Mostrando entradas con la etiqueta Elena Fortún. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Elena Fortún. Mostrar todas las entradas

27 dic 2018

"Oculto sendero". Elena Fortún. Encarnación Aragoneses.

6 comentarios:
"Fortún aprovechó intensamente la modernidad desde mediados de los felices veinte, con el florecimiento de la prensa periódica, el arte nuevo y las nuevas formas de entender sexo y género, las cuales convergieron en la identidad de la mujer moderna que con el tiempo adoptaría, como la protagonista de esta novela
(Nuria Capdevila-Argüelles, Introducción a “Oculto sendero”).

Comencé 2018 con la lectura de "Celia en la revolución", una de las res novelas que la escritora pidió a su compañera y escritora argentina Inés Field que destruyese. Como tantas otras veces los lectores hemos de agradecer que la amistad depositada por algunos escritores en personas en quienes confiaban ciegamente fuese traicionada. Tal ocurrió con la novela citada que reseñé en enero [leer la reseña aquí] y lo mismo le sucedió a la que acabo de leer, "Oculto sendero". Gracias a esta "traición" y a una serie de vicisitudes que Nuria Capdevila-Argüelles, editora junto a María Jesús Fraga de la misma, cuenta con todo lujo de detalles en la introducción a este relato podemos hoy disfrutar de esta especie de autobiografía novelada.

Elena Fortún, Nuria Capdevila-Argüelles, Encarnación Aragoneses, María Jesús Fraga
La novela es claramente una novela de aprendizaje, un bildungsroman, que muestra el proceso que llevará a su protagonista María Luisa Arroyo a aceptar sin remilgos ni disimulo alguno su identidad personal y sexual. María Luisa es desde el principio una niña diferente a otras. Ella disfruta jugando con otros niños y se aburre soberanamente con la placidez que en general las  niñas muestran. Está siempre ideando, pergeñando nuevas aventuras y no se para en barras si algo le disgusta. Discute con Juanita, su madre, constantemente dadas sus maneras de "chicazo". Esta es la palabra que le perseguirá durante toda su niñez y adolescencia: "¡Si no fueras tan chicazo!", "Ha sido un chicazo desde que nació", etc.

A lo diferente que para los demás ella siempre fue, viene a sumarse según pasa el tiempo el de su afición a la lectura, el gusto por los libros y en seguida su deseo de cursar estudios de Bachillerato. Cuando llega a su casa un profesor de dibujo, Jorge Medina, que valora su saber hacer con lápices y pinceles, la rareza de la adolescente crece ante los demás. María Luisa choca por su manera de ser con lo que la sociedad tiene dispuesto en ese momento (estamos en los años veinte) para las mujeres: el matrimonio y lo que ello conlleva, el cuidado de la casa y de los hijos que Dios quiera mandar.

A María Luisa le horripilan las 'necesidades' que, oye decir, tienen los hombres, y que sus esposas deben de satisfacer debidamente ("me causó profundo desagrado saber que yo había estado dentro del vientre de mamá, y que mi padre y mi madre tenían a espaldas de todos una vida insospechada y repugnante…", Iª parte, cap. 'El pueblo de papá', pos. 1815). La entrega al marido, 'el sacrificio' conyugal, María Luisa lo detesta y lo evita siempre que puede. Cuando queda embarazada y nace su hija, se entrega a ella, y la cuida como la que más, pero jamás olvidará que su realización personal no se colma con la maternidad, que ella tiene muchas otras inquietudes que intentará satisfacer debidamente.

A pesar de que Jorge es un hombre más abierto y consentidor que la mayoría, sin embargo no puede ocultar la concepción machista del mundo y la sociedad que arrastra por educación. En ocasiones prohíbe a María Luisa seguir teniendo trato con determinadas mujeres de las que se dicen cosas. La excesiva amistad con cierta clase de señoras no es bien vista por la sociedad. Una mujer casada como ella con un profesor de instituto debe de relacionarse con las esposas de sus compañeros de trabajo. Pero a María Luisa le aburre muchísimo estar hablando todo el día de niños y de trapos; a ella lo que le gusta es cambiar opiniones sobre literatura, actualidad, arte... Y de esto sólo habla un tipo de mujer que empieza a verse en ese momento: mujeres 'modernas', andróginas, que gustan de vestir como el hombre, mujeres tenidas por 'raras' al salirse del carril esposa-madre que se les tiene reservado en esta vida.

La novela que se inicia en los inicios de la década de los años veinte o incluso algo antes en Madrid viene a finalizar en 1933 o 1934 con cierta seguridad dado que la pareja se plantea la disolución del matrimonio según establecía la Ley de Divorcio aprobada durante la IIª República española en 1932. Esta decisión partirá de María Luisa confirmando pues que su proceso de aceptación de su auténtica identidad ha culminado. Hasta este momento María Luisa fingía, se doblegaba, mentía para satisfacer a Jorge y evitar escenas, asumía ante la sociedad puritana y tradicional el rol de esposa amante y respetuosa con su marido.

Elena Fortún distribuye la historia en cuatro apartados titulados Primavera, Verano, Otoño, y Fin del Otoño. Cada uno de ellos finaliza con una pérdida. En el primero es la del padre a quien la niña María Luisa veneraba por ser quien la defendía de los embates educativos y castigos de la madre siempre pendiente de corregir sus comportamientos de 'chicazo'. El 'Verano' acaba con la desaparición de la propia madre que, en estos años durante los que María Luisa ha tenido una niña y vivido con Jorge, ha suavizado sus críticas hacia ella que la ha cuidado durante el tiempo en que las enfermedades la acosaron. En el 'Otoño'  la madurez maternal y filial de la parte anterior da paso a otra más centrada en la propia protagonista que ya no se esconde ni de ella, ni de Jorge, ni de nadie. A ella misma no esconde que su atracción por las mujeres es algo más en muchas ocasiones que la búsqueda de amigas con quien charlar; a Jorge ya no le esconde sus grandes deseos de pintar y el éxito que en ciertos círculos le proporciona su trabajo que ahora realiza en un estudio preparado al efecto; y a la sociedad en general no le oculta su gran personalidad, sus conocimientos artísticos y literarios, su 'modernidad', su "safismo" visible en su frecuentar círculos en los que se mueven mujeres artistas independientes de los hombres. En esta tercera parte la pérdida es la de un gran Amor. La cuarta parte, 'Fin del Otoño', marca la llegada a la meta, la asunción de la personalidad tantas veces escondida, y con ella la toma de decisiones que, vistos los tiempos convulsos que vive España, la llevarán a romper -una pérdida más, en cierto  modo- con la vida llevada hasta ahora en Madrid e iniciar una nueva vida ya de artista plena al otro lado del Océano.

Exilio español, Tercera España, Republicanos de derechas, Carmen Laforet, Carmen Martín Gaite
Estos cuatro apartados se desarrollan en 38 capítulos, exactamente la edad que la autora tenía en 1924, momento en que triunfaba ya decididamente en la escritura con colaboraciones asiduas en periódicos y cuando ya la idea de divorciarse de su marido Eusebio de Gorbea se le había pasado por la cabeza. Treinta y ocho son los capítulos que componen la novela: 16, 'Primavera'; 10, 'Verano'; 9, 'Otoño'; y 3, 'Fin del Otoño'. Del valor simbólico dado a los títulos de los apartados no hay duda alguna. Los tres capítulos del cuarto apartado suponen el salto decisorio a una nueva vida que deje atrás la tristeza vivida hasta ese momento, tristeza que viene asociándose a esa estación. Por otra parte, los dieciséis capítulos que forman 'Primavera', la primera parte, son clara demostración de que Encarnación Aragoneses es Elena Fortún la exitosa autora de los libros de Celia que por entonces, cuando la autora esté escribiendo esta confesión ficcionalizada, van ya por la decimosexta o decimoséptima entrega. Las historietas vividas por la niña María Luisa en esta primera parte recuerdan muchísimo a otras semejantes protagonizadas en algunas novelas por Celia.

El interés de esta novela es múltiple. En mi humilde opinión más que valores literarios lo que en ella hay son valores sociológicos. El primero y más importante está en ver cómo era la vida de la clase media o media-alta en la España de los años veinte y treinta del siglo pasado. Son familias tradicionales que pese a no tener medios económicos de sobra quieren darse tono y dentro del mundo de apariencia en que se mueven tienen servicio doméstico, el hombre es quien se encarga de llevar el dinero a la casa, la mujer no trabaja sino que se encarga de dirigir el hogar y de la educación de los muchos hijos que tiene... Frente a esta idea que la mayoría de las familias intenta alcanzar aunque para ello haya de pluriemplearse el cabeza de familia, está la imagen de la mujer 'moderna', de la mujer liberada que busca estar al mismo nivel que el hombre y que desea trabajar. Esta mujer es la que representa María Luisa.

La opresión sobre las mujeres y la poca implicación por parte de los hombres en los asuntos familiares, considerados puramente femeninos, abocarán a muchas de ellas a establecer fortísimas relaciones personales con otras mujeres. Cuando estas relaciones, de amistad en principio, además de versar sobre la familia (matrimonio, esposo, hijos...) tocan temas más elevados (arte, literatura, filosofía, teatro, música, etc.) quienes tal hacen son consideradas 'raras'. Hombres y mujeres entonces empiezan a verse ya no como personas iguales sino como enemigos dado que los primeros prohíben a sus esposas o hijas visitar o hablar con ciertas personas que tienen por perniciosas dada su 'rareza'. En justa correspondencia, en estos círculos feministas comienza a desarrollarse el odio al macho que impone por la fuerza su voluntad; una voluntad que dentro del matrimonio se manifiesta en forzar a tener sexo quiera o no la esposa, con lo que nace en ellas el "asco al hombre predador que se cree con derecho a disponer del cuerpo de la mujer a su antojo".

Paradójicamente, al tiempo que se intenta escapar de la férula del varón, se imitan rasgos y comportamientos tenidos por exclusivos suyos. Así, la vestimenta en forma de trajes sastre de chaqueta y falda estrecha, las blusas camiseras, las corbatas... es preferida por estas mujeres independientes que abominan de los vestidos con puntillas y adornos femeninos que tanto, se supone, atraen al hombre.  Si el hombre trabaja, la mujer también quiere hacerlo porque el trabajo da libertad. El fumar cigarrillos no debe de ser exclusivo del varón. Casarse y parir no tiene por qué ser el estado ideal de las mujeres.
"Hice amistad con aquella señora –¡no era un muchacho!– vestida con traje sastre, corbata masculina y pelo cortado y pegado a la redonda cabeza. —Fermina Monroy –me dijo, presentándose con desenvoltura–, treinta y cinco años, soltera, y nacida en la isla..." (IIIª parte, cap. 'Hogares', pos. 4764)
Por último, pero muy importante, en la novela se toca con sutileza y elegancia el asunto del sexo. Amistad, sexo, amor y género, son cuatro conceptos que se mezclan en la vida real y en los que Elena Fortún quiere poner algo de orden. Para ella -y para la protagonista, claro- entre un hombre y una mujer puede haber amistad, no es necesario que la relación masculina-femenina conlleve obligatoriamente sexo. Por otra parte el Amor no entiende de géneros de manera que tanto puede surgir entre hombre y mujer como entre personas del mismo sexo. En la novela entendemos que hay sexo entre la protagonista y alguna de sus amigas pero nunca es explícito sino delicadamente sugerido. Es un sexo "casto" que la sociedad del momento -y la de años después también- admitía entre mujeres y no tanto entre hombres. El concepto de la "inversión", de los invertidos, siempre se ha focalizado más en los hombres que en las mujeres a las que las demostraciones públicas de cariño se les consentían más que a los varones.
"A veces no hablábamos. Pasaba mi brazo en torno de su cintura, y ella echaba el suyo por mi cuello, muy juntas en el sofá, y dejábamos pasar las horas con un dulce sentimiento de abandono, de comprensión mutua, de cordial sinceridad" (IIª parte, cap. 'Jorge Medina', pos. 3757)
"¡Hermosa mía… Eres morena como la Sulamita! –y el Cantar de los Cantares acude a mis labios como una oración fervorosa." (IIIª parte, cap. 'Ella', pos. 5894) 
Encarnación Aragoneses (Elena Fortún) cuando se adentra en los terrenos de la realización amorosa  cita varias veces el 'Cantar de los Cantares'. También echa mano de los místicos españoles. Lo hace con San Juan de la Cruz y Santa Teresa, ésta especialmente cuando ella, Maria Luisa, era niña y se sentía atraída por la señorita Clara. Pero también cuando ya casada y acompañando a su esposo en su destino tinerfeño decide dejar la isla tras otro desengaño amoroso
"Traté de tranquilizarme... Nadie lo sabría nunca... Me iría de allí, me volvería a la Península, a Madrid, donde la vida es sobria, el clima es duro, y la meseta de Castilla ascética y casta... Como yo lo había sido siempre. ¡Yo, que era un pedazo de la tierra castellana llevada al suelo volcánico y lujurioso de esta isla de África!" (IIIª parte, cap. 'El baile del club Náutico', pos. 5415)
Como se ve en los fragmentos citados hasta aquí, la novela está contada en primera persona. Es una novela autobiográfica, la confesión íntima que realiza la autora real con la única modificación de ciertos pormenores: Elena Fortún estaba casada con Eusebio de Gorbea Lemmi, militar republicano, escritor y amante del teatro que alcanzó cierto renombre a través de algunos dramas y que escribió una novela, "Los mil años de Elena Fortún", de donde Encarnación sacaría el seudónimo que tanta fama le proporcionó. Igual que ella pero en el campo de la pintura, María Luisa Arroyo está casada con un hombre de veleidades artísticas que triunfó con alguna de sus obras pictóricas y animó en principio a su mujer a la práctica artística para luego, cuando fue consciente de su inmensa valía, desdeñarla y minusvalorarla. Como María Luisa al pintar, Elena Fortún debía de esconderse para escribir. También las diversas ciudades que aparecen en el relato (Bilbao, Santa Cruz de Tenerife, Madrid, Buenos Aires...) son espacios por donde discurrió la vida de la escritora.

safismo, actrices lesbianas, lesbianismo, homosexualidad femenina

 Para finalizar
La novela que se publicó por vez primera a finales del año 2016 en mi opinión -y por favor que no se me entienda mal- se ve un poco rancia. Digo tal cosa porque, creo, que el tema del feminismo y sus derivaciones (safismo, lesbianismo, falofobia...) hoy día está ya muy integrado dentro de nuestra sociedad. Es verdad -y aquí radica en mi opinión el interés máximo de esta novela- que en los años 30, 40 o 50 del siglo pasado (Elena Fortún nos dejó en 1952) este asunto era ingrediente sólo de lo que se consideraba una "novela fuerte", o mejor, "muy fuerte". Pero hoy, afortunadamente, ha perdido fuerza y ha pasado a la categoría de simplemente asunto. Que durante 2017 y 2018 haya sido especialmente leída creo que se debe al aprovechamiento editorial del movimiento #Metoo y al innegable empoderamiento de la mujer en la sociedad. Todo esto le ha hecho mucho bien a esta novela y ha provocado que haya sido muy leída.

Me parece mucho más interesante como confesión íntima de la escritora Encarnación Aragoneses conocida en España como Elena Fortún, que no se atrevió siquiera a firmarla con su nombre auténtico o con su conocido seudónimo literario sino que lo hizo bajo el falso nombre de Rosa María Castaños y además redujo el asunto de la homosexualidad femenina al único admitido en su tiempo, el de la 'inversión' que lo consideraba tema propio de la psiquiatría,
"Un caso típico de inversión del instinto en persona honrada, exactamente de lo que hablamos el otro día. Creo que te interesará. [escribe el médico al que acude María Luisa a un colega amigo a quien se la remite]
Es decir que me mandaba al psiquiatra como un conejo de indias a un laboratorio..." (IIIª parte, cap. 'Otoño', pos. 5477)
si bien en la propia novela uno de los personajes con ideas más avanzadas, Rosarito, la abogada amiga que le informa sobre la Ley de Divorcio aprobada por el Gobierno de la República expresa otras opiniones bien distintas sobre el 'caso' que le expone María Luisa, opiniones "que no son enteramente las mías pero que no se las discuto":
"Realmente eres tú un 'caso'… Porque siendo hijos de un hombre y una mujer… aunque unas veces funcione mejor la parte del cerebro que nos legó nuestro padre… hay otras que es toda la feminidad de nuestra madre quien manda…" (IVª parte, cap. 'Octubre', pos. 6065)
________________________

María Jesús Fraga
Nota final.- 
La introducción que Nuria Capdevilla-Argüelles realiza de esta novela es de lo más interesante, en especial para todo aquel que quiera conocer bibliografía sobre el feminismo durante la primera mitad del siglo XX. Contiene revelaciones relevantes sobre autores y escritores de esa época de ambos géneros, la autoría de sus obras, las relaciones entre ellos, y los círculos y tertulias existentes en Madrid y otras capitales españolas donde se reunían y se estaba gestando un nuevo tipo de sociedad por entonces muy chocante.

5 ene 2018

Elena Fortún: "Celia en la revolución"

10 comentarios:
"Vuelvo a mis guardias en el Albergue. Dos veces por semana paso allí el día, y otras dos la noche. Fifina ya no está, ni tampoco Carmela, que es ahora enfermera de la Cruz Roja; en cambio está Laurita de los Ríos, la hija del Ministro, y una chica andaluza, hermana de García Lorca el poeta." ("Celia en la revolución", cap. I, 'Segovia, 1936')

Celia en la revolución, Serie de Celia, Elena Fortún
Un libro interesante y para mí sorprendente. Digo sorprendente porque de niño -sí, lo fui, hace ya no sé ni el tiempo- veía por casa algún ejemplar de la autora que mi madre o sus hermanas, o sea, mis tías, conservaban de épocas anteriores. Siempre entendí, porque así nos lo hacían entender a los chicos por aquel entonces, que la autora hacía libros para niñas del mismo modo que los libros de Karl May, Emilio Salgari o Zane Gray nos tenían a nosotros por destinatarios. Por eso, cuál no habrá sido mi sorpresa cuando este libro, "Celia en la revolución", aunque es la historia de una niña durante la Guerra Civil española su destinatario es cualquier lector de cualquier edad e incluso, me atrevería a decir, de cualquier país pues lo que muestra la autora es el sufrimiento gratuito, la maldad, los abusos, el menosprecio de la condición humana, que los contendientes -todos: los unos y los otros- practican y ocasionan.

La peripecia de este libro
La novela conoció una peripecia que conviene conocer: escrita por la autora en 1943 aparecerá publicada en España en 1987 por la editorial Aguilar, la editorial que a partir de 1934 publicaba en forma de novela los relatos que el diario ABC en la revista Blanco Negro le había comenzado a publicar en 1928 dentro de una sección titulada 'Gente menuda'. Pero sorprendentemente al poco desapareció de las librerías y no fue hasta casi 30 años después que se hizo una nueva edición, ésta, la que yo he leído. ¿Por qué sucedió tal cosa?

"Las Armas y las letras"
La razón fundamental es la de que Elena Fortún (su nombre verdadero era Encarnación Aragoneses) nunca se adscribió a grupo ideológico concreto, lo que ocasionó que en un país como el nuestro que desde Antonio Machado habla de que "una de las dos Españas ha de helarte el corazón" estar en tierra de nadie, en una tercera España no adscrita a tirios ni troyanos, no sea bien acogido. A la buena de Encarna le sucedió lo mismo que al periodista sevillano Manuel Chaves Nogales a quien hace ya cosa de cuatro años dediqué una entrada a su excelente colección de relatos "A sangre y fuego" [leerla aquí], un libro muy, pero que muy, recomendable. Andrés Trapiello en su libro "Las Armas y las Letras" (1994, reeditado en 2002 y 2010) revindicó la figura del periodista andaluz y lo  mismo hace de la figura de la creadora de Celia, ejemplo ambos de esa España no militante, de esa tercera España, demócrata y liberal, republicana, que se verá arrumbada al desván de la historia por la intransigencia de uno y otro bando. Trapiello en el ensayo "Los unos y los otros" que aparece antes de la novela en la edición de 2016 se lamenta de que haya tenido que pasar más de un cuarto de siglo para que la existencia de esta tercera vía, esta tercera España, haya sido admitida por 'los unos y los otros'. Y la razón de esta afirmación estriba en que en 1987, primera edición de la novela en España, el momento político que vivía España no contemplaba la posibilidad de admitir más de dos enfoques político-sociales en nuestro país. Y lo más triste es que a día de hoy, aún hay sectores de nuestra nación que sólo admiten el seguimiento ciego y sin cuestionamiento alguno de unos u otros. ¡Qué pena tan grande!

La novela
Estalla la guerra y Celia que está en Segovia pasando el caluroso mes de julio de 1936 cuidando de sus hermanas debe partir con ellas hacia Madrid pues el abuelo ha sido detenido y 'paseado' por los golpistas. En Madrid se encuentra con la revolución, pero de signo inverso a la que ha padecido en Segovia. La tía de Celia, Julia Gálvez, no hace más que maldecir la postura de defensa de la República, totalmente opuesta a la de su hijo Gerardo, que ha tomado el padre de Celia quien se ha marchado a la Sierra para defender de los facciosos al gobierno legítimo.

En Madrid, Celia, cual el galdosiano Gabriel de Araceli, recorre las calles y relata las barbaridades que observa. Su relato es a pie de calle, en el tranvía, saliendo o entrando de las casas de sus amigas de colegio Fifina o María Luisa, en el Albergue para niños de la calle de Serrano... Es impresionante la narración que hace del desastre sucedido en la calle de Ferraz donde acudía a visitar a su amiga Fifina que vivía con sus dos tías ("Así de calle en calle y de susto en susto, llego al boulevard. Ahora no hay más remedio que seguir por esta calle que acaba en Rosales…, a unos metros del frente. Hay otras personas que, como yo, están paradas en la esquina sin decidirse a exponer el cuerpo a la ancha calzada abierta a las balas y a los obuses que levantan trozos de calle.").  En Madrid las condiciones de vida son cada día más difíciles. Su amiga María Luisa colabora en el Albergue de niños que hay en la calle Serrano a la altura del Hipódromo. Allí llevará Celia a sus hermanas Teresina y María Fuencisla a las que cuida como una madre desde que muriera la de las tres. Precisamente la peripecia sufrida por los niños de esta institución será la que haga que Celia viaje por gran parte de la España republicana en busca de sus hermanitas que serán evacuadas de Madrid a Valencia, para después ser trasladadas a Barcelona y de allí ya muy avanzada la refriega civil a Francia. Afortunadamente Teresina y María Fuencisla están al cuidado de Valeriana, la sirviente fiel que desde hace muchos años asiste a la familia. Y por suerte también, Cuchifritín, el hermano de Celia, está estudiando en Londres, razón por la que no aparece en este relato.

Madrid resiste, Madrid 1936-1939Celia dejará un Madrid donde todo escasea y donde los bombardeos son cada día más frecuentes para ir a Valencia en busca de sus hermanas. Valencia, a donde se ha trasladado el gobierno de la República se está poniendo imposible pues los bombardeos que Celia creía exclusivos de Madrid se han trasladado ahora a la capital levantina. En Valencia no aparecen sus hermanas y Celia malvive en pensiones y de pupilaje en casas particulares. Subsiste gracias a las quinientas pesetas que su padre le entregó en Madrid.

De Valencia irá a Albacete y de aquí más tarde a Barcelona. En Valencia se encuentra con Jorge, el hermano de su amiga Adela al que conocía de los veraneos de la familia en Santander. Jorge será su amor, quien la ayudará en todo facilitándole plaza en los trenes para que viaje, la invitará al cine y al teatro..., hará vivir a Celia, durante los brevísimos días de permiso que a veces consigue, un simulacro de felicidad en plena guerra.

Como en Barcelona no encuentra a sus hermanas, su padre le dice que lo mejor que puede hacer es marchar de nuevo a Madrid a la casa que la familia tenía en Chamartín. Allí se traslada Celia para luego ya, pasados unos meses, cuando con la guerra ya casi perdida las condiciones de vida sean totalmente inasumibles, vuelva a trasladarse a Valencia para allí esperar a tomar un barco que la traslade a Francia pues ella, una niña de 17 años, ha perdido el contacto con su padre y sólo le queda la opción de buscarlos allí en los campos de refugiados de la Cruz Roja que se han creado en territorio francés.

Una crónica autobiográfica realista
Este recorrido literario que realiza la niña, ya casi una mujer, Celia Gálvez, es el mismo que en la vida real realizara Elena Fortún. Naturalmente hay diferencias fruto de la verosimilitud literaria. Así el padre de Celia, a quien ésta sigue y respeta en todo lo que dice, es trasunto del marido de la escritora, Eusebio de Gorbea y Lemmi, militar de profesión y escritor teatral de vocación, bastante mayor que ella, a quien siempre respetó pero que no la hizo nada feliz. Es más, el éxito que la escritora consiguió en el mundo literario siempre escoció al marido, lo que al convivir con él hizo aún más infeliz a Elena.

En una sociedad tan machista como era la española de los años 30, que una mujer trabajase y allegase dinero a su casa era tenido por poco femenino. Por ello Elena Fortún, como le ocurriera a otras mujeres intelectuales y liberales del momento (Gloria Fuertes, Jimena Menéndez Pidal, Laura de los Ríos, Isabel García Lorca...), fue tildada de lesbiana en muchas ocasiones. La Fortún, que yo sepa, salvo en una novela inédita hasta 2016, no reflejó tal cosa en sus escritos si bien era muy conocedora del alma femenina y de la sensibilidad característica de la mujer.  En la novela aparecen varias amigas de Celia (Fifina, María Luisa, LydiaAdela y alguna otra) pero entre ellas no hay atisbo de relación lésbica alguna sino simple, buena y sana amistad entre personas en momentos tan difíciles como los que España vivía por entonces. Tan sólo, quizás, con su amiga Lydia a la que encuentra en Barcelona y con la que va al Astoria en cuya atmósfera desaparece la brutalidad de la guerra podría verse algo..., pero no... tampoco...
" —Esto es lo más «chic» de Barcelona –me dice–. Es un verdadero rincón parisién. Va gente rara. Muchachas con el cabello teñido de azul, de verde y hasta cubierto de polvo de oro; muchachos con cara de mujer y mujeres con aire de chicos… [...]
Fíjate en aquella chica rubia del traje sastre con la corbata y los guantes escoceses... ¡Es divina! Mira qué manos tiene. ¡Son de marfil...!"

Encarnación Aragoneses, Escritoras lesbianas españolas, El armario femenino
¿Quiere decir lo anterior que Elena Fortún no era homosexual? No, para nada, pues -leo a comentaristas suyas- como se observa en su novela autobiográfica  "Oculto sendero", inédita hasta 2016, ella, Encarnación Aragoneses -su nombre auténtico- se había sentido diferente a las demás desde bien niña. No he leído esta novela pero asumo las palabras de Elvira Lindo, -la creadora de Manolito Gafotas, otro importante personaje infantil-, que en su comentario sobre esa novela de la Fortún dice:
La protagonista, María Luisa, siente su rareza gracias al asco, al asco que le da imaginar que tendrá que pasar la vida entregándose físicamente a un hombre. Sufre la incomprensión que padecen las mujeres que no caben dentro del corsé femenino, que tienen inquietudes intelectuales, lo cual se considera como una tara que ahuyenta a esos posibles pretendientes que no las quieren demasiado listas.
Que estamos ante una novela realista lo demuestra el que en la novela comparezcan como personajes no pocas personas reales, como sus amigas Laurita de los Ríos o Isabelita García Lorca o su editor Aguilar.  También es interesante la conversación que al inicio de la novela, en Segovia, mantienen Celia y Valeriana. Celia está deseosa de contarle a la criada el asunto del libro que está leyendo y que la tiene totalmente atrapada. Valeriana la oye distraída y dice:
"-Eso, ¿ha pasado?
-No sé... puede que sí.
-Pues mira: si no ha pasado, déjalo y no te disgustes, porque aquí están pasando cosas peores..."
Así como Chaves Nogales, periodista, escribe relatos partiendo de la realidad de la guerra civil española, Elena Fortún, novelista, escribe la crónica -una crónica autobiográfica- de la vida real, el día a día, de una familia de clase media alta durante la guerra civil. Esto es lo que es  "Celia en la revolución", una crónica, una novela dialogada, 'la novela de la lucha por la vida en la retaguardia, la gran novela del miedo y del hambre' en palabras de Andrés Trapiello.

Es una novela fácil de leer, simple en el lenguaje, con incursiones en el habla del pueblo llano ("hasta hay algunos que emprincipian con que si lo que pedrica el cura en el púlpito no es verdad, que si los frailes, y que si el Papa que está en Roma… ¡No paece sino que ellos van a arreglar el mundo y se lo saben too…!", le cuenta Valeriana a Celia cuando llegan a Madrid procedentes de Segovia), pero también con algunos momentos de elevación poética como cuando Celia ve marchar a su padre que la ha ido a despedir al ómnibus que la llevará desde Madrid a Valencia ("Se va… Le veo marchar inclinado… Ahora que cree que ya no le veo, anda despacio como si llevara un saco de pena sobre la espalda…").


La Tercera Vía
A Celia se le insta constantemente a que milite en alguno de los partidos existentes por entonces. Ella no siente predilección por ninguno, aunque sí se siente republicana y está en contra de los golpistas. En Valencia, esperando al barco que la saque de España habla con su amiga  Rosita y escucha lo que dice la familia de ésta partidaria de los vencedores:
"-La revolución comunista de Madrid ha fracasado... Ya es cosa de días... puede ser cosa de horas la entrada del ejército... Van a fusilar a medio mundo
Parecen contentos. ¡Dios mío! ¡Y papá que decía...! ¡Y Jorge...! ¡Pobre Jorge...! Todo ha concluido… Sólo queda huir… Nosotros huimos… Otros están contentos. ¿Es que ellos no eran demócratas como papá? ¿Quién tenía razón? Papá; yo estoy segura de que papá y el abuelito son los únicos que tenían razón…"
Cuando al final de la novela para poder subir al barco que la sacará de España se le pide su filiación política cita, aunque sólo como simpatizante, a IR (izquierda republicana), el partido de Manuel Azaña, precisamente el hombre que siendo presidente de la República se vio atrapado entre esas dos Españas, la fascista de los sublevados y la de los revolucionarios anarco-comunistas republicanos.

Con Jorge habla muchas veces de política. El ideario de Celia y por ende de Elena Fortún se percibe en esta cita:
"Mira, papá me explicó una tarde que él defendía al pueblo para que se educara en el mismo banco de la escuela que el hijo del médico y del millonario y que no hubiera más diferencias entre ellos que las limitaciones de la naturaleza… Pero no me dijo que fueran todos pobres, o todos ricos… ni que les obligaran a hacer esto o aquello… No. Lo primero es ser libre y hacer lo que se quiere… ". A lo que Jorge le responde: "-Pues, chica, con esas teorías, no sé en qué partido convendrías... "
Para finalizar
Elena Fortún escribió historietas y novelas protagonizadas por esta niña de la burguesía alta madrileña durante más de 20 años. La serie de narraciones protagonizadas por Celia ocupan 21 volúmenes: el primero de ellos, recopilación -como los tres volúmenes siguientes- de historias cortas publicadas en la revista Blanco y Negro, se titula "Celia, lo que dice", vio la luz en 1929; el último, éste que acabo de reseñar, apareció por vez primera en 1987 y luego en 2016. Algunas novelas de esta serie fueron adaptadas para televisión en 1993 por José Luis Borau.
 

Como tantas otras mujeres de su época, Elena Fortún conoció la incomprensión en vida y, afortunadamente, ya en plena democracia su figura fue reivindicada por un buen número de intelectuales, especialmente mujeres. Es el caso de Elvira Lindo, citada anteriormente, pero sobre todo el de la salmantina Carmen Martín Gaite que, reconociéndose en ella, dio conferencias y escribió artículos en los que salvaba la figura de esta mujer que no sólo era una escritora para niños (¡qué gran parecido con la poeta Gloria Fuertes!) sino una creadora con todas las letras y con una calidad análoga, si no superior, a la del género masculino.