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30 dic 2019

En Netflix: "El irlandés" e "Historia de un matrimonio" (A pares VI)

17 comentarios:
Es evidente que las plataformas televisivas (HBO, Netflix, Movistar, Amazon, etc.) se están imponiendo de manera imparable. La competencia entre ellas es brutal, lo que provoca que todas se esfuercen en ofrecer buenos productos a fin de atraer nuevos suscriptores o, al menos, no perder los que ya tienen. Netflix, la primera o una de las primeras en ofrecer películas en streaming, se había quedado algo dormida en los laureles.

A Netflix todo le iba bien hasta que surgió la competencia con oferta semejante cuando no superior a la que ellos ofrecían. Quizás por ello la compañía californiana comenzó a realizar producciones cinematográficas destinadas a su plataforma sin que las mismas debieran guardar ese período de tiempo -3, 6, 9 meses- antes de pasar a la televisión. 

Todo comenzó, o al menos en mi cabeza es lo que yo tengo interiorizado, con la película "Roma" de Alfonso Cuarón [leer reseña aquí] creada ex-profeso para su exhibición en la pequeña pantalla. Hubo sus dimes y diretes sobre esta estrategia comercial de apenas pasarla por las salas convencionales; incluso hubo exhibidores que decidieron boicotearla y negarse a ofrecerla en sus locales. No sirvió de nada. El éxito de la película fue inmenso; fue de tal calibre que en los Oscar de este año cosechó nada menos que tres de los más preciados premios de la academia de Hollywood: Mejor película, mejor dirección y mejor fotografía. No mencionaré la ristra de honores recibidos en los Globos de Oro, los Bafta, etc., etc. Estaba claro que a poco que se descuide, a la industria le ocurrirá algo parecido a lo que reza la conocida canción de The Buggles, 'El Video mató a la estrella de la Radio', que las plataformas televisivas acabarán con las Salas de Cine tradicionales. Y así llegó este año.

Filmin, Movistar, Movistar+, Netflix, Amazon

Muchas plataformas producen películas para consumo en la propia plataforma: "Día de lluvia en Nueva York" de Woody Allen (Amazon) [reseñada en el blog], "Elisa y Marcela" de Isabel Coixet (Netflix), "El cuento de la criada" basada en la novela homónima de Margaret Atwood [reseñada en el blog] o "Patria" basada en la novela de Fernando Aramburu (ambas en HBO) [de la novela hice reseña en su día], "Mientras dure la guerra" de Amenábar (Movistar), "El irlandés" de Scorsese (Netflix)... No todas las productoras restringen la exhibición en salas (Movistar, por ejemplo, no acostumbra hacerlo) y alguna de ellas, como le ha ocurrido a Amazon con la película antes citada de Woody Allen, tienen serios problemas si toman decisiones drásticas al respecto.


"El irlandés"
La larga introducción anterior venía a cuenta de esta película dirigida por Martin Scorsese. "El irlandés" se exhibió en exclusiva en Salas durante apenas siete u ocho días; transcurrido este tiempo se estrenó en la plataforma, en la que actualmente puede verse así como aún en sólo dos o tres salas de cine. Los críticos que la han visto en ambos espacios se inclinan sin dudarlo por la gran pantalla frente a la pequeña. El metraje de la cinta es grande teniendo su visualización la duración de 3 horas y media, un tiempo que si ya nos parece mucho para verlo en sala, qué no diremos para casa. Sin lugar a dudas, excesivo. Los más enterados dicen que el motivo de esta larga duración se debe a que en principio parece que la idea era la confección de una serie y que en esta idea estaría Scorsese hasta que finalmente la productora decidió hacerla película.

El irlandés, Robert De Niro, Joe Pesci, Al Pacino, Jimmy Hoffa, Netflix
La verdad es que a mí la película me ha decepcionado un poco. Llegaba yo a ella henchido de altas expectativas por ser creación del hacedor de "Uno de los nuestros", "Taxi Driver", "Shutter Island" o "El lobo de Wall Street" entre tantas y otras suyas memorables, y tras su contemplación quedé algo frío. Me pareció una obra más de tema gansteril, en esta ocasión referido a la caída del mítico Jimmy Hoffa que entró en el poderoso sindicato de camioneros estadounidense para manejarlo a su conveniencia. La música, uno de los grandes alicientes de los filmes del director, conocedor como pocos de la música popular contemporánea, me defraudó en gran medida. Pero eso sí la actuación de esos tres actorazos: Robert De Niro, Al Pacino y Joe Pesci es sencillamente fantástica. Si hubiera de destacar a uno de los tres por encima de los otros sin lugar a dudas Al Pacino sería el elegido seguido muy de cerca por Joe Pesci. Qué maravilla las interpretaciones de ambos; en esta ocasión -¡y mira que me gusta!- Robert De Niro queda en mi opinión algo por detrás de los dos anteriores.

La historia que cuenta "El irlandés" es la de Frank Sheeran conocido como 'el irlandés', camionero y veterano de guerra, que comienza a involucrarse en los negocios de la Mafia al venderles parte de los cargamentos que transporta. Despedido por la empresa y llevado a juicio lo defiende un abogado quien al ver cómo Sheeran no da al juez ningún nombre lo pondrá en contacto con Russell Buffalino (Joe Pesci), el jefe de la Mafia de la zona de Pennsylvania. Será a través de Russell para quien empezará a hacer trabajos cada vez más personales que incluyen hasta el asesinato, como conocerá a Jimmy Hoffa (Al Pacino), principal dirigente de la Hermandad de Camioneros. Hoffa entra en confianza con Sheeran, en especial con su hija Peggy (Lucy Gallina, de joven / Anna Paquin, de mayor), y 'el irlandés' se convertirá en su guardaespaldas.

La película además de la historia de mafiosos toca en la tela de araña que es la Mafia el mundo de la política. Las figuras de John F. Kennedy elegido presidente y de su hermano Robert (Jack Huston) encargado de la Seguridad de la Nación tienen interés diferente para estos mafiosos: Hoffa detesta a Kennedy y sin embargo Russell está contento  con él. También aparece en escena Richard Nixon que sacará de la cárcel a los mafiosos encerrados durante la presidencia de los Kennedy / Johnson. 

El film inicia y finaliza con la figura de Sheeran ya muy anciano en una Residencia de ancianos, impedido y en silla de ruedas tras haber pasado varios años encarcelado junto a Russell y otros dirigentes de la Mafia. Él no ha fallecido en prisión como los otros y excarcelado viendo ya próximo su final está confesándose con un sacerdote católico que lo absuelve de todos sus crímenes. 

La película en el aspecto técnico tiene elementos de gran altura. El primero sería la estructura de la misma, habitual en Scorsese, con avances y retrocesos en la línea temporal, entradas y salidas del momento actual; y luego estaría la manera como maneja la cámara. Los enfoques de la misma me han parecido espectaculares; en especial me han encantado los picados con que aborda determinadas escenas a través de los cuales transmite muchísima información sin decir palabra.

Pero sobre todo "El irlandés" es una película de actores. Todo el plantel es y está fantástico, pero de él, como no podía ser de otro modo, destacan por encima de todos los tres 'tenores' (es broma): Robert De Niro, Joe Pesci y Al Pacino. Son actores que sobrepasan los tres los setenta y cinco años: Robert De Niro, 76; Joe Pesci, también 76; y Al Pacino, 79. Son, pues, actores veteranos muy fogueados en producciones que tratan asuntos de la Mafia en Estados Unidos, que entienden a la perfección a sus personajes por tenerlos ya muy interiorizados y que los representan a las mil maravillas. Por ponerles un pequeño 'pero' diría que al comprender la historia relatada un muy extenso lapso temporal su caracterización como hombres jóvenes cuando deben representar esas edades chirría un poco. Y como ya he dicho al inicio, los tres están soberbios, pero para mí Robert De Niro queda en esta ocasión algo opacado por la altura de los otros dos, en especial por la de Al Pacino que compone un Jimmy Hoffa de manera espectacular.



"Historia de un matrimonio"
Como casi siempre -¡y que sigan así, por favor!- los Premios Oscar van a estar muy reñidos este año. Se venía diciendo con bastante displicencia que la maestría consumada de Martin Scorsese y su "El irlandés" coparía el certamen, pero hay muy buenos competidores que le harán frente. Es ahí donde encontramos a "Historia de un matrimonio" de Noam Baumbach, película también de producción norteamericana que con un asunto bien distinto al de la anterior será seria competidora en la obtención de galardones.
Marriage story, Noam Baumbach, Scarlet Johansson, Adam Driver

Casi 30 años separan a Scorsese nacido en 1942 de Baumbach que vino a este mundo en 1969. Exactamente son 27 años, en realidad muchos años. Esto no quiere decir nada en principio salvo que los intereses de uno y otro discurren por torrenteras diferentes. Mientras que a Martin Scorsese le han ocupado fundamentalmente asuntos como la Mafia, Vietnam, la corrupción política y demás, Noam Baumbach parece más enfocado a asuntos de tono y desarrollo más intimista. Hago esta afirmación, si me fijo en el director de "Historia de un matrimonio", más por intuición que por contrastada convicción dado que mientras de Scorsese he visto muchos filmes de Baumbach que yo sea consciente éste es el primero. Pero en fin, esto no deja de ser un blog personal y creo tener permiso -y si no, ahora mismo me lo acabo de conceder- de lanzarme a la piscina.

Es importante saber que lo que se nos cuenta en esta cinta, el divorcio de una pareja que se llevaba al menos en apariencia a las mil maravillas, es fruto de la experiencia personal vivida por el director y guionista de la película que conoció que su mujer, la actriz Jennifer Lason Leigh, con la que tiene un hijo en común tras haberse casado en 2005, le solicitó inopinadamente el divorcio en 2010 por, según ella, diferencias irreconciliables. Esto, en definitiva, es lo que nos cuenta el film, ni más ni menos.

Es una película muy alabada por los movimientos de empoderamiento femenino dado que en la cinta asistimos a que una esposa y buena madre, Nicole (Scarlet Johansson), siente que su marido, Charlie (Adam Driver), no le deja espacio para realizarse profesionalmente. Charlie es un relativamente conocido director de teatro en Nueva York donde está desarrollando su carrera que parece ir despegando y ella, Nicole, es actriz en la Compañía que dirige Charlie. Nicole ve que puede dar el salto al mundo de la televisión para lo que va a trasladarse a Los Ángeles, a Hollywood, donde grabará el episodio piloto de una posible exitosa serie. Esto será lo que a ella le lleve a solicitarle el divorcio.

Lo que en principio ellos acordaron sería un proceso amable y sin abogados de por medio se complicará ad infinitum. Todo van a ser obstáculos que los abogados de uno y otro usarán a veces maquiavélicamente: la distancia geográfica que los separa, la educación de Henry (Azhy Robertson) -el hijo que tienen en común-, la familia que ella tiene en Los Ángeles, la falta de arraigo familiar de él allí, los problemas de las visitas al hijo, la custodia del mismo, etc., etc. En cierto sentido en la película se hace una fortísima crítica a estos bufetes estadounidenses que se comportan despiadadamente con las partes en litigio con tal de obtener sustanciosos réditos. ¡The money, first!, que diría aquel.

No se puede contar mucho más si no se quiere destrozar esta preciosa cinta. Lo importante en ella es ver el proceso evolutivo de ambos cónyuges durante el desarrollo del divorcio. Los actores realizan sus papeles a las mil maravillas. En mi caso, no sé si -alguna amiga así me lo ha manifestado- por ser hombre, el personaje de Scarlet Johansson se me ha hecho algo indigesto al detectar en ella un egoísmo personal, una falta de consideración hacia la otra persona, en mi opinión algo excesivos. Se me dice que la actitud de Nicole, en el fondo no es otra más que la de 'lo tomas o lo dejas', es decir, la habitual en el hombre hasta el momento en la mayoría de los procedimientos de divorcio. No sé, quizás, sea así. Pero si es así, yo me preguntaría lo siguiente: ¿la película es feminista porque presenta un comportamiento femenino tan egoísta como el habitual en los hombres? ¿Consiste en esto ser iguales: igual de insensibles o de brutos o de...? 


Bueno, bueno, como veréis la peli da para mucho. Sólo os diré que tras verla te deja un run-run en la cabeza que no te abandona, que te hace pensar, hablar, cambiar de opinión o no, convencer a los demás que la han visto o no... Es, pues, una película viva, auténtica, que no muere cuando aparece la palabra FIN; por el contrario es entonces cuando comienza a transitar por el mundo de la realidad de quien la ha visto. Sólo puedo, por esto, recomendaros verla, porque, repito, da para mucho.

19 ene 2017

Martín Scorsese - "Silencio"

14 comentarios:
En 1635 se promulga en Japón el denominado "Edicto Sakoku" por el cual se instaura una política aislacionista en las islas niponas. Los puntos esenciales del edicto eran: los japoneses no podían abandonar Japón; el Cristianismo, que había prendido en algunas almas niponas desde los años 40 del siglo anterior por la predicación de Francisco Javier, queda terminantemente prohibido siendo todos sus practicantes severamente castigados en caso de persistir en su fe; y, por último, se restringe la actividad comercial de chinos y holandeses a enclaves muy determinados.

Martin Scorsese, "Silencio"En este ambiente de persecución religiosa, en 1637 dos jóvenes jesuitas portugueses -Sebastiao Rodrigues (Andrew Garfield) y Francisco Garrpe (Adam Driver)- deciden partir a Japón desde Macao para dar con el paradero del que fue su maestro y mentor, Cristovao Ferreira (Liam Neeson), del que nada han vuelto a saber desde las terribles persecuciones contra los cristianos desatadas tras la aplicación del edicto Sakoku. Antes de dar con él se topan con varias comunidades cristianas que están sufriendo los estragos desatados por el Inquisidor Inoue (Issei Ogata) que fuerza a los cristianos, especialmente a sus sacerdotes, a abjurar de sus creencias bajo el chantaje de que así podrán salvar su vida y la de los humildes seguidores de su fe. Plantea el film, pues, la duda terrible entre ser fiel a las creencias predicadas y no pisotear los símbolos de la Religión (imágenes de la Virgen, del Altísimo o de Jesucristo) aunque tal actitud conlleve el sufrimiento para los inocentes conversos, o bien, hacer declaración pública de apostasía de manera que los nuevos adeptos abandonen sus nuevas creencias.

¿Qué hacer en tal situación? Rezar, pedir ayuda a Dios, escuchar su voz..., es lo pertinente. Pero la respuesta es un terrible y sonoro silencio. El silencio de Dios. ¿Qué habría hecho el mismísimo Cristo si se hubiese encontrado durante sus años de predicador en tal tesitura? ¿Habría preferido morir aunque su muerte conllevase el castigo y persecución de sus seguidores o habría abjurado de sus creencias por amor a sus semejantes? Terrible duda y terrible elección.  Y Dios, ahí, siempre, en silencio.

Martin Scorsese, director y autor junto a Jay Cocks del guión, adapta la novela de Shusaku Endo, publicada en Japón en 1966 y que recibió ese año numerosos premios. Tanto la novela como el film centran el foco sobre el padre Rodrigues que, tras separarse de su compañero el padre Garrpe a quien verá morir junto a los conversos en defensa de su fe, alcanzará a ver al padre Ferreira que vive casado y dentro de la fe budista colaborando con las autoridades niponas en la detección de cristianos ocultos.

Soy admirador de la obra de Scorsese: "Malas calles" (1973), "Taxi Driver" (1976), "Jó, qué noche" (1985), "El color del dinero" (1986),  "Uno de los nuestros" (1990), "La edad de la inocencia" (1993), "Shutter Island" (2010), "El lobo de Wall Street" (2013), y tantas otras. No sé por qué pero en mi imaginario personal Martin Scorsese era el realizador de filmes que planteaban, sí, la lucha entre el bien y el mal, pero casi siempre en términos de actuaciones dentro de una sociedad cada vez más secularizada. Obviaba, como he venido a recordar gracias a la magnífica reseña de José Manuel Cruz en las páginas de MoonMagazine [leer su reseña aquí], otros títulos suyos como "La última tentación de Cristo" (1988) que sí la conocía, y "Kundun" (1997) de la que confieso mi total ignorancia. Al considerar estos antecedentes y ver ahora "Silencio" he caído en la cuenta de que las preocupaciones de Scorsese no eran superficiales sino que enraizan profundamente con una religiosidad en conflicto presente en su filmografía en la que, como afirma José Manuel Cruz, "late una honda preocupación moral donde los temas de la elección entre el bien y el mal, la culpa, la penitencia y la redención tienen un enorme peso específico".

Silence, Silencio, Novela japonesa de 1966, Cristianos Ocultos

Durante las algo más de dos horas y media que dura la película pugnaban por abrirse paso en mi cabeza algunos de los versos que Blas de Otero escribió en "Ancia" (1958) en los que junto a su fe muestra las dudas que la falta de respuestas le ocasionan, la desesperación a la que le aboca el silencio de Dios. Como Blas de Otero al final de su poemario, el padre Ferreira ha tomado  la determinación de cambiar de interlocutor, de mudar sus prioridades, y dirigirse a los hombres

PODEROSO SILENCIO

Oh, cállate, Señor, calla tu boca
cerrada, no me digas tu palabra
de silencio; oh Señor, tu voz se abra,
estalle como un mar, como una roca

gigante. Ay, tu silencio vuelve loca
el alma: ella ve el mar, mas nunca el abra
abierta; ve el cantil, y allí se labra
una espuma de fe que no toca.

¡Poderoso silenciol poderoso
silencio! Sube el mar hasta ya ahogarnos
en su terrible estruendo silencioso.

¡Poderoso silencio con quien lucho
a voz en grito: grita hasta arrancarnos
la lengua, mudo Dios al que yo escucho!
(Blas de Otero 'Angel fieramente humano')
CONMIGO VA

Cinco años
y una noche
anduve fuera
de mí.
Vuelvo
a mi ser,
doy
un paso atrás
(tres
adelante).
Anduve
viendo,
yendo
y viniendo.
Oh tierra
de todos.
Vuelvo
a mi sitio,
doy
un paso atrás
para ver
mejor.
Oh inmensa
soledad.
Sálvame.
Háblame, escúchame, oh inmensa
mayoría. 
(Blas de Otero 'Redoble de conciencia')

"Ancia", "San Manuel Bueno, mártir", Poetas existenciales de los años 40Otro escritor de nuestra órbita cultural que venía y se iba de mi pensamiento continuamente durante la proyección fue, naturalmente, Miguel de Unamuno, en especial, pero no sólo, por su novela breve "San Manuel Bueno, mártir". No hay otro intelectual español que se haya debatido tanto entre Razón y Fe, precisamente el asunto que se dirime en "Silencio". Esos pueblos convencidos de la santidad de sus pastores (Manuel Bueno, Ferreira, Rodrigues...) y los propios conductores, depositarios y transmisores de la Fe que dudan, que no saben a ciencia cierta si sus creencias hay que mantenerlas a machamartillo. De nuevo me asalta Blas de Otero con su brutal -¡y cierta!- y poética definición  de 

“Hombre” 

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando, 
ahoga mi voz en el vacío inerte. 

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuando
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte. 

Alzo la mano, y tú me la cercenas. 
Abro los ojos: me los sajas vivos. 
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas. 
Ser – y no ser – eternos, fugitivos. 
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Para finalizar querría hacer una referencia a la música en una película que hace del silencio el centro de la misma. Una amiga me preguntó si me había dado cuenta de que no había música. ¿Cómo? Luego al leer la ficha de la película en los créditos vi que Kim Allen Kluge y Kathryn Kluge eran los responsables de la misma. ¿Hay música o no hay música? Sí que la hay, aunque no es la música a la que otros filmes de Scorsese ("Uno de los nuestros", , "Jó, qué noche"...) nos tienen acostumbrados. No es una música que se imponga y llene la escena sino todo lo contrario, es una música contenida que realza las escenas más espectaculares pero que enmudece y queda reducida al escueto sonido de una campana budista en otros momentos no menos solemnes como el del entierro del protagonista. No es, pues, la música típica de las películas de Scorsese, profundo conocedor de la misma y amante de la de los años 60, 70 y 80, cuyos temas ha dejado esparcidos por la mayoría de sus realizaciones (un magnífico ejemplo es la BSO de "El lobo de Wall Street"). También en este aspecto, "Silencio" es una película muy distinta de las anteriores del director italoamericano, pero al igual que la mayoría de éstas merecedora de la calificación de 10.



20 sept 2015

La Novela de No-ficción o Nuevo Periodismo

15 comentarios:
En el número de agosto de la revista  "emBLoGrium" apareció, con error tipográfico incluido en el título que aparecía en  portada, un artículo mío con el epígrafe  que encabeza esta entrada. Por si alguien no ha tenido oportunidad de leerlo y le interesase hacerlo lo reproduzco aquí en su totalidad. ¡Espero que os agrade!


Una de las últimas lecturas que he hecho ha sido “Una novela rusa” del francés Emmanuel Carrère [vid. reseña en http://bit.ly/1gjHCOZ]. El experimentado periodista y escritor francés escribe una biografía ficcionalizada que plasma en un relato en el que se entrecruzan varias historias con la peculiaridad de que pese a su aspecto ficticio todas ellas han sido verdad. ¿Estamos ante una novela en el sentido  clásico: “obra literaria que narra una acción fingida en todo o en parte” (wikipedia dixit)?  Si se hace salvedad del término “fingido”, sí, ¿por qué no? Hay que reconocer que cuando quien quiera que sea cuenta hechos vividos por él mismo y los pone negro sobre blanco los elementos de la narración (lugar, tiempo, narrador, personajes y acciones) deben ser tenidos en cuenta por el autor, quien pese a haber sido el protagonista real de las acciones -de todas o de algunas- se ve impelido a distanciarse de las mismas y comportarse igual que si los sucedidos fuesen única y exclusivamente producto de su imaginación. Este tipo de relatos se engloban bajo el rótulo de novelas de No-ficción o Nuevo Periodismo.

El nacimiento de esta tendencia novelística se suele situar en la novela “A sangre fría” (año 1966) de Truman Capote, periodista norteamericano y guionista cinematográfico de éxito que durante los años 1960 y siguientes investiga el tremendo crimen acaecido en Kansas en 1959 de los cuatro miembros de una familia muy querida en dicha localidad. Ese crimen fue realizado sin aparente justificación alguna por dos convictos que se encontraban en libertad provisional. El grado de crueldad con que los asesinos se comportaron con sus víctimas metió el miedo en el cuerpo a toda la sociedad norteamericana.


Truman Capote, "A sangre fría", Novela de No-Ficción, Nuevo Periodismo


Truman Capote escribe su novela para una sociedad por aquel entonces muy sensibilizada ante crímenes que consideraba gratuitos por producirse sobre gentes honestas y muy queridas por todos. Todos los estadounidenses cuando en 1966 aparece “A sangre fría” tienen en su memoria el asesinato en 1963 del presidente John F. Kennedy, así como en 1965 el del líder de la comunidad negra Malcom X; y esto sin contar la oposición a todas las muertes gratuitas que el país llevaba soportando por la guerra de Vietnam iniciada el año 1964.

Capote dinamitó la frontera que hasta ese momento existía entre Ficción (territorio exclusivo de la novela) y Realidad (territorio propio del periodismo). De ahí la denominación de “Nuevo Periodismo” porque en él “realidad” y “ficción” se transforman, y sus  límites se hacen difusos. 
Nació pues así, la novela de no ficción, de la mano de Truman Capote en Estados Unidos, y de Rodolfo Walsh en Argentina. Ambos autores se sirven de los recursos literarios para narrar sucesos reales, basándose en investigaciones periodísticas serias y elaboradas.
Otros representantes de esta corriente fueron los periodistas norteamericanos Tom Wolfe (“La hoguera de las vanidades”), Norman Mailer (“Los ejércitos de la noche {La historia como novela; la Novela como historia}”), Gay Talese (“Honrarás a tu padre” que inspiró la exitosa serie de ‘Los Soprano’)  y Hunter Thompson (“Miedo y asco en Las Vegas”).

Fuera de los Estados Unidos, y siguiendo en el continente americano, el Nuevo Periodismo es la etiqueta que acoge además de a Roberto Walsh (“Operación masacre”) a un auténtico precursor de la corriente en los años 30, Roberto Arlt (“Aguafuertes”) y a autores más próximos a nosotros como Tomás Eloy Martínez (“El vuelo de la reina” o “Purgatorio”, [ambas novelas reseñadas en este blog]), Osvaldo Soriano (“No habrá más pena ni olvido”), Miguel Bonasso (“El presidente que no fue”) o Roberto Bolaño (“La literatura nazi en América”).

En España esta tendencia tiene una muy clara manifestación en la última novela de Antonio Muñoz Molina, “Como la sombra que se va”. Sin llegar a tan exhaustiva investigación como la que realiza el escritor jienense sobre el asesinato de Martin Luther King, escritores como Javier Cercas (“Soldados de Salamina”, “El impostor”), Enrique Vilá Matas (“Aire de Dylan”) o Javier Marías (“Así empieza lo malo” [también reseñada en este blog]) en mayor o menor medida también podrían englobarse dentro de la Novela de No-ficción especialmente por la importancia que en las mismas tiene lo metaficcional, lo puramente biográfico que rompe la divisoria realidad-ficción y por la indagación reflexiva que contienen y que lleva a estas novelas a pugnar por reventar sus límites de género e invadir en no pocas ocasiones el del ensayo.

Gay Talese, "Honrarás a tu padre", "Los Soprano", Mafia

El Cine ha conocido -y conoce- un proceso muy semejante a éste presente en el denominado cine documental con todas las variantes que hoy día tiene el mismo: emocional/testimonial, narrativo, argumental, dramatizado… La misma novela que ha motivado este artículo, "Una novela rusa" de Emmanuel Carrère,  contiene en su interior el proceso de realización de un film documental, “Retorno a Kotelnich”, en este caso un documental que engloba prácticamente todos los tipos anteriores. Realizadores tan reconocidos como Martin Scorsese  (“Shine a light” sobre una gira de los Rolling Stone) o  Michael Moore y su  falso documental sobre los asesinatos del Instituto de secundaria de Columbine ( “Bowling for Columbine”) o Francesc Relea con su documental sobre Serrat y Sabina en su gira artística por el continente americano (“El símbolo y el cuate”) y muchos otros más han cultivado esta tendencia.

Del mismo modo la televisión se sirve de este tipo de narración no ficcionalizada en muchas de las series de gran éxito que hoy llenan sus parrillas. Como ejemplo basta con citar “Los Soprano”, sobre el mundo de la Mafia, inspirada en la obra antes citada de Gay Talese o “Mad men”, creada y producida por Matthew Weiner, sobre el mundo de la publicidad en USA en la década de los sesenta, que, sin serlo, algunos la vienen a considerar la gran novela americana.