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14 nov 2025

"Una a una en la oscuridad". Novela de Deirdre Madden

12 comentarios:

«No soporto vivir en Irlanda del Norte. Todas esas chaladuras sobre lo estupenda que es la vida en un sitio pequeño y lo amable que es la gente. Me da vergüenza haberme dejado llevar por ese discurso; a otras personas las mataban como a papá y yo, mientras tanto, era una de esas que decían que Irlanda del Norte es mucho más que los tiroteos y las bombas.» (Sally Quinn)

Deirdre Madden, conflicto irlandés
Una a una en la oscuridad me ha gustado mucho y en esta entrada diré por qué. Antes de eso confieso que desconocía por completo la existencia de Deirdre Madden, autora irlandesa nacida en 1960 en Toomebridge, condado de Antrim [precisamente es Antrim el lugar donde transcurre lo más importante de esta novela], Irlanda del Norte. Mi desconocimiento no es sólo achacable a mi desidia, sino a que sólo hay dos novelas de la autora traducidas a nuestro idioma: una es la que acabo de leer, novela que la novelista publicó en su país en 1996; la otra se titula Los pájaros del bosque inocente y Madden la publicó en 1988.

Una a una en la oscuridad es una magnífica manera de ver desde dentro el "conflicto" irlandés, la lucha entre protestantes (unionistas) y católicos (republicanos) en Irlanda del Norte a lo largo de los 25 años que duró el conflicto, desde 1969 hasta 1994, fecha en que el IRA depuso las armas y abrió el camino para el llamado 'Acuerdo de Viernes Santo' firmado entre unionistas y republicanos en 1998 . La novela, pues, se publica justamente en medio de ambas fechas: 1996.

Aunque el asunto de la lucha armada entre protestantes y católicos es central en el relato, yo no diría que estamos ante una novela histórica. Pienso que estamos ante una cotidiana historia familiar centrada en tres hermanas que se reúnen en Antrim durante una semana. Estas tres mujeres son Cate, que vive en Londres y se dedica al mundo del periodismo que trata de la moda, de Helen, abogada en Belfast ocupada mayormente en causas de terrorismo político, y de Sally, la menor de las hermanas que es maestra en la misma escuela de monjas católicas donde ella y sus hermanas estudiaron. Estas tres mujeres hablan del hoy esperanzado que representa el embarazo de Cate al tiempo que reflexionan y evocan la vida pasada, insertada toda ella en ese concreto momento histórico y socio-político que fue el conflicto irlandés. 

Literariamente me ha gustado e interesado mucho la figura del narrador. Es un narrador en 3ª que habla de la vida de estas tres hermanas (Sally, Cate y Helen) y de su madre (Emily) casada hasta que lo asesinaron con Charlie, un buen hombre que no militaba en ningún grupo terrorista, pero que sufrió, como tanta otra gente no implicada, el estar en el momento equivocado en el lugar equivocado. Concretamente, lo confundieron con Brian. su hermano, que sí militaba en el Sinn Fein o algún otro grupo pro-irlandés. Este narrador en 3ª persona cambia de vez en cuando a la generalizadora 2ª  identificándose, confundiéndose o permeándose así, él mismo, con el grupo social de los irlandeses republicanos.

Linealmente, la historia que se cuenta dura sólo una semana, el tiempo que Cate y Helen están en Antrim junto a su hermana Sally, su madre Emily, y otros familiares y miembros de la comunidad (el tío Brian y su mujer Lucy, la hija Una, los vecinos que fueron compañeros de escuela, etc.). Como he dicho, durante esta semana, cada una de ellas -también la madre, el padre y hasta el tío Brian- rememora momentos del pasado que las fueron construyendo para hacerlas tal y como ahora son. Es a través de estas vueltas atrás en el pensamiento de unos y otros personajes que nos enteramos de lo sucedido realmente en el seno de las familias comunes de irlandeses del norte a lo largo de los 25 años, desde 1969 en que se marca el inicio del conflicto norirlandés hasta 1994 en que el IRA comunicó el abandono de las armas.

Los personajes están perfectamente desarrollados. Todos ellos son creíbles y los vemos evolucionar desde su tierna niñez, en el caso de las hermanas, a la madurez en que en ese momento están. Pero no solo nos quedamos en las hermanas, también conocemos la niñez de sus padres,  Emily y Charlie, de sus hermanos Brian y Peter, aunque menos, e incluso la vida y carácter de algunos otros. Y es que están las abuelas: Kate, por parte de padre y Kelly  por parte de la madre; la primera, activa y movida vs la segunda, más pejiguera y siempre protestona. El papel de la iglesia (el cura joven que consuela a Emily, y las monjas del colegio al que asisten las hermanas, en especial Helen) tienen también su importancia en el contexto socio político de la comunidad y en el personal de las niñas. Estas monjas son sor Philomena (proirlandesa) y sor Benedict (más neutral).

Como digo al inicio, a mí Una a una en la oscuridad me ha gustado mucho. Me ha parecido de una enorme frescura. Deirdre Madden escribe de manera fluida, transita desde lo particular de la vida de cada personaje a lo más general y propio de la Comunidad norirlandesa con naturalidad pasmosa. Los problemas familiares que a veces, en especial a Emily, se le antojan irresolubles son análogos en su capacidad de solución al conflicto político que durante esos 25 años tuvo asolada a Irlanda del Norte. Todo en realidad es fútil, todo tiene remedio, nada es imposible, si entre todos ponemos de nuestra parte.

Leyendo a Madden no he podido por menos que rememorar a Edna O'Brien y su Las chicas de campo, trilogía reseñada por mí en este blog hace ya tiempo en dos entradas sucesivas [entrada I y entrada II]. Efectivamente el ruralismo propio del condado de Antrim, la necesidad de salir de allí y evolucionar que siente Cate, y al tiempo la atracción que lleva a Helen a pasar en la localidad cada fin de semana abandonando Belfast donde trabaja, o el anclaje de Sally a la escuela a la que ella y sus hermanas acudieron de niñas no para continuar la cadena antigua sino como elemento rompedor de la misma, me han llevado a evocar a Edna O'Brien. Pero he de decir que Deirdre Madden me ha interesado mucho más que la O'Brien. Y esto se debe a que el tema del terrorismo político es algo que también aquí, en España, hemos sufrido durante décadas en el caso del País Vasco. Es por ello que también ha sido "Patria", la novela de Fernando Aramburu, la que en algún momento me ha venido a la cabeza, especialmente cuando Charlie es asesinado por unos jóvenes de la misma localidad donde vive y con los que es seguro ha tenido amigable contacto en bailes y festejos a lo largo de los años. ¡Cómo la ideología política puede emponzoñar las relaciones humanas amables y cotidianas!

La historia que se cuenta se distribuye a lo largo de catorce capítulos que siguen una secuencia, una clara ordenación estructural que es la siguiente: los capítulos impares van titulados con el nombre del día de la semana, comenzando en el 1 con el Sábado, día en que Cate llegó a Antrim procedente de Londres para finalizar el 13 con el día Viernes. Los pares, por su parte, aparecen sólo con el número desnudo salvo el 14, último de la novela, que se intitula 'Viernes noche'. El motivo organizativo es esencialmente el del momento temporal en que suceden los hechos relatados en unos y otros: los impares se centran más en el tiempo de esa semana, mientras que los pares tienen lugar fundamentalmente en el pasado evocado o recordado. Esto no es óbice para que en estos capítulos, tanto impares como pares, haya leves entradas en el tiempo pasado o vueltas al momento presente, aunque lo central en unos y otros sea la información de lo sucedido en el momento actual -los impares- y la evocación del pasado más o menos lejano, en los pares. Esto es lo que explica que el 14º esté titulado, al transcurrir todo él en ese tiempo del Viernes noche.

El asunto "tiempo", pues, como se ve, es importante en la novela. Muchas son las referencias y reflexiones que en ella se hacen al mismo. Una, no menor, es la distinta percepción que se tiene de esta dimensión en el campo y en la ciudad. En el mundo rural, donde nacieron y al que regresan las hermanas Quinn, la vida está marcada por el predecible e inexorable paso de las estaciones. En la ciudad el tiempo adquiere la condición de 'continuum' que en verdad tiene, al no existir claros cortes naturales que sirvan para marcar diferencias en él. Quizás por esto, Emily, aunque no viva en la ciudad, al verse mayor y viuda, se vuelca en la jardinería, para así acercarse más a esa secuencia, a ese paso pautado  que delata la evolución de las plantas a lo largo del tiempo.
«La jardinería le volvía soportable el tiempo porque la ligaba al ciclo de las estaciones, y de otro modo el tiempo habría sido una espantosa línea recta, un viaje despiadado y sin curvas a toda velocidad hacia la muerte.»
literatura irlandesa actual
El otro asunto esencial es el del sentimiento de pertenencia. La familia Quinn vive en su terruño a plena satisfacción. Salvo el tío Brian y algún otro son más o menos ajenos a los problemas políticos, los cuales interfieren en su apacible vida familiar. Así, Cate cuando niña, o sea, cuando aún era Kate, se sintió muy molesta  cuando en abril de 1969 la renuncia de Terence O'Neill como líder del partido y primer ministro para Irlanda del Norte interfirió con el parto de la gata Tigger que ese mismo día tuvo una camada de seis criaturitas. Se ve así cómo el contexto socio-político va invadiendo la esfera privada de personas y familias, las cuales van adquiriendo conciencia de quiénes son y a qué facción pertenecen con hechos simples como cuando, en el verano, salen de la localidad y topan con símbolos, colores y banderas que no forman parte de su identidad.
«Y, a pesar de todo esto, sabían que sus vidas, tan plenas en sí mismas, estaban descentradas en relación con la sociedad que se desplegaba más allá de aquellos prados y casas, un desfase que advertían con suma claridad cada mes de julio, cuando solían ir a la costa de Antrim a pasar el día y por el camino, atravesando Ballymena y Broughshane, les asaltaba la profusión de banderas británicas ondeando en las casas, y las banderolas rojas, blancas y azules que adornaban las calles. Los arcos orangistas que se extendían por las carreteras de los pueblos les parecían feos, y un poco siniestros también, con aquellos símbolos tan extraños: la escalera, el cuadrado y el compás, la estrella de cinco puntas. Sabían que  no tenían que entender el significado de todas aquellas cosas, como sabían también, sin que nadie se lo confirmara, que el lema que exhibían los arcos, ¡BIENVENIDOS, HERMANOS!, no apelaba a la familia Quinn.»

4 abr 2022

Lev Tolstói: Guerra y paz. Un clásico muy actual.

32 comentarios:

« —¡Somos rusos y no regatearemos nuestra sangre en defensa de la religión, el trono y la patria! ¡Hay que dejar los desvaríos, si es que somos verdaderos hijos de nuestra patria! ¡Demostraremos a Europa cómo Rusia se levanta en defensa de Rusia!— gritaba.»

León Tolstoy, Leo Tolstoi, Lev Tolstói, Novela rusa
Un clásico de la literatura universal que no había leído aún. Su extensión de 1864 páginas en la edición de Mario Muchnick que he manejado ha hecho que su lectura la haya realizado al tiempo de la de otros libros mucho menos voluminosos y también más actuales. Por esto aunque comencé la lectura el 12 de enero de este 2022 no ha sido hasta el 31 de marzo que la he dado por concluida.

La edición de Mario Muchnick es fantástica con unas anotaciones estupendas consistentes en traducciones de las muchas frases que en francés se dicen los personajes pertenecientes a la aristocracia y alta burguesía de la Rusia del zar Alejandro I. La traductora, Lydia Kúper, declara en "Nota de la traductora" al final del texto propiamente dicho, fechada en 2003, que había puesto en este trabajo toda el alma y que en el curso de su realización comparó, contrastó y consultó no pocas traducciones del texto tanto al español como al francés, italiano e inglés. El resultado, al menos a mí así me lo ha parecido, es de una enorme calidad.

La edición es completísima porque, además del texto perfectamente traducido como digo por Lydia Kúper, incluye un Apéndice que bajo el título de «Unas palabras acerca de "Guerra y paz"» escribió el mismísimo Lev Tolstói (1828-1910) el año 1888 en la revista "Antigüedades rusas" donde el propio novelista justifica el título de la obra, el género al que pertenece («No es una novela ni un poema y todavía menos una crónica histórica: Guerra y paz es lo que el autor ha querido y podido expresar, en la forma en que está expresado.»), el carácter de la época que tantos lectores le criticaron en su momento, el porqué de usar el francés dentro de una obra rusa, la razón de los nombres de los personajes en una novela que mezcla los históricos con los de ficción, su disputa o discrepancias con la visión dada por los historiadores de los acontecimientos históricos mostrados en el relato y, por último, la escasa trascendencia que según su opinión tienen los llamados grandes hombres en los acontecimientos históricos.

En esta estupenda edición de la obra cumbre de la literatura rusa y universal se incluyen dos listados: 1) de los personajes y 2) de los contenidos de los capítulos de la novela. Estas dos listas son muy útiles según se realiza la lectura y a mí, personalmente, me han servido muchísimo para la confección de esta reseña.

Cierra ya definitivamente la edición una extensa confesión del propio editor Mario Muchnick sobre cómo conoció a sus catorce años Guerra y paz en una edición mexicana y cómo quedó subyugado por la acción, las intrigas palaciegas, los bailes y amoríos -estos últimos, claro, lo atraparon mucho menos-. Cuenta en este escrito sus siguientes encuentros con Guerra y paz en inglés, en francés, hasta llegar a una «cuarta lectura de la novela que tuvo lugar en Madrid, en 1998» que le sedujo completamente. Fue a raíz de esta cuarta lectura, efectuada también en inglés, que decidió editarla en español. Como se ve toda una odisea editorial.



Guerra y Paz
¿Por qué he decidido leer esta novela cumbre de Lev Tolstói ahora? Evidentemente, una motivación clara es el conflicto desatado por la actual Federación Rusa (Rusia) con la vecina Ucrania invadida  definitivamente por el país de Vladimir Putin el pasado 20 de febrero de este año 2022. Los amagos e indicios de que esta invasión posiblemente iba a producirse venían ocupando los informativos desde casi finales de 2021. En mi imaginario personal las ciudades de Odesa, Kiev o Jarkov siempre han estado asociadas a Rusia, mejor dicho, al Imperio Ruso. Los cosacos, esos seres tan intrépidos y atractivos literariamente hablando, siempre me agradaron y excitaron mi imaginación. La segunda razón ha sido mi admiración por la literatura rusa entre cuyos nombres más respetados hay no pocos de origen ucraniano (Gógol, Bulgákov, Vasili Grossman, y muchos otros más). Los setenta años que Ucrania formó parte de la URSS hicieron que el gentilicio "ucraniano", igual que el de las otras catorce repúblicas socialistas soviéticas que la integraban, quedase subsumido bajo el genérico de "ruso". Por eso para mí, hasta que no se ha desatado esta terrible e injusta guerra los tres escritores antes mencionados eran tan rusos como Tolstói, Pushkin o Dostoievski. Evidentemente necesitaba aclararme y la lectura de Guerra y paz me ha servido en parte para ello.

La novela la escribió su autor durante cinco años y la fue publicando, al menos las dos primeras partes, en forma de fascículos de revista siendo muy bien acogidos por los lectores. Esto explicó que luego de dos años en este formato (de 1865 a finales de 1867) hiciese aparecer en forma de libro todo lo publicado hasta entonces y prosiguiese la escritura de las campañas de Napoleón en Rusia hasta darle forma completa y definitiva a finales de 1869. El formato de novela por entregas utilizado desde luego sirve para explicar el ritmo ágil y fluido de la novela cuya lectura no es nada pesada para  los lectores actuales a pesar de su enorme extensión, algo más de 1700 páginas.

¿Qué cuenta la novela?
Bielorrusia, Ucrania, Rusia, Kiev, Zelenski, Putin, Jarkov, Mariupol
Desde el punto de vista histórico la novela cuenta las campañas rusas de las tropas napoleónicas. Antes de entrar en Rusia Napoleón al frente de un fastuoso ejército de 600.000 hombres venció en Austerlitz (año 1805) a la Coalición de países formada contra él; hizo lo propio luego, ya en Rusia, en Friedland (1807) y en Smolensk (1812). Tras estas grandes victorias y muchas otras menores, el emperador francés sigue en ese año de 1812 su avance imparable camino de Moscú. Antes de llegar a la capital del imperio del zar Alejandro I tiene lugar la batalla de Borodinó que según algunos ganaron los franceses y según Kutúzov, general en jefe de los rusos, Rusia; posterior al resultado de esta contienda es la entrada de los franceses en Moscú, que los rusos habían abandonado, y el incendio de la ciudad. A partir de aquí se produce la debacle francesa por las enormes pérdidas sufridas en Borodinó, por los agudos problemas de intendencia sufridos por su ejército, por la desmoralización de las tropas, y también pero no sólo, como se ha repetido hasta el hartazgo, por las inclemencias climatológicas.

Lo anterior es en síntesis la parte histórica que Tolstói muestra en Guerra y paz. El resto de la novela está dedicada a contar lo sucedido a una serie de familias y de personajes que viven la guerra cuando ésta se desata pero también vivían la paz cuando se establecía. Son fundamentalmente tres familias las que conforman el abanico, diríamos, social, jovial y festivo en que discurre la vida de los hombres y mujeres que forman parte de las mismas. Sus nombres; los Bezújov, los Roskov, y los Bolkonski. Los hombres y mujeres de estas tres familias sirven para mostrar la vida de lujos y fiestas que llevaba la aristocracia rusa, que además, durante estos años, conformaban el grupo de jefes militares. Las relaciones amorosas entre los miembros de estas tres adineradas familias mantienen viva la atención novelesca del lector.

Es importante señalar que no sólo aparecen en la novela personajes adinerados preocupados por cómo aumentar sus posesiones o satisfacer las deudas que negocios ruinosos puedan haberles ocasionado; también aparece el pueblo llano ruso, que constituían la carne de cañón de esos ejércitos de miles de hombres que se enfrentaban entre sí por voluntad de unos engreídos jefes cuyos proyectos tácticos de batallas rara vez tenían reflejo fiel en la realidad. Los mujiks (campesinos rusos sin propiedades) eran reclutados obligatoriamente para el ejército y caían como chinches en batallas que, en una sola jornada, podían dejar en el campo 20.000 ó 25.000 hombres muertos o, lo que era peor aún, heridos de muerte.

Si la aristocracia social y militar está representada por personajes como Pierre Bezújov (protagonista principal de la novela que filosofa y reflexiona sobre la guerra, la religión, la opresión ejercida por los señores sobre los siervos, etc.) o por Andrei Bolkonski, Maria Bolkonski, Nikolai Rostov, Natasha Rostov, Sonia (prima de Natasha y de Petia Rostov), etc., sin lugar a dudas la voz del pueblo la deposita Tolstói en Platón Karatáiev, «soldado compañero de cárcel de Pierre en Moscú. Símbolo del pueblo ruso.». Pierre Bezújov, hijo bastardo del inmensamente rico Kiril Vladimirovich Bezújov, cuya fortuna heredará íntegramente, es por origen, pensamiento y evolución personal durante el relato el nexo de unión entre las clases dirigentes rusas y el pueblo llano. Sus ideas de pacifismo, de redención social, de filantropía, en definitiva de socialismo, son las ideas que defendía el aristócrata Lev Tolstói en su vida real. Precisamente estas ideas llevaron al escritor a chocar no pocas veces con las de los que serían artífices de la revolución rusa de 1917: Lenin y Trotski

La nómina de personajes es inmensa y no queda reducida a los que acabo de citar. Tolstói hace un fresco completo de la sociedad rusa: el estamento militar que sólo busca los reconocimientos honoríficos personales aunque sea a costa de los intereses de la Nación; las envidiejas y celos que surgen entre los jóvenes candidatos a noviazgo, también los galanteos; los momentos duros vividos por las mujeres durante la crianza de los hijos o el cuidado de los familiares enfermos; así como los vicios que asolaban a no pocos hombres inmersos en las garras del juego, la bebida o la vida amoral; etc.

Leyendo Guerra y paz no he podido por menos que recordar a Pérez Galdós y sus "Episodios nacionales". Entiendo que Galdós cuando inicia sus series en 1872 ya es conocedor de la obra maestra de Tolstói y decide aplicar el esquema y estilo tolstoiano a su trabajo, o sea, la novela histórica renovada. Lev Tolstói la realiza apartándose un tanto de la fundacional novela histórica romántica de Walter Scott introduciendo en ella una mayor dosis de realismo. En efecto -es mi opinión- Guerra y paz es una novela histórica realista. El propio escritor ruso en el Apéndice que en 1888 hizo acompañar a la reedición de su novela es consciente de sus innovaciones y a la pregunta que él mismo se hace de «¿Qué es Guerra y paz?», se responde:
«No es una novela ni un poema y todavía menos una crónica histórica: Guerra y paz es lo que el autor ha querido y podido expresar, en la forma en que está expresado. [...] La historia de la literatura rusa, desde los tiempos de Pushkin, no sólo ofrece múltiples ejemplos de obras que se apartan de esa forma que podríamos llamar europea, sino que no nos ofrecen un solo caso contrario. Desde Almas muertas, de Gógol, hasta La casa de los muertos de Dostoievski, en el nuevo período de la literatura rusa no hay una obra de arte en prosa, por encima de la mediocridad, que se ajuste a la forma de novela, poema épico o relato.» 
Literatura rusa del siglo XIX, Guerra Rusia-Ucrania, Guerras napoleónicas en Rusia
En la respuesta reconoce pues, Tolstói, que su novela, al no ser en lo absoluto ninguna de las tres formas señaladas, es algo novedoso constituido en su unidad por los tres ingredientes juntos. Y eso es lo que Galdós recogió en sus cinco series de los Episodios nacionales: Ficción, Nacionalismo e Historia. Y es lo que engancha muchísimo a la lectura de esta obra ingente que es Guerra y paz: la sabia hilazón realizada entre personajes históricos reales (zar Alejandro I, general Kutúzov, general Barclay de Tolly,  conde Rastopchin, Napoleón, Murat 'el rey de Nápoles', y muchos otros más) y los ficticios creados por el novelista a imitación de otros que podrían haber existido como los Bolkonski, Drubetskoi, Bilibin, pero cuyos nombres y personalidades sólo tuvieron existencia real en la cabeza del autor ruso. Por otra parte la novela es un canto a la nación rusa que el novelista ve latiendo no en unos cuantos héroes individuales sino en el pueblo ruso. Como se ve Galdós tuvo en esta novela un perfecto modelo para su obra magna.

A lo largo de la novela Tolstói insiste en su concepto sobre lo que para él es la Historia rebatiendo las teorías o planteamientos de reconocidos historiadores del momento como Thiers, Michelet y otros. Es Tolstói partidario de una historia "científica", es decir apoyada en documentación fiable y suficiente. Para él, más que los historiadores que se fijan en la fuerza de una sola persona, resultan más fiables y están más en lo cierto aquellos otros «más recientes historiadores, desde Gibbon hasta Buckle», como el alemán Gervinus, que estudian los hechos relacionados con todos los pueblos. 
«Thiers, bonapartista, dice que el poder de Napoleón se funda en su virtud y genialidad; Lanfrey, republicano, sostiene que lo sustentan las mentiras y el engaño del pueblo. Esos historiadores, al contradecirse unos a otros, destruyen la idea de la fuerza que produce los acontecimientos y dejan sin respuesta la pregunta esencial de la historia. Los historiadores que estudian los hechos relacionados con todos los pueblos parecen reconocer la falsedad de los historiadores particulares sobre la fuerza motriz de los hechos. No reconocen que esa fuerza radique en el poder de los héroes o monarcas; para ellos es el resultado de numerosas fuerzas dirigidas de forma diferente. Al describir la guerra o la conquista de un pueblo, el historiador universal no busca la causa del acontecimiento en el poder de un solo personaje, sino en la interacción recíproca de numerosos personajes relacionados con aquel hecho. Según tal opinión, resulta que el poder de los personajes históricos es producto de múltiples fuerzas y no puede ya ser considerado como una fuerza capaz de provocar por sí misma el hecho.»

Estas reflexiones sobre los conceptos de Historia y también otras tantas sobre la espiritualidad, la religión,  las clases sociales, la liberación de los siervos, etc., etc., van apareciendo a lo largo y ancho de la novela puestas en boca de algunos de los personajes, en especial de los más reflexivos, aquellos que como Pierre Bezújov o Andrei Bolkonski se muestran como más torturados dada su conciencia de persona, de seres humanos que desean la redención de todos los hombres. Bezújov entrará en la masonería y adoctrinará a otros como Andrei o Nikolai para que lo hagan, si bien al final se desengaña un poco de esta filantropía masónica que es más que otra cosa una revolución desde arriba que ignora bastante a aquellos que precisamente busca redimir, o sea, al pueblo, verdaderos artífices del movimiento histórico.


¿Cómo lo cuenta?
Desde el punto de vista formal la novela hace uso del narrador omnisciente. Es un narrador-autor que no se oculta jamás, que conoce todo lo que sucedió, sucede y sucederá en el curso de la narración que está presentando, se comporta como si de un dios auténtico se tratara. Constante y conscientemente marca la distancia temporal de más de 50 años que separan los hechos relatados del momento de escritura de los mismos. Con esto quiere marcar al tiempo la literaturización de un momento histórico relativamente reciente y la enorme distancia intelectual que separa ambos periodos. Los avances científicos admitidos ya en 1865 cuando Tolstói redacta su obra eran objeto de burla o simplemente se ignoraban en 1805. Tal es el caso del creacionismo frente a la teoría de la evolución de Darwin Que los hombres han descendido del mono en un período incierto es tan comprensible como el decir que fueron hechos con un puñado de barro en determinada época (en el primer caso la incógnita es el tiempo; en el segundo, el origen).»

Existe introspección psicológica en muchos de los personajes que en una especie de monólogo interior 'avant la lettre' se cuestionan no pocas cosas acerca de su actuar próximo o presente: «La vieja princesa ofrecía vino a su vecina con un triste suspiro, miraba enfadada a su hija y parecía decir: “Sí, querida, a nosotros no nos queda otra cosa que beber vino dulce. Ahora es el momento de esos jóvenes y de su insultante felicidad”. Y el diplomático pensaba, mirando los rostros felices de los enamorados: “¡Vaya tontería todo lo que estoy contando! ¡Como si importara algo! ¡La felicidad es eso!”.» Como se ve Proust, Joyce y demás renovadores de la novela a inicios del siglo XX ya tenían aquí señalada la senda para la renovación, sólo les faltaba pulirla, eliminar lo superfluo. 

Aunque sin duda alguna, leyendo a Lev Tolstói, la sensación que embarga al lector es la de lo contradictorio que se muestra el escritor en no pocas ocasiones: de defensor del más radical cientifismo unas veces a detractor del mismo por la ruptura que éste supone respecto al misterio, magia y espiritualidad inherentes al sentimiento religioso. Y lo mismo acaece cuando escuchamos pregonar la necesidad de la liberación de los siervos y al poco se critica la revuelta de los mismos o se les ve bajar sumisos la cerviz reconociendo así su mal comportamiento. A este respecto quizás sean las conversaciones mantenidas entre Pierre Bezújov y Andrei Bolkonski donde quedan bien a las claras las dudas del propio autor sobre estas cuestiones sociales: Bezújov defiende la mejora de las condiciones de vida de los siervos («¿Qué mal y qué horror hay en impedir que la gente muera de enfermedad, sin ayuda, cuando es tan fácil ayudarlos materialmente y yo les proporciono médicos, hospitales y asilos a los ancianos, cuando es tan fácil hacerlo? ¿Y no es un bien tangible e indudable si doy un poco de descanso y asueto al mujik, a la mujer con niños, que no tienen un minuto de reposo ni de día ni de noche?») mientras que su interlocutor le responde que para un mujik «su única felicidad posible es la de ser animal, de la que quieres tú privarlo.». Evidentemente el escritor ruso se identifica más con Bezújov que con Bolkonski pero en su comportamiento vital, en cierto modo, asumía ambos planteamientos. 

Cuando describe batallas en campo abierto la técnica que utiliza es, diríamos hoy, muy cinematográfica. Tolstói maneja a la perfección  el arte de la narración abriendo el campo focal para hablar de planteamientos bélicos generales para luego, como si de un zoom se tratara,  acercarse a un episodio particular o a la actuación concreta de un personaje. Su maestría al hacerlo así provoca que la lectura sea muy agradable y muy entretenida.


Para finalizar
Federación rusa, Ucrania, Donbass, Crimea
La invasión de Ucrania por orden de Vladimir Putín me incitó, entre otras cosas, a leer esta obra de Tolstói. A lo largo de la lectura he tenido la sensación de que el tiempo -casi 200 años- no había pasado. Las motivaciones de exacerbado nacionalismo que aduce Putin para masacrar a Ucrania son casi idénticas a las arengas que los militares aristócratas rusos lanzaban para incitar al combate contra los franceses [la cita que abre esta reseña es un claro ejemplo]. En una cosa difiere el ayer del hoy: en 1807 - 1812 los rusos fueron los atacados; hoy, ellos son los invasores. Y siendo así no son pocas las similitudes que he creído encontrar, especialmente en los problemas de intendencia sufridos por ambos ejércitos -el francés del siglo XIX y el ruso del XXI- que a la postre llevaron a Francia y hoy, parece, están llevando a Rusia a batirse en retirada. Ojalá que la semejanza prosiga por este sendero.

Como vengo diciendo comencé esta reseña aludiendo a los motivos que me llevaron a leer Guerra y paz. Ahora, cuando decido dar cierre a la misma recuerdo uno más que, pienso, puede servir de colofón a mi comentario. Además de todo lo dicho sobre los penosos acontecimientos bélicos actuales y el de mi admiración por la literatura rusa, el detonador definitivo que me impulsó a buscar la novela de Tolstói fue la lectura que en diciembre del año pasado realicé del ensayo de Sergio del Molino "Contra la España vacía". En un momento dado del ensayo de Sergio del Molino se puede leer lo siguiente: 
 «Bezújov sufre varias metamorfosis en los arcos argumentales, hasta renegar de su pacifismo y convertirse en un patriota. Al final de la novela, protagoniza una de las escenas más emocionantes y salvajes de la historia de la literatura: un paseo alucinado por un Moscú en llamas, incendiado por las tropas de Napoleón. 
Me fascina la complejidad de Bezújov, que trasciende muchísimo cualquier caricatura de progre melifluo y, a la vez (quizá debido a su talla inabarcable), encarna el tópico como nadie. No hay nada declamatorio, inverosímil o arquetípico en él. Contiene la riqueza de Fausto y el temblor dubitativo de Hamlet, pero es muchísimo más humano. En Pierre Bezújov nos reconocemos todos los lectores, porque es frágil de verdad, se asusta de verdad y se desconcierta y desespera de verdad ante un mundo que creía entender y acaba ardiendo ante sus ojos. O ante sus lentes, porque Bezújov lleva gafas, es un ochkastie. Su derrota es un derrumbe humanitario que clausura cualquier ambición espiritual y de mejora del ser humano. El Tolstói religioso empieza en el desengaño de su personaje.»

Sin lugar a dudas buscar a este personaje tan actual, tan contemporáneo, tan moderno y cercano al hombre de hoy, verle funcionando en su propia salsa, o sea en el original de Lev Tolstói, fue el principal acicate para sentarme a leer esta magnífica novela, mejor diría, este novelón en su más amplio sentido de longitud y de calidad, que es Guerra y paz, un clásico en toda regla.

27 jun 2021

Lorenzo Silva. "Castellano". Buscando una identidad

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«Un relato de hechos que no excluye la conjetura, ni siquiera la elaboración literaria de los personajes, pero trata de ceñirse a lo que la historiografía ha averiguado de sus acciones y su carácter, a lo que de ellos está documentado —a menudo, en sus propias palabras—, sin renunciar a trasladar al lector la complejidad, en algún caso prolija, de lo que se ventiló en Castilla —y sobre Castilla, y contra ella— en los dos años que transcurrieron entre la primavera de 1520 y la de 1522.» (pág. 240)


Lorenzo Silva, Historia novelada, No ficción, Castilla, España de las Autonomías
“Castellano” de Lorenzo Silva es una búsqueda de la propia identidad, de lo castellano, de aquello que a los aquí nacidos nos hace distintivos y enraizados en ese lugar. El autor, partiendo del hoy, busca en el ayer de la revuelta comunera sofocada por las tropas del emperador Carlos I el 23 de abril de 1521 la propia idiosincrasia castellana. ¿Existe tal identidad? ¿Ha sido una operación decididamente calculada cuartear Castilla en un sinnúmero de comunidades menores: Castilla-La Mancha, Castilla y León, Madrid, La Rioja, Cantabria… a fin de cercenar ese posible impulso identitario? ¿En qué reside lo propiamente castellano?... Un sinfín de preguntas a las que quiere dar respuesta le sobrevienen al escritor. Lo hace de una manera narrativa a partir de documentos conservados de la época y de autorizadas interpretaciones históricas. No estamos ante una novela histórica, ni ante una mera recopilación de documentos históricos. El mismo Lorenzo Silva no sabe situar el libro dentro de un género determinado («Quizá se la pueda llamar novela. O quizá no. Decídalo quien la lea»); en algún momento arriesga que la obra pueda ser, dice, un ensayo histórico, pero se inclina –y yo con él- por el de la novelización de un momento histórico.

 Me ha gustado el libro, aunque a veces me haya resultado un poquitín -muy poquito, la verdad- tedioso [o prolijo, como gusta decir el escritor], dado el deseo de fidelidad del autor a lo auténticamente acaecido. No quiere el creador de Chamorro y Bevilacqua ser tildado de urdidor de patrañas, de presentar actores de la Historia sin base suficiente, y para ello ha de ser fiel y abandonar en algunos momentos la narratividad en pro de la Verdad que está presentando. Pero Lorenzo Silva sabe solventar esos momentos de pura historicidad documental con referencias a la propia actualidad del viaje que en contrapunto con lo investigado está realizando por tierras de Castilla donde sabe encontrar vestigios del pasado y auténticas muestras de castellanismo. Es un viaje en un doble sentido, externo e interno («esto es el relato de un viaje: de cómo, contra todo pronóstico, alguien que nunca tuvo noción de ser nada, en términos de adscripción colectiva, y que podría no ser quien lo narra, acaba siendo y sintiéndose algo.»). El autor se pasea por Covarrubias, por Villalar, por Alcalá de Henares, por Toledo…, por tantos y tantos espacios que en sus palacios, murallas, e iglesias guardan memoria, restos, recuerdos del pasado vibrante de este pueblo brioso. En el análisis y búsqueda de la identidad castellana Silva tiene en cuenta muchos razonamientos de autores importantes. Muy significativas son las opiniones de los intelectuales del 98 quienes en su pesimismo por la decadencia de España vuelven su mirada hacia Castilla a la que proponen como el rescoldo que hay que atizar dado que, en su opinión, contiene la esencia de lo español. Mucho mal ha hecho esta consideración a Castilla al identificarla con España cuando España está formada por la suma de muchas otras zonas e identidades. Al tiempo, los Machado, Unamuno, Valle y otros reniegan de esa Castilla que desprecia cuanto ignora. Y así Lorenzo Silva pasa revista a otra serie de autores (Ganivet, Azaña, José Mª Maravall, Miguel Delibes, Fernando Martínez Gil…) que le sirven para ir construyendo –más bien buscando- la posible identidad castellana.

El viaje físico, real, que por tierras castellanas realiza el escritor se fecha entre abril de 2020 y febrero de 2021. En 2020 el escritor pasea por el campo próximo a su domicilio en Illescas donde reside desde hace unos años. Illescas, Toledo, abril y el 23 de ese mes en que se conmemora la derrota en Villalar de los Comuneros de Castilla le lleva a evocar los sucesos y las personas que en esos dos años de hace 500 -de 1520 a 1522- se levantaron contra el poderosísimo emperador, el César de Roma, en defensa de su libertad. En este viaje el novelista recorrerá los lugares principales de la gesta que encabezaron Padilla, Bravo y Maldonado hasta llegar a Villalar donde sus cabezas serían separadas de sus cuerpos y mostradas en picas como advertencia para aquellos que pudieran sentirse tentados a seguir sus pasos
«Antes de venir hasta aquí he estado haciendo la ruta de sus correrías y las de sus enemigos. He ido desde Medina de Rioseco hasta Tordesillas, por Castromonte y Torrelobatón, y desde Torrelobatón hasta Villalar, pasando por Vega de Valdetronco, donde Padilla quiso dar al adversario la batalla que sus soldados, por indisciplina o porque no le oyeron, prefirieron eludir para caer más adelante como moscas bajo las lanzas imperiales
Busca luego los enterramientos de los líderes del movimiento. Los de Bravo en Segovia y Maldonado en Salamanca está documentado que se realizaron en sus respectivas ciudades; el de Padilla sin embargo no se encuentra en Toledo al haber quedado la ciudad imperial, rebelde, en manos de su esposa María Pacheco quien se negó durante unos breves meses a entregarla a los imperiales. Buscando, pues, el posible emplazamiento de los restos del comunero toledano el escritor llega un «mediodía de febrero de 2021  ante los restos del monasterio jerónimo de la Mejorada, cerca de Olmedo, en Valladolid. Aquí, bajo jurisdicción y custodia real y a cargo de los monjes jerónimos, María Pacheco y el prior de San Juan, en nombre de los virreyes, acordaron en octubre de 1521 que descansarían los restos de Juan de Padilla en espera de ir a Toledo.». Hoy, lo que fuera el Monasterio de Santa María de la Mejorada, próximo a Olmedo en la provincia de Valladolid, es una Bodega de excelentes caldos extraídos de los viñedos de la zona. El edificio fue realizado por Rafael Moneo quien lo restauró e integró con la fábrica moderna que exige una bodega en la actualidad los restos arquitectónicos del derruido monasterio. 

Lo anterior viene un poco a resaltar una de las características del carácter castellano: el descuido por lo propio, nuestra secular incuria. Lorenzo Silva vuelve este defecto -grave defecto en mi opinión- del revés y lo convierte en hecho diferencial:
«Este proverbial descuido, esta indiferencia hacia sí mismos y sus símbolos tan característica de los castellanos, que ninguna otra nación se permitiría y que a muchas llegaría a escandalizar, tiene un reverso saludable y liberador. Vive el castellano exonerado de la pesadez y la prosopopeya del homenaje a los emblemas y los figurones patrios. Se puede ser castellano sin necesidad de andarlo proclamando con aire solemne ni de ponerse en pie con la mano en el pecho cuando suena un himno, sin sentir siquiera la necesidad de rendirle pleitesía a una heroína nacional antes que a un ficticio niño hechicero.»

Cantar de Mío Cid, Comunidades de Castilla, Villalar, Derrota de los comuneros, 23 de abril
Antes de concluir con esta afirmación, Silva relaciona el movimiento de libertad de las Comunidades con la creación de la propia Castilla. Esta,  según se desprende del Poema de Fernán González, se desgajó del Reino de León que la tenía asfixiada. También el Poema de Mio Cid, -buen caballero si oviera buen señor-, muestra una acción heroica de alguien que en ejercicio de su propia libertad engrandecerá al rey a pesar de lo mal que éste lo ha tratado. Abundan estas dos obras en la idea de que es la Libertad -así con mayúscula- y la lucha contra la injusticia lo que alberga el alma de los castellanos. Un alma que encuentra su más alta plasmación en el idioma que usaban quienes conquistaron un Nuevo Mundo y que hoy hablan más de 500 millones de personas. Es este idioma en el que escribió Cervantes El Quijote, obra donde el ilustre alcalaíno señaló en negro sobre blanco el inmenso valor que tiene la libertad, «ese don con el que "no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre" y por el que "se puede y debe aventurar la vida", mientras que el cautiverio es "el mayor mal que puede venir a los hombres"».

Una lengua que, paradójicamente, es hoy la de aquellos países que en ejercicio del carácter que hasta esas nuevas tierras llevaron los castellanos decidieron continuar la aventura por su cuenta sin abandonar el idioma en el que hicieron sus proclamas y siguieron creando sus escritos. Habla especialmente con cariño el autor del tagalo José Rizal, amante de la cultura legada por España, en especial su lengua, en la que escribió no pocas cosas y con la que luchó para que la metrópoli fuese receptiva a las peticiones de las Islas Filipinas: «El país no piensa separarse de la madre patria, no pide más que un poco de libertad, de justicia y de amor; aún espera, cree y sólo se levantará cuando haya perdido la paciencia», decía quien a su pesar fue convertido en mártir de la independencia filipina al ser fusilado de espaldas por traidor a la patria por las tropas que comandaba el General español Camilo García de Polavieja.

Como cierre de la reseña quisiera poner en valor lo bien que Lorenzo Silva narra los acontecimientos históricos y presenta a los diversos protagonistas de los mismos. Aparecen éstos muy bien retratados acercándonoslos a nuestra actualidad. Los Laso de la Vega y su choque con los Girón es vívido, la genealogía de los Maldonado salmantinos y de los Bravo segovianos me ha parecido interesante por demás, los distintos nobles de uno y otro lado (el Almirante de Castilla, don Fadrique Enríquez; el condestable de Castilla, don Íñigo Fernández de Velasco; el padre de Maria Pacheco, don Iñigo López de Mendoza; el regente holandés, Cardenal Adriano, que luego se vería elevado al papado como Adriano VI; la reina Juana; etc.) aparecen bien caracterizados y se hacen reconocibles para nuestra sensibilidad actual.


Final
Como tantas veces ocurre en la vida, la chispa que dio origen a esta novelización de la Historia surgió estando escuchando el autor, en uno de sus viajes en coche camino de uno de los centros de secundaria adonde es invitado a hablar a los adolescentes de su obra literaria, el poema épico de Luis López Álvarez Los comuneros, en su correspondiente versión musical de Nuevo Mester de Juglaría


Este canto esperanzador sobre Castilla lanzado con entusiasmo por el poeta Luis López Álvarez, musicado y cantado de manera magistral por los integrantes del grupo artístico provocó que un 23 de abril del año 2017 durante la fiesta anual que se realiza ese día en Villalar de los Comuneros en memoria de esa derrota Lorenzo Silva se preguntase qué constituye o dónde reside la esencia de lo Castellano, precisamente el título que da al libro. Creo que la lectura de "Castellano" da varias claves muy interesantes sobre este asunto.

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3 sept 2019

"Magallanes (La aventura más audaz de la humanidad)" de Stefan Zweig

18 comentarios:
Como dijera en la entrada anterior, era mi intención reseñar "a pares" algunas de las lecturas que he realizado este verano pero hay obras y autores como los de este post que no se dejan encerrar en un grupo. Así que contradiciéndome a mí mismo -algo no muy infrecuente, si soy sincero- individualizo en entradas diferentes los dos libros que en principio iban juntos en un “A pares II” que evidentemente pospongo para otra con obras de las que vaya a decir menos. Creo que el austriaco  Stefan Zweig por su inmensa calidad merece ir en solitario pues se defiende con soltura por sí mismo. Sobre quién era el acompañante del ilustre vienés lo aclararé en su debido momento. 

Quinto centenario de la primera vuelta al mundo, Juan Sebastián Elcano, Fernando de Magallanes


Me encanta Stefan Zweig y me ha encantado leer esta crónica de la gesta de Magallanes así como la información que previamente a la circunnavegación del globo nos da el autor centroeuropeo sobre el navegante portugués para así poder comprender en sus justos términos la hazaña que emprendió bajo bandera española; una hazaña que por minusvalorar al enemigo -¡no hay enemigo pequeño!, conviene no olvidarlo nunca- no pudo disfrutar en su culminación. Personalmente me ha gustado mucho enterarme de aspectos de esta historia que no conocía por habérsenos hurtado a los de mi generación y también a los de las actuales a quienes se les dan distintas versiones manipuladas siempre en función de no sé bien qué clase de intereses políticos.

Siempre me pregunté por qué si Juan Sebastián Elcano, marinero vasco que logró arribar el 6 de septiembre de 1522 al puerto de Sevilla con 18 compañeros supervivientes de los 265 que habían partido un día 20 del mismo mes pero tres años atrás, no se le homenajeaba ni alababa suficientemente en su patria chica. Por qué hoy, a los 500 años de la enorme aventura, los españoles pasamos sobre este increíble descubrimiento, el de la esfericidad de la tierra, como sobre ascuas. Pueblos hay que han logrado mucho menos a lo largo de la Historia y no hacen más que acogerse y autoalabarse por sus logros nimios. En fin, ya se dice -y penosamente creo que es cierto- que los españoles somos los únicos en el mundo que disfrutamos machacándonos y minusvalorándonos. Menos mal que han existido intelectuales independientes (esto es un puro pleonasmo, pues un intelectual debería siempre ser independiente) como este austriaco genial que saben colocar debidamente los puntos sobre las íes. Y conste que el texto de Zweig no es especialmente amable con España, Elcano y los españoles, pero sabe valorar en lo que se merece lo que se realizó en los 30 años que van de la gesta colombina a la de Magallanes: se avanzó más en esas tres décadas que en los dos mil años anteriores. España y Portugal, siempre criticadas por su intransigencia inquisitorial, lograron derribar los muros que desde Ptolomeo, luego santificados por toda la curia papal, el mundo arrostraba desde los romanos e incluso antes.

Stefan Zweig, Magallanes, Cristóbal Colón, Elcano, Enrique el Navegante
La Crónica de esta primera vuelta al mundo la contextualiza Zweig en la disputa que por el dominio de los mares libraban en esos años Portugal y España. Ambas naciones se habían dividido el mundo (sus tierras con los bienes y personas que contuviesen) con la bendición papal. Desde el reinado de Enrique el Navegante Portugal llevaba buscando el camino hacia las especias de Oriente; por ello Portugal, nación pequeña, exploraba la costa occidental africana echando por tierra los postulados ptolomeicos del 'mare tenebrosum' y demás. Cuando Colón se presentó en la corte lisboeta donde ahora se sentaba el rey Manuel I el Afortunado, éste hizo oídos sordos a la quimérica aventura de acceder a las Indias por el Atlántico en vez de doblando el cabo de Buena Esperanza recién descubierto. Y cuando Cristóbal Colón bajo pabellón español descubre lo que él siempre creyó que eran las Indias, Portugal ve peligrar su dominio sobre esas tierras por lo que el Papa sancionará el acuerdo que las dos naciones alcanzarán el año 1494 en Tordesillas por el que las tierras de Oriente serán para los lusitanos y las Occidentales para los españoles.

Fernando de Magallanes, que ha sido tripulante de no pocas expediciones portuguesas a las zonas africanas y que ha llegado con ellas hasta la India con Vasco de Gama en 1498 tiene noticias de que existe una ruta occidental más corta hasta allí salvando las tierras descubiertas por Cristóbal Colón que ya se sabe en ese momento que no es la India. Hay planos y testimonios de la existencia de un paso por mar hasta el siguiente Océano. Magallanes que ha cobrado notoriedad desde que avisara a Vasco de Gama de la traición que el rajá de Cochín preparaba contra los mercaderes portugueses desea realizar este viaje por ese canal que dice saber dónde está. Pero a Portugal ahora no le interesa esta empresa y como con Colón el rey Manuel despacha a Magallanes a quien nunca tuvo mucho aprecio. Fernando de Magallanes busca financiación para su viaje y bandera bajo la que realizarlo. De nuevo será España, esta vez ya bajo la férula de un jovencísimo Carlos I quien dará las facilidades precisas para realizarlo. Y así comenzó la aventura de este hombre. En Sevilla, en 1518, se empieza a construir y a preparar la flota de cinco naves que el 10 de agosto de 1519 abandonará los astilleros sevillanos dirigiéndose a Sanlúcar de Barrameda de donde un mes más tarde, concretamente el 20 de septiembre, iniciarán una aventura que durará nada más y nada menos que tres años y en la que perderá la vida el Almirante de la flota y, salvo 18 tripulantes a las órdenes del vasco Juan Sebastián Elcano, la totalidad de quienes se enfrentaron a la misma.

(De Magellan_Elcano_Circumnavigation-fr.svg Sémhurderivative work Armando-Martin (talk) - Magellan_Elcano_Circumnavigation-fr.svg, CC BY-SA 3.0, httpscommons.wikimedia.orgwind)
No digo más porque la Crónica de Stefan Zweig merece ser leída y disfrutada. Tan sólo quiero señalar, como bien advierte el autor en el prólogo escrito por él mismo en 1937, que la aventura de Magallanes fue audaz e inmensa, su éxito tremendo y que afortunadamente en su tripulación viajaba un italiano de nombre Pigafetta que dejó en su diario cumplida cuenta de los avatares del viaje. El cuaderno de bitácora del propio almirante Magallanes se perdió con el barco que comandaba, el Trinidad; conocemos los extremos del viaje por "Relación del primer viaje alrededor del mundo", el libro que en 1524 publicó el mismísimo Antonio Pigafetta

Las alabanzas a la audacia de Magallanes  que vierte Zweig las realiza en 1937 teniendo por inmenso progreso el viaje que en ese preciso momento él está realizando hacia Brasil en un moderno y seguro trasatlántico que lo lleva de Europa a Río de Janeiro en sólo unas pocas semanas y desde el que está comunicado con cualquier parte del mundo a través del 'modernísimo' telégrafo. ¡Si eso pensaba Stefan Zweig a finales de la década de los años 30 sobre el mérito de la gesta que realizara Magallanes 400 años atrás, que no diría hoy el maravilloso escritor vienés si hubiese tenido la oportunidad de conocer los inmensos avances de los que disfrutamos en la actualidad!

Para finalizar
Releyendo las dos reseñas que en lo que va de 2019 he hecho de obras de Stefan Zweig leo en la primera de ellas, "Ardiente secreto" [leer reseña pinchando en el título], que uno de mis  propósitos para este año que acaba de iniciar ya su noveno mes era leer más de este europeo insigne que en 1942 decidió, precisamente en Brasil, poner fin a sus días por el convencimiento que tenía de que Hitler sería el ganador de la Guerra Mundial. Afortunadamente para nosotros erró en esto; yerros que no comete (yo al menos no alcanzo a vérselos si es que los hay) en sus obras tanto de ficción como de no ficción, categoría en la que se englobarían la que es objeto de este post y también  "María Estuardo" [leer reseña pinchando en el título], el segundo título del autor leído por mí en 2019.
Me encanta comprobar que a veces sí que cumplo aquello que me propongo. Pocas son, desde luego; de ahí mi propia sorpresa.



14 may 2019

"María Estuardo". Biografía escrita por Stefan Zweig

29 comentarios:
Literatura europea de entreguerras, Zweig, literatura alemana Stefan Zweig (Viena, 1881 - Petrópolis, 1942) escribió una serie de biografías a lo largo de su vida que le permitieron ir solventando las dificultades económicas por las que, dados los tiempos azarosos en que vivió, fue pasando. Grandes figuras de la humanidad fueron biografiadas por él: Balzac, Montaigne, Verlaine, Erasmo de Rotterdam, Hölderlin, Fouché... Y no sólo varones, también algunas mujeres fueron objeto de su atención; pocas, bien es cierto, y normalmente aquellas cuyo comportamiento vital e histórico siempre fue controvertido como María Antonieta o la que acabo de leer, María Estuardo


Zweig publica la biografía de la reina escocesa en 1934, cuando Hitler ya ha ascendido al poder en Alemania y él mismo ha sido incluido en un listado de "no arios". En 1935 cuando Richard Strauss estrene su óperra "La mujer silenciosa" con libreto de Stefan Zweig, Adolf Hitler rehusará asisitir a su estreno por este motivo. El ambiente político y el futuro, pues, para el autor austriaco no parecía muy propicio, algo que, -ahora, ya a toro pasado, paradójicamente, y sin saberlo él entonces-, su autor en este texto parece premonizarlo:
"Con Isabel triunfaba la voluntad de la Historia, que empuja hacia delante, que arroja tras de sí las formas gastadas como cáscaras vacías y prueba, creativa, sus energías en otras siempre nuevas. En su vida encarna la energía de una nación que quiere conquistar su sitio en el universo; con el final de María Estuardo muere, espléndido y heroico, un pasado medieval." (pág. 88)
Donde leemos Isabel entendamos Adolf Hitler, y donde se lee María Estuardo sustituyamos por el nombre del escritor y entenderemos mucho mejor el convencimiento que Zweig tenía de la imparable fuerza ascendente del nazismo que se llevaría por delante al mundo antiguo que él mismo y su esposa representaban. Por esto, vino a entender que no tenían cabida en el mundo que se avecinaba por lo que precipitadamente, hoy lo podemos decir, el matrimonio decidió poner fin a sus vidas en 1942, en Brasil

La vida y estilo literario de Zweig me atrae desde hace tiempo. He leído varias de sus novelas cortas ("Veinticuatro horas en la vida de una mujer", "Ardiente secreto" [tengo hecha reseña en el blog], "Carta de una desconocida"), su deliciosa y esclarecedora autobiografía ("El mundo de ayer") y he visto algunas recientes películas que abordan su experiencia vital: me refiero especialmente a "Adiós a Europa", filmada y dirigida en 2016 por María Schrader. También, -es seguro dada la enorme cantidad de adaptaciones cinematográficas que han conocido varias de sus novelas-, he visto en salas o televisión versiones fílmicas de obras suyas. [En la página web de AlohaCriticón se pueden consultar los títulos de todas estas adaptaciones]. Siempre me ha atraído su figura y su obra, por lo que no encontré mejor título para ir cumpliendo con los retos que me he autoimpuesto en este 2019 -el de "12 pendientes" de Ana Bolox y el de la IIIª edición de "Nos gustan los clásicos" del blog "El lector indiscreto"- que realizar esta lectura que me ha satisfecho completamente.

Los motivos de mi satisfacción lectora se los expuse brevemente a mi amiga bloguera María Vázquez en respuesta a su opinión sobre esta biografía que expuso en su blog "Mi vida en blanco" al que yo llegué a través de la página de "Goodreads". En la reseña que María publicó en su blog en julio del año 2016 decía que no le había gustado la obra porque la trama en sí no le había parecido nada entretenida. Sólo al final, proseguía diciendo Mª Vázquez, había algo más de movimiento. Y todo lo anterior, nos advertía, a pesar de que para ella Zweig es un escritor soberbio, pero parece que la lectura de "María Estuardo" no llegó en el momento oportuno. Finalizaba María su reseña lanzando la pregunta de si a quienes habíamos entrado en su página nos había gustado esta "novela".

Mis consideraciones respecto a su reseña fueron las que a continuación corto y pego, y luego, en parte, ampliaré:
Pues a mí sí me ha gustado. Eso sí entiendo que no es una obra de completa ficción sino más bien una biografía novelada. Zweig está muy atento a la verdad histórica y no quiere desprenderse de ella, de ahí la reiteración en algunos momentos. Es cierto que si lo que se espera es encontrar una historia de aventuras en el sentido habitual "María Estuardo" no la contiene. 

A mí por lo que más me ha gustado es por las muchas lagunas que en mi conocimiento histórico sobre ese momento histórico esta lectura me ha rellenado. He entendido mejor la formación del reino Unido y ese pertinaz deseo por parte de Escocia de independizarse. pero sobre todo he entendido cosas interesantes de la historia de España, en especial, he entendido el porqué de la Armada Invencible.

Y desde el aspecto literario esta biografía novelada me ha gustado por lo bien que Zweig va hilando la vida y milagros de estas dos mujeres reinas -Isabel I de Inglaterra y María de Escocia- con las tragedias que poco más tarde de haberse producido algunos de estos sucesos realizó William Shakespeare, en especial, "Macbeth". Esta relación entre Lady Macbeth y Mª Estuardo me ha encantado verla tan claramente expresada. No sé si se me nota pero soy un enamorado del dramaturgo inglés. También hay aspectos históricos presentes en los Jacobos escoceses que se ponen en relación con "Ricardo III". Se nota por donde quiera que uno mire el gran conocimiento que de la literatura tenía este inmenso y malogrado escritor que fue Stefan Zweig.

Pero ya te digo, donde esté su narrativa en sentido claro que se quiten estas biografías que no fueron otra cosa que obras claramente alimenticias. Un beso.
María Tudor, Isabel I, la Reina Virgen, Editorial Acantilado
No es por presumir (ja, ja...) pero creo que mis principales observaciones sobre el libro de Zweig están ya contenidas en este comentario que hice a la reseña de mi buena amiga María Vázquez. Añadiría una consideración más que me parece relevante para un lector actual y que en la época en que el autor estaba escribiendo no tenía ninguna importancia pues era prácticamente admitida por todos. Me refiero al fuerte machismo y minusvaloración de las mujeres que se aprecia a lo largo de esta biografía. Las mujeres -así, en sentido grupal- son consideradas como seres vanos, livianas, inconstantes, volubles, que se mueven por impulsos sentimentales que les obnubilan la mente, etc., etc. Según leía la biografía decía para mí: "¡Madre mía! Si cogen esto hoy mismo las personas del movimiento #Metoo a este hombre se le cae el pelo". Os dejo unas cuantas citas para que opinéis por vosotros mismos: 
  • Las mujeres en política siempre tienen la peligrosa cualidad de herir a sus rivales con alfilerazos y envenenar los enfrentamientos con maldades personales.” (pág. 44)
  • "Tales faltas de consideración —también frente a Isabel esta muchacha impetuosa y mal asesorada se hará culpable de cosas parecidas— son entre mujeres más funestas que los insultos directos"” (pág. 41) 
  • A pesar de su espléndida talla, esas dos mujeres siguen siendo mujeres, no pueden superar las debilidades de su sexo a la hora de librar sus enemistades de manera mezquina y traicionera, en vez de sincera.“ (pág. 88)
  • A ningún hombre aman las mujeres con más pasión que a aquel al que a un tiempo temen y admiran, aquel en el que una ligera y cosquilleante sensación de espanto y peligro aumenta el placer al hacerlo misterioso.” (pág. 149) 
  • ¿Fue [Mª Estuardo] otra lady Macbeth, que con palabras suaves y halagüeñas guía al rey Duncan hasta el sueño durante el que Macbeth le asesinará, una de esas criminales demoníacas como las que la extrema pasión extrae a menudo de las mujeres más valerosas y entregadas?” (pág. 185)
Pero sin duda alguna lo que más me ha atraído de esta obra de Stefan Zweig, aparte del excelente manejo del lenguaje tan característico en él, ha sido la inmensa cultura que despliega en la biografía. Es  muy importante la relación que realiza entre la vida de la reina escocesa y alguna de las tragedias de Shakespeare, especialmente con "Macbeth" ("El Macbeth de Shakespeare ha sido creado consciente o inconscientemente a partir de la atmósfera del drama de María Estuardo; lo que en la literatura sucede en el castillo de Dunsinan había ocurrido antes en el de Holyrood", pág. 218). También hay que señalar la impronta que dejaron ambas reinas, la escocesa y la inglesa,aen literaturas de otros países como Francia e incluso España y que Zweig deja reflejada en esta biografía
"Isabel forzó la admiración de un Shakespeare y un Ben Jonson, María Estuardo, la de un Ronsard y un Du Bellay" (pág. 80)
A la muerte del que fuera su primer marido, Francisco II de Francia (1544-1560) los poetas franceses se desharán en elogios hacia la belleza de María, la reina consorte; belleza que habían cantado también durante los tres años que duró este matrimonio. Así lo hace Pierre de Ronsard:
Un crespe long, subtil et délié
Ply contre ply, retors et replié
Habit de deuil, vous sert de couverture,
Depuis le chef jusques à la ceinture,
Qui s’enfle ainsi qu’un volle quand le vent
Soufle la barque et la cingle en avant,
De tel habit vous étiez accoutrée
Partant, hélas! de la belle contrée
Dont aviez eu le sceptre dans la main,
Lorsque, pensive et baignant votre sein
Du beau cristal de vos larmes coulées
Triste marchiez par les longues allées
Du grand jardín de ce royal château
Qui prend son nom de la beauté des eaux.

(en pág. 37)
Una larga gasa, sutil y fina,
Pliegue sobre pliegue, retorcida y doblada.
Vestimenta de duelo os sirve de manto
Desde la cabeza hasta la cintura
Que se infla cual vela cuando el viento
Empuja la barca y la azota hacia delante.
Con tal vestimenta ibais vestida
Cuando partíais, ¡ay!, de este hermoso país
Del que habías tenido el cetro en la mano
Cuando, pensativa y bañando vuestro pecho
En el bello cristal de vuestras lágrimas,
Triste andabais por los largos paseos
Del gran jardín de este real castillo
Que de la belleza de las aguas toma su nombre
Y es que María de Escocia era un ser bellísimo como vino a reconocer también, entusiasmado, nuestro Lope de Vega: : «Las estrellas arrebatan a sus ojos su más hermoso brillo, y a sus rasgos los colores que tan bellas las hacen», pag. 25.

Esta impresionante belleza de la prima escocesa de Isabel de Inglaterra y el éxito tremendo que cosechaba entre los hombres son elementos que Zweig utiliza para inclinar la balanza de su juicio histórico en favor de la inglesa si bien su juicio literario queda más del lado de la hermosa María Tudor:
  • "María Estuardo sólo se vive a sí misma, Isabel se vive con su país, asume su reinado como una profesión vinculante; María Estuardo, en cambio, la romántica, ve su reinado como una vocación completamente no vinculante” (pág. 83)
  • "Isabel jamás fue cruel, inhumana, fría y dura. Nada es más falso, superficial y banal que la idea, que ya se ha vuelto esquemática (como la recogía Schiller en su tragedia) de que Isabel jugó como un gato malvado con una dulce e indefensa María Estuardo" […] (María) "no vivió ni murió por Escocia, sino únicamente para seguir siendo reina de Escocia. En última instancia, María Estuardo no dio a su país nada más creativo que la leyenda de su vida” (pág. 85)
Al tratarse de unos personajes históricos y políticos no son pocos los juicios que el escritor vierte sobre la clase política aplicables a cualquier época, incluso a la nuestra:
  • Una mentira enérgica nunca le cuesta más a un político hecho que un soplo de aire” (pág. 110) 
  • Las personas inteligentes siempre son las que menos inteligentemente actúan” (pág. 119) 
  • Desde el punto de vista moral, la ejecución de María Estuardo sigue siendo un acto completamente indisculpable […] Pero tampoco se puede negar que, desde el punto de vista político, la eliminación de María Estuardo fue una medida correcta para Inglaterra. Porque en política —¡por desgracia! — […] en política, los únicos que no tienen razón son los vencidos” (pág. 370)

No sé qué más podría añadir, quizás que tras leer esta biografía tengo muchas ganas de ver la película "María, Reina de Escocia" de Josie Rourke que ya ha sido exhibida en nuestro país y que confío en que sea pasada más pronto que tarde por alguna plataforma televisiva.

18 oct 2018

Edmund de Waal: "La liebre con ojos de ámbar - Una herencia oculta"

22 comentarios:
Desconocía por completo tanto el título de la obra como el nombre de su autor antes de que una compañera de tertulia literaria los pusiese sobre la mesa como propuesta de lectura. Me puse a leer la novela editada por Acantilado en 2012 sin buscar ninguna información sobre quien la escribió. Ha sido al finalizarla, aún impregnado por la agradable atmósfera que el escritor logra crear en su relato, cuando decidí echar un vistazo por Internet a ver qué se decía de él.


Edmund de Waal, Novela de las cosas, Cerámica
El autor
Al indagar en internet sobre Edmund de Waal vemos que se le considera -él mismo en entrevistas sobre sus libros también lo hace- más como artista cerámico que como escritor. Confiesa que su amor por las piezas de porcelana comenzó a muy temprana edad cuando percibió que con sus manos podía dar forma a cacharros, a objetos, que podía crear. Luego, prosigue, empecé a escribir, pero no me encontré a mí mismo en la escritura hasta que escribí "La liebre con ojos de ámbar". Descubrió entonces que si entraba él a formar parte de la historia ésta cobraba un tono y un color diferentes. Al hacerlo e ir colocando palabra tras palabra se sintió igual que el alfarero que aplica más o menos arcilla según que desee sacar un objeto u otro.

De Waal nace en Nottingham en 1964. Su dedicación principal es la cerámica de porcelana, sobre todo de color blanco, aunque también ha realizado piezas en otros colores. Dice que hasta el momento habrán salido de sus manos más de 100.000 objetos. En cuanto a su obra literaria ésta por el momento está formada por sólo dos títulos: el que aquí me propongo reseñar escrito en 2010 y "El oro blanco" del año 2015 publicado por Seix Barral en 2016.


La liebre con ojos de ámbar - Una herencia oculta 
El autor protagoniza toda una indagación sobre los distintos lugares donde había parado la colección de 'netsuke' (pequeñas piezas de porcelana japonesas) que han llegado a su poder gracias a la herencia que le deja Jiro, el compañero durante más de cuarenta años de su tío abuelo Iggie Ephrussi, que tras muchas vueltas dadas por el mundo se instaló en Tokio (Japón) en 1952 donde fallecería en 1994.

Es esta investigación sobre estas 264 figurillas de porcelana que compnen la colección lo que le sirve de disculpa a Edmund de Waal para hacer la Crónica de la saga familiar de los Ephrussi desde su salida de Odessa (Ucrania) en 1857 hasta el momento en que a él llegan estos 'bibelots'. Es, pues, un viaje por la historia de Europa desde ese momento hasta concretamente 2009 fecha en que culmina la "Coda" que cierra esta obra distribuida en cuatro grandes apartados, uno por cada una de las paradas que tuvo esta colección de miniaturas japonesas en porcelana.

Al ser los Ephrussi una familia judía la obra recala con frecuencia, como no puede ser de otra manera, en esas fases de antisemitismo que tanto daño han hecho a Europa y en general al resto del mundo. Observamos que junto al afán por seguir agrandando el negocio de grano que la familia Ephrussi tenía en Odessa otro motivo importantísimo y no menor para salir de allí era el arrinconamiento en que el imperio ruso tenía a esta etnia a la que sólo permitía realizar actividades mercantiles con cierta libertad en esa zona ucraniana. Todos los males del Imperio se adjudicaban en el imaginario popular ruso a los judíos. En 1859 tendrá lugar el pogromo de Odesa que hará que no pocas familias abandonen la zona buscando asentamientos donde la predisposición en contra de ellas no sea muy grande.

Es así como los Ephrussi llegan a Viena, capital del imperio austrohúngaro; y pocos años más tarde también a París, auténtico centro de Europa. En ambas capitales construirán casas que sean dignas de la riqueza que desde hace tiempo atesoran: el Palacio Ephrussi en la Ringstrasse vienesa y el Hôtel Ephrussi en la parisina rue Monceau. Son las zonas capitalinas donde están instaladas las familias más adineradas de ambas ciudades:
 "Diez edificios más abajo del de los Ephrussi, en el número 61, está la casa de Abraham Camondo; la de su hermano Nissim, en el 63, y la de su hermana Rebecca, en el 60. Los Camondo, como los Ephrussi, financieros judíos, habían llegado a París desde Constantinopla, pasando por Venecia. Junto al parque, en helada magnificencia con sus tesoros japoneses, vivía el banquero Henri Cernuschi, un defensor plutocrático de la Comuna de París, que había venido de Italia. En el número 55 está el Hôtel Cattaui, casa de una familia de banqueros judíos de Egipto. En el 43 está el palacio de Adolphe de Rothschild, comprado a Eugène Péreire y reconstruido con una sala de techo de cristal destinada a alojar la colección de arte renacentista de su dueño. Pero nada se compara con la mansión construida por el magnate chocolatero Émile-Justin Menier" (pág. 25)
He hecho esta larga cita porque me parece muy significativa para entender la gestación de los bellos edificios que aún hoy día constituyen el alma de estas ciudades, y el lujo y elevado nivel cultural que los detentadores de estas inmensas fortunas tenían. Precisamente uno de ellos es Charles Ephrussi quien siendo el tercer hermano de la saga no está muy comprometido con la empresa familiar, ahora ya más en el campo bancario que en otra cosa, y se dedica a viajar por Europa en busca de arte en especial pintura. Charles se hará en París con la propiedad de la 'Gazette', una revista cultural  donde hará crítica de arte; al tiempo será protector de muchos de los jóvenes impresionistas a quienes comprará cuadros cuando la gente respetable de su entorno despreciaba esta tendencia pictórica. Pese a esto cuando estalle el caso Dreyfus y se desate una ola de antisemitismo muchos de sus protegidos (Renoir, Monet y algún otro) renegarán de su amistad por miedo a ser confundidos con él.
"Entre los artistas amigos de Charles, uno de los antidreyfusianos más desatados fue Degas, que dejó de hablarles a él y al judío Pissarro. También Cézanne estaba convencido de que Dreyfus era culpable, y Renoir se hizo enemigo activo de Charles y su «arte judío»." (pág. 90)
Es Charles el primer poseedor de estos bibelots que adquiere en Sichet, un anticuario francés que aprovechó el aperturismo hacia el exterior que emprendió el país nipón a partir de 1859 para traer de allá inmensas cantidades de 'japonaiseries' que se pusieron de moda durante varios años. Es a este anticuario a quien Charles compra esas 264 bellísimas miniaturas. El segundo propietario de las mismas será Viktor, el primo vienés de Charles, a quien éste se las regala por sus esponsales con Emmy. Esta pareja sufrirá en Viena durante la época nazi el brutal hostigamiento que se desató contra los judíos. Viktor es el padre de Iggie, el tío abuelo del escritor. Las historias de Iggie y de sus hermanas Elisabeth y Gisela tienen mucho interés, así como conocer cómo se salvaron las piececillas del expolio nazi y finalmente llegaron a manos de Iggie. Pero para eso se debe de leer el libro que es muy entretenido y en mi opinión está bien escrito.
Dentro de las bondades que aprecio en la obra está la de la propia consideración de qué sea ésta. El conocimiento de las vicisitudes sufridas por las porcelanas le han llegado a su actual propietario por una infinidad de fuentes: el tío abuelo Iggie; la abuela Elizabeth; sus propios padres, Esther y Víctor de Waal; también a través de documentos consultados en archivos y bibliotecas; así como a través de un sinfín de obras literarias que con mayor o menor acercamiento a la realidad citan, se inspiran o introducen como personajes a miembros de la saga Ephrussi. Concretamente el autor hace referencias frecuentes  a Marcel Proust ("Las vidas de mis parientes de Viena quedaron refractadas en libros, como la del parisino Charles en los de Proust. De las novelas surge una y otra vez un desagrado por los Ephrussi", pág. 131) , a Joseph Roth ("Es en la irreprochable banca Efrussi -Roth lo escribe a la manera rusa- donde Trotta deposita su fortuna en 'Radetzkymarsch' [...] En 'Das Spinnennetz' ['La tela de araña'] el propio Ignace Ephrussi aparece retratado como rico joyero: 'alto y enjuto; siempre iba vestido de negro, con un chaleco subido de color negro, por cuya abertura apuntaba sólo la chalina negra, adornada con una perla del tamaño de una avellana'. Su mujer, la bella Frau Efrussi, es 'toda una una señora, judía, pero toda una señora'", pág. 131), a Edmond de Goncourt, Emile Zola..., y a otros autores menos conocidos, al menos por mí, como Jakob Wassermann ("Pips aparece por entonces como protagonista de una novela sumamente exitosa del escritor judío alemán Jakob Wassermann", pág. 124).
Con todo ese cúmulo variopinto y desordenado de informaciones Edmund de Waal confiesa abiertamente las dudas por las que pasa a la hora de dar forma a esta historia:
"Creo que esa historia podría escribirse sola. Un puñado de anécdotas lánguidas bien cosidas, una más sobre el Expreso de Oriente, claro, algún vagabundeo por Praga u otro lugar igualmente fotogénico, unos recortes de Google sobre salas de baile de la Belle Époque. Resultaría un libro nostálgico; y tenue. Y no estoy autorizado" (pág. 15)
No, no lo hará así, sino que se centrará en los que por un tiempo tuvieron en su poder esos 264 bellos objetos. Fueron cuatro y de ahí la división en cuatro partes de la obra.

Una de las cuestiones que a mí se me plantean tras leer el libro es la de su género literario. Es evidente que "Novela" tiene las espaldas muy anchas y todo lo soporta. Pero, ¿verdaderamente es una novela? Creo que al tratarse de unos seres históricos en un tiempo real sin contaminación alguna de personajes ficticios o inventados, Edmund de Waal se posiciona en el ámbito de los textos ensayísticos, académicos, históricos, periodísticos y/o de investigación. Pienso que los cinco adjetivos que acabo de dar sirven adecuadamente para intentar situar en su debido lugar este escrito.

Es una obra que se lee bien, que está bien construida con movimientos hacia adelante y hacia atrás en el tiempo como corresponde a un ejercicio investigador. Lo que más me ha agradado del mismo es esa ubicación 'in situ' que el autor-indagador imagina cuando aborda un cuadro donde aparece retratado por Renoir, cuando relata la anécdota del cuadro 'Manojo de espárragos' que Charles comprase a Manet, o cuando contempla en la National Gallery de Londres el cuadro 'Les bains de la Grenouillère' que Charles compró a Monet por más de lo que el artista le pedía: "
Hace el calor justo para meterse en el agua, se nos ocurre, pero un poquito de frío para salir. Uno se siente vivo mirando el cuadro" (pág. 68)
Impresionistas en la literatura, Pintura y literatura, Pissarro, Cezanne
También es frecuente que el autor eche mano del presente histórico y/o actual para fijar en el tiempo la escena y ser él el introductor de la misma al estilo de esos narradores televisivos que sin ser vistos muestran la vida de las criaturas animales ignorantes de que sus comportamientos están siendo investigados y analizados. Es lo que me ha sugerido el modo de presentar la vitrina donde Charles situó sus 'netsuke':
Es la primera parada de los netsuke en esta historia. Están cerca de las cajas de laca, cerca de los grandes tapices que trajo de Italia, cerca de la alfombra dorada. Me pregunto si podrá resistirse a salir al pasillo y doblar a la izquierda para contarle a su hermano Ignace lo que acaba de comprar” (57)
Creo que se percibe perfectamente en esta obra la sensibilidad del escritor que no puede por menos que emocionarse -¡y transmitírnoslo!- ante las obras de los pintores que cita. Abundan estos momentos de hiperestesia sobre todo al hablar de los impresionistas (además de los tres ya citados el autor nombra y se demora en Berthe Morisot, Degas, Caillebotte, Pissarro, Sisley y algunos otros). Es un auténtico síndrome de Sthendal el que De Waal logra hacernos sentir.

El esteticismo unido a la erudición caminan de la mano en esta obra. El escritor holandés se extasía ante los cuadros de los impresionistas o habla con pasión de la obra escrita por escritores coetáneos de miembros de la saga Ephrussi, la mayoría lo hicieron -salvo raras excepciones como la de los poetas Laforgue, Paul Valéry o Rainer María Rilke- siempre en tono crítico contra ellos como ya he dicho antes.  Si esto es así en los campos pictórico y literario qué no será cuando De Waal, ceramista por encima de todo, hable de estas piececillas de porcelana. Es en esos momentos cuando su prosa alcanza altas cotas de belleza
"Después del almuerzo abría las puertas correderas de la larga vitrina que ocupaba casi toda una pared de la sala y uno a uno iba sacando los 'netsuke'. La liebre de ojos de ámbar. El muchacho con espada y casco de samurái. Un tigre, todo paletas y patas, volviéndose para rugir. Iggie me pasaba uno, lo mirábamos juntos y luego yo volvía a ponerlo con cuidado entre las docenas de animales y figuras de los estantes de cristal" (pág. 6)
"Tomo uno y le doy vueltas en la mano: lo sopeso en la palma. Es de madera de castaño u olmo, más liviana aún que el marfil […] Los de marfil son de diversos tonos del crema; de hecho, todos los colores, menos blanco. Unos pocos tienen ojos incrustados de ámbar o de asta […] La mayoría están firmados; constancia de ese momento de posesión entre el acabado y el desprendimiento. Hay un 'netsuke' de madera de un hombre sentado que sujeta una calabaza entre los pies. […] Hay otro de un tonelero trabajando con una azuela en un barril a medio hacer. El hombre está sentado dentro, con el ceño fruncido de concentración, y el barril lo enmarca. Es una talla en marfil sobre la talla de la madera. Las dos piezas tratan del acabado de algo sobre el tema de lo inacabado" (pág. 11)
Para finalizar
Este libro me ha recordado a esas grandes obras del pasado siglo XX escritas por autores centroeuropeos como Joseph Roth, Thomas Mann o Stefan Zweig que se pasean con parsimonia y elegante prosa por la Europa burguesa que emergió a finales del XIX en gran parte gracias a la llegada desde el este de numerosas familias judías que escapaban de los pogromos que en Rusia y Ucrania (Oriente europeo) se produjeron, especialmente el del año 1859 en Odessa. Estos judíos llevaban consigo una cultura que les hacía emprender negocios que con trabajo, dedicación y con seguridad ciertos comportamientos usureros conseguían levantar y hacerlos exitosos.

La saga Ephrussi me ha recordado a la novela "Los Buddenbrook" de Thomas Mann leer reseña aquí] si bien en el caso del escritor alemán no estamos ante una familia judía sino protestante. En ambas obras asistimos al ascenso, triunfo y desmoronamiento de una estirpe por culpa de sus propias acciones pero también por las circunstancias socio-políticas del momento. En "La liebre con ojos de ámbar" conocemos las terribles dificultades por las que pasarán tres generaciones de una familia judía acostumbrada a convivir con ese antisemitismo ancestral de las sociedades occidentales en cuyo seno, pese a ello, habían logrado hacerse con enormes fortunas. La envidia de sus coetáneos y la evolución política: pogromos, caída del imperio austrohúngaro, depresión alemana, ascenso del III Reich, despojo de cualquier tipo de bienes, campos de concentración, muerte, y acomodación a las nuevas circunstancias surgidas tras la II guerra mundial, provocarán que en el siglo XXI a los descendientes de estos Efrussi sólo les reste de aquello algunos objetos como estas miniaturas de porcelana, marfil y madera. Pero así como Eneas a su llegada a Cartago lloraba la caída de Troya, en la caída de los Ephrussi se puede decir como él "'Sunt lacrimae rerum'", "Hay lágrimas en las cosas". Y estas cosas, los 'netsuke', esconden en su interior de objetos los sufrimientos vividos por sus antiguos poseedores.