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12 sept 2022

"Noches azules" de Joan Didion

13 comentarios:

«Cuando empecé a escribir estas páginas, yo creía que iban a tratar de los hijos, de los que tenemos y de los que desearíamos tener, de las formas en que dependemos del hecho de que nuestros hijos dependan de nosotros, de las formas en que los animamos a que sigan siendo niños, de las formas en que ellos siempre nos resultan más desconocidos para nosotros que para sus conocidos más casuales.»

No Ficción, Ensayo, literatura norteamericana
En varios de los comentarios que me dejaron en la reseña que hace nada hiciera de El año del pensamiento mágico amablemente algunos visitantes a mi blog me recomendaban vivamente la lectura de este otro libro de la Didion. Dado que la lectura del ensayo que la autora norteamericana escribiera a raíz de la muerte de su marido John Gregory Dunne fue para mí una experiencia literaria gozosa, decidí seguir los consejos de mis lectores y sin demora me hice con las Noches azules, el libro en el que Joan Didion rememoró la vida de su hija Quintana fallecida unos años antes. 

El título
El libro que distribuye su contenido en 35 capítulos o apartados dedica el primero de ellos a justificar el título, a explicar qué son, y por qué ella lo titula así, las "noches azules". En mi opinión ya el mero sintagma destila belleza. Pero, ¿qué son las noches azules? Resulta que en ciertas latitudes y en ciertos momentos del año, concretamente al aproximarse el verano, es cuando los crepúsculos se vuelven largos y azules. «Las noches azules son lo contrario de la muerte de la luz, pero al mismo tiempo son su premonición».
«Este libro se titula "Noches azules" porque en la época en que lo empecé a escribir sorprendí a mi mente volviéndose cada vez  más hacia la enfermedad, hacia la muerte de las promesas, el acortamiento de los días, lo inevitable del apagamiento, la muerte de la luz.»
Como se ve, pues, ya desde el inicio, la obra que tenemos en nuestras manos avisa de lo que va a hablar: de final, de acabamiento, de la inevitabilidad de la muerte; pero también de esperanza, de negación de lo evidente, de promesa de sanar. En esta dicotomía, absurda e infranqueable, nos debatimos todos cuando la noche definitiva se acerca, se intuye, o siquiera se percibe en su lejanía. Las noches azules son luz que declina, oscuridad que se quiere retardar, esperanza de lo imposible, fe irracional en las posibilidades humanas.


Mi impresión
En el apunte realizado a vuela pluma en Facebook nada más finalizar la lectura de la obra, como tenía en mi cabeza tan vívida la favorable impresión que me había producido El año del pensamiento mágico, escribí textualmente lo siguiente: «Si comparo ambas obras, a pesar de la semejanza en el asunto, gana por goleada en mi consideración "El año del pensamiento mágico". No sé si haré comentario más extenso que éste, pero si lo hago ahí explicaré los motivos de mi favoritismo.». A ver si logro hacerlo.

Lo primero es que el asunto y tono de la obra que dedica a su hija Quintana ya no sorprende dado que cinco años antes de que las Noches azules apareciesen, es decir, en 2005 Joan Didion sorprendió a la lomunidad literaria universal con El año del pensamiento mágico del que hace apenas diez días di mi opinión aquí, en este mismo blog. Ambos libros parten de un hecho luctuoso, una muerte. El año..., de la del marido y la necesidad de la viuda de retornar a la senda de la vida, de proseguir en el camino; la segunda, de la de la hija, si bien es mucho más el lapso de tiempo que Didion dejó pasar entre el fallecimiento y la escritura. Si en el que dedicó a John Dunne sólo habían pasado unos meses (diez cuando comenzó a escribirlo, doce cuando lo finalizó), en el dedicado a rememorar a Quintana Roo son seis los años transcurridos desde la desaparición de ésta en agosto de 2005. Por otra parte, en El año... tocaba vivamente la enfermedad, entonces activa, de la hija al tiempo que intentaba superar el dolor y la pena por la muerte de su marido; en Noches azules ya no hay tanto dolor por la pérdida concreta sino más bien por lo que simboliza de pérdida universal. 

Los dos libros pertenecen al género de la no-ficción. Si el primero lo hizo motu propio casi como terapia para poder salir del abatimiento personal en que la había confinado la pena y el dolor causados por la inesperada muerte del marido, las Noches azules fueron más una apuesta, un reto al que la sometió su editor y que ella rehuyó largo tiempo. Pero en un momento, cuando ya no se esperaba, se presentó con el manuscrito ante él y se lo entregó. Así al menos es como ella misma lo cuenta en la película documental que sobre su figura dirigió su sobrino Griffin Dunne en 2017. Este documental es muy interesante pues en él es la misma escritora quien responde a las preguntas del sobrino. Los dos libros de no ficción que aquí comentamos son el vórtice sobre el que gira el film. En el mismo se ve a una Joan Didion algo ajada por la esclerosis múltiple que desde 1970 arrastraba, pero sobre todo por la enfermedad de Parkinson que al fin y a la postre será la que causará su muerte en noviembre del pasado año 2021. Este interesante documental se puede ver actualmente en la plataforma Netflix y no sé si también en otras.

Muchos aspectos de la enfermedad de Quintana, como he dicho, ya los trató la escritora en El año del pensamiento mágico. En él nos cuenta sus airadas reacciones ante las explicaciones que los médicos le daban sobre el desarrollo de la enfermedad de Quintana, enfermedad que la había llevado a la UCI de varios hospitales. En el fondo la escritora contraponía la muerte sorpresiva de John que ella no pudo predecir y por lo tanto evitar con la enfermedad de Quintana en la que ella quería involucrarse activamente a fin de evitar la fatalidad. No pudo ser y quizás por ello dejó pasar Joan Didion varios años hasta que decidió volver a Quintana, a hablar de ella, a rememorarla, a reivindicarla, a festejarla.

El libro sobre su hija no es un libro centrado en su muerte, en la pena y dolor que esto le causó. No, no sólo es esto; el libro, como acabo de decir, es un recordatorio de lo hermoso que fue pasar esos 39 años junto a Quintana, los momentos de felicidad que desde su adopción la niña y luego la mujer proporcionó a ambos, a John y a ella, Joan. Naturalmente este viaje por los años de convivencia vividos juntos lleva inevitablemente a Didion a consideraciones genéricas sobre el envejecimiento, las enfermedades y la muerte
«Pero a medida que las páginas avanzaban se me ocurrió que su tema real no era para nada los hijos, o por lo menos no los hijos en sí, por lo menos no los hijos en tanto que hijos: su tema real era esta negativa a abordar dicha consideración, la negativa a afrontar las certidumbres del envejecimiento, la enfermedad y la muerte.»
Esa adversativa con la que se abre la cita anterior enlaza con otra proposición -precisamente la que encabeza esta reseña- en la que expone su intención inicial. Está claro que, como tantas veces dicen muchos escritores, los libros tienen vida propia y es durante el mismo proceso de escritura que van diseñando su propio camino.

Noches azules es, en mi opinión, una obra menos profunda que El año... Esto no debe de entenderse necesariamente como peor. No, para nada. Simplemente es un libro distinto, diferente. Si algo me atrae de Joan Didion y en mi consideración la convierte en escritora imprescindible es su saber abordar asuntos diversos y cuando, como en este caso, son similares hacerlo con perspectivas diferentes. A eso llamo yo tener cintura, ser una cualificada artista, una escritora merecedora de todos los reconocimientos. 

El libro me ha parecido menos oscuro que el dedicado al marido. Quiero decir que no se ceba, si bien tampoco los elude, en los aspectos terribles de la enfermedad y fallecimiento de Quintana, sino que dedica buen número de páginas a la rememoración más o menos gozosa de su vida. Así ocupa un lugar destacado en la novela la adopción de la niña, sin duda alguna un episodio de vital importancia para el matrimonio. También son importantes las relaciones de la familia Dunne Didion con actores, directores, guionistas, productores y demás componentes del mundo cinematográfico en el que ellos dos participaron como guionistas de no pocos filmes. Nombres como Martin Scorsesse, Warren Betty, Steven Spielberg... aparecen en su vida cotidiana, en fiestas celebradas en su casa californiana, en viajes promocionales de películas por todo el país y también por Europa, etc.

Nuevo periodismo, Noches azules
Al ser ambos cónyuges periodistas, los asuntos de actualidad más importantes entraban a formar parte de la cotidianidad familiar. El mundo hippy, la música y los músicos, las drogas, el alcohol... Todo esto aparece en Noches azules a veces con pesar por parte de la madre escritora al culpabilizarse en cierta manera de la caída en las drogas y el alcohol de Quintana Visto desde la distancia, todos bebíamos más de la cuenta, pero en 1966 esto no se nos ocurría a ninguno. Solo cuando leí mis primeras novelas, en las que siempre había alguien abajo preparando una copa y cantando «Big Noise blew in from Winnetka», me di cuenta»). Analizando el decurso de la vida de su hija, la madre contrapone el miedo y la enorme preocupación que tuvo por ella desde el mismo momento que la tomó en sus brazos con la 'sana' despreocupación de sus propios padres. Este hecho paradójicamente, reflexiona la autora, introduce miedos y/o irresponsabilidad en los hijos. El miedo paterno los niños lo ven y lo absorben como propio, y cuando no sucede así, la irresponsabilidad más absoluta los envuelve sabedores de la superprotección paterna en la que viven. Por otra parte, Quintana siempre tuvo un miedo propio, distinto al de otros niños: el miedo al abandono que es frecuente en aquellos que saben que son niños adoptados.
«Tengo entendido que todos los hijos adoptados temen que sus padres adoptivos los vayan a abandonar igual que los abandonaron sus padres naturales. Por culpa de las circunstancias extraordinarias en que fueron introducidos en la estructura familiar, están programados para ver el abandono como su rol, su destino, el futuro que les aguarda a menos que ellos lo puedan dejar atrás.»
Todas estas reflexiones sobre su hija desaparecida y sobre la existencia en general se le suscitan a Joan Didion en Noches azules revisando pertenencias de Quintana, en especial fotografías de la niña sola o en compañía de amigas o de ellos mismos, sus padres Joan y John. Al observarlas desde el presente es consciente la autora de la fugacidad de la vida, del paso del tiempo. En definitiva, del envejecimiento que se ha adueñado de ella sin haber sido consciente del mismo a pesar de que «El envejecimiento y sus evidencias constituyen los acontecimientos más previsibles de la vida, y sin embargo siguen siendo asuntos que preferimos dejar sin mencionar, sin explorar». Joan Didion se da cuenta de que ha perdido «empuje» que es lo que mantiene a uno vivo; ella es consciente de su deterioro físico y cognitivo;  además la ausencia de Quintana («Ayer mismo Quintana estaba viva») le hace recalar en otras ausencias presentes en su propia persona
«Fue ayer mismo cuando todavía sabía hacer cuentas, me acordaba de los números de teléfono, alquilaba un coche en el aeropuerto y lo sacaba del aparcamiento sin quedarme paralizada en el momento crucial, con los pies ya en los pedales pero inmovilizada por la pregunta de cuál era el acelerador y cuál el freno.»
Por último y a modo de colofón de esta especie de análisis comparado realizado entre estos dos libros de No-ficción tan íntimos y personales, sólo añadiré que he detectado más presencia de la música y de referencias literarias en Noches azules que en El año del pensamiento mágico. Quizás, ya lo he señalado antes, la razón se deba a que El año... nace estando ella muy tocada por el duelo, el dolor y la pena de la muerte de John Dunne; algo que en Noches azules, al existir mayor distanciamiento y asimilación de lo inevitable dada la duración de la enfermedad durante meses, no se da. Esto hace que se pueda explayar en detalles aparentemente más nimios e insignificantes como aquellos temas musicales que escuchaba Quintana y que le sirven a ella para evocarla. Esencialmente son cuatro: 


En una familia de escritores es normal que cuando uno de ellos crea una obra la literatura de otros ocupe lugar preferente. Así ocurría en vida de ellos y así Quintana fue despedida por su madre y por su marido Gerry, con la lectura de poemas de autores que a ella en vida le gustaban 
«Gerry leyó un poema de Galway Kinnell que a ella le gustaba, Patti Smith le cantó una nana que había escrito para su propio hijo. Yo leí los poemas de Wallace Stevens y de T.S. Eñiot "Dominio del negro" y "New Hampsfire", con los cuales la solía poner a dormir cuando era un bebé
Hay alusiones a autores como Pablo Neruda, Karl Shapiro y otros que gustaban a la hija fallecida. Pero de cara a la personalidad de Quintana la principal referencia es a un verso del poema Endimion de Keats que dice «Adentrarse en la nada». Para la madre ese verso y la importancia que en su diario le daba Quintana tenía un gran significado.


Frases relevantes en el texto
Además de las citas que incluyo en la reseña me parecen relevantes frases como las siguientes:
  • «El padre de la novia muerto mientras cenaba. La novia en un coma inducido, viva únicamente gracias a la respiración asistida y con los médicos de la unidad de cuidados intensivos convencidos de que no sobreviviría a la noche. La primera de una cascada de crisis médicas que terminaría con su muerte veinte meses más tarde.»
  • «Seguíamos pensando que la felicidad y la salud y el amor y la suerte y los hijos hermosos son "bendiciones comunes y corrientes"
  • «Un día estamos mirando la fotografía de Magnum en que aparece Sophia Loren en el desfile de Christian Dior en París en 1968 y pensando que sí, que podría ser yo, yo podría llevar ese vestido, yo estaba en París aquel año; y un instante minúsculo más tarde estamos en la consulta de algún médico que nos está contando lo que ya ha fallado y por qué nunca volveremos a llevar las sandalias de ante rojo con tacones de diez centímetros»

31 ago 2022

Joan Didion. El año del pensamiento mágico

22 comentarios:

«Esto es un intento por encontrar sentido al tiempo que siguió, a las semanas y meses que desbarataron cualquier idea previa que yo tuviera sobre la muerte, la enfermedad, la probabilidad y la suerte, la buena o la mala fortuna, sobre el matrimonio y los hijos y el recuerdo; sobre el dolor y los modos en que la gente se plantea o no el hecho de que la vida acaba; sobre la precariedad de la cordura y sobre la vida misma.»

No Ficción, Ensayo, literatura norteamericana
Es el tercer libro que leo de la escritora estadounidense Joan Didion (Sacramento, 5 de diciembre de 1934-Manhattan, 23 de diciembre de 2021). Los dos anteriores fueron dos novelas suyas: Río revuelto, que leí en 2020 durante el encierro pandémico, y Según venga el juego, que leí durante las navidades del año pasado a raíz de la muerte de la autora. Las dos novelas me gustaron y no sé por qué -me lo sigo preguntando ahora mismo- no las reseñé en el blog. Quizás el cúmulo de lecturas realizadas durante la pandemia y durante las fechas navideñas hiciera que se quedarán allá, relegados en el pozo de los libros buenos pero complicados y exigentes a la hora de escribir una reseña satisfactoria. Bueno, sea lo que fuere y como reza el dicho popular «a la tercera va la vencida».

Con la reseña de El año del pensamiento mágico quiero rendir un sentido homenaje a esta excelente periodista, autora de guiones cinematográficos en solitario o en tándem con su marido, el también periodista y novelista John Gregory Dunne, y potentísima escritora de obras de ficción y de no ficción fallecida el 23 de diciembre de 2021 por problemas derivados de la enfermedad de Parkinson que padecía desde hacía unos años.




El año del pensamiento mágico

Poco antes de la Navidad de 2003, concretamente el 25 de noviembre de 2003, Quintana, hija adoptiva de Joan Didion y de su marido, repentinamente cae enferma; lo que al principio se creyó era una simple gripe evolucionó rápidamente a neumonía finalizando en un choque séptico. Al borde de la muerte, la chica de poco más de treinta años será mantenida en coma inducido y con respiración asistida durante varias semanas. Joan Didion  y John Gregory Dunne, sus padres, van a visitarla al hospital de manera habitual; la víspera de Nochebuena, de vuelta a la casa tras haberla visitado y poco antes de la cena, John Dunne sufre un infarto cerebral y muere. En un instante la vida cambió: 
«Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba».
Joan Didion, a los ocho meses de la muerte de su marido con quien había vivido durante  cuarenta años, decide escribir este libro para -así lo manifiesta en la cita que encabeza esta reseña-intentar poner orden en su cabeza tras lo que vivió y encauzar en algún sentido el dolor y el duelo que siguieron
«Hasta entonces sólo había podido experimentar dolor, no duelo. El dolor era pasivo. El dolor ocurría. El duelo, el acto de manejar ese dolor, requería atención.»

 Leyendo el ensayo que es El año del pensamiento mágico conocemos cómo la viuda que es ella se enfrentó al inopinado acontecimiento de la muerte del esposo: primero tuvo sentimiento de culpa por no haber advertido ciertas señales o mensajes («Dijo estas cosas en el taxi que nos llevaba del Berth Israel North a nuestro apartamento tres horas antes de morir o veintisiete horas antes de morir: intento recordarlo y no puedo») luego, como hiciera durante la larga enfermedad de su hija Quintana, acudió a los libros en busca de soluciones pues siempre lo había hecho así («En épocas difíciles, me habían enseñado desde niña, lee, aprende, prepárate, recurre a la literatura.»). Si en referencia a Quintana, Didion se empapó de literatura médica hasta el punto de ser reconvenida en más de una ocasión por los facultativos que trataban a su hija. ahora serán los libros que tocaban el asunto de la pena, del dolor y del duelo los que estarán en su mesilla y a los que se asirá por ver de entender y manejar en lo posible su situación anímica.

De las lecturas que realiza sobre el tema es «el diario que C. S.Lewis escribió tras la muerte de su esposa, A Grief Observed» donde más analogías o similitudes con su estado encontró. Este ensayo escrito por el autor de Las Crónicas de Narnia es impresionante y desde aquí lo recomiendo a quien quiera acercarse a una experiencia fidedigna de la vivencia del dolor y del duelo provocados por la pérdida de un ser amado. En España la obra está publicada por Anagrama con el título de Una pena en observación. Para aquellos que sean algo remisos a lecturas de este tipo pueden ver la versión fílmica, ¡magnífica también!, que con el título de Tierras de penumbra dirigió en 1993 Richard Attenborough y que está protagonizada por Anthony Hopkins y Debra Winger.

La muerte de su pareja fue tan repentina que, durante los ocho meses siguientes, no pocas veces en sus reflexiones y pensamientos aparecía la idea de qué era la muerte para los occidentales de hoy, o sea, para ella misma. La conclusión a la que llega con aporte bibliográfico suficiente es la de que desde hace ya casi un siglo o incluso más vivimos de espaldas a la misma. Me llamó mucho la atención leyendo este magnífico ensayo la siguiente cavilación que no puedo por menos que corroborar:

«alrededor de 1930, en la mayoría de países occidentales y sobre todo en Estados Unidos, se inicia una revolución de las actitudes aceptadas frente a la muerte. "La muerte —escribió— tan omnipresente en el pasado que resultaba familiar, se borraría, desaparecería. Se convertiría en algo vergonzoso o prohibido."» (el entrecomillado lo toma de un libro que Philippe Aries había escrito en 1973 titulado Historia de la muerte en Occidente: desde la Edad Media hasta nuestros días)
Pero sin lugar a dudas a mí lo que más me ha gustado de este libro es comprobar una vez más lo bien que escribe esta mujer que sin duda alguna habría merecido recibir en vida más premios que los que se le dieron. Quizás, el primero de todos fuera precisamente el que en 2005 recibió por El año del pensamiento mágico, distinguido con el Premio Nacional de Estados Unidos a la Mejor Obra de No-ficción de ese año (The National Book Award). 

Dentro de las múltiples reflexiones que la escritora realiza en la obra y que la llevan a recordar momentos de su vida junto a John Dunne hay una frase que veinticinco noches ante de morir le dijo él a propósito de su manera de escribir, precisamente la manera que en esta obra ella utiliza, con acierto y frecuencia, pese a su dificultad. La situación es la siguiente: está John Gregory Dunne releyendo una secuencia de la novela de A Book of Common Prayer de Joan Didion
«La secuencia es complicada (en realidad, esa era la que John había querido releer para ver cómo funcionaba técnicamente) y está interrumpida por otra acción que obliga al lector a retomar el contexto al que Leonard Douglas y Grace Strasser-Mendana se refieren.
—Maldita sea —me dijo John cuando cerró el libro—. No se te ocurra volver a decirme que no sabes escribir. Ese es mi regalo de cumpleaños

Ejemplo clarividente de su excelencia literaria, precisamente la que le elogia su marido John Dunne en la cita anterior, creo que se patentiza en lo que sigue: El 30 de agosto de 2004, por vez primera en ocho meses, Joan Didion aceptará cubrir para su periódico la convención demócrata igual que hiciera en el pasado. Según accede a la Torre C del Madison Square Garden donde se desarrolla el evento una serie de pensamientos, de recuerdos del pasado, la asaltan sacándola mentalmente del momento presente

«Mientras subía la escalera mecánica de la torre C, reflexionaba en todo aquello y de repente se me ocurrió: llevaba uno o dos minutos en aquella escalera pensando en la noche de noviembre de 2003 antes de volar a París, en las calurosas noches de julio de 1992 en las que cenábamos en Coco Pazzo y en aquella tarde que habíamos dado vueltas por la Calle 125 esperando el acto de Louis Farrakhan que finalmente no se celebró.»

En definitiva, Joan Didion, ocho meses después del inesperado suceso, llega a la conclusión de que lo único que ha hecho durante ese tiempo ha sido escapar, huir del presente, refugiarse en el pasado para así no asumir la realidad, en un mágico e infantil intento de «que el tiempo retrocediera, de rebobinar la película». Ciertamente hay que asumir lo que en la teoría y cuando la muerte no nos ronda hemos afirmado una y mil veces, que somos mortales y que algún día habremos de morir. Y si esto es así, ¿por qué cuando la muerte nos toca de cerca la negamos y no la aceptamos? De nuevo la escritora se da -y nos da- una explicación, dura sin duda, pero bien lógica y plausible:

«Somos imperfectos mortales, conscientes de nuestra mortalidad aun cuando tratemos de eludirla, vencidos ante nuestra propia complejidad, tan acorralados que cuando nos dolemos por los que hemos perdido, también nos dolemos, para bien o para mal, por nosotros mismos. Por lo que fuimos. Por lo que ya no somos. Por la nada absoluta que un día seremos.»

El título

Nuevo periodismo, El año del pensamiento mágico
(foto tomada de Babelia, El País de 1 del IX de 2006) 
Aunque pienso que en gran medida la razón del título ha quedado suficientemente clara en alguno de los párrafos anteriores, es natural que nos hagamos la pregunta de por qué la escritora tituló así este ensayo. La verdad es que muy pronto, desde sus primeras páginas Joan Didion nos va dejando piedrecitas explicativas en el camino. La primera es cuando cuenta que la noche que John Dunne falleció ella sintió el irreprimible deseo de estar sola para así dejar abierta la posibilidad de que él volviera («necesitaba aquella primera noche para estar sola. Necesitaba estar sola para que él pudiera volver. Este fue el comienzo de mi año del pensamiento mágico.»). Y no es que de manera absurda ella pensase que en realidad él no había fallecido sino que «Pensaba como los niños pequeños, como si mis pensamientos y deseos tuvieran el poder de alterar la narración, cambiar el desenlace.» Este, en cierto sentido, infantilismo pensante también lo practicará en innumerables ocasiones durante la larga enfermedad, con las recaídas y mejorías correspondientes, de su hija Quintana. Así, al contarnos cómo vivió esos meses, tras la muerte de Dunne, atendiendo a la hija enferma son frecuentes los "Y si..." («Qué pasaría si...», «Si no le hacían la tráqueo», etc.) en un absurdo deseo de controlar lo imposible: el azaroso constituyente de la vida. Este absurdo se lo declarará a ella directamente alguno de los médicos encargados de la supervivencia de Quintana, aunque a Joan Didion -tal era su estado emocional- le fuera completamente indiferente: «("Si quiere llevar usted el caso, yo dimito", dijo uno finalmente), pero me hacían sentirme menos impotente. Recuerdo que en el UCLA aprendí el nombre de muchos tests y escalas.»).

Como ella bien a las claras declara había llegado a creerse portadora del poder mágico que a su hija, cuando ésta era pequeña, le decía poseer:
«No dejes que Camuñas me coja, decía Quintana cuando se despertaba de una pesadilla,
Estás a salvo. Estoy aquí. Me había llegado a creer que nosotros teníamos ese poder»
Para finalizar
Hacia el final, la autora, ya viuda de ocho meses, es consciente, tras el repaso que ha dado en las páginas del libro a ese lapso de tiempo, de que la vida continúa, de que 
«si hemos de continuar viviendo llega un momento en que debemos abandonar a los muertos, dejarlos marchar, mantenerlos muertos.»

Muchas frases contenidas en este libro son dignas de ser citadas y/o recordadas. Me conformo, para no aburrir más con estas tres:

  • «me doy cuenta de lo receptivos que somos al persistente mensaje de que podemos evitar la muerte.»
  • «Todo iba como siempre y, de repente, va y cae toda esa mierda»
  • «Un día normal. "Y de repente... se acabó."»
En definitiva, un libro que me ha gustado mucho, sin duda alguna una de mis mejores lecturas de este 2022. Creo que Joan Didion es una escritora magnífica pero, aviso, El año del pensamiento mágico es un libro durillo, no es una lectura para pasar el tiempo sin más. 

25 mar 2021

La ridícula idea de no volver a verte. Rosa Montero

29 comentarios:

" El arte en general, y la literatura en particular, son armas poderosas contra el Mal y el Dolor. Las novelas no los vencen (son invencibles), pero nos consuelan del espanto. En primer lugar, porque nos unen al resto de los humanos: la literatura nos hace formar parte del todo y, en el todo, el dolor individual parece que duele un poco menos." (Pág. 76)

En  "La ridícula idea de no volver a verte", novela publicada el año 2013, Rosa Montero está realizando una especie de biografía de Mme Curie al hilo de la lectura de una serie de biografías (Soy una gran aficionada a las biografías: son cartas de navegación de la existencia que nos avisan de los escollos y de los bajíos que nos esperan) sobre la científica y del propio Diario que la física escribió sobre la repentina muerte por atropello en 1906 de su marido Pierre. La relación entre ambos cónyuges era de felicidad si bien la Montero enfoca con frecuencia su análisis, sus reflexiones sobre los hechos vitales de Marie Curie que lee, desde la perspectiva feminista actual. Esta visión no es del todo adecuada pues supone un anacronismo que no hace justicia a la realidad.

Rosa Montero, Novela biográfica, "La ridícula idea de no volver a verte", Duelo
Los comentarios y reflexiones que hace la autora sobre las vicisitudes vividas por los Curie las conecta por analogía con su realidad personal pues ella, como Mme Curie, enviudó también en cierto modo de manera semejante al declarársele a su pareja, el periodista Pablo Lizcano, un cáncer de forma repentina que a la postre se lo llevaría tras un año de haber luchado contra él. El duelo, la pena por la pérdida, la superación del mismo, sobreponerse al dolor, reinventarse para poder seguir sobrellevando la existencia sin esa persona querida. Todo esto va surgiendo y planteándose en este relato de no ficción, basado en hechos factuales precisos aunque, como todo lo vivido, traicionados por el recuerdo memorialista. Y es que la memoria, la propia incluso,  como viene a reconocer la propia autora, es una gran fantaseadora.

La maestría de la pluma de Rosa Montero hace que el relato discurra con naturalidad y tremenda soltura. Estamos de nuevo en ese género ambiguo del ensayo narrativo caracterizado por ser siempre la primera persona escritural la que relata. En este caso, esa primera persona que es sin duda alguna la propia novelista se dirige a un "" que, además del propio lector (Lo expresó muy bien Fernando Pessoa: «La literatura, como el arte en general, es la demostración de que la vida no basta.» No basta, no. Por eso estoy redactando este libro. Por eso lo estás leyendo.) pienso no es otro que el mismísimo Pablo Lizcano con quien ella, su viuda, entabla esa última conversación truncada por el fallecimiento pese a haber sido éste esperado y casi deseado para evitar sufrimientos innecesarios. Creo que Rosa Montero realiza un ejercicio literario émulo del que Marie Curie realiza en el Diario que se incluye al final del propio libro. Así, pues, igual que Marie se dirige a su marido directamente, Rosa Montero hace lo propio en algunos momentos con Pablo Lizcano. La lectura del Diario de la Curie y de las muchas biografías que sobre la descubridora del radio y del polonio ha leído o está leyendo la autora de entre otras novelas "La carne" reseñada por mí en este blog, le hacen entrar en su interior a revivir su propia experiencia personal.

En cuanto a la propia biografía de Manya Skłodowska, el nombre de soltera de Marie Curie, nos encontramos ante una mujer titánica, increíble, magnífica, luchadora, precursora del feminismo que vendría más tarde. Una mujer que no se contenta con reivindicar o vociferar como tantas personas hacen hoy día sino que con su práctica diaria (su trabajo profesional) demostraba estar al nivel de cualquier científico de sexo masculino. Afortunadamente para ella en la sociedad machista de su época  topó con un hombre que la amó, consideró y trató siempre en un nivel total de igualdad.

Me ha gustado mucho leer que ella no renunció a sus derechos de mujer, quiero decir que el trabajo al que prácticamente era adicta no hizo que renegase de ser madre. Bueno quizás un poco sí, y lo confiesa con pesar, en la atención que prestó a su segunda hija, Eve, cuyo embarazo le impedía trabajar tanto como ella deseaba. Pese a un cierto sesgo anti masculino que se le ve a la escritora hay que decir que este Pierre era un santo e hizo todo lo posible y más por que su esposa siempre estuviese en el mismo nivel de igualdad y reconocimiento público que él. Así lo demostró cuando para aceptar en 1903 el Premio Nobel de Física dijo que sólo lo haría si el trabajo realizado por su mujer era debidamente reconocido, algo que la Academia sueca, algo renuente al principio, acabó  aceptando.

En un mundo de plena modernidad en el que las tecnologías nos invaden y las redes sociales con su impacto y taimadas directrices van conduciendo nuestra vida, acertadamente Rosa Montero en esta novela hace uso de una innovación tipográfica que confieso es la primera vez que he visto usada con tal profusión. Me refiero al empleo en ocasiones de # (la almohadilla). En el mundo de la informática, especialmente en Twitter e Instagram, almohadilla (#) se usa para introducir un hashtag, es decir, un asunto o un tema que queda indexado en las redes sociales y sirve de punto de partida o de núcleo en torno al cual entablar una discusión o debate; con el hashtag la escritora presenta al lector un pensamiento en construcción del que es factible, tirando de él, sacar cosas interesantes. En "La ridícula idea de no volver a verte" los hashtags que señala la autora tienen que ver un su mayoría con aquellas ideas tradicionales que se asocian al hecho de ser mujer: #HacerLoQueSeDebe,  #cuidaralpadre,  #atenderaloshijos, #laculpa, etc., ideas contra las que ambas autoras (la Curie y la Montero) se enfrentan. Pero también sirven para sacar a la palestra otras ideas que a ella misma le atañen como el hecho de las #Coincidencias que encuentra entre la vida de la polaca ilustre y su propia peripecia vital (muerte más o menos súbita del marido en ambas, por ejemplo), pero sobre todo las coincidencias sucedidas en el propio proceso creador de sus libros ("las #Coincidencias. Son raras, son imposibles, son inquietantes y abundan, sobre todo, en la literatura. No quiero decir dentro de las novelas, sino en las proximidades de la escritura. O en la relación entre la escritura y la vida real. Por ejemplo: mi penúltima novela se titula Instrucciones para salvar el mundo."). 

Madame Curie, Premio Nobel de Física 1903 y Química 191313
Al carácter experimental, híbrido e innovador del libro contribuyen también las abundantes ilustraciones fotográficas que contiene. Son imágenes muy variadas: los Curie (el matrimonio, sus hijas Irene y Eve, etc.) y otras más de actualidad como las referidas a la propia escritora (su tatuaje, sus manos...) o a personajes como Litvinenko envenenado con polonio, precisamente el material que descubrió Marie Curie o Rosalind Franklin que contribuyó a descubrir la estructura del ADN y fue ninguneada como les ocurrió a tantas y tantas otras mujeres que se vieron relegadas o ignoradas siempre en favor del varón. 

Según leía las páginas dedicadas en el relato a las #Coincidencias no he podido dejar de pensar en las "Correspondencias" de Baudelaire quien en su famoso poema de igual título vino  a establecer que existen 'comunicaciones' entre el mundo material y el mundo espiritual siendo la función del poeta irlas descubriendo, captando, traduciendo. Evidentemente no es esto lo que quiere decir la Montero con sus #Coincidencias aunque en mi opinión no está muy lejos. En apoyo a mi idea dejo aquí el poema de Charles Baudelaire y que cada uno juzgue y saque sus propias conclusiones:

Correspondencias

La natura es un templo donde vivos pilares
dejan salir a veces sus confusas palabras;
por allí pasa el hombre entre bosques de símbolos
que lo observan atentos con familiar mirada.

Como muy largos ecos de lejos confundidos
en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la noche, como la claridad,
perfumes y colores y sones se responden.

Hay perfumes tan frescos como carnes de niños,
dulces como el oboe, verdes como praderas,
y hay otros corrompidos, ricos y triunfantes,

que la expansión poseen de cosas infinitas,
como el almizcle, el ámbar, el benjuí y el incienso,
que cantan los transportes del alma y los sentidos.

Desde luego Montero no es una escritora simbolista pero sí que en sus coincidencias parece percibirse un no sé qué de casualidad inexplicable que omite toda clase de explicación racional. 

Final
Sin ser  en mi opinión esta obra  lo mejor que he leído de la periodista escritora, sí que me ha parecido de lo más innovador e íntimo de las suyas. Muchas ideas y mucha vida personal sobrevuela y aterriza en este libro difícil de encuadrar en una categoría concreta (ensayo, novela, biografía, autoficción, poesía...) . Todo ello es y nada en exclusiva. Estamos ante una literatura híbrida, hija del tiempo que nos ha tocado vivir donde todo en palabras de Quevedo se mezcla y se bazuca (siempre me ha encantado este verbo que el genial poeta utiliza en su soneto titulado 'Pronuncia con sus nombres los trastos y miserias de la vida' en el que tras nombrar las fatigas escatológicas inherentes al vivir concluye con este contundente terceto final:
Viejo encanece, arrúgase y se seca, 
Llega la muerte, todo lo bazuca,
Y lo que deja paga, y lo que peca.
)

 Evidentemente la muerte todo lo revuelve, todo lo enturbia, todo lo estropea... como a Rosa Montero y a Marie Curie les sucedió con la inesperada desaparición de sus queridos compañeros de vida. Una desaparición a la que es difícil acostumbrarse pues -de ahí el título que la periodista da a la novela- no hay nada más inconcebible que "La ridícula idea de no volver a verte", el no volver a estar con la persona con la que se ha convivido tantos años. La segunda persona, el interlocutor al que se dirige la autora, está presente ya desde el mismo título como se ve.

Postdata
Siempre digo que en este mundillo de los blogs uno puede encontrar informaciones increíbles sobre aquello que busque. En esta ocasión, mi búsqueda, naturalmente, ha sido Madame Curie, premio Nobel de Física en 1903 y Premio Nobel de Química en 1911. A través del blog de Francisco Javier Tostado (https://wordpress.com/read/feeds/8772988) he conocido no pocas cosas sobre los Curie y especialmente sobre Marie Curie. Su blog me ha llevado a otros que en alguno de sus posts han tocado el tema: el de Gerardo Quesada A. (https://wordpress.com/read/feeds/106736366) o el de José Félix Rodríguez Antón (https://wordpress.com/read/feeds/39546340). Son blogs más que recomendables.

Por último también os animo a visitar el blog 'más que palabras...' donde el pasado martes comentamos esta novela. Allí encontraréis aportaciones que sobre este libro hicieron las personas participantes.
___________________

Otros títulos que tratan el asunto de la pérdida y del duelo reseñados en el blog:

"Lo que no tiene nombre" de Piedad Bonnett 

"El amor te hará inmortal" de Ramón Gener

"La hora violeta" de Sergio del Molino

"Cenizas y rosas" de Charo Jiménez

16 mar 2021

Charo Jiménez: "Cenizas y rosas"

22 comentarios:

"Si tuviéramos más presente en nuestro día a día que vamos a morir, si lográramos vivirlo sin angustia ni miedo, aceptando que la muerte forma parte de la vida, y no la siguiéramos tratando como un tema tabú, nuestro paso por aquí probablemente sería muy diferente." (Pág. 241)

En 2020 completé con gusto el divertido Reto 'Autores de la A a la Z' que Marisa G. de "Lecturàpolis" convoca desde hace ya varios años. Marisa tiene la costumbre de sortear entre quienes logran culminar con éxito dicho Reto una serie de libros. El pasado año tuve la suerte de ser premiado con el libro de Charo Jiménez "Cenizas y rosas" y, desde ya, he de decir que fui doblemente afortunado: primero porque salió premiada mi papeleta, pero en segundo lugar, y sobre todo, porque he descubierto a una autora que no conocía que me ha gustado mucho.

Charo Jiménez. Literatura de la ausencia
Esperaba, por lo que había oído y leído sobre esta obra, encontrarme ante una narración de duelo desesperanzado, de hundimiento en el propio dolor ocasionado por la pérdida de un ser querido. Creía que sería un alegato contra la injusticia que supone arrebatar de nuestro lado a alguien a quien amamos infinito. Sí, esperaba todo eso, y,  aunque la injusticia de la muerte ocasiona en el ser humano duelo, pena y sentimiento de desamparo, he topado con una novela que sin rehuir hablar de ello incide más en  la Vida, en la necesidad de vivir a tope disfrutando de la existencia como a buen seguro quien ha desaparecido desearía que hiciéramos.

La novela tiene dos partes argumentales bien diferenciadas. Por una parte está la vejez de José, padre de Beatriz que lo cuida y se preocupa por él por que no le pase nada, por que pase el tiempo que le queda lo mejor posible, por que el alzhéimer que le ataca por momentos no le haga languidecer en la orilla de lo que en verdad es un ser humano. Todo esto le preocupa a Beatriz, que ha de compaginarlo con las ocupaciones derivadas de su profesión de educadora y orientadora en un Centro de Secundaria sevillano: chicos difíciles, reuniones con padres, toma de decisiones, etc. 

Beatriz es madre de Alba que está en Londres porque aquí la cosa anda mal, de Gonzalo, que anda ahora por Budapest, y de Fran  que estudia en la universidad. Tiene dos hermanos, Cándido que se ha hecho cargo del despacho profesional que llevaba su padre y que colabora con ella en su cuidado, y Natalia, la hermana menor que desde siempre se sintió minusvalorada y se alejó física y emocionalmente de la familia. La relación fraternal se tensiona ante las exigencias que impone el cuidado del padre.

Es Beatriz, sin duda alguna, el personaje central. Es una mujer que afronta la vida con determinación y arrojo gracias al amor que siente por su marido Paco, por sus tres hijos, por su anciano padre y muy especialmente por la amistad profunda, de años, que siente por Reme, la hija de Juana y Silverio, vecinos de escalera que siempre se han ayudado. La historia de Juana, de Reme y de Valentina, su hija, es la otra historia que se nos cuenta en la novela. Es la de Reme una historia de caída y de superación, una historia bastante diferente de la Beatriz pero también coincidente en el amor hacia los padres aunque este amor lo haya vivido de distinta manera y no se haya percatado mucho de él e incluso lo haya negado con reiteración.

Naturalmente en este repaso de personajes no podemos olvidar a José, el anciano padre de Beatriz que vive en una nebulosa mental perfectamente presentada por la autora. José tiene en casa una cuidadora extrajera que chapurrea el español y de cuyo nombre se acuerda en pocas ocasiones. Es una relación en la que la intimidad del anciano se ve seriamente comprometida pues ella, Sofía, es la que se ocupa de que haga sus necesidades fisiológicas, de asearlo, bañarlo, secarlo, vestirlo, sacarlo de paseo... En fin ella [Sofea, la llama humorísticamente José] es el sustituto de su cabeza, cada vez más perdida, y de sus brazos y piernas que apenas ya le sirven de nada. Como digo, la confusión mental del anciano está muy bien mostrada por Charo Jiménez a base de monólogos interiores y soliloquios en los que fluye su conciencia en confuso desorden; en esas reflexiones, en esos pensamientos imaginativos el anciano fabula con ideas absurdas para un hombre de su edad, pero que le sirven para mantenerse vivo e ilusionado hasta el final. Un final que me ha gustado mucho cómo lo presenta la autora y que me ha llevado a recordar esas idas y venidas mentales, esa lucha agónica que se desata en la mente del personaje de la novela de Carlos Fuentes, "La muerte de Artemio Cruz".

La historia -mejor sería decir, las historias- que se presentan en "Cenizas y rosas" son muy auténticas, muy reconocibles, muy 'Verdad'. Cualquiera que las lea se puede reconocer en alguna o en todas ellas. Ciertamente lo que se cuenta no es nuevo ni original, es la vida misma. Beatriz que asiste a un Taller de Escritura recibe de su profesora Nazareth la enseñanza de que en literatura casi todo ya está dicho, de que la originalidad no reside en el/los asunto/s sino en la manera de mostrarlos filtrados a través de la propia experiencia de quien escribe.  ¡Qué gran verdad!
"Nazareth, la profesora del taller, nos dice que todo está dicho, todo está escrito, pero no con nuestra voz, nuestras emociones y nuestras tripas. Y eso convierte nuestras palabras en algo especial y único" (pág. 26)

La idea anterior, particularmente la he transmitido a mis alumnos a lo largo de mi vida profesional muchas veces; ocurría esto cuando ellos veían que los temas literarios fundamentales eran muy coincidentes de unas obras a otras fueran cuales fueran sus creadores (amor, vida, muerte, pena, familia, traición, egoísmo, solidaridad, instintos...) y se preguntaban qué diferenciaba a los unos de los otros. Como dice Mario Vargas Llosa en el librito que hace muy poco leí y reseñé en el blog, "Cartas a un joven novelista" [leer la reseña aquí], la diferencia en los asuntos reside en la propia experiencia vital del artista que se transfunde en su obra y se muestra a través de una estructura, de una forma determinada.


Lo dicho en el párrafo anterior lo evidencia la autora en su novela. Lo primero que percibimos es autenticidad vital, se nota que Charo Jiménez ha pasado por esta experiencia de pérdida y sabe comunicarla a las mil maravillas. También percibimos que su formación, sus lecturas, sus gustos musicales. artísticos y cinematográficos campan con acierto por las páginas de "Cenizas y rosas". Así temas musicales del grupo Kansas o de Rocío Jurado le sirven para transmitir mejor esa reflexión sobre la inanidad de la existencia ("Dust in the wind" de Kansas) o el imposible deseo de volver a los brazos de la persona desaparecida ("Qué no daría yo" de Rocío Jurado) que acometen por oleadas el pensamiento del doliente. También el Cine, otra manifestación artística popular como la música, le sirve para comunicar la necesidad de superar la pena buscando incentivos vitales: 

"Un día todo cenizas que finalmente ha salvado una peli que tiene Chelo, y que hacía mil años que no veía: Julia. Oh, me sigue encantando. Qué actuaciones -Jane Fonda, Vanesa Redgrave…-, qué historia, qué bien reflejadas las tribulaciones del escritor. Sí, definitivamente, el arte nos protege de nuestras miserias." (pág. 210)

Si eso sucede con la música y el cine mucho más acontece con las lecturas que la autora tiene interiorizadas. La poesía de Ángel González envuelve por completo con su enorme sensibilidad y tono de realidad la novela: al principio en la cita inicial con ese poema "En serio" y casi hacia el final en ese capítulo de título "Octubre" en el que Beatriz escapa a Rota  y reflexiona: "Es octubre y, como dice Ángel González, 'esas hojas, los pájaros, las nubes, las palabras dispersas y los ríos nos llenan de inquietud súbitamente y de desesperanza'. Es lo que pasa, y en este octubre, mucho más." La poesía le encanta a Charo siendo ella misma hacedora de poemas como bien demuestra en la novela que se compone de partes en prosa, otras en verso y otras en prosa poética. Prosa poética que a buen seguro le han inspirado autores como Francisco Umbral a cuya novela lírica "Mortal y rosa" hace referencia sin nombrarla cuando describiendo el estado cada vez peor de su padre Beatriz piensa: "Estoy oyendo menguar a mi padre como Umbral oía crecer a su hijo"

Todo lo anterior lo presenta la escritora con gran maestría mezclando secuencias referidas al padre narradas por él mismo con otras también en primera persona protagonizadas por Beatriz; además la tipografía de unas y otras secuencias es distinta: cursiva cuando es Beatriz quien narra; versalita cuando no es ella. Así pues en esta segunda tipografía aparecen las partes referidas a José, el padre de Beatriz, y las referidas a Juana y a su hija Reme. Además las distintas secuencias son de desigual longitud lo que también incide en la significación que Charo Jiménez quiere conferir a ciertos momentos de la narración y dota a la novela del ritmo preciso.

Para finalizar añadiré que la propia autora se cuela en el relato en  forma de una escritora que acude al Centro de Iniciativas Culturales de Sevilla (CICUS) a presentar su novela titulada "Ara, como el río", precisamente el título real de la que precede a ésta que estamos leyendo. Este proceso de autoficción, de confusión de límites entre lo real y lo ficticio agrega un plus a esta interesante y bien realizada obra cuya lectura recomiendo a todos. 

¿Quién es Charo Jiménez?(Triskel, su editorial, da esta semblanza de ella )
Charo Jiménez nace en Sevilla en 1961. Recuerda su niñez como una etapa extraña en la que descubre, gracias a Andersen, Perrault, Rabindranath Tagore…, que los libros guardan sueños y secretos extraordinarios. Ya nunca abandonará su pasión por las letras.

Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y ha sido profesora durante más de veinte años. Por circunstancias ajenas a su voluntad, se ve obligada a abandonar las aulas y, tras un periodo de adaptación en el que, como decía Ortega y Gasset, tiene que esforzarse en salvar sus circunstancias para salvarse ella, escribe su primera novela Trampantojo (Triskel, 2015). Dos años después cuenta la extraordinaria historia de Jánovas, un pueblo del Pirineo aragonés, en su segunda novela Ara, como el río (Triskel, Ediciones, 2017). Cenizas y rosas, su novela más personal e íntima, es por ahora su último trabajo.



Ficha Técnica del libro

Título: Cenizas y rosas
Autora: Charo Jiménez
Editorial: Triskel Ediciones
Diseño cubierta: Triskel Ediciones
Ilustración Verónica Navarro
Formato: Rústica/EPUB/MOBI
Páginas: 254
ISBN: ISBN: 978-84-122574-0-3
Depósito legal: SE 1573-2020
P.V.P.: 17€ (papel) 3,99€ (digital)



9 may 2018

Sergio del Molino. "La hora violeta". Literatura testimonial.

23 comentarios:
"A la hora violeta, cuando los ojos y la espalda
se alzan del escritorio, cuando el motor humano espera
como un taxímetro espera palpitando,
yo, Tiresias, aunque ciego, palpitando entre dos vidas,
viejo con arrugados senos de mujer, puedo ver
a la hora violeta, esa hora del atardecer que nos empuja
hacia el hogar y envía del mar a casa al marinero" 
["Tierra baldía" del poeta estadounidense T. S. Eliot (San Luis, Misuri; 26 de septiembre de 1888 - Londres; 4 de enero de 1965)

"La hora violeta", novela testimonial, literatura del dolor, duelo, enfermedad

La hora violeta
En una de las últimas secuencias de la cuarta parte de la obra titulada igual que todo el volumen, "La hora violeta", el propio autor del relato testimonial que me propongo reseñar confiesa que la razón por la que puso este título al volumen está en los versos de Eliot con que encabezo el post. Sergio del Molino en esas páginas, entre otras cosas, dice al respecto:
"La hora violeta es un taxi que espera en marcha en la parada, con el motor encendido. La hora violeta, en realidad, no existe más que como lugar de paso, como transición molesta y necesaria. Nadie vive en la hora violeta: la gente huye de ella hacia la vida real, hacia la vida normal." (pág. 186)
El significado concreto de lo que para él es esa hora violeta lo conoceremos en su más amplio sentido  leyendo este relato en el que Del Molino da testimonio de la terrible enfermedad (leucemia mieloide, la más agresiva) que le descubrieron a su hijo Pablo con apenas diez meses, y lo que supuso para el propio niño y para sus padres, Sergio y Cris, sobrellevarla. En definitiva esa hora violeta no fue otra cosa que ese tiempo esperanzado -sí y no, algo más de un año- que los tres miembros de este grupo familiar vivieron luchando y expectantes. La hora violeta, ese lugar de paso, está formado por todo lo que constituye la estructura sanitaria con sus profesionales pero también por los que constituyen el soporte afectivo, tan importante siempre: los familiares, los amigos, los compañeros de planta hospitalaria, etc.

Su autor
Sergio del Molino Molina (Madrid, 16 de agosto de 1979) es un escritor y periodista español. Literariamente, aunque algo antes ya había escrito algunas otras obras ("Malas influencias", libro de relatos; "Soldados en el jardín de la paz", ensayo de corte periodístico; o "No habrá más enemigo", en 2012, su primera novela) se dio a conocer al gran público con "La hora violeta"  en 2013. Desde el principio esta narración tuvo una enorme repercusión obteniendo ese mismo año el Premio Ojo Crítico  así como ganando el XXXV Premio Tigre Juan ex aequo con la novelista Marta Sanz.

En 2016 su ensayo "La España vacía" supuso un aldabonazo al escudriñar en él las raíces del desequilibrio campo-ciudad y la afectación que el mismo tiene sobre la España actual. En el terreno narrativo en 2017 vio la luz "La mirada de los peces", novela que trata sobre la vida y muerte de Antonio Aramayona, quien fuera profesor suyo de filosofía.

La principal dedicación profesional de Sergio del Molino es la de articulista y periodista. Habitualmente publica artículos y reportajes en "El Heraldo de Aragón" de la ciudad de Zaragoza donde reside y en diario "El País" de Madrid.

Una novela del dolor
Lo primero que viene a la cabeza de quien lee esta obra es el género literario al que pertenece. Para movernos con cierta sensación de seguridad los lectores siempre queremos encasillar, clasificar, al producto o al creador dentro de una categoría. Este deseo es comprensible pero no siempre factible, y cuando hay mucha calidad la dificultad aumenta. En el caso de la novela que nos ocupa el testimonio narrativo alterna y se confunde con la reflexión personal, la cual se escapa casi como sin querer hacia terrenos más puramente poéticos.

El crítico literario Ricardo Senabre (⍏2015) la clasificó dentro de lo que él llamaba "literatura del dolor". Sí, podría valer. Pero yo creo que no es del todo correcta la mera inclusión ahí porque en "La hora violeta" Sergio del Molino no sólo lanza un grito de dolor por lo injusto de lo acaecido a su hijo: al tiempo que muestra su congoja, también transmite una sensación de paz, no porque acepte tal injusticia sino porque reconoce que como seres humanos todos -su hijo, él, su pareja, los médicos, las enfermeras, los familiares, los amigos...- hicieron lo humanamente posible por evitar lo inevitable. Y eso da paz aunque no evite el dolor de la pena, esa inmensa pena en la que como confiesa al final aún está instalado:
"Tras esta hora violeta no me espera ningún baile. No quiero ir a ningún lugar en el que no estés tú. Mi pena hace las veces de tu cuerpo. Mi pena te invoca y te reconoce.
Yo soy mi pena y mi pena eres tú" (pág. 191)
Literatura de altísimo nivel
Al acabar de leer este libro testimonial la sensación principal que he tenido es la de haber asistido a una manifestación literaria de gran altura. Aunque estemos ante una obra de no-ficción eso no quiere decir que no sea "La hora violeta" literatura de muchos quilates. Lo es en muchos aspectos y no sólo en los formales.

Temáticamente aún siendo el principal asunto tratado el de la terrible enfermedad de su hijo Pablo y la lucha sin cuartel contra ella, el escritor no se limita sólo a ella sino que a su través salta a otros:
  • La sanidad española representada en las doctoras y personal sanitaria que con inmensa altura profesional y también afectiva atendieron a Pablo. 
    "La hora violeta", Sergio del Molino, novela testimonial, No-ficción
  • La solidaridad más pura representada en la Fundación Josep Carreras, por la que de una donante de otro país le cupo a Pablo albergar cierta esperanza;
  • La esperanza y la ayuda desinteresada entre los habitantes del ala hospitalaria de Oncología infantil: los padres, los chicos mayores a los pequeños y a sus padres muchas más asustados los segundos que los primeros, las enfermeras y su conexión y buen hacer con los niños enfermos, etc.
  • Los distintos tipos de colaboradores hospitalarios. Del Molino distingue entre 'provincianos' y 'extranjeros'. Los primeros no rehúyen, como si no existiera, la enfermedad; los segundos, los 'extranjeros' son principalmente religiosos -sobre todo evangélicos- y no saben integrar las bombas, las jeringas... Hacen como que no las ven. Su finalidad es lograr adeptos a su causa, no ayudar.
Naturalmente es el plano formal lo que en esta novela resalta por encima de todo lo demás. Yo destacaría:
  • La descripción y caracterización de algunos de los personajes:
    • Eva, una chica de quince años "que lleva un pañuelo en la cabeza y no soporta el aislamiento. Quiere salir con sus amigos, ligar con chicos, ir a clase, maquillarse, beber cerveza y sentir el cierzo alborotar un pelo que no tiene" (pág. 41)
    • Cris, la madre de Pablo: "Es nuestra guardiana. Al custodiar a Pablo me custodia a mí también. Es el fuego de mi lar. Sin ella, Pablo y yo habríamos sucumbido hace tiempo al frío. Ambos estaríamos podridos y devorados por los buitres" (pág. 104)
  • La utilización de la literatura  como recurso formal
    • Metáforas, para ayudarse en la lucha directa contra la enfermedad, no para engañarse. Al respecto echa mano de Susan Sontag que ya en 1978 dijo que "la enfermedad está llena de metáforas y que el mejor modo de permanecer sano en ella es ignorándolas o destruyéndolas" (pág. 33). Pero al tiempo -reconoce el escritor- sólo la literatura, sus metáforas, pueden explicar lo inefable que tiene el sufrimiento provocado por el cáncer: "Las metáforas, una vez más, nos salvan, aunque no nos engañan. Nos ayudan a adoptar una pose menos miserable, pero no nos resguardan del dolor ni nos acorazan contra la realidad que, impasible, avanza desnuda, sin tropos literarios" (pág. 77).
    • Referencias a autores y títulos porque el escritor, no puede remediarlo, vive en literatura, todo lo que vive lo filtra a través de sus lecturas, de aquellos autores que directa o indirectamente tocaron el tema del horror de la enfermedad como Thomas Mann en "La montaña mágica" ("Esta novela contamina mis primeros días en el hospital. Me siento como Hans Castorp. Todos los libros que llevo a la habitación parecen titularse 'Ocean Steamships' y están cubiertos por una carbonilla de ferrocarril", pag. 35), Edgar Allan Poe en sus cuentos de terror ("como personajes de Poe, catalépticos", dice para describir el estado de los enfermos tras ser tratados con quimioterapia) o, claro, Primo Levi, el autor de 'Si esto es un hombre', cuando quiere hacer un símil de los estragos ocasionados por la enfermedad con esos testimonios de Levi sobre lo ocurrido en los campos nazis. Hay muchos otros autores (Cortázar, Juan Marsé, Francisco Casavella, etc.) así como personajes o libros referenciados (el Pijoaparte de Marsé, el Gran Watusi de Casavella, la Maga de Cortázar, etc.) que le sirven para metaforizar y realizar símiles que le permitan sobrevivir a experiencia tan dura.
    • "Mortal y Rosa" de Francisco Umbral. Lugar aparte y bien diferenciado merece esta
      Ensayo, memorias, crónica, pena, dolor, duelo, enfermedadobra que el escritor vallisoletano escribiera en 1975 describiendo el duelo ante la muerte de su hijo Pincho que enfermó de leucemia a los cinco años de edad. Sergio del Molino  confiesa que su vocación literaria nació con la lectura de este libro de Umbral ("Yo quería ser un escritor como Umbral. Quería mancharme y herirme de muerte en la Literatura, sin importar si la máscara pública tenía un correlato con los libros", pág. 175). Es cierto, conociendo ambos libros, que el género híbrido de novela, ensayo, prosa poética. memorias... que es "La hora violeta" debe mucho a "Mortal y Rosa".

  • La música es otro de los elementos que conforman este relato. Sergio del Molino la utiliza en un doble sentido:
    • terapéuticamente para poder él mismo aguantar y seguir en la brecha luchando junto a su mujer y su hijo.
    • y también como manera de explicar más plásticamente aquello que nos quiere hacer llegar. Sus referencias musicales al respecto son las del rock porque sus orígenes familiares son los que son ("Qué más quisiera yo que haber crecido en una casa con abono familiar para el Auditorio Nacional", pág. 111); por ello escucha a Leño, a Rory Gallagher, a los Rolling Stones, a Johnny Cash...


Enorme emotividad. Envolviéndolo todo, convirtiendo este libro en una joyita, esta la Poesía. Sí, una poesía con mayúscula que emociona cuando la percibimos en frases sueltas ("...y siento la pesadez de la tarde"  ) y sobre todo en aquello que trasciende de la lectura de esta obra en la que el novelista se desnuda ante el lector, se muestra en su más límpida intimidad, se muestra tal cual es
"Una y otra vez ciclo tras ciclo, bolsa tras bolsa, centilitro tras centilitro. Y todo para nada. Toda esa mierda que puede fulminar al más robusto de los seres humanos en pocas horas, no es capaz de detener la puta leucemia" (pág. 85)
La poesía subyacente en el relato actúa sobre la emotividad del lector que en no pocas secuencias llega a estar al borde de las lágrimas. Pero no es  una emoción melodramática, falseada, como la que deriva de un culebrón o de una mala novela del corazón. No, aquí hay realidad y sinceridad pura y dura. La obra nos coloca directamente frente a la dureza de la vida. Si a esto añadimos que quien sufre es el propio hijo de quien la escribe, sabemos que no cabe fingimiento alguno. Muchas secuencias me han emocionado profundamente, pero si hubiera de elegir una como ejemplo elegiría aquella en la que el periodista Sergio del Molino recuerda cómo durante unas Navidades de bastantes años antes a lo que  el jefe de su periódico le encargó un reportaje sobre una niña con leucemia cuyo caso había llegado a los medios porque su madre había hecho a través de televisiones y periódicos un llamamiento público para que alguien le donase médula, único remedio posible a la enfermedad de la niña de cinco años. En la despedida el novelista por animarla le dice:
"Bueno, seguro que todo sale bien, ya verás. Y ella, sin acritud ninguna, concluyó: No, nada se va a solucionar. No hay ninguna solución. Lo pronunció con naturalidad, sin emoción aparente, sin ni siquiera traslucir un destello de resignación dolorosa" (pág. 102)
Para finalizar
De esta novela se desprende un mensaje esencial: la necesidad de diferenciar lo urgente de lo importante. Es la enseñanza que su autor extrae de la terrible enfermedad y de la pena y duelo subsiguientes:
"Prohibido ensimismarse en lo importante. Hay que atender lo urgente". (pág.126)
Y lo urgente es la tarea, el día a día, el camino, el "Keep on moving"; lo importante es lo trascendente, tarea propia de filósofos y poetas que buscan certezas absolutas. Los seres humanos nos debemos a la contingencia diaria, al día a día, a lo que toca hacer... Y cuando llega la enfermedad no cabe instalarse en las certezas, hay que moverse y luchar aunque como la madre de la niña de cinco años en el fondo sepamos que "nada se va a solucionar. No hay ninguna solución". No debemos dejar que lo importante nos paralice, hay que pelear siempre.


Datos del libro
Autor: SERGIO del MOLINO
Título: “La hora violeta”
Nº de páginas: 208 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: Mondadori. Edición: 001 (21 de marzo de 2013)
Lengua: CASTELLANO
ISBN-13: 978-8439727132
Precio:
En papel: 16,50€
Ebook: 6,64€

23 ene 2017

"El amor te hará inmortal" de Ramón Gener, divulgador musical.

12 comentarios:
Incluso ahora, a punto de hacer clic en 'Publicar', sigo dudando. No quisiera que el sintagma 'divulgador musical' se entendiese como menosprecio hacia el autor. No, para nada, no es esa mi intención; más bien todo lo contrario. Creo que el panorama musical español, en especial el de la música clásica, tiene necesidad de muchos otros divulgadores, difusores de este tipo de música a la que en nuestro país la juventud es esencialmente refractaria. Por eso mantengo la frase.

La obra entra a formar parte de esos libros que promocionan alguna actividad. En este caso, la recepción y disfrute de la música clásica. Desde el principio el libro me ha recordado mucho al de "Instrumental" de James Rhodes ya reseñado en este blog (leer reseña aquí). Ambos parten de una experiencia personal para luego pasar a hablar del poder salvador o/y curativo de la música. Evidentemente son libros y autores distintos con vidas y experiencias totalmente diferentes. Pero creo que ambos escritores y músicos (pianistas los dos, curiosamente) persiguen una misma finalidad: atraer a los jóvenes a  la música clásica. En el caso de Gener especialmente al mundo de la Ópera.

Divulgadores musicales. Música clásica, Ópera

Ramón Gener Sala ha estado desde su niñez en contacto con la música cláscia. Estudió piano y lo ha tocado profesionalmente; también ha sido barítono hasta el año 2011 en que se inclinó más por el papel de divulgador musical. Comenzó esta actividad en el canal 33 de la televisión catalana con una apuesta arriesgada de la cadena, un programa titulado "Ópera en tejanos" ('Opera en texans') que lejos de ser flor de un día estuvo en antena durante tres temporadas. En 2015 fue el conductor de una producción internacional en la que participaba RTVE titulada "This is Opera" que entre nosotros emitió la 2 de TVE.

Su labor de divulgación musical en formato libro la inició en 2014 con su obra en lengua catalana titulada "Si Beethoven pogués escoltar-me" (en castellano "Si Beethoven pudiese escucharme" apareció en 2015) en la que comentaba historias, biografías y anécdotas de grandes compositores de los siglos XVIII y XIX. Su segunda incursión en el formato libro de divulgación musical la ha realizado con la obra objeto de esta entrada, "El amor te hará inmortal", un libro de 188 páginas que apareció en 2016 en las dos lenguas del autor, castellano y catalán.

El amor te hará inmortal
En diciembre de 2013 muere el padre del escritor. Para Gener la desaparición física de su progenitor es en realidad la de su segunda muerte pues desde hacía diez años padecía de Alzheimer. Creo que fue Ortega y Gasset quién dijo que el hombre deja de serlo cuando pierde la cabeza, cuando lo que ha sido y con quienes ha estado desaparecen de su memoria, cuando no recuerda. Ramón Gener, como hará en todo el volumen, relaciona este hecho personal -la pérdida del padre y en éste el mal de Alzheimer- con lo acaecido a otros músicos. Cita a Glen Campbell, músico country al que en 2011 diagnosticaron Alzheimer y que para la última gira que hizo en 2012 con tres de sus hijos compuso un tema precioso sobre el futuro que le aguardaba. También, dice,  Ravel murió de Alzheimer y el carácter repetitivo de su famoso "Bolero" viene a ser su manifestación musical.

Tras el varapalo que le supone la desaparición de la figura paterna, Gener pasará por las cinco etapas del duelo: negación, irá, negociación, depresión y aceptación. Serán la música, -las semejanzas de ciertos episodios vividos por intérpretes y grandes compositores con lo sucedido a su padre y a la relación vivida entre ambos-, y la mitología clásica -los mitos y anécdotas atribuidas a dioses, héroes y monstruos de la antigüedad clásica griega- quienes le ayudarán a recorrer esas etapas del duelo, a reconciliarse consigo mismo y a, como se dice vulgarmente, "tirar p'alante".

Los intérpretes que aparecen en el libro son tanto del siglo XX (Paul Simon, Mickael Jackson, María Callas...), como de siglos anteriores (Farinelli y su estancia en la corte española del siglo XVIII, Clara Shumann y su amistad con Brahms en el XIX; o sin haber sido una intérprete propiamente dicha, pero sí impulsora del festival de Bayreuth, Cósima Wagner, esposa del compositor, que tras la muerte de éste decidió no dejar caer el festival que Richard Wagner inaugurara en 1876 y que ella mantuvo hasta los primeros años del siglo XX cuando pasó el testigo a su hijo Siegfried.


Los compositores pertenecen al XIX  (Johannes BrahmsFranz Liszt, Berlioz, Richard Wagner...), al XIX y XX (Giacomo Puccini, ArturoToscanini...), o solamente al XX como es el caso de Joaquín Rodrigo y de muchos de los cantautores populares de nuestro tiempo (Elton JohnBruce Springsteen, Mickael Jackson...).

Lo peculiar de la obra es que todo lo que se cuenta sobre compositores e intérpretes es totalmente verídico, aunque para hacerlo el autor utilice un recurso propio de la ficción cual es el hacerse transportar por las Moiras (Cloto, Laquesis y Átropos) para presenciar 'en vivo y en directo' el sucedido que relata. Las tres mujeres, personificaciones del Destino, le sirven al autor para entreverar la vida propia con la de los músicos y venir a explicar ambas a través de los mitos griegos. Así, por ejemplo, en el capítulo titulado "El castigo de Sisifo" relaciona el dolor del maestro Rodrigo y de su esposa por la pérdida de una hija con el terrible castigo impuesto por Zeus a Sísifo; de igual manera Gener considera muy injusto el Alzheimer que su padre padeció durante diez años. Bueno, pues en los tres casos y de manera algo forzada, el escritor viene a concluir que hay que hacer de la necesidad virtud y que Rodrigo de su dolor sacó su famoso concierto; Sisifo, liberarse del infierno; y Gener, su dedicación musical. En fin, ya digo, algo traído por los pelos.

Esta es la tónica de la obra. Una obra compuesta por 13 capítulos de los que el primero y último son explicación del recurso literario utilizado (la traslación espacio-temporal) y de la virtud conseguida a través de la escritura de la obra: la superación del duelo y la consecución de la inmortalidad a través del amor:
"Un libro para recordar a mi padre. Un libro para que mis hijos, mis nietos, mis bisnietos... no lo olviden y siempre recuerden su nombre como si fuera el mismísimo Aquiles."
L'amor et farà inmortal, Ramón Gener TV3, RTVE, Ópera
Los once capítulos que cuentan anécdotas de la historia de la música suelen utilizar una misma estructura: comienzan con una referencia musical actual que de seguido se une con la que desea del pasado. Por ejemplo en el capítulo "Las lágrimas de Eos" -Eos es la diosa del alba- Ramón Gener pone en relación la dureza educativa y la maestría musical de Michael Jackson con la de la soprano del XIX María Felicia que ha pasado a la historia de la música como María Malibrán. Ambos artistas decidieron en un momento dado romper con las respectivas dictaduras paternas y ser libres. Los dos triunfaron, pero ciertamente en parte, si no totalmente, se lo debieron a sus tiránicos progenitores. Como siempre suele realizar, Gener relaciona ambas historias con la propia pues también su padre fue algo déspota cuando él le comunicó su deseo de seguir la carrera musical. Bueno, sí, ya, pero yo creo que no fue lo mismo. Ya digo, algo traído por los pelos. Eso sí, las anécdotas del pequeño de los Jackson Five y de María Malibrán muy interesantes y entretenidas.

Lo mejor
Para mí hay dos aspectos de este libro que me han impulsado a leerlo: Uno se refiere a las curiosidades que sobre los grandes de la música de todos los tiempos el autor da a conocer. El segundo es la serie de temas musicales a los que hace referencia y que, al menos yo, he deseado escuchar para entender mejor la peripecia relatada. Por esa razón he confecionado una lista con la mayoría de los temas citados en la obra (en la página "Música que me gusta escuchar" está la lista completa). Provocar que el lector busque y escuche determinados temas  creo que es la finalidad perseguida por un buen divulgador musical.  Y Ramón Gener lo es.

Lo peor
No me han gustado algunas de las relaciones entre mitología - anécdotas musicales - vida de los Gener. Me han parecido algo traídas por los pelos.

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Nota
Fesaro del blog amigo "Libros en el petate" entrevistó a Ramón Gener el pasado mes de noviembre. Os recomiendo su lectura pues en esa entrevista el autor da claves sobre su libro muy interesantes. La podéis leer haciendo clic aquí