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2 nov 2021

Manuel Vilas. Los besos. Novela

27 comentarios:

«Y me di cuenta de que da igual, de que el envejecimiento es la edad de las igualaciones. Si te mienten, es hermoso. Si te dicen la verdad, también es hermoso. Porque los besos sí fueron reales, y eso es la certeza, la única certeza del mundo.»

Supe de Manuel Vilas, como tanta otra gente, a raíz del Premio Nacional de Novela que en 2018 se le concedió por su magnífica "Ordesa". Fue leer esa novela y quedar atrapado en las redes de su peculiar prosa. De "Ordesa" salté a la poesía contenida en su poemario "Amor" y luego ya en 2019 leí su breve pero sustancioso "Nueva teoría de la urbanidad", librito que pese a nacer como regalo por parte del autor a una editorial esconde en su interior la filosofía existencial y nihilista propia del escritor envuelta en la ironía, la guasa, la broma, la agudeza...; en definitiva en ese estilo burlón, chocarrero muchas veces, tan característico en él [de los tres títulos citados tengo reseñas hechas en este blog que se pueden leer haciendo clic en cada uno de los títulos]. De manera que cuando en la muy reciente Feria del Libro de Madrid vi "Los besos" en la mayoría de las casetas y luego leí no pocas reseñas positivas sobre el mismo en los muy fiables blogs literarios que frecuento supe que habría de leerlo. Y eso es lo que acabo de hacer.

Los besos, novela de Manuel Vilas. Literatura de la COVID-19
Sinopsis
. De la novela dice la propia editorial en la contraportada del libro lo siguiente:
Marzo, 2020. Un profesor abandona Madrid por prescripción médica, va hasta una cabaña en la sierra y conoce a una mujer apasionada quince años menor. Él se llama Salvador; ella, Montserrat, y entre los dos crece una confianza plena e inesperada, llena de revelaciones.
Sus encuentros son un gran baño de luz. Salvador se ilusiona y le cambia el nombre, la llama Altisidora, como un personaje del Quijote. Ambos se enamoran y construyen una relación madura, con las prevenciones propias de sus cuerpos y recuerdos: el pasado reaparece constantemente.
Los besos es una novela de amor romántico e idealizado, pero también de piel y amor carnal, de cómo en mitad de una crisis universal dos seres humanos intentan regresar a la patria biológica y atávica del erotismo, ese lugar misterioso donde hombres y mujeres encuentran el sentido más profundo de la vida.

Mi comentario
Los besos es una novela que va in crescendo. Comienza un poco en un tono menor, lento o moderato, para con el paso de sus páginas ir ascendiendo ascendiendo hasta llegar a un tutta orchestra magnífico, espléndido, sonoro, tremendo, humano, necesario, comprensivo, total. Un a tutta orchestra que queda suspendido en el aire, en la nada, tras la experiencia vivida por Montserrat/Altisidora y Salvador, los protagonistas de estos besos a través de los cuales se elevan hasta otra dimensión vital logrando así escapar de la vulgaridad del momento.

Salvador es un profesor de instituto a quien han prejubilado anticipadamente dados los problemas de memoria que últimamente está sufriendo. El sindicato de la enseñanza al que pertenece le ha concedido la estancia durante un tiempo en una cabaña de la sierra de Madrid a donde se desplaza para así huir de la ciudad cuando el confinamiento decretado por el gobierno por culpa de la COVID-19 está a punto de hacerse realidad. Allí, en Sotopeña, nombre ficticio de esta población serrana, Salvador queda prendado nada más verla de Montserrat, una mujer quince años menor que él que trabaja en un supermercado de la localidad a donde él se acerca a por provisiones. Es un flechazo, un amor a primera vista, que lo dejará tocado y que, afortunadamente para él, será recíproco pues Montse se ocupará de llevarle viandas dado que en la cabaña que habita apenas si Salvador tiene algo. 

Salvador es un hombre que necesita pocas cosas. A Sotopeña acude con poco equipaje, dos ediciones de El Quijote y una Biblia. Allí, en Sotopeña, a sus 58 años Salvador encontrará el amor en Montserrat a la que con cervantino ingenio llamará Altisidora. Esta analogía Quijote / Salvador y Montserrat-Altisidora / Aldonza-Dulcinea le servirá para desarrollar la trama. Al tiempo, la línea cronológica de 2020 en que sucede el enamoramiento narrado se cruza en un claro desplazamiento al pasado con la de 1981 cuando el narrador era estudiante en Madrid y vivía en una residencia de nombre Academia donde hizo fuerte amistad con Rafael Puig, amigo con quien hablaba de todo lo humano y lo divino en un ámbito de confianza y sana amistad como nunca jamás volvería a tener. El personaje de Rafael le pone en contacto, comunicación o revelación, con el lado misterioso de la existencia. Rafael es un chico que anticipa el futuro, que sabe con antelación lo que va a suceder e incluso que logra comunicarse con los ya fallecidos. Esta dimensión mágica, inexplicable racionalmente, se denomina en el relato por parte del narrador, que no es otro que el mismísimo Salvador, como Oscuridad

El amor que surge de manera inopinada en esta pareja de seres ya maduros es una auténtica revelación para ambos, en especial para Salvador, un hombre soltero que se veía ya abocado a no vivir una pasión semejante. Salvador a lo largo del relato no quiere caer en el estereotipo masculino, no quiere tener la obligación de dar él el primer paso, no desea hacerlo porque tiene miedo al rechazo, al fracaso, quizás porque se sabe mayor. Montserrat es una mujer con arrestos, decidida; además de cajera en el supermercado donde trabaja es madre de Marc, un niño de ocho o nueve años que vive en Alemania con su padre del que ella está separada. Para Montserrat Marc es lo primero y eso Salvador lo sabe.

En la vorágine existencial y el aislamiento provocados por la decisión gubernamental del confinamiento obligatorio ambos, Salvador y Montserrat, hallan en su relación un salvavidas, una isla donde refugiarse de la sinrazón de la misteriosa pandemia surgida de la propia Oscuridad y de las decisiones de los políticos que bombardean las mentes de los ciudadanos con verborrea incesante y hueca: 
  • «Pongo la televisión y sale el presidente del Gobierno de España, o sea, Narciso, y en su cara brilla el virus de la entropía, pues tarde o temprano perderá unas elecciones y vendrá otro que abominará de él
  • «Narciso está en la tele de nuevo. Yo creo que le gusta. Mueve las manos en señal de una nueva liturgia en donde se comprometen la solidaridad, la eficacia gubernamental, la invocación igualitaria a todos y todas»[...]
  • «A nuestro Narciso le da igual el virus porque también está enamorado, pero de sí mismo. Los enamorados no vemos el virus. Yo estoy enamorado de Altisidora. Narciso lo está de sí mismo
  • «El Narciso de España se acerca a la psicopatía, al cinismo y al sadismo, el de Estados Unidos también.»
Frente a la vulgaridad de la vida cotidiana presente en esas comparecencias televisivas Salvador busca la belleza como único asidero vital. Lo encuentra en el amor a Montserrat a quien convierte en Altisidora, personaje cervantino de "El Quijote" obra que está releyendo y que frente a la Biblia, el otro libro que se ha llevado a la cabaña de la sierra es su auténtica guía vital. Antes que el Dios revelador bíblico, él prefiere el dios revelador humano, Cervantes, con sus contradicciones, sus errores sintácticos a veces y de contenido otras cuantas más. Salvador es un romántico, un idealista, que encuentra el amor en su madurez, que quiere que perdure pero no exclusivamente en un nivel genital o meramente sexual; por eso espiritualiza a Montserrat, la cajera del supermercado y como hiciera don Quijote con Aldonza Lorenzo transformándola en Dulcinea del Toboso, él transmuta a Montse, con el permiso de ella por supuesto, en Altisidora. Y Montserrat se entusiasma ante esta prueba de amor por encima de la mera cópula. Sentirse amado/a y deseado/a es casi más importante que el propio ejercicio de la sexualidad. 

Reflexión, humor, sexo, vejez, amor en Manuel Vilas

"La literatura es la habilidad de un escritor para ponerse en el punto
 de vista de alguien a quien a lo mejor no le cae bien
" // Foto:Clara Rodríguez

Hay en Los besos un claro homenaje al amor romántico; a Cervantes, que puso a recorrer el mundo a don Quijote, un idealista enamorado de un imposible; al amor en la madurez e incluso en la vejez; al ejercicio de la sexualidad en esa edad... En definitiva hay en esta novela una evidente reivindicación de la vida, aunque sin olvidar que es finita y que la entropía -concepto que como el de Oscuridad llena la novela- o sea la incertidumbre, el desorden consustancial a ella, está ahí elevándose por encima de los dioses actuales -en especial de la Ciencia- tal y como la COVID-19 ha venido a demostrar. En un mundo y una sociedad que vive de espaldas a la muerte como si la misma no existiese o ya estuviese vencida dice Manuel Vilas en una magnífica entrevista concedida al diario Voz Pópuli lo siguiente: «Nosotros, los escritores, lo que hacemos muchas veces a través de las novelas o de los ensayos es recordar que la muerte está ahí y tratar de contarla, describirla, precisarla… para que el lector lo recuerde. Hacemos como de recordatorio de los grandes temas de la vida que a veces la sociedad elimina de las pantallas porque son incómodos

Es curioso, pero nada extraño, que en esta respuesta al periodista Carlos H. Vázquez, Vilas convierta casi en términos equivalentes novela y ensayo; y es que mucho de reflexión, de especulación, de introspección, de pensamiento, hay en Los besos. Son pensamientos exclusivos unas veces de Salvador y otras, nacidos a través del diálogo con Montserrat. Salvador está constantemente sometiendo todo a análisis, incluso los elementos más insignificantes o que así pudieran parecerlo. En su proceso introspectivo salta de unos asuntos a otros de manera que a veces da la sensación de perderse en futilidades («Es una bombilla de 75 vatios. Fue una revolución esa bombilla, porque las de 60 vatios eran un tanto débiles y las de 100 eran excesivas. De modo que la de 75 fue un éxito que sí supuso un paso adelante de la humanidad.») aunque siempre hay algo importante en ello, en este caso el paso del tiempo. Esta manera de pensar, de considerar el mundo en derredor, de ver a Montserrat como Altisidora, de no comportarse como quizás se entendería debería actuar un hombre, lleva a Montse a tildarlo de loco, pero de loco maravilloso («Montserrat/Altisidora se ríe, se emociona también, y me dice: Claro que sí, es un nombre hermoso. Bien, ya soy Altisidora. Estás completamente loco, pero mientras no seas el Anthony Perkins de Psicosis me conformo. Porque no estás loco, ¿no?»). 

Lo anterior es muestra de la radical diferencia que existe en esta pareja de solitarios que han encontrado en los besos, manifestación y preludio del amor, un refugio a su soledad. Montserrat sólo es Altisidora en los brazos de Salvador, pues en el resto es una mujer que tiene bien asentados los pies en el suelo. Eso lo intuye o mejor lo sabe Salvador, casi desde el inicio de la relación. Sabe que por encima de todo para Montse está Marc, su hijo; y lo sabe aunque ella jamás lo diga de manera directa:
«cosa que no haré jamás [formularle a Montserrat la pregunta de si sería capaz de dar como prueba de amor su vida por él], porque sé la respuesta, la sé porque su hijo Marc es más importante que yo, y eso también es una obra maestra de la vida, el hecho de que ella esté más enamorada de su hijo que de cualquier hombre que haya existido, exista o existirá. Los misterios son todos profundamente hermosos.»
En la novela la dualidad hombre-mujer es evidente y se muestra sin tapujos porque no es lo mismo ser hombre que ser mujer. Quizás aquí, en el fondo anide el tono burlón e irónico de Vilas que disiente del pensamiento dictado por la superioridad respecto a cuestiones de género. En la invocación televisiva de Narciso a «todos y a todas» ya se percibe el sarcasmo; aunque no hay sarcasmo alguno en la distancia que separa la consideración suya y la de ella sobre lo que están viviendo durante los meses de 2020 que van de marzo a agosto:
«Ahora comprendo que ella en realidad, en el fondo, no pensaba como yo. Ella buscaba un amor en el tiempo, y yo una belleza atemporal. Ella buscaba un ser humano y yo un arquetipo. Ella buscaba el sol y yo una estrella más pequeña.».
En definitiva, Salvador es un romántico y ella una mujer realista que vive el día a día. Quizás de ahí derive la distinta actitud ante el sexo de uno y otra, la erotización y la destrucción del ideal amoroso por cualquier futilidad. 

El estilo es el propio de Manuel Vilas, un estilo reflexivo, introspectivo a veces, dialogado en otras aunque siempre de esa manera indirecta que los narradores fronteros con el ensayo suelen utilizar. El escritor de Barbastro construye una novela interesante que no deja indiferente, que habla de muchas cosas, en especial del Amor, del Tiempo, de la Muerte, del Olvido, del misterio de la vida (la Oscuridad en el relato), del Hombre y la Mujer, del Erotismo, de la Vejez, de la maternidad, etc., etc. Todo muy bien engarzado, sin forzar nada, con una naturalidad que enamora al lector de la literatura del de Barbastro.

Y enamora además porque la novela rezuma poesía, musicalidad, filosofía, trascendencia..., cultura de todo tipo. Como es habitual en el autor la música ocupa un lugar importante en la narración desde la clásica («Lascia Ch’io Pianga» de Haendel) pasando por los clásicos del jazz (John Coltrane, Nina Simone o Amy Winehouse) hasta compositores actuales de música romántica como Franco Battiato.  Vilas y el narrador en primera persona de la novela aman el Cine y eso se percibe en la utilización que hacen de él (con Psicosis de Hitchcock o con Deseando amar de Wong Kar-Wai, por ejemplo) como referente explicativo de su situación:
[Altisidora] «Es el agua frente a la piedra. El agua, como en aquella película que vi una vez, aquella que se titulaba 'Deseando amar', en donde al final de la historia nacía una pequeña planta en medio de las piedras.»  
Para finalizar sólo me quedaría aludir a lo que ya he manifestado al inicio de esta reseña y que es seña de identidad de su manera de hacer literatura. Manuel Vilas posee un estilo nihilista sí, pero que no cae en el desaliento; es consciente de que el capitalismo nos rodea por todos lados y que la ancianidad en la que a sus 58 años -casual o irónicamente la misma edad de Salvador en la novela- está a punto de ingresar no se desarrolla al margen del mismo.
  • «Somos sociedades llenas de ancianos, en España los ancianos son millones. Lo llaman envejecimiento de la población, que es un eufemismo.
  • «La invención de la ancianidad es la esencia de Europa. La tercera edad es un invento del capitalismo social. A veces pienso que el capitalismo tiene sentido del humor.»
Sólo una mirada irónica sobre la vida permite sobrellevar la inmensa contradicción que es la misma. A esto añade Vilas a través de Salvador la incesante búsqueda de la belleza. A la edad en que éste se encuentra sólo la belleza puede ser acicate para perseverar en la vida. En eso Salvador, a las puertas de la ancianidad, difiere de Montserrat quien con 43 años y un hijo aún es joven y vive con avidez el presente temporal y no la belleza atemporal que busca Salvador.
  • «Nos hacen vivir sin belleza, y lloramos en los callejones. Sin belleza, y bien alimentados, con buenos surtidos de antibióticos, con muchos médicos, con muchas escuelas públicas, pero sin belleza, sin un gramo de belleza en ninguna parte.»
  • «Ya sé por qué los ancianos perseveran en la vida. Es por la belleza. Porque el mundo es bello en sí mismo. En la ancianidad se descubre eso. Ya no hay ruido. Ya no está pasando nada. Solo pasan las horas, una detrás de otra.»
  • «"Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío, alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina", escribió el poeta español Luis Cernuda, y esa es la única libertad que cuenta
  • «una cosa maravillosa te regala la madurez es la desactivación de toda vanidad y la activación de la belleza del adiós, sea de la naturaleza que sea ese adiós y tenga la causa que tenga.»
Sólo una sola cosa más para definitivamente finalizar. La novela que ha comenzado con una sorpresa aunque suficientemente intuida por todos, el decreto del Confinamiento obligatorio durante tres meses de toda la población española, se cierra con otra sorpresa igualmente intuida o sospechada por todos, el autoexilio voluntario del Rey Juan Carlos I. Desde luego no ganamos para sorpresas, aunque como digo sean sorpresas de baja intensidad dado que estaban ya en la cabeza de todos. 


Si hay algo que me interesa especialmente en esta ocasión es conocer la opinión de aquellos que hayáis leído Los besos de Manuel Vilas. ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención de ella? ¿Os parece una obra distinta a otras del novelista o quizás os parece más de lo mismo? No sé, creo que es una novela que despierta preguntas en quien la lee; una novela, desde luego, apropiada para una tertulia literaria; una novela que, aunque trata de la intimidad de la pareja, estimula la discusión social sobre la misma. Una novela, en definitiva y de cualquier manera, interesante sin duda alguna.

3 sept 2020

Cine de verano o Verano de cine. Películas recomendables

18 comentarios:
Finaliza el verano 2020 que sin duda ha sido de los más raros que he vivido. Tan raro ha sido que ir a una sala de cine -actividad que para combatir el calor es de mis preferidas durante la estación- era toda una aventura en el estricto sentido de la palabra, vamos, que era peligrosa por culpa del virus maldito. Hasta el pasado día 7 de julio las Salas no pudieron abrir sus puertas al público que debía de acudir a ellas provisto de mascarilla, manteniendo la debida distancia de seguridad e impregnándose las manos de gel hidroalcohólico para mantener a raya a la COVID19 el enemigo con superpoderes que nos amarga la existencia desde hace ya siete u ocho meses. Si acudir a las salas era peligroso o incluso de marzo a julio imposible por el cierre obligado de las mismas, a los amantes de las películas sólo nos quedaba el Salón de casa y ver alguno de los cientos del filmes que en sus catálogos tienen las plataformas televisivas que, ellas sí, han hecho su agosto durante la pandemia. 


En mi caso yo he practicado los dos sistemas: el Cine en el cine y el del Cine en el Salón de casa. No es lo mismo, lo sé, pero las circunstancias así lo exigían. Antes de dar el listado y una muy breve opinión sobre lo más relevante visto durante este caluroso verano os diré que cuando el 7 de julio fui a una sala de Cine iba como si de emprender una insólita aventura se tratara, o sea, con cierto miedo y muchas prevenciones (las obligadas y las que yo mismo a mí me impuse). Todo fue prácticamente en vano pues en la inmensa sala en la que me disponía a ver "¿Dónde estás, Bernardette?" de mi admirado Richard Linklater [leer reseña aquí] estábamos a esa hora inclemente del verano, las cinco de la tarde, ¡sólo seis personas!, y cada una separada entre sí por al menos diez butacas en todos los sentidos cardinales que puedan considerarse. En visitas posteriores a otras salas parecía que el público se iba animando y que todo poco a poco tornaba a la Vieja Normalidad, pero no, parece que no, parece que el malo de la película, Covid19, no quiere abandonarnos o que somos nosotros quienes hacemos lo que no está escrito por que no se vaya de manera que ahora mismo campa a su aire por todas las tierras de España.

Así de mano os diré que la mayoría de los títulos los he visto en casa. Sólo dos veces fui en agosto a una sala siendo muchas las noches las que en casa me he entretenido viendo películas, la mayoría de ellas para olvidar y algunas -pocas, la verdad, sólo cinco- dignas de reseñar. Brevemente paso a decir algo de ellas.

En   Salas
Como ya hice no hace mucho un "A pares" sobre dos películas que había visto en julio [leer reseña aquí] hablaré exclusivamente de las de agosto, que fueron: "Todo pasa en Tel Aviv" y "Padre no hay más que uno 2"

"Todo pasa en Tel Aviv", Sameh Zoabi
  • "Todo pasa en Tel Aviv" 
Firma el director palestino-israelí Sameh Zoabi, un completo desconocido para mí, es una comedia situada en un contexto novedoso, el de la frontera entre Cisjordania e Israel. Todos los días Salam Abbas (Kais Nashif) debe cruzar el control militar israelí para llegar a Ramala ciudad palestina situada en la propia Cisjordania ocupada por Israel; allí en los estudios de televisión se produce la exitosa serie televisiva "Arde Tel Aviv" en la que él, un buscavidas, participa como guionista. 

La telenovela es de lo más visto tanto en Palestina como en Israel. El comandante israelí del puesto fronterizo, Assi (Yaniv Biton), algo picado con su esposa, fan incondicional de la telenovela, decide impresionarla y para ello pone dificultades a Salam Abbas solucionables sólo si acepta sus sugerencias argumentales sobre el desarrollo de la trama. El joven guionista que se halla en un momento de sequía creativa hace de la necesidad virtud y como puede va saliendo del enorme aprieto en que se ve envuelto.

Película muy entretenida, con golpes de humor inteligente muy atinados y que de manera desenfadada saca a relucir el enquistado problema del conflicto palestino-israelí cuya solución parece imposible. Quizás si todos nos riésemos más y participásemos en la vida cotidiana de uno y otro lado todo iría mejor, parece decirnos el director, palestino de origen e israelí de nacionalidad.

Padre no hay más que uno, La llegada de la suegra, Santiago Segura
  • "Padre no hay más que uno 2. La llegada de la suegra" 
El film de Santiago Segura ha sido mi segunda aventura en Salas de este agosto. El insoportable calor me empujó a verla, con el convencimiento de que el director y actor protagonista me haría pasar una hora y media de fresco alivio entre sonrisas. El elenco que le acompañaba, mención aparte de los cinco niños de la primera entrega que actúan de maravilla (Martina D'Antiochia, Luna Fulgencio Carlos González Morollón y sus hijas, Calma y Sirena) y de Toni Acosta, su esposa en la ficción, está compuesto por Loles León, Silvia Abril, Leo Harlem y cameos de un buen número de compañeros y amigos del propio Santiago Segura (Cristina Pardo, José Mota, Flo... y muchos otros más) cuya aparición en el film es uno más de sus alicientes.

A mí me ha parecido divertidísima y me he quedado boquiabierto viendo la naturalidad y soltura con que se manejan los niños. Todos ellos están fantásticos. Diré que he visto luego en casa la primera de la serie y la actuación de los cinco me pareció en esta primera aparición en pantalla mucho peor, como menos espontánea, más atenta a lo dictado por el director y por ello mucho más envarada. Desde luego como sigan así en la tercera secuela -que dado el éxito y la caja de hacer dinero que este Santiago Segura es, la habrá- serán ya artistas consumados.

En definitiva, muy muy divertida, con críticas por aquí y por allá al comportamiento social habitual entre nosotros muy bien traídas y muy bien actuadas. Muy recomendable para pasar un buen rato, sin buscar más en ella.


En   Casa

The farewell, Lulu Wang, La despedida
  • The farewell (vista en Movistar)
Esta película del año 2019 del director chino-norteamericano Lulu Wang plantea la dicotomía vivida por él mismo en cuanto al distinto comportamiento tenido en casa con la familia y en el colegio e instituto con los compañeros. En concreto la historia de la película, que Wang dice tomada de su propia experiencia vital, relata cómo Haiyan (Tzi Ma) y Jian (Diana Lin), padre y madre respectivamente de Billi (Awkwafina) ocultan a Nai Nai (Zhao Shuzhen), la abuela de Billi, el cáncer terminal que desde China Little Nai Nai (Lu Hong), hermana menor de Nai Nai, les acaba de comunicar que padece ésta. Haiyan y Jian no quieren que al viaje a China les acompañe Billi, educada ya en los valores culturales norteamericanos, para así no alertar a Nai Nai de su próximo fallecimiento; pero Billi que quiere con locura a su abuela y que ha visto fracasado su intento de conseguir una beca Guggenheim para proseguir o emprender estudios de literatura y escritura creativa desoye las advertencias paternas y se presenta en Changchun, ciudad china donde vive Nai Nai. Allí también acude desde Japón, país donde reside, Haibin (Jiang Yongbo), el hermano mayor de Haiyan, con la disculpa de celebrar la boda de su hijo y primo de Billi,  Hao Hao (Chen Han).

La cinta tiene un conseguido tono tragicómico al jugar con el desconocimiento por parte de Nai Nai de su enfermedad y el conocimiento que los espectadores tenemos. Ver a la abuela organizando la boda de Hao Hao con entusiasmo y fuerzas renovadas choca con los intentos de todos los miembros de la familia, Billi incluida que accede a mantener la farsa en pro de la armonía familiar, para que la abuela no se canse haciendo esfuerzos que la sobrepasen. Con mucha sensibilidad, en muchos momentos del film, se contrapone la felicidad de los contrayentes Hao Hao y Aiko (Aoi Mizuhara) con el anunciado próximo final de la abuela. 

La despedida (The farewell) final de toda la familia de la abuela al tener que retornar cada uno a sus países de residencia es de una fortísima y sentida emotividad. Pero como dice un dicho muy nuestro, 'Hasta el rabo todo es toro', y las películas sólo finalizan cuando la pantalla queda ya definitivamente en negro tras los títulos de crédito. Conviene pues estar atentos a los mismos, algo que deberíamos hacer siempre, ¿no os parece?


  • "Curiosa" (en Movistar)
Si hay algo muy francés ello es la estética utilizada en el ámbito de la perfumería para promocionar sus productos. Cuando llegan fechas en las que tradicionalmente se regalan productos para deleitar la pituitaria cuales son los días de la Madre, Navidades o Reyes Magos, los anuncios televisivos se llenan de etéreas mujeres que saltan, corren o se desmelenan al verse bellas y objeto de deseo de hermosos caballeros; de esta manera inundan nuestra vida y se plantan irreverentemente en el salón de casa donde estamos. Buff, a mí tanto perfume, tanta música seductora, tanta expresión de amor cómplice... me hastía y sí, lo veo como muy francés. 

Curiosa, Lou Jeunet, Cine francés erótico
Al saber que la directora de esta cinta que vi recomendada en un listado periodístico era gabacha, Lou Jeunet, todos mis demonios familiares antes comentados se me hicieron presentes y temí que me encontraría un empalagoso film en línea con esas ninfas seductoras y esos deseosos caballeros que pierden la cabeza por hacerse con sus favores. Pero, vaya, no, no fue así. Mi sorpresa fue grande y creo que "Curiosa" ha servido para reconciliarme con la filmografía gala dejando un poco de lado la aversión que últimamente he sentido hacia ella.

Es "Curiosa" una película que con ciertos reparos cabría calificar de feminista por eso de mostrarnos a una mujer que decide por sí misma mantener una relación deseada y placentera con un hombre al margen de su matrimonio impuesto por sus padres. Si nos paramos un poco a pensar el asunto (infidelidad matrimonial) y la época,(finales del XIX e inicios del XX) nos coloca en consonancia con la literatura -también la fotografía, No conviene olvidar que el partenaire masculino de la protagonista es el poeta y aficionado a la fotografía Pierre Louys- de corte naturalista.  

La peli se anuncia como un biopic de la escritora Marie de Régnier, de soltera Marie de Heredia, hija del poeta francés de origen cubano José María de Heredia. Marie que conoce desde bien pequeña el mundo de la literatura dada la cantidad de escritores que frecuentan la casa paterna es casada tempranamente con el poeta Henri de Régnier. Ella es una mujer libre cuyo matrimonio con Henri no es del todo satisfactorio y comienza a verse con Pierre Louys quien la cita como modelo en su estudio fotográfico donde posará de manera sugerente y poco a poco se establece entre ellos una relación adúltera en cierta manera consentida por el propio marido. 

Hay mucha sensualidad, mucho erotismo en el film que en ciertos momentos toca, sugiere o roza aspectos delicados como el de la corrupción de menores, relaciones incestuosas, prostitución... Estas situaciones son bastante explícitas en la película aunque no de mal gusto. La directora quiere -yo creo que lo consigue- mostrarnos a una mujer libre en una época muy difícil para ellas. La pena es que la libertad de esta mujer queda sobre todo -al menos en el film- referida a su ruptura con la fidelidad conyugal pero sigue unida al esposo del que depende en el aspecto material. Quizás se atisba un principio de verdadera independencia en la actividad literaria que en un momento de la cinta vemos que emprende la escritora. Tratándose de una obra sobre personas que hicieron literatura, salvo momentos puntuales el ejercicio literario aparece poco. Lo que más aparece son imágenes sugerentes en las que el hermoso cuerpo de Marie Régnier (Noèmie Merlant) es fotografiado y acariciado de una y ciento maneras por Pierre Louys (Niels Schneider), amigo de Henri Régnier (Benjamín Lavernhe), marido consentidor e incluso voyeur. 


  • "Padre no hay más que uno" (en Amazon)
Padre no hay más que uno, Santiago Segura

Fue tal la satisfacción que tuve al ver en Salas la secuela de ésta que no podía menos que hacerme con la inaugural de la serie. Así lo hice, pero he de confesar que la experiencia no me resultó demasiado grata.

Santiago Segura, verdadera máquina de hacer dinero con sus proyectos y realizaciones cinematográficas en esta primera entrega está como ensayando. Quiero decir con esto que los intérpretes -todos, pero sobre todo los niños- me parecieron como que no se creían sus papeles y que actuaban al dictado de lo que se les pedía pero sin meterse verdaderamente en sus personajes. Y lo mismo cabe decir de los mayores (Leo Harlem o Silvia Abril, por ejemplo),  incluido el propio Santiago Segura, que dejan unos personajes como no muy naturales. Quizás quienes en esta película más me hayan agradado hayan sido las secundarias madres de familia y partícipes en el chat de wasap del AMPA del colegio al que acuden los cinco hijos de la pareja formada por los personajes de Segura y Toni Acosta. Me refiero a Marta Navarro, Mónica Pérez y Diana González que junto a Wendy Ramos en el personaje de Rosaura, la sirvienta de la casa, y los cameos de Anabel Alonso,  directora del colegio, Ona Carbonell, ptofesora de natación, y otros muchos cameos más hacen que la cinta sea divertida aunque al conocer ya la continuación muchos de las situaciones perdieran efectividad para mí.

La conclusión tras haber visto en desorden las dos películas es que esta primera fue una verdadera sala de pruebas, un buen ensayo, para la siguiente en la que todos están a un nivel muy superior. Ojalá que la tercera (¡que llegará, seguro que sí, ya veréis!) supere a su vez a la segunda. Ya se verá.


  • "Mujercitas" (en Netflix)
Mujercitas, Louise May Alcott, #Metoo, Saoirse Ronan, Emma Watson, Timothée Chalamet
Dirigida en 2019 por Greta Gerwig -actriz y directora de películas importantes como "Lady Bird" en 2017- compitió por los Oscar en la última edición con seis nominaciones (mejor película, mejor vestuario, mejor actriz, mejor actriz de reparto, mejor guión adaptado, y mejor banda sonora original) aunque hubo de conformarse sólo con el de mejor diseño de vestuario. La verdad es que en esta edición la competencia era feroz y las expectativas depositadas en el film -y lo mismo le ocurrió a "1917"- no se cumplieron ni de lejos.

La historia que en 1868 escribiera Louise May Alcott ha sabido transitar, sin decaer en nada sino más bien al contrario, los más de 150 años transcurridos desde entonces. Considerada en principio una ficción dirigida a niñas y jovencitas, es actualmente muy bien vista por los movimientos en pro de la liberación de la mujer que desde las primeras décadas del siglo XX han agitado las sociedades occidentales hasta llegar a hoy con momentos tan álgidos como los desarrollados por parte de y en torno al pensamiento #Metoo denunciando acosos sufridos por mujeres en nuestro entorno cultural; del mismo modo actuaciones como las del colectivo Femen de ideología feminista radical persigue eliminar el patriarcado con sus 'saltos' haciendo evidente a través de la mostración de su cuerpo desnudo la utilización sexista del mismo en nuestras sociedades y el machismo presente en ellas hasta en los detalles más pequeños denominados micromachismos. 

Se entiende  así, pues, el gran auge, innegable éxito y mantenimiento en el tiempo de la historia de estas cuatro hermanas March (Meg, Emma Watson; Beth, Eliza Scanlen; Jo, Saoirse Ronan; y Amy, Florence Pugh) que con acierto y determinación quieren hacer valer su opinión en un mundo de hombres en el que ellas son sólo eso, unas mujercitas, unas muñequitas, para el disfrute de sus maridos elegidos como no podría ser de otra manera por sus padres. Y es que las 'mujercitas' son encantadoras pero ¡tienen tan poca cabeza!, dirían los hombres, que deben de ser dirigidas por ellos. Los padres de estas cuatro chicas que ya han llegado a la edad de casarse están protagonizados por Laura Dern y Bob Odenkirk. Otros personajes importantes de la historia son Theodore 'Laurie' Laurence (Timothée Chalamet. Imposible olvidar su magnífico papel en "Día de lluvia en Nueva York" de Woody Allen) y el de la Tía March que hace Meryl Streep. Como se ve un elenco de campanillas que ha contribuido también, y no poco, al éxito de la cinta.

Contra la opinión de que las mujercitas deban de ser cuidadosamente dirigidas por los hombres y cuyo único destino en esta vida sea el matrimonio y la consecuente maternidad se rebelan especialmente Amy y Jo ambas poseedoras de habilidades artísticas, una para la pintura y la otra para la escritura. Las dos compiten en la historia por la atención de Laurie, en especial Amy que hará todo lo posible para conseguir casarse con él. Jo colocará por encima de su vida matrimonial con su marido, el profesor y crítico literario alemán Frieridch Bhaer (Louis Garrel), su independencia y realización como persona a través del trabajo de creación literaria. 

Una película que, pese al conocimiento que se tiene de la historia situada en el contexto de la Guerra Civil norteamericana, tiene gancho para el espectador que mantiene viva su atención durante los 135 minutos de proyección. El trabajo actoral y el vestuario son en mi opinión los garantes del éxito del film que es la octava adaptación a la pantalla del libro de Mary Louise Alcott.

  • "1917"  (en Amazon)
Sam Mendes, 1917, Oscars 2019
Como digo en la entrada anterior a ésta coincidió la visualización de esta película de Sam Mendes con la lectura que en ese momento realizaba de la novela de Mayte Esteban, "La colina del almendro" 
[leer reseña aquí]. En ambas narraciones es la Primera Guerra mundial el marco en el que se encuadra la anécdota. La diferencia, sin embargo, es sustancial en ambas pues mientras que en la de la arriacense la misma es asunto colateral al principal, en la del realizador de "American Beauty" ésta es el universo en el que se produce un episodio bélico menor: el mensaje que deben llevar dos soldados (George MacKay como el cabo William Schofield y Dean-Charles Chapman como el cabo Tom Blake) de un destacamento a otro atravesando las líneas enemigas a propósito de la trampa en la que puede caer esa división militar de persistir en sus planes.

Aparentemente es un asunto insignificante -dos cabos que se juegan la vida pasando por el campo enemigo-, pero como todo rápidamente aparecen elementos que tocan nuestra fibra sensible y hacen comprensible acción tan arriesgada. El primero es que en ese grupo que de no ser avisado va directo al desastre está el Tte Blake (Richard Madden), hermano del cabo Blake; de aquí el enorme interés que este soldado tiene de emprender esta acción suicida. El segundo radica ya en el deseo de la obra bien hecha, de culminar el esfuerzo realizado y de homenajear al compañero que insufla ánimos al cabo Schofield, al principio reticente a participar en la operación.

El guion se debe al propio Sam Mendes que según comunica en los créditos finales tomó la idea argumental de una historia real que le relató siendo él adolescente su abuelo Alfred Mendes, participante en esa contienda europea que se llevó por delante según algunos cálculos a casi 60 millones de personas. Es una película fantásticamente dirigida, con unos planos largos que según algunos transmiten al espectador la sensación de estar rodado todo el film en dos o tres planos secuencia. Además de estos sorprendentes planos largos Sam Mendes sorprende por los efectos visuales y sobre todo por el sonido que te hace saltar en la butaca y esto a pesar de estarla viendo en el salón de tu casa. 

La cinta llegó a la última gala de los Premios Oscar con muy buenas perspectivas, dados los premios obtenidos previamente en galas como la de los Globos de Oro o los Bafta en las que barrió llevándose entre otros los de mejor película y mejor director. Por esto se pensaba que arrasaría en los Oscar a los que llegaba con diez nominaciones: mejor película, mejor director, mejor guion original, mejor banda sonora original, mejor fotografía, mejor sonido, mejor mezcla de sonido, mejor diseño de producción, mejor maquillaje y peluquería, y mejores efectos visuales; pero finalmente sólo obtuvo tres y además de los considerados menores: mejor mezcla de sonido, mejor fotografía y mejores efectos visuales. Una cierta decepción, desde luego. 

Para mí de las películas últimamente vistas es sin duda la mejor. Si hubiera de darle una calificación sobre 10, le daría la máxima puntuación con flecha para arriba. Lo de 'flecha para arriba' es un chiste que sin duda entenderán/éis perfectamente todos aquellos que os dedicáis u os habéis dedicado a la enseñanza, ¿no?



1 jul 2020

Mayte Esteban. "Doce horas"

23 comentarios:

Emotivas doce horas vividas durante un día de confinamiento por los vecinos de un edificio. Se tocan muchos aspectos de lo ocurrido durante el encierro, en especial a los trabajadores hospitalarios (médicos y enfermeras, principalmente), pero también a policías, trabajadores de supermercados, autónomos de hostelería, estudiantes, niños, ancianos...

La escritora 
La escritora Mayte Esteban
Mayte Esteban
(Guadalajara, 1970). Graduada en 1994 en Geografía e Historia por la Universidad de Alcalá de Henares. Su primera incursión en el mundo literario llega en 2008 con el Certamen de Cuentos y Narraciones Breves Ciudad de Cantalejo, donde obtuvo el segundo premio con el relato “La vida en papel”. Al año siguiente ganó el certamen con el relato “El reflejo”, basado en la pintura de Velázquez “La Venus del espejo”. En 2010, autoeditó sus dos primeras novelas escritas “Su chico de alquiler” y “La arena del reloj”, y tras la irrupción de Amazon en España publicó también la novela juvenil “El medallón de la magia” en dicha plataforma. Su siguiente novela “Detrás del cristal” fue editada y publicada por Ediciones B-Vergara tras el éxito de público y ventas obtenido en Amazon. Fue reconocida con el Premio RNR a la mejor novela sentimental 2013 y nominada a los premios DAMA 2014. En diciembre de 2014, vio la luz “Brianda, el origen del medallón”, novela juvenil publicada en Amazon, que da por finalizada la bilogía fantástica empezada en con El medallón de la magia.
“La chica de las fotos”, su sexta novela, ha sido editada y publicada por Editorial Harper Collins Ibérica y ha sido finalista en el premio internacional de novela HQÑ 2015. También en HQÑ apareció en 2017 “Puntos suspensivos” y en 2019 “Comer y amar todo es empezar”.
(información tomada de https://escaparateliterario.com/mayteesteban/)

La autora, que suele ser ubicada en la tendencia narrativa de novela romántico-erótica, sorprendió en 2019 con “La colina del almendro”, ambientada durante la Primera Guerra Mundial y que al decir de muchos de sus reseñistas es una auténtica gozada leerla. Ya por último en este 2020 presentó "Doce horas", la novelita que aquí comento publicada también por HQÑ y que fue ofrecida sin coste alguno durante el mes de mayo en Amazon en versión digital.

La novela
En ella domina el tono feelgood, que en castellano bien podría denominarse como 'buen rollito'. No hay ninguna voz crítica que se alce, siquiera medianamente molesta, contra el decreto limitador de movimientos. Todo está bien. Sí, fallece alguien, pero es un anciano. Todos los demás sucedidos son positivos: los estudiantes se enamoran; la pareja que esperaba un hijo y vivía con zozobra la gestación la superan con éxito; la dueña de la cafetería ahogada por los pagos y la falta de ingresos ve cómo la casera le perdona la renta; la abuela se reencuentra con sus nietos y su yerno que la cuidan y le tienen, amorosamente, prohibido comer churros aunque a ella le encantan; en el hospital un enfermo se ha curado y es desconectado del respirador que hasta entonces precisaba...

Todo es muy bonito y, hablo en serio, ha conseguido humedecerme el lagrimal, emocionarme. Pero una vez cerrado el libro, echo en falta en él una versión más real de lo vivido (y que aún estamos viviendo). Como me decía el otro día mi hijo en España por lo visto en las televisiones se diría que la enfermedad ha sucedido -está sucediendo- como con guante de seda: no se ven ni se han visto imágenes duras de la realidad de lo ocurrido y las pocas que se han mostrado han sido objeto de crítica por eso de que no convenía desmoralizar. Los informativos sólo hablaban de fiestas en los balcones, procesiones mofas de la Semana Santa, bailes e incumplimientos en algunas calles, playas con mucha gente, bares o fiestas clandestinas, ciudadanos que paseaban muñecos de peluche... En fin, un ambiente de cierta simpatía, de gente pícara, gente vividora... que intentaba escapar de la norma gubernamental. Pero lo grueso: dolor, estancias interminables en hospitales, soledad, fallecimientos, enterramientos o cremaciones en soledad, etc., como que se ha escondido. Y no quiero hablar de la bronca entre políticos por un quítame aquí estos muertos. Terrible.

En cuanto a la manera de escribir he de decir que con mucho agrado se lee a Mayte Esteban pues su pluma fluye ágil sobre la página. Los personajes que dibuja son seres normales, cualquiera de nosotros podría ser uno de ellos, con lo que la identificación del lector es fácil. Tenemos  a Sofía y Claudia, dos amigas veinteañeras, que comparten confidencias para así sobrellevar mejor el confinamiento; a Miguel, un policía a punto de ser padre que por seguridad no puede acercarse a su mujer, Ana, hasta que nazca su hija; a Asunción, una abuelita viuda que vive sola aunque está muy en contacto con su familia; a Rosario, inquilina de Asunción, y que regenta una cafetería en el barrio; a María Jesús, enfermera de UCI; a Adrián, cuyo padre está en el hospital aunque parece que abandonará la UCI en breve...

La acción se inicia a las 20:00 horas, las ocho de la tarde, cuando los confinados salíamos a balcones y ventanas para aplaudir el esfuerzo realizado por quienes estaban en primera línea en la lucha contra el COVID19 y de paso animarnos los unos a los otros para así sobrellevar mejor el obligado y necesario encierro. Finaliza a las 8:10 del día siguiente cuando María Jesús, enfermera de UCI, regresa a casa tras la agotadora jornada laboral y entra en la habitación de su hijo que según le cuenta su marido está inquieto ante los cambios operados en sus rutinas: papá no sale ya a trabajar, su madre duerme de día y él desde hace unas semanas no va al colegio ni puede salir a jugar.

Las doce horas discurren ordenadamente en forma de breves capítulos. Les precede uno titulado como el libro que da paso a esas doce horas de un día cualquiera del confinamiento en Madrid. Tras los once siguientes protagonizados por unos u otros personajes de este edificio de vecindad hay una especie de epílogo de título "Otra vez la vida" que viene a ser una llamada de ánimo y un soplo de optimismo que ayude a soportar el estricto confinamiento decretado. Esperemos que estos buenos deseos finalmente y de manera definitiva se hagan realidad y vuelva la vieja normalidad. ¿O deberemos de acostumbrarnos a la incómoda nueva normalidad en la que ahora estamos instalados?

Conclusión
Este libro de Mayte Esteban, que me ha agradado sobre todo por haberme descubierto a una buena escritora que desconocía, presenta en mi opinión sólo ese lado 'buenista', que afortunadamente sí ha existido, pero obvia de una manera para mí excesiva la otra parte del asunto: la tragedia verdadera de lo que ha ocurrido y que aún está sobrevolando nuestras cabezas.

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Nota:
Así como hubo -y hay- una tendencia narrativa surgida a raíz de la crisis económica de 2008, entiendo que la pandemia del Coronavirus ocasionará una corriente o dirección que con atrevimiento etiqueto en esta entrada como 'COVID19'. Si se afianza o no, el tiempo lo dirá. Lo que es cierto es que la conmoción provocada por el antipático virus es tal que difícil será que su impacto no deje huella literaria. Desde luego el relato de Mayte Esteban  así como la infinidad de Diarios de la Pandemia o del Confinamiento o del Encierro o como quiera que quien los escribía decidiera llamarlos es inmensa. Yo mismo he echado al respecto mi cuarto a espadas y en mi otro blog que llamo "Reflexiones" y subtitulo como 'El otro blog de Juan Carlos' durante las trece semanas que duró el Estado de Alarma realicé algo así como una especie de serial con entrega semanal de sus episodios que llamé 'temporadas'. Invito a quien quiera leerlos a hacerlo; tan sólo tiene que entrar en "Reflexiones" haciendo clic en el nombre anterior.