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11 nov 2018

"La librería del Sr. Livingstone" de Mónica Gutiérrez Artero ('Serendipia')

30 comentarios:
“¿Qué es eso del feelgood? —Novelas en las que los protagonistas jamás comen acelgas —resumió ella pensando en todos los títulos que le había descubierto su amiga—. Historias en las que apenas ocurre nada extraordinario, cuyos protagonistas no son grandes héroes. Historias en las que la felicidad se mide en pequeños momentos y se halla en los gestos más cotidianos …” (pos. 1548)


Reflexión inicial
Múltiples son las tendencias que existen en la novelística actual ('realismo', 'social', 'fantasía', 'feminismo', 'histórica', 'humor', 'biográfica', 'epistolar'...), y múltiples también son las etiquetas de que se valen los editores, distribuidores, libreros, blogs y críticos para difundirlas o comentarlas. Y no sólo me refiero a las muy habituales -y prácticamente admitidas por todos- de 'infantil', 'juvenil', 'adulta', 'femenina'... sino también a las que penetran en el interior de la obra intentando comunicar en parte el meollo de las mismas: 'erótica', 'negra', 'romántica', 'política', 'drama social', 'anticipación'... Últimamente muchos otros marbetes se aplican a las novelas; en principio, lo confieso sin sonrojo,  algunos hasta hace poco los desconocía : 'chick-lit', 'feelgood', 'distopía', 'biopic'... 

Buff, qué mareo, con lo fácil que resultaba todo antes: Épica, Lírica y Dramática. Y dentro de cada uno de estos tres grandes grupos otros. Así la Épica conocía géneros como la Epopeya, el Cantar de Gesta, las Sagas, la Novela, el Cuento, las Leyendas, el Romance, las Baladas... Estas manifestaciones épicas a su vez se subdividían y se subdividen en otras menores con lo que el nivel de especialización se acentúa. En el caso de la Novela, género amplio donde los haya y en el que cabe casi todo, encontramos todo un abanico que se inicia con la Realista (la picaresca, por ejemplo) e Idealista (la novela de caballerías medieval, también por ejemplo) y que al llegar los siglos de su gran desarrollo, el XVIII con la característica novela didáctica propia del Siglo de las Luces, y sobre todo el XIX, bien llamado por eso Siglo de la Novela, se abre en novela de aventuras, novela costumbrista, novela realista, novela naturalista, novela Romántica... Ya a finales de este siglo XIX y sobre todo en el XX comienza la fusión e interconexión entre géneros de manera que se hace preciso la utilización de nuevas denominaciones para intentar diferenciar unas producciones de otras. En el XX es quizá la 'novela polifónica' que se reconoce deudora de Cervantes la que marca la pauta introduciendo técnicas narrativas novedosas que supondrán etiquetas nuevas: novela poética, novela surrealista, novela de ciencia ficción, novela experimental... Y así llegaríamos hasta nuestro momento cuando la proliferación de tarjetas de presentación que se da a las novelas ciertamente desborda a cualquier a, o al menos, me desborda a mí. 

He llegado hasta la Novela "Feelgood" de la mano de los Meses temáticos del blog "Libros que hay que leer" que con tanto tino y maestría administra Laky. Este mes de noviembre lo dedica dicho blog a la Novela de No Ficción y a la Novela 'Feelgood'. Es evidente, en mi opinión, que nada tiene que ver la 'feelgood' con la 'no-fiction'; quizás sea por ello que decidí apuntarme a la convocatoria. Por una parte, así se lo expuse a Laky en el comentario que le dejé en su blog, quería aprovechar esta llamada suya para hacer alguna reseña de algún libro de poemas (aún no la he realizado, pero aún queda mucho mes para ello) y quería enterarme por fin en vivo y en directo de qué fuera aquello de la Novela "Feelgood". Así lo he hecho y anticipo que he quedado debidamente satisfecho de ello.

Libros que hablan de libros, Metaliteratura

 Ya en el post en el que Laky realizaba el anuncio de este Mes temático incluía una definición de lo que fuera la tendencia 'feelgood' en novela. Quien definía el concepto era nada más y nada menos que una de sus cultivadoras más conspicuas, Mónica Gutiérrez Artero ("Serendipia"). Me dije si Mónica es una de las principales representantes de esta tendencia en España qué mejor para enterarme definitivamente de la cosa que leer alguno de sus títulos. Y así, y porque lo tenía en lista de espera desde hace ya bastantes meses, tomé en mis manos 

"La librería del Sr. Livingstone"
Mi primera impresión tras finalizar la lectura es de bienestar, paz y satisfactoria tranquilidad; semejante a la de quien una tarde fría y soleada de un fin de semana  invernal en el confort de su casa sentado cómodamente en un sofá contempla una película de amor y lujo en la que los conflictos son menores, todo transcurre en un amigable ambiente y, lo más importante, todo acaba bien sin que nadie quede maltrecho o disgustado. Sí, efectivamente, esto es lo que me ha ocurrido con esta agradable novela de Mónica.

La novela se lee muy bien y en mi caso la he leído con sumo gusto. Es una historia que bebe en Dickens con quien magistralmente juega enviando al lector guiños de suave humor. Así tenemos a un delicioso Sr. Edward Livingstone "de cuarenta y todos años" que regenta la librería "Moonlights Books" con la falsa apariencia de un Mr. Scrooge. También para en dicha librería londinense un sabio Oliver Twist de sólo ocho años, con una antipática madre ocupadísima que lo atiende lo justito, el cual hace más entrañable aún si cabe al Sr. Livingstone quien, orgulloso, exhibe en una vitrina central de su negocio el diario que su tatarabuelo escribiese en los años que estuvo perdido en la zona del río  Zambeze donde descubrió las fuentes del Nilo. Junto a estos dos seres está Agnes Martí, una arqueóloga española licenciada por la Universidad de Barcelona que ante la falta de perspectivas laborales en el país decide saltar a Londres donde quizás, piensa, podrá hacer valer sus veranos de becaria colaboradora en las excavaciones en Oxirrinco (Egipto); sin embargo Agnes no encuentra trabajo de arqueóloga en Londres y sí, a través de su compañera de piso Jasmine, llegará un día lluvioso y otoñal casi casi por puro azar a la zona del Temple donde se ubica Moonlights Books con la suerte de que el Sr. Livingstone precisa de un ayudante. Así Agnes, lectora empedernida, entra en el universo libresco que es esta librería y en especial su dueño quien todo lo vive y ve a través de la literatura.
"Antes de conocer al señor Livingstone sus encuentros con la novela de ficción habían sido escasos. Leía, sobre todo, ensayo científico arqueológico, histórico o antropológico y no tenía tiempo para la imaginación ni la poesía. En Moonlight Books había tenido la oportunidad de sumergirse en la prosa de Wordsworth, Shelley, Milton, Keats…" (pos. 2148)
Livingstone en especial echa mano de citas de Will, dice él, o sea, de William Shakespeare, para opinar, atacar, apoyar, criticar, o cualesquiera cosa que en su vida y en la de las personas que le rodean puedan suceder. Otros muchos literatos forman parte de su pensamiento, desde clásicos como Tucídides u Ovidio, hasta modernos y actuales como Margaret Atwood, Alan Bennett o Edmund Crispin. Es un libro de citaciones diversas que demuestra la cultura y el dominio de la misma que tiene su autora Mónica Gutiérrez Artero. Además quiero destacar la naturalidad con la que estas frases tomadas de otros textos y autores surcan la novela. Y esto a mí me parece un mérito innegable.

Novela feelgood, chicklit, novela romántica,
Pero Serendipia, nombre que utiliza Mónica en el mundo de las redes sociales y en su blog, quiere que su novela discurra dentro del denominado espíritu navideño. Y para ello nada mejor que esa base dickensiana sobre la que se apoya y también otras novelas especialmente populares y muy próximas al mismo como "Peter Pan" de James M. Barrie y "Alicia en el país de las maravillas" de Lewis Carroll cuyos personajes le sirven al protagonista del relato de base para muchas de sus alusiones metafóricas.

Como dice la propia escritora, en una novela feelgood debe de haber una historia de amor pero que no sea predominante en la trama. Y así sucede en esta agradable novela con el enamoramiento entre Agnes Martí y el inspector John Lockwood de Scotland Yard, e incluso con la curiosa relación que lleva el mismísimo Edward Livingstone con la editora Sioban. Son relaciones que evitan caer en la ñoñería de una novela rosa aunque la primera hay que reconocer que se acerca hasta el borde del abismo, pero para satisfacción del lector no llega a precipitarse por él. Bravo.

Por último estaría el humor, importantísimo elemento en un tipo de novela que por definición destila optimismo y un saber bien estar en este mundo. Muchos son los momentos en que se ha dibujado una sonrisa en mi cara. Por ejemplo cuando el personaje de la grandísima, pero también pesadísima, lectora que es la señora Dresden entra en la librería a unas horas y días imposibles pidiendo nuevas lecturas; también es muy divertido ese momento en que Livingstone repone la sección de 'Clásicos' expoliada durante las Navidades (Edward tenía la teoría de que nadie sabía qué regalarle al abuelito en Navidades hasta que una búsqueda en Google asociaba las palabras "viejos" y "clásicos", pos. 3513); igual que en el diálogo Agnes - John sobre la facilidad o no de llegar a un lugar: "-¿Te ha costado encontrar la casa? —Bastante. Pero en cuanto he apagado el GPS la he encontrado en seguida" (pos. 3248); o en otros diálogos donde la ambigüedad de los posibles referentes propician la intencionada comicidad:
"-Edmund Crispin era el seudónimo de Robert Bruce Montgomery
La señora Dresden le miró con desconfianza [a John Lockwood] […]
-Este es John Lockwood, inspector de Scotland Yard.
A la señora Dresden pareció gustarle lo que veía, pues asintió apreciativamente tras tomarse un tiempo en repasar al corpulento policía
-¿Y también es de ficción?
—No, es de Londres." (pos. 1686)
En general tengo que decir que como bien dice el personaje de Agnes  en la novela en un momento dado y la propia autora ha repetido infinidad de veces respondiendo a la pregunta sobre el género feelgood:
"Temo que esto no sea más que una de esas novelas feelgood que lee Jasmine, en donde siempre hay un final feliz porque, ¿de qué otra forma podría compensarse a los lectores por todos los problemas y las malas noticias con los que lidian a diario fuera de sus libros" (pos. 3352)
Final
Es una novela que ha cumplido el propósito que pretendía pues me ha entretenido, me ha hecho desconectar del mundo, y me ha sumergido en un mundo, el de los libros y las librerías que adoro. A este respecto diré que la acogedora librería del Sr. Livingstone con su entarimado de cálida madera, sus distintos niveles en los que distribuye los ejemplares por épocas, géneros y autores me ha hecho recordar con agrado otro homenaje a este mundo de los libros, el  que Jorge Carrión hace en su obra de No-ficción "Librerías" que en su día leí con sumo agrado [para leer la reseña pinchar aquí]. Algunas de las alusiones que en la novela de ficción de Mónica Serendipia se hace a  la "Shakespeare Society" me llevaban a  ese magnífico libro de entregado amor a esos lugares donde se habla, se comenta, se toma uno un té o un café, se encuentra con otras personas de gustos semejantes..., que son las librerías.
"-Me encanta -dijo-, es como en todos esos libros que me hace leer Edward
-¿Libros sobre el té?
Agnes negó con la cabeza.
-Literatura británica, clásicos, mucho Arnold Bennett, pero también novelas británicas hoy casi olvidadas aunque tuvieron muy buena acogida en la época de Virginia Woolf, D.H. Lawrence o James Joyce.
—¿Novelas de detectives?
—Algunas —sonrió ella—. Como las de Edmund Crispin, Dorothy L. Sayers, Ngaio Marsh o Georgette Heyer. Pero sobre todo literatura de finales del siglo XIX hasta mediados del XX. Aunque a veces hace excepciones y me pone en las manos algún libro de ciencia ficción de Connie Willis, de Tim Powers o de Orson Scott Card. En casa, es Jasmine la que me hace leer feelgood, para compensarme de tanto misterioso pesar, atormentados románticos y veleidoso humor británico.
—¿Qué es eso del feelgood?
—Novelas en las que los protagonistas jamás comen acelgas —resumió ella pensando en todos los títulos que le había descubierto su amiga—. Historias en las que apenas ocurre nada extraordinario, cuyos protagonistas no son grandes héroes. Historias en las que la felicidad se mide en pequeños momentos y se halla en los gestos más cotidianos..." ("La librería del Sr. Livingstone", pos.1533-51)
Naturalmente, pues, como se ve en la cita anterior, esta novela es una hermosísima declaración de amor a los libros. Tras leerla me he quedado boquiabierto y ojiplático al comprobar el inmenso, tremendo, brutal, conocimiento de obras literarias que tiene Mónica.

Querida amiga, no puedo por menos que descubrirme ante ti y darte las gracias por el buen rato que me has hecho pasar leyendo esta amable aventura libresca.

Serendipia, Mónica Gutiérrez Artero


Datos del libro
Tamaño del archivo ebook: 1236Kb
Nº de páginas: 236 págs.
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
Editor: Mónica Gutiérrez; Edición: (17 de septiembre de 2017)
Lengua: CASTELLANO
Autor: MÓNICA GUTIÉRREZ ARTERO
ASIN: B07613CW5N
Precio:
En papel: 10’50 €
Ebook: 3’10€


30 may 2017

"LIBRERÍAS". Jorge Carrión

14 comentarios:
“Una ciudad democrática es una red de bibliotecas, públicas y privadas, y grandes y pequeñas librerías: un diálogo entre lectores que viven en centros múltiples y diversas periferias” -dice Jorge Carrión en "Librerías", obra donde hace un sentido homenaje a esos negocios, a esos comercios que son una auténtica institución que intermedia entre el creador y el lector, entre el escritor y el destinatario de su escritura.

Comienza Carrión hablando de las librerías primeras, aquellas en las que no sólo se vendían libros sino que en ellas se realizaba todo el proceso que seguía al de su estricta escritura: la impresión, el diseño, la encuadernacion, la exhibición, el consejo y, naturalmente, su venta.  Previamente habla el escritor en este ensayo de cómo surge el papel a partir del tejido, de la lucha que mantuvo con el papiro y el  pergamino, del prestigio de éstos frente al descrédito del otro. Pero muy pronto viene a enlazar el libro y las librerías con el viaje. Un libro es en si mismo un viaje, pero cuántos viajeros desde Goethe ("Viaje a Italia") no han entrado en estos comercios que albergan la sabiduría que los libros contienen preguntando por tal o cual obra y qué satisfacción recibían cuando veían una librería bien ordenada, que mostraba los ejemplares para que el posible lector los pudiese hojear:
 "Al fin tengo la obra de Palladio [...] Con motivo de esta compra entré en una librería, cosa que en Italia tiene un aspecto muy original. Todos los libros están encuadernados y colocados en contorno al alcance de la mano. Siempre se encuentra gente escogida. Los algo versados en la literatura, ya sean del clero secular, de la nobleza o artistas, entran y salen a cada momento. Desean un libro, lo piden, hojéanlo, tómanlo, déjanlo, como les parece". Goethe ("Viaje a Italia")
Jorge Carrión ensayistaJorge Carrión, autor ya de una extensa y muy valorada obra de creación ("Los turistas", 2015; "Los huérfanos", 2014 [leer reseña aquí]; "Los muertos", 2010 [leer reseña aquí]), viaja mucho por el mundo debido a su actividad profesional. En sus viajes siempre busca y acude a esas librerías históricas ("Shakespeare & Company" y "La maison des livres" en la rue de l'Odeon de Paris, "Lello & Irmão" de Oporto, "Hatchards" de Londres, "Hodges Figgis" de Dublín, "Livraría Bertrand" de Lisboa...).  En cada uno de sus viajes pregunta, busca, inquiere por las librerías importantes. Él es un coleccionista de estos establecimientos, igual que otras personas coleccionan otras aficiones. En sus viajes por África o por Japón también acude a estos centros del  saber. Le interesan especialmente aquellos establecimientos sobre los que existe algún rasgo cultural o exótico. Así se detiene mucho en Tánger, ciudad abierta internacional durante un periodo de su historia que desde 1947 se convirtió en lugar de acogida de intelectuales -"Paul Bowles, Tennessee Williams, Truman Capote, Jean Gener, William Burrougsh (y el resto de la generación Beat) o Juan Goytisolo"- que se reunían en la "Librairie des Colonnes". Esta librería no sólo era reducto de escritores, también directores de cine como Bertolucci, cantantes y grupos como los Rolling Stones o Elvis Presley alimentaron su mitología. Más cerca de nosotros, Eduardo Haro Ibars, nacido en Tánger en 1948 "se infiltró en el círculo Beat acompañando a Ginsberg y a Corso en sus derivas nocturnas". Haro Ibars que se definió a sí mismo como "homosexual, drogadicto, delincuente y poeta" fue alma de la movida madrileña y moriría a los 48 años víctima de las drogas. En Tanger, donde se refugió para huir del servicio militar trabajaría en la Librairie des Colonnes

Otras librerías orientales como una de Marrakech, toda ella consagrada a libros religiosos escritos en árabe, o algunas de las que existen en la Istiklal Caddesi de Estambul, o en Budapest, o las que descubre en El Cairo, Jerusalén o la misma China le gustan y atraen por su arquitectura o disposición de los volúmenes en su interior aunque el desconocimiento de las lenguas le hacen sentirse extranjero, le asfixian: "Viajamos para descubrir pero también para reconocer".

'América "Coast yo coast"' y 'América "de Norte a Sur"' son junto a 'París sin mitos' los tres capítulos en los que Carrión se encuentra más en su salsa. Le encanta América y disfruta lo indecible viendo cómo muchos de los referentes culturales europeos - la Shakespeare & Company es quizás el principal ejemplo- se han instalado en USA y reviven con más fuerza todavía el entorno y la atmósfera cultural con que nacieron y se desarrollaron en el viejo continente. Sin duda la generación Beat de Ginzburg, Kerouac y tal son el lazo de unión esencial, pero también las estancias en Europa de escritores, actores y cineastas durante los dos conflictos mundiales del XX sirven para tender puentes. El Cine, derivación de la narrativa literaria, cultivará el mito de la perfección estética. ¿Qué otra cosa si no representa en la librería Green Apple Books de San Francisco esa imagen de Marilyn Monroe, la bellísima actriz esposa del dramaturgo Arthur Miller, leyendo el "Ulises"?

Jorge Carrión,
Jorge Carrión viaja de costa a costa por la geografía estadounidenses citando librerías que le atraen como un imán: la "Tattered Cover" de Denver donde paró hasta Barack Obama, la "Prairie Lights" y la "Seminario Co-op Bookkstore", ambas en Chicago, donde presumen de tener entre sus catedráticos o haber tenido entre sus alumnos a muchos premios Nobel (Coetzee, Bellow, Toni Morrison, Seamus Heaney...), la "Powell's" de Portland con forma de casino y más de un millón y medio de libros, la "Moe's Books" de Berkeley, consolidada durante las protestas contra la Guerra de Vietnam, las cuatro de San Francisco que a Jorge Carrión le encantan: "Books Inc.", "City Lights", "Green Apple Books" y "Dog Eared Books"...

Y en América del Sur, a donde viaja con harta frecuencia, le encantan la "Leonardo da Vinci" de Río de Janeiro y no digamos las que en Ciudad de México aparecen citadas en las novelas de Roberto Bolaño -la "Rebeca Nodier", la "Mexicana", la "Orozco", la "Milton", "El Mundo"..., y hasta una con resonancias muy españolas, la "Batalla del Ebro"- que Jorge Carrión como los detectives bolañescos busca, encuentra y disfruta en su interior. Otro tanto, siempre buscando en ellas ecos literarios de autores y obras por él admirados, son las de Perú, Argentina, Chile, Venezuela y Uruguay que él visita porque son prestigiosas hoy ("El Virrey" en Lima, o "Libros Prólogo" en Santiago de Chile, o "La Gran Pulpería del Libro" en Caracas, la "Ateneo Grand Splendid" en Buenos Aires, etc...).

Aprovecha el escritor este libro mixto, híbrido, difícil de clasificar -de ensayo lo califica él mismo- para dar informaciones variadas de la pequeña historia de alguno de estos negocios, de las distintas generaciones que los han dirigido. Pero también se encuentran en esta obra variadas alusiones críticas a libros, a películas, a continentes, a culturas..., a la vida vivida en intensidad cultural. Una intensidad cultural, evidentemente, elitista, saboreada por la minúscula falange cultural que influye pero no dirige la marcha de las naciones o, lo que es peor, es olímpicamente ignorada por sus conciudadanos.

También, y esto en una muy importante medida, estamos ante un libro de viajes, esos viajes que a mí personalmente me encantan, en los que se rastrean esos reductos literarios reales (los autores y sus biografías) y/o ficticios (los personajes que alguien -el escritor- echó a andar por esas calles, hizo entrar en esos edificios, o tanto hizo disfrutar en esos ambientes y paisajes). Y, claro, el nexo de unión perfecto entre unos -los autores- y otros-las ficciones por ellos creadas- es la librería.

Además de hablar de aquellas librerías importantes y/o de aquellos libreros fundamentales (por ejemplo Sylvia Beach, la creadora de la "Shakespeare & Company" parisina, o Adrienne Monnier, que fundara "La Maison des Amis des livres" en la msma rue de l'Odeon que la anterior), Carrión presta atención a lo que es y debe ser un buen librero: un hombre que constantemente pase el plumero por los libros a fin de combatir al principal enemigo de éstos pero también para memorizar así la ubicación de los diferentes ejemplares y poder localizar, si es requerido a ello, ese libro raro, minoritario, artesanal, pasado de moda...

Y ya cerca del final habla de la evolución que la librería ha sufrido en nuestros días. Muchas han sido absorbidas por otras más potentes creando cadenas. Es el caso de Barnes & Noble, de la Bibliothèque de Chemins du Fer, de Waterstones, de Feltrinelli en Italia o de La Central en España. Muchas de estas cadenas tampoco han logrado sobrevivir. Es evidente, afirma el autor de este ensayo, que la librería necesita reinventarse, y así lo están haciendo muchas incorporando a sus locales una zona de cafetería y ofreciendo a los clientes además de libros toda una gama de productos que tienen con éste relación, como todo lo preciso para escribir; y también objetos que rodean el mito culturalista: tazas con imágenes de autores, personajes u obras; imanes y camisetas con idénticos motivos; DVDs de películas con base literaria; música originada en la creación literaria... Y naturalmente abrir los locales al diálogo entre autores y lectores a través de presentaciones de obras, tertulias literarias, coloquios, conferencias, etc. La librería lisboeta "Ler Devagar" le parece ejemplo perfecto de lo que hoy debe ser una librería:
"Es una gran biblioteca con libros en venta, que invita a leer lentamente. Es, también, un centro cultural de primera magnitud, un lugar donde siempre pasan cosas: no se me ocurre mejor definición de la librería ideal"
Luego llegamos hasta las librerías digitales, de las que Amazon es su culmen. Jorge Carrión, muy activo en las redes sociales, considera que no se puede poner puertas al campo y que la irrupción del soporte digital para leer y transmitirse ha venido para quedarse.

Ler Devagar, Shakespeare & Company, Lello & Irmao, La Central, Gotham Books

Final
Muchas de las librerías que Carrión visita y busca lo hace por haber sido importantes políticamente. Es el caso de algunas de las que hay o había en la Avenida Nevski de San Petersburgo donde Stalin y otros jovenes revolucionarios comunistas buscaban lecturas prohibidas  bajo el régimen zarista. También en España, durante el franquismo, algunos libreros fueron suministradores de lecturas prohibidas por el sistema. Y lo mismo en muchos otros países. Siempre ha sido así.

Otras veces lo que le mueve a indagar sobre éste o aquél establecimiento es el conocimiento de que determinado título cambió la manera de escribir de determinado autor. ¿Cuál sería la librería donde Julio Cortázar adquirió "Opio" de Cocteau, cuya lectura, confiesa el autor argentino, le hizo modificar su estilo? Carrión quisiera encontrar esa librería que tanto bien hizo a la literatura universal y para eso indaga, investiga, busca.

Como la imposible librería de Cortázar muchas librerías ya no existen, bien por haber sido sustituidas por negocios más prósperos, o bien porque las historias de las familias que las mantuvieron abiertas han evolucionado al ritmo de la historia local. Así sucede con la Karl Marx, la más emblemática de Berlín Oriental, hoy convertida en una gran oficina pero cuya actividad política fue recreada en la película 'La vida de los otros' de Florian Henckel von Donnersmarck

Jorge Carrión, en definitiva, ha querido rendir con este ensayo un merecido tributo a estos negocios necesarios por tantas cosas que están en riesgo en la actual época digital y pirata. Negocios que lo son en un doble sentido:
"Las librerías son negocios en un doble nivel, simultáneo e indesligable: económico y simbólico, venta de ejemplares y creación y destrucción de famas, reafirmación del gusto dominante o invención de uno nuevo, depósitos y créditos. Las librerías, desde siempre, han sido aquelarres del canon y por tanto puntos clave de la geopolítica cultural. El lugar donde la literatura se hace más física y, por tanto, más manipulable. El espacio donde, barrio a barrio, pueblo a pueblo, ciudad a ciudad, se decide a qué lecturas va a tener acceso la gente." (p. 318)

22 abr 2016

En el 400 aniversario de la muerte de Cervantes

11 comentarios:
En el número de marzo de la revista "emBLoGrium" publiqué el artículo que a continuación reproduzco. En esta semana de homenaje a Cervantes creo que no se debe dejar suelto ninguno de los muchos cabos que derivan -y esperemos que por mucho tiempo siga siendo así- de su enorme figura y talento.
Las librerías cierran, Salamanca, pirateo digital, 400 aniversario muerte Cervantes

Este 2016 Miguel de Cervantes llevará ya 400 años bajo tierra en el Convento de las Trinitarias de Madrid. El creador de personajes tan humanos como Don Quijote de la ManchaSancho PanzaRinconete y CortadilloMonipodioCipión y Berganza (sí, también ellos, pues aunque canes tienen más humanidad que algunos de los considerados así por andar sobre dos patas), Ginés de PasamontePreciosael licenciado Vidrierael bachiller Sansón CarrascoRoque GuinartLuscinda y CardenioFernando y Dorotea… y tantos y tantos otros que la genial pluma del alcalaíno dejó fijados para siempre en letras impresas y que circulando en forma de libros han entrado a lo largo de más de estos cuatrocientos años en las mentes de sus lectores que se cuentan, o al menos se contaban o se han contado, por millones.

Hasta tal punto el apellido del autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha está asociado a la idea de “libro” que muchas son, o han sido, las librerías que tomaron ese nombre como marca distintiva para su negocio. Cualquiera que teclee en el buscador de Google la expresión “Librería Cervantes” se sorprenderá al ver que el diccionario predictor antes de que acabe de escribir la frase le abre un abanico de posibilidades: Madrid, Oviedo, Ceuta, Salamanca, Guayaquil, Fuenlabrada, ciudad de México, Olavarría (Buenos Aires), Logroño, y muchos lugares más en los que el inventor del caballero idealista dio nombre a otras quimeras empresariales que poco a poco y con denodado esfuerzo salieron para adelante gracias a la fe de sus emprendedores y al amor al libro y a la lectura de quienes sin desmayo fueron clientes suyos.

Hoy estoy triste porque uno de esos focos de cultura, una de esas empresas librescas a punto de alcanzar nada menos que los cien años de existencia, en dos meses cierra, baja la persiana, echa el candado. Hablo de la librería “Cervantes” de mi ciudad, Salamanca (España). Cuando el pasado día 15 de enero paseando por esta  hermosa localidad vi anunciado su cierre en el escaparate no pude por menos que entristecerme pues una parte de mí también echará el cierre con ella.

¿Por qué están desapareciendo las librerías? Dejando a un lado los casos personales del tipo jubilación sin descendencia de los propietarios cual es el caso de la librería salmantina, cabe preguntarse si éste ya no es un negocio rentable, si a nadie le interesaría recoger el testigo cultural que desde 1920 “Cervantes”, elegante y con tanta dignidad, ha ostentado. Pues parece que no, que no hay nadie, ni privado ni público, que dé un paso al frente para continuar una labor de casi un siglo. ¿Por qué?
La pregunta no merece la pena ser contestada pues todos conocemos la respuesta, la padecemos y en cierta manera la fomentamos: cambio tecnológico que está orillando el formato papel en beneficio del formato digital; cambio generacional que habiendo nacido ya en este mundo digital prefiere, cuando lo usa, el soporte informático en perjuicio del soporte libro, y pérdida continuada del hábito lector.  Pese a ser “Cervantes” una librería especializada en manuales universitarios y rondar Salamanca la cifra de los 11.000 estudiantes, paradójicamente los beneficios por ventas venían siendo desde hace ya algún tiempo cada vez mas exiguos. ¿Qué pasa, qué está ocurriendo? ¿Es que para estar intelectualmente bien formado ya no hacen falta los libros? ¿O es que, como en tantas otras cosas, nos engañan y nos dejamos engañar hablando de la “generación mejor preparada”?


En fin, sea lo que sea y por lo que sea, la tristeza se ha instalado en mí. Los hombres pasamos pero nuestras creaciones permanecen. La librería salmantina “Cervantes” era una hermosa creación, una buena cosa, con afán de perdurabilidad cuando en 1920 la fundara Germán Sánchez Almeida, padre del actual propietario, Jesús Sánchez Ruipérez, hoy ya con 87 años. Pero los mismos hombres a los que sirvió para formarse y ascender en sociedad la han / la hemos apuntillado. Si así pagamos a quienes nos hacen y han hecho el bien, mi fe en el género humano se tambalea.

¡¡Descanse en paz y en nuestro recuerdo “Cervantes”, una vez más muerto!!