28 sept 2013

"Austerlitz" de W. G. SEBALD

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De la literatura que últimamente ha caído en mis manos, esta obra de W. G. Sebald nacido en Wertach, provincia de Allgäu, al sur de Alemania, el 18 de mayo de 1944, es la lectura que me ha resultado más dificultosa y al tiempo, una vez vencida ésta, más interesante. Es evidente que no me habría acercado a esta ¿novela? de no haber mediado mi pertenencia a la tertulia literaria "Más que palabras" pues fue allí donde se puso sobre la mesa este título como propuesta de lectura veraniega. Y como es de bien nacidos ser agradecidos, desde aquí mi agradecimiento por procurarme -y procurarnos- este descubrimiento.
La novela es la narración de la indagación de los orígenes del personaje Austerlitz que da título al relato, contada esta investigación por él mismo en conversación con un narrador que nos la transmite a su vez,  con lo que todo el texto es una auténtica 'mise en abyme' en la que las diversas voces narrativas surgen unas de otras al estilo del juego de las cajas chinas:
  • "A veces, dijo Lemoine, dijo Austerlitz, le parecía sentir allí arriba la corriente del tiempo en torno a su frente y sus sienes, pero probablemente, añadió, sólo era un reflejo de la conciencia que se ha formado en mi cabeza de las diversas capas que ahí abajo, sobre el suelo de la ciudad, se han ido superponiendo." (pág. 196)
  • "Lo que nos molestó especialmente, eso, dijo Austerlitz, observó Véra, fue el inmediato cambio a la conducción por la derecha." (pág. 123)
Junto a este continuado recurso, Sebald utiliza otros:
a)  Estructura formal, sin división en capítulos. Le sirve para remarcar su idea -fundamental en esta obra- de la inexistencia del tiempo: "para Austerlitz había momentos sin comienzo ni fin y que, por otra parte, toda su vida le parecía un punto ciego sin duración" (pág. 83). Y esto pese a que los encuentros entre el narrador-personaje (con casi total certeza el propio autor) y el protagonista (Austerlitz) se producen durante el espacio temporal de al menos 30 años (1967 - 1997). Que estos encuentros tengan lugar en localizaciones diferentes (la ciudad de Amberes, Londres, o Paris) poco importa dado que los espacios donde acaecen los sucesos entran a formar parte de ese continuum espacio-temporal:
 "siento casi físicamente cómo la corriente del tiempo se desacelera en el campo de gravitación de las cosas olvidadas. Todos los momentos de mi vida me parecen entonces reunidos en un solo espacio, como si los acontecimientos futuros existieran ya y sólo aguardaran a que nos presentáramos de una vez en ellos" (pág. 178).
b) Detallismo descriptivo exacerbado. Si algo hay que vencer en esta novela son las páginas iniciales del relato  en las que Sebald realiza prolijas descripciones de los distintos elementos arquitectónicos que conforman la fortaleza belga de Breendonk. Es tal el grado de detalle alcanzado que el lector -me refiero, naturalmente, a mi experiencia- entra en estado de incomprensión y sorpresa al no entender el porqué de tal procedimiento. Como es evidente, varias decenas de páginas después iremos desentrañando el propósito autoral que no es otro que profundizar en su idea de disolución temporal pues aquello que en el siglo XVIII fue creado como instrumento de defensa va a alcanzar otra utilidad en los años de la ocupación nazi, la de sede de las torturas del invasor; al tiempo este recurso también le sirve para  expresar que nada ni nadie está íntegro si  prescinde de -o  ignora- alguno de los elementos que lo conforman.
c) Utilización de fotografías como un elemento narrativo más incorporado al relato.
Se trata de fotografías antiguas, borrosas, o tomadas al azar de elementos perdurables como el empedrado de una calle. Con ellas Sebald pretende -esta es su obsesión- recuperar el pasado incorporándolo al presente del que, en su ideal de tiempo, sin lugar a dudas forma parte. Estas fotos, junto a otros elementos que aparecen en su literatura, llevan a algunos de sus estudiosos a clasificar este y otros relatos del escritor alemán dentro de la categoría de la "non-fiction novel".
d) Introducción de citas en el idioma del texto citado. Así sucede con algunos versos de poemas especialmente queridos para Austerlitz como estos de Thomas Merton: "And so I long for snow to sweep across the low heights of London" / "London a lichen mapped on mild clays and its rough circle without purpose…"(pág. 26). También cuando con Marie visita el zoo en París: "No era raro oír gritar en nuestros paseos a alguno de los niños, que los adultos siguen llevando al zoo: Mais il est oú? Pourquoi il se cache? Pourquoi il ne bouge pas. Est ce qu'il est mort" (pág. 182). Con esto, de nuevo, pretende incorporar al presente narrativo lo vivido en el pasado recordado.
e) Culturalismo.  Son numerosísimos los escritores, pintores, pensadores..., próximos o lejanos, cuyos nombres y/ u obras  aparecen citados (H. G. Adler, Balzac, Ibsen, Víctor Hugo, Turner, Campanella, Dan Jacobson, etc.) y  que contribuyen a esa sensación de totalidad y ruptura de fronteras de todo tipo [realidad / ficción; pasado / presente / futuro; localismo / universalismo; etc.] que Sebald logra alcanzar con su literatura.
Todos los procedimientos antes señalados están al servicio de esa investigación sobre la identidad personal de Austerlitz, que llegó a England en 1939 en un tren cargado de niños como él era entonces a quienes  sus padres querían salvar de la guerra que se avecinaba y que ya estaba a las puertas de la ciudad de Praga de donde partió. Su rastreo toca las penosas consecuencias que tuvo el nazismo sobre la población -especialmente sobre los judíos- que se vio afectada por el mismo. El nazismo -piensa Sebald- es el pasado que conviene asumir a los alemanes; y el momento desde el que lo aborda, el presente. 

Este presente recibe también su legión de reproches por parte del novelista:

  • El consumo de alcohol: "Con la cabeza apoyada en la pared y respirando hondo y despacio cuando me venían náuseas, llevaba observando un rato ya a los trabajadores de las minas de oro de la City, que a esa hora temprana de la noche acudían a su abrevadero habitual," (pág. 28)
  •  La manipulación de la historia por parte de los nacionalismos: "Nuestra dedicación a la historia, según la tesis de Hilary, era una dedicación a imágenes prefabricadas, grabadas ya en el interior de nuestras mentes, a las que no hacemos más que mirar mientras la verdad se encuentra en otra parte," (pág. 52)
  • El mundo de la educación, en especial el universitario: " en 1991, me jubilé anticipadamente, en parte, dijo Austerlitz, por la estupidez que, como me consta, se extiende cada vez más también por las universidades," (pág. 86)
  •  La arquitectura sin funcionalidad (el faraonismo): "El nuevo edificio de la biblioteca [se refiere al edificio Mitterand de la Biblioteca Nacional francesa], que, por su trazado, lo mismo que por su reglamentación interna, raya en lo absurdo y trata de excluir al lector, como enemigo potencial, era casi, eso, dijo Austerlitz, dijo Lemoine, la manifestación oficial de la necesidad que se anunciaba cada vez más insistentemente de terminar con todo aquello que tenía aún una vida en el pasado." (pág. 195)
Por último señalaré dos leitmotivs que surcan toda la obra:  el frío y el azar. El primero aparece reiteradamente como la melodía que acompaña la vida de estos seres que quieren conocerse verdaderamente a sí mismos. Es un frío que hay que reconocer, que forma parte de los hombres (en este relato se refiere a los alemanes), y asumirlo sin pretender equivocadamente ignorarlo porque el pasado no se volatiliza sino que conforma un todo con el presente:
 "Sabía que en el terreno sobre el que se levantaba la estación se extendían en otro tiempo prados pantanosos que llegaban hasta los muros de la ciudad, los cuales durante los fríos inviernos de la llamada pequeña edad glaciar, se helaban durante meses y en los que los londinenses patinaban, con patines de hueso atados bajo las suelas, lo mismo que los habitantes de Amberes sobre el Escalda" (pág. 92)
"Antes, dijo finalmente Austerlitz, había aquí [se refiere ahora a París] grandes pantanos, en los que la gente patinaba en invierno, lo mismo que ante la Bishop's Gate de Londres," (pág. 199).
Y el azar, que está en la base de la vida, es elemento recurrente. En la novela los encuentros entre los dos personajes protagonistas son siempre fortuitos y no preparados. Así sucede en la Central Station de Amberes en 1967 al inicio del relato; luego en la cafetería del hotel de Londres 20 años más tarde; y en general siempre: "nuestros caminos se cruzaron de una forma para mí incomprensible hasta hoy, en casi todas mis excursiones belgas de entonces, totalmente sin método." (pág. 19). Pero también toda la indagación que Austerlitz realiza sobre su identidad está regida por el principio de la casualidad -que no causalidad-, como puede verse cuando en 1992, casualmente, en la librería de su admirada dueña Penélope Peacefull, escucha una conversación radiofónica entre dos mujeres maduras que recordaban su exilio de niñas y este hecho provocó que en Austerlitz se desatase el pensamiento sobre sí mismo.

Resumiendo: Una literatura novedosa y difícil que merece una lectura por todo lo que encierra. La pena es que su autor nos abandonó en 2001, el mismo año en que apareció esta novela, al sufrir un accidente automovilístico consecuencia de la niebla en que su vehículo se vio inmerso. Paradójicamente W. G. Sebald luchaba todos los días por que la luz disolviese las zonas neblinosas del hombre. Es lo que tiene vivir, que es una azarosa sorpresa continua.



14 sept 2013

Searching for Sugar man

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Como el cine documental no es completamente de mi agrado, he tardado bastante en ver la película del director sueco de ascendencia argelina Malik Bendjelloul titulada Searching for Sugar man. Pero todo llega en esta vida y aunque los cines ya la han retirado (el film es de 2012), caritativos amigos me la han hecho llegar nada menos que en versión original con subtítulos en español. En mi proyección particular no sé qué c... pasó con los mismos que no aparecieron y disfruté de la búsqueda de Sixto Rodríguez en inglés. Me enteré de casi todo, algunas cosas entendiéndolas y otras -la mayoría- simplemente intuyéndolas. Pero lo mejor de todo son los temas musicales de este pedazo de artista que había "muerto" para la música -y para algunos también físicamente- en los años 70. ¡Qué temazos! Siete de ellos podéis escucharlos en este mismo blog en la página "Música que me gusta escuchar".

Esta película documento investiga sobre la fugaz aparición en los 70 del cantante mexicano-norteamericano Sixto Rodríguez en la ciudad de Detroit, quien vio dos discos publicados. Y ahí acabó su éxito; fue algo fugaz. Lo que él no sabía es que al otro lado del mundo en la segregadora Sudáfrica algunos de sus temas, en especial el titulado "Sugar man" se había convertido en una especie de himno contracultural, para más inri, dentro de la comunidad afrikaner. Los jóvenes afrikaners blancos cantaban estos temas pese a la oposición y censura de sus mayores que se los prohibían, consiguiendo lo que suelen lograr las prohibiciones, mitificarlos.
Conseguida la caída del régimen del apartheid, algunos reclamaron ver a Sixto Rodríguez en Ciudad del Cabo, y así en 1998 dio seis conciertos que alcanzaron cotas míticas para los sudafricanos, pues los padres podían enseñar en vivo a sus hijos e incluso algunos a sus nietos la música con la que vibraron durante los años oscuros.

Los vinilos guardan muchos secretos como el de Rocríguez

La calidad de los temas musicales, la sencillez de las personas que ayudan al director y guionista Malik Bendjelloul en su proceso investigador (las hijas de Rodríguez, algunos musicos que lo acompañaron, los editores de sus dos discos, etc.) y la calidad de las imágenes hicieron que Searching for Sugar man obtuviese el Óscar a la mejor película documental del año 2012.

Si podéis verla, fantástico; y si no, al menos disfrutad de una magnífica voz y una música excelente.

12 sept 2013

Poesía de hoy y Poesía de siempre

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Poetas de hoy hay muchos, pero populares muy pocos. Joaquín Sabina sin duda es ejemplo de poeta que aúna ambas  características. Según su voz de cantante ha ido menguando, ha crecido su  voz poética. Su libro "Ciento volando de catorce" publicado en 2001 es demostración de que los formatos tradicionales (soneto en este caso) no están reñidos con el éxito y más cuando su autor, convencido ya quizás de que la canción entonada le ha vuelto la espalda, se ha centrado en la declamación de sus textos, en especial los de este libro que va ya por su 16ª edición.
Los poemas tocan la mayoría -si no todos- de los temas característicos de Sabina: el alcohol, la fiesta de los toros, el sexo de urgencia, el amor, la calidad de ciudadano, la política, la amistad sincera, etc., etc. Oírlos recitados por el propio Joaquín es un disfrute tremendo. En You Tube hay muchos vídeos referidos a este poemario. Yo he elegido éste que contiene 36 de los cien sonetos, pero he escogido como poema inicial el que dedica al gran maestro  Antoñete, aunque es recomendable escuchar todos los que le siguen y anteceden.

Y de los poetas de ayer qué voy a decir, populares hay muchísimos y escoger uno por eso de completar el título elegido es costoso. Pero con todo y con eso me lanzo al ruedo y hoy elijo a Manrique, el buen hijo que a la muerte de su padre le compuso esas 40 coplas magníficas que de tanto leerlas y comentarlas me acompañan desde hace muchos años.

Muchos intérpretes han declamado y entonado los 480 versos que las componen. Entre ellos Paco Ibáñez destacó durante años, pero sin duda Amancio Prada le ha dado un tono más cercano a nuestros gustos actuales. Su actuación en el teatro de la Abadía el año 2011 es la que pongo aquí arriba.

Pero la poesía es sobre todo texto. He aquí completo el de las Coplas a la muerte de su padre. De las cuarenta, para los premiosos, recordaré la primera y la última, magníficas ambas:

      COPLA I                                                                      COPLA XL

Recuerde el alma dormida,                                           Así, con tal entender,
avive el seso y despierte,                                              todos sentidos humanos
contemplando                                                             conservados,   
cómo se passa la vida,                                                 cercado de su mujer,    
cómo se viene la muerte                                               y de hijos, y hermanos,  
tan callando;                                                                y criados,
cuán presto se va el plazer,                                          dio el alma a quien gela dio,            
cómo después, de acordado,                                        el cual la puso en el cielo  
da dolor;                                                                    en su gloria.   
cómo, a nuestro parescer,                                           Y aunque la vida perdió,    
cualquiera tiempo passado                                           nos dexó harto consuelo    
fue mejor.                                                                  su memoria.


30 ago 2013

Vivencias intencionales: "Las Horas" de Michael Cunningham y Stephen Daldry

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En mis clases de Literatura Universal, para ilustrar el tema de la renovación de la narrativa europea a principios del siglo XX, solía echar mano de la película de Stephen Daldry "Las horas" (2002). En este film se puede ver cómo la principal impulsora del Círculo de Bloomsbury, Virginia Woolf, realiza el proceso creativo de una de sus principales novelas, "La señora Dalloway", cómo la escritora se veía 'invadida' por los seres de ficción que construía y de qué manera ella elegía, eliminaba o modificaba los comportamientos de sus personajes. Es en mi opinión una fantástica película para presentar ante los alumnos al "artista en pleno proceso de trabajo". Pero, además, los alumnos gustaban de ella al verse atrapados por el resto de la historia magníficamente presentada por el director inglés y excelentemente actuada por tres grandes actrices, -Meryl Streep, Julianne Moore y Nicole Kidman-, protagonistas de la tres historias que en contrapunto se van desarrollando (Nicole Kidman es Virginia Woolf durante un día cualquiera de 1923, año en que se hallaba en pleno proceso constructivo de su novela "La señora Dalloway"; Meryl Streep es Clarissa Vaughan, una señora Dalloway actual que transita por el Nueva York del año 1998 ultimando como su homónima literaria los preparativos de la fiesta que dará por la tarde a Richard, poeta enfermo terminal de sida y antiguo amante suyo; y Julianne Moore es Laura Brown, una obligadamente 'feliz' esposa de Dan, excombatiente de la guerra del Pacífico, con quien tiene un hijo y está encinta de otro. Laura está leyendo un día de 1949 en el confort burgués de su hogar de Los Angeles la novela que 26 años atrás escribiera Virginia Woolf y que le está removiendo no pocas cosas en su interior).
El que los personajes que estas mujeres representan marquen estadios diferentes en el camino de la plena liberación de la mujer, así como observar que los problemas humanos son en esencia siempre los mismos, y el canto a la vida que emana del film a pesar del tono sombrío que por momentos tienen algunas de las historias, también atraía a mis alumnos y provocaba que su interés por la obra de Stephen Daldry no decayese en ningún momento.
Yo, que también disfrutaba de la reiterada contemplación de la obra de Daldry, con frecuencia me preguntaba cómo sería la novela de la que el film era adaptación. Así fue como este año decidí meter mano a "Las horas", novela de Michael Cunningham, fechada en 1999, momento en que el sida golpeaba con fuerza a la comunidad homosexual norteamericana. Esta epidemia tuvo, paradójicamente el efecto de dar visibilidad a un colectivo que tradicionalmente había vivido dentro del armario. Michael Cunningham presenta en este relato, que mereció reconocimientos como el premio Pulitzer y el PEN/Faulkner, tres historias en contrapunto (Nueva York a finales del siglo xx; Richdmon, barrio a las afueras de Londres en 1923; y Los Angeles, 1949) unidas por una argamasa que atraviesa todas ellas: la novela "La señora Dalloway" de Virginia Woolf.

Al término de la lectura de la novela concluì que la versión cinematográfica sigue fielmente el relato novelesco centrándose, lógicamente, en los tres personajes femeninos antes señalados y dejando un tanto de lado a otros que en la novela de Cunningham tienen cierto relieve como son:

Michael Cunningham
Leonard Woolf, editor esposo de Virginia, que junto a ella y a Vanessa, hermana de ésta -que aparece en ambos formatos aunque un tanto desdibujada al no referirse de ella ninguna aportación literaria, que sí que tuvo-, formaron parte del famoso Círculo de Bloomsbury junto a otras mujeres muy avanzadas para la época (Katherine Mansfield), ensayistas (Edward Morgan Foster) e historiadores (Gerald Brenan), economistas (John Maynard Keynes) o filósofos (Bertrand Russell o Wittgenstein); la criada Nelly, que en el film queda reducida a sirvienta madura y amargada pero que en la novela tiene mayor presencia al ser para Virginia Woolf referente de la represión moral de la que ella al igual que la señora Dalloway de su novela quieren zafarse: "Nelly se aleja y, aunque no es en absoluto su costumbre, Virginia se inclina hacia delante y besa a Vanessa en la boca. Es un beso inocente, asaz inocente, pero justo ahora, en esta cocina, a espaldas de Nelly, tiene el sabor sumamente delicioso y prohibido de los placeres. Vanessa le devuelve el beso." (pág. 121); también Walter, Louis y Oliver son secundarios que representan el mundo homosexual dentro del relato y que en el film, salvo Louis que interviene en unas escasas secuencias, no aparecen.

¿Novela gay?

Tanto la novela como su versión cinematográfica recibieron el aplauso de la comunidad homosexual (en USA Cunningham fue distinguido con el Premio al Libro Gay, Lésbico, Bisexual y Trasgénero 1999) pues no en balde todos los personajes son homosexuales (Richard, Clarissa, Sally, Walter, Louis, etc); o bien están confusos explorando sus inclinaciones en este campo (Virginia, Laura Brown, Julia); o tras haber tenido experiencias heterosexuales finalmente se han decantado por la vida homo (Clarissa Vaughan o Richard). También el aunto del sida, tan tremendo en ese momento, favoreció este enaltecimiento y coadyuvó a clasificar la novela dentro de una, por algunos denominada, literatura gay.


El director Stephen Daldry

Yo, como no hace mucho en un diario decía Luis Alberto de Villena, no entiendo de clasificaciones así (juvenil, infantil, femenina, gay, homosexual, etc.), entre otras cosas porque pretenden enaltecer o machacar un producto de antemano, sin leerlo. Creo que sólo existe buena o mala literatura; que los asuntos o temas, luego, no sean adecuados para impúberes o que los personjes sean esencialmente hombres, mujeres o marcianos es algo tangencial. En la propia novela Cunningham -homosexual él mismo- critica el tratamiento mercantil que la industria y algunas personas dan a algo tan íntimo como la orientación sexual cuando dice cosas como las siguientes:
"Oliver St. Ivés, que se destapó espectacularmente en Vanity Fair y, a raíz de su confesión, fue excluido de su papel de protagonista en una película de suspense carísima, ha obtenido más notoriedad como activista homosexual de la que habría podido esperar si hubiese continuado fingiéndose heterosexual y rodando películas de serie B de medio pelo." (pag. 76).
A Walter Hardy lo tilda de "adolescente" pertinaz:
 "que cumplirá cuarenta y seis años con gorra de beisbol y zapatillas Nike; [...] Se ven hombres como Walter en todo Chelsea y el Village. [...] Richard sostiene que los homosexuales eternamente jóvenes hacen más daño a la causa que los que seducen a niños" (pág. 14).
 Incluso de los reconocimientos públicos llega a decir:
 "Me han premiado porque tengo sida y me estoy volviendo loco y lo afronto con valor, no tiene nada que ver con mi obra." (pág. 49).
Esta reflexión es dura pero ¿acaso no es cierto que muchas veces un premio se da como señal de consolación al hombre más que al artista?

La vida en un instante

Lo que destaca esencialmente en "Las horas" es el asunto que trata, que no es otro que la vida, esto es, el inexorable paso del tiempo que provoca que ésta se escurra de nosotros ["Qué curiosos, estos cables genéticos, que el cuerpo pueda navegar sin cambios drásticos, decenio tras decenio, y luego, en unos pocos años, capitular ante el tiempo"]. De ahí el título, "Las horas", que encuentra pleno sentido a lo largo de todo el relato por la insistencia que tiene el novelista en aprehender el instante que se está viviendo y que inexorablemente se escapa de nuestro control; afortunadamente el recuerdo logra recuperarlos y así pasamos, en ocasiones, toda una vida prendidos en una vivencia sucedida hace ya 30 o más años ["a Clarissa la conmociona todavía, más de treinta años después, comprender que era la felicidad; que la experiencia completa residía en un beso y un paseo, la previsión de la cena y un libro." (pág 76)].

 Esta concepción del tiempo, propia de la fenomenología de Husserl (la vida como acumulación de vivencias materiales, de fenómenos), estaba ya presente en la novelística de Virginia Woolf. Y es que toda la novela de Cunningham es un auténtico homenaje a la escritora inglesa quien en su narración "La señora Dalloway" plasmó la inconsistencia del presente temporal al tiempo que, paradójicamente, ese presente es lo único ciertamente real. Por ello toda una vida cabe en un solo día, pues somos el mundo que nos rodea y también la acumulación de vivencias pasadas, presentes ["-Somos adultos y somos jóvenes amantes a la orilla de un estanque. Lo somos todo, a la vez. ¿No es curioso?" (pág. 53)] y... ¡hasta futuras! ["Pero ya ves, parece que también he entrado en el futuro. Tengo un claro recuerdo de la fiesta que todavía no se ha celebrado. Recuerdo perfectamente la ceremonia del premio." (pág. 56)].

Y junto a la vida, como el envés de la misma, está la tentación de la desaparición, la del espectro de la muerte. Una desaparición que recuerda mucho al Juan Ramón de "El viaje definitivo" porque canta la vida, como se ve cuando la Dalloway moderna (Clarissa Vaughan) se dice a sí misma:
 "Ahí está el mundo ordinario, el rodaje de una película, un chico portorriqueño que despliega el toldo de un restaurante con una pértiga plateada. Ahí está el mundo, y tú vives en él, y lo agradeces. Procuras hacerlo." (pág. 13)
escenas de la película
 o cuando de Laura Brown enamorada de una vida plena se dice:
 "Empero, le alegra saber (porque en cierto modo de improviso lo sabe) que es posible cesar de vivir. Reconforta encarar toda la gama de posibilidades: considerar todas la alternativas sin miedo y sin culpa." (pág. 120).
La pena es que en ocasiones este negro impulso se imponga sobre la alegría de vivir como le ocurrirá en 1941 a Virginia Woolf que se suicidará en un río precipitándose esa aciaga mañana toda su vida que ya "leímos" en ese día de 1923.

Y como no podía ser de otra forma, y es uno de los grandes méritos de la novela de Cunningham, todas las innovaciones estilísticas que Virginia Woolf aportó a la novela europea del siglo XX reciben el trato adecuado por parte del novelista norteamericano: monólogo interior constante, perspectivismo, técnica contrapuntística, estilo indirecto libre, narrador externo objetivo cual si de una cámara cinematográfica se tratase, plano-secuencia, ruptura de la linealidad discursiva, impresionismo descriptivo, etc.

14 ago 2013

Manuel Chaves Nogales: "A sangre y fuego"

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El periodista sevillano Manuel Chaves Nogales presenta en los nueve relatos que forman este volumen el ninguneo al que de siempre se ha sometido a la Tercera España que, atónita, observaba, observa y,-¡quiera Dios que no!-, observará cómo las otras dos ( vid. Antonio Machado: Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón) se las ingenian para pasar de ella y, sin embargo, vivir de ella  y justificar su existencia por ella.
Como quiera que la independencia de criterio nunca es del todo bien acogida en nuestro país, es evidente que el periodista-escritor molestó tanto a los dos sectores en liza que ninguno lo adoptó como propio y por ello sufrió temprano exilio (en 1936 se instalará en París) y también  madrugadora muerte (morirá en mayo de 1944, víctima de una septicemia ocasionada por una peritonitis).
 Las nueve narraciones transcurren en plena Guerra Civil, año de 1936. De la lectura de ellas se desprende una valiente denuncia de la barbarie que suponía la guerra española (¡y apenas acababa de comenzar!). Chaves Nogales no se inclina por ninguno de los bandos en conflicto. A pesar de ser republicano confeso como Ortega y Gasset, Lorca o Sender, tras no justificar el golpe franquista, arremete contra el desorden con que la República se enfrentó a los militares sublevados. Sirva de ejemplo el siguiente texto extraído del cuento titulado 'Los guerreros marroquíes' en el que ante la captura de un moro enemigo se entabla la siguiente discusión dentro del comité revolucionario local sobre qué hacer con el prisionero. No tiene desperdicio:
En el seno del comité se entabló entonces un largo debate sobre lo que debía hacerse en aquel caso insólito. Los delegados republicanos eran partidarios de que el prisionero fuera conducido hasta Madrid y entregado al gobierno; los anarquistas creían que lo lógico era dejarlo en completa libertad, para que se redimiera de su pasada servidumbre y se convirtiese en un libre y digno ciudadano de la libre Iberia; los comunistas estimaban que lo más razonable era curarle primero y luego inscribirle en las milicias y mandarle al campo para que luchase contra los rebeldes, debidamente vigilado, claro es. Y, finalmente, la voz del pueblo, expresada a gritos por el vecindario y los milicianos y responsables que se aglomeraban en la plaza, pedía unánimemente que se le entregase al prisionero para darse la satisfacción de matarlo. Era lo menos que se podía pedir.
Ejemplos similares aparecen situados en el campo de los fascistas. Véase si no la siguiente "gracia" realizada por los "novios de la muerte" en Valladolid y que aparece en el cuento '¡Viva la muerte!':
"[...] los legionarios entre otras pueriles demostraciones, habían sustituido el asta de su bandera por una hecha con tibias de seres humanos engarzadas y aquel airón macabro escalofriaba a los tenderos, los oficinistas, las muchachitas y los niños"
O también cuando en el cuento 'La tropa de los caballistas' se cuenta la manera de actuar que tenían las tropas franquistas cuando entraban en una localidad recién tomada:
"Las tropas victoriosas entraban razziando por las calles del pueblo. [...] La lucha había sido dura y el castigo tenía que ser ejemplar. Las patrullas de falangistas entraban en las casas y se llevaban a los hombres que encontraban en ellas. A los que se cogía con las armas en la mano se les fusilaba en el acto. Un sargento moro de estatura gigantesca que iba abrazado a un fusil ametrallador, a una simple señal de sus jefes regaba de plomo a los prisioneros que le llevaban, pespunteándolos de arriba abajo con el simple ademán de abatir el cañón del arma"
Chaves Nogales en Madrid en 1936
 En definitiva, al leer ahora estos relatos de Chaves Nogales "comprendemos" (?) por qué a este precursor de la corriente narrativa del Nuevo-Periodismo se le arrojó por unos y  otros al hueco del olvido. La verdad es siempre el primer damnificado de las guerras. Lástima que la memoria sea tan lábil.

NOTA: "A sangre y fuego" apareció publicado por vez primera en 1937 en Chile. No se volverá a hablar de él hasta que en 1994 Andrés Trapiello en su obra "Las armas y las letras" aluda elogiosamente al periodista Chaves Nogales; pero no será hasta 2011 que alguien -la editorial Libros del Asteroide- se decida a su publicación.

9 ago 2013

POESÍA NECESARIA

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Frente a la por muchos repetida idea de la ‘inutilidad del arte’, y en especial de la literatura, se levanta el verso de Gabriel Celaya que da título a esta entrada. 
No es la primera vez que me ronda la idea de hacer algo en el blog a propósito de la poesía, y creo que éste es el momento.
Que la poesía es necesaria lo han dicho a lo largo de los siglos los muchos maestros que en el mundo han sido, pero de entre éstos quisiera destacar a unos cuantos:

Al primero que recuerdo es al ya nombrado Gabriel Celaya defendiendo la necesidad de la poesía como arma de combate frente a la opresión ideológica y de clase. Son unos pocos versos de   La poesía es un arma cargada de futuro, poema contenido en su libro “Cantos iberos” del año 1955 que dicen lo siguiente:

 [. ..]
Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
[…]
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
[...]
  (en la pág. 'música que me gusta escuchar' está la versión musicada de este poema)

Tras Celaya recuerdo al personaje de Héctor, el viejo profesor de Historia que prepara a una élite de alumnos para ingresar en las prestigiosas universidades de Oxford y Cambridge. Este personaje pertenece a la obra “Los chicos de Historia” escrita el año 2004 por el dramaturgo inglés Alan Bennett. En España la obra fue traducida, dirigida, puesta en escena y también representada por José María Pou el año 2010. Desde entonces han sido numerosas las ocasiones en que ha venido a mi memoria la frase contundente que este viejo y desengañado profesor arroja a las tiernas, y por eso mismo impertinentes, mentes de sus alumnos cuando –como le sucede de ordinario a cualquier profesor de literatura- uno de ellos le lanza la pregunta de para qué sirve la poesía: 
Para que os acompañe al menos en algún momento de vuestra existencia -les dice-; ahora no lo entendéis porque estáis llenos de vida, pero los poemas  –muchos de ellos hablan de amor, otros de muerte- entrarán de lleno en vuestra existencia en el momento oportuno. 
Quizás algo fuerte y drástico, pero sin duda muy cierto, ¿no?

Y últimamente, de otro autor contemporáneo, el premio nobel de literatura 1976, Saúl Bellow, en su novela corta “La verdadera” (1997) he leído, puesta en boca de un personaje que criticaba el mal estado por el que pasaba Norteamérica, una frase que toca muy directamente a mi profesión. El tal personaje decía que:
 "la educación secundaria se había ido al garete porque los chicos ya no memorizaban poesía".
 Es cierto que quizás sea coger el rábano por las hojas, pero a mí me dio que pensar y me hizo darme cuenta en primer lugar, ¡ay!, de que en todos los sitios cuecen habas, y a continuación que la poesía alcanza a tener utilidades en ocasiones inesperadas.

Sean estas tres citas  la puerta de entrada a una nueva sección del blog que etiquetaré con esta frase: POESÍA NECESARIA.





3 ago 2013

"Antes del anochecer": Cine y Literatura.

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Este verano he visto Antes del anochecer  [año 2013].Yo no había visto las anteriores dos películas: Antes del amanecer  [año 1995] y Antes del atardecer [año 2004] que junto con ésta forman la trilogía sobre el amor romántico del director estadounidense Richard Linklater. Ni que decir tiene que tras haberla visto me impuse la obligación de ver las dos anteriores, como así hice.
La película me agradó, pese a haberme costado un poco entrar en ella dado el exceso de diálogo que contiene; pero esto que en principio parece defecto es sin embargo una de las características fundamentales de la trilogía. Tanto es así que el film tiene más de obra de teatro que de cualquier otra cosa.
Otra de las señas de identidad de esta película es que mantiene la misma pareja protagonista de las dos anteriores (Celine y Jesse) -normal en una trilogía-; lo que ya no es tan frecuente es que los actores sean también los mismos (Julie Delpy y Ethan Hawke); y mucho menos aún que las tres películas se hayan realizado con una periodicidad exacta de 9 años entre cada una de ellas, como tampoco que la edad real de los actores sea aproximadamente igual que la de los personajes. Esto último es muy interesante pues vemos  -y ésa es una de la intenciones de Richard Linklater- que la evolución del amor a lo largo de veintitantos años también tiene mucho que ver con los cambios personales. Y también que las fronteras realidad-ficción son siempre difusas.
La trilogía puede leerse como el nacimiento del amor -el flechazo- en "Antes del amanecer"; la consolidación del mismo en "Antes del atardecer"; y las dudas, incomprensiones y dificultades que conlleva su mantenimiento en "Antes del anochecer". Los tres films defienden el amor pasión que debe convivir  con las aspiraciones profesionales de ambos -en especial de la mujer- y con los problemas arrastrados de relaciones anteriores (en la segunda y tercera película Jesse, escritor de éxito, tiene un hijo de 5 y 14 años fruto de un matrimonio acaecido ante la falta de señales de Celine tras el primer encuentro amoroso sucedido en Viena). También la convivencia será más difícil habida cuenta la diferencia cultural: Jesse es un norteamericano de Texas, mientras que Celine es una chica parisina muy concienciada con los problemas de la mujer y del deterioro ambiental. Pero, paradójicamente, la utópica feminista  es más inflexible que el práctico norteamericano, el cual siempre cederá y será gracias a él por quien la relación se mantendrá viva.
Se nota una clara evolución entre las tres películas, no sólo a nivel de la historia de amor de la pareja, sino también a nivel cinematográfico. Mientras que en las dos primeras la cámara gira constantemente alrededor de Celine y de Jesse, en "Antes del anochecer", situada en Grecia (las otras dos suceden en Viena y París respectivamente), la cámara deja entrar en su campo otros personajes de distintas edades que dan testimonio de sus respectivas vivencias amorosas. Así vemos a una pareja de jóvenes -al igual que lo fueron ellos- que amándose ahora con furia ya tienen asumido que su amor no durará siempre y en 8 ó 10 años se ven a sí mismos divorciados; vemos a una  pareja de amigos de Celine y Jesse felices viviendo un amor más primitivo, más puramente sexual, sin tanta retórica amorosa; y vemos a dos ancianos viudos recordando él, escritor famoso, y ella, tradicional esposa, los años felicísimos vividos con sus fallecidas parejas a las que  siempre respetaron sus parcelas vitales respectivas, sus roles, y eso les hizo y les hace ahora, al recordarlo, sentirse dichosos. Es, pues, "Antes del anochecer" una película más coral, más redonda.
¿Qué salvará la relación entre los personajes de Julie Delpy y Ethan Hawke? Pues lo que constituye el eje central de los tres relatos: la palabra en forma de diálogo, o sea, la comunicación. Y cuando ésta corre el riesgo de quebrarse, la ficción. Ese es el método empleado en las tres películas por parte de Jesse para evitar que su relación naufrague: cuando Celine no acudió a la cita en Viena, él la vivió y se la justificó a sí mismo en forma de relato, y cuando en "Antes del anochecer" todo parece haberse roto, de nuevo Jesse rescata el amor echando mano de la narración 'vivida' en la que una Celine de 82 años -dice él- se le ha aparecido para decirle que es una pena que..., y Celine acepta escucharla y le pide que le cuente qué es eso que esa viejecita le ha dicho.
La película se completa con un franco humor y una cálida música, aunque en esta tercera entrega no pertenezca a la cosecha de Julie Delpy, algo que sí sucede en “Antes del atardecer” (una muestra de la misma puede escucharse en la página de este blog La música que me gusta escuchar.)
¿Acaba con esta película la historia Celine-Jesse? No sabría decirlo, aunque pudiera ser que sí. Y no lo puedo asegurar porque Linklater finaliza el film con la indefinición y ambigüedad a la que nos tiene acostumbrados. Para descifrar esta incógnita debería haber otra película en la que se nos relatase con palabras lo que no se nos ha dado en imágenes, tal y como sucedió con los finales de las otras dos películas cuyos finales abiertos son desvelados a través del diálogo en las narraciones cinematográficas siguientes.


31 jul 2013

JOËL DICKER: "La verdad sobre el caso Harry Quebert" o ¿Cómo se fabrica un best-seller?

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Esta novela de Joël Dicker no deja indiferente a nadie y capta la atención e interés del lector. De lo más llamativo de la obra es que cada uno de los 31 capítulos en que se distribuye la historia vaya precedido a modo de cita inicial, cual si de un recetario se tratara, de un consejo dado por el profesor y afamado escritor (Harry Quebert) a su brillante alumno (Marcus Goldman) sobre cómo construir relatos para triunfar en el difícil mundo de la literatura; pero no para lograr un triunfo pequeño (publicar por fin algo), sino para alzarse con el cetro literario durante el tiempo suficiente de conseguir hacerse con los media y que esto se traduzca en éxito de ventas. De ahí el subtítulo de esta reseña: ¿Cómo se fabrica un best-seller? Pero la expresión 'best-seller' no debe llevar a pensar en 'calidad deleznable' porque este relato, en mi opinión, no es nada mediocre y muestra todo cuanto existe y rodea al autor de novelas: la búsqueda de un estilo propio, la necesidad de crear con perfección, las presiones del mundo editorial que sólo busca hacer caja, la existencia de modelos o maestros a los que seguir en un principio para luego superarlos, los miedos del creador, el poder del autor, el mundo real y su transmutación en ficción ("paraíso de los escritores" ).
Como si de cajas chinas se tratase, Dicker inserta las historias unas dentro de las otras de manera que en ocasiones resulta difícil diferenciar los distintos niveles de escritura. Así no es sencillo deslindar al autor de la figura del narrador en primera persona, Marcus Goldman; y a este diferenciarle de su  maestro y centro del relato que está escribiendo, Harry Quebert. Por ello los tres momentos fundamentales durante los que suceden los acontecimientos (1975: el crimen; 1995: el proceso educativo de Goldman; y 2008: la investigación y la escritura de la novela) se suceden sin orden aparente aumentando esa sensación de indistinción y naturalidad que el novelista pretende. De estas tres grandes líneas temporales surgen las distintas anécdotas que protagonizan los diversos personajes: Los hay que atraviesan los tres momentos (Harry Quebert, Stern, los Quinn, los Dawn, el jefe Pratt, y otros), los que viven solo uno de ellos (Luther Caleb, Nola Kellergan) y quien sirve de eslabón entre los dos grupos anteriores: el propio Goldman.
La anterior estructura temporal se mantiene en cada una de las tres partes que forman el volumen, cuyos títulos aluden al tema que -según confesión del propio novelista suizo- más le preocupaba durante la redacción del relato a él mismo y también en la historia narrada a sus replicantes literarios Marcus Goldman y Harry Quebert: la sospecha de no valer como escritor, el deseo de triunfar en el proceloso mundo de la escritura aplicando los procedimientos para conseguirlo, y, finalmente, instalarse en "el paraíso de los escritores": facultad que tiene quien escribe algo de modificar a su antojo cuanto le rodea y convertirlo en pura ficción.

¿Por qué "La verdad sobre el caso Harry  Quebert" es un best seller?  Fundamentalmente  porque busca atraer al mayor número de lectores y retenerlos ("Algunos se sentirán celosos, otros interesados. No es para ellos para quienes escribe usted, Marcus. Sino para todos los que en su vida diaria, habrán pasado un buen momento gracias a Marcus Goldman", pág. 544, cap.5). Y para lograrlo utiliza procedimientos propios de los géneros novelísticos -hasta no hace mucho 'subgéneros'-  más populares: la novela negra y la novela rosa.
De la primera hace uso de gran parte de su aparataje narratológico: resúmenes recopilatorios cada cierto número de páginas; algo de sexo y de bajas pasiones; interrogatorios que favorecen el perspectivismo y provocan sensación de totalidad; revelaciones sorprendentes que echan por tierra lo que ya para el avisado lector parecía cantado; detalles sociopolíticos inteligentemente distribuidos que sirven para ubicar temporalmente el relato (2008: campaña de Barack Obama, 1975: fin de la guerra de Vietnam , un año antes el escándalo Watergate, etc, etc); algo de humor que sirve de descanso del 'guerrero' (= lector) y que recae en la figura de la madre de Marcus pendiente de lo que tópicamente se presume es preocupación de esta figura familiar, un humor que ya está contenido en el propio apellido del narrador: Goldman, o sea, el Formidable.
La novela rosa le sirve fundamentalmente para sostener la historia de amor central con fraseología propia de estos relatos  ("Era una mujer magnífica, se hubiese convertido en una esposa  modelo, y ella no pedía más. Se hubiese casado con ella al día siguiente sin dudarlo: una mujercomo Jenny era el sueño de muchos hombres. Pero en su corazón había cuatro letras que ocupaban todo el sitio: N-O-L-A.", pág. 228, cap. 19)
Junto a estos recursos literarios, familiares para el gran público, el autor suizo evita elevarse mucho cuando echa mano de otros considerados más minoritarios: por eso exhibe un culturalismo fácil que no le pueda robar lectores (las alusiones literarias que aparecen son bastante manidas: Hemingway, Melville y así); y da al relato un ritmo semejante al del serial televisivo o del thriller cinematográfico [la versión para el cine está ya en fase de realización] con cambios temporales rápidos a través de secuencias introducidas mediante el procedimiento de la evocación ('flash back' en términos cinematográficos).

Pero hay que decir que el novelista suizo no nos engaña, sino que al igual que los asesinos de su relato muestra sus armas constantemente a través de esos 31 consejos enumerados en sentido inverso que pone en práctica en la novela que está escribiendo y que como sucede en el campo de las competiciones deportivas preceden al pistoletazo de salida de una carrera que tiene visos de ser exitosa. Joël Dicker -en el relato Marcus Goldman, su alter ego- al igual que los malos de su relato sabe que la mejor manera de que algo pase desapercibido es no ocultarlo, en su caso no mentir sobre los fines perseguidos: lograr escribir un éxito de ventas, un best-seller. Y lo ha logrado además con calidad.

Nota: Como hablo de 'best-seller' podría ser de interés releer el  post del ya lejano mes de mayo de 2010 titulado "Éxito de ventas y calidad literaria"

14 jul 2013

JUAN TORREGROSA PISONERO: "Ocaso en Shanghai"

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Estamos ante una corta novela de anticipación en la que su autor nos presenta un posible mundo situado  en una hipotética China del año 2037. En esta ubicación  y tiempo unos robots fabricados en Japón, los androides Shikuza, han alcanzado un nivel de autoconsciencia tal que ha llevado a algunos de los 19, que se encuentran  en esta situación y que han logrado escapar a la desprogramacion de diciembre 2036,  a rebelarse frente a los humanos del país en que trabajan. La situación es de tal gravedad que las autoridades están controlando a todos los androides Shikuza por ser potenciales enemigos.
Un C3 innominado es el protagonista de esta historia. Este C3 lleva una existencia fría y rutinaria que ese 7 de noviembre de 2037  no va a ser diferente a la de otros días. Pero a partir de ese día el C3 de la historia va a alcanzar un nivel de autoconsciencia que le deparará un sufrimiento superior al saberse distinto no sólo a los humanos sino incluso a los otros Shikuza que se han levantado frente a la opresión y que han logrado escapar de ese mundo que los esclavizaba. ¿Y él? Sólo al final sabremos que también  él  ha sabido escapar de su situación, pero ¿es esa la forma adecuada?, nos preguntamos cuando  acabamos la lectura del relato. Sinceramente yo pienso que no, y quiero creer que Juan Torregrosa también piensa así.
Además de este componente ciertamente existencial la segunda novela de Torregrosa [la primera es de 2012 y lleva por título  "Un autorretrato de una mente"] bebe directamente -algo que él  declara en varias ocasiones- en la novela expresionista de Herman  Hesse "El lobo estepario" (1927); y también, y sobre todo, en el cine, especialmente en el film de Ridley Scott "Blade  Runner", adaptación de la novela de Philip K. Dick "Cuando los androides sueñan con ovejas eléctricas", película mítica en el género de ciencia ficción y especialmente inquietante con sus replicantes; asimismo  el relato "Yo, robot" de Isaac Asimov, y, casi me atrevo a asegurar, la versión cinematográfica realizada por Alex Pruyas en 2004, es reconocible en esos androides que como Espartaco (aludido a través de la película de Kubrick) no quieren por más tiempo seguir así.
En definitiva, "Ocaso en Shanghai" es la historia de un derrotado que se da cuenta de que la libertad está  dentro de uno mismo y de que no cabe culpar a otros (gobierno, resto de humanos, etc.) de no alcanzarla; y menos aún refugiarse en música, alcohol o drogas como manera de obviar los problemas. Resulta llamativo que el novelista, que a lo largo de toda la historia alude a la música de Bach, de Mozart, de Allegri e incluso de artistas contemporáneos –ficticios o reales, da igual- como la tibetana Zhuema Li, equipare esta manifestación cultural con los consumos de drogas o alcohol; sin duda creo que hay que entender a Torregrosa en el sentido al que se refiere Gabriel Celaya en su poema La poesía es un arma cargada de futuro y no en el descalificador de tal actividad cultural.
También tiene interés, aunque en mi opinión es asunto menor, el contexto político-geográfico, China, en que vive este lobo estepario: un país supercontaminado, esclavizado, supercontrolado por el Partido único ("prohíben la objetividad", pág 62), un país en el que "los sindicatos no paran fábricas y sí  reciclan parados absurdamente" (pág 91).
A mí lo que más me ha gustado de esta novelita de ciencia ficción es el estilo. Torregrosa deja caer a lo largo de ella, y le surgen de un modo muy natural, una serie de magníficas  frases que bien justificarían por sí  solas la lectura de Ocaso en Shanghai. Por ejemplo:
- "Sentí un sabor ácido recorriendo mis pensamientos" (pág  27)
- “Las facciones vulgares de un hombre hecho a sí mismo" (pág 51)
-" Parecía un intelectual jubilado, mezcla de arte sin alma y profesor sin ilusión" (cap. 3)
Juan Torregrosa Pisonero
- "En el horizonte se veía el sol entre una bruma de polución sedosa y el cielo enriquecido por las partículas densas apuñaladas por la luz estelar" (pág 115)
Pero, ya lo he dicho, ese final brutal,  en el que el autor nos hace entrega del nombre del personaje cuando ya nombrarlo  no tiene objeto, junto a ciertas reflexiones de este C3 (sobre el amor del que tanto hablan los poetas: no es más que un "olvidarse de uno mismo a base de abrazar"; sobre las relaciones humanas: "siempre la misma conversación [...] para no tener que estar en mi casa apresado entre las cuatro paredes", etc.), da a la novela un aura nihilista que anuncia un futurible mundo inquietante en el que las pasiones y sentimientos no tendrán ya cabida. ¿Sucederá? Ojalá, no.


29 jun 2013

...Se acabó... Comienza un nuevo día...

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Juan Carlos, Mª Luz, Cecilia y Primi (falta Carmen)
      Con estas dos referencias a sendos títulos de temas musicales que me han acompañado desde … siempre, quiero iniciar este post sobre los agradables momentos vividos durante este último junio [puedes escucharlos yendo a la página de este mismo blog: "Música que me gusta escuchar" ]
Lo más simpático de todos los fastos habidos en el mes con motivo de la jubilación de cinco compañeros del IES Mirasierra (Cecilia, Mari Luz, Primi, Carmen y quien esto escribe) fue la comida que los compañeros nos  ofrecieron en el Restaurante “La bella Anna” de Montecarmelo.  Allí nos reunimos una muy nutrida representación del Centro en el que hemos pasado bastantes años de nuestra vida profesional; y allí, a los postres, entre la alegría consecuencia de la buena comida, de las bebidas espirituosas y sobre todo de la amistad cuajada a lo largo de tanto tiempo, surgieron los discursos, las palabras de afecto, los obsequios, los abrazos, alguna que otra lagrimita…, en fin, que os voy a decir que vosotros no vierais o no imaginéis. Tras tantas hermosas frases y sinceras dedicatorias quise agradecer a todos su esfuerzo y amistad con unas palabras que, dado que algunos compañeros que no pudieron asistir me han pedido que se las haga llegar, quiero reproducir a continuación:


Muchísimas gracias por todo, compañeros. Si me permitís me gustaría deciros algo:
               Tres de los que hoy nos jubilamos (Cecilia, Mª Luz y yo) pertenecemos a la quinta fundadora del IES en el ya lejano 1986. Han pasado nada más y nada menos que 27 años que son ¡muchos años! Durante estos años el IES nació (Seve que es profe precursor más que fundador, sabe que en verdad nació el curso anterior): recuerdo esa primera reunión de profesores en septiembre de 1986 a la que Mª Luz y yo llegamos acarreando un bebé de tres meses (el bebé en cuestión hoy tiene 27 años y pesa casi 100 kilos); se transformó: era increíble la facilidad con que Mª Jesús eliminaba servicios para convertirlos en aulas o departamentos más o menos apañaditos; creció con la llegada de los Ciclos Formativos: surgió el edificio de Ciclos y Bachillerato, la Universidad que decía alguna compañera de manualidades; casi muere atropellado por el Metro de doña Espe: ¡qué emoción recordar esa asamblea de alumnos, profesores, padres y administración en la que el Consejero de la Cosa admitió, derrotado, que el Metro no colisionaría con el IES!; y se reinventa a partir del próximo curso con el bilingüismo.
               Para mí, esto del bilingüismo es ya too much: si malamente me manejo con los que tienen la misma que yo, ¿qué haré –mejor, qué haría- ante tanto profe habilitado, homologado, cualificado y superpreparado que venga a explicar (in english, of course) lo que a duras penas algunos de mis alumnos entienden in spanish?. No. Mejor dejarlo y que mentes más lúcidas que la mía se las vean con lo que se avecina.
               Yo prefiero guardar en mi memoria –mientras me dure, claro- lo mucho que me he reído en las clases con mis alumnos, en las reuniones de profesores con los compañeros y sobre todo en la Sala de Profesores. Son muchas las anécdotas vividas. De ellas recuerdo, por ejemplo:
 A  Mª Luisa Regueiro santiguándose al entrar en la Sala de Profesores para conjurar –imagino- los espíritus malignos que danzasen por ahí.
A Jesús Alonso hablando en la cafetería de sus alumnos, porreros por supuesto.
Las Juntas de Evaluación en las que Juanjo nos dictaba las calificaciones de sus alumnos sin ayuda escrita y además nos ilustraba la mejoría o no del chico o chica según les fuese en sus amoríos.
A Aurora Amorós y su lucha inútil contra el foco de humo que –según sostenía ella- salía del despacho de Angel Cantos, secretario y profesor de filosofía quien con la misma resolución negaba la mayor llegando a afirmar en Claustro de profesores “¡No me busques, Aurora, que me encuentras!” (quizás hecho legendario, pues no hay constancia de tal cosa en las Actas de Claustro).
No quiero aburrir, pero si buscamos vienen a mi cabeza otras muchas anécdotas protagonizadas por otros tantos compañeros de los cientos con los que he tenido la suerte de trabajar: Pepe el maño y sus maravillosas fotocopias, Alicia de la Iglesia y su aula de Plástica, Juan Dionisio y su aula de Música, los de Historia y sus recuperaciones de las recuperaciones... Y he de decir que de todos he aprendido algo y de todos me llevo lo mejor. Espero que también ellos se hayan llevado algo bueno de mí.

               En definitiva han sido, para mí, 27 años felices y positivos pues creo que todo ha estado bien: el trabajo me ha gustado, los niños han sido majos en general y vosotros, compañeros, formidables. Con vosotros (¡esas horas muertas en la Sala de Profesores!) he disfrutado mucho gastando bromas, riéndonos de la puñetera realidad, diciendo alguna que otra maldad, relativizando la normativa, discrepando, capeando tormentillas pasajeras… Y de entre todos vosotros quiero dar un abrazo especial a mis compañeros del Departamento de Lengua porque gracias a ellos el departamento es magnífico, estupendo, divertido, relajado, comprometido, activo y trabajador. Dar nombres no es bueno porque metes la pata si olvidas alguno sin querer, pero me voy a arriesgar aunque sólo nombraré a los resistentes y no a las aves pasajeras: de los que ya se jubilaron un saludo cariñoso a Maena y Amparo; y para los que hasta hoy hemos trabajado juntos: José Luis, Juan, Teresa, Cecilia y Alicia un fuerte y sincero “¡Os quiero!, que hago extensivo a todos los aquí presentes.

                      

El mes de junio lo cerramos con un aperitivo de agradecimiento ofrecido por los cinco jubilantes jubilosos a todos los compañeros, en el transcurso del cual hice entrega a la directora y compañera Pilar Benito de unas caricaturas de profesores realizadas por un alumno allá por el año 1996 en el que Dany, el alumno artista, imagina el Centro como un campo de batalla entre Moros y Cristianos, o sea, entre alumnos y profesores. Habida cuenta de los años transcurridos -¡nada menos que 17!- el dibujo es un total ejercicio de ¡Adivina quién es!