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4 jun 2026

"Los sorrentinos". Novela de Virginia Higa

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«El sorrentino no tenía el borde de masa de los pansotti, ni el relleno de carne de los agnolotti, ni llevaba ricota como los cappeletti. Era una media esfera con cuerpo, hecha con una masa secreta, suave como una nube, rellena de queso y jamón.»

LIteratura argentina actual, Cocina,
La escritora Virginia Higa (Bahía Blanca, Argentina, 1983) sólo tiene publicados, que yo sepa, esta novela y un libro del género ensayo. Acabo de encontrar el título del mismo ("El hechizo del verano") y la verdad es que me parece un título muy novelístico, casi más que el de la única novela que ha escrito hasta ahora.

Los sorrentinos es la historia de una familia argentina de origen napolitano (los abuelos emigraron desde Sorrento hasta la Argentina a finales del siglo XIX,  época de fuerte emigración italiana). El personaje central es el Chiche, el menor de cinco hermanos ([los padres del Chiche] «Tuvieron cinco hijos: Umberto, Electra, Totó, Carmela,  y Argentino, el Chiche, todos nacidos en Mar del Plata») que se hará cargo del restaurante que sus padres abrieron en Mar del Plata, ciudad turística de la provincia de Buenos Aires. Aunque él no tenía afición excesiva por este gremio al morir Umberto, su hermano mayor, se hizo cargo del negocio. Un negocio que debía gran parte de su éxito a la creación de un plato de pasta llamado 'sorrentinos' como homenaje al lugar de procedencia familiar.

Son, pues, los sorrentinos y el restaurante de la familia Vespolini, regentado por el Chiche Vespolini, el eje sobre el que gira la novela. Una novela que da cuenta de la vida del Chiche, de sus hermanas Carmela y Electra, y de sus hermanos Umberto y Totó. Pero siempre teniendo como punto de referencia al Chiche; de ahí que en gran medida algunos apartados o secuencias en que se estructura esta novela corta (apenas 150 páginas) me hayan parecido más una serie de anécdotas, cuyos relatos al engavillarse han formado esta novela.

Por lo dicho entiendo que la autora lo que ha pretendido hacer es rendir homenaje a este personaje que le había llegado a ella en forma de relato familiar. Cierto es que si este era el propósito, Virginia lo ha logrado con nota.

En el homenaje ocupa lugar preeminente el vocabulario utilizado por el Chiche y sus familiares. También es muy importante en el apartado de las aficiones del personaje, el Cine. Y en cuanto a su identidad, su condición sexual es elemento central.


El Vocabulario
No domino, como es evidente, el habla de la Argentina, pero por lo que he investigado en la novela Virginia Higa utiliza muchas palabras procedentes del lunfardo o del lunfardo modificadas por el personaje protagonista, y también muchas otras palabras o expresiones propias de su familia italo-argentina. Son términos como 'mishadura' (pobreza extrema, miseria, indigencia o falta de dinero);  'catrosha' (mujer que disfruta de salir con muchos hombres), calificativo que el Chiche dedicaba a Adela, empleada del restaurante («¡Sí serás catrosha!»). En masculino, la palabra 'catrosho', se usa para designar al hombre homosexual; 'chinaso' (se aplica a las personas, objetos o costumbres de extraordinario mal gusto); 'morfando' (comiendo);  'mersa' y 'mersada' en la expresión que Pepè le dirige a su amigo Chiche («catrosho mersada») por no querer, estando en Roma, ir a escuchar el saludo dominical del Papa: 'mersa' se utiliza como adjetivo para describir a una persona, comportamiento o cosa de mal gusto, vulgar o con costumbres poco refinadas, se asocia despectivamente con lo "ordinario" o lo "barato". Hay también palabras que surgen de la  mezcla entre el italiano y el lunfardo, como por ejemplo "sciaquada" (pronunciado shacuada) se utiliza coloquialmente para referirse a una persona desgarbada, descuidada, desaliñada, sin gracia o de aspecto endeble). Propiamente italiana parece la palabra 'munaciello
[el munaciello era un] «espíritu doméstico napolitano que, al parecer, había seguido a la familia desde Sorrento hasta Mar del Plata. La figura del munaciello era la de un monje de baja estatura, vestida con el hábito de la orden de los dominicos»
En otros casos el vocablo o la expresión es una pura invención o creación del protagonista de la novela. Tal ocurre con 'papocchia' (de mala calidad), o en otro ligar del relato con 'spaccone de porquería' («un spaccone era una persona que se daba aires, que creía ser más de lo que era o que exhibía con soberbia lo que poseía o creía poseer.»).

Ni que decir tiene que siendo el vocabulario uno de los méritos de la novela, también es una de las dificultades que para hablantes de este lado del atlántico presenta. Con todo, en mi opinión, los pros superan con creces a los contras.


Los Personajes
Además del Chiche, protagonista y centro de todo el relato, en Los sorrentinos hay multitud de personajes. Además de ser muchos, las relaciones familiares entre ellos también son grandes y diversas. Esto, pienso, no es más que una traslación al papel de la realidad habitual en las comunidades de origen italiano, que vienen a reproducir los comportamientos culturales propios de la lejana patria en la que la familia (aquí la de los Vespolini) es un pilar esencial, fundamental. 

Están los cuatro hermanos del Chiche: Umberto, Electra, Totó y Carmela. Y luego vendrían los primos de éstos, menos en número, pero también importantes como por ejemplo la prima Dorita o el primo Ernesto. Los sobrinos como Honorio, Manuel, o Virginia, hijo el primero de Totó y los dos últimos de Carmela. Las parejas de unos y de otros, como por ejemplo Elvio, marido de Carmela; Lucinda, mujer de Totó; la 'Coca', mujer del primo Ernesto; la  Gorda Montero, casada con el sobrino Honorio; la prima Dorita y su casorio con Valdemar del sector ("rubro") de vendedores de aspiradoras; etc. Y por si esto fuera poco, las familias creciendo por parte de los más jóvenes («Ernesto y la Coca habían tenido dos hijas: Teresa -la que trabajaba en la rotiseria- y "la Matilde nuestra" -que era la madre de la bailarina de la televisión-) y extinguiéndose por arriba: Electra por enfermedad, Umberto por accidente laboral, otros por voluntad propia... ¡En fin, la vida!

Por si el enrevesado panorama familiar fuera poco, en Los sorrentinos aparece también un buen número de personajes secundarios como el bioquímico Pepé, 'catrosho' como Chiche y amante de las telenovelas; Corina, antigua novia de Umberto; Facha Farina, la veterana cocinera transmisora de los secretos gastronómicos de la trattoria; el cura Adelfi, 'catrosho' como Pepé y el Chiche; el psiquiatra doctor Kavafis, comensal habitual en la trattoría, que representa al típico personaje humorístico de la comedia italiana que en el fondo es la novela; la señora Baldi, maga y profetisa, que acompaña a Carmela a visitar a una modista vidente; el joven mozo Mario al que el Chiche llamaba Carpi, personaje que atiende al Chiche, especialmente leyéndole noticias del periódico haciéndole protagonista de alguna de ellas, y que abre y cierra la novela; Valdemar, el marido de la prima Dorita que para Ernesto no era más que un 'spaccone', o sea, una persona fanfarrona, presumida, bravucona o jactanciosa; y así otros tantos más.

Estamos, pues, ante una novela de personajes. Cada uno aporta sus anécdotas, sus vivencias, y la suma de todo ello da como resultado esta novela, Los sorrentinos


El Cine
En la época en que se desarrolla lo esencial de la novela, mediados del siglo pasado, el Cine era sin liugar a dudas la diversión popular por antonomasia. Actores y actrices eran auténticos modelos de comportamiento y fetiches que provocaban adhesiones y rechazos de tal grado que a veces producían enemistades y encontronazos entre familiares y amigos. Tal les ocurrió al Chiche y Virginia, la hija mayor de Carmela, quienes se enfadaron por discrepar acerca de la intervención o no de Steve McQueen en la película Los siete magníficos (año 1960).

Pero son las películas italianas o protagonizadas por actores y actrices de ese país las más aludidas en la novela. Así, a Umberto, hermano mayor y creador de la exitosa receta de los sorrentinos, le gustaba muchísimo Sofía Loren en una película cuyo título no da pero que era una versión contemporánea del cuento de la Cenicienta. Al Chiche también le gustaba mucho Sofía Loren y otras actrices italianas como Silvana Mangano o Anna Magnani; entre otras cosas le gustaban porque no eran 'sciquadas': 
«actrices no sciquadas eran, por supuesto, Sofía Loren, Anna Magnani, Silvana Mangano y muchas más. Esta última era su favorita, sobre todo en el papel de Anna, en esa película en la que ella, la Mangano, es una monja que atiende a los enfermos en un convento y un día llega un hombre que le hace recordar su pasado de cantante un poco catrosha en un cabaret.» 
En sentido contrario y como medio para caracterizar a Elvio, italiano del norte y en consecuencia serio marido de Carmela, apareece el odio que éste sentía hacia Alberto Sordi por ser éste un actor cómico, con la comicidad propia del sur. También sin citar el título [¿quizás sea "Prionero de honor" (1959)] se dice:
(Elvio) «Odiaba sobre todo una película de Alberto Sordi en la que él interpreta a un soldado que cae prisionero de los ingleses durante la campaña de Africa.Decía que hacía quedar como unos cobardes a los italianos con eso de que "soldado que escapa sirve para otra guerra"»
 Pero sin lugar a dudas mucho más interesante me parece la referencia a la argumentación que sobre Ugo Tognazzi en la película Belleza americana  el Chiche y familia hacen en la sobremesa de una de sus comidas en la trattoría. En esa ocasión hablaban sobre la diferencia existente entre ser catrosho, como lo eran él, Pepé, y el resto de sus amigos, y hacer alarde de ello: 
«Ser catrosho y ser marica reventada eran dos cosas completamente diferentes: ser marica reventada era una provocación innecesaria, mientras que ser catrosho se había convertido, para la familia, en una especie de título honorífico»


La Cocina
Novela "Los sorrentinos"
Y, naturalmente, el gran elemento que se cita y es homenajeado en la novela por Virginia Higa  es el de la cocina y la gastronomía. El trabajo en la cocina, el cuidado en las elaboraciones, la preocupación por que la satisfacción de los clientes sea máxima, la competencia existente entre la Trattoria Napolitana Vespolini y otros establecimientos como el ristorante Montecarlini que también los elaboraba... Era una competencia sana y colaborativa  a veces; así cuando en alguno de los dos establecimientos se acababa el pan, el uno o el otro enviaba un mozo al establecimiento de la competencia solicitándoselo; éste, solidariamente, preparaba el mandado.

Las alusiones a platos y especialidades, comenzando por la que da título a la novela son muchísimas. Qué sea un sorrentino se explica con la claridad que exige mantener en secreto la fórmula que los hace tan especiales; así se puede ver en la cita que encabeza esta entrada.

Todos los elementos, como no podía ser de otra forma en una buena novela como Los sorrentinos, están relacionados. La cocina, los alimentos, las recetas de platos, etc. más que ninguna otra cosa. Los personajes actúan por motivos casi siempre relacionados con la restauración. Dorita abre su negocio para competir con la Trattoría, Carmela cuando se enfada con el Chiche se niega a volver a cocinar sorrentinos, y así el resto.
«con la muerte de Electra se perdieron muchas de las recetas tradicionales que ella guardaba en su memoria, como la pasta e fagioli, la pastiera o el babá, y la preparación de las salsas para los sorrentinos quedó sin supervisión.»
Y luego están los infinitos nombres de platos e ingredientes: fagioli, scones, babá, martelitos, pansotti, agnolotti...

Nota final
Tuvimos la suerte en el Club de lectura Fuencarral celebrado ayer mismo (3 / 6 / 2026) de contar con la presencia en la reunión de Virginia Higa, la autora de la novela. Amablemente, Virginia despejó dudas y aclaró aquellos extremos que la novela había suscitado en algunos de quienes allí nos encontrábamos. Ella había venido a Madrid desde Buenos Aires, donde actualmente reside, llamada por la organización de la Feria del Libro de Madrid que este año dedica los actos centrales al Humor en la Literatura. 

Sobre si el libro de Los sorrentinos es humorístico se habló largo y tendido. Me pareció muy interesante lo que Virginia dijo sobre el humor en la literatura, sobre si ella se propuso escribir un libro para suscitar la risa en sus lectores. No, aclaró, yo no buscaba la risa por la risa porque el humor en literatura surge de la mirada, del tono que se dé a la narración. Muy intereante también fue la reflexión que sobre la memoria (la novela se considera memorialista por parte de muchos lectores) realizó. Realidad, ficción, recuerdo, memoria, verdad, creación literaria... todos estos ingredientes forman parte de Los sorrentinos, explicó.

Le preguntamos sobre la recepción de su novela en Argentina cuando se publicó hace nueve años (ocho en España). Dijo que, tras el momento de su lanzamiento (entrevistas, presentaciones, firmas y tal), el libro tuvo una acogida modesta; con el paso del tiempo fue el boca a boca de los propios lectotres lo que  engrandeció el libro y logró hacerlo popular. Es, declaró, una obra de éxito sostenido en el tiempo, más exitosa durante los últimos años que cuando vio  la luz. Es un libro, concluímos la mayoría de los allí presentes, muy regalable porque es una obra tierna, auténtica, que presenta la vida y a sus personajes tal cuales son con sus aristas, bondades y sus opuestos. 

2 oct 2025

Ezequías Blanco: "Tres muñecos de vudú"

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Rafa Martín Martínez, Ezequías Blanco
Tres muñecos de vudú de mi buen amigo Ezequías Blanco (Paladinos del Valle-Zamora, 1952) fue su primera incursión en el campo de la novela. La escribió durante el año 2000, el año del cambio de milenio. Ese mismo año la presentó al Premio Ciudad de Salamanca quedando finalista en dicha convocatoria. Ediciones Del Oeste, editorial radicada en Badajoz, la publicó en 2001. Ahora, en 2025, vuelve a aparecer de la mano de Huerga y Fierro, editorial que cumple ya 50 años de existencia. El tiempo transcurrido desde 2001 hasta este 2025 no ha hecho amarillear el relato para nada. A los buenos libros de los buenos escritores les sucede esto: se mantienen vivos y actuales sin importar para nada los años  transcurridos. 

Tres muñecos de vudú es una historia que parte del reencuentro de antiguos alumnos de un colegio de frailes en Salamanca. Han pasado 20 años desde el final de sus estudios escolares y tras la separación, obligada por estudios y profesiones, cuatro o cinco amigos de cuando eran adolescentes volverán a verse con motivo de esta celebración. Amores que quedaron en suspenso entonces, el  abandono de noviazgos poco entendibles en su momento, el día a día personal e intransferible de cada uno se verán removidos y revividos por este encuentro.

Los ritos de vudú cumplen un importante papel en la novela, de ahí esos tres muñecos que dan título a la obra. Algunos personajes recibirán uno de estos muñecos, lo que en cierto modo -intuye el lector- marcará su próximo futuro. Hay en la novela prácticas mágicas y adivinatorias propias del mundo vudú. Pero el autor también juega al despiste con los lectores como cuando en algún momento uno de los personajes, creo recordar que es Ana, la mujer de Abel, al repasar lo sucedido hasta el momento cae en la cuenta de que la mayoría de personajes masculinos -fundamentalmente los amigos- salvo uno o dos tienen nombre que comienza por la letra A: Abel, Amador, Agustín, Alberto... ¿Destino, adivinación, casualidad, vudú también? Bueno, bueno, hay que leer para saber, claro.

Junto a los personajes nombrados anteriormente hay muchos otros: importantes como MargaSilvia, Susa, Valentín Hornillos...; y menos importantes en el desarrollo de la trama como el misacantano Sebastián, los de mantenimiento en el colegio de frailes (la 'Santísima Trinidad': el Chapuzas, el Rápido, el Voltaire), los curas (el Ninfas, el Fiambre, el Comodín, el Maricón, el Negro...), el bedel don Domingo, etc. Como se ve un amplio abanico de seres habitan esta novela, todos ellos con personalidad e individualidad propias. Quienes lean la novela disfrutarán mucho con cada uno de estos tipos y caracteres. Para mí un mérito más de la novela.

Estamos ante una novela negra en la que hay asesinatos, amenazas, alguna paliza que otra y mucho, mucho, suspense. Ezequías Blanco realiza una parodia de esta tendencia novelesca que en los años en los que él está escribiendo el libro estaba de plena actualidad. Rinde homenaje el escritor a los grandes clásicos del noir y también destaca por su valía literaria a nacionales contemporáneos que cultivaban el género
 [a Valentín] «le sobran lecciones de teoría aprendidas de buen grado en las mejores fuentes de la novela negra, de la de espionaje, de la de intriga... Ha leído entre otras doctas plumas en la materia a John Le Carré, a Graham Greene, a Raymond Chandler, a Dashiell Hammett, a Chester Himes, a Ross McDonald... E incluso a Pérez Reverte, a Eduardo Mendoza, a Vázquez Montalbán, a Juan Madrid y a Lorenzo Silva.» 
La parodia la realiza el escritor mezclando los elementos habituales del noir con el mundo esotérico del vudú, la adivinación, la magia blanca y la magia negra. Pero lo más importante, lo que hace verdaderamente distintiva a esta novela de otras que por ese entonces se publicaban es que, como si de un papel de celofán se tratase, envolviendo y ajustando debidamente en su interior todos los elementos que configuran el relato, está la literatura. Ezequías Blanco, creo que lo he dicho ya en más de una ocasión, habita un lugar llamado «Literatura», y todo el mundo real del que parten sus narraciones está tocado por ella.

Los autores clásicos (Jorge Manrique especialmente y en varias ocasiones, y muchos otros expresamente citados o no: Lope, Quevedo, Góngora...), pero también los contemporáneos (César Vallejo, Unamuno y muy especialmente Federico García Lorca) están muy presentes en Tres muñecos de vudú. Ellos tiñen la historia con el betún que supone utilizarlos sabiamente para ilustrar y mejor entender las evoluciones de los personajes.
«"Hay golpes en la vida tan fuertes... Yo no sé / como de la ira de Dios..." pensaba Ana con César Vallejo y con Abel quien solía musitar estos versos cuando a alguien le ocurría alguna desgracia tremenda, relacionada generalmente con la muerte de niños o de personas jóvenes. "Cuando más ardía el fuego / echaste agua..." se repetía, una y otra vez, Ana con Jorge Manrique y con Abel.»
Personalmente, en Tres muñecos de vudú, además de lo ya dicho, yo destacaría tres aspectos, en mi opinión sobresalientes. El primero es el recorrido que Ezequías realiza en la primera y en la segunda parte de la novela por la ciudad de Salamanca [la tercera parte y la cuarta se desarrollan en Madrid], la ciudad donde él, como su alter ego Abel, estudió, primero en un colegio de frailes y luego ya en su Universidad. La Salamanca real es la que aparece en la novela: sus calles, sus monumentos, los espacios de la Facultad de Letras donde conoció a personas que tanto le influirían en su trayectoria vital y literaria... No pierde la ocasión el novelista de homenajear de esa manera tan suya -de soslayo, que dice Rafa Martín Martínez en el magnífico prólogo que precede a la novela en esta edición de 2025- a personas, algunas como el poeta salmantino Aníbal Núñez o el compañero de estudios universitarios Luis Javier  Moreno Madroño (Javier en la novela) con quienes, mientras estuvieron en este mundo, mantuvo el autor un sincerísimo afecto personal y literario. 

En segundo lugar es impresionante el conocimiento y manejo que el novelista tiene del vocabulario, tanto de un mundo desaparecido o en vías de desaparición («Había allí orzas, ánforas, belezos, cráteras, pipetas, redomas, cazos, zafras, alcuzas y otras muchas de las que desconocía los nombres») cuanto de otro más nuevo, que precisa de nuevas denominaciones, como cuando Abel, con el humor que comparte con el propio autor, se refiere a las dolencias que sufren muchos de sus antiguos compañeros de estudios en sus actuales trabajos:
«cuando se encontraba con ellos, todos, sin excepción, despotricaban amargamente de su curro, quién con más vehemencia, quién con menos, dependiendo del carácter o del estado de ánimo. Además todos estaban aquejados de múltiples enfermedades profesionales que él había bautizado con su humor habitual, bajo nombres como "aulitis fóbica", "fiebres calendarias", "artrosis áulica", "neurastenia magistral"...»
Ezequías Blanco, Novela negra paródica
Y el tercero de los tres aspectos que en esta reseña quiero poner de relieve es, como cualquiera ya habrá descubierto, el humor que a todo lo largo de Tres muñecos de vudú esparce Ezequías Blanco. La ironía, los juegos realizados con las palabras, los vocablos o sintagmas inventados con socarrona intención, el sarcasmo empleado con profusión..., en definitiva, el tratamiento humorístico es el caldo en el que el novelista hornea los elementos que forman el entramado de esta buena novela. Estos elementos son la educación recibida en el colegio de frailes, el enganche amoroso de Abel y sus indecisiones, la voracidad sexual presente en algunos personajes, la manera de hablar de algún compañero, algunos giros propios de la novela negra que no conviene desvelar aquí, las reacciones ante ciertas situaciones de algunos personajes... Sí, decididamente, en Ezequías existe una vena humorística en su variedad irónica que hace que leer sus narraciones, en concreto esta primera novela, sea una completa delicia. 
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Otras entradas en el blog sobre libros y actividades de Ezequías Blanco:





19 nov 2024

Cristina Sánchez-Andrade: "Alguien bajo los párpados"

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«Llegar a la rúa del Vilar no era sólo un cambio de espacio sino también y, sobre todo, de estado de ánimo. Olvido empezaba a sentirse mejor nada más pasar por debajo de los primeros soportales, de las platerías y las boticas, con sus grandes frascos en el escaparate, con sus olores penetrantes y ricos, atenta a las miradas buscadoras y simulando huir de aproximaciones y roces, ajena al siseo de las gabardinas y al crujir de la espuma de las alcantarillas. A la altura del Casino, la tarde olía a lluvia y a castañas asadas.»

Alguien bajo los párpados. Cristina Sánchez-Andrade
La escritora gallega Cristina Sánchez-Andrade, (Santiago de Compostela, La Coruña, 5 de abril de 1968), según leo en su biografía literaria, comenzó en la narrativa, tanto en la dirigida a todos los públicos como en la enfocada especialmente a niños y jóvenes, pronto, concretamente lo hizo escribiendo relatos con los que ganó varios premios. Su primera novela suficientemente conocida es del año 1999 (Las lagartijas huelen a hierbas). A partir de esa fecha sus libros se verán reconocidos con premios variados. Entre sus novelas destaca "Las inviernas" que, publicada en 2014, quedó finalista en el Premio Herralde de novela de ese año y fue distinguida con dos PEN Award, uno para la traducción y otro para la promoción de la misma. Antes, en 2003, había ganado el Premio Sor Juana Inés de la Cruz en la Feria de Guadalajara (Mexico) con su novela "Ya no pisa la tierra tu rey".
Será en 2017 cuando vea la luz Alguien bajo los párpados, la novela que acabo de leer. Es una historia situada en la zona de Santiago de Compostela donde dos ancianas (Olvido y su criada Bruna) deciden iniciar un definitivo y final viaje en coche. La acción se sitúa el año, día y mes en que Álvaro Cunqueiro dejó este mundo, o sea, el 28 de febrero de 1981. Mientras viajan, ambas mujeres recuerdan, evocan y hablan sobre sus vidas en el pasado situado durante los años de la Segunda República, la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura franquista. Los dos momentos narrativos -el hoy del viaje y el ayer de la vida de ambas- discurren en contrapunto uno con otro a lo largo de toda la novela.
 
Estamos ante una historia sorprendente que situada en Galicia parece rendir homenaje a los esperpentos de Valle Inclán. Hay muchas situaciones surrealistas y dentro de este marco surreal parece que los personajes disfrutan con lo raro, lo extraño, lo casi mágico, y también con lo escatológico. Los personajes y las relaciones entre ellos, si bien al inicio parecen algo inexplicables, con el paso de las páginas van adquiriendo sentido y desvelando a los lectores aquellos puntos oscuros que durante todo el relato e intencionadamente la escritora mantiene en suspenso.

La historia y la manera de desenvolverse de los personajes me ha hecho recordar un poco algunas películas de Álex de la Iglesia como 'El día de la bestia' o 'La comunidad'. En ocasiones me parecía estar asistiendo a escenas propias del film de José Luis Cuerda "Amanece que no es poco" y también, y casi más, a momentos propios de "El bosque animado" del novelista y periodista también gallego Wenceslao Fernández Flórez.

La novela está considerada como de humor, si bien yo la incluiría en la subcategoría de humor negro. Dos ancianas que deciden liarse la manta a la cabeza y salir por ahí siempre producen risa, no es nuevo. Ya don Quijote de la Mancha, que frisaba la edad de los cincuenta años, produjo hilaridad entre sus contemporáneos cuando en pleno uso de su libertad optó por la extravagancia de ir a desfacer entuertos a esa avanzada edad. A los ancianos -más aún si cabe cuando se trata de mujeres- no se les toma en serio. Por eso que Bruna, el ama de cría de la casa de los Gondollín, vaya vestida de novia a su provecta edad no resulta llamativo para nadie, a lo más es una manifestación de la pérdida de capacidad mental atribuida a los mayores. Es verdad que las explicaciones que Olvido, viuda esposa de Benigno Gondollín, da a quienquiera que habla con ella sobre lo temprano que adquirió el carnet de conducir  («Querían entrevistarme por tener el carnet femenino de conducir más antiguo de España. ¿Qué le parece? ¡Y sigo conduciendo a la perfección!») no propician que los interlocutores abandonen la convicción de que estas dos mujeres que circulan en un Volkswagen escarabajo están chifladas. 

Olvido y Bruna, que parecen haber perdido el oremus, son el medio que Cristina Sánchez-Andrade utiliza para que, con las remembranzas de ambas sobre el pasado, conozcamos la historia de Galicia en esos años conflictivos de la República, la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura. Vemos cómo los personajes, en especial Benigno, el marido de Olvido, irán adaptándose a las circunstancias. Don Benigno es hijo de doña Pelagia y hermano de Conchita y Cristino. Es de toda la familia el más cuerdo y el que, cuando llega la Guerra Civil y tras ella la victoria franquista, deberá reposicionarse ideológicamente, transitando del galleguismo estatutario que defendía durante los años de la República al falangismo que desde hacía tiempo lo tenía entre ojo y ojo. Esta aparente cordura, si bien carente del todo de sentido ético, cede unos cuantos grados si consideramos el aprecio desorbitado que siente por la gata Larpeira. Benigno tiene 25 años más que Olvido, que contaba sólo con 19 cuando se casaron. La llegada de Olvido a la casa familiar de Santiago de Compostela no es muy bien vista por Pelagia, Conchita y Cristino. Cada uno de ellos esconde un secreto, algo muy oculto que el lector deberá de ir descubriendo según va pasando las páginas. El más chocante es el caso de Cristino, hermano menor de Benigno y de Conchita que, aficionado a las muñecas y a pintarse las uñas, cada cierto tiempo deberá de visitar París. 
«Decía que tenía que regresar: Fíjate tú qué bobo, mamá —y en ese momento se golpeaba la frente dos veces con la palma haciendo que el moco verde saliera y volviera a entrar—; porque se había olvidado del paraguas y del cepillo de dientes en París.»
En la cita anterior se observa de manera magnífica una de las características presentes en Alguien bajo los párpados: el buen estilo literario de Cristina Sánchez-Andrade. Es una perfecta muestra de la imbricación de distintos estilos narrativos de los que se sirve la autora en la novela. Un estilo, el de la novelista gallega, en el que hay mucha presencia de la naturaleza gallega, tanto urbana como propia de la fraga. Son frecuentes las ocasiones en que la fraga (el casi impenetrable bosque atlántico) aparece. Se diría que Sánchez-Andrade evoca con cierta nostalgia una seña identitaria gallega hoy prácticamente desaparecida. Eran precisamente estos bosques gallegos los que dieron lugar a diversas leyendas propias de estas tierras, entre ellas y fundamentalmente, el de las meigas (brujas) y los meigallos (hechizos o embrujamientos). Es aquí, en este contexto fragoso, que acontece la acción de Serafina, la costurera que iba al pazo a departir con Bruna y ayudar a la confección de vestidos. Su función en el relato es el de servir de comunicadora respecto a los acontecimientos que suceden en la ciudad desde que la familia, con la guerra civil ya iniciada, decidió abandonarla. Su relación con lo mágico y oculto es también importante, así como la sororidad más que afectuosa que muestra con Conchita.

Hay mucho de magia en este relato, casi yo diría de realismo mágico. La propia historia, los personajes, muy peculiares cada uno de ellos, la niña Candela que sólo mamará de Bruna y no de su madre, el ambiente telúrico y fantástico que rodea las acciones de los personajes, la suciedad de los mismos, especialmente de Serafina y también de Bruna 
«La Larpeira, que dormitaba en una esquina, al verla se erizó, soltó un bufido y salió a toda velocidad por la puerta con el rabo enhiesto. Serafina soltó una risotada y, mientras esperaba, comenzó a airearse las faldas, propagando por la estancia un hedor concentrado, como de sardinas enlatadas.»
En Bruna la suciedad y casi yo diría que el gusto en rebozarse en la misma mierda constituye una de sus señas de identidad:
«Mierda. Mierda de Bruna trepando la pared, por el váter, por el suelo. Mierda de Bruna por la cara y los brazos de Bruna, por la ropa, por el papel higiénico que sostenía mientras se afanaba en limpiar el inodoro de rodillas. El ventanuco que daba al exterior también tenía pegotes de mierda, ¿cómo habría llegado hasta ahí? Doña Olvido se llevó la mano a la nariz y ahogó un grito.»
En todo el relato parece existir una cierta tendencia por lo escatológico, referido fundamentalmente a la suciedad corporal. Estas referencias a la suciedad en Bruna recalan a veces en lo humorístico como cuando preguntada por Olvido sobre cuánto tiempo hace que no se lava, Bruna le responde que 42. ¿Días?, inquiere Olvido. Años, concluye la criada.  

Hay en todo lo anteriormente referido una clara inclinación hacia la exageración, hacia lo hiperbólico, en definitiva, hacia lo esperpéntico. Lo fantástico junto a lo hiperbólico son características propias de lo gallego. En la novela se cita a Álvaro Cunqueiro y se sitúa la acción precisamente el día de su muerte. Es Álvaro Cunqueiro, autor que cultivó con excelencia la literatura fantástica. Muchos autores gallegos han transitado por esa senda de la fantasía, de la exageración, especialmente Valle Inclán, el creador del esperpento. Pero desde él hasta Cristina Sánchez-Andrade muchos otros nombres cultivaron en mayor o menor medida esta tendencia: Eduardo Blanco Amor, Torrente Ballester.., y más próximos a la autora de Alguien bajo los párpados yo incluiría a Laura Gallego o a Ledicia Costas. 

escritores gallegos actuales
Dentro de la galleguidad o del galleguismo que emana de este relato no se puede dejar de citar la pulsión sexual, esa fuerza a veces incontrolable que trasciende lo puramente humano de manera irracional. En los esperpentos y en el teatro mítico de Valle Inclán el sexo era importante y en esta «novela chiflada con toques macabros mezcla de esperpento y road movie senil», tal y como se la define en el prólogo de la historia, el mismo está latente y/o presente por doquier. Se percibe con claridad en las relaciones de Bruna con el afilador (otro arquetipo gallego) o con el carnicero, en el miedo que la propia Olvido le tuvo desde que de niña lo percibió en dos de sus tías, en los acercamientos de ella a su amigo médico don Ángelo de la Pena a raíz del tratamiento que éste le prescribió para que pudiera dar de mamar a su hija Candela, en la persecución a las criadas del 'niño' Cristino...

También aparece con claridad el poder de la iglesia en las zonas rurales de Galicia durante los años posteriores a la Guerra Civil. Así se observa en la comida que Benigno da en el pazo a las fuerzas vivas entre las que se encuentra naturalmente el párroco de Sobrado, localidad próxima, y el arzobispo de Santiago. Si ya la misma cena ofrecida por los Gondellín a falangistas y eclesiásticos es de por sí esperpéntica, no lo son menos las monjas morfinómanas del convento que atiende don Ángelo, unas monjas más almodovarianas que otra cosa.

Por último me gustaría cerrar esta reseña con algunos fragmentos de Alguien bajo los párpados que sirvan de muestra de la manera que Cristina Sánchez-Andrade tiene de escribir:
  • «Le odiaba por su tibieza y su debilidad. Por la falta de compromiso consigo mismo y con sus compañeros de partido. Por la cobardía. Por el miedo que le había empujado a abandonar sus ideales (sí, a ella siempre le habían gustado las ideas de su marido) y a decir que nunca había estado metido en política. Por el miedo que le había llevado a sentar a su mesa a la Iglesia y a dos falangistas y a reír la mojigatería con ellos. Su marido era peor que ellos, ¡sí! Porque ellos al menos tenían ideales...» (Olvido sobre su marido Benigno)
  • «La madre de Bruna siguió limpiando el pescado. Introducía la uña en las agallas de la faneca, arrancaba la cabeza de cuajo y la lanzaba al suelo. De vez en cuando removía un poco el trasero, se sorbía groseramente los mocos, lanzaba un escupitajo al montón de vísceras y se limpiaba la boca con la manga.» (gusto por lo escatológico)
  • «—Y su amiga Pura..., ¿dice que la palmó? No lo sabía.
    —La palmó. Estuvo en el asilo hasta convertirse en cadáver. María Jesús, ¿te acuerdas?, la que venía a merendar los jueves y siempre traía los polvorones mohosos que le habían sobrado de la Navidad, se ha quedado prácticamente ciega. Remedios no puede andar. Cuca, ¿te acuerdas de Cuca?, la pobre está chocha. Pepita de los Santos ni siquiera me reconoció cuando la llamé el otro día por teléfono, ¿Olvido?, ¿qué Olvido? Más nos vale que sigamos adelante con nuestro plan, Bruna.
    »
    (un plan para evitar las sevicias propias del envejecimiento).

Una novela diferente, fresca, novedosa, de una autora que no conocía y que de ahora en adelante tendré  muy en cuenta.


21 oct 2023

Antonio Orejudo: Un momento de descanso

10 comentarios:

✔«Cifuentes admiraba a aquellos físicos y neurobiólogos aficionados a la literatura y capaces de mantener una conversación de cierta profundidad sobre (pongamos por caso) los fundamentos del arte contemporáneo. ¿Qué colega suyo en el Departamento de Spanish podía decir siquiera cuáles eran los principios generales de la física cuántica?
✔«Al final comprendí que obsesionarse con distinguir nítidamente entre realidad e imaginación era un error operativo y conceptual que además conducía a la neurosis. Entendí que era más razonable —y también más exacto— considerar que la imaginación es un sexto sentido, tan fidedigno o engañoso como los demás.»

Antonio Orejudo, Un momento de descanso
Sinopsis
(proporcionada por la propia editorial)
Como un fantasma del pasado, Arturo Cifuentes reaparece un día en la vida del narrador Antonio Orejudo. Cifuentes es un viejo amigo de la facultad, con el que Orejudo compartió casa en Nueva York, cuando ambos encontraron sus primeros trabajos en Estados Unidos, y al que suponía ya establecido en aquel país. Han pasado diecisiete años desde la última vez que se vieron, Cifuentes se ha divorciado y ha regresado a España para ocupar un puesto en la facultad donde estudiaron. Y tiene mucho que contar: las relaciones con su hijo adolescente, la crisis de su matrimonio, su infausta peripecia profesional y, sobre todo, su desencanto profundo con las humanidades. El narrador, que recapitula también sus experiencias determinantes de aquellos años, no sospecha, sin embargo, que su viejo amigo quiere proponerle algo de más calado, que les afecta a ambos: desenmascarar a los farsantes, descubrir las raíces de una vieja y permanente conspiración.

Un momento de descanso se estructura en tres partes. Primera, 'Aparece un fantasma', relata el encuentro de Antonio Orejudo con Arturo Cifuentes y la puesta al día de la vida de éste durante los 17 años que estuvieron separados. El propio Arturo le ha buscado porque desea que Orejudo escriba una novela denunciando la impostura del que fuera su benefactor, Augusto DesmoinesSegunda, 'El nacimiento de un escritor', cuenta la vida de Orejudo en USA: Cómo nace su estilo literario mezcla de realidad e imaginación desbordante colocados ambos en el mismo nivel, lo que provoca el descontrol en el lector que quiere deslindar siempre lo sucedido real de lo sucedido imaginado. Antonio Orejudo confiesa que así, con esta técnica de escritura, es con la que escribió sus tres obras anteriores, en especial la primera, Fabulosas narraciones por historias, gestada en USA, y también las dos siguientes. Tercera, 'La felicidad', momento en que la trama da un giro de 180º: los propósitos iniciales de Arturo Cifuentes van a difuminarse y las seguridades del propio Orejudo se tambalean al ver que las versiones sobre lo mismo de unos y de otros difieren mucho, radicalmente en ocasiones. Con todo y con ello al finalizar la novela encontramos que la ahora nonata novela, antes deseada,  sin embargo acabamos de tenerla en nuestras manos. 

Antonio Orejudo, que es profesor titular de Literatura española en la universidad de Almería y que pasó siete años en  distintas universidades estadounidenses, tira de su experiencia americana y española para confeccionar un relato en el que la realidad compite con la ficción rompiendo fronteras. Cuando la realidad no es suficiente la ficción acude para llenar ese vacío. En definitiva esto es la novela que tenemos en nuestras manos, una habilidosa y bien lograda mezcla realidad-ficción que alcanza una simbiosis tal, que se hace difícil si no imposible separar ambas dimensiones. Este es en definitiva y por lo que llevo leído de Antonio Orejudo la principal seña de identidad de su estilo, de su manera de escribir.
 
Leyendo Un momento de descanso observamos cómo la integridad de la persona como valor supremo de comportamiento se tambalea y se relativiza enfrentado con el día a día del mundo. Da la impresión de que todo se quiebra, se fragiliza y que aspectos aparentemente tan insustanciales como la denominada democratización del lenguaje están, o pueden estar, en la base de la demolición de los valores supremos. Y a todo esto, viene a preguntarse el autor convertido en personaje de su propia novela, ¿existen valores supremos? Vivimos en un mundo en el que no existe seguridad alguna ante nada. Antonio Orejudo presenta estas cuestiones tan profundas y serias envueltas en un atadillo de humor que hace de la lectura de su novela un más que agradable pasatiempo. Pasatiempo que desde luego no equivale a pérdida de tiempo dado que hay mucha sustancia en todo lo que aquí él escribe. El contexto -de la importancia del contexto se habla mucho y con acierto en la novela- es la vida universitaria, en especial la universidad española y también, aunque en menor medida, la americana.
«¿Nunca se ha parado a pensar por qué apenas se han escrito novelas de campus en español? Yo se lo voy a decir: [...] Una novela realista, cualquier libro sobre la universidad española, aunque sea un libro de investigación como el suyo, está condenado a convertirse en una astracanada. Los que no conocen el mundillo académico pensarán además que es inverosímil. Haga la prueba.»
En el fondo esto es lo que el propio Antonio Orejudo está realizando y poniendo en nuestras manos, una novela realista sobre la universidad española. Pese a la enorme seriedad del asunto que se trata, en esta narración, como ya he dicho, hay humor, mucho humor. Es un humor inteligente, irónico, paródico, que esconde una carga crítica de gran profundidad, pero que es muy deseable. Ejemplos los encontramos a mares en Un momento de descanso: la crítica a la alta cocina; crítica al victimismo (negros, mujeres, homosexuales...); al mundo universitario español: enchufismo (oposiciones dadas, etc.), envidias entre colegas...; al sistema escolar americano: el niño Edgar sin aptitudes para la danza es animado por su profesora para participar en un concurso televisivo enfrentándose al padre, Arturo Cifuentes...

Pero en esta novela no sólo hay trama, asunto, relato. También es muy importante el estilo que muestra su autor. Muchas son las características del mismo que han llamado mi atención, por ejemplo la  innovación en la introducción del diálogo en estilo directo eliminando los signos de puntuación, pero manteniendo los verbos que lo introducen «Dice» - «digo»; también la conversión, sin previo aviso, de la narración novelística en un musical cinematográfico o en un collage de géneros; igual que la mucha metaliteratura y también autobiografismo que como todo en esta novela lindan con la autoficción («Yo, un tema que me sabía de memoria y recitaba de corrido. Yo, un tema que cada vez me aburría más.»), tendencia con la que el autor ironiza hasta el extremo de que en la narración quienes más insisten en su expulsión de la institución americana en la que él disfrutaba de una beca de profesor asociado son precisamente 
«Los profesores más jóvenes y más sensibles a lo posmoderno digamos, los mismos que habían escrito ensayos sobre la autoficción o que estudiaban la mezcla de realidad e imaginación en la narrativa contemporánea fueron los más intransigentes conmigo. 
[...] Los seniors, en cambio, los profesores más veteranos, los que se habían formado en la vieja escuela, fueron más indulgentes. Especialmente Elias Rivers.»
Claramente circula, contenido en la cita anterior, muchísimo humor; un humor que incide en que no existe necesariamente mayor verdad o consistencia en los jóvenes que en los mayores y para ello  Antonio Orejudo lo que hace es parodiar, hacer uso, en una arriesgada vuelta de tuerca, del sentido carnavalesco tan propio del  posmodernismo. 

Es Antonio Orejudo, en sentido lato, un humanista. Y es él mismo quien en la figura de su personaje o en la de otros ficticios que lo acompañan en la narración (Arturo Cifuentes, Virgilio Desmoines, Francisco Almendra, Raquel Medina, etc.) hace una acerada crítica de las humanidades versus la ciencia. Es muy interesante y hasta divertido el choque dialéctico entre Arturo Cifuentes y su novia Lib -luego ya esposa- cuando, siendo Cifuentes y Orejudo profesores becados en USA, discuten sobre si mejor sería que los niños estudiasen Historia de las Ciencias y no Historia de la Literatura. Pero el novelista no se para en barras y su crítica irónica llega incluso hasta el sarcasmo, como cuando lanza esta afirmación sobre la Filología Hispánica:
«Filología Hispánica aún no se había convertido en una carrera de saldo, aún no era la licenciatura de los que no pueden estudiar algo más serio por falta de capacidad o de nota media. Cuando nosotros entramos en la universidad, Filología Hispánica era todavía una disciplina en la que se matriculaban no sólo quienes no servían para las ciencias, sino también jóvenes de cierta cultura, chicos a los que les interesaban de verdad las letras, y que habían leído bastantes libros para su edad.»
Penosamente coincido con la afirmación que, cuando se redacta esta novela aparecida en 2011, vierte Orejudo acerca de estos estudios; una afirmación que he oído a muchas otras personas (ahora mismo recuerdo al arquitecto y académico de Bellas Artes Luis Fernández-Galiano lamentándose de que las humanidades, los estudios filológicos, se hubiesen desprestigiado de tal guisa en los años finales del siglo XX e iniciales del XXI). ¡O tempora, o mores! 
 
Dejo para el final, pero no lo pienso desvelar, claro, el escondido sentido del título, de ese sintagma nominal, Un momento de descanso. Leyendo la novela queda claramente diáfano. Sólo diré, a modo de resumen, que la novela realiza un recorrido por los entresijos de la integridad humana. ¿Mejor acomodarse que exigirse? ¿Mejor la mediocridad que la excelencia? ¿Dónde y mejor se consigue la felicidad? Todos estos extremos son los que se cuestionan y se ponen en solfa en esta novela de Antonio Orejudo en la que él mismo, como he dicho, se metamorfosea en personaje.

Nota final
Es seguro que algunos elementos propios del estilo de Antonio Orejudo, presentes en Un momento de descanso, habré dejado sin señalar, sin consignar, sin destacar. Estoy convencido de ello porque la novela es, aunque breve, prolija y densa en detalles, en rasgos particulares, en signos definidores de las novelas de su autor. Por ello y para paliar en lo posible esta laguna, esta carencia, remito a la reseña que el pasado mes de marzo publiqué en este mismo blog de la primera novela del autor titulada Fabulosas narraciones por historias. Creo que en esa primera obra ya están presentes, si no todas, sí muchas de las características estilísticas que significan la novelística del escritor madrileño.

7 sept 2023

Islandia, 2004. Novela de Ezequías Blanco

12 comentarios:

«Ha caído en mis manos un libro titulado Sin noticias de Gurb con el que alguien pudiera establecer comparaciones y acusarme de plagio o intertextualidad, que esas cuestiones aquí tienen mucha importancia a causa de los derechos de autor y del exagerado individualismo de los artistas. Como si lo de caer en un sitio que no es el esperado y empezar un diario reseñando e interpretando la extrañeza que produce la novedad fuera exclusiva de alguien»


Hace unas semanas que leí Islandia 2004, la divertidísima novela de Ezequias Blanco. Se trata de una reedición que Huerga y Fierro, sus editores, presentan en una nueva y hermosa publicación. He disfrutado mucho leyéndola. Es divertida, crítica sin hacer sangre, popular, auténtica, muy bien escrita y viene acompañada, como es consustancial a su creador, de una enorme carga literaria y cultural. En fin, es una, por estilo y contenido, reconocible obra de Ezequias, getafense de adopción.

La anécdota que contiene es la pérdida, por algún defecto en la IA (Inteligencia Artificial) aplicada, del artefacto que debía de transportar al Gran Hermano orwelliano hasta la fría Islandia. En vez de ello ha recalado la nave en Getafe (Getafilandia) desde donde este personaje comienza a filmar y enviar a un joven transcriptor cintas de cuanto se presenta ante su ojo orwelliano. Y lo que se presenta es toda la sociedad y la vida social de esta ciudad de la CAM (Comunidad Autónoma de Madrid) a comienzos del siglo XXI. 

Es una novela divertida por demás. El tono surrealista lo envuelve todo Comienza el humor por ese personaje vestido de esquimal, ese GH cuyos conciudadanos quieren quitarse de encima por viejo y estar descacharrado; es por esto que deciden enviarlo en misión informativa a Islandia, de ahí su atuendo invernal: «sombrero castoreño, una bufanda muy tupida de lanas de caída de yak, unos guantes de Burgos, unos calzoncillos de felpa de pernera larga o pulgueros, una camisa de cuadros de merina australiana, un anorak de plumas de ganso [...]». Pero contra todo pronóstico el ser así trajeado cae en plena canícula en el poblachón manchego de Getafilandia. Y también contra todo pronóstico la máquina que en definitiva GH es suda por todos los poros que no debiera de tener, motivo por el que habrá de hacerse con otra vestimenta más adecuada al momento, paisaje y paisanaje local. 

El ojo que todo lo ve del GH graba de manera neutra e impersonal imágenes de todo cuanto en su recorrido por Getafilandia se va encontrando: la frutería de la Rosi, el salón de bailes Casablanca a donde ella, lesbiana, y la Encarni, madre separada, acuden a bailar y «a pillar la pava», sobre todo la primera; la sala de Bingo donde la suerte («dinero llama al dinero») cae sobre los hermanos Céspedes, marqueses de la Chorra Pelada; el dominguero partido de fútbol infantil en el que los padres chillan como posesos contra el equipo rival, quizás —¡venga Dios a verlo!— con inequívoco afán educativo; la desmadrada fiesta en casa de los Marqueses en la que hasta las mascotas se saltan todas las líneas rojas: «"Mariblanca [...] al menos echa tres polvos diarios con Héctor" "¿Qué dices?" "Lo que oyes" "Pero ¿es posible? ¿Un perro y una gata...?" "Sí, cari, un perro y una gata. Con mis propios ojos lo he visto y como podrás imaginar me quedé de piedra..." "Esta casa parece una orgía de animales"»; la farmacia del licenciado Cristóbal; el Centro de Mayores; la Librería El Chato; etc., etc.

En todos estos espacios los lugareños hablan, ríen, viven, se relacionan..., y el ojo que todo lo ve del GH va registrando en cintas de video sus gestos, sus figuras, sus palabras. Es luego otra máquina, el transcriptor, a la que GH envía las cintas, la encargada de poner en palabras lo allí grabado. Ambos seres, el caído por azar en Getafilandia y el transcriptor, aunque en principio tienen el propósito de no apostillar, de no opinar sobre lo que ven, sin embargo, según avanza el relato no pueden evitar implicarse en el mismo más y más. Ambos lo admiten y lo confiesan. El propio GH comunica: 
«Soy el Gran Hermano. Al principio escribí, que yo sólo apostillaría si lo considerara necesario y que prefería no tener que hacerlo, pero a estas alturas no me queda otro remedio, porque si no, me voy a comer las uñas que no me crecen»
Por su parte el propio transcriptor («un jovenzuelo con pinta de pajero compulsivo») que fue quien decidió desasirse del viejo GH enviándolo a Islandia no tiene más remedio que advertir que él que
«pretendía ser lo más objetivo posible en esta transcripción al dar cuenta de lo que sucedió en el jacuzzi entre Teresita, Diana y el Marqués, y en el jardín con los otros cuerpos sólo diré que a mí, que soy una máquina y estoy castrada se me elevó el pizarrín en tres ocasiones»

En total son diecinueve las cintas grabadas por este ojo, cada vez más humano y menos GH, tanto que en un momento dado del relato tomará una decisión importante que, naturalmente, no voy a revelar aquí. Sólo diré que la misma implica al propio libro que tenemos en nuestras manos. ¿Qué será? ¡A leer la novela tocan!, que diría aquel. El humor, presente de principio a fin, en definitiva lo que hace es reivindicar la vida, la vitalidad, la alegría de vivir.

El recorrido por Getafilandia que reflejan estas cintas y sus trascripciones es ciertamente muy costumbrista, y también muy Vélez de Guevara, quiero decir, muy al estilo de ese Diablo Cojuelo que levantaba los tejados de Madrid, otro poblachón manchego, para mostrarnos la vida viva de sus habitantes. Pero Islandia 2004 no es una mera postal costumbrista en la que vemos a personajes variopintos en su día a día. No, no es sólo eso. Ezequías en esta novela ironiza también de manera crítica sobre no pocos tipos de seres que existen en nuestra sociedad: he ahí a Hilario, el sindicalista, al que Encarni bailando en el Casablanca pregunta «"¿En qué trabajas?" "Soy sindicalista" "Ya se nota. Buena chupa llevas. Lo menos de noventa talegos"»; o a Luis Carlos, marqués de la Chorra Pelada, dedicado a sus placeres eróticos e intelectuales, el cual es vitoreado por todos los asistentes a su desmadrada fiesta cuando surrealísticamente en la misma es preguntado sobre cuestiones consideradas habitualmente de enjundia: la creación artística, la relación creador-obra creada y, por último, si la muerte del libro físico está próxima. Y este calavera —paradójicamente luego veremos que Luis Carlos es de lo más centrado de ese zoo humano que es Getafilandia— supera todas con nota; o al mismísimo Azrael Blanco, quien tras inventarse una frase que atribuye a Leopold Bloom —¡madre mía, cómo somos los profesores, qué capacidad de inventiva tenemos!—, afirma algo que, aunque su alter ego real, el novelista Ezequías Blanco, la ha escrito con tremenda ironía, yo creo que es realmente la finalidad perseguida por él en esta interesante y divertida novela. Dice Azrael que 
«intentará hacer de Getafilandia la síntesis material y espiritual del mundo del siglo XXI. [...] Si no la gran epopeya de la posmodernidad, sí al menos la epopeyita que se puede conseguir con estos personajes».
Y es que de personajes va esta narración. De personajes reales, de seres de carne y hueso, que se relacionan entre sí, en un espacio relativamente pequeño, la ciudad de Getafe, y que cada uno con su función (Pedro Castro, alcalde perenne; Gregorio Peces Barba, rector de la Universidad; Carmen García, directora del IES Puig Adam; el poeta Luis Alberto de Cuenca en la presentación de un victimista libro feminista de Enka, la marquesa; el obispo; el cronista local; el farmacéutico y poeta Cristóbal de la Manzanara; el sindicalista, poeta y abuelo precoz Matías Muñoz; los libreros Felipe Alarcón de El Chato, o el correspondiente de la librería Demos... Personajes reales éstos, que sirven de marco para las vicisitudes de los plenamente ficticios con los que se relacionan o acogen en sus espacios.

En cuanto a la escritura, hay que decir que es una gozada leer esta novela. En ella Ezequías plasma la viveza del lenguaje coloquial. Es fantástico y muy divertido observar cómo unos visitantes foráneos externos, el GH extraviado llegado aquí y su joven transcriptor aún en su remoto lugar, intentan comprender lo que se dice en una reunión de amigos «cuando coinciden todos a la vez y la conversación general pronto se desgrana en subgrupos de dos o de tres»:
«"¿Cual es la última palabra del diccionario?" [...] José Luis saca la PDA y apostilla "la última es zyjanera" "¿Y qué significa zyjanera?" "Se me han acabado las pilas y no me ha dado tiempo a leerlo" "Por cierto han salido al mercado unas pilas extraordinarias... ¡De cine...!" "El cine de ahora es una mierda. Nadie superará a Burt Lancaster..." "¿Encaste...?" "...Si se caían todos. Últimamente ni trapío ni casta..."»

Naturalmente no puedo pasar por alto que, aunque estamos ante una muestra del buen hacer en prosa de Ezequías Blanco, él es y se siente ante todo poeta. En un texto de naturaleza humorística como es Islandia 2004 el autor dedica unas cuantas páginas a la poesía. Concretamente presenta unos poemas humorísticos de tono escatológico que por asunto y variedad dentro del tema abordado (el pedo y sus variedades) bien podría haber firmado el mismísimo don Francisco de Quevedo.

Por último me parece un acierto, que da redondez a la novela, la analogía que se realiza entre el personaje del cuento de Collodi,  Pinocho, que, como se recordará, al final  es premiado con su transformación en ser humano y el Gran Hermano, cuya perfecta incorporación y asimilación de los valores y comportamientos getafeños le llevan a corporeizarse y transformarse en Hermi, el «jodío chino» que desde que lo vio por primera vez le decía Mateo, hermano de Juaniyo y de Angelito. La analogía se explicita en la contemplación de un cartel anunciando la edición crítica de Las aventuras de Pinocho de Carlo Collodi realizada por el profesor Azrael Blanco. Cualquiera que conozca la biobibliografía de Ezequías sabrá que precisamente el año en que Hermi, en ese momento como GH, aterrizó en Getafilandia vio la luz tal edición crítica.


Una nota final y una petición
Quiero añadir una nota final simplemente para señalar que el autor de la novela nombrada dentro de la cita que encabeza esta reseña es Eduardo Mendoza. Tal y como advierte el mismísimo Ezequías por boca del personaje protagonista pudiera ocurrir que en la cabeza de alguien se aposentase la equivocada idea de plagio. No cabe tal idea dado que, salvo en el tono humorístico, presente en ambas, y en la anécdota de alguien extraño a un lugar que comunica y/o comenta lo que ve por primera vez, en todo lo demás son narraciones absolutamente diferentes. Recojo de nuevo las palabras del escritor cuando dice que: 

Ezequías Blanco junto a  
Matías Muñoz en la caseta 
de Huerga y Fierro de la FIL
de Madrid 2023 en la que
ambos firmaron sus libros

«caer en un sitio que no es el esperado y empezar un diario reseñando e interpretando la extrañeza que produce la novedad fuera [no es] exclusiva de alguien [nadie]»

En cuanto a la petición, me gustaría solicitar a quien/es corresponda una merecida distinción para Ezequías Blanco, autor de esta novela. Ezequías Blanco, lo sabemos todos quienes tenemos o hemos tenido trato con él es hombre magnífico en todo lo que toca, ha tocado o pasado por sus manos. En esa ciudad de Getafe, protagonista principal ella misma de este relato, Ezequías ha sido profesor de Literatura en el IES Puig Adam y durante 30 años editor de la revista de poesía "Cuadernos del matemático". Actualmente sigue cultivando la poesía, la escritura de relatos y de novelas como esta magnífica Islandia 2004 en la que  realiza la epopeya (epopeyita, así, por humildad, dice él en la narración) de la ciudad de Getafe. Pero sobre todo, sobre todo, lo que es y más caracteriza a nuestro real y auténtico Azrael Blanco, nombre con el que aparece citado en su novela personificado en un reconocido poeta y profesor de instituto de la localidad, es ser derrochador de la amistad, del trato ameno, de la conversación elevada cuando toca y al nivel del interlocutor también cuando toca. O sea, autoridades de Getafe, ya estáis tardando en reconocer su inmensa labor por vuestra ciudad. Por ahora lleváis casi 20 años de demora, casi casi tantos como el nuevo Gran Hermano orwelliano cuando se perdió. Por favor, que no os ocurra a vosotros —mandatarios getafenses— algo parecido por pereza.

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Entradas en este blog sobre libros y actividades de Ezequías Blanco:


16 ago 2022

"Sueño de una noche de teatro", novela de Mónica Gutiérrez Artero

14 comentarios:

«Media docena de ojerosos organizadores del Festival Fringe de Edimburgo discutían acaloradamente sobre la conveniencia de estrenar Macbeth a las seis de la tarde o a las siete y media, dependiendo de la hora de inicio del concierto que U2 iba a ofrecer en el castillo.»

Mónica Gutiérrez Artero, Sueño de una noche de teatro
Sueño de una noche de teatro es un libro alegre y desenfadado en la más pura línea 'Serendipia', o sea, Mónica Gutiérrez Artero, mujer a la que tengo un aprecio literario bárbaro y de la que disfruto mucho sus novelas. Con ésta me he divertido un montón. Mónica sabe unir en una misma historia humor, amor, literatura, disfrute de la vida, alegría..., en definitiva feelgood en estado puro.

Recomiendo esta lectura a todos aquellos que gusten del teatro, conozcan y amen un poquito a Shakespeare -no hace falta ser experto en el bardo inglés- , y quieran darse un amable paseo por Barcelona y por Edimburgo de la mano de esta autora que ama los libros, le gusta escribir novelas habitadas por libros y que hablan de libros y en esta ocasión también, claro, de teatro con T mayúscula. Al centrarse la novela en la representación de una tragedia shakespeariana -Macbeth concretamente- el Cine tiene asimismo su cuota en esta amable y muy entretenida novela que sin ninguna duda me atrevo a recomendar a cualquiera que desee pasar dos tardes divertidas, entretenidas e instructivas.

Sinopsis
Max Borges es un director de teatro barcelonés que conduce una pequeña y excéntrica compañía. El día del estreno de Macbeth, la obra de Shakespeare, Max está al borde del colapso. Todo parece que va a salir mal en la función que debería ser su salto a la fama más sublime: las brujas son demasiado bellas, al rey Duncan se le ha roto la corona y su Macbeth huele sospechosamente a whisky escocés.
Sin embargo, como suele recordarle su inteligente asistente de dirección, Elsa Soler, el espectáculo siempre debe continuar. Sorprendentemente, el duende del teatro parece haberles rociado con su suerte y la función es un éxito absoluto, tanto que son invitados a representar la obra en el Festival Fringe de Edimburgo, el más importante del mundo. La divertida compañía pone rumbo a una aventura en una ciudad llena de magia. Será allí donde, al caer el telón, el amor y la amistad se conviertan en los verdaderos protagonistas de esta historia.

Durante su lectura he disfrutado mucho con las alusiones que realiza a obras literarias y a películas. Entre las primeras destacan, evidentemente, las múltiples referencias a la dramaturgia shakespeariana: La comedia Sueño de una noche de verano se lleva la palma, comenzando por el propio titulo de la novela, una mera modificación de la obra de William. Como en la obra de 1595 en la de 'Serendipia' hay amor, casualidades que cabría tildar de mágicas, desencuentros, equívocos... y humor, mucho humor.  También, esto es obvio, la tragedia de Macbeth que representa la compañía del personaje Max Borges ocupa el centro de la novela; y junto a ella, Hamlet, la obra que Borges querría haber representado pero  no pudo hacer por habérsele anticipado su enemigo profesional de siempre, Dereck B. Plum.

Los personajes de la novela utilizan para referirse a su vida real referentes shakespearianos, lo que añade notas de humor a ésta, ya de por sí, divertidísima novela. Así la mujer de Max se fugó con el actor que hacía de Oberón, el rey de las hadas en Sueño de una noche de verano. («Me he quedado sin Oberón. Se ha fugado con mi mujer»); de igual manera al hacer una reflexión sobre el Afganistan que en el momento en que se desarrolla la acción está libre de la dictadura talibán leemos que «la primera obra teatral que volvió a representarse en Afganistán después de los talibanes, que mostró triunfante por vez primera a mujeres y hombres actuando juntos sobre un escenario, fue Trabajos de amor perdidos. Una obra de Will

Shakespeare, como se ve, es el dueño de esta novela. Pero no sólo el Shakespeare teatral sino también el Shakespeare que, ¡seguro!, a muchos de los lectores de la novela ha llegado a través del Cine. La frase que, imperturbable, en medio del caos y del miedo que precede a un estreno teatral, pronuncia la ayudante de dirección Elsa Soler, «—Todo saldrá bien.» en respuesta al lamento, también muy shakespeariano, del director Max Borges, «Soy un juguete de la fortuna», me ha llevado mentalmente a la magnífica película de John Madden del año 1998, "Shakespeare in love", en la que de manera análoga a la de esta novela la compañía teatral de Will está preparando el estreno de una representación en The Globe. 

Otros ejemplos de referentes cinematográficos usados en la novela podrían ser los siguientes: 
  • «Le sonrió con una calidez que hubiese envidiado el propio Frodo Bolsón en los últimos fotogramas de la película El retorno del rey de Peter Jackson» que dice la narradora refiriéndose al personaje de Anna López (Lady Macduff en la obra de Macbeth) y la atracción que siente ésta por el asesor literario Enzo Pooh.
  • «Su enigmática sonrisa le recordaba al Atticus Finch de Gregory Peck» que según nos refiere la narradora pensaba Elsa Soler del director Max Borges.

Inevitablemente, hay que destacar en la novelística de Mónica Gutiérrez Artero las alusiones metaliterarias, que realiza habitualmente, a su propio quehacer de creadora. También las hay aquí, por supuesto, y como casi siempre vienen envueltas en ese tono humorístico que es una característica primordial en su narrativa:
 «Elsa era inteligente, pragmática, curiosa, pelirroja y guapa, pero todo personaje que se precie de aportar protagonismo a la acción debe cometer, como mínimo, un grave error. El error de Elsa era dentista y se llamaba Ramón»
Desde luego el sentido del humor y el buen rollo que desprende la lectura de las novelas de Gutiérrez Artero es de agradecer, mucho más en los aciagos tiempos que corren.

La novelista es barcelonesa y en esta obra muestra de manera patente el amor a su ciudad. Además de proporcionarme un rato agradable leyendo esta historia de amores, encuentros y desencuentros de los personajes de ficción, el marco barcelonés en que se desarrolla la primera parte de la historia me ha permitido conocer aspectos de la capital catalana que ignoraba completamente. Así la existencia en Barcelona del teatro Goya donde la compañía estaba representando Las mujeres sabias de Moliére antes del proyecto de Macbeth en que se centra la obra o esa biblioteca Arús cuya existencia yo desconocía y que debe de ser realmente hermosa:
«una de las dependencias históricas más encantadoras de Barcelona. La Biblioteca Arús había sido fundada en 1895 por Rossend Arús, un activista republicano, filántropo y masónico»
Para finalizar
Festivales de teatro
Una novela para disfrutar del acto de leer. Una novela que esconde en su interior más de lo que aparenta. Una novela en la que la autora, que ya va por su octava novela, muestra el universo ficticio que desde hace diez viene creando; así hay referencias a alguna obra suya, especialmente a la que le ha dado más fama y que desde aquí recomiendo a todos su lectura: La librería del Sr. Livingstone. En un momento de la obra, Max Borges, que desde siempre odia los musicales, entra en Edimburgo en una librería buscando un regalo para Elsa; el diálogo que mantienen Max y la librera es ciertamente muy divertido y autorreferencial:
«—Esto le encantará. Son los libretos originales de El Mi­kado, de Gilbert y Sullivan.
Horrorizado, el señor Borges dio un paso atrás para poner distancia entre cualquier pieza teatral musical y su persona. 

[...] 
su librería no se parece en nada a Moonlight Books. Y usted tampoco me recuerda a Edward Livingstone.»
Es una novela que encarna el género feelgood de principio a fin. Una novela, como ya he dicho, muy divertida, muy entretenida y muy adecuada para estas interminables tardes agosteñas llenas de calor y sopor..

 
Otros títulos de Mónica Gutiérrez Artero reseñados en el blog