverito, el líder del grupo de maletas que se reunía junto a la fuente en la sevillana plazuela de San Jacinto.

Frente a los toreros triunfantes, Bombita y Machaquito, la pandilla de la plazuela de San Jacinto, anarquistas del toreo, admiraban a Antonio Montes. También eran anarquistas de los tentaderos donde los señoritos solían reírse de los torerillos; por eso ellos prefieren en las noches de luna llena hacerlo a campo abierto toreando por estricto orden de méritos: primero Rivero, el mejor, a quien ninguno cuestionaba, y luego el resto.

Hay mucho costumbrismo taurino andaluz, que me ha recordado muchísimo también la poesía de García Lorca: los toros, los guardas, los zagales torerillos apartando la res de la manada, la guardia civil caminera, incluso la muerte del torerillo por disparos de la benemérita o la herida por la cogida del animal son motivos muy lorquianos. La afición que tienen los chicos es tal que llegan a torear sin luz de luna para evitar a los guardas. En una noche así auxiliados sólo por candilejas de acetileno Belmonte sufre un empellón del  becerro que le estropea el traje que estrenaba por Pascua: “Me palpé. Apenas podía incorporarme. Tenía la cara desollada, el cuerpo magullado y el traje hecho trizas. ¡Mi traje italiano de Semana Santa! ¡Qué iba a ser de mi!” ¡Que costumbre tan arraigada era hasta no hace tanto estrenar algo nuevo el Domingo de Ramos!

Juan trabaja para ayudar a la familia que las está pasando canutas, pero el toro le tira por demás. Hasta el punto de que en un momento se da cuenta de que él podría ayudar a su familia si de verdad consigue que le den alguna oportunidad. Comienza así a relacionarse con señores de Sevilla que acuden a las capeas y ya se han fijado en él. Al comienzo las condiciones son onerosas, sólo le falta tener que pagar por torear, pero poco a poco logrará llamar la atención y que algún empresario lo contrate. Su valor y sobre todo su innovadora manera de torear le ganará adeptos y comenzará a participar en novilladas sin picadores para ya en 1913 dar el campanazo en Barcelona con un éxito tan grande que llegó hasta ser criticado por el seny catalán: 
 "Empecé a torear al año siguiente en el mes de febrero. Fui a Barcelona, donde tomé parte en dos novilladas, en las que me ayudó la suerte. Me pasearon en hombros por las Ramblas, y algún periódico protesto contra el hecho de que un pueblo culto como el catalán hubiese dado aquel espectáculo, a su juicio bochornoso." (en el cap. 11, "Halago y tormento de la popularidad")

Estos capítulos, que cuentan el difícil acceso de Belmonte a la torería, están plagados de gracia andaluza, de la belleza del lenguaje popular, visible sobre todo en un vocabulario chispeante y penosamente hoy olvidado o en vías de extinción. He aquí algunos ejemplos: 
  • garbear' (robar al descuido, pillar dinero), 
  • catrecillo' (silla de tijera), 
  • despejados (con los pies maltratados de tanto andar), ‘
  • vestido de distintos (con traje nuevo o o de domingo), 
  • aguaducho' (pequeño puesto o establecimiento en el que se vende agua, refrescos y otras bebidas)
  • consumeros (funcionarios que controlaban la aplicación cotidiana de una tasa que gravaba directamente los artículos de primera necesidad, las cosas 'de comer, beber y quemar', como se decía en aquel entonces.) 
  • regatón' (Casquillo , cuento o virola que se pone en el extremo inferior de las lanzas , bastones , etc., para mayor firmeza)
  • manijero' (Hombre encargado de contratar obreros para ciertas faenas del campo )
  • arregostado (Según la última edición del DRAE, significa ‘engolosinarse, aficionarse a algo’ y es un verbo pronominal. ‘malacostumbrarse')
  • chicolear' (decir chicoleos:Dicho o donaire dirigido por un hombre a una mujer por galantería)
  • espurrear' (Rociar algo con agua u otro líquido expelido por la boca)
  • rehilete' (dardo)
  • echarse al surco" en el sentido de ‘abandonarse (‘mi padre se echó al surco')
  • hule" [“partidarios del hule"] en tauromaquia mesa de operaciones por tener una pieza de hule sobre ella
  • ratimago' (Artería, engaño, artimaña.)
El anecdotario es muy grande y se lee muy bien aunque hoy, quizás, este mundo está en franco retroceso. Aunque el momento en que vivió podría decirse que son los años de oro del toreo, sin embargo otras diversiones populares como el fútbol e incluso el Cine se estaban abriendo camino hurtándole público a las plazas de toros. Pero con todo y con ello Juan Belmonte triunfa rodeado de  compañeros de lidia tajgién muy populares. ¿Por qué en medio de este extraordinario plantel Belmonte se hizo hueco? Pues simple y llanamente porque hizo su gran aportación al toreo que fue "saber conducir al toro y no al revés. Según los mejores revisteros taurinos de la época como yo toreaba no habían toreado jamás Lagartijo, Frascuelo, Guerrita, Espartero, Fuentes, Bombita, Machaco, los Gallo... ."

Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz; los escritores Pérez de Ayala, Gómez de la Serna, José María de Cossío, Salvador de Madariaga y Juan Ramón Jiménez,
Belmonte formó tándem en muchas plazas con Joselito. Era una sana competencia que les servía a ambos para crecerse en los momentos de bajón que también sufrían. También toreó varias veces con Sánchez Mejías. Al igual que Ignacio, Juan Belmonte era amigo de frecuentar tertulias de intelectuales del momento. Desde muy pronto por su manera de torear captó el interés de artistas y escritores quienes,  siendo aún novillero, le realizarán en Madrid un homenaje en el que participan Valle-Inclán, Romero de Torres, Julio Antonio, Sebastián Miranda y Pérez de Ayala. Incluso retirado de las plazas mantendría relación con el doctor Marañón y hasta con un joven José Luis Pinillos.

Fue un torero que leía mucho, que se interesaba por lo que sucedía a su alrededor. Tuvo a lo largo de su vida algunas crisis depresivas y sufrió tendencias suicidas. Cuando Manuel Chaves Nogales publica el libro en 1935 al torero aún le restaban muchos años de vida. Murió, -nos dice Felipe Benítez Reyes en el estupendo prólogo que escribió para la edición que he manejado, la de Libros del Asteroide del año 2009-, el año 1962 de un tiro que se pegó en una de las múltiples cicatrices que en su cara daban fe de su arrojo y valor. Las tendencias suicidas de las que le habló a Chaves Nogales en las charlas que precedieron a la confección del libro quizás se intensificaran con la enfermedad que padeció su mujer, la peruana Julia Cossío, que le hizo ir a Suiza a tratarla y con las muertes de compañeros de profesión en especial la de Joselito el año 1920 en la Plaza de Talavera de la Reina; también la propia Guerra Civil, así como el miedo que decía sentir previamente a salir a torear; pero sobre todo su pundonor y torería eran incompatibles con la vejez que a punto de cumplir 70 años se le echaba encima. Fue gran amigo del humorista Julio Camba a quien conoció vivir sus últimos años entre terribles padecimientos. Él no quería eso para sí mismo. Arregló todos sus asuntos (testamento, dinero en mano a su última relación amorosa, escrituras en orden...) y se descerrajó un tiro por encima de la oreja derecha. Como se ve todo muy torero.

Final
Para finalizar quiero destacar algunos momentos del libro que me parecen especialmente significativos. Juan Belmonte no eludía asunto alguno. Muy interesante y literariamente magníficamente resuelto por el escritor es el tema de la pervivencia futura o no de la fiesta de los toros. En el capítulo 15, "Supersticiones taurinas" se lee un diálogo alegórico entre el Miedo y Belmonte en el que el primero le dice al torero: "Dentro de unos años, a lo mejor, no hay ni aficionados a los toros, ni siquiera toros. ¿Estás seguro de que las generaciones venideras tendrán en alguna estima el valor de los toreros? ¿Quién te dice que algún día no han de ser abolidas las corridas de toros y desdeñada la memoria de sus héroes? Precisamente, los gobiernos socialistas…" Estábamos en 1935 y ya la Fiesta comenzaba a ser muy cuestionada por algunos sectores sociales.

Más rotundo y mucho más profundo es lo que en el epílogo del libro dice Belmonte sobre "la decadencia del toreo":
"La lidia se convertirá fatalmente en un espectáculo de circo al modo moderno, es decir, desustanciado. Subsiste la belleza de la fiesta; pero el elemento de la dramático, la emoción, la angustia sublime de la lucha salvaje se ha perdido. Y la fiesta está en decadencia."
De política poco se habla en esta biografía. En el fondo porque Juan Belmonte nacido en 1892 en la calle de Feria en el barrio de la Alameda, y enseguida vecino del barrio de Triana a donde las familia se trasladó, vive la vida tal como viene. Por eso cuando llega la República él que jamás se había significado políticamente y que era un ídolo de multitudes no tiene miedo de correr peligro alguno pese a ser rico y vivir en Andalucía donde el anarquismo del campo estaba creciendo mucho. Es en el último capítulo donde aparece alguna consideración sobre el asunto:
"El 14 de abril no marcaba la hora del soñado reparto, y cuando desde Madrid intentaron convencer a los braceros andaluces de que era sí, los ánimos se ensombrecieron, y la lucha entre los pobres y los ricos se hizo más dura y enconada. Creció el odio al propietario, bueno o malo, sólo por ser propietario, y al socaire de las teorías anticapitalistas invadieron el campo cuadrillas de expropiadores, que no eran otros que los tradicionales algarines, los raterillos rurales, que siempre habían andado a salto de mata, y ahora tornaban un aire altivo de ejecutores de la justicia social. Ladrones de campo y cuatreros siempre ha habido en Andalucía; pero nunca, ni en la época del bandolerismo legendario, se ha considerado el robar como un timbre de orgullo."
Un periodista independiente

En cuanto al escritor es prueba de su inquebrantable independencia y soberanía intelectual que por las famosas dos Españas de las que hablaba Machado fuese cuestionado y expulsado. Decir la verdad siempre es lo que tiene y ser partidario de un movimiento no equivale a ser feligrés cual si de una religión o de una iglesia se tratase. Así el sevillano Manuel Chaves Nogales que saludó con entusiasmo la llegada de la República en 1931 no por eso cerraría los ojos a los excesos y abusos que observaba se estaban produciendo. De igual manera procedió cuando estallada la Guerra Civil denunció con fuerza las masacres franquistas realizadas en las localidades en las que los golpistas entraban a sangre y fuego, precisamente tal cual reza el título de su colección de relatos cortos sobre la guerra civil española, cuya lectura recomiendo a cualquiera.

13 nov 2020

"Los milagros prohibidos". Novela de Alexis Ravelo

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✔ "Cuando se estrecharon las manos , Agustín notó los relieves de piel de lagarto esculpidos en ellas por el trabajo. Notó también que miraba de frente, pero interponiendo una media sonrisa que ocultaba la acción y media de ironía." (p. 224)

"Legañosa, pachorrienta y muerta de frío, la ciudad sesteante lo vio doblar en la esquina del Teatro Chico y cruzar hacia la consulta, para salir poco después con Fernando el Polaco, con quién se marchó hacia el sur en el camión de este." (p. 232)

Fue tal lo mucho que me agradó leer la primera novela de Alexis Ravelo, "Tres funerales para Eladio Monroy", que de seguido busqué otra del autor. Quería ver cómo sería su literatura hoy en una novela más actual; resultó que yendo a la biblioteca pública cayó en mis manos por puro azar ésta que reseño y que ya desde ahora mismo he de decir que me ha gustado muchísimo. Me ha demostrado que Alexis Ravelo no es sólo un escritor de novela negra, que también y excelente, sino un grandísimo autor que sabe abordar la narrativa desde cualquiera de sus tendencias.

editorial Siruela, Alexis Ravelo, Los milagros prohibidos
"Los milagros prohibidos"
 (Siruela, 2017) se centra en lo acontecido en la isla de La Palma durante los cinco primeros meses del mal llamado Alzamiento Nacional -'glorioso' nos dijeron, mientras duró el franquismo, que había sido- cuando no fue otra cosa que un golpe militar decimonónico protagonizado por unos militarotes africanistas que por el mal planteamiento para enfrentarlo del Gobierno legítimo democráticamente elegido vino a triunfar y a traer a los españoles de entonces y a los que nacimos en las décadas siguientes una vida en dictadura que para nada deseo que se repita.

Como hacen los buenos novelistas -Alexis Ravelo lo es, sin ninguna duda- el autor pone el foco en una historia particular: Agustín Santos, maestro de la localidad de Puntallana en la isla canaria de La Palma, felizmente casado con Emilia Mederos, guapa mujer a quien de niño y adolescente había pretendido el ahora falangista Floro el Hurón, se echa al monte tras el golpe militar para evitar ser apresado por haberse significado durante la etapa republicana y especialmente durante la semana en que la isla se resistió a la asonada. El triángulo amoroso (Floro - Emilia - Agustín) es el que sostiene y motiva toda la acción haciéndonos ver que en no pocos de los desafueros y de las bestialidades perpetradas durante la Guerra Civil mucho tuvieron que ver las venganzas personales, las malquerencias familiares, el aprovechar la ocasión para llevarse por delante a alguien por celos, por odio, por envidias, etc.

La novela está organizada en cinco partes. Cada una de ellas, titulada "Memoria" ,va precedida de un capítulo relatado en 1ª persona en la que un testigo, partícipe directo en ocasiones en los sucesos, cuenta a un interlocutor -un periodista o incluso y casi con seguridad el propio escritor- lo que recuerda de esos sucesos. No quiere esto decir que estemos ante unos hechos ciertos, pero sí que lo que Ravelo presenta está inspirado en acontecimientos acaecidos durante esos meses iniciales de la Guerra Civil, aunque como bien nos advierte al final de la novela no sean reproducción fiel de los mismos. Tras este capítulo en 1ª persona se pasa en los siguientes capítulos de cada uno de los cinco apartados a un narrador objetivo en tercera persona que va presentando los hechos de una manera reiterativa poniendo el foco en éste o en aquel otro personaje citado en el relato, personajes todos ellos importantes dentro de la aventura protagonizada por Agustín. Así conoceremos información relevante referida a don Sito Mederos, padre de Emilia; o a Floro el Hurón, el hijo de doña Rosita, que se afilió a la Falange y formó parte en La Palma de las eufemísticamente denominadas "fuerzas auxiliares"; o a Vidal, sargento de la Guardia Civil, que mantuvo a la isla bonita fiel siempre a la autoridad competente de cada momento; o a Juan Padilla el Malhablao que dentro de la República era partidario de la Revolución criticando a burgueses republicanos como Agustín por considerarlos tibios y vendidos; etc.

Además de estas individualidades ya citadas también en el relato aparecen personajes que podríamos denominar de grupo. Así por un lado están los falangistas (Miguelín, Floro, Feluco, Eusebio Padrón Manoabierta...); los poderosos reaccionarios (Álvaro Luján y sus compañeros de viaje: el cura Santiago, el gobernador militar franquista de la isla...); los "alzados" [así llamaban en la isla a quienes subieron a los altos para escapar de una muerte segura]: Agustín, Juan el Malhablao, ...; los guardias civiles (el cabo Doreste, el guardia Ramírez...); los burgueses republicanos (el médico don Pío, el propio don Sito Mederos, el mismísimo Agustín, el boticario Nicanor Trezado, el subdelegado del gobierno republicano Yanes...); los humildes que con su humanitario comportamiento demuestran ser auténticos defensores de la legalidad republicana cuando pueden hacerlo y cuando no, favorecedores de los que sufren los atropellos de los golpistas. Incluyo en este amplio grupo de los humildes a personajes como Fernando el Polaco y su mujer Solita; el pastor de cabras Pedro Pulido y su mujer QuiteritaAnselmo el Cambao, novio de Adela, la hermana de Emilia; etc., etc. 

Aunque centrada la trama en los echados al monte, injustamente perseguidos por ser fieles a la legalidad y consecuentes con sus ideas, en la novela se deja constancia de que en esta lucha de españoles contra españoles no todos pudieron elegir bando; muchos hubo que estuvieron en uno y el contrario por puro azar. Así Anselmo el Cambao es soldado del ejército nacional franquista simplemente porque el 18 de julio lo encontró haciendo el servicio militar y sus mandos se unieron al golpe:
"Anselmo el Cambao no era mal muchacho ni era fascista, solo que el golpe lo cogió haciendo el servicio militar, con el uniforme puesto y a las órdenes de unos traidores hijos de puta. Esos eran los peores, los de carrera." (p. 154)
Uno de los méritos de esta novela es precisamente observar cómo el autor muestra, partiendo de la particular historia de la huida por el monte del maestro de Puntallana, un muy creíble abanico de seres y de comportamientos habidos durante la contienda fratricida.

De nuevo en una novela de Alexis Ravelo me ha vuelto a encantar el marco geográfico en que discurre la historia: las islas Canarias. Si en la novela que leí anteriormente todo ocurría en Las Palmas de Gran Canaria, en ésta la acción principal sucede en la isla de La Palma con fugaces apariciones de la de Tenerife donde los franquistas han ubicado dos o tres barcos que les sirven de prisión para los resistentes al Alzamiento, y también de la de Gran Canaria cuando el contexto histórico exige hablar de Franco y el famoso vuelo del Dragon Rapide que lo llevaría de aquí al Marruecos español para encabezar el golpe militar. 

Isla de La Palma, Islas Canarias, Semana Roja, Guerra Civil española
Pero lo esencial es la geografía de La Palma, la isla más occidental del archipiélago y la más verde. El clima cambiante de la misma, muy húmedo en la Cumbre, su origen geológico visible en la caldera de Taburiente y en los volcanes activos y extintos que los fugitivos habrán de ascender o evitar, la toponimia insular (las Breñas, Tazacorte, La Galga, Puntagorda, Puntallana, Malpaíses, Tigalate...), las calles de la ciudad de Santa Cruz de la Palma... Todo este color local, tan auténtico, es un marco magnífico por el que el escritor echa a correr a sus personajes de ficción. El resultado es excelente y de una verosimilitud total, de manera que haciendo abstracción de la ficción que la novela es conocemos a su través lo que aquello debió de ser: el miedo a ser detenidos, el terror a ser torturados, las torturas en sí, las muertes sin más sólo por pensar distinto... Se constata una vez más que como reza el título del famoso ensayo de Mario Vargas Llosa, "La verdad de las mentiras", la invención ficcional es en muchas ocasiones el camino mejor para acercarse a la Realidad.

Respecto a la anterior novela reseñada en este blog, "Tres funerales para Eladio Monroy", [leer la reseña aquí] en ésta he percibido mayor presencia de canarismos lingüísticos, tanto a nivel léxico ('postritos', 'entullar', 'jincar', 'gofio', 'fayal'...) como sintáctico ("ándese rapidito, que si tardo más en llegar ca'mi tía me voy a llevar una tollina", le dice el niño Arvelo a su maestro don Agustín). A este respecto también he visto en la novela cierta pequeña veta indigenista muy acorde con la que en todo el mundo, a modo de revisión histórica imposible de revertir pero de afán exculpatorio, parece estar entronizada hoy:
"Si iba a morir por propia mano, lo haría como los grandes, en un lugar mítico, como los resistentes de Masada o, por pensar en un ejemplo más cercano, como los aborígenes que, durante la conquista de las Islas, se suicidaron antes de rendirse a los castellanos, arrojándose desde Tigaiga en Tenerife o desde Ansite en Gran Canaria" (p. 101)

Pese a que el asunto parece no ser compatible con él, hay en este relato de huida y persecución implacable espacio para, si no abierto, el humor, sí ,para la sonrisa liberadora, muy necesario en situaciones extremas como las relatadas. Así doña Rosita en un momento dado reconviniendo a su hijo por los desmanes que comete "Le señaló la silla y le dijo: 'Siéntese ahí'. Cuando una madre canaria te trata de usted es mejor no contradecirla y prepararse para lo que venga." (p. 128). Indudablemente es el autor quien, dirigiéndose al lector, habla en este momento por boca de este narrador externo; esa segunda persona de sentido impersonal inclusivo lo delata.

También considero una muestra de humor e incluso señal de que quizás sea él uno de esos narradores en 1ª que abren cada una de las cinco partes o, hasta quizás el narrador único en primera de todas ellas, el juego que el novelista realiza con su apellido transmutándolo por movimiento fónico en la primera sílaba del apellido del autor que de Ravelo muta en Arvelo. Es Arvelo un niño que aparece al inicio del relato ayudando al fugitivo y que no vuelve a aparecer hasta el final cuando... No, claro, no voy a decir qué pasa con este personaje porque el novelista es amigo de dar sorpresas y si la cuento aquí pues simplemente me cargaría la novela, algo que no deseo sino más bien todo lo contrario, provocar el deseo de leerla. 

Por último quisiera señalar que en Alexis Ravelo la literatura todo lo impregna. Si en "Tres funerales para Eladio Monroy" el protagonista siempre tenía a mano libros que le proporcionaba su enamorada librera, en "Los milagros imposibles" el protagonista Agustín Santos también porta siempre con él algún libro. Concretamente lee en algún momento "Crimen" de Agustín Espinosa, escritor canario de la época en que transcurre la acción -concretamente la novela apareció publicada en 1934- que en 1936 con el estallido de la Guerra fue fulminado por los levantados en armas a lo que él respondió con humillantes muestras de adhesión a la causa. 

Agustín Espinosa fue en las Islas propulsor del surrealismo realizando en 1935 en Santa Cruz de Tenerife una Exposición Surrealista, la primera celebrada en España, en la que de la mano del pintor tinerfeño Óscar Domínguez logró reunir obras de los principales pintores surrealistas. André Breton pronunció una conferencia sobre el arte y la política, y como colofón de la exposición se proyectó "La Edad de Oro" de Luis Buñuel. Sobre esta película surrealista dijo Espinosa en la reseña que de la misma hizo «Se han pronunciado, con excesiva frecuencia las palabras "pornográfico", "libre", "procaz", "indecoroso", "insolente", con relación a La Edad de Oro, ni con más ni con menos razón -puedo decirlo ahora de paso- que a propósito de mi libro Crimen, olvidándose que análogos adjetivos habría que esgrimir desde ese bizco punto de vista, para calificar a Quevedo, a Boccaccio, a Cervantes, a Rabelais, a Lautréamont, a Goethe.». Precisamente esas mismas calificaciones ('pornográfica', 'indecorosa', procaz') son las que en la narración hace Floro de la novela "Crimen" que Agustín dejó olvidada en una de las cuevas donde se ocultó.

Para finalizar
La novela dentro de la aventura de persecución de que trata presenta otros asuntos de mucho interés tocados como al descuido al no ser ese el centro de la narración:
  • La guerra, las mujeres y los hombres: "Los hombres hacen la historia. Las mujeres la sufren. La sufren."
  • La vergüenza histórica: "no haber tendido una emboscada a Franco cuando estuvo en Gran Canaria quedó como "una vergüenza más para un archipiélago que cometió a lo largo de los siglos cientos de errores entre los que, según dictum popular, destacan especialmente dos: no dejar entrar a Nelson y dejar salir a Franco."
  • Las denominadas 'fuerzas auxiliares' (Falange y Acción Ciudadana): "En el local de Falange, los hombres bebían ron y coñac, fumaban, hacían corrillos, revisaban sus armas y sus linternas: todo, incluido el alcohol, formaba parte de los preparativos para una larga noche de registros, detenciones e interrogatorios. Eusebio había avisado a todos los falangistas disponibles, incluidos Miguelín, Perico y Feluco, tan cansados como el Hurón."
  • El plátano, monocultivo de la isla, y su explotación en manos extranjeras: "Las oficinas de la Williams Fruit Company &Schipping Agency estaban situadas, cómo no, en la calle Real, justo donde O'Daly iba a fenecer en el barrio de El Puente. Allí, los despachos de Reginald Thomson y de Sito Mederos ocupaban la mitad del primer piso. "