31 mar 2013

"Ana Karenina", recetario amoroso

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Como en la Tertulia Literaria decidimos leer algo de Tolstoi para el mes de abril, esta ya pasada Semana Santa me apeteció ver la enésima versión de “Ana Karenina”. Se trata de una producción inglesa dirigida por Joe Wright, según la adaptación de Tom Stoppard (guionista, entre otras, de la premiadísima Shakespeare in love y reconocido autor teatral del que ahora mismo recuerdo haber visto en las naves del Matadero de Madrid una interesante obra suya titulada Rock ’n’ Roll). Está protagonizada por una estupenda Keira Knightley quien con el director de esta película ha trabajado en otras adaptaciones a la pantalla de obras literarias como Expiación (adaptación de la novela de Ian McEwan de igual título) y Orgullo y Prejuicio (adaptación de la novela de Jane Austen), y un Jude Law que está magnífico en el papel de Alexis Karenin que ama profundamente pero sin pasión a su esposa Ana; completa el triángulo un para mí desconocido Aaron Taylor-Johnson en el  papel de amante apasionado conde Vronski.

Tengo que decir que la adaptación cinematográfica me ha gustado. Creo que el guionista y el director arriesgan al hacer discurrir toda la acción dentro de los límites de un teatro, si bien esta limitación la rompen magistralmente en ocasiones para presentarnos las magníficas extensiones heladas rusas que recorre Ana en sus desplazamientos en ferrocarril o la arcádica vida en el campo de Levin (Domhnall Gleeson) y su esposa Kitty (Alicia Vikander). Sin lugar a dudas este recurso fílmico es el que marca la diferencia con las muchísimas adaptaciones que la novela de Tolstoi ha conocido. Sin él la película de Joe Wright sería una película de época más que el gusto popular suele despachar con el marbete de películas de ‘amor y lujo’. Del recurso comentado hay que reseñar el empleo de artificios expresionistas propios del teatro y del cine mudo como son, por ejemplo, las escenas de tren  –a veces primerísimos planos de las ruedas, ejes y bielas de las antiguas máquinas- utilizadas como cortinilla para dar el salto al exterior desde la angostura del interior teatral.

Entrar a discutir lo habitual en estos casos, -¿mejor la novela que la película; mejor la adaptación que el original?-, creo yo que no tiene mucho sentido. Cada pieza en su género, con las limitaciones que los mismos imponen, son excelentes creaciones. Es obvio que el adaptador al reducir 600 páginas [a doble columna en la clásica edición de la editorial Aguilar] a un metraje de poco más de 2 horas ha de decidir qué elementos deja fuera del film o si siquiera los insinúa.

En esencia estamos ante una historia de amor. Y en tal sentido el triángulo Karenin – Ana – Vronski aparece tal y como Tolstoi lo planteó en su relato: Un marido que transige con el juego amoroso de su mujer siempre que éste no traspase los límites impuestos por el buen gusto de la sociedad rusa del momento, una esposa que no puede permanecer junto a su marido cuando su corazón ya no le pertenece a él sino al padre de la niña que lleva en su seno y un joven conde Vronski que, al amar a la Karenina con locura hasta rozar el ridículo según le advierten sus amistades de la sociedad moscovita

Vronsky sabía que no corría el riesgo de parecer ridículo a los ojos de Betsy ni de las personas del gran mundo. Sabía muy bien que para esas personas el papel de un infeliz enamorado de una muchacha o de una mujer libre puede ser ridículo, pero el de un hombre  que asedia a una mujer casada y que pone su vida por encima de todo para atraerla y llevarla al adulterio tiene algo bello y grandioso y nunca puede ser ridículo.”

será capaz hasta de abandonar una exitosa carrera de armas por seguir a Ana incluso en sus equivocadas decisiones que serán las que a la postre conducirán a la protagonista a la más errónea de todas: su suicidio.

El relato presenta también otra posible
vivencia de la relación amorosa: el amor calmado y reflexivo que vive la pareja Levin – Kitty. Sin embargo en el film se hurtan al espectador no pocos elementos cuales son la interesantísima personalidad del personaje Konstantin Levin y la de sus hermanos Nikolay y Konishev (este último ni siquiera aparece en la película con lo que queda fuera el enfrentamiento campo-ciudad representado respectivamente por los hermanos Konstantin y Konishev). Konstantin Levin es el alter ego del novelista: rico, de ideas anarquizantes, padre de una numerosa prole, esposo celoso, introductor de reformas agrarias y partidario de la abolición de la servidumbre no tanto por amor al género humano –que también- como por mejorar la cuenta de resultados de sus explotaciones agrarias. Pues bien esta compleja personalidad en el film de Joe Wright sólo llega a atisbarse en la escena en que propietario (Konstantin Levin) y trabajadores agrícolas siegan la hierba al unísono con el dalle o la guadaña.

Y una tercera manera de vivir la relación hombre-mujer, mucho más prosaica aunque también mucho más frecuente es la que vive el matrimonio que abre el relato novelesco, el del príncipe Oblonsky y Daría Alexandrovna, Dolly, hermana de Kitty, que ha de soportar las continuas infidelidades de su marido quien vive por encima de sus posibilidades siendo un aprovechado de todo aquel que le rodea. Así Stiva –príncipe Stepan Arkadievich Oblonski- es presidente de un tribunal de Moscú gracias a Alexei Alexandrovich Karenin, esposo de Ana Karenina, su hermana. Al final del relato novelesco –no así en el cinematográfico- Dolly se ha separado definitivamente de Stiva que por fin logró el inútil cargo que ansiaba para poder seguir con su tren de vida, y la vemos pasando una temporada en casa de su hermana Kitty que espera otro hijo más.

La novela de la que “Ana Karenina” es digna sucesora, “Madame Bovary”, abrió la puerta a este subgénero de novelas realistas del XIX que cabe calificar de “novelas de adulterio”. Entre las muchas similitudes que ambas presentan voy a destacar la para mí principal: en las dos el personaje femenino se ve abocado por una sociedad estrecha de miras a su disolución, a la muerte. Este empujar a la muerte a aquella mujer que “rompa las reglas” como dice en un momento dado el personaje de Betsy a Vronski en la escena del teatro al que Ana ha decidido ir pese a la oposición de su amante, es muestra del machismo de la sociedad del momento. Así una mujer rompedora que decide vivir con sinceridad su relación amorosa será castigada por una sociedad hipócrita que admite el engaño pero no la verdad.

Algo que no se explicita con claridad en el film es la fecha en que la historia está sucediendo (año 1878), época en que los rusos están ayudando a Serbia en su lucha contra los turcos. ¿El motivo habrá sido el de la corrección política: no levantar ampollas en el aún no enfriado conflicto de los Balcanes? Todo es posible. Ya se sabe que lo importante es vender y no molestar.

8 mar 2013

EL LECTOR de Bernhard Schlink

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Leí esta novela en 2009 como consecuencia de la película del mismo título que dirigida por Stephen Daldry y protagonizada por Kate Winslet, David Kross, Ralph Fiennes, etc. vi por esas fechas. Por su actuación en esta película Kate Winslet ganó el óscar a la mejor actriz en papel protagonista en febrero de 2009.

            Las diferencias entre la novela y el film no son excesivas; pero hay episodios en este último que pasan desapercibidos o simplemente no aparecen. Pese a ello, la versión cinematográfica es excelente.

            La novela está fechada en su primera aparición en Alemania el año de 1995. En España lo hizo en 1997. Y de entonces acá lleva ya 19 ediciones, muchas aparecidas recientemente como consecuencia del éxito cinematográfico.

            La novela cabría inscribirla dentro de la serie de obras de creación aparecidas en los últimos 15 ó 20 años en Alemania y que exploran la zona oscura del alma nacional alemana donde habita o se esconde el sentimiento de culpa que desde la época de la 2ª guerra mundial, y especialmente desde la caída de Berlín en el 45, acompaña a los millones de seres humanos que vivieron, participaron, actuaron, callaron,... en o durante la barbarie. Parece que en estas obras la sociedad alemana intenta sacudirse ese sambenito; y lo hacen de la mejor manera posible, admitiendo lo que allí pasó. Pero no todo es tan sencillo…

            En efecto no todo es tan sencillo. Y es que el sentido de culpa, el sentimiento de culpabilidad  se vive de manera individual y es cada uno quien ha de aceptarlo, sobreponerse a él, vencerlo, convivir a su lado… Esto es lo que le sucede a Hanna Schmitz, personaje protagonista, que desde su participación como guardiana de las SS en un campo de exterminio nazi lleva sobre ella esta cruz. Pero esto se sabe según discurre la novela. Habrá pues que proceder con orden.

            El relato se estructura en tres partes de 17, 17 y 12 secuencias respectivamente. Cada secuencia tiene una escasa extensión (tres o cuatro páginas a lo sumo), con lo que compone una novela de 200 páginas aproximadamente. Un relato breve, por tanto.
En la primera parte asistimos a la relación entre el narrador, el niño de 15-16 años Michael Berg, y la revisora de tranvía Hanna Schmitz de 35. La relación es especialmente sexual. Todos los días Michael escapa unas horas de casa o del Liceo para, acomodándose a los horarios laborales de Hanna, pasar junto a ella cerca de dos horas. En ese espacio de tiempo el ritual suele ser el siguiente: Ducha, cama y despedida. Pero la relación irá enriqueciéndose con la introducción de la lectura previa al acto amoroso. Michael leerá fragmentos de diversas obras y autores a Hanna. Sólo después de ello ella consentirá la relación. El chico está totalmente colgado de ella; él sigue sus estudios incluso con buenos resultados pero la relación con los chicos y chicas de su clase no es la habitual, pues él siempre tiene a Hanna en su cabeza. Su relación es tan intensa que llegan a viajar por el entorno como si de madre e hijo se tratase para así poder compartir habitación en los hoteles donde se alojan. Un día, inexplicablemente, cuando Michael llega a la cita acostumbrada, ella ha desaparecido y se ha llevado todas sus cosas. Michael queda destrozado.

La segunda parte es la correspondiente al juicio. Michael que ahora –siete años después de los episodios amorosos de la 1ª parte- estudia derecho y forma parte de un Seminario que indaga sobre la actuación de la Nación durante el nazismo, asiste a las sesiones del juicio que contra seis mujeres vigilantes de un campo de exterminio se realiza en la ciudad. Y allí descubre quién fue Hanna durante la guerra, vigilante SS de campo de exterminio desde su ingreso por propia voluntad en ellas del año 1943 al 1945. Se las acusa de no haber prestado ayuda a un grupo de prisioneras que murió carbonizado en el incendio de una iglesia bombardeda donde estaban retenidas. De las sesiones, actuaciones y declaraciones de testigos y acusadas se va desprendiendo que Hanna tuvo un papel relevante en la historia. Incluso ella se responsabilizará totalmente de ello al admitir ser la redactora del informe, con lo que quedaba claro su ascendiente y autoridad sobre las demás. Pero Michael sabe que eso es imposible porque Hanna no sabe escribir. ¿Por qué, pues, quiere arrostrar con toda la responsabilidad? Un problema moral invade al estudiante de derecho que consulta a su padre, profesor de filosofía y entendido en cuestiones de comportamiento moral, quien le aconseja no intervenir a no ser que la persona que finge le dé permiso para ello. Michael duda, pero no llegará a hablar con Hanna del asunto y tampoco en una entrevista que tiene con el juez lo hará. Hanna será condenada a cadena perpetua.

La tercera parte aborda en forma de resumen los avatares personales del narrador: Se casó con Gertrud, compañera de estudios de derecho. Tuvieron a Julie y se separaron a los 5 años de matrimonio. Luego hubo mujeres en su vida pero pasajeras pues ninguna era como Hanna. Fue a los 8 años de llevar encarcelada Hanna cuando Michael comenzó a leer en voz alta dados sus problemas de insomnio. Decide, entonces,  grabar sus lecturas y enviarle las cintas grabadas a Hanna. Los autores que lee y graba son los propios de la burguesía culta: Kafka, Chejov, Keller, Fontane, Heine, Max Frisch, Uwe Jonson, Ingeborg Bachmann, Siegfried Lenz, Mörike… Sigue así las lecturas que en la primera parte declaraba: Odisea, Catlinarias, Guerra y Paz, Emilia Galotti e Intriga y amor de Schiller, Vida de un vagabundo aventurero de Joseph von Eichendorff, etc. A los cuatro años de esta rutina recibirá una carta de Hanna agradeciéndole el envío y a partir de entonces comentándole sus impresiones sobre uno u otro autor. O sea que ha aprendido a leer y a escribir. Luego años más tarde la directora de la prisión se pone en contacto con Michael para comunicarle que Hanna va a salir libre. Él va a visitarla y le busca casa y trabajo; pero el día de salida la encuentran muerta. Michael llevará a cabo su último deseo: lavar su culpa donando a los supervivientes (una mujer mayor, niña cuando el suceso) el escaso dinero que logró reunir a lo largo de su vida. Así lo hará Michael. Pero la señora judía destinataria del mismo no lo aceptará: no quiere ser cómplice de este lavado de culpabilidad. Será Michael quien lo entregará a una asociación judía que lucha contra el analfabetismo.

Tiempo: Han transcurrido desde el inicio de los suceso al final del relato 35 años. El niño tiene ahora 50 años. Así pues Hanna ha muerto siendo una anciana de 70 años.

Estilo: Cuando hace la elección de títulos para grabárselos a Hanna el narrador declara que en sus gustos literarios no entra para nada la literatura experimental pues entiende que los autores que la practican lo que quieren no es experimentar ellos sino experimentar con el lector. Y efectivamente podemos decir que el novelista Schlink es un autor tradicional; esto es, que no usa recursos innovadores pero ya muy admitidos en la actualidad. Así el relato es lineal, hay ausencia de monólogos interiores, fluir de conciencia… También, cierto es que no existen digresiones que dilaten el avance del relato. Lo mejor, desde luego, es la perfecta delineación psicológica de los dos personajes protagonistas y cómo evolucionan de manera bien lógica según avanza la historia.

Creo que hay que destacar, entre otros muchos posibles el siguiente fragmento para entender el asunto de la culpa en la sociedad alemana:

Toda generación tiene el deber de rechazar lo que sus padres esperan de ella. […] La generación que había cometido los crímenes  del nazismo, o los había contemplado, o había hecho oídos sordos ante ello, o que, después de 1945, había tolerado o incluso aceptado en su seno a los criminales, no tenían derecho a leerles la cartilla a sus hijos. Pero los hijos que no podían o no querían reprocharles nada a sus padres también se veían confrontados con su pasado nazi. Para ellos, la revisión crítica del pasado no era la forma que adoptaba exteriormente el conflicto generacional, sino el problema en sí mismo.
La culpabilidad colectiva, se la acepte o no desde el punto de vista moral y jurídico, fue de hecho una realidad para mi generación de estudiantes. (pp. 158 y 159)

Pero la culpa no sólo es colectiva, también lo es, y mucho, individual. Así Michael se sentirá culpable de su comportamiento ante la Hanna acusada y presa, aunque se intente justificar alegando haber sido engañado por ella al no habérsele mostrado en su total desnudez moral cuando se relacionaban amorosamente. Sin embargo también él se escondía, si no ante ella, sí de ella:

Fue entonces cuando empecé a traicionarla.
No es que fuera por ahí contando sus secretos o poniéndola en evidencia. No revelé nada que hubiera que mantener oculto. Al contrario: mantuve oculto lo que debería haber revelado. Me negué a admitir su existencia. Sé que negar a alguien es un tipo más bien inofensivo de traición. […] Pero el que niega a otro sabe muy bien lo que hace. Y negar una relación es una manera de socavarla tan grave como otras formas de traición más espectaculares. (pág. 72)

10 feb 2013

MEA CULPA por Pilar Zapata Bosch

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Pilar Zapata, profesora de griego y compañera en el IES “Mirasierra”, es una magnífica escritora en cuya andadura literaria ha tocado –que yo sepa- el teatro (recientemente, año 2011, obtuvo el 1º Accésit en la primera edición de los Premios de Teatro Breve Cervantes por su obra La del Alba sería) y la narrativa, bien en forma de cuento o de novela.

Mª Luz García, profesora de Inglés,- emérita ya -,  del “Mirasierra” había halagado mis oídos ponderando a Pilar en extremo tras haber leído su obra La usurpadora (2011, en papel). Mea culpa es la novela a través de la que he conocido su excelente saber hacer literario. Y es precisamente de este relato del que quiero decir algo.

En esta breve novela asistimos al frenesí mental en que vive un ser patético y desolado a quien la vida se le ha ido en un tris al haber prestado oídos y cuerpo a la educación represora que practicaba la burguesía en la España franquista. Ella es Matilde, mujer de al menos 40 años que se ha quedado sola en el viejo caserón familiar donde vivió una niñez arropada y sobreprotegida por su madre, su tía Concha, la criadas Teresa y Manoli, y otros personajes femeninos reales como su hermana Isabel e imaginarios como el peso muerto de Belencita, la hermanita fallecida. Todo para Matilde es pecado, en especial lo que lleve o pueda rozar con lo placentero, pues “placer” en la rígida educación nacional-católica recibida en su casa es sinónimo de ‘pecado’, de ‘malo’…, y –le han dicho hasta la saciedad- en sus manos está evitar ser tildada de “fresca”, de “liviana”… Y Matilde lo evitó, tanto que ahora ya entrada en la cuarentena está sola conviviendo con sus complejos de culpa y rememorando esos atisbos de felicidad que pudieron ser y no fueron… “¡mea culpa!”.

Matilde es un ser inmaduro que no ha crecido: “Yo miraba hacia atrás, hacia mi infancia y me parecía que seguía siendo la misma” (p. 12).  Y en efecto, en este letargo, unos años se confunden con otros. Sólo la marcha veraniega al balneario y luego a la playa pone un punto de variedad en ese continuum…, si bien siempre es el mismo balneario, los mismos acompañantes… Y en ese mirar hacia atrás los hombres aparecen (así se lo han enseñado) como meta a lograr y seres de quien defenderse. Ahí está Rafa, el niño que juntó sus labios a los suyos una tarde de siesta; o Francisco, el compañero de juegos de la plazoleta donde niños y niñas jugaban, que la besó a los 12 años y al que no permitió avance alguno cuando uno o dos años después bailó con él en la fiesta de su colegio; o Tomás y Gabriel, compañeros de trabajo, que huirán al sentirse acosados por el núcleo familiar de Matilde; e incluso Margarita, la amiga que se echó en clase de mecanografía y que pese a estar casada le pareció ligera de cascos y la descolocaba verla flirtear con otros chicos que, por lógica, debían de corresponderle a ella.

Pilar recibiendo en 2011 su distinción en el Premio de
 Teatro  convocado por la Asociación cervantina
Los hombres, pues, son un universo que ella no entiende. Pero, ya lo hemos visto con Margarita, tampoco entiende el de las mujeres. Así el episodio de su hermana Isabel con María la confunde, pero mucho más todavía cuando Isabel se echa novio y se casa con él, con Julio. La maldad y animadversión de Manoli hacia ella, cierta o imaginada por la mente de Matilde, llega al extremo cuando las cancerberas familiares descubren a la fámula un juguete sexual. Y tampoco entenderá el siniestro pozo de relación marital en que vive Margarita.
Matilde vive refugiada en un mundo inexistente, el de su infancia, cuando con obedecer bastaba: “El corazón se empeña en mirar atrás, cuando vivíamos todos aquí: nosotras y la abuelita, y Teresa, y Manoli, que cuidaba a Isabel…” (p. 31).

Si la historia impone una estructura donde la sucesión temporal se rompe en un sinfín de momentos ordenados (más bien desordenados) caprichosamente según acuden a la memoria del personaje, el lenguaje utilizado mezcla asimismo desde momentos de elevado lirismo, que apuntan ya desde la primera línea de la novela: “No es el calor agobiant3 de agosto, ni la almohada, demasiado alta, ni el grifo que gotea. Es la madrugada que se acerca hambrienta, a lametones de claridad, con la enorme boca abierta, dispuesta a tragárselo todo…”  (p. 9), hasta los momentos finales: “mi hermana olía a un perfume raro de soledad sin voz” (p. 161). Y junto a este lenguaje poético, la fuerza del lenguaje vivo y directo incluso en los momentos de introspección: “- Pero ¿qué pasa, chica?- me riño, como si alguien me hubiera oído” (p. 32)

Leyendo este relato  constantemente ha venido a mi cabeza el mundo burgués que  Mendicutti refleja en relatos como el de “El palomo cojo” haciendo salvedad de la ubicación: Mendicutti, Andalucía; Pilar Zapata, Madrid. Pero las relaciones familiares ñoñas y los rasgos de humor que sirven para marcar distancia con las mismas están presentes en ambos. Y es que Pilar Zapata hace gala de un finísimo sentido del humor que le sirve para moverse sibilinamente por el mundo neurótico de Matilde. Así cuando Matilde interrogaba a la tía Concha sobre el asunto de Belencita y ésta se dormía dice: “[…] se había empeñado en no despertarse sólo por no contestar a mi pregunta. Era tan terca que se mantuvo en sus trece, y entró en coma aquella misma noche” . Algo negro, es cierto, pero tiene chispa.

Y también no he podido por menos al ver a este personaje “viviendo” en ese mundo fantasmal y doméstico que se ha construido que recordar la Comala de Rulfo donde se reflexiona sobre la miserable transformación de la vida y se rompen los límites entre lo real y lo irreal, igual que hace Pilar Zapata en esta magnífica y recomendable novela.

27 ene 2013

Ya lo dijo Plinio

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Uno de los blogs que habitualmente sigo, El lamento de Portnoy, asegura lo que ya dijera Plinio el Joven recordando a su tío Plinio el Viejo, que “No hay libro tan malo que no tenga algo bueno”. Y es verdad, siempre hay algún valor en cualquiera de ellos.

Guardia civil, Sargento ChamorroLa reflexión anterior me ha venido a la memoria durante la lectura de La marca del meridiano de Lorenzo Silva. La novela, premio Planeta 2012, vuelve a poner en el tajo a la pareja de picoletos: el brigada Bevilacqua y la sargento Chamorro. En esta ocasión han de descubrir a los autores del asesinato de un antiguo compañero de Bevilacqua ya retirado, Rafael Robles. La novela, como es propio del género policiaco, permite a su autor navegar por los entresijos de la sociedad española en su más amplio sentido. Y digo esto porque Silva sitúa a su pareja de investigadores en Madrid, el crimen en la Rioja, la residencia del fallecido en Cataluña, y ciertas detenciones de policías malos en Cantabria. Este deambular por el Estado permite al autor, a través de la primera persona de Rubén Bevilacqua, cavilar sobre el estado de las autonomías, las relaciones entre las diversas comunidades, las dificultades de las policías para ocuparse de asuntos “transfronterizos”, la convivencia entre castellano-parlantes y catalano-parlantes, las banderas…, y así.
Lo anterior viene a demostrar, en mi humilde opinión, el carácter de novela encargada que tiene esta La marca del meridiano. Efectivamente, la vida en la España de las autonomías, y en especial en Cataluña, está marcada por un delicado equilibrio entre lo que significa la corrección para unos y otros, por una invisible línea que separa sutilmente las actuaciones de estos y aquellos. Es una situación difícil y que inevitablemente se precipitará en un sentido no deseado si, como ocurre, no nos conocemos y nos abrimos los tirios y los troyanos. La novela, bajo la metáfora del Bevilacqua que trabajó en Barcelona y ahora lo hace en Madrid; que cruzó alguna línea roja en el ejercicio de su trabajo pero supo volver al lado bueno, no como hizo el asesinado Robles; que se interesa por el hacer de los otros, en este caso los ‘mossos’; que habla catalán y castellano; que con las mujeres sabe separar el lado profesional del personal; que desde la experiencia que dan los años sabe escuchar y soportar las impertinencias de los jóvenes jefes que le van tocando…; en definitiva, bajo el enfoque de la estricta racionalidad humana, la novela presenta una posibilidad de entendimiento, una posibilidad de seguir caminando juntos en el proyecto común que por ahora es España. Esto es lo que pienso que Lorenzo Silva viene a exponer en este relato.

Y justamente todo ese catecismo que he expuesto en el párrafo anterior es el que, entiendo, perjudica al relato al convertir a Silva en un pelele, en la voz de su amo (¿de Lara?), provocando que la anécdota policiaca se pierda en ese mar de sentidos políticos actuales. Y no hay que olvidar que estos alegatos, totalmente habituales en el género, deben de caminar al paso de la historia y no provocando trompicones en la lectura con cuñas digresivas que dificulten el seguimiento de la intriga. Si además ésta en un momento dado da un giro copernicano sacando del baúl de los recuerdos a un antiguo delincuente encerrado por la pareja Robles-Bevilacqua en el ‘pleistoceno’ entonces ya la sensación de tomadura de pelo y de utilizar el texto como pretexto nos invade y desarma. Y esto es, en mi humilde sentir, lo que ha hecho Lorenzo Silva con esta novela premiada: poner la literatura al servicio de una causa, lo que aunque le ha proporcionado buenos réditos monetarios creo que no le ha hecho crecer en la estima de los lectores.

Eric Ambler¿Y cuál es entonces ese valor positivo que he podido encontrar en este libro no tan bueno? Pues sencillamente ha hecho que recuerde algunos excelentes títulos del género de la novela negra o policiaca que no caen en este despeñadero. Son obras con las que la novelita de Lorenzo Silva no resiste la comparación como El tercer hombre de Graham Greene que pese a estar situada en la Viena de la recién finalizada Segunda guerra mundial la situación política no esconde ni obnubila la fuerza del relato cargado de misterio, amor, literatura, suspense. O La máscara de Dimitrios de Eric Ambler, excelente novela de intriga policiaca en la que el espacio geográfico en que se ha roto el imperio otomano y austrohúngaro al finalizar la Primera guerra mundial justifica perfectamente la indagación del protagonista –un escritor de novelas policiacas- sobre la figura del que fuera en vida Dimitrios Makropoulos cuyo cadáver aparece flotando en las aguas del Bósforo. O sin salir del ámbito de nuestra lengua española la magnífica Las muertas de Jorge Ibargüengoitia quien, pese a tratar un asunto terrible como es el de la compra-venta de mujeres y la violencia ejercida contra ellas llegando incluso a la muerte, deja espacio para la irrupción en ocasiones del humor aunque sea crítico. En esta misma línea de Carrión, pero superándolo con creces, está también 2666 del malogrado Roberto Bolaños.

7 ene 2013

MO YAN: “Las baladas del ajo”

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Es la primera novela que he leído del premio Nobel 2012, el chino Mo Yan. De ella me ha sorprendido positivamente la poesía que desprenden algunos fragmentos y el fortísimo contraste entre esta poeticidad y la presentación cruda de una realidad vital, ciertamente desconocida su crueldad por nuestros lares. Y también me ha sorprendido, aunque en este caso negativamente, el esquematismo simplificador presente en el relato sin dejar cabo suelto alguno, recurriendo con excesiva frecuencia –pero sobre todo al final- al recurso narrativo del resumen.
Tema: Presentación de la vida cotidiana en la China profunda.
Asunto: Los campesinos de la región en que transcurre el relato han cultivado ajo en sus campos siguiendo los consejos del Comité Central que en su último plan quinquenal estimuló este cultivo bajo la promesa de comprarlo íntegramente y a un precio que convenía a los campesinos.
Con estas gratas perspectivas los habitantes del Condado Paraíso planifican su futuro y plantean matrimonios concertados como el de la joven Jijun con uno de los hijos del Cuarto Tío Fang. Sin embargo Jijun se enamora de Gao Ma quien la dejará preñada por lo que será perseguido por los Fang.
También Gao Yang, padre de una niña ciega Xinghua e hijo de terrateniente, pese a haber llevado una vida penosa por culpa de sus orígenes familiares es optimista ante la buena cosecha de ajo y los beneficios que obtendrá de su venta. Su esposa se encuentra embarazada y ambos desean que sea un niño; sí lo será, pero tiene una cierta deformidad: ha nacido con seis dedos.
Todo se trastocará cuando el gobernador del Condado Paraíso decide cerrar los centros de compra de ajo al encontrase éstos atestados de producto. Gao Ma, la Cuarta Tía y Gao Yang se verán envueltos en el tumulto que esta contingencia provoca en la innumerable reata de campesinos que al verse sin comprador protestan por la promesa incumplida. Gao Ma será de los más levantiscos y la Cuarta Tía tan sólo pedirá explicaciones de por qué en el tumulto fue atropellado su marido por un coche de la nomenclatura local cuyo conductor no quiere admitir su culpa. Gao Yang no participa para nada en los altercados habidos pero al acompañar al padre de Jinju se verá enredado en él.
La cárcel y las inhumanas condiciones de vida de los detenidos ocupan buena parte de los 20 capítulos que componen el relato. Mientras Gao Ma está en prisión Jinju llega al término de su gestación y al verse sin marido y además expulsada de casa por sus padres pondrá fin a sus días ahorcándose. La Cuarta Tía enfermará gravemente durante su detención y puesta en libertad también decidirá poner fin a su penosa existencia haciéndose colgar. Gao Ma, el rompedor de normas absurdas, decidirá escapar del campo de trabajo donde se había ganado la confianza de sus guardianes quienes no tendrán más opción que abatirle por la espalda. Sólo Gao Yang, el hijo de terratenientes y educado en la humillación constante, logrará sobrevivir.
El poeta ciego Zhang Kou recorre todo el relato con sus baladas en las que denuncia los atropellos de la clase dirigente y critica los excesos cometidos con los 93 detenidos por la revuelta del ajo. Su afán crítico le ocasionará asimismo la muerte.
Tiempo: La novela comienza con la detención de Gao Yang en su aldea. El motivo de la detención es haber participado en las revueltas de mayo de 1987. La historia avanzará hasta el año nuevo; en total, pues, el tiempo transcurrido es de unos 8 meses.
Sin embargo el novelista utiliza constantemente la técnica del flash back retrotrayéndonos a la época de la Revolución Cultural iniciada en 1966 llegando incluso, en ocasiones, hasta el año 1960. Todos los personajes realizan estas rememoraciones desde el momento presente con lo que sus acciones y comportamientos quedan perfectamente dibujados y justificados.
Lugar: La China profunda de condiciones de vida miserables y que, paradójicamente, se denomina Condado Paraíso. En este lugar los funcionarios del Partido Comunista Chino se exceden en sus prerrogativas comportándose como auténticos irresponsables señores feudales. Así se observa en el adjunto Yang y sobre todo en el jefe local del partido Wang Jiaxiu quienes abusan desde siempre de aquellos –como Gao Yang- considerados sospechosos por sus orígenes anteriores a la revolución.
Personajes: Los principales ya han sido nombrados. Como se ve es un número escaso y de caracteres muy estereotipados, si bien se percibe en ellos un cierto –aunque escaso- desarrollo caracteriológico. Así, el nombre del personaje principal Gao Yang, único capaz de sobrevivir en esa sociedad anuladora, significa “Oveja” Gao, mientras que el indómito Gao Ma significa “Caballo” Gao; finalmente la bella Fang Jinju significa “Crisantemo Dorado” Fang. El resto de personajes no se apartan un ápice de su estereotipo: Zhang Kou, el poeta denunciador de las injusticias; los hermanos Fang, machistas y tradicionalistas; adjunto Yang, arribista local siempre del lado de los poderosos; secretario Wang, jefe local del partido detentador de prerrogativas inconcebibles en la actualidad por lo que al final del relato será desposeído de su cargo lo que demostrará que el Sistema no es imperfecto pese a ciertos comportamientos desviados (juó, juó…); y algunos más sin importancia.
Quizás sea esta justificación in extremis de la bondad del Sistema lo que haya suscitado protestas en ciertos sectores ante la concesión del Nobel a Mo Yan. Véase si no el siguiente ejemplo:
-¿De verdad odias tanto el socialismo? –preguntó el policía.
-Lo que odio no es el socialismo, sino a vosotros. Para vosotros el socialismo no es más que una etiqueta, pero para mí es una formación social concreta, y no algo abstracto. Está encarnada en la posesión pública de los medios de producción y en un sistema de distribución. Desgraciadamente, también está encarnada en oficiales corruptos como vosotros. ¿Acaso no es cierto? –preguntó Gao Ma.  (pág. 411, cap. 17, I)

Estilo: Sin lugar a dudas lo que más me ha satisfecho de la novela es la libertad con que el autor:
ü  Transita de un tiempo a otro (ruptura de la linealidad discursiva):
-Venga, vamos a ver quién es capaz de beberse su propia orina -anunció Wang Tai, un estudiante de sexto curso de la escuela elemental de la aldea Gaotong, situada  en el municipio Zanja del Árbol, mientras se encontraba en los aseos. Era el verano de 1960 y Wang Tai, cuyo padre era el líder del Equipo de Producción Número 2 de Gaotong, pertenecía a una familia  de pobres campesinos. (pág. 167, cap. 7, II,)

El prisionero anciano recogió el bollo del charco de orina de Gao Yang y lo apretó con las dos manos, emitiendo un sonido burbujeante mientras la pegajosa orina se derramaba a través de sus mugrientos y nudosos dedos. Después de haberlo escurrido para que se secara, se frotó las manos en los pantalones, arrancó un pedazo y se lo introdujo en la boca.  (pág. 170, cap. 7, II)

ü  Pasa de un narrador a otro (perspectivismo):
Siguió dócilmente a Gao Ma mientras ascendía las escaleras y se colocó detrás de él en el mugriento suelo de baldosas, lanzando al final un suspiro de alivio. Los vendedores, que ahora guardaban silencio, empezaban a dormirse. Probablemente no fuera más que mi imaginación, se reconfortó. No veían nada que se saliera de lo ordinario. Pero entonces, una anciana agotada y desaliñada salió del edificio y, con los ojos llenos de odio, miró hacia Jinju, cuyo corazón se estremeció en la cavidad de su pecho. La anciana siguió avanzando, buscó  un rincón apartado, se bajó los pantalones y orinó en el suelo.  (pág. 190, cap. 8, III)

ü  Cambia de un estilo colorista y sensual a otro apagado y escatológico:
Los trinos de los pájaros anunciaron la llegada del amanecer. Las gotas de perla del rocío cuyas verdes hojas del yute que, una vez recuperada toda su energía apuntaban directamente hacia el cielo. Los tallos -de color rojo intenso  que de vez en cuando se tornaba amarillo claro- permanecían erguidos e imponentes. El sol de la mañana enviaba sus rayos rojos hacia la tierra hasta iluminar el rostro de Gao Ma. Era un rostro enjuto, aunque claro y despierto. Un brillo irrefrenable de felicidad centelleaba en sus ojos. En ese momento, supo que Jinju ya no podría apartarse de él ni siquiera un minuto. Su fuerza le atraía hacia él como si fuera un imán, hasta el punto de que los ojos de Jinju  seguían todos sus movimientos. Los recuerdos de la noche que acababan de pasar hacían que su corazón latiera con fuerza y que la sangre se precipitara sobre su rostro. Una vez más, Jinju se arrojó a sus brazos, incapaz de controlar sus emociones, mordisqueándole el cuello. Tragó con avidez su propia saliva, mezclada con la mugre salada y sudorosa de su amado. Cuando le mordió en la arteria carótida  sintió su poderoso palpitar, una sensación que la transportaba a un mundo de encantamiento y de maravillas, donde perdía el control sobre sí misma. Jinju le mordió, le chupó, acarició la piel con sus labios y, mientras lo hacía, sintió cómo sus órganos internos se abrían como si fueran flores nuevas.  (págs. 143-144, cap. 6, IV)

ü  Pasa del tradicionalismo cultural chino representado en ciertas frases proverbiales a la brutalidad provocada por la transculturación a la que China está sometida en la actualidad:
Nunca acabes un buen alimento de un solo bocado, ni cuentes una buena historia de un tirón. (pág. 410, cap. 17, I)

-¿A dónde van las chicas? ¿A la ciudad? Los chicos de la ciudad no están interesados en las chicas del campo. Es todo un dilema. Pensemos en un buey o un caballo: cuando llega el momento de levantar la cola y parir a un joven, si es una hembra todo el mundo salta de alegría; pero si es un macho, no se ven más que caras largas. Sin embargo, con las personas sucede todo lo contrario. La alegría se produce cuando nace un varón, pero el nacimiento de una mujer todo el mundo lo recibe con el gesto torcido. Y luego, cuando el chico crece y no es capaz de encontrar a una esposa, vuelven a aparecer las caras largas.  (pág. 437, cap. 18, III).

Final:  “Las baladas del ajo” fue escrita por Mo Yan el año 1989, si bien en España apareció publicada casi 20 años más tarde, en 2008. Y lo hizo en la editorial Kalias en traducción de Carlos Osses.

2 dic 2012

Lectores narcotizados con lecturas bobas

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No puedo por menos que confesarlo en voz alta. Sí, yo también he echado una miradita a LSDG (así, con siglas, se refiere Manuel Rodríguez Rivero a la trilogía porn-soft de la escritora E. L. James). LSDG no es más que una 'novelilla' –en calidad, no en páginas- que está haciendo las delicias delicuescentes de un sinfín de lectoras mayoritariamente que se derriten (sic, textual) con el joven guapo guapísimo, rico riquísimo, culto cultísimo, amante incasable y desgraciado desgraciadísimo en su niñez, Christian Grey. Sin embargo he de decir que hace ya más de un mes que la inicié y no logro encontrar motivos que me animen a50sombrasdegrey.malalua.com_ proseguir su lectura. Bueno sí, sólo hay un momento en que me lanzo frenético a ver los lances, lazos y lazadas habidos entre Anastasia y Christian: en la sala de espera de la consulta del dentista. Y es que si no quieres pensar en nada no hay cosa mejor que volverse básico y primario.

Pero esta proliferación de lecturas fáciles que buscan engrosar la caja de sus autores ha encontrado al menos una cierta referencia a sus perniciosos [hablo sólo de literatura, claro está]]efectos sociales y personales en algunos opinadores literarios de reconocido criterio. En concreto me refiero al crítico Ignacio Echeverría y al novelista y periodista Enrique Vilá Matas. He aquí sus textos:
"Y lo que digo (dejando para otro momento razonables puntualizaciones y matizaciones) es que la lectura continuada de libros mediocres tiene en no pocos casos efectos narcóticos sobre el gusto e incluso sobre la inteligencia -y no sólo la moral- hasta llegar a los extremos a los que nos tienen acostumbrados algunos de los críticos más conspicuos del panorama nacional, reacios a aplicarse la única vacuna contra este mal: el ejercicio de un criterio exigente y contrastado, así salten las chispas destinadas a evitar que acabe uno atontado."  (El Cultural 30.11.12, Ignacio Echeverría: Críticos embobados).
"¿LE Gustaría localizar la mejor literatura de hoy? Agáchese, búsquela literalmente por los suelos, verá cómo enseguida la encontrará. La tienen por ahí tirada, abandonHilary Boidada en los rincones. El otro día, al disponerme a salir hacia Portugal, hacia el Festival de Cine de Estoríl, busqué en la librería del aeropuerto un libro que me acompañara en el viaje. Me acordé de que acababa de publicarse la correspondencia entre J. M. Coetzee y Paul Auster y di ingenuamente por sentado que, siendo dos autores sobradamente conocidos y tratándose de una flamante novedad, encontraría el libro sin más problema. Ante mi sorpresa, sólo tras unos minutos de paciente búsqueda por las estanterías y de tener que viajar visualmente por las más horrendas portadas de best sellers que hubo nunca, acabé encontrando lo que buscaba en un lugar bien difícil: a ras de suelo, junto al reino de las ratas. Ahí es donde muchos tienen situado a Coetzee, el que probablemente sea el mejor narrador contemporáneo vivo. Creo que eso dice mucho del estado de las cosas.
Lo pienso y veo que no debería haberme extrañado tanto de todo esto, pues a fin de cuentas sé perfectamente que vivimos en el imperio de los E. L. James, Sylvia Day, o de los aterciopelados relatos de Hilary Boyd, la autora de “Estoy embarazada y trabajo ¿qué debo hacer?” Pero soy humano, todavía lo soy, y me afectó tener que agacharme para rescatar aquel Coetzee&Auster." (Babelia 01.12.12, Enrique Vila-Matas: El estado de las cosas).
De los dos textos me quedo evidentemente con el de Vilá Matas que como siempre –y con finísimo humor- acierta plenamente.

Un saludo


26 oct 2012

En el muro de las lamentaciones. “EL LAMENTO DE PORTNOY” de Philip Roth (Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012)

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La novela apareció en 1969. Es una novela que cabría considerar como “fuerte” en el sentido en que mis padres empleaban dicho término y que yo escuchaba de sus labios cuando niño. Es “Fuerte” porque su asunto, al menos externamente, gira en torno a la obsesión que el protagonista Alexander Portnoy tiene sobre el sexo. Dicha obsesión le viene de su época adolescente y parece no haber desaparecido en el momento en que está contando el relato, a sus 33 años.
¿Por qué esta obsesión? Seguramente procede de su condición de judío y su evolución como adolescente, del gran complejo de Edipo que sufre –o ha sufrido- y de su gran soledad… Y es que Alexander vive en Newark, afueras de New York, a donde sus padres se trasladaron huyendo del antisemitismo que sentían en Jersey City, en un barrio donde todos sus habitantes son judíos y en el que se observan estrictamente los principios de la ley judaica (carnicería judía, barbero judío, colegio judío…) al igual que en el seno de su familia constituida por Jack Portnoy, el padre, vendedor de seguros en los barrios más difíciles de la ciudad (Harlem, Bronx, y así), la madre Sophie Ginsky, la hermana Hanna y el novio de ésta Morty. Los vecinos también lo son: su tío Hynnie, vendedor de gaseosas; su primo Harold, Heshie.
Y en este contexto está Alex, adolescente de algo menos de 16 años, el-lñamento-de-portnoyque quiere sentirse como el centrocampista de un partido de Baseball: seguro y conocedor de todo (esta metáfora la desarrolla Roth en las páginas 72-76; y me recuerda un muy mucho a otro libro de crisis adolescente, El guardián entre el centeno de J.D. Salinger). Portnoy se rebela contra la opresión y rigidez con que su familia, y en especial su madre Sophie, le educan. Es un sentimiento ambivalente pues al tiempo que siente asfixia en su casa, también se siente solo fuera de esta protección. Su crisis de adolescencia encuentra salida hormonal en la masturbación, si bien este acto le perturba seriamente pues el joven está invadido del sentimiento de culpa inherente a cualquier momento de placer que le han imbuido en casa, en la sinagoga, en el colegio…; en definitiva, en la educación que recibe.
Estos asuntos ocupan las tres primeras partes del relato (“La persona más inolvidable que he conocido”, “Sacudiendo” y “Lamentaciones judías”) que ocupan las primeras 83 páginas. De estas tres partes, además de la angustia que siente por lo encima de él que está su madre y el afán por masturbarse destaca el lamento siguiente: No querer ser uno judío y serlo para los otros. Y es que su físico (la nariz ganchuda, el pelo negro y ensortijado…) lo delatan ante los goyische (gentiles) que viven con alegría y son físicamente distintos. Alex se siente en un gueto y, –dice-, quiere vengarse de esta sociedad que los aparta a través del arma que tiene más a mano, el sexo. Primero masturbándose por doquier, incluso en sitios públicos, y cuando crezca practicando sexo con las kurveh (putas) gentiles y no tan putas.
Así sucede en la 4ª parte, “Ansia de sexo” en donde se nos aparece como un ser machista por demás. Es aquí, en esta parte de 92 páginas, donde vemos a la perfección la estructura del relato. Estamos ante una confesión, así la llama él en un momento, realizada por Alex ante un doctor al que en ocasiones llama Spielvogel (un psicoanalista o psiquiatra, sin duda) que en silencio escucha su monólogo que fluye de su conciencia entremezclando edades, periodos, etc., de manera que en ocasiones su confesión nos retrotrae a los 4 años de edad, en otras tiene 22 o vuelve al presente de la confesión, a sus 33 años (la técnica literaria es, pues, el monólogo interior y/o flujo de conciencia).
En las referencias que hace a su situación actual sabemos que se gana la vida como Subdelegado de Igualdad de Oportunidades de la ciudad de Nueva York, siendo un personaje conocido por sus apariciones en televisión por los controvertidos casos que lleva y resuelve. Por esto, es más chocante aún la depravación sexual de que hace gala con esa medio novia que se echa, la Mona con la que practicará sexo duro y a la que convencerá para participar en tríos sexuales e incluso pretenderá llevar a orgías. En definitiva busca hacer realidad las fantasías sexuales que tiene desde la adolescencia. Su madre siempre le advirtió de lo inadecuado de este comportamiento imbuyéndole un sentimiento de culpa que le acompañará hasta el final del relato.
La 5ª parte, “La forma más extendida de degradación en la vida erótica”, insiste en sus relaciones adultas con diferentes mujeres, además de con la Mona, prostituta analfabeta a la que intentará educar recomendándole diversas lecturas (Dos Passos, Baldwin, Steinbeck, etc.). Esta mujer se enamorará sinceramente de él, pero él, que también se siente muy próximo a ella, no logrará superar el que ella proceda de los bajos fondos y que vista y actúe como una mujer de otro estatus. Se muestra, pues, Alex como un racista y actúa del mismo modo que echa en cara a los americanos no-judíos, sin aceptar a quien no pertenezca a su cultura, ahora no religiosa sino intelectual. La abandonará y ella amenazará con suicidarse.
Su relación con la Mona le hará recordar su primera salida fuera de su casa un Día de acción de Gracias con sólo 17 años cuando tras llevar dos meses sin ver a su familia por haber empezado a estudiar en la Universidad se va con su novia Kay, una chica de familia cristiana y buena posición social. Su judaísmo personal le pesa tanto que piensa que deberá plantearlo de mano a los padres de la chica (vamos, que de nuevo se siente culpable por ser judío y piensa que todo el mundo lo sabe y que ello es una barrera infranqueable). No lo hará sin embargo aunque luego a Kay tras una falta le propondrá casarse si se convierte al judaísmo; ella responde escandalizada por semejante propuesta y esto es el fin de la relación.
Philip RothTambién recordará que con 29 años tuvo una novia en el lugar de trabajo. Era una chica de 22 llamada Sally Manlsby de familia americana desde la conquista en el XVI. A través de ella intentará vengarse de todos los agravios que en su opinión sufre su cultura representados primeramente en el jefe de su padre (Lainsbury) quien lo explotaba abusivamente. Sin embargo Sally, de personalidad fuerte, aunque accederá a algunos de sus caprichos sexuales, en un momento le manifestará simplemente que ella hay cosas que no hace, y punto.
La última parte tiene el título de “En el Exilio”. En esta parte viaja a Israel y curiosamente no se siente a gusto. Le sorprende que todos allí sean judíos y como le dirá una de sus conquistas es que él tiene cultura de gueto, que por eso desprecia a los otros, que no quiere integrarse. Dos chicas conoce, una militar y otra de 21 años de un kibutz. Con ninguna de las dos podrá practicar sexo, al no conseguir la erección. Además piensa que puede padecer una enfermedad de transmisión sexual (consecuencia ‘lógica’ de su desordenado comportamiento, vamos, el castigo que debería derivarse de su culpable actuación). La chica militar se irá al ver su nula disposición sexual, y la del kibutz impedirá que abuse de ella diciéndole las cosas a la cara. Esta chica se llama Naomi y es una sabra (nacida ya en el estado de Israel).
En la página 252 de esta 5ª parte aparece la frase que en el fondo ha estado sobrevolando todo el relato: “¿Por qué, por qué no puedo tener un poco de placer sin que siga inmediatamente el castigo?”
Lo importante, al final, es que el relato ha servido para descubrirse a sí mismo, y como dice el Dr. Spielgovel “ahora, quizá, podamos empezar. ¿Sí?”
Además de lo reseñado anteriormente, y ya para finalizar, no hay que echar en saco roto la gran carga irónica  y claro humor que el relato encierra, si bien este último centrado la mayoría de las veces en situaciones de fuerte contenido sexual y/o escatológico. Es un humor chocante fruto de los altibajos situacionales (hablar elevado vs acciones chocarreras [pág. 189]). En mi opinión la situación más divertida es cuando la Mona le dice haber comprendido el poema de “Leda y el Cisne” de Yeats con el coño (pág. 184).
Y es que asimismo la dualidad alta cultura frente a cultura en grado cero propicia, amén de no pocas situaciones humorísticas, la coartada perfecta para que el judío-que-es-pero-no-quisiera-aparentemente-serlo exponga su amplio abanico de preferencias literarias (Keats, Steinbeck, Baldwin, Kafka, Dos Passos, etc.). Pero especialmente William Butter Yeats y su bellísimo y muy sensual poema con el cual prácticamente abre el relato (pág. 51: Parezco un hijo de la casa de Atreo [alude a los Atridas, de cuya estirpe proceden los héroes Aquiles, Agamenón y Menelao] y el vulgar comentario hecho por la Mona a propósito de la comprensión de dicho poema. Yo creo que con esto Roth está manifestándonos el poder adivinatorio, prospectivo y fuente de conocimientos no usuales que la literatura siempre ha propiciado, y que él parece defender, si bien Portnoy es un Aquiles del s. XX (¿otra muestra de humor?).












12 sept 2012

EL REINO de la INCERTIDUMBRE ("LOS ENAMORAMIENTOS" de Javier Marías)

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La novela fechada en enero de 2011 la he leído en formato e-book este verano de 2012. Como en general todo Javier Marías (ya hace tiempo que leí Corazón tan blanco, Tu rostro mañana y algún otro título que habré olvidado) esta novela también es una indagación del mundo interior del ser humano, en especial de su pensamiento, de su discurrir.

Y en esta ocasión le toca al enamoramiento, cuyo advenimiento desmitifica (“inverosímilmente logramos convencernos de nuestros azarosos enamoramientos y son muchos los que creen ver la mano del destino en lo que no es más que una rifa de pueblo” (pág. 93, pos. 1426), pero al que no puede por menos que un valor esencial en nuestra vida como reconoce María al final del relato: “Es verdad que cuando nos atrapa la tela de araña –entre el primer azar y el segundo- fantaseamos sin límites y a la vez nos conformamos con cualquier migaja”.

Este azar es el fundamento de la existencia humana. Todo en ella es azaroso, pura coincidencia, pura fortuna, que el individuo no puede dirigir. Desde nuestra llegada a este mundo (‘primer azar’) y nuestro abandono de él (‘segundo azar’) el enamoramiento (‘tela de araña’) es uno más de los varios hechos fortuitos que forman nuestra vida, pero sin duda de los más satisfactorios y maravillosos que se pueden vivir mientras dura.

De esta tela de araña María Dolz, la narradora  de este relato, es incapaz de desasirse ni siquiera cuando toda la verdad de Javier Díaz-Varela - su amor - se le muestra en toda su crudeza cuando lo ve convertido en marido de Luisa, la viuda del asesinado Miguel Deverne y cuyo inductor no fue otro que el mismo Javier movido por su enamoramiento de Luisa.  Pese a haberse podido vengar de él rompiendo su felicidad confesándole la verdad a Luisa, decide poner en práctica la última fase del “duelo” en el que ella se encontraba tras haber sido abandonada por él: la recuperación de su desamor.

è Metaliteratura e Intertextualidad. La novela se justifica en muchas ocasiones echando mano de la propia literatura. Así tres son las obras que la sobrevuelan: Macbeth de W. Shakespeare, la novela corta El Coronel Chabert  de Balzac y Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas.
o   De la tragedia shakespeariana Marías echa mano de la frase del mismo personaje cuando conoce la muerte de su mujer. She should have been hereafter (“Debería haber muerto a partir de ahora”, o sea, haber durado un poquito más). Utiliza este intertexto para la parte del duelo en el que se ve sumida Luisa ante la inexplicable muerte por asesinato de su marido. Y también este intertexto le sirve para justificar el deseo de que alguien muera cuando nos estorba para lograr nuestros fines: este es el caso de Javier a quien su amigo Miguel le obstaculiza el acceso a Luisa de quien está enamorado; y también es el caso, si bien sólo fugazmente, de María cuando al verse como segundo plato de Javier imagina cómo cambiaría todo si Luisa desapareciera.
o   La ‘nouvelle’ El Coronel Chabert de Balzac el autor la utiliza como analogía para justificar un sinfín de momentos en el relato, pero en especial la reacción final de María Dolz cuando tras levantarse furiosa de la mesa donde cenaba en el Hotel Palace con unos clientes de la editorial y dirigirse a la de Luisa y Javier cambia su actitud vengativa por otra socialmente correcta y decide no resucitar al muerto como hiciera el coronel balzaciano cuando tras 10 años de ausencia y dado por muerto se presentó ante su mujer ya casada reclamándole sus derechos,
o   En cuanto a la novela de Dumas, Marías la usa como apoyo para su idea de no marcar a nadie por sus acciones pasadas (una jovencísima y aún no Milady, cuando es la mujer de un aún no mosquetero Athos sino Conde de la Fère, llevaba grabada en su hombro una pequeña flor de lis que la identificaba como antigua prostituta [pág. 170, pos. 2599]). De modo semejante Javier también arrastra un baldón –inducir al asesinato de Miguel- que podría haber servido para marcarle para toda su vida y así, como a la joven condesa de la Fère, haberlo colgado de un árbol. Pero María Dolz decide no hacer hierro del pasado y deja que Javier muera más adelante. También la respuesta que recibe la frase (“¡Cielos! ¡Athos! ¡Un asesinato!”) que D’Artagnan le dirige a Athos al conocer este asesinato: “Sí, un asesinato, no más” recorrerá gran parte de las reflexiones que María se hará a lo largo del relato y que le servirá para justificar no sólo su actuar sino el de su amor Javier.
o   También tiene su importancia Cervantes. Dos son las referencias que a él se hacen: una cuando como algo premonitorio Luisa, la viuda, al referirse a la muerte violenta sufrida por su marido y sus posibles culpables recuerda que ya Cervantes dijo “Tú mismo te has forjado tu ventura”. Esta frase es un anticipo por parte del novelista del forjado de su propia ventura que se ha hecho Javier y que culmina al final del relato con su unión con Luisa.  Y la segunda referencia, si bien no directamente a Cervantes sino más propiamente a su época, se da con la definición de la palabra ‘envidia’ según el diccionario de Covarrubias que hace que prestemos atención y tengamos cuidado porque “este veneno suele engendrarse en los pechos de los que nos son más amigos” (pág. 188, pos. 2880). Cervantes, pues, está en la base de la intelección de la novela.

è Novela ensayística. Como en toda su producción también aquí Marías utiliza el espacio narrativo para exponer ideas. En esta ocasión la idea esencial es la de la muerte; muchos son los momentos   –especialmente durante la I parte del relato- en los que se reflexiona (yo diría casi, se filosofa) sobre qué sea la muerte y su condición, en qué situación queda el que hasta un momento dado fue vida y luego ya no; y sobre todo qué es de quien queda cuando otro, su acompañante, ya no está, ya no es.
 Lo contrario de lo que  dice Luisa, la esposa convertida inesperadamente en viuda: “Yo jamás había pensado los pensamientos de nadie, lo que pueda pensar otro, ni siquiera él, no es mi estilo, carezco de imaginación, mi cabeza no da para eso” (pág. 39, pos. 596) es lo que practica nuestro novelista pues él sí que tiene imaginación y su novela consiste esencialmente en un meterse, en un pensar los pensamientos de los demás y hacer propuestas de comportamiento que como todo en la vida se cumplirán o no, pues también en esto el azar todo lo rige.
Y también aprovecha Marías este carácter de ensayo que a veces desprende su relato para incluir en el mismo opiniones y/o datos sobre la actualidad más o menos inmediata que sirven para diluir los límites entre lo real y lo ficticio. Así se ve por ejemplo en pág.44, pos. 269 cuando hace alusión a un hecho político de actualidad la existencia de asociaciones de víctimas del terrorismo y critica lo que él entiende generalización del odio hacia todos los vascos; o cuando critica el hacer de ciertos funcionarios como sería el caso de los dos médicos que certificaron la muerte por apuñalamiento de Deverne y que no vieron la metástasis generalizada por todo su cuerpo aunque “en España casi todo el mundo hace sólo lo justo para salvar el expediente” (pág.234, pos. 3576).
è Lo ‘real’ y la ficción. Sin duda uno de los asuntos que impregnan el relato, pues aparte de utilizar la literatura (ficción) como explicación de la realidad se llega al extremo de considerar lo dicho o hecho en el pasado por uno mismo como irreal, ficticio o fronterizo con ello: “intentamos en vano que no palidezcan ni se nos difuminen los rostros, y que los hechos y las palabras no se hagan imprecisos y floten en nuestra memoria con el valor escaso que los leídos en las novelas y los vistos en las películas. […]Lo que alguien nos cuenta siempre se parece a ellas, porque no lo conocemos de primera mano ni tenemos la certeza de que se haya dado, por mucho que nos aseguren que la historia es verídica, no inventada por nadie sino que aconteció” (pág.235, pos. 3602). O también cuando en otro momento (pág. 248, pos. 3794) dice:”La verdad no es nunca nítida, sino que siempre es maraña. Hasta la desentrañada. Pero en la vida real casi nadie necesita averiguarla ni se dedica a investigar nada, eso sólo pasa en las novelas pueriles”.
El mismo profesor Francisco Rico que aparece como personaje ya amigo de Javier es también manifestación de esta disolución de fronteras entre lo real y lo ficticio. Quizás también el personaje Ruiberri con sus abrigos de cuero negro y sus nikis sin ser para nada real sí que recuerda mucho la estética querida, y practicada, por Javier Marías durante muchos periodos de su vida. ¿Será Marías en su vida real como Ruiberri en la ficiticia? Quizás.
è La incertidumbre. Sí, la incertidumbre, el tal vez, el azar, los quizás, o el vete tú a saber, son el meollo de este relato e incluso de la misma vida pues todo en ella sucede de modo azaroso o quizás, más bien, de manera pensada y meditada. ¡Quién sabe! Eso es la novela en Javier Marías el reino de la incertidumbre, de la duda, de la falta de certezas.
¿Algún defecto? Pocos, la verdad. Sí, tal vez, la excesiva morosidad con que el autor aplaza las acciones que en ocasiones me han parecido mecanismos de pura técnica profesional como si hubiera que dilatar los finales para que la novela adquiriese un cierto grosor. ¿Verdad? Ojalá que no.