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13 sept 2026

De César Aira leo "El error" y revisito "Las noches de Flores" (A pares LIII)

6 comentarios:

«En este mural, Pepe Dueñas, Dante sin Virgilio, vengador solitario de las injusticias sociales salvadoreñas, se repetía en un paisaje boscoso; sus distintas apariciones se desplegaban en un arco irregular, o más bien en una espiral alargada, de izquierda a derecha, en el extremo izquierdo huyendo de su aldea natal atacada por el Ejército, dejando atrás los cadáveres de sus padres […], un poco más allá emboscando en un paso montañoso a las fuerzas del gobierno y aniquilándolas, luego haciendo estallar una planta eléctrica, más allá arengando a una población de campesinos; derribando un helicóptero; resistiendo a un cerco de las fuerzas oficiales; […] » ("El error")


Me gusta entrar en las tiendas Re-Read que cada vez proliferan más en nuestras ciudades. Por poco dinero se puede encontrar en ellas libros interesantes en un más que aceptable buen estado de conservación. Hará cosa de cinco o seis meses estando en Salamanca, en una de mis habituales visitas a una de esas tiendas topé allí entre otros con este título de César Aira. Hacía mucho que no volvía al escritor argentino del que guardaba un desigual sabor de boca tras mi primer acercamiento a él con la lectura de Las noches de Flores, novela corta que leí en 2016 (¡hace ya diez años! Es increíble la velocidad a la que se pasan los años). 

Lo anterior explica esta entrada 'A pares' en la que reseño El error, publicada en 2010, y vuelvo a publicar (revisito) Las noches de Flores que el escritor argentino (Coronel Pringles, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1949) dio a luz en 2004. En ambas novelas hay elementos que permiten unirlas en una misma entrada. De ellas la principal, quizás sea la consideración del arte en sentido literario y pictórico que ambas nouvelles exponen. Pero vale ya de prolegómenos. Comenzaré por la novela recién leída.



El error
Estamos ante un auténtico experimento literario. César Aira me ha sorprendido con esta novela que en el fondo me ha parecido estar construida a base de relatos que como el discurrir de la vida se suceden unos a otros sin solución de continuidad. En el fondo esta manera de obrar es mostración de la propia realidad, de la propia vida en la que vamos topando con otras personas cada una de las cuales encierra una materialidad tanto o más interesante que la de aquel o aquello que propició el encuentro. Y así ad infinitum...

Es El error ejemplo de lo que el propio autor suele decir de sus ahora mismo ya más de cien títulos, que son «cuentos de hadas dadaístas» o «juguetes literarios para adultos». Y sí, efectivamente esta novela corta es clara muestra de esto y de su estilo literario. Un estilo que busca romper los moldes estrechos de los géneros impuestos por el propio devenir de la historia. Es amigo César Aira de hacer guiños a otras manifestaciones artísticas, principalmente en la novela que nos ocupa a la pintura, una manera diferente de narrar, sí, pero hermana de la literaria desde la noche de los tiempos.

Dentro de las varias historias, truncadas por el cruce con otras historias, que constituyen El error aparece una, sin duda alguna la principal, que es en sí misma un canto a la narratividad. Es la historia folklórica del bandolero Pepe Dueñas, cuyas incursiones delictivas, sus apariciones y desapariciones fulgurantes constituyen en el imaginario de El Salvador, país donde transcurre la novela, una auténtica leyenda. Las sucesivas y diversas acciones de este delincuente se producen siempre sobre el mismo fondo, el país centroamericano. Es como esos frescos surgidos en la edad media y muy caros a los pueblos hispanoamericanos tras su independencia para explicar su nacimiento e identidad. Quizás el autor más representativo de esto sea el mexicano Diego Rivera y su mural pintado en las paredes de la escalera principal del Palacio Nacional en la Ciudad de México titulado 'Epopeya del pueblo mexicano'. En este mural, al igual que en algunos frescos medievales o renacentistas como los pintados por Masaccio en Capilla Brancacci de la iglesia de Santa María del Carmen de Florencia, vemos al personaje o personajes repetidos de manera sucesiva sobre el mismo fondo de manera que la lectura de izquierda a derecha es para el observador una clara narración continuada.

Efectivamente, esa es la técnica, trasladada al campo de la escritura literaria, que utiliza César Aira en esta 'nouvelle', en este 'juguete literario'. Se abre la novela ya en su misma portada con un simbólico ataúd que anuncia lo que se encontrará el lector adentrándose a través de esa puerta situada bajo el epígrafe de la palabra ERROR. ¿Qué es ello? Evidentemente el sentido del título es simbólico. Y en mi opinión es un juego, un guiño humorístico que Aira hace a los preceptores literarios: quien se adentre en esta novela verá que la misma no se atiene a ningún principio de los establecidos y consagrados por el canon.

Literatura argentina,
Y así lo comprobaremos los lectores: Dos parejas que pasean por un jardín en el que hay una construcción que alberga la obra de un afamado escultor; luego se salta a narrar la relación epistolar entre este escultor famoso y apartado de la vorágine del mundo y una presa encerrada a perpetuidad por asesinato; conoceremos la historia a grandes rasgos de esta mujer que machacó el cráneo de su marido con un lingote irregular de oro y que para evitar ser capturada huye al bosque; en el bosque conoce a un pequeño hombre, una especie de enano que la acoge, cuida y le anticipa que volverá al lugar del crimen; así lo hace y es apresada y condenada a cadena perpetua, condena que cumplirá en a cárcel "La Peña" adonde llega y ella, junto al resto de las presas, leerá la colección de novelas editadas por editorial La Providencia bajo el lema 'Historias que matan'; relata esta serie de novelas la historia legendaria de Pepe Dueñas inmerso en la Selva Cinco en donde se refugia escapando del incendio que él mismo provocó y contribuyó a apagar del Palacio donde estaba Neblinosa, la que sería su esposa; en esta selva correrá la aventura del gel de piedra; posteriormente Neblinosa se empeñará en arreglar la escultura del busto paterno que estaba a la entrada del Palacio de la Ciencia y Pepe Dueñas habrá de ingeniárselas para que tal deseo se haga realidad; y...

Como se ve por lo escrito arriba estamos ante una sucesión narrativa que parece no tener fin ni siquiera cuando llegamos a la última página de la novela. No es que estemos ante un final abierto, estamos más bien ante un final truncado, roto, suspendido... En fin ante algo nuevo, no habitual desde el punto de vista estructural.

Como ya percibí y dejé dicho por escrito en la reseña que en su día hice de Las noches de Flores, también El error, vista la novela desde la propia expresión lingüística utilizada, se acerca -si es que no lo es- al realismo mágico: exuberancia lingüística, referencias a pueblos indígenas (pipiles, mecas...), vocabulario de fauna y flora autóctonas (tero, bagre, porotos...), pero fundamentalmente ruptura de la lógica así como utilización en ocasiones de un lenguaje hiperbólico por demás

  • «De una fuente cercana al arroyo, pero independiente de este, brotaba un agua que no apagaba el fuego. Era difícil de creer, tratándose de agua que parecía perfectamente normal y potable, pero Eugenio le hizo una demostración convincente. Recogida de la fuente en un balde y volcada sobre una fogata, se deslizaba sobre las llamas sin oponerse a ellas» 
  • «cuando quería remendarle una media, encontraba que la aguja era más grande que la media, lo que hacía muy incómoda la costura»



Las noches de Flores
(reseña de 14 de septiembre de 2016)


César Aira, arte conceptual, muerte de la novela

Que el mercado del arte se utiliza de tapadera de la corrupción es “muy difícil probarlo dadas las características del arte en la actualidad. Y lo es. Dificilísimo. ¿Qué existe y qué no existe en el arte? Pero al mismo tiempo es facilísimo, basta con hacer coincidir «cualquier cosa» con «cualquier cosa»…?”

La frase anterior sirve de cierre de este relato de César Aira aparecido por vez primera en 2004 y vuelto a reeditar ahora por Random House. Si, como en mi caso,  es la primera vez que se lee algo de este prolífico escritor y traductor argentino, sorprende su manera de hacer literatura. Leer "Las noches de Flores" ha sido para mí toda una experiencia literaria. Desde el principio esta novela corta de tan sólo 144 páginas destila argentinidad por todos los poros: Jorge Luis Borges, sin duda, parece entreverse en más de un momento; a mí, especialmente, me ha parecido presente en el personaje de Aldo quien dice que "aun siendo un gran olvidadizo, él podría recuperar, si se pusiera, todo lo que le había pasado en su vida", para a continuación, como hace el personaje de "Funes, el memorioso" en el cuento borgiano, desgranar el sistema utilizado para hacer tal cosa. También la atmósfera mágico-fantástica en que se mueven los personajes de este relato, y, especialmente, el personaje de Malvón-Nardo, tiene mucho de los Cronopios de Julio Cortázar. Véase si no la descripción que se hace de Nardo la primera vez que se manifiesta:
"Esto lo dijo un ser extraño, mitad murciélago, mitad loro, de un metro de alto, que se descolgó de un árbol al paso de los Peyró, y siguió caminando con ellos, con un garbo precario, sobre piernas demasiado cortas y zapatitos de goma roja"
Ernesto Sábato, literatura argentina La misma ambientación nocturna con ribetes delictivo-policiales en que se desarrolla la acción me ha llevado a pensar en otro de los grandes autores argentinos, Ernesto Sábato, y en aquellos escritos que presentan historias henchidas de 'pavura'. Los túneles que discurren bajo el barrio de Flores de la ciudad de Buenos Aires me han hecho recordar la novela "El túnel" del magnífico escritor de Rojas en la provincia de Buenos Aires. 

Y es que -pienso yo- César Aira envuelve esta narración en claros elementos argentinos que van desde la tradición literaria que he señalado antes hasta el propio meollo del asunto que plantea: la búsqueda por parte de una pareja de jubilados -Aldo y Rosa- de fuentes alternativas de ingresos a fin de sobrellevar mejor la crisis en que la Argentina se encontró desde 1998 hasta el 2003, el año en que se sitúa la historia que se relata. Concomitante con esta terrible penuria económica que echó a miles de personas a buscar en los cubos de la basura estuvo el ascenso de la delincuencia, especialmente en forma de secuestros como el del joven Jonathan que está en el centro de esta novela corta.

Y como "piolín" [modismo argentino que significa 'cordel delgado de algodón, cáñamo o de otra fibra'] que soporta todo el planteamiento literario anterior estaría el vocabulario popular de la Argentina, de la ciudad de Buenos Aires y de Flores, el barrio donde nació y vive el escritor, y en donde ocurren los acontecimientos de esta historia. Son términos como 'bailantero', 'rubro', 'estada', 'chanchada', 'perspectivístico', 'vereda', 'chacra'..; pero también cambios en la modalidad verbal cual es la utilización del modo condicional en vez del subjuntivo: “Claro está que ese policía no estaría cumpliendo con su función, con el trabajo por el que le pagan, lo que no impide que tendría razón.”.

Las características señaladas hasta aquí son las que me han hecho más agradable esta novela. Luego hay otra importantísima, que no se puede dejar pasar, pero que a mi modesto entender César Aira no logra plasmar apropiadamente o si lo hace a propósito, como estoy comenzando a creer, aún yo no alcanzo a disfrutarla como debiera. Me refiero a materializar en el escrito que estamos leyendo la profunda reflexión que sobre el arte contemporáneo expone al final del mismo y que encabeza este post: 
"hacer coincidir «cualquier cosa» con «cualquier cosa»" 
Mallarmé, Rimbaud, Baudelaire, CopiLlevada esta idea al extremo, como sucede en esta narración, todo es un cúmulo de coincidencias cuya disparidad nos hace pensar en errores inexplicables, descuidos, falta de planificación, engaños poco aceptables por parte del narrador... Pero no, yo pienso que el escritor es plenamente consciente de lo que hace y que lo que pretende es, con el producto que está construyendo, hacer realidad aquello que nos quiere exponer, que en definitiva -y a falta de conocer en profundidad sus ideas sobre arte moderno expuestas en su ensayo Sobre el arte contemporáneo que acaba de publicar en Literatura Random House- es que el arte es necesario para comprender la realidad, y no al revés como tantas veces se dice ante una obra de naturaleza conceptual.

Para la realización de esta reseña he buscado información en internet y ahí he encontrado un artículo de Javier Rodríguez Marcos publicado el pasado 28 de febrero en el diario EL PAIS que me parece muy clarificador al respecto. En lo esencial, sobre el autor César Aira, Javier Rodríguez escribe:
"A veces, sin embargo, un artista consigue engañar a todo el mundo y se hace pasar por novelista. Es el caso de César Aira. Los que sospechaban que sus libros eran solo una parte de trabajos más propios del arte conceptual que de la ficción al uso verán confirmadas sus sospechas en el ensayo Sobre el arte contemporáneo. Allí cuenta cómo abandonó su primitiva intención de ser Rimbaud y ser Premio Nobel cuando se topó con Marcel Duchamp. Ese día se dio cuenta de la 'inutilidad de escribir libros' y de la necesidad de hacer 'otra cosa'."
Curiosamente y en contra de lo que el escritor (o artista simplemente) argentino manifiesta sobre su abandono de la escritura, jamás ha dejado de escribir siendo uno de los autores más prolíficos, con más de sesenta novelas a sus espaldas. Si bien, también es cierto que en su faceta de conferenciante y ensayista los temas sobre la vanguardia plástica (Marcel Duchamp, el dibujante Copi), la vanguardia literaria (es especialista en la poeta argentina Alejandra Pizarnik) o los poetas impresionistas decadentistas franceses Rimbaud o Mallarmé han ocupado gran parte de su tiempo. Esto nos revela a un autor que entiende la creación artística no en compartimentos estancos sino como algo más extenso, más envolvente, más incluyente. De ahí que el autor de "Las correspondencias" [el soneto "Correspondances" de Baudelaire y su sentido se puede leer aquí muy bien explicado] sea uno de los poetas a los que él quiere parecerse ("Como todos los escritores, quiero ser un buen escritor, quiero ser Baudelaire", El País, 13 del XI de 2010).

Final
Con esta novela corta de César Aira me ha sucedido algo no muy frecuente en mí pero que cuando me acaece me gratifica y llena de satisfacción. Ello ha sido que tras una lectura fácil y ágil, me pareció percibir en la historia contada una ración de incongruencias superior a mi nível de permisividad (ciegos que ven, mujeres que son hombres, monjas que no lo son, hombres de orden que son delincuentes peligrosos, escritores que no lo son en absoluto, etc., etc.). No, me dije, esto no puede ser, por Dios. Pero como todo aquello que esconde más que lo aparente, al dejar reposar la lectura, ésta se me ha ido haciendo algo más inteligible, más motivadora..., y me han surgido deseos de leer más de este escritor para entenderle mejor, para ver si como él mismo dice es un escritor que no quiere serlo o si lo que desea es hacer algo distinto en línea con lo que otro personaje escritor del relato, Ricardo Mamaní, dice del arte en un momento de esta narración de manera "pedante y seguro de sí mismo":
"El arte está buscando siempre lo nuevo, y lo nuevo ha terminado identificándose con lo distinto. Se ha producido una reversión de causas y efectos, y ahora basta con que sea distinto. Y la realidad se define por lo distinto. Pero el crecimiento vegetativo de la población, y el aumento relativo de artistas en la sociedad contemporánea, ha multiplicado lo distinto artístico a tal extremo que hoy casi puede asegurarse que cualquier configuración de la realidad ha sido anticipada en el arte."
Algo lioso, sí. Pero como a mí ¿no os atrae saber por qué piensa así César Aira?

____________________________

Nota:
Han pasado diez años desde que escribiera la reseña sobre Las noches de Flores y aún no he leído el ensayo del autor "Sobre arte contemporáneo". Hay que ver cuántas cosas afirmamos que haremos para luego olvidarlas durante años y años. A ver si esta vez no me sucede así.


15 mar 2026

Selva Almada, novelista argentina

10 comentarios:
Leyendo, como acostumbro hacer todas las semanas, Babelia, me topo con una elogiosa reseña de Leonardo Padura sobre Una casa sola (para leer la crítica de Leonardo Padura pinchar aquí), la novela que Selva Almada, escritora argentina, acaba de dar a la luz en Penguin Randon House. Al hilo de la lectura, el cubano Padura me hace recordar la enorme satisfacción literaria que experimenté leyendo otra novela de Selva Almada titulada Ladrilleros. La realicé hace ya más de cinco años y no resisto la tentación de volver a colgar de nuevo en este blog la reseña que su lectura me inspiró


ooooooOOOoooooo



Selva Almada. "Ladrilleros"
(reseña de 6 de julio de 2020)

"Ninguno recordaba cuál había sido el principio del disturbio. Una noche de esas en que los dos se dejaban estar hasta el amanecer en un bar, se habían desconocido." [los dos son Òscar Tamai y Elvio Miranda, padres respectivos de Pajarito y Marciano] .
"En una de esas tardes calurosas, con el cuerpo veteado por los surcos que deja el sudor en el polvo adherido a las pieles, disfrutando del botín de una pila de naranjas amargas robadas de alguna quinta, Marciano y Pajarito se habrán hecho amigos."

Esta novela corta ha sido para mí toda una sorpresa. De mano, de ella sólo sabía que había sido publicada en 2013 y que era argentina o uruguaya, esto lo tenía claro. De su autor o autora lo desconocía todo. En principio penséa que sería hombre pese a que el nombre era Selva, pero ¡hay tantos seudónimos en los que quienes gustan de escribir se ocultan cambiando de género! Según fui leyendo me fui más y más convenciendo de que quien había creado esta historia no podía más que ser varón, pero cuál no sería mi sorpresa cuando acabada la lectura consulto en Internet y me devuelve la imagen de una agradable mujer de 47 años, argentina, nacida en la provincia de Entre Ríos que ha tocado varios géneros en el mundo de la Literatura: cuento, ensayo, poesía... "Ladrilleros" sería la tercera de sus novelas. La identidad de Selva Almada, es la última de las sorpresas que "Ladrilleros" me ha dado.

Selva Almada, novela corta, bildungsroman
Entré en la novela bajo de expectativas pues personas próximas me habían hablado en negativo de la dificultad del léxico utilizado por la autora. "¡Es imposible leer esta novela de seguido. Cada poco hay que pararse a buscar significados!" En efecto el vocabulario utilizado en la narración es extraño para un español si bien al haberlo leído en mi kindle pudiendo consultar rápido los sentidos correctos de las expresiones en ningún momento vi interrumpido mi disfrute lector. Tan sólo alguna expresión como la de "chaque" se me quedaba en el limbo de los justos durante la lectura; no ha sido hasta ahorita mismo o recién -que diría algún paisano de la escritora- que he podido dilucidar el sentido de la expresión: modismo regional derivado del idioma guaraní propio del nordeste Argentino con el sentido de ¡cuidado! o ¡precaución!. En el fondo esta expresión es una más del grueso de vocablos del mismo origen guaraní presentes en la novela y cuyo uso es muy frecuente entre la población de la provincia de Corrientes en el nordeste de Argentina, zona limítrofe con Paraguay y Brasil, donde suceden los hechos relatados. Así pues vencer y disfrutar de la inmensidad de la lengua viva popular argentina sin perturbar excesivamente mi lectura fue la primera grata sorpresa.  Algunos ejemplos del vocabulario:
Yuyos’: malas hierbas, ‘pispear’: indagar; ‘culear’: realizar el coito; ‘berretín’: deseo, ilusión; ‘chicote’: látigo, trabilla; ‘rebenque’: látigo; ‘afanar mamones. Mantener a raya a los cuzcos’: robar [perrillos] recién nacidos. Controlar a los perros pequeños; ‘carayá’: mono aullador; ‘changas’: chaperones; ‘lauchas’: ratones; ‘gausca’: pene; ‘paspado’: agrietado; ‘chirle‘: blanduzca; ‘percudida’: ensuciada; ‘guacho’: huérfano; ‘atado’: paquete de cigarrillos; ‘potrero’: Terreno inculto y sin edificar donde suelen jugar los muchachos; ‘buchaca’: Bolsa de la tronera de la mesa de billar; etc.
Las siguientes sorpresas vinieron ya todas juntas y solidarias formando la perfecta novela que "Ladrilleros" es. Me refiero especialmente a la estructura que Selva da a esta historia de la amistad y enemistad habida entre dos chicos ('changos') que nacen prácticamente al mismo tiempo, crecen y se educan juntos, pierden su amistad por resquemores típicos de muchachos, y se sienten herederos de la tremenda inquina que en vida existió entre sus padres, aversión que ambos practicarán con resultado tremendo.

En la novela, principio y final se unen cerrando un círculo. Son dos momentos separados por apenas unos minutos o quizá segundos, los que van de sentir unos navajazos a la pérdida de la vida. Es en ese interregno de la agonía cuando pensamientos y recuerdos acuden en desorden a la conciencia de los moribundos, que conocemos la vida y los antecedentes familiares de estos dos chicos, Pajarito y Marciano, que les han llevado inevitablemente a este final fatal.

El texto, pues, es todo un enorme flash back con avances y retrocesos que nos van dando informaciones debidas sobre los avatares de los Tamai (la familia de Pajarito: su padre Óscar, su madre Celina, su hermana Sonia...) y de los Miranda (la familia de Marciano: su padre Elvio, su madre Estela, su hermano Ángel, sus hermanas mellizas). Todo lo iremos sabiendo en perfecta y medida dosificación según establece la autora. Esto es magnífico y me ha gustado mucho. 

Junto a lo anterior está el ritmo vivo, dinámico, real, costumbrista podría decirse aunque de un costumbrismo no urbano ni rural sino más bien de etapa vivencial, la de estos dos niños, luego adolescentes, luego ya muchachos. Son las maneras de ser típicas de estas fases de desarrollo las que se nos muestran en esta novela. Estamos ante unos chicos que sufren a sus padres, violentos a veces con ellos en grado sumo, sobre todo con Pajarito; unos chavales que disfrutan infringiendo pequeñas y muchas veces absurdas prohibiciones paternas como la de no ir a la Feria que se está instalando en la localidad; unos muchachos que comienzan a sentir las urgencias del sexo que en un momento dado es el centro de todo. Tener sexo con ésta o con aquélla, beber hasta perder el sentido, utilizar las conquistas como arma con la que violentar al un día amigo y de un tiempo acá ya enemigo eterno, ocultar al otro las apetencias sexuales si éstas no se atienen a lo establecido en un universo de machos, pelear y gallear dentro del grupo a fin de dejar claro quién lleva la voz cantante... Es en este sentido en el que digo que en la novela hay costumbrismo.

A una mentalidad europea como la mía le sorprende la sexualidad constante en que viven estos chicos junto a sus compañeras del otro sexo, quizás ellas más propensas a la sensualidad y más enraizadas con el sentido telúrico que las lleva a la maternidad, su meta vital, donde se cobijan y a la que, de no haberla conseguido aún, ansían llegar. Una vez allí se sienten realizadas; no así sus partenaires masculinos que viven la necesidad del sexo más como caza y prueba de éxito entre sus iguales que por afán de ser padres. Ellos -es el caso de uno de los personajes- pueden dejar mujer e hijos sin sentir gran pena, no se sienten atados a un hogar, su vida está más fuera que dentro: en los boliches, en el juego, en las tabernas, en los quilombos... Es, evidentemente, una sociedad cien por cien machista donde la única función del varón es la de con el sexo procurarse satisfacción y contribuir, aunque eso ya no le importe mucho, a que ellas sean madres. La propiedad del hombre sobre la mujer e hijas es total. Así al padre de Celina le molesta que ella lleve en su interior un hijo de Tamai y ejerce su derecho a golpearla por ello, algo que Celina entiende pues de siempre los hombres han golpeado a sus mujeres.
Los hombres golpean a sus mujeres alguna vez en la vida. A eso también lo había aprendido. ¿Acaso su padre no la había agarrado con el cinto cuando le dijo que esperaba un hijo de Tamai?
novela argentina actual, sexo en la literatura, machismo, Selva Almada
 Otra cosa que me ha gustado muchísimo es la manera de utilizar los recursos narrativos: el narrador aparece en forma de variadas personas gramaticales dando viveza y también complejidad al relato; otro tanto sucede con los tiempos verbales, usados en combinaciones temporales a veces sorprendentes pero que contribuyen a que el texto no sea jamás pesado ni repetitivo; me ha parecido curiosa la manera frecuente de utilizar sintácticamente el doble Objeto Indirecto (Si Tamai le mató a Miranda…) e incluso en ocasiones el doble Objeto Directo (Se había alejado para no molestarla a Estela con el humo); y desde luego es magistral la manera fluida con que la autora sabe introducir el Estilo Indirecto Libre, el monólogo interior y el soliloquio logrando que el propio lector se vea inmerso en la historia que lee, como si ésta lo hubiese abducido. ¡Fantástico! Por último, a este respecto, hay que destacar muy mucho el lenguaje expresivo, fuerte, sin artificios ñoños, que Selva Almada utiliza y que vuelca en el papel con gran naturalidad
 Agarrar y oler una concha, meterle la lengua hasta el fondo, chuparle todo el jugo a ver si se saca el olor a meo y a mierda del baño de la bailanta, ['bailanta': club donde se escucha normalmente un tipo de música (cumbia, tropical, reguetón...) y que es frecuentado por una clase social baja, de escaso poder instructivo]
Leyendo esta novela he sentido que la escritora 'proviene de' y 'pertenece a' el enorme mar del buen hacer literario hispanoamericano. La gran literatura del subcontinente americano subyace en esta obra, novelita por su tamaño y gran narración por su historia y forma. En especial dos autores constantemente se me venían a la cabeza mientras la leía. Uno era Gabriel García Márquez y su "Crónica de una muerte anunciada" pues de parecida manera a lo acontecido en la historia del colombiano la inevitabilidad del encuentro mortal ronda por nuestras cabezas desde bien temprano. El otro autor que continuamente se me aparecía, sin duda alguna por la historia y sobre todo por las técnicas narrativas empleadas, era el mejicano Carlos Fuentes en su genial novela "La muerte de Artemio Cruz" publicada el año 1962. Ese ir y venir del ámbito de lo real a lo irreal, esas visiones alucinatorias propias del estado agónico de una persona, esa confusión como de duermevela en la que sueño y fantasía onírica invaden y hasta llegan a suplir el orden propio del mundo racional, son el eje formal y estructural del relato de Selva Almada
Aunque hayan pasado diez años, Elvio Miranda todavía no pudo entrar a la tierra de los finados. Está varado en esos pocos minutos antes de ser asesinado; no se resigna a abandonar el mundo de los vivos.
Este buen hacer procedimental, además de en la genial novela de Carlos Fuentes, últimamente también lo he disfrutado -si bien no es idéntico pero sí semejante- leyendo "Lincoln en el Bardo", novela del año 2017 escrita por otro americano, aunque en esta ocasión anglo y no hispano, llamado George Saunders; este relato lo leí hace bien poco y lo tengo reseñado en este blog [para acceder a la reseña pinchar aquí

En el capítulo de las evocaciones ha habido también momentos en que frases o situaciones se me hacían como muy lorquianas. En especial he tenido esta sensación al leer cómo ella se quedaba con el corazón en la boca hasta que él volvía, temiendo lo peor. Ella es Celina, la madre de Pajarito, angustiada al ver que su marido Óscar marcha a la taberna y temiendo que cuando se emborrache pueda tirar de navaja. Y es que las navajas en manos de hombres es un elemento frecuente en poemas y tragedias de Federico García Lorca. El momento en que más he sentido la presencia del poeta granadino ha sido en la frase "Los filos hambrientos buscaron la carne enemiga". Poesía total la que derrocha Selva Almada aquí y en muchos otros momentos de esta bella novela.

Para finalizar
En cierto modo esta novela podría encuadrarse dentro de las llamadas novelas de aprendizaje, iniciación o con palabra germánica 'bildungsroman'. Efectivamente en esta narración asistimos al proceso de la educación del carácter de Pajarito Tamai y Marciano Miranda por sus respectivos padres. Ambos niños, amigos en su tierna infancia, se verán conducidos al enfrentamiento inexorable a través de los actos de sus padres, de sus propias madres y también del ambiente de la comunidad en la que viven que casi sin sentirlo los empujará a ello

Antes de concluir quisiera aclarar algo respecto al título que de seguro muchos se estarán preguntando. ¿Por qué "Ladrilleros"? ¿Es que acaso el asunto va sobre industrias cerámicas que fabrican materiales de construcción? Bueno, no exactamente. La razón del título obedece sólo a que los dos personajes centrales y sus familias respectivas trabajan en sendas fábricas de ladrillos. Pero en la historia no hay que buscar asuntos propios de la construcción de casas ni cosas por el estilo. 'Ladrillero' sólo es la profesión que tienen Pajarito y Marciano. Nada más.

Nota
Esta novela de Selva Almada ha sido  el libro que este mes de julio hemos comentado en la Tertulia "más que palabras...". Con ella cerramos el año lector. Si queréis leer nuestras divagaciones y las aportaciones que unos y otros hicimos sobre ella no tenéis más que hacer clic aquí.


24 ene 2026

"Hamnet": del libro a la película

23 comentarios:
Leí con muchísimo placer, hará cosa de cuatro o cinco años, la novela Hamnet de Maggie O'Farrell. Me encantó. Así lo reflejé por escrito en la reseña que de la misma hice en este mismo blog. Es por esto que al conocer que se estrenaba la versión fílmica de la misma no dudé ni un momento en ir a verla. Estrenada el 23 de enero sólo en Cines no demoré mi asistencia, aunque lo hacía con sentimientos encontrados dado que previamente había leído dos críticas bien distintas: una es la que el crítico Luis Martínez hizo en el diario El Mundo, elogiosa de todo punto («Pocos finales ha dado el cine reciente tan tremendos, tan plenos, tan dolorosos, tan brutales y tan exquisitos a la vez, tan delicados y, si se quiere, tan poco pudorosos, tan bellos sin duda, tan irresistiblemente catárticos y desmedidos, tan prodigiosos en el mismo sentido que Dreyer se atrevió a filmar el milagro de la resurrección en Ordet.»); la otra fue la del también crítico Carlos Boyero aparecida en el diario El País, en la que, tras calificar como estupidez Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson o de inane Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa, manifestaba su indiferencia ante la versión cinematográfica de Hamnet realizada por la directora china residente en Norteamérica Chloé Zhao («No tengo nada que contar de ella. Ni bueno ni malo. Es que me cuesta recordar algo de ella después de haberla visto hace ocho días. […] La película me parece una nadería pretenciosa.»).

Por todo lo dicho es por lo que me ha parecido oportuno recuperar la reseña de la novela para confrontarla con la adaptación cinematográfica que vi este fin de semana. Va aquí mi opinión sobre la novela:


"Hamnet" de Maggie O'Farrell

«La cuestión es no bajar nunca la guardia. No creer nunca que se está salvo. No dar nunca por hecho que el corazón de tus hijos late, que tus hijos beben leche, que respiran, que andan y hablan, sonríen, discuten y juegan. No olvidar ni un momento que pueden desaparecer, que te los pueden robar en un abrir y cerrar de ojos, que se los pueden llevar como leves vilanos.»

Concha Cardeñoso (traductora), Maggie O'Farrell
Es la primera novela que leo de Maggie O'Farrell, autora irlandesa a la que llegué gracias a una elogiosa crónica que escuché en una emisora de radio durante un viaje. Quien la recomendaba era Sergio del Molino, escritor a quien sigo y leo desde hace tiempo. En el programa radiofónico que oía mientras conducía Del Molino hablaba con Concha Cardeñoso, traductora de la novela en la edición de Libros del Asteroide que es quien la ha publicado en España. Mis expectativas sobre ella tras escucharlos eran grandísimas. Sin desvelar nada de lo que ocurría en la narración pero sí aclarando el origen de la misma ambos expusieron algunos extremos de la novela que en 2020 ganó el National Book Critics Circle Award for Fiction y el Women’s Prize for Fiction

Sergio del Molino ensalzó especialmente la traducción de Concha Cardeñoso, extremo que he comprobado y -¡disfrutado!- por mí mismo durante la lectura. Sin duda alguna la precisión lingüística, el cuidado por encontrar el vocablo exacto a cada una de las situaciones es uno de los grandes valores de la novela. 


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Agnes, una muchacha peculiar que parece no rendir cuentas a nadie y que es capaz de crear misteriosos remedios con sencillas combinaciones de plantas, es la comidilla de Stratford, un pequeño pueblo de Inglaterra. Cuando conoce a un joven preceptor de latín igual de extraordinario que ella, se da cuenta enseguida de que están llamados a formar una familia. Pero su matrimonio se verá puesto a prueba, primero por sus parientes y después por una inesperada desgracia. 
Partiendo de la historia familiar de Shakespeare, Maggie O’Farrell transita entre la ficción y la realidad para trazar una hipnótica recreación del suceso que inspiró una de las obras literarias más famosas de todos los tiempos. La autora, lejos de fijarse únicamente en los acontecimientos conocidos, reivindica con ternura las inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia y ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. El resultado es una prodigiosa novela que ha cosechado un enorme éxito internacional y confirma a O’Farrell como una de las voces más brillantes de la literatura inglesa actual


Prosigo con mi comentario. Resulta que la novela se titula "Hamnet", nombre que tuvo uno de los hijos de William Shakespeare. En la Inglaterra de finales del XVI el nombre Hamnet se utilizaba de manera indistinta con el de Hamlet. Y precisamente "Hamlet" es el título de la tragedia shakespeariana más conocida y alabada. Oyéndo hablar a  Del Molino con Cocha Cardeñoso pensé que la novela de Maggie O'Farrell se centraría sobre todo en la figura del dramaturgo isabelino. Y con esta expectativa mental es con la que comencé la lectura de la novela. Según avanzaba en ella con mucho gusto por mi parte, sin embargo en mi cabeza se iban deshaciendo como azucarillos las equivocadas ideas previas con que empecé a leerla. Pensaba -veo que equivocadamente- que la figura de William, el padre de Hamnet, tendría mayor relevancia en el relato, algo que no es así. Bueno, en realidad no es así y sí es así, dado que en el fondo la novelista en este relato muestra, entre otros muchos asuntos, las entrañas ocultas de la creación; en esta ocasión desciende hasta el motivo escondido, ignoto para los demás, por el que, ella imagina, se gestó  la tragedia shakespeariana del Príncipe de Dinamarca: algo tan cotidiano entonces como la muerte de un hijo. Esto, tras reflexionar sobre la lectura recién finalizada, me parece de quitarse el sombrero.

La verdad es que esta magnífica narración va precisamente de eso, de la vida cotidiana en Inglaterra a finales del siglo XVI: la vida, la muerte, la peste, las relaciones familiares, el teatro... El protagonismo recae especialmente en las mujeres y sobre todo en Agnes, la esposa del creador de "Hamlet" y padre de Hamnet. Agnes es quien con su esfuerzo, su magia, sus celos infundados o no, el amor a sus hijos, la mala relación con su madrastra, etc. llena y ocupa todo el relato. Es Agnes Hathaway (en la realidad histórica Anne Hathaway) la figura esencial en este relato. Es una mujer que vive muy en contacto con la Naturaleza de la que conoce todo o casi todo; es en cierta manera algo hechicera pues por transmisión materna sabe de las propiedades de no pocas plantas con las que fabrica remedios sanadores que sus vecinos valoran en lo que valen, motivo por el que la visitan  solicitándoselos. Al tiempo Agnes posee la capacidad de intuir el futuro y penetrar en el interior de la mente de las personas al presionarles con fuerza entre el pulgar y el dedo índice de la mano. Es ella una mujer independiente que no se amilana ante la presión familiar ejercida por su madrastra Joan, que lleva adelante sus propósitos sin arredrarse, y que anima a su marido simplemente por desprendido amor a que haga realidad sus deseos literarios aunque para ello deban de separarse marchando él a Londres y quedando ella a cargo de los hijos en Sttraford Upon Avon.

El marido de Agnes aparece siempre innominado, jamás se le cita por su nombre y mucho menos por su apellido a fin de no oscurecer en nada, de no empequeñecer la inmensa figura de la esposa Agnes y la de los otros personajes, que constituyen la cotidianidad en la que Él también se mueve. Aunque hay algún hombre como John, el suegro de Agnes. o Hamnet, el malhadado hijo, la mayoría de los personajes son mujeres: Judith, la hermana gemela de Hamnet; Susana, la muy responsable hermana mayor; los suegros: Mary, que cuida a Agnes como si fuera hija suya, y John, el guantero bebedor y mal negociante del que el marido de Agnes deberá escapar si quiere hacer algo en la vida; Eliza, Gilbert, Edmond, Richard, Mary que falleció («¿piensas en ella, todavía esperas oír sus pasos, su voz, su respiración por la noche?, porque yo sí, todo el tiempo. Todavía creo que un día me despertaré y estará ahí otra vez, a mi lado; que pasara algo, una arruga o un pliegue en el tiempo, y volveremos a estar donde estábamos cuando ella vivía y respiraba.», le dice Eliza a su madre Mary), y el esposo de Agnes son hijos de John y Mary; Bartholomew, hermano de Agnes; y por último estaría Joan, la segunda madre de Agnes y Bartholomew, que de su matrimonio con el padre de ellos «tiene seis hijos (ocho, contando a la hijastra medio loca y al idiota de su hermano, de los que tuvo que hacerse cargo cuando se casó)». Los seis hijos de Joan: Caterina, Joanie, Margaret, James, Thomas y William (el pequeño) apenas si tienen protagonismo en el relato. 

Es, como se ve, una galería grande de personajes -aún debería nombrar a algún otro como Ned (aprendiz ayudante del abuelo), Hewlands (el terrateniente fallecido al que el abuelo John adeudaba unas pieles que paga con clases de latín a los chicos menores por parte de uno de sus hijos), o Heminge (un amigo del padre de Hamnet, actor de la compañía teatral que éste tiene en Londres)...- en la que jamás, como ya he dicho, se cita por su nombre a William Shakespeare. Pero aunque nunca se le nombre explícitamente de fondo, y al tiempo en un primer plano, aparece su colosal figura abriéndose paso en el mundo de los corrales de comedias. El genio que hoy admiramos por su incontestable altura y nivel literario es mostrado en este relato visto desde la pequeñez de la vida doméstica: las dificultades económicas, la mala relación con el padre, el amor hacia los hijos, la relación con su mujer, la necesidad de la separación respecto a la familia para poder abordar el éxito en la capital...

Teatro isabelino, El Globe, Corrales de comedias
Sin duda alguna el motivo principal de la novela es la muerte de uno de los gemelos, el hijo al que la peste se llevó a pesar de los esfuerzos que la madre puso en impedirlo. En la época, la muerte de un hijo adolescente o de un bebé al poco de haber nacido e incluso, algo muy habitual, de la propia madre en el momento del parto no era algo infrecuente. Sin embargo -y eso es lo que en mi opinión Maggie O'Farrell se esfuerza en transmitirnos, lográndolo plenamente- mostrar el dolor de la madre que le dio la vida, que lo amamantó, que lo cuidó y fantaseó con su futuro no es materia frecuente en un relato. Aquí sí, y este es temáticamente el punto fuerte de esta narración: vemos a Agnes deshecha, desorientada, perturbada por la muerte de su hijo querido. Quizás, quien lea esta reseña pueda pensar en este momento que su marido es un desalmado al no sentir un dolor semejante al de Agnes ante la muerte del hijo. ¿Es así la cosa en verdad? Despejar esta duda es uno más de los alicientes que tiene la lectura de esta novela. Os animo a leerla y a disfrutar con ella.  

La autora, así nos lo indica ella misma al final de la obra, se ha documentado muchísimo. En la documentación que ha manejado no todo está claro. Por ejemplo el nombre de la mujer de Shakespeare aparece casi siempre como Anne y alguna otra vez como Agnes, nombre que ella ha preferido en su ficción. Sin embargo las fechas que se explicitan (matrimonio de Agnes y el padre de Hamnet en 1583; la peste y muerte del hijo en 1596; estreno de la tragedia "Hamlet" en 1601) son todas ciertas, verídicas y debidamente comprobadas.

Estilísticamente el relato avanza en contrapunto temporal en la primera parte de la novela, la cual finaliza con el fallecimiento del hijo adolescente. La distancia temporal es precisamente la marcada por las tres fechas señaladas, con el centro en la de 1596, basculando las otras dos narraciones hacia delante ('flash forward') y hacia atrás ('flash back') respecto a ésta. Conocemos así el noviazgo entre Agnes y «el preceptor de latín». la vida de Agnes antes de casarse, el domicilio anejo a la casa de los suegros, etc.

En la segunda parte el contrapunto es más espacial que temporal. Concretamente en esta parte Maggie O'Farrell juega sobre todo con las localizaciones: en Londres donde Shakespeare intenta abrirse camino en el mundo del teatro y la casa familiar en Strafford Upon Avon donde vive Agnes con los hijos y a la que acude no con la frecuencia debida el dramaturgo. Esta tardanza en regresar a casa despierta en la cabeza de Agnes el fantasma de los celos. 

Si hay algo magnífico por encima del resto en la novela, ello es el lenguaje utilizado. Es un lenguaje pleno de imágenes y metáforas («el dulzor punzante de manzanas caramelizadas», por eso de poner un ejemplo), de una precisión léxica extraordinaria. Se nota que Concha Cardeñoso, la traductora, se ha esforzado muchísimo por hallar el vocablo justo y fiel a la frase, a su contexto. Es un vocabulario preciso y adecuado para la época. Por ejemplo 'carriola' (cama baja con ruedas que se oculta bajo otra cama más alta); 'orillo' (remate de otro color de las telas); 'sebes' (Cercado de estacas altas entretejidas con ramas largas); 'buccino' (Caracol marino de concha pequeña y abocinada, cuya tinta solían mezclar los antiguos con las de las púrpuras y los múrices para teñir las telas); 'crespina' (Cofia o redecilla que usaban las mujeres para recoger el pelo y adornar la cabeza); yegua picaza (Dicho de un caballo o de una yegua: De color blanco y negro mezclados en forma irregular y manchas grandes.), etc.

Algunas citas:
  • «Una mañana de principios de primavera, unos quince años antes de que Hamnet vaya corriendo a casa del médico, un preceptor de latín se encuentra junto a esa misma ventana; ensimismado se tira del aro que lleva en la oreja izquierda.» (ejemplo de traslación en el tiempo. Muy cinematográfico)
  • «Las plantas y las uñas conservan todavía la suciedad que acababa de recoger de la vida: polvo en la calle, tierra del huerto, barrio de la orilla al río, donde se bañaba con sus amigos hace menos de una semana.» (ante el cadáver de un ser recién fallecido)
Mi experiencia de reseñador me dice que si la novela me ha gustado como es el caso no viene a cuento señalar algo negativo respecto a ella, por muy menor que esto sea. Y no viene a cuento ni conviene porque luego parece como si eso fuese lo más destacable del comentario. Y como no deseo provocar confusión alguna y mi intención y deseo es destacar la enorme valía de esta obra, me contendré. Sólo añadiré para finalizar que me encantan los libros que hablan de libros, los libros en los que aparecen autores trabajando sobre sus creaciones, aquellas historias en las que se entremezclan en equilibrada armonía la ficción y la realidad. "Hamnet" de Maggie O'Farrell es una de ellas.

Teatro isabelino, Strafford Upon Avon, Anne Hathaway
El teatro de El Globe de Shakespeare en Londres

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Nota:
Procuro en mis reseñas no incurrir en spoiler a fin de incitar a realizar la lectura del libro reseñado. Por ello, en esta ocasión, para no desvelar un extremo importante de la trama he ocultado esa información tachándola en color negro. Si alguien, pese a todo, deseara conocer dicha información no tiene más que seleccionar la frase tachada y podrá leerla sin problema alguno.



"Hamnet" de Chloé Zhoe

Chloé Zhoe, Novelas adaptadas al Cine
Mi opinión sobre la versión de Chloé Zhoe, cuyo guion firman la propia directora del film junto a la autora de la novela, vendría a situarse en una zona intermedia de las manifestadas por Martínez y Boyero.

Prácticamente hasta el final de la película reconozco que me aburrí bastante. Para mí hay un exceso de imágenes con un tono excesivamente bajo de luminosidad en los interiores que se llevan buena parte del minutado en un buscado contraste con las de la naturaleza exterior llenas de luz y color. Es evidente que la realizadora ha querido transmitir la idea de que en los años finales del XVI el mundo íntimo y familiar, el doméstico de las casas, era así, rígido y oscuro. Por contra el exterior, de donde la protagonista Agnes Hathaway recoge plantas para confeccionar remedios que su madre tenida por bruja le transmitió, está pleno de luz. Bien, es una interpretación en imágenes de lo que en palabras expone en su narración Maggie O'Farrell; sin embargo las imágenes de la directora china no alcanzan en mi opinión la altura de belleza poética a la que llega la escritora irlandesa a base de un magnífico léxico y unas metáforas e imágenes retóricas de nivel supremo.

Como se ve por lo señalado en el párrafo anterior vengo a coincidir en algo con Carlos Boyero. Pero también estoy con Luis Martínez en la calidad cinematográfica que tiene la última parte del film, Esa parte está dedicada a la representación teatral en The Globe de la obra que el comediógrafo inglés compuso a raíz de la muerte de su hijo. Con esta puesta en escena el marido viene a reconciliarse con la esposa y a curarse él mismo -y también su mujer Agnes- catárticamente del tremendo duelo que la desaparición mortal del pequeño le ha ocasionado. Cuando leí la novela resalté que Shakespeare le transmite a su compañera la mejor prueba de amor que podía darle: hacer que su hijo desaparecido alcance la inmortalidad gracias al poder de la creación artística. En el film se percibe, quizás hasta mejor que en la novela, esta cuestión. 

En definitiva, sin pretender hacer categoría de lo anecdótico, de nuevo viene a mí el dicho más o menos extendido de que buenas novelas hacen malas películas, mientras que malas novelas hacen buenas películas. Hamnet de Chloé Zhoe no es mala película, qué va, para nada, es más según reflexiono sobre ella escribiendo estas impresiones veo en ella más y más aspectos valiosos, pero en la comparación con la obra literaria queda bastante por detrás de la misma, eso sí. 

Nota final.- He echado mucho en falta la autorizada opinión de Miguel Pina, administrador del blog Cine y críticas marcianas, que este mismo mes de enero decidió cerrarlo tras diez años de exitosa existencia. Las críticas que semana tras semana Miguel realizaba en su blog eran para mí un faro seguro. Esta vez acudí a una sala huérfano de su consejo y sabe Dios cuánto lo he echado de menos. Estoy convencido de que Miguel se habría dado cuenta de que el film a diferencia de la novela carece de muchas de esas inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia  que Maggie O'Farrell en su relato trata con ternura al tiempo que, tal y como dice la propia editorial en la sinopsis promocional de la novela, ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. Estas pequeñas grandes cosas se perciben en la película, pero no al nivel con que aparecen en la novela. 

9 may 2024

Paul Auster. Un recordatorio

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Autores norteamericanos judíos del siglo XX
Desde que el novelista y cineasta Paul Auster (Newark, 3 de febrero de 1947) falleciera el pasado 30 de abril no ha pasado día que no pensara cómo hacerle un levísimo homenaje personal. Por fin, a ocho días de su fallecimiento -todos los santos tienen octava, reza el dicho- he decidido hacerlo recomendando, en forma de reseña, alguna novela suya que recordara especialmente.

De Paul Benjamín Auster he leído los siguientes títulos: El palacio de la luna (1989),  El libro de las ilusiones (2002), Brooklyn Follies (2006), Sunset Park (2010) y A salto de mata: crónica de un fracaso precoz (1997), única obra, esta última, que tengo reseñada en este blog. De estos cinco libros guardo muy buen recuerdo, lo que quiere decir que todos ellos fueron de mi agrado. Puesto a elegir uno de los cuatro títulos de ficción leídos [A salto de mata es una novela autobiográfica] de este excelente novelista norteamericano que recuerde especialmente éste sería Brooklyn Follies. Es, pues, con la reseña de esta novela que leí el año 2008 con la que desde El blog de Juan Carlos homenajeo al gran guionista, director de cine, lingüista, traductor, novelista, poeta, ensayista, profesor universitario, autobiógrafo, escritor, dramaturgo, músico, libretista, crítico y editor que fue Paul Auster. Descanse en paz.



Brooklyn Follies

(La especie de reseña que viene a continuación la realicé en 2008 nada más finalizada su lectura. La mantengo tal cual. En ese año aún no había abierto este blog y no me inquietaba nada revelar más de la cuenta en mis escritos. AVISO, pues, a los lectores de que las líneas que vienen a continuación pueden incurrir en spoiler. Procuraré evitarlo ocultando las frases que así me lo parezcan. Gracias. Quienes deseen leer lo que está oculto basta con que pasen el cursor seleccionando esas frases

 

El libro, aparecido en 2006 y recibido como regalo en las Navidades de 2007, me ha parecido un auténtico ‘regalo’ para ser leído. Francamente, me ha gustado mucho. Es de las veces, no muy frecuentes por cierto, en que una novela te atrapa y te engancha.

Asunto: Nathan Glass, de 60 años, divorciado de su mujer y padre de Rachel de quien lleva una temporada algo distanciado, tras una vida como vendedor de seguros, llega a Brooklyn donde nació,  para instalarse y pasar los años -o el tiempo que le quede- después del cáncer de pulmón que se le diagnosticó, del que fue operado y sometido a la quimioterapia correspondiente.

Así, a simple vista, parece que el tono de la historia va a resultar dramático, feo, gris. Pero, nada de eso. Nathan un día, por casualidad, reencuentra a su sobrino Tom Woods, hijo de su hermana June recientemente fallecida, al que recordaba como chico inteligente y con unas perspectivas envidiables. Sin embargo se topa con un treintañero abandonado –está bastante gordo-  que ha salido adelante con empleos esporádicos (ha trabajado como taxista) y que ahora está en la librería Brightman’s Attic. Esta librería pertenece a Harry Brightman, un homosexual muy interesado por la cultura que cuando conoció a Tom quedó encantado con él por su cultura y conocimientos; aunque pretendió tener relaciones con él, cuando Tom se negó él aceptó su postura y le ofreció trabajo. En esta librería también trabaja Rufus Sprague, un chico jamaicano que es el querido de Harry .

Estas dos relaciones, la del sobrino y la del librero, le sirven a Auster para introducirnos en un mundo de personajes que debidamente llevados ocuparán el resto de la novela. Así, por Tom sabemos de su hermana Aurora, que ha deambulado por terrenos más que peligrosos durante su juventud (drogas, prostitución, etc.), pero que ahora parece haberse tranquilizado. Este hilo abrirá el relato al personaje de Lucy, la hija de 9 años de Aurora que un día sin previo aviso se presenta en casa de Tom enviada por su hermana desde no se sabe donde porque Lucy dice que no puede hablar al haberle prometido a su madre guardar silencio. Por este motivo, Tom y Nathan deciden llevar la niña a Vermont donde vive Pamela, hermanastra de Tom que vive en el campo lo que ambos –tío y sobrino- consideran muy apropiado para la niña. Pero Lucy es un diablillo que no quiere esa solución y, en secreto, ocasionará un percance en el automóvil de Nathan durante el viaje desde New York a Burlington (Vermont); por ese motivo (la niña echó 40 latas de coca cola en el depósito de gasolina del vehículo) deberán quedarse unos días en Brattleboro donde en un taller les repararán el auto. Mientras aguardan se alojarán en una casa rural –diríamos aquí- que no se inauguró en su momento al haber fallecido repentinamente la mujer del dueño de la misma de apellido Chownder. A través de este personaje conoceremos a su hija, Honey, que, buena cocinera como es, se trasladará a la casa rural para atender a los huéspedes y así ayudar a su padre. Consecuencia: Tom y ella se enamorarán, y tras una serie de indecisiones se casarán, lo que provocará que el viaje a Burlington se frustre y Lucy comience a vivir con la joven pareja, decisión que satisfará a todos.

De esta línea, la de Tom, ya sólo resta hablar de la madre de Lucy y sus problemas con su marido David Minor. Este es un seguidor de la iglesia del Templo del verbo divino fundada por el reverendo Bub, personaje engañabobos que sólo busca su provecho personal y que incluso llegará a solicitar servicios sexuales de Aurora para permitir que Lucy no siga al pie de la letra los absurdos postulados de esta iglesia. Es por esto que Aurora decide sacar a su hija de ese ambiente de secta en el que su marido los tiene confinados. Y aunque ella quiere también escapar no podrá hacerlo al estar vigilada estrechamente por Minor. Sólo logrará salir cuando su tío Nathan la localice y acuda a su domicilio a llevársela ante los sorprendidos ojos de David Minor.

 La otra línea de desarrollo argumental viene dada por la biografía de Harry Brightman, quien antes de montar la librería tuvo amistades y actividades no muy recomendables que le llevaron a la cárcel. El motivo fue la falsificación de obras de maestros de la pintura que su novio Gordon Dryer realizaba y que él comercializaba hasta que todo fue descubierto. Años más tarde, cuando ya estamos inmersos en la historia antes descrita, este Dryer y su amigo Trumbell le proponen a Harry otro ‘fastuoso’ negocio de falsificación que les hará millonarios. Se trataba de falsificar el manuscrito inexistente de Hawtorne, La letra escarlata. Harry, crédulo como era, acepta a pesar de las advertencias de Nathan. Pero todo no es más que una extorsión, que ocasionará la muerte por infarto de Harry, quien en su testamento legará la propiedad de la librería y del edificio que la alberga a Rufus y Tom.Como Rufus, que era un travestido por las noches, decide abandonar Brooklyn y Tom y Honey quieren llevar una vida más tranquila y hacerse profesores, todos los bienes de Harry serán vendidos.Novelas neoyorquinas de Paul Auster, literatura norteamericana

 El epílogo de la historia viene dado por la evolución de Nathan quien lleva una plácida vida con su amante Joyce Mazucchelli, madre de la BPM (buena y perfecta madre, en palabras de Tom Woods) Nancy Mazucchelli de la que Tom en un tiempo se sintió enamorado y que tras separarse de su marido e irse a vivir a su casa Aurora y su hija Lucy acabará enamorándose de ésta y haciendo vida de lesbianas, algo que a Joyce escandalizará pero que Nathan le ayudará a comprender y transigir.

Nathan sufrirá un amago de ataque al corazón que piensa le llevará a la muerte. Pero no, sólo fue una inflamación de esófago y volverá a incorporarse a su casa de Brooklyn para seguir escribiendo ese Libro de las locuras de los hombres que empezó en junio del año 2000 cuando llegó allí y que ahora 40 minutos antes de las 8 de la mañana del 11 de septiembre de 2004 le está haciendo sentirse un hombre pleno, en un mundo feliz y bien hecho, que él, claro, no sabe que saltará en pedazos dentro de 40 minutos.


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Hasta aquí la especie de resumen-reseña que escribí en 2008 sobre Brooklyn Follies. Al repasar mentalmente las lecturas que he hecho de Paul Auster descubro una serie de características que en mi opinión identifican de manera singular su literatura y que a mí me han hecho disfrutar mucho de ella leyendo sus libros: 
  • La primera es la importancia que en todos sus relatos tiene su condición de judío. Aunque no fuera practicante, su educación familiar es visible en sus novelas en las que las festividades y protocolos culturales de actuación de esa comunidad religiosa aparecen con frecuencia. 
  • En segundo lugar la manera que tiene de ir haciendo aparecer a los distintos personajes es muy reconocible en su estilo; surgen éstos de manera natural, fruto de las meras relaciones humanas, del propio discurrir de la vida. El azar, la casualidad, siempre tiene mucha importancia aquí.
  • Mucho más propio de su estilo es la propia construcción de sus historias, que discurren con abundantes vueltas hacia atrás, anticipaciones y resúmenes que poco a poco, fragmentariamente, van dando forma al todo que es la narración. 
  • El cosmopolitismo neoyorquino y de otras ciudades -entre ellas algunas europeas como París o Londres- es seña identitaria de su escritura; esta identidad cosmopolita es característica que reconozco en otros muchos autores norteamericanos como Philip Roth, Richard Ford, Kurt Vonnegut, James Salter, Lucia Berlin, Dominick Dunne, Siri Hustvedt, Jonathan Franzen y tantos otros más, que me hacen distinguir con claridad su manera de escribir de la de autores de otras nacionalidades.
  • Historias muy urbanas de personajes inmersos o relacionados con el mundo de la cultura, especialmente de la literaria: periodistas, profesores, críticos, traductores, libreros... 
  • Mezcla de géneros y ruptura de los límites en los que se encuadran éstos. 
  • Presencia frecuente de la metaliteratura en sus libros. En A salto de mata es total, claro.
  • Magnífico dominio de todos los estilos narrativos con especial manejo del indirecto libre con el que consigue dotar a muchas de sus historias de esa atmósfera imaginativa, metafísica o evanescente tan característica en él.
  • Cierto suspense y sensación kafkiana presente en buen número de sus historias que contribuyen a la creación de esa atmósfera metafísica o evanescente antes citada.
  • Importancia capital en sus libros -no sólo en los de no ficción- del autobiografismo. Pedir cuentas a familiares por unos u otros personajes -a los padres, sobre todo- es asunto frecuente en no pocas de sus novelas.
  • Etc.
Así doy término a este recordatorio-homenaje póstumo a Paul Auster, un escritor que ha marcado, junto a muchos otros citados también aquí, la literatura norteamericana del siglo XX y del primer cuarto de este XXI en que nos encontramos.

¡¡Descanse en Paz, Paul Benjamin Auster!!



28 abr 2024

Plegarias atendidas de Truman Capote

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«Debo al bar del Pont Royal haber hecho muchas amistades incluyendo a la primera expatriada norteamericana, Miss Natalia Barney […] Miss Barney vivió en el mismo piso durante todas esas décadas, una suite con habitaciones sorprendentes que daban a un patio de la rué de l'Université. Vidrieras de colores en las ventanas y vidrieras de colores en los tragaluces, un tributo al Art Nouveau que habría conducido al pequeño Boaty a un estado delirante como de perro loco: lámparas Lauque esculpidas como ramilletes de rosas lácteas, mesas medievales abarrotadas de fotografías de amigos enmarcados en oro y carey: Apollinaire, Proust, Gide, Picasso, Cocteau, Radiguet, Colette, Sarah Bernahrdt, Stein y Toklas, Stravinsky, las reinas de España y Bélgica, Nadia Boulanger, la Garbo bien arrimadita a su vieja amigocha Mercedes D'Acosta, y Djuna Barnes, esta última una apetitosa pelirroja con labios de pimiento difícilmente reconocible como la áspera autora de El bosque de la noche (y como la heroína ermitaña en versión moderna de Patchin Place). Cualquiera que fuese su edad real, que debía de ser de ochenta o más años, Miss Barney, normalmente ataviada con viril franela gris, tenía aspecto de anacarada cincuentona. Disfrutaba conduciendo, e iba por todas partes en su Bugatti esmeralda descapotable, daba vueltas por el Bois o se iba a Versalles las tardes agradables. De vez en cuando, me pedía que fuese con ella, ya que Miss Barney disfrutaba echando sermones, y su impresión era que yo tenía aún mucho que aprender.»"

Santa Teresa de Jesús, Nuevo Periodismo, Jet-set neoyorquina

Había leído este libro hace ya muchos años; apenas si recordaba su contenido. El caso es que en algún sitio, ahora mismo no sabría decir si en un libro o en algún artículo sobre literatura leído recientemente, alguien consideraba Plegarias atendidas la mejor novela de Truman Capote. Siendo así, me dije, y dado que apenas si recuerdo nada de ella, he de volver a leerla. De este modo he vuelto a leer algo del creador del Nuevo Periodismo. 

En 1987, tres años después de su fallecimiento, se publicó la esperada novela Plegarias atendidas que Truman Capote llevaba prometiendo a su editor desde el espectacular éxito que supuso A sangre fría, aparecida en 1966. La novela deseada por todos, que se demoraba más y más, era calificada por su autor, en palabras dirigidas a su editor, como excelente. Pero Plegarias atendidas jamás vio la luz en forma de tal. Lo que sí hizo el escritor entre 1975 y 1976 fue publicar en la revista Esquire, de manera separada, los tres capítulos que conforman el libro que acabo de leer: "Monstruos perfectos", "Kate McCloud" y "La Côte Basque". Tras la aparición de estas tres separatas, en especial la titulada "La Côte Basque", el autor perdió completamente el favor de la alta sociedad neoyorquina con la que hasta ese momento se había codeado. El motivo no fue otro que la presentación clara y sin tapujos de la manera de vivir de sus integrantes: su afición al alcohol, al sexo, la  homosexualidad masculina y femenina de no pocos de sus miembros, el consumo inmoderado de drogas... Ponerles al desnudo ante los demás fue algo que no sentó nada bien al mundo del cine, del teatro, de la literatura, de la política... Integrantes de estos córculos se vieron reflejados en esta narración a veces con sus nombres auténticos y otras con denominaciones que claramente revelaban a quienes estaban tras ellas.

En mi opinión, la novela parece un ¡Hola! (la revista española del corazón), pero sin cortarse ni un pelo. A mí me ha recordado mucho a, entre nosotros, Terenci Moix y su novela "Garras de astracán". Lo mejor de estos tres relatos para mí es encontrarme directamente con mitos del mundo de la política (el entorno del presidente Kennedy, sobre todo), de la literatura (Samuel Bekett, JD Salinger, etc.), de la industria, de los negocios y sobre todo del Cine y el Teatro (Montgomery Cliff, Orson Welles, y muchos otros), asistir a sus devaneos, sus caídas en dependencias diversas, sus inseguridades...

Quería Capote -así se lo manifestó en multitud de ocasiones a Joseph M. Fox, su editor de Random House, cuando éste le reclamaba muestras de la novela que afirmaba estar escribiendo y por la que Fox le había entregado a cuenta altas sumas de dinero- emular nada menos que a Proust y su "En busca del tiempo perdido"; pero no, no alcanzó ese logro. Lo que sí hizo fue vengarse de aquellos ricachones que, quizás, lo ninguneaban y lo utilizaban como el payasete que daba color a sus fiestas, pero que como los bufones de la Corte quedaba al margen de los tremendos beneficios que ellos se repartían. Capote -su personaje P.B, Jones, auténtico alter ego suyo en la novela- ronda por los palacios, pero se queda sólo con las migajas. El verdadero Jonesy es el que de madrugada se acerca a los cines porno para poder satisfacer su deseo.

El libro que acabo de leer es uno de esos libros inconclusos que se publican tras la muerte del autor. No sabemos en este caso si Truman Capote desearía que se hubiera publicado o no de esta manera; también ignoramos si, como afirmó con reiteración a sus editores, existían otros capítulos y qué fue de ellos dado que, por mucho se ha buscado, nada se ha encontrado. Lo único evidente es la publicación que hizo en vida de estos tres capítulos en la revista Esquire en forma de separatas, pero siempre nos quedará la duda: ¿eran esos textos los que de verdad él quería que formaran su Plegarias atendidas? Sea como fuere, lo único que hoy tenemos es esto: las tres separatas de Esquire publicadas como capítulos de su anunciadísima durante casi veinte años y nunca aparecida fastuosa novela. Lo que yo he visto en ella es sólo una crónica de sociedad mordaz y sin cortapisas que, como es lógico, produjo que el escritor fuera expulsado de la misma como si de un piojoso animal se tratara.
 
En el prólogo que Joseph M. Fox escribe a la novela que su editorial Random House publicó en 1987, tres años después del fallecimiento del escritor, se incluyen fragmentos del prólogo que el propio Capote escribiera para "Música para camaleones", colección de seis cuentos cortos y seis entrevistas aparecida en 1980. Por ese prólogo sabemos que el escritor interrumpió la escritura de Plegarias atendidas en 1977, seguramente, aunque él lo niegue, por la furibunda reacción que ocasionó en la alta sociedad neoyorquina la publicación de esas tres separatas en Esquire:
«…Sí, dejé de trabajar en Plegarias atendidas en septiembre de 1977, un hecho que no tenía nada que ver con las reacciones que algunas partes del libro ya publicadas suscitaron en el público. El alto se produjo porque me encontraba con no pocos problemas: sufría una crisis creativa y personal al mismo tiempo. Como esta última no tenía ninguna relación, o muy poca relación, con la primera, sólo será necesario hacer alusión al caos creativo.»
Evidentemente, caos creativo debía de existir en Capote quien, por su desordenada vida y adicciones diversas, sentía que la facilidad para la la escritura con el nivel que él pretendía estaba en huida libre. Pero que esta falla creativa derivaba de la crisis personal sufrida por el escándalo producido por la publicación de sus relatos en Esquire está fuera de toda duda. 

Comienza el capítulo Monstruos perfectos con el escritor P.B. Jones escribiendo una especie de memorias, autobiografía o crónica en un apartamento de la Y.M.C.A. en Manhattan. Se muestra ciertamente deprimido, al borde del suicidio. Es por eso que decide hablarnos de él: su orfandad, su escapada del orfanato que estaba a orillas del río Mississippi a los 14 años, sus artimañas para poder sobrevivir casi siempre gracias al atractivo que para muchos hombres y mujeres tuvo. Pasa revista a varios de estos seres con los que se relacionó y a los que indefectiblemente él fue abandonando: La hermana Martha del orfanato, el masajista Ned que lo cogió en autostop, le enseñó el oficio y le puso en contacto con hombres y mujeres, algunos con bastante dinero como Agnes Beerbaum con quien acumuló el suficiente dinero como para sin previo aviso abandonarla. Fue así como llegó a Nueva York donde a sus 18 años se casará con Hulga, compañera de estudios en la Universidad de Columbia («Era una retrasada mental. O casi, maldita sea»). Su matrimonio dura poco pues en un arrebato navideño Jones rompe todos los adornos e insulta a su mujer de manera muy hiriente; los padres de Hulga le dieron una buena zurra y ahí acabó su aventura conyugal.

De su mujer sólo recordará lo bien que escuchaba los relatos que él escribía y que siempre quiso publicar. Para lograrlo Jones «visitará al director literario de una revista femenina que publicaba novelas de escritores de "calidad"». Gracias a ese hombre, Turner Boatwright 'Boaty', logrará publicar en la revista uno de los muchos relatos que le presentó; y no sólo eso, sino que contactará con muchas personalidades de la literatura, estrellas de cine, pintores... que visitaban su casa neoyorquina
«La verdad es que en casa de Boaty, se encontraban cantidades notables de personajes célebres. Actores tan distintos como Marta Graham y Gypsy Rose Lee, todo género de lentejuelas salpicadas con una colección de pintores (Tchelitchew, Cadmus, Rivers, Warhol, Rauschenberg), compositores (Bernstein, Copland, Britten, Barber, Blitzstein, Diamond, Menotti) y gran abundancia de escritores (Auden, Isherwood, Wescott, Mailer, Williams, Styron, Porter y, en varias ocasiones, cuando se encontraba en Nueva York, Faulkner, a veces buscando Lolitas, pero por lo general serio y cortés bajo el doble peso de una nobleza incierta y una resaca de Jack Daniel's). Y también Alice Lee Langman, considerada por Boaty la primera dama de las letras de América.»
De gigolo con la Langman logrará que Plegarias atendidas se publique, aunque los relatos que contiene reciben fuertes críticas. Como se ve la realidad, como es característico del Nuevo Periodismo y de la autoficción, se cuela en la obra creada confundiéndose con ella: La novela con la que P.B. Jones quiere triunfar es precisamente ésta que nosotros, los lectores, tenemos en las manos. A Jones, igual que a Capote, lo que le importa es ascender, avanzar y contactar con todos aquellos que puedan impulsar su pasión literaria. Lo hace como hemos visto hasta aquí saltando de cama en cama, le da igual el sexo del propietario. Lo definitivo le llegará cuando su protectora logre que la novela pase a la gran pantalla con el título «'La historia de P.B. Jones', una película de Paranoide Films en colaboración con Producciones Príapo». Es evidente el humor que exhibe el novelista en los nombres de las dos  productoras cinematográficas. Esta película y la novela en la que se basaba hizo que Denham Fouts 'Denny'«un hombre bellísimo que básicamente se ganó la vida como chapero y mantenido de lujo, con una completa nómina de amantes millonarios y hasta reales como el príncipe Pablo de Grecia.» (opinión de Sonia Aguirre Duque en la reseña que dedicó en 2013 a esta novela en su blog 'Heroínas díscolas'), contactara con P.B. Jones invitándole a ir a París. Con Denny y sus poco recomendables amistades Jonesy recorre los garitos de París, se enfanga en el consumo de drogas, el sexo duro, y comienza a temer el fracaso literario más que a ninguna otra cosa. Llega así hasta Aces Nelson, otro arribista cuyo oficio es vivir de los ricos, aunque afortunadamente Nelson es un trepa con cabeza
«Aces Nelson no tiene nada especial, salvo que es algo más mono que la mayoría. Está bien, comparativamente hablando. Va a Tánger dos o tres veces al año, siempre en el yate de alguien. El verano se lo pasa de un yate a otro, el Gaviota, el Siesta, el Christina, el Sister Anne, el Creóle, el que quieras. El resto del año está allá arriba en los Alpes, en St. Moritz o en Gstaad. O en las Antillas, Antigua, Lyford Cay. Haciendo altos en París, Nueva York, Beverly Hills, Grosse Pointe. Pero, esté donde esté, siempre está haciendo lo mismo. Ganándose el pan. Jugando desde el almuerzo hasta que se apagan las luces. Al bridge, al gin, al cutthroat, al old maid, al backgammon, resplandeciente, sonriendo con sus dientes con fundas y haciendo felices a los carcamales en sus salones de alta mar. Así es como se saca el dinero para sus viajes. El resto procede de extorsionar a tipas de diferentes edades y pasiones, culos acaudalados con maridos a quienes no les importa un rábano quién se lo haga con tal que no tengan que hacérselo ellos.»
Y gracias a él conocerá a Kate McCloud. Aces le cuenta la historia de esta mujer, que se casó con Harry McCloud de quien Kate, de soltera Mooney, tomó el apellido. Harry era un celoso de libro. La buena de Kate sólo revivió cuando quedó sola tras divorciarse y ser su marido encerrado en un sanatorio. Luego ella se casa con un millonario alemán, Axel Jaeger. Ahora, le dice Nelson, está en una extraña situación  («Está corriendo un gran peligro. Necesita protección. También necesita a un masajista que viaje con ella todo el tiempo. Alguien con educación. Presentable.»). Kate McCloud es el personaje central del segundo capítulo de estas Plegarias atendidas.

Me doy cuenta ahora de que no he dicho por qué Truman Capote titula así su novela y dentro de la misma también a la ficticia que escribe P.B. Jones. En el primer capítulo, 'Monstruos perfectos', la diva literaria Longman le dice a su protegido Jones«Santa Teresa de Avila dijo una vez: "Se derraman más lágrimas por plegarias atendidas que por las no atendidas." Quizá no sea ésa la cita exacta, pero ya lo miraremos. Lo importante es que a lo largo de tu obra, al menos tal y como yo lo veo, aparecen personas que consiguen alcanzar un objetivo desesperado, mas sólo para que les rebote en contra de ellas mismas, lo cual acentúa y acelera su desesperación.». Esta explicación del título aclara el sentido que Capote quiso transmitir con su obra. En cierta manera, era la situación personal en la que él mismo se encontraba durante los años que estuvo escribiéndola. 

Plegarias atendidas
Artículo de Marina Ortiz Cortés publicado en el diario
El Independiente (06/02/2024)
Toda la novela está escrita desde esa celda -apartamento dije al inicio- de la Y.M.C.A neoyorquina. Con frecuencia interrumpe el relato para volver al momento y lugar de escritura e introducir alguna aclaración de tipo literario: «(¡Atención, estudiantes de literatura! Aquí hay aliteración, ¿lo han notado?, es mi vicio más pequeño.)». Quizás esta ruptura de la ficción sea una muestra más del humor que la novela contiene. En algún lugar he visto que etiquetan la novela como de humor. No lo creo yo así, aunque sí es evidente que en ella hay sarcasmo hacia la jet set, crítica acerada, en especial en el tercer capítulo, responsable de su expulsión del Paraíso social que lo había adoptado.

Los dos capítulos que siguen a Monstruos perfectos, Kate McCloud y La Cöte Basque son mucho más breves que el primero. En Kate McCloud vemos a P.B. Jones enamorado de verdad de esta mujer a la que atiende personal y profesionalmente. La ayuda en su proceso por escapar de su marido Jaeger que quiere quizás matarla y quedarse definitivamente con el pequeño Heinie, de cinco años, hijo de ambos. A HeinieAxel Jaeger lo tiene secuestrado y no se lo deja ver a Kate. Pero un día ella desaparece. Jones ve sus sueños echados por tierra. Soñaba con una vida feliz, normal con ella, él, su hijo Heinie y Chucho, el perro que Kate le pidió para mitigar su soledad. 

Es en La Côte Basque donde Capote rompió con todas sus autocensuras y decidió presentar a los personajes con los nombres reales o inventados, pero muy reconocibles, de aquellos seres en los que se había inspirado. Utiliza para hacer esta crítica de la alta sociedad neoyorquina un ficticio encuentro casual entre Ina Coolbirth (imagen de la real Slim Keith) y P.B. Jones (trasunto, como ya he dicho de Truman Capote). Una tarde, en el local neoyorquino así llamado, La Côte Basque, entre botellas de un champán carísimo Ina le cuenta las intimidades de buena parte del mundo artístico y literario del momento. Destaca entre todas las historias la de Ann Hopkins, quien asesinó de un disparo de escopeta a su marido (o quizás no fue así). La tal Hopkins se inspira en el caso real de Ann Woodward

En la conversación entre Ina y Jones, a la que se suman otras que el narrador escucha procedentes de mesas vecinas, se cuelan infinidad de cotilleos sobre personajes populares: Salinger y su relación con la que más tarde sería la mujer de Chaplin («Oona tenía un novio misterioso, un chico judío con una madre en Park Avenue, Jerry Salinger. Quería ser escritor, y le escribió a Oona cartas de diez páginas mientras estuvo en el ejército, en ultramar. Eran una especie de cartas de amor, muy tiernas, tiernísimas. Lo cual es demasiada ternura. Oona solía leérmela y cuando me preguntó qué pensaba, le dije que a mí me parecía que debía de ser un chico que lloraba con mucha facilidad.»); la relación adúltera entre un rico empresario y la mujer de un político importante; la rijosidad de los Kennedy («¿Te he hablado alguna vez de cuando me asaltó [Joe Jennedy]? Me invitó a su casa cuando yo tenía dieciocho años, era amiga de su hija Kek... [...] ...el viejo degenerado se coló en mi habitación. Eran alrededor de las seis de la mañana, la hora ideal si quieres coger a alguien fuera de combate, totalmente por sorpresa, y cuando me desperté ya estaba liado en las sábanas con una mano en mi boca y la otra en todas partes.»); las infidelidades hacia su esposa Joanne (en la novela Jane) y el gusto por el alcohol de Bobby Baxter (trasunto del conocido presentador y cómico norteamericano Johnny Carson («Jane dijo: ¿y estás solo? Ya sabes lo sádico que es Bobby detrás de esa sonrisa de frambuesa, y dijo: «No, hay una persona echada aquí a mi lado. Le encantaría hablar contigo.» Y al momento surge una voz de rubia oxigenada diciendo con una risita tonta y atemorizada: «¿De verdad, de verdad que es usted Mrs. Baxter? Ji, ji. Yo pensé que Bobby estaba haciendo una gracia, ji, ji. Acabamos de oír en la radio cómo estaba nevando ahí en Nueva York, o sea, debería estar usted aquí con nosotros, estamos a treinta y cinco grados.» Defraudada Jane dijo: «Me temo que estoy demasiado enferma para viajar.» Y la voz oxigenada, agitada y afligida: «Oh, Dios mío. ¡Cuánto lo lamento! ¿Qué le ocurre, monada?» Jane dijo: «Tengo doble dosis de sífilis y la gonorrea de siempre, una cortesía de ese gran cómico, mi marido, Bobby Baxter, y si no quiere que le ocurra lo mismo, le sugiero que salga de ahí pitando.»); y otros tantos casos más.

Es natural que, con mimbres como los expuestos, los que hasta hacía muy poco fueran íntimos amigos -y de los que Capote vivía, eso no hay que olvidarlo- lo condenaran al ostracismo. Desde este instante (la aparición en Esquire de La Cöte Basque) el escritor entró en barrena. Cayó por la pendiente endiablada del exceso en todo: sexo, drogas, alcohol... Así un día de 1984, a los 59 años, Truman Capote murió según el informe forense de «enfermedad hepática complicada por flebitis e intoxicación por múltiples drogas»

Ha sido casualidad que mi relectura de Plegarias atendidas haya venido a coincidir con el estreno en TV de la serie Feud: Capote vs The Swans. La estoy viendo y me parece fiel por ahora al cuento en que se inspira. Está dirigida por Gus Van Sant, John Robin Baitz y otros, e interpretada por un elenco de alto copete: Tom Hollander, Naomi Watts, Diane Lane, Chloë Sevigny, Calista Flockhart, Demi Moore, Molly Ringwald... Me está gustando. Creo que es una miniserie muy recomendable. Os dejo el trailer


Para concluir
Plegarias atendidas es un libro que como todo en Truman Capote bebe de la propia realidad. Concretamente realiza un ejercicio periodístico sobre sí mismo y su entorno social. Aunque omite en ocasiones los nombres auténticos las más de las veces los seres reales que están bajo los ficticios son muy reconocibles con las consecuencias personales ya comentadas.

Desde lo puramente literario quisiera señalar, además de algunas pinceladas estilísticas ya expuestas como esas interrupciones en el relato para comentar aspectos metaliterarios o simplemente propios de la realidad de quien en ese momento está escribiendo, la manera que tiene de entreverar distintos discursos. En un momento de La Côte Basque, mientras que Jones escucha a la locuaz Ina Coolbirth le vienen a éste pensamientos que Capote introduce sin previo aviso. Esta manera de mezclar dos discursos distintos dentro de otro más amplio me parece un auténtico acierto. 
 
Por último he de decir que la desnudez con que Capote muestra la vida me ha recordado mucho a Charles Bukowski, a quien dediqué en su día una entrada en este blog; también el tono confesional y en primera persona de quien está escribiendo su vida me ha llevado mentalmente a  El guardián entre el centeno (The catcher in the Rye) de J. D. Salinger; y, naturalmente, la multitud de nombres de autores del momento y anteriores han hecho que la lectura de esta Plegarias atendidas me haya resultado grata, pese a momentos en los que la procacidad, obscenidad y lascivia buscadas y exhibidas a propósito me haya resultado, por excesiva, no muy agradable. Se diría que en el mundo de J.B. Jones (Truman Capote) todo haya sido alcohol, sexo y drogas, siendo todo lo demás (literatura, cine, arte...) meros caminos para conseguirlos. 

Teniendo en cuenta la dedicación profesional de P.B.Jones (chico escort en una agencia dirigida por una tal Miss Self), el ambiente nocturno neoyorquino que, cuando no logra dormirse, visita y describe es indicativo de la realidad en la que Capote, cuando no estaba en algún sarao de la jet-set, vivía y a la que pertenecía:
«De modo que decidí recorrerme la calle Cuarenta y dos oeste, que no cae muy lejos de aquí [la residencia de la Y.M.C.A. donde P. B. Jones reside y escribe estas memorias], y buscar una película en uno de esos palacios del cine abiertos toda la noche y con aroma a amoníaco. Cuando me puse en camino, eran más de la una y el itinerario de mi paseo me llevó por nueve manzanas de la Octava Avenida. Prostitutas, negros, puertorriqueños, unos cuantos blancos y, en realidad, todos los estratos sociales de gente de la calle, los lujuriosos chulos latinos (uno con un sombrero blanco de visón y una pulsera de diamantes), los cabreantes heroinómanos dando cabezadas desde los portales, los chaperos, entre los cuales los más valientes eran los gitanos, puertorriqueños y rudos montañeses fugitivos de no más de catorce o quince años ("Señor, ¡diez dólares! ¡Fólleme toda la noche!") que rondaban por las aceras como un águila ratonera sobrevolando un matadero. Y, de vez en cuando, el coche de la policía patrullando, con sus pasajeros desinteresados y sin ver nada, al haberlo visto todo hasta tener reuma en los ojos de ver el espectáculo.»