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27 feb. 2019

"Las cenizas de la inocencia" de Fernando Benzo

10 comentarios:
Conocí esta novela de Fernando Benzo (Madrid, 1965) durante un desplazamiento en coche. Por la emisora de radio que tenía sintonizada en ese momento un periodista mañanero le preguntaba a un escritor cuyo nombre nunca había oído nombrar sobre el libro que acababa de publicar. Me comenzó a interesar la entrevista cuando escuché que en la novela se prestaba mucha atención a la música de jazz; también oí que la acción sucedía en el Madrid de la década de los años 40 del pasado siglo.

El escritor
Políticos y escritores, Fernando BenzoEsas dos informaciones -Madrid, años 40 y música de jazz- hicieron que me interesara vivamente por la novela de ese escritor desconocido. En el curso de la entrevista supe que hasta hacía poco había ocupado el cargo de Secretario de Estado de Cultura habiendo sido con anterioridad Subsecretario de Educación, Cultura y Deporte. ¡Vaya -me dije- un escritor a tiempo parcial. No sé, no sé. Buscaré más información sobre él! 

Al llegar a casa me entero a través de internet de que es un escritor relativamente reciente si bien sus comienzos se remontan a la edad de 24 años cuando publicó su primera novela, "Los años felices", que ganó el Premio Castilla-La Mancha. También leo que cinco años más tarde en 1994 se alzó con el prestigioso premio Kutxa-Ciudad de Irún con la novela "Mary Lou y la vida cómoda", y que desde ese espaldarazo su carrera como novelista ha sido un no parar: "La traición de las sirenas" (1999), "Después de la lluvia" (Premio Ciudad de Majadahonda 2002), "Nunca repetiré tu nombre" (2012) y "Los náufragos de la Plaza Mayor" (2014).

Pero no sólo Fernando Benzo se ha circunscrito a la narrativa, también ha hecho sus pinitos en otros géneros como el teatro, con la obra "Scottie" (Premio de Teatro de la Northeastern Illinois University de Chicago), o el relato de no ficción con "Héroes inesperados". Es, pues, Fernando Benzo Sainz un escritor con una obra literaria consolidada. Yo lo he conocido, como ya he dicho, por una casualidad radiofónica, a la que, además, vino a unirse otra que fue que la editorial Random House a través de 'Edición anticipada' me ofreciera su última novela. Naturalmente me apresuré a aceptar la gentileza pues ardía en deseos de contactar con este escritor. Y la experiencia ha sido muy grata para mí.

“Las cenizas de la inocencia”

Primera novela que leo de Fernando Benzo. Me ha gustado por muchas cosas, en primer lugar por la historia que presenta: la supervivencia de unos seres populares en una España de posguerra que convivía con la hambruna y el estraperlismo. La novela enraíza con la picaresca más auténticamente española. El narrador en primera persona, Emilio 'el Monaguillo', es un chaval de unos diecisiete años que ansía quitarse el hambre y ayudar a su madre, Marita 'la Olorosa'. El azar, la casualidad, viene a hacer que Emilio en una correría infantil, consistente en entrar a robar leche para luego revenderla, tope con Nico, un muchacho mayor que él que tras evitar el robo se hace amigo de Emilio de quien le ha agradado su arrojo y buena disposición para emprender nuevas aventuras. Este Nico, pasados unos meses, pondrá al bueno de Emilio en contacto con Matías Sampedro, auténtico moderno Monipodio, que controla en gran parte el estraperlismo que nutre Madrid en esos años cuarenta de hambre y cartillas de racionamiento en que está situada la anécdota. Emilio comenzará a hacer trabajillos para Nico y poco a poco debido a sus buenas cualidades y buena actitud Sampedro le irá encomendando acciones más arriesgadas. Pero el Madrid de bajos fondos no sólo lo mueve Matías Sampedro; también hay un constructor primerizo lleno de deudas, Jorge Lanza, que va a conseguir reflotar, gracias a la gestión que del estraperlo hará, la empresa de construcción que su mujer, Eulalia Armendáriz ha puesto en sus manos .

Fernando Benzo, "Las cenizas de la inocencia", Novela picaresca moderna
Estos dos personajes vienen a coincidir todas las noches en un club madrileño, el Dixie, que gestiona con acierto y muy buen gusto musical Raimundo Giralda. El Dixie, local totalmente ficticio, se ha hecho un hueco en la noche madrileña de las salas de fiestas dominadas por el Pasapoga gracias, entre otras cosas, al jazz que toca una banda de músicos reclutados con acierto por Giralda, el propietario del local, en el mundillo musical de la época, pero sobre todo su éxito se debe a la cantante, Asia Luján, de esta jazz-band. Matías Sampedro es un enamorado de este estilo musical de procedencia norteamericana y por eso todas las noches ocupa un reservado en el night club. También Jorge Lanza, si bien por motivos más relacionados con la entrepierna, acude a otro de los reservados donde ríe y gestiona sus pillerías, negocios y conquistas amorosas.

En este micromundo que es el night club están todos los constituyentes de la sociedad real española del momento: los delincuentes de cuello blanco (Sampedro y Lanza que en su momento entrarán en conflicto); los secuaces de uno y otro jefecillos provenientes las más de las veces, como Nico, de los repletos orfanatos o sacados del hambre habitual como Emilio (en este grupo de secuaces habría que incluir al Ruso, un sicario sin escrúpulos a las órdenes de Sampedro, y también a Armando Mosquera 'el Tuerto', ejemplo de adaptación al medio: delincuente y asesino, chequista en el Madrid asediado y en el franquista colaborador de los nuevos empresarios como es Jorge Lanza); las pobres chicas que para salir adelante ellas mismas y ayudar a sus familias se convierten en deseadas artistas en la noche madrileña (es el caso de Asia Luján, la cantante del Dixie, que cada noche al abandonar el local de la plaza del Carmen y cambiar su lujoso vestuario vuelve a ser quien es en verdad; Rosita Muñoz, la honesta chica que vive por la zona de Legazpi)… En medio de toda esta fauna variopinta hay un árbitro, una autoridad, que cual camaleón hace creer a unos y a otros que su función sólo es la de estar a su servicio, si bien según avanza la historia veremos que no es tan tonto el comisario Gante como Sampedro y Lanza pensaban.

La novela, por el asunto, es una novela negra que muestra los bajos fondos de la sociedad, la corrupción de quienes debían de vigilar que no se cometiesen delitos, la vida real de la España de esta  segunda mitad de los años 40 llena de hambre, de cartillas de racionamiento de distintos tipos, de falsificaciones, de estraperlo, de palizas, de crímenes, de deseos reprimidos, de abusos de todo tipo... Al tiempo que la trama es soportada por personajes de ficción, éstos corretean por un Madrid real, histórico, un Madrid nocturno y musical en el que compiten estrellas de la canción española como Lilian de Celis, la bella Otero, Conchita Piquer, Carmen Miranda o María Félix, entre las artistas españolas, y Billie Holiday o Ella Fitzgerald entre las extranjeras. No cabe, en mi opinión, calificar este relato de novela histórica al quedar fuera del mismo los personajes históricos propiamente dichos: se sabe que estamos bajo la férula de Franco y su Dictadura, pero no aparece nombrada ninguna autoridad reconocida ni hay interacción alguna entre personajes históricos y de ficción.

Más bien situaría esta narración dentro del realismo costumbrista que tan buenos frutos siempre ha dado en nuestro país. Aparece el Madrid auténtico de la época, y no sólo en sus calles sino también en los negocios que se abrían en ellas:
Nico se había presentado hecho un pincel. Durante los días anteriores, había recorrido los alrededores del Dixie preparándose para la cita. Había estado en Galerías Preciados y en la Camisería Vergara, en Los Pequeños Suizos y en la sombrerería Zapater y ahora estaba allí, hecho un dandi con un traje nuevo, una impecable camisa blanca, zapatos de piel y un elegante sombrero con cinta de raso negra” (147, capítulo. 7) 
También para situar el momento concreto en que la acción sucede el autor nos ofrece datos de época. Así por ejemplo dice que esto sucedía cuando en los cines de la avenida de José Antonio (la Gran Vía) se proyectaba “Los últimos de Filipinas” estrenada en España en 1945. También para calibrar el momento exacto podemos recurrir a que se va a iniciar la remodelación del estadio de Chamartín, que tuvo lugar en 1946, o que Quincoces en el momento era el míster del Real Madrid, algo que tuvo lugar en la temporada 1945/46 ("Manolo le daba una y mil vueltas al indiscutible talento de Quincoces, al parecer antes un jugador excepcional y ahora un entrenador que llevaría a la gloria al Real Madrid, y de unos tales Ipiña, Prudente y Barinaga, unos prodigios con el balón según el barbero.",  pág 241). También puede servir para fijar la época la emisión de billetes de 100 ptas. con la efigie de Goya en su dorso, billetes que vieron la luz en 1946.
"Gante se metió la mano en un bolsillo de la chaqueta, sacó un pequeño fajo de billetes y separó de él dos 'goyas', los nuevos billetes de cien pesetas  emitidos con la imagen del pintor." (pág 242)
Madrid años 40, Las coctelerías, Bar Chicote,
Hay mucho de objetivismo en esta novela a pesar de que la narración esté puesta en boca de una primera persona, Emilio 'el Monaguillo'. Esta 1ª persona narrativa es la predominante, si bien muta a una 3ª objetiva en ocasiones. Asimismo esta narración intradiegética cambia o alterna a la 2ª cuando la integra en ella viéndose el narrador como desde fuera de sí mismo:
Quizá, al principio, cuando viajaban los trenes y cuando descubrí el Dixie y cuando Nico y yo nos hicimos no ya sólo compañeros de correrías sino amigos, habría elegido cualquier color radiante. Un color tan deslumbrante que con solo mirarlo te cegase por completo. Pero ahora ya no estaba tan seguro.
El que la narración sea en 1ª persona es lo propio en una novela como la que Fernando Benzo ha escrito, una novela picaresca moderna. El tono del género es total en algunos momentos como el siguiente: “Y gracias a aquellas charlas en que se mezclaban por igual mentiras y verdades, también pude yo ir enterándome de quiénes eran los dos personajes más admirados e intrigantes de toda aquella exuberante fauna que llenaba noche tras noche el club Dixie.” (p.89). Cualquiera que conozca nuestra novela del siglo de oro reconocerá aquí al mismísimo Lazarillo de Tormes confesándose a ese 'vuesa merced' transformado aquí en el propio lector. Y por seguir con la analogía lazarillesca, al final del capítulo 11 se ve el paso del Emilio niño al Emilio adulto:
"Aquel fue mi primer pensamiento adulto. Mi primera decisión como hombre y no como niño. Y con aquella decisión quedó para siempre atrás la persona que había sido yo hasta entonces y comenzó la vida de ese otro yo, el adulto, que" […]
Estamos, pues, como en la mayoría de novelas picarescas ante una obra de aprendizaje, una novela de iniciación, un bildungsroman característico.

La novela, en mi opinión, tiene vocación de best seller, de buen best seller, me atrevo a decir. Contribuye a su bondad el ritmo que el autor confiere a la historia, con esos finales de capítulo que incitan a leer y leer, a no poder abandonar la lectura a fin de conocer en qué parará todo. Saber dotar de ritmo a una narración y conseguir captar absolutamente la atención del lector es mérito innegable no al alcance de todos. A esta captación del interés contribuyen dos elementos por encima de otros: el primero es el de un culturalismo literario poco complicado como evidencia el que se haga uso de imágenes lindantes con el tópico para caracterizar a algún personaje; en este nivel estaría el considerar al estraperlista Sampedro de ser un Robin Hood, para unos, y un Scrooge, para otros. Como se ve no se precisa ser muy leído para captar el sentido correcto de estas figuras.

De mayor nivel e interés es el culturalismo musical -en especial jazzístico- que Fernando Benzo demuestra y esparce por el relato. Se ve que domina el asunto y que es un diletante de estos ritmos sorprendentes, sin duda alguna, en una España que en esos años 40 musicalmente hablando estaba más por el cuplé y la copla. Es muy interesante la justificación que para aparecer en el relato realiza el autor:  El jazz lo conoció Giralda en París de mano de su amigo americano James quien siguió la estela de Hemingway, Fitzgerald y Stein. Tras la liberación de París, este James le envía a Giralda con cierta regularidad discos de Louis Armstrong, Tommy Dorsey, Jessie Smith, Count Basie, Duke Ellington, las Andrews Sisters, Cab Calloway, la orquesta de Pérez Prado, Charlie Parker... Y él en su night club procura que su cantante, Asia Luján, entone estos temas tan distintos a lo que se podía escuchar en los tablaos, e incluso en el Pasapoga donde a lo más que se llegaba era al foxtrot o al swing tipo Glenn Miller que aunque ambos derivaban del jazz eran ritmos más admitidos por el gran público que los de los artistas citados antes.

Tiene para el novelista tal interés el mundo musical que muestra en "Las cenizas de la inocencia" que él mismo se ha ocupado de crear en Spotify la playlist de la novela. Es una playlist fantástica, que he oído durante la lectura de la narración y que me ha encantado. La coloco a continuación para que quienes, como a mí, os guste este tipo de música disfrutéis con ella.



Final
Para mí Fernando Benzo ha sido un feliz descubrimiento. La lectura de su novela "Las cenizas de la inocencia" me ha resultado agradable, instructiva y muy entretenida. La historia de Emilio, el chico que se hace mayor a lo largo del relato, es muy creíble, y, además, está escrita con altura literaria sin jamás hacer difícil la intelección de la novela. Momentos destacables en el relato son entre otros los siguientes:
Cuando era un niño Marita solía decirme que todos los sueños tienen un color [...] Marita tenía sueños rojos y verdes y rosas y amarillos. Los peores eran los sueños grises, que la ponían de lo más melancólica, y los sueños negros ceniza, como los llamaba ella, que le daban un miedo espantoso.” (pág. 200, cap. 9, Emilio recordando su vida de niño junto a su madre).
Trabajaban para él hasta las ancianas que se solían colocar a la salida de las estaciones de metro para vender por un céntimo a los más desesperados los chuscos, unos repugnantes panes de almorta que amarilleaban y se endurecían hasta quedar como piedras aun antes de haber salido el horno.” (pág. 90, hablando del estraperlo montado por Matías Sampedro])
Paco León, Series de Movistar+, Arde Madrid
"Aún era temprano para que el bar estuviese ya hasta los topes de su clientela habitual, una exótica mezcla de  donjuanes sin fortuna, aristócratas ociosos, políticos en ascenso, crápulas infatigables, chicas de alterne, parejas de amantes clandestinos e imprudentes, toreros pintureros y todo tipo de artistas consagrados o aún por descubrir. A diferencia de los demás locales nocturnos de la avenida de José Antonio, en Chicote no había baile ni actuaciones" (pág. 149). 
Leyendo la anterior descripción de la coctelería Chicote no he podido por menos que recordar la serie televisiva de éxito fulgurante "Arde Madrid" que con acierto y buena mano ha estrenado hace  pocos meses el actor y director Paco León. Está claro que hay olas, tendencias, momentos, en que unos espacios y/o épocas parecen imponerse en la consideración de los creadores. Al respecto pienso que esta novela de Fernando Benzo podría fácilmente verse convertida en imágenes y creo que tendría muy buena acogida entre los seriéfilos.

19 feb. 2019

NoViolet Bulawayo. "Necesitamos nombres nuevos"

14 comentarios:
¿Crees que con ver la BBC ya sabes lo que está pasando? No, amiga mía, no lo sabes. Es la herida la que conoce la textura del dolor. Somos nosotros los que nos hemos quedado aquí y los que sentimos el sufrimiento de verdad, así que somos nosotros los únicos que tenemos derecho a hablar de ello, hablar de lo que sea y de quien sea. […] ¿Es tu país, Darling? ¿De verdad es tu país? ¿Estás segura?, me pregunta Chipo” 

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Un grupo de niños juegan y corretean por Paradise, imaginario barrio chabolista de una ciudad de Zimbabue, -quizás Tsholotsho, donde la novelista nació en 1981-, envueltos en la alegría propia de la niñez y acuciados por el hambre que los acosa. Para satisfacerla visitan con frecuencia Budapest, el barrio acomodado de la ciudad donde abundan los chalets en cuyos jardines crecen las guayabas. Pese a lo indigesto que es su fruto lo consumen con fruición movidos más por la necesidad que otra cosa. La historia la cuenta en primera persona Darling, niña de diez años cuya máxima aspiración como la de tantos compatriotas suyos es poder abandonar el país; ella parece que tiene ese momento cercano pues una tía suya, Fostalina, lleva en Detroit ya varios años y le ha prometido llevarla con ella. Junto a Darling crecen y juegan en este suburbio zimbabuense otros niños de nombres algunos tan simbólicos como el suyo: Chipo, Bastardo, Sabediós, Sbho (niña de 9 años), y Stina. Quien, por su atrevimiento, los lidera es Bastardo al que siguen casi ciegamente sus compañeros varones Stina y Sabediós, éste el más pobre de todos ellos.  El resto son chicas y en Chipo, embarazada a sus 11 años, ven anticipado el futuro que les espera. Pese a todo,  los cinco niños, viven felices en medio de una hambruna y pobreza desmesuradas.

Junto a ellos está el mundo de los adultos del que reciben la cultura de su pueblo ancestral mistificada con las aportaciones que durante cien años los colonizadores británicos les impusieron. Entre los adultos está el Profeta Revelaciones Bitchington Mborro, auténtico dirigente de la comunidad a la que se dirige en las celebraciones religiosas; para Darling es importantísima Madre de Huesos, su abuela,  que la cuida  mientras su madre está vendiendo en la frontera; Makhosi es primo de Darling y como el padre de ésta está en Sudáfrica, pero ninguno de ellos da señales de vida hasta que el padre muy enfermo vuelva a morir a casa; el curandero Vodloza es asimismo una personalidad respetada en el barrio de Paradise. Junto a estos mayores, podríamos decir tradicionales, que viven siguiendo las pautas atávicas de su pueblo, se hallan otros seres distintos, diferentes, como MadreAmor, la única persona que no corre a recoger los regalos que la ONG que los visita les lleva cada vez que lo hace; también es muy importante NacidoLibre, hijo de MaDubeNacidoLibre iba siempre junto a Mensajero hasta que fue asesinado y Mensajero tuvo que salir del país para evitar seguir la misma suerte. Estos dos personajes introducen en la novela el asunto de la lucha llevada por la oposición política contra el Anciano Presidente que gobernó dictatorialmente el país desde 1987 (Zimbabue logró su independencia en 1980) hasta su caída en 2017 en que un golpe de estado lo derrocó. Aunque no se le nombre este anciano presidente es Robert Mugabe quien tras conseguir al frente del ZANU la independencia de la antigua Rodesia se perpetuaría en el poder. Contra su falta de democracia y de respeto a los derechos humanos se levantó el Movimiento por el Cambio Democrático del que Mensajero y NacidoLibre, con seguridad, formaban parte. A ellos les pasó como a muchos otros zimbabuenses que creyeron en la Democracia prometida durante la lucha por la Independencia, al negárseles buscaron el Cambio, por lo que fueron perseguidos y algunos como NacidoLibre murieron.

Zimbabwe, Rodhesia, Robert Mugabe, Descolonización
A través de todos estos personajes sabemos de la reciente historia de Zimbabue y también de algunas de sus costumbres más arraigadas. Es a partir de la llegada de Darling a USA cuando, por contraste con las de América, se nos muestran más a las claras las peculiaridades de la cultura del país africano: del bullying infantil Darling toma conciencia por vez primera en Detroit; la obesidad y la anorexia, desconocidos ambos trastornos por la niña hasta verlo en USA; el distinto concepto de sufrimiento en uno y otro lugar: en África sufrir es pasar hambre e incluso morir por su causa, nada que ver con lo que en USA denominan sufrir; la manera de conocer el sexo en uno y otro país; la familia y atención a los mayores en Zimbabue tan distinta a la americana; la educación a los niños aquí y allí; el consumismo feroz frente a la constante escasez; etc.

La novela me ha parecido más una colección de relatos sueltos unidos por un leve hilo conductor que una novela en su pleno sentido. Apareció en 2013 y antes de ella NoViolet Bulawayo sólo había publicado un relato corto en 2011 ganador del Premio Caine para escritores africanos titulado "Hitting Budapest" que está en la base de esta primera obra extensa de la joven escritora zimbabuense afincada desde sus diez u once años en Norteamérica. "Necesitamos nombres nuevos" es una mirada nostálgica a la tierra de sus padres, la de sus antepasados, pero al tiempo también la expresión del convencimiento de haber hecho lo que debía hacer para salir adelante dado que en el país controlado dictatorialmente por el viejo presidente Mugabe no había esperanza de progreso alguno. El hambre era atroz, los abusos de los grupos paramilitares sobre la población blanca acomodada y la clase media productiva negra terribles; precisamente fue la ira contra los antiguos colonos blancos que detentaban los medios de producción y la destrucción de viviendas de la población negra acomodada lo que hizo caer la economía del país a unos niveles ínfimos. Familias como la de la narradora, la niña Darling, hubieron de abandonar sus antiguas casas para vivir en chabolas una existencia terrible. La Revolución se cargó la democracia esperanzadora traída por la independencia. En esta dura contradicción -el amor al país y el odio a sus dirigentes- se mueve la narradora, auténtico trasunto de la novelista.

Feminismo africano, #Metoo en África, Literatura africana
La novela tiene dos partes claramente definidas: una sucede en Zimbabue y la otra en USA. Da la impresión de que la escritora para dar visibilidad al mundo africano hace uso de cierto maniqueísmo que pone a África en el lado de los buenos frente a América, paradójicamente colocada en el lado de los malos. Es la contradicción eterna, ¡muy entendible!, de quien arrastra el sentimiento del desarraigo y evoca el Paraíso de su niñez, feliz pese a todo, en el país donde nació pero al que no desea volver porque las carencias y maneras de vivir allá chocan ya con su nueva mentalidad. 

El capítulo titulado 'Como se marcharon’ (págs. 127-128), que habla de la emigración, está situado justo en la mitad del libro, y sirve de gozne para marcar el inicio de la vida de la narradora en EEUU. Es en mi opinión, junto a los titulados "Cómo vivían" (págs. 204-215 ) y "Esto no es un juego" (págs. 116-126), literariamente hablando, de lo mejor de toda la novela. Es en ese capítulo en el que cuando Darling va a despedirse de su abuela Madre de Huesos ésta le dice unas palabras en mi opinión muy importantes: “qué clase de vida es ésta cuando todos nacéis para marcharos en tropel a otras tierras qué va a ser de este país va a ser una ruina”. En los otros dos capítulos citados hay momentos de verdadera altura literaria, algo que en mi opinión no abunda en esta novela, la cual se centra más en el aspecto denuncia de una situación bastante olvidada por Occidente (la de Zimbabue) y en el emocionado homenaje por parte de la novelista prácticamente ya norteamericana de facto a una cultura en severo peligro de desaparición. Pues bien esos momentos en los que se percibe a la escritora que NoViolet Bulawayo lleva dentro están contenidos en frases como las siguientes:
  • En América, vimos más comida de la que habíamos visto en toda nuestra vida, y estábamos tan contentos que rebuscábamos en los contenedores de nuestras almas para recuperar los trozos rotos y sucios de Dios.” (p. 205)
  • Cuando estábamos solos, llamábamos a los caballos de nuestros idiomas, montábamos sobre sus lomos y galopábamos entre los rascacielos.” (p.206)
De interesante hallazgo me parece la metáfora de las casas que se utiliza en la novela para presentar  la historia del país vista por cada una de las tres generaciones de mujeres que aparecen en ella:  en la perspectiva de Darling, 2 casas: la de ladrillo y la chabola hecha de latas; para la madre de Darling y la tía Fostalina, 3 casas: la casa de antes de la independencia, la de la independencia y la de cuando todo empezó a venirse abajo; y para Madre de Huesos, 4 casas: 'la casa de antes de que los blancos viniesen a apropiarse del país, cuando mandaba un rey; la casa de cuando llegaron los blancos y se apropiaron del país y entonces hubo una guerra; la casa de cuando los negros recuperaron el país, después de la independencia, y luego la casa de ahora' cuando el presidente anciano tiene sojuzgado al país.

Y sin lugar a dudas también hay un muy buen hacer literario cuando la novelista transfigurada en la niña que es Darling usa los tiempos verbales, el tono narrativo y la sintaxis tal y como hacen los niños pasando del pasado al presente visualizado, vívido, actual, que es propio en ellos:
Nos apretujamos en la chabola de MadreAmor como granos de arena, y dentro hace un calor sofocante y huele a sudor de adultos y a sobacos y a licor.” (66) 
Quizás, como escritora novel que es, NoViolet en esta opera prima peque en exceso de acumular en la misma temas y más temas. Cada capítulo, o sea, cada relato, viene a plantear un asunto referenciado siempre a Zimbabue: el sida, las minas de oro, el black power, el animismo, las ONG, el desencanto tras la consecución de la independencia, el cementerio de Heavenway, etc. Como ya he dicho, un capítulo que me ha gustado especialmente y que marca el cambio en la narradora es 'Como se marcharon’ en el que habla de la emigración, asunto importantísimo y emotivo por demás. A partir de aquí, en la parte situada en América, también se acumulan los temas: el bullying escolar (pp.144-145), la obesidad mórbida (p. 148), las bodas de conveniencia para lograr papeles legales de residencia (p. 150), la educación infantil aquí y allí (p. 158), el consumismo (tía Fostalina y sus compras televisivas en p.165), los problemas del emigrante con el idioma (pp. 168-170), internet: el porno y lo snuff (pp. 183-4), la desculturización del emigrado forzoso (capítulo “Cómo vivían” en pp.. 204-215), la anorexia y la bulimia en las chicas jóvenes (228), etc., etc.

Teju Cole, Chimamanda Ngozi Achidie, NoViolet Bulawayo
Sobrevolando toda esta inmensa acumulación de asuntos aparece uno, el de las mujeres, que se alza por encima de todos. Sí, en efecto, en esta obra, como en otras escritas por escritores africanos como los nigerianos Chimamanda Ngozi Adichie o Teju Cole, queda patente que son las mujeres las que llevan a sus espaldas el destino de África. Los hombres están trabajando en las minas, luchando en grupos militares o paramilitares, o bien como el padre de Darling han emigrado a Sudáfrica en busca de un futuro mejor, se supone, para ellos y sus familias... El caso es que son ellas, las mujeres, las que sacan adelante como pueden a los niños que ellos les hacen (el caso de Chipo es lacerante), las que transmiten el saber ancestral, las que se rebelan contra la exhibición de que son objeto por ese lavado de conciencia que en gran medida son las ONG que los visitan, las que dan el paso y abandonan el país en busca de un futuro mejor que piensan devolverle en cuanto puedan (Darling), y también las que se quedan cargando sobre ellas el peso de sacar adelante a las personas y las cosas (Chipo).

Final
Una novela que como ya me ocurriera con "Americanah" de Chimamanda Ngozi que leímos hace ya más de cuatro años en el grupo de lectura "más que palabras..." [crónica de dicha tertulia aquí] toca temas sensibles muy importantes. Son novelas que funcionan muy bien en tertulias por el debate que los asuntos planteados suscitan. Sin embargo, y con esto no quiero desmerecerlas en absoluto, literariamente -es mi opinión sobre estos dos títulos que conozco- no me aportan grandes cosas aparte del testimonio que difunden, importantísimo en su función socio-política de despertar conciencias dormidas y eliminar los tópicos que en Occidente funcionan sobre África y los africanos. Por lo demás en el terreno formal -y me refiero ya a la novela de NoViolet Bulawayo- es una escritura poco atrevida efectuada en primera persona de manera lineal y siguiendo las equilibradas pautas de construcción literaria que suelen darse en las escuelas de escritura creativa. En este sentido es un buen trabajo, y es esperable que la autora se arriesgue formalmente más en futuras creaciones que por ahora y desde 2013, año en que vio la luz "Necesitamos nombres nuevos", no han aparecido.

13 feb. 2019

"En la playa de Chesil", película. "Chesil Beach", novela

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Ayer vi por televisión "En la playa de Chesil", la versión cinematográfica de la novela de Ian McEwan, "Chesil Beach". Es curioso ver en imágenes lo que antes imaginamos en nuestra mente a través sólo de la palabra escrita. Lo primero que me ha sorprendido al abrir mi fichero de lecturas es comprobar -una vez más, ¡dios!- que el tiempo vuela (casi 12 años las separaban). Resulta que mientras en mi cabeza conservaba, creía yo, clara y nítida la historia de amor habida entre Edward y Florence, al ver la película dirigida con habilidad por Dominic Cooke me he dicho: ¿es esta la misma historia que leí en papel?

Billy Howle, Saoirse Ronan, Dominic Cooke, Ian McEwan
La verdad es que en lo esencial, una noche de bodas totalmente desafortunada entre dos jóvenes de extracción social muy distinta, vírgenes ambos de relaciones sexuales, la película concuerda bien con lo que yo recordaba: 

Edward (Billy Howle) y Florence (Saoirse Ronan) están profundamente enamorados y se han casado. En su penosa noche de bodas a través de varios flash-backs conocemos a sus familias: los Mayhew y los Ponting, respectivamente. Lionel (Adrian Scarborough), el padre de Edward, es director de escuela y está plenamente entregado a su familia dado el estado de su esposa, Marjorie (Anne-Marie Duff), la madre, que sufre daño cerebral desde que Edward tenía 4 años; el grupo familiar se completa con las hermanas gemelas de Edward. Del lado de Florence está Geoffrey (Samuel West), su padre, siempre preocupado por sus negocios y por su barco de recreo; en cuanto a la madre, Violet (Emily Watson), ésta sólo se preocupa por sus clases en la Universidad; y por último está Ruth (Bebe Cave), la hermana adolescente de Florence.

Ambos, pues, proceden de dos familias muy diferentes, de extracción social muy diversa. Edward es un chico de clase media que vive los problemas de los chicos de su época -1962- referidos a sexo, aficiones musicales (jazz, rock…) y que tiene como aspiraciones tras sus estudios de Historia en la Universidad de Oxford (Inglaterra) ser profesor y escribir biografías sobre personajes históricos que no alcanzaron gran notoriedad en la historia pese a haber contribuido decisivamente al protagonismo de los héroes.
Florence, por su parte, pertenece a una clase alta inglesa con grandes apetencias culturales (la música clásica es lo que la mueve); parece vivir un tanto al margen de las pulsiones vitales de su época, sobre todo las referidas al sexo, su auténtico problema.

Ian McEwan, Chesil Beach
La estructura novelística es simple. Sólo cinco capítulos que van alternando el presente y el pasado hasta el 5 en el que todo se precipita y ambos tiempos se combinan más rápido. [Las citas en color azul que coloco a continuación van referidas a las frases con que se inician los respectivos capítulos. En color rojo las frases que cierran la novela]

1.
El capítulo apenas si dura una hora (lo que dura el noticiario de las 10 de la noche). Sirve este noticiario para contextualizar la historia: estamos en 1962 (Kennedy, Vietnam, Harold MacMilland en Gran Bretaña…). Es la noche de bodas de Edward y Florence. Se abre la novela con una advertencia-marco enunciada por el propio narrador-autor que en cierto sentido ya adelanta lo que puede acontecer:
"Eran jóvenes, instruidos y vírgenes aquella noche, la de su boda, y vivían en un tiempo en que la conversación sobre dificultades sexuales era claramente imposible. Pero nunca es fácil."
2.
"¿Cómo se habían conocido y por qué eran aquellos amantes tan tímidos e inocentes en una era moderna?"
Sabremos que se conocieron en Oxford donde estudiaron, él Historia, y ella Violín en el Conservatorio. Por formación y gustos son antagónicos: Él, más vital y popular: alcohol, alguna pelea a la salida del pub, deseos reprimidos (se masturba diariamente, bebe…), lo único cultural en su vida cotidiana es la música popular (jazz y blues: Chuck Berry, John Mayall, Brian Knigth…)
Todo esto lo conocemos en el breve lapso de tiempo que va del final del capítulo 1 donde el escritor ha dejado en suspenso el acercamiento de los dos jóvenes esposos al dormitorio donde se halla el tálamo conyugal.

3.
"Cuando Florence llegó al dormitorio, soltó la mano de Edward y, apoyándose en uno de los postes de roble que sostenían el dosel de la cama, se encorvó primero hacia la derecha y después hacia la izquierda, inclinando un hombro con gracia cada vez, a fin de quitarse los zapatos."
Ella intenta sobreponerse a la aversión que le supone realizar el acto sexual. Pero todo va a ser en balde pues la torpeza de ambos es evidente: la frigidez en ella la congela; la urgencia en él lo acelera, precipita, atropella y abrevia. Asco y desilusión se unen en Florence ante lo sucedido.

4.
En el año breve que transcurrió entre el encuentro con Florence en St. Giles y la boda en St. Mary, a menos de ochocientos metros, Edward fue un huésped frecuente de una noche en la amplia mansión victoriana al lado de Banbury Road.
Este capítulo explicita bien a las claras la enorme distancia social entre ambas familias y, pese a ello, el profundo amor que se profesan los jóvenes.

5.
Le vio acercarse caminando por la playa, una forma que al principio sólo era una mancha añil contra los guijarros que se oscurecían, y que a veces parecía inmóvil, contornos que destellabana y se disolvían, y otras veces súbitamente más próxima, como una pieza de ajedrez adelantada unas cuantas casillas hacia ella.”
En esta última parte se nos informa a un ritmo algo atropellado del discurrir de la vida de ambos tras el fiasco de la noche de bodas. El  foco está puesto en Edward que sigue a través de los diarios la exitosa carrera musical de la señorita Florence Ponting a quien nunca querrá ver en directo porque desea conservar en su memoria el momento de la separación cuando ella “no había querido saber que al huír de él, convencida en su congoja de que estaba a punto de perderle, nunca le había amado más, o con menos esperanza, y que el sonido de su voz habría sido una liberación para ella, y habría vuelto. Pero él guardo un frío y ofendido silencio en el atardecer del verano y observó la premura con que ella recorría la orilla y cómo las olitas que rompían acallaban el sonido del avance trabajoso de Florence hasta que sólo fue un punto borroso y decreciente contra la inmensa vía recta de guijarros relucientes a la luz pálida.

Todo lo dicho hasta aquí queda bien reflejado en el film. Pero, no sé a santo de qué, quizás como una concesión al gran público que desea historias cerradas que concluyan completamente sin dejar opción a imaginar qué habría pasado si..., el propio novelista en mi opinión yerra en su condición de guionista del film añadiendo una lacrimógena asistencia de Edward a un concierto ofrecido por el cuarteto musical liderado por Florence. Ambos ya sexagenarios, como pone de manifiesto la fecha sobreimpresa de 2005 y un maquillaje atroz que se ve falso hasta el extremo, lloran copiosamente cuando desde la distinta altura que supone el escenario y el patio de butacas -metáfora de la social que siempre existió entre ellos- se descubren y no pueden evitar las lágrimas pues en el fondo se han seguido amando y los prejuicios, la desinformación represora de unos años terribles los han abocado a perder una vida que podría haber sido bien distinta para ambos. En mi opinión, excesivo y ramplón este final.

Pese a esto la película se ve estupendamente y se disfruta la historia desgraciada de estos dos inexpertos jóvenes. Destaca especialmente la interpretación de ella, Saoirse Ronan, que compone una Florence de lo más creíble en sus dudas, sus apremios, sus ascos, sus melindres, sus contradicciones de jovencita enamorada que exactamente no sabe lo que quiere. También Billy Howle se mete a la perfección en el personaje del muchacho brutote y poco cultivado al que un poco más de sensibilidad y algo menos de estúpido orgullo habría salvado toda una vida de amor. El resto del elenco está también formidable: Adrian Scarborough en el padre de Edward, esforzado como pocos para sacar adelante a su mujer interpretada por Anne-Marie Duff quien transmite verdad cuando la vemos metida en ese mundo de práctica y conocimiento pictórico al que Marjorie reduce toda su existencia; y también la interpretación que realiza Samuel West de Geoffrey, el odioso padre de Florence sólo preocupado por lo suyo y que disfruta humillando de cualquier modo a su futuro yerno.

En conclusión, una buena película que pese a contar entre sus guionistas al propio novelista no llega a la altura de belleza y de matices que Ian McEwan transmite en su novela corta "Chesil beach". Tras conocer la historia de estos dos enamorados en ambos soportes, me quedo indudablemente con el original, o sea, con esa joyita que es una novela que no alcanza las 200 páginas.

4 feb. 2019

Colette: "La gata" ('La chatte')

23 comentarios:
Novelistas eróticos. Feminismo, Comerte, mujeres modernas
Antes de nada explicaré cómo llegó "La gata" a mis manos. Alguien a quien le sobraban o no le cabían ya más libros en casa decidió dejar el ejemplar de la editorial Orbis que he leído en la mesa que la Biblioteca "Rafael Alberti", en mi  barrio, tiene dispuesta para este menester. Es una sabia decisión la de la dirección de este establecimiento que sirve para que lectores desconocidos entre sí intercambien volúmenes que de otro modo acabarían simplemente reducidos a pasta de papel.

Colette fue hasta ayer mismo una de mis lecturas pendientes. La conocia, claro,  por haberme topado con ella durante mis años universitarios y también por la aureola de escritora 'picante' que tenía entre los jóvenes que entonces éramos. Luego, no sé por qué, su nombre dejó de sonar y pasó a engrosar el limbo donde aguardan los grandes autores a que el soberano público vuelva a mirarlos, a leerlos, a valorarlos en lo que valen. Yo ahora, por azar, como ocurre  tantas veces con tantas cosas en la vida, me he encontrado con ella, y he decidido, aprovechando la iniciativa "12 lecturas pendientes" puesta en marcha por Ana Bolox en su blog, solventar la primera de ellas.  También esta novela será una de las que incluya en la III  edición del Reto "Nos gustan los clásicos" propuesto por Francisco del blog "Un lector indiscreto"

La escritora
Sidonie-Gabrièlle Colette nace en 1873 en una pequeña localidad de la Borgoña francesa. A los 20 años se casa con el escritor libertino Henry Gauthier-Villars, quien pronto reconoce en ella cualidades para la escritura, por lo que la explota como ya hacía con otros "escritores negros" firmando como propias las narraciones que le animaba a escribir. Las primeras narraciones firmadas por ella son las que constituyen fundamentalmente la serie de las Claudine (1900-1903).

Parnasianismo, Simbolismo, Novela simbolista
Colette abandonará a su marido harta de sus infidelidades y se unirá a una compañía de music-hall con la que desarrollará su faceta de artista teatral. En este ambiente de lberalidad descubre su bisexualidad teniendo varias amantes femeninas.  La nómina de amantes es amplia y está constituida por nombres importantes de ambos sexos. Entre los que tienen relación con la literatura destacan la escritora Helène Picard, el escritor Jean Cocteau y Paul Valery. Se casa en segundas nupcias en 1911 aunque vuelve a divorciarse en 1923.

Tuvo una actividad multidisciplinar: Escribe narraciones en periódicos, colabora con el compositor Maurice Ravel, conoce adaptaciones teatrales de algunas de sus novelas, fue crítica teatral durante varios años, publicó libros memorialistas en los que reflejó los años más escandalosos de su juventud, fue lectora compulsiva muy conocedora de la literatura contemporánea (Alphonse Daudet, Kipling, Proust, Conrad...) y la anterior a ella (Balzac, Flaubert, Baudelaire, Poe, Leconte de Lisle, Verlaine...). Amante de la Naturaleza era lectora y coleccionista de libros de entomología, zoología, ocanografía...

Murió Colette en París el año 1954. Su fama era tal que, pese a que la Iglesia le negó funerales catolicos por su condición de atea, se le rindieron honores de Estado en unas pompas fúnebres que nunca más se le han vuelto a hacer a un escritor.

"La gata"
Esta novela vio la luz el año 1933. Un año antes habia aparecido publicada en una revista la primera entrega de una de sus obras más escandalosas, "Lo puro y lo impuro", una especie de biografía de la poetisa lesbiana inglesa Renée Vivien que ella había conocido personalmente. Fue tal el revuelo que esta primera parte suscitó entre los lectores que las protestas de éstos provocaron que no llegase a publicarse la segunda. Asi pues cuando "La gata" aparece la opinión de los lectores sobre la escritora estaba ya más que establecida. Colette era tenida por una buena autora que tocaba temas de la vida hasta entonces ocultos por ser considerados pertenecientes a la intimidad de las personas y estimar que los mismos eran más propios de publicaciones sicalípticas que otra cosa.

Comerte, La Chatte, La gata
Sinopsis (ofrecida por la propia editorial)
En esta obra de madurez Colette narra la historia de un triángulo amoroso formado por Camille, su marido Alain y la gata Saha, objeto de las mejores atenciones de Alain, pero rival de Camille. La autora construye una conciencia simbólica en la gata, que es también la piedra de toque de su personal literatura y un tesoro irrenunciable de la infancia que se resiste a desaparecer. La gata reúne lo ficticio, lo íntimo, lo real y lo pasional del amor, lo imaginario y lo autobiográfico, en un lenguaje directo y un tanto mordaz que nos introduce en el rico mundo sensitivo de Colette. Esta novela corta, fábula moderna sobre los celos, representa una poderosa crítica frente a las convenciones de la burguesía y un paso decisivo en el ideario de la mujer independiente

Mi opinión
Esta breve narración me ha parecido muy interesante tanto por el tipo de mujer moderna, abierta y liberal, que es el personaje de Camille, joven de 19 años, en contraste con el de Alain, un hombre de 24 años fuertemente atado pese a su edad a su madre, a la casa donde ha vivido desde su nacimiento y a todos los elementos y habitantes de ésta, entre los que está incluida en primer lugar la gata Saha.

Nada más iniciarse el relato estamos a poco más de una semana del matrimonio que han de contraer estos dos jóvenes: El es el chico de los Amparat-de-la-seda y ella la chica de las Secadoras-Malmert, “una muchachita que no es de nuestra esfera, decía madame Amparat-de-la-seda” (pág. 40). Pese a esta diferencia de clase la unión es conveniente para los Amparat dado el fortísimo ascenso e importancia que las clases medias innovadoras procedentes de extractos sociales históricamente más desfavorecidos están teniendo en el París del momento. A esta nueva clase pertenece la familia de Camille quien personifica en su manera de ser la fuerza imparable de un nuevo mundo que se abre paso.  Frente a ella está un débil Alain que, pese al indudable atractivo de su primero novia y enseguida esposa, sólo es feliz en esa casona familiar decadente y vieja dominada por una madre castradora. Ni siquiera el buen sexo practicado con Camille es suficiente para mantenerle feliz a su  lado. El parece estar más enamorado de su gata Saha, personaje que representa la falsedad y antigüedad de un mundo en descomposición.

La historia presenta a una joven mujer que lucha con naturalidad por conservar el amor de su joven esposo. Nada más casarse, a la espera de que les finalicen la casa que se están construyendo, la pareja vivirá en un apartamento que les presta Patrick, amigo de Alain, que está veraneando en las islas Baleares. Camille piensa que esta vida en común, lejos de la madre de Alain hará mucho bien a su matrimonio, pero no contaba con que entre ella y su marido se interpondrá Saha, la gata. Saha es para Alain más que un animal doméstico, es un ser al que ama por encima de todas las cosas, es un ser que lo mantiene encapsulado en una perpetua adolescencia de la que Camille querría sacarlo para llevar una vida totalmente normal. Es asi como ella empieza a sentir celos de la gata y Saha prácticamente también de ella. Entre ambas se desarrolla una guerra sorda -dos gatas en celo- que Alain adivinará y solucionará poniéndose del lado del ser que él más ama.

La anécdota no da para más. Lo mejor de esta novela corta es la manera como está contada. En primer lugar me ha sorprendido la profusa prosa de Colette: una escritura preciosista, muy colorista, cargada de adjetivación con la finalidad de provocar en el lector sensaciones complejas y muy variadas. La Naturaleza penetra con fuerza en el relato; y lo hace especialmente a través de Saha, la gata doméstica cuya felinidad simboliza la entrada de la Naturaleza exterior en el mundo civilizado y por lo tanto falso e hipócrita de la casa familiar. Colette provoca en el lector una emoción plástica grande, en parte derivada del léxico floral tan hermoso que ella utiliza: clemátides, vincapervinca, plúmulas del árbol-peluca… Al logro de esa belleza plástica se añade el empleo de sinestesias muy logradas: “una bandada de abejas encima de la hiedra en flor sostenía una nota de timbal grave”. También las personificaciones (prosopopeyas), el atinado empleo del monólogo interior -sobre todo en el personaje de Alain, siempre reticente con su joven esposa-, y algunas preciosistas alusiones culturalistas sobre todo por parte de Camille, contribuyen a esta belleza plástica y colorista que hay en esta novela corta.

Wash Westmoreland, Novela francesa, mujeres liberadas, Feministas
La belleza cromática y sensual conseguida por Colette en su prosa relaciona claramente a la novelista con el parnasianismo de Leconte de Lisle, uno de los escritores franceses contemporáneos inmediatamente anterior que ella admiraba. Pero Colette no se queda sólo en el ritmo y la consecución del arte por el arte propios de esta corriente postromántica, ella ahonda más y hunde su prosa en el simbolismo de un Edgar Allan Poe o de su admirado Paul Verlaine quienes, postrománticos como los parnasianos, querían penetrar también en el lado oscuro de éste, en las correspondencias o correlaciones entre el mundo sensible y el espiritual, entre lo manifiesto y lo oculto. Colette aúna en su prosa -"La gata" es un claro ejemplo- esta dualidad estética. La sensualidad, el erotismo, presentes en Camille; y la espiritualidad, el thánatos,  representados en Alain. Entre ambos, Saha, la gata -la 'chatte' en francés, término con el que en el lenguaje popular se hace referencia al órgano sexual femenino-. Es precisamente la chatte sobre lo que, en un atinado y preciso proceso de atracción--repulsión  pivota esta novela corta.

Colette, de quien se acaba de realizar en 2018 un  biopic cinematográfico dirigido por Wash Westmoreland y protagonizado por Keira Knightley, (la película, que aún no he visto, se estrenó en España el pasado noviembre con una desigual repercusión) fue una feminista 'avant la lettre', que en su vida y obra se empeñó por manifestar la superioridad en muchos aspectos y circunstancias de la mujer sobre el hombre. "La gata" (la chatte) simboliza esta superioridad, ese miedo informe de muchos hombres a la mujer, al misterio de la mujer, a la sexualidad femenina, a su alegría, a su esplendor y belleza, en definitiva, a su libertad.

Algunas citas de la novela
  • Adjetivación colorista: "La tarde de junio, cargada de luz, tardaba en inclinarse del lado de la noche. Unos vasos vacíos, encima de un velador de mimbre, que tenían los grandes zánganos rubios; más debajo de los árboles, salvo los pinos, se extendía una zona de impalpable humedad, promesa de frescura. Ni los rosados geranios que prodigaban su meridional perfume, ni las adormideras de fuego, sufrían del seco verano que se iniciaba.
  • El monólogo interior: “Y tan abstraído estaba que omitió cortar por el atajo más corto entre Pontchartrain y el fielato de Versalles, y Camille en sueños, refunfuñó. “Bravo -aplaudió Alain-, buen reflejo... pequeños sentidos fieles y vigilantes. ¡Ah, qué deliciosa te encuentro! ¡Qué fácil es nuestra armonía cuando tú duermes y yo velo!
  • Preciosismo y plasticidad:  “Tendió la espalda al manto de sol suave y entornó los ojos, desacostumbrados al haber de reverberación del césped, al cálido calor ascendente que lanzaban un apretado bloque de amarantos de carnosas crestas, un manojo de rojas salvias rodeadas de heliotropos.” (174) 
  • La preferencia por una gata (chatte): “Respiraba sobre su cuerpo el perfume único de la soledad, el áspero aroma felino de la hierbas y el boj en flor.” (129) 
  • La personificación (prosopopeya) es un recurso retórico frecuente: “La creciente luz revelaba en las terrazas, al borde de los balcones, en los patinillos donde languidecían los arbustos cautivos, el desorden de una noche calurosa, prendas olvidadas en una chaise longue de mimbre, vasos vacíos en un velador metálico, un par de sandalias. Alain detestaba el impudor de los pequeños alojamientos oprimidos por el estío, y de un salto volvía a su cama, pasando por una entreabierta puerta de la vidriera.”(133)

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