15 may 2013

DJUNA BARNES: "El bosque de la noche"

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“El bosque de la noche” me ha recordado las obras que se adentran en los territorios de la fantasmagoría e irrealidad pero no cortan amarras con la realidad inmediata, como puede ocurrir con la novela "El maestro y Margarita" de Mijail Bulgakov que este mes tenemos como lectura en nuestra tertulia Más que palabras; idéntica o semejante sensación he experimentado con otros relatos como, por ejemplo, "El palacio de la luna" de Paul Auster y alguno más.
La novela publicada en 1937 debe mucho al vanguardismo propio de los años 30 (surrealismo  esencialmente). Y se nota en la importancia dada al mundo de los sueños, a todo lo onírico en general. También el vanguardismo se manifiesta en la manera de construir el relato,  sin una clara estructura de contenido primando sobre ésta la formal (algunos criticos como T S  Eliot, autor del magnífico prólogo de la edición de 1937, llegan a hablar de prosa poética).

PERSONAJES:
Femeninos:
* Robin Vote, de casada baronesa Robin Vokbein: andrógino de especial belleza que arrasa en hombres y mujeres; su territorio es la noche en la que explora y penetra en sus zonas abisales con desconocida libertad, lo que resulta perturbador para las tres personas de su entorno que la aman o se sienten especialmente atraídos por ella. Y son: el barón Felix, la cincuentona y millonaria americana Jenny Petherbridge, y, por último y más importante,  Nora Flood.
* Nora Flood: enamorada de Robin y puerto al que esta regresa tras sus noches y temporadas de expediciones tempestuosas. La autora del relato, Djuna Barnes, es el ser que inspira al personaje. Nora recurre al exegeta de la noche, doctor Matthew O'Connor, para ver de entender la deriva de Robin y de ella misma.
* Jenny Petherbridge: millonaria norteamericana que se lleva a Robin más que por afecto por el dinero que aporta. Al final del relato las vemos en USA pero frente a la tranquilidad de la vida en el campo, Robin le impone la vida de ciudad (pecado, vicio, 'noche', etc) en la que ella está instalada.
* Sylvia: ser fantasmagórico (Nora o Robin en su niñez que subyace en el ser adulto del que se enamoran)
Frau Mann (cuida de Guido, el hijo deficiente de Felix y Robin).
Masculinos:
* Barón Félix: falso barón judío que queda seducido por Robin, quien le es presentada por el doctor  O’Connor.
* Guido: hijo del barón y Robin. Es débil mental, quizás consecuencia de sus oscuros orígenes (su madre andrógina, la falsedad de su padre judío,  la noche, el abandono materno...).
* Doctor Matthew O'Connor: auténtico demiurgo e intérprete de las tinieblas, de la noche de la que Robin parece haber emergido y por la que serán,  inevitablemente,  engullidos (alcohol,  sexo libre, vicio...).  El doctor es un compendio de sabiduría terrenal y oscurantista; es por ello que Nora acudirá a él cuando Robin le haya dado de lado por Jenny. La propia Nora comentando el conocimiento del Dr. Matthew O’Connor le dice: “Tú sabes lo que ninguno de nosotros sabrá hasta que haya muerto. Tú ya estabas muerto al principio” (pág. 172). . El doctor O’Connor emite frases que recuerdan por su contundencia al Baltasar Gracián del "Oráculo manual".  He aquí algunas de ellas:
o   Surrealistas. Así a la pregunta de Nora “¿Qué puedo hacer?”, responde “Haz nidos de pájaros con los dientes” (pág. 146). Del mismo modo un tanto surrealista el doctor echa en cara a Nora su vivir quejumbroso “[…] ¡Pobre vaca ciega! No vengas a incordiar. Me revuelves las plumas y me atosigas recordándome mis males. ¿Qué fin es dulce? Hasta el pelo termina en punta. ¿Y son dulces las puntas del pelo cuando tienes que cortarlas?” (pág. 176). También se percibe el vanguardismo en la siguiente frase: “- Hay personas que se tiran de cabeza al primer río que encuentran y seis vasos más allá, en Haarlem, alguien pilla un tifus por haberse bebido su desesperación” (pág. 183)
o   Simbolistas: Pág. 162: El doctor habla a Nora a propósito de una muñeca que Robin le regaló: “Cuando damos una muñeca a una niña le regalamos muerte, es la efigie y el sudario; cuando una mujer la regala a otra mujer, le da la vida que no puede engendrar” . Esta ‘teoría’ de la muñeca se vuelve a suscitar en la pág. 168: “¡La última muñeca, la que se da a los mayores, es la muchacha que hubiera debido ser chico y el chico que hubiera debido ser muchacha!”. Y allí mismo: “La muñeca y el inmaduro tienen algo bueno: la muñeca porque parece tener vida y no la tiene y el tercer sexo porque tiene vida y se parece a la muñeca […] ¡El ángel deshabitado!”.
o   ¿Egoísmo lésbico?: Pág. 163: “Un hombre es otra persona; una mujer es siempre tú misma […]; en su boca besas tu propia boca”. Págs. 166-167: Robin superior a Nora: “Ella se sabe inocente porque no puede hacer nada en relación con nadie más que consigo misma”

ELEMENTOS DESTACABLES
àNARRADOR: externo en 3ª persona y en 2ª como narrador testigo. Así en pág. 65 pasa al “tú”: “En aquellas tertulias increíbles, sentías que volvía a interpretarse la antigua Historia de América”; y en pág. 66: “Dondequiera que se la viera […] uno advertía en sus ojos claros, saltones […]”
à Enfrentamiento hombre americano vs francés"los franceses son desaliñados y sabios; el americano trata de afrontarlo con la bebida" (pág.  106) ß esta afición desmedida por el alcohol marcó a esta generación (the lost generation) literaria norteamericana.
à humor y libertad sexual: "El corazón del celoso conoce el mejor y más grato amor, el de la cama del otro, donde el rival perfecciona las imperfecciones del enamorado" (pág.  104)
à Lo onírico (influjo de la Vanguardia): "Nosotros volvemos los ojos a Oriente, en busca de una sabiduría que no utilizaremos, y al durmiente en busca de un secreto que no encontraremos".
à Fuerte culturalismo: vid. Pp. 120 - 121.En estas págs. hay una fuerte aparición de la mitología como esencial elemento cultural.
à Existencialismo por todo el relato, dado que la muerte lo preside y envuelve todo. Pero en ocasiones aparecen aforismos en boca del doctor O'Connor muy interesantes: "Y todo lo que hacemos es decente cuando la mente empieza a olvidar: es el designio de la vida; y todo es bueno cuando hemos olvidado: es el designio de la muerte" (pág. 122). Pero también hay un canto a la vida, a lo vivido, a la temporalidad propia de los seres humanos: "El recuerdo que conservamos de las cosas pasadas es todo cuanto tenemos para el futuro." (pág. 107).
 à Importancia de la música en la construcción del relato. Las alusiones a composiciones y creadores musicales son numerosas, pero cuando se produce el diálogo Nora- Doctor, este último le dice que él es el “Dios de la oscuridad” (pág. 142) y un poco más adelante: “La pasión según S. Mateo de Bach voy a ser yo” (pág. 144). Y dos páginas adelante el mismo Dr. O’Connor dice “Los nombres cariñosos son un seguro contra la pérdida, como la música primitiva” ß O sea importancia de la música como elemento identitario. En las págs 174-175, en especial en el primer párrafo de la 175 se expresa el simbolismo en la obra de los temas musicales.
Durante los años 30 para las mujeres liberadas como Djuna Barnes
París era la ciudad ideal donde desarrollar su personalidad
 à Homosexualidad. Sin lugar a dudas es uno de los soportes del relato: Robin es andrógino y atrae tanto a hombres como a mujeres, Nora y Jenny son lesbianas y aman a Robin, el doctor es homosexual y se mueve por los bajos fondos que afloran durante la noche (en París recurre a una Tuppeny Upright = prostituta que hace los servicios de pie por sólo dos peniques; en la pag. 151 entra en la iglesia parisina de Saint Merry : “Me arrodillé en un rincón oscuro e incliné la cabeza y me puse a hablar a Tiny O’Toole [= ‘Tiny O’Toole’ es su pene]); y cuando Nora lo visita él está en la cama vestido con un camisón de mujer).
 à La religión como justificación de los comportamientos: Robin se ha hecho católica, y ¿eso hace que su comportamiento sea justificable dado que existe la culpa y el perdón?
 à Simbolismo: En los temas musicales (pág. 175), en las alusiones a las muñecas (pág. 162), etc. Como cierre, al final de la novela, en el capítulo titulado LA POSESA, hay un enfrentamiento entre Robin (¿poseída por el mal?) vs perro de Nora en el ambiente irreal del bosque.
PD.- Un comentario interesante y que puede completar a éste se puede encontrar en http://desdelaciudadsincines.blogspot.com.es/

28 abr 2013

EL COLOQUIO de los PERROS (Els Joglars / Cervantes)

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Cartel de El coloquio de los perrosCon no pocas dudas acudía yo el viernes pasado ((26 de abril) al teatro Pavón para ver El coloquio de los perros de Cervantes en adaptación libre del grupo Els Joglars. El motivo era doble: algún compañero de profesión me había advertido de que a Cervantes no se le veía por parte alguna, y en segundo lugar, y para mí principal, mi apreciado crítico Marcos Ordóñez no la había tratado demasiado bien en la reseña que sobre la misma incluyó en “Babelia”. Pero hete aquí que para mi satisfacción todas mis reticencias desaparecieron a los pocos minutos de ver con que galanura, humor y sencillez hablaban esos dos alanos, más juiciosos en su discurrir que muchos humanos.
Cinco grandísimos actores se encargan de llevar a buen puerto esta fantasía. Ramón Fontserè (Cipión) y Pîlar Sáenz (Berganza) componen sus personajes con maestría al lograr añadir a su ineludible forma humana artes y maneras propias de los canes: el modo como mueven sus ‘patas delanteras’ (“manos”), sus aullidos perro-humanos, su vestuario y en especial sus cinturones-rabo, etc., revelan una gran atención e interés en la creación de sus personajes. Los otros tres actores se encargan de dar réplica, corporeidad y verosimilitud a lo que estos dos perros habladores discurren y cuentan. Así Manolo (Xevi Vilà), el vigilante nocturno de la perrera a donde han ido a parar con sus huesos estos dos canes ya longevos, será el que en su simplicidad escuche las razones e historias acaecidas a los dos chuchos. Manolo será el nexo con la contemporaneidad. Y por último Xavi Sais y Dolors Tuneu dan forma y presencia a todos aquellos seres (amos, pastores, defensores de los animales, etc.) con los que han topado en su vivir Cipión y Berganza.
Si los actores saldan su actuación con sobresaliente alto no cabe decir menos de la puesta en escena: sencilla, con economía de medios (sólo un largo cajón rectangular como decorado); una buena utilización de la luminotecnia para marcar la noche justificadora del fenómeno de que dos perros hablen con juicio y la llegada del día con la pérdida del don; el recurso clásico y resultón de la media máscara para dar presencia y ‘verdad’ a los distintos personajes no perrunos (Bonnie y Clyde, el Pastor y el Pastor-Mohamed, el Veterinario y su ayudante, Luisete y su amiga la defensora de los animales, la Policía de aeropuerto, etc., etc.); el vestuario, la música…
el-coloquio-de-los-perros-de-cervantes-en-el-teatro-pavon
La divertida escena del veterinario
¡Ah! ¿Y Cervantes dónde para? Pues bueno, aunque Els Joglars se cubren las espaldas al hablar de adaptación libre, el manchego aparece y reaparece con frecuencia en el diálogo sostenido por los perros: ahí queda su opinión sobre el género pastoril, sobre la libertad, sobre los vigilantes que duermen incumpliendo su obligación, sobre la bestialidad de ciertos humanos, etc. En mi opinión en Cipión y Berganza sí cabe reconocer a su creador, aunque no tanto en el resto; pero habida cuenta de que el resto en la novela ejemplar original es fruto del narrar de estos dos animales ¿por qué no se podría darle cuerpo en figuras propias del siglo XXI?, ¿acaso no es ese el concepto de clásico: ser pertinente, tener actualidad y decir algo que interese o conmueva a los lectores y/o espectadores de otras épocas?
Y por último, un rotundísimo bravo a esta compañía teatral que con inteligencia ha sabido dejar a un lado, en esta obra al menos, su habitual crítica antinacionalista catalana. Sabido es que quienes –los nacionalistras, se entiende-viven de la reclamación perpetua precisan constantemente del zarandeo y agresión para henchir de razones su vacía, pertinaz y cansina protesta. ¡¡Bravooo!!


18 abr 2013

KAFKA ENAMORADO de Luis Araújo

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Todo en esta obrita, vista en una pequeña e íntima sala del teatro María Guerrero, me ha sorprendido gratamente y me ha supuesto agradables descubrimientos. Comenzaré por el autor, Luis Araújo, de quien no había oído hablar hasta esta representación. Puesto a buscar información sobre él me he encontrado con un hombre de teatro en su totalidad, con una obra extensa y prolongada en el tiempo merecedora de más de un premio ("Las aventuras y andanzas del Aurelio y la Constanza" (1983), Premio Iberoamericano Dramaturgia Infantil, "La construcción de la catedral", Premio Tramoya, mejor texto en lengua española del año 2000, “Mercado libre”, Premio Esperpento 2008, "Trayectoria de la bala", Premio Internac. Dramaturgia Cultura Frontal 2010) hasta llegar a esta maravillosa "Kafka enamorado" (2013)  que dentro del ciclo De la novela al teatro se lleva representando en el CDN desde el 15 de marzo, ¡lástima que el 28 de abril tenga anunciado su final!

La obra en su brevedad -65’ sin intermedio- presenta los merodeos del autor checo por los límites de su sentido amor a Felice Bauer [del año 1912, publicación de su obra “Contemplación” a 1915, aparición de “La metamorfosis” con que se cierra la obra], límites que nunca sobrepasaría para evitar que la felicidad conyugal pudiera menoscabar lo más mínimo su entrega al arte de la literatura. O al menos esto es lo que Franz Kafka le dice a Felice cuando ésta le conmina a tomar decisiones al respecto. Pero también –y esto el autor lo plasma sibilinamente- la sombra de la familia castradora se percibe durante toda la representación, y preso en ella, sin poder escapar, vemos a un enfermo físico y  a un creador menospreciado por el padre.

El momento de la vida de Kafka –la relación afectiva sincera y descarnada entre un hombre y una mujer- escogido por el autor como materia de la obra es ciertamente, en mi opinión, muy difícil de llevar a buen puerto. Y Luis Araújo no sólo lo consigue sino que a los 50 espectadores que lo contemplan logra transmitirles la sensación de estar viendo en primera línea lo que nunca percibe más que la pareja de amantes: la verdad del amor: su aparición, la ilusión de la relación epistolar, la emoción y miedos de los encuentros, la necesidad del compromiso, y la huída del mismo arguyendo razones que por elevadas no dejan de ser poco convincentes.

Y lo anterior envuelto en un lenguaje teatral bellísimo y muy bien construido, con unas transiciones espacio-temporales muy logradas en los momentos de la relación epistolar, con un decorado escueto pero suficiente, una música perfecta a la situación que subraya  a cargo de Luis Delgado  (otro fantástico descubrimiento) y sobre todo, sí, los actores, tres magníficos actores que dan cuerpo a Franz Kafka (Jesús Noguero), Felice Bauer y también su desleal amiga Grete (Beatriz Argüello) y el amigo de Kafka, Max Brod, además de otros personajes  menores (Chema Ruiz). Todos ellos transmiten sinceridad y emoción. De Jesús Noguero destaco su gestualidad y su voz; de Beatriz Argüello que está soberbia en la escena de la ruptura cuando vierte lágrimas en medio de los reproches que lanza a su imposible pareja; y de Chema Ruiz su versatilidad en el desdoblamiento de personajes y su buen hacer en el principal, el de Max Brod, un amigo algo cínico como quien ve las cosas pasar desde una cierta altura olímpica y se implica poco o a lo sumo tangencialmente.

31 mar 2013

"Ana Karenina", recetario amoroso

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Como en la Tertulia Literaria decidimos leer algo de Tolstoi para el mes de abril, esta ya pasada Semana Santa me apeteció ver la enésima versión de “Ana Karenina”. Se trata de una producción inglesa dirigida por Joe Wright, según la adaptación de Tom Stoppard (guionista, entre otras, de la premiadísima Shakespeare in love y reconocido autor teatral del que ahora mismo recuerdo haber visto en las naves del Matadero de Madrid una interesante obra suya titulada Rock ’n’ Roll). Está protagonizada por una estupenda Keira Knightley quien con el director de esta película ha trabajado en otras adaptaciones a la pantalla de obras literarias como Expiación (adaptación de la novela de Ian McEwan de igual título) y Orgullo y Prejuicio (adaptación de la novela de Jane Austen), y un Jude Law que está magnífico en el papel de Alexis Karenin que ama profundamente pero sin pasión a su esposa Ana; completa el triángulo un para mí desconocido Aaron Taylor-Johnson en el  papel de amante apasionado conde Vronski.

Tengo que decir que la adaptación cinematográfica me ha gustado. Creo que el guionista y el director arriesgan al hacer discurrir toda la acción dentro de los límites de un teatro, si bien esta limitación la rompen magistralmente en ocasiones para presentarnos las magníficas extensiones heladas rusas que recorre Ana en sus desplazamientos en ferrocarril o la arcádica vida en el campo de Levin (Domhnall Gleeson) y su esposa Kitty (Alicia Vikander). Sin lugar a dudas este recurso fílmico es el que marca la diferencia con las muchísimas adaptaciones que la novela de Tolstoi ha conocido. Sin él la película de Joe Wright sería una película de época más que el gusto popular suele despachar con el marbete de películas de ‘amor y lujo’. Del recurso comentado hay que reseñar el empleo de artificios expresionistas propios del teatro y del cine mudo como son, por ejemplo, las escenas de tren  –a veces primerísimos planos de las ruedas, ejes y bielas de las antiguas máquinas- utilizadas como cortinilla para dar el salto al exterior desde la angostura del interior teatral.

Entrar a discutir lo habitual en estos casos, -¿mejor la novela que la película; mejor la adaptación que el original?-, creo yo que no tiene mucho sentido. Cada pieza en su género, con las limitaciones que los mismos imponen, son excelentes creaciones. Es obvio que el adaptador al reducir 600 páginas [a doble columna en la clásica edición de la editorial Aguilar] a un metraje de poco más de 2 horas ha de decidir qué elementos deja fuera del film o si siquiera los insinúa.

En esencia estamos ante una historia de amor. Y en tal sentido el triángulo Karenin – Ana – Vronski aparece tal y como Tolstoi lo planteó en su relato: Un marido que transige con el juego amoroso de su mujer siempre que éste no traspase los límites impuestos por el buen gusto de la sociedad rusa del momento, una esposa que no puede permanecer junto a su marido cuando su corazón ya no le pertenece a él sino al padre de la niña que lleva en su seno y un joven conde Vronski que, al amar a la Karenina con locura hasta rozar el ridículo según le advierten sus amistades de la sociedad moscovita

Vronsky sabía que no corría el riesgo de parecer ridículo a los ojos de Betsy ni de las personas del gran mundo. Sabía muy bien que para esas personas el papel de un infeliz enamorado de una muchacha o de una mujer libre puede ser ridículo, pero el de un hombre  que asedia a una mujer casada y que pone su vida por encima de todo para atraerla y llevarla al adulterio tiene algo bello y grandioso y nunca puede ser ridículo.”

será capaz hasta de abandonar una exitosa carrera de armas por seguir a Ana incluso en sus equivocadas decisiones que serán las que a la postre conducirán a la protagonista a la más errónea de todas: su suicidio.

El relato presenta también otra posible
vivencia de la relación amorosa: el amor calmado y reflexivo que vive la pareja Levin – Kitty. Sin embargo en el film se hurtan al espectador no pocos elementos cuales son la interesantísima personalidad del personaje Konstantin Levin y la de sus hermanos Nikolay y Konishev (este último ni siquiera aparece en la película con lo que queda fuera el enfrentamiento campo-ciudad representado respectivamente por los hermanos Konstantin y Konishev). Konstantin Levin es el alter ego del novelista: rico, de ideas anarquizantes, padre de una numerosa prole, esposo celoso, introductor de reformas agrarias y partidario de la abolición de la servidumbre no tanto por amor al género humano –que también- como por mejorar la cuenta de resultados de sus explotaciones agrarias. Pues bien esta compleja personalidad en el film de Joe Wright sólo llega a atisbarse en la escena en que propietario (Konstantin Levin) y trabajadores agrícolas siegan la hierba al unísono con el dalle o la guadaña.

Y una tercera manera de vivir la relación hombre-mujer, mucho más prosaica aunque también mucho más frecuente es la que vive el matrimonio que abre el relato novelesco, el del príncipe Oblonsky y Daría Alexandrovna, Dolly, hermana de Kitty, que ha de soportar las continuas infidelidades de su marido quien vive por encima de sus posibilidades siendo un aprovechado de todo aquel que le rodea. Así Stiva –príncipe Stepan Arkadievich Oblonski- es presidente de un tribunal de Moscú gracias a Alexei Alexandrovich Karenin, esposo de Ana Karenina, su hermana. Al final del relato novelesco –no así en el cinematográfico- Dolly se ha separado definitivamente de Stiva que por fin logró el inútil cargo que ansiaba para poder seguir con su tren de vida, y la vemos pasando una temporada en casa de su hermana Kitty que espera otro hijo más.

La novela de la que “Ana Karenina” es digna sucesora, “Madame Bovary”, abrió la puerta a este subgénero de novelas realistas del XIX que cabe calificar de “novelas de adulterio”. Entre las muchas similitudes que ambas presentan voy a destacar la para mí principal: en las dos el personaje femenino se ve abocado por una sociedad estrecha de miras a su disolución, a la muerte. Este empujar a la muerte a aquella mujer que “rompa las reglas” como dice en un momento dado el personaje de Betsy a Vronski en la escena del teatro al que Ana ha decidido ir pese a la oposición de su amante, es muestra del machismo de la sociedad del momento. Así una mujer rompedora que decide vivir con sinceridad su relación amorosa será castigada por una sociedad hipócrita que admite el engaño pero no la verdad.

Algo que no se explicita con claridad en el film es la fecha en que la historia está sucediendo (año 1878), época en que los rusos están ayudando a Serbia en su lucha contra los turcos. ¿El motivo habrá sido el de la corrección política: no levantar ampollas en el aún no enfriado conflicto de los Balcanes? Todo es posible. Ya se sabe que lo importante es vender y no molestar.

8 mar 2013

EL LECTOR de Bernhard Schlink

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Leí esta novela en 2009 como consecuencia de la película del mismo título que dirigida por Stephen Daldry y protagonizada por Kate Winslet, David Kross, Ralph Fiennes, etc. vi por esas fechas. Por su actuación en esta película Kate Winslet ganó el óscar a la mejor actriz en papel protagonista en febrero de 2009.

            Las diferencias entre la novela y el film no son excesivas; pero hay episodios en este último que pasan desapercibidos o simplemente no aparecen. Pese a ello, la versión cinematográfica es excelente.

            La novela está fechada en su primera aparición en Alemania el año de 1995. En España lo hizo en 1997. Y de entonces acá lleva ya 19 ediciones, muchas aparecidas recientemente como consecuencia del éxito cinematográfico.

            La novela cabría inscribirla dentro de la serie de obras de creación aparecidas en los últimos 15 ó 20 años en Alemania y que exploran la zona oscura del alma nacional alemana donde habita o se esconde el sentimiento de culpa que desde la época de la 2ª guerra mundial, y especialmente desde la caída de Berlín en el 45, acompaña a los millones de seres humanos que vivieron, participaron, actuaron, callaron,... en o durante la barbarie. Parece que en estas obras la sociedad alemana intenta sacudirse ese sambenito; y lo hacen de la mejor manera posible, admitiendo lo que allí pasó. Pero no todo es tan sencillo…

            En efecto no todo es tan sencillo. Y es que el sentido de culpa, el sentimiento de culpabilidad  se vive de manera individual y es cada uno quien ha de aceptarlo, sobreponerse a él, vencerlo, convivir a su lado… Esto es lo que le sucede a Hanna Schmitz, personaje protagonista, que desde su participación como guardiana de las SS en un campo de exterminio nazi lleva sobre ella esta cruz. Pero esto se sabe según discurre la novela. Habrá pues que proceder con orden.

            El relato se estructura en tres partes de 17, 17 y 12 secuencias respectivamente. Cada secuencia tiene una escasa extensión (tres o cuatro páginas a lo sumo), con lo que compone una novela de 200 páginas aproximadamente. Un relato breve, por tanto.
En la primera parte asistimos a la relación entre el narrador, el niño de 15-16 años Michael Berg, y la revisora de tranvía Hanna Schmitz de 35. La relación es especialmente sexual. Todos los días Michael escapa unas horas de casa o del Liceo para, acomodándose a los horarios laborales de Hanna, pasar junto a ella cerca de dos horas. En ese espacio de tiempo el ritual suele ser el siguiente: Ducha, cama y despedida. Pero la relación irá enriqueciéndose con la introducción de la lectura previa al acto amoroso. Michael leerá fragmentos de diversas obras y autores a Hanna. Sólo después de ello ella consentirá la relación. El chico está totalmente colgado de ella; él sigue sus estudios incluso con buenos resultados pero la relación con los chicos y chicas de su clase no es la habitual, pues él siempre tiene a Hanna en su cabeza. Su relación es tan intensa que llegan a viajar por el entorno como si de madre e hijo se tratase para así poder compartir habitación en los hoteles donde se alojan. Un día, inexplicablemente, cuando Michael llega a la cita acostumbrada, ella ha desaparecido y se ha llevado todas sus cosas. Michael queda destrozado.

La segunda parte es la correspondiente al juicio. Michael que ahora –siete años después de los episodios amorosos de la 1ª parte- estudia derecho y forma parte de un Seminario que indaga sobre la actuación de la Nación durante el nazismo, asiste a las sesiones del juicio que contra seis mujeres vigilantes de un campo de exterminio se realiza en la ciudad. Y allí descubre quién fue Hanna durante la guerra, vigilante SS de campo de exterminio desde su ingreso por propia voluntad en ellas del año 1943 al 1945. Se las acusa de no haber prestado ayuda a un grupo de prisioneras que murió carbonizado en el incendio de una iglesia bombardeda donde estaban retenidas. De las sesiones, actuaciones y declaraciones de testigos y acusadas se va desprendiendo que Hanna tuvo un papel relevante en la historia. Incluso ella se responsabilizará totalmente de ello al admitir ser la redactora del informe, con lo que quedaba claro su ascendiente y autoridad sobre las demás. Pero Michael sabe que eso es imposible porque Hanna no sabe escribir. ¿Por qué, pues, quiere arrostrar con toda la responsabilidad? Un problema moral invade al estudiante de derecho que consulta a su padre, profesor de filosofía y entendido en cuestiones de comportamiento moral, quien le aconseja no intervenir a no ser que la persona que finge le dé permiso para ello. Michael duda, pero no llegará a hablar con Hanna del asunto y tampoco en una entrevista que tiene con el juez lo hará. Hanna será condenada a cadena perpetua.

La tercera parte aborda en forma de resumen los avatares personales del narrador: Se casó con Gertrud, compañera de estudios de derecho. Tuvieron a Julie y se separaron a los 5 años de matrimonio. Luego hubo mujeres en su vida pero pasajeras pues ninguna era como Hanna. Fue a los 8 años de llevar encarcelada Hanna cuando Michael comenzó a leer en voz alta dados sus problemas de insomnio. Decide, entonces,  grabar sus lecturas y enviarle las cintas grabadas a Hanna. Los autores que lee y graba son los propios de la burguesía culta: Kafka, Chejov, Keller, Fontane, Heine, Max Frisch, Uwe Jonson, Ingeborg Bachmann, Siegfried Lenz, Mörike… Sigue así las lecturas que en la primera parte declaraba: Odisea, Catlinarias, Guerra y Paz, Emilia Galotti e Intriga y amor de Schiller, Vida de un vagabundo aventurero de Joseph von Eichendorff, etc. A los cuatro años de esta rutina recibirá una carta de Hanna agradeciéndole el envío y a partir de entonces comentándole sus impresiones sobre uno u otro autor. O sea que ha aprendido a leer y a escribir. Luego años más tarde la directora de la prisión se pone en contacto con Michael para comunicarle que Hanna va a salir libre. Él va a visitarla y le busca casa y trabajo; pero el día de salida la encuentran muerta. Michael llevará a cabo su último deseo: lavar su culpa donando a los supervivientes (una mujer mayor, niña cuando el suceso) el escaso dinero que logró reunir a lo largo de su vida. Así lo hará Michael. Pero la señora judía destinataria del mismo no lo aceptará: no quiere ser cómplice de este lavado de culpabilidad. Será Michael quien lo entregará a una asociación judía que lucha contra el analfabetismo.

Tiempo: Han transcurrido desde el inicio de los suceso al final del relato 35 años. El niño tiene ahora 50 años. Así pues Hanna ha muerto siendo una anciana de 70 años.

Estilo: Cuando hace la elección de títulos para grabárselos a Hanna el narrador declara que en sus gustos literarios no entra para nada la literatura experimental pues entiende que los autores que la practican lo que quieren no es experimentar ellos sino experimentar con el lector. Y efectivamente podemos decir que el novelista Schlink es un autor tradicional; esto es, que no usa recursos innovadores pero ya muy admitidos en la actualidad. Así el relato es lineal, hay ausencia de monólogos interiores, fluir de conciencia… También, cierto es que no existen digresiones que dilaten el avance del relato. Lo mejor, desde luego, es la perfecta delineación psicológica de los dos personajes protagonistas y cómo evolucionan de manera bien lógica según avanza la historia.

Creo que hay que destacar, entre otros muchos posibles el siguiente fragmento para entender el asunto de la culpa en la sociedad alemana:

Toda generación tiene el deber de rechazar lo que sus padres esperan de ella. […] La generación que había cometido los crímenes  del nazismo, o los había contemplado, o había hecho oídos sordos ante ello, o que, después de 1945, había tolerado o incluso aceptado en su seno a los criminales, no tenían derecho a leerles la cartilla a sus hijos. Pero los hijos que no podían o no querían reprocharles nada a sus padres también se veían confrontados con su pasado nazi. Para ellos, la revisión crítica del pasado no era la forma que adoptaba exteriormente el conflicto generacional, sino el problema en sí mismo.
La culpabilidad colectiva, se la acepte o no desde el punto de vista moral y jurídico, fue de hecho una realidad para mi generación de estudiantes. (pp. 158 y 159)

Pero la culpa no sólo es colectiva, también lo es, y mucho, individual. Así Michael se sentirá culpable de su comportamiento ante la Hanna acusada y presa, aunque se intente justificar alegando haber sido engañado por ella al no habérsele mostrado en su total desnudez moral cuando se relacionaban amorosamente. Sin embargo también él se escondía, si no ante ella, sí de ella:

Fue entonces cuando empecé a traicionarla.
No es que fuera por ahí contando sus secretos o poniéndola en evidencia. No revelé nada que hubiera que mantener oculto. Al contrario: mantuve oculto lo que debería haber revelado. Me negué a admitir su existencia. Sé que negar a alguien es un tipo más bien inofensivo de traición. […] Pero el que niega a otro sabe muy bien lo que hace. Y negar una relación es una manera de socavarla tan grave como otras formas de traición más espectaculares. (pág. 72)

10 feb 2013

MEA CULPA por Pilar Zapata Bosch

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Pilar Zapata, profesora de griego y compañera en el IES “Mirasierra”, es una magnífica escritora en cuya andadura literaria ha tocado –que yo sepa- el teatro (recientemente, año 2011, obtuvo el 1º Accésit en la primera edición de los Premios de Teatro Breve Cervantes por su obra La del Alba sería) y la narrativa, bien en forma de cuento o de novela.

Mª Luz García, profesora de Inglés,- emérita ya -,  del “Mirasierra” había halagado mis oídos ponderando a Pilar en extremo tras haber leído su obra La usurpadora (2011, en papel). Mea culpa es la novela a través de la que he conocido su excelente saber hacer literario. Y es precisamente de este relato del que quiero decir algo.

En esta breve novela asistimos al frenesí mental en que vive un ser patético y desolado a quien la vida se le ha ido en un tris al haber prestado oídos y cuerpo a la educación represora que practicaba la burguesía en la España franquista. Ella es Matilde, mujer de al menos 40 años que se ha quedado sola en el viejo caserón familiar donde vivió una niñez arropada y sobreprotegida por su madre, su tía Concha, la criadas Teresa y Manoli, y otros personajes femeninos reales como su hermana Isabel e imaginarios como el peso muerto de Belencita, la hermanita fallecida. Todo para Matilde es pecado, en especial lo que lleve o pueda rozar con lo placentero, pues “placer” en la rígida educación nacional-católica recibida en su casa es sinónimo de ‘pecado’, de ‘malo’…, y –le han dicho hasta la saciedad- en sus manos está evitar ser tildada de “fresca”, de “liviana”… Y Matilde lo evitó, tanto que ahora ya entrada en la cuarentena está sola conviviendo con sus complejos de culpa y rememorando esos atisbos de felicidad que pudieron ser y no fueron… “¡mea culpa!”.

Matilde es un ser inmaduro que no ha crecido: “Yo miraba hacia atrás, hacia mi infancia y me parecía que seguía siendo la misma” (p. 12).  Y en efecto, en este letargo, unos años se confunden con otros. Sólo la marcha veraniega al balneario y luego a la playa pone un punto de variedad en ese continuum…, si bien siempre es el mismo balneario, los mismos acompañantes… Y en ese mirar hacia atrás los hombres aparecen (así se lo han enseñado) como meta a lograr y seres de quien defenderse. Ahí está Rafa, el niño que juntó sus labios a los suyos una tarde de siesta; o Francisco, el compañero de juegos de la plazoleta donde niños y niñas jugaban, que la besó a los 12 años y al que no permitió avance alguno cuando uno o dos años después bailó con él en la fiesta de su colegio; o Tomás y Gabriel, compañeros de trabajo, que huirán al sentirse acosados por el núcleo familiar de Matilde; e incluso Margarita, la amiga que se echó en clase de mecanografía y que pese a estar casada le pareció ligera de cascos y la descolocaba verla flirtear con otros chicos que, por lógica, debían de corresponderle a ella.

Pilar recibiendo en 2011 su distinción en el Premio de
 Teatro  convocado por la Asociación cervantina
Los hombres, pues, son un universo que ella no entiende. Pero, ya lo hemos visto con Margarita, tampoco entiende el de las mujeres. Así el episodio de su hermana Isabel con María la confunde, pero mucho más todavía cuando Isabel se echa novio y se casa con él, con Julio. La maldad y animadversión de Manoli hacia ella, cierta o imaginada por la mente de Matilde, llega al extremo cuando las cancerberas familiares descubren a la fámula un juguete sexual. Y tampoco entenderá el siniestro pozo de relación marital en que vive Margarita.
Matilde vive refugiada en un mundo inexistente, el de su infancia, cuando con obedecer bastaba: “El corazón se empeña en mirar atrás, cuando vivíamos todos aquí: nosotras y la abuelita, y Teresa, y Manoli, que cuidaba a Isabel…” (p. 31).

Si la historia impone una estructura donde la sucesión temporal se rompe en un sinfín de momentos ordenados (más bien desordenados) caprichosamente según acuden a la memoria del personaje, el lenguaje utilizado mezcla asimismo desde momentos de elevado lirismo, que apuntan ya desde la primera línea de la novela: “No es el calor agobiant3 de agosto, ni la almohada, demasiado alta, ni el grifo que gotea. Es la madrugada que se acerca hambrienta, a lametones de claridad, con la enorme boca abierta, dispuesta a tragárselo todo…”  (p. 9), hasta los momentos finales: “mi hermana olía a un perfume raro de soledad sin voz” (p. 161). Y junto a este lenguaje poético, la fuerza del lenguaje vivo y directo incluso en los momentos de introspección: “- Pero ¿qué pasa, chica?- me riño, como si alguien me hubiera oído” (p. 32)

Leyendo este relato  constantemente ha venido a mi cabeza el mundo burgués que  Mendicutti refleja en relatos como el de “El palomo cojo” haciendo salvedad de la ubicación: Mendicutti, Andalucía; Pilar Zapata, Madrid. Pero las relaciones familiares ñoñas y los rasgos de humor que sirven para marcar distancia con las mismas están presentes en ambos. Y es que Pilar Zapata hace gala de un finísimo sentido del humor que le sirve para moverse sibilinamente por el mundo neurótico de Matilde. Así cuando Matilde interrogaba a la tía Concha sobre el asunto de Belencita y ésta se dormía dice: “[…] se había empeñado en no despertarse sólo por no contestar a mi pregunta. Era tan terca que se mantuvo en sus trece, y entró en coma aquella misma noche” . Algo negro, es cierto, pero tiene chispa.

Y también no he podido por menos al ver a este personaje “viviendo” en ese mundo fantasmal y doméstico que se ha construido que recordar la Comala de Rulfo donde se reflexiona sobre la miserable transformación de la vida y se rompen los límites entre lo real y lo irreal, igual que hace Pilar Zapata en esta magnífica y recomendable novela.

27 ene 2013

Ya lo dijo Plinio

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Uno de los blogs que habitualmente sigo, El lamento de Portnoy, asegura lo que ya dijera Plinio el Joven recordando a su tío Plinio el Viejo, que “No hay libro tan malo que no tenga algo bueno”. Y es verdad, siempre hay algún valor en cualquiera de ellos.

Guardia civil, Sargento ChamorroLa reflexión anterior me ha venido a la memoria durante la lectura de La marca del meridiano de Lorenzo Silva. La novela, premio Planeta 2012, vuelve a poner en el tajo a la pareja de picoletos: el brigada Bevilacqua y la sargento Chamorro. En esta ocasión han de descubrir a los autores del asesinato de un antiguo compañero de Bevilacqua ya retirado, Rafael Robles. La novela, como es propio del género policiaco, permite a su autor navegar por los entresijos de la sociedad española en su más amplio sentido. Y digo esto porque Silva sitúa a su pareja de investigadores en Madrid, el crimen en la Rioja, la residencia del fallecido en Cataluña, y ciertas detenciones de policías malos en Cantabria. Este deambular por el Estado permite al autor, a través de la primera persona de Rubén Bevilacqua, cavilar sobre el estado de las autonomías, las relaciones entre las diversas comunidades, las dificultades de las policías para ocuparse de asuntos “transfronterizos”, la convivencia entre castellano-parlantes y catalano-parlantes, las banderas…, y así.
Lo anterior viene a demostrar, en mi humilde opinión, el carácter de novela encargada que tiene esta La marca del meridiano. Efectivamente, la vida en la España de las autonomías, y en especial en Cataluña, está marcada por un delicado equilibrio entre lo que significa la corrección para unos y otros, por una invisible línea que separa sutilmente las actuaciones de estos y aquellos. Es una situación difícil y que inevitablemente se precipitará en un sentido no deseado si, como ocurre, no nos conocemos y nos abrimos los tirios y los troyanos. La novela, bajo la metáfora del Bevilacqua que trabajó en Barcelona y ahora lo hace en Madrid; que cruzó alguna línea roja en el ejercicio de su trabajo pero supo volver al lado bueno, no como hizo el asesinado Robles; que se interesa por el hacer de los otros, en este caso los ‘mossos’; que habla catalán y castellano; que con las mujeres sabe separar el lado profesional del personal; que desde la experiencia que dan los años sabe escuchar y soportar las impertinencias de los jóvenes jefes que le van tocando…; en definitiva, bajo el enfoque de la estricta racionalidad humana, la novela presenta una posibilidad de entendimiento, una posibilidad de seguir caminando juntos en el proyecto común que por ahora es España. Esto es lo que pienso que Lorenzo Silva viene a exponer en este relato.

Y justamente todo ese catecismo que he expuesto en el párrafo anterior es el que, entiendo, perjudica al relato al convertir a Silva en un pelele, en la voz de su amo (¿de Lara?), provocando que la anécdota policiaca se pierda en ese mar de sentidos políticos actuales. Y no hay que olvidar que estos alegatos, totalmente habituales en el género, deben de caminar al paso de la historia y no provocando trompicones en la lectura con cuñas digresivas que dificulten el seguimiento de la intriga. Si además ésta en un momento dado da un giro copernicano sacando del baúl de los recuerdos a un antiguo delincuente encerrado por la pareja Robles-Bevilacqua en el ‘pleistoceno’ entonces ya la sensación de tomadura de pelo y de utilizar el texto como pretexto nos invade y desarma. Y esto es, en mi humilde sentir, lo que ha hecho Lorenzo Silva con esta novela premiada: poner la literatura al servicio de una causa, lo que aunque le ha proporcionado buenos réditos monetarios creo que no le ha hecho crecer en la estima de los lectores.

Eric Ambler¿Y cuál es entonces ese valor positivo que he podido encontrar en este libro no tan bueno? Pues sencillamente ha hecho que recuerde algunos excelentes títulos del género de la novela negra o policiaca que no caen en este despeñadero. Son obras con las que la novelita de Lorenzo Silva no resiste la comparación como El tercer hombre de Graham Greene que pese a estar situada en la Viena de la recién finalizada Segunda guerra mundial la situación política no esconde ni obnubila la fuerza del relato cargado de misterio, amor, literatura, suspense. O La máscara de Dimitrios de Eric Ambler, excelente novela de intriga policiaca en la que el espacio geográfico en que se ha roto el imperio otomano y austrohúngaro al finalizar la Primera guerra mundial justifica perfectamente la indagación del protagonista –un escritor de novelas policiacas- sobre la figura del que fuera en vida Dimitrios Makropoulos cuyo cadáver aparece flotando en las aguas del Bósforo. O sin salir del ámbito de nuestra lengua española la magnífica Las muertas de Jorge Ibargüengoitia quien, pese a tratar un asunto terrible como es el de la compra-venta de mujeres y la violencia ejercida contra ellas llegando incluso a la muerte, deja espacio para la irrupción en ocasiones del humor aunque sea crítico. En esta misma línea de Carrión, pero superándolo con creces, está también 2666 del malogrado Roberto Bolaños.

7 ene 2013

MO YAN: “Las baladas del ajo”

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Es la primera novela que he leído del premio Nobel 2012, el chino Mo Yan. De ella me ha sorprendido positivamente la poesía que desprenden algunos fragmentos y el fortísimo contraste entre esta poeticidad y la presentación cruda de una realidad vital, ciertamente desconocida su crueldad por nuestros lares. Y también me ha sorprendido, aunque en este caso negativamente, el esquematismo simplificador presente en el relato sin dejar cabo suelto alguno, recurriendo con excesiva frecuencia –pero sobre todo al final- al recurso narrativo del resumen.
Tema: Presentación de la vida cotidiana en la China profunda.
Asunto: Los campesinos de la región en que transcurre el relato han cultivado ajo en sus campos siguiendo los consejos del Comité Central que en su último plan quinquenal estimuló este cultivo bajo la promesa de comprarlo íntegramente y a un precio que convenía a los campesinos.
Con estas gratas perspectivas los habitantes del Condado Paraíso planifican su futuro y plantean matrimonios concertados como el de la joven Jijun con uno de los hijos del Cuarto Tío Fang. Sin embargo Jijun se enamora de Gao Ma quien la dejará preñada por lo que será perseguido por los Fang.
También Gao Yang, padre de una niña ciega Xinghua e hijo de terrateniente, pese a haber llevado una vida penosa por culpa de sus orígenes familiares es optimista ante la buena cosecha de ajo y los beneficios que obtendrá de su venta. Su esposa se encuentra embarazada y ambos desean que sea un niño; sí lo será, pero tiene una cierta deformidad: ha nacido con seis dedos.
Todo se trastocará cuando el gobernador del Condado Paraíso decide cerrar los centros de compra de ajo al encontrase éstos atestados de producto. Gao Ma, la Cuarta Tía y Gao Yang se verán envueltos en el tumulto que esta contingencia provoca en la innumerable reata de campesinos que al verse sin comprador protestan por la promesa incumplida. Gao Ma será de los más levantiscos y la Cuarta Tía tan sólo pedirá explicaciones de por qué en el tumulto fue atropellado su marido por un coche de la nomenclatura local cuyo conductor no quiere admitir su culpa. Gao Yang no participa para nada en los altercados habidos pero al acompañar al padre de Jinju se verá enredado en él.
La cárcel y las inhumanas condiciones de vida de los detenidos ocupan buena parte de los 20 capítulos que componen el relato. Mientras Gao Ma está en prisión Jinju llega al término de su gestación y al verse sin marido y además expulsada de casa por sus padres pondrá fin a sus días ahorcándose. La Cuarta Tía enfermará gravemente durante su detención y puesta en libertad también decidirá poner fin a su penosa existencia haciéndose colgar. Gao Ma, el rompedor de normas absurdas, decidirá escapar del campo de trabajo donde se había ganado la confianza de sus guardianes quienes no tendrán más opción que abatirle por la espalda. Sólo Gao Yang, el hijo de terratenientes y educado en la humillación constante, logrará sobrevivir.
El poeta ciego Zhang Kou recorre todo el relato con sus baladas en las que denuncia los atropellos de la clase dirigente y critica los excesos cometidos con los 93 detenidos por la revuelta del ajo. Su afán crítico le ocasionará asimismo la muerte.
Tiempo: La novela comienza con la detención de Gao Yang en su aldea. El motivo de la detención es haber participado en las revueltas de mayo de 1987. La historia avanzará hasta el año nuevo; en total, pues, el tiempo transcurrido es de unos 8 meses.
Sin embargo el novelista utiliza constantemente la técnica del flash back retrotrayéndonos a la época de la Revolución Cultural iniciada en 1966 llegando incluso, en ocasiones, hasta el año 1960. Todos los personajes realizan estas rememoraciones desde el momento presente con lo que sus acciones y comportamientos quedan perfectamente dibujados y justificados.
Lugar: La China profunda de condiciones de vida miserables y que, paradójicamente, se denomina Condado Paraíso. En este lugar los funcionarios del Partido Comunista Chino se exceden en sus prerrogativas comportándose como auténticos irresponsables señores feudales. Así se observa en el adjunto Yang y sobre todo en el jefe local del partido Wang Jiaxiu quienes abusan desde siempre de aquellos –como Gao Yang- considerados sospechosos por sus orígenes anteriores a la revolución.
Personajes: Los principales ya han sido nombrados. Como se ve es un número escaso y de caracteres muy estereotipados, si bien se percibe en ellos un cierto –aunque escaso- desarrollo caracteriológico. Así, el nombre del personaje principal Gao Yang, único capaz de sobrevivir en esa sociedad anuladora, significa “Oveja” Gao, mientras que el indómito Gao Ma significa “Caballo” Gao; finalmente la bella Fang Jinju significa “Crisantemo Dorado” Fang. El resto de personajes no se apartan un ápice de su estereotipo: Zhang Kou, el poeta denunciador de las injusticias; los hermanos Fang, machistas y tradicionalistas; adjunto Yang, arribista local siempre del lado de los poderosos; secretario Wang, jefe local del partido detentador de prerrogativas inconcebibles en la actualidad por lo que al final del relato será desposeído de su cargo lo que demostrará que el Sistema no es imperfecto pese a ciertos comportamientos desviados (juó, juó…); y algunos más sin importancia.
Quizás sea esta justificación in extremis de la bondad del Sistema lo que haya suscitado protestas en ciertos sectores ante la concesión del Nobel a Mo Yan. Véase si no el siguiente ejemplo:
-¿De verdad odias tanto el socialismo? –preguntó el policía.
-Lo que odio no es el socialismo, sino a vosotros. Para vosotros el socialismo no es más que una etiqueta, pero para mí es una formación social concreta, y no algo abstracto. Está encarnada en la posesión pública de los medios de producción y en un sistema de distribución. Desgraciadamente, también está encarnada en oficiales corruptos como vosotros. ¿Acaso no es cierto? –preguntó Gao Ma.  (pág. 411, cap. 17, I)

Estilo: Sin lugar a dudas lo que más me ha satisfecho de la novela es la libertad con que el autor:
ü  Transita de un tiempo a otro (ruptura de la linealidad discursiva):
-Venga, vamos a ver quién es capaz de beberse su propia orina -anunció Wang Tai, un estudiante de sexto curso de la escuela elemental de la aldea Gaotong, situada  en el municipio Zanja del Árbol, mientras se encontraba en los aseos. Era el verano de 1960 y Wang Tai, cuyo padre era el líder del Equipo de Producción Número 2 de Gaotong, pertenecía a una familia  de pobres campesinos. (pág. 167, cap. 7, II,)

El prisionero anciano recogió el bollo del charco de orina de Gao Yang y lo apretó con las dos manos, emitiendo un sonido burbujeante mientras la pegajosa orina se derramaba a través de sus mugrientos y nudosos dedos. Después de haberlo escurrido para que se secara, se frotó las manos en los pantalones, arrancó un pedazo y se lo introdujo en la boca.  (pág. 170, cap. 7, II)

ü  Pasa de un narrador a otro (perspectivismo):
Siguió dócilmente a Gao Ma mientras ascendía las escaleras y se colocó detrás de él en el mugriento suelo de baldosas, lanzando al final un suspiro de alivio. Los vendedores, que ahora guardaban silencio, empezaban a dormirse. Probablemente no fuera más que mi imaginación, se reconfortó. No veían nada que se saliera de lo ordinario. Pero entonces, una anciana agotada y desaliñada salió del edificio y, con los ojos llenos de odio, miró hacia Jinju, cuyo corazón se estremeció en la cavidad de su pecho. La anciana siguió avanzando, buscó  un rincón apartado, se bajó los pantalones y orinó en el suelo.  (pág. 190, cap. 8, III)

ü  Cambia de un estilo colorista y sensual a otro apagado y escatológico:
Los trinos de los pájaros anunciaron la llegada del amanecer. Las gotas de perla del rocío cuyas verdes hojas del yute que, una vez recuperada toda su energía apuntaban directamente hacia el cielo. Los tallos -de color rojo intenso  que de vez en cuando se tornaba amarillo claro- permanecían erguidos e imponentes. El sol de la mañana enviaba sus rayos rojos hacia la tierra hasta iluminar el rostro de Gao Ma. Era un rostro enjuto, aunque claro y despierto. Un brillo irrefrenable de felicidad centelleaba en sus ojos. En ese momento, supo que Jinju ya no podría apartarse de él ni siquiera un minuto. Su fuerza le atraía hacia él como si fuera un imán, hasta el punto de que los ojos de Jinju  seguían todos sus movimientos. Los recuerdos de la noche que acababan de pasar hacían que su corazón latiera con fuerza y que la sangre se precipitara sobre su rostro. Una vez más, Jinju se arrojó a sus brazos, incapaz de controlar sus emociones, mordisqueándole el cuello. Tragó con avidez su propia saliva, mezclada con la mugre salada y sudorosa de su amado. Cuando le mordió en la arteria carótida  sintió su poderoso palpitar, una sensación que la transportaba a un mundo de encantamiento y de maravillas, donde perdía el control sobre sí misma. Jinju le mordió, le chupó, acarició la piel con sus labios y, mientras lo hacía, sintió cómo sus órganos internos se abrían como si fueran flores nuevas.  (págs. 143-144, cap. 6, IV)

ü  Pasa del tradicionalismo cultural chino representado en ciertas frases proverbiales a la brutalidad provocada por la transculturación a la que China está sometida en la actualidad:
Nunca acabes un buen alimento de un solo bocado, ni cuentes una buena historia de un tirón. (pág. 410, cap. 17, I)

-¿A dónde van las chicas? ¿A la ciudad? Los chicos de la ciudad no están interesados en las chicas del campo. Es todo un dilema. Pensemos en un buey o un caballo: cuando llega el momento de levantar la cola y parir a un joven, si es una hembra todo el mundo salta de alegría; pero si es un macho, no se ven más que caras largas. Sin embargo, con las personas sucede todo lo contrario. La alegría se produce cuando nace un varón, pero el nacimiento de una mujer todo el mundo lo recibe con el gesto torcido. Y luego, cuando el chico crece y no es capaz de encontrar a una esposa, vuelven a aparecer las caras largas.  (pág. 437, cap. 18, III).

Final:  “Las baladas del ajo” fue escrita por Mo Yan el año 1989, si bien en España apareció publicada casi 20 años más tarde, en 2008. Y lo hizo en la editorial Kalias en traducción de Carlos Osses.