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15 mar 2024

Revisitando a Antonio Orejudo

12 comentarios:

«La rebelión gramatical es la única revolución que nos queda. Hoy aquella heroica resistencia contra el fascismo consiste en negarse a hablar como los animadores de los programas de variedades, consiste en evitar las expresiones que imponen los políticos o las series de televisión más populares, y en no repetir jamás los lemas ideados por las agencias de publicidad. Hay que resistir frente a esa dictadura de la vulgaridad que nos iguala a todos por abajo, que nos obliga a expresarnos mal y por lo tanto a pensar con dificultad.»

Un momento de descanso, Humor paródico, Universidad española

Por circunstancias de la vida que no viene al caso contar aquí, he vuelto a leer por segunda vez en el plazo de cinco meses una novela de Antonio Orejudo. Se trata de Un momento de descanso, creo que quinto título salido del, si se me permite decirlo así, obrador Antonio Orejudo.   

Sobre el sentido del vocablo caso se habla mucho en el Lazarillo de Tormes, ¿recordáis? Seguramente algunos no sabéis o no recordaréis a qué me refiero ni qué puñetera relación puede existir entre la segunda lectura realizada en marzo de 2024 de una novela aparecida en 2011 y la novela escrita en 1554. «Hasta el día de hoy nunca nadie nos oyó sobre el caso», leemos en el prólogo de la picaresca novela; y sólo es al final de la misma que alcanzamos a descubrir el sentido escondido en esa palabra. El caso actual entra más en el terreno de la sana y sincera amistad, no hay que buscarle otras significaciones. Pienso que no hay que declararlo, si bien quienes sigan un poco de cerca este blog podrán acercarse a su desvelamiento; y si no lo desvelaren tampoco pasa nada, quédense con una agradable reunión de amigos en la que entre otras cosas se comentó una novela del escritor madrileño.

Antonio Orejudo es un novelista distinto a muchos otros como ya dejé dicho en la reseña que en este mismo blog publiqué hace ahora exactamente un año. Allí, en el comentario que hice de Fabulosas narraciones por historias, primera novela del escritor, escribí:
«Lo que busca el escritor con estos contrastes, constantes a lo largo de toda la novela, entre lo elevado y lo degradado, lo excelso y lo zafio, lo culto refinado y lo populachero rijoso es la parodia y a su través la desmitificación, volver humano aquello que tenemos sobrevalorado.»
Dice el novelista en alguna que otra entrevista que he leído por ahí que su intención al parodiar lo considerado culto, elevado e intocable es recuperar la narratividad que desde la Generación del 27 y durante buena parte del siglo XX estuvo en serio peligro. A Orejudo le repatean obras en las que todo queda en el plano del lenguaje o de la construcción o estructura narrativa; por ejemplo, vamos, abomina de la obra de Juan Benet Había empezado a estudiar la influencia de Benet en la literatura española, pero no había encontrado nada y no sabía qué hacer», dice en Un momento de descanso hablando de la especialidad de Luis Baeza, un andaluz graduado en USA que buscaba tema para su tesis). Yo, según leía esta novela, pensaba que el novelista afincado en Almería sería buen seguidor de Enrique Vila Matas. Así pues en cuanto tuve oportunidad de hablar directamente con él fui y se lo lancé. Para mi sorpresa me dijo que no, que para nada, que al escritor barcelonés Fabulosas narraciones por historias no le había gustado nada, y que a él a partir de entonces este catalán tampoco le agradaba demasiado (y echó unas risas).

Lo anterior viene a corroborar, en mi opinión, uno de los principios esenciales del arte de novelar de Antonio Orejudo: que a donde no llega la realidad, se impone la ficción. Y eso es lo que vemos en sus novelas donde se coloca al mismo nivel, por ejemplo, títulos literarios tan reales, estimados y valorados como El Quijote de Miguel de Cervantes y otros puramente ficticios como «El sabio Salamanquesa, un poema didáctico del siglo XVIII firmado por el maestro Pablo Mora-Rey» (en su novela Un momento de descanso). Y para reafirmarse en la idea declara allí que ambos títulos son obras de ficción, de manera que echando mano de su indudable vena humorística dice:
«Para mí la única diferencia entre el Quijote y El sabio Salamanquesa era que el primero podía encontrarse en una biblioteca o comprarse en una librería y el segundo no.»

Cuando en mi grupo de lectura comentamos junto al escritor su primera novela, Fabulosas narraciones por historias, al hilo de las preguntas que unos y otros le hicimos, en un momento dado afirmó que sus novelas eran todas distintas, pues no le agradaba repetirse: que Ventajas de viajar en tren (2000), su segunda novela, bebía en el conocimiento que él poseía sobre el mundo de los trenes al ser de familia de ferroviarios; que la última, titulada Grandes éxitos (2018), la había planteado al estilo de la presentación de los hits de música; que al vivir en Almería le había dedicado un libro a esa ciudad titulado Almería, crónica personal (2008)… Vamos, que él siempre partía de lo real, de su propia experiencia vital, tal y como sucede con Un momento de descanso inspirada claramente en su experiencia americana donde pasó siete años trabajando como profesor y donde se doctoró por la State University of New York at Stony Brook.

Como se ve, pues, sus ficciones novelescas se asientan en su propia realidad vivida a la que añade las debidas dosis de ficción porque la realidad nunca es suficiente. Él siempre está presente en sus novelas, que por ello cabría calificarlas de autoficciones, aunque estoy convencido de que este encasillamiento a él no le satisfaría demasiado. Precisamente cuestiones propiamente literarias como éstas  afloran por doquier en sus obras que constantemente tienen un pie puesto en la metaliteratura. En la quinta de sus novelas, y siempre fiel al principio irónico y burlesco predominante en su narrativa, el protagonista ante el acoso profesional al que se ve sometido en su Universidad ve que 

«Los profesores más jóvenes y más sensibles a lo posmoderno digamos, los mismos que habían escrito ensayos sobre la autoficción o que estudiaban la mezcla de realidad e imaginación en la narrativa contemporánea fueron los más intransigentes conmigo. [...]
Los seniors, en cambio, los profesores más veteranos, los que se habían formado en la vieja escuela, fueron más indulgentes. Especialmente Elías Rivers.»

Es Antonio Orejudo un autor que analiza la realidad como si de un calcetín se tratara. Quiero decir que nos la muestra por su haz y por su envés, o sea, que cual si de un inmenso oxímoron se tratara presenta una visión y su opuesto con lo que logra o fuerza al lector a crear su propia intelección. Un nuevo sentido que no es mejor ni peor que los anteriores, pero que tiene la virtualidad de ser exclusivamente suyo, del propio lector. Y así es constantemente en las dos novelas suyas que hasta el momento he leído. En Un momento de descanso la construcción de la realidad se va realizando en la cabeza del narrador Orejudo a base de relatos de lo mismo que le refieren, como si de un puzle se tratara: la versión de Arturo Cifuentes, su compañero de juventud; la versión de Lib. la exmujer de Cifuentes; la propia versión de Antonio Orejudo cuando convivió con Cifuentes en USA; la versión de la profesora Magdalena Lima-Pintón; el relato de Virgilio Desmoines, rector de la Universidad e hijo del fundador de la misma, Augusto Desmoines; el relato de Florencio Castillejo, hijo de Claudio Castillejo, compañero de Augusto Desmoines y en alguna de las versiones fundador de la Universidad; etc. El autor-narrador y a su través nosotros mismos, los lectores, al finalizar la lectura sacamos una idea aproximada de la realidad presentada a través de las distintas perspectivas de cada actuante en la misma.

Y luego, en el novelista afincado en Almería, está el estilo que a mí me ha resultado grato de leer y que ya en otras entradas sobre Antonio Orejudo he señalado: mezcla de géneros (en Un momento de descanso hasta el musical americano), mezcla de estilos narrativos, utilización sistemática del estilo paródico, ruptura de la normativa narrativa establecida, constantemente usa técnicas narrativas como el perspectivismo y las cajas chinas, etc. Y todo esto lo realiza de manera a veces muy novedosa, muy sorprendente, al menos para mí, como avisar al lector del cambio estilístico que va a realizar. Así en un momento dado y de la manera habitual, o sea, sin avisar, el narrador hace uso del estilo indirecto libre («No, Arturo no me había contado nada, pero yo lo sabía», pág, 142), para proseguir utilizando de manera combinada este indirecto libre con el habitual en tercera persona; todo este párrafo finaliza en un momento dado con el aviso por parte del narrador del paso al estilo directo: «Y a continuación empezaron a hablar en estilo directo», (ibidem).

Desde luego, cuando menos, interesante es la forma de novelar de este escritor, no siempre del gusto de todos, con frecuencia por esa manera tan liviana que tiene de poner al mismo nivel lo más excelso con lo más abyecto, algo que, en mi opinión, no siempre es bien comprendido por todos. Valga un ejemplo que considero más que clarificador:
«Mel había estudiado Teoría de la Literatura en Cornell, pero lo había dejado todo por el porno.
[...]
En la industria hemos creado una jerigonza para entendidos que resulta ininteligible para el común de los mortales. En eso el porno me recuerda algunas veces a la crítica literaria. ¿Sabes qué es la crítica literaria?
—Más o menos.
—Yo estudié crítica literaria…, pero, bueno, eso es otra historia.
»
 
Tertulia literaria ¡más que palabras...'

En cada visita o revisita que hago a este madrileño, profesor titular de Literatura española en la Universidad de Almería, más elementos interesantes descubro en sus novelas. Son novelas de una extensión media pero con una densidad profusa que, en mi opinión, las hace inagotables. Proseguiré leyéndole pues su lectura me enseña cosas que desconocía o tenía arrumbadas en la memoria, disfruto con su peculiar proceder literario y sobre todo me divierte y entretiene, sin duda alguna una de las principales finalidades del arte literario.

Las respectivas reseñas de las dos novelas de Antonio Orejudo que he leído se pueden visitar pinchando en los títulos de cada una de ellas:

21 oct 2023

Antonio Orejudo: Un momento de descanso

10 comentarios:

✔«Cifuentes admiraba a aquellos físicos y neurobiólogos aficionados a la literatura y capaces de mantener una conversación de cierta profundidad sobre (pongamos por caso) los fundamentos del arte contemporáneo. ¿Qué colega suyo en el Departamento de Spanish podía decir siquiera cuáles eran los principios generales de la física cuántica?
✔«Al final comprendí que obsesionarse con distinguir nítidamente entre realidad e imaginación era un error operativo y conceptual que además conducía a la neurosis. Entendí que era más razonable —y también más exacto— considerar que la imaginación es un sexto sentido, tan fidedigno o engañoso como los demás.»

Antonio Orejudo, Un momento de descanso
Sinopsis
(proporcionada por la propia editorial)
Como un fantasma del pasado, Arturo Cifuentes reaparece un día en la vida del narrador Antonio Orejudo. Cifuentes es un viejo amigo de la facultad, con el que Orejudo compartió casa en Nueva York, cuando ambos encontraron sus primeros trabajos en Estados Unidos, y al que suponía ya establecido en aquel país. Han pasado diecisiete años desde la última vez que se vieron, Cifuentes se ha divorciado y ha regresado a España para ocupar un puesto en la facultad donde estudiaron. Y tiene mucho que contar: las relaciones con su hijo adolescente, la crisis de su matrimonio, su infausta peripecia profesional y, sobre todo, su desencanto profundo con las humanidades. El narrador, que recapitula también sus experiencias determinantes de aquellos años, no sospecha, sin embargo, que su viejo amigo quiere proponerle algo de más calado, que les afecta a ambos: desenmascarar a los farsantes, descubrir las raíces de una vieja y permanente conspiración.

Un momento de descanso se estructura en tres partes. Primera, 'Aparece un fantasma', relata el encuentro de Antonio Orejudo con Arturo Cifuentes y la puesta al día de la vida de éste durante los 17 años que estuvieron separados. El propio Arturo le ha buscado porque desea que Orejudo escriba una novela denunciando la impostura del que fuera su benefactor, Augusto DesmoinesSegunda, 'El nacimiento de un escritor', cuenta la vida de Orejudo en USA: Cómo nace su estilo literario mezcla de realidad e imaginación desbordante colocados ambos en el mismo nivel, lo que provoca el descontrol en el lector que quiere deslindar siempre lo sucedido real de lo sucedido imaginado. Antonio Orejudo confiesa que así, con esta técnica de escritura, es con la que escribió sus tres obras anteriores, en especial la primera, Fabulosas narraciones por historias, gestada en USA, y también las dos siguientes. Tercera, 'La felicidad', momento en que la trama da un giro de 180º: los propósitos iniciales de Arturo Cifuentes van a difuminarse y las seguridades del propio Orejudo se tambalean al ver que las versiones sobre lo mismo de unos y de otros difieren mucho, radicalmente en ocasiones. Con todo y con ello al finalizar la novela encontramos que la ahora nonata novela, antes deseada,  sin embargo acabamos de tenerla en nuestras manos. 

Antonio Orejudo, que es profesor titular de Literatura española en la universidad de Almería y que pasó siete años en  distintas universidades estadounidenses, tira de su experiencia americana y española para confeccionar un relato en el que la realidad compite con la ficción rompiendo fronteras. Cuando la realidad no es suficiente la ficción acude para llenar ese vacío. En definitiva esto es la novela que tenemos en nuestras manos, una habilidosa y bien lograda mezcla realidad-ficción que alcanza una simbiosis tal, que se hace difícil si no imposible separar ambas dimensiones. Este es en definitiva y por lo que llevo leído de Antonio Orejudo la principal seña de identidad de su estilo, de su manera de escribir.
 
Leyendo Un momento de descanso observamos cómo la integridad de la persona como valor supremo de comportamiento se tambalea y se relativiza enfrentado con el día a día del mundo. Da la impresión de que todo se quiebra, se fragiliza y que aspectos aparentemente tan insustanciales como la denominada democratización del lenguaje están, o pueden estar, en la base de la demolición de los valores supremos. Y a todo esto, viene a preguntarse el autor convertido en personaje de su propia novela, ¿existen valores supremos? Vivimos en un mundo en el que no existe seguridad alguna ante nada. Antonio Orejudo presenta estas cuestiones tan profundas y serias envueltas en un atadillo de humor que hace de la lectura de su novela un más que agradable pasatiempo. Pasatiempo que desde luego no equivale a pérdida de tiempo dado que hay mucha sustancia en todo lo que aquí él escribe. El contexto -de la importancia del contexto se habla mucho y con acierto en la novela- es la vida universitaria, en especial la universidad española y también, aunque en menor medida, la americana.
«¿Nunca se ha parado a pensar por qué apenas se han escrito novelas de campus en español? Yo se lo voy a decir: [...] Una novela realista, cualquier libro sobre la universidad española, aunque sea un libro de investigación como el suyo, está condenado a convertirse en una astracanada. Los que no conocen el mundillo académico pensarán además que es inverosímil. Haga la prueba.»
En el fondo esto es lo que el propio Antonio Orejudo está realizando y poniendo en nuestras manos, una novela realista sobre la universidad española. Pese a la enorme seriedad del asunto que se trata, en esta narración, como ya he dicho, hay humor, mucho humor. Es un humor inteligente, irónico, paródico, que esconde una carga crítica de gran profundidad, pero que es muy deseable. Ejemplos los encontramos a mares en Un momento de descanso: la crítica a la alta cocina; crítica al victimismo (negros, mujeres, homosexuales...); al mundo universitario español: enchufismo (oposiciones dadas, etc.), envidias entre colegas...; al sistema escolar americano: el niño Edgar sin aptitudes para la danza es animado por su profesora para participar en un concurso televisivo enfrentándose al padre, Arturo Cifuentes...

Pero en esta novela no sólo hay trama, asunto, relato. También es muy importante el estilo que muestra su autor. Muchas son las características del mismo que han llamado mi atención, por ejemplo la  innovación en la introducción del diálogo en estilo directo eliminando los signos de puntuación, pero manteniendo los verbos que lo introducen «Dice» - «digo»; también la conversión, sin previo aviso, de la narración novelística en un musical cinematográfico o en un collage de géneros; igual que la mucha metaliteratura y también autobiografismo que como todo en esta novela lindan con la autoficción («Yo, un tema que me sabía de memoria y recitaba de corrido. Yo, un tema que cada vez me aburría más.»), tendencia con la que el autor ironiza hasta el extremo de que en la narración quienes más insisten en su expulsión de la institución americana en la que él disfrutaba de una beca de profesor asociado son precisamente 
«Los profesores más jóvenes y más sensibles a lo posmoderno digamos, los mismos que habían escrito ensayos sobre la autoficción o que estudiaban la mezcla de realidad e imaginación en la narrativa contemporánea fueron los más intransigentes conmigo. 
[...] Los seniors, en cambio, los profesores más veteranos, los que se habían formado en la vieja escuela, fueron más indulgentes. Especialmente Elias Rivers.»
Claramente circula, contenido en la cita anterior, muchísimo humor; un humor que incide en que no existe necesariamente mayor verdad o consistencia en los jóvenes que en los mayores y para ello  Antonio Orejudo lo que hace es parodiar, hacer uso, en una arriesgada vuelta de tuerca, del sentido carnavalesco tan propio del  posmodernismo. 

Es Antonio Orejudo, en sentido lato, un humanista. Y es él mismo quien en la figura de su personaje o en la de otros ficticios que lo acompañan en la narración (Arturo Cifuentes, Virgilio Desmoines, Francisco Almendra, Raquel Medina, etc.) hace una acerada crítica de las humanidades versus la ciencia. Es muy interesante y hasta divertido el choque dialéctico entre Arturo Cifuentes y su novia Lib -luego ya esposa- cuando, siendo Cifuentes y Orejudo profesores becados en USA, discuten sobre si mejor sería que los niños estudiasen Historia de las Ciencias y no Historia de la Literatura. Pero el novelista no se para en barras y su crítica irónica llega incluso hasta el sarcasmo, como cuando lanza esta afirmación sobre la Filología Hispánica:
«Filología Hispánica aún no se había convertido en una carrera de saldo, aún no era la licenciatura de los que no pueden estudiar algo más serio por falta de capacidad o de nota media. Cuando nosotros entramos en la universidad, Filología Hispánica era todavía una disciplina en la que se matriculaban no sólo quienes no servían para las ciencias, sino también jóvenes de cierta cultura, chicos a los que les interesaban de verdad las letras, y que habían leído bastantes libros para su edad.»
Penosamente coincido con la afirmación que, cuando se redacta esta novela aparecida en 2011, vierte Orejudo acerca de estos estudios; una afirmación que he oído a muchas otras personas (ahora mismo recuerdo al arquitecto y académico de Bellas Artes Luis Fernández-Galiano lamentándose de que las humanidades, los estudios filológicos, se hubiesen desprestigiado de tal guisa en los años finales del siglo XX e iniciales del XXI). ¡O tempora, o mores! 
 
Dejo para el final, pero no lo pienso desvelar, claro, el escondido sentido del título, de ese sintagma nominal, Un momento de descanso. Leyendo la novela queda claramente diáfano. Sólo diré, a modo de resumen, que la novela realiza un recorrido por los entresijos de la integridad humana. ¿Mejor acomodarse que exigirse? ¿Mejor la mediocridad que la excelencia? ¿Dónde y mejor se consigue la felicidad? Todos estos extremos son los que se cuestionan y se ponen en solfa en esta novela de Antonio Orejudo en la que él mismo, como he dicho, se metamorfosea en personaje.

Nota final
Es seguro que algunos elementos propios del estilo de Antonio Orejudo, presentes en Un momento de descanso, habré dejado sin señalar, sin consignar, sin destacar. Estoy convencido de ello porque la novela es, aunque breve, prolija y densa en detalles, en rasgos particulares, en signos definidores de las novelas de su autor. Por ello y para paliar en lo posible esta laguna, esta carencia, remito a la reseña que el pasado mes de marzo publiqué en este mismo blog de la primera novela del autor titulada Fabulosas narraciones por historias. Creo que en esa primera obra ya están presentes, si no todas, sí muchas de las características estilísticas que significan la novelística del escritor madrileño.