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25 may 2025

Mario Vargas Llosa (in memoriam). "Elogio de la madrastra"

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Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura

Siempre se siente la muerte de un ser humano, mucho más si el mismo es un escritor admirado. Mucho he sentido el fallecimiento de Mario Vargas Llosa (Arequipa, marzo de 1936 - Lima, abril de 2025), autor cuyos libros me han acompañado desde los veinte años. "Los jefes", "Los cachorros", "La ciudad y los perros", "Conversación en la Catedral", "La casa verde",  "Pantaleón y las visitadoras", "La guerra del fin del mundo", "El sueño del celta", "La fiesta del chivo", "La tía Julia y el escribidor"... son, que ahora recuerde, títulos de narraciones suyas que no he podido olvidar pese al tiempo pasado desde que las leyera. También he admirado y he vuelto con frecuencia a algunos de sus ensayos como "La verdad de las mentiras", "Cartas a un joven novelista" (curiosa y paradójicamente el único reseñado en este blog), "García Márquez. Historia de un deicidio", "La civilización del espectáculo" o el siempre profundo y admirado "La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary". De sus obras de teatro ahora mismo sólo recuerdo un título, "La señorita de Tacna" que hace ya más de cuarenta años se representó en el Teatro español de Madrid por la compañía de Aurora Bautista.

Ha sido siempre tal mi aprecio por la figura y obra del escritor peruano que a lo largo de los años he ido adquiriendo libros suyos siempre que los veía dentro de promociones periodísticas en los kioscos o también cuando caían en mis manos libros suyos en librerías de lance que me gusta visitar. Así adquirí la "Historia de Mayta", "Lituma en los Andes" o "Elogio de la madrastra" en momentos diversos y los fui depositando sin haberlos leído en los anaqueles donde reposaban las otras obras de Vargas Llosa. Alguno como "Lituma en los Andes" comencé a leerlo y no sé hoy por qué razón en concreto, seguramente por motivos de trabajo, al cabo de 70 u 80 páginas lo abandoné sin por ahora haber regresado a él. Esta reflexión, ante estos títulos, me surgió cuando el pasado día 13 de abril conocí la muerte del escritor. Recordando la complicada vida amorosa de Mario Vargas Llosa y su relación con las mujeres tanto de su familia como ajenas a ésta, al toparme con "Elogio de la madrastra" decidí hacer mi pequeño homenaje al gran escritor leyendo esta novela corta publicada en 1988.

Elogio de la madrastra, Mario Vargas Llosa
Ciertamente, en comparación con el resto de su obra, podría considerarse como una novela menor. Así, siempre la había considerado yo; por ello no me atraía especialmente y la he tenido durante muchos años sin leer al entender que sería más un ejercicio de escritura erótica que otra cosa. Que hay erotismo en esta narración es cierto, por lo que, en efecto, así podría calificarse la novela. Pero, como en todo, hay clases y el escritor peruano demuestra que se mueve como pez en el agua en cualquier género narrativo por menor que éste pueda considerarse. Con gracia y haciendo gala de su  enorme poso cultural asistimos a las fantasías eróticas de don Rigoberto con su mujer Lucrecia; dichas fantasías parten o se inspiran en cuadros pintados por importantes artistas pasados y actuales. Al tiempo que don Rigoberto y su esposa Lucrecia reproducen en sus encuentros amatorios lo representado por artistas pictóricos, Fonchito, un muy inteligente niño de apenas 13 años, maniobra de manera procaz y falaz respecto a su madrastra. 

El novelista alterna los capítulos que describen los asuntos representados en los cuadros con el discurrir lineal de la historia del niño Alfonso, su madrastra, la criada Justiniana y el papá don Rigoberto. Respecto a don Rigoberto, la lectura de esta novelita ha despertado en mí la curiosidad por ver cómo es presentado o evoluciona este personaje en la titulada "Los cuadernos de don Rigoberto". La dejaré para un momento en que desee leer algo liviano, pero de calidad. 

Lo que he sacado en claro de esta novela -me lo ha reafirmado más bien- es la enorme cultura que este peruano nacionalizado español y miembro hasta su muerte de la Real Academia española de la lengua albergó siempre en su interior. Los cuadros que inspiran la rijosidad de don Rigoberto y la disposición a la coyunda de su esposa Lucrecia son los siguientes: 
  1. Candaudes, rey de Lidia, muestra su mujer al primer ministro Giges (1648) de Jacob Jordaens, Mº Nacional de Estocolmo
  2. Diana después de su baño (1742) de François Bouchet, Mº del Louvre, París
  3. Venus con el Amor y la Música (c 1555) de Tiziano Vecellio,  Mº del Prado, Madrid
  4. Cabeza I (1948) de Francis Bacon, colección Richard S. Zeisler, Nueva York
  5. Camino a Mendieta 10 (1977) de Fernando Szyszlo, colección particular
  6. La Anunciación (c. 1437) de Fra Angelico, Monasterio de San Marco, Florencia

Este recorrido por la historia del arte, compilada en seis piezas maestras, me ha evocado o más bien me ha hecho recordar un libro de José Ovejero titulado Nueva guía del Museo del Prado en el que el autor elige veintidós cuadros más dos o tres esculturas de este museo y ante cada uno de ellos presenta un poema suyo sugerido por lo que está contemplando. Por otra parte, el despertar sexual del chiquillo en brazos de Lucrecia, su madrastra, sí que me ha llevado mentalmente al húngaro Stephen Vicinczey y su novela "En brazos de la mujer madura" que cuenta cómo András Vajda, alter ego del autor, en una Hungría ocupada por unos y por otros tras la segunda guerra mundial se inicia en el sexo con una mujer mayor y experimentada. La diferencia entre Fonchito y András radica, además de en la diferencia de edad, en que el segundo sólo busca la satisfacción sexual mientras que el inteligente Alfonsito no sólo busca disfrutar, también persigue otros fines.

Como conclusión diré que la novela calificada de erótica cuando apareció en 1988, hoy quizás no recibiría dicho adjetivo. Cualquier serie televisiva actual contiene más erotismo y procacidades que las quasi inocentes contemplaciones del cuerpo desnudo de la hermosa Lucrecia por parte del niño Fonchito. La criada Justiniana advierte a su ama de estas miradas pero ella al saberse observada en secreto se erotiza aún más. Es aquí, como en otros momentos de la novela que los personajes -en este caso Lucrecia y su criada- se sienten como si de Diana y de su criada se tratasen
«Ésa, la de la izquierda, soy yo, Diana Lucrecia […] A mi derecha, inclinada, mirándome el pie, está Justiniana, mi favorita. Acabamos de bañarnos y vamos a hacer el amor. […] El personaje principal no está en el cuadro. Mejor dicho no se le ve. Anda por allí detrás, oculto en la arboleda, espiándonos […]. Lo llaman Foncín.» 
Mitología, pintura y literatura. Mario Vargas Llosa

Este procedimiento literario de describir una obra artística [écfrasis] -en la cita anterior el cuadro de la imagen- lo realiza el autor identificando los dinámicos personajes literarios con los estáticos de la pintura. Atribuir a los personajes del cuadro, describiéndolos en movimiento, unos actos posteriores al que se contempla, provoca erotismo a través de lo que se comenta o se adivina. Esta pulsión erótica es de alta naturaleza artística, en nada parecida a la que nace de esas series televisivas (también las hay literarias de idéntico valor) que antes he mencionado.

Sirva esta breve reseña, de esta breve y poco comentada novela, de homenaje al autor arequipeño desaparecido hace poco más de un mes a los 89 años de edad. ¡Descanse en paz, Mario Vargas Llosa!

17 ene 2023

James Salter: "Juego y distracción"

13 comentarios:
James Salter, generación de Kerouac, Richard Ford
De James Salter sólo había leído hasta el momento, en el ámbito de mi grupo de lectura, Años luz; y esto fue, hará ya cosa de dos o tres años. La novela, de la que tengo reseña hecha en este blog, me sorprendió y me gustó. Desde ese momento nada nuevo había leído de este norteamericano fallecido en 2015 a la edad de 90 años. Por pura casualidad Juego y distracción llegó a mis manos. No sabía de qué iba y me puse a leerla. Su corta extensión fue una de las razones que me impulsaron a ello. Últimamente busco obras de no muchas páginas; las 224 de la edición de Salamandra que he manejado son para mí una medida óptima.


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
La novela narra la historia de amor entre Phillip Dean, un universitario norteamericano que deambula por Europa, y Anne-Marie Costallat, una joven francesa de provincias. Evocada en todo su esplendor erótico, la fogosa aventura de los dos amantes nos llega a través de la imaginación de un solitario compatriota de Phillip. El desdén hacia las convenciones sociales, la entrega incondicional al placer y la indolencia aparecen aquí delineados con un lenguaje conciso, que convierte el cúmulo de impresiones y la mirada reflexiva y sensible del narrador en un himno a la sensualidad.


Mi comentario
Comienza la novela con la visita del narrador a los Wheatland, Billy y Cristina, antes Cristina Cabaniss, y de soltera Poore, en París. Deseoso de conocer la realidad francesa, el joven narrador quiere viajar por la Francia profunda; Billy y Cristina le ofrecen una casa que tienen en Autun, una pequeña ciudad de 15000 habitantes distante de la capital algo menos de 300 kilómetros, para que se instale unas semanas en ella. Le recomiendan visitar a los Job, vecinos de la propiedad. 

En estas estamos durante los primeros cinco capítulos de los 37 -todos ellos bastante breves- que componen la novela. Un joven estudiante, norteamericano como él, le es presentado por los Job durante una comida. Pronto ambos congenian y el joven estudiante, de nombre Phillip Dean, pocos días después y sin previo aviso se presenta en casa del narrador y se instala en ella. Dean es un joven agraciado («Dean se parece a un actor: Eddie Constantine») que gusta a las mujeres. Así conocerá a Anne Marie Costallot, joven de 18 años que dejará a su novio negro por él. Juntos, Annie y Dean, viajarán por Francia: Nancy, Bagnoles, Joigny, Cezy, Angers, Orleans, Perros-Guirec, Nevers, Montsauche... y harán el amor. Sobre todo harán el amor. 

La verdad es que los embates amorosos practicados con asiduidad por Annie y Dean están cargados de un fuerte erotismo, aunque el narrador nos deja en la duda de si realmente todos ellos acontecieron o simplemente surgen de la imaginación de un joven, él mismo, que también se siente sexualmente atraído por esa hermosa joven. ¿Nos engaña el narrador, seguramente alter ego del propio James Salter que hasta 1961, mientras ejerció su profesión de aviador militar recorrió muchos países, entre ellos Francia? No, por cierto; desde el primer momento se nos avisa de la mucha imaginación vertida en el relato:
«Estas son notas sobre fotografías de Autun. Sería mejor decir que empezaron como notas pero luego se volvieron otra cosa, una descripción de lo que considero sucesos. Las tomaba para mí solo, pero ya no puedo ocultarlas. Aquellos tiempos pasaron. Nada de esto es cierto. He dicho Autun, pero fácilmente podría haber sido Auxerre. […]
Es la historia de cosas que nunca existieron, aunque el menor asomo de duda al respecto, la mínima posibilidad, lo sume todo en tinieblas. Solo quiero que quien lea esto esté tan resignado como yo.»
Imagina James Salter, en forma de road movie, un aprendizaje sentimental, una educación erótica producida en la pareja Dean - Annie. Los 34 años de edad de Dean y los 18 de Anne Marie marcan bien la distancia entre educador y educanda. Annie desborda sexualidad y plena disposición. Para el narrador Dean, quien le relata varios de estos encuentros, es alguien envidiable por la fortuna que tiene de relacionarse con esta bella muchacha. Pero, insisto, no está claro que todos los actos amorosos entre Phillip y Anne hayan tenido lugar y menos que hayan discurrido así. El narrador creado por Salter se los imagina así, él viene a identificarse con ese joven suertudo al que imagina en esas situaciones. Y de nuevo no nos engaña, aunque como lectores lleguemos a olvidar los avisos que nos va dando a lo largo del relato:
«Va empalmado la mitad del tiempo y se pregunta si habrá problemas para inscribirse en el hotel. De haber sido yo, y a veces estoy tan empapado de imágenes que pienso que era yo, no habría tenido aplomo, ni la menor confianza.»
¿Es fundamentalmente Juego y distracción una novela erótica? Yo diría que no, aunque sin duda alguna la sensualidad cumple en ella un importante papel. James Salter gusta de mostrar estos encuentros amatorios pero sabe cuando detenerse, apartarse y no excederse en lo explícito, que lo hay. No es fácil moverse por esos andurriales. Siempre se corre el peligro de caer en lo pornográfico o por el contrario mostrarse demasiado pacato. Mantener el equilibrio es ya demostración de maestría por parte de Salter quien logra lo que, según dice Antonio Muñoz Molina en su juicio sobre esta novela, parece imposible
«la dulzura explícita del sexo limpia de grosería, la sugestión de lo secreto y lo sagrado que ocurre entre dos amantes en el interior de una habitación, lo que es indecible y también irresistible, la mutua entrega y la desvergüenza amparadas tras la veladura del pudor.»
Leyendo la novela, que me ha gustado mucho como ya he dicho, recordaba otras narraciones primerizas  (Juego y distracción es la tercera de las novelas escritas por Salter, aunque para él es la primera auténticamente literaria dado que las dos anteriores, The Hunters y The Arms of  Flesh, estaban muy pegadas a sus experiencias de piloto de guerra). Me refiero, por ejemplo, a El lamento de Portnoy de Philip Roth, reseñada hace diez años en este blog, o a El guardián entre el centeno de J. D. Salinger, leída hace muchos más años aún y de la que no existe reseña alguna en El blog de Juan Carlos. En las tres asistimos a un viaje iniciático desde la adolescencia hacia el mundo adulto representado éste fundamentalmente por la práctica del sexo. De las dos novelas recordadas, la de Salinger es nada menos que del año 1951 mientras que la de Philip Roth vio la luz en 1969, dos años después de que Salter publicase Juego y distracción. Si por el contenido de las novelas y la explicitud con que se aborda y describe la sexualidad las dos narraciones aparecidas en los años 60 produjeron escándalo en la tradicionalmente timorata sociedad norteamericana, sólo hay que imaginar el efecto que el comportamiento de Holden Caulfield causaría el año que la novela que protagoniza salió a la venta.

Pero en Juego y distracción no sólo hay sexo; hay mucho más, si bien la manera de mostrárnoslo es a su través. Tras la lectura de esta historia se saca en claro que el sexo solo no basta, que es preciso que exista el amor. También, y aquí viene a justificarse el título de la novela, que la existencia hay que adornarla, que no sólo vale vivir. La expresión "Juego y distracción" la toma el autor de unos versos del Corán que en forma de cita inicial le sirven para enmarcar el relato («Sabed que la vida de acá es juego y distracción...! (El Corán, LVII 20)»); precisamente eso es lo que hace esta pareja: vivir, jugar, distraer el tedio vital que conlleva la existencia en una ciudad como Autun, representación de la Francia real:
«Una ciudad pequeña, sin alegría, con sus cafés y su vasta plaza. En las afueras se alzan apartamentos nuevos. Calles que nunca he visto. Hay dos cines, el Rex y el Vox. Brota agua de las fuentes. Unas ancianas pasean a sus perros. Por la mañana. Leo An Illustrated History of France. Una niebla densa ha blanqueado el jardín, donde todo queda oculto. Un silencio absoluto. Apenas percibo el paso del tiempo.»
Y junto a todo lo dicho hasta aquí, el magnífico estilo de la prosa de James Salter. Su manera de escribir está muy influida por su labor como guionista cinematográfico. No se explaya, la brevedad y la yuxtaposición son características muy reconocibles en él. Diríase que compone la descripción a base de breves brochazos que, vistos en su conjunto cuando nos alejamos un poco, muestran un cuadro perfecto. Es un estilo literario semejante al puntillismo pictórico. En otro lugar [en la reseña de Años luz] lo definí como estilo impresionista. Cuando comenté Años luz vine a decir que la insistencia en el procedimiento me resultaba algo cansina; sin embargo aquí, en Juego y distracción, por el contrario, me parece que le va como anillo al dedo.

Hace uso frecuente del símil y de imágenes que dan brillantez al texto:
  • «En el cuarto de baño la observa estirándose el pelo. Tiene los brazos en alto. En los huecos hay una sombra de espesura, corta y fina, y de ahí emana el olor húmedo, a cebollas, que él ama.» 
  • «Hablan del pasado, rememoran lugares, dificultades, alegrías. Ella toma un segundo vaso de vino. Fuera, la noche es azul.»

La manera de escribir de James Salter linda con la poesía en más de una ocasión. Esto y su contención descriptiva es lo que para mí hace de esta novela algo hermoso
«No queda nada. El poema de su amor está desperdigado a su alrededor. Los días se han desplomado por doquier, se han desmoronado como naipes. El aire es frío. Dean se sube las mantas. Ella está tan inmóvil que parece dormida. Él le toca la cara. Está bañada en lágrimas.»

En general he de decir que, si bien el personaje de Phillip Dean me ha evocado algo al Tom Buchanam  de El gran Gatsby, y su narrador innominado al Nick Carraway de la novela de Scott Fitzgerald, el estilo seco, breve, desnudo de muchas descripciones me ha hecho recordar a nuestro Azorín, del que este año 2023 celebraremos el 150 aniversario de su nacimiento. Y quizás -utilizo la posibilidad, el por qué no, emulando lo que Salter hace en su novela- esto no sea casual dado que en el escritor norteamericano, como ya dije al hablar de Años luz, abundan las referencias a España y a su literatura.  Así, por ejemplo para describir la interioridad compleja y difícil de Dean lo compara con Lorca: 
«Cuando miro sus fotos, la que le saqué comiendo una naranja, en el momento en que alza la vista, aquel día de noviembre en que fuimos por primera vez a Beaune, al mirarla veo los ojos de Lorca, los de alguien que es expulsado de la vida y destruido, nunca sabremos por qué motivo.»

Final
Muchas cosas me han gustado de esta novela. Lo primero que es diferente a otras, que tiene algo de perturbadora, que sugiere más que muestra, y sobre todo la mezcla magnífica hasta llegar a confundir al lector de realidad e imaginación. ¿Hasta qué punto lo real y lo soñado o deseado coinciden o se queda en puro ejercicio imaginativo? Esa manera de mostrar lo que quizás no hubo, pero que quien lo cuenta se lo imagina así o desearía que hubiera sucedido así es algo maravilloso en esta narración. Una narración en la que como digo al inicio de la reseña James Salter no nos está tendiendo trampa alguna pues desde el principio ha mostrado sus cartas:
«Su boca, al moverse, traza recorridos largos, dulces. Dean nota que empieza a caerse, a romperse, y yo soy como el saxofonista de una orquesta que desfila, enamorado de una reina del cine. Con mirada tierna, extraviado, desfilo pésimamente, de un lado para otro, en el descanso.»

Literatura norteamericana del siglo XX

 «No estoy diciendo la verdad sobre Dean, me la estoy inventando. Le estoy creando a partir de mis propias deficiencias, recuérdalo siempre.»

Después de leer esto no puedo menos que quitarme el sombrero y saludar la maestría que muestra este norteamericano poco conocido en España y algo opacado por otros nombres de la literatura norteamericana de su tiempo.


Nota.-
Con esta novela inicio el Reto Nos gustan los Clásicos y también el de Autores de la A a la Z.



11 oct 2022

"Giley" de Julián Ibáñez

15 comentarios:

«Mi hocico recorre su cuello, sus hombros; mis labios saborean la aspereza de la camiseta sobre sus pezones. Muerdo el tejido que envuelve la carne. No dice nada, tampoco sus manos dicen nada, sus brazos cuelgan inertes. Tiro de la camiseta hacia arriba, se la saco y la dejo caer. Le bajo los pantalones y con el pie la desprendo de ellos [...]»

Del santanderino Julián Ibáñez leí con gusto, hará cosa de un año, La miel y el cuchillo que en la edición que manejé se titulaba Sindy, la colegiala. En la reseña que hice de ella en este mismo blog declaré mi reconciliación con el hard boiled. Ahora con Giley he regresado a Ibáñez; quería volver a degustar la acidez metálica, herrumbrosa y alcohólica, de los bajos fondos por donde se mueven sus personajes. En este caso el protagonista es un policía atípico, Cobos, quien combina sus obligaciones como funcionario del cuerpo con el garito ilegal de juego que tiene abierto desde hace tres meses con un colega. Es precisamente en el entorno de lo que él llama su 'oficina' donde recibe una agresión que él no logra entender. A aclarar el suceso se dedica en este relato.

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
El giley es un juego antiguo. Los monarcas se jugaban a las cartas los doblones de oro y a veces el reino... algunos, como el policía Cobos, se juegan la vida. Cobos, descendido de Madrid al paisaje ocre de Puertollano, es un policía que regenta un garito ilegal donde juegan quinquis, chulos y borrachos y, en teoría, se encarga de Lesiones y Menores en la comisaría. Fardón y farolero, a Cobos le agrede en el portal de su propio garito una rubia ceñida a un vestido rosa calabaza y que no tiene el gusto de conocer, pero a quien comenzará a buscar como una novia despechada. Tres días después, la Guardia Civil la saca de un riachuelo cerca de Puertollano y Cobos se dará cuenta de que, por presumir, ha repartido cartas de sospechoso en una partida que acabará entre rejas o aún peor


Cobos vive de pensión en un hostal de Puertollano. Ha sido degradado a esta población desde Madrid por esa manera suya de conducirse siempre en esa delgada línea que separa lo legal de lo ilegal, aunque él no es un policía que se deje corromper («Mi raya se encuentra antes del chantaje y tú necesitas gafas»). Ya en Madrid tenía un garito de juego, garito que ha reabierto en la localidad ciudadrealeña junto a Fidel, socio en esta actividad. Les gusta el juego y por esta 'oficina' pasan hampones, delincuentes, policías corruptos y demás. La diferencia entre estos jugadores y los dueños del garito es que ellos dos jamás se juegan las nóminas, jamás se ahorcan con deudas. De los juegos que en el local se practican el que más agrada a Cobos es el del giley. Este juego y sus normas esconden la clave para la resolución del embrollo en que el policía se encuentra inmerso
«—Es un juego de envite. Se dan cuatro cartas, cada carta del mismo palo vale diez puntos, menos el siete que vale siete y el as que vale once puntos. Hay descartes. Cuarenta y un puntos es la baza ganadora. El as es la clave, quien tenga el as con las otras tres cartas del mismo palo es quien se lleva el dinero.»
La doble vida, profesional y personal, del inspector confluyen cuando la chica que al inicio del relato le agredió aparece muerta en el río. Interviene la Guardia Civil y el CNP al que pertenece Cobos también toma cartas en el asunto. La competencia entre ambos cuerpos policiales será también componente importante en la narración. Cobos desde su llegada a Puertollano es visto con recelo por alguno de sus compañeros a pesar de que es un buen profesional que nunca falta a sus compromisos laborales. Junto a él en la comisaría donde trabaja «completan la plantilla ocho maderos. Uno de ellos es una chica, Raquel. Está bien, unos veinticinco, delgada, limpia, […] Los otros son Enrique y su primo Cecilio, Cruzado, Pineda, Bedia, Vidal e Iglesias. Este último y Raquel son primos, pero primos segundos. No conozco bien a ninguno de ellos. Los únicos policías fijos de plantilla somos San Vicente, los dos primos hermanos y yo. Leandro también está de paso.». 

La personalidad de Cobos se vislumbra en la cita anterior, en la manera como se ha fijado en su compañera Raquel. Se percibe un cierto machismo en esas pocas palabras ("está bien, delgada, limpia"). A Cobos las mujeres le atraen mucho; se diría que, aparte del juego, lo que más le gusta en este mundo es relacionarse íntimamente con ellas. Y no se para en barras, como se observa en el acercamiento que realiza hacia Daniela previo a acostarse con ella pese a encontrarse borracha y atacada de vómitos («Mis labios acaparan los suyos. Su boca me sabe a vómito. También a sangre. Me separo de ella.»). 

Debido quizás a la doble vida que lleva, el policía protagonista de esta narración es un gran solitario. Es un hombre que mata su soledad haciendo bien su trabajo de policía, aunque para ello deba esconder ciertos deslices como haberse llevado por delante a alguien, eso sí siempre de los malos; además del trabajo, como ya se ha dicho, es el juego del giley la actividad que le socializa, si bien con lo 'mejorcito' de cada casa.

Como en otras novelas del género, el alcohol y los establecimientos donde se expende, esto es, los bares, ocupan lugar preeminente en Giley. En pocas páginas vemos a Cobos aparcando en batería delante del Verona, tomando un bocado en Casa Ricardo, entrando a por una birra en La Estrella, el Aurelio, El Charro, o El Duque, buscando a Daniela en el Club Sombras, etc. Es en estos tugurios donde contacta con sus confidentes, como Caballo, y donde toma el pulso a la delincuencia que investiga. Es en estos espacios del submundo citadino donde descubre las implicaciones de alguno que otro policía y/o guardia civil con los malos. No viene a cuento decir más en este momento para no romper el encanto del suspense que toda novela negra debe tener hasta su resolución final. Sólo añadiré que leyendo Giley algo se aprende de la organización en "líneas" de la Guardia Civil. Así cuando el sargento Reyes de la línea de Puertollano requiere a Cobos y éste observa que por medio está el capitán Crespo, perteneciente a la línea de Albacete, nuestro protagonista percibe que algo chungo se cuece en este interés policial por una joven prostituta aparecida muerta pocos días después de haberle golpeado a él. Seguramente, intuye, le quieren cargar el muerto, nunca mejor dicho.

Desde lo formal, sin lugar a dudas son las descripciones una de las características que hacen que la novela se lea con gusto. Son descripciones escuetas, económicas en elementos, pero muy efectistas, muy adecuadas al propósito perseguido con ellas. Al erotismo, uno de los elementos distintivos de la novela negra de Julián Ibáñez, le van como anillo al dedo este tipo de descripciones. Sirva de ejemplo la que se realiza de la ebria Daniela, a base de períodos oracionales constituidos por proposiciones coordinadas adversativas, cuando Cobos topa con ella por primera vez. Erotismo y machismo van de la mano en esta ocasión
«no es guapa, no lo es, aunque tampoco la pondría en el estante de las feas. Sus labios son demasiado alargados y finos; sin embargo, hacen dulce la boca; sus ojos son oscuros y pequeños, con un sombreado de ojeras violáceo; su frente es demasiado ancha. […] Sus pechos no son abultados, pero son redondos y se adivinan compactos, como dos mitades de pomelo; tampoco sus caderas son lo que se puede decir llamativas, pero sí atractivas por la pureza de su trazo. La tez es muy blanca; sin embargo, su cabello es azabache, corto y liso.»
Para finalizar sólo querría resaltar la ubicación de la historia. Acostumbrados casi siempre a ver corretear a policías, detectives y delincuentes por las calles de ciudades populosas, Julián Ibáñez en Giley ha optado por hacerlos deambular por una localidad de tamaño medio, ni demasiado pequeña como para calificarla de pueblo, ni tan grande que cupiese confundirla con una metrópoli cosmopolita. Estamos en Puertollano, municipio de Ciudad Real, provincia de la España profunda e interior. Me ha sorprendido gratamente ver correr a personas y coches por calles y carreteras que apuntan a otros pueblos menores: «se aleja deprisa llevando al Manco por el codo, hacia Serrejón.». Y no sólo Serrejón, muchas otras localidades de la zona les sirven de destino. Concretamente estos lugares aparecen citados todos juntos en el relato cuando se nos dice cuál es la zona de influencia de la línea de la Guardia Civil de Puertollano: «La línea de Puertollano la completan Argamasilla, Almodóvar, Aldea del Rey y Calzada, y creo que dos o tres pueblos más, no estoy seguro.»

Alguna que otra característica cabría destacar en esta narración que Julián Ibáñez dio a la luz en 2010. No quiero acabar sin destacar el punto de humor que en diversos momentos deja el escritor esparcido en su novela. Por ejemplo, el interrogatorio al que lo somete la Guardia Civil es por demás humorístico:
«—Dije que era rubia y que me golpeó con la pistola porque quedaba mejor. 
—¿Queda mejor una rubia? ¿Por qué? 
—Porque en las películas son rubias.»
Además de tener este breve diálogo su puntito de humor, creo que aquí Julián Ibáñez lo que hace es homenajear el hard-boiled, [sus características principales AQUÍ] género que como se sabe incide en ese tipo físico de mujer y otras particularidades más como el machismo, la xenofobia («Tú sólo eres el criado. Un gitano. Eres mierda porque eres gitano. ¿No lo sabías?»), el erotismo, la marginalidad, el alcohol y otras adicciones como la ludopatía, etc., etc. 

8 mar 2022

Casi nunca. Daniel Sada. Premio Herralde de Novela 2008

20 comentarios:

«Yo no quisiera vivir con tu madre. ¡Vaya!, había que machacar que se trataba de una circunstancia tan eventual como ese viaje. De hecho, cuadremos la escena como si la viéramos a media altura y a través de una lente: vivaz profesor Demetrio (a fuerzas) ante una alumna a la que debía repetirle varias veces mesmedades tan simples como determinantes» (pág. 116)

Casi nunca, Premio Herralde de Novela
Demetrio Sordo
, hombre a punto de ingresar en la treintena, lleva en Oaxaca una vida gris de empleado en unas fincas agrícolas. Es un eficacísimo administrador y sus patronos están más que satisfechos de su laboreo, no así él que ve cómo la vida se le escapa sin casi darse cuenta. Decide dar un vuelco a la misma; necesita algo que la dinamice, que le dé sentido. Piensa que el sexo, quizás sea una buena solución. No todo puede ser felicidad por el trabajo. Ya ni siquiera el dominó, juego con el que disfruta y en el que demuestra maestría, le sirve de solaz suficiente. Su soledad podría bien paliarse mediante la práctica del sexo. Aunque bien pensado tampoco esto por muy abarcador que fuese truncaría la inercia en la que está inmerso. Es por ello que Demetrio se marca un reto: practicarlo cada veinticuatro horas.
«El sexo, como pretexto válido para romper con la monotonía: el sexo-motor; el sexo-ansiedad; la costumbre del sexo, como un hartazgo cualquiera que se volverá lastre; el sexo colosal, incontenible, frenético, ambiguo como un juego que confunde y luego aclara y vuelve a confundir; el sexo-simulacro, el sexo-obviedad. El placer, al fin, como un  encomio que vaya justo en sentido inverso a lo que se vive.»

Así comienza esta novela del mexicano Daniel Sada (Mexicali, 1953 – Ciudad de México, 2011) con la que ganó el XXVI Premio Herralde de Novela en 2008 por unanimidad del jurado. Un jurado ciertamente exigente, como lo es esta narración, que estaba integrado por Salvador Clotas, Juan Cueto, Luis Magrinyà, Enrique Vila-Matas y el editor Jorge Herralde. Ya sólo ver entre sus miembros a Vila-Mata e incluso a Magrinyà me avisaba de que la novela que comenzaba a leer no iba a ser precisamente facilona.

La historia que presenta Daniel Sada es una historia bastante frecuente: un hombre busca dar sentido a su existencia. El sexo puede ser una vía para ello. Es un sexo con profesionales; en este caso más bien habría que puntualizar que lo practica con una prostituta concreta de la que Demetrio se ha quedado colgado debido a la pericia que Mireya, nombre de guerra de esta mujer, demuestra en el oficio. Todo le va bien a Demetrio: por las mañanas trabaja en las fincas y por la tarde acude al burdel donde durante una o dos horas disfruta con Mireya que empieza a ver en él una posible solución a su arrastrada vida.

Demetrio oculta a Mireya su vida privada. No le dice que vive de pensión en la casa de huéspedes que tiene Rolanda, señora conservadora donde las haya; tampoco que su madre, Dª Telma, vive en Parras (Coahuila) al norte del país. Por eso cuando con su madre acude a la boda de un familiar en Sacramento, pequeña localidad de ese estado no se lo comunica a Mireya. Y tampoco que durante su breve estancia en ese pueblo del México profundo Demetrio ha quedado prendado por -y prendido en- la tremenda hermosura de Renata, bellísima mujer con la que todos sus familiares (su madre Telma y también su tía Zulema que vive en el mismo Sacramento), y hasta incluso él mismo, instan a que se case. 

Como se ve estamos ante un triángulo amoroso-sexual. Demetrio, fiel a sus costumbres y cumplidor de sus propósitos, demanda sexo. Pero Renata es una mujer tradicional, vigilante ella y muy vigilada por su madre Dª Luisa, que mantiene a raya al futurible. Sólo habrá sexo cuando se casen e incluso hasta entonces besos y toqueteos ninguno. Pobre Demetrio, él está que no puede aguantar. Sólo la profesionalidad y grandes habilidades de Mireya a la que vuelve a frecuentar cuando regresa a Oaxaca lo reintegran a su, para él, satisfactoria cotidianeidad. Pero Mireya es una mujer que piensa y ha decidido pedirle que la saque del prostíbulo pues -le miente- está embarazada de él. De nuevo, ¡pobre Demetrio

No diré más sobre el desarrollo de la trama para no chafar el disfrute de la novela que rompe más de una expectativa del lector, ¡vaya si las rompe! Hay que culminar la lectura de las cinco partes que componen el relato para conocer en qué para el embrollo en el que el pobre Demetrio se ha metido él solito. Como se ve hay humor en esta narración, si bien es un humor no chistoso sino tragicómico. Demetrio que vive en la gran ciudad de Oaxaca se va a ver constreñido en su desarrollo vital por culpa de la moral ñoña, estricta y sin duda arcaica de Renata y Dª Luisa, la madre de le beldad. La religiosidad castrante del villorrio se impondrá sobre la libertad gozosa de la gran ciudad. He aquí la tragicomedia que protagoniza este ser solitario, buen trabajador, regular hijo, mentiroso obligado para escapar de las trampas que las mujeres de su alrededor le tienden, a quien el sexo le tiene ocupada la cabeza. Él como tantos y tantos hombres, y más en el momento en que se sitúa el relato -de 1946 a finales de 1949-, la mejor y más cómoda manera de satisfacer el deseo sexual era el matrimonio. Casarse con una mujer preferiblemente decente como Renata que se entregará a él completamente una vez pasase por la iglesia, naturalmente:

«—¿Y cuándo nos casemos me prometes que me besarás mucho?
—Será hasta entonces, pero antes no... Quiero que todo esto sea de veras muy bonito.
—Entonces, ¿cuándo nos casemos me prometes que haremos cosas bien degeneradas?
»

A la cabeza de Demetrio acude reiteradamente el recuerdo de las increíbles sesiones de sexo habidas con Mireya; pero ocurre que Mireya no es una mujer decente. Esa es la moral burguesa, la hipocresía humana teñida de religiosidad. Demetrio sabe, o al menos espera, que cuando Renata pase por el altar se convierta para él en otra Mireya aunque, eso sí, legal y con todos los pronunciamientos eclesiásticos en su haber.

México,erotismo, machismo, novela mexicana
El anecdotario en la novela no se reduce a la trama  de este triángulo amoroso. Hay también otros asuntos menores que sirven para dar variabilidad y amenidad a lo que se cuenta. Tenemos el momento en que Demetrio se emplea en unas extensísimas fincas próximas a Sacramento y lo que le sucede durante los siete meses que pasa en ellas; también su establecimiento en Parras, el pueblo donde vive la madre y el próspero negocio que allí emprende; las traiciones que empleados suyos le realizan; etc. 

Hay un asunto menor pero destacable en el relato, referido a la corrupción de los poderes públicos, en el que me detendré brevemente. Resulta que el emprendedor de Demetrio, habida cuenta del conocimiento que tiene de los lupanares por la asiduidad con que los frecuenta, fantasea con abrir uno en Parras. Para ello busca la aquiescencia del alcalde a quien le propone ser socios y pide protección a cambio de los pingües beneficios que la explotación de mujeres les pudiera producir a ambos
«Quería juntarse lo más pronto posible con gente metida en la política, para poder robar (bien bonito) con todas las de la ley, y se dijo a sí mismo: Sí, quiero ser corrupto, pero adinerado, muy adinerado a la postre. Quiero que me respeten mis congéneres»
De todo esto y más va esta novela que a mí me ha sorprendido agradablemente. Pero la sorpresa principal no radica en los asuntos (amorosos, sociales, familiares, laborales...), los temas (eróticos, religiosos, corrupción política...) o su variado tratamiento (tragicómico, crítico, humorístico...) sino sobre todo y especialmente en el modo como Daniel Sada los plasma en el papel, en la manera literaria que emplea. Esto sin duda alguna es lo más sorprendente, diferente, meritorio y también dificultoso de esta novela. Intentaré señalar alguno de los modos utilizados para ello:

Lo primero que llama la atención es la manera de escribir, en especial la utilización de los signos de puntuación, con especial abundancia en estos de los dos puntos. («¿Muy de lujo el panorama lúgubre? Mirón, el recién llegado siguió mirando tras sentarse. La invitación: gran amabilidad: un hombre regordete le señalaba el asiento: dulzura de ademán reiterado.»). Diríase que con esta manera de puntuar se quiere marcar la variabilidad en el narrador de la pura presentación al enjuiciamiento de lo allí mostrado.  Pero no siempre es así, pues a veces lo que queda situado entre estos dos puntos es apenas una conjunción, una preposición, una mera palabra, etc.
    • «¿Cuál excitación? Sí el busto: aunque: ningún escote llamativo» 
    • «Un leve arrastre, ay; atisbo de peligro: sí: como se dijo quedando todavía el brete de polvareda: ¿amago o inminencia?, más bien lo segundo: lo que por desgracia sucedió: esa levantada del suelo por culpa de las ruedas: trasunto rústico el hecho de llegar como payasos al pueblo (polvo hasta en las axilas)»
Siguiendo con los signos de puntuación también es rasgo de estilo la utilización de los paréntesis que aparecen con frecuencia. De ellos se sirve el narrador para lanzar hipótesis, poner 'peros' o emitir opiniones sobre lo recién acabado de decir: «Luego se fue: primero sonrisuda y a la postre medio entristecida: carrillos hacia abajo: casi una punta de flecha su boca de labios finos: la poca elevación contra el descenso doble (amartelado): negrura abajo y arriba un resplandor vítreo (¿floreciente?)». También en ocasiones me he visto sorprendido por el uso, no tan reiterado pero sí para mí algo chocante, que hace del punto y coma en enumeraciones de periodos muy breves («Bueno, ya antes los padres habían sometido a su hija [Renata] a un interrogatorio básico. Que Demetrio trabajaba en Oaxaca, pero que era originario de Parras, Coahuila; hijo de; pariente de; que ra agrónomo; que estaba en vías de comprar una casita allá; a saber qué demonios sería Oaxaca, lo que sí que la bonanza de inicio a ojos vistas no debía ser errónea.»).

Pero desde luego y sin lugar a dudas desde el punto de vista estilístico es la figura del narrador la principal novedad y sorpresa de esta novela. Un narrador que cuenta en una neutra tercera persona aunque con frecuencia pasa a la primera haciéndose visible en el mismo momento de la escritura: «enseguida el arranque y al cabo los movimientos aéreos: feas sacudidas entre nubes groseras, como para pensar lo peor. ¡Bah!, nosotros no hemos de pensarlo, porque nada horrendo ocurrió.»). Como se ve en el pronombre 'nosotros' el narrador se dirige al lector al que con libertad y familiaridad aquí hace conmilitón (ja, ja..., permítaseme el palabro que creo que viene al caso en  esta ocasión), si bien en otros momentos del relato y también dirigiéndose a él le informa del decurso narrativo, reflexiona sobre el hecho, inquiere o pregunta 
    • «dejemos jugando a los anómalos enamorados para trasladarnos deprisa a Sacramento». 
    • «Bueno, ¿y por qué no el viaje en la cabina? Fácil: porque no cabía tal armatoste o porque no tenía fuerzas para mantener cabeza y tórax derechos. La conjetura, por cuanto determinación de los sombrerudos, fue trasera, o es mía o de usted. En realidad la ventaja para Demetrio fue que no hubo, ni habría, plática
Es un narrador que no sabe más que nadie y por ello lanza suposiciones o hipótesis sobre los porqués de las actuaciones de los personajes. Un narrador que integra al lector en el propio relato, un narrador que quiere remover a sus lectores, sacarlos -en el ejemplo que viene a continuación, sacarlo- de la pasividad que suele acompañar al acto de leer: 
«Luego el acuerdo entre madre e hijo: no se irían en la camioneta, mejor como siempre en el tren. Orden, más que sugerencia de ella. Aquí también elija usted la razón que se le antoje para endilgársela a doña Telma. Una, que nosotros proponemos, es la seguridad del viaje. Total que ya podemos ver a estos sentados y desplazándose.»
Es un narrador que realiza elisiones, anticipaciones como cuando estando en el tren camino de Monterrey ya lo vemos hablando con su madre en Parras. ¿Verdad? ¿Mentira? ¿Pura ensoñación? Al leer momentos como este los lectores intuimos lo que pueda haber sucedido. La elisión, sí, es un rasgo estilístico importante en la novela.

Aunque para mí lo más llamativo de "Casi nunca", que por algo se alzó con el Premio Herralde Novela en 2008 con un jurado tan exigente citado al principio de esta reseña, sean las muy abundantes referencias metaliterarias presentes a lo largo y ancho de la narración. Así por ejemplo cuando Telma y su hijo Demetrio se separan el narrador elimina el relato de la despedida y entre paréntesis incluye la expresión «en elipsis». Más evidente es el discurso literario autorreferencial que en ese mismo lugar el narrador convertido casi en el propio escritor lanza: 
«Dos acciones que si se vieran aquí bien pudieran ser dos raptos de felicidad; dos apuros risueños, pero como no se ven, sino que nomás se leen, ¡que iluminación queda! Nerviosismo feliz ¿en blanco y negro? ¡Valga! Por ende pongamos a uno y otro a la mesa. Nosotros estaremos a 3 metros de distancia: ¿juega?: eso sería fantástico...»
Todas estas referencias metaliterarias contribuyen a que veamos, -casi casi que penetremos en-, el propio acto de escritura. La verdad es que en "Casi nunca" estamos ante una novela haciéndose. He aquí, entre muchos, unos cuantos ejemplos:
    • «De una vez veamos la escena que, de suyo, es merecedora de un párrafo aparte. [...] Bueno retomemos algo de la vociferación de doña Telma: [...]» (págs 165 y ss)
    • «Es más, adelantémonos de una vez a los augurios fantasmales de la prole de por acá para revelar -acaso vulnerando el decurso lógico de una trama- que para diciembre de 1946 de un día para otro el clima dio un vuelco tremendo.» (pág. 188)
    • «estamos valorando un salto en el tiempo [...] Para ello es oportuno buscar un contrapunto temporal» (pág. 199)
Novelistas mexicanos contemporáneos, novela erótica
Todos los elementos de orden estilístico comentados hasta aquí pueden hacer algo difícil la lectura de este relato singular. Esto es evidente. Pero a esto hay que añadir un grado de dificultad más y es el del propio vocabulario que aparece en ella. Daniel Sada es un escritor cuya  literatura entronca con la tradición más genuinamente mexicana: Agustín Yáñez, Juan Rulfo, Juan José Arreola y Jorge Ibargüengoitia. Como él en esta novela, estos escritores hicieron tema esencial de sus narraciones la provincia. Es lo que ocurre aquí, que la tensión antiprogreso de la provincia (las pequeñas localidades de Coahuila: Parras y Sacramento) juega en contra del avance presente en urbes más grandes como Oaxaca. 

Los mexicanismos pululan por todo el relato. Es característico de esta novela la utilización frecuente de términos propios de un léxico coloquial, vivo, directo, muy auténtico de la vida cotidiana de los mexicanos. Muchos de estos vocablos son desconocidos para un lector español y de los conocidos a veces el sentido que tienen en México no es para nada semejante al que le damos por aquí. Algunos ejemplos:

Jalarse: emborracharse; ínsito: congénito, natural; bolillos: barra de pan; retaque en la maleta: Apretar el contenido de un recipiente para que quepa más Fodongas: descuidadas; empiyamarse: ponerse el pijama; senos guangos: anchos, holgados; ¡Órale!: ¡venga!; Un mesero flaco, muy enano y con un copetito muy firulete": Un camarero, flaco, enano y con un tupé superfluo y de mal gusto; Vestido buchón.: pretencioso; Intrepidez muy de juro: muy segura; Súpito: Alelado, atolondrado, atontado.; sola (con cercén): Sola (con rotundidad); Melcocha de más: Muy melosa, excesiva en mostrarse dulce; amor zaino: traidor, falso ; "Hasta" con el sentido de "a" o de "en"; "enchamarrarse": colocarse la chamarrapara salir a la call; Papalote: volantín, cometa; Perimida por la duda: Caducada, agotada por la duda; bagazos: Residuos; redilas (camioneta de redilas): rejas de madera que se fijan alrededor o a los costados de la plataforma de carga de un vehículo, particularmente un camión; Chafirete: Chofer de un automóvil, en especial de un transporte público, que conduce de forma arbitraria y temeraria; y otras muchas más.

Final
Una novela no fácil, no sencilla, que hay que leer con atención y que si al inicio resulta algo dificultosa conviene no abandonar pues -lo puedo asegurar- al cabo de unas cuarenta páginas se asimila su ritmo y la cadenciosidad del idioma que utiliza con  lo que el disfrute comienza y es ya un no parar. Un disfrute que hace que la historia enganche y no podamos por menos que querer saber en qué parará el acontecer de los principales personajes de esta historia: Mireya, Demetrio y Renata.

Sorpresas y rupturas de las expectativas encontramos durante la lectura de esta novela que en parte podría reclamarse con derecho heredera del mejor realismo mágico que se dio durante el pasado siglo. Un autor digno sucesor de Juan Rulfo y de Jorge Ibargüengoitia.

Una novela que merece ser leída, sin duda alguna, y que desde aquí agradezco la recomendación que de ella hiciera mi muy buena amiga Ana, tertuliana de "más que palabras..." y lectora avisada donde las haya. Muchas gracias, amiga.

23 ene 2021

Paul Auster: "A salto de mata". Juan Manuel de Prada: "Coños" (A pares XVII)

38 comentarios:
Este "A pares" está formado por dos lecturas en cierta manera extrañas aunque por motivos diferentes. "A salto de mata" de Paul Auster lo es porque su 'lectura' la he realizado escuchando el libro y no leyéndolo. Los audiolibros están en auge últimamente. La verdad es que yo ya los había probado anteriormente en dos ocasiones y no me había encontrado muy a gusto haciéndolo sobre todo porque la búsqueda de algún dato, nombre de personaje, fecha escuchada o lo que sea se hace difícil cuando no imposible; para qué decir nada de realizar anotaciones 'in situ' o efectuar subrayados de alguna frase relevante, algo sencillamente impensable. Pero con todo en una época en la que hay que caminar, montar en bici o viajar en coche conduciéndolo personalmente, me parece que los audiolibros son un buen remedo -si es que las imitaciones pueden serlo- de la verdadera lectura sobre todo si, como ha sido el caso de este libro, lo que se escucha es una historia de escasa complicación temática y aún menos complicación formal.

La segunda lectura, "Coños", de Juan Manuel Prada, la realicé en papel hará unos tres meses y se había quedado ahí, sin reseña ni comentario alguno debido al tipo de obra que en sí es. La extrañeza en este caso viene ya expresada en el propio título, llamativo por demás; si me acerqué al texto fue por su escasa complicación al estar realizado en forma de relatos cortos independientes unos de otros y por el escaso número de páginas del libro, algo que después de lecturas largas y sesudas me apetece hacer de vez en cuando para así desconectar rápido de profundidades anteriores.



"A salto de mata" de Paul Auster

Novela autobiográfica, Paul Auster
El autor cuenta en primera persona episodios de sus primeros treinta años de vida. Si hay algo constante a lo largo de las 153 páginas del libro es la perentoriedad del dinero que Auster siente constantemente. Ya en su niñez Paul recuerda a su padre Samuel discutiendo con Queemie, su madre, a cuenta del dinero que ella derrochaba según él a manos llenas. Muy pronto Paul comprendió que el dinero era importante y procuraba ahorrar la mayor parte de lo que le daban como regalos durante las diferentes festividades judías y en ceremonias como el Bar Mitzvah que como miembro de la comunidad realizó al cumplir los trece años. Estos ahorros más el de las propinas que obtenía durante las vacaciones escolares haciendo pequeñas tareas en los jardines y casas de los vecinos más el que le dieron por su graduación de bachillerato le permitieron hacerse con un fondo (unos 1500$) que le resultó muy útil para viajar a Europa finalizados sus estudios de bachillerato y antes de entrar en la Universidad de Columbia donde estudiará Literatura, la pasión de su vida. 

Los viajes son una constante en él. Amante de la literatura desde al menos los doce años, Europa siempre le atrajo. A los 18 años viaja a París en un barco fletado para estudiantes. Y de allí, en los dos meses y medio que duró esta primera gran salida, España, Italia y muy especialmente Dublín. Ir a la capital de Irlanda era algo que le debía a James Joyce sin lugar a dudas, dice. En esta novela autobiográfica cuenta sus experiencias en Europa, especialmente en París, las amistades que hizo, los trabajos que realizó para salir adelante pues el dinero se acababa rápido y sobre todo sus deseos de escribir. En los dos meses y medio que duró el viaje pensó mucho en la novela que quería escribir y cuyo manuscrito luego se perdió. 

De regreso en USA inicia sus estudios universitarios en 1965. Finalizado el segundo curso se apunta a un programa de la Columbia para estudiar en el extranjero el tercer curso en París. Le decepcionó completamente el programa y tuvo una fuerte discusión con el director del mismo, a consecuencia de la cual decidió abandonar la Universidad. Si no estudiaba debería incorporarse a filas y marchar a la Guerra de Vietnam. Decidió, por esto, permanecer en París leyendo, escribiendo, viendo películas e incluso pensando en hacerse director de cine algo que no realizará por no superar los farragosos requisitos exigidos para ingresar en la Escuela de Cinematografía. Al notar que su familia estaba preocupada por él decidió volver a Nueva York y pensar sobre qué hacer, si la Universidad o la Guerra. Corría 1968 y había revueltas estudiantiles contra el papel de USA en Vietnam. A Paul el decano de la Facultad le dijo que le admitirían de nuevo en la Universidad si lo deseaba pues que un chico de 20 años fuese a la Guerra era un auténtico crimen. Volvió a ella y se graduó, aunque durante esos tres años las huelgas y manifestaciones estudiantiles contra Vietnam fueron frecuentes; revueltas en las que Auster participó no muy activamente pues él se sentía alejado de "aquello que se dice solidaridad". Quizás gracias a este carácter se salvó de ir a la cárcel, de morir montando un explosivo o de huir constantemente del FBI como les ocurrió a un buen número de sus compañeros de estudios.

Sus temores sobre tener que ir a Vietnam desaparecieron cuando en 1969 realizado el sorteo él salió con un número que lo eximía del servicio. Pudo a partir de entonces y una vez finalizados sus estudios buscarse un trabajo que le diese el suficiente dinero como para ganar tiempo y así realizar su mayor deseo: escribir. Comienza entonces a trabajar en un petrolero de la ESSO. Viaja por toda la costa este del país y entabla amistad con personas que le hacen conocer la profunda realidad del país como, por ejemplo, el fuerte racismo que en el mismo existe. Logrados unos 4000$ decide volver a París donde se dedica a escribir y cuando el dinero se le va agotando comienza a hacer traducciones del francés al inglés o viceversa. Una de las que hizo fue la de una constitución que se preparaba para el nuevo Vietnam. También daba clases de inglés a estudiantes de bachillerato, hacía de guía turístico para ingleses o americanos y cosas así. En París vive con su novia Lydia Davis, hija del escritor Robert Gorham Davis. Ambos viven fundamentalmente de hacer traducciones de autores franceses al inglés. Más dinero le dará hacer sinopsis en inglés de guiones cinematográficos que la mujer mexicana de un productor ruso le proporcionaba. Tras un trabajo en México con resultado poco amable vuelve con Lydia a Nueva York donde irreflexivamente -dice- deciden casarse. Es 1974.

En Nueva York, gracias a su padrastro (el segundo marido de su madre tras haberse separado el matrimonio en 1965) consigue que The New York Review of Books o  Harper’s Saturday Review le paguen por las reseñas que haga de libros de arte y/o de literatura. Es una manera de sobrevivir malamente que apenas le permite escribir. Con todo escribe poesía, teatro y va pergeñando alguna novela. La necesidad de dinero estalla cuando en 1976 sea padre junto a Lydia Davis de Daniel, su primer hijo. "Tener un hijo marca la verdadera frontera entre la juventud y la edad adulta". Idea entonces comercializar un juego de cartas sobre beisbol que inventó cuando era adolescente. Pero “El que confía en imbéciles acaba comportándose como un imbécil”, escribe en "A salto de mata", expresando así el fracaso de la idea y el tiempo perdido hablando con una gran cantidad de charlatanes para intentar que su juego fuese vendido a una empresa que lo comercializase, algo que siempre acabó en fracaso.

Tras el fracaso del juego buscó un trabajo fijo pero tras varios meses de entrevistas y búsqueda nada le había salido. Afortunadamente le llegó una beca de 3500$ del instituto de Arte de Nueva York. Gracias a esto podrá ponerse ya  decididamente a escribir. La novela negra americana que leía y le gustaba (suicidio aparente que es un asesinato) le llevó a decidir hacer una novela de sentido inverso: asesinato que al final fuera un suicidio. Le agradó la idea y se puso a escribir una novela policíaca en esos términos. En dos meses le dio forma en unas 300 páginas que imitaban otras leídas pero que a él le satisfizo. Sin embargo tropezó con dificultades sobre todo por su incompetencia como vendedor. Necesitaba un agente literario, pero los poetas no tenían agente. Su fracaso iba en el sentido de que le decían que ya no se llevaban las novelas de detectives privados, algo parecido a lo que le dijeron cuando el juego de cartas sobre beisbol, que ya no se llevaban los juegos de mesa sobre deportes.

autores judíos norteamericanos,
En noviembre de 1978 se rompió su matrimonio. Dos meses después murió su padre y eso le afectó muchísimo por lo que se puso a escribir sobre él. Volvió a New York, se enamoró y en 1981 se volvió a casar. En esos 4 años todo cambió. Un amigo que montaba una editorial le pidió un manuscrito y entonces Auster le mandó la novela y se la publicó aunque condiciones de dinero no había por parte alguna y además la publicó dos años después. 

Finaliza esta autobiografía de juventud relatando las vicisitudes del manuscrito de esa novela detectivesca que al final salió con mayor fortuna en una editorial de bolsillo que le adelantó 2000$ de los cuales hubo de entregar 1000$ al primer editor -su amigo- según figuraba en contrato y un 10% a la agente literaria que le llevaba los asuntos; en total, sólo le quedaron tras todos esos años de lucha 900$. "A salto de mata" cierra con esta frase: “Así se escriben libros por dinero. Es 1996”. Fue su primer no-fracaso y por tanto el final de esta narración subtitulada "Crónica de un fracaso precoz". 

Me gustaría que al acabar de leer esta reseña, el lector tuviese clara la idoneidad de la lectura de "A salto de mata" para aquellos amantes de la obra y la figura de Paul Auster.



"Coños" de Juan Manuel de Prada

Es el primer libro que escribió Juan Manuel de Prada. Se trata de una boutade, un juego de joven amante de la literatura, enamorado precisamente de la de Ramón Gómez de la Serna con quien soñaba codearse o al menos emular. Así si el madrileño novecentista escribió y escandalizó en su tiempo con "Senos", el vizcaíno que estudió en Salamanca escribió unos relatos sueltos que agavilló bajo el rotundo y no menos escandaloso título de "Coños". Son 54 relatos cortos que entre todos suman apenas 150 páginas en total.
 
La sinopsis que la editorial Valdemar que lo publica realiza sobre el mismo pretende en mi opinión elevar estos ejercicios de escritura erótica de un estudiante a categoría excelsa, algo que en mi opinión no alcanza aunque tampoco quepa concluir lo contrario en absoluto. Dice la editorial lo siguiente:

Coños, constituye un homenaje a la mujer y a la literatura, que aspira a la celebración episódica del cuerpo femenino, a la divinización obsesiva de las mujeres a través de las palabras, y muestra al lector que la diversidad no es sólo un camino hacia la unidad íntima de la mujer. Burlándose de los géneros, entremezclando lúdicamente el fragmento lírico con las memorias apócrifas, la prosa de estirpe clásica con un humor tributario de las vanguardias, Juan Manuel de Prada nos sirve, en un estilo propio, millonario de metáforas, un libro que podría adscribirse a un género nuevo o excluirse de toda adscripción.

Tras haberlo leído, a la pregunta que me hago sobre qué es este libro, me contesto que no es nada más que un divertimento, una nadería graciosa e irrespetuosa sin más, que no hay que ver con ojos de policía de lo políticamente correcto simplemente porque no lo es. Pero así como pienso que no hay que derribar la estatua de Colón porque de él haya derivado el concepto de colonización, de igual manera pienso que no hay que arremeter contra el autor porque el órgano designado sea exclusivo de una mitad de la población. Así como en Colón hoy debemos quedarnos con los beneficios que su gesta supuso para el mundo en muchos aspectos, en este librito de Juan Manuel de Prada se debe uno fijar en el buen oficio literario que destilan los relatos que lo componen. ¡¡Sin más!!

Pese a ser una obra de primera juventud del escritor ya en ella se traslucen sus muchas lecturas y su mucho amor por el cine. Literatura y Cine son referentes de no pocas imágenes presentes en su escritura. Igualmente se percibe en la mayoría de los relatos el innegable sentido del humor del escritor que recuerdo haber percibido con gusto en la única novela que de él he leído, "Las máscaras del héroe", que fue Premio Ojo Crítico de narrativa 1997.  
  • Así, a oscuras, escondidos de Manitú, desenterrábamos la marihuana y fumábamos en paz, rememorando a John Wayne en 'She wore a yellow ribbon'. (película de John Ford del año 1949 protagonizada por John Wayne)
  • Gertrudis, que es algo procaz, se corre maldiciendo a Guillermo Cabrera Infante, a quien considera un James Joyce para mulatos con úlcera gástrica. Tampoco es para tanto.
  • Miro el coño de Gertrudis y le recito fragmentos de Paradiso, la novela de Lezama Lima que me deslumbró en la adolescencia por sus conexiones insólitas, aunque nunca llegase a entenderla del todo (pero la literatura no debe entenderse, basta con que acaricie el oído, el alma o los cojones).
Lo que más me ha agradado de este librito del vizcaíno de nacimiento, zamorano por procedencia familiar e infancia y salmantino por formación universitaria, es, aparte del sentido del humor, el buen empleo que hace de la lengua si bien a veces me haya resultado un tanto barrocón por el exceso de imaginería y adornos. Bueno, ya la última cita anterior en la que aparece nombrado el cubano José Lezama Lima y su novela "Paradiso" dice mucho de este gusto suyo por el exceso. 

Antes de concluir quisiera resaltar la idea de que según se leen los distintos capítulos o relatos uno se da cuenta de que la obra no tiene por destinatario exclusivo un lector masculino, ni tampoco es una especie de "Libro de buen amor" actual que ofrezca un abanico de mujeres (costureras, sonámbulas, cubanas, solteronas, viudas, filipinas, vírgenes...) al estilo de lo que hiciera en su siglo Juan Ruiz, y mucho menos un manual de educación sexual. Lo que hay en él (originalidad, vanguardia, Cine, Pintura, Música, autobiografía...) configura esta gavilla de ejercicios literarios como una obra para leer despacio, saboreando su más que aceptable literatura y su innegable buen sentido del humor

"Las máscaras del héroe", "El silencio del patinador", Ramón Gómez de la Serna
Esta colección de relatos cortos de título tan llamativo según aclara Luis Carda Jambrina, prologuista de la misma, salió publicada por vez primera en 1994 de manera casi clandestina en una edición no venal de sólo 50 ejemplares que iba circulando de mano en mano siendo citada por entusiastas del género y "apreciada por poetas, escritores y especialistas en literatura erótica (Rafael Alberti, Luis García Berlanga, Luis Alberto de Cuenca, Abelardo Linares, Gonzalo Santonja, Víctor Infantes...)". Fue tal la popularidad que adquirió en esos ambientes literarios que a rebufo de la primera novela del autor citada antes, aparecida en 1996, y junto a otro libro de relatos -doce en este caso- titulado "El silencio del patinador" de 1995, la editorial Valdemar decidió hacer una edición en toda regla ese año, la cual se ha ido reeditando una y otra vez desde entonces en ésa y otras editoriales. 

29 nov 2018

"La familia", novela de Pedro Carbonell

10 comentarios:
A veces a través de la pestaña 'Contacto' de este blog (sucede lo mismo en otros que asimismo reseñan literatura) algún escritor o escritora contacta para ofrecer leer el libro, el relato, el poemario que haya escrito. Para ablandar la voluntad normalmente dicen que admiran el blog y blá, blá, blá…, o sea, la palabrería típica que suele acompañar a este tipo de demandas. Yo los comprendo porque sé que cualquier medio (los blogs son uno de ellos, claro) sirve para difundir la obra. No pocos son los autores noveles que se han dado a conocer a través de plataformas como ésta. Suelo leer con simpatía estos ofrecimientos y, sin agobiarme y en función del interés que en la sinopsis que me pasan pueda entender que tiene el libro, me comprometo o no a leerlo y reseñarlo.

En esta ocasión se puso en contacto conmigo Pedro Carbonell Castillero quien a través del sistema y fórmula antes descritos me ofreció su último título, "La familia", y yo me comprometí a leer su novela y a reseñarla en el blog, cosa que estoy ejecutando ahora.

El escritor
Sólo conozco de él la información que ofrece la Red. Sus libros se pueden adquirir en Amazon donde figuran tres títulos (ignoro si tiene alguno más). Estos títulos son, además de "La familia" cuya sinopsis argumental figura a continuación, "Comitragedia en clave relativa" aparecido en marzo de 2018, y "Una historia accidental de amor" con fecha de publicación el 30 de enero de 2018. Es evidente que Pedro Carbonell o guardaba suficiente obra escrita en su mesa de escritor (léase asimismo 'ordenador') o es de pluma suelta y fácil en el buen sentido de la palabra, esto es, que la prosa sale de él con suma comodidad y viabilidad.
Los tres volúmenes figuran en Amazon con críticas muy favorables todas ellas. 

Al no conocer ninguna de las obras de este autor acepté leer "La familia" tras leer la sinopsis de la misma que me pareció, cuando menos, curiosa.

Sinopsis
"Andrés es un hombre maduro a punto de enfilar hacia la ancianidad. Le faltan pocos años para jubilarse pero está en el paro, en la España de 2010. Vive solo y se entretiene entrando en los chats de Internet. Por este medio llegará a conocer a Amaranda, una mujer que, según ella, es unos años menor que él y que manifiesta sus deseos de verlo en persona. Andrés es poco sociable y en el barrio donde vive no cae muy bien a la gente. De vez en cuando abandona la rutina de chatear para introducirse en otra que es peor: beber. Él es consciente de que se están quemando los pocos rescoldos que le quedan de juventud y de vigor sexual, por lo que se embarcará en la aventura de viajar desde Gavà a Madrid para encontrarse con Amaranda. La familia es una novela donde el sexo, el chat, las nuevas tecnologías y la crítica a la España política y social de aquellos cada vez más lejanos años están muy presentes. Todo ello queda visto bajo la peculiar perspectiva narradora y estilística del autor."

Mi opinión
En esta ocasión y para no influir en los posibles lectores que "La familia" pueda tener no voy a dar opinión valorativa alguna sobre la misma. Sólo diré que se lee con suma rapidez, que el nombre del autor figura en las tres novelas conocidas hasta el momento junto al de Verónica Monroy Romeral como ilustradora -imagino que de las portadas- y que la afición por escribir y ver que las creaciones realizadas llegan al lector son siempre deseos humanos muy comprensibles que satisface ver realizados. Nada más. Sí que me gustaría conocer vuestra opinión sobre la misma a fin de cotejarla con la mía. ¿Os animáis?

19 mar 2018

Día de la Poesía. Elvira Sastre, una joven poeta.

18 comentarios:
Dicen que con la edad los lectores, hombres y mujeres, se van decantando cada vez más por las lecturas poéticas. ¿Será verdad? En mi caso he de decir que aunque siempre me he sentido atraído por ella, es ahora cuando más noto su llamada. Quizás sea consecuencia de que la lírica consiste en extraer la quintaesencia de lo que constituye al ser humano dejando de lado cuanto de accesorio y superficial añade el transcurso vital. El tiempo -su paso y el de las personas con él- nos va haciendo ver qué es importante y qué no; y literariamente la poesía lo fija, lo remarca y lo señala.

Poesía lésbica, literatura LGTB, Elvira Sastre

Personalmente desde hace un tiempo quería degustar productos creados por poetas actuales, dejando ya por suficientemente conocidos las enormes y fantásticas producciones de los artistas de la primera mitad del siglo XX e incluso de los que con imponente altura sostuvieron el verso en la segunda. Ahí me encontraba yo, buscando y evaluando nombres, cuando mi amiga Cecilia en la reunión a la que nuestra afición literaria nos convoca mensualmente trajo un poema de una jovencísima poeta segoviana, Elvira Sastre. Su título era "Quiero hacer contigo lo que la Poesía aún no ha escrito". Lo conocí recitado por Cecilia y nada más escucharlo algo en él me atrajo inmediatamente; pero esta primera impresión se quedó corta al oírlo en la viva voz de la escritora, la cual carga el poema de una verdad y una sensualidad que trasciende lo escrito en el papel. 


Elvira Sastre es una segoviana de tan sólo 26 años que en el ámbito poético ya se ha hecho un hueco y que ha publicado cuatro poemarios: «Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo», en diciembre del 2013, con prólogo de Benjamín Prado; en mayo de 2014 ediciones Valparaíso le publica su segundo poemario titulado "Baluarte"; en 2016, con prólogo de Joan Margarit, Visor libros le publica un volumen compuesto por 26 poemas titulado "La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida"; y hace nada, en 2017, también la editorial Vaparaíso le publica otro libro de poemas, "Ya nadie baila". 

Del que le publicó la editorial Visor en 2016, el año pasado esa misma editorial sacó una edición especial en su colección 'De viva voz' con los 26 poemas recitados por la propia poeta. Es precisamente este poemario, en esta presentación, el que yo he leído y escuchado. Si bien me ha gustado el recitado que esta joven escritora hace de sus propias creaciones, no me ha entusiasmado tanto como el que ella misma hace del poema con que yo la conocí. Quizás los años hacen que Elvira sea ahora más reflexiva, menos espontánea.

Benjamín Prado, Poesía erótica, poesía homosexual, Elvira Sastre Sanz
Siempre que reseño un libro de poemas dudo en cómo hacerlo. No sé si debería presentar los temas fundamentales que toca (el Amor, indubitablemente en el caso de Elvira Sastre); señalar los términos clave sobre los que hace gravitar sus poemas ('hueco': el olvido y la memoria en el amor; 'isla': la soledad; 'espejo' en el sentido de la Alicia de Carroll; el 'abandono'; los 'recuerdos'; el 'ruido'; etc.) que en general todos están en la órbita de la poesía amorosa; empezar a comentar los elementos formales que uno cree avistar en esos poemas (las 'sinestesias' abundantísimas, los lógicos 'oxímoron' en un poemario amoroso; la disposición formal de los versos alineándolos a izquierda o derecha según el asunto que esté tratando; las citas iniciales que muchos de los poemas contienen; los 'paralelismos' que tan bien sirven al ritmo poético; etc., etc.)... Al final siempre vengo a concluir que lo importante, lo interesante, no es tanto explicar la poesía -que siempre será una interpretación muy subjetiva- como sentir la poesía. Y eso es lo que voy a hacer con este poemario de Elvira Sastre. Así cada uno sacará sus propias conclusiones.

En este 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, dejo aquí a modo de ejemplo cuatro poemas de los 26 de este volumen. Creo que quien los lea y escuche se hará con facilidad una idea de por donde camina la poética y los asuntos que esta segoviana maneja en sus textos.

El desierto de mi isla

Soy una isla.

Todos quieren llegar,
traerse un libro,
algo de comida
y un amor.

Imaginan los árboles,
piensan en el mar que no se vacía,
son capaces de tumbarse sobre
mi arena
y dejarse ser por completo
porque es terriblemente sencillo:
en mí no existen los espejos,
cuido con esmero la contracción del paisaje,
acaricio el pasado y los errores ajenos,
marco el camino y no el tesoro
y me mantengo siempre estática,
sin hacer ruido, sin causar peligro,
esperando el golpe con las palmas abiertas.

Es fácil querer llegar.
Querer quedarse es igual de fácil
que ahogarse en una gota
de agua.

Es así: todos quieren llegar
y, sin embargo,
todos quieren irse
en el momento en el que llegan.

Quizá sea por el olor a polvo que me cubre,
por el viento que va dejando partes de mí
en cada trozo de tierra que piso
y me devuelve incompleta a la orilla,
por el cansancio de mis ojos
que siempre están en otra parte
o, quizá, porque nadie quiere vivir
en un lugar deshabitado.

Nadie quiere estar en una isla desierta
cuando se hace de noche.
Estrella fugaz

Hay una tristeza inherente a las cosas
que las hace bellas
y no quiero llegar a comprender nunca.

Hoy he tenido un sueño triste
y he despertado en una cama carente de nada,
en unas sábanas blancas y tristes,
y en el balcón mis plantas me miraban tristes.

He salido a la calle y era pronto.
Los domingos por la mañana
Madrid se pone más bonita que nunca:
pasearla así ha sido como ver una estrella fugaz,
y me ha parecido todo tan triste
que me he puesto la canción más triste de mi cabeza
y he deseado la soledad.

Me he acordado
de todo lo que he olvidado
y he maldecido el paso del tiempo por un momento;
después he leído que la mujer de Cortázar
tenía los ojos azules y apenados,
y el mundo me ha parecido algo más sencillo,
pero también más triste.
Los fantasmas también quieren flores,
pero la gente solo tiene miedo.

He visto a una pareja sentarse separada
en el metro
con los ojos a un centímetro de distancia,
a una niña reírse a carcajadas de una verdad,
dos manos besarse en una terraza,
una tierra abandonada a través de una ventana
y a alguien pensar en otra vida,
y me he puesto triste
al verme en todos ellos.

Después,
he vuelto a casa,
a mi refugio blanco y triste,
a mi paz en calma culpable,
al fin de cada comienzo,
y te he mirado tranquila y bella,
en el sofá y en tu universo
de estrella fugaz,
y he dejado toda la tristeza en la puerta.

Ruido

Si te marchas
hazlo con ruido:
rompe las ventanas,
insulta a mis recuerdos,
tira al suelo todos y cada uno
de mis intentos
de alcanzarte,
convierte en grito a los orgasmos,
golpea con rabia el calor
abandonado, la calma fallecida, el amor
que no resiste,
destroza la casa
que no volverá a ser hogar.
Hazlo como quieras,
pero con ruido.
No me dejes a solas con mi silencio.
Lo imposible

De todas las formas de pedirte que te quedes,
a saber,
con los ojos abiertos, con un ramo
fresco en la mañana, con una frase a destiempo
que te convenza de que puedes sentarte al borde
de mis heridas sin miedo a hacerme daño;
es decir,
con la rodilla sobre el césped, la súplica en el dedo,
con la noche que se termina si no respondes a
mi urgencia, con esta valentía mía que promete
hacerte reina del castillo solo si te quedas,
solo si te pido que te quedes,
con esta soledad que llena de tu nombre y me dibuja
cien pájaros en la espalda del color de tus ojos hierba,
de todas estas formas, amor mío,
de pedirte que te quedes conmigo
escojo el silencio
que es el único que sabe cómo pedirte
lo imposible.
Nota biográfica
Elvira Sastre (junio, 1992), segoviana residente en Madrid, es escritora, traductora literaria y filóloga inglesa.
Elvira Sastre poeta, traductora y filóloga
Además de los libros de poemas señalados al principio de este post ha publicado junto a Adriana Moragues  un volumen autoeditado de ilustropoemasde bajo el título «Tú la Acuarela / Yo la Lírica». Como traductora, ha publicado el poemario «Los hijos de Bob Dylan», del autor norte-americano Gordon E. McNeer, con la editorial Valparaíso Ediciones, y ha traducido al inglés las letras del último disco de Vetusta Morla, «La Deriva».
Ha participado, y participa, en innumerables eventos culturales como la Feria del Libro de Bogotá (FILBO), el Festival Eñe, la Feria del Libro de Madrid y de Soria, el Festival de Narradores Orales de Segovia, el Festival Inverso, el Premio de Poesía de Ciudad de Burgos, el Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de México y demás jornadas culturales, así como dado conferencias y lecturas en universidades españolas y de Estados Unidos, como North Georgia University, Emory University o Hofstra University. y demás jornadas culturales.
Administra un blog, "Relocos y recuerdos" que recibe cientos de visitas al día. Es muy activa en las redes sociales donde cuenta con decenas de miles de seguidores de todo el mundo.
En verdad Elvira Sastre es todo un fenómeno en el panorama poético de nuestro país.