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26 abr 2020

Galdós. Episodios Nacionales. "Gerona".

32 comentarios:
"Ya sabes, Andrés, que la guarnición debe salir mañana de la plaza con honores de la guerra, marchando a Francia prisionera. […] Los 'cerdos' se nos meterán aquí mañana a las ocho y media […] Amigo, con Gerona se acabó España, y con la salud de Álvarez se acabaron los españoles bravos y dignos. Muchachos, ¡viva D. Mariano Álvarez de Castro, terror de la Francia!" ("Gerona", Pág. 122)

Tras leer en "Las leyes de la frontera" de Javier Cercas [leer reseña aquí] juicios contrapuestos sobre el episodio nacional "Gerona" de Galdós no he podido dejar de acudir directamente a él y ver por mí mismo cuál de las opiniones me cuadraba más. La verdad es que tras su lectura me ha asaltado  la idea, seguramente equivocada, de que Cercas hablaba un poquito de oídas o, mejor dicho, del recuerdo lejano que tenía en su memoria de esta novela pues ni el elogio desmedido hacia ella expresado al inicio ni el desprecio total del final cuadran con las sensaciones que en mí ha suscitado.

"Gerona", Episodios Nacionales, Benito Pérez Galdós, Javier Cercas

En todo caso estaría más de acuerdo con el elogio inicial:
"Es un retrato de la ciudad durante el sitio que le montaron las tropas de Napoleón. Cuando lo leí, hace cuarenta años, me entusiasmó; aquello era la hostia: la tragedia total de la guerra, la grandeza de una ciudad entera en armas y defendida por una gente de hierro, el heroísmo del general Álvarez de Castro, un personaje de tamaño mitológico que se niega a entregar a los franceses la ciudad arruinada y muerta de hambre, y que Galdós pinta como el mayor patriota de su siglo." (Cercas, J.: "Las leyes de la frontera", p. 23)

que con el menosprecio del final:
"Me pareció una mierda; más que una novela sobre la guerra me pareció una parodia de una novela sobre la guerra, una cosa cursi, truculenta y pretenciosa ambientada en una ciudad de cartón piedra donde solo vive gente de cartón piedra. Y en cuanto a Álvarez de Castro, dijo también el inspector Cuenca, francamente: es un personaje asqueroso, un psicópata capaz de sacrificar la vida de miles de personas para satisfacer su vanidad patriótica y no entregar a los franceses una ciudad vencida de antemano" (Cercas, J.: "Las leyes de la frontera", p. 332)

Los términos utilizados por Cercas para descalificar y/o alabar al general don Mariano Álvarez de Castro, que defendió Gerona con todas sus fuerzas y con los pocos hombres y armas de que disponía del feroz asedio y los ataques a que durante siete meses fue sometida la ciudad en 1809 por los franceses, me parecen ciertamente desproporcionados e injustos. ¿Vanidad patriótica?, ¿personaje asqueroso?, ¿ciudad y gentes de cartón piedra? Expresiones totalmente fuera de lugar como quizás también lo estén las tópicamente elogiosas del juicio inicial: ¿gente de hierro?, ¿personaje de tamaño mitológico?, ¿mayor patriota de su siglo? Pienso que la idea de Cercas no es otra que desautorizar a don Benito convirtiendo su episodio nacional en mera caricatura de una novela épica. Creo que lanzar juicios de valor, con presupuestos propios del siglo XXI, sobre una producción artística publicada en 1874 es un despropósito completo. Es verdad que algunos temas y su tratamiento periclitan o logran sobrevivir malamente con el paso de los años, pero es absurdo desacreditar algo o a alguien por no adecuarse a lo que hoy se piensa o es admitido por una mayoría.

"Gerona"
Es el 7º episodio de la Primera Serie de los Episodios Nacionales. Aunque la voz narrativa principal en esta serie es la de Gabriel Araceli, en esta novela en concreto quien cuenta la gesta gerundense es Andresillo Marijuán, un personaje secundario en episodios anteriores que aquí se topa con Gabriel y otros tantos españoles que marchan derrotados hacia Cádiz tras los sucesivos desastres a que están siendo sometidas las tropas españolas, en especial tras la pérdida de Ocaña y la posterior dispersión del ejército español. Es en Sevilla donde estos dos personajes se reconocen entre la barahúnda de individuos mal pertrechados que caminan hacia la ciudad donde se ha refugiado la Junta patriótica de defensa de España. Allí se cuentan sus cuitas y Araceli insta a Andresillo a relatar la gesta que vivió en Gerona, ciudad que en 1809 resistió casi numantinamente el brutal asedio francés durante siete terribles meses.

Como es norma en estos episodios, Galdós cuenta la Historia con mayúscula acaecida en la ciudad desde la particular vivida por personajes del pueblo que junto a muchos otros la hacen. Son los principales el propio Andresillo; su novia Siseta; los hermanos de ésta: Badoret, Manalet y Gasparó; también don Pablo Nomdedeu, médico; su delicada hija Josefina; el ama de llaves de don Pablo, Sumta, aguerrida mujer en la defensa de Gerona; y otros cuantos más de menor importancia. Dos grupos claros, pues, en función de la pobreza y las necesidades sufridas. Más penurias, ya desde el origen, en la familia de Siseta que en la del facultativo Nomdedeu quien se considera por ello con más derecho a sobrevivir. Así, enfangados en las miserias a que conduce el hambre viva en que está toda Gerona por culpa del asedio francés, el doctor reclama para sí y la enferma de su hija la asquerosa comida (una rata enorme) que orgulloso Andrés lleva como excelente alimento a su enamorada y hambrienta Siseta:
"- Detente un rato más, Andrés -me dijo con agitación- y ayúdame. Pero qué hermoso animal tienes ahí. ¿Cuánto pides por él?
- No lo vendo -repuse con orgullo.
- Es que yo lo quiero -me dijo con firmeza, deteniéndome por un brazo-. Mi hija se muere también, es decir, quiere morirse; pero yo no lo permito, no lo permitiré, no señor; estoy decidido a no permitirlo."
Los personajes anteriores, todos ellos ficticios, salidos de la imaginación del escritor, conviven con otros históricamente verdaderos como el general Mariano Álvarez de Castro quien pese a la inmensa desigualdad de fuerzas (50.000 franceses por 4000 españoles) defiende la plaza que se le ha encomendado hasta el desfallecimiento físico personal que de no haberse producido es fácil suponer que no se habría firmado armisticio alguno con los sitiadores. Los nombres de algunos de los militares franceses (Victor, Sebastiani, Mortier, Soult...) que asedian la ciudad son también históricos.

Guerra de la Independencia, Galdós, Girona
Con su estilo habitual lleno de colorido y naturalidad el escritor canario muestra el pintoresquismo con que se comportan los españoles, incluso bajo estas horribles condiciones. En este sentido Galdós se deja enredar a veces más por el costumbrismo que por el realismo. Es desde una perspectiva romántico-costumbrista hay que entender la manera que tiene de describir comportamientos como el deSumta, una verdadera Agustina de Aragón, que no contenta con proveer de comida y de balas a los soldados toma ella misma las piezas de cañón y de fusilería cuando la ocasión así lo requiere. Otro tanto cabe decir de los tres hermanos de Siseta, que cual pícaros salidos de la literatura barroca española del Siglo de Oro buscan comida donde no la hay.

En mi opinión se percibe bien a las claras que esta novela, junto a prácticamente todas las de esta Primera Serie de los Episodios -la mayoría aparecidas en 1874-, es en Benito Pérez Galdós literatura de una primera etapa creativa, vamos, quiero decir que carece de la fuerza de estilo que desarrollaría el canario ilustre en novelas como "Misericordia" (1897), "Miau" (1888), "Fortunata y Jacinta" (1887) o en las novelas de Torquemada aparecidas entre 1889 y 1895 [en el blog tengo reseña hecha de "Torquemada en la cruz", segunda de la serie de cuatro que la componen].

Durante la lectura de "Gerona" me parecía escuchar en ocasiones a Francisco de Quevedo o incluso al mismísimo Cervantes, no porque la literatura de Galdós esté en este relato a la altura de estos dos genios sino por la evidente imitación que de su manera de escribir realiza don Benito, lo que es propio de escritores noveles. Sirva de ejemplo la descripción que hace Andresillo de una comida en casa de Siseta ("Comimos, si así puede llamarse una refacción tan exageradamente sobria, que más parecía hecha para dar entretenimiento a los dientes, que sustancia al cuerpo.") la cual parece salida del propio "El Buscón" de Quevedo o incluso del anónimo "Lazarillo de Tormes". También algunas imprecaciones efectuadas por el narrador recuerdan por su tono más a Cervantes que a cualquier otra cosa: "¡Desgraciado el que en la guerra pone su afición en lugares y personas, que no han de poder seguir tras él en los frecuentes e inesperados viajes a que impulsan la victoria o la desdicha!"

Quiero decir con esto que Galdós en 1874 estaba aún conformando su estilo. Téngase en cuenta que su primera novela, "La fontana de oro", había aparecido sólo cuatro años antes, en 1870. Por otra parte la manera que tenía de escribir sus Episodios era por entonces algo descuidada. No cabe decirlo de otra manera; y es que es prácticamente imposible que en sólo seis años, de 1873 a 1879, el escritor grancanario diese a la imprenta nada más y nada menos que las 20 novelas que forman las dos primeras series de esta magna obra. Y esta rapidez se nota, vaya si se nota. Se percibe sobre todo en incorrecciones de tipo gramatical (caída frecuente en el laísmo y leísmo -«Sí; nos les comeremos, ¿por qué no?…») y en vulgarismos como el reiterado uso de la expresión "Mientras mayor era el misterio, mayor"[...] en vez del correcto "Cuanto ...". El descuido se percibe asimismo en los canarismos que se le cuelan por la gatera al no haber realizado una escritura más reflexiva y demorada. El pronombre 'ustedes' habitual en las islas en lugar del 'vosotros' no es verosímil verlo puesto en boca de un peninsular y menos si unas veces lo utiliza y otras no. Existe variabilidad ortográfica en algunos términos (unas veces escribe 'Badoret' y otras 'Barodet', por ejemplo); e incluso salta a la escritura en ocasiones el 'seseo' propio del hablar en Canarias. Es evidente que quienes lo denigraban o denigrarán en el futuro llamándolo don Benito, el garbancero, tenían sólidas razones donde apoyarse.

El domingo pasado (19/4/2020) en el diario "El Pais" el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa publicaba un artículo sobre el autor isleño titulado 'En favor de Pérez Galdós'. En su exposición, tras relatar hechos propios de la vida familiar y personal del escritor, señalaba como crítica literaria el que no hubiese descubierto o sabido que el narrador es el primero de los personajes inventados en una narración y que puede ser personaje o narrador omnisciente; al confundir ambas posibilidades en una sola, personaje omnisciente, provoca -dice Vargas Llosa en su interesante exposición- que la historia que relata incurra muchas veces en tremenda inverosimilitud. La mezcolanza y confusión entre personaje, autor y narrador llega por momentos a un punto increíble por desmedido. Véase:
  • "Cansaría a mis amados lectores si les contara detalladamente mi vida durante aquel funesto año 9, que comenzado con las proezas de Zaragoza, terminaba con el desastre de Ocaña y la dispersión del ejército español."
  • "Debo una explicación a mis lectores, y voy a darla."
El asedio de Gerona, Historia de España, Pintura militar española
https://cosasdehistoriayarte.blogspot.com/2018/05/grandes-asedios-de-la-historia-el.html
Pero ninguna consideración estilística como las comentadas es suficiente para echar por tierra la tremenda solidez que en conjunto transmiten los Episodios Nacionales. En este de "Gerona" se puede comprobar que Pérez Galdós, además de relatar en términos coloquiales al alcance del pueblo llano la no muy lejana historia de España, destaca como gran observador y fustigador de los defectos españoles, así como también lo que fue en algunos momentos de su vida: un político de ideas avanzadas. De lo primero sirven de muestra las siguientes dos citas que a pesar de haber transcurrido ya casi 150 años desde que las formuló no han perdido, desgraciadamente para nosotros, un átomo de actualidad:
  • "Sucedía en Sevilla una cosa que no sorprenderá a mis lectores, si, como creo, son españoles, y es que allí todos querían mandar. Esto es achaque antiguo, y no sé qué tiene para la gente de este siglo el tal mando, que trastorna las cabezas más sólidas, da prestigio a los tontos, arrogancia a los débiles"
  • "Amigo Gabriel, en España no se premia más que a los tontos y a los que meten bulla sin hacer nada."
De su atinado olfato político deja varias muestras a lo largo de la novela. A mí especialmente me ha sorprendido por su tremenda modernidad la siguiente consideración:
"los idiomas tienen pérfidas voces y frases con que se llenan la boca los diplomáticos y los conquistadores, pues nadie se avergüenza de nombrar los grandiosos planes continentales, la absorción de unos pueblos por otros… etc. Para evitar esto debiera existir (no reírse) una policía de las naciones, corporación en verdad algo difícil de montar"
Es claramente Benito Pérez Galdós un precursor, un anticipado a su tiempo. Supo ver más allá de lo inmediato, acertó al señalar vicios y defectos arraigados entre nosotros, algo que suele molestar mucho a quienes se sientan sobre algunos de ellos y que ni por asomo quieren que tales desaparezcan.

Los clásicos -Galdós lo es sin ninguna duda- nos hablan y comunican verdades desde el pasado que conviene no echar en saco roto. Ahora que estamos sumidos en un asedio brutal por culpa de ese enemigo sin rostro que llamamos COVID-19 o coronavirus, la similitud entre el asedio sufrido por la ciudad de Gerona y el que toda la ciudadanía vivimos desde hace ya varias semanas es más que evidente. De nuevo aparece aquí el hombre de mente y visión claras. La frase siguiente bien podría haber sido dicha por alguno de nuestros actuales responsables políticos y/o sanitarios ante la situación en que nos encontramos:
"Hoy hemos estado haciendo el recuento de medicinas, y no hay ni para la décima parte en un solo día. ¿A dónde vamos a parar? ¿Es posible que esto se prolongue? No, no puede ser."
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Nota: "Gerona" de Galdós es una de las lecturas que hago dentro de la IV edición del Reto 'Nos gustan los clásicos'.

3 abr 2020

"Las leyes de la frontera" de Javier Cercas

38 comentarios:
"Los periodistas frívolos mienten pero todo el mundo sabe que mienten y nadie les hace caso, o casi nadie; en cambio, los periodistas serios mienten escudándose en la verdad, y por eso todo el mundo los cree. Y por eso sus mentiras hacen tanto daño."

El autor
Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) saltó a la fama literaria con "Soldados de Salamina" (2001); fama literaria que se convirtió en mediática cuando David Trueba llevó la novela a la pantalla al año siguiente en una película de mismo título. Tras esta narración motivada por un episodio sucedido al final de la guerra civil -un soldado republicano no disparó contra el falangista Rafael Sánchez Mazas dejándolo escapar- publicaría otras de temática bien distinta, entre las que están, además de "Las leyes de la frontera" publicada en 2012, "La velocidad de la luz" (2005), "Anatomía de un instante" (2009), y "El impostor" aparecida en 2015, tres años después de la que acabo de leer. Constituyen estas cuatro novelas un paréntesis en la temática guerracivilista que Cercas no volvería a tocar hasta el año 2017 con "El monarca de las sombras" reseñada por mí en este blog hace algo más de tres años [accede a la reseña aquí].

La novela
Drogas en los años 70 y 80 del siglo XX, Javier Cercas, "Las leyes de la frontera"
Javier Cercas a partir de la ya citada "Soldados de Salamina" inicia una serie de relatos que mezclan en sabia proporción elementos reales y otros ficticios; es lo que los narradores norteamericanos denominan con el neologismo "faction" formado por dos palabras: 'fact' (hechos) y 'fiction' (ficción). Entre nosotros este tipo de relatos se conoce como "novela testimonio", "novela de no-ficción", "relato real" y hasta "relato metaficcional". Aunque cada una de estas cuatro denominaciones tiene algunas características exclusivas, todas ellas se refieren a unas narraciones que mezclan la novela tradicional y el discurso testimonio consistente este último en introducir en la narración literaria informaciones surgidas de entrevistas realizadas a personajes para dar veracidad a la historia que se relata. Es, pues, un relato realizado a la manera periodística.

El párrafo anterior, quizás algo farragoso, considero que era necesario para entender adecuadamente "Las leyes de la frontera", novela en la que un personaje, del que no sabemos su nombre pero que bien podríamos identificar con el propio autor, realiza indagaciones para un libro que piensa escribir sobre un famoso delincuente juvenil de la segunda parte de la década de los años 70 e inicios de los 80 del siglo pasado. Las entrevistas las realiza en 2008, treinta años después de sucedidos los hechos principales en verano de 1978.

La acción transcurre en Gerona que en 1978 es una ciudad provinciana en la que cruzar el río Ter y el Onyar que la bañan era como si cruzase la frontera azul, la frontera entre el bien y el mal y entre la justicia y la injusticia. Cosa que si se para a pensarla tenía su parte de verdad, ¿no le parece? -le dice el abogado de éxito Ignacio Cañas (el Gafitas para los de la basca del Zarco) a su entrevistador.

La novela tiene dos partes. La primera sucede durante los meses de verano de 1978. Ignacio Cañas es un buen chico que en el Colegiode los Maristas donde estudia obtiene buenos resultados pero que sufre bullying por parte de Narciso Batista, un compañero hijo del presidente de la Diputación y jefe en la misma de su padre. El acoso y los abusos los sufre Ignacio en silencio pues contarlos a padres o educadores no es propio de un adolescente. Sin amigos, ese verano en los recreativos Vilaró conoce al Zarco y a Tere. Tere le parece guapísima y el Gafitas, apodo que le puso el Zarco a Ignacio nada más verle, se enamora perdidamente de ella. Es por ella por la que decide cruzar la frontera del río Ter y acudir a La Font, un bar en el barrio chino de Gerona, donde se reunía toda esta basca:
"desde finales de los setenta hasta finales de los ochenta habían pululado por España centenares de bascas de chavales suburbiales y desarraigados como la del Zarco" (pág. 166)
Se dedican estos chicos a desvalijar chalets vacíos, robar bolsos por el procedimiento del tirón y acto seguido vender lo robado y gastarse lo obtenido en porros y sexo. Nada le es suficiente al Zarco quien a sus secuaces (el Guille, el Gordo, el Tío, el Chino, el Drácula, Lina, Tere y el propio Gafitas) los va metiendo en negocios de más nivel llegando al robo a punta de pistola. Todo va in crescendo. Y todo lo que sube, también baja y eso lo sabían todos. El verano acabará así, volviendo el río Ter y Onyar a actuar de frontera metafórica, de separación entre barrios de charnegos y los otros más integrados en la cultura catalana: "a finales de los setenta la ciudad estaba rodeada por barrios de charnegos: Salt, Pont Major, Germans Sàbat, Vilarroja." Y digo frontera metafórica porque para el adolescente Cañas cruzar el río era como cruzar el Liang Shan Po de la serie televisiva "La frontera azul" que por esos años emitía la televisión en España. Allí -pensaba Cañas- uno o varios ciudadanos honrados hartos de las vejaciones infligidas por el tirano Kao Chiu se unían a los bandoleros honrados de Lin Chung y Hu San-Niang. En un proceso típicamente adolescente él se veía dentro de esa aventura
"¿para qué sirven las historias si no es para identificarse con ellas? Y sobre todo: ¿para qué le sirven a un adolescente?" (pág. 61)
Es, pues, la primera parte un auténtico relato de iniciación a la vida adulta por parte de Ignacio Cañas, el Gafitas. Pienso que Javier Cercas podría si lo hubiera deseado haber hecho una novela corta con lo narrado hasta aquí. Es perfecta.

Casas del río Onyar, Catalanismo, de Gerona a Girona, series de televisión
En la segunda parte significativamente titulada "MÁS ACÁ" frente al "MÁS ALLÁ" de la primera, nos encontramos con la misma indagación para la realización de un libro sobre el Zarco, pero el centro del relato pasa a situarse en 1999, veinte años después de ese verano del 78. Ahora Cañas es un reputado abogado penalista gerundense al que de sopetón se le presentan en su despacho Tere, de la que en su fuero interno sigue aún enamorado, y María, una mujer que admira a Antonio Gamallo (auténtico nombre del Zarco). Ambas quieren que Cañas se haga cargo de la defensa de Antonio, como así será.

En esta segunda parte a los dos entrevistados de la primera, el propio Gafitas y el inspector Cuenca, que se encargó de la desarticulación de la banda del Zarco, se añade ahora Eduardo Requena, el director de la cárcel donde el delincuente se encuentra ingresado. Además de los testimonios de los tres, complementarios en ocasiones y dispares otras veces, la narración va integrando alusiones a libros aparecidos sobre este delincuente, así como a películas que la trayectoria delicuencial de este presidiario, famoso también por sus múltiples fugas, había suscitado.

Es en esta segunda parte donde las insinuaciones a las películas reales realizadas sobre delincuentes juveniles reales, el Vaquilla y el Torete, por el director José Antonio de la Loma -“Yo, el Vaquilla” (1985), “Perros callejeros” (1977), “Perros callejeros II” (1979), “Los últimos golpes del Vaquilla” (1980). También una novela suya: “El grito de la libertad” (1976)- son más que evidentes. La idea sostenida en estas producciones de que estos delincuentes que habían vivido en la cárcel más años que fuera de ella tenían auténtico miedo de la libertad es recurrente en el relato de Javier Cercas. En "Las leyes de la frontera" el director se llama Bermúdez a quien el Zarco odiaba pues pensaba que, con la saga del Zarco y con las demás películas de jóvenes quinquis protagonizadas por quinquis reales que la siguieron, Bermúdez había conquistado una fortuna y un prestigio de hombre de cine a su costa, y que encima lo había hecho presentándose como una especie de filántropo que solo pretendía redimirlo a él y a otros chavales como él; aseguraba que el altruismo católico de Bermúdez era hipócrita, un recurso estomagante para hacer propaganda de sus películas.

Lógicamente al tener entre rejas al Zarco, la historia, además de en los esfuerzos jurídicos y añagazas mediáticas desplegadas por el bufete, cual si de una novela de John Grisham se tratase, para conseguir la puesta en libertad del preso, pasa a centrarse muy mucho en la relación amorosa Tere - Ignacio Cañas. Es una relación sin compromisos establecidos, libre, frase que se repiten una y otra vez ellos dos pero que como todo aquello que se repite tantas veces no lo es tanto.

Muchos asuntos y aspectos de la vida se tocan siquiera de pasada en esta interesante novela. Uno que me parece importante y que es frecuente en la narrativa del cacereño de nacimiento es ese casi constante querer hacerse perdonar sus orígenes no catalanes ante su público. En cierto modo podemos ver reflejado a Cercas en la familia de Ignacio Cañas que vivía en lo que hoy es el barrio de la Devesa y entonces no era nada o casi nada. Allí vivían familias que no eran de la ciudad pero que no se consideraban familias de charnegos y que en todo caso no querían saber nada de los charnegos auténticos o por lo menos de los charnegos pobres, los de Salt, Pont Maior, Germans Sàbat y Vilarroja. Además de pertenecer a la clase media, Cañas sabía hablar catalán y eso era signo diferenciador pues en la diglosia catalana el dominio del idioma es -o, al menos, era- claro mecanismo de poder, sello de integración, y marca de superioridad social. 

En los treinta años que transcurren en el relato vemos la evolución de la sociedad catalana. Así Narciso Batista, hijo del falangista presidente de la Diputación de Gerona, pasará de ser el adolescente brutote y abusador a joven empresario modelo para el nacionalismo catalán en el poder, cosa que a su vez transformó al feroz españolista de mi adolescencia en un catalanista feroz (y al Narciso de entonces, en Narcís).

La historia que se cuenta aquí es el envés de la que el escritor de Ibahernando contó en "Anatomía de un instante". Si en la novela de 2009 narró la vida de los artífices de la transición centrándose en el instante en que Tejero entró al hemiciclo del Congreso disparando y sólo tres diputados permanecieron sentados en sus escaños (el presidente Suárez, el vicepresidente Gral Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo), en "Las leyes de la frontera" muestra la transición pero vista desde el lado de los desposeídos y dentro de éstos el mundo de la submarginalidad. Un ámbito donde las familias desestructuradas como la del Zarco eran moneda corriente: "¿Qué familia?, preguntó. No conocí a mi padre, a mi padrastro lo mataron hace años, mis hermanos están en la cárcel, mi madre bastante tiene con buscarse la vida. ¿A eso lo llamas tú una familia?" (pág. 109)

Centenario muerte de Benito Pérez Galdós, Episodios nacionales
No quisiera cerrar esta reseña sin comentar la referencia, muy importante en mi opinión, que el novelista-narrador hace al episodio nacional "Gerona" de Benito Pérez Galdós. Igual que en el relato todos los personajes evolucionan, pasan de una situación a otra, de unas ideas a otras, también la consideración sobre la séptima novela de la Primera entrega de los "Episodios nacionales" galdosianos varía. Leemos al inicio de la novela la opinión del inspector Cuenca sobre la misma:
"Es un retrato de la ciudad durante el sitio que le montaron las tropas de Napoleón. Cuando lo leí, hace cuarenta años, me entusiasmó; aquello era la hostia: la tragedia total de la guerra, la grandeza de una ciudad entera en armas y defendida por una gente de hierro, el heroísmo del general Álvarez de Castro, un personaje de tamaño mitológico que se niega a entregar a los franceses la ciudad arruinada y muerta de hambre, y que Galdós pinta como el mayor patriota de su siglo." (pág. 23)
Y cerca del final el mismo inspector Cuenca, ya jubilado, o sea, con la vida ya gastada, le da su opinión al narrador sobre la misma habida cuenta de que la ha vuelto a leer y ahora su opinión es muy distinta de la de antes
"Me pareció una mierda; más que una novela sobre la guerra me pareció una parodia de una novela sobre la guerra, una cosa cursi, truculenta y pretenciosa ambientada en una ciudad de cartón piedra donde solo vive gente de cartón piedra. Y en cuanto a Álvarez de Castro, dijo también el inspector Cuenca, francamente: es un personaje asqueroso, un psicópata capaz de sacrificar la vida de miles de personas para satisfacer su vanidad patriótica y no entregar a los franceses una ciudad vencida de antemano" (pág. 332)
Este cambio de opinión sobre la resistencia de Gerona al asedio al que la sometió el Ejército francés durante siete meses durante el año 1809 es revelador del cambio de enfoque que una sociedad puede tener sobre su propia historia. El mismo Javier Cercas ha protagonizado no hace más que cinco o seis semanas una enconada discusión sobre la figura del novelista canario del que este año se conmemora el Centenario de su muerte. Al ninguneo al que el autor de "Las leyes de la frontera" literariamente lo redujo contestaron, airados, Antonio Muñoz Molina y Almudena Grandes entre otros [para quien le interese dejo aquí el enlace a esta sabrosa polémica]. Ni que decir tiene que yo me posiciono claramente a favor de los argumentos esgrimidos por la Grandes o por Muñoz Molina en su defensa. [Para seguir debidamente toda la polémica es preciso abrir todos los enlaces que aparecen].

Final
A mí la novela me ha gustado mucho. Que a uno algo le guste mucho no equivale a comulgar con ruedas de molino, evidentemente. Me ha gustado sobre todo porque el género híbrido al que pertenece el relato está muy bien construido; de las cuatro denominaciones con que al mismo se le nombra entre nosotros creo que el de 'novela metaficcional' le va como anillo al dedo pues en el fondo lo que vemos es una novela haciéndose, el autor nos hace entrar en la factoría de la ficción y deja a la vista los resortes del artefacto. Y eso me encanta. También me ha agradado ese mostrar la dificultad de encontrar la verdad. Todo en la novela es azaroso. ¿Ocurrió efectivamente así? ¿Tal personaje traicionó a tal otro? ¿Estaban enamorados ambos? La duda es central. No hay respuestas contundentes y exactas. El principio de incertidumbre todo lo rige.

La peripecia de este grupo de chicos, de esta basca, se acompaña de una serie de temas musicales muy populares en la época -años 70 y 80- tanto de artistas españoles como extranjeros: Las Grecas, Los Chichos, Andrés Calamaro, Los Amaya...; y entre los extranjeros Chet Baker, Dire Straits, Status Quo... Para quien decida leerla creo que escuchar algunas de estas canciones es buen ejercicio para ponerse en situación.

Y por último, decir que los derechos de la novela para hacer una película sobre ella los ha adquirido el productor Edmon Roch y este año o a más tardar en 2021 podremos ver la historia en imágenes. 

24 mar 2017

Javier Cercas: "El monarca de las sombras"

21 comentarios:
"Claro que aquella democracia no era ni mucho menos perfecta, y que al final había poca gente que creía en ella y que respetaba las reglas, pero seguía siendo una democracia; así que la razón política la tenían los republicanos. Y punto. Pero también me irrita mucho la interpretación sectaria o religiosa o infantil de la guerra, según la cual la República era el paraíso terrenal y todos los republicanos fueron ángeles que no mataron a nadie y todos los franquistas demonios que no paraban de matar; es otra mentira…" (J. Cercas, "El monarca de las sombras")

Javier Cercas, Novela de no-ficción, Guerra Civil

Es curioso pero, desde que hace unos días manifesté que el tema de la Guerra Civil me había abrumado tanto durante una época que decidí abandonarlo, no hago más que leer novelas y ver obras de teatro centradas en esa época. Lo anterior me confirma en algo que en la vida diaria he comprobado cantidad de veces: basta que creas haber hecho, dicho o descubierto algo novedoso (por ejemplo esa calle que nadie conoce por la que evitas el habitual terible atasco) para que al poco sea conocido y practicado por todos. Así veo que está ocurriendo con la contextualización de creaciones literarias en la época 1936-1939, seguramente por haberse cumplido el año pasado el 80º aniversario de su estallido y ser todos conscientes de que en breve no quedarán supervivientes de la misma. 

Las creaciones literarias  siituadas en época guerracivilista y que he degustado con gran satisfacción han sido: la novela "Falcó" de Arturo Pérez-Reverte , la obra de teatro "La quinta del biberón" de Lluis Pasqualy "El monarca de las sombras" de Javier Cercas. De las dos primeras he hablado ya: de la obra de teatro, en este blog (leer reseña aquí) y de la novela en la Revista MoonMagazine (leer reseña aquí). De la última obra de Javier Cercas aún no he dicho nada y a ella dedico esta entrada.

Javier Cercas no había regresado al tema de la Guerra Civil española desde que publicara "Soldados de Salamina" el año 2001, una ficción en la que imaginaba la salvación del líder falangista Rafael Sánchez Mazas en un momento del final de la contienda gracias a que un soldado republicano decidió en uso de su libérrima voluntad no acabar con la vida del buscado falangista. La novela fue muy bien recibida y el cineasta David Trueba la llevó a la pantalla en 2002 con gran éxito de crítica y público. A raíz de este rodaje la amistad entre Cercas y Trueba se afianzó. También la propia escritura de la novela hizo que al escritor extremeño residente en Barcelona se le removiesen en su interior fantasmas domésticos que tenía agazapados allí desde hacía años. El principal de ellos, la existencia en la historia familiar de un héroe franquista, su tío abuelo Manuel Mena, muerto en la batalla del Ebro en septiembre de 1938. 

Confiesa Javier Cercas Mena en este relato de no ficción que llevaba mucho tiempo dudando si escribir o no sobre esta "vergonzosa" historia familiar. Precisamente la consideración de deshonrosa y el miedo al qué dirán y a si la imagen pública que él tiene se vería afectada, le hacía demorar lanzarse a la piscina de la redacción de esta historia. Pese a ello no había dejado de investigar sobre la figura de este lejano familiar natural de Ibahernando (Cáceres) de donde proceden sus dos ramas familiares. La primera fuente histórica de la que el novelista se sirvió en su investigación fue, naturalmente, su madre, si bien la mitificación del personaje que Blanca Mena tenía en su cabeza -Manuel Mena murió cuando Blanca, la madre de Cercas, era una niña de sólo 5 años- no le parecía muy de fiar; es por ello que decidió indagar en bibliotecas, archivos y hemerotecas buscando los restos documentales que del tío abuelo hubiesen quedado esparcidos por ahí en expedientes, actas y legajos civiles y militares.

De la investigación da cuenta el libro que tenemos en nuestras manos utilizando una 3ª persona que objetiva de tal manera lo alcanzado en el curso de la indagación que el propio escritor queda incluído en ella como una fuente externa más. Luego hay otra parte en estas averiguaciones más viva, participada y narrada en primera persona por el propio novelista, en la que éste dialoga con testigos directos e indirectos del personaje. Es, precisamente, en el curso de las entrevistas que mantiene con estas personas en Ibahernando fundamentalmente, pero también en otras localidades de la geografía española donde el "yo" de Javier Cercas reflexiona y va tomando la decisión de escribir la verdadera historia de Manuel Mena, no la que otras personas querrían escuchar. Pretende ser objetivo; por eso insiste en varias ocasiones en que este relato no lo hace desde la posición de literato como sí hiciera 15 años antes en "Soldados de Salamina".

Al primero que comunica sus dudas sobre si escribir o no esta historia es a David Trueba con quien desde el rodaje de la novela de 2001 mantiene regular comunicación. Le pide además que le acompañe desde Madrid a Ibahernando para filmar las entrevistas que piensa realizar allí a familiares suyos y al único compañero de escuela vivo de Manuel Mena, Antonio Ruiz Barrado, el 'Pelaor', cuyo padre "al comienzo de la contienda fue sacado a la fuerza de su casa por los franquistas y asesinado en los alrededores del pueblo". Durante el trayecto hasta el pueblo, Trueba le dice que no debe pensar en la recepción que tendrá su obra sino en si él siente la necesidad de escribirla o no. Además el realizador cinematográfico desmonta los miedos vergonzantes del escritor con quien dialoga:
"—¿Tú te sientes culpable por haber tenido un tío facha?
Ahora fui yo el que sonrió.
—Un tío no —puntualicé, un poco ebrio—. La familia al completo.
—No te jode: más o menos como la mitad de este país. ¿Te he contado alguna vez que mi padre también hizo la guerra con Franco? Y bien convencido que la hizo, el tío…" (pág. 33)
Manuel Mena, Ibahernando, "El monarca de las sombras"

David Trueba, que aparte de magnífico cineasta es novelista no menos bueno, le cuenta a Cercas un relato del escritor serbio, Danilo Kiš, titulado «Es glorioso morir por la patria». En él una madre engaña a su hijo, condenado al cadalso, diciéndole que le llegará el indulto, algo que no ocurre. La historia relatada viene a cuento de que el joven tío abuelo de Cercas se alistó voluntariamente cuando podía haber esquivado por motivos familiares el alistamiento. Además pidió ir a primera línea de fuego pues él era un joven idealista, falangista convencido, que soñaba con la gloria romántica del héroe que muere por su patria. Buscaba lo mismo que Aquiles en la "Ilíada", la muerte hermosa ('kalos thanatos'):
"—¿Se puede ser un joven noble y puro y al mismo tiempo luchar por una causa equivocada? [pregunta el escritor al cineasta]
—Se puede —contestó—. ¿Y sabes por qué?
—¿Por qué?—Porque no somos omniscientes. Porque no lo sabemos todo. Hace casi ochenta años de la guerra, y tú y yo tenemos más de cuarenta, así que para nosotros está chupado saber que la causa por la que murió Manuel Mena era injusta.
" (pág. 97)
La nobleza de Aquiles, la inocencia del chico del cuento de Danilo Kiš son argumentos asumidos por Javier Cercas quien hasta este momento había crecido siempre con los argumentos idealistas y míticos que su madre le había querido imbuir. Este choque de ideas es el que le decide a escribir la historia real sobre el personaje familiar. Desea el novelista presentar a la familia la realidad más o menos entrevista de lo que allí sucedió. Es una pretensión ciertamente difícil; en muchas ocasiones expone tal dificultad, aunque quizás sean los momentos próximos al desenlace de la vida del joven de 19 años que era su tío abuelo al morir los que requieren más esfuerzo:
"No sé cómo fue exactamente el ataque. Nadie lo sabe: no queda de él un solo testimonio escrito ni un solo superviviente capaz de contar lo que ocurrió; así que en este punto debería callarme, dejar de escribir, ceder la palabra al silencio. Claro que si yo fuera un literato y esto fuera una ficción podría fantasear sobre lo ocurrido, estaría autorizado a hacerlo.Todo esto podría imaginarlo. Pero no lo imaginaré o por lo menos fingiré que no lo imagino, porque ni esto es una ficción ni yo soy un literato, así que debo atenerme a la seguridad de los hechos." (pág. 110)
La novela le sirve a Cercas, pues, para reconciliarse con sus propios orígenes gracias a la inestimable ayuda de Trueba. Pero también le sirve para reivindicarse como habitante de Cataluña, comunidad autónoma donde vive desde hace 50 años lejos de Ibahernando (Cáceres, Extremadura), su localidad natal. A Cataluña se trasladaron sus padres en 1966 con sus cinco hijos buscando una vida mejor pues aunque en Ibahernando eran tenidos por acomodados al haber sido sus abuelos primero arredantarios y luego propietarios de las tierras arrendadas, la realidad era que esas tierras por las que en la lejana guerra la gente mató y se llenó de odio, en los años sesenta no daban para nada, y aunque el padre era veterinario el despoblamiento de la zona hizo que la vida allí fuese poco menos que imposible. En este sentido "El monarca de las sombras" le sirve a Javier Cercas para soltar amarras con esta pequeña localidad extremeña, Ibahernando, donde vivió sólo cuatro años, pero a la que su madre como el personaje Drogo de "El desierto de los tártaros", la novela de Dino Buzzati citada con frecuencia por Cercas, sueña todavía hoy con regresar ignorando que es un retorno imposible. A lo largo del relato se percibe de manera palmaria que la casa familiar que mantienen allí lo está sólo por razones sentimentales pues a los hijos de Cercas y al mismo Javier ya nada les ata a ese lugar dado que como se dice en la novela "Uno es de donde da su primer beso y de donde ve su primer western".

Desde el punto de vista estilístico es muy interesante la confesión que realiza el escritor sobre la forma que ha decidido dar a la narración. Durante la lectura de esta novela de no-ficción, el lector mentalmente va interpretando el porqué de los capítulos y secuencias narrados en 3ª persona frente a aquellos otros en los que opta por la 1ª. Pero por si estábamos errados es el propio autor, cerca ya del final del relato, quien lo aclara:
"Pensé que para contar la historia de Manuel Mena debía contar mi propia historia; o, dicho de otro modo, pensé que para escribir un libro sobre Manuel Mena debía desdoblarme: debía contar por un lado una historia, la historia de Manuel Mena, y contarla igual que la contaría un historiador, con el desapego y la distancia y el escrúpulo de veracidad de un historiador, ateniéndome a los hechos estrictos y desdeñando la leyenda y el fantaseo y la libertad del literato, como si yo no fuese quien soy sino otra persona; y, por otro lado, debía contar no una historia sino la historia de una historia, es decir, la historia de cómo y por qué llegué a contar la historia de Manuel Mena a pesar de que no quería contarla ni asumirla ni airearla, a pesar de que durante toda mi vida creí haberme hecho escritor precisamente para no escribir la historia de Manuel Mena."
 Que el novelista haya optado aquí por la no ficción no hace, para nada, menos literario al texto. "El monarca de las sombras" rezuma literatura por todos sus poros. El mismo título emana de la conversación que en la "Odisea" tiene Ulises con Aquiles cuando el primero lo visita en el reino de las sombras elogiando su comportamiento y Aquiles le responde:
No pretendas, Ulises preclaro, buscarme consuelos
de la muerte, que yo más querría ser siervo en el campo
de cualquier labrador sin caudal y de corta despensa
que reinar sobre todos los muertos que allá fenecieron
Exequias pintor griego, el azar,
Hay, como ya he dicho alusiones y referencias a Danilo Kiš , a la "Ilíada", al novelista Dino Buzzati; pero también sobrevuelan el texto Henry JamesEstá aquí, todos están aquí, ninguno de los muertos de esta mansión de los muertos murió. Nadie se ha ido. Nadie se va», pág 218), Hannah Arendt ("Hannah Arendt diría que no debería sentirme culpable, pero sí responsable", pág 33), el mismísimo Javier Cercas ("Fue en aquel preciso instante cuando comprendí que las novelas son como sueños o pesadillas que no se acaban nunca, sólo se transforman en otras pesadillas o sueños, y que yo había tenido la fortuna inverosímil de que al menos una de las mías acabara, porque aquél era el verdadero final de Soldados de Salamina.", pág. 78), las tres vidas de las que hablaba Jorge Manrique si bien con 'ciertas' variaciones ("no hay más vida que la vida de los vivos, que la vida precaria de la memoria no es vida inmortal sino apenas una leyenda efímera, un vacío sucedáneo de la vida, y que sólo la muerte es segura.", pág. 203), y hasta el genial y profundo Francisco de Quevedo resuena en la duda poética que surge de la frase que cierra el texto: "ni siquiera la muerte es segura.". Y es que en la vida -y en la muerte, claro, por qué no- todo, todo, es puro azar. Interpretar a posteriori es fácil; elegir, optar en el momento y acertar, es azaroso.