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11 ene 2023

Juan Tallón. Obra maestra

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«La música, la que a mí me interesaba, una fácilmente conceptualizable, que conectaba con la pintura, el teatro, la danza, y no sé si a propósito, o inconscientemente, buscaba que mis composiciones entrasen en los cuadros de los artistas a los que conocía, con los que trabé buena relación y que eran casi todos escultores minimalistas, es decir, no solo Richard, también Donald Judd, Sol LeWitt, Robert Morris o Carl Andre, era a ellos a quienes se refería el concepto minimalismo, y no a los músicos como yo, o Terry Riley o La Monte Young, la idea de "música minimalista" fue algo que vino después» (dice Philip Glass)

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial Anagrama)
El Museo Reina Sofía prepara las exposiciones con las que va a inaugurar la pinacoteca en 1987. Para ello encarga a Richard Serra, el escultor vivo más influyente del momento, la creación de una de sus gigantescas obras. La pieza se exhibe durante unos meses y después se almacena en una nave custodiada por una empresa especializada en arte. Años después, el museo quiere recuperarla, pero entonces la pieza ha desaparecido. Nadie sabe cómo lo ha hecho, ni en qué momento, ni a manos de quién. En 2006 la noticia salta a la prensa y se convierte en un auténtico escándalo internacional. ¿Cómo se le ha podido perder la pista a semejante obra? Es lo que se pregunta el escritor Juan Tallón en su nueva novela: 'Obra maestra'. Un libro que recorre todas las hipótesis posibles de la mano de 72 voces que permiten al lector adentrarse en una historia absolutamente fascinante y real.

"Obra maestra"
de Juan Tallón es una novela de no ficción, en mi opinión excesivamente pegada a la realidad. El punto de partida, la desaparición de una escultura del escultor Richard Serra de 38 toneladas de peso, es más que sugerente. Sin embargo, al centrarse en la realidad del mundo del arte -especialidad escultura monumental- me han resultado algo abrumadoras las disquisiciones sobre cómo se despliegan los encargos, las instalaciones, las influencias, los diversos intervinientes, excepción hecha del propio escultor, en el proceso creativo-expositivo (fundición, transporte, instaladores, gruistas, encargados del museo, vigilantes...). Al haberse producido la desaparición de una obra perteneciente a un museo nacional, la intervención de la policía y de los políticos de quienes depende la cultura del país, es importante. El autor se centra no sólo en el momento que va desde que se detecta la falta de dicha escultura (año 2006) hasta nuestro hoy, sino que en la especie de thriller cultural que construye (¿Qué habrá pasado con la obra, dónde habrá estado este tiempo, quién ha sido el culpable de esta sinrazón...?) avanza y retrocede en el tiempo afirmando hechos (cuándo se colocó en el Reina Sofía, qué otras obras del autor hay en España, etc.), preguntando a quienes -72 entrevistados en total- en un sentido u otro pudieron tener contacto con la obra (directores de museos, vigilantes, policía del Patrimonio, secretarios del Mº de Cultura, ministros del ramo que en una época u otra tomaran decisiones respecto a la obra...), intervención del propio Juan Tallón y de todo su entorno familiar y editorial que en algún momento intervinieron en la producción del propio libro que tenemos en nuestras manos, llegando incluso a lanzar hipótesis verosímiles pero nunca confirmadas del todo sobre qué ocurrió en verdad con esta increíble desaparición.

A mí, si soy sincero, aunque considero que es un producto original, me ha parecido algo tediosa en algunos momentos. Seguramente la razón estribe en que las interioridades del mundo del arte no es algo que me interese especialmente. A esto, insisto, quiero añadir la profusión de nombres propios de artistas, críticos de arte, periodistas especializados de aquí y de fuera que por su cantidad me han llegado a abrumar y a desenganchar incluso de la propia trama novelesca. Una trama novelesca, por otra parte, que no me ha sorprendido nada pues el autor no deja lugar a suspense alguno. Sin lugar a dudas Juan Tallón cifra todo el éxito y bondad de la novela al modo constructivo utilizado en ella. Aquí sí que resulta innovador y sorprendente. En pocas palabras lo que hace Tallón es lanzar sobre la mesa de su despacho de escritor toda la documentación que a lo largo de trece años ha ido recopilando con la idea de producir este libro. En lugar de acudir a la linealidad discursiva, el escritor desordena los testimonios, colocando siempre las palabras de quien en negrita conocemos nombre y fecha en primera persona. Es pues la novela un ejercicio literario de perspectivismo, de avance en búsqueda de la verdad a través de la focalización que de un mismo hecho tienen unos y otros. De la suma de todos los testimonios aquí recogidos -incluidos los del propio escultor y redactor de la novela- nacerá la verdad. Se supone.

Finalizada la lectura de Obra maestra leo algunas reseñas sobre el libro y dejo por allí y acullá comentarios acerca de las opiniones vertidas por los reseñistas. Evidentemente lo que expreso en ellos no difiere mucho de lo dicho hasta aquí en esta reseña: que me ha resultado algo tediosa en varios momentos; que en otros me ha entretenido; que el sobreabundante e incesante número de nombres propios me ha parecido innecesario; que el exceso de todo me hacía desconectar de la trama... 

Insisto en que sobre todo me ha parecido un trabajo más propio de un periodista -Juan Tallón lo es profesionalmente- que está preparando un concienzudo reportaje de investigación. Es en este orden de cosas en el que, en sentido intencionadamente desviado, utilizo la expresión thriller: el autor provoca en el espectador una cierta expectación al inicio cuando leemos que una escultura de 38 toneladas de peso ha desaparecido y nadie sabe qué habrá ocurrido con ella. Sí, esto podría anunciar una especie de thriller; pero hay que admitir que de serlo, sería un thriller de escaso -por no decir nulo- suspense dado que casi casi desde el principio, al estar tan apegado a la realidad, sabemos cómo el Mº Reina Sofía logró salir del entuerto. En cuanto a qué ocurrió con la escultura robada se lanzan suposiciones muy verosímiles que no es cosa de desvelar aquí para no matar el interés del posible lector.

Creo que la maestría literaria la deposita Juan Tallón en la estructura constructiva que elige para Obra maestra. No sé si era necesario tanto vaivén adelante-atrás, pero bueno, vale, está bien. Las interioridades del mundo creativo -literario y escultórico-, el proceso constructivo de una obra, las conexiones de la obra de arte con el mundo real… son ciertamente reflexiones interesantes. Pero...

La obra está bien escrita. En ella observamos cómo el autor se las ingenia la mar de bien para pescar cuanta ayuda ministerial pueda salir [es una pequeña maldad mía, jé, jé…]; también hace repaso de las corruptelas que existen en el mundo del arte, reflexiona sobre qué es eso que se denomina obra de arte, etc.  Me ha gustado, sobre todo en las últimas 40 ó 50 páginas, el humor que destilan algunas intervenciones («Había podido acabar Cinco moscas azules y había empezado a leer un libro de Jiménez Losantos, con eso lo digo todo.»). Pero, insisto, me parece que es tan real, tan real, que no ha conseguido excitarme especialmente. Creo que el que una novela sea de no-ficción no excluye un mayor ejercicio imaginativo.

A propósito de lo dicho en el cierre del párrafo anterior el mismísimo escritor en entrevista realizada por Juan Cruz en El Periódico el pasado 4 de febrero de 2022 [enlace a la entrevista] reflexiona sobre la relación estrecha que existe entre la realidad y la ficción, cómo ficcionaliza el mundo real y al tiempo convierte en reales a personajes de ficción como el de la terrorista de ETA que preparó el atentado a una obra de Richard Serra en la inauguración del Guggenheim de Bilbao. Quisiera destacar de tan interesante conversación entre el crítico literario y el escritor algunas frases:
  • «Se me ocurrió en 2009. […] Fue el intento de comprender cómo había pasado algo tan asombroso: la desaparición de una escultura enorme y muy pesada. ¡Qué asombro! Fue un suspiro hacia adentro. ¡Pero no encontraba el modo de contarla, Juan! Y, a lo largo de los años, me limitaba a compilar información y luego a recabar testimonios. Un día encontré el modo de narrar y entonces ya todo fue más o menos rápido.»
  • «Yo creo ficciones pero quiero que se puedan leer como historias reales. Simplemente hay que buscar la fórmula que conecte lo que has inventado con la vida real. Siempre mezclo realidad y ficción con el propósito de que la gente crea que ocurrió así, que simplemente cuento lo que pasó en realidad o rescato las cosas de la memoria.»

                 «¿Aquí hay personajes de ficción que son reales?» (pregunta de Juan Cruz)

  • «Exacto. Hay personajes reales de los que yo invento su testimonio, pero intentando mantenerme más o menos fiel a lo que dijeron para mantener la verisimilitud de la historia. Y después hay personajes completamente inventados, que no existieron. Pero que son auténticos(respuesta de Juan Tallón)

En definitiva, Obra maestra es un libro bien escrito en el que Juan Tallón riza el rizo de la composición buscando una manera distinta de relatar siguiendo su constante propósito de nunca repetirse. Creo que lo logra. Pero a mí no ha logrado emocionarme. Está bien escrito. Y ya.

6 oct 2022

Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura 2022.

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Premio Nobel de Literatura 2022

Hoy he sido gratamente sorprendido con la noticia de la concesión del Premio Nobel de Literatura 2022 a la francesa Annie Ernaux. El jurado sueco ha justificado su decisión en 

«la valentía y la agudeza clínica con la que descubre las raíces, los distanciamientos y las restricciones colectivas de la memoria personal»

Mi homenaje particular consiste hoy en reproducir la reseña que en marzo de 2020 hice de "Pura pasión". Gracias a esa lectura conocí a esta escritora y comencé a saber más de ella. Leí El acontecimiento en el que narra su propio aborto y luego vi la adaptación cinematográfica que de la misma hizo la francesa de origen libanés Audrey Diwan en 2021 que se alzó con el León de Oro n el Festival de Venecia de ese mismo año. 


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 "Pura pasión" de Annie Ernaux

“Naturalmente, no siento ninguna vergüenza por anotar este tipo de cosas, debido al lapso que media entre el momento en que se escriben, cuando soy la única que las ve, y el momento en que la gente las leerá y que, me da la impresión, no llegará jamás” (Annie Ernaux: Pura pasión)

Annie Ernaux, "Pura pasión", erotismo, novelas cortas
El adulterio de Irene Wagner de Stefan Zweig en la Viena de 1913 [me refiero a la novela Miedo del escritor austriaco que reseñé en marzo de 2020] me ha llevado a recordar una lectura anterior sobre una relación amorosa bien distinta situada en un momento mucho más cercano a nuestro hoy. Se trata de una más que interesante confesión íntima de una mujer madura y con hijos víctima de una pasión irresistible por un hombre de un país del este también casado y al que lo que le une esencialmente es la relación erótica y sexual. El mundo interior de esta mujer cuando espera la llegada de A (así lo llama) a la habitación de hotel donde se han citado es de una sinceridad como pocas veces he visto por escrito. La mujer, posiblemente -mejor debiera decir, seguramente- la propia Annie Ernaux, madre de dos hijos que estudian ya en la Universidad y han dejado la casa familiar, escritora y profesora de literatura en la Universidad, se desnuda metafóricamente ante nosotros los lectores. Pocas veces he leído una confesión autobiográfica de tal calibre.

Annie Ernaux -leo en la nota biográfica que sigue a esta pequeña obrita de sólo 88 páginas- dejó la ficción para abordar la confesión autobiográfica tras dos o tres éxitos en el campo de la novela. El autobiografismo, el memorialismo, la autoconfesión, es un género de no ficción que comenzó a cultivarse por muchos autores a partir de los años 80 del siglo pasado. La novela que acabo de leer es del año 1992 y se une a otros títulos autobiográficos de la escritora: “El lugar” (1983) y “La vergüenza” (1997) en los que cuenta el ascenso social de sus padres; “Ce qu’íls disent ou rien” (1977) sobre su adolescencia; “La mujer helada” (1981) sobre su matrimonio; “El acontecimiento” (2000) en el que relata su aborto; “No he salido de mi noche” (1997) sobre la enfermedad de Alzheimer padecida por su madre; “Una mujer” (1987) en el que cuenta la muerte de su madre por cáncer de mama; y otros títulos [los años de publicación se refieren al momento de su aparición en Francia. En España se publicaron mucho más tarde]

En "Pura pasión" nos encontramos en 1989, momento en que ella se siente fuertemente atraída por un hombre. La atracción les llevará de inmediato a mantener relaciones sexuales. Para ella, una mujer sola pero madre de dos hijos ya con vida independiente, este hombre se convierte en una permanente obsesión. Comienza así ella a entender a cuantas mujeres del pasado o personajes literarios vivieron ávidamente inmersos en una pasión semejante. La obsesión por A (como lo designa en el escrito que finalmente ha decidido hacer sobre su experiencia) la ha tenido ausente del mundo real. Durante unos meses vivía pendiente del teléfono, de sus llamadas, se compraba vestidos y lencería para que él la viera guapa, cuando ella contemplaba en TV una película romántica pensaba si él estaría viendo la misma, durante sus encuentros clandestinos el tiempo para ella desaparecía y sólo existía el presente del placer que ambos se proporcionaban...

Van pasando los días, las semanas y aunque en la cabeza de ella la obsesión permanece intacta, A no ha vuelto a llamarla, ha desaparecido. Ella no quiere acudir en París a ciertos actos no vaya a ser que A junto a su esposa esté allí; aunque racionalmente no le preocupa, sin embargo emocionalmente no soporta imaginarlo haciéndole el amor a otra mujer, ni siquiera a su esposa; al tiempo que se va habituando a su desaparición, sin embargo desea irracionalmente rebobinar el tiempo vivido y para ello acude a lugares -Florencia o Venecia- donde estuvo justo antes de conocerlo o a donde ambos acudieron juntos... A veces el viaje sólo se lo justifica ante sí misma por el mero hecho de retornar y mostrarse engañosamente a sí misma que él no le importa tanto.

Es de gran interés ver cómo esta mujer culta, preparada, profesora universitaria, escritora, que disfruta de lecturas y películas como algunas que cita en el relato (“La mujer de al lado” de François Truffaut, “Loulou” de Pialat, “Demasiado bella para ti” de Blier, “El imperio de los sentidos” de Oshima, o “Lo que el viento se llevó” del director Víctor Fleming) ha podido quedar atrapada en una relación con un hombre hermoso pero que poco o nada lee y que más que ver películas eróticas o románticas como ella gusta de practicar sexo y poco más. Ella misma es consciente de ello y lo viene a justificar no por una diferencia de clase social sino de procedencia geográfica.

Cuando él se ausenta sin previo aviso durante casi un año ella se pone a escribir sobre esta vivencia sin romanticismos ñoños ni engaños personales: 
    • "Yo estaba segura de que jamás había habido en mi vida nada más importante ni tener hijos, ni aprobar oposiciones, ni viajar lejos que eso, estar en la cama con este hombre a media tarde."
    • "Yo tenía el privilegio de vivir desde el inicio, constantemente, con plena conciencia, lo que siempre acaba por descubrirse con asombro y perplejidad: el hombre al que se ama es un extraño."
Novela autobiográfica
Por otra parte en esta novelita Annie Ernaux, profesora de literatura, no lo olvidemos, realiza no pocas reflexiones metaliterarias sobre lo que está escribiendo y como lo está escribiendo. Así mientras A está ausente sin dar noticia alguna pero ella está en plena fase enfermiza de dependencia amatoria el tiempo verbal que utiliza es el pretérito imperfecto para marcar así lo inacabado de aquello que relata: "El pretérito imperfecto que he utilizado de manera espontánea desde las primeras líneas corresponde a un tiempo que yo no deseaba que acabara, el de 'en aquel entonces la vida era más hermosa', el de una repetición eterna.". Sin embargo cuando ya comienza a tomar conciencia del final cercano de esa relación, ciertamente tóxica para ella, el tiempo verbal se muda en presente de indicativo: "Paso del pretérito imperfecto, el era -¿pero desde cuándo?-, al presente -¿pero desde cuándo?- por falta de una solución mejor"

Por último también Annie Ernaux viene a confesar en un momento de esta novela de no ficción el motivo que la lleva a tomar la pluma. Me pregunto si no escribo para saber si los demás no han hecho o experimentado cosas idénticas, o al contrario, para que les parezca normal experimentarlas. O sea, escribir es para ella una manera de conocimiento tanto personal como para aquellos que la lean. Sería algo así como una mezcla de la literatura del conocimiento y de la literatura de la experiencia válido para los dos extremos de la comunicación literaria: el autor y el lector.

En definitiva, como también viene a decirnos en un momento dado, ella no está escribiendo un libro sobre A ni tampoco sobre sí misma, sino sobre lo que las vivencias tenidas con él le han supuesto.
El me había dicho: «No escribas un libro sobre mí». Pero no he escrito un libro sobre él, ni siquiera sobre mí. Me he limitado a expresar con palabras —que sin duda él no leerá, ni le están dirigidas— lo que su existencia, por sí sola, me ha dado.

21 feb 2022

Fernando Marías. "Arde este libro"

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«Te conocí hace cuatro décadas. Estás muerta desde hace siete años que van camino de ocho y luego irán camino de nueve y luego de once y de diecisiete y de treinta y ocho y así sin descanso hasta el gran cero final. Cada tecla que pulso te lleva hacia el olvido. Y esa misma tecla, que al ser pulsada también consume una décima de segundo de mi vida, acerca a la vez mi propia muerte.»

Arde este libro, Novela autobiográfica, especulativa, alcohólica, espectral
"Arde este libro" es una impresionante novela de no ficción escrita por Fernando Marías en 2021. Es la última de su producción pues la muerte sorprendió inopinadamente al escritor el día seis de este mes de febrero. 
Su fallecimiento fue toda una sorpresa. Como tanta otra gente, no me la esperaba. Quizás fue este suceso lo que me impulsó a sin demorarme más ponerme a leerla. Antes había leído elogiosos comentarios de la misma por parte de amigas lectoras de comprobado buen criterio. Todas ellas coincidían en manifestar el fuerte impacto que esta novela intimista les había ocasionado.

También yo declaro sentirme golpeado por el relato. En él Fernando Marías hace un recorrido autobiográfico por su existencia. Una existencia con varios acompañantes, el principal su pareja Verónica Veronique Lebrun Lapierre fue tu nombre, aunque yo siempre te llamé Verónica»), muerta prematuramente en 2012 a los 54 años de edad y cuya desaparición fue el detonante de la escritura del relato iniciado en 2019. Dice el autor que la frase primera que abre la novela «Te incineraron con una novela mía entre las manos. Por eso escribo este libro» la escribió en 2012 nada más conocer la muerte de Verónica y la noticia de haber sido incinerada con un libro suyo entre las manos. Muchas otras frases, dice, pasaron por su cabeza («Había una vez un libro entre las llamas. ¿Debería empezar así? Quién sabe, siempre es muy difícil la primera frase.») hasta que se decidió por la que escribiera tantos años atrás. Sí, siempre en una novela es difícil e importante la elección de la primera frase. En esta ocasión la elección es impactante al igual que el relato completo que la sigue.

Partiendo de esa frase el libro entero es un canto fúnebre, una elegía, que muestra el desarrollo de la vida de la pareja y la fatal desaparición del integrante femenino por culpa de la adicción alcohólica. Es el alcoholismo el elemento nuclear de la narración que marca la destrucción de la felicidad y finalmente la extinción de uno de los dos. El sentimiento de culpa invade a Fernando Marías pues ella, Verónica, era una mujer que cuando se conocieron en 1979 no probaba el alcohol pero un día ante la insistencia de su amor, ella, gozosa y enamorada, decide hacer caso a su pareja y probar los deliciosos gin-tonics, vinos y cervezas que él parecía tanto disfrutar. Este pesar arrastra el narrador durante toda la novela. «Te mató el alcohol y fui yo quien te enseñó a beber.», repite inconsolable.

Por azares de la existencia resultará que el inductor tras en un momento dado tocar fondo, morir lo llama él en hermosa imagen literaria («El uno de octubre de 1997 estuve a punto de morir. En realidad morí y resucité, eso fue con exactitud lo que pasó.»), resucita a una vida de abstinencia plena de cualquier toma alcohólica. No así sucedió con Verónica que continuará su discurrir por los derroteros del demonio del alcohol en soledad. Ese día de octubre de 1997, prosigue Fernando Marías, «se partió en dos nuestro camino compartido, de esta fecha nuclear provino todo nuestro futuro, incluido este libro».

El libro recorre a lo largo y a lo ancho la relación de esta pareja desde su conocimiento en 1979, jóvenes hermosos y disfrutones, en el Madrid de lo que durante la década de los ochenta se denominaría luego, en el futuro, Movida madrileña, hasta la disolución de su vida en común: físicamente en 2003 con la marcha de Veronique a casa de su madre en Marsella, y la ya definitiva con su muerte en 2012, sucedida también en Marsella. 

Es, pues, la novela la mostración de todas las fases de una vida en común, con su etapa de amor exultante: la vida en pareja en la que el afecto y el sexo son el eje central; luego las ilusiones de futuro, las fantasías: él -siempre él- pensando triunfar en el Cine y luego escribiendo libros, ella coadyuvando con trabajos mal pagados al sostenimiento de la pareja para que él pudiera escribir; el triunfo de esa novela primera titulada "La luz prodigiosa", el pago por ella y por las adaptaciones al cine y la televisión de la misma; el disfrute de ello; y el alcohol, siempre el alcohol, en el centro de la vida de ambos; la caída de él y su entrada en la abstinencia; la dificultad o imposibilidad de convivir un exalcohólico con una alcohólica; la necesidad de Marías de distanciarse de ella para no recaer; los engaños diarios y las vanas promesas sin futuro de una alcohólica; los espacios mentales en blanco por culpa de la ebriedad; y así...
«Para entonces yo no bebía hacía años, por tanto tú y yo éramos extoxicómano contra toxicómana, exalcohólico contra alcohólica, esa convivencia criminal a la que nadie sobrevive

La novela es magnífica. No sólo por abordar lo duro que es mantener vivo el amor en el seno de una pareja de alcohólicos. Sí, de alcohólicos porque quien estuvo en las garras del alcohol, como el novelista, y pudo escapar de ellas sabe que debe estar siempre alerta porque cualquier recaída es fatal: «Quien recae abandona su destino en manos del azar, esta es una verdad que los bebedores refutan para sentirse a salvo. Si yo hubiera recaído habría muerto antes que tú.». Luego, por lo bien que está escrita, con un lenguaje bellísimo en ocasiones, una estructura adecuada a una novela memorialista como es "Arde este libro" en la que los temas van apareciendo primero de manera sucesiva y luego ya de forma reiterada según que la memoria avanza, vuelve y revuelve el recuerdo de unas cosas y de otras hasta completar el círculo que abre y cierra con ese libro incinerado en manos de ella que alguien colocaría ahí antes de la cremación: «Te incineraron con una novela mía entre las manos. Por eso escribo este libro». Por esta razón, la caprichosa marcha de la memoria, la novela carece de división en capítulos si bien los temas aparecen en cierto modo ordenados según que fue transcurriendo la vida de estos dos seres: el enamoramiento, la ilusión, el alcohol, la caída y recuperación de él, la caída irremediable de ella, el sentimiento de culpa de él, la lucha de ella por salir de la adicción, la muerte, la pobreza... No son sucesivos, se dan en desorden y a veces en coincidencia, pero son, fueron.

Como decía  una amiga al finalizar la lectura, todo en este libro merece ser subrayado. Es cierto. Pocas cosas hay prescindibles en el relato, aunque algunas a mí me han impactado más que otras. Quizás la primera, dada la coincidencia en el tiempo con ella y mi vivencia de la misma si bien de manera tangencial, sea el Madrid de la Movida. En los años 80 del siglo pasado yo como tanta otra gente vivimos con euforia la libertad que hacía poco había llegado a España. Como dice el escritor evocando sin citarlo al Gil de Biedma del poema No volveré a ser joven Fernando Marías y Verónica venían como todos los jóvenes a llevarse la vida por delante, a comerse el mundo. Como confiesa el poeta barcelonés en su hermoso poema será cuando el novelista esté situado en la atalaya de los años que sea consciente del fracaso, de que la vida iba en serio. Pero en ese momento y en ese lugar eran jóvenes, perseguían sueños y se sentían héroes. Sucedió en Madrid

«Madrid: nunca te amaré lo suficiente. Cada una de aquellas mañanas, al salir a la calle, arrancaba a caminar sabiéndome señalado por los dioses. Bastaba respirar el aire de aquel Madrid, lo juro. Era mentira, pero fue verdad.»

Los años de la Movida en Madrid fueron años difíciles que a la mayoría nos tocaron tangencialmente y a algunos les dio de pleno y se los llevó en la tremolina del alcohol y las drogas. Afortunadamente los más timoratos nos salvamos por melindrosos, pero conocidos hubo más atrevidos que estuvieron al borde del precipicio, uno o dos se precipitaron por él y algún otro tuvo que huir de la ciudad para evitar ser arrastrado en la caída. Verónica en 2003 intentó huir yendo a Marsella con su madre pero ya lo advirtió el propio Lazarillo de Tormes hace más de cuatrocientos años: «No mejora de condición quien muda sólo de lugar y no de costumbres». Diríase que el autor anónimo estuviese pensando en la pareja de Fernando Marías. 

La Movida no se entiende sin la efervescencia cultural que anidaba en ella. Sobre todo en forma de música, muy presente en la novela, pero también en las ilusiones, fantasías y ensoñaciones de los jóvenes que como esta pareja querían comerse el mundo. El Cine y la Literatura eran los paraísos donde se refugiaban ambos cuando eran bebedores, y Cine y Literatura fueron la tabla de salvación de Fernando Marías en su etapa de abstinencia. Los cantantes y los grupos nacionales y extranjeros que se citan en este relato son muchos y aún hoy, pasados ya tantos años desde esa época, siguen sonando en emisoras y sobre todo en las cabezas de quienes éramos jóvenes en esos momentos.

Precisamente fue en el campo musical que Fernando Marías hizo realidad su sueño de realizador cinematográfico. Consistió en la filmación de unos segundos de imágenes que sirvieran para anunciar la entrada en el escenario del  mítico Rock Ola del grupo Nacha Pop en una de sus primeras actuaciones. Y aquí finalizó todo su sueño de creador cinematográfico que durante años su fantasía alimentó. Sin embargo el Cine marca la entrada y salida de la relación de la pareja. En un cine de Madrid, el cine Avenida, ve Marías simbolizado el nacimiento y la finalización de su relación amorosa que duró algo más de veintidós años: 

«toda plenitud humana se desplaza hacia su final en el instante mismo de nacer, y la tarde memorable del cine Avenida echó a caminar de forma inexorable hacia otra tarde del cine Avenida, esta desoladora y ubicada en el futuro.
Veintisiete de enero de 2002: ese día, veintidós años y algunos meses después de mi diáfana felicidad. Se estrenó en la misma sala la versión cinematográfica de la novela que acabaría por arder sobre tu pecho.
»

Fue su primera novela, La luz prodigiosa, aparecida en 1992, y por la que tanto habían luchado amorosamente unidos la que los llevó al cénit de su felicidad por lo logrado, si bien a renglón seguido en 1993 llegaría el momento en que sus caminos por culpa del alcohol se bifurcarían, separándose ya definitivamente en ese 2003 en que otro éxito, la versión cinematográfica de esa novela, llegaría a la vida del escritor.

La literatura propia y ajena está muy presente en la novela. Por ella venía un joven Fernando Marías a justificar su afición a la bebida: «De aquella época recuerdo mi fascinación por el alcoholismo que hermanaba a los idolatrados Edgar Allan Poe, Scott Fitzgerald, Fiodor Dostoievski, Jack London o Dylan Thomas, a quien por aquella época no leí y al que por tanto idolatraba porque sí, con la misma fe ciega, justo es admitirlo, que los curas oscuros reclamaban para sus milagros y resurrecciones.» Si estos grandes autores habían sido alcohólicos y él quería ser un gran autor, beber y escribir eran actividades coincidentes y necesarias. Gran error, claro; pero eso, como ocurre con casi todo, se comprueba con el paso del tiempo después de haber caído en el pozo.

Si su papel en el Cine se circunscribiría a la realización del guion de dos de sus novelas (La luz prodigiosa e Invasor) y poco más, en Literatura puede decirse sin temor alguno a equivocarse que Fernando Marías triunfó. Su manera de escribir es muy personal y ha sabido marcarse un estilo propio que lo distingue de otros autores. En esta «historia real de amor, muerte y desarraigo iniciada en el Madrid de los años ochenta y concluida hoy» que él mismo anuncia al inicio del relato asistiremos -al tiempo que conocemos la biografía del escritor, el alcoholismo de la pareja, la felicidad primero y luego incluso la felicidad dentro de la infelicidad- a la producción de este libro en vivo y en directo. Es un caso evidente de metaliteratura que el novelista resalta con frecuencia a lo largo de sus páginas

«La escena de tu partida de 2004, que se encuentra unas páginas más atrás, fue una de las primeras que escribí al comenzar. Sin embargo, no lograba encontrarle ubicación dentro de la estructura del libro a pesar de su importancia»


Para finalizar 
No puedo dejar esta reseña sin citar la inesperada muerte de Fernando Marías el pasado día seis de este mes de febrero. Constantemente durante la lectura esta noticia me asaltaba. Muchas páginas, estoy seguro de ello, las habría  entendido de manera diferente de haberlas leído desconociendo este dato. Por eso, quizás, han llamado mucho mi atención las constantes referencias a la Muerte. Algo lógico en principio dado que la escritura del libro surge del dolor por la desaparición definitiva de Verónica; sin embargo al referirse a la suya, la cual, mientras escribía el relato, pensaba que sucedería inevitablemente pero en un tiempo aún no determinado, yo no he podido por menos que atisbar avisos, llamadas al lector sobre la misma que quizás en su fuero interno sentía próxima:

  • «Mi muerte ya ha dado señales de vida, por eso admito con naturalidad que habrá para mí un trayecto en metro que será el último, igual que habrá un último paseo ante el mar, una última vez que me sentaré frente a la pantalla de cine, un último orgasmo, un último día de lluvia recia, un último gajo de naranja, un último miércoles, un último whatsapp y, por supuesto, una última novela que comenzaré a leer sin sospechar que después no habrá ninguna otra [...]»
  • «Así me pasará a mí también. Un lunes o un jueves, cómo saberlo, cómo saber si será a las dos y veintitrés de la madrugada o a las dieciséis y dieciséis de la tarde, el universo entero fundirá a negro a la vez que yo expiro, mientras en innumerables lugares personas también innumerables comprarán palomitas a la entrada del cine, surcarán los mares, firmarán su ansiado divorcio, se maquillarán a toda prisa para entrar al plató de un informativo que no reseñará mi muerte»

Fernando Marías, La luz incierta, novelista, guionista cinematográfico
Y amante como es de la Literatura al reflexionar y especular sobre su  propia muerte, aparte de evocar al Juan Ramón Jiménez del poema El viaje definitivo que se percibe en la última de las citas anteriores, el escritor, él también poeta por el buen trato que da a la lengua, no puede menos que manifestar un convencimiento y un temor. 

  • El convencimiento: «Los demás escritores, junto a nuestros libros, seremos antes o después conjugados en pasado e incluso borrados de la memoria colectiva. No soy ni seré una excepción, lo sé con convicción más sólida y también con tolerancia creciente a medida que corre el tiempo.» 
  •  El temor: «Peor, mucho peor que morir con un libro a medio leer es morir sin concluir el libro que escribes. No llegar a concluir un libro al que llevas años entregado se me antoja una cárcel sin retorno.»
Desde luego Fernando Marías logró concluir con mérito Arde este libro. No sé si habrá dejado alguno prendido en los telares de su escritura. Nada se ha dicho de ello. Espero que no y que así el novelista haya podido conjurar sus temores a esa cárcel sin retorno de la que hablaba.

18 nov 2021

Javier Moro. "A prueba de fuego"

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«Las amistades y los amores son temporales; el amor de un padre hacia su hijo, y viceversa, es eterno porque se manifiesta mucho después de la muerte de ambos, en lo que han puesto en marcha mientras vivían y cuyo eco resuena en el tiempo.»(A propósito del amor paterno filial)
«Lo que simboliza aquella bóveda es, ante todo, el potencial que tiene la inmigración para enriquecer un país.» (A propósito de la bóveda del ala central del edificio de registro de Ellis Island)
«Me di cuenta de que el mundo estaba cambiando y de que esos ingenieros [los que usaban el acero y el cristal] acabarían desplazándonos cuando consiguieran abaratar sus costes. La belleza clásica dejaba de ser un argumento.» (reflexión de Rafael Guastavino Jr.)

Biografía, Javier Moro, Arquitectura

Conocí esta novela por boca de mi muy buena amiga Guida quien en "más que palabras...", la tertulia de amigos en la que ambos participamos, la alabó. Guida es persona que ama la literatura y que sabe mucho de arquitectura; así que yo sabía, nada más escucharle hablar, que la última obra de Javier Moro ("A prueba de fuego" , 2020), novela sobre la vida de Rafael Guastavino, arquitecto valenciano emigrado a USA en 1881 tras unos años de éxito en la Barcelona premodernista, no me iba a defraudar. También varios de los blogs literarios que frecuento hablaban de este libro con agrado. Por todo esto cuando el pasado jueves 11 de noviembre, Día de las Librerías, entré en una de ellas y lo vi no dudé un segundo en adquirirlo. Y no me arrepiento.


El autor
Nada había leído de Javier Moro hasta hoy. Miro su biografía literaria y observo que antes de ésta, su última novela, había publicado ya un buen número de títulos entre los que se cuentan Senderos de libertad (1992), El pie de Jaipur (1995), Las montañas de Buda (1997), Era medianoche en Bhopal (2001), en colaboración con Dominique Lapierre, Pasión india (2005), El sari rojo (2008), El imperio eres tú (Premio Planeta 2011) y A flor de piel (2015). 

Tras la lectura de A prueba de fuego del año 2020 no me sorprende que profesionalmente, además de escritor, es o haya sido periodista y que también haya trabajado en el mundo del Cine como guionista y productor; cinco años estuvo viviendo en Hollywood, la meca del séptimo arte. Su manera suelta y aparentemente sencilla de escribir revela, al menos para mí, su faceta de periodista; la disposición del relato en 75 apartados más un epílogo conclusivo me confirma que lleva el Cine en las venas. He denominado a las 75 partes de la narración apartados por no usar el cinematográfico término "secuencias" que es el que creo mejor le iría; mucho mejor que "capítulos" dado que cada uno de estos 75 apartados es como un movimiento de cámara de varias escenas que forman una unidad narrativa. Al estructurar la narración en secuencias en lugar de en capítulos [un capítulo es por regla general más  extenso] el ritmo narrativo es más ágil con cambios más frecuentes de actores y/o de tiempos y/o de lugares. 

Es evidente que Javier Moro sabe de Cine y que esta novela fácilmente podría convertirse en guión cinematográfico de un más que entretenido biopic. El autor de esta biografía novelada es autor de guiones cinematográficos como el de Valentina, adaptación de la novela de Ramón J. Sender Crónica del alba.


Sinopsis
Nueva York 1881: en uno de los barrios más populares malviven el pequeño Rafaelito y su padre, Rafael, un reputado maestro de obras valenciano que lucha por demostrar su talento en la gran urbe. Lo acecha la ruina absoluta. Pero gracias a su genio infatigable, ese hombre alcanzará fama y fortuna al construir los edificios emblemáticos que han dado su perfil a Nueva York.

Javier Moro nos presenta al singularísimo Rafael Guastavino, un auténtico genio de la construcción que deslumbró a los grandes magnates norteamericanos, conquistados por las técnicas que empleaba en sus obras para evitar los incendios, el mayor mal de las megalópolis del siglo XIX. Tuvo una vida jalonada de éxitos: de su estudio salieron construcciones tan «neoyorquinas» como la Estación Central, el gran hall de la isla de Ellis, parte del metro, el Carnegie Hall o el Museo Americano de Historia Natural.


Mi comentario
Conocer las peripecias personales y profesionales vividas por Rafael Guastavino Moreno, nacido en Valencia en 1842 y muerto en Asheville (Carolina del Norte, Estados Unidos) en 1908 a los 65 años de edad me ha resultado una experiencia lectora de lo más entretenida, y ha despertado mi curiosidad por un tipo de construcción arquitectónica que entre nosotros -o al menos en mí- estaba opacada por el enorme prestigio de la arquitectura modernista de Antonio Gaudí y discípulos.

Rafael Guastavino trasladó, cuando emigró de España a USA en 1881, la manera de construir edificios notables que había visto desde bien temprano en su Valencia natal y que luego había redondeado en Barcelona donde estudió en la Escuela de Maestria de Obras, antecedente de lo que luego sería la Escuela de Arquitectura.  En concreto Guastavino utilizó en sus obras barcelonesas de los años 70 la técnica empleada por los musulmanes en su Valencia natal para realizar bóvedas. Eran bóvedas tabicadas construidas con arcillas y ladrillos muchas veces esmaltados, con lo que se evitaba la presencia de la madera, material de construcción tan habitual entonces en Norteamérica y tan peligroso cuando el edificio sufría un incendio.

Su sistema de bóvedas tabicadas conocido como técnica Guastavino que él mismo patentó en España servía para lograr espacios diáfanos grandes, tal y como precisaban fábricas (la fábrica Battló que construyó en Barcelona 
es clara muestra de esta función), iglesias que así podían acoger  a un gran número de fieles en unas naves más amplias (ya en Norteamérica la Catedral católica de San Juan el Divino en New York), teatros como el de La Massa que inició en Vilassart de Dalt (pueblo situado a 25 kilómetros de Barcelona), e incluso bodegas como la que él y otras potentadas familias catalanas empezaron a hacerse en Aragón a raíz de la plaga de filoxera en Francia que al arruinar la producción en el país vecino incentivó el cultivo vitivinícola en nuestro país. 

Todo lo dicho hasta aquí, excepción hecha de la Catedral neoyorquina, lo dejó Guastavino de pronto al salir escopetado en 1881 kacia los Estados Unidos. ¿Por qué? Aquí se inmiscuye la faceta más personal del constructor valenciano. Resulta que nuestro hombre era de carácter alegre y mujeriego, proclive al contacto íntimo con el sexo opuesto entre el que por su condición personal cosechaba no pocos éxitos. Ya a la tempranísima edad de diecisiete años dejó embarazada a su prima Pilar de dieciséis. Se casaron porque Ramón, padre de ella y tío paterno de Rafael, quiso por todos los medios evitar el escándalo dada la buena posición que la familia dedicada a la industria textil ocupaba en la sociedad barcelonesa. 

Aunque Rafael y Pilar tuvieron tres hijos, curiosamente fue otro hijo, Rafaelito, fruto de su relación con Paulina Roig, viuda de un obrero fallecido en una de sus construcciones en Barcelona y que él acogió como empleada en la casa familiar, el que le acompañaría durante toda su vida y heredaría su pasión por la arquitectura. Se llamaban igual, se dedicaron a lo mismo aunque su posición ante la vida y los negocios fue dispar y a favor de quien para diferenciarse firmó sus trabajos como Rafael Guastavino Jr. Paulina tenía dos niñas, Paquita y Engracia, y con Guastavino Sénior tuvo a Rafael. Esta relación extramatrimonial, la muerte del padre de Pilar, la dificultad de financiación que encontró Rafael para llevar a cabo diversas construcciones que tenía en marcha en Barcelona, deudas cuantiosas adquiridas, y el recuerdo de la medalla de bronce que había obtenido en la Exposición Universal de Filadelfia de 1876 por el proyecto que envió sobre "Mejora de las condiciones sanitarias en las ciudades industriales", le llevaron  en 1881 emigrar a Nueva York con Paulina y los tres hijos, las dos niñas de ella y el niño habido en común. 

Pero Paulina no se adaptó a la vida en USA y a los pocos meses de estar allí malviviendo con Guastavino, pues al principio la vida no les fue fácil, tras una tremenda discusión de la pareja, con  que se abre el relato de Javier Moro, él le dice a ella que puede marcharse a España con las niñas porque son suyas  pero que Rafaelito se queda con él. Y así fue como la unión padre-hijo fue muy fuerte y duró hasta el final. Luego, Rafael Guastavino conocerá a otras mujeres pues nunca pudo vivir ajeno a ellas e incluso muchas veces convivió con dos  o tres al tiempo escondiéndose de unas y otras hasta ser habitualmente descubierto y provocar crisis sentimentales que ningún bien hacían a nadie. Además de los desengaños amorosos que su actuación propiciaba, su economía personal y la de la empresa de construcción que con socios americanos había fundado se empobrecía pues algunas de estas mujeres le sacaban los cuartos y él, por su parte, siempre fue un manirroto.

Para finalizar la faceta sentimental sólo me falta decir que de todas las mujeres con las que trató fue la mexicana Francisca la que, pese a períodos de crisis sentimentales, más tiempo estuvo con él. Quizás fue la mujer de la que estuvo más enamorado y fue ella quien mejor lo supo llevar. Pese al gran amor que sentía por ella, Guastavino la engañaba en sus desplazamientos hasta Boston donde la Compañia radicada en Nueva York tenía obras en marcha. Es por este sumidero por el que al exitoso valenciano se le fue muchísimo dinero.

Rafael Guastavino Expósito
La historia está contada por Rafael Guastavino Jr., Rafaelito, que fue educado por su padre casi como lo hacían los artistas de la Edad Media, es decir, comenzando desde abajo. Fue su aprendiz y poco a poco según iba demostrando su pericia en el oficio le dejaba al mando de alguna construcción, primero las de poca importancia y complicación para luego pasar a otras de más enjundia. Este Guastavino hijo también relata su peripecia personal tanto en el terreno arquitectónico como en el sentimental. En el arquitectónico siguió la estela paterna y con un socio americano y la buena mano de la mexicana Francisca supo enderezar la empresa que montaron en USA y mantenerla a flote incluso tras el fallecimiento de su padre. Como sucede en tantas empresas familiares serían los hijos del Guastavino Jr. quienes en 1962 liquidarían la Compañía por su falta de interés por la arquitectura y también porque la técnica de las bóvedas tabicadas cedió el paso al acero y al cristal. 
«Pero las tendencias cambiaban, y antes de que estallase la crisis de 1929, surgió el advenimiento del hormigón armado, el acero y las líneas rectas, sin decoración. La nueva tecnología abarataba los costes, lo que, unido al aumento del precio de la mano de obra, situó la construcción tabicada en una posición precaria. En la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, el pabellón alemán de Ludwig Mies van der Rohe fue objeto de admiración porque era lo último en diseño moderno.»

Guastavino que llegó en 1881 a Ellis Island con una mano delante y otra detrás, que se arruinó en más de una ocasión por no prestar la debida atención al dinero de sus inversiones y a los presupuestos de sus obras siempre hechos a la baja para llevárselos cuando competía con otros, sin embargo logró el éxito en la tierra de las oportunidades. Para que tal cosa ocurriese tuvo la suerte de toparse con una serie de naturales del país enfrascados en la fiebre de la construcción que en ese momento se vivía en EEUU: Henry Richardson (muerto el 27 de abril de 1886 a los 47 años y que había puesto de moda en New York en la década 80 -moda que duraría hasta bien entrados los años 90- el estilo 'Renacimiento español', a raíz de un viaje realizado por España del que volvió deslumbrado por la Catedral de Salamanca), Stanford White, Charles Mckim, William Rutherford Mead, Bernard Levy, Saint-Gaudens, T. M. Clark (uno de la s grandes arquitectos de Boston), Richard Morris Hunt… De todos ellos quien más le impulsó introduciéndole en los círculos donde se cocían los proyectos fue Stanford White quien desde el principio admiró su bóveda tabicada ignífuga. Esta característica de resistencia al fuego, que Guastavino demostró en exhibiciones públicas, fue crucial para su éxito dado que por entonces en la mente de todos los americanos estaba el terrible incendio sucedido en Chicago en 1871.

La huella dejada por la actividad arquitectónica de la Guastavino Fireproof Construction Company es más que abundante en Nueva York (Grand Central Terminal, el Great Hall de Ellis Island, zonas del Metro, zonas del puente de Queensboro, catedral de San Juan el Divino, Carnegie Hall, Museo Americano de Historia Natural —en Central Park Oeste—, Templo Emanu El, iglesia de San Bartholomé —en la Quinta Avenida—, City Hall Station del moderno metro de Nueva York, Hospital Monte Sinaí, etc.) y también ciudades próximas (Biblioteca Pública de Boston,​ Museo Nacional de Historia Natural y Edificio de la Corte Suprema de Estados Unidos —ambos en Washington—, etc.). 

Curiosamente bueno, la verdad es que entre nosotros lo que voy a decir a continuación es bastante habitualRafael Guastavino Moreno y su hijo Rafael Guastavino Roig son más conocidos y sobre todo valorados en Estados Unidos que entre nosotros. El año 2010 el Ayuntamiento de la ciudad de Nueva York publicó «un folleto que se llama "New York's Guastavino" e indica un recorrido para visitar lo que permanece de un estilo y unas obras que aportaron belleza a una ciudad que deslumbró al mundo.». 

En nuestro país es ahora -y en ello este libro de Javier Moro está teniendo mucho que ver- cuando se está hablando de la gesta profesional de este valenciano que se inspiró en la Lonja de Valencia, en la Catedral de su ciudad, en la escalinata de la Lonja de Barcelona donde estaba la Escuela de Maestros de Obra, etc. y supo adaptar a las exigencias de una construcción moderna y sólida los materiales tradicionales del área mediterránea, algunos de ellos heredados de bizantinos y árabes. Esa cerámica vidriada en diferentes colores tan característica de la construcción valenciana la llevó a nuevas construcciones en las que exploró las posibilidades de la unión de los ladrillos cerámicos con el novedoso por entonces cemento Portland creando con ello unas superficies ligeras y muy sólidas. 

Para algunos -de entre nosotros, claro- Guastavino fue un pícaro que supo vender como original suyo un sistema que conocíamos aquí desde al menos los musulmanes. No estoy de acuerdo con quienes tal cosa afirman. En la novela hay un momento en que Rafael Guastavino Moreno da una conferencia en la que hablando de su sistema para construir bóvedas recuerda el descubrimiento, la revelación que experimentó al visitar el Monasterio de Piedra  y contemplar la cascada de agua y la gruta inmensa que está bajo ella soportándola tal y como la Naturaleza las había dispuesto. «Entonces comprendí por qué mi distinguido profesor de construcción, don Juan Torras, dijo: "El arquitecto del futuro construirá un día imitando a la naturaleza, ya que es el método más racional, duradero y económico"». Evidentemente en esta reflexión se esconde el inicio, los albores del modernismo arquitectónico de arquitectos como Antonio Gaudí, Lluis Domènech y Muntaner, Joseph Puig i Cadafalch, Francisco Mora Berenguer, Antonio Farrés Aymerich, Eduardo Reynals Toledo, y tantos otros más. 

Diré para finalizar que el autor ha realizado para escribir esta biografía novelada un sesudo trabajo de investigación que le ha llevado a contactar con descendientes de Guastavino en Estados Unidos. Uno de ellos, James Black, le proporcionó al novelista un buen número de cartas inéditas del arquitecto que le sirvieron para adentrarse con pie firme en la vida íntima del arquitecto triunfador en USA. Naturalmente también contactó con descendientes vivos en España, aunque aquí su labor investigadora se centró más en lo arquitectónico y los inicios de su actividad en Barcelona.

A raíz de leer "A prueba de fuego" de Javier Moro e interesarme por la figura del valenciano triunfador en América he podido constatar que en su persona se hace realidad el dicho castellano que dice "De casta le viene al galgo". Digo esto tras leer un interesante artículo firmado por los profesores de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valencia (ETSAV), Camilla Mileto y Fernando Vegas López-Manzanares. Tal artículo, publicado en la Revista de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Valencia, lleva por título "Guastavino y el eslabón perdido". Merece la pena leerlo con atención para descubrir que Guastavino debía mucho a la actividad de familiares suyos que le precedieron en el tiempo, en especial su tatarabuelo Juan José Nadal que vivió durante la primera mitad del siglo XVIII y al que Rafael Guastavino Moreno tuvo siempre como referente para su arquitectura.

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El libro publicado por Espasa viene ilustrado en el centro con una serie de fotografías a color y en blanco y negro del personaje biografiado y su familia, y también de algunas de sus obras arquitectónicas tanto realizadas en España como en los Estados Unidos. Coloco a continuación algunas de estas imágenes











25 mar 2021

La ridícula idea de no volver a verte. Rosa Montero

29 comentarios:

" El arte en general, y la literatura en particular, son armas poderosas contra el Mal y el Dolor. Las novelas no los vencen (son invencibles), pero nos consuelan del espanto. En primer lugar, porque nos unen al resto de los humanos: la literatura nos hace formar parte del todo y, en el todo, el dolor individual parece que duele un poco menos." (Pág. 76)

En  "La ridícula idea de no volver a verte", novela publicada el año 2013, Rosa Montero está realizando una especie de biografía de Mme Curie al hilo de la lectura de una serie de biografías (Soy una gran aficionada a las biografías: son cartas de navegación de la existencia que nos avisan de los escollos y de los bajíos que nos esperan) sobre la científica y del propio Diario que la física escribió sobre la repentina muerte por atropello en 1906 de su marido Pierre. La relación entre ambos cónyuges era de felicidad si bien la Montero enfoca con frecuencia su análisis, sus reflexiones sobre los hechos vitales de Marie Curie que lee, desde la perspectiva feminista actual. Esta visión no es del todo adecuada pues supone un anacronismo que no hace justicia a la realidad.

Rosa Montero, Novela biográfica, "La ridícula idea de no volver a verte", Duelo
Los comentarios y reflexiones que hace la autora sobre las vicisitudes vividas por los Curie las conecta por analogía con su realidad personal pues ella, como Mme Curie, enviudó también en cierto modo de manera semejante al declarársele a su pareja, el periodista Pablo Lizcano, un cáncer de forma repentina que a la postre se lo llevaría tras un año de haber luchado contra él. El duelo, la pena por la pérdida, la superación del mismo, sobreponerse al dolor, reinventarse para poder seguir sobrellevando la existencia sin esa persona querida. Todo esto va surgiendo y planteándose en este relato de no ficción, basado en hechos factuales precisos aunque, como todo lo vivido, traicionados por el recuerdo memorialista. Y es que la memoria, la propia incluso,  como viene a reconocer la propia autora, es una gran fantaseadora.

La maestría de la pluma de Rosa Montero hace que el relato discurra con naturalidad y tremenda soltura. Estamos de nuevo en ese género ambiguo del ensayo narrativo caracterizado por ser siempre la primera persona escritural la que relata. En este caso, esa primera persona que es sin duda alguna la propia novelista se dirige a un "" que, además del propio lector (Lo expresó muy bien Fernando Pessoa: «La literatura, como el arte en general, es la demostración de que la vida no basta.» No basta, no. Por eso estoy redactando este libro. Por eso lo estás leyendo.) pienso no es otro que el mismísimo Pablo Lizcano con quien ella, su viuda, entabla esa última conversación truncada por el fallecimiento pese a haber sido éste esperado y casi deseado para evitar sufrimientos innecesarios. Creo que Rosa Montero realiza un ejercicio literario émulo del que Marie Curie realiza en el Diario que se incluye al final del propio libro. Así, pues, igual que Marie se dirige a su marido directamente, Rosa Montero hace lo propio en algunos momentos con Pablo Lizcano. La lectura del Diario de la Curie y de las muchas biografías que sobre la descubridora del radio y del polonio ha leído o está leyendo la autora de entre otras novelas "La carne" reseñada por mí en este blog, le hacen entrar en su interior a revivir su propia experiencia personal.

En cuanto a la propia biografía de Manya Skłodowska, el nombre de soltera de Marie Curie, nos encontramos ante una mujer titánica, increíble, magnífica, luchadora, precursora del feminismo que vendría más tarde. Una mujer que no se contenta con reivindicar o vociferar como tantas personas hacen hoy día sino que con su práctica diaria (su trabajo profesional) demostraba estar al nivel de cualquier científico de sexo masculino. Afortunadamente para ella en la sociedad machista de su época  topó con un hombre que la amó, consideró y trató siempre en un nivel total de igualdad.

Me ha gustado mucho leer que ella no renunció a sus derechos de mujer, quiero decir que el trabajo al que prácticamente era adicta no hizo que renegase de ser madre. Bueno quizás un poco sí, y lo confiesa con pesar, en la atención que prestó a su segunda hija, Eve, cuyo embarazo le impedía trabajar tanto como ella deseaba. Pese a un cierto sesgo anti masculino que se le ve a la escritora hay que decir que este Pierre era un santo e hizo todo lo posible y más por que su esposa siempre estuviese en el mismo nivel de igualdad y reconocimiento público que él. Así lo demostró cuando para aceptar en 1903 el Premio Nobel de Física dijo que sólo lo haría si el trabajo realizado por su mujer era debidamente reconocido, algo que la Academia sueca, algo renuente al principio, acabó  aceptando.

En un mundo de plena modernidad en el que las tecnologías nos invaden y las redes sociales con su impacto y taimadas directrices van conduciendo nuestra vida, acertadamente Rosa Montero en esta novela hace uso de una innovación tipográfica que confieso es la primera vez que he visto usada con tal profusión. Me refiero al empleo en ocasiones de # (la almohadilla). En el mundo de la informática, especialmente en Twitter e Instagram, almohadilla (#) se usa para introducir un hashtag, es decir, un asunto o un tema que queda indexado en las redes sociales y sirve de punto de partida o de núcleo en torno al cual entablar una discusión o debate; con el hashtag la escritora presenta al lector un pensamiento en construcción del que es factible, tirando de él, sacar cosas interesantes. En "La ridícula idea de no volver a verte" los hashtags que señala la autora tienen que ver un su mayoría con aquellas ideas tradicionales que se asocian al hecho de ser mujer: #HacerLoQueSeDebe,  #cuidaralpadre,  #atenderaloshijos, #laculpa, etc., ideas contra las que ambas autoras (la Curie y la Montero) se enfrentan. Pero también sirven para sacar a la palestra otras ideas que a ella misma le atañen como el hecho de las #Coincidencias que encuentra entre la vida de la polaca ilustre y su propia peripecia vital (muerte más o menos súbita del marido en ambas, por ejemplo), pero sobre todo las coincidencias sucedidas en el propio proceso creador de sus libros ("las #Coincidencias. Son raras, son imposibles, son inquietantes y abundan, sobre todo, en la literatura. No quiero decir dentro de las novelas, sino en las proximidades de la escritura. O en la relación entre la escritura y la vida real. Por ejemplo: mi penúltima novela se titula Instrucciones para salvar el mundo."). 

Madame Curie, Premio Nobel de Física 1903 y Química 191313
Al carácter experimental, híbrido e innovador del libro contribuyen también las abundantes ilustraciones fotográficas que contiene. Son imágenes muy variadas: los Curie (el matrimonio, sus hijas Irene y Eve, etc.) y otras más de actualidad como las referidas a la propia escritora (su tatuaje, sus manos...) o a personajes como Litvinenko envenenado con polonio, precisamente el material que descubrió Marie Curie o Rosalind Franklin que contribuyó a descubrir la estructura del ADN y fue ninguneada como les ocurrió a tantas y tantas otras mujeres que se vieron relegadas o ignoradas siempre en favor del varón. 

Según leía las páginas dedicadas en el relato a las #Coincidencias no he podido dejar de pensar en las "Correspondencias" de Baudelaire quien en su famoso poema de igual título vino  a establecer que existen 'comunicaciones' entre el mundo material y el mundo espiritual siendo la función del poeta irlas descubriendo, captando, traduciendo. Evidentemente no es esto lo que quiere decir la Montero con sus #Coincidencias aunque en mi opinión no está muy lejos. En apoyo a mi idea dejo aquí el poema de Charles Baudelaire y que cada uno juzgue y saque sus propias conclusiones:

Correspondencias

La natura es un templo donde vivos pilares
dejan salir a veces sus confusas palabras;
por allí pasa el hombre entre bosques de símbolos
que lo observan atentos con familiar mirada.

Como muy largos ecos de lejos confundidos
en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la noche, como la claridad,
perfumes y colores y sones se responden.

Hay perfumes tan frescos como carnes de niños,
dulces como el oboe, verdes como praderas,
y hay otros corrompidos, ricos y triunfantes,

que la expansión poseen de cosas infinitas,
como el almizcle, el ámbar, el benjuí y el incienso,
que cantan los transportes del alma y los sentidos.

Desde luego Montero no es una escritora simbolista pero sí que en sus coincidencias parece percibirse un no sé qué de casualidad inexplicable que omite toda clase de explicación racional. 

Final
Sin ser  en mi opinión esta obra  lo mejor que he leído de la periodista escritora, sí que me ha parecido de lo más innovador e íntimo de las suyas. Muchas ideas y mucha vida personal sobrevuela y aterriza en este libro difícil de encuadrar en una categoría concreta (ensayo, novela, biografía, autoficción, poesía...) . Todo ello es y nada en exclusiva. Estamos ante una literatura híbrida, hija del tiempo que nos ha tocado vivir donde todo en palabras de Quevedo se mezcla y se bazuca (siempre me ha encantado este verbo que el genial poeta utiliza en su soneto titulado 'Pronuncia con sus nombres los trastos y miserias de la vida' en el que tras nombrar las fatigas escatológicas inherentes al vivir concluye con este contundente terceto final:
Viejo encanece, arrúgase y se seca, 
Llega la muerte, todo lo bazuca,
Y lo que deja paga, y lo que peca.
)

 Evidentemente la muerte todo lo revuelve, todo lo enturbia, todo lo estropea... como a Rosa Montero y a Marie Curie les sucedió con la inesperada desaparición de sus queridos compañeros de vida. Una desaparición a la que es difícil acostumbrarse pues -de ahí el título que la periodista da a la novela- no hay nada más inconcebible que "La ridícula idea de no volver a verte", el no volver a estar con la persona con la que se ha convivido tantos años. La segunda persona, el interlocutor al que se dirige la autora, está presente ya desde el mismo título como se ve.

Postdata
Siempre digo que en este mundillo de los blogs uno puede encontrar informaciones increíbles sobre aquello que busque. En esta ocasión, mi búsqueda, naturalmente, ha sido Madame Curie, premio Nobel de Física en 1903 y Premio Nobel de Química en 1911. A través del blog de Francisco Javier Tostado (https://wordpress.com/read/feeds/8772988) he conocido no pocas cosas sobre los Curie y especialmente sobre Marie Curie. Su blog me ha llevado a otros que en alguno de sus posts han tocado el tema: el de Gerardo Quesada A. (https://wordpress.com/read/feeds/106736366) o el de José Félix Rodríguez Antón (https://wordpress.com/read/feeds/39546340). Son blogs más que recomendables.

Por último también os animo a visitar el blog 'más que palabras...' donde el pasado martes comentamos esta novela. Allí encontraréis aportaciones que sobre este libro hicieron las personas participantes.
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Otros títulos que tratan el asunto de la pérdida y del duelo reseñados en el blog:

"Lo que no tiene nombre" de Piedad Bonnett 

"El amor te hará inmortal" de Ramón Gener

"La hora violeta" de Sergio del Molino

"Cenizas y rosas" de Charo Jiménez

16 mar 2020

"Miedo", Stefan Zweig. "Pura pasión", Annie Ernaux (A pares VII)

23 comentarios:
"Miedo", es sin duda el término más repetido actualmente por culpa de la crisis sanitaria mundial en que estamos inmersos. Hay miedo, existe el miedo, miedo a la enfermedad en general, miedo a contraerla, miedo a morir por su culpa, miedo al 'otro' por desconfianza, miedo a ser infectado, miedo a infectar, ... El Miedo es el nuevo dueño de nuestras vidas. Siempre ha existido el miedo, aunque este sentimiento habitualmente se viva en silencio y soledad y no como ahora que es comunitario.

Stefan Zweig, "Miedo", "nouvelles", novelas cortas de Zweig
La reflexión anterior ha surgido en mí al recordar, en la situación actual, el título de una de las novelas cortas de Stefan Zweig, "Miedo", que, dado su título, he vuelto a leer. Se trata de una novelita de apenas 70 páginas -una de las 'nouvelles' del escritor austriaco- publicada en 1913, un año también en Europa muy tenso pues el continente se hallaba en puertas de una guerra como nunca hasta entonces había imaginado. Salvando las distancias y las causas algo parecido a ahora -el miedo irracional- estaba colándose en las vidas de las personas.

Zweig individualiza el miedo situándolo metafóricamente en forma de aventura emocional vivida por una mujer. Ella es Irene Wagner, joven vienesa satisfecha y aburrida de la vida cómoda que desde hace ocho años comparte con su esposo Fritz, un hombre joven y acaudalado que la ama y con el que tiene dos criaturas muy hermosas. Irracional e inconscientemente el tedio de su vida muelle la lleva a desear vivir una fuerte emoción, una novelesca aventura amorosa, con un joven pianista.

Durante una semana Irene Wagner verá tambalearse su existencia como si fuera un castillo de naipes. Su secreta relación con el artista libre y bohemio es conocida al menos por una mujer zafia y grosera que desde la primera página de la novela la acusa de haberle robado el novio. Esta sorprendente e inopinada revelación ella no sabe manejarla. Piensa que podrá aplacar a esa mujerzuela con dinero y que así la dejará en paz, pero ¿y si no sucede como imagina? En el interior de Irene se desata un torbellino de razonamientos confusos, de imposibles deseos de volver atrás para que nada de esto haya sucedido y se quede en un mal sueño... Pero no, no es así. La abominable mujer durante esos siete días se atreverá más y más persiguiéndola por la calle, esperándola a la puerta de su casa o de la de su amante, y hasta  acosándola en su propio domicilio conyugal a donde le envía mensajeros exigiéndole sumas de dinero cada vez más elevadas. El miedo de Irene es cerval. Es imposible no ser descubierta. Tendrá que sincerarse con Fritz. Pero el temor a perder el confort y la vida satisfactoria de la que al inicio pretendía escapar le impide dar el paso y sincerarse con él.

Poco más se puede contar, para no romper el encantamiento, de esta muy interesante novelita en la que la tensión psicológica es manejada a la perfección por este artista de la palabra que es Stefan Zweig. "Miedo" me ha recordado en muchos momentos a otra de sus novelitas cortas, "Ardiente secreto" [leer reseña aquí] pues en ambos relatos hay una aventura extramatrimonial de la madre y un fuerte desasosiego por la necesidad de mantener en secreto lo que se ha hecho o lo que se sabe que otro ha hecho. Es una tensión psicológica que el novelista sabe manejar y dosificar con maestría.

Para finalizar
He dicho antes que Zweig metaforiza el Miedo. En efecto pienso que el novelista a través de esta mujer, que irreflexivamente y por capricho pone en entredicho la felicidad y tranquilidad de su matrimonio -esposa dichosa y orgullosa madre de dos criaturas bien hermosas-, está refiriéndose a Europa que en esas fechas está a punto de tomar una senda que va a llevarla al caos, dolor y sufrimiento, dejando de lado la vida que hasta el momento se hacía en el continente y que en opinión del escritor austriaco no era para nada mala. 

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"Pura pasión" de Annie Ernaux
“Naturalmente, no siento ninguna vergüenza por anotar este tipo de cosas, debido al lapso que media entre el momento en que se escriben, cuando soy la única que las ve, y el momento en que la gente las leerá y que, me da la impresión, no llegará jamás” (Annie Ernaux: Pura pasión)

Annie Ernaux, "Pura pasión", erotismo, novelas cortas
El adulterio de Irene Wagner de Stefan Zweig en la Viena de 1913 me ha llevado a recordar una lectura anterior sobre una relación amorosa bien distinta situada en un momento mucho más cercano a nuestro hoy. Se trata de una más que interesante confesión íntima de una mujer madura y con hijos víctima de una pasión irresistible por un hombre de un país del este también casado y al que lo que le une esencialmente es la relación erótica y sexual. El mundo interior de esta mujer cuando espera la llegada de A (así lo llama) a la habitación de hotel donde se han citado es de una sinceridad como pocas veces he visto por escrito. La mujer, posiblemente -mejor debiera decir, seguramente- la propia Annie Ernaux, madre de dos hijos que estudian ya en la Universidad y han dejado la casa familiar, escritora y profesora de literatura en la Universidad, se desnuda metafóricamente ante nosotros los lectores. Pocas veces he leído una confesión autobiográfica de tal calibre.

Annie Ernaux -leo en la nota biográfica que sigue a esta pequeña obrita de sólo 88 páginas- dejó la ficción para abordar la confesión autobiográfica tras dos o tres éxitos en el campo de la novela. El autobiografismo, el memorialismo, la autoconfesión, es un género de no ficción que comenzó a cultivarse por muchos autores a partir de los años 80 del siglo pasado. La novela que acabo de leer es del año 1992 y se une a otros títulos autobiográficos de la escritora: “El lugar” (1983) y “La vergüenza” (1997) en los que cuenta el ascenso social de sus padres; “Ce qu’íls disent ou rien” (1977) sobre su adolescencia; “La mujer helada” (1981) sobre su matrimonio; “El acontecimiento” (2000) en el que relata su aborto; “No he salido de mi noche” (1997) sobre la enfermedad de Alzheimer padecida por su madre; “Una mujer” (1987) en el que cuenta la muerte de su madre por cáncer de mama; y otros títulos [los años de publicación se refieren al momento de su aparición en Francia. En España se publicaron mucho más tarde]

En "Pura pasión" nos encontramos en 1989, momento en que ella se siente fuertemente atraída por un hombre. La atracción les llevará de inmediato a mantener relaciones sexuales. Para ella, una mujer sola pero madre de dos hijos ya con vida independiente, este hombre se convierte en una permanente obsesión. Comienza así ella a entender a cuantas mujeres del pasado o personajes literarios vivieron ávidamente inmersos en una pasión semejante. La obsesión por A (como lo designa en el escrito que finalmente ha decidido hacer sobre su experiencia) la ha tenido ausente del mundo real. Durante unos meses vivía pendiente del teléfono, de sus llamadas, se compraba vestidos y lencería para que él la viera guapa, cuando ella contemplaba en TV una película romántica pensaba si él estaría viendo la misma, durante sus encuentros clandestinos el tiempo para ella desaparecía y sólo existía el presente del placer que ambos se proporcionaban...

Van pasando los días, las semanas y aunque en la cabeza de ella la obsesión permanece intacta, A no ha vuelto a llamarla, ha desaparecido. Ella no quiere acudir en París a ciertos actos no vaya a ser que A junto a su esposa esté allí; aunque racionalmente no le preocupa, sin embargo emocionalmente no soporta imaginarlo haciéndole el amor a otra mujer, ni siquiera a su esposa; al tiempo que se va habituando a su desaparición, sin embargo desea irracionalmente rebobinar el tiempo vivido y para ello acude a lugares -Florencia o Venecia- donde estuvo justo antes de conocerlo o a donde ambos acudieron juntos... A veces el viaje sólo se lo justifica ante sí misma por el mero hecho de retornar y mostrarse engañosamente a sí misma que él no le importa tanto.

Es de gran interés ver cómo esta mujer culta, preparada, profesora universitaria, escritora, que disfruta de lecturas y películas como algunas que cita en el relato (“La mujer de al lado” de François Truffaut, “Loulou” de Pialat, “Demasiado bella para ti” de Blier, “El imperio de los sentidos” de Oshima, o “Lo que el viento se llevó” del director Víctor Fleming) ha podido quedar atrapada en una relación con un hombre hermoso pero que poco o nada lee y que más que ver películas eróticas o románticas como ella gusta de practicar sexo y poco más. Ella misma es consciente de ello y lo viene a justificar no por una diferencia de clase social sino de procedencia geográfica.

Cuando él se ausenta sin previo aviso durante casi un año ella se pone a escribir sobre esta vivencia sin romanticismos ñoños ni engaños personales: 
    • "Yo estaba segura de que jamás había habido en mi vida nada más importante ni tener hijos, ni aprobar oposiciones, ni viajar lejos que eso, estar en la cama con este hombre a media tarde."
    • "Yo tenía el privilegio de vivir desde el inicio, constantemente, con plena conciencia, lo que siempre acaba por descubrirse con asombro y perplejidad: el hombre al que se ama es un extraño."
Novela autobiográfica
Por otra parte en esta novelita Annie Ernaux, profesora de literatura, no lo olvidemos, realiza no pocas reflexiones metaliterarias sobre lo que está escribiendo y como lo está escribiendo. Así mientras A está ausente sin dar noticia alguna pero ella está en plena fase enfermiza de dependencia amatoria el tiempo verbal que utiliza es el pretérito imperfecto para marcar así lo inacabado de aquello que relata: "El pretérito imperfecto que he utilizado de manera espontánea desde las primeras líneas corresponde a un tiempo que yo no deseaba que acabara, el de 'en aquel entonces la vida era más hermosa', el de una repetición eterna.". Sin embargo cuando ya comienza a tomar conciencia del final cercano de esa relación, ciertamente tóxica para ella, el tiempo verbal se muda en presente de indicativo: "Paso del pretérito imperfecto, el era -¿pero desde cuándo?-, al presente -¿pero desde cuándo?- por falta de una solución mejor"

Por último también Annie Ernaux viene a confesar en un momento de esta novela de no ficción el motivo que la lleva a tomar la pluma. Me pregunto si no escribo para saber si los demás no han hecho o experimentado cosas idénticas, o al contrario, para que les parezca normal experimentarlas. O sea, escribir es para ella una manera de conocimiento tanto personal como para aquellos que la lean. Sería algo así como una mezcla de la literatura del conocimiento y de la literatura de la experiencia válido para los dos extremos de la comunicación literaria: el autor y el lector.

En definitiva, como también viene a decirnos en un momento dado, ella no está escribiendo un libro sobre A ni tampoco sobre sí misma, sino sobre lo que las vivencias tenidas con él le han supuesto.
El me había dicho: «No escribas un libro sobre mí». Pero no he escrito un libro sobre él, ni siquiera sobre mí. Me he limitado a expresar con palabras —que sin duda él no leerá, ni le están dirigidas— lo que su existencia, por sí sola, me ha dado.