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30 may 2022

"Rabia" de Stephen King, una novela maldita

22 comentarios:

«Soy un caso documentado, carnaza de rutina para las rotativas de los periódicos. Me han concedido cincuenta segundos en el noticiario de más audiencia y una columna y media en el Time. Y aquí me encuentro, ante vosotros (metafóricamente hablando, otra vez), y os aseguro que estoy totalmente cuerdo.»

Matanzas escolares en Estados Unidos, Psicópatas adolescentes
Como en su día dijera Pablo de Tarso "los caminos del Señor son inescrutables"; del mismo modo, y referido a la elección de lecturas, cabe decir que las mismas responden a motivos de lo más variopinto. No siempre las razones son de índole literaria. En el caso de la novela que hoy traigo aquí lo que me impulsó a leerla no fue otra cosa que la (in)sana curiosidad por aquello que es difícil de encontrar, que nos pretenden esconder o directamente prohibirnos. ¿Puede haber algo más tentador que infringir una prohibición?

Resulta que un día de hará dos o tres meses, estando yo zapeando por los canales televisivos recalé en Cuarto Milenio,  programa  que dirige y presenta desde hace ya diecisiete años Iker Jiménez; en ese momento dialogaba el presentador con uno de sus colaboradores o invitados habituales, Juan Soto Ivars. El asunto que estaban tocando me interesó vivamente, pues hablaban sobre un libro -La edad de la ira de Nando López- que algunos decían podía haber inspirado el horrendo crimen del adolescente asesino de sus padres ocurrido en febrero de este mismo años; el motivo que aducían era que un ejemplar del mismo se encontraba entre los objetos personales del parricida. Al hilo de esta idea sobre el influjo que ciertas obras pudieran tener en la comisión de delitos, Soto Ivars citó títulos a los que se atribuía esta nefasta influencia; entre estos nombró el caso de un libro inencontrable por decisión de su propio autor, Stephen King, quien al hilo de un tiroteo ocurrido en 1997 en una escuela secundaria de West Paducah, Kentucky, Estados Unidos, decidió prohibir su reimpresión por ser inspirador, en opinión de algunos, de esta y de otras matanzas semejantes protagonizadas por adolescentes. El libro era la novela de terror Rabia publicada por el escritor bajo seudónimo en 1977.


Richard Bachman
Con estos antecedentes busqué la novela que he despachado con gusto en sólo dos días. La publicó King bajo el nombre de Richard Bachman, seudónimo utilizado por él a instancias de su editor. el cual consideraba inconveniente a efectos mercantiles la aparición en un mismo año de dos títulos por parte del exitoso escritor. Siete han sido las novelas aparecidas bajo este sobrenombre cuyo vínculo con Stephen King fue descubierto a finales o principios de 1985 por Steve Brown, un empleado de una librería de Washington D.C., quien advirtió numerosas semejanzas de estilo entre ambos autores. Richard Bachman de quien Stephen King había ido desvelando su "biografía vital" en las 'notas sobre el autor' en las primeras cuatro novelas firmadas por éste (Rage, 1977; The Long Walk, 1979; Roadwork, 1981; The Running Man, 1982) murió repentinamente a fines de 1985, según confesión del propio King en la introducción que escribió a la republicación de los cuatro primeros títulos de Bachman (The Bachman Books: Four Early Novels by Stephen King, 1985), de «cáncer del seudónimo, una forma rara de esquizonomia». Gran sentido del humor demostró el autor de Portland al confesarse así propietario de este alias que, pese a haber sido ya desvelado, utilizaría aún en tres ocasiones más: Thinner (Maleficio), 1984; The Regulators (Posesión), 1996; y Blaze (Blaze), 2007). 


Rabia
Como ya he dicho esta novela, por deseo expreso del autor, desde 1997 no ha vuelto a reimprimirse. El motivo no fue otro que un tiroteo ocurrido en Heath High School ese mismo año. El causante del mismo fue Michael Carneal, un adolescente de sólo 14 años, en cuya taquilla se encontró un volumen de la novela, motivo por el que King decidió no volver a sacar a la venta más ejemplares.

"Los caminos del Señor son inescrutables" escribía yo al inicio de esta reseña tomando prestadas estas palabras a San Pablo. Qué gran verdad. Curiosa y penosamente mi lectura ha venido a coincidir con la tragedia desatada en una escuela de Texas por un joven de 18 años que ha acabado con la vida de 19 estudiantes y dos profesores. En esta ocasión, la novela de Stephen King, afortunadamente no ha tenido nada que ver. 

Venta libre de armas en USA, Iker Jiménez, Cuarto Milenio
Hechos como el antes citado hacen que nos formulemos la misma pregunta que se hacía Iker Jiménez en su programa hace dos meses: ¿Pueden algunas obras literarias tener una maléfica influencia en algunos de sus lectores? No es debate novedoso; ha habido ya otros casos en los que se ha esgrimido el influjo de lecturas como el detonador de tragedias. No sé, siempre será discutible que la literatura de crímenes o de terror pueda propiciar comportamientos malignos como el producido el 25 de mayo pasado. Más bien yo creo que una mente perturbada puede justificarse a sí misma con cualquier excusa, sea esta literaria, musical, cinematográfica, de amistades, etc., etc. Si hubiera una directa relación causa efecto entre lectura de ciertas obras y crimen habría -decía con criterio Soto Ivars en Cuarto Milenio- que prohibir muchísimos libros, los primeros el Corán y la Biblia.

Dejo, pues, a un lado estos daños colaterales en los que sinceramente creo poco y voy a lo que importa, o sea, a la literatura. Diré para empezar que a mí la lectura me ha agradado y me ha evocado las de otros grandes autores como Salinger o Philip Roth que tocaron el tema de la adolescencia y su perturbadora evolución en obras iniciales suyas. Me estoy refiriendo naturalmente a El guardián entre el centeno de J. D. Salinger escrita en 1951 y a El lamento de Portnoy de Philip Roth publicada en 1969. En mi opinión estas dos novelas son precedentes claros que seguramente King tuvo presentes a la hora de diseñar a Richard Decker, el adolescente protagonista de Rabia. Como el Caulfield rebelde de Salinger y el Portnoy de Roth, Richie (Richard Decker) está en la edad difícil, la adolescencia, en la que se desatan en la persona conflictos emocionales, desarrollo de la sexualidad, agresividad hacia los iguales, rebelión frente a la autoridad (padres y maestros), e incluso en algunas personas manifestaciones más o menos fuertes de posibles desarreglos mentales. Esto unido a un lenguaje directo y sin tapujos fue en estos tres títulos motivo de escándalo en una sociedad cuyos adultos se niegan a ver que sus retoños han crecido y ya no son niños, pero tampoco adultos hechos y derechos.


Sinopsis
Charles Decker es un adolescente de 18 años que sufre de esquizofrenia, al que quieren internar en un correccional por agredir a un profesor con una llave inglesa, provocándole un grave traumatismo craneal. Pistola en mano, y para que no lo encierren, secuestra a su clase toda una mañana. Para que la situación sea más llevadera Charles les cuenta parte de su infancia y su adolescencia; mientras, el ambiente empieza a caldearse entre los alumnos, y pronto comienzan a atacarse verbal y físicamente, contagiados de la demencia de Charles.


Mi comentario
Para los adolescentes, el espacio donde desarrollan su principal actividad es el Centro escolar. Es ahí donde los padres delegan en los profesores el principio de autoridad y la responsabilidad educativa que les compete. Y es contra estos profesores y contra el Centro, constituido por el edificio y sus dependencias y por los alumnos que a él acuden, contra quienes los chicos que se ven desbordados por la fuerza de un desarrollo intempestivo embisten. Richard Decker al inicio de la novela es llamado por el Señor Denver, director del Instituto, para hablar con él de la agresión que hace nada realizó contra John Carlson, el profesor de Física y Química, el cual tuvo que ingresar en el Hospital para ser sometido a una difícil operación que de milagro salvó su vida. Decker es frío y distante ante esta situación y en vez de sentirse compungido ataca al director con un lenguaje burdo y soez acusándolo -sin pruebas ni motivo alguno, sólo por desorientarle- de abusos sexuales sobre los alumnos y de estar obsesionado con las prendas íntimas de las alumnas. Tras esto, lógicamente, el director lo expulsa del Centro.

La acción desarrollada en la novela dura sólo unas cuatro horas, desde el inicio de las clases a las 9:00 hasta la resolución del conflicto desatado por Charlie a eso de las 13:00. Durante esas horas Charlie quema una taquilla, mata a dos profesores y secuestra a los alumnos de su clase, a quienes mantiene encerrados en el aula con él dentro amenazando a profesores y policías con empezar a matarlos si no siguen sus instrucciones. Su deseo no es otro que desahogarse ante sus compañeros, testigos y colegas de sus frustraciones y aspiraciones cotidianas. El diálogo que mantiene con ellos es bastante bien recibido por todos ellos excepto por Ted Jones, el antagonista de Charles Decker, y contra el que en definitiva va dirigida toda la performance que el adolescente arrastrado por un brote psicótico ha montado. 

Conoceremos el porqué de la actuación de Charlie a raíz de la familia en la que vive. Una excursión de cacería con su padre y los amigos de éste cuando él contaba sólo 9 años lo marcarán para el futuro. El consumo inmoderado de alcohol por parte de los adultos, la brutalidad con las piezas cazadas, los comentarios soeces, sexuales y misóginos del padre y sus amigos no los olvidará nunca. También el deseo materno de influir en sus gustos y en sus amistades será un peso que difícilmente logrará quitarse de encima. Luego vendrán sus decepciones con algunas chicas, sus deseos sexuales desatados, su inexperiencia en el sexo, etc., que él verá confirmadas por las vivencias semejantes que sus compañeros han tenido y que cuentan en voz alta en la clase. Charlie, en los relatos vitales que lanza a sus compañeros durante estas tres o cuatro horas, se muestra como un ser desvalido e inseguro que no aguanta a nadie ni siquiera a sí mismo. Sólo hay una persona que siempre estará junto a él, su amigo Joe, pero ni siquiera a él le consentirá que lo ayude.

Estamos ante una novela en la línea de aquellas que abordan el desarrollo psicológico del adolescente. Ese momento de la existencia tan complicado en cualquier persona tenida por normal, lo es mucho más en aquellas que tengan o manifiesten el menor desequilibrio. Es el caso de Charlie. Él mismo no se explica por qué hace lo que hace, pero tampoco manifiesta ningún tipo de arrepentimiento ante sus actos; estamos ante un psicópata, un ser frío e insensible, del que en momentos muy aislados percibimos ciertos fulgores del buen chico que pudo ser pero que él mismo y sobre todo la sociedad en que vive (sus padres, el vecindario, la escuela, los profesores, los compañeros insensibles a su problemática, las chicas y la atracción sentida hacia ellas con los primeros desengaños y decepciones pseudoamorosas, etc.) llevaron al traste. Todo está y ha actuado en su contra.

Richard Bachman, seudónimos literarios
Como ya he dicho, he leído Rabia con gusto y en poco tiempo. La escritura de Stephen King abduce y capta al lector desde el primer momento. Tiene una manera de escribir que resulta adictiva para quien se acerca a ella. Esa cualidad es la que ha hecho del autor un productor de best sellers como pocos. A su estilo directo, con pocas distracciones tipo extensas descripciones preciosistas, se unen los efectos de suspense que maneja y sabe dosificar como nadie. Además, su conexión con los lectores se ve aumentada merced a la introducción de elementos propios de la cultura pop:
  • Utilización de títulos de películas, nombres de actores o actrices de cine (Raquel Welch, Richard Widmark, James Cagney, John Carradine, y otros)  como términos reales de algunas imágenes o simplemente como elementos de comparación:
    •  «No me sentía en absoluto como un hesiano, sino más bien como un Wild Bill Hickok» (Will Bill Hickok fue un pistolero norteamericano real del siglo XIX que dio título a películas muy populares tanto en cine mudo como sonoro rodadas en los años y décadas anteriores al momento en que sucede la narración)
    • «Era como ver Bonnie and Clyde, en el cine, salvo que Charlie se había vuelto majara y no había palomitas de maíz» (Bonnie and Clyde es un film de 1967 que tuvo un enorme éxito popular).
  •  Referencias a la música popular del momento que quienes tienen el libro en sus manos conocen sobradamente: The Beatles, The Rolling Stones, Mungo Jerry, Bobby Sherman, y muchos otros más. Personalmente he disfrutado mucho con las referencias musicales que aparecen en la novela. Las he buscado en Spotify y dejo aquí el enlace a las mismas -trece temas- pues entiendo que a muchos que os pasáis por aquí os gustarán: 


  • Alusiones literarias. Si en cuanto al culturalismo presente en la novela abunda lo señalado hasta aquí -cultura pop de masas-, es evidente que, tratándose de una obra literaria, las menciones culturales al mundo que le es propio, la literatura, también son profusas. Hay una diferencia importante entre las alusiones que se hacen a libros y/o escritores y las musicales o cinematográficas ya señaladas: las literarias están referidas a obras y autores que, aunque populares, son menos conocidos dado que con ellas viene a significarse el elevado coeficiente intelectual de Charlie, «el hijo psicópata de Carl Decker, el tipo que casi había matado al profesor de física y química», un chico que junto a su antagonista y elemento desencadenante de su violento proceder, Ted Jones, está por encima del común de sus compañeros de clase: 
    • «yo me encontraba escuchando a la señora Underwood, que repasaba los conceptos fundamentales del álgebra en el día siguiente a un examen terrible que, al parecer, sólo habíamos aprobado Ted Jones y yo» 
    • «La mayoría de los chicos no concede ningún valor al cerebro; un tipo con un cociente intelectual alto que no sabe jugar al béisbol, o al menos acabar tercero en una paja en grupo, es un cero a la izquierda.»


Mediante las alusiones a libros y escritores, en la novela se viene a marcar la diferencia generacional: padres adocenados y de poco nivel intelectual versus jóvenes más interesados por literatura de mayor calidad:

  • «Fui hijo único, pues mi madre no quiso tener más. Es una mujer muy intelectual; lee novelas inglesas de misterio, pero nunca de Agatha Christie —prefiere las de Víctor Canning y Hammond Innes—, además de revistas como The Manchester Guardián, Monocle y The New York Review of Books.»
  • «Dana sacó una gran pipa de agua adornada con arabescos de una estantería baja, llena de libros de Hesse y Tolkien, así como ejemplares del Reader’s Digest, que, sospeché, pertenecían a sus padres.»



Para finalizar
Pienso que Rabia en su momento pudo producir escándalo en la sociedad bien pensante norteamericana por varios motivos:
  • La manera de hablar del sexo sin pelos en la lengua:
    •  («—El tipo no olía muy bien —continuó Sandra—. Pero era fuerte, más corpulento que Ted. Además, no estaba circuncidado. Eso lo recuerdo muy bien. Cuando echó hacia atrás el... el prepucio, ya sabéis, su glande me pareció una ciruela. Pensé que me dolería, aunque ya no era virgen»)
  • El empleo de expresiones con sentido ofensivo y discriminatorio hacia colectivos sociales, que hoy no tendrían un pase:
    • En alguna parte había leído que no se precisa haber tenido ninguna experiencia homosexual para ser un afeminado. Uno podía serlo sin tener conciencia de ello, hasta que el marica oculto en el armario se abalanzaba sobre uno como la madre de Norman Bates en Psicosis» o
    • «había allí un campamento de auténticos indios de las reservas, la mayoría de los cuales te miraba como preguntándose cuánto pelo te habría salido ya en el culo y si merecería la pena arrancártelo como si de una cabellera se tratara»)
  • Mostración sin tapujos de la rebelión adolescente contra la brutalidad y adocenamiento alcohólico y pastillero medicamentoso de muchos padres:
    • «—Apestas —repuse—. Has jodido tu matrimonio y también a tu único hijo. Ven e intenta pegarme si te atreves. Me han expulsado de la escuela. Tu esposa está convirtiéndose en una adicta a las pastillas. Y tú no eres más que un bebedor empedernido. —Mi voz era ya un puro grito—. Ven aquí e inténtalo, imbécil de mierda.»
Todos estos factores son más que suficientes para justificar el éxito popular de la novela. Pero además de esto, el estilo de Stephen King captura en sus redes a quien lo lee por la manera de presentar la historia a base de oraciones breves y directas como se puede ver en varias de las citas anteriores; por ese narrador protagonista en primera persona el cual a veces viene a confundirse con el propio autor; por el empleo del estilo indirecto libre en la proporción adecuada y debidamente combinado con el resto del texto a fin de provocar -¡y conseguir!- en el lector la sensación de estar inmerso en la historia que se relata («Dejé salir el aire entre los labios con un silbido. Qué hombre más sorprendente. No me extrañaba que le hubieran encargado aquellos anuncios sobre seguridad vial.»), por la manera tan precisa de manejar los tiempos narrativos: 
  • Tiempo externo: la acción se sitúa en 1976 habida cuenta de los datos que va dando el narrador bien directamente en unas cartas finales que aparecen fechadas en noviembre y diciembre de ese año, bien cuando en alguno de sus flash backs da información suficiente para llegar a esta conclusión:
«Un día de otoño de 1962 se me ocurrió arrojar piedras contra las sobrevidrieras que papá se disponía a colocar.[...] Yo tenía cuatro años. Era un espléndido día de octubre para romper ventanas

  • Tiempo interno: la historia del secuestro propiamente dicho dura unas tres horas y media, iniciándose poco antes de las 10: «Observé el reloj de la pared. Eran las 9.50. A las 9.05 me hallaba sentado en mi pupitre, junto a la ventana, observando a la ardilla.» y finalizando a la 1 de la tarde con dos menciones a la proximidad de ese momento: «Eché un vistazo al reloj de la pared, Eran las 12.30.» para finalmente cuando el suceso está a punto de concluir: «Faltaban tres minutos para la una.». Este tiempo interno se abre y se dilata hacia el pasado a través de las 'vueltas atrás' o 'flash backs' que tanto el propio narrador como sus compañeros, al contar sus propias historias, realizan. De esta manera, como se ve claramente cuando dice que en otoño de 1962 tenía cuatro años, la historia completa abarcaría desde 1958 hasta 1976.  

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Nota:

Otros libros de Stephen King reseñados en el blog son los siguientes: 


            Carrie                                                                    Mientras escribo
 


19 mar 2019

"Mientras escribo". Stephen King descubre sus procedimientos de escritura

24 comentarios:
“Escribir no es cuestión de ganar dinero, hacerse famoso, ligar mucho ni hacer amistades. En último término, se trata de enriquecer las vidas de las personas que leen lo que haces, y al mismo tiempo enriquecer la tuya. Es levantarse, recuperarse y superar lo malo. Ser feliz, vaya. Ser feliz”.

Stephen King, "Mientras escribo", Procedimientos de escritura
Este libro se comenzó a escribir en 1997 ["Me llamo Stephen King, y escribo el primer borrador de este texto en mi mesa de trabajo (la que está puesta donde baja el techo) una mañana de nieve de diciembre de 1997", p. 80] aunque por vicisitudes que King explica en su interior lo abandonó en varias ocasiones. Cuando en 1999 el novelista fue arrollado por un vehículo mientras hacía footing y estuvo a un tris de no contarlo decidió, durante el largo período de rehabilitación, retomarlo y darlo a la imprenta al año siguiente. En ese momento el escritor había sacado ya a la luz unas 35 obras y estaba encumbrado en lo más alto de escritores autores de novelas de terror, suspense y fantasía supranormal.

He leído este libro sobre el oficio de escribir a raíz de la satisfacción que hace nada me produjo "Carrie", su primera novela, publicada con éxito arrollador [la reseña que hice sobre esta novela se puede leer aquí]. También debo decir que la recomendación que del mismo me hicieron Conxita Casamitjana del blog "Enredando con las letras" y David Rubio Sánchez del blog "Relatos en su tinta" han hecho que anticipase su lectura (¡gracias, amigos!). Es precisamente del antes, el durante y el después de "Carrie" que versa este breve tratado sobre su manera de abordar la escritura. 

Hay en él mucho de su propia peripecia vital: sus orígenes familiares; ese padre ausente que apenas si llegó Steve a conocer; esa madre esforzada que lo sacó adelante ayudada por hermanas y cuñados; el instituto y cómo la manera de abordar sus escritos escolares llamó la atención de los profesores; el fichaje para la revista escolar; el salto al periódico deportivo de la localidad; los sucesivos rechazos que sus relatos recibían de las editoriales; la Guerra de Vietnam; sus trabajos diversos para contribuir al esfuerzo que su madre hacía para enviarle a la universidad de Maine; los relatos que enviaba a revistas populares y picantes que normalmente le eran devueltos; el primero que le publicaron y le pagaron; el descubrimiento de la que sería su mujer, Tabitha, en la biblioteca de la Universidad de Maine ("Una chica delgada de risa escandalosa, pelo teñido de rojo y unas piernas de impresión, perfectamente a la vista gracias a una minifalda amarilla. [...] Se llamaba Tabitha Spruce. Nos casamos al año y medio. Seguimos juntos.", p. 44); su trabajo como profesor de lengua en colegios e institutos que a punto estuvo de hacerle abandonar definitivamente la escritura; qué elementos de la vida real le sirvieron de inspiración para "Carrie"; cómo decidió arrojar a la papelera los folios en que había escrito la historia de Carrie White, una chica rara con facultades telequinésicas; cómo Tabitha, su mujer pero también su fiel lectora y consejera, le dijo que finalizase esa historia y la enviase a la editorial 'Doubleday'; cómo la editorial aceptó la obra, le dio un adelanto sustancial de dinero y cómo a partir de ese momento todo cambió.

Si lo anterior hace referencia al nacimiento del escritor de éxito, no puedo por menos de señalar otras notas biográficas que desconocía por completo y que me parecen de mucho interés. En primer lugar estaría que a raíz del éxito de "Carrie", King pudo contribuir a sufragar los gastos que la enfermedad de su madre estaba ocasionando a la familia. Pero lo que más me ha impresionado de esta etapa del escritor de éxito que todos los años publicaba otra obra -a veces dos o más- de igual o mayor relevancia ("El resplandor"y "Rabia" en 1977, "La larga marcha" y "La zona muerta" en 1979...) es su caída en el alcoholismo. Es interesantísima esta parte de la obra en la que el autor cuenta que durante bastantes años se engañaba a sí mismo como un imbécil (“Los alcohólicos erigen defensas como diques los holandeses. Yo me pasé los primeros doce años de mi vida matrimonial diciéndome que «sólo me gustaba beber»", pág. 74) y también cómo con mucho esfuerzo logró abandonar la adicción al alcohol y a otras drogas en las que cayó y salvarse él, su matrimonio e hijos... todo.

Tras estos muy interesantes datos biográficos, "Mientras escribo" pasa a hablar ya más concretamente de aquello que promete su título, o sea, de escribir. En este extenso apartado Stephen King hace un recorrido por todo el campo de la escritura y su resultado: los libros. Cuenta aspectos secundarios al propio acto de escribir cuales son que siempre escribe oyendo música ("ponía a Fats Domino, y ahora a Bob Dylan y los Dave Clark Five", p. 69), el escritorio en el que trabaja, y la necesaria rutina empleada para logar sacar los producos que crea y el mercado espera de él:
 “En mi caso el horario está bastante claro. Dedico las mañanas a lo nuevo, la novela o cuento que tenga entre manos, y las tardes a la siesta y la correspondencia. La noche pertenece a la lectura y la familia, a los partidos televisados de los Red Sox y a las revisiones más urgentes. Por lo general, la escritura se concentra en las mañanas.” (p. 116)
La caja de herramientas
Stephen King no comulga con la romántica imagen del escritor que recibe la visita de las musas que le inspiran obras maestras que él tan sólo transcribe. No, para nada. En la escritura, como en cualquier otro oficio es preciso tener una buena caja de herramientas con diversos niveles o cajones. En el primero es donde están vocabulario y gramática. Incide King sobre todo en la necesidad de evitar adverbios y lo que él llama esferoides verbales –swifties, "en referencia a Tom Swift, el valiente héroe-inventor que protagonizó una serie de novelas de aventuras escritas por Victor Appleton II” (pág. 97)-, es decir, esos sustitutos de la forma 'dijo' del estilo 'graznó', 'espetó'... y otros de este jaez.

Nivel esencial en un escrito es el párrafo: “Yo soy del parecer de que la unidad básica de la escritura es el párrafo, no la frase” (pág. 104). Párrafos extensísimos acobardan al lector más entusiasta al igual que las frases muy largas. Pero esto no siempre es una regla que funcione pues a él mismo prefiriendo la sencillez y la frase breve, no engolada, sin embargo “Los puentes de Madison” de Robert James Waller no le gusta por el exceso de brevedad en la frase; por el contrario a veces el exceso de longitud es bueno y el lector se disgusta cuando observa que la larga historia que está leyendo se acaba como así lo sienten “Los lectores de ‘Lo que el viento se llevó’, de Margaret Mitchell, o de ‘Casa desolada’, de Charles Dickens” ( pág. 105) .

¿Por qué sucede lo anterior? Pues simplemente porque en esta caja de herramientas no se puede obviar el nivel del estilo (imágenes frescas y vocabulario sencillo) que es lo que distingue las obras buenas de otras que no lo son tanto. Y en esta diferenciación que se da incluso dentro de la producción de un mismo autor no se puede obviar que además de la carpintería, de las palabras, del estilo personal... hay que "tener presente que también hablamos de magia" (pág. 106)
mis primeros maestros fueron Chandler, Hammett y Ross MacDonald, y es posible que mi respeto por la fuerza del lenguaje descriptivo compacto aumentara al leer a T. S. Eliot y W. C. Williams (como en 'La carretilla roja', con su contraste entre ésta y las gallinas blancas).” (p. 140).
Metido ya en la harina de la propia escritura, el novelista afirma que son tres los elementos que integran una narración: “A mi modo de ver, todos los relatos y novelas constan de tres partes: la narración, que hace que se mueva la historia de A a B y por último hasta Z, la descripción, que genera una realidad sensorial para el lector, y el diálogo, que da vida a los personajes a través de sus voces.” (p. 125)
Tras esta afirmación King se muestra contrario al ‘esquema argumental’: “Para mi, el esquema argumental es el último recurso del escritor, y la opción preferente del bobo.” (p.126). Lo que no quita para que entre su extensísima producción catalogue algunas de sus propias novelas dentro de las de esquema argumental aunque en su opinión no destacan entre las mejores ("'Insomnia' y 'El retrato de Rose Madder' no destacan por su calidad", pág. 131). A él le gusta más que sus narraciones planteen situaciones que según vaya avanzando la escritura de la novela evolucionarán en un sentido o en otro. Así escribió "Carrie", planteando la situación de una chica a la que le viene su primera menstruación en unas duchas colectivas ante el resto de compañeras.
'El juego de Gerald' y 'La chica que amaba a Tom Gordon' son otras dos novelas de situación pura. Si 'Misery' son «dos personajes en una casa», 'El juego de Gerald' es «mujer en un dormitorio», y 'La chica que amaba a Tom Gordon', «niña perdida en el bosque» […] De mis novelas sobre argumento, la única que me gusta es 'La zona muerta' (y es de justicia añadir que muchísimo).” (p. 131).
 A veces en esta clasificación que realiza de su propia producción aflora el humor: “resulta que sí, que has escrito una porquería (y, como autor de 'La rebelión de las máquinas', estoy autorizado para afirmar que es posible)” (p. 173).
Muchas de estas porquerías de novelas él las atribuye a ese período en que estuvo preso en el infierno del alcohol y las drogas.

De todo su proceso de escritura, por encima de otros muchos aspectos, Stephen King destaca la importancia de las revisiones. Dice que al finalizar la escritura de las historias es el momento de las segundas redacciones. Es entonces cuando se detecta o no el tema o temas de la narración, así como diversos simbolismos: "Hay dos ejemplos de la utilidad de las segundas versiones: el simbolismo y el tema" (pág. 156). Es en la segunda versión donde se incide más o menos en ellos siempre que se vea su utilidad para la historia, porque por encima de todo siempre está la historia. Es la revisión un momento de máximo disfrute para el autor:
Si algo adoro de escribir, por encima de todo lo demás, son esos relámpagos de intuición en que se te relaciona todo. Los he oído calificar de «supralógicos», y es lo que son.” (p. 162)
Por último realiza una alabanza de los clubes de lectura y de los blogs literarios por las aportaciones que se hace en ellos cuando comentan la obra:
si el tema está bastante claro, los que comenten la novela podrán proponer su propia moraleja y sus propias conclusiones. Lo cual no tiene nada de malo, porque ese tipo de comentarios son uno de los grandes placeres de la lectura” (p. 164)
Sin embargo se muestra muy cítico con los Cursos de Escritura:
Club de lectura, Taller de escritura
Truquitos y artilugios los hay de sobra: la onomatopeya, la repetición incrementada, el flujo de conciencia, el diálogo interior, las cambios de tiempo verbal (está de moda narrar en presente, sobre todo en el relato breve), la engorrosa cuestión de los precedentes (cómo incluirlos y en qué cantidad), el tema, el ritmo (de los dos últimos hablaremos in extenso) y una docena de cuestiones más, todos los cuales se tratan (a veces hasta el agotamiento) en los cursos y manuales de escritura al uso.” (p. 155). 
Cuando aborda este asunto de los denominados recursos estilísticos manifiesta que
 “Como lector, me interesa más lo que va a suceder que lo que ya ha sucedido. Reconozco que hay buenas novelas que van a contrapelo de esta preferencia (¿o hay que llamarlo prejuicio?): una es 'Rebeca', de Daphne du Maurier.” (p. 180). 
Vuelve luego otra vez al asunto de las clases de escritura a las que sí que reconoce dos ventajas: Una es para los alumnos dado que “Las clases de escritura son de los pocos lugares, si no el único, donde no está mal visto pasar porciones generosas de tiempo libre en un mundo de sueños.” (p. 190); la otra es para quienes las imparten pues “Para muchos escritores mal pagados, la solución es enseñar lo que saben a los demás.” (p. 191).

Y concluye con su peculiar sentido del humor diciendo sobre esta cuestión que
Las clases o seminarios de escritura son tan poco «necesarios» como este libro o cualquier otro sobre el oficio de escribir.” (p. 191)

El Lector Ideal
Importantísimo para él es la valoración que, antes de entregar la novela a la editorial, le hagan algún o algunos lectores en cuyo criterio él confía ciegamente. Afirma que su lector ideal siempre ha sido su mujer Tabitha que además es también escritora. Destaca de ella su sagacidad y buen juicio y recuerda los consejos que le diera para "Carrie", su primer gran éxito. Gracias a los mismos logró dar a esa historia de poderes paranormales verosimilitud y sensación de realidad:
La sensación de realidad es importante en todas las obras de ficción, pero considero que en un relato que trate de fenómenos anormales o paranormales todavía reviste mayor importancia.” (p. 186)
Este ensayo sobre su manera de hacer novelas lo concluye igual que lo comenzó, afirmando que

 "leer y escribir mucho es la verdadera escuela del escritor".

Cierra la obra un epílogo titulado "Coletilla, segunda parte: Una lista de libros" en el que intenta responder a una pregunta recurrente en cuantas presentaciones de libros y conferencias da, la de "¿Usted qué lee?". Su respuesta consiste en un listado de 96 títulos, que cualquiera puede consultar en las páginas finales de este tratado.
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"Mientras escribo" apareció publicado por primera vez en el año 2000. En 2016 hubo una reedición del mismo coincidiendo con los 70 años de edad de su autor


3 mar 2019

Stephen King: "Carrie". Terror y suspense

32 comentarios:
Durante mis años de docencia, muchos alumnos se confesaban entusiastas de las novelas de Stephen King. Yo que probablemente acabaría de hablarles de Galdós, de Clarín, de Unamuno, Garcilaso, Lope o Quevedo, sin desanimarles sí que acogía su fervor y entrega a este autor como una debilidad propia de sus pocos años. Lo importante es que leáis, les decía, eso es lo importante, pero… Y ahí me quedaba. Yo conocía el nombre del escritor sobre todo por las versiones cinematográficas de sus novelas, pese a que el cine de terror no haya sido nunca mi género favorito. Ahora acabo de leerlo y su literatura me ha convencido, y pienso que esos chicos estaban en lo cierto.

literatura norteamericana de suspense y terror,
En una escuela de secundaria de Chamberlain (Maine) una chica es habitual objeto de las chanzas de sus compañeros. La burla llega a su cénit el día en que tras la clase de gimnasia, estando ya en las duchas comunes, Carrie White, que así se llama la protagonista que da título a la novela, nota que la sangre le corre por las piernas. A pesar de sus 16 años la chica aún no había tenido su primera menstruación. Cuando siente la sangre entre sus muslos el miedo y la vergüenza se apoderan de ella, y más cuando sus crueles compañeras entre gritos la zahieren con burlas y lanzamiento de compresas, paños y tampones al tiempo que le chillan para que se tape e interrumpa el flujo sanguinolento.

La situación de incomodidad y desnorte para Carrie aumenta cuando llega a su casa y su madre Margaret, una intransigente y religiosa mujer congregacionista, comienza a insultarla y a culparla de ser responsable de su condición de mujer, siempre nefasta y pecaminosa en su opinión. Ella misma se lamenta de haber tenido relaciones sexuales con quien fuera su marido aunque las mismas hubiesen sido únicas y aisladas. De esa ‘caída’ en la ciénaga del sexo nacería Carrie a quien en varias ocasiones pensó eliminar para así expiar su culpa. Sin embargo nunca pudo hacerlo porque Carrie, sin ser consciente en principio de ello, posee el don de la telequinesia y es en esos momentos de peligro cuando precisamente se le activa.

La edad de la pubertad, de la conversión en mujer, es una época vital llena de inseguridades, de miedos, y también de ilusiones. Carrie White vive subsumida en la absorbente religiosidad enfermiza de su madre que constantemente la obliga a rezar para expiar culpas imaginarias. Pese a esto, Carrie ama a su madre pero también necesita respirar, vivir su propia vida. Son, pues, madre e hija, dos personas en cierto sentido opuestas: Margaret es una enferma, una odiadora del género femenino; Carrie es una insignificante muchacha que lucha por que sus ilusiones no decaigan ante lo que continuamente su madre le predica.

Alrededor de estos dos personajes está Chamberlain, la pequeña ciudad de Maine donde está situada la escuela secundaria Ewen a la que acude Carrie. Es en esta escuela en la que la chica aprende que la vida es dura, que los adolescentes son crueles; pero también conoce allí a personas que la aprecian, que se oponen a la crueldad que algunos ejercen sobre ella. Dos grupos, pues, también entre los adolescentes: los amables como la pareja que forman Sue Snell y Tommy Ross, o algunos adultos como el Sr. Grayle, director de la escuela, o la señorita Rita Desjardin que la protegen en lo posible. Pero son los ‘malos’ quienes se llevan el gato al agua: la pareja formada por Billy Nolan y Chris Hargensen son sin duda los causantes directos del encendido de la mecha que causará la destrucción de la tranquila vida en esta pequeña población. El motivo de su maldad es simplemente vengarse de Carrie quien tras el episodio de las duchas ha recibido la protección de la dirección de la escuela, mientras que Chris ha sido expulsada temporalmente y se le ha prohibido expresamente asistir al baile de graduación.

La novela es de suspense y por ello no debo decir más sobre el argumento. Baste lo dicho hasta aquí, aunque de todas maneras pienso que muchos de los lectores conocerán la historia a través de la versión cinematográfica que de esta novela publicada por Stephen King en 1974 hiciera el director Brian de Palma en 1976 con Sissy Spacek en el papel de Carrie y Piper Laurie en el de su madre Margaret. Sólo decir para finalizar esta parte de la reseña que la acción tiene lugar en un futuro muy próximo a la fecha de escritura -¡y de lectura!-, en 1979. Que algo terrorífico y con tintes muy reales pueda sucederles en el plazo de menos de diez años en una localidad existente a unos jóvenes adolescentes añade sin duda un plus al innegable suspense terrorífico del relato. Concretamente el punto climático de la acción tiene lugar durante la noche que va del 28 al 29 de mayo de 1979, si bien los antecedentes se remontan a unos cuatro o cinco meses atrás.

Adaptaciones cinematográficas, Cine de terror
Literariamente hablando la novela, primera publicada por Stephen King, ha sido toda una sorpresa para mí especialmente por la estructura de la misma. Hay dos elementos claros en esta novela: el primero es el de la pura narración de los acontecimientos sucedidos a Carrie desde su primera menstruación hasta la catástrofe final acontecida en su escuela durante el baile de graduación; el segundo elemento es la inclusión de manera entreverada dentro de la narración anterior de extractos documentales diversos tomados de la prensa local, de libros aparecidos con posterioridad que intentan poner luz a lo acaecido, de estudios científicos sobre la telequinesia y otros fenómenos paranormales, de las declaraciones hechas por testigos y compañeros de Carrie en las comparecencias realizadas ante la Comisión de investigación montada tras los terribles sucesos, de anuncios y documentos del momento… Estos dos elementos compositivos los organiza el novelista en tres grandes apartados que se suceden de manera lineal.

Para la historia de Carrie, el autor utiliza un narrador objetivo en 3ª persona. En lo que podría considerarse como la parte de análisis e investigación de lo sucedido, el narrador varia en función del tipo de documento, nota de prensa, extracto de declaración, ensayo o crónica de que se trate. Cambia así el estilo discursivo y por lo mismo también la figura del narrador que se ausenta en la reproducción del diálogo pregunta-respuesta propio de un interrogatorio, que adopta la neutralidad propia de un teletipo de agencia (“Un desastre de grandes proporciones se ha abatido sobre la ciudad de Chamberlain, Maine”, pág. 187) o que aparece en primera persona en las crónicas escritas por testigos de la tragedia como Susan Snell quien a veces interpela directamente al lector (“Carrie era un ser humano, tan real como tú, lector, que lees estas líneas, con esperanzas, sueños, etc., etc. Supongo que será inútil decirte estas cosas. Nada puede hacer ahora que algo que fue una creación de la prensa vuelva a convertirse en una persona. Pero ella existió y sufrió, probablemente mucho más de lo que sabemos”, pág. 123) y también en los amplios artículos propios del periodismo de investigación que se publicaron tras el suceso intentando aclarar en lo posible la personalidad de Carrie White.
 “De ‘Carrie: El negro amanecer de la telequinesia’, por Jack Garver (publicado por la revista ‘Esquire’ el 12 de septiembre de 1980): ‘[…]  Stella Horan todavía lleva dentro de sí la frágil y difusa marca de su Nueva Inglaterra natal, y cuando habla de Carrie White su rostro adquiere un aspecto pálido y singular que hace pensar más en Lovecraft, en Arkham, que en un Kerouac del sur de California’” (pág. 24)
Es evidente que esta primera novela escrita por este prolífico autor de la literatura de suspense, terror, ciencia ficción y/o literatura fantástica a los 27 años revela al gran escritor que es. Un autor de éxito entre lectores jóvenes que devoran sus historias de terror y misterio, pero no por ello, como a veces se piensa -yo mismo, durante mucho tiempo, así lo hacía-, un autor menor. Hay en Stephen King mucha literatura dentro de sus novelas. En esta primera a la interesantísima composición de la misma vienen a unirse el uso de técnicas narrativas como el perspectivismo o focalización múltiple y el collage al estilo de un John dos Passos, entre otras. Además el novelista de Portland (Maine) toma elementos culturalistas como referentes para sus imágenes literarias. Entre éstos se cuentan referencias propias de la cultura pop como las musicales alusiones al ‘Hey, Jude’ de los Beatles (“Hay un hibachi en el hermosos y cuidado jardín posterior y el carillón que cuelga junto a la puerta hace oír una tintineante frase del estribillo de ‘Hey, Jude’” (pág. 24) o los versos pertenecientes a la popular canción de Bob DylanTombstone blues’: “Quisiera escribirte una melodía tan simple / que te impidiera, querida amiga, enloquecer / que te tranquilizara y extinguiera el dolor / de tu conocimiento inútil y sin sentido…” (pág. 228). También propias de la cultura pop aunque del campo literario son las que realiza a Jack Kerouac, poeta de la generación beat, o a Lovecraft, autor de literatura de terror que se apartó precisamente de la que en "Carrie" aparece: terror sobrenatural (satanismo, religiosidad) y paranormal. Por último también hay referencias culturalistas de alta literatura como las referidas a Shakespeare y su tragedia “Macbeth”.

literatura de terror actual, suspense, fenómenos paranormales
Stephen King toma elementos del terror tradicional que Lovecraft no emplea y los pone en contacto con un elemento esencial en su narración: el sexo. Mejor cabría decir, el sexo y su negación. Sin duda alguna uno de los alicientes de la lectura de esta novela "Carrie" y su indudable éxito entre el público adolescente es la mostración de la práctica sexual en jóvenes apenas alcanzada la pubertad. Es un sexo torpe, impulsivo, y utilizado como elemento de dominación tanto por ellos como por ellas: la pareja de ‘malos’ formada por Billy y Chris es ejemplo característico: ella se lo camela cediendo y prometiéndole sexo, y él se cobrará el trabajo realizado con la correspondiente sesión del mismo. Y digo también el no-sexo en el sentido de su consideración como pecado, fuente de todos los males, tal y como lo entiende la madre de Carrie y en cierto sentido también ella. Cuando esta concepción se impone todo lo relacionado con él adquiere connotaciones claramente terroríficas. Y si el sexo es el Mal, sólo a través del Mal se puede uno defender de él. Y si el sexo aterroriza sólo cabe devolver terror como respuesta.

[Nota: Esta novela es una de 'mis doce pendientes' dentro del Reto promovido por Ana Bolox y también la incluyo como lectura realizada dentro del III Reto 'Nos gustan los clásicos' promovido por Francisco en su blog. "Carrie" entra por poco en los límites de Clásico establecidos por Francisco, pero entra, y sin duda lo es]