27 may 2020

Fernando Benzo: "Nunca fuimos héroes"

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Gabo recuerda aquello que solía decir el Dandy. No son monstruos con cuernos y rabo. Son personas. También se acatarran y les hace reír una película tonta. El Dandy no lo decía para defenderlos. Todo lo contrario. No permitáis que eso os lleve a confusión, les advertía. Matan, secuestran, destruyen. Pero son personas.” (en cap. 14)

Fernando Benzo, Nunca fuimos héroes, editorial Planeta
A Fernando Benzo lo descubrí por casualidad hará poco más de un año en un programa radiofónico en el que hablaba de su novela "Las cenizas de la inocencia", novela que, a raíz de esto, leí y me agradó en extremo [hice reseña de la misma en mi blog]. Al finalizar tan grata lectura me puse a indagar sobre él y apunté algunos de sus títulos que busqué por Internet. Encontré y adquirí en Amazon uno de ellos, "Los náufragos de la Plaza Mayor", una distopía que presentaba un Madrid cuyos habitantes se habían volatilizado, y que también reseñé en este blog. Desde luego, en marzo del año pasado cuando la leí para nada pensaba que un Madrid desierto, sin nadie que discurriese por sus avenidas y calles se haría realidad justamente un año después. Tras leerla me desinflé un poquito pues en calidad "Los náufragos..." está muy por debajo de "Las cenizas..." y busqué lecturas de otros escritores.

Hace cosa de dos o tres meses empecé a ver reseñas positivas por los blogs literarios que frecuento de "Nunca fuimos héroes". Tomé nota del título y me propuse leerlo. Por fin llegó el momento y he de decir, así, sin más, nada más empezar, que me ha gustado, me ha entretenido, me ha ilustrado, me ha enseñado..., en definitiva, he disfrutado mucho con esta última novela de Fernando Benzo.

Gabo, comisario de policía retirado, recibe un día una llamada de su antiguo compañero Sixto Almada, ahora Comisario Jefe de la Comisaría a la que el expolicía es conducido tras haberle partido la cara a un ruso sobón que molestaba a su amiga Dolores. Sixto le avisa de que su fijación desde hace ya 30 años, un terrorista de ETA llamado Harri, ha sido detectado en Madrid. Dada la animadversión que desde siempre Gabo ha tenido a este individuo, Almada le insta a ocuparse de él vigilándole a fin de conocer las intenciones que alberga. Gabo es renuente a la petición arguyendo que él ya está retirado, pero Sixto, buen conocedor del comportamiento humano, deja a su alcance el dossier del antiguo etarra, sabedor de que Gabo no podrá resistir la tentación de cobrarse la deuda, viva desde hace décadas, que mantiene con él.

Gabo se hace el encontradizo con Harri en una sala de billares donde éste mata las horas muertas algunas tardes. Aunque al principio se ignoran mutuamente pronto estos dos solitarios comienzan a jugar partidas y a contarse sus vidas, inventadas o no. Dado que quienes habían detectado la presencia de Harri en Madrid habían sido los de estupefacientes una inspectora de esta Unidad de nombre Estela contacta con Gabo y le propone trabajar  juntos, a lo que el poco empático de Gabo en principio se negará aunque poco a poco y por necesidad, si es que quiere vigilar de verdad al exetarra, accederá.

En esencia esta es la línea argumental de la narración en la que se van intercalando los recuerdos de las épocas profesionales vividas por el comisario retirado desde el lejano tiempo en que un joven Gabo tras salir de la Academia de Policía de la calle Miguel Ángel de Madrid es destinado junto a su compañero Sixto Aldama al País Vasco donde la banda ETA se está haciendo notar con atentados, secuestros y extorsiones. Allí, en San Sebastián vive en un piso franco con otros compañeros que le marcarán profundamente y que siempre tendrá en su memoria: Cata, Javi y el Dandy. Cada uno de ellos con su personalidad, sus manías, sus orígenes a cuestas; particularidades que se manifiestan en sus gustos musicales, sus vicios, sus maneras, y que le sirven al autor para individualizar a cada uno de ellos.

El relato es contado por una tercera persona externa al mismo que lo hace de manera objetiva. En ocasiones este narrador da paso a una segunda persona generalizadora o impersonal que en su amplio campo significativo incluye también al propio personaje del que se está contando algo, en el ejemplo que pongo, Estela: "Era una mujer guapa que parecía empeñada en compensar cualquier posible atractivo con una férrea seriedad y una mirada fría con la que parecía estar advirtiendo de que estaba dispuesta a sacar la pistola y castrarte a la menor estupidez.” (en cap. 4). En general el estilo de escritura destaca por ser limpio, franco, claro, coloquial, fluido, directo… Un estilo caracterizado por la frase corta, a veces de una sola palabra. Una manera de comunicar que resulta muy agradable de leer y que alcanza altura 
Aquella noche hicieron el amor después de más de una semana compartiendo cama sin tocarse. Marina le pidió que lo hicieran sin pena. Y así lo hicieron. Como siempre. Con ansia, con dulzura, con hambre, con sabor a final, y con olor a para siempre. Y sin pena.” (en cap. 8)
Las vicisitudes del tiempo presente, que no se concreta con exactitud pero que sin lugar a dudas discurre en la segunda década de este siglo XXI, le hacen evocar al protagonista sucesos semejantes acaecidos en el pasado: los años de la Guerra Sucia contra ETA en el sur de Francia, las Conversaciones de Argel de 1989, la operación de Bidart en 1992, el secuestro y asesinato del concejal Miguel Angel Blanco en 1997... Estos avances y retrocesos rompiendo la línea temporal dotan al relato de una agilidad y una fluidez que atrapa al lector. 

ETA y la guerrilla colombiana, Drogas y ETA, Terrorismo y Narcotráfico
La relación guerrilla colombiana-ETA es evidente (Ag. EFE, 31/5/2019)
Es en cada una de estas evocaciones que sin caer nunca en lo prolijo Benzo hace entrar al relato en el terreno de lo histórico, de lo sucedido en verdad. Son evocaciones que para nada distraen del asunto ficticio principal, la investigación sobre Harri y sus extrañas conexiones en España con gerifaltes de la droga como Johnny 'el Argentino'Mario Claudio 'el Emperador', e islamistas como Youssef Dabdelkeir 'el Egipcio'. Esta ficción, la de la extraña ligazón entre un exetarra, unos traficantes de droga y el terrorismo yihadista es el núcleo fundamental de la novela. 

Ciertamente arriesgada operación en mi opinión es escribir sobre estos asuntos en España donde un brutal atentado islamista dio al traste con un más que cantado resultado electoral debido a la adscripción, equivocada o intencionada, a unos u otros autores. Este pensamiento constantemente me sobrevolaba durante la lectura pensando que el autor mostraría una definida inclinación por alguna de las tesis enfrentadas en ese momento y que incluso hoy reaparece en algunas ocasiones en el ambiente político. Pero no. Fernando Benzo conduce con mano diestra la narración y sabe evitar tan vidrioso asunto. ¿Cómo? Pues no lo voy a decir porque para eso está esta entretenida novela y el disfrute de descubrir lo que sucede según que se avanza en su lectura.

Salvado ese asunto tan próximo a nuestro momento sociopolítico actual, es en las opiniones que en la novela se vierten sobre los dos principales actores en liza durante esos terribles años de plomo -los terroristas de ETA y los funcionarios de la Policía del Estado-, donde se trasluce el pensamiento del escritor
  • Sobre la Guerra Sucia: “La sospecha perseguiría siempre a aquellos que se dedicaron a la lucha antiterrorista durante aquellos años. Costaba creer que aquello fuese un asunto encapsulado, al que se guiaban y se comían un grupo reducido de políticos y polis al margen de la organización policial.” (en cap. 10, al ser Gabo cuestionado por su participación o no en esas acciones)
  • Sobre la neutral visión del problema: “Nada podía justificar la furia colectiva de aquellas jaurías de jóvenes que dedicaban su tiempo libre a recorrer las calles destruyendo cuanto encontraban en su camino mientras reclamaban la vuelta a un mundo imaginario que consideraban que alguien en algún momento de la historia les había arrebatado.” (en cap. 2, al encontrarse el personaje en Donosti con una escena de kale borroka)
  • Sobre la distorsionada mente terrorista: “Estos tíos viven en una realidad paralela. Cuando mi nuevo amigo terrorista te habla de los problemas que ve en el País Vasco, te pinta un mundo imaginario en el que poco menos que tanques invasores patrullan las calles vigilando a una población cuya calidad de vida no es mucho mejor que en los antiguos guetos judíos, sometidos todos a unas fuerzas represoras del Estado que actúan con un ciego afán exterminador, sin miramientos jurídicos ni humanitarios.” (en cap. 11, comenta Santiso, uno de los interlocutores por parte del Estado en las conversaciones Argel)
Varios asuntos, además del general de la lucha contra ETA, se tocan en esta más que interesante novela. Quizás el principal sea el de la culpa, un sentimiento que acompaña a Gabo desde que vio morir en esa guerra a más de un compañero y sacrificarse a más de una compañera: Cata y Marina son el contrapunto a Estela en los modos de actuación y entrega a la causa, siendo las tres buenas profesionales policiales aunque en tiempos diferentes y con valores de entrega también muy distintos; justamente lo que va de la España de los primeros años 80 a la de hoy día. Muy unido al sentimiento de culpa esta el asunto de la lealtad: 
¿La lealtad? Una minucia como sentimiento, comparada con la culpa. Ese sí que es de los que marcan toda una vida. Uno puede llegar a librarse de la lealtad. Puede ignorarla, traicionarla, reemplazar una por otra, cambiar su objeto y su motivación. Pero la culpa no, la culpa es inamovible.” (en cap. 6)
El tema de los tiempos distintos, de lo que va del ayer al hoy, hace que tenga también mucho interés el asunto de los límites morales, éticos, políticos, en la lucha contraterrorista, más garantista hoy día que lo fuera en el pasado.

Mitos y leyendas vascas, Euskalerria, Olontzero
Julie Vicario-Weber (Cc)
Fuera de lo estrictamente político me ha interesado mucho en este relato las alusiones a la cultura vasca en un sentido claramente valorativo de la misma. Están referidas fundamentalmente al mundo rural como las leyendas sobre la bruja Tontorgorri, el toro rojo Zezengorri, la diosa Mari, el cura y cazador errante Mateo Txistu, el señor de la noche Gaueko, las ‘lamias' (sirenas),  los ‘jentilak' (primeros pobladores de la tierra vasca), el Olentzero:  el único gentil (jentilak) que quedó del exterminio que de ellos hicieron los cristianos. Otras veces lo que aparece son términos euskeras referidos al ámbito familiar y doméstico como 'aita' (padre), 'ama' (madre), 'amona' (abuela), ‘jatorra' (simpático), ‘ximelgorris' (diablos)... Y también, si bien en esta ocasión con un sentido muy crítico, aparecen términos que pretenden crear falsos ideales revolucionarios, un pensamiento mítico-político construido siempre en la constante idea del "ellos" y "nosotros" propia de los nacionalismos irredentos: son vocablos como ‘zutabes' (boletines que la banda distribuía entre los seguidores justificando la acción realizada); ‘talde' (grupo reducido de apoyo a un comando terrorista), ‘muga' (frontera), ‘mugalari' (colaborador de ETA que ayudaba a pasar clandestinamente la frontera), ‘gudari' (soldado vasco), ‘txacurra' (perro. Aplicado a los policías)...

Junto a las referencias a la cultura vasca en "Nunca fuimos héroes" Fernando Benzo deja muestras de su extensa cultura fundamentalmente referida al mundo de la Música y del Cine. Referido a la música he confeccionado una playlist con algunos de los temas que se citan. El mismo Fernando Benzo realizó en "Las cenizas de la inocencia" la playlist de canciones que en ella aparecen; no la he visto en esta ocasión y por ello me he permitido realizarla. Es ésta que coloco a continuación:



Respecto al Cine, otra de las aficiones confesadas del novelista madrileño, muchas imágenes o símiles utilizan a este arte o a alguno de sus personajes o intérpretes como elemento real de comparación. Así por ejemplo la conversación mantenida entre Gabo y el coronel de la Guardia Civil Varela sobre la droga y ETA además de muy interesante contiene en su decurso alusiones y referencias a películas muy conocidas (“El silencio de los corderos" al utilizar metafóricamente el nombre de Hanibal Lecter; “Psicosis” al nombrar a Norman Bates; “El exorcista" al evocar ese giro de cuello inolvidable; etc.). Otra muestra de este culturalismo cinematográfico puede observarse en los símiles que realiza entre la pareja de interrogadores policiales formada por el Dandy y el jefe Toni Pazos y parejas célebres del cinematógrafo (el Gordo y el Flaco,; Spencer Tracy y Katherine Hepburn; o Fred Astaire y Ginger Rogers)

Para finalizar
Pensaba, mientras leía con avidez esta novela, en lo mucho que, en cierto sentido, me recordaba a "Patria" de Fernando Aramburu [leer reseña aquí] por eso de haber convertido en materia de ficción a la banda ETA. Efectivamente ésta puede ser una clara semejanza entre ambas, si bien las diferencias son muchas, entre otras que mientras en Aramburu estamos dentro del propio pueblo vasco que vive la escisión entre etarras y no etarras, la novela de Benzo enfoca el conflicto desde la perspectiva de los policías destinados en el Norte. Se percibe aquí que la interrelación con los locales es pequeña, tan sólo algún ligue ocasional del Dandy o la visita del grupo de policías a algún bar a tomar copas y poco más. Por otra parte también podría considerarse la vida de Harri exiliado en Argelia, en Santo Domingo o en Colombia como la novelización de la vida de algunos etarras cuando acabó para ellos la acción directa, algo que en "Patria" no se aborda.

Evidentemente las diferencias referidas a estilo, intencionalidad, asuntos tocados, etc. son evidentes como corresponde a dos novelistas distintos en formación, en origen, en profesión..., o sea, prácticamente, diferentes en todo. A este respecto cabe señalar que al final de la propia ficción en una Nota del Autor, Fernando Benzo alude a haber estado destinado profesionalmente, durante algún tiempo ya lejano, en el Ministerio del Interior donde conoció de primera mano este tema así como a muchas personas que se enfrentaban directamente a él. Nombra a Pedro Gómez de la Serna con quien coincidió en dicho Ministerio y con quien años después, en 2001 concretamente, decidió "escribir un libro que recorrería las vicisitudes de la lucha policial contra el terrorismo desde los comienzos de la banda hasta aquel momento". Dicho libro no vio la luz por acuerdo de ambos dada la petición de confidencialidad de algunas personas. Con honestidad más que sobrada Fernando confiesa haber tomado algunos episodios policiales recogidos en ese libro nonato con el debido permiso del coautor.


21 may 2020

"Lluvia fina" de Luis Landero

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Esta cayendo una lluvia menuda helada. Aurora se recoge en su abrigo y camina sin prisas hacia la parada del autobús. La calle está desierta. Sólo algunas siluetas apresuradas que se desvanecen enseguida entre las sombras. Alrededor, los reflejos de las farolas en el suelo mojado, las ráfagas ocasionales de los coches, la luz de las ventanas: la vaga irradiación nocturna de la ciudad.

Aurora reflexiona en el aula de su colegio donde se ha quedado, finalizada la jornada escolar, para corregir unos ejercicios de sus alumnos. Ante los dibujos inocentes de los niños piensa sobre la condición de "muro de las lamentaciones oficial" que cumple dentro de su familia. Ella es una amable mujer casada con Gabriel. Ambos son padres de Alicia, una niña con problemas de comunicación e interrelación de la que apenas nadie, salvo ella misma, Aurora, se ocupa y menos se preocupa. Esto, ser la escuchante de todos y no poder contar sus cosas a nadie la está sobrepasando.

Novela española actual, Técnica de la Citación
Gabriel es el menor de los tres hijos que tuvo el matrimonio formado por Gabriel y Sonia. De ellos es el único varón; las otras dos son niñas: Sonia, la mayor, y Andrea, la segunda. El padre, Gabriel, un hombre optimista y fantasioso, amado por todos sus hijos, murió siendo todos bastante pequeños; en este personaje cabe ver un homenaje o un guiño al Gran Faroni, protagonista de la primera novela de Luis Landero, "Juegos de la edad tardía". Representa Gabriel padre la alegría de vivir, la luz, la inventiva manifestada aquí en un retrato de un militar antiguo con entorchados que él dijo a sus hijos era el Gran Pentapolín en torno al cual fabulaba historias con las que embelesaba a los tres hermanos. La madre es todo lo contrario del fallecido: es una mujer tiránica, triste, oscura, que desconfía de los buenos momentos y que durante toda su vida sólo se ha dedicado a su trabajo de practicante que combinó el enviudar con un negocio de mercería para sacar la familia adelante. Dado su autoritarismo será a ella a la que carguen sus hijos todas sus frustraciones.

Junto a los tres hermanos están las parejas con las que comparten toda o parte de su vida; todos ellos esconden rarezas y arrastran fracasos y desilusiones: Horacio, divorciado de la hija mayor, Sonia, con la que tiene dos niñas, Ana y Azucena, se casó con ella más por influencia de la madre que por deseo de ella; Andrea, la reina de los traumas, achaca toda su infelicidad a los demás: a su madre porque -decía- la abandonó cuando sólo tenía dos o tres años, a Sonia porque Horacio -repetía siempre- tenía que haberse casado con ella, a Gabriel porque es un egoísta infantil que jamás se preocupó de nadie; de Gabriel, que parece el más equilibrado, conoceremos por boca de Aurora sus extravagancias y dobleces... Esta familia, pues, es una auténtica fauna.

Me ha gustado mucho la manera como está escrita la novela. He leído por ahí que lo importante en literatura es lograr que el escrito fluya, que el lector se sienta confortable durante la lectura, que no encuentre dificultades insalvables. Esto, naturalmente, no equivale a escribir puerilidades o asuntos deliberadamente comprensibles para lectores de bajo nivel intelectual; paradójicamente los autores que así piensan suelen fabricar auténticos bodrios, ladrillos ilegibles e infumables que se caen de las manos por culpa de tanto recurso narrativo novedoso acumulado muchas veces sin venir a cuento y en un desorden tremendo.

No. Landero, en esta novela, se maneja con la llaneza de los maestros, aquellos que manejan el material que tienen entre manos con tal habilidad que saben construir venciendo las dificultades y logran mostrar un resultado aparentemente fácil y sencillo. ¡Ay, la dificultad de la claridad! Por eso esta novela me ha gustado, porque revela la presencia en su arquitectura de un auténtico maestro de las letras.

Es una novela construida prácticamente toda ella a través del sistema de la citación. Quiero decir que no hay un narrador único, -testigo, objetivo u omnisciente-, que cuente toda la historia, sino que es a través de ese muro que es Aurora que nos vamos enterando de la realidad, de manera incompleta y con perspectivas diversas según quién sea en cada momento su comunicador. A través del estilo directo escuchamos a los personajes contarle a Aurora. Es estilo directo porque lo narrado por cada uno de ellos es reproducción exacta de lo acaecido: A veces, con frecuencia, dado que todo ya ha sucedido, se mezcla lo que se está diciendo con una anterior citación de otro personaje que enjuicia, introduce su punto de vista, contradice..., pero todo siempre en el momento en que es contado a Aurora. Ella misma también referirá su experiencia con Gabriel, su marido. Y lo hace en primera persona abandonando el estilo de la citación o mezclando en estilo directo la conversación mantenida con él con otra u otras conversaciones mantenidas por otros personajes y que en el instante mismo de la rememoración le están siendo contadas a Aurora. En fin, es una compleja y muy trabajada novela cuya narratividad supone una verdadera vuelta de tuerca, una mîse en abyme ('abismación', se dice en castellano) que provoca una metaliteraturización del relato que estamos leyendo. Ya en la primera página de la historia aparece una reflexión de Aurora (en el fondo una especie de anticipación) sobre lo que nos disponemos a leer: un relato de relatos
"Ahora ya sabe con certeza que los relatos no son inocentes, no del todo inocentes. Quizá tampoco lo sean las conversaciones de diario, los descuidos y equívocos verbales o el hablar por hablar. Quizá ni siquiera lo que se habla en sueños sea del todo inocente. Hay algo en las palabras que, ya de por sí, entraña un riesgo, una amenaza, y no es verdad que el viento se las lleve tan fácilmente como dicen."
Pero, insisto, pese a la dificultad del procedimiento, Luis Landero consigue que la historia fluya, que estemos a gusto leyéndola. Esto, creo yo, está al alcance de pocos autores.

Todo sucede en el escaso tiempo que va del final de las clases de la tarde en la escuela donde trabaja
"Está empezando a atardecer, y hace ya rato que se fueron los niños."                                al momento en que  "una voz la devuelve de golpe a la realidad: «Doña Aurora, que son ya las ocho», dice el bedel desde la puerta apenas entreabierta. ¡Las ocho ya! ¡Qué tarde se ha hecho! Aurora recoge sus cosas, se pone el abrigo, y al accionar el móvil descubre con sorpresa que está apagado". 
O sea, en tiempo real,  unas cuatro horas aproximadamente durante las que ella ha estado recordando las confesiones que unos y otros le han hecho quejándose todos de todos. Esas quejas, esa multiplicidad de voces que durante veinte años, desde que llegó a esa familia, ha escuchado con paciencia infinita han ido calando en ella como esa lluvia fina que al salir del colegio encuentra en la calle y que la conduce hacia el inexorable futuro.

El autor nos va descubriendo la personalidad de cada personaje en el discurrir de las conversaciones que entre sí mantienen a propósito de una fiesta que a Gabriel se le ha ocurrido dar para celebrar el 80 cumpleaños de la madre, mujer cuyo difícil carácter ha hecho que la familia lleve muchos años sin reunirse. Es, piensa Gabriel, una buena disculpa para retomar el contacto. Comienzan entonces las llamadas telefónicas de Gabriel a Sonia, de Sonia a Andrea, de Gabriel a Andrea... y a su vez en un segundo nivel las de cada uno de ellos a la buena de Aurora comentándole los agravios intuidos o recibidos en los respectivos diálogos. Lo interesantísimo para mí es que Landero muestra la psicología de estos seres no a través de descripciones estáticas sino todo lo contrario: vemos y sabemos cómo es cada uno de ellos al verlos actuar en las retrospecciones que van relatándole a Aurora a fin de que ésta se haga mejor idea del porqué de las quejas de cada cual. Esto, insisto, no es fácil, y el escritor, pacense de nacimiento y origen familiar pero madrileño de adopción como tantos otros españoles que arribaron a la capital en los años sesenta, lo lleva a cabo con soltura, eficiencia y elegancia.

No cabe decir mucho más de esta historia que en el fondo muestra la cotidianeidad de un pequeño grupo familiar en el que hay de todo, pese a que vistos desde fuera y sin profundizar nada sería una familia normal más. Algo que es verdad porque con frecuencia la normalidad es esto que nos encontramos aquí: madres posesivas y distantes, padres amables e imaginativos, mujeres que se creen perseguidas por todos desde siempre, otras que deben reconducir su vida tras una primera equivocación provocada por interferencia materna, un hombre soñador e incapaz de ponerse en serio a nada, y una mujer que no soporta por más tiempo ser recipiente donde los demás arrojan sus neuras y se van tan oreados sin preocuparles el estado en que ella queda. ¿Es esto una familia normal y feliz? Decía Lev Tolstoi al inicio de su novela "Ana Karenina" que «Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera». ¿Sí? Bueno, no sé, dejando al ruso a un lado hay que leer esta novela para tomar postura y decidir si estamos ante un grupo familiar feliz o infeliz, e incluso si en cualquier caso se podría hablar de normalidad.

En torno a Luis Landero
"Lluvia fina",
De Luis Landero (Alburquerque, Badajoz, 1948) he leído unos cuantos libros aunque curiosamente ésta es la primera novela de ficción que reseño. Es un escritor que se dio a conocer como novelista en 1989 con "Juegos de la edad tardía" que fue toda una sorpresa en el panorama literario español de ese año. La novela recibió el Premio de la Crítica y el Nacional en 1990, y él mismo fue distinguido con el Premio Icaro para nuevos creadores por esta novela que le permitió dedicarse de manera más profesional a la literatura. No obstante compatibilizó hasta su jubilación la escritura con la docencia, primero en el Instituto Calderón de la Barca de Madrid, luego en la Escuela de Arte Dramático, también en la Universidad Complutense de Madrid como Profesor Ayudante e incluso ha sido profesor invitado en la Universidad de Yale.

Por profesión y ciudad de ejercicio comunes siempre le he seguido la pista y a mis alumnos constantemente les he animado a participar en el Certamen Literario de Narraciones Cortas Luis Landero, que se convoca a nivel internacional para todos los alumnos de secundaria de los países hispanoparlantes. 

Además del primero y del último de sus libros he tenido el gustazo de leer otros títulos suyos: "Caballeros de fortuna" (1994), "El mágico aprendiz" (1998), y su autobiografía, "El balcón en invierno" (2014), que ahora mismo recuerde. Esta novela memorialista sí que la tengo reseñada en este blog. Invito a quien desee saber más sobre las ideas y vivencias del autor a leer la novela y antes, si así lo desea, mi reseña en la que después de cinco años de haberla publicado al volver a ella creo que contiene informaciones interesantes. Os dejo el enlace aquí.

16 may 2020

Philip Roth, 'El animal moribundo'. 'Elegy', Isabel Coixet (A pares VIII)

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"El paso del tiempo. Estamos nadando, sumergidos en el tiempo, hasta que al final nos ahogamos y desaparecemos. […] El cuento de hadas más encantador de la infancia es el de que todo sucede en orden. Tus abuelos se van mucho antes que tus padres y éstos mucho antes que tú. Si tienes suerte, las cosas pueden salirte así." (p.100)

El animal moribundo, Philip Roth, Yeats, Navegando hacia Bizancio
Philip Roth publicó esta novela corta, "El animal moribundo", el año 2001. En ella el personaje narrador, David Kepesh, a sus 70 años ya atisba el final de su vida. Lo ve y lo intuye en que a su alrededor hay personas de su edad e incluso mucho más jóvenes que ya han desaparecido. ¿Es posible que todo lo que me mantiene vivo se pueda desvanecer?, se pregunta. Unos versos de William Buttler Yeats extraídos del poema titulado "Navegando hacia Bizancio" [al final de esta entrada ofrezco completo el bello poema de W. B. Yeats] sirven al autor para titular la novela. El poema de Yeats alude a la desazón que asola al ser humano que aún ebrio de deseo toma conciencia del tiempo que le queda y el hecho mismo lo desazona. Todo el poema de Yeats es hermoso en su hedonismo y también en su estoicismo. Destaco aquí algunas palabras extraídas de estos versos que son clave para entender esta novela de Philip Roth:

Ese no es país para viejos. El joven
/ ... /
Todo lo que se engendra, nace y muere,
/ ... /
Un hombre de edad no es más que una cosa miserable
/ ... /
Consume mi corazón lejos; enfermo de deseo
Y atado a un animal moribundo

/ ... /

David Kepesh, profesor emérito de Crítica Práctica, desde su retiro reflexiona y conversa consigo mismo en un soliloquio retrospectivo o, como dicen estudiosos de su obra, en un «dialogo interiorizado» entre el 'yo' locutor y el 'yo' receptor. Durante gran parte de la lectura me preguntaba a mí mismo quién era la persona con la que Kepesh hablaba. Pensaba naturalmente que era él mismo en esa manera que tienen algunas personas de edad de pensar verbalizando e incluso emitiendo sonidos; pero en otros momentos las dudas me invadían porque hay en esta historia, acaecida ocho años atrás que ahora está recordando, instantes en los que ese 'tú' parecía corresponder a su gran amigo, personaje presente en el relato, el poeta George O'Hearn; sin embargo según avanzaba la novela hube de descartarlo; y así me pasó también con Carolyn Lyons, antigua alumna suya con la que mantuvo relaciones hacía ya casi 30 años y que ahora ha encontrado casualmente en la calle. No, verdaderamente este hombre mayor, este seductor y conquistador inveterado, este animal moribundo, está sólo consigo mismo. Es la novela un puro ejercicio autorreflexivo, un soliloquio, en el que David Kepesh podría argumentar, como decía Antonio Machado, eso de dialogo con el hombre que siempre va conmigo; e ignoro aunque no lo excluyo, habiendo leído completo el poema de Yeats que lo inspira, que como el sevillano ilustre esté en la idea de que quien habla solo, espera hablar a Dios un día.

Coprotagonista de la historia relatada junto a este profesor que mantiene muy vivo su apetito sexual está la norteamericana de origen cubano Consuelo Castillo, bellísima alumna del Seminario que sobre Crítica Práctica imparte durante un cuatrimestre Mr. Kepesh. Este profesor es muy consciente del enorme atractivo que desde siempre ha tenido para las mujeres como lo demuestra la enorme proporción de éstas que se apuntan a su Curso
En el seminario de Crítica Práctica participan unos veinte alumnos, a veces hasta veinticinco, por lo que habrá quince o dieciséis chicas y cinco o seis chicos, de los que dos o tres son heterosexuales.
Consuelo debiera de haber sido simplemente una más de esas alumnas que el afamado profesor desde un primer momento sabe o intuye será presa suya. Precavido y escarmentado, jamás mientras duran las clases tiende sus redes. Es al finalizar las mismas, una vez que ya nada sospechoso de acoso sexual o abuso de poder pueda enturbiar la posible relación que David Kepesh procura tener una aventura sexual con alguna de ellas. El  interés que emana de su figura de hombre mayor con enorme cultura, unido al prestigio social derivado de ser autor de crítica de libros en la NPR (Radio Pública Nacional) y contertulio en el programa cultural de un canal televisivo en el que habla sobre temas diversos de manera amena, clara y relajada, le permite abordar a las chicas que le interesan. En esta ocasión Consuelo Castillo va a ser un asunto distinto.

Año y medio dura la relación intensa y muy sexual mantenida entre ambos. En el transcurso de la misma vamos conociendo la vida de esta cubana nacida en Norteamérica, hija de cubanos ricos que emigraron con la llegada de Castro al poder en la isla. Todo este asunto de Cuba y la difícil relación con USA así como la liberalidad y entrega sexual de Consuelo a cuanto desea David lleva al narrador a contarnos aspectos de su propia vida. Él se casó muy temprano y de esa relación nació un hijo, Kenny, que en el momento de escritura tiene 42 años. Padre e hijo son totalmente distintos en todo, así mientras David rechaza el matrimonio y sólo desea tener relaciones sexuales con mujeres diversas, Kenny es monógamo y entiende que los sentimientos son muy importantes en cualquier relación.

Es interesante observar cómo David Kepesh achaca lo acaecido en su vida personal a los sucesos ciertamente revolucionarios ocurridos en el mundo durante los años 60 y los primeros 70. La disponibilidad sexual que para los hombres supuso que las mujeres controlasen su maternidad fue lo que a él le llevó al divorcio pues habiendo tantas mujeres ahí afuera por qué contentarse con una, le dice a su amigo O'Hearn
Las Zonas Residenciales. La Píldora. La Píldora que dio la igualdad a la mujer. La Música. Little Richard que lo impulsó todo. El Backbeat Pélvico. El Coche. Los chicos ahí afuera, dando vueltas en el Coche. La Prosperidad. La ida y vuelta cotidianas, de casa a la oficina y viceversa. El Divorcio. Mucho entretenimiento de adultos. La Hierba. La Droga. El doctor Spock. (pág. 30)
A todo esto habría que añadir en el caso concreto de Estados Unidos la revuelta política contra la Guerra de Vietnam que aunó en la lucha a los jóvenes de ambos sexos, y a éstos a su vez con las generaciones mayores que así se adhirieron también a la revuelta sexual. La vida, el sentirse vivo, se centraba (se centra para David en el momento presente) en el sexo. El sexo como medio para combatir la Muerte: El sexo no es sólo fricción y diversión superficial. El sexo es también la venganza contra la muerte. No te olvides de la muerte. No la olvides jamás. (p. 48). Es decir que si tienes sexo es que aún estás vivo. Si eres atractivo para las mujeres jóvenes es que aún estás vivo. Si cuando te reencuentras con una mujer con la que mantuviste relaciones y pasadas unas décadas las retomas de manera satisfactoria para ambos es que aún estás vivo... Todo esto es lo que piensan y les sirve de justificación a David y a su gran amigo George O'Hearn a propósito del comportamiento de ambos.
sexo hombre mayor con mujer joven, Isabel Coixet, 'Elegy', Philip Roth

El poeta irlandés O'Hearn le advierte a David Kepesh del enorme peligro que corre con esa mujer bellísima que es Consuelo Castillo dado que el narrador entra en desazón cuando ella no está o cuando él piensa que estará con chicos de su edad. En definitiva, está celoso. Por esto su amigo poeta le advierte
Has violado la ley de la distancia estética. Has imbuido de sentimiento la experiencia estética con esta chica... la has personalizado, la has sentimentalizado, y has dejado de percibir la separación esencial para tu goce.
Ambos amigos son intelectuales admiradores de la belleza y del arte y piensan que para gozar debidamente de la obra artística siempre hay que mantener una distancia. De no hacerlo así se corre el riesgo de ser fagocitado por la enorme belleza del objeto y perder el necesario juicio crítico. Pero Consuelo no es sólo un objeto bello y David lo va a ir percibiendo especialmente cuando de un modo muy diferente en la forma pero igual en las consecuencias ella se aproxima a la condición de animal moribundo que sólo él creía poseer.

La novela está escrita con ese estilo típico de Roth: directo, sin amilanarse ante la situación por dura que ésta sea, utilizando en ella las palabras exactas sin preocuparle nada que esto pueda incomodar al lector bien pensante, algo que cuando el asunto que se toca es el del sexo o el de la muerte es fácil que ocurra en algunas descripciones absolutamente explícitas de esos momentos. 

En el diálogo que David Kepesh realiza con esa segunda persona que es él mismo, en una especie de soliloquio o monólogo interior propio de las reflexiones, son varios los asuntos que van apareciendo perfectamente engarzados con el tema fundamental que es, inexorable, el paso del tiempo (El paso del tiempo. Estamos nadando, sumergidos en el tiempo, hasta que al final nos ahogamos y desaparecemos). Luego ya va mostrando otros como el de la muerte presente en todo el texto pero específicamente singularizada en la de su amigo George (George tenía la boca ladeada, abierta, esa boca de los moribundos) que por su dureza y extremado realismo no quiero mostrar en esta reseña. 

Junto a estos dos temas esenciales aparece el del choque entre ideologías como la de los cubanos conservadores (leen El Diario y el Bergen Record, aman a Reagan, aman a Bush, odian a Kennedy, ricos cubanos de Nueva Jersey) a los que pertenece Consuelo y la de los intelectuales progresistas con los que se identifica el profesor. Un profesor ya mayor que hoy día sería objeto de crítica cuando no de persecución por su pensamiento y comportamiento con las mujeres así como por sus opiniones respecto al colectivo gay que él considera conservador en grado sumo:
  • Respecto de las mujeres
    • El azaroso impulso masculino, la iniciativa masculina, no era una acción ilícita que requiriese denuncia y sentencia, sino una señal sexual a la que uno reacciona o no. ¿Controlar el impulso masculino e informar sobre él? No las habían educado en ese sistema ideológico. (p. 42)
  • Respecto del colectivo gay
    • ahora hasta los gays quieren casarse. Y hacerlo por la Iglesia, con doscientos o trescientos testigos, y esperar a ver qué resulta del deseo que los llevó a ser gays en primer lugar. Esperaba más de esa gente (p. 46) 
    • Los gays son militantes: quieren el matrimonio y quieren abiertamente enrolarse en el ejército y ser aceptados. Las dos instituciones a las que yo odiaba. (p. 47)
Para finalizar quiero señalar un asunto que es importante y de gran trascendencia en el colectivo de intelectuales estadounidense. Si a este dato -intelectuales- se le añade también el de judíos se entenderá bien claro el interés que en la sociedad americana tiene ese choque entre iniciados en el mundo del arte y de la cultura en todos sus ámbitos y el común de los mortales, o sea, el resto. Estos intelectuales se consideran élite y si además como Philip Roth son judíos su sensación de pertenencia al grupo de seres humanos elegidos es aún mayor. Así me ha parecido verlo reflejado en este David Kepesh respecto a su relación con ese bellezón que es Consuelo Castillo que procedente de una rica familia cubana él considera algo vulgar. Así mientras que él prefiere tocar música al piano, ella se molesta con él por no haber asistido a su fiesta de graduación:
Tocaba las sonatas de Mozart. Tocaba la música para piano de Bach. La tocaba, estaba familiarizado con ella, lo cual es distinto a tocarla bien. Tocaba piezas isabelinas de Byrd y compositores por el estilo. Tocaba a Purcell. Tocaba a Scarlatti. Tengo todas las sonatas de Scarlatti, las quinientas cincuenta en su totalidad (p. 64) 
Su inmensa cultura musical unida a la literaria sirve para marcar su enorme distancia con Consuelo. Distancia que creo ver reflejada en esta frase irónica, sarcástica, muy en la línea de otro gran intelectual judío dotado de un agudo y cínico sentido del humor como es Woody Allen 
¿Una chica que se quita el tampón delante de mí y luego, porque no he ido a su fiesta de graduación, rompe conmigo? (p. 64) 
Una novela, en definitiva, que muestra la lucha interna entre la autonomía o la sujeción en un ser ya pasado de época. Un hombre que quizás equivocadamente piensa que el sexo es una vacuna frente a la muerte o al menos un paliativo del destino inexorable. En el diálogo que mantiene consigo mismo respecto a su relación con Consuelo se dice No me interpretes mal. No es que, gracias a Consuelo, puedas engañarte y creer que tienes una última oportunidad de recuperar tu juventud. Y prosigue, advirtiéndose con una alucinante claridad de mente que Lejos de sentirte joven notas el patetismo de su futuro ilimitado en contraposición con el tuyo, que es limitado, percibes incluso con más intensidad que de ordinario el patetismo de los dones naturales que has perdido.

Un texto profundo, enorme, muy bien escrito, lúcido, independiente, libre, sin atadura alguna a un comportamiento políticamente correcto. En definitiva, Philip Roth (Newark, New Jersey, 1933 - Nueva York, 2018) escritor que se quedó sin Premio Nobel quizás por su tremenda independencia y que aquí en España reconocimos su Obra y categoría con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras el año 2012. Un escritor imprescindible. Un clásico contemporáneo.


"Elegy" de Isabel Coixet
Berlinale 2008, Penélope Cruz, Ben Kingsley, WB Yeats, Philip Roth
Muchas novelas de Philip Roth conocen adaptación cinematográfica y la mayoría de ellas son de mi agrado. Recuerdo ahora la adaptación de "El lamento de Portnoy" dirigida en 1972 por Ernest Lehman, "La mancha humana" que siempre que la veo me encanta dirigida en 2003 por Robert Benton, o "Pastoral americana" que en 2016 dirigió y protagonizó Ewan McGregor junto a Jennifer Connelly y Dakota Fanning y de la que tengo reseña hecha en este blog. 

También "El animal moribundo" conoció versión cinematográfica el año 2008 protagonizada por Penélope Cruz en el papel de Consuelo Castillo, por Ben Kingsley en el de David Kepesh y por Dennis Hopper en el del poeta George O'Hearn. Está dirigida por Isabel Coixet y el título que tiene el film es el de "Elegy". La vi hace ya siete u ocho años y tras haber leído ahora la novela creo que ésta supera con creces al resultado de la adaptación a la gran pantalla. 

Muchas son las diferencias entre ambas. Para empezar diríamos que el físico de Penélope Cruz aun siendo magnífico no acoge en su integridad el que Roth da a su bellezón cubano tanto en pura carnalidad como en la dulzura y enorme ternura que esa chica de 32 años desprende en el relato novelesco. Ni que decir tiene que la novela es mucho más explícita en sus escenas sexuales que la película. Pero sin lugar a dudas la diferencia más grande entre una y otra es que en el film desaparece el soliloquio retrospectivo o 'diálogo interiorizado' sustituido por uno externo realizado entre el profesor rijoso y su amigo irlandés George O'Hearn.

La cinta en general fue acogida de manera desigual. Para los amantes del escritor norteamericano entre los que humildemente me encuentro es una adaptación insuficiente del gran Roth. Muchas de las cualidades del novelista no encuentran correspondencia alguna en el film. Los detractores de Philip Roth por la crudeza de sus temas y la mostración sin tapujos de las miserias y los deseos humanos clamaron contra el escritor de origen judío considerando que de una mala novela Isabel Coixet había logrado realizar una excelente película. 

En mi opinión, Isabel Coixet prescinde de la sexualidad y opta por el romanticismo con profusión de escenas de enamorados que llegan a empalagar y que una vez leída la novela se me revelan como algo falsas respecto al modelo original. Con todo y con eso la película bien merece ser visionada porque Cine y Literatura son dos maneras de narrar que se retroalimentan mutuamente.
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WB Yeats, "Navegando hacia Bizancio"

I

Aquél no es país para viejos. Los jóvenes
Tomados del brazo, los pájaros en los árboles
-Aquellas generaciones que se mueren- cantando,
Las cascadas de salmón, los mares atestados de verdeles
, Pescado, carne, o aves, elogian todo el verano
Todo lo engendrado, nace y muere.
Atrapado en esa música sensual descuida todo
Monumentos de intelecto que no envejece.


II

Un hombre de edad no es más que una cosa miserable,
Un abrigo andrajoso sobre un palo, a menos que
El alma aplauda y cante, y cante más fuerte
Por cada arruga en su vestido mortal,
Ni hay escuela de canto sino el estudio de
Monumentos de magnificencia única;
Y por eso he navegado los mares y he venido
A la sagrada ciudad de Bizancio.


III

Oh sabios erguidos en el santo fuego de Dios
Al igual que en el dorado mosaico de un muro,
Vengan del fuego sagrado, giren en un círculo,
Y sean los maestros del canto de mi alma.
Extingan mi corazón; enfermo de deseo
Y atado a un animal moribundo
No sabe lo que es; y llévenme
Al artificio que es la eternidad.


IV

Una vez fuera de la naturaleza jamás tomaré
Mi forma corpórea de ninguna cosa natural,
Sino una forma como la que los Herreros griegos hacen
De oro martillado y esmalte dorado
Para mantener despierto a un somnoliento Emperador;
O ponerse sobre una rama dorada para cantar
A los señores y damas de Bizancio
Sobre lo que ha pasado, o lo que pasa, o lo que vendrá.

[WB Yeats, 1928, ©Traducción de Juan Carlos Villavicencio, 2016.]

12 may 2020

Ana Merino. "El mapa de los afectos". Premio Nadal 2020

27 comentarios:
Tom había muerto hacía más de un lustro, una muerte absurda, pensó el viejo Curtis abatido; como todas las muertes que llegan antes de tiempo, porque por entonces su amigo solo tenía sesenta y un años, y con esa edad uno espera poder vivir un poco más […]

«Hacerse viejo no sirve más que para recordar la tristeza», pensó Curtis mientras, tembloroso, se liaba un cigarrillo. (pág. 62)

La autora
De Ana Merino sabía ya, antes de leer este libro, algunas cosas. Por ejemplo, que es hija del escritor José María Merino, por lo que aunque nacida en Madrid está muy relacionada con la provincia de León de donde es natural su padre. León, es cosa bien sabida, es una auténtica nación de escritores (no, yo no participo de la peregrina idea de la Nación Leonesa en sentido político, pero no hago ascos a la literaria). Muchos son los leoneses que se han sentido tentados por el diablo de la literatura: Josefina Aldecoa, Jesús Torbado, Luis Mateo Díez, José María Merino, Jesús Fernández Santos nacido en Madrid pero de familia leonesa, la poeta Amparo Carballo Blanco y tantos otros.

Poetas de la Generación del 2000
Literariamente también sabía que Ana Merino cultiva fundamentalmente la poesía y que ya son al menos nueve los poemarios que han visto la luz. Wikipedia me sirve ahora mismo para conocer que ha escrito teatro y que le interesa mucho el mundo del cómic que ha estudiado en  "El cómic hispánico" (2003), que indaga sobre el cómic en Iberoamérica, y en un ensayo de más alcance titulado "Diez ensayos para pensar el cómic" (2017). También es autora del texto de un cuento infantil ("Martina y los piojos", 2017) ilustrado por Axier Uzkudun. "El mapa de los afectos" es su segunda incursión en la narrativa; la primera fue una novela dirigida a un público juvenil titulada "El hombre de los dos corazones" aparecida en 2009.

De su vida personal y profesional sólo me interesa para reseñar esta novela, ganadora del Premio Nadal 2020, saber que en 2011 diseñó en la prestigiosa Universidad de Iowa el primer MFA de escritura en español. El Máster de escritura creativa de la Universidad de Iowa es uno de los más prestigiosos de todo Estados Unidos, habiendo sido esta Universidad la iniciadora en 1936 de los cursos de posgrado para escritores. Por las aulas del Writer's Workshop de esta institución pública, han pasado como alumnos o profesores, entre otros, John Irving, John Cheever, Kurt Vonnegut, Jane Smiley o Philip Roth
Allí en Iowa conoció y se casaría con el también poeta y narrador Manuel Vilas. Y allí, aunque ya no dirigiendo el MFA de escritura en español, sigue viviendo. Según ella, y cuando se lee su novela así se constata, en estos 24 años que lleva en USA se ha americanizado muchísimo viviendo siempre en localidades rurales en las que las relaciones humanas son muy intensas.

"El mapa de los afectos"
Leyendo la novela entramos en la vida cotidiana de una localidad rural del medio oeste americano, en Iowa. Estamos en lo que se denomina la América profunda. Asistimos, en las 155 páginas que ocupa la historia distribuida en 22 capítulos con título más un epílogo, al discurrir diario de toda una Comunidad cuyos miembros con sus secretos y sus evidencias, sus pequeños deslices amorosos, sus menores y sus grandes vicios, se relacionan íntimamente unos con otros. En sentido amplio no hay un personaje protagonista claro pues en realidad toda la localidad es protagonista de la vida y las vidas de todos y cada uno de sus integrantes. Es, pues, una novela coral. 

Muchos son los asuntos que se tocan en el relato; verdaderamente creo que quizás demasiados: la inmigración, la homofobia, el feminismo, el alzheimer, la hipocresía religiosa, el alcoholismo, la adolescencia, la guerra... y sobre todos ellos o, mejor dicho, envolviéndolos está el amor. Un amor que conoce distintas maneras de mostrarse: a través de la inocente mirada del niño Samuel enamorado platónicamente de la señorita Valeria, su maestra; personificado en la condición de amantes de Tom y Valeria; en los celos de Gina, la mujer de Greg; en la mera y sana amistad existente entre David y Greg, compañeros de trabajo; en el amor equivocado y felizmente resuelto entre Valeria y Paul; etc., etc. Dentro de este abanico de personajes hay algunos que en cierto sentido funcionan como hilos principales de este entramado: Valeria, Sam, Rita... Pero no se puede desdeñar la importancia que tiene el grupo de las mujeres. La verdad es que ellas son los personajes más abundantes y las hay de todas las clases y pelajes desde la educada y estudiada señorita Valeria hasta la estriper Emily pasando por una infinidad de tipos diversos: Rita, la granjera amante de los animales que en su casa de campo recoge gatos y galgos; Aurora, la ingeniera española 'desterrada' a la sección americana de la empresa; Irene, sobrina de la fallecida señora Claire a la que odiaba, cuyos sentimientos ha de ocultar ante los vecinos de ésta; Marcela Sánchez, la mexicana inmigrante objeto de todo tipo de abusos que soporta silenciosamente; las impostoras feministas que actúan con autoritarismo y desprecio; etc. 

Premio Nadal 2020, Ana Merino, Editorial Destino
Esta amplísima galería de personajes se despliega en la narración de una manera natural, nada forzada. Incluso diré que a veces la autora juega con el lector colocándole en una especie de 'in media res' frente a una situación ya cumplida de la que en principio éste desconoce todo. Es sólo prosiguiendo la lectura que se hace uno con el dominio del relato y logra ubicar debidamente cuantos elementos narrativos en él actúan. Es en ese momento cuando se produce la satisfacción que acompaña al buen lector. Y esto sucede así en prácticamente los 22 capítulos que forman el volumen. Unos capítulos que bien podrían leerse como relatos independientes unos de otros, como cuentos se diría, dada la estructura que la autora les da: inicio en mitad del asunto, una narración con entidad propia y una resolución que en la mayoría de los capítulos tiene un hálito poético innegable. Lo que con mucho acierto hace Ana Merino es que los actantes o actores de diferentes historias particulares lo sean también, aunque no siempre en el papel principal, de muchas otras que forman la novela. Así, de una manera muy natural, sin estridencias, sin forzar la máquina para nada, con la sencillez habitual con que se desarrolla la vida cotidiana en cualquier comunidad humana se despliega ante nosotros lo que esta novela es: un mosaico de la cotidianeidad de un grupo humano en el que lo que predomina sobre todo -y viene a justificar su existencia como grupo- es el buen rollito, las buenas vibraciones en las relaciones, la bondad..., por encima de la toxicidad, la maldad, los abusos y la hipocresía que aunque también existen en este colectivo (un pastor protestante abusador, una asesina, unas mujeres injustas con otra, etc.) no son los que prevalecen. 

Mis expectativas ante esta novela, dada la cualidad de poeta aneja a la autora, eran las de encontrarme en ella un lenguaje anegado de poeticidad. No me lo ha parecido salvo en el cierre de algunos -la mayoría- de los capítulos:
  • "El hijo de Maggie Curtis tragó saliva, miró a la señora Dolan con dulzura y pidió unas tortitas con arándanos y sirope de arce, como cuando de niño apenas intuía lo que era la tristeza. Ahora la sentía como una punzada de pedazos de uña azul celeste." (final del cap. 3)
  • "Su padre está cautivo en un planeta extraño del que no puede escapar. Lleva mucho tiempo náufrago en una lejana galaxia de borracheras y abandono." (cap. 11)
  • "Irene pensó que era el momento de irse y dejar que en aquella casa también brotaran las semillas de los mejores deseos y se quedara en el gesto de Dios que se inventó el mundo, antes de que las estrellas iluminaran la noche, mucho antes de que la humanidad poblara el planeta"." (pag. 100, cap. 15)
Me parecen también muy reseñables algunas frases, cargadas de pensamiento crítico, que la escritora esparce por el texto:
  • "Diana P. mira a su madre y piensa en lo pisoteada que se siente por culpa de ese feminismo impostor que está adquiriendo poder político y utiliza el discurso de la igualdad para ocupar puestos por paridad, no por méritos." (p. 109)
  • "A Aurora le molestaba tener que hablar mal de su país, pero consideró que Rita, la redentora de galgos, tenía que saber la verdad de lo que pasaba con ellos en España." (p. 134)
  • "La aspiración burguesa de las apariencias combinada con la picaresca clásica del que quiere vivir sin trabajar o haciendo lo mínimo." (p- 75)
Es innegable que Ana Merino ha vertido en esta novela mucho de su vivencia personal. Su experiencia vital durante ya 24 años en tierras norteamericanas le han hecho penetrar con tino en la esencia de esta sociedad. Unas gentes que en general y predominantemente se mueven por la bondad y la buena relación de vecindad. Esto, ya lo he dicho antes, lo muestra la novelista en estos relatos que, como en "El diablo cojuelo" de Luis Vélez de Guevara que destapaba una noche los tejados de las casas de los madrileños, nos descubren la vida diaria de estos habitantes de la América profunda que ella conoce muy bien y que teniendo claros y oscuros como todos, en ellos predomina con mucho lo positivo sobre lo negativo, la parte bondadosa sobre la maligna o tóxica.

Sobre el reflejo autobiográfico de Ana en "El mapa de los afectos" creo que hay varios personajes con los que ella se identifica. Me lo ha parecido sobre todo en esa Aurora Altano que es despachada a Estados Unidos por su empresa española de una manera algo injusta pero que ella en los años que está por tierras americanas conoce la bondad de personas que sin conocerla apenas sin embargo la acogen con humanidad y verdadera amistad. También creo verla reflejada en la vehemencia con que muestra al personaje de Diana P., injustamente tratada por sus propias congéneres.
"Por lo visto, ese nuevo feminismo consistía en hacer intercambiables a las mujeres. No importaban los méritos, la etiqueta de mujer era suficiente. El carnet de sexo femenino y amiga de la directora bastaba. Qué gran autoridad la de su nueva jefa. Qué valiente ese feminismo de amiguitas cantamañanas: se llenaban la boca con la palabra mujer. El nuevo feminismo era tan sectario como la política de partidos" (pág. 107)
Es cierto que esto que digo en el párrafo anterior son simplemente intuiciones mías sin comprobación empírica alguna (habría que preguntárselo directamente a Ana Merino y a saber si ella nos resolvería la duda), pero me parecen no del todo inverosímiles, aunque quizás inciertas completamente.

Para finalizar
Salvando las distancias, que en mi opinión son muchas, "El mapa de los afectos" me ha recordado un poco, en esa manera de estar construida a base de relatos cortos ensartados por dos o tres hilos temáticos que los cruzan, a Lucía Berlin y su "Manual para señoras de la limpieza" [lee mi reseña aquí]. Pero ya digo que son muchísimas las diferencias entre ambas en especial el innegable aliento poético constantemente presente en la norteamericana y que para mi sorpresa no he encontrado en la española. 
Ana Merino y Manuel Vilas
Creo que es completamente auténtica la americanización que la escritora dice haber sufrido tras sus muchos años de estancia en los Estados Unidos. El tono y el ritmo de estos 22 capítulos están plenamente enraizados en la peculiar manera de narrar que se hace por aquellos lares. Un modo de construir y de hacer relatos que me agrada muchísimo. Lucía Berlin, Raymond Carver, John Cheever, Jonathan Franzen, Richard Ford... y tantos y tantos otros autores de ese país palpitan en la cotidianidad de esa comunidad del medio oeste americano que muestra Ana Merino en su primera novela para un público adulto. Su experiencia como profesora-directora de la Escuela de Escritura Creativa de la Universidad de Iowa con las innumerables lecturas que habrá tenido que realizar y asimilar para ello creo que se traslucen muy positivamente aquí.

Me gustará comprobar la calidad narradora de esta madrileña de raíces leonesas transmutada en estadounidense en próximas novelas que espero dé a conocer. Siempre la obra siguiente a la premiada y elogiada es la que marca el auténtico nivel del artista. ¿No lo veis vosotros también así? 
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Nota: Esta novela fue la lectura de mayo de la Tertulia "más que palabras..."

5 may 2020

María Tena. 'Nada que no sepas'. Premio Tusquets 2018

36 comentarios:
“Podemos inventarnos una infancia de escasez o de esfuerzo o un castillo de princesas dormidas. Quién va a ir a investigarlo.” (pos. 427)

“Inés, grande y alta y con los mismos ojos transparentes de los trece años. Ana sin maquillaje, casi sin arrugas. Las dos llevaban vaqueros, las dos iban con camisa y chaqueta. Tenían más de cincuenta años, igual que yo. Yuyo, en cambio, no ha venido.” (pos. 487) )

“Un mundo de gente guapa, muy natural, muy poco impostado. Nada que ver con el mundo formal y pretencioso de los ricos españoles.” (pos. 894)

Premios de editoriales, Uruguay y España, años 70 del siglo XX
Compré este libro online. No ha habido otra manera de hacerlo durante estas siete últimas semanas. Lo vi recomendado y con buenas reseñas en varios de los blogs que sigo; el que definitivamente me decidió fue Pedro de "El búho entre libros" y más cuando le leí que había sido la lectura que comentaron en el Club de Lectura de la Biblioteca Municipal de Móstoles en enero del 2020. Pensé que podría ser una buena lectura para mi grupo tertuliano y más aún cuando la autora luce el mismo apellido que dos de las tertulianas. ¿Habría entre ellas alguna relación familiar? No creo, pero sí que eso fue un acicate más para leerlo desde la reclusión.

La calificación que le otorgaría en una escala de 5 estaría entre el 3 y el 4, vamos, que si pudiera le daría un 3'5. Un 3 se me queda algo corto dada su escritura que en algunos momentos se eleva poéticamente; por lo mismo pero en sentido opuesto el 4 me parece excesivo dado que esos arrebatos literarios por elevación no son muy duraderos y el relato en general en ocasiones se zambulle un poquito en la banalidad de la novela puramente romántica. Sí, el 3y 1/2 es la nota justa (ja, ja...)

La novela es la historia de una mujer que tras constatar la infidelidad de su marido, que ya sospechaba, decide darse un tiempo alejada de él. Este tiempo, no más de una semana, lo empleará en visitar a dos amigas uruguayas de su niñez, Inés y Ana, atendiendo así su reiterada invitación de que  las visitase en Montevideo donde viven y ella vivió hasta los 13 años. La oportunidad parece que ni pintada. Ella siempre sintió la inquietud y el deseo de saber por qué Pablo, su padre, de la noche a la mañana, tras la muerte de Lucía, su esposa, decidió abandonar Montevideo. ¿Qué pasó durante los  cinco años montevideanos que la familia vivió allá? ¿Cómo murió Lucía, su madre? ¿Por qué esa salida fulgurante de Uruguay? Estos son los vacíos que la narradora desea llenar.

El personaje narrador no sabemos cómo se llama. Hay una muy grande posibilidad de que esta anonimia se deba a que tras el omnipresente 'yo' que cuenta esté la propia escritora. Estaríamos, -si esto es así, y yo pienso que por los datos biográficos de María Tena lo es- ante una novela memorialista enclavada en el género de la autoficción. Es ésta una variedad autobiográfica que no exige verdad absoluta y que permite cierta ficcionalización. Digo esto, que yo me creo a medias, por no desdecir a la propia escritora que en muchas de las presentaciones de la novela publicada en diciembre de 2018 al ser preguntada por la fidelidad del relato [no quiero aquí aclarar sucesos importantes para no desvelar la trama] siempre dijo -incluso ya en una de las citas iniciales de la novela: "A mis padres que nunca dejaron de quererse."- que el parecido con la realidad vivida en el seno de su familia era del todo inexistente. Sí, puede ser, pero a mi memoria acude veloz el aforismo latino de 'excusatio non petita, accusatio manifesta', ¿no? La coincidencia biográfica entre 'ella' y la autora es desde luego enorme así que...

El asunto es la búsqueda que la narradora emprende de su madre 40 años después de su muerte, algo, naturalmente, imposible. Gracias a Inés y Ana, fieles amigas de sus trece años en sólo siete días hablará con muchas personas, la mayoría viudas de parejas íntimas de la de sus padres: con Claudia, madre de su amiga Inés; con Isabel, la viuda de Luis, pareja muy amiga de sus padres; con Ulla, la nórdica cuya belleza hacía estragos en el grupo de amigos de los padres; con Rita Pereña... Pero sobre todo, y llenando la segunda parte de la novela, hablará con Yuyo, hermano de Ana e hijo de Teo. Ella estuvo desde niña completamente enamorada de este chico dos años mayor que pasaba mucho tiempo en la casa montevideana de Barrio Carrasco (zona adinerada situada a 15 kmts del centro de la capital) al ser amigo de su hermano Tomás.

Hablando con Yuyo descubre que la diferencia de vida cuarenta y cinco años atrás entre Uruguay y España era brutal. Mientras que aquí el nacionalcatolicismo lo invadía todo, en Uruguay, en la burguesía culturizada e intelectual en la que vino a integrarse la pareja Pablo-Lucía la liberalidad en las relaciones estaba admitida: "todos lo hacían, todos tenían a alguien. Rita salía con Luis, Teo con Rosa, una secretaria de la fábrica, Fede era amante de una mujer alemana que había conocido en Pocitos. Claudia estaba enamorada de tu padre."

Dictadura cívico-militar en Uruguay, Tupamaros, Juan María Bordaberry
Antes de dejar Madrid la narradora pasa a ver a su tía Blanca, hermana de su madre, que con su marido Roberto, vive en una Residencia de mayores. Ella fue quien presentó a Pablo a Lucía cuando ella estaba saliendo con él; fue al fallar este noviazgo que Lucía y Pablo se enamoraron, se casaron, tuvieron hijos (ella y Tomás) y un día atendiendo Pablo una oferta laboral de una empresa española en Uruguay allá que marcharon. Estuvieron en el pequeño país rioplatense cinco años. Cuando ocurrió la desgracia la narradora tenía 13 años. De entonces acá han transcurrido 40 años. La madre de la narradora murió con 37. Con Roberto y con Yuyo la novela tocará de manera algo tangencial la represión de la dictadura cívico-militar que se hizo con el poder en Uruguay a partir de 1973. De Roberto se intuye que la apoyó y de Yuyo se comprueba que la combatió.

La relatora, con las informaciones fragmentarias que va recogiendo de unos y de otros, atará cabos e irá conociendo así o al menos intuyendo las vicisitudes personales vividas por su madre y por el resto de amigos de la pareja. Al tiempo que este conocimiento le quita un gran peso emocional de encima descubrirá no pocas semejanzas entre ella y su propia madre. Es, pues, una novela de descubrimiento personal, podríamos decir si es que tal denominación es pertinente -pido perdón a los teóricos por la herejía- que estamos ante un thriller sentimental. Me gusta el sintagma, creo que puede ser oportuno. Hay cierta emoción, cierto suspense en ese proceso de descubrimiento de la verdad.

En líneas generales a mí "Nada que no sepas" me parece una novela desigual. Temáticamente de las dos partes que la constituyen, la primera, aquella en que la narradora busca a la madre, es mucho más interesante y mejor construida que la segunda en la que se desarrolla una historia romántica plausible pero poco probable que no voy a detallar aquí. Con todo hay elementos reseñables en ambas; yo destacaría fundamentalmente tres:

CULTURALISMO: Muchas referencias culturales hay, tanto a escritores como a otros artistas. A Mario Vargas Llosa en ese diminutivo "Varguitas" (pos. 1616); seguramente al escritor suizo Robert Walser en ‘Para aprovechar el papel yo escribía muy chiquito. Como Walser’ (pos. 1834); al arquitecto y pintor Oscar Niemeyer: ‘Los dibujos de mujeres tumbadas de Niemeyer.’ (pos. 1931); a muchos escritores como Thornton Wilder, Durrell o Huxley: “Las novelas de ella, Los idus de marzo, El cuarteto de Alejandría, Ciego en Gaza” (pos. 931); y a muchos otros más: “Algunos estaban repetidos, no le importaba comprarlos una y otra vez: Simenon, Evelyn Waugh, Aldous Huxley, Thornton Wilder.” (pos. 944), “durante el día siempre llevaba en el bolso algún libro de poesía. Machado, Lorca, César Vallejo, Salinas, Ridruejo, Juan Ramón, santa Teresa...” (pos. 947); etc.
Para mí que un libro hable de otros libros u otros autores cuenta siempre a su favor. Aquí hay muchas menciones y eso es algo que me encanta.

LENGUAJE POÉTICO: En la calificación de notable alto que doy a la novela pesa mucho a su favor el lenguaje poético que en ocasiones María Tena emplea:
Vivir en una playa. Ir a las fiestas después de haberse duchado, pero todavía con el calor del sol en la piel, ese rojo suave, la carne brillante de las cremas, y ese olor a perfume francés. Aquellas melenas sueltas, el refinamiento de un descuido que solo era aparente, esos teñidos tan naturales, aquellos pelos dorados por el sol. Oro también sobre los escotes, los brazos, sobre las muñecas y los dedos, los trajes de punto siempre con la tensión justa para ser a la vez elegantes y seductores.” (pos. 881)
María Tena, Premio Tusquets 2018, "Nada que no sepas"
LÉXICO: En una novela que transcurre fundamentalmente en Uruguay, los uruguayismos y argentinismos deben proliferar, es evidente. Aquí los hay: “vichar” (Observar furtivamente), “bacán” (muy atractivo), “guarango” (chabacano, bajo, grosero), “alcauciles” (alcachofas silvestres), “chacra” (granja), y muchos otros.

La autora
Hija de un diplomático español, María Tena (Madrid, 1953) recibió su primera educación en Montevideo y en Dublín. En 1975 se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid con una tesis dedicada a “Las Revistas Poéticas en España de 1900 a 1936”. Desde entonces, se desempeñó en múltiples cargos públicos y ministeriales vinculados a la cultura, y publicó su primera novela, "Tenemos que vernos", en 2003. A ella le siguieron "Todavía tú", 2007, "La fragilidad de las panteras", 2010, y "El novio chino", 2016. "Nada que no sepas" publicada en 2018 se alzó con el XIV Premio Tusquets Editores de Novela. El jurado estaba compuesto, según consta al inicio de la novela, por escritores tan prestigiosos como Almudena Grandes, Antonio Orejudo, Eva Cosculluela y Mariano Quirós, ganador del Premio en la edición anterior.

2 may 2020

Elena Medel. Todo lo que hay que saber sobre poesía

12 comentarios:
Los libros cuyo título pretende abarcar la totalidad de un saber nunca me han gustado. Me han recordado siempre a los recetarios tipo autoayuda o a aquellos libros dirigidos a los ‘dummies’, a los ‘torpes’, dicho sea en roman paladino, o sea, en español. La expresión “Todo lo que hay que saber…” más me parece un recurso comercial, una añagaza mercadotécnica para intentar colar con no muy buenas artes un producto y tratándose de Poesía… Pero, vaya, pese a esto y tras leerlo creo que el contenido es correcto y adaptado a su propósito literario...

La escritora
Elena Medel, Ensayo sobre Poesía, Mujeres Poetas actuales
Elena Medel es una poeta nacida en Córdoba en 1985, autora de tres libros de poemas: Mi primer bikini (2002), Tara (2006) y Chatterton (2014), por el que recibió el XXVI Premio Fundación Loewe a la Creación Joven; los tres se han publicado agrupados en 2015 en un volumen titulado "Un día negro en una casa de mentira (1998-2014)".

Luis Antonio de Villena la sitúa dentro de la Generación poética del 2000. Ella, sin oponerse a tal ubicación, prefiere ser definida por su poesía, de clara impronta feminista. Sus poemas han sido traducidos a una docena de idiomas. En 2016 fue reconocida su labor literaria con el Premio Fundación Princesa de Girona en la categoría de Artes y Letras. Actualmente dirige la editorial de poesía La Bella Varsovia y coordina el proyecto 'Cien de cien' que busca visibilizar la obra de las poetas españolas del siglo XX.

Es también autora de ensayos como El mundo mago. Cómo vivir con Antonio Machado (Ariel, 2015) y el que traigo aquí, publicado asimismo por Ariel en 2018.

El comentario
Elena Medel, con una obra consistente de creación a sus espaldas, decide en 2018 darse un respiro en su producción poética y escribir según sus propias palabras "el libro que a mí me hubiera gustado tener cuando empezaba a escribir para así resolver dudas". Ese libro es: "Todo lo que hay que saber sobre poesía"

Este libro de 316 páginas es un ameno manual sobre Poesía organizado en 50 breves capítulos. En ellos, sin irse para nada por las ramas, habla del considerado primer género literario desde sus remotos orígenes hasta las últimas y más novedosas tendencias como, por ejemplo, la Ciberpoesía y la Poesía digital. En el transcurso de este largo periplo repasa las diversas etapas históricas deteniéndose especialmente en los grandes movimientos líricos europeos y americanos. Pese a centrarse en la que podríamos denominar lírica occidental no olvida la de otras culturas como la china, japonesa o africana aunque sólo sea para dar certificado de su existencia especialmente cuando algunas de sus creaciones poemáticas, versales o estróficas han tenido relevancia cierta en Occidente (por ejemplo, los 'haikus' nipones o los versos de sólo cuatro palabras de las odas del libro chino "Shijing").

No es una obra que descubra grandes cosas a los que gustan de leer o escribir poesía. Lo central del libro es conocido por  todos. Sólo habría que reconocerle a la obra la claridad, la brevedad y la didáctica sistematización de todo lo que sobre este género literario conviene saber. Entiendo que el destinatario principal de la obra es ese estudiante de últimos cursos de Bachillerato o de Literatura de las Facultades de Letras y/o Humanidades. También creo que es una obra muy útil para los profesionales de la educación de estos mismo niveles de enseñanza, no tanto por las novedades que incorpora sino por la facilidad de la consulta y en especial por esos proemios contenidos al inicio de cada uno de los cincuenta capítulos en los que esquemáticamente muestra las cuatro o cinco fechas esenciales con los nombres y/o títulos fundamentales de aquello sobre lo que a continuación se dispone a hablar. De igual manera la frase final -casi un poema versal en sí misma- en la que sintetiza lo desarrollado en el capítulo es clarificadora por demás.

Buscándole alguna virtud más, para mí lo mejor de este ensayo es la especial atención que la autora presta a las mujeres poetas, de manera que en el repaso historicista que el manual es, junto a los grandes nombres masculinos rara es la vez que Elena Medel no incorpora nombres de poetas femeninas. A mí me ha dado a conocer no pocos nombres de mujeres que seguramente por serlo no han podido asomarse a los libros que hablan de aquello que ellas cultivaron, la Poesía. Citaré sólo algunos que en mi ignorancia -no sé si en la de otros- desconocía por completo:

    • De la Grecia clásica: Corina, Nóoside…
    • De la Occitania medieval: la trovadora María de Ventadorn
    • De nuestro flamante Siglo de Oro: Florencia Pinar, Luisa Sigea, Cristobalina Fernández de Alarcón
    • Del Romanticismo español (siglo XIX): Vicenta Maturano
    • De la Generación del 27: Margarita Ferreras o Lucia Sanchez Saornil 
    • De la Generaciónde los 50: Cecilia Dominguez Luis, Blanca Sarasua, María Victoria Atencia, María de los Reyes Fuentes, María Beneyto 
    • De la Generación beat norteamericana: Carolina Cassidy
    • En Oceania, la australiana Katleen Ruska que firma con el seudónimo aborigen Oodgero Noonuccal

Generación poética del 200
Son nombres nunca escuchados antes por mí y que no vienen a sustituir a los consagrados de siempre por su calidad, sean estos de hombres o de mujeres. Quiero decir con esto que Elena Medel no peca de militancia exclusivista de nada sino que se mueve sólo por el loable afán de visibilizar a mujeres que quedaron opacadas sólo por no lucir un nombre masculino. Únicamente un puñado de ellas se salvaron de esta discriminación hoy día inadmisible. Me estoy refiriendo a aquellas que siempre figuran en los libros de enseñanza junto a sus homólogos masculinos (Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz,  Rosalía de Castro, Carolina Coronado, Gloria Fuertes y alguna otra más).

Para finalizar
Como cierre de esta breve reseña quisiera citar unas palabras dichas por la propia escritora sobre su pertenencia generacional. En 2014, con motivo de la presentación de su obra reunida en un solo volumen, a preguntas del redactor de "El Norte de Castilla" edición palentina, Fernando Caballero, sobre qué caracterizaba la Generación a la que ella pertenecía contestó citando nombres de otros tantos poetas, jóvenes como ella, pero catalogados por los críticos en distintas promociones poéticas:
"Me siento muy afín a poetas como Yolanda Castaño, Antonio Lucas, Carlos Pardo o Julieta Valero, por ejemplo, pero también a Alberto Acerete, Berta García Faet, Luna Miguel o Unai Velasco. A todos ellos, de una u otra generación, los une un nuevo trabajo con el lenguaje, la conciencia de que las palabras no recrean, sino que crean."(El Norte de Castilla del 12/5/2014)