12 mar 2020

El infinito en un junco. Irene Vallejo, Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019

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Mi tía Marina falleció a los 91 años. La recuerdo diez o quince años antes de dejarnos, cuando en la calle veía niños corriendo o jugando, comentar para sus adentros pero en voz alta: "El mundo no se acaba". Exactamente esta idea, 'el mundo no se acaba' o 'la vida sigue', es la que mientras leía este ensayo narrativo de Irene Vallejo Moreu constantemente me asaltaba.


Es más, pienso que no sólo no se acaba, como en ocasiones con cierta impertinencia quienes vamos peinando canas queremos creer por eso de que después de nosotros el caos, sino que hay mucha vida después como demuestran escritores como Irene Vallejo que se mueve como pez en el agua en la difusión, promoción y divulgación de la cultura clásica. 

Yo, modestamente, me considero amante de los libros. En todos los sentidos me gustan. Me gustan por lo que dicen; me gustan, claro es, por cómo lo dicen; me gustan por su forma externa; me gustan sus portadas, sus lomos, sus guardas al agua o no; me gustan por sus títulos; me gustan... en definitiva... por todo. También me gusta verlos colocados en estudiado desorden en los expositores de las librerías o apilados en descuidado desorden, esta vez sí, en las librerías de lance. Acudir a las bibliotecas y buscar por las estanterías en los tejuelos fijados en sus lomos la signatura del volumen ansiado es actividad que frecuento. Tampoco me pierdo las ferias, fiestas y celebraciones que en torno al mismo se realizan. Desde muy temprana edad el Día del Libro, que se celebra todos los años el 23 de abril, cuando los libreros sacan sus expositores a las calles, me ha gustado. Ese día raro es el año que no adquiero algunos ejemplares aprovechando los descuentos promocionales que se realizan; además en ocasiones el gremio de libreros edita algún ejemplar sobre la lectura o regalan algún libro a los compradores. Recuerdo -¡y conservo!- con cariño difícil de explicar "¿Cómo leer un libro?" de Dolores Rico Oliver con ilustraciones del genial Antonio Mingote que hace cerca de cuarenta años regalaron a los compradores. Mi atracción por los libros me lleva a no perderme cuantas casetas librescas crecen como setas en Muestras dedicadas al libro sea antiguo, de ocasión o de todos los tiempos. Me encanta husmear por ellas, hojear algunos, voltearlos para ver sus contraportadas, examinar el índice o cotillear en las biografías de los autores...

Por lo dicho hasta aquí creo que a nadie extrañará que el libro de esta zaragozana me haya encantado. Explicaré un poquito por qué. En primerísimo lugar está la sencillez comunicativa con la que Irene Vallejo se maneja. Utiliza una exposición clara, diáfana, directa, sin alambiques; pero ello no quita para que en no pocas ocasiones utilice figuras expresivas que insuflan belleza a un texto que, en principio, podría resultar aburrido, abstruso o sólo del gusto de los muy especialistas en el mundo antiguo. Afortunadamente, y de ahí el enorme éxito popular del libro, nada de esto ocurre en "El infinito en un junco" que en manos de la autora se codea en ocasiones con la alta literatura. Hay metáforas bellísimas que llegan muy adentro: "Los primeros relatos de tu vida entraron por las caracolas de tus orejas; tus ojos aún no sabían escuchar", leemos en un momento; y en otro lugar citando a la poeta rusa Anna Ajmátova la prosa de la ensayista no va a la zaga de los versos de la poetisa:
"Un día, al enfrentarse en el espejo con su aspecto demacrado y los surcos que el sufrimiento estaba abriendo en su cara, ella recordó la imagen de las antiguas tablillas mesopotámicas. Y escribió un verso triste e inolvidable: «Ahora sé cómo traza el dolor rudas páginas cuneiformes en las mejillas»."
Fundamental en el aprecio sentido por la obra ha sido para mí el placer que proporciona viajar por Egipto, Grecia o Roma hasta hoy mismo a bordo de la prosa de Irene. La comprensión del mundo antiguo mostrado se evidencia a través de la naturalidad con que en el ensayo se equipara, por ejemplo, a un bardo del siglo VII aC con un escritor posmoderno dada la forma que tienen ambos de entender su obra como versión, nostalgia, traducción y constante reciclaje del pasado, o la evocación producida en mi cabeza del tema de los Doors, 'Riders on the storm', cuando en pirueta magnífica la escritora imagina a la anónima persona -un hombre, sin duda, dados los parámetros de la época- que ideó los signos del alfabeto:
"Él vivió en el siglo VIII a. C., hace veintinueve siglos. Cambió mi mundo" [...] "Con seguridad fue amigo de curtidos mercaderes fenicios de rostro bronceado. Seguramente bebió con ellos en las tabernas de los puertos, de noche, aspirando el olor del salitre en el aire mezclado con el humo que subía de un platillo de sepia sobre la mesa, mientras escuchaba historias de mar. Barcos cabalgando en la tormentas, olas como cordilleras, naufragios, costas extrañas, misteriosas voces de mujer en la noche."
Después de leer fragmentos como el citado anteriormente no puede extrañar que, pese a estar ante un ensayo sobre la historia de los libros desde su primera aparición hasta nuestros días, el programa cultural radiofónico de RNE el Ojo Crítico le haya concedido el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019. Naturalmente que es oportuna la concesión porque hay mucho de narración en la obra que reflexiona en hermosa metáfora sobre juncos [los papiros egipcios se fabricaban con juncos que crecían en el delta del Nilo] capaces de albergar el infinito en ellos. Realiza la autora una hibridación entre géneros construyendo un ensayo que se mueve en la frontera entre la pura exposición personal, aguda y original sobre el asunto y la construcción de un relato que le sirve para ahormar la inmensidad de materiales que con soltura, gracia y conocimiento maneja.

 Ese sinfín de sabiduría la vierte Irene Vallejo en su ensayo de manera estudiada, avanzando y retrocediendo en el tiempo desde el lejano pasado hasta hoy mismo pero también efectuando paralelismos al estilo de los autores clásicos entre el tratamiento dado a unos mismos asuntos en Grecia y en Roma, o entre la manera de trabajar en la biblioteca de Alejandría y en la de Pérgamo, o la actitud tenida ante el objeto libro por los romanos paganos y los cristianos perseguidos por sus creencias, etc. Todo, como ya he dicho, comparándolo las más de las veces con actitudes actuales, con objetos usuales entre nosotros, con argumentos presentes en prestigiosas obras literarias de los últimos siglos ("El lector" de Bernhard Schlink, la novela negra de Ruth Rendell "Un juicio de piedra", la novela del escritor nigeriano Chinua Achebe "Me alegraría de otra muerte", "El país de las últimas cosas" y "La invención de la soledad" de Paul Auster, "Finnegan’s Wake" de Joyce, "Mientras agonizo" de Faulkner,... y tantos y tantos otros).

Es así mismo evidente que la autora de "El infinito en un junco" además de ser experta en literatura de todas las épocas es amante del Cine, género artístico que bebe en grandes creaciones literarias. Leyendo este ensayo son abundantes los títulos de películas ("Taxi Driver" y "Gangs of New York" de Martin Scorsese, "¡Qué bello es vivir!" de Frank Capra, "Matar a un ruiseñor" de Robert Mulligan, "84, Charing Cross Road" -"La carta final" en España- de David Hugh, "La mujer de al lado" de François Truffaut,.. y tantas y tantas otras más).

Cuando la escritora trata de hacernos ver cómo la tradición clásica presente en los libros clásicos llega hasta las manifestaciones artísticas más novedosas no duda en afirmar que Cada nueva forma de expresión —la publicidad, el manga, el rap, los vídeojuegos— los adopta y los realoja.[…] de manera que continúan subiendo a los escenarios de los teatros mundiales, son adaptados al lenguaje del cine y emitidos por televisión. Y es que afirma
"Desde Grecia y Roma no dejamos de reciclar nuestros signos, nuestras ideas, nuestras revoluciones. Los tres filósofos de la sospecha -Nietzsche en la metafísica, Freud en la ética y Marx en la política- partieron del estudio de los antiguos para realizar el giro a la modernidad. Incluso la creación más innovadora contiene, entre otras cosas, fragmentos y despojos de ideas anteriores."
Para mí, aparte del magnífico recorrido que junto a Irene Vallejo realizamos por las bibliotecas de Alejandría, de Pérgamo, de Roma, la obra es más que interesante por el enorme número de anécdotas que contiene referidas a multitud de vicisitudes vividas por autores de muchos de los libros que nombra (Homero, Platón, Aristóteles, Erastótenes, Calímaco, Plauto, Julio César, Cicerón, Aristófanes, Tucídides, el poeta bilbilitano Marcial, Safo de Lesbos, Eurípides, Esquilo, el cordobés Séneca, etc., etc.). El listado de escritores es larguísimo. Baste con estos nombres. Sólo decir que la gracia con que se cuentan y la oportunidad de su inserción en el relato son elementos fundamentales para lograr el placer que la lectura de este ensayo produce. No pocas veces durante la lectura la sonrisa se dibujaba en mi rostro. No cabe otra respuesta anímica cuando se lee que En el siglo I, el humorista Marcial se quejaba: -"Mis páginas sólo gustan gratis", o cuando leemos que en un claro guiño al lector -al público, en su caso- Plauto dice: "Un griego escribió esto, y Plauto lo barbarizó". Desde luego qué inmensa actualidad tiene esta frase, qué cerca nos sentimos del comediógrafo desde el hoy del corta y pega.

Alberto Manguel, Umberto Eco, Jorge Carrión, "Una historia de la lectura", El nombre de la rosa", "Librerías"
El libro que acabo de leer pertenece, como ya he dicho, a esa saga de libros que hablan de libros. En ese hilo hay que situar a "El infinito en un junco". La misma Irene cita y declara su gratitud a obras importantísimas en este campo como "Una historia de la lectura" del argentino-canadiense Alberto Manguel publicada por vez primera en inglés en 1996, traducida al español por José Luis López Muñoz en 1998, y que yo leí con enorme gusto allá por 2003 ó 2004. Constantemente durante la lectura de "El infinito en un junco" recordaba esta estupenda obra de Manguel. También, especialmente, en los capítulos de la IIª parte dedicados a Roma, al hablar del número de bibliotecas que había en la ciudad la autora cita el impresionante libro del español Jorge Carrión titulado "Librerías" [en su momento hice reseña del mismo en este blog] que como ya le está ocurriendo al de Irene Vallejo tuvo -y sigue teniendo- una difusión enorme habiendo sido traducido a la mayoría de lenguas de nuestro entorno
"En su imprescindible ensayo —y ruta de viajes bibliófilos—, Jorge Carrión escribe que el diálogo entre las colecciones privadas y las colecciones públicas, entre la librería y la biblioteca, es tan viejo como la civilización; pero la balanza histórica siempre se inclina por la segunda
En otro momento, también de esta IIª parte titulada "Los caminos de Roma", en concreto cuando la autora se lamenta de la persecución inmisericorde que el objeto libro ha sufrido a manos de dictadores, censores, revolucionarios obtusos o lerdos inquisidores, vuelve al escritor catalán para señalar una de tantas paradojas que han acompañado a la cultura a lo largo de todos los tiempos:
"Como escribe Jorge Carrión, quienes diseñaron los mayores sistemas de control, represión y ejecución del mundo contemporáneo, quienes demostraron ser los más eficientes censores de libros, eran también estudiosos de la cultura, escritores, grandes lectores."
Por último en este sentirse formando parte de un tipo de obras determinado, de un subgénero ensayístico concreto, el de los libros que hablan de libros, me parecen muy relevantes las referencias constantes a otro gran bibliófilo, amante de la vida secreta de los libros. Me refiero a Umberto Eco citado en especial por "El nombre de la rosa", novela histórica culturalista que publicó en 1980, en la que homenajea a los libros, las bibliotecas que los contienen, los estudiosos de los mismos y los enigmas y conocimientos escondidos en éstos. Pero además de por esta espectacular novela también Umberto Eco es citado por su reelaboración para el mundo actual del concepto mito que él como semiólogo estudió y analizó. Respecto al objeto libro y las constantes premoniciones agoreras sobre su inexorable desaparición Irene Vallejo concluye de acuerdo con el semiólogo italiano que el libro
"Como dice Umberto Eco, pertenece a la misma categoría que la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez inventados, no se puede hacer nada mejor."

Para finalizar
Con inmensa satisfacción asistí a la presentación por su autora de "El infinito en un junco" el pasado día 25 de febrero en la librería Rafael Alberti de Madrid. Acompañaron a la escritora en una sala abarrotada la periodista Eva Cruz, la editora de Siruela Ofelia Grande, y la dinamizadora cultural Lola Larumbe al frente de la Librería Rafael Alberti desde al menos hace 39 años.

Por Ofelia Grande, la editora, supimos que el libro va ya por la novena edición, que además del Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019 hacía poco que había logrado el Premio Las Librerías Recomiendan de No Ficción 2020. Fue ella quien, en mi opinión, clavó lo que en definitiva esta obra es cuando textualmente dijo que lo fundamental es que "Es un libro bonito". Parece una tontería, pero para mí no es tal. Verdaderamente este ensayo se lee con gusto no por lo mucho de novedoso que aporta que forzosamente en el campo que indaga no puede ser mucho y tampoco, quizá, por esas estupendas similitudes que establece entre el lejano pasado de los griegos arcaicos con el posmoderno cine de, por ejemplo, Quentin Tarantino, sino especialmente por lo bonito que Irene Vallejo cuenta las cosas por escrito.

Lola Larumbe, Eva Cruz, "El infinito en un junco"
La periodista Eva Cruz centró las preguntas que hizo a la escritora en tres aspectos presentes en la obra: la oralidad, la creación del alfabeto y la de una muy personal experiencia vivida por la autora en su paso por la escuela. A los tres respondió Irene con una voz que enamora a quien la escucha y que contribuye no poco al éxito alcanzado por este peculiar ensayo.

Verdaderamente tras escuchar hablar a la autora, pude concluir leyendo la obra que ella, la aragonesa nacida en 1979, estaba en cuerpo y alma en el texto que tenía en mis manos, que no había simulación ni impostación alguna, sino sinceridad y dulzura naturales emanando de cada palabra, línea, párrafo, capítulo... de su libro. Y cuando se escribe con esta sinceridad, con esta sencillez, con esta naturalidad, es evidente que se logra transmitir y que la comunicación con el lector es total. Logra Irene Vallejo hacernos cómplices de cuanto dice y por eso que a este ensayo le den un premio de Narrativa no extrañará a nadie que se acerque a él.

No puedo abandonar esta reseña en la que es difícil abarcar obra tan cargada de elementos e informaciones sin agradecer a la autora, quien por edad bien podría haber sido alumna mía en su paso por la Enseñanza Secundaria, los agradecimientos que ella a su vez realiza a un nutrido número de profesores de instituto.
Todos esos profesores de instituto que son sembradores de entusiasmo, en particular Chus Picot, Ana Buñola, Paz Hernández, David Mayor, Berta Amella, Laura Lahoz, Fernando Escanero, José Antonio Escrig, Marcos Guillén, Amaia Zubilaga, Eva Ibáñez, Cristóbal Barea, Irene Ramos, Pilar Gómez, Mercedes Ortiz, Félix Gay y José Antonio Laín.
Este sentido homenaje al profesorado de Medias en el que me siento solidariamente incluido, la autora lo realiza por los ánimos e ideas que estos profesionales amigos suyos -¡seguro!- le habrán hecho respecto al libro, pero también imagino que aunque no aparezca su nombre entre los de la cita con ella homenajea en silencio a Pilar Iranzo a la que en la primera parte del ensayo cita por su nombre tras haber dicho
"para mí, el griego empezó con voz de mujer —la voz de mi profesora de instituto—"

5 mar 2020

Ron Lalá: Andanzas y entremeses de Juan Rana

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Ron Lalá, Andanzas y entremeses de Juan Rana, Álvaro Tato, Yayo Cáceres
La compañía Ron Lalá siempre se ha sentido atraída por la época del Siglo de Oro español. En 2012 montaron una función titulada "Siglo de Oro, siglo de ahora" cuyo título dice ya mucho del aggiornamiento que la compañía hace habitualmente en sus representaciones de los textos de dicha época. Tras este espectáculo, al año siguiente, en 2013, con motivo de la inminente conmemoración del 4º centenario del fallecimiento de Miguel de Cervantes (1547-1616) subieron a las tablas -iniciando con este montaje una fructífera colaboración en la producción con el CNTC que dura hasta hoy mismo- su espectáculo "En un lugar del Quijote" y, luego ya en 2016 ponen en pie "Cervantina", homenaje a la figura del autor del Quijote en el año exacto del 400 aniversario de su fallecimiento [escribí en su día reseña de esta representación. Léela aquí]. Estas tres producciones ellos las agrupan bajo la denominación de "La trilogía clásica".

Tras las anteriores funciones Ron Lalá decidió tomarse un descanso de lo clásico con "Crimen y telón" (2017), fantástico e hilarante ejercicio metaliterario de teatro dentro del teatro comentada también en este blog [leer la entrada aquí]. Es evidente que en la investigación llevada a cabo para el montaje de la trilogía clásica mucho material literario de dichos siglos manejó Ron Lalá y en especial Álvaro Tato, actor en el grupo y responsable principal de los textos de las tres obras. Así es y así lo demuestra la Compañía cuando en 2018 monta coproducida en esta ocasión por el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, "Don Juan en Alcalá" que si bien se basa en la obra del romántico José Zorrilla a nadie se le oculta la señera figura de Tirso de Molina rondando y asomándose tras ella. Y así llegamos hasta hoy, año 2020, en que Ron Lalá presenta, de nuevo en coproducción con la CNTC, "Andanzas y entremeses de Juan Rana", una creación teatral colectiva emanada de esos materiales clásicos que conocen como nadie.

La función
Juan Rana es un personaje cómico que aparecía en no pocas obras cortas que se representaban en los entreactos -en los intermedios (entremeses: inter mezzo)- de las obras largas. En esos tiempos muertos era obligación de la empresa teatral entretener al bullicioso público si no quería ver peligrar la integridad del edificio por las peleas entre jaques y valentones que había en el público. Para ello nada mejor que estas obritas cortas con gracia, música muchas veces, y humor, sobre todo humor. Pero esta argucia empresarial de nada serviría si no hubiese unos buenos actores cuya actuación atrajese al público y los tuviese entretenidos el tiempo necesario. Uno de estos actores cómicos, populares como pocos en la época del gran Calderón de la Barca fue Cosme Pérez, alias Juan Rana, que acabó sus días en la calle Cantarranas, actualmente calle Lope de Vega en el Barrio de las Letras de Madrid.

La obra se plantea como un juicio inquisitorial contra el tal Juan Ranas o Cosme Pérez o, en palabras del Inquisidor, como quiera que se llame. Su gran pecado es el de hacer reír, el ir por la vida en plan mojiganga, su falta de seriedad a todas horas. Conviene acallarlo, acabar con él para que su ejemplo de incorrección política no prenda en el pueblo. Hay que ahormar un juicio para dar a la deseada ejecución una especie de legalidad. ¿Con qué pruebas contamos?, se preguntan Inquisidor y Verdugo. Evidentemente sólo las de las obras teatrales de las que emanan esas risas culpables.



En la requisitoria que el Santo Oficio realiza son llamados a testificar en el caso personajes reales de la época como la actriz Bernarda Ramírez, el pintor Diego Velázquez o el mismísimo Pedro Calderón de la Barca, entre otros. Y las pruebas presentadas son las mismas obras cortas escritas para que las representase Cosme Pérez (Juan Rana). Concretamente se representan los entremeses de "Los dos Juan Ranas", "El toreador" y "El triunfo de Juan Rana", los tres de Calderón de la Barca; "Los galeotes" de Jerónimo de Cáncer, "El retrato vivo" de Agustín Moreto, y "El infierno" de autor anónimo. Junto a estas piezas completas el espectáculo se teje con fragmentos de entremeses de Luis Quiñones de Benavente, de Antonio de Solís, del titulado "Mojiganga de las visiones de la muerte" de Calderón de la Barca, y de otra serie de varios entremeses de Jerónimo de Cáncer. Es importante resaltar que algunos de estos entremeses como, por ejemplo, el de "El toreador" es la segunda vez que se representa dado que desde su estreno en el XVII nunca había vuelto a las tablas.

La versión y la dramaturgia ha corrido a cargo de Alvaro Tato, en esta ocasión dedicado en exclusiva a la elaboración del texto fruto de su profundo, serio y concienzudo conocimiento del teatro clásico español. La dirección, como es habitual en la compañía, es de Yayo Cáceres. Y los actores que dan vida a un sinfín de personajes son los habituales ronraleros Juan Cañas, Daniel Rovalher, Miguel Magdalena, Fran García e Íñigo Echevarría. Todos ellos ponen en pie un espectáculo en el que la música es central y en el que la luminotecnia es asimismo elemento importantísimo.

El asunto que se reivindica en la obra, la necesidad de la risa y del humor en la vida, es de gran actualidad hoy cuando todo parece regirse por los estrechos cauces de lo políticamente correcto y cualquier crítica, mofa o befa es tenida por agresión y hasta delito. Contraponer los supuestos tiempos oscuros del pasado a los también supuestos magníficos tiempos de libertad actuales es estupendo ejercicio crítico que nos mueve a reflexión.

Desde un punto de vista más personal, de amante de la literatura, me ha encantado la recuperación que Álvaro Tato realiza de nombres considerados de segunda fila, oscurecidos por la magnificencia y sobreabundancia de dramaturgos que vieron los siglos XVI y XVII. Nombres como el de Jerónimo de Cáncer, Antonio Solís y casi casi Quiñones de Benavente son desconocidos por el grueso de los españoles. De otra parte me satisface no poco poner de manifiesto la faceta alegre y divertida del tópicamente tenido por serio y aburrido Calderón de la Barca. Es hora ya de que los españoles reivindiquemos no sólo lo excelso -a veces injustamente atacado por antiguo y tildado de casposo- sino también lo magnífico o simplemente lo bueno contenido en la segunda división de los autores del Siglo de Oro.

Y como siempre la desacralización -que no desprestigio- que Ron Lalá hace de lo tenido por intocable me agrada sobre manera. Esa figura de un Diego de Velázquez divertido, un Calderón simpático, una actriz esperpénticamente ataviada cuyos pechos son dos bongos que, junto a unas protuberantes caderas, histrionizan su figura y le sirven además para hacer acompañamiento musical a los instrumentos de cuerda usados en la función: una guitarra española, un laúd y una bandurria, junto a un cajón de percusión y una pandereta... Todo ello en pro del humor, un humor que no hiere, pero que sí denuncia, que sí hace pensar... ¡¡Es Ron Lalá en estado puro!!

Íñigo Echevarría, Juan Cañas, Fran García, Daniel Rovalher, Miguel Magdalena

Nota.- En Madrid la obra está en cartel hasta este domingo día 8 de marzo. Luego emprende una gira por varias localidades como se puede ver en la imagen anterior.

29 feb 2020

Ezequías Blanco: "Tierra de luz blanda". Presentación

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Remedando al Poeta, antes de que a mi memoria le suceda igual que a su olmo soriano, quisiera dejar aquí la gracia del acto presenciado el viernes pasado: la presentación de la última obra -un magnifico poemario- de mi amigo Ezequías Blanco. No, no quiero perder en la ciénaga del olvido, el recuerdo de tan hermosa reunión.

Los libros del Mississipi, Enrique Benicio Huerga, Tierra de luz blandaEl evento, que se dice ahora, tuvo lugar en el Centro Cívico 'Juan de la Cierva' de Getafe. Allá que nos desplazamos quienes vivimos en la capital madrileña, si bien la mayoría de asistentes eran getafenses de siempre o de adopción. Abrió el fuego la directora del Centro, Ángeles González, que, tras manifestar la disposición del mismo a albergar actos culturales de la altura del presente, señaló que éste era ya el tercero del ciclo "Encuentros con autor" (los dos anteriores fueron con Almudena Grandes, uno, y con Luis García Montero, el otro); por último agradeció el buen trabajo de los empleados del Centro, y sin más dio la palabra a Antonio Benicio Huerga, editor de la obra. Antonio Benicio se congratuló de alcanzar la editorial 'Los libros del Mississipi' con "Tierra de luz blanda" nada menos que ya once títulos.

Comenzó luego el acto propiamente dicho. En primer lugar se pasó un audiovisual sobre la vida del autor. El trabajo de imágenes sobre fondo musical lo había preparado Cristóbal López de la Manzanara, poeta y gran amigo de Ezequías. Mucha emotividad y cariño había depositada en esas fotos, algunas antiguas y otras más recientes, que recorrían la trayectoria vital del creador del poemario que nos convocaba.

Tras el audiovisual, los dos amigos salieron a escena y sentados en sendos taburetes ante unas mesas cual si de un bar se tratase improvisaron una entrevista con preguntas que Cristóbal hacía a Ezequías con mucha gracia y desparpajo y que a quienes estábamos en la Sala hicieron sonreír con frecuencia. Por las respuestas dadas supimos del pueblo zamorano, Paladinos del Valle, donde el autor dio sus primeros pasos, una localidad ejemplo de esa España vacía y vaciada de la que tanto se habla. Desde el punto de vista literario fue la mar de interesante escuchar hablar a Ezequías de sus inicios poéticos en Salamanca, la ciudad donde estudió y donde coincidió con personas, algunas prematuramente ya desaparecidas, que a su decir influyeron decisivamente en su vocación de escritor. Dos nombres destacó por encima de los otros: Luis Javier Moreno, compañero de estudios ocho años mayor que él y ya con alguna cosa publicada por entonces, y el inolvidable Aníbal Núñez, un ser libérrimo tanto en su vida personal como en las artes que practicó y al que él siempre tanto admiró.

Tras Salamanca vino el deambular por España del profesor de literatura que comenzando en Canals (Valencia) pasó por una serie de localidades hasta que por puro azar del concurso de traslados acabó en Getafe donde pronto se encontró muy a su gusto y sentó sus reales. Cristóbal le quiso preguntar si en su creación poética esta peripecia vital (geopoesía o geopoética, dijo con humor) le había influido decisivamente. Y Ezequías respondió que sí, que evidentemente sí, y más en un escritor que bebe de la realidad, que absorbe lo vivido por él o por otros para transformarlo y convertirlo en materia literaria.

Al entrar ya en la harina literaria, quien entrevistaba quiso indagar sobre influencias de los grandes. El autor de "Tierra de luz blanda" vino a decir que cuando se está en la fase de la 'imitatio' aristotélica, o sea, en los inicios, el vasallaje a la autoridad poética es más perceptible pero que según pasan los años y los libros, el estilo se va haciendo más propio y personal. El listado de autores que admira y que sin duda están dentro de su propio y personal estilo son infinitos: Quevedo, los barrocos; todos los del 27; sin duda alguna la generación del 50 con Ángel González a la cabeza; el mismo Aníbal Núñez... "Y Eliot -añadió Cristóbal". "Sí, sí, claro, también, también -Quías, dixit-. Y Faulkner, y, naturalmente, José Luis Cuerda...". El humor, la ironía, la complicidad entre entrevistador y entrevistado estuvo siempre presente. 

Hubo una insoslayable referencia a su etapa como director de "Cuadernos del Matemático", revista poética de inmensa altura que dirigió desde su fundación hasta su cierre definitivo en 2018, treinta años más tarde. Precisamente Cristóbal junto a Matías Muñoz y Ezequías fueron el alma y sostén de esta prodigiosa creación cultural. Y luego ya las preguntas se centraron en el Poemario que se presentaba.
Cristóbal López de la Manzanara, Matías Muñoz, Enrique Gracia Trinidad,Juliana Sesmero, Ezequías Blanco
¿Por qué ese título de 'Tierra de luz blanda'? Pues porque -contestó Ezequías, aproximadamente- porque ese adjetivo me parece que responde a la impresión producida en mí por la iluminación presente en un centro hospitalario; también por la actitud de entrega del enfermo ante las vejaciones que disfruta en el hospital; e incluso por ese navegar en una zona inestable por los efectos de la anestesia... Y desde el punto de vista métrico, continuó diciendo, porque es un hexasílabo y los versos de seis sílabas son poco empleados o preferidos por los poetas. Como Quías no es amigo de decir las cosas allá va, echó mano de un poema de Rafael Alberti para apoyar su contestación.

Más, mucho más hubo en esta interesante, entretenida y sabrosa entrevista, pero no quiero equivocarme de más (alguna pata habré metido ya, con seguridad. ¡Perdón por ello!) y abandono a estos dos grandes conversadores que dieron paso al recitado de algunos de los poemas a cargo de tres voces magníficas: Matías Muñoz, Juliana Sesmero y Enrique Gracia Trinidad.

Tras escuchar los versos de Ezequías en esas voces rotundas, fuertes y al tiempo amables, no quedaba ya más que adquirir un ejemplar del libro publicado por Libros del Mississipi. La portada del mismo es hermosa en su sencillez y enlaza perfectamente con el contenido: la experiencia hospitalaria del poeta, sus miedos, y la vuelta al mundo previo a los hechos que le llevaron a la intervención quirúrgica. Tras ella, la rehabilitación y ese obligado deambular por los bancos de calles, parques y jardines que sin proponérselo han dado lugar a una inmensa colección fotográfica de bancos variopintos que algún día, quizás, darán lugar a algo impreso.
BANCOS
Buscaré cada día los lugares
donde nadie confunde los caminos
donde muy poco importan las derrotas

Reiré con el que luce a sus espaldas
”Cristo mola” o con el otro que dice;
”somos muy malas pero podemos ser peores”

Iré de banco en banco en mis paseos
porque a cualquiera acogen
con su respiración tan desprendida.

Y así como quien flota sobre un cielo dormido
recorreré los bancos de mi entorno
para fortalecer mis músculos
mis fibras mis huesos mis tendones lastimados
hasta llegar al que reposa
bajo aquella morera verdinegra
desde donde mejor se ve la luna.

Y descansaré en el del viñedo
y refrescaré la mirada
sobre la humedad del de la verdinosa piedra.

Desde un banco me iré rodando a casa
y en un banco plantaré las verduras
de mi huerto… Y sobre un viejo banco
dormiré eternamente soñando con palmeras.
¡¡Enhorabuena, Ezequías, por tu recuperación y por tu magnífico poemario!!

26 feb 2020

Carlos Bassas del Rey: "Justo". Premio Dashiell Hammett 2019

5 comentarios:
"La ventaja de haber llegado a cierta edad es que nadie se fija en ti. Cuando más deberían temernos, que es ahora que hemos alcanzado la cúspide del saber, la cima del cabreo, más nos minusvaloran. Formamos parte del paisaje."

Carlos Bassas del Rey. El autor.
"Justo", novela negra, Realismo sucio
(Foto del Diario de Navarra, febrero 2018)
Los blogs que leo y en los que confío plenamente nunca hasta el momento me han defraudado en sus recomendaciones. Esta vez tampoco. Y no sólo no me han defraudado sino que mi satisfacción ha sido extrema respecto a este barcelonés afincado en Navarra en cuya universidad pública imparte clases en la Facultad de Ciencias de la Información. Sí, efectivamente, hablo de Carlos Bassas del Rey, escritor que a sus 46 años de edad cuenta con una obra literaria abundante con títulos como 'El samurái errante', 'Aki y el misterio de los cerezos', 'Mal trago', 'Mujyokan. 72 haikus y un jisei', 'Siempre pagan los mismos', 'El honor es una mortaja', 'El hombre sin nombre', y la última publicada hasta el momento: 'Soledad'. De esta última os animo a que leáis la reseña que Rosa Berros, mi bloguera de confianza, hace en su página (léela aquí)

Este barcelonés nacido en 1974, además de su actividad docente y de novelista es autor de guiones cinematográficos actividad por la que ha sido premiado en 2007 con el Premio Plácido al Mejor Guión de Largometraje en el IX Festival Internacional de Cine Negro de Manresa, y su guión Malinche fue subvencionado por el ICAA en las Ayudas al Desarrollo de Guión de Largometraje. También ha ejercido la crítica de cine en diversos medios y ha sido jurado en certámenes de cortometraje (Peralta, Bidasoa, Pamplona)

"Justo". La novela
Sinopsis 
Pensaba colocar aquí, como suelo hacer habitualmente, una síntesis argumental de la novela tomando la ofrecida por la propia editorial. De hecho ya la había tecleado, pero al leerla con atención me he dado cuenta de que la misma si no cae en el spoiler desde luego está muy cerca; y lo que es peor en mi opinión descubre aspectos interesantes del relato que al conocerlos previamente echan por tierra el gusto lector. Así pues omito el resumen o sinopsis y voy directo a

Mi comentario
En esta novela, Carlos Bassas del Rey abandona la serie del personaje Heródoto Corominas (El honor es una mortaja, Mal trago y Siempre pagan los mismos) y presenta una historia protagonizada por un viejo que antes de que se le agote el tiempo desea vengarse. Justo Ledesma, el protagonista y narrador, es un vengador, un justo, un golem. Su madre, judía holandesa, le puso este nombre porque lo quería equiparar a un 'tzadik', uno de los 36 justos que en la mitología hebrea aunque cada uno de ellos lo ignore han venido al mundo a hacer justicia, una justicia bañada en caridad. En el caso de Ledesma y en conformidad plena con el diente por diente judaico esta justicia va envuelta en venganza.

Venganza justiciera, Suspense, Thriller, Novela negra catalana
De la historia que se relata en "Justo" poco o nada se puede decir para no estropear el disfrute de esta jugosa lectura. Una lectura que además de los componentes tipo Hammett expresamente declarados por el propio narrador
"A estas alturas, aquellos que hayáis leído 'Cosecha roja' ya sabréis cómo va. Es una novela de Hammett, la primera. Siempre hay demasiada gente a la que cargarse y uno abarca lo que puede, de modo que lo mejor es dejar que se liquiden entre ellos y limitarse a rematar la faena."
contiene un tono de novela negra de realismo sucio tipo Jim Thompson, el autor de títulos como por ejemplo, "1280 almas" [leer reseña aquí] que en España aplica con enorme éxito y estilo propio Carlos Zanon.

Verdaderamente según avanzaba en la lectura de la novela no podía evitar recordar las novelas que de Zanon, escritor barcelonés ocho años mayor que Carlos Bassas, he leído hasta el momento. En especial algunos personajes de "Justo" como por ejemplo, el Milongas, cuyo asesinato marca el inicio de la narración me ha hecho recordar a Epi y a Tanveer Hussein de "Tarde, mal y nunca" de Carlos Zanon. Hay muchos elementos semejantes entre estas novelas escritas por estos dos autores catalanes: Barcelona como paisaje urbano, una Barcelona que ambos ven en peligro por culpa del turismo ("Llega el verano y la población de la Ribera, del Raval, de la Barceloneta, se multiplica con hordas que vienen a mal follar —que es lo único que se puede hacer cuando uno está como una cuba"), la gentrificación sufrida o en proceso de la zona vieja de la ciudad en la que todo va desapareciendo
    • "Enfilo por Casañas y me planto frente a la Pompeia, otro de los templos de Ciutat Vella. No está dedicado a Dios, sino a algo mucho más noble, más sagrado: los libros. Junto a la Batlle, la Millà, la Quera y la Villena forman un reducto de cultura único en el distrito. Todos, negocios familiares. Les ronda la muerte."
    • "Damián vive en el 4 de la plaza de Santa Maria, justo antes de Anisadeta —la calle más corta de Barcelona—, donde en tiempos estaba la sastrería El Barco."
La novela me ha recordado también mucho a otra recién leída, "Romanticismo" de Manuel Longares [leer reseña aquí], por la evocación y deseo de congelar en el tiempo e incluso recuperar una ciudad anterior, pasada, desaparecida o en imparable e inexorable cambio. Si en "Romanticismo", la ciudad es Madrid, en "Justo" es Barcelona. Carlos Bassas trata con mucho cariño a esa ciutat vella que está desvaneciéndose en el momento actual por culpa del dinero que todo lo machaca ("Hoy, la Ribera ya no es la Ribera. Tampoco lo son Sant Pere ni Santa Caterina. Hoy, todo es el Born. Supongo que a los pijos les suena mejor así.").

Y por acabar con este paralelismo que he sentido entre Bassas del Rey y Zanon me referiré a que ambos no rehúyen el conflicto socio-político en que vive la ciudadanía catalana desde hace ya un porrón de años y la consiguiente distribución de la población en dos grupos que este proceso ha provocado; lo mismo sucede con la marginalidad en que se mueven los personajes (prostitución, drogas, ajustes de cuentas...); o la corrupción y los bajos fondos en los que están inmersos algunos miembros de la capa dirigente de la sociedad, etc.

El estilo de frase corta, rotunda, dura, ruda, directa, sin disfraces eufemísticos es característico y dota a la novela de un ritmo atractivo que en cierta manera abduce e incita a leer y leer ("Quizás añora el mar aunque lo tiene a dos pasos. Pero este mar no es el suyo. Es muy jodido vivir añorando algo. Es muy jodido estar solo.")

Barcelona, Realismo sucio, "Justo", Premio Dashiell Hammett
Imagen del Born barcelonés usada en la publicidad turística
Prácticamente todo en esta novela me ha gustado, pero por destacar algo en particular querría hacer hincapié en las referencias literarias y cinematográficas que tanto abundan, y para bien. Respecto a la literatura se percibe el grandísimo afecto y respeto literario que Carlos siente por no pocos escritores a los que cita directa o indirectamente. Directamente, por ejemplo, homenajea a Manuel Vázquez Montalbán, a Eduardo Mendoza, a Francisco González Ledesma o a Juan Marsé, cuya novela, "Últimas tardes con Teresa" [hay reseña de ella en este blog], constantemente revoloteaba en mi memoria durante la lectura de "Justo"
"'El embrujo de Shanghai' y 'La ciudad de los prodigios'. Juan Marsé y Eduardo Mendoza han sido los mejores cronistas de esta ciudad junto a Pedrolo, Vázquez Montalbán y González Ledesma. Su Barcelona también está muerta."
Además de estos nombres señeros de la literatura en las páginas de esta narración se cuelan otros menos conocidos -evidentemente hablo por mí, o sea, poco conocidos por mí- como Carlos Pérez Merinero o Francisco Rodríguez Feu. Este último aparece sólo con el apellido apocopado lo que dificulta su localización.
[Rodri] "publicó una novela en Planeta en el 82. Una buena historia sobre el boxeo, 'Segundos, fuera'. Aún recuerdo la portada: dos guantes y una chica insinuándose medio en bolas. Hará unos quince años publicó otra titulada 'El precio de la Gloria'."
Carlos Bassas del Rey es guionista y crítico de cine y el conocimiento que tiene de esta disciplina artística es muy perceptible en no pocas alusiones, referencias y metaforizaciones cinematográficas
    • "Me siento y me acuerdo de Edgar G. Robinson en 'Cuando el destino nos alcance'. También de 'La balada de Narayama'."
    • "da un aire al Montgomery Clift de 'De aquí a la eternidad'."
La inmersión completa del escritor en la literatura y en el cine se confirma plenamente en la utilización que hace, dentro de su escritura, de recursos tomados de estas dos manifestaciones. Así me ha encantado leer, cual si de una película de Tarantino se tratase, frases como ésta: "Sigo la trayectoria de la bala que debe de haber salido ya de su arma, la que ha de perforarme el lóbulo frontal y darme la paz al fin.".

Al igual que con el Cine también el novelista realiza una incorporación de otros géneros literarios al propio de la novela, género proteico o híbrido donde los haya. Me refiero en concreto a ciertos momentos en que el propio Justo, narrador-personaje, en primera persona nos cuenta sucesos imaginados en su cabeza como posibles, cual si de una escena teatral se tratase
"«Tendría gracia que la bofia me encontrara muerto por un golpe de calor junto al matón del señor Cervantes», pienso. Un sanitario: «Pobre viejo.» Otro: «Mira que lo dicen, que lo repiten hasta la saciedad en la tele, que tienen que hidratarse.»"
En la cita anterior es perceptible el humor; un humor natural, coloquial, que surge sin forzarlo y que tiene su puntito de ironía y crítica sarcástica, de inteligente cinismo
    • "Los mossos son más aseados. Más guapos. Más catalanes. Del poble."
    • "me caía bien. Mejor dicho: no me caía mal. Mal del todo."
Y para concluir -hay que hacerlo en algún momento, aunque la riqueza de esta novela lo haga difícil- simplemente señalar la riqueza metafórica de la lengua que el novelista utiliza. Hay imágenes que han llamado mucho mi atención por su elegancia y creatividad. Aquí van algunos ejemplos:
    • "Todos los hombres somos gorriones con el ala rota."
    • "El sargento Casals sale de entre las sombras como Harry Lime."
    • "el agujero del pecho le llora líquido pericárdico."
    • "me tropiezo con Braulio. Una gárgola caída. Es un mendigo de oficio, de los que ya no quedan."

20 feb 2020

María Suré. "Huérfanos de sombra"

25 comentarios:
Lo que llamó mi atención sobre “Huérfanos de sombra” cuando leí la reseña de Laky en su blog “Libros que hay que leer” o la de Eyra en el suyo (“Cosas mías”) fue que María Suré, su autora, fuese salmantina y que buena parte del relato transcurriera en la salmantina zona de La Alberca, en una localidad inventada, Aldeanegra, aunque próxima a otras bien ciertas: Nuñomoral (ésta ya en Cáceres), El Cabaco, Santiago de la Puebla, etc.

La escritora
María Suré (Salamanca, 1973) estudió Ingeniería Informática en la Universidad Politécnica de Valencia y actualmente trabaja como Analista y Programadora informática. Apasionada de la lectura desde niña de todo tipo de género, siempre soñó con dar vida a los personajes e historias que surgían de su fértil imaginación. En 2014 decide comenzar a escribir y hacer realidad sus sueños. Su primera novela, “El color del perdón”, se publicó en formato digital y papel en septiembre de 2015. En octubre de 2017 su segunda novela, “Proyecto B.E.L.”, quedó finalista en el 21º Premio de Novela Ciudad de Badajoz, publicándose ese mismo mes. Noviembre de 2019 es la fecha de publicación “Huérfanos de sombra”, su última novela.

Sinopsis de la Novela
La Alberca, Nuñomoral, España vacía
Hannah tiene 86 años y sigue siendo una mujer de armas tomar. Con 7 años subió sola a un tren en Alemania que la alejaría del horror de la guerra pero que la transportó a una vida llena de adversidades donde sobrevivir se convirtió en el reto más difícil. Ahora vive una vida relajada y feliz junto a su hija, pero el pasado vuelve para reabrir viejas cicatrices y recordarle que algunas heridas nunca cerrarán.

Toribio odia su vida, ha pensado más de una vez en acabar con la pesada carga que soporta sobre sus espaldas. Pero un día lluvioso y frío, una joven llama a su puerta para pedirle ayuda y, con ella, la vida irrumpe en su casa por sorpresa, dándole un vuelco a su existencia.

Laura se quedó embarazada demasiado pronto y las circunstancias la llevaron a vivir en Aldeanegra, un pueblo de la provincia de Salamanca sin apenas habitantes, situado en plena Sierra de Francia. Allí pasa sus días con el niño y Toribio, su abuelo, y, contra todo pronóstico, es feliz. Su hijo ha logrado recomponer los pedazos de unas vidas rotas por el destino, pero la frágil unión de esos trozos se resquebraja cuando el pequeño desaparece en extrañas circunstancias.


Mi comentario
Es una historia que aúna dos tramas bien distintas en su origen (las vicisitudes de Hannah iniciadas dentro de la diáspora sufrida por los judíos centroeuropeos ante la persecución nazi antes de y durante la IIª Guerra Mundial, y la vida en Aldeanegra en la época actual, año 2018, de una mujer joven (Laura) que cría a su hijo (Marcos) junto al abuelo del mismo (Toribio) que viene a suplir la ausencia en las funciones de padre de su hijo (Curro). Estas dos líneas temporales así como sus tramas respectivas se desarrollan en contrapunto viniendo a confluir en el momento actual en el caso de la desaparición de una persona, lo que provocará la entrada en escena de la pareja de la Guardia Civil formada por la sargento Cristina Albino y el guardia Anselmo Picarzo quienes en un vertiginoso thriller investigarán el asunto que ha sacudido esta zona de la sierra salmantina. El ritmo narrativo va de menos a más según transcurre la novela. Durante los primeros capítulos, en especial los referidos a la salida de Alemania de una expedición de niños judíos camino de Inglaterra donde se les acogerá para evitarles sufrimientos -¡de guerra, porque sufrimientos muchos de estos niños los conocerán por la explotación a la que muchas familias de acogida los someterán!-, la acción transcurre plácida y morosa. Tal placidez desaparece cuando ambas tramas ya han coincidido en el momento presente y sucede la acción delictiva que se investiga.

María Suré, amén de mostrar vivencias durísimas sufridas por algunos de esos niños judíos alemanes (especialmente Hannah o Janusz) sacados fuera del país para salvarlos de una más que segura muerte y también la suerte corrida por otros más afortunados como su amiga Yona, también judía alemana, acogida por una familia residente en Bilbao, utiliza el relato para poner sobre el tapete toda una serie de asuntos importantes: el amor loco en adolescentes y los embarazos consecuencia del mismo; el terrible poder del dinero capaz de anular cualquier sentimiento; la vida natural y su preservación; la venganza y sus consecuencias; la entrega y el respeto absolutos hacia el otro (Gonzalo por Laura; Quentin y Hannah); la relación padres - hijos (Renata con su madre Hannah; Marcos con su madre Laura; Aurelio Galarza con sus dos hijos, Luis y Simón); la necesaria preservación de la libertad sexual sea cual sea la orientación del individuo en la misma (los abusos de Simón con su empleado Toño), la discriminación de la mujer; etc.

El tratamiento dado a algunos asuntos, por la época en que se sitúan -guerra mundial, reciente posguerra, pleno franquismo...-, por muy sensibilizados que estemos ante los mismos en el momento actual, considero poco pertinente aplicar criterios de hoy para abordarlos. Y pienso que en dos o tres momentos de la historia que se cuenta el anacronismo hace su aparición; así sucede, por ejemplo, cuando en pleno año de 1948 Erika sufre abusos por parte del adulto que amablemente la acogió en su casa, y Hannah, su amiga, "le propuso denunciarlo ante las autoridades por lo que le hacía". Creo que, aparte de que Erika se enfadase con Hannah cuando ésta se lo dijo dado que ella amaba al que muy poco después sería su marido, en 1948 por mucho que fuera Gran Bretaña donde ocurre el suceso, el abuso sexual sobre una adolescente era 'pecata minuta', un asunto muy menor que no preocupaba y no se perseguía a no ser que estuviese impregnado de otros delitos a su alrededor. Y lo mismo diría por inverosímil que una persona en la década de los 50 del siglo pasado se escandalizase al leer en un periódico que un organismo internacional considera bueno y educativo dar un cachete a los niños
"CONVENIENCIA O INCONVENIENCIA DE QUE A LOS NIÑOS LES “ZURREN” EN LA ESCUELA. La O.N.U. autorizó el “cachete” y profesores, alumnos y padres de familia lo aceptan como necesario y pedagógico… si es oportuno."
La verosimilitud en una historia de ficción es esencial y caer en anacronismos para satisfacer a los lectores actuales me parece una especie de engaño poco edificante.

"Huérfanos de sombra", Salamanca, Sierra de Francia
Lo dicho en el párrafo anterior es el pequeño 'pero' que pongo a esta novela que me ha parecido entretenida y que me ha hecho sentir orgulloso de mi cultura autóctona. Muchas cosas en este sentido me han agradado. Así me ha gustado especialmente ver cómo María Suré presenta muchas de las costumbres y tradiciones salmantinas más acendradas (el hornazo -"una empanada a base de embutidos"-, los "dulces tradicionales de la zona elaborados con productos naturales como las perrunillas, amarguillos, almendras garrapiñadas o turrón artesanal", el lunes de aguas, el padre Putas, el lagarto de la iglesia de Santiago de la Puebla, la rana sobre una calavera en la fachada de la Universidad...) y también la alusión a otros detalles que a gran velocidad van convirtiéndose en leyenda pese a su reciente creación como el astronauta en una jamba de la Catedral que hoy día visitan los turistas como si hubiese sido realizado en el pasado. Así mismo me ha encantado que la historia penetre en aspectos conocidos de la historia de la Provincia, pero poco analizados en profundidad, algo así como autocensurados en la conciencia de los salmantinos. Me refiero especialmente al asunto de la explotación del wolframio en Barruecopardo durante el tiempo de la segunda guerra mundial y su exportación al régimen nazi y también aunque más tarde a los aliados, o la existencia de minas de estaño en zonas de la sierra de Francia.

La novela consta de 31 capítulos, muchos de ellos con una cita inicial que sirve de marco referencial e introductorio a lo que en el mismo acontecerá. La novela toma el nombre de uno de los capítulos. Este título es clave para comprender el relato en su totalidad, razón por la que omitiré decir nada sobre su significado. Sí diré que el narrador es un relator externo sabedor de todo y que no hay ruptura temporal en ninguna de las dos líneas narrativas. Hasta que se produce la confluencia de las mismas en el momento actual de 2018 la sucesión capitular es alterna: pasado de Hannah desde 1939 - vida actual en Aldeanegra. Sólo hay un capítulo hacia el final de "Huérfanos de sombra" en que para atar cabos la autora retorna a 1939;  el resto desde el capítulo 17 discurre de manera lineal.

Tras la palabra "FIN" la novelista añade unas 'Reflexiones' que en mi opinión poco o nada añaden a la propia historia. Me parecen más que otra cosa una especie de autorreseña que no acabo de entender. ¿Es que la escritora debe conducir la intelección de sus lectores sin darles la libertad de pensar por ellos mismos, o es que no se fía de sí misma y piensa que si no lo aclara quizás se la malinterprete? No sé, a mí esta manera de querer llevar al público lector del ronzal nunca me ha gustado. Aunque hayan pasado ya casi dos siglos de esto estoy con Mariano José de Larra cuando decía en uno de sus Artículos aquello de "Libertad en literatura, como en las artes, como en la industria, como en el comercio, como en la conciencia. He aquí la divisa de nuestra época, he aquí la nuestra, he aquí la medida con que mediremos". Y esto, naturalmente, incluye la de la libertad en la conciencia interpretativa de los textos leídos. No faltaría más.


14 feb 2020

Manuel Longares: "Romanticismo"

14 comentarios:
La novela "Romanticismo" que fue en 2001, año de su publicación, Premio de la Crítica de narrativa en castellano, ha sido la obra que el grupo de lectura en el que desde hace ya diez años participo eligió para febrero. En esta ocasión tuvimos la enorme suerte y oportunidad de contar con la presencia del autor, Manuel Longares, una persona encantadora que escuchó con paciencia infinita nuestras impresiones y respondió a cuantas cuestiones le planteamos sobre su obra. Ha sido una muy grata experiencia que no cuento aquí sino en el blog de idéntico nombre de la Tertulia: "más que palabras...". [pinchar en el nombre para acceder].

"Romanticismo" es la obra cumbre del periodista y novelista Manuel  Longares (Madrid, 1943), licenciado en Derecho, titulado en Periodismo y también con estudios de Filología Hispánica. Profesionalmente ha sido el Periodismo el centro de su actividad realizada en medios importantes: redactor jefe de los suplementos culturales de El Mundo y El Sol, o articulista en El País donde por sus colaboraciones semanales fue distinguido en 2004 con el premio Mesonero Romanos. Haber sido reconocido con galardón tan prestigioso al que da nombre Mesonero Romanos, costumbrista madrileño, es, tras leer su novela, algo que me parece lógico y natural dado que esta narración es en sí misma un homenaje a la ciudad de Madrid, a su manera de vivir y a sus habitantes.

La novela se ha vuelto a reeditar en 2019 quizás al alumbrarse en  nuestro país una circunstancia socio-política semejante a las que se ficcionalizan en el relato. Si allí es el final definitivo de una época, la del franquismo por consunción del dictador y pocos años después, en octubre de 1982, la llegada de la izquierda al poder, ahora en 2019 tras un período de crisis económica e inestabilidad política de nuevo pareciera que se fuera a producir un final de época, la de aquella que algunos denominan 'Régimen del 78'. Yo me preguntaba si no sería que la industria editorial hubiera querido ver una cierta similitud entre los temores existentes en algún sector de la sociedad española ante lo que está por venir y los que en 1975 y en 1982 hubo en grupos sociales que temieron por el cambio de situación. Desde luego es materia opinable y por eso se lo pregunté directamente al novelista quien me dijo que no lo creía en absoluto pues las circunstancias entre el hoy y ese ayer son muy otras.

¿Me convenció Longares con su respuesta anterior? Algo sí, desde luego, pues entiendo que una traslación en estricto sentido no es del todo pertinente dado que el "cogollito" –así se designa en la novela a esa aristocracia burguesa detentadora del poder durante el franquismo- hoy ya no se visualiza sólo en el barrio de Salamanca, centro de la narración, sino que en este momento hay diversos "cogollitos" por muchas partes e incluso me atrevería a decir que algunos de ellos hoy mismo están bien presentes en nuestros gobernantes por muy transversales que ellos se digan de sí mismos.

Ciñéndome ya del todo a la novela, yo destacaría como elemento esencial en ella la anulación del tiempo, el ejercicio de disolución temporal que realiza el autor, y que queda plasmado en esas tres generaciones de una familia de la burguesía alta madrileña habitantes de una casa ducal del barrio de Salamanca desde la época de la guerra civil hasta ese momento ya en la etapa democrática en que los vencidos en la contienda fratricida llegan al poder en 1982, poder del que 14 años después serán desalojados de nuevo. Antes de estas dos fechas -1982 y 1996- el relato, en consonancia con la marcha de la sociedad española, experimenta un giro importante en noviembre de 1975 cuando el Caudillo, por algunos hasta ese momento tenido casi por inmortal, muere y los fantasmas del "qué pasará ahora" se ciernen sobre las aristocracias inoperantes que durante 36 años se habían beneficiado hasta el hastío de su adhesión incondicional al Régimen. Pero pronto las intranquilizadas aguas del estanque inmovilista se aquietaron:
"—Todo sigue igual —le dijo Caty Labaig en su última visita, mientras se retiraba premiosamente del brazo de la enfermera tagala—. Pero nada es como fue."

Una novela de personajes
El 20 de noviembre de 1975, es el gozne sobre el que Manuel Longares hace pivotar la narración, hacia atrás y hacia adelante, presentándonos los acontecimientos de la vida de los miembros de la familia Arce Matesanz, tanto de los padres de José Luis Arce como de Pia Matesanz; en especial de ésta dado que las vivencias de Hortensia, la madre, son de especial relevancia en el devenir de Pia e incluso de Virucha, hija y nieta respectivamente. Alrededor de este matrimonio orbita todo un universo de personajes:
  • Los que habitan en el barrio: Caty Labaig, la periodista de revistas papel couché; Lalo Pipaón y Luismo Fonseca, los socios de la tienda de electrodomésticos; Javo Chicheri, el falangista camisa vieja; Moncha Gabarrón, la cuñada roja de Javo Chicheri; el doctor Lapayese, asiduo del Café Balmoral; Máxima Dolz, amiga íntima de Hortensia y profesora de guitarra de Virucha; Izaskun Damborenea, etc.
    Loquillo, Coctelerías madrileñas, Manuel Longares, "Romanticismo"
  • Los profesionales que viven cerca del barrio, pero ya no forman parte del cogollito: el pintor Villasevil al que se homenajea en un momento del relato; el juez Monjardín, represaliado tras la guerra civil por sus ideas republicanas; Teosifonte Monjardín, hijo del anterior; Marcos Panizo, administrador del edificio de la calle Goya; etc.
  • Por último lo que podríamos denominar 'tercer estado', los auténticos humildes, los trabajadores que sirven a los dos anteriores estados y sobre todo al primero: Domi, Wences y Bea, las tres criadas en la casa de los Arce-Matesanz que, respectivamente y en este orden, al igual que el resto de la sociedad española simbolizan la evolución liberalizadora del propio país reflejada en esas tres generaciones mostradas en la novela; el sacristán Mamerto Bustinzapedorras, pareja de Wences; Marta Pombo, la militante de base socialista, esposa del administrador Panizo, que sirve de enlace entre todos los estamentos que se muestran en el relato.
Los personajes de este universo de seres aparecen y desaparecen de manera que, como ya he dicho antes, queda anulada la dimensión temporal, y la vida de unos y otros parece prolongación natural de la de los antecesores. E igual sucede con los cambios sociopolíticos que se producen a partir de esa fecha del otoño de 1975.

Lo que es evidente es que estamos ante una novela de personajes cuyo conjunto sirve, cual si de "La colmena" de Camilo José Cela se tratase, para mostrar Madrid, en verdad el personaje principal de este relato.
El título
Cabe preguntarse -y yo me lo he preguntado varias veces a lo largo de la lectura- ¿por qué el título "Romanticismo"? La verdad es que hasta muy mediada la narración no aparece alusión alguna al término en ninguna de sus posibles acepciones. Allá por la mitad de la novela cuando en los años de la transición salen a la calle manifestaciones que encogen un poco el corazón de algunos vecinos del barrio de Salamanca leemos:
"Y esa impresión de que en el último segundo del último minuto se retenía lo que se escapaba de las manos —agarrando la oportunidad por los rabos, como diría Izaskun— se imbuía del romanticismo otoñal y del morboso desorden."
A partir de este momento el vocablo y los de la familia léxica a la que pertenece se prodigan en la novela. El sentido completo del porqué del titulo creo que puede extraerse con suma claridad de la siguiente exclamación que profiere Teosifonte Monjardin, en llamada anónima al programa que en la emisora de Chema Bacigalupe conduce en las madrugadas con enorme éxito de audiencia Virucha Arce Matesanz:
"—Soy romántico —afirmó la voz ondulada— porque creo en la capacidad del hombre para vencer su destino."
Esta es en mi opinión la intención perseguida por el novelista con esta novela, presentarnos el cambio de dirección de una serie de seres que predestinados por su origen a un papel en la vida, sin embargo quebrarán ese destino adoptando otro que por el cambio de circunstancias políticas les es más conveniente.

El humor, un elemento fundamental
Las razones que en la novela algún personaje esgrime para justificar el fichaje para la causa democrática en su línea socialdemócrata ("socialismo fabiano") de elementos pertenecientes a la alta burguesía -"al cogollito"- son variopintas por demás: ir a hacer catequesis a barrios marginales, haber recibido en depósito unos libros 'peligrosos' como eran consideradas las "Memorias de Casanova" en la época franquista, las murmuraciones sobre si el padre o el abuelo de unos u otros habían simpatizado con los "rogelios", etc.

Casa ducal de la calle Goya, Franquismo, "Romanticismo"
Como se puede deducir de lo anterior el humor tiene en este relato un importante papel. Es un humor de variados tonos que el novelista aplica a unos y otros según qué casos y quiénes sean. Así por ejemplo lo hay de tono crítico y algo áspero cuando presenta las prácticas sexuales del matrimonio Arce Matesanz por considerarlas no acordes con la ideología que les es propia; y sin embargo esas mismas o parecidas prácticas eróticas cuando las desarrolla el matrimonio Panizo Pombo, pertenecientes al grupo social de los denominados 'humildes' son aplaudidas y envueltas en un humor abierto, sano y lúdico. En este sentido detecto en el relato un cierto maniqueísmo.

Pero por lo demás hay muchos momentos de sano humor. Muchísima gracia me ha hecho leer lo que decían algunos en los círculos franquistas cuando la enfermedad del Caudillo no presagiaba nada bueno:
"—Ayer se les quedó fiambre —contó Luismi Fonseca en Balmoral— y le resucitó el himno del Tercio.
—Pronto nos fallará la música —replicó el doctor Lapayèse— y habrá que encomendarse a Dios."
E igualmente me ha hecho reír la crítica que hace de Pía, quien estaba segura de sacar más partido a la lencería de Asensio que a la Bicha de Balazote, cuando sobre las Memorias del veneciano dieciochesco leemos:
"—No sé quién es Casanova —confesó la licenciada en Románicas por la Universidad Complutense."
Una novela llena de evocaciones
También durante la lectura muchas veces resonaba en mi cabeza la literatura española de la que Manuel Longares demuestra un enorme y bien asimilado conocimiento. La impronta de "La colmena" celiana es más que evidente, pero también ¿no está latiendo Pío Baroja en la frase 'la propuesta que le lanzó en el extrarradio de la aurora roja', o el Cervantes del soneto con estrambote en esa enumeración de acciones realizadas por Fela del Monte, la sexualmente liberada amiga de Pía, cuando le recomienda una sauna que, la verdad sea dicha, no era otra cosa que un puticlub?:
[Fela]"cuando iba a introducirse en el coche y nadie esperaba otro gesto que el rutinario de la mano agitándose desde la ventanilla en el adiós, se escoró con picardía de tanguista, asió la pamela, elevó las cejas, flexionó las rodillas, botó su grupa, y proyectando el índice de su mano derecha a quienes observaban extasiados su cadencia socarrona, destinó a Pía la frase que antecedió a su mutis:
—Leña al pompis."
Pero intertextos no sólo los hay literarios; sin duda alguna en los nombres dados a las monjas del colegio al que Pía y su amiga Goretti asistían de adolescentes subyace el sarcasmo, la parodia y en definitiva el humor presente en algunas de las primeras creaciones cinematográficas de Pedro Almodóvar. La frase que cito a continuación me lleva mentalmente a "Entre tinieblas", película de 1983 del realizador manchego
"La madre Santa Faz achacó la disconformidad de Pía a un quid pro quo, eso dijo mientras convocaba de un timbrazo a la madre Pesebre"
Y es que en definitiva, en esta novela de Manuel Longares hay mucha cultura, mucha literatura, mucha crítica sarcástica, mucha parodia, mucho humor en ocasiones un tanto ácido y, ya lo he dicho antes, algo maniqueo a veces. Pero lo que es algo indistinguible  y seña de identidad del estilo Longares es su construcción sintáctica llena de períodos largos, extensos, algo barrocos en mi opinión que parecen no concluir jamás y que como lector me hacían disfrutar en su belleza aunque me dejsean sin resuello en ocasiones. He aquí una muestra de su manera de escribir:
"Al fin suspiró, desplazó los ojos del imán que los retenía, y con un blando giro de la mano enguantada presionó el pomo de la puerta del local que, como otros de la zona, destilaba al abrirse el campanilleo de una bienvenida que desde ese momento alertaba al empleado a suscribir con el cliente esa ley secreta por la que no sólo le cede en todo y para siempre la razón sino que aparenta menor clase, dócil a una actuación reglada que le hará desenvolverse en el acotado margen de su negocio sin renunciar a un estilo que dejaría en mantillas al más sutil diplomático si por una apuesta se arriesgase a practicar el comercio a la manera relajada y sabia de estos dependientes que están siempre por encima de lo que venden, ya sea bisutería, muebles, automóviles o alimentación, porque nacieron entre el género, hacen su carrera en el mostrador y aspiran a irse de este mundo con las botas puestas, como aquel que dice, mientras exhiben el catálogo de Givenchy, la consola Imperio, el diseño Pininfarina o los nicanores de Boñar."
Un escritor costumbrista
Este estilo algo barroco y recargado en algunos momentos, sin embargo se aligera en los diálogos entre personajes que son vivos y con chispa. En este aspecto de los personajes, de su vida en un Madrid reconocible y el gracejo de los intercambios verbales habidos entre ellos, Manuel Longares recuerda mucho a Benito Pérez Galdós del que sin duda alguna es meritorio epígono. Esta novela, "Romanticismo", bien podría codearse con aquellas galdosianas denominadas 'contemporáneas' en las que el escritor canario presentaba el devenir de unos personajes a lo largo de dos o tres generaciones en una España real que vivía escindida en sus estamentos sociales poco comunicativos entre sí, aunque en algún momento se diese el contacto tangencial que es en definitiva lo que mueve también este relato. Y si don Benito portaba con gallardía el marbete de escritor costumbrista por la plasmación que de la vida real de Madrid hacía, otro tanto cabe decir de Longares, quien como digo al principio de esta entrada por algo fue distinguido justamente con el premio Mesonero Romanos, autor de "Escenas matritenses".

El propio Manuel Longares en entrevista realizada por la propia Biblioteca Nacional con motivo de la exposición "Benito Pérez Galdós, La verdad humana" reflexiona sobre el apelativo de galdosiano con el que de le suele calificar


Nota: De la agradable Tertulia que tuvimos con Manuel Longares escribió Juan Cruz un muy bello artículo el lunes 17 de febrero de 2020 en el Diario 'El País' con el título "Desinencia rubia del barrio del Retiro" [pincha en el título anterior para acceder al mismo].