13 oct 2023

Los Zelmenianos. Novela de Moyshe Kulbak

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«El gato dormitaba junto al horno. La tía guardaba silencio cuando escuchaba el consejo que le llegaba de todos lados:
—¡Que Itche vaya a trabajar en una fábrica textil!
Nunca habría creído el tío Itche que en su vejez cometerían con él semejante bajeza.
—¡Conviértete en obrero de una vez! ¡Viejo tonto! —le insistían»

Moyshe Kulbak, Los Zelmenianos
Realizar el Reto 'Autores de la A a la Z' tiene muchas ventajas. Una de ellas es la necesidad de buscar autores cuyo nombre o apellido con el que se le identifica comience por determinada letra. La 'K' es siempre complicada de cumplimentar, pues además de Kafka y algunos escritores orientales pocos más lo portan. Por esto cuando en la última Feria del Libro de Madrid me detuve en la caseta de la editorial zaragozana Xórdica y vi la novela de Moyshe Kulbak dije para mí: «lo encontré». Tomé el libro en mis manos y comencé a hojearlo. Quien atendía al público, al detectar mi interés, amablemente se dirigió a mí y me explicó la génesis de Los Zelmenianos, su primera escritura en yiddish, el malhadado destino de su autor al caer en desgracia estalinista, la ignorancia en España de este título hasta que en 2016 la editorial Xórdica la publicó en traducción de Rhoda Henelde y Jacob Abecasís directamente desde el yiddish, y otra serie de informaciones más.
Todo esto que digo me contó el vendedor; tan bien lo hizo, que me convenció y procedí a adquirir la novela. La he leído, la he disfrutado, me ha mostrado aspectos de la primera URSS que desconocía, y he transitado por tres generaciones de judíos bielorrusos a lo largo de unos setenta años. Una grata experiencia.

Los Zelmenianos es una novela de Moyshe Kulbak a la que, como digo, he llegado de carambola, casi sin proponérmelo. Sin embargo el resultado ha sido bueno pues la historia me ha parecido interesante y el estilo utilizado en ella también me ha resultado curioso. Pese a estos dos rasgos (historia y estilo) confieso que en ciertos momentos me ha supuesto cierto esfuerzo avanzar en el libro. He logrado culminarlo y ahora ya, desde la cumbre de la novela acabada, creo que la historia merece y que la peripecia vital del autor debe de ser conocida, admirada y sí, también, llorada.

En fin, estamos en la Rusia soviética que está llevando a cabo la instauración de programas de colectivización superada ya la guerra civil que siguió a la primera guerra mundial, conflicto bélico durante el cual se produjo la Revolución de 1917. En esos años de colectivización obligada por las autoridades estalinistas (1928-1933) se está realizando la verdadera revolución que romperá la unidad dentro de las comunidades. En el caso de la novela de Moyshe Kulbak la comunidad (el «patio de reb Zélmele») está radicada en Minsk y es de judíos askenazis bielorrusos dedicados a artesanías liberales (relojería, sastrería, carpintería, curtiduría...); este tal reb Zélmele levantó el patio junto a su esposa, la abuela Bashe, 70 años atrás. 
 
Lo que se nos cuenta en Los Zelmenianos es la historia de los cuatro hijos que tuvo esta pareja y la de sus nietos, los hijos de estos cuatro. Cómo los ideales de reb Zélmele cayeron empujados por un supuesto progreso que imponía el maquinismo, el Cine, la industrialización, la electricidad, el mundo fabril que iba contra el trabajo individual artesano que era lo que practicaban estos judíos (sastre, relojero, carpintero...) tenidos por esto como kuláks, pequeño-burgueses contra los que había que ir. El choque y la incomprensión se produce entre los cuatro hijos de reb Zélmele (tío Itche, tío Zishe, tío Yuda y tío Folie) y sus propios hijos y sobrinos. La manifestación de este distanciamiento, ruptura generacional entre padres e hijos viene significada en el alejamiento de la práctica religiosa de los jóvenes («bribones») respecto de sus mayores. Así Sonie y Tonke, hijas de tía Guite y tío Zishe, se emparejan y tienen hijos con gentiles, algo que sus padres y tíos no comprenden pero deberán aceptar. Incluso, una de ellas, Tonke, regresará al patio tras una larga estancia fuera de casa sola y con un bebé en sus brazos. 
La edición incorpora a manera de marcapáginas el árbol genealógico de los Zelmenianos

Hay una fuerte crítica al sistema comunista que se está imponiendo desde arriba con la aceptación forzada de los súbditos. Entrar en el Partido, hacerse funcionario de las diferentes agrupaciones socialistas comunitarias que están surgiendo es una buena cosa para sobrellevar estos súbitos cambios. Así Bere, hijo de tía Málkele y tío Itche, al volver de la guerra se hace policía y en el «patio» será la autoridad a quien consultar cuantas acciones se realicen allí. Incluso Bere, casado con Jáyele, la hija de tío Yuda y tía Hesie, se negará a ponerle el nombre judío de Zalmen a su hijo; a cambio le pondrá el nombre de Marat. La justificación que da para evitar el nombre del abuelo es ciertamente insidiosa:
 «Aún he de reflexionar sobre el nombre, pero en cualquier caso el niño no se llamará Zalmen, debido a que el abuelo reb Zélmele fue, según muchos indicios, un kúlak, un campesino rico, y además no tengo del todo claro de dónde sacó el dinero para construir el patio. Sí, realmente, ¿de dónde?» 
Sobre este abandono de la tradición y el choque padres-hijos se ve cómo al morir el tio Zishe, su yerno, Pavel Olshevski, no judío marido de Sonie, le pregunta a ésta por cuestiones religiosas demostrando su más absoluta ignorancia. Hay que recordar que este casamiento fue algo que siempre enfadó a Zishe hasta el punto de haber sido el desencadenante de su fallecimiento.
En el extremo opuesto de estos «jóvenes bribones» están los padres y tíos «juiciosos» cuya vivencia del judaísmo en sentido pleno puede verse en muchos momentos. Uno de ellos muy evidente y significativo se da cuando el tío Yuda decide abandonar el patio y prepara su equipaje:
«metió el taled y las filacterias, el violín, una libra de pan, un par de cebollas, en fin, todo lo que necesita un ser humano para emprender viaje.»

En cuanto al estilo utilizado hay que decir que en la época en que Moyshe Kulbak publica por entregas los episodios que componen Los Zelmenianos los escritores sufrían una fuerte presión para que abandonasen cualquier experimentalismo literario y se acomodasen a la línea oficial del realismo socialista. En la novela se encuentran manifestaciones de ambas tendencias, si bien predomina la del realismo socialista que poco o nada dejaba a la imaginación libre del lector. 

Experimental es la ruptura de la linealidad gráfica de un párrafo acercándolo a la formalidad propia de los metros poéticos. La finalidad claramente es la de imprimir ritmo fónico a la expresión:

«El salón está envuelto en la penumbra. Tsalke el del tío Yuda, con los codos apoyados en la mesa, fuma un cigarrillo de liar. Contempla como salen a empujones, entre risas,
      a través de
                            la puerta,
                                                los
                                                        ocho
                                                                        bribones.
»

Respecto a esta y otras innovaciones dentro de la novela hay instantes muy logrados. Así en el capítulo 16 del libro 2, y también en otras partes del libro, el autor escribe una prosa rítmica, con recursos propios de la lírica. Es una prosa que a retazos más o menos regulares repite una secuencia fónica Noche cálida»/ «Noche oscura. Tierra negra, tejados negros, en vísperas del brote de los tonos verdes» / «La Osa Mayor, vista del revés, cuelga del cielo en el lado norte del patio»)

Algunos otros vanguardismos utiliza Moyshe Kulbak, pero, como digo, predomina la línea realista que el socialismo real imponía en arte y literatura. En este sentido, y pese a todo, también el escritor bielorruso consigue momentos de elevada belleza, aunque a veces, quizás por esa imposición estética, algo almibarada:
«En las márgenes del patio de reb Zélmele se han formado alegres regueros burbujeantes de vísperas de primavera, y sobre las paredes pasean retazos soleados. El patio se va despojando de las sucias nieves como un ave se sacude las gotas de lluvia»

Moyshe Kulbak. muestra en Los Zelmenianos su total oposición a arrancar por la fuerza las tradiciones. Él, judío askenazi como los personajes de su relato, no se opone a lo bueno del Nuevo Orden comunista, pero sí denuncia las barbaridades que en su nombre se estaban cometiendo. Ese enfrentar generaciones entre sí, hijos con padres, hermanos con hermanos sólo por razones ideológicas disgusta al escritor bielorruso. Todo esto lo expone con suma claridad en esta narración. Y por esto no fue del agrado de las autoridades, las cuales en 1937 retiraron del cartel la representación de una obra suya por, según estos funcionarios, presentar «demasiados mendigos y barbudos abandonados, y demasiados pocos proletarios».

Moyshe KulbaK, Los Zelmenianos
Retrato de Moyshe_Kulbak_1984_
Anatoly_Nalivaev (de Wikipedia)
Hasta que se produjo su caída en desgracia en ese año de 1937 su producción literaria había sido aceptada dado que mostraba las tradiciones y el folclore del pueblo judío sufriendo muchas veces bajo la opresión zarista. Sin embargo cuando en 1931 se publica en Moscú el primer libro de la novela titulado «Los Viejos» y en 1935 en Minsk el segundo de nombre «Bere», ambos escritos en yiddish o judeoalemán,​ idioma perteneciente a las comunidades judías asquenazíes tanto del centro como del este de Europa, comenzó a ser mal mirado por los mandatarios quienes en 1937 lo encarcelan, enjuician por subversivo y lo condenan a muerte. Su esposa también sufriría cárcel durante diez años. A ella, de nombre Zelda, le dirán cuando la liberen en 1946 que «Moyshe Kulbak halló la muerte en 1940 por extenuación».

Para finalizar
No quisiera cerrar esta reseña sin señalar la innegable veta humorística que aflora no pocas veces en esta novela. Así no he podido por menos que recordar la película  Tiempos modernos de Charles Chaplin cuando el tío Zishe, que era persona respetable y burguesa «se sintió empujado con todos los demás, comenzó también él a gritar algo y por un instante pasó por su imaginación que él también era un bolchevique, ¡estaba marchando detrás de la bandera roja!». Cuando es consciente de su desatino, se marcha de la manifestación a través de una callejuela lateral. Mi evocación de Charlot al frente de una manifestación obrera me hizo sonreír; más tarde, comprobando fechas, vi que la película de Chaplin apareció un año más tarde que la segunda novela de Kulbak. ¿Quién influyó a quién? Está claro.
La ingenuidad de estos judíos artesanos liberales la muestra el judío Moyshe Kulbak presentando a otro de los tíos, el tío Itche, disfrutando de manifestarse como representante de los artesanos independientes portando en sus manos un ramo de flores para entregar a un comandante del Ejército Rojo. ¿Artesanos independientes en la Rusia soviética estalinista? ¡Qué humorada!

También hay humor en la referencia metaliteraria que el propio autor hace de sí mismo poniendo en boca de Tonke un poema suyo. El propio novelista se identifica como zelmeniano, o sea, judío de los Viejos, en palabras de Tonke:

«Hay una canción de un poeta zelmeniano de nombre Kulbak, que siempre me ronda por la cabeza:
Y a los jóvenes de bronce
les asaltó entonces
la voluntad
de calmar
la ira
de los años
desperdiciados.»
Esta misma Tonke, en el libro segundo cuando vuelve al patio con un hijo sin padre en sus brazos, es requerida por la vieja esposa del bedel de la sinagoga, la tía Neje, y por Ester, la maestra de caligrafía, para que les diga el nombre del padre de su bebé. Ella se revuelve y les dice que era un buen bolchevique y además gentil. Ellas le proponen que se case con un judío para solventar la situación. ¿Por qué no con Tsalke? Al negarse ella, muchos de los del patio dicen cosas como que rezando nadie se ha quedado embarazada 
«Por rezar sus oraciones nocturnas, tío [al tío Zishe, su padre], ninguna mujer se ha quedado encinta.»
Humor y metaliteratura, una buena combinación que es fácil que pasara desapercibida para no pocos lectores.  

Muy humorístico me ha resultado el consejo que tío Yuda le da a su hijo Tsalke, tantas veces suicida quedado en el intento. Le dice que mejor que seguir siendo sólo intelectual, gran conocedor de la Torá, se hiciera bolchevique: «Si te haces bolchevique, vas por ahí con la bandera, y dices lo que hay que decir... [...] Tú eres una persona, bendito sea Dios, que maneja una pluma. Tú escribes, explicas, y entonces , ¿por qué no demostrarles que en realidad están equivocados, eh?...» Y a renglón seguido, aunque alaba que se derrocara al zar, critica que ahora, en ese preciso momento, se persiguiera todo lo judío.

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Con Los Zelmenianos de Moyshe Kulbak avanzo en la consecución de los retos "Autores de la A a la Z" y el de "Nos gustan los clásicos".


4 oct 2023

El "Decamerón del siglo XXI" ya tiene página web

11 comentarios:
Desde hace pocas semanas el Colectivo literario Bremen ha abierto una página web para su publicación Decamerón del siglo XXI. En dicha página se puede conocer con más detalle y una visualización más agradable y dinámica la composición de dicho colectivo literario, su gestación y su manera de proceder en sus periódicas reuniones.

Pero lo más importante es que permite un mejor acercamiento al volumen de relatos que está dando a sus autores y lectores muchas alegrías. De especial importancia es la sección Presentaciones en la que se puede acceder a las que hasta el momento han tenido lugar y donde se anunciarán las que se vayan a realizar. También me parece esencial la sección Comentarios de los lectores donde éstos pueden opinar sobre la publicación señalando sus aciertos o los defectos que pudieran encontrar en ella. Y por último para aquellos que aún no tengan el volumen en su poder en la sección Comprar encontrarán un listado no exhaustivo de direcciones y establecimientos donde poder adquirirlo.

Haciendo clic en la imagen se accede a la página web


Como añadido a esta breve entrada quisiera anunciar que el libro se presentará en el Café Comercial sito en la Glorieta de Bilbao de Madrid el próximo mes de noviembre. Oportunamente y cuando se concrete la fecha la anunciaré en este blogs y en redes sociales. 


29 sept 2023

Muerte en el Nilo, novela de Agatha Christie

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Cierro septiembre con Muerte en el Nilo de Agatha Christie (1890-1976), novela que seguramente leí hace décadas y que ahora -concretamente durante las calorinas de agosto- he vuelto a leer. tras el éxito el año pasado de la película dirigida por Kenneth Branagh y la mejor y más popular de 1978 con Peter Ustinov y Angela Lansbury en los papeles principales, que he visto al tiempo que leía la novela, y que me ha servido para fijar mejor en mi memoria la maestría de la escritora británica.

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Durante unas placenteras vacaciones en Egipto, el detective Hércules Poirot coincide con Linnet y Simon, unos conocidos suyos que están de luna de miel en el país de los faraones.
El encanto de tan maravillosos días se rompe cuando una mañana, en el transcurso de un crucero por el Nilo, la bella Linnet aparece muerta de un disparo en la cabeza.
¿Será capaz Poirot de encontrar al asesino de la joven esposa? ¿Será capaz de discernir entre imaginación y realidad, aun estando a bordo la ex pareja de Simon, empeñada desde el mismo día de la boda en arruinar su matrimonio con la desafortunada Linnet?
El misterio está servido.

Muerte en el Nilo es una típica novela de la dama del crimen. Como tantas otras suyas (hay que recordar que Agatha Christie  escribió a lo largo de su vida nada menos que 67 novelas y más de 150 cuentos) se desarrolla en un espacio cerrado, en esta ocasión un barco, el Karnak, que remonta el Nilo hacia la segunda catarata del mismo. Con el ingenio habitual desarrollado por la autora, nuestra mente va culpando a unos y a otros hasta que en una especie de deus ex machina el intelecto de Hércules Poirot, el genial detective diseñado por la escritora, protagonista de unas 33 novelas y 50 relatos cortos, descubre al asesino y justifica el juego que ha llevado con sospechosos y lectores.

Me ha gustado mucho la introducción del mundo real -la popularidad del personaje literario Hercules Poirot- en la propia narración ficticia, de manera que el personaje alude a otros casos suyos -sería mejor decir, otras novelas de la escritora- como Asesinato en el Orient Express para justificar sus procedimientos. Esta entrada de la realidad (los libros existentes en la sociedad británica) en el mundo de la invención me ha recordado la que en la segunda parte del Quijote sufriese el ingenioso hidalgo y su escudero Sancho, reconocidos por no pocos personajes de ficción que dicen haber leído la novela (la primera parte) aparecida cerca de diez años atrás con enorme éxito.

La novela, publicada en noviembre de 1937, se desarrolla cuando Egipto aún está bajo la férula británica que controla el Canal de Suez y en cierta manera el país que no conseguirá desasirse definitivamente del yugo inglés hasta 1952. Así pues la idea de un país indígena con habitantes poco civilizados, tan cara para el lector inglés de esos años, es la que se transmite en la novela. Esta "barbarie" de los egipcios quizás pueda entenderse mejor si se tiene en cuenta que Agatha Christie comenzó a escribir la obra veinte años antes de su publicación, cuando ella ejercía de enfermera en la Primera Guerra Mundial con sólo 20 años. 

He de reconocer que aunque la novela me ha entretenido, durante su lectura he tenido la sensación de encontrarme ante un producto aviejado, que no ha soportado muy bien el paso del tiempo. Creo que la autora repite hasta la saciedad procedimientos narrativos suyos superconocidos y un desarrollo del suspense detectivesco que me ha resultado excesivamente utilizado. Quizás, esta sensación de archisabido se deba a los años que tiene quien esto escribe (¡seguramente!). 

Como he dicho, tras la lectura vi la película del año 1978 dirigida por John Guillermin protagonizada por un Peter Ustinov fantástico, quizás el actor que mejor ha encarnado al detective belga Hércules Poirot. En el papel de coronel Johny Race está un excepcional David Niven y en el de Salomé Otterbourne la inolvidable Angela Landsbury. No cito más intérpretes, todos ellos muy afamados (Bette Davis, Mia Farrow, George Kennedy, Jane Birkin...), por no extenderme. Creo que quizás lo mejor sea dejar en esta entrada el trailer del film que recomiendo ver a todos. 


La película que Kenneth Branagh ha dirigido y protagonizado como Hercules Poirot el año pasado no la he visto y por ello de ella nada puedo decir, ni a favor ni en contra.

21 sept 2023

Francisco Umbral: "Las ninfas", premio Nadal.

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«El río y la acequia tenían un agua terrosa, sucia, marrón, embarrada, y esto contribuía a la sensación de Ganges purificador…Porque la otra purificación, la de la iglesia y la confesión, ya había descubierto yo que era también más física que espiritual... En las aguas oscuras de la iglesia había que bañarse con unas cuantas viejas que habían ido a confesarse, mientras en las aguas de la acequia se bañaba uno solo, rodeado de mujeres tersas e imaginarias, esas mujeres únicas que entrevé uno ya sin deseo, y que son las más frescas y puras»

Premio Nadal 1975, Las ninfas, Francisco Umbral
Entre los varios Retos literarios a los que me he apuntado a lo largo de la existencia de El blog de Juan Carlos había -o hay, no lo sé con certeza- uno que consiste en leer unos cuantos libros de esos que llevan aparcados en nuestra biblioteca un largo número de años. Las ninfas de Francisco Umbral era, sin duda alguna en mi caso, uno de ellos. No lo tenía en mi residencia habitual, sino en otra a la que acudo con frecuencia. Siempre parecía que, debidamente alineado junto a otros de igual suerte, me miraba desde su posición vertical, e igualmente yo, sin oírme ni el cuello de  mi camisa, me decía eso tan frecuente en los lectores de "a ver si un día de estos lo leo". Y por fin ese día llegó. El acicate para sacarlo de su encierro no ha sido otro que el Reto de Serendipia recomienda, un reto que me encanta realizar y que consiste en elegir unas lecturas de entre las que otros lectores por alguna razón han destacado. De las tres que hay que hacer para superarlo una de las elegidas por mí este año ha sido la de esta novela de Francisco Umbral señalada por Mar, del blog Leyendo con Mar.
 
No sé qué adjetivo ponderativo elegir para transmitir la satisfacción que su lectura me ha producido. Quizás el mejor, aunque suene algo cursi o relamido, sea el de 'preciosa'. Sí, me quedo con él. Su lectura ha sido más que satisfactoria para mí, me ha producido inmenso placer entrar en la prosa cargada de lirismo de este enorme escritor que por culpa de la estúpida simplificación que adorna nuestra época se le tiene ubicado dentro de una localidad titulada 'es que yo he venido a hablar de mi libro y veo, Mercedes, que aquí no se habla de mi libro', frase que comunicadores que poco o nada han leído de Umbral, repiten hasta el aburrimiento. Y la gente ríe, pero la gente, quizás por esto, no acude a su rica literatura, a los buenos libros de este magnífico escritor castellano que yo he disfrutado mucho. El lirismo contenido en Las ninfas me ha retrotraído al existente en otra de sus novelas memorialistas, quizás la mejor y más sentida de todas ellas, el diario escrito durante la mortal  enfermedad padecida por su hijo PinchoMortal y rosa, aparecida en 1975, un año antes de la que acabo de leer [en la reseña que hace unos años hice de La hora violeta de Sergio del Molino hablé del mágico lirismo contenido en Mortal y rosa].

Las ninfas es, como digo, una novela lírica, una novela memorialista en la que el autor relata su adolescencia en una ciudad de provincias que no es otra que el Valladolid de donde era su madre, si bien ella se desplazó a Madrid -según algunos biógrafos- para dar a luz y así evitar habladurías, ya que era madre soltera. Pero se puede decir sin temor a decir mentira que Francisco Umbral es vallisoletano, pues su nacimiento madrileño fue algo meramente accidental. En biografías escritas sobre el escritor se desvela el nombre del padre, Alejandro Urrutia, un abogado cordobés padre del poeta Leopoldo de Luis; también el de la madre, Ana María Pérez Martínez, secretaria de éste. De lo sucedido a su madre, de la reacción de la familia ante la preñez sobrevenida, de qué hacer para evitar murmuraciones, en Las ninfas nada se dice; es otra novela anterior (Los males sagrados, 1973) la que se centra en ese momento y primerísima niñez del escritor.

Es Las ninfas una novela perteneciente a la serie Francesillo (alter ego de Umbral), grupo de ocho novelas en las que el autor ficcionaliza su propia biografía. De las ocho yo había leído antes de Las ninfas y ya hace tiempo dos: Los helechos arborescentes (1980) y Leyenda del César visionario (1991); guardo más recuerdos de la segunda, en la que el autor pone su mirada en las contradicciones de los intelectuales falangistas respecto al general Franco, que de la primera, más centrada en las vivencias duplicadas y algo irracionales de un niño durante la guerra civil; pero la sensación que me devuelve mi memoria es la de también plena satisfacción y disfrute con la prosa desplegada en ellas. 

En la novela que nos ocupa el adolescente narrador siente la llegada del ardor y la llamada y/o necesidad de mujer para aplacarlo. El chico, antes de descubrirlas a ellas, inalcanzables, misteriosas, mágicas y sensuales ninfas, se apaña consigo mismo anticipando en él los futuros placeres que encontrará en ellas
  • «La insinuación, el deseo, la progresión erótica, el hastío, la depresión, todo eso lo vive el adolescente en su cuerpo, como reflejo que le viene del futuro, de lo que luego va a sentir con las mujeres»
  • «Los poetas hablan de crisálida, cuando se refieren a la adolescencia. Yo prefiero hablar de retrete.»
El descubrimiento de las ninfas lo realizará Francesillo en la plaza de San Miguel, donde corren chicos y chicas, cuando, jugando a las prendas, María Antonieta, la hija de la pescadera, cumple el mandado  de besar al chico que le guste acercándose a él para besarlo en la frente. Desde ese momento el futuro entrevisto en su solitario erotismo se hace patente. Junto a su amigo Miguel San Julián, que va para obrero manual y que es pareja de Jesusita la vinatera, explorarán el amor, se divertirán con ellas, se enamorarán de ellas. La otra ninfa es Tati, tenida por la chica más fácil de la plazuela; el otro amigo es Cristo-Teodorito, niño muy religioso con el que Francisco conoce la Congregación, donde los frailes tenían un espacio para que los adolescentes jugasen a los juegos que había en la ciudad pero sin los peligros que los acompañaban (apuestas y otros riesgos). En esta congregación está el padre Tagoro que dirige unos Ejercicios Espirituales a los que Cristo-Teodorito intenta atraer a su amigo al verlo perdido en las redes de la sensual pescaderita. Pero Cristo-Teodorito también es humano y se siente muy atraído por Tati, la ninfa más sensual de las tres. Francisco se da cuenta de que no hay seguridades ni valores seguros en este mundo, que todo es mudable, que la religión no aísla de nada ni protege de nada.
«Tati era otra devoradora de hombres -como mi María Antonieta, como Jesusita, las tres ninfas malas del barrio-, y Cristo-Teodorito lo sabía. Tati se había enamorado o se había encaprichado de Cristo-Teodorito como María Antonieta de mí, como Jesuita de Miguel San Julián.»
Su adolescencia, como se ve, gira en torno a la búsqueda de la mujer, al deseo de estar con ellas, de hacerles el amor. Pero en Paco hay otra muy fuerte atracción, que es la que siente hacia la literatura. Desde siempre, en especial desde que la tisis lo alejara por un tiempo de su amigo Miguel San Julián, la literatura (su lectura y escritura) lo tienen cautivo. A esta captación ha contribuido muy mucho uno de los primos con los que vive en esa «habitación azul» que es la España de sus años adolescentes
«Nuestras almas nadaban como barbos líricos en las aguas azules y mediocres de la habitación, porque al otro extremo de la misma, junto a la ventana enrejada, estaba mi primo, alguno de mis primos, con su laúd, sus versos, su bigote temprano y sus amores, haciendo música, haciendo poesía, haciendo romanticismo, sentimentalismo, erotismo blanco y sonetos malos»
Y fuera de la casa, en el barrio, en la ciudad, su introductor al mundo literario es el poeta de su misma edad, Darío Álvarez Alonso, a quien él tiene en un pedestal cuando le escucha recitar versos en el Círculo Académico a donde lo lleva. Como espíritu en formación, en esos recitales Francisco no sabe si lo que oye, los versos que los rapsodas declaman son buenos o son malos («"Tanta soledad me inclina a abandonarme en el viento"... ¿Era aquello bueno o malo? Todavía hoy no lo sé»). Qué enorme sinceridad hay en esta frase.

Valladolid,poesía
Entre estas dos aguas, María Antonieta y la Literatura, navega el alma y el cuerpo del adolescente. Ella le atrae mucho, pero ve que quedarse con ella equivale a convertirse en mero contable del negocio de la pescadería, actividad que lo alejará de su verdadero amor que no es otro que la Literatura. Una literatura que a nivel provinciano representa Darío Álvarez Alonso a quien él tiene en muy alta consideración y estima. Pero no existen tales alturas inaccesibles, todos somos humanos, incluso el amigo hacedor de versos a quien un día se encuentra en la carbonería a donde sus padres lo han enviado, igual que le sucede a él, a buscar «cisco picón de encina para alimentar el brasero». El divino, el ejemplo literario al que él quiere emular, se viene abajo igual que la ninfa María Antonieta se cae de su hornacina cuando le propone una relación más estable, con una proyección de futuro nada sublime.

Francisco conoce los entresijos literarios de la mano de Álvarez Alonso quien lo acerca al periódico donde Darío escribe alguna vez, aunque nunca le paguen. Los talleres, la maquinaria, el olor de la tinta, todo lo enamora y despierta en él una vertiente de su insobornable vocación literaria, el periodismo. También con Darío acude al café cantante donde actúa Carmencita María, y donde toca el violín Empédocles, un viejo bujarrón que hace sus intentos con Francesillo. Empédocles toca al violín piezas de Mozart o Beethoven y al ser preguntado por si con el stradivarius que dice tener en casa toca a Chopin responde que «Chopin es una máquina de coser», frase que al narrador le maravilla aunque no llega a comprender del todo su alcance.

En este limbo provinciano de amor a las mujeres y a la literatura vive Francisco, el narrador y autor de este libro. Podría haberse eternizado en esa situación común a muchos seres humanos. Pero hay factores, sucesos que propiciarán su evolución. En el terreno de los misterios femeninos descubrir un día a dos devoradoras de hombres (Tati y María Antonieta) devorándose mutuamente; en el de la literatura la pérdida de la sublimidad que creía haber encontrado en su faro literario, el poeta Darío Álvarez Alonso, y no sólo por el caso de la carbonería sino por otras cuestiones que no es el caso desvelar aquí. También en su toma de decisión los consejos desinteresados de unos y de otros (de Carmencita María, de Empédocles, de la misma María Antonieta) tendrán peso definitivo.

Para finalizar
Auténtica novela de iniciación que marca el final de la adolescencia, con sus anclajes familiares, y la entrada en la edad adulta, con la ruptura de estos amarres y la toma de decisiones personales. La principal de ellas es la de triunfar en la literatura. Cuando finaliza la narración el narrador aún no ha triunfado pero ya se deja ver que gracias a las experiencias vividas y a los consejos recibidos por parte de unos y de otros los cimientos del éxito ya están echados. La novela, que se abre bajo el epígrafe de Baudelaire «Hay que ser sublime sin interrupción», cierra con la confirmación de dicho lema al verlo plasmado, en su carencia, en las carnes de su amigo Álvarez Alonso
«Tampoco la cultura era verdad. La cultura podía ser el trámite hacia una pescadería. El propio Darío me había descubierto recientemente, por fin, las palabras de Baudelaire: Hay que ser sublime sin interrupción.»
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Nota
Esta novela de Francisco Umbral, ganadora del Premio Nadal 1975 fue publicada el año siguiente. Al haber aparecido, pues, antes de 1980 la incluyo dentro de los clásicos que he leído dentro del Reto Nos gustan los clásicos.
Asimismo Las ninfas viene a engrosar el cupo de los libros escritos en español (Reto 25 españoles).

16 sept 2023

Dolores Redondo. "Esperando al diluvio"

32 comentarios:

« —Me llamo Noah.
—¡Oh! Qué bonito, suena muy bien. ¿Tiene traducción al español?
—Sí, como Noé.
—¿Noé, el del diluvio?
Él asintió
—¿Y qué haces en Bilbao, Noah?
Él lo pensó un instante. Se entristeció al hacerlo.
—Supongo que estoy esperando al diluvio»


Dolores Redondo, Trilogía de Baztán
Completé en 2022 el Reto Autores de la A a la Z que desde hace ya unos años propone Marisa en Lecturápolis, su magnífico blog. Añade 
Marisa al trabajo que le supone la convocatoria del reto y su control la generosidad de sortear una serie de libros entre los que participan en él. Tuve la fortuna este año de que me tocase en suerte la última novela de la escritora vasca Dolores Redondo. Un ejemplar de Esperando al diluvio ha aguardado pacientemente varios meses en un estante de mi biblioteca hasta que por fin le llegó el turno. La he leído y me ha gustado, me ha entretenido y hasta por momentos me ha emocionado. En fin, vayamos por partes.

Sinopsis
Entre los años 1968 y 1969, el asesino al que la prensa bautizaría como John Biblia mató a tres mujeres en Glasgow. Nunca fue identificado y el caso todavía sigue abierto hoy en día. En esta novela, a principios de los años ochenta, el investigador de policía escocés Noah Scott Sherrington logra llegar hasta John Biblia, pero un fallo en su corazón en el último momento le impide arrestarlo. A pesar de su frágil estado de salud, y contra los consejos médicos y la negativa de sus superiores para que continúe con la persecución del asesino en serie, Noah sigue una corazonada que lo llevará hasta el Bilbao de 1983. Justo unos días antes de que un verdadero diluvio arrase la ciudad.

Como fácilmente puede deducirse de la sinopsis anterior estamos ante un thriller, se busca a un huidizo asesino en serie de mujeres. Lleva en su macabra actividad desde 1968 y catorce años después, en Glasgow, donde se produjeron los primeros asesinatos, han vuelto a suceder casos parecidos. La policía, pese a aún estar sin resolver los asesinatos de 1968, no relaciona ambos casos dada su distancia en el tiempo y la asentada creencia de que el desconocido asesino habrá muerto; tan sólo el agente especial procedente de Londres, Noah Scott Sherrington, sigue atando cabos, pues jamás creyó las teorías de que el asesino John Clyde, conocido como John Biblia por el protocolo con que adorna sus crímenes a base de textos bíblicos, estuviese muerto o hubiese abandonado el país. Sus compañeros de la comisaría La Marina de  Glasgow a la que ha sido destinado -en especial el sargento Gibson- se burlan de él y lo consideran antiguo y algo engreído habida cuenta su procedencia londinense. Por un azaroso barrunto Noah está a punto de detenerlo una lluviosa noche junto al lago glaswegian Katrine, pero un inopinado e inoportuno ataque al corazón mientras estaba en ello propiciará que Biblia escape. Siguiendo su estela, Noah llegará hasta Bilbao en donde el asesino se encuentra ahora. Y allí en plenas fiestas locales están sucediendo desapariciones de chicas que a Sherrington se le asemejan muy mucho a las ocurridas en Glasgow.

Junto al thriller propiamente dicho se desarrolla una emotiva historia de amor entre el escocés Sherrington y Maite, la mujer que atiende el bar cafetería al que acude Noah. Por último, y muy importante, es ver cómo al tiempo la autora nos introduce en un momento concreto de la vida en Bilbao, agosto del año 1983. Por esos meses ETA está asesinando con prodigalidad, acaba de salir la primera promoción de ertzainas y Mikel Lizarso, uno de los protagonistas de la novela, forma parte de ella. Este personaje se hace amigo de Noah y ambos hablan de las semejanzas y diferencias entre los conflictos vasco e irlandés; a Noah le llama sobremanera el idealismo fuera de la realidad que percibe en el apasionado nacionalista policía euskaldún, al que advierte de ello. En ese agosto sucederá la inundación histórica de Bilbao, el diluvio que anegará la ciudad. No obstante la autora al final advierte de la licencia que se ha tomado al adelantar un año la resolución del asunto John Biblia y atrasar otro la salida de la primera promoción de la Ertzaina para hacer coincidir ambos hechos con la riada histórica que anegó Bilbao el 26 de agosto de 1983. Todo por el bien de la literatura. 

La tercera pata de la novela, la del marco político y social en el que se desarrolla el thriller, le sirve a Dolores Redondo para introducir asuntos sensibles como el del conflicto político y otros interesantes socialmente hablando como el de la parálisis cerebral que en esta novela está presente en el personaje de Rafa, un muchacho que acompañado de su perra de aguas Auri hace recados a los comerciantes de la zona, en especial a Maite, la dueña del bar al que Noah acude desde su pensión y con la que éste establecerá una relación amorosa. La integración de los paralíticos cerebrales; el txikiteo que, si se abusa de él, puede acabar en alcoholismo; la opresión y los abusos producidos en el seno familiar sobre un adolescente... Todos estos asuntos y muchos otros más aparecen en esta entretenida novela negra.

Muchas cosas me han gustado en Esperando al diluvio. Me ha encantado ese discurrir de la trepidante acción por las calles de Bilbao en lo que es un auténtico homenaje a la ciudad (Iturribide, Tenderías, plaza de Unamuno, Madariaga, las Cuatro Calles, Telesforo Aranzadi, Luis Briñas, Plaza del Arenal, plaza Circular, plaza Moyúa, las Siete Calles, calle Ercilla, alameda de Recalde, calle Elcano,  Matico, Uribarri...), me han parecido impecables las escenas de lucha y persecución desarrolladas tanto en ese Bilbao feo y sucio anterior al Guggenheim como aquellas que tienen por marco la lluviosa Escocia a orillas del lago Katrine con la preciosa leyenda de la 'caoineag' (la 'llorona'), el demonio del lago que llora cuando alguien va a morir. La imbricación entre la realidad del combate entre humanos y la atmósfera legendaria con alusiones al poema de Walter Scott Las damas del lago me parece un gran hallazgo.

Y también muy acertada es esa inclusión de la música tanto inglesa como española envolviendo toda la historia. En la de acá, la española, destaca el tema Amor de hombre de los bilbaínos Mocedades que sirve para arropar con ternura y delicadeza la relación Maite - Noah; también se cita el tema de Tino Casal Póker para un perdedor para ilustrar la difícil situación por la que en un momento dado de la narración está pasando Sherrington. Pero sin duda es la música en lengua inglesa (Let's Dance de David Bowie; Total Eclipse Of The Heart de Bonnie Tyler; She works hard for The money de Donna Summer; Baby Jane de Rod Stewart; Wouldn't It be good y Human Racing, ambos temas de Nick Kershaw;  etc.) la que más abunda en esta narración. En especial es Wouldn't It be good la canción más utilizada por Dolores Redondo en su novela; varios capítulos de la misma utilizan como título versos sacados de la misma. Al final, en 'Nota de la autora' la novelista nos aclara que «Nick Kershaw publicó su Wouldn't It be good como  parte del álbum The Riddle en 1984, pero también me he tomado la "licencia literaria" de incluirla como banda sonora de la trama de esta novela que transcurre un año antes»


Me gustaría también destacar el gusto con el que Dolores Redondo introduce en el relato vocabulario en euskera propio de su Bilbao natal, de su País Vasco. Son términos muy usuales por allí como txikiteo (tomar chatos de vino yendo de bar en bar), txosnas (tabernas que se montan durante las fiestas regionales en País Vasco y Navarra), latxa (raza ovina y por extensión la lana burda de los ovinos de esta raza), sokamuturra  (fiesta tradicional taurina del País Vasco en la que se juega con un toro enmaromado), auzolan (trabajo vecinal gratuito en beneficio del pueblo o para ayudar a una familia de la localidad), etc. Y de la misma manera la Redondo gusta de utilizar con precisión palabras propias de la marinería cuales pañol (compartimento de un barco o pequeño almacén en un puerto, que sirve para guardar víveres, municiones, herramientas...), amuras (en un barco parte del costado donde el casco se estrecha formando la proa del mismo), etc.

También en el ámbito del vocabulario específico hay proliferación de terminología médica relativa especialmente a la cardiología. Y junto a estos vocablos de los facultativos la profunda reflexión de quien se sabe próximo a su final
«Ya sé lo que tratas de decirme, todos vamos a morir, mi cardiólogo me dijo lo mismo, pero vosotros tenéis la suerte de vivir en la ignorancia y no saber cuándo será eso, y yo sé que es inminente.»

Para finalizar
Editorial Destino
Dos cosas quisiera destacar para cerrar esta reseña. La primera es el cuadro costumbrista que la novelista logra darnos de su ciudad, que me ha parecido magnífico. Además de las calles y espacios (el puerto, la ría, el teatro Arriaga...) otros muchos de los elementos que se citan son auténticos; incluso el popularísimo locutor radiofónico de los 40 principales de la SER bilbaína, Ramón García, es real.

La segunda cosa es esa especie de comparativa que en Esperando al diluvio realiza Dolores Redondo entre las ciudades de Bilbao y de Glasgow, tanto en sus aspectos marineros cuanto de hábitos ciudadanos. Por extensión (Escocia e Irlanda forman parte de una misma etnicidad), proximidad y posesión del gaélico como idioma diferencial, también la escritora encuentra analogías entre las identidades y las ansias de especificidad diferencial de los irlandeses del norte y los vascos, en ese momento -agosto de 1983- inmersos ambos territorios en conflicto político con sus respectivas metrópolis. 

Esto último si bien no es elemento nuclear en la novela, sí que la autora lo deja apuntado con claridad. Pienso que Dolores Redondo también está pensando, mientras escribe esta entretenida novela, en el lector inglés que la vaya a leer; quizás de ahí venga esa manera de encabezar bastantes capítulos con versos tomados sin traducción alguna de la canción Wouldn't It be good de Nick Kershaw. 

No lo he dicho porque creo que no era necesario, pero por si acaso recordaré lo que la misma Dolores Redondo dice de sí misma en su página web:

Dolores Redondo (Donostia-San Sebastián, 1969) es la autora de la Trilogía del Baztán, el fenómeno literario en castellano más importante de los últimos años: El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta. Las tres adaptaciones cinematográficas se estrenaron con éxito entre 2017 y 2020 y actualmente están disponibles en Netflix. A la trilogía le siguió Todo esto te daré (Premio Planeta 2016), la novela ganadora de dicho galardón más vendida de los últimos tiempos. En 2019 regresó al universo del Baztán con La cara norte del corazón, que se encuentra en vías de desarrollo como serie televisiva en Hollywood, lo que constituye un hito de la ficción española contemporánea. Esperando al diluvio es su novela más reciente. En 2021 se reeditó Los privilegios del ángel, su primera novela. Hoy son ya 38 los idiomas a los que se han traducido sus obras en todo el mundo, y cuenta con más de 4 millones de lectores.
 




7 sept 2023

Islandia, 2004. Novela de Ezequías Blanco

12 comentarios:

«Ha caído en mis manos un libro titulado Sin noticias de Gurb con el que alguien pudiera establecer comparaciones y acusarme de plagio o intertextualidad, que esas cuestiones aquí tienen mucha importancia a causa de los derechos de autor y del exagerado individualismo de los artistas. Como si lo de caer en un sitio que no es el esperado y empezar un diario reseñando e interpretando la extrañeza que produce la novedad fuera exclusiva de alguien»


Hace unas semanas que leí Islandia 2004, la divertidísima novela de Ezequias Blanco. Se trata de una reedición que Huerga y Fierro, sus editores, presentan en una nueva y hermosa publicación. He disfrutado mucho leyéndola. Es divertida, crítica sin hacer sangre, popular, auténtica, muy bien escrita y viene acompañada, como es consustancial a su creador, de una enorme carga literaria y cultural. En fin, es una, por estilo y contenido, reconocible obra de Ezequias, getafense de adopción.

La anécdota que contiene es la pérdida, por algún defecto en la IA (Inteligencia Artificial) aplicada, del artefacto que debía de transportar al Gran Hermano orwelliano hasta la fría Islandia. En vez de ello ha recalado la nave en Getafe (Getafilandia) desde donde este personaje comienza a filmar y enviar a un joven transcriptor cintas de cuanto se presenta ante su ojo orwelliano. Y lo que se presenta es toda la sociedad y la vida social de esta ciudad de la CAM (Comunidad Autónoma de Madrid) a comienzos del siglo XXI. 

Es una novela divertida por demás. El tono surrealista lo envuelve todo Comienza el humor por ese personaje vestido de esquimal, ese GH cuyos conciudadanos quieren quitarse de encima por viejo y estar descacharrado; es por esto que deciden enviarlo en misión informativa a Islandia, de ahí su atuendo invernal: «sombrero castoreño, una bufanda muy tupida de lanas de caída de yak, unos guantes de Burgos, unos calzoncillos de felpa de pernera larga o pulgueros, una camisa de cuadros de merina australiana, un anorak de plumas de ganso [...]». Pero contra todo pronóstico el ser así trajeado cae en plena canícula en el poblachón manchego de Getafilandia. Y también contra todo pronóstico la máquina que en definitiva GH es suda por todos los poros que no debiera de tener, motivo por el que habrá de hacerse con otra vestimenta más adecuada al momento, paisaje y paisanaje local. 

El ojo que todo lo ve del GH graba de manera neutra e impersonal imágenes de todo cuanto en su recorrido por Getafilandia se va encontrando: la frutería de la Rosi, el salón de bailes Casablanca a donde ella, lesbiana, y la Encarni, madre separada, acuden a bailar y «a pillar la pava», sobre todo la primera; la sala de Bingo donde la suerte («dinero llama al dinero») cae sobre los hermanos Céspedes, marqueses de la Chorra Pelada; el dominguero partido de fútbol infantil en el que los padres chillan como posesos contra el equipo rival, quizás —¡venga Dios a verlo!— con inequívoco afán educativo; la desmadrada fiesta en casa de los Marqueses en la que hasta las mascotas se saltan todas las líneas rojas: «"Mariblanca [...] al menos echa tres polvos diarios con Héctor" "¿Qué dices?" "Lo que oyes" "Pero ¿es posible? ¿Un perro y una gata...?" "Sí, cari, un perro y una gata. Con mis propios ojos lo he visto y como podrás imaginar me quedé de piedra..." "Esta casa parece una orgía de animales"»; la farmacia del licenciado Cristóbal; el Centro de Mayores; la Librería El Chato; etc., etc.

En todos estos espacios los lugareños hablan, ríen, viven, se relacionan..., y el ojo que todo lo ve del GH va registrando en cintas de video sus gestos, sus figuras, sus palabras. Es luego otra máquina, el transcriptor, a la que GH envía las cintas, la encargada de poner en palabras lo allí grabado. Ambos seres, el caído por azar en Getafilandia y el transcriptor, aunque en principio tienen el propósito de no apostillar, de no opinar sobre lo que ven, sin embargo, según avanza el relato no pueden evitar implicarse en el mismo más y más. Ambos lo admiten y lo confiesan. El propio GH comunica: 
«Soy el Gran Hermano. Al principio escribí, que yo sólo apostillaría si lo considerara necesario y que prefería no tener que hacerlo, pero a estas alturas no me queda otro remedio, porque si no, me voy a comer las uñas que no me crecen»
Por su parte el propio transcriptor («un jovenzuelo con pinta de pajero compulsivo») que fue quien decidió desasirse del viejo GH enviándolo a Islandia no tiene más remedio que advertir que él que
«pretendía ser lo más objetivo posible en esta transcripción al dar cuenta de lo que sucedió en el jacuzzi entre Teresita, Diana y el Marqués, y en el jardín con los otros cuerpos sólo diré que a mí, que soy una máquina y estoy castrada se me elevó el pizarrín en tres ocasiones»

En total son diecinueve las cintas grabadas por este ojo, cada vez más humano y menos GH, tanto que en un momento dado del relato tomará una decisión importante que, naturalmente, no voy a revelar aquí. Sólo diré que la misma implica al propio libro que tenemos en nuestras manos. ¿Qué será? ¡A leer la novela tocan!, que diría aquel. El humor, presente de principio a fin, en definitiva lo que hace es reivindicar la vida, la vitalidad, la alegría de vivir.

El recorrido por Getafilandia que reflejan estas cintas y sus trascripciones es ciertamente muy costumbrista, y también muy Vélez de Guevara, quiero decir, muy al estilo de ese Diablo Cojuelo que levantaba los tejados de Madrid, otro poblachón manchego, para mostrarnos la vida viva de sus habitantes. Pero Islandia 2004 no es una mera postal costumbrista en la que vemos a personajes variopintos en su día a día. No, no es sólo eso. Ezequías en esta novela ironiza también de manera crítica sobre no pocos tipos de seres que existen en nuestra sociedad: he ahí a Hilario, el sindicalista, al que Encarni bailando en el Casablanca pregunta «"¿En qué trabajas?" "Soy sindicalista" "Ya se nota. Buena chupa llevas. Lo menos de noventa talegos"»; o a Luis Carlos, marqués de la Chorra Pelada, dedicado a sus placeres eróticos e intelectuales, el cual es vitoreado por todos los asistentes a su desmadrada fiesta cuando surrealísticamente en la misma es preguntado sobre cuestiones consideradas habitualmente de enjundia: la creación artística, la relación creador-obra creada y, por último, si la muerte del libro físico está próxima. Y este calavera —paradójicamente luego veremos que Luis Carlos es de lo más centrado de ese zoo humano que es Getafilandia— supera todas con nota; o al mismísimo Azrael Blanco, quien tras inventarse una frase que atribuye a Leopold Bloom —¡madre mía, cómo somos los profesores, qué capacidad de inventiva tenemos!—, afirma algo que, aunque su alter ego real, el novelista Ezequías Blanco, la ha escrito con tremenda ironía, yo creo que es realmente la finalidad perseguida por él en esta interesante y divertida novela. Dice Azrael que 
«intentará hacer de Getafilandia la síntesis material y espiritual del mundo del siglo XXI. [...] Si no la gran epopeya de la posmodernidad, sí al menos la epopeyita que se puede conseguir con estos personajes».
Y es que de personajes va esta narración. De personajes reales, de seres de carne y hueso, que se relacionan entre sí, en un espacio relativamente pequeño, la ciudad de Getafe, y que cada uno con su función (Pedro Castro, alcalde perenne; Gregorio Peces Barba, rector de la Universidad; Carmen García, directora del IES Puig Adam; el poeta Luis Alberto de Cuenca en la presentación de un victimista libro feminista de Enka, la marquesa; el obispo; el cronista local; el farmacéutico y poeta Cristóbal de la Manzanara; el sindicalista, poeta y abuelo precoz Matías Muñoz; los libreros Felipe Alarcón de El Chato, o el correspondiente de la librería Demos... Personajes reales éstos, que sirven de marco para las vicisitudes de los plenamente ficticios con los que se relacionan o acogen en sus espacios.

En cuanto a la escritura, hay que decir que es una gozada leer esta novela. En ella Ezequías plasma la viveza del lenguaje coloquial. Es fantástico y muy divertido observar cómo unos visitantes foráneos externos, el GH extraviado llegado aquí y su joven transcriptor aún en su remoto lugar, intentan comprender lo que se dice en una reunión de amigos «cuando coinciden todos a la vez y la conversación general pronto se desgrana en subgrupos de dos o de tres»:
«"¿Cual es la última palabra del diccionario?" [...] José Luis saca la PDA y apostilla "la última es zyjanera" "¿Y qué significa zyjanera?" "Se me han acabado las pilas y no me ha dado tiempo a leerlo" "Por cierto han salido al mercado unas pilas extraordinarias... ¡De cine...!" "El cine de ahora es una mierda. Nadie superará a Burt Lancaster..." "¿Encaste...?" "...Si se caían todos. Últimamente ni trapío ni casta..."»

Naturalmente no puedo pasar por alto que, aunque estamos ante una muestra del buen hacer en prosa de Ezequías Blanco, él es y se siente ante todo poeta. En un texto de naturaleza humorística como es Islandia 2004 el autor dedica unas cuantas páginas a la poesía. Concretamente presenta unos poemas humorísticos de tono escatológico que por asunto y variedad dentro del tema abordado (el pedo y sus variedades) bien podría haber firmado el mismísimo don Francisco de Quevedo.

Por último me parece un acierto, que da redondez a la novela, la analogía que se realiza entre el personaje del cuento de Collodi,  Pinocho, que, como se recordará, al final  es premiado con su transformación en ser humano y el Gran Hermano, cuya perfecta incorporación y asimilación de los valores y comportamientos getafeños le llevan a corporeizarse y transformarse en Hermi, el «jodío chino» que desde que lo vio por primera vez le decía Mateo, hermano de Juaniyo y de Angelito. La analogía se explicita en la contemplación de un cartel anunciando la edición crítica de Las aventuras de Pinocho de Carlo Collodi realizada por el profesor Azrael Blanco. Cualquiera que conozca la biobibliografía de Ezequías sabrá que precisamente el año en que Hermi, en ese momento como GH, aterrizó en Getafilandia vio la luz tal edición crítica.


Una nota final y una petición
Quiero añadir una nota final simplemente para señalar que el autor de la novela nombrada dentro de la cita que encabeza esta reseña es Eduardo Mendoza. Tal y como advierte el mismísimo Ezequías por boca del personaje protagonista pudiera ocurrir que en la cabeza de alguien se aposentase la equivocada idea de plagio. No cabe tal idea dado que, salvo en el tono humorístico, presente en ambas, y en la anécdota de alguien extraño a un lugar que comunica y/o comenta lo que ve por primera vez, en todo lo demás son narraciones absolutamente diferentes. Recojo de nuevo las palabras del escritor cuando dice que: 

Ezequías Blanco junto a  
Matías Muñoz en la caseta 
de Huerga y Fierro de la FIL
de Madrid 2023 en la que
ambos firmaron sus libros

«caer en un sitio que no es el esperado y empezar un diario reseñando e interpretando la extrañeza que produce la novedad fuera [no es] exclusiva de alguien [nadie]»

En cuanto a la petición, me gustaría solicitar a quien/es corresponda una merecida distinción para Ezequías Blanco, autor de esta novela. Ezequías Blanco, lo sabemos todos quienes tenemos o hemos tenido trato con él es hombre magnífico en todo lo que toca, ha tocado o pasado por sus manos. En esa ciudad de Getafe, protagonista principal ella misma de este relato, Ezequías ha sido profesor de Literatura en el IES Puig Adam y durante 30 años editor de la revista de poesía "Cuadernos del matemático". Actualmente sigue cultivando la poesía, la escritura de relatos y de novelas como esta magnífica Islandia 2004 en la que  realiza la epopeya (epopeyita, así, por humildad, dice él en la narración) de la ciudad de Getafe. Pero sobre todo, sobre todo, lo que es y más caracteriza a nuestro real y auténtico Azrael Blanco, nombre con el que aparece citado en su novela personificado en un reconocido poeta y profesor de instituto de la localidad, es ser derrochador de la amistad, del trato ameno, de la conversación elevada cuando toca y al nivel del interlocutor también cuando toca. O sea, autoridades de Getafe, ya estáis tardando en reconocer su inmensa labor por vuestra ciudad. Por ahora lleváis casi 20 años de demora, casi casi tantos como el nuevo Gran Hermano orwelliano cuando se perdió. Por favor, que no os ocurra a vosotros —mandatarios getafenses— algo parecido por pereza.

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Entradas en este blog sobre libros y actividades de Ezequías Blanco:


27 ago 2023

Mujeres sin hombres. Libro de relatos de Ajo Diz

20 comentarios:

«El problema es que eliges mal a los hombres. Desde el crac de los cuarenta vives en la crisis de los hombres inadecuados. Siempre escoges al menos indicado...» (‘El síndrome de la escasez’)
«Con cincuenta años y no aprendo, me quedo en blanco y no soy capaz de decir: "Sí, gracias, podemos ir al Novelty. Es un bonito café, aquí al lado". Porque... la verdad, el francés me gusta» (‘Entre abrigos, un francés’)

Por fin, en mitad de una tarde más de la tercera o cuarta ola de calor de este verano, abro el libro de relatos de mi paisana Ajo Diz. Topo de mano con una cita inicial de Marcela Serrano bajo la que viene a albergarse todo el libro o, al menos, así me lo parece a mí. En ella la autora de "Nosotras que nos quisimos tanto" destaca para la mujer esa especie de ineluctable destino marcado desde el nacimiento por la mera razón de su sexo biológico («No importa tu clase ni tu raza: naciste castigada. Tu anatomía, sólo por ser femenina, será taladrada por la desigualdad milenaria»).

Con estos antecedentes epigráficos pensé que me encontraría con unos relatos en los que las mujeres serían siempre víctimas, seres sufrientes, explotadas injustamente por el sexo opuesto. Pero afortunadamente no ha sido así. Ajo Diz en los veinte relatos que componen este Mujeres sin hombres presenta un abanico de mujeres diversas, empoderadas muchas de ellas aunque casi todas, como se pregunta retóricamente la autora-narradora en la historia que da título a todo el volumen, viven sometidas al imperio de los afectos: «¿Todavía Venus condiciona nuestra larga marcha hacia la autonomía e igualdad?»

Tras leer los veinte relatos veo que las protagonistas, en líneas generales, viven en soledad, a veces elegida por ellas mismas, si bien casi siempre presentada entre lamentos por esa educación represora que las ha llevado a comportarse así ante los otros. Es el caso de la protagonista de Entre abrigos, un francés afligida por su indecisión, por su falta de reflejos ante un hombre que la atrae («Si es que soy tonta, tenía que haberle dicho algo, no sé... haber aceptado su invitación. Nada. no reaccioné, como siempre, me quedo parada, sonrío, y me despido como si alguien estuviera esperándome.») o la de Las del sí, sin remedio quien, quince años después, se echa en cara a sí misma la falta de arrestos para haberse lanzado, en esta ocasión a la relación con una amiga de la que aún sigue enamorada («No, encanto, nada de pensamientos cruzados, ni paralelos, ni en el aire..., tales dones me ha negado la genética. Si no, en este momentísimo percibirías los efluvios de este runrún, de esta obsesión interminable que me enciende mientras te escucho la disertación sobre el admirador que no cesa.»).

Las mujeres de Ajo Diz viven solas, aunque tienen relaciones. Pero son relaciones poco duraderas, cambiantes, en busca de una inalcanzable perfección que como sucede en el cuento Carolina vuelven a la primera, de la que con apremio un día la protagonista deseó escapar. Son mujeres que en ocasiones buscan la satisfacción solitaria utilizando juguetes muy alabados y populares. Simpática y muy bien escrita, jugando con el uso del utensilio mecánico al tiempo que la protagonista recuerda su relación con Mark, es la narración contenida en La colchoneta. En el último párrafo de la misma se aúnan magistralmente el run run del aparatito, la poesía amatoria de Leopoldo María Panero y el recuerdo de un encuentro íntimo con Mark: 
«"Y tu mano valía mi vida y muchas vidas", sí, algo así... Sí, estaba en el poema en el espejo en el baño de Mark. "Porque eras suave como el peligro". ¡Oh, dios! El último, sólo el último. Con este chisme, la revolución en marcha, como dice Susan. Te olvidarás de los hombres. Síííí... "y en el último trago nos vamos".»
Aunque singularizado en las mujeres, Ajo Diz también presenta en este Mujeres sin hombres el propio discurrir del tiempo, la evolución común desde una juventud ardiente, revolucionaria y apasionada a la tranquilidad y mediocridad pequeñoburguesa presente en la maternidad, cuidado de los hijos y atenciones al marido que con harta frecuencia han experimentado y experimentan no pocas mujeres. Es una evolución a veces no elegida como en Entre abrigos, un francés y otras no forzada como en Yang Qing.

En líneas generales son estos cuentos de Ajo Diz muy agradables de leer tanto por los asuntos tratados o las tipologías de sus protagonistas como por los procedimientos literarios y tonalidades empleadas en ellos. Me ha divertido la disemia contenida en Entre abrigos, un francés, especialmente la preocupación del personaje femenino por mejorar su francés, que con el paso de los años se le ha quedado un tanto olvidado («Tengo que pensar bien lo que digo [...] Ah, y el francés, repasar el francés, que lo tengo muy olvidado»); también me ha hecho sonreír el intercambio de papeles que en el último cuento existe entre la protagonista y su gato Simón con el que en plena pandemia conversaba cual si de un humano se tratara; o el guiño critico que en otro relato se hace al movimiento #Metoo al dudar con gracia el narrador del mismo sobre si su relación en el pasado estudiantil con una compañera de piso hoy sería tipificada como abuso...

He disfrutado mucho viendo circular por calles y plazas de Salamanca, la ciudad donde nací y me formé, a los personajes de varios de los cuentos que conforman Mujeres sin hombres. Ajo Diz, aunque nacida en Galicia, se siente charra por los cuatro costados al llevar viviendo en Salamanca, ciudad a la que arribó para cursar estudios universitarios, ya muchos años. Es por esto que muchas de sus solitarias mujeres viven en la ciudad salmantina y desde la altura de sus años evocan en ocasiones experiencias y aventuras de adolescencia y primera juventud vividas en tierras gallegas. Se sitúan claramente en Salamanca, que recuerde yo ahora, entre otros, los relatos titulados Entre rubias anda el juego, Circe, Las del Sí, pero No, Entre abrigos, un francés o Lluvia y Misspiernas. En Galicia lo hacen Peregrina, Yang Qing o Las del Sí, sin remedio. Otros aparecen sin ubicación definida  adoptando un tono más propio de la narrativa norteamericana como Esta noche no o El hombre que sólo bebe leche.

Pero sin duda alguna lo que más me ha agradado de estos cuentos escritos por Ajo Diz es su buen manejo de los recursos narrativos y el conocimiento que demuestra de la literatura tanto actual (Murakami o David Foster Wallace) como clásica. Dada mi condición de profesor de literatura quiero detenerme en Lope de Vega de cuya comedia Las mujeres sin hombres la escritora toma el título para esta colección de relatos. Lope en su obra de teatro concluye que el amor es el pegamento que de igual a igual une a hombres y mujeres. El epígrafe de cuatro versos tomados de esa comedia tienen aún hoy vigencia. ¿Sí? ¿No? Para saberlo animo a leer con atención este interesante relato (Mujeres sin hombres) en el que la escritora maneja y entrevera con maestría y soltura la mitología griega, la comedia nacional del Siglo de Oro y un cuento de David Foster Wallace.

No es sólo Lope o Foster Wallace o los mitos griegos los que surfean por estas narraciones, también están insertos en ellas Murakami o Hemingway, ambos con una obra titulada Hombres sin mujeres, justamente lo contrario del título de la colección de Ajo Diz. Y es que, como ella misma dice, su libro es, dándoles la vuelta, también una especie de homenaje a los libros de estos autores en los que los hombres siempre eran el centro y las mujeres seres accesorios y subsidiarios.. 

Es consciente Ajo Diz de que algunas alusiones y/o procedimientos utilizados en sus cuentos pueden ser de difícil intelección para algunos lectores. Por ello incluye en el libro una inicial Nota de la autora en la que aclara una serie de extremos que no voy a repetir aquí, pero que son de sumo interés para legos y entendidos. Así, por ejemplo, ignoraba yo que el procedimiento de utilizar notas a pie de página dentro de una narración para dar una segunda voz al narrador-autor, como hace la escritora en Lluvia y Misspiernas, lo tomase de David Foster Wallace. E igualmente tampoco sabía que esa mostración del narrador que, quizás por excesiva, descoloca un tanto al lector y que la autora -ella dice «he intentado»- realiza en los dos relatos que más justifican el título dado a la colección (Y si no jugamos limpio y Mujeres sin hombres) proviniera de Robert Walser. 

Mujeres sin hombres, Charo Alonso, Salamanca al Día
(https://salamancartvaldia.es/noticia/2022-04-13
-ajo-diz-cuentos-para-contar-la-vida-293382)
De la misma manera que hace uso, sin citarlos expresamente, de procedimientos vistos en estos otros autores, también, ahora sí, de manera expresa, hecha mano de citas, frases, versos de canciones populares o palabras tomadas de escritores y cantantes de hoy y de ayer. Así navegan por sus escritos versos de Leopoldo María Panero, de Lope de Vega, textos de Dorothy Parker, Mary Ann Clark Bremer o temas musicales de  Serrat o Pablo Milanés.

Literariamente hablando a mí me ha gustado mucho ese continuar un cuento en otro, corrigiendo el final de uno, que se me había antojado inverosímil, en el que le sigue. Es el caso de los titulados Las del Sí, pero no y Las del Sí, sin remedio. También ha llamado mucho mi atención que el narratario sea siempre un personaje femenino singular o plural. Por último destacaría en cuanto a procedimientos discursivos el uso del monólogo interior en Circe, los diálogos sin que conozcamos la respuesta del interlocutor de El síndrome de la escasez, la técnica del contrapunto también en Circe, la ausencia de signos de puntuación en el cuento Carolina quizás, para marcar la rapidez con que todo pasa... Etc., etc.

Para finalizar
Siempre me resulta difícil reseñar un libro de relatos; mucho más cuando son de elevada calidad literaria como los contenidos en Mujeres sin hombres de Ajo Diz. Unas historias que, aparte de lo hasta aquí comentado, rezuman erotismo, soledad. búsqueda de la emoción humana, libertad... Sí, son historias en las que en su mayoría las mujeres son libres, aunque esa libertad tenga también su lado negativo que se intenta compensar debidamente. Pero el paso del tiempo es inexorable y no perdona. Quince años o veinte, dice la canción de Gardel, que no son nada, pero en la vida de una persona, lo mismo da hombre o mujer, es muchísimo. Tanto que, como les ocurre a los personajes de Yang Qing, en una quincena de ellos se puede pasar de un juvenil maoísmo, trotskismo y acracia revolucionarios teñidos de sensualidad, sexo y ascensos dentro de la agrupación política por vía vaginal al aburguesamiento de la casita a las afueras junto al compañero con quien se pegaba carteles contra el referéndum constitucional de 1978. Sí, así es la vida, querida Ajo, una vida que en tus relatos aparece con gran viveza vislumbrada en las actitudes de los personajes y plasmada en diálogos y/o monólogos como los siguientes:
  • «—No, ni hablar. Dale otra vez con lo mismo, encanto. ¡Que no exagero! Sigues anclada a los viejos deberes femeninos. Que no, joder. No es un affaire de relaciones, de que no te entregues y esas argucias engañabobas, ni de que no seas todo lo complaciente que debieras. No, encanto. No creo que lo tuyo sea un problemas de parejas o como lo llames. Tu problemas no son las relaciones. Es un asunto de elección. El problema es que eliges mal a los hombres. Desde el crac de los cuarenta vives en la crisis de los hombres inadecuados. Siempre escoges al menos indicado.» (El síndrome de la escasez)
  • «Con cincuenta años y no aprendo, me quedo en blanco y no soy capaz de decir: "Sí, gracias, podemos ir al Novelty. Es un bonito café, aquí al lado". Porque... la verdad, el francés me gusta, me gusta mucho, tiene un encanto, con la trenca marrón y el foulard, qué bien le sienta, seguro que ya lo sabe, aunque, lo primero que me llamó fue su pelo blanco, y a pesar de todas esas canas parecía más joven que Jaime, que desde los cuarenta y pico no ha hecho más que echar barriga de tanto tapeo con los clientes, aunque ahora le ha dado por adelgazar y que se va a poner a dieta en serio. No sé... ¿tendrá algún ligue?» (Entre abrigos, un francés)