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15 mar 2024

Revisitando a Antonio Orejudo

12 comentarios:

«La rebelión gramatical es la única revolución que nos queda. Hoy aquella heroica resistencia contra el fascismo consiste en negarse a hablar como los animadores de los programas de variedades, consiste en evitar las expresiones que imponen los políticos o las series de televisión más populares, y en no repetir jamás los lemas ideados por las agencias de publicidad. Hay que resistir frente a esa dictadura de la vulgaridad que nos iguala a todos por abajo, que nos obliga a expresarnos mal y por lo tanto a pensar con dificultad.»

Un momento de descanso, Humor paródico, Universidad española

Por circunstancias de la vida que no viene al caso contar aquí, he vuelto a leer por segunda vez en el plazo de cinco meses una novela de Antonio Orejudo. Se trata de Un momento de descanso, creo que quinto título salido del, si se me permite decirlo así, obrador Antonio Orejudo.   

Sobre el sentido del vocablo caso se habla mucho en el Lazarillo de Tormes, ¿recordáis? Seguramente algunos no sabéis o no recordaréis a qué me refiero ni qué puñetera relación puede existir entre la segunda lectura realizada en marzo de 2024 de una novela aparecida en 2011 y la novela escrita en 1554. «Hasta el día de hoy nunca nadie nos oyó sobre el caso», leemos en el prólogo de la picaresca novela; y sólo es al final de la misma que alcanzamos a descubrir el sentido escondido en esa palabra. El caso actual entra más en el terreno de la sana y sincera amistad, no hay que buscarle otras significaciones. Pienso que no hay que declararlo, si bien quienes sigan un poco de cerca este blog podrán acercarse a su desvelamiento; y si no lo desvelaren tampoco pasa nada, quédense con una agradable reunión de amigos en la que entre otras cosas se comentó una novela del escritor madrileño.

Antonio Orejudo es un novelista distinto a muchos otros como ya dejé dicho en la reseña que en este mismo blog publiqué hace ahora exactamente un año. Allí, en el comentario que hice de Fabulosas narraciones por historias, primera novela del escritor, escribí:
«Lo que busca el escritor con estos contrastes, constantes a lo largo de toda la novela, entre lo elevado y lo degradado, lo excelso y lo zafio, lo culto refinado y lo populachero rijoso es la parodia y a su través la desmitificación, volver humano aquello que tenemos sobrevalorado.»
Dice el novelista en alguna que otra entrevista que he leído por ahí que su intención al parodiar lo considerado culto, elevado e intocable es recuperar la narratividad que desde la Generación del 27 y durante buena parte del siglo XX estuvo en serio peligro. A Orejudo le repatean obras en las que todo queda en el plano del lenguaje o de la construcción o estructura narrativa; por ejemplo, vamos, abomina de la obra de Juan Benet Había empezado a estudiar la influencia de Benet en la literatura española, pero no había encontrado nada y no sabía qué hacer», dice en Un momento de descanso hablando de la especialidad de Luis Baeza, un andaluz graduado en USA que buscaba tema para su tesis). Yo, según leía esta novela, pensaba que el novelista afincado en Almería sería buen seguidor de Enrique Vila Matas. Así pues en cuanto tuve oportunidad de hablar directamente con él fui y se lo lancé. Para mi sorpresa me dijo que no, que para nada, que al escritor barcelonés Fabulosas narraciones por historias no le había gustado nada, y que a él a partir de entonces este catalán tampoco le agradaba demasiado (y echó unas risas).

Lo anterior viene a corroborar, en mi opinión, uno de los principios esenciales del arte de novelar de Antonio Orejudo: que a donde no llega la realidad, se impone la ficción. Y eso es lo que vemos en sus novelas donde se coloca al mismo nivel, por ejemplo, títulos literarios tan reales, estimados y valorados como El Quijote de Miguel de Cervantes y otros puramente ficticios como «El sabio Salamanquesa, un poema didáctico del siglo XVIII firmado por el maestro Pablo Mora-Rey» (en su novela Un momento de descanso). Y para reafirmarse en la idea declara allí que ambos títulos son obras de ficción, de manera que echando mano de su indudable vena humorística dice:
«Para mí la única diferencia entre el Quijote y El sabio Salamanquesa era que el primero podía encontrarse en una biblioteca o comprarse en una librería y el segundo no.»

Cuando en mi grupo de lectura comentamos junto al escritor su primera novela, Fabulosas narraciones por historias, al hilo de las preguntas que unos y otros le hicimos, en un momento dado afirmó que sus novelas eran todas distintas, pues no le agradaba repetirse: que Ventajas de viajar en tren (2000), su segunda novela, bebía en el conocimiento que él poseía sobre el mundo de los trenes al ser de familia de ferroviarios; que la última, titulada Grandes éxitos (2018), la había planteado al estilo de la presentación de los hits de música; que al vivir en Almería le había dedicado un libro a esa ciudad titulado Almería, crónica personal (2008)… Vamos, que él siempre partía de lo real, de su propia experiencia vital, tal y como sucede con Un momento de descanso inspirada claramente en su experiencia americana donde pasó siete años trabajando como profesor y donde se doctoró por la State University of New York at Stony Brook.

Como se ve, pues, sus ficciones novelescas se asientan en su propia realidad vivida a la que añade las debidas dosis de ficción porque la realidad nunca es suficiente. Él siempre está presente en sus novelas, que por ello cabría calificarlas de autoficciones, aunque estoy convencido de que este encasillamiento a él no le satisfaría demasiado. Precisamente cuestiones propiamente literarias como éstas  afloran por doquier en sus obras que constantemente tienen un pie puesto en la metaliteratura. En la quinta de sus novelas, y siempre fiel al principio irónico y burlesco predominante en su narrativa, el protagonista ante el acoso profesional al que se ve sometido en su Universidad ve que 

«Los profesores más jóvenes y más sensibles a lo posmoderno digamos, los mismos que habían escrito ensayos sobre la autoficción o que estudiaban la mezcla de realidad e imaginación en la narrativa contemporánea fueron los más intransigentes conmigo. [...]
Los seniors, en cambio, los profesores más veteranos, los que se habían formado en la vieja escuela, fueron más indulgentes. Especialmente Elías Rivers.»

Es Antonio Orejudo un autor que analiza la realidad como si de un calcetín se tratara. Quiero decir que nos la muestra por su haz y por su envés, o sea, que cual si de un inmenso oxímoron se tratara presenta una visión y su opuesto con lo que logra o fuerza al lector a crear su propia intelección. Un nuevo sentido que no es mejor ni peor que los anteriores, pero que tiene la virtualidad de ser exclusivamente suyo, del propio lector. Y así es constantemente en las dos novelas suyas que hasta el momento he leído. En Un momento de descanso la construcción de la realidad se va realizando en la cabeza del narrador Orejudo a base de relatos de lo mismo que le refieren, como si de un puzle se tratara: la versión de Arturo Cifuentes, su compañero de juventud; la versión de Lib. la exmujer de Cifuentes; la propia versión de Antonio Orejudo cuando convivió con Cifuentes en USA; la versión de la profesora Magdalena Lima-Pintón; el relato de Virgilio Desmoines, rector de la Universidad e hijo del fundador de la misma, Augusto Desmoines; el relato de Florencio Castillejo, hijo de Claudio Castillejo, compañero de Augusto Desmoines y en alguna de las versiones fundador de la Universidad; etc. El autor-narrador y a su través nosotros mismos, los lectores, al finalizar la lectura sacamos una idea aproximada de la realidad presentada a través de las distintas perspectivas de cada actuante en la misma.

Y luego, en el novelista afincado en Almería, está el estilo que a mí me ha resultado grato de leer y que ya en otras entradas sobre Antonio Orejudo he señalado: mezcla de géneros (en Un momento de descanso hasta el musical americano), mezcla de estilos narrativos, utilización sistemática del estilo paródico, ruptura de la normativa narrativa establecida, constantemente usa técnicas narrativas como el perspectivismo y las cajas chinas, etc. Y todo esto lo realiza de manera a veces muy novedosa, muy sorprendente, al menos para mí, como avisar al lector del cambio estilístico que va a realizar. Así en un momento dado y de la manera habitual, o sea, sin avisar, el narrador hace uso del estilo indirecto libre («No, Arturo no me había contado nada, pero yo lo sabía», pág, 142), para proseguir utilizando de manera combinada este indirecto libre con el habitual en tercera persona; todo este párrafo finaliza en un momento dado con el aviso por parte del narrador del paso al estilo directo: «Y a continuación empezaron a hablar en estilo directo», (ibidem).

Desde luego, cuando menos, interesante es la forma de novelar de este escritor, no siempre del gusto de todos, con frecuencia por esa manera tan liviana que tiene de poner al mismo nivel lo más excelso con lo más abyecto, algo que, en mi opinión, no siempre es bien comprendido por todos. Valga un ejemplo que considero más que clarificador:
«Mel había estudiado Teoría de la Literatura en Cornell, pero lo había dejado todo por el porno.
[...]
En la industria hemos creado una jerigonza para entendidos que resulta ininteligible para el común de los mortales. En eso el porno me recuerda algunas veces a la crítica literaria. ¿Sabes qué es la crítica literaria?
—Más o menos.
—Yo estudié crítica literaria…, pero, bueno, eso es otra historia.
»
 
Tertulia literaria ¡más que palabras...'

En cada visita o revisita que hago a este madrileño, profesor titular de Literatura española en la Universidad de Almería, más elementos interesantes descubro en sus novelas. Son novelas de una extensión media pero con una densidad profusa que, en mi opinión, las hace inagotables. Proseguiré leyéndole pues su lectura me enseña cosas que desconocía o tenía arrumbadas en la memoria, disfruto con su peculiar proceder literario y sobre todo me divierte y entretiene, sin duda alguna una de las principales finalidades del arte literario.

Las respectivas reseñas de las dos novelas de Antonio Orejudo que he leído se pueden visitar pinchando en los títulos de cada una de ellas:

21 oct 2023

Antonio Orejudo: Un momento de descanso

10 comentarios:

✔«Cifuentes admiraba a aquellos físicos y neurobiólogos aficionados a la literatura y capaces de mantener una conversación de cierta profundidad sobre (pongamos por caso) los fundamentos del arte contemporáneo. ¿Qué colega suyo en el Departamento de Spanish podía decir siquiera cuáles eran los principios generales de la física cuántica?
✔«Al final comprendí que obsesionarse con distinguir nítidamente entre realidad e imaginación era un error operativo y conceptual que además conducía a la neurosis. Entendí que era más razonable —y también más exacto— considerar que la imaginación es un sexto sentido, tan fidedigno o engañoso como los demás.»

Antonio Orejudo, Un momento de descanso
Sinopsis
(proporcionada por la propia editorial)
Como un fantasma del pasado, Arturo Cifuentes reaparece un día en la vida del narrador Antonio Orejudo. Cifuentes es un viejo amigo de la facultad, con el que Orejudo compartió casa en Nueva York, cuando ambos encontraron sus primeros trabajos en Estados Unidos, y al que suponía ya establecido en aquel país. Han pasado diecisiete años desde la última vez que se vieron, Cifuentes se ha divorciado y ha regresado a España para ocupar un puesto en la facultad donde estudiaron. Y tiene mucho que contar: las relaciones con su hijo adolescente, la crisis de su matrimonio, su infausta peripecia profesional y, sobre todo, su desencanto profundo con las humanidades. El narrador, que recapitula también sus experiencias determinantes de aquellos años, no sospecha, sin embargo, que su viejo amigo quiere proponerle algo de más calado, que les afecta a ambos: desenmascarar a los farsantes, descubrir las raíces de una vieja y permanente conspiración.

Un momento de descanso se estructura en tres partes. Primera, 'Aparece un fantasma', relata el encuentro de Antonio Orejudo con Arturo Cifuentes y la puesta al día de la vida de éste durante los 17 años que estuvieron separados. El propio Arturo le ha buscado porque desea que Orejudo escriba una novela denunciando la impostura del que fuera su benefactor, Augusto DesmoinesSegunda, 'El nacimiento de un escritor', cuenta la vida de Orejudo en USA: Cómo nace su estilo literario mezcla de realidad e imaginación desbordante colocados ambos en el mismo nivel, lo que provoca el descontrol en el lector que quiere deslindar siempre lo sucedido real de lo sucedido imaginado. Antonio Orejudo confiesa que así, con esta técnica de escritura, es con la que escribió sus tres obras anteriores, en especial la primera, Fabulosas narraciones por historias, gestada en USA, y también las dos siguientes. Tercera, 'La felicidad', momento en que la trama da un giro de 180º: los propósitos iniciales de Arturo Cifuentes van a difuminarse y las seguridades del propio Orejudo se tambalean al ver que las versiones sobre lo mismo de unos y de otros difieren mucho, radicalmente en ocasiones. Con todo y con ello al finalizar la novela encontramos que la ahora nonata novela, antes deseada,  sin embargo acabamos de tenerla en nuestras manos. 

Antonio Orejudo, que es profesor titular de Literatura española en la universidad de Almería y que pasó siete años en  distintas universidades estadounidenses, tira de su experiencia americana y española para confeccionar un relato en el que la realidad compite con la ficción rompiendo fronteras. Cuando la realidad no es suficiente la ficción acude para llenar ese vacío. En definitiva esto es la novela que tenemos en nuestras manos, una habilidosa y bien lograda mezcla realidad-ficción que alcanza una simbiosis tal, que se hace difícil si no imposible separar ambas dimensiones. Este es en definitiva y por lo que llevo leído de Antonio Orejudo la principal seña de identidad de su estilo, de su manera de escribir.
 
Leyendo Un momento de descanso observamos cómo la integridad de la persona como valor supremo de comportamiento se tambalea y se relativiza enfrentado con el día a día del mundo. Da la impresión de que todo se quiebra, se fragiliza y que aspectos aparentemente tan insustanciales como la denominada democratización del lenguaje están, o pueden estar, en la base de la demolición de los valores supremos. Y a todo esto, viene a preguntarse el autor convertido en personaje de su propia novela, ¿existen valores supremos? Vivimos en un mundo en el que no existe seguridad alguna ante nada. Antonio Orejudo presenta estas cuestiones tan profundas y serias envueltas en un atadillo de humor que hace de la lectura de su novela un más que agradable pasatiempo. Pasatiempo que desde luego no equivale a pérdida de tiempo dado que hay mucha sustancia en todo lo que aquí él escribe. El contexto -de la importancia del contexto se habla mucho y con acierto en la novela- es la vida universitaria, en especial la universidad española y también, aunque en menor medida, la americana.
«¿Nunca se ha parado a pensar por qué apenas se han escrito novelas de campus en español? Yo se lo voy a decir: [...] Una novela realista, cualquier libro sobre la universidad española, aunque sea un libro de investigación como el suyo, está condenado a convertirse en una astracanada. Los que no conocen el mundillo académico pensarán además que es inverosímil. Haga la prueba.»
En el fondo esto es lo que el propio Antonio Orejudo está realizando y poniendo en nuestras manos, una novela realista sobre la universidad española. Pese a la enorme seriedad del asunto que se trata, en esta narración, como ya he dicho, hay humor, mucho humor. Es un humor inteligente, irónico, paródico, que esconde una carga crítica de gran profundidad, pero que es muy deseable. Ejemplos los encontramos a mares en Un momento de descanso: la crítica a la alta cocina; crítica al victimismo (negros, mujeres, homosexuales...); al mundo universitario español: enchufismo (oposiciones dadas, etc.), envidias entre colegas...; al sistema escolar americano: el niño Edgar sin aptitudes para la danza es animado por su profesora para participar en un concurso televisivo enfrentándose al padre, Arturo Cifuentes...

Pero en esta novela no sólo hay trama, asunto, relato. También es muy importante el estilo que muestra su autor. Muchas son las características del mismo que han llamado mi atención, por ejemplo la  innovación en la introducción del diálogo en estilo directo eliminando los signos de puntuación, pero manteniendo los verbos que lo introducen «Dice» - «digo»; también la conversión, sin previo aviso, de la narración novelística en un musical cinematográfico o en un collage de géneros; igual que la mucha metaliteratura y también autobiografismo que como todo en esta novela lindan con la autoficción («Yo, un tema que me sabía de memoria y recitaba de corrido. Yo, un tema que cada vez me aburría más.»), tendencia con la que el autor ironiza hasta el extremo de que en la narración quienes más insisten en su expulsión de la institución americana en la que él disfrutaba de una beca de profesor asociado son precisamente 
«Los profesores más jóvenes y más sensibles a lo posmoderno digamos, los mismos que habían escrito ensayos sobre la autoficción o que estudiaban la mezcla de realidad e imaginación en la narrativa contemporánea fueron los más intransigentes conmigo. 
[...] Los seniors, en cambio, los profesores más veteranos, los que se habían formado en la vieja escuela, fueron más indulgentes. Especialmente Elias Rivers.»
Claramente circula, contenido en la cita anterior, muchísimo humor; un humor que incide en que no existe necesariamente mayor verdad o consistencia en los jóvenes que en los mayores y para ello  Antonio Orejudo lo que hace es parodiar, hacer uso, en una arriesgada vuelta de tuerca, del sentido carnavalesco tan propio del  posmodernismo. 

Es Antonio Orejudo, en sentido lato, un humanista. Y es él mismo quien en la figura de su personaje o en la de otros ficticios que lo acompañan en la narración (Arturo Cifuentes, Virgilio Desmoines, Francisco Almendra, Raquel Medina, etc.) hace una acerada crítica de las humanidades versus la ciencia. Es muy interesante y hasta divertido el choque dialéctico entre Arturo Cifuentes y su novia Lib -luego ya esposa- cuando, siendo Cifuentes y Orejudo profesores becados en USA, discuten sobre si mejor sería que los niños estudiasen Historia de las Ciencias y no Historia de la Literatura. Pero el novelista no se para en barras y su crítica irónica llega incluso hasta el sarcasmo, como cuando lanza esta afirmación sobre la Filología Hispánica:
«Filología Hispánica aún no se había convertido en una carrera de saldo, aún no era la licenciatura de los que no pueden estudiar algo más serio por falta de capacidad o de nota media. Cuando nosotros entramos en la universidad, Filología Hispánica era todavía una disciplina en la que se matriculaban no sólo quienes no servían para las ciencias, sino también jóvenes de cierta cultura, chicos a los que les interesaban de verdad las letras, y que habían leído bastantes libros para su edad.»
Penosamente coincido con la afirmación que, cuando se redacta esta novela aparecida en 2011, vierte Orejudo acerca de estos estudios; una afirmación que he oído a muchas otras personas (ahora mismo recuerdo al arquitecto y académico de Bellas Artes Luis Fernández-Galiano lamentándose de que las humanidades, los estudios filológicos, se hubiesen desprestigiado de tal guisa en los años finales del siglo XX e iniciales del XXI). ¡O tempora, o mores! 
 
Dejo para el final, pero no lo pienso desvelar, claro, el escondido sentido del título, de ese sintagma nominal, Un momento de descanso. Leyendo la novela queda claramente diáfano. Sólo diré, a modo de resumen, que la novela realiza un recorrido por los entresijos de la integridad humana. ¿Mejor acomodarse que exigirse? ¿Mejor la mediocridad que la excelencia? ¿Dónde y mejor se consigue la felicidad? Todos estos extremos son los que se cuestionan y se ponen en solfa en esta novela de Antonio Orejudo en la que él mismo, como he dicho, se metamorfosea en personaje.

Nota final
Es seguro que algunos elementos propios del estilo de Antonio Orejudo, presentes en Un momento de descanso, habré dejado sin señalar, sin consignar, sin destacar. Estoy convencido de ello porque la novela es, aunque breve, prolija y densa en detalles, en rasgos particulares, en signos definidores de las novelas de su autor. Por ello y para paliar en lo posible esta laguna, esta carencia, remito a la reseña que el pasado mes de marzo publiqué en este mismo blog de la primera novela del autor titulada Fabulosas narraciones por historias. Creo que en esa primera obra ya están presentes, si no todas, sí muchas de las características estilísticas que significan la novelística del escritor madrileño.

24 mar 2023

Fabulosas narraciones por historias de Antonio Orejudo

12 comentarios:

«Con el tiempo me he dado cuenta de que todos los esfuerzos de las criaturas de ficción van encaminados a convertirse en seres de carne y hueso. Los escritores, en cambio, seres de carne y hueso, hacen todo lo posible para convertirse en criaturas de ficción algún día: en estatuas, en billetes de banco, en sellos o en temas de libros escolares.»

Fabulosas narraciones por historias, Antonio Orejudo
Acabo de finalizar Fabulosas narraciones por historias de Antonio Orejudo, novela publicada en 1996 ganadora del Premio Tigre Juan. Es una novela histórica de corte paródico en la que los personajes más reconocidos del momento -los años 20 y 30 del siglo pasado- son puestos en solfa a través de una ficcionalización imaginativa (historias fantásticas) tomando la base nominativa y algunos textos reales de unos y de otros (José Ortega y Gasset, José Moreno Villa, Alberto Jiménez Frau, Juan Ramón Jiménez...) pero de manera histriónica. Los grandes personajes de la historia literaria agrupados en torno a la Residencia de Estudiantes son presentados con nombres populares o coloquiales que bajan a tierra a los seres míticos: Juan Ramón es Juancho; Ortega y Gasset, Pepe Ortega; Moreno Villa, Pepe Moreno o simplemente el Moreno; Ramón Gómez de la Serna es Moncho; etc., etc.

Junto a estos seres reales, pero ficcionalizados de modo muy imaginativo, se mueven los tres grandes protagonistas de la novela (Martiniano, Santos Bueno y Patricio Cordero) que actúan como reventadores de lo considerado más serio de la denominada Edad de Plata literaria y cultural española. El centro de su actividad es la Residencia de Estudiantes que consideran máquina creada por Ortega para instaurar una nueva estética que se lleve por delante el gusto popular por, por ejemplo, la novela realista tipo Galdós. Además de intentar reventar esta valorada institución, este comando de activistas contraculturales centran sus acciones en las tertulias que tanto predicamento tuvieron en España en ese período.

Toda la diversidad sociocultural y política que existía en la España que va de 1923 a 1939 fundamentalmente, si bien en las últimas páginas y en algunos de los fragmentos que sucesivamente vienen a componer la novela las fechas se aproximan a nuestro momento vital (1977, 1986 e incluso 1994), aparece reproducida en la composición de los estudiantes de la Residencia (los Republicanos, los de la Oposición, los Ultraístas, el grupo del Sindicato, los Saharauis...) y en los grupos de intelectuales que acuden a las dos tertulias que compiten entre sí en el Café Jute. Estas tertulias, la del veterinario Maximiliano Quintana y la del editor Carlos Hernando, representan lo viejo, lo antiguo; es por ello que para revitalizarse quieren llevar a ellas a alguna personalidad de las que agitan el panorama intelectual.

La novela histórica, según la mayoría de sus adeptos refleja la vida real más fidedignamente de lo que jamás puede hacer la Historia. En los libros y tratados históricos el Pueblo, los hacedores de la Historia no aparecen o a lo sumo son sombras formando parte de colectivos como la Nación, la Sociedad, el Ejército, e incluso, en extensísimo sustantivo, la Gente. Por contra es en la novela histórica en la que quienes conforman estas colectividades adquieren consistencia de individuos. Diríase que la Historia (así, con mayúscula) se hace más creíble, mas verdad, en las pequeñas historias personales de los seres particulares. Pero, ¿ocurre tal cosa en la novela de Antonio Orejudo?

Leyendo Fabulosas narraciones por historias topamos con la sorpresa y la incredulidad debidamente trabajadas por el autor. Los personajes históricos que aparecen, la mayoría de ellos literatos y científicos reales de la España de los años 20 y treinta principalmente, nos sorprenden pues, aunque son descritos -¡y con reiteración!- con las frases hechas que estamos acostumbrados a escuchar desde siempre y cuya veracidad jamás hemos cuestionado, sin embargo su comportamiento dista mucho de la dignidad que emana de dichas frases:
«Asistirán a la suso cena: el ilustrísimo catedrático don Miguel de Unamuno, la más fuerte personalidad de la generación del 98; don José Ortega y Gasset, el incansable luchador por la europeización cultural de España; don Santiago Ramón y Cajal, el ilustre neurólogo de fama mundial; don Grehorio Marañón, que junto a una ingente labor científica cultiva los estudios históricos; don Eugenio D'Ors, célebre por su seudónimo "Xenius"; el ingenioso escritor don Ramón Gómez de la Serna; y don Ramón Pérez de Ayala, nacido y educado en Oviedo. Tras los postres, Federico, el mejor intérprete del alma de Andalucía, nos obsequiará con una lectura pública de sus últimos poemas y con un recital de su música.»
Lo más impactante de todo el enunciado anterior es que, además, quien repetitivamente lo escribe y fija en la convocatoria de actos de la Residencia de Estudiantes es el conserje bedel de la misma, el señor Iglesias, representante cualificado del español de a pie que quiere elevarse a través de la cultura. ¿Impactante que un bedel construya textos tan relamidos que parecen epitafios de futuro? Algo sí, desde luego; pero mucho más impactante es comprobar que los grandes cerebros que así son presentados, para algunos estudiantes residentes y narradores anónimos o conocidos de alguna de las partes en que se distribuye la novela no son más que Juancho (Juan Ramón Jiménez),  Pepe Ortega (Ortega y Gasset),  Pepe Moreno o simplemente el Moreno (José Moreno Villa), etc. En ocasiones incluso, en un claro anacronismo que nos acerca a nuestro hoy, estos prohombres se reducen a siglas RGDLS (Ramón Gómez de la Serna, JR (Juan Ramón), JOYG (José Ortega y Gasset), JMV (José Moreno Villa), y así otros más.

Por si lo anterior no fuera suficiente, las descripciones y acciones que acompañan a estos seres que, pensamos, profesan el amor al arte, se afanan por el desarrollo del país y cultivan constantemente el intelecto, nos los muestran:
  • rebajados a su condición de humanos mezquinos y avaros en algunos casos (JRJ está en la Residencia porque se la dan gratis o acude a la tertulia del Jute porque le pagan por ir)
«Dos años atrás, la última vez que Juan Ramón Jiménez se había alojado gratis en la Residencia, ésta debía de estar atravesando también un momento de crisis.» 
  • se mueven por instintos nacidos en su bajo vientre (Ortega y Gasset se ha acostado con todas las mujeres posibles, incluso con las que son tenidas por muy respetables)
«Yo no creo que un incansable luchador por la europeización cultural de España como don José ni que una dama tan respetable, como la baronesa María Luisa Babenberg, cometan adulterio»
  • son sexualmente acosadores (Moreno Villa, jefe de estudios de la Residencia aprovecha su cargo para abusar de algunos colegiales)
«—Dicen que el Cantos y don José Moreno han llegado a un acuerdo —anunció el Guanchi.
—No sólo han llegado a un acuerdo, sino que me parece que están saliendo —respondió sin inmutrase el Amancio.
—¿Qué me dices? ¿Saliendo? ¿Pero no estaba don José tan quedado con el Migue?
»
  • manipulan las corrientes y/o tendencias artísticas exclusivamente por razones dinerarias (el arte puro, la deshumanización del arte defendida por Ortega y discípulos sólo busca hacerse con el imperio de la industria editorial en España)
«Se ve a la legua que Babenberg es un mecenas; pero en realidad es un comerciante que ha encargado a Ortega la creación de una generación literaria rentable a medio plazo, que dé dinero, lo único que le interesa.»
«La Generación del 27 fue una buena idea de Pepe Ortega y de Leo, un negocio redondo.»
  • Etc.
Pero ¿es verdad todo lo que vamos leyendo? Esta es la pregunta que según avanzamos en la lectura nos corroe. Estructuralmente  el libro es fragmentario y, aunque lineal, el resultado de la unión de fragmentos variopintos reales y ficticios, un auténtico collage [Aviso: los epígrafes de los apartados que forman dicha estructura los tomo del estudio que la profesora Pilar Lozano Mijares dedica a esta novela en su libro de 2007, La novela española posmoderna]
  1. La historia ficticia de los tres amigos: Martiniano, Patricio y Santos. Su peripecia al discurrir junto a seres históricos constituye el meollo de la Novela histórica que puede considerarse Fabulosas narraciones por historias.
  2. Cartas que van apareciendo según discurre el relato anterior y que con firma ilegible se datan desde 1986, las primeras, hasta 1994, la última. Precisamente esta última, ya muy próxima la fecha al momento de escritura de la novela, es la que en cierto modo revela muchos de los extremos que el lector ha tenido en suspenso durante el proceso de lectura. Otras cartas son del personaje Santos a su familia.
  3. Artículos periodísticos reales. Especialmente los tomados del diario El Sol donde publicaba Ortega y Gasset ensayos filosóficos que luego conformarían volúmenes como La España invertebrada o La deshumanización del arte.
  4. Artículos periodísticos seguramente ficticios procedentes de una publicación pornográfica, La Pasión; de una revista femenina, Mujer de hoy; y de un diario, La libertad. Están firmados por seres ficticios. Junto a estos artículos, al estilo de lo que el norteamericano John Dos Passos comenzase a hacer en su novela Manhattan Transfer, se introducen anuncios publicitarios de la época.
  5. Por último y ya hacia el final una serie de actas de una supuesta sociedad secreta.
  Visto lo anterior es comprensible que la mezcolanza de ficción, realidad y realidad caricaturizada provoque descreimiento. Un descreimiento natural porque choca, como ya he dicho antes, con el conocimiento asentado sobre la literatura de este período. Antonio Orejudo tira de vena humorística para mostrarnos un momento de la historia de España, especialmente en su vertiente literaria aunque no sólo, forzándonos a replantearnos todo dado que en la muestra que hace de lo real, por muy hiperbólico o deformado que se presente, algo habrá sin duda alguna de realidad: Ortega, un mujeriego; Juan Ramón un tacaño y andaluz cerrado en su hablar; Azorín, tío de Martini, un bárbaro que de un golpe deja tuerto a su sobrino; García Lorca, un presumido ocurrente que disfruta tocando el piano, imitando a políticos o leyendo sus poemas porque así recibe el aplauso de sus admiradores... ¿Verdad, mentira?

¿Miente el novelista cuando escribe tales cosas sobre estos mitos de nuestra cultura? No completamente, porque cierto es que Juan Ramón era un onubense que hablaba de modo muy cerrado, que Ortega disfrutaba recibiendo el afecto femenino, García Lorca actuando... y así todo. Lo que ocurre es que como en toda caricaturización estos rasgos de manera de ser o comportamiento el novelista los exagera, los lleva a un extremo que hace dudar de si estamos en el terreno de la verdad o en el de la pura invención.

Según leía esta novela muchas otras obras escritas por autores de ese período o de otros llegaban hasta mí evocados desde las líneas del relato. Así, por ejemplo, cuando Santos, decidido a tener relaciones sexuales con su tía Carmen, echa mano de la literatura que maneja, la de las revistas pornográficas, y el narrador nos dice: «La evocación de sus héroes de ficción, de sus trabajos y sus días, infundió en su espíritu, de natural poco emprendedor, el coraje necesario», el contraste entre la vulgaridad de los héroes que Santos tiene en su cabeza y la referencia al título del poema de Hesíodo  Los trabajos y los días es brutal, destructora total del concepto elevado de cultura mantenido entre nosotros. 
Lo mismo sucede con muchas otras referencias que estos personajes, vulgares en su mayoría, realizan de otros de reconocida categoría. Por ejemplo la que en una de esas cartas de firma ilegible quien escribe le dice, a propósito de Santos Bueno, al novelista destinatario (¿quizás el mismo Orejudo, quizás Patricio Cordero u otro que está realizando la novela que estamos leyendo?): «Lo que usted afirma de su padre es mentira. Su padre era un mendrugo; y aunque hubiera sido el monstruo que usted dice, ¿qué? Desde que lo pusiera de moda Kafka —al que usted menciona—, todo el mundo justifica su carácter, cuando no sus atrocidades, echándole la culpa al pobre progenitor.». La evocación de la famosa Carta al padre de Frank Kafka es más que evidente. Y así a lo ancho y largo de toda la novela. No puedo finalizar esta parte sin la evocación que tuve de El castellano viejo de Larra leyendo el comportamiento de la familia de Santos Bueno en Fuentelmonge, su pueblo soriano:
«a continuación los Bueno empezaron a sorber la sopa con gran estrépito. Tal vez lo habían hecho siempre, pero Santos reparaba en ello después de haber visto a Babenberg ingerir líquidos como por arte magia. Cuando la hubo terminado, su padre se frotó las manos, entrechocó los dientes y chasqueó la lengua varias veces para gustar bien su sabor. [...] su abuela cuando terminó comenzó a servir el conejo soltando las tajadas a media distancia y salpicando bastante. Mientras la abuela servía, su padre comía pan a pellizcos, metiendo el dedo entre la miga» [...]
Lo que busca el escritor con estos contrastes, constantes a lo largo de toda la novela, entre lo elevado y lo degradado, lo excelso y lo zafio, lo culto refinado y lo populachero rijoso es la parodia y a su través la desmitificación, volver humano aquello que tenemos sobrevalorado. La mera contraposición de los tres personajes ficticios versus los escritores y artistas del entorno de la Residencia de Estudiantes; la sucesión desordenada de fragmentos de elevada cultura con otros de libidinosa pornografía; la diferente procedencia sociocultural de Santos respecto a los otros dos amigos sirven para marcar esta contraposición:
«Santos no pedía lo imposible: sólo una familia con algo de interés, con un pasado oscuro; qué menos que tener un miembro maldito o por lo menos excéntrico, un abuelo maniático o un tío artista»
Todo lo comentado y resaltado hasta aquí lleva a encuadrar la novela dentro de la tendencia narrativa del posmodernismo. Del posmodernismo sé que se ha asentado en el mundo cultural mediante lo que Mijail Bajtin denominaba la carnavalización, la parodia, la exageración caricaturesca. Son procedimientos que encuentran en la ironía, el humor y lo burlesco la manera de penetrar y cuestionar conceptos o momentos históricos asentados culturalmente. El humor nunca es inane, siempre hace reflexionar; el humor utiliza siempre la exageración para por contraste con el elemento real del que parte intentar acercarse a su auténtica verdad. Y ahí, en estos presupuestos es donde se encuentra esta novela.

Una novela de citas
Al ser el posmodernismo en este caso literario, la indagación hacia el pasado se halla en forma de textos ya escritos con anterioridad. Por esto es la citación, a través de la cita literal escueta, la cita intratextual o/y la mera evocación, de lo que fundamentalmente se vale. Fabulosas narraciones por historias de Antonio Orejudo es una obra que bien podría describirse como una novela de citas. Se ve en la estructura señalada más arriba en la que aparecen citas textuales junto a otras ficticias que simulan ser verdaderas, o sea, paródicas, y que por esto mismo el choque entre unas y otras provoca que perdamos la seguridad absoluta de su veracidad dado que el grado de verosimilitud acompaña a todas. 

Leyendo la novela no podía por menos que pensar en la anterior novela leída y reseñada por mí en el blog: Montevideo de Enrique Vila-Matas. En ambas es el recurso de la citación lo más característico. Llega la misma al extremo de utilizar la intratextualidad, es decir, el citarse el propio texto a sí mismo, de manera abundante. Es lo que sucede con esas descripciones ya asentadas de las características personales o artísticas de los grandes autores de esta edad de plata que culturalmente fueron los primeros 40 años del siglo XX y los últimos veinte del XIX. En ese medio siglo largo España vio florecer una literatura que albergó autores diversos y hasta opuestos en sus estéticas como Galdós (realista-naturalista); los del 98, que intentaron renovar de alguna manera el realismo narrativo con relativa poca fortuna (Unamuno sería el más innovador, también el primer Azorín); los del 14 se decantaron por la novela poética de escasa receptividad popular (Gabriel Miró) o por la novela vanguardista (Gómez de la Serna, Pérez de Ayala y así); y los del 27, que en gran mayoría y casi definitivamente fueron poetas o vertieron sus deseos de contar en dramas y tragedias (García Lorca es un buen ejemplo en ambos casos). 

Lo que, en mi opinión, hay en esta novela de Antonio Orejudo es, junto a una serie de temas menores más (la envidia, la hipocresía, el deseo, la venganza, la amistad...), la reivindicación del género de la novela narrativa que casi casi desaparecerá a partir de la Generación del 27 del panorama literario español considerado culto, quedando reducida a circular por las galerías subterráneas del gusto popular, de donde nunca desapareció, en forma de novela erótica o pornográfica y de otros géneros tenidos por subliterarios como el policíaco, el de aventuras, o la novela criminal. Esta vena oculta no emergería hasta el final de la dictadura franquista en 1975. Y así en el primer capítulo de Fabulosas narraciones por historias se reivindica este hilo de escritores que aunque nada conocidos en su tiempo o tenidos por mediocres, -caso de Patricio Cordero Pereda, el autor de la novela The Beatles que ningún pope literario de su tiempo quiere prologarle- sin embargo con los años serán muy bien considerados:
«Pese a lo que digan los libros, no crea usted que en aquellos años todo el mundo leía a Pepe, a Juan Ramón, o que todos adoraban a Lorca; o que Unamuno era conocido por todos los españoles. Entonces la gente era como ahora. ¿Conoce hoy todo el mundo a García Hortelano a Claudio Rodríguez, a Cela, a Juan Marsé o a ese chico joven, Eduardo Mendoza? No. Pues entonces, lo mismo.»

La lectura de esta primera novela de Antonio Orejudo, el estilo de su prosa, su manera de presentar el mundo en la narración, incluso la época en la que se sitúa la acción, me ha hecho recordar otras lecturas actuales situadas en el mismo tiempo e incluso que tocaban asuntos socio-literarios semejantes. Me refiero en primer lugar a Juan Manuel de Prada en su "Las máscaras del héroe", una primera novela igual que Fabulosas narraciones por historias lo es; también a La novela de un literato de Rafael Cansinos Assens, si bien en Cansinos Assens no hay parodia ni histrionismo sino simplemente memorialismo y anecdotario; incluso el tono utilizado en la serie Episodios de una guerra interminable de Almudena Grandes me lo ha recordado esta novela de Orejudo. Es evidente que estamos ante la novela de un gran lector, de un gran conocedor de la literatura; al respecto no hay que olvidar que el autor (nacido en Madrid en 1963) es profesor titular de Literatura española en la Universidad de Almería.

Para finalizar
Fabulosas narraciones por historias es una obra inagotable por extensa; son tantos sus elementos, sus técnicas (perspectivismo, anticipaciones, diversas figuras del narrador, metaficción, intertextualidad, etc.) que hacen difícil contenerla en una reseña. A mí me basta con manifestar mi personal opinión: me ha gustado, me ha parecido una novela original y arriesgada. Sólo le pondría un mínimo pero: la novela parece desbarrar un poco a partir del final de la guerra civil. La historia se acelera y si bien la exageración paródica y el histrionismo están presentes en el relato desde el principio, al final se precipita por una cuesta en mi opinión demasiado 'gore'. 




Nota
Ayer mismo tuve la oportunidad, junto a mis compañeras de tertulia, de dialogar directamente con Antonio Orejudo Utrilla sobre su novela. Como esta reseña yo la tenía ya prácticamente escrita antes de acudir a la cita, dejo para el blog del grupo de lectura más que palabras... el comentario de lo que supuso para todos este encuentro tan instructivo, agradable e interesante.
Tertulia literaria 'más que palabras...'