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24 feb 2024

Castillos de fuego. Ignacio Martínez de Pisón

10 comentarios:

✔ «Aquí, si quieres vivir, si quieres tener algún derecho, tienes que volverte como ellos, convertirte en un colaboracionista, en un carcelero, en un chivato, en un traidor. ¿Te parece suficiente información? Estamos ocupados por fuera pero también por dentro. ¿Quieres más información o te basta con esto?»
«Revilla, que no tenía con él tanta familiaridad como Santos, se sumó a la conversación cuando evocaron algunos de los lugares sagrados del falangismo: el Teatro de la Comedia, en el que se había celebrado el acto fundacional, y el Café Lion, con La Ballena Alegre en el sótano…
—¡La de veces que estuve allí con José Antonio! —exclamó, tratando de ponerse a la altura del propio Ridruejo, uno de los próceres del partido, compositor de varios versos del Cara al sol.»

Novelas de la posguerra española, Madrid
Como todos los finales de año leí, en los suplementos de los periódicos y en las revistas literarias que frecuento, listados sobre los mejores libros del año que se iba. En casi todos ellos figuraba en posición preeminente, si no en la primera, Castillos de fuego, la última novela de Ignacio Martínez de Pisón. Me la regalé por Reyes y es ahora cuando he dado fin a sus cerca de 700 páginas. 

Es una novela larga, pero para nada pesada. Entra a formar parte del grupo de narraciones situadas durante el primer franquismo, ese momento en que la represión, las venganzas, el deseo de retornar al momento anterior a 1936,  estaban a la orden del día. La vida en España transcurría dentro de una anormalísima normalidad. Nadie estaba seguro de lo que ese día, el siguiente, o cualquier otro podría ocurrirle; vivir al día, sobrevivir, era la aspiración máxima. Una aspiración compartida por todos, si bien los vencedores de la contienda tenían las de ganar; sin embargo, los perdedores mantenían viva su esperanza, pues la guerra en Europa, especialmente su discurrir a partir de 1943, auguraba -así decían y así lo creían muchos- el inminente desalojo del dictador.

Estamos ante una novela histórica de personaje coral que me ha recordado mucho a otras como La colmena de Camilo José Cela y, casi más todavía, a Las tres bodas de Manolita, tercera entrega de los Episodios de una guerra interminable, escrita por la prematuramente desaparecida Almudena Grandes. Precisamente es esta novela de la escritora madrileña la que más he recordado mientras deambulaba por Madrid con los personajes de Castillos de fuego

Ignacio Martínez de Pisón presenta la vida en el Madrid que va de Noviembre de 1939 a septiembre de 1945 y la distribuye en cinco partes que el denomina 'Libros': 

  • En el primero, Noviembre de 1939 a Junio de 1940, asistimos a la presentación de muchos de los actores del relato, tanto los propiamente históricos como los de ficción. Del contexto mundial sobresale sobremanera la presencia en el panorama europeo de Alemania, que está realizando sus primeras invasiones: la de Polonia primero, seguida de otras como la de Francia. Esta parte finaliza en el emblemático edificio de Telefónica desde cuya terraza se realiza un castillo de fuego (fuegos artificiales) en homenaje a que Tánger ha vuelto a ser administrado por España dada la alianza que Franco mantiene con Hitler.
  • En el segundo libro, Julio a Diciembre de 1941, los dos mundos madrileños se muestran en su interioridad: el de los ganadores (falangistas de siempre como Matías Revilla y no falangistas como Valentín Aja que durante la guerra militaba en el PC y que ahora es colaboracionista de la brigada político-social denunciando a antiguos compañeros); y el de los perdedores (republicanos, especialmente comunistas que intentan mantener viva la resistencia a la espera de que la guerra europea acabe con los fascismos, el de Franco entre ellos). Luego estarían los, digámoslo así, neutrales como Basilio, padre de Gloria, catedrático de universidad depurado y apartado de su cátedra por los vencedores; Félix Benítez, alumno de Basilio, enamorado de Gloria. Y también los arribistas que se apuntaron al carro del vencedor.
  • En el tercer libro, Abril a Octubre de 1942, las historias de los miembros de este personaje coral conectan e inflexionan a través de una historia de celos existente entre los hermanos Ruiz: Esteban, protésico dental, y Aníbal, colaborador de Matías Revilla en la Comisión Revisora de Viviendas y Muebles; estos dos hermanos tienen muy mala relación entre ellos a propósito de la paternidad de Rocío, la hija de Rosario, esposa de Esteban. Lo que sucede entre los hermanos complica la vida a Revilla que no quiere verse salpicado por ello. Aquí se ven las maniobras dentro de los falangistas para echar a unos u otros. Si cayese el ministro Arrese, sostenedor de Revilla, Valentín Aja correría serio peligro. Por otro lado, en esta parte prosigue la represión en cárceles y Bernabé, el hermano de Cristina y de Eloy, encarcelado en Porlier, es fusilado junto a muchos otros. En contraste con lo anterior, Avelina, esposa de Matías Revilla, muestra la 'caridad' del Régimen. Caen muchos comunistas por la represión y las denuncias de Valentín; Eloy logra, de milagro, huir al monte.
  • En el cuarto libro o cuarta parte, Septiembre de 1943 a Marzo de 1944, vemos la vida de los guerrilleros en el monte. En el grupo de Eloy, entre otros, están el Caralarga,  Arsenio, el Chaconero, el Mancho, Ginés, niño pastor que ayuda a Eloy.... Estos guerrilleros realizan batidas por la zona, robos para aprovisionarse, ejecuciones sumarias por viejas deudas o por encargo del Partido. Porque el propio PCE también realizaba sus purgas. Al tiempo, en el interior de Madrid, Cristina participa en la Resistencia colaborando con Heriberto Quiñones, con Virgilio, y otros comunistas del exterior, como el primero, o del interior, como el segundo, que es su enlace con el Partido. Todo lo hace Cristina para así mantener, siquiera sea de manera epistolar, relación con Eloy. También en el interior vemos cómo se desarrolla la vida de Gloria con Félix, que los ha acogido, a Basilio y a ella, en su despacho de abogado. Por último, Valentín, empecinado en la persecución de sus antiguos compañeros, va medrando en el Cuerpo de policía. 
  • En la quinta parte o quinto libro, Febrero a septiembre de 1945, Eloy retorna a Madrid por orden del Partido. Personajes reales e históricos como Jesús Monzón y Pilar Soler serán llamados por el Partido desde Toulouse. Otros, como  Gabriel León Trilla, no obedecerán la orden y sufrirán en propia carne su indisciplina. Si así, más o menos, discurre la peripecia real, la historia de ficción en esta parte final se va resolviendo. Lógicamente -eso lo sabemos desde el principio todos los lectores-, las aspiraciones de los antifascistas quedarán en agua de borrajas, serán puro Castillos de fuego. Pero Ignacio Martínez de Pisón culmina la historia de ficción, una hermosa historia de amor, de manera emotiva y muy esperanzadora para todos aquellos que hemos disfrutado leyendo la novela.
Una novela, en definitiva, muy equilibrada, que muestra grandezas y debilidades en los dos bandos: el sacrificio y la ciega entrega de los derrotados; las insidias, emociones y decepciones entre los falangistas que con ilusión militaron en la primera hora y que con el paso del tiempo -¡y de la guerra en Europa!- ven cómo son abandonados, dejados de la mano de Dios. Aquí se habla con emoción de Dionisio Ridruejo, falangista convencido que también con convencimiento dirige una demoledora carta a Franco, que lo depurará y echará del entorno gubernamental.

Me ha encantado pasar unos agradables momentos con personajes históricos que he estudiado, leído y algunas obras suyas incluso admirado. En la novela, centrada en el Madrid del franquismo del primer momento, la intelectualidad republicana no existe: los que no han muerto, como les ocurrió a García Lorca o a Antonio Machado, se han exiliado (Alberti, Cernuda, Emilio Prados...) y los que no (Dámaso Alonso, Aleixandre...) están silenciados en lo que se denomina exilio interior. Sólo quedó la intelectualidad que apoyó el golpe como los poetas falangistas Luis Rosales o Dionisio Ridruejo, autores teatrales como Arniches, los Álvarez Quintero o Jardiel Poncela. Algunos, como el propio Ridruejo, renegarían de su apoyo inicial a Franco, pero volver atrás ya era imposible.
«Mira quiénes están ahí: Pemán, Luca de Tena, Arniches… Es él, ¿no? Carlos Arniches, el de los sainetes. ¡Qué viejito está! Y allí mira: Fernando Díaz de Mendoza, María Guerrero… El de al lado debe de ser su hermano, el aviador. Un héroe de guerra.»
En el campo de los nombres propios la novela me ha permitido conocer algunos de personas que desconocía, que tuvieron responsabilidades políticas en los muy represivos gobiernos franquistas de la primera mitad de los años 40 del pasado siglo:
  • «Basilio había visto a varios gerifaltes del régimen entrar en la iglesia. Había reconocido a dos generales y varios ministros. A uno de ellos, el de Hacienda, José Larraz, lo había tenido de alumno veinte años atrás. Pero el que le interesaba era el de Educación Nacional, José Ibáñez Martín»
  • «Mercedes Sanz, una mujer de mofletes rellenos y mirada infantil, con el pelo recogido en una compleja arquitectura de horquillas, que, aunque había vuelto a casarse, seguía vistiendo de negro para no renunciar a su condición de viuda de Onésimo Redondo, prohombre de Falange.»

Al igual que me sucedió cuando leí Madrid de Andrés Trapiello, Castillos de fuego me ha parecido, por momentos, un excelente cartel turístico para la ciudad por donde deambulan toda esta serie de personajes. La verdad es que en definitiva es a Madrid a quien Ignacio Martínez de Pisón da el  verdadero protagonismo. 
«[Esteban] Cruzó la plaza, siguió hasta Carretas y salió a la Puerta del Sol. [...] En la esquina de Montera, se zafaba de una prostituta empeñada en colgársele del hombro [...]. Llegó Esteban a la Gran Vía. A partir de allí avanzó despacio, asomándose a las bocacalles de uno y otro lado, que estaban en plena ebullición: Valverde, Chinchilla, Jacometrezo, Libreros.»
Los nombres de los seres de ficción e incluso el de los reales históricos no suponen más que un muestrario de los otros muchos que componían la población y la fisonomía de la capital de España, que por esos años alcanzaba el millón de habitantes. Con enorme acierto en 1942  Dámaso Alonso en su poema 'Insomnio' decía: «Madrid es una ciudad de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)». Y tal cementerio es patente en la novela que acabo de leer.  

Novelistas zaragozanos, Literatura actual de Aragón
Dejando a un lado el importante fresco de represión política que se plasma en la narración, quisiera destacar la frescura, naturalidad y viveza con que el autor muestra la vida popular. Los madrileños de la novela sobreviven a duras penas, pero están vivos: luchan por sus ideales, se sacrifican por sus semejantes, sacan con esfuerzo -¡y también con picaresca!- a sus familias adelante, y aman con sinceridad a sus parejas, hijos, maridos, amantes... En definitiva, respiran vida, aunque se la juegan de continuo y pueden perderla en cualquier momento

La música es también un elemento importante en esta novela. Desde la sintonía del franquista parte radiofónico, que yo ignoraba que fuese una adaptación de un tema de Henry Purcell («Concluido el parte informativo, sonó la sintonía habitual, una versión de la marcha Lillibullero de Henry Purcell») pasando por la música norteamericana del momento («¡Glenn Miller! ¡Me encanta! Empezó a bailar al son de In the Mood»). Pero lo que a este respecto más ha llamado mi atención es la manera que tiene Martínez de Pisón de introducir la música popular del momento (tangos, canciones de la guerra reciente y otras) a base de unos cuantos versos o frases del tema en cuestión, sin necesidad de dar el título de la canción:
  • «Granada, tierra soñada por mí. Mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti…»
  • «...Regando las flores hay una monjita, que como ellas tiene carita de flor y que se parece a aquella mocita que tras la cancela le hablaba de amor...»
  • «...Rocío, ay, mi Rocío, manojito de claveles, capullito florecío...»
  • «¡Ay, ba...! ¡Ay, ba...! Ay, babilonio que marea... ¡Ay, ba...! ¡Ay, ba...! Ay, vámonos pronto a Judea...»

Para finalizar
Castillos de fuego de Ignacio Martínez de Pisón es una novela de lectura sencilla, con una estructura lineal, sin florituras ni alharacas, que avanza de manera ordenada por la España de 1939 a 1945. Es una España de traiciones, de maquis, de tretas dentro del Régimen, de brutal represión en todo el país y también en el interior del PCE, que se cargó a no pocos de sus militantes por -en su equivocada impresión- falta de disciplina.
«Supongo que no te suena el nombre de Heriberto Quiñones… Yo lo conocí porque vino a traerme una carta de Eloy. Era un hombre íntegro, noble, valiente, generoso: un gran comunista. Lo dio todo por reorganizar el Partido en el interior. Y, cuando digo todo, digo todo. Hasta la vida. Pero a los dirigentes que estaban en Francia, en México, en Rusia, no les gustaba que pensara por sí mismo.»
En definitiva, estamos ante una novela coral, de personajes variados y muy creíbles, muy auténticos. Seres que aman, que traicionan, que a veces deben prostituirse para salir adelante, que traicionan, que luchan, que sufren, que mueren, que odian hasta el extremo... Una ciudad (Madrid) en la que conviven enemigos irreconciliables que durante la reciente guerra civil, algunos, se cambiaron de bando, colaboraron con el otro, y que en la "Paz" se instalarán en el el odio más profundo. ¡¡Una magnífica novela!!


19 nov 2019

Ignacio Martínez de Pisón: "Filek"

23 comentarios:
"La famélica España de 1939 estuvo a punto de convertirse en la principal potencia exportadora de petróleo. Eso al menos es lo que Franco creía entonces y lo que pronto la prensa del régimen se encargaría de pregonar a los cuatro vientos. Un químico austriaco llamado Albert von Filek, inventor de un combustible sintético que mezclaba extractos vegetales con agua del río Jarama, había puesto su fórmula secreta al servicio del engrandecimiento de la nueva España después de rechazar generosísimas ofertas de las grandes compañías petroleras." (nota de la solapa del libro)

franquismo, años cuarenta del siglo XX, estafadores
De este escritor leí no hace mucho tiempo "La buena reputación", novela premiada con el Nacional de Narrativa 2015, una novela que me agradó especialmente. También he visto con muchísimo gusto en televisión la serie "El día de mañana" adaptación de una novela suya de igual título que él mismo guionizó en su conversión al medio visual. Esta serie me gustó mucho. Ahora, dentro del mes temático de la No Novela promovido por el blog "Libros que hay que leer", decidí elegir ésta que hoy traigo aquí y que publicó en 2017.

En varios momentos de esta obra su autor, Ignacio Martínez de Pisón Cavero, insiste en la característica de no-novela que tiene lo que estamos leyendo.
 "Si esto no fuera una investigación histórica sino una novela, tal vez el argumento sería otro" (pág. 197). 
Lo que nos presenta el autor es una concienzuda investigación histórica sobre un personaje cuya peripecia la encontró el novelista en "Franco, caudillo de España"de Paul Preston, la monumental biografía del dictador aparecida por vez primera en 1967 y que, con seguridad, Martínez de Pisón, dada la época en que  transcuren la mayoría de sus novelas, conoce al dedillo. Sólo, nos dice Martínez de Pisón, le dedica Paul Preston diez líneas; sin duda alguna más que suficientes dado el poco impacto del individuo en la vida española en general y en la del dictador en particular. Pero haber estado a punto de engañar al mismísimo Caudillo con una gasolina sintética supuestamente creación suya y fabricada a base de agua más extractos de plantas y algunos ingredientes secretos más era tan increíble y al tiempo desternillante que el escritor zaragozano decidió seguir la pista a este tal Albert Eduard Wladimir Füler Edler von Wittinhaunsen por parecerle un ser más propio de una novela que de la realidad. Los datos debidamente ordenados y organizados, cual exige una investigación histórica, es lo que se nos presenta en este libro. Una cierta y verdadera no novela, por lo tanto.

Organiza la obra Martínez de Pisón en cinco apartados o capítulos dedicado el primero a los orígenes del estafador nacido en 1889 de padre desconocido en Carintia, región del sur de Austria que formaba parte por entonces del Imperio austro-húngaro. La vida delincuencial de Filek comienza a partir del final de la Gran Guerra en la que participa pero alcanzará el rango de profesional con la disolución del imperio en 1920. Albert se moverá en una zona europea que tenía por centro la ciudad de Fiume entonces ciudad-estado independiente (hoy es la ciudad croata de Rijeka). A esta ciudad, sobre la que marchó militarmente el poeta italiano D'Annunzio para anexionarla al Reino de Italia, regresaba Albert Filek tras haber perpetrado sus golpes y estafas en ciudades (Viena, Milán, Graz, Innsbruck...) situadas en un radio de no más de 300 kmts de Fiume. En 1931 el cerco de la policía austriaca era cada vez mayor y el personaje decide escapar de la zona. ¿A dónde ir? España, donde acababa de ser derrocada la monarquía, se le antojó un buen lugar.

El resto de capítulos van dedicados a las actividades de este delincuente en el Madrid republicano (capítulo 2); después en el inmediato Madrid franquista de la primera hora, sin duda alguna el centro de esta investigación histórica (capítulo 3); luego conocemos su deambular, entrando y saliendo, por distintas cárceles españolas (capítulo 4); y finalmente, la salida de España y el establecimiento de este impostor y charlatán en Hamburgo donde en 1952 murió (capítulo 5).

Albert Filek, Franco estafado, gasolina sintética
Lo que más me ha interesado de esta narración en la que Ignacio Martínez de Pisón muestra y comenta sus hallazgos en la búsqueda de datos e información realizada sobre este tramposo irrecuperable es, junto a la doblez del individuo, la facilidad con que caían en sus engaños las víctimas comenzando por aquella mujer de Groz a la que debió de dejar plantada ante el altar tras haberle jurado amor eterno y robarle sus joyas; siguen las innumerables referencias a cómo el falso aristócrata Alberto Samengo, Albert von Fülek, Alberto von Culek, Alberto Filek o como quiera que eligiese llamarse gustaba de darse la buena vida en lujosos hoteles centroeuropeos donde dejaba la cuenta, ¡claro!, sin abonar; la defraudación realizada a una institución bancaria por muchos miles de liras o de coronas; etc., etc... Y es que en la biografía de este sujeto todo es oscuro y enmarañado.

De todas sus trapacerías la obra maestra de este individuo de bajos orígenes pero que siempre abrigó en su mente delirios de grandeza atribuyéndose unilateral y reiteradamente la filiación de un padre aristócrata que nunca lo reconoció, -frustración que siempre arrastró-, fue la invención de una gasolina sintética realizada con agua, extractos de plantas, pizarras bituminosas, bicarbonato y otros ingredientes -¡hasta zumo de naranja dijo en alguna ocasión que contenía!- que el estafador iba añadiendo o eliminando según la ocasión y la persona ante la que se encontrase. Con esta maravillosa e imposible quimera engañó no sólo a particulares deseosos de enriquecerse rápida y fácilmente sino que también este charlatán irrecuperable llegó hasta los aledaños del Estado al ofrecerla en ministerios gubernamentales republicanos tanto de ministros de la CEDA como Gil Robles cuanto de ministros socialistas como Largo Caballero. Acabada la Guerra Civil y sustituida la República legítima por la ignominiosa Dictadura el atrevido delincuente consiguió ilusionar al mismísimo "Caudillo de España por la Gracia de Dios" que con esto demostró su memez autocrática, con lo que los lectores actuales vemos, atónitos, en qué manos estuvo España durante 40 años
"Todos los ingenieros y servicios técnicos que he consultado me han informado en contra del proyecto; pero yo me fío más de mi chófer y éste me ha asegurado que en el último viaje hemos logrado una media de noventa kilómetros por hora empleando exclusivamente 'mi' gasolina" (pág. 187 [De las memorias de Juan Antonio Ansaldo que pilotó el avión que trasladaba a Sanjurjo desde Estoril a Burgos])
Destaco por encima de cualquier otra cosa en este libro la imparcialidad del autor al presentar de manera objetiva la vida en España en unos y otros momentos políticos. El fullero Filek va a ir sobreviviendo con sus artimañas tanto en la revuelta España republicana cuanto en la amordazada España franquista. En ambas, Martínez de Pisón no oculta datos incómodos para todos: las checas republicanas, las sacas arbitrarias de las cárceles y los miles de fusilamientos en Paracuellos, el papel de ciertas personas e individuos a favor y en contra de estas acciones; y del mismo modo en el inaugural período franquista vemos cómo el Filek que estuvo en las cárceles republicanas, tras una breve estancia fuera de ellas, volverá a las prisiones donde se hacinaban miles y miles de desafectos al nuevo Régimen y de las que sin pausa alguna iban saliendo personas camino de ejecuciones sumarísimas y si no debían trabajar en condiciones infrahumanas. Bajo ambos regímenes la persona Albert Eduard Wladimir Füler Edler von Wittinhaunsen va a ver cómo se desprecian y se incumplen las resoluciones judiciales que en varias ocasiones y momentos fallaron a favor de su puesta en libertad.

Ignacio Martínez de Pisón, narrativa de la Guerra Civil, investigación histórica
Antes de dar por concluida esta entrada quisiera alabar el enorme esfuerzo investigador del novelista zaragozano afincado en Barcelona desde 1982 con sólo 22 años, de lo que queda cumplida muestra en este libro. Y junto a esto, no puedo por menos que agradecerle la inmensa información que sobre autores literarios y sus obras ("El mundo de ayer" de Stefan Zweig o "Primavera de café" de Joseph Roth, entre los europeos; "La novela de un literato" de Rafael Cansinos-Assens, "Paseos por Madrid" de Corpus Barga o "El advenimiento de la República" de Josep Pla, entre los españoles) aparecen como sin esfuerzo a lo largo de esta investigación, de esta no novela, que por las muchas suposiciones e imaginaciones realizadas por el autor para cubrir las muchas lagunas existentes en la documentación recabada se convierte casi casi en un ensayo novelado:
    • "como tantas otras veces a lo largo de este libro, me muevo en el terreno de las conjeturas" (pág. 233)
    • "¿Permaneció Filek en Barcelona tras su excarcelación? [en septiembre de 1941]. Fantaseo con la hipótesis de que, atraído por el aroma del dinero fácil, frecuentara durante ese tiempo un bar-restaurante situado en el número 196 de la calle Mallorca, el Lutz." (pag. 209)
    • "No hay datos de que ese encuentro llegara a producirse. De haberse producido, el primer paso lo habría dado el austriaco." (pág. 100 [conjetura realizada a raíz de la coincidencia en la Cárcel Modelo madrileña en octubre de 1936 del embaucador Suñén Beneded y Filek]) 
También no quiero dejar sin resaltar la enorme información que leyendo este libro he podido recabar sobre esos años (1930-1950) durante los que España vivió una época dura, difícil y llena de sobresaltos de la que se beneficiaron, ¡como siempre!, quienes pescan en río revuelto, o sea, buscavidas, delincuentes y seres sin entrañas como este Filek. Pero especialmente me ha satisfecho mucho conocer la ubicación en Madrid y en Barcelona, sobre todo, de las prisiones en las que se hacinaban personas y personas desde 1936 a 1946 en concreto. Son edificios, la mayoría de ellos hoy desaparecidos igual que muchos de los ficheros de detenidos quemados por unos y por otros cuando, cada uno en su momento, avistaba que se daba la vuelta la tortilla. 

4 abr 2015

Resumen de Lecturas: MARZO

12 comentarios:
La verdad es que al echar la vista atrás, puedo decir que marzo se ha portado: ocho lecturas (una, para ser justos, fue veloz relectura; y otra, la de Petros Markaris, casi casi podría atribuirse a febrero), dos obras de teatro y varias películas. No está mal, al menos para mí que no me marco grandes retos.


De las lecturas, tres ya las he reseñado en este blog: "Pudor" de Santiago Roncagliolo, "La campana de cristal" de Sylvia Plath y "Mansfield Park" de Jane Austen (ésta fue la relectura). Hay otra, la novela de Luis Landero, "El balcón en invierno", que utilicé para hacer algunas reflexiones a propósito  del debate existente desde hace ya algún tiempo sobre el oscuro o difícil porvenir de la novela. Vista ahora, desde la distancia, creo que esa reflexión es más que suficiente como reseña de esta novela-ensayo, reseña que se puede leer aquí.


En definitiva, pues, que ya sólo me queda por hablar de cuatro. Si hago cuenta de que la lectura "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero" del neurólogo y antropólogo Oliver Sacks fue objeto de debate y comentario en la tertulia "...más que palabras" del mes de marzo, creo que puedo obviarla pues ya de ella algo quedó dicho en la crónica que en el blog de ese grupo de lectura dejé escrita (verla aquí). Eliminada ésta, ya sólo reseñaré, y muy brevemente, las tres que restan:

La buena reputación

Ignacio Martínez de Pisón, La buena reputación
Su autor, Ignacio Martínez de Pisón, presenta en esta novela la vida de una familia española desde los años 40 hasta 1987. Los lugares donde se sitúa el relato son especialmente la ciudad de Melilla a la que vemos transformarse desde la época del protectorado español de Marruecos hasta el momento en que su antaño importante puerto pierde importancia al haber abierto Marruecos el de Beni Enzar; la otra localidad importante es Málaga a la que administrativamente durante muchos años Melilla perteneció; y por último Zaragoza la ciudad de la que provenía Mercedes, la esposa de Samuel, y a la que volvió en cuanto pudo.

Es, pues  la historia de una familia, con sus virtudes y sus defectos, con sus zonas oscuras, con sus alegrías y penas. Pero como dice al final del relato Daniel, nieto de Samuel: "No era la mejor familia del mundo, pero era su familia". Lo más interesante de esta familia es que está formada por un judío y una gentil. El judío es Samuel, hijo de Elías, quien logra medrar en Melilla merced al apoyo de su suegro, militar y franquista, aunque su sagacidad y su buen saber hacer personal hará posible que no sólo no rompa con la comunidad hebrea de la ciudad sino que en un momento dado contribuya muy activamente y en secreto a sacar de Marruecos a muchos de quienes deseaban emigrar a Israel. La gentil es Mercedes, típica burguesa de provincias que lleva fatal todo lo relacionado con la religión de su marido, al que en cierto sentido desprecia. Las hijas de la pareja, Miriam y Sara, son dos típicas mujeres pequeño-burguesas que una vez echada una canita al aire se recomponen y se reintegran a la seguridad de bodas confortables al menos en apariencia. Por último, los hijos de Miriam, Elías y Daniel, son dos desastres que aprenderán lo que es la vida en sus propias carnes.

La novela se lee muy bien. Está estructurada en cinco partes o Novelas (Samuel, Mercedes, Miriam, Elías y Daniel). En contra de lo esperado por mí ante una presentación de este tipo, la acción sucede de manera lineal; tan sólo la trama se focaliza en cada uno de los personajes que sirve de título a cada una de las cinco partes. El narrador es externo.

Lo más destacable para mí de la obra son las referencias al judaísmo (fiestas, prendas de vestir, elementos del culto, comidas, etc.) que se hacen en el relato, especialmente en el de Samuel. Y lo que menos me ha agradado es la insulsez en que cae la novela en algunos momentos. Con todo una novela digna de ser tenida en cuenta y digna de ser leída.

La nieta del señor Linh

Philippe Claudel, La nieta del señor Linh
Esta novela breve de Philippe Claudel es un regalo para cualquier lector. Todo en ella es destacable: el lenguaje utilizado -¡bellísimo!-; la historia que se relata: un anciano que huye de la guerra de su país y recala en uno accidental donde es asistido por instituciones para refugiados, y en el que aunque no se le trata mal no deja de ser un objeto, un  trabajo para los funcionarios, tan sólo la amistad con otro hombre con quien ni siquiera puede hablar al ser de idiomas distintos le hará la vida soportable, bueno, eso y su nieta, naturalmente; la gradación de la tensión dramática hasta llegar a la resolución final;  el choque de culturas, la occidental y la oriental; la dureza de la vejez; las reflexiones que se cuelan en la narración; etc.

Es una auténtica joya.  En cada página aparecen fragmentos de gran belleza. Valga como ejemplo esta cita: 
"El señor Linh camina. Es un autómata que vacila, avanza lentamente, se tambalea, se deja arrastrar por la muchedumbre cada vez más apresurada y compacta que lo rodea y lo asfixia. [...] Avanza. Tropieza con los años y con la gente, que corre no se sabe adónde, que no para de correr, como si lo propio del hombre fuera correr, correr hacia un gran precipicio sin detenerse jamás"

 Noticias de la Noche

Petros Márkaris, Noticias de la Noche, Kostas Jaritos

Confieso que leí esta novela, -primera de la serie que el autor griego dedica al detective Kostas Jaritos-, movido por la problemática actual de Grecia que a punto estaba por esas fechas (finales de febrero) de celebrar unas cruciales elecciones. Aunque la novela es de 1995, sin embargo ya en ella se dejan ver algunos de los vicios de ese país que, -según se dice-, les han abocado a la situación de bancarrota en la que se encuentran los griegos. Así al tiempo que presenta a la policía a la que pertenece el teniente Jaritos como un cuerpo malpagado en el que muchos de sus funcionarios aceptan -o exigen, según- mordidas para mover los asuntos o moverse ellos mismos, muestra la desigualdad existente desde la entrada en Europa:
 Es uno de esos bloques de pisos nuevos, construidos para los tipos de relaciones públicas, yupis y científicos que chupan de los programas de la CEE. (p. 141)
Esta desigualdad hace que progresar siendo honrado sea más que difícil. Así lo ve el teniente Kostas Jaritos cuando se enfrenta a la hija del jefe de la cadena de TV a la que pertenecía una periodista asesinada. Para Jaritos la desigualdad entre esta niña bien y su hija Katerina es inaceptable:
"La miro y pienso en Katerina. Sea abogada o fiscal en el futuro, va a necesitar como mínimo diez años para labrarse una carrera. Mientras que ésta, a sus veinticinco años, tiene una galería por gentileza de su papi, se las da de lista y, encima, lo engaña" (p.223)
También hay una fuerte denuncia de la xenofobia que el autor, Petros Márkaris, percibe en la sociedad helena. Él, de origen armenio por parte de padre, tiene sobradas razones para pensar tal cosa ya que no obtuvo la cidadanía griega hasta la caída de la Dictadura de los Coroneles en 1974. Por eso el asesinato de dos albaneses con que se inicia el relato no mueve a nadie en la Comisaría de policía. No ocurre lo mismo si la que cae es una afamada periodista griega de una cadena televisiva; entonces la cosa cambia radicalmente:
"Dos albaneses acuchillados sólo interesan a los de la tele, y eso si la masacre resulta fotogénica y produce náuseas a las nueve de la noche, justo cuando la gente se sienta a cenar." (p. 46)
[...]
"—¡Despierta, atontada! ¡Los albaneses con los que trabajas te han contagiado su estupidez!" (p. 274)
Por último en esta novela aparece plenamente caracterizado el protagonista de toda la serie: fumador, separado de su mujer, con una hija a la que ve poco pero para la que desea lo que cualquier padre de clase media baja (estudios, éxito profesional, dinero...), lector de diccionarios, y desengañado de todo lo que hace funcionar a la sociedad ateniense.

Me ha gustado mucho esta novela y me he propuesto leer más de este magnífico autor pues todo en él me gusta, en especial su estilo directo, crítico y desenfadado a la hora de llamar las cosas por su nombre.